N/A: Hola! Muchas gracias por todo el apoyo que nos han dado con sus follows, favs y sobre todo sus reviews! :) Disculpen si nos tardamos en responder, pero de verdad apreciamos mucho sus opiniones y el conocer la parte qué más les gusto de cada capítulo así como sus propias hipótesis de lo que sucederá. Todo esto nos motiva a seguir adelante con esta historia. Así que por favor si tienen tiempo no dejen de escribirnos :)

También queremos avisarles que por el momento nos hemos propuesto el estarles trayendo un capítulo nuevo cada 2 semanas, si esto llega a cambiar les avisaremos. Así que sin nada más, aquí les dejamos este nuevo episodio que creemos que estará lleno de emociones o eso es lo que intentamos transmitir, ya nos dirán si tuvimos éxito. Esperamos que les guste.

Nos vemos hasta la próxima entrega.

Saludos!

PD: arual17 nos hizo una buena observación acerca del porqué Rebecca se unió a la milicia a pesar de lo que le sucedió a su hermano. La verdad no habíamos contemplado ese detalle así que muchas gracias por hacernos pensar en una buena excusa para ello XD Rebecca viene de una familia relacionada con la milicia por varias generaciones. Tras lo sucedido con su hermano se vio forzada a recuperar el honor de la familia ya que su padre le dio la razón a la milicia en lugar de a su propio hijo por lo que Rebecca no tuvo más opción que cumplir con los deseos de su padre. Sin embargo, ella no ve un futuro ahí y mucho menos cree en la milicia, pero está dispuesta a hacer lo que ella considera correcto hasta que encuentre a un hombre guapo y rico que la saque de ahí.

Esperamos que hayamos sido convincentes y muchas gracias por tu aportación :D

Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.


Capítulo 3: Culpa y arrepentimiento

Habían pasado 2 semanas desde la fecha en que Roy debió haber recibido la llamada mensual de Riza pero, para su preocupación, ella no lo había hecho cosa realmente extraña ya que no había fallado en el último año. Él no tenía forma de contactarla y eso le molestaba puesto que, si por él fuera, le llamaría todos los días, pero no le quedó de otra que aceptar esto debido a que era lo único que le permitían a Riza. Estas dos últimas semanas de retraso lo tenían sumamente preocupado. ¿Estará bien? ¿Le habrá ocurrido algo? ¿Y si ella necesita de mí y ni siquiera sé dónde está? Eran las preguntas que lo estaban agobiando estos últimos días. Se estaba volviendo loco.

Cada llamada que recibía en su departamento lo exaltaba esperando que fuera Riza y que pudiera encontrar el alivio que tanto necesitaba en esos momentos. Pero al contrario de sus expectativas y deseos, esa misma noche recibió una llamada de su mejor amigo.

"¡Hey, Roy! ¿Cómo estás amigo?" Saludó alegremente Maes Hughes.

Roy suspiró pesadamente. "Hola, Hughes." Respondió sin mucho ánimo.

"Oye ¿por qué tanto ánimo al saludarme?" Dijo sarcásticamente Maes.

"Nada, ¿qué hay de nuevo?" Roy se dió cuenta demasiado tarde que había hecho una pésima pregunta, preguntarle eso a Hughes equivalía a pasarse horas en el teléfono escuchándolo hablar sobre su búsqueda del amor de su vida.

Para sorpresa de Roy, Hughes dejó pasar la oportunidad de comenzar con su típica y larga charla sobre el amor. "Oye, en serio ¿te encuentras bien? Te escucho raro y jamás me preguntas abiertamente sobre mi vida." Maes preguntó con un tono de preocupación.

Roy inhaló profundamente antes de responder. "No es nada, estoy bien. En serio."

"Pues en serio te digo que no lo estás. Deja de estar fingiendo y cuéntame qué es lo que ocurre, hombre. Sabes perfectamente que a mí no me puedes engañar."

Era cierto, Maes era un hombre muy inteligente e intuitivo, sin mencionar que era su mejor amigo, casi su hermano, así que lo conocía bastante bien. Las únicas personas que lo conocían más que él eran su madre y por supuesto Riza.

"Estoy preocupado por Riza." Respondió simplemente.

Maes estaba perfectamente al tanto de su relación con ella, incluso en la academia lo molestaba cuando lo atrapaba escribiendo o leyendo las cartas que se mandaban.

"¿Le pasó algo?" Preguntó con mucha preocupación ya que sabía lo que Riza representaba para su amigo.

"No lo sé, Hughes. Ella me llama sin falta cada mes, que es cuando en su escuela se lo permiten, pero el mes pasado no recibí su llamada y eso me tiene preocupado."

"¿No tienes forma de contactarla?"

"No, ella me dijo que en el programa educativo en el que se encuentra son muy estrictos y que por eso es mejor que ella me llame cuando tiene la oportunidad."

"Vamos, hombre, tal vez tuvo demasiado trabajo y por eso no te ha llamado. Espera la fecha de la próxima llamada, seguro que en esa sí te llama."

"Eso espero, Hughes, si no me voy a volver loco."

Maes rió ligeramente. "¿Ya ves? Por eso debiste hacerme caso y casarte con ella cuando terminamos la academia. Así podrías verla todos los días."

Y cómo olvidarlo. Desde que Roy y Maes se convirtieron en buenos amigos y Maes se enteró de la relación de Roy, no paraba de molestarlo continuamente para decirle que se casara con ella cuando salieran de la academia.

Roy bufó. "Hughes, sabes perfectamente que en ese entonces no tenía nada que ofrecerle. No hubiera sido correcto pedirle a mi madre que la mantuviera."

Maes solamente rió. "Pero ahora ya es diferente, compadre. Eres un alquimista estatal y tienes un buen puesto en la milicia para tu edad. Sin lugar a dudas puedes ofrecerle tu amor y estabilidad económica."

"Lo haces sonar tan fácil."

"No me digas que Roy Mustang, el gran Alquimista de Fuego, le teme al matrimonio." Maes dijo en un tono burlón.

"No es eso..." Roy fue cortado abruptamente por Maes.

"Ah, ya sé, ya te gustó tener a todas las chicas tras de tí, pero amigo ¿qué necesidad de ilusionarlas si tu corazón ya tiene dueña?"

"Hughes…" Roy, un poco irritado ante las ocurrencias de su amigo, trató de responder.

"No me digas que eres un tacaño para comprarle un precioso diamante a tu dama." Maes dijo en un tono divertido.

"¡Claro que no!" Roy respondió enojado. "Hughes…"

"Entonces no pierdas más el tiempo. Es más dame un par de semanas y tal vez podamos celebrar una boda doble, tú y Riza y mi adorable chica y yo."

"¿De qué estás hablando? Tú ni siquiera tienes novia."

"Eso era antes, mi amigo. Hace un par de semanas conocí a la que creo será la mujer de mi vida, por la que lucharé para defenderla de todos los males de este país."

"Hughes, eso no puedes saberlo en un par de semanas."

"¿Que no crees en el amor a primera vista?"

"Hmm… no lo sé."

"¿No te enamoraste de Riza así?"

"Creo que fue más por el trato diario."

Maes suspiró. "Bueno no importa. ¡De verdad deberíamos hacer una boda doble!" Dijo alegremente y en voz muy alta por lo que Roy tuvo que alejar momentáneamente el auricular de su oreja para evitar quedarse sordo.

"Hughes, creo que todavía es pronto. Además la he sentido rara en las últimas llamadas." Roy comentó con un poco de tristeza.

"Tal vez solamente sea que ella debe estar muy estresada y ocupada, además de que la distancia también la debe de poner triste y nostálgica como a ti."

"Tal vez tengas razón, seguiré tu consejo y esperaré. Ahora dime, ¿cómo se llama la chica que te tiene tan loco?"

"Awww es preciosa, se llama Gracia, vive en Central, tiene un hermoso cabello castaño y unos cautivadores ojos verdes. ¡Awww! si la vieras también te enamorarías de ella… no, espera. No te enamores de ella porque si no tú y yo tendremos problemas, compadre." Maes dijo esto último con un tono amenazador.

Roy no pudo evitar reír ligeramente ante las ocurrencias de su amigo. "Calma, Hughes, claro que no me enamoraría. Tú lo dijiste antes, mi corazón ya tiene dueña."

"Más te vale."

Los dos amigos continuaron charlando unos minutos más hablando un poco más acerca de la novia de Maes y de algunos asuntos militares. Al final de la llamada, Roy se sintió un poco más tranquilo con las palabras que le había dicho Hughes. Y tal como su amigo le dijo, Riza se reportó en la fecha de su siguiente llamada, disculpándose y argumentando que no lo había llamado debido a que se le complicó la cantidad de trabajo. Sin embargo, Roy notó algo en el tono de voz de ella que no lo dejaba tranquilo. La sentía triste y preocupada. Intentó averiguar qué tenía pero no pudo obtener nada y tampoco quiso presionarla.

Las preocupaciones de Roy se apaciguaron un poco con la llamada del mes siguiente.

"Roy, necesito verte. ¿Crees que el próximo fin de semana nos podríamos ver en la casa de mi padre?" Preguntó Riza.

"Claro, allí estaré. Me muero por verte." Dijo alegremente Roy. "Te extraño mucho."

Al oír esas palabras, Riza sintió que el corazón se le partía en millones de pedazos. "Yo también te extraño." Dijo suavemente.

"Nos veremos pronto, amor." Dijo tiernamente Roy.

"Hasta pronto, Roy."

"Te amo." Roy dijo antes de que Riza colgara el teléfono.

