INSOMNIO 18 - 23
La relación entre Lincoln y Lola era… inusual, y no precisamente por el hecho de que aun siendo hermanos se habían atrevido a relacionarse de una forma amorosa más allá de lo fraternal. Su relación era inusual, porque ni siquiera ellos sabían qué era lo que tenían.
Los años habían pasado, y ambos maduraron a su manera. Dicho sea de paso, el llevar una relación durante tanto tiempo era difícil, y más cuando es una relación que debe permanecer escondida de la sociedad, ya que, aunque el termino de "amor prohibido" se escuche emocionante y apasionado, la verdad es que trae consigo más problemas que otra cosa.
Si bien la adrenalina era algo que nunca faltaba, ciertamente tenían grandes dificultades al querer demostrarse su amor explícitamente. Y es que su familia, a pesar de ser como es, no son estúpidos, y en más de una ocasión ambos tuvieron que inventarse varias excusas para poder salir bien librados.
Y ese tipo de cosas sin duda complicaban la situación, más de una vez habían intentado seguir cada uno su propio camino, pero, irremediablemente siempre se las arreglaban para terminar juntos nuevamente.
Lincoln se mudó de casa hace un par de años, Lola, por su parte, estaba a pocos meses de seguir su ejemplo y comenzar con la universidad, es por eso que estaba decidida a aclarar ese tema de una vez por todas. Ya no era una niña, y había madurado lo suficiente como para decidir qué hacer con su propia vida.
Las fiestas decembrinas siempre han sido perfectas para reunir a las familias, y la familia Loud no era la excepción, por lo que, todos sus integrantes se las arreglaron para regresar a esa vieja casa que los vio crecer y disfrutar de la cena navideña juntos.
La mayoría de ellos no se quedaba más de uno o dos días, pero igualmente se permitían disfrutar de ese tiempo en familia, tal es el caso de dos individuos en particular, los cuales no habían tenido espacio para ellos solos.
Cuando apenas llegaron, trataron de escabullirse al patio trasero, pensando que nadie los molestaría durante un rato, sin embargo, Lynn padre no perdió la oportunidad de pedirle a Lincoln que le diera una mano con la cena.
Al terminar, Lincoln descubrió a Lola en el sofá de la sala de estar, viendo una de esas típicas películas navideñas que repiten cada año y que acaparan todo el repertorio de la programación televisiva. Pero justo cuando se sentó a su lado, Lana abrió la puerta y se dispuso a sentarse en medio de ambos.
Y cuando las continuas miradas indiscretas durante la cena no fueron suficientes, Lincoln se ofreció a lavar los trastos sucios una vez terminaron, cosa que Lola entendió e igualmente se ofreció como ayudante, pero justo cuando pensaban que al fin podrían conversar, Lily llegó para ayudar y para robar la atención de Lola, con quien no paró de hablar sobre diversos temas.
Se llegaron las altas de la noche, Lincoln se retiró de la cocina primero, y Lola estuvo charlando unos minutos más con Lily, hasta que ambas decidieron que ya era demasiado tarde y se retiraron a sus respectivas habitaciones.
Lola se encontraba algo decaída, si bien es cierto que compartir algo de tiempo con su hermana menor era algo que disfrutaba de sobremanera, la verdad es que también deseaba pasar tiempo con su hermano mayor, pero bien parecía que el destino no hacía más que ponerles trabas cuando de buscar tiempo a solas se trataba.
Esa noche del 24 de diciembre, luego de limpiar un poco, Lola entró a la habitación que compartió durante varios años con su hermana gemela, y que aún conservaba esa extravagante decoración propia de su versión joven y egocéntrica.
Se recostó sobre su desgastado colchón, y acompañada por los ronquidos de Lana, cerró los ojos…
Nada.
Los minutos pasaban y ella seguía sin poder dormir. No sabía si era por cierto tema que la tenía algo intranquila y le quitaba el sueño o por la emoción de revivir todas esas memorias vividas en su antiguo hogar, pero de algo si estaba segura… si continuaba en esa cama no podría dormir.