A pesar de sentirse muy feliz de saber que pronto vería a Riza, algo en su tono de voz en las últimas llamadas y sobre todo en esta última le causaba demasiada preocupación. Esperaba que al verse frente a frente, pudiera ser capaz de averiguar qué era lo que le estaba ocurriendo exactamente para ayudarla.


El día acordado llegó. Roy se dirigió a la casa del padre de Riza a primera hora del sábado, pues se moría de ganas de ver a su novia. Llevaba consigo un ramo de hermosas flores y una pequeña cajita que contenía una cadena con un dije con la letra "R" con unos pequeños diamantes incrustados. Se acercaba su aniversario de novios y, como probablemente no se iban a ver para esa fecha, decidió adelantar el regalo. En cuanto llegó a la puerta, se puso un poco nervioso. Era casi prácticamente un año en que no había visto a Riza. Inhaló profundamente y tocó a la puerta, la cual al poco rato se abrió dejando a la vista a la hermosa rubia.

En cuanto la vió, Roy se acercó y la abrazó fuertemente, permaneciendo unos segundos de esa forma hasta que él se separó ligeramente y la besó tiernamente en los labios. Al principio, Riza vaciló en responder al beso, pero finalmente lo hizo para alegría del pelinegro.

"Te he extrañado bastante." Roy dijo susurrando sin soltarla.

"Yo también. Vamos adentro."

Roy asintió con la cabeza y los dos ingresaron a la casa. En cuanto ingresaron a la sala, Roy le extendió la mano que tenía el ramo de flores, las cuales Riza tomó.

"¿Y estas?" Preguntó Riza confundida.

"Son flores para una mujer hermosa."

"Ya sé lo que son. Me refiero a que no entiendo a qué se deben."

Roy se acercó y colocó sus manos alrededor de su cintura.

"Porque ya tiene mucho que no te regalo flores y quiero hacerlo. Además, pronto será nuestro aniversario y no quiero que pase desapercibido ya que probablemente no podremos vernos en esa fecha."

Riza no pudo evitar sonreír ante esto. Se acercó y le dió un beso en la mejilla.

"Gracias, Roy. Están hermosas. Iré a ponerlas en agua."

Roy la soltó mientras ella se dirigía a la cocina, él la siguió. Cuando ella terminó de acomodar las flores en el jarrón con agua, se volteó y vió a Roy mirándola tiernamente.

"Eso no es todo lo que te traje." Roy dijo mientras caminaba para colocarse detrás de ella y comenzar a colocarle el collar que traía en su bolsillo.

Cuando terminó, él la abrazó por detrás acercándola a su pecho. Ella comenzó a ver el dije y no pudo evitar derramar un par de lágrimas, más que nada por lo que había pasado recientemente al tener que renunciar a su hijo sin que él se enterara y ahora estaba decidida a pedirle que se distanciaran por un tiempo para que ella pudiera poner en orden todas sus emociones y sobre todo, para protegerlo a él contra la ley de anti-fraternización. Riza todavía no deseaba que se enterara de que estaba en la milicia. Esperando poder ayudarlo en su meta.

Sin embargo, estaba totalmente decidida a poner una pausa en su relación, por el bienestar de él y porque a ella le estaba resultando muy doloroso escucharlo y tenerlo cerca sin evitar pensar en su bebé. No por ello había dejado de amarlo y estaba comprobando en estos momentos que él tampoco, así que eso le daba confianza de que al final, en unos cuantos años, después de haber contribuido en ayudar a la gente, ella podría renunciar a la milicia para compartir su vida con el hombre que amaba.

Pero nada de esto lo estaba haciendo fácil. Con sus muestras de amor, ella estaba temiendo en cómo debería hablarle sobre su decisión, aunque no podría negar que a pesar de estar sufriendo por su bebé, se sentía al mismo tiempo feliz de estar al lado del hombre que amaba con todo su corazón. Así que decidió disfrutar este momento, porque no estaba segura cuando podría tener otro momento como este.

"Roy... es hermoso, pero no debiste molestarte."

"¿Te gustó?"

Ella asintió. "Es muy lindo."

Él besó tiernamente un costado de su cabeza. "Quería darte algo para que me recordaras y supieras que jamás dejo de pensar en tí."

"Pero esto es demasiado, me imagino que fue costoso."

"Nada es costoso cuando se trata de ti." Depositó otro beso en su cabeza. "Además, recuerda que soy un alquimista estatal y me puedo permitir regalarte estas cosas. Así que por favor no rompas mi corazón y aceptalo." Roy dijo la última con un tono divertido.

"Gracias, eres muy tierno y bueno conmigo."

"De nada, amor."

Él la giró para que quedaran frente a frente y comenzó a limpiar gentilmente sus lágrimas con sus pulgares.

"Ahora vamos a la sala. Tenemos mucho de qué platicar." Roy tomó su mano para guiarla.

Durante unas cuantas horas estuvieron platicando de lo que habían hecho estos últimos meses desde que no se habían visto. Riza se había preparado para tener una buena y larga historia que contarle, para evitar decirle la verdad de lo que en realidad había sucedido. Siempre que podía Roy trataba de averiguar el repentino cambio de Riza, a pesar de que ella le correspondía sus caricias y besos, la sentía alejada, incluso triste y eso le preocupaba. Pero ella era una muralla impenetrable que no soltaba información alguna con respecto a su estado de ánimo.

Después de la cena, los dos se acurrucaron en el sofá como solían hacerlo cuando él vivía en esa casa, disfrutando la compañía del otro.

Después de unos minutos, Roy decidió romper el silencio. "Riza, estoy muy preocupado por ti." Ante esta mención ella se tensó en los brazos de él. "Sé que algo te pasa y quiero ayudarte pero si no me dices no puedo hacerlo."

Ella solo negó con su cabeza y apretó tiernamente los fuertes brazos que la envolvían. "Estoy bien, no te preocupes."

"Riza… por favor…"

"Roy, no quiero hablar al respecto… te agradezco mucho que te preocupes por mí pero no hay necesidad. Solamente quiero disfrutar este momento. Lo único que necesito es que me abraces fuertemente."

Roy suspiró pesadamente. Decidió que por lo menos esa noche no insistiría. No podía negarse ante el tono de súplica de ella. Así que hizo lo que le pidió. Durante la noche, él la mantuvo cerca de su pecho, abrazándola fuertemente y ella hacía lo mismo con él agradeciendo profundamente el gesto. Necesitaba reunir fuerzas esa noche para lo que le diría al día siguiente.

En la mañana, los dos prepararon y compartieron el desayuno como lo hacían anteriormente. Al terminar de limpiar los platos, ella decidió que era momento de hablar con Roy, ya que ambos tendrían que partir a sus respectivos rumbos en unas cuantas horas. Así que Riza tomó gentilmente su rostro entre sus manos y le dió un tierno beso, como una forma de reunir fuerzas para el discurso que tenía que dar.

"Roy, necesito hablar contigo." Dijo Riza seriamente.

Roy se sorprendió del repentino cambio en el tono de voz de Riza. "¿Qué pasa, Riza?"

"En estos momentos estoy atravesando por muchas emociones, mucho estrés y tengo demasiadas cosas que hacer en la escuela."

"Lo sé."

"Roy… no es justo para tí que tú estés atado a mí cuando yo no te puedo dedicar el tiempo que te mereces." Riza dijo tratando de utilizar ese camino.

"Riza, ¿de qué estás hablando?" Roy preguntó totalmente confundido. "Yo entiendo y respeto tus actividades, no voy a mentirte y decirte que no me molesta no poder pasar más tiempo juntos, pero eso no cambia en absoluto lo que siento por ti."

"En estos momentos tengo demasiadas cosas en la cabeza y… estoy confundida..." Lo miró directamente a los ojos evitando derramar las lágrimas que se acumulaban en sus ojos. "Te amo con toda mi alma… pero necesito un tiempo para mí misma… sola."

"Si me amas no entiendo el por qué quieres alejarte de mí." Roy giró su cabeza y suspiró antes de continuar y volver a mirarla a los ojos. "¿No ha sido suficiente todo este tiempo que hemos y que seguimos estando separados?"

"A lo que me refiero es que tal vez sería bueno para los dos poner una pausa a nuestra relación…"

"¿Acaso te has enamorado de alguien más?"

"¡No!" Ella de inmediato protestó.

"¿Entonces por qué demonios quieres romper nuestra relación cuando hace unos minutos me besaste y me dijiste que me amabas?" Roy dijo ligeramente exaltado.

"Roy… no quiero romper nuestra relación. Lo que quiero es que por un tiempo seamos solamente amigos y si de verdad nos amamos regresaremos a estar juntos, pero si alguno de los dos se enamora de otra persona durante ese tiempo, también será válido… seguiremos siendo amigos." Riza mencionó la última parte de manera vacilante.

Roy se dió la media vuelta, suspiró pesadamente y golpeó la mesa con su puño. Regresó a su posición original para mirarla mientras pasaba una mano por su cabello. No podía creer lo que estaba escuchando.

"Riza… no te entiendo, ¿de verdad dudas de mi amor hacia ti? ¿De verdad crees que me podría enamorar de otra mujer?"

"¡No! es por eso que me estoy atreviendo a pedirte esta pausa, porque sé que es muy probable que al final regresemos a estar juntos y… posiblemente esto nos ayude a ser una pareja más fuerte. Además, nos ayudará a que ambos avancemos en nuestras carreras sin distraernos el uno al otro."

Roy colocó sus manos sobre sus brazos y la miró fijamente. "Dime, Riza, ¿te arrepientes de lo que hicimos hace un año?" Roy preguntó en tono serio.

A pesar de todo el dolor que ella había estado experimentando por tener que dejar a su bebé, fruto de su amor, Riza no se arrepentía. Amaba demasiado a Roy y por eso se entregó a él. También amaba con toda su alma a su pequeño, a pesar de no poder tenerlo cerca y de no poder verlo crecer. Además, sin Roy jamás hubiera podido tener entre sus brazos a esa hermosa criatura y, aunque fue por poco tiempo, ella siempre atesoraría esos momentos.

"¡Por supuesto que no!"

"¿Entonces? Tú sabes lo mucho que te amo y que mis intenciones contigo son serias."

"Lo sé, Roy." Se acercó y le acarició gentilmente la mejilla. "Por favor, entiéndeme."

"Quiero hacerlo, pero necesito que me ayudes. Siento que hay algo que me estás ocultando y probablemente eso sea la causa de todo esto." Roy hizo una pausa e inhaló profundamente antes de continuar. "Riza… siempre has confiado en mí, ¿por qué ahora no lo quieres hacer?"

"Roy, claro que confío en ti y cuando llegue el momento te enterarás. No ahora. Incluso cuando llegue ese momento… tal vez dejes de amarme."

Roy se tensó al escuchar esas palabras. "¿Por qué, Riza? Jamás podría dejar de amarte."

"Por favor… no lo hagas más difícil de lo que ya es… te prometo que cuando sea el momento te enterarás."

Riza lo abrazó fuertemente sin decir otra palabra. Roy, confundido por todas sus palabras, dudó un momento antes de corresponder el abrazo. No sabía exactamente lo que le ocurría a Riza, pero pudo percibir que era algo muy delicado y, a pesar de que le molestaba y le dolía no conocer el motivo, se dio cuenta de que la mejor forma de apoyarla en esos momentos era cediendo a su petición. Suspiró pesadamente antes de hablar.

"Riza… realmente no quiero poner en pausa nuestra relación pero si eso es lo que realmente deseas y necesitas en este momento… lo haremos. Solo espero que cuando estés lista no desees hacerme esperar otro par de años para casarnos." Dijo animadamente la última frase para calmar el tenso ambiente que se había cernido sobre ellos.

"Gracias, Roy. De verdad te lo agradezco y deseo que al final estemos juntos una vez que tenga todas mis emociones en orden."

Roy la abrazó más fuerte. "Te esperaré el tiempo que tú necesites, porque estoy seguro de que eres el amor de mi vida."

Riza sonrió ligeramente y lo apretó en su abrazo. "Y tú el mío."

Se apartaron ligeramente y Roy la besó apasionadamente como señal de despedida temporal. Pasaron unos momentos abrazados hasta que se separaron. Él se dio la media vuelta para tomar sus cosas para irse.

"Será mejor que me vaya. Espero que al menos podamos seguir en contacto."

"Me pondré en contacto contigo cuando vaya mejorando."

"Bien, cuídate. Adiós, Riza." Roy dijo esto en un tono melancólico.

Riza rápidamente se quitó el dije que él le había obsequiado el día anterior. "Roy, espera. Después de esta conversación, tal vez sea mejor que te lleves esto."

Roy se volteó para mirarla y negó con su cabeza. "Consérvalo. Así quizás al recordar quién te lo dio haga que la espera sea menor." Al final le ofreció una ligera sonrisa, la cual ella regresó.

"Gracias, tú también cuídate."

Roy asintió. "Hasta pronto, Riza."

"Hasta pronto, Roy."

Ambos sintieron un profundo dolor tras despedirse, sobre todo Riza. En cuanto vio que Roy estaba fuera del campo de visión de su casa, cerró la puerta y se permitió soltar las lágrimas que estuvo conteniendo. Es lo mejor para él y para Edward en estos momentos, así jamás podrán rastrear a nuestro hijo y estará a salvo. Ella se dijo a sí misma como forma de consuelo, esperando que pronto pasara ese dolor... Se alejó de su bebé y ahora estaba haciendo lo mismo con el amor de su vida. Algún día volveremos a estar juntos, Roy, y tal vez podamos visitar a nuestro hijo una vez que hayamos transformado este país para brindarle un mejor futuro.


"¿Pero qué demonios le hiciste, Roy?" Preguntó sumamente impactado Maes Hughes, mientras tomaba un sorbo de su whiskey.

"¿Por qué carajos crees que yo le hice algo?" Roy respondió irritado a la vez que contemplaba la bebida que tenía entre sus manos.

"Pues algo debiste haber hecho para que ella te pidiera eso. El plan era que le ibas a pedir matrimonio para que hiciéramos una boda doble no que la alejaras, compadre. Ya hasta estaba pensando en qué cámaras comprar para poder sacar muchas fotos de distintos ángulos." Suspiró decepcionado Maes.

"Yo no hice nada. A ella le pasa algo que se niega a decirme."

"¿Tienes idea de qué puede ser?"

Roy tomó su bebida de un solo trago e hizo un ademán al bartender para pedir otra. "No estoy seguro… tal vez sean puras ideas mías."

"¿Qué?"

"Tal vez nos precipitamos en tener relaciones."

"Vaya, vaya, no pierdes el tiempo, Roy." Maes dijo en un tono divertido para tratar de animar a su amigo.

"¡Hughes, esto es serio!"

Maes levantó sus manos en señal de rendición. "Tranquilo, solamente estaba bromeando. Pero dime, ¿ella estuvo de acuerdo con eso?"

Roy asintió. "Sí, pero tal vez debí haberme negado. Ella era todavía muy joven y eso tal vez la ha consternado de alguna manera." El bartender retiró el vaso de Roy y colocó otro con la bebida solicitada.

"¿Por qué piensas que es eso?"

"Porque después de eso la he sentido rara y distante durante las llamadas." Roy contestó en un tono derrotado antes de tomar un sorbo de su bebida.

"Tal vez te estás imaginando cosas. Ya en serio, Roy, tómatelo con calma. Solamente es una pausa, no te ha cortado definitivamente, así que todavía hay esperanza." Maes respondió mientras le daba unas palmadas en el hombro.

Roy suspiró. "Eso quiero creer, Hughes."

"Tú dijiste que ella todavía está estudiando, el estrés de eso puede volver loco a cualquiera. También mi preciosa Gracia está estudiando y tiene poco tiempo para mí." Maes se detuvo e hizo un ligero puchero. "Sabes, le insinué lo del matrimonio y prácticamente me dijo que prefiere esperar hasta que termine con sus estudios y que tenga un par de años de experiencia." Dijo tristemente Maes.

Roy enarcó una ceja. "¿No que estabas planeando una boda doble?"

Maes rió ligeramente. "Ese era el plan. Si tú traías buenas noticias de tu encuentro con Riza, entonces yo me iba a esforzar en convencer a Gracia de que me aceptara y que yo respetaría que siguiera estudiando a pesar de estar casados."

"Pues al parecer eso se va a aplazar por lo meno años más."

Maes suspiró. "Sí, lo sé. Como me gustaría ya estar casado con mi Gracia."

"Al menos no te ha pedido una pausa." Roy dijo sombríamente antes de tomar su bebida nuevamente.

Repentinamente a Maes se le ocurrió una idea para tratar de animar a su amigo o al menos molestarlo. Así que sonrió traviesamente mientras veía a Roy bebiendo su whiskey.

"Bueno, al menos tú ya has estado en los brazos de tu amada y quién sabe en dónde más, picarón." Mencionó Maes en un tono sugestivo.

Ante esto, Roy comenzó a ahogarse y sonrojarse, lo que provocó que Hughes soltara una carcajada ante la reacción de su amigo.

"Ten paciencia, Roy. Todo mejorará y al final estarás con tu amada."


Habían transcurrido algunos meses hasta que Riza se decidió a contactarse nuevamente con Roy. Lo hacía de manera muy esporádica, cada 2, 3 o incluso hasta 4 meses durante los siguientes 2 años después de su último encuentro con él. Al graduarse de la academia, pidió trabajar en el comando Central junto con Rebeca, con la cual rentó un departamento. Era muy agradable tenerla como compañera y amiga de piso, ya que siempre evitaba que ella se hundiera en su profunda tristeza, que el paso del tiempo no borraba pero al menos la compañía de su amiga le ayudaba a sobrellevar.

Sin embargo, había noches en que no podía dormir por estar pensando en Roy y en Edward. Temía que Roy se cansara de esto y terminara por completo su relación (o lo que quedaba de ella) y se fuera con otra mujer. Era en esos momentos cuando se permitía, en la privacidad de su habitación, tomar fuertemente entre su mano el dije que él le había dado la última vez que se vieron y soltar unas cuantas lágrimas. En otras ocasiones, combinaba estas acciones con la visualización de la foto de su bebé que Hohenheim le había regalado. Cada una de esas noches se repetía las mismas palabras. Esto es lo correcto para mantener a nuestro hijo a salvo y para que Roy pueda construir un mejor futuro para él y yo lo apoyaré desde aquí sin que él se entere.


El conflicto en Ishval se había intensificado en los últimos años, hasta que el Führer decidió poner un alto total por medio de una decisión drástica: la firma del Acuerdo #3066. Con este documento, de manera inmediata se mandarían a los alquimistas estatales al campo de guerra sin excepciones y próximamente también se estarían enviando a los mejores francotiradores de Amestris para cubrirlos desde las alturas. Era inminente que Roy y Riza serían enviados al frente de batalla. Esto se confirmó todavía más cuando Riza recibió una carta de Roy.

Riza,

Sé que en estos últimos años no nos hemos dirigido el uno al otro más que como amigos, pero esta probablemente sea mi última carta en mucho tiempo y el futuro es muy incierto en estos momentos. He recibido órdenes para ir a la guerra de Ishval. Por esa razón, no deseo hablarte como tu amigo en estos momentos, sino como el hombre que te ha amado desde su adolescencia y que probablemente lo siga haciendo hasta el último día de su vida.