Así que tomó su bata, bajó las escaleras, y decidió salir a tomar aire al pórtico de su casa.
Contemplaba el cielo, admiraba su vecindario, y disfrutaba del silencio. Sin embargo, a los pocos minutos escuchó algo de movimiento al interior de la casa.
-¿Santa? ¿Eres tú? -Preguntó de manera irónica y para sí misma.
El ruido parecía provenir de la cocina, por lo que supuso que alguna de sus hermanas -Probablemente Lana- habría aprovechado que todos estaban durmiendo para robar alguna de las sobras de la cena de esa noche.
Sus sospechas desaparecieron cuando al poco rato, la puerta principal se abrió, dejando ver la figura de su hermano mayor, con dos tazas de lo que aprecia ser chocolate caliente en sus manos.
-¿Insomnio? -Preguntó él.
-Sí, ¿tú también? -Respondió ella.
-Ya lo creo… ¿Chocolate? -Dijo, extendiendo una de las tazas para que ella pudiera tomarla.
-Gracias.
Se sentía cierto aire incomodo entre ambos, era como si nunca hubieran estado a solas.
-Estuvo deliciosa la cena ¿no lo crees? -Preguntó Lincoln en un intento de romper el hielo.
-Sí, estuvo muy bien.
-Me alegra que te haya gustado.
Silencio… ambos odiaban esos silencios incomodos que se formaban cuando había algo de lo que hablar, pero ninguno se atrevía a dar el siguiente paso.
-Entonces… ¿hablaremos del elefante en la habitación? -Inquirió Lola, sacando el tema a la luz.
-Ni siquiera estamos en una habitación.
-Sabes a lo que me refiero.
-Sí, lo sé… Es solo que… ¿Por dónde empezar?
-Bueno, tal vez podríamos empezar por definir QUÉ es lo que tenemos, porque estoy segura de que hay algo entre nosotros, de verdad sé que hay algo, pero también estoy muy confundida, y me cansé de esta tonta dinámica en la que no hay nada claro, me cansé de estar arriesgándolo todo por nada. Lincoln… ya no soy una niña, he pasado 20 años sin un pretendiente serio, he rechazado a tantos chicos que he perdido la cuenta ¿y sabes por qué? por ti. ¿Te das cuenta de todo lo que he dejado escapar y de lo mucho que me pongo en riesgo? Y hago todo eso porque en el fondo, muy en el fondo, sé que lo nuestro puede funcionar, pero entonces pienso en todo lo que implica tener una relación, y las dudas me comienzan a invadir, y me pregunto entonces, ¿Qué es lo que tú deseas?
Lincoln, que hasta ese entonces no había pronunciado palabra alguna y que mantenía la mirada en un punto cualquiera, evitando hacer contacto visual con su hermana. Cuando bajó a preparar esas dos tazas de chocolate no se imaginaba con la conversación que estarían teniendo, y sabía perfectamente que en ese instante se definiría el futuro de ambos.
-¿Que qué es lo que deseo?... -Se quedó callado tratando de encontrar las palabras correctas. -Yo… no…
-¿No quieres seguir?
-Yo… no sé qué decir Lola.
-No digas nada. -Lola cerró los ojos y se paró frente a él. -Solo bésame si quieres un futuro juntos.
Pasaron los segundos y el contacto que esperaba Lola jamás llegó.
-¿Lo viste en una película cierto?
-Sí, así fue.
-¿Y en serio creíste que funcionaría? -Preguntó divertido.
-No, la verdad no.
Ambos comenzaron a reír, luego se apoyaron en la barandilla de madera.
-Lola… sabes que eres realmente importante para mí, no me gustaría hacer nada que te perjudicara, y creo que estás consciente de lo difícil que sería tener algo serio, ni siquiera sabemos cómo reaccionaría toda la familia, y si te soy sincero, no creo que se lo tomen de la mejor manera.
Si Lincoln tuviera una moneda por cada vez que pensó como sería una vida juntos, probablemente tendría suficiente como para solventar esa quimérica fantasía.