Hasta la fecha no estoy seguro qué es lo que motivó este distanciamiento, pero sigo manteniendo mi optimismo en que pronto terminará. Sólo quiero que sepas lo mucho que significas para mí y que he tomado la decisión de insistir y seguir luchando por nuestra relación a mi regreso, claro si es que no hay nadie más de por medio. El solo pensamiento de perderte me vuelve loco, pero si tuvieras en este momento a alguien más a tu lado y eres feliz, aunque me duela lo aceptaré y te desearé lo mejor. Pero si todavía estás abierta a la posibilidad de que volvamos a estar juntos (que es lo que deseo con todo mi corazón) créeme que estaré más que gustoso de retomar nuestra relación. Aunque también quiero pedirte una cosa: si por azares del destino yo no regresara después de la guerra, quiero que sigas adelante con tu vida, que seas muy feliz y ojalá te quedes con un grato recuerdo de mí.

Cuídate mucho y jamás olvides que te amo con todo mi corazón. Probablemente cuando esta carta esté en tus manos, yo ya habré partido. Espero que aunque tome demasiado tiempo pueda recibir tu respuesta.

Siempre tuyo,

Roy

Al terminar de leer la carta, Riza la aferró fuertemente a su pecho. Oh, Roy, a pesar de todo este tiempo sigues amándome como yo a ti. Tienes que regresar sano y salvo. Riza suspiró y dobló cuidadosamente la carta antes de guardarla en su caja de recuerdos. Tomó papel y una pluma para responderle a Roy. Antes de redactarla, pensó durante un momento lo que quería decirle y comenzó a plasmarlo mientras que con su otra mano sostenía fuertemente el dije que él le había regalado.

Roy,

Me preocupa mucho que te hayan mandado al frente pero también estoy consciente de que es parte de tu deber. A pesar de todo lo que hemos pasado, jamás te has ido de mi corazón. Por favor, no mueras, te lo suplico, regresa sano y salvo, regresa a mí, porque te estaré esperando, Roy Mustang, así que no se te vaya a ocurrir morir allá.

Probablemente a tu regreso podamos sentarnos a platicar frente a frente para poner en orden la situación de nuestra relación. Mientras tanto enfócate en sobrevivir y en proteger a la gente.

Cuídate mucho y no olvides que te amo.

Siempre tuya,

Riza

Había pasado demasiado tiempo desde que ella le había dicho "te amo" a Roy, pero sabía que la ocasión lo ameritaba. Él era un soldado muy fuerte, sin dejar de lado el poder de la alquimia de fuego que él poseía, pero aún así no lo hacía inmune a la posibilidad de perder la vida en Ishval provocando que jamás volvieran a verse. Este pensamiento le hacía un nudo en el estómago. También no podía evitar pensar en que ella misma no podría volver a verlo porque ella podría morir ahí, ya que era cuestión de días para que recibiera sus órdenes para dirigirse a Ishval. Estaba consciente de que había muchas probabilidades de que pudieran encontrarse estando ahí y de que Roy se enterara de sus mentiras. Sólo esperaba que él entendiera sus motivos de querer ayudar a construir un mundo mejor.

Repentinamente un pensamiento cruzó su mente. Edward. A pesar de que Riza había renunciado a él, no dejaba de pensar en su pequeño y tenía la ilusión de que tal vez en el futuro podría volver a verlo, posiblemente no como su madre, pero sí como una vieja amiga de sus padres adoptivos. Con su inminente partida hacia la guerra, ese sueño se estaba disolviendo ante la posibilidad de ni siquiera regresar con vida. Con eso en mente, ella deseó poder ver una última vez a su hijo antes de irse hacia Ishval. Se conformaría con verlo aunque sea de lejos. Así que con esa determinación, llevó la carta para Roy a la oficina de correos y después se dirigió a la estación de trenes a comprar un boleto para dirigirse hacia al Norte el próximo fin de semana.


El viaje hacia Rivière le trajo recuerdos a Riza. La sensación de tener a su bebé en su vientre, las pataditas que él le daba cuando estaba inquieto, la alegría que sintió al tener a Edward entre sus brazos, la sorpresa que se llevó al darse cuenta de que era rubio como ella y que había heredado los ojos dorados de su bisabuelo, cuando ella estaba casi segura de que sería pelinegro con ojos oscuros, la forma en que lloraba y lo demandante que era justo cuando ella pensaba que podía tener un ligero descanso. Realmente extrañaba todo eso a pesar de lo poco que duró. Desafortunadamente no pudo evitar recordar su partida, el llanto de Edward, que se escuchaba a las afueras de la casa, cuando ella estaba emprendiendo su viaje hacia la estación de trenes junto con Hohenheim. Ese llanto, hasta la fecha, le rompía el corazón.

Sus pensamientos fueron interrumpidos cuando escuchó el anuncio de la siguiente parada, anunciando el lugar de su destino. Así que tomó su bolsa (ya que no había empacado más que lo suficiente para un viaje de ida y vuelta) y se preparó para descender del tren.

Durante su caminata hacia la casa donde había dejado a Edward, no pudo evitar sentirse emocionada, nerviosa e incluso temerosa. Una pequeña parte de ella se cuestionaba si era correcto lo que estaba por hacer, pero era mayor su deseo por ver a su hijo. ¿Cuánto habrá crecido? La última vez que lo ví usaba pañales, ahora probablemente ya es un niño grande, igual de guapo que su padre y probablemente haya heredado su forma de ser, ya que de recién nacido era muy demandante como Roy cuando se trataba de mimos y caricias. Ante ese último pensamiento, no pudo evitar esbozar una sonrisa y al levantar su mirada, se dió cuenta de que estaba frente al lugar que deseaba visitar.

Alisó las inexistentes arrugas de su blusa y su falda e inhaló profundamente. Vamos, Riza, solamente saludarás y, si tienes suerte, tal vez puedas obtener un abrazo de Edward. Aunque sea por un breve momento, lo tendrás nuevamente entre tus brazos. Exhaló pesadamente y se acercó a la puerta para tocar. Llamó una vez y esperó unos minutos. ¿Y si Hohenheim y su esposa no me permiten verlo? Pero... deben dejarme, soy su madre, yo lo traje al mundo. ¿Cómo te atreves a pensar eso? Tú lo abandonaste, ellos estarían en su derecho de negártelo ya que, a diferencia de ti, ellos se han hecho cargo de él en los últimos años y seguramente le han brindado todo el amor que tú le negaste.Una lucha interna en su cabeza comenzó mientras esperaba ansiosa a que alguien abriera la puerta. Tras transcurrir un tiempo volvió a tocar y siguió esperando. Al no tener respuesta, decidió asomarse ligeramente por las ventanas. Tal vez salieron de paseo. ¡Qué mala suerte! Pensó ella. Todas las ventanas estaban cerradas excepto la que daba a la sala, donde pudo apreciar muebles cubiertos con sábanas, como si no se hubieran utilizado en mucho tiempo.

"Disculpe, señorita, ¿busca a alguien?"

Riza de repente escuchó la voz de una señora mayor detrás de ella, así que se volteó para mirarla y responderle.

"Sí, vengo a visitar a mi amigo Hohenheim y a su familia, pero al parecer no se encuentran." Riza dijo señalando con su cabeza la casa.

"Hohenheim...mmm… no me es familiar el nombre, pero lamento informarle que esa casa lleva como un año desde que la desocuparon y no la han vuelto a rentar hasta la fecha."

Al escuchar esas palabras, el corazón de Riza comenzó a latir con mayor velocidad por la ansiedad que se estaba acumulando en su ser.

"Tal vez se cambiaron a otra casa cercana. Él es un hombre alto de cabello largo y rubio, su esposa tiene el cabello castaño y tienen un pequeño niño de pelo rubio." Riza trató de dar detalles esperando que la señora pudiera conocer el paradero de su hijo.

La señora se puso en modo pensativo. "Oh, ya los recuerdo. La señora tenía ojos verdes, ¿no es así?"

Riza asintió rápidamente con su cabeza sintiendo un ligero alivio en su pecho. "Sí, así es."

"Lo siento, señorita, pero ellos se mudaron de aquí hace mucho. Su hijo estaba todavía de brazos cuando se fueron."

El corazón de Riza dio un vuelco. Sintió cómo todo se le venía encima. No puede ser, esto tiene que ser un error. ¿A dónde se habrán ido? ¿Jamás volveré a ver a mi hijo?

"¿Está segura, señora, de que no se está confundiendo?"

"No querida, aunque si eran amigos tuyos, ¿por qué no te avisaron?"

Riza trató de encontrar una excusa adecuada. "Es que estos últimos años estuve viviendo en Xing y perdimos contacto. Ahora que estoy de vuelta, quería sorprenderlos con mi visita."

"Oh, ya veo."

"¿De casualidad no sabe a dónde se mudaron?"

La señora negó con la cabeza. "No señorita, así como llegaron repentinamente así se fueron. Ah mira ahí va la Sra. Heinz, tal vez ella sepa algo. Oye, Esther."

La Sra. Heinz, quien también aparentaba tener la misma edad que la señora con la que Riza estaba hablando, se acercó a ellas cuando escuchó que la llamaban.

"Hola, ¿en qué puedo ayudarles, Matilde?"

"Hola." Las dos respondieron al saludo.

"Esther, esta señorita está buscando a las personas que vivieron hace tiempo en esta casa, ¿recuerdas al señor alto de cabellera rubia?"

"Ah sí, claro que lo recuerdo. No es muy común ver a un hombre apuesto con cabello largo."

"¿Sabe usted a dónde se mudaron?" Preguntó Riza, tratando en lo posible de ocultar su desesperación por conocer el paradero de su hijo.

La señora Heinz negó con la cabeza. "Lo lamento, señorita, pero no dijeron a dónde iban. Casi de la nada desaparecieron. Nada más pagaron la renta y si no es porque el dueño de la casa nos comentó ni nos hubiéramos enterado. Ellos pasaban mucho tiempo encerrados Al parecer el señor estaba muy enfrascado investigando."

Resignada y deseando estar sola para dar rienda suelta a su dolor, Riza habló. "Muchas gracias por la información, señoras. Lamento mucho el haberles quitado su tiempo."

"No hay problema. Que tengas un bonito día."

Las dos señoras se despidieron y prosiguieron su camino, dejando a Riza en la entrada de la casa en la que ella había dado a luz, donde había cargado por primera vez a su bebé y donde también lo había abandonado. Se acercó lo más que pudo a la puerta, se dejó caer bruscamente de rodillas al suelo y se llevó las manos al rostro mientras las lágrimas se desbordaban por sus ojos. Lo siento, Edward, no me podré despedir de ti. Tal vez sea mejor, así no te causaré más sufrimiento del que posiblemente algún día pases al enterarte que tu madre te abandonó. Tan sólo quería verte, abrazarte y decirte lo mucho que te amo. Este es mi castigo por dejarte. No debí haberme enlistado, debí haber esperado por Roy, si lo hubiera hecho, todos estos años los hubiéramos pasado juntos, incluso tal vez hasta te hubiéramos dado un hermanito o hermanita. El llanto de Riza se volvió más fuerte. No seas idiota, Riza, el hubiera no existe. Enfócate en tu objetivo de ayudar a la gente al lado de Roy. Enfócate en protegerlo y en que los dos regresen con vida para después buscar a Edward.

Riza se permitió llorar hasta que sus ojos ya no pudieron derramar más lágrimas. Durante ese tiempo en el que se entregó por completo al dolor, se dió cuenta que ahora lo que más importaba era asegurarse de que su hijo tuviera un país seguro en el que vivir por lo que su resolución se hizo más fuerte. Ella regresaría con vida de la guerra. Trabajaría duro para mejorar a Amestris y, si el destino se lo permitía, encontraría a Edward. No tenía derecho a verlo pero no quería resignarse a no verlo nunca más. Su resolución se volvió más firme pero no por eso el dolor de desconocer el paradero de su hijo era más llevadero…


Una semana después, Riza se encontraba en Ishval, haciendo guardias desde los lugares más altos para proteger a sus camaradas de guerra, en especial a los alquimistas estatales. Ella estaba consciente de lo que implicaba una guerra: heridos, muertos de ambos bandos, estrés, cansancio, entre otras cosas. Pero jamás creyó que se trataría de un genocidio de gente inocente y lo peor de todo era que el jefe de todo Amestris lo estaba ordenando a pesar de la rendición total del pueblo ishvalano. Se suponía que él tendría que velar por su pueblo, cuidarlo y no aniquilarlo de forma tan ruin y despiadada.

Riza no se había sentido tan mal desde que tuvo que abandonar a su hijo. No podía entender lo que estaban haciendo ella y los demás soldados. ¿Es esto lo que quería hacer para mejorar al país? Se sentía miserable, despreciable, ¿qué clase de persona era ahora? ¿cómo vería a su hijo a los ojos?

Cuando Riza creía que no se podía sentir peor, en los días siguientes contempló las atrocidades que Roy estaba cometiendo con la alquimia de fuego de su padre. En esos momentos, sintió cómo el aire le hacía falta y su culpa se incrementó considerablemente, ya que ella había liberado esos secretos que estaban aniquilando a tantas personas. Fue en ese momento en que ella por fin comprendió la reticencia de su padre sobre compartir su investigación con la milicia.

También, tal vez de manera egoísta, no podía evitar preguntarse si el hombre del que se había enamorado hace años estaba disfrutando esto o si lo estaba destrozando al igual que a ella. ¿Acaso había desaparecido ese chico soñador que aspiraba construir un país mejor para sus ciudadanos? Parte de esas dudas quedaron resueltas unos días después cuando se encontró frente a frente con Roy después de salvarle la vida a él y a uno de sus amigos. Definitivamente había sido un gran shock para él verla en el campo de batalla con un rifle, pero a pesar de todo lo malo que estaba ocurriendo en ese terrible lugar pudo confirmar, por ella misma, que él estaba igual que ella. Consternado, miserable y con un gran sentimiento de culpa por lo que estaban haciendo ahí. Sobre todo lo pudo percibir durante una confrontación con Kimblee que, a pesar de que algunas de sus palabras eran ciertas, Riza pudo darse cuenta de que Kimblee estaba disfrutando de su 'trabajo' mientras que Roy, su amigo y ella misma estaban llenos de dolor y culpa.

Esa misma noche, cuando regresaba a su tienda después de asearse lo mejor que pudo en esas circunstancias, encontró a Roy sentado detrás de su tienda, oculto entre las sombras mientras esperaba por ella. Riza ya había tenido demasiadas emociones por un día como para tener que lidiar con más, pero conocía lo obstinado que Roy era y que si él quería hablar en privado con ella, no habría forma de impedirlo. Inhaló profundamente y se acercó lentamente hasta quedar frente a él. Se llevó su mano a la frente en modo de saludo militar ya que Roy era un militar de mayor rango que ella.

"Buenas noches, Mayor Mustang." Dijo ella en tono serio.

Roy alzó su cabeza que hasta ese momento había mantenido gacha observando el suelo para evitar conversaciones. La única persona con la que necesitaba hablar era ella.

"Buenas noches, Cadete Hawkeye. En descanso. Me gustaría intercambiar unas palabras con usted."

Riza bajó su mano sin dejar de mirarlo. Definitivamente podía observar el cansancio físico y mental que él tenía, sobre todo la culpa que lo embargaba. Su hermosa mirada ónix, de la que ella se había enamorado, no brillaba en absoluto. Además, no podía evitar sentirse rara al tener que dirigirse con tanta formalidad hacia él y escucharlo a él hacerlo de la misma forma.

"De acuerdo, señor."

"Por favor, vayamos a otro sitio." Roy dijo mientras se ponía de pie y se sacudía la arena de sus pantalones.

Ella sólo asintió y comenzó a seguirlo unos pasos detrás de él, asegurándose de llevar consigo su arma en caso de necesitarla. Caminaron por unos minutos en silencio hasta que llegaron a un edificio en ruinas que se encontraba alejado del campamento militar. Estaba solitario y oscuro hasta que Roy, usando partes de los escombros y chasqueando sus dedos, comenzó una pequeña fogata. Iluminaba lo suficiente para que los dos se pudieran ver a la vez que era lo suficientemente discreta para pasar desapercibida por cualquier persona que se pudiera acercar. Él mantenía la cabeza gacha evitando mirarla a los ojos. Se veía perdido en sus propios pensamientos.

Él suspiró pesadamente y agitó su cabeza. "¿Por qué estás aquí?" Preguntó repentinamente, olvidando todas las formalidades.

"Estoy aquí por las mismas órdenes que usted, Señor." Ella sabía a lo que él se refería exactamente, pero mientras pudiera aplazar su respuesta lo haría.

Roy levantó su cabeza y la miró. "Vamos, Riza, sabes perfectamente a lo que me refiero. Si te pedí que me acompañaras hasta aquí, es porque sabía que en este lugar podíamos tener una charla sin tener que preocuparnos por oídos ajenos." Inhaló profundamente antes de continuar. "Se suponía que estabas trabajando como profesora, así que ¿por qué demonios estás aquí? Se suponía que tendrías que estar en Central, fuera de este maldito infierno." Dijo esto último con un tono ligeramente enojado mientras que su puño se impactaba con la pared que tenía a su lado. "¿Por qué me mentiste?"

Riza lo miró. Sabía que estaba sufriendo. Por la forma en cómo se expresó se pudo dar cuenta de que lo único que él deseaba era mantenerla alejada de toda esta miseria que estaba ocurriendo a su alrededor. Además podía notar lo mucho que le estaba doliendo su mentira.

"Seño…" Se detuvo de inmediato al ver cómo Roy enarcaba sus cejas. Ella suspiró. "Roy… creo que no es el mejor momento para discutir este tipo de asuntos personales. Lo único que te voy a decir al respecto es que también deseaba ayudar a la gente y, al igual que tú, creí ciegamente en la milicia."

"¿Es por eso que me has mantenido alejado de tu lado?"

Riza asintió ligeramente. "No tenía idea de la ley anti-fraternización hasta que ya no había marcha atrás. No podía permitir que todo tu esfuerzo se viniera abajo por mi culpa, así que mi plan era solamente servir unos cuantos años para ayudarte desde dentro del ejército."

"¿Por qué no me dijiste nada de tus planes? Si me hubieras dicho, te hubiera prevenido al respecto y, sobre todo, te habría evitado todo este infierno."

"Quería sorprenderte." Respondió ligeramente enojada. Suspiró y continuó. "Ya no tiene caso hablar de los hubiera. Lo hecho hecho está y, como te dije al principio, no es el mejor momento para hablar de nosotros y menos en un lugar lleno de militares."

Roy suspiró pesadamente. "Sé que tienes razón pero también necesitaba pedirte perdón." En ese momento Riza se sorprendió ligeramente mientras que él la miraba fijamente a los ojos. "Riza, perdóname por favor. Te había prometido que usaría la alquimia de tu padre para el bien del pueblo y, como bien lo dijiste esta tarde, la estoy usando para todo lo contrario. Todo este tiempo temí este momento. Sabía que tarde o temprano tendría que enfrentarte y darte explicaciones. Nada justifica lo que estoy haciendo, pero aún así te pido disculpas."