-Lo sé, créeme que lo sé, así como también sé que no soy la única que arriesga demasiado, no puedo ni imaginar lo que pasa por tu cabeza, mucho menos imaginar lo que sentías hace un par de años cuando… tú sabes.
-Seh… si tan solo te contara todas las noches de insomnio que tuve…
-Pervertido.
-¿Qué? ¡No! No me refiero a eso…
Lola rió un poco entre dientes. -Yo también pasé mucho de eso… y a pesar de todo… henos aquí, luego de tantos años y con el mismo dilema…
Un suspiro muy sonoro escapó por la boca del peliblanco, señal de que había estado conteniendo el aire en su garganta por unos momentos, señal de que estaba realmente nervioso.
-No puedo prometerte que será fácil, Lola, no puedo prometerte que no habrá dolor, no puedo prometerte nada y por eso no puedo pedirte que intentemos esto.
-¿Cómo algo tan malo puede hacernos sentir tan bien? -Las palabras salieron de ella dirigidas quizá a Lincoln, pero también dirigidas hacía sí misma, presa del desconcierto y víctima de la confusión, quien por tantos años trató de entender por qué sentía lo que sentía… sin encontrar una respuesta clara y resignada a aceptar aquellos sentimientos arcanos.
La pregunta quedó en el aire por unos instantes, y es que el varón no tenía las palabras para responder dicha cuestión tan presente en él. Por lo que Lola decidió continuar hablando.
-Solo dime la verdad, ¿Qué es lo que TÚ quieres?
-La verdad es que… quiero estar junto a ti. Quiero poder pasear juntos de la mano. Quiero poder besarte sin temor a ser juzgados. Quiero poder dormir en la misma cama. Quiero poder despertar un día sin el temor de haber hecho algo la noche anterior que nos condene a ambos. Quiero poder ver tu rostro cada día al despertar, natural, sin maquillaje y con tu cabello totalmente desaliñado, porque a pesar de todo, en tu forma más pura, eres la mujer más hermosa que han contemplado mis ojos. Quiero poder estar contigo cada amanecer, sin decir palabra alguna, porque tu compañía será más que suficiente para alegrar mi día. Quiero poder tener una cita contigo en el restaurante más vistoso de la ciudad sin miedo a que nos reconozcan. Quiero caminar junto a ti por las tardes, porque, aunque esté cansado encontraré la fuerza para seguir de pie, solo por ti. Quiero estar ahí cuando enfermes, cuando más mandona e irritable te encuentres para poder complacerte. Quiero apoyarte en cada presentación que tengas. Quiero bailar contigo en esas noches frías acompañados del calor de la chimenea. Quiero ser parte de tu vida y quiero que seas parte de la mía. Pero más que nada, quiero hacerte feliz, porque si tú eres feliz, yo también lo seré.
Fue ahí cuando Lola, conmovida, con las mejillas totalmente húmedas y los ojos llenos de lágrimas, comprendió que todo ese tiempo ella estuvo en lo correcto, que él era el correcto. Y sin agregar más nada, se abalanzó sobre él, hundiendo su rostro contra su cuello, percibiendo ese aroma que la volvía loca y sintiendo ese calor que tanto la calmaba. Comprendiendo que ambos estaban dispuestos a luchar por lo que tenían. Entendiendo que pagarían el precio sea cual sea que fuera. Y fue entonces que lo que comenzó como una tonta idea se transformó en una posibilidad.
-Huyamos…
Hola a todos… ha pasado un tiempo, pero al fin pude actualizar esto.
El capítulo de hoy es muy especial para mí, ya que plasma de cierta forma lo que sentí por una persona, una persona que a día de hoy ya no forma parte de mi vida pero que aun así agradezco haber conocido.
Últimamente me cuesta bastante escribir algo que valga la pena leer, pero este cap. sin duda es uno de mis favoritos.
Espero que a ustedes les guste tanto como a mí.
Ahora, sin nada más que decir, un saludo y… Adiós.