"No te voy a negar que al principio me sentí traicionada al ver la forma en que estabas haciendo uso de la alquimia de mi padre, pero después de estar unos días aquí y de ser parte de esta masacre, entiendo en cierta forma el por qué de tus acciones. Nada justifica lo que estamos haciendo, sin embargo seguimos siendo parte del ejército."

"Tal vez sería mejor que enfrentara al escuadrón de fusilamiento para impedir que más gente inocente muera." Roy dijo amargamente.

"O tal vez sea mejor que sigas con tu sueño para que evites que esto se vuelva a repetir en el futuro."

Roy la miró impactado. A pesar de todo lo que ella lo había visto hacer en ese infierno, a pesar de su distanciamiento en todos estos años, Riza seguía teniendo fe en él. Roy se acercó hacia Riza, tratando de no incomodarla pero no podía evitar querer abrazarla y besarla pero a la vez luchaba contra sí mismo ante ese instinto. ¿Cómo vas a tocarla con esas manos llenas de sangre? Él pensó.

"¿De verdad crees que pueda hacerlo?"

"Sé que puedes y que lo vas a lograr. Fuimos muy ingenuos en creer ciegamente en la milicia y hemos aprendido por las malas. Pero a pesar de todo, sigo creyendo que tu sueño es hermoso y que ahora más que nunca necesita llevarse a cabo para que nadie más pase por lo mismo que nosotros."

Instintivamente Roy se acercó más y la abrazó, para su sorpresa y alegría, ella le correspondió el abrazo lo que provocó que él la abrazara más fuerte.

"Gracias, Riza. Tú siempre has sido la persona que me mantiene en pie en los momentos más difíciles. Es gracias a tu carta que no me he metido un balazo en la cabeza. Lo que lamento es que tú estés sufriendo todo este infierno por mi culpa, todo por haberte compartido mi sueño."

Riza negó con la cabeza. "No es tu culpa, yo tomé la decisión. Pero eso no importa ahora, lo que importa es lo que tendremos que hacer para evitar que esto se repita."

Roy asintió con la cabeza, se separó ligeramente de ella y sin poder evitarlo más, se inclinó para besarla lentamente. El beso la tomó por sorpresa, pero llevaban mucho tiempo sin besarse y, a pesar de que era egoísta el poder disfrutar este hermoso gesto y que era ir en contra de la ley de la milicia, ella le correspondió, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello. Los dos se permitieron disfrutar este pequeño momento de paz en medio del infierno en el que ellos eran partícipes.


Los días siguientes a su encuentro, fueron difíciles para ambos al tener que seguir cometiendo atrocidades contra la gente de su propio país. Pero después de su conversación y de su beso, era inevitable no sentir al menos una ligera paz al saber que, a pesar de todo, en su interior seguían siendo las personas de las cuales se habían enamorado. Era egoísta de su parte pensar en ello con todo lo que habían hecho, pero les ayudaba a seguir en pie para poder trabajar en crear un país mejor.

Con la participación de los alquimistas junto con los francotiradores y los demás soldados convocados, solo era cuestión de tiempo para que la guerra terminara. Al llegar ese momento la gran mayoría de los soldados se retiraron en los primeros transportes, quedando solo unos pocos, entre ellos Roy y Riza.

Ella se había quedado en las afueras del campo de concentración terminando la tumba de un pequeño niño Ishvalano que había terminado abandonado en medio del desierto. Riza no podía evitar pensar en que el niño parecía tener la edad de Edward y el solo pensamiento de que el niño que estaba sepultando fuera su hijo, le desgarraba el corazón.

Riza podía imaginarse y prácticamente sentir el sufrimiento de las madres Ishvalanas que perdieron a sus hijos en su travesía por escapar. Ella, en conjunto con su compañero de guardia, trataron en lo posible evitar que se dispararan a mujeres y niños dentro de su área designada, fingiendo que no los habían visto. Simplemente ella no podía y no deseaba hacerlo. Con cada madre con sus hijos que veía escapar de su área, ella esperaba que pudieran salvarse de los demás soldados. Aunque ella sabía que era poco probable, sobre todo cuando a unos metros de distancia estaba el alquimista Carmesí asesinando a diestra y siniestra a cualquier Ishvalano que se le cruzara.

Sabía que sepultando al niño jamás se podrían expiar todos sus pecados, pero como mujer y sobre todo como madre no podía permitir que el inocente cuerpo sin vida del pequeño fuera devorado por animales salvajes.

En los últimos días estuvo pensando en algo que debía hacer, algo que con la sepultura del pequeño tomó la decisión de llevarlo a cabo. Necesito destruir los secretos de la alquimia de fuego de mi padre para evitar el nacimiento de otro alquimista de fuego. Pero ella no podía hacerlo sola, necesitaba ayuda de la única persona en quien había confiado la magnitud de este secreto anteriormente. Necesitaba ayuda de Roy Mustang.

Por esa razón, cuando Roy apareció detrás de ella cuando estaba terminando la tumba, no dudó en pedírselo. Ella pudo escuchar la vacilación y el dolor en sus palabras, obviamente él no deseaba lastimarla, pero Riza estaba convencida de que sería lo mejor si destruían el tatuaje de su espalda con la misma alquimia que había creado. Además le quitaría una carga de las muchas que ya llevaba en su espalda. Así que, ante la vacilación de Roy, ella insistió en su solicitud rogándole, por lo que él dolorosamente terminó aceptando.

La milicia les había otorgado a todos los combatientes de Ishval un mes libre para reencontrarse con sus familias, arreglar asuntos personales y comenzar las solicitudes de transferencias a otros comandos militares dentro de Amestris. Roy y Riza aprovecharían este tiempo para llevar a cabo la petición de ella, por lo que acordaron verse una semana después de su partida de Ishval en la antigua casa de su padre. Él insistió en llevar todos los suministros médicos necesarios para su curación y recuperación.

En cuanto salió de Ishval, Riza decidió dirigirse de inmediato a la casa de su padre para limpiarla antes de la llegada de Roy y, sobre todo, porque deseaba tener un tiempo a solas. La guerra la había destrozado de mil maneras y necesitaba poner su mente en orden con todo lo que había pasado para poder seguir adelante y así buscar prevenir que esto se repitiera en el futuro.

Cuando se instaló en su casa, salió al pueblo a comprar alimentos y aprovechó para llamar a Rebeca para decirle que se encontraba bien y que no se preocupara por ella. Le dijo que tenía que arreglar unos asuntos relacionados a la milicia y que necesitaba pasar unos días en casa de su padre para verificar su estado.

Roy se presentó una semana después tal y como habían acordado. A diferencia de las otras ocasiones en que él había estado parado frente a su puerta portando una sonrisa de oreja a oreja en cuanto la veía y un gran brillo en sus ojos, en esta ocasión su rostro estaba lleno de tristeza, culpa y al parecer, al igual que ella, él no había dormido lo suficiente por las grandes ojeras que se alojaban debajo de sus ojos.

En cuanto los dos estuvieron dentro de la casa, no intercambiaron demasiadas palabras, solamente algunas miradas hasta que Riza se dirigió a la cocina para preparar la comida. Roy inmediatamente se unió a ella, tal y como lo hacían tiempo atrás. Durante la comida, acordaron que quemarían su tatuaje después de la cena, para que ella pudiera, o al menos tratara, descansar durante la noche. Así que después de la comida, Roy se dirigió a la sala mientras que Riza salió por un momento a lo que originalmente era el jardín, que ahora se encontraba totalmente descuidado.

Estando en el jardín, Riza trató de poner en orden sus pensamientos, emociones y sentimientos. La presencia de Roy siempre le traía paz, tranquilidad, seguridad y sobre todo amor, pero en esta ocasión no podía sentirlo de esa forma, no después de lo que los dos habían hecho en Ishval. Estaba segura de que él se sentía de la misma forma, por lo que pudo ver en su mirada y en su expresión corporal. Sabía que a pesar de que la guerra había terminado, ésta jamás terminaría en su corazón ni en su mente, por lo que probablemente nunca volvería a tener paz. Le dolía pero irónicamente a la vez le reconfortaba saber que él sabía exactamente por lo que estaba pasando. En ese sentido los dos se entendían y comprendían mutuamente. No podía evitar pensar que tal vez los dos podrían regresar y ayudarse el uno al otro a salir de su bache para luchar por su objetivo de un futuro mejor para los demás. No seas ingenua, jamás podrán estar juntos mientras los dos sigan en la milicia. Su propia mente la reprendía por sus pensamientos. Tal vez podría dejar la milicia y ayudarlo como su novia para conseguir ese objetivo. ¿Acaso crees que te mereces una vida tranquila, una familia después de que tú arrebataste esa tranquilidad y asesinaste a familias enteras? Perdiste ese derecho hace tiempo Riza así como perdiste el derecho de ver a tu hijo en el momento en el que lo abandonaste. Jamás podrás tocarlo con esas manos llenas de sangre…

Riza agitó su cabeza, respiró y exhaló profundamente. Su propia mente la estaba matando con toda clase de pensamientos, pero los que le afectaban más eran los relacionados a su pequeño. En esos momentos no podía evitar sentirse desolada, triste, culpable, como un animal herido. Lo peor de todo es que nadie la había lastimado, ella se había herido a sí misma con sus propias decisiones y acciones. No pudo evitar pensar en que Roy probablemente se sentía de la misma manera. Deseaba abrazarlo y consolarlo, así como ella deseaba que él hiciera lo mismo por ella. Pensaba que tal vez debería hacerlo ahora, porque después de que se deshicieran del tatuaje tal vez él la rechazaría temiendo tocarla por lo que ella le estaba obligando a hacer.

Suspiró pesadamente y se dirigió a la sala, donde encontró a Roy acostado a lo largo del sillón más grande. Su brazo izquierdo le cubría el rostro mientras que su mano derecha descansaba sobre su abdomen. No parecía dormido, aunque no podía mirar su rostro, su respiración ligeramente agitada lo delataba. Sabía que probablemente se estaba atormentando por lo que haría en la noche, tal como ella lo estaba haciendo minutos atrás. Sabía que le estaba pidiendo demasiado, pero era lo mejor para evitar más tragedias con la alquimia de fuego.

Sin decir una sola palabra, se acostó a su lado en el pequeño espacio que quedaba a un lado de él, colocó su cabeza sobre su hombro y lo abrazó. Él en cuanto sintió el movimiento a su lado, se quitó el brazo de su rostro para mirarla, inicialmente se sorprendió de sus acciones, pero después se movió para darle más espacio, mientras la envolvía con ambos brazos para acercarla más hacia a él. Permanecieron unos minutos en silencio, tratando de consolarse el uno al otro con su sola presencia. Él depositó un beso en su frente y movió su cabeza para tratar de observarla.

"Riza… ¿estás segura de que quieres que destruyamos el tatuaje? Tal vez podamos buscar otra forma de hacerlo sin que tú salgas lastimada."

Ella alzó su cabeza para mirarlo. "Lamento mucho lo que te estoy pidiendo, pero ambos sabemos que lo mejor es quemar los secretos de esta alquimia."

"Pero no es justo que tú tengas que pagar el precio por mis errores..." Roy hizo una pausa para inhalar profundamente. Riza podía ver el profundo dolor y culpa en sus ojos. "Yo soy el culpable… yo debería ser quemado no tú… yo traicioné tu confianza. Yo te he defraudado." Roy mencionó todo esto con un tono que denotaba dolor y culpa.

Riza acarició gentilmente su mejilla y respondió con el mismo tono que Roy. "Los dos somos culpables. Fuimos ingenuos y tontos. Ya te lo dije, no te culpo y si queremos prevenir otra tragedia como esta, esto es lo que tenemos que hacer… Perdóname por pedirte esto."

"No quiero lastimarte." Roy dijo con dolor.

"No lo vas a hacer, es algo que yo te estoy pidiendo. Roy, por favor, no te vayas a culpar por esto."

Roy solamente asintió e inclinó su cabeza hacia atrás. Riza pudo ver como una solitaria lágrima se escapaba por su ojo. Ella se movió ligeramente y le dió un beso en la mejilla y después otro en sus labios. Lo abrazó fuertemente mientras él frotaba gentilmente su espalda.

Cuando la noche llegó, los dos se encontraban en el cuarto de Riza. Roy estaba preparando todos los suministros médicos que podría necesitar en la mesita de noche a lado de la cama, mientras ella se quitaba su blusa y su brasier para después sentarse en medio de la cama. Él giró su cabeza cuando terminó de acomodar las cosas y no pudo evitar sonrojarse ligeramente al notar su espalda desnuda. Sin poderlo evitar un recuerdo vino a su mente: la única vez que estuvieron juntos, en la que la tuvo entre sus brazos, la única vez en que ellos hicieron el amor. Él siempre soñó en volverla a ver así como aquella vez, en tenerla desnuda entre sus brazos, pero bajo otras circunstancias, no como la que se encontraban ahora.

Decidió mirar hacia otro lado, no era el momento para pensar en esas cosas, pero justo cuando iba a hacerlo, no pudo evitar darse cuenta de que ella todavía usaba el dije que él le había regalado hace algunos años atrás.

"¿Es ese el dije que te regalé tiempo atrás?" Roy preguntó.

Riza tomó su dije entre su mano derecha y lo apretó fuertemente. "Sí, jamás lo he dejado de usar desde que me lo diste. Es el recuerdo del chico que he amado desde que era una adolescente. Es el recuerdo de saber que una vez fui amada y me sentí protegida."

Roy no pudo evitar sentir una ligera felicidad al saber que ella se sentía de esa forma con él, pero a la vez le dolía, porque no podía quitarse de su mente la forma en que la había decepcionado y traicionado. ¿Será que ella jamás se volverá a sentir de esa manera conmigo?

Él desvió la mirada para no seguir contemplando su hermosa figura desnuda. "Riza… jamás he dejado de amarte y sé que jamás podré hacerlo."

"Nuestra relación no tiene lugar dentro de la milicia, podría perjudicarte. Así que será mejor seguir siendo amigos." Riza dijo en un tono bajo, denotando dolor. "Aunque creo que actualmente no tenemos derecho a ser felices después de lo que hemos hecho."

"Lo sé. Entiendo lo que dices, pero mi corazón jamás lo comprenderá. Riza, puedes alejarte de esto. Puedes renunciar y evitar que tengas que pasar por esto en el futuro. Yo me encargaré de seguir peleando por ese futuro que hablamos, para que nadie tenga que pasar por ello. Por favor, desiste de esta idea de tu espalda." Roy dijo esta última frase en forma de súplica.

Riza se sintió peor de lo que ya se sentía, pero no podía evitar lo inevitable. Era su obligación deshacerse de esa carga que su padre le había dado. Además, dejar el ejército como Roy le estaba sugiriendo, sería una forma de huir de lo que había hecho, dejándole toda la carga a él. Eso no era justo. Ella buscó su mirada y al darse cuenta de que él estaba mirando hacia otro lado un poco sonrojado, no pudo evitar sonreír ligeramente. Estaba actuando justo como cuando ellos habían hecho el amor. La noche en la que se entregaron en cuerpo y alma... la noche en que ellos habían concebido a su hijo.

"Roy, por favor mírame. No es la primera vez que me ves así." Trató de bromear ligeramente para suavizar el tenso ambiente en el que se encontraban.

Roy la miró. "Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que te ví así. Además, me gustaría hacerlo bajo otras circunstancias."

Ella suspiró. "Lo sé, a mí también me gustaría que fueran otras circunstancias." Hizo una pausa. "Roy, de verdad lo siento pero no voy a desistir de mi petición. Tú eres el único en el que confío y, con respecto a lo de la milicia, no es justo que tú cargues con toda la culpa… pero eso lo discutiremos después." Ella inhaló profundamente. "Será mejor que nos ocupemos del tatuaje ahora mismo, entre más rápido mejor."

Roy suspiró pesadamente. "¿No hay forma de hacerte cambiar de opinión?"

"Tú sabes perfectamente que cuando tomo una decisión difícilmente la cambio."

"Está bien." Roy dijo en tono derrotado.

Él comenzó a colocarle en su espalda un ungüento para anestesiar sus nervios, deseando lograr con eso evitarle dolor a ella. Lo esparció gentilmente por toda su espalda, deseando con toda su alma que se encontraran en otra situación y que no fuera a suceder lo que estaba planeado. En cuanto terminó, agitó su cabeza para enfocarse en su próxima tarea. No podía darse el lujo de desconcentrarse, si lo hacía atentaría con la vida de Riza, con la vida de la mujer que amaba. Se separó, se colocó los guantes de ignición y comenzó a fijar los puntos clave del círculo de transmutación ya que no deseaba causarle más dolor del que le iba a causar, además de que no sería capaz de hacerlo.

Roy suspiró. "Bien, comenzaré." Dijo casi en un susurro.

Riza asintió. "Estoy lista."

Ella realmente no lo estaba, pero no tenía sentido seguir prolongando su agonía. Era lo mejor para proteger al país. Me lo merezco por asesinar a personas inocentes, por convertir a Roy en un asesino… por no decirle nada de nuestro hijo… por abandonar a nuestro bebé… por mi culpa puede ser que jamás lo volvamos a ver y si lo hacemos… no podremos ni tocarlo con nuestras manos llenas de sangre. Riza agachó la cabeza y cerró los ojos tratando de contener las lágrimas que se estaban formando, esperando su castigo.

Roy comenzó a apuntar y su mano tembló. Se abofeteó en la mejilla. ¡Concéntrate, Roy! Si no, puedes matarla tal y como lo hiciste con los ishvalanos. Cerró los ojos e inhaló profundamente. Los abrió y volvió a intentarlo. Cuando tuvo certeza del lugar al que estaba apuntando, chasqueó sus dedos. Una pequeña llama se desprendió de ellos aterrizando en una parte de su espalda, quemando y mancillando la hermosa piel de Riza. Ella se movió abruptamente por un segundo en cuanto sintió su piel quemándose y ahogó lo mejor que pudo sus gritos. A pesar de la anestesia, el dolor era intenso, pero lo que la estaba torturando más que el dolor físico era el dolor emocional de saber y de ahora sentir lo que pasaron los ishvalanos que murieron a manos de Roy.

Roy repitió el proceso dos veces más, haciendo pequeñas pausas entre cada chasquido antes de que su mano comenzara a temblar nuevamente o que su vista se nublara por las lágrimas que comenzaban a formarse en sus ojos. No pudo evitar sentirse terrible al ver la forma en que la piel de Riza era devorada por sus llamas, al oler el aroma a piel quemada con el que se había terminado familiarizado en Ishval, al mirar la forma en que su cuerpo se contraía ante cada llama y al ver la forma en que ella estaba conteniendo su llanto y sus sollozos.

Tratando de apartar el nudo que se estaba formando en su garganta Roy dijo con una voz temblorosa "Eso… será suficiente."

"No has quemado toda la espalda." Dijo Riza tratando de esconder el dolor que estaba pasando.

"Creeme, con lo que he quemado el círculo ya no tiene sentido. No hay necesidad de quemar más."

Ella asintió.

Roy se quitó su guante de ignición y se acercó a ella. La ayudó gentilmente a recostarse boca abajo para después sentarse a su lado en la cama. "Voy a atender tus heridas."

Riza dió otro asentimiento y giró su cabeza hacia la izquierda para verlo. En ese momento pudo ver en el rostro de Roy demasiado dolor y las lágrimas que se deslizaban por sus mejillas. Ella ya no pudo seguir conteniendo las suyas al sentir el ardor del antiséptico que él estaba aplicando en su espalda por lo que movió su cabeza enterrándola en la almohada para tratar de amortiguar sus sollozos.

Cada minuto que pasaba curando sus heridas, él se sentía peor, se sentía basura. Él se había molestado, indignado e incluso había maldecido a su sensei cuando se enteró de lo que le había hecho a Riza. Se había prometido a sí mismo, amarla y protegerla, para que nunca tuviera que pasar por ningún otro sufrimiento. Ahora, él no era mucho mejor que el padre de Riza. Era igual o peor y las cicatrices de su espalda serían un recordatorio de ello para él.

Cuando terminó de curar y vendar sus heridas, la ayudó a sentarse con sumo cuidado y le acercó un vaso con agua y unas pastillas para el dolor y para prevenir una infección. Riza las tomó y Roy retiró el vaso de su mano. La miró profundamente aún con lágrimas en los ojos.

"Perdóname, Riza, por favor, perdón. Tú jamás debiste haber pasado por esto, todo esto es culpa mía, perdón..." Dijo con su voz ronca.

A Riza le dolía ver a Roy de esa forma. Siempre lo había visto como un joven fuerte, seguro de sí mismo, soñador e incluso infantil y bromista, pero ahora solamente veía a un hombre totalmente destrozado que estaba sufriendo mucho. Ella también seguía derramando lágrimas y con esfuerzo se acercó a él, lo abrazó y se permitió llorar con mayor intensidad.

"Perdóname tú a mí… yo fui quién te puso en esta situación. Si no te hubiera dado los secretos la milicia no te hubieran obligado a hacer aquello"

Él correspondió su abrazo, rodeándola por sus hombros para evitar tocar su espalda y lastimarla más. Él enterró su rostro entre la unión de su cuello y sus hombros.

"No es tu culpa… yo debí haber hecho caso a tu padre. No debí haber sido tan ingenuo…"

"Tú no tienes la culpa de eso. Además prácticamente yo te obligué a esto. Yo soy la persona que te ha estado lastimando… perdóname por favor Roy…" En ese instante no pudo evitar recordar a su hijo que ella necia y egoístamente le había negado, lo que provocó que sollozara más. "Perdón, Roy."

"No tengo nada que perdonarte. Yo soy el monstruo que te ha lastimado… perdóname, Riza."

Ella negó con la cabeza. "No… tú no eres un monstruo Roy… yo lo soy… por todo lo que he hecho"

"Tú no eres ningún monstruo, solamente has sido víctima de tu padre, del ejército... y mía."

"Tú no entiendes… probablemente cuando sepas lo que hice jamás quieras volver a saber de mí."

"Riza, tú solamente hiciste lo que te ordenaron, no tenías opción. Eres una cadete después de todo."

"No Roy… no entiendes… he hecho cosas terribles…" Ella sollozó más fuerte mientras lo abrazaba y ocultaba su rostro en el pecho de Roy. "Yo… te he ocultado algo por años… perdóname."

"Si te refieres a lo de ingresar a la milicia sin haberme dicho nada, no te preocupes…"

"¡No! Es algo mucho peor… es algo que me ha perseguido todos estos años… algo que al igual que lo de Ishval jamás me podré perdonar." Riza dijo entre sollozos.

"Riza tú eres una mujer buena, gentil, tierna…"

"No soy nada de eso… si lo fuera jamás hubiera abandonado a nuestro hijo." Repentinamente Riza espetó.

Roy confundido y creyendo que había escuchado mal, le preguntó. "¿Qué?"

Sin atreverse a mirarlo, Riza contestó. "Escuchaste bien, Roy. Soy una mala mujer y sobre todo una mala madre… si es que puedo llegar siquiera a llamarme así después de haber abandonado a mi bebé… a mi propia carne… a mi sangre… nuestra sangre." Ella dijo entre sollozos.

Roy no estaba seguro de lo que estaba escuchando. No lo podía creer. Separó ligeramente a Riza de su pecho tomándola por los hombros para mirarla. "¿Cómo? Yo… no te entiendo, Riza. ¿De qué estás hablando?"

Ella, sin levantar la cabeza, siguió sollozando. Estaba consciente de que tarde o temprano tendría que enfrentar esta situación con Roy. Sabía que no era el mejor momento pero ella se sentía tan destrozada que las palabras salieron de su boca antes de pensarlo. Cuando se percató de ello ya era demasiado tarde, así que decidió confesarle todo de una vez.

"Roy… la vez que estuvimos juntos… la vez que hicimos el amor… quedé embarazada."

Él se tensó. "Riza, eso fue hace cas años atrás, ¿por qué no me dijiste nada?"

"Me enteré cuando ya me había registrado en la academia. Ahí me enteré de la ley anti-fraternización y de lo que podía ocurrirle a nuestro bebé y a ti si se sabía."

Él la soltó y comenzó a caminar por el cuarto. Inhalando y exhalando pesadamente. Tras unos instantes, se detuvo. "¿Y el bebé?"

"Se lo di a una pareja que conocí en el Norte." Dijo ella sin dejar de llorar.

Roy sentía una mezcla de emociones arremolinándose en su interior. En un inicio creyó sentir felicidad al enterarse que tenía un hijo pero rápidamente ese sentimiento se vio sofocado por una gran culpa, tristeza e ira. Todo se le estaba viniendo encima. "¿Por qué demonios lo hiciste?" Preguntó tratando de ocultar su ira, sin embargo Riza la pudo notar.

"Porque no tenía los medios para sacarlo adelante-"

"¡Demonios, Riza! Podías haberme dicho, yo jamás te habría dado la espalda a tí ni al bebé. Habría tomado la responsabilidad sin dudarlo." Roy interrumpió a Riza irritado.

"Lo sabía…"

"Entonces ¿por qué carajos abandonaste a nuestro bebé?"

"Porque si reconocías al bebé te hubieras metido en problemas con la milicia y la vida del bebé hubiera corrido peligro."

"¡Maldición, Riza! No hubiera pasado nada. En cualquier caso hubieran investigado y se habrían dado cuenta de que el bebé fue concebido antes de tu ingreso a la milicia." Roy había comenzado a subir la voz.

Ella se atrevió a levantar la cabeza para mirar a Roy. Él estaba derramando lágrimas al igual que ella, pero podía ver que la ira se estaba apoderando de él.

"Investigué al respecto… en ese entonces ya tenía el preregistro así que probablemente ese argumento no iba a servir y… una amiga de la academia me dijo lo que la milicia le hizo a su hermano que pasó por esa situación. Era un riesgo para tu carrera y sobre todo para la vida del niño."

"¡Al demonio mi carrera! ¿Me estás diciendo que simplemente te deshiciste de mi hijo sin siquiera consultarme? ¿por qué?"

"¡Ya te lo dije!" Ella también comenzó a subir el tono de voz.

"Era mi derecho decidir sobre su vida. Podríamos haber buscado la forma de ocultarlo sin renunciar completamente a él."

"Sabes perfectamente de lo que la milicia es capaz. Lo hemos visto de primera mano en Ishval… no iba a atreverme a arriesgar las vidas de las personas más importantes en mi vida."

"Aún así tenía derecho a saber en el momento, no años después."

"Lo lamento, Roy…"

Él respiró profundamente. "Quiero conocerlo. ¿Sabes dónde está?"

Ella negó con la cabeza. "No… antes de ir a la guerra regresé a la casa donde vivía la pareja con quienes lo dejé, pero ya no viven ahí y nadie sabía a dónde se fueron."

"¿Quiénes son? Los debes conocer desde hace tiempo ¿no?"

"Realmente los traté como unas dos o tres semanas-"

"¡¿Cómo?! ¿Dejaste a nuestro hijo con unos completos desconocidos?" Preguntó molesto.

"Era mejor que dejarlo en un orfanato. Además ellos nos salvaron la vida a mí y al bebé. Si no hubiera sido por su ayuda, hubiera muerto desangrada y quién sabe si el bebé hubiera sobrevivido."

"¡Sus vidas estuvieron en peligro y yo ni siquiera estuve enterado!" Él la miró fijamente. "¡Maldición, Riza! Podrías haber muerto y yo te hubiera estado buscando como loco creyendo que al final te habías olvidado de mí. No tenías que haber pasado por esto tú sola, me tenías a mi."

"Lo siento, Roy. Era muy joven y estaba aterrada de todo-"

Roy la interrumpió antes de que continuara. "Entonces ¿definitivamente perdiste el rastro del bebé?"

Ella solo asintió. Él estaba muy molesto, estaba haciendo lo posible para contenerse, pero todas sus emociones lo estaban rebasando, sacando lo peor de él.

"¡Tenía derecho a saber, a estar contigo durante todo el proceso! Tenía derecho a decidir sobre su vida, a conocerlo, a sostenerlo entre mis brazos… a darle una familia... Cierto, probablemente me hubiera sorprendido como lo estoy ahora, pero lo hubiera aceptado y me hubiera alegrado ¿sabes por qué? Porque yo sé que ese niño es producto del amor y no de un simple acostón. ¡Pero tú me negaste todo eso! ¡Me negaste toda esa felicidad y dicha! ¡Jamás creí que la persona que más amo en este mundo me podría lastimar tanto!" Roy gritó a pesar de todos sus esfuerzos por evitarlo. Sus palabras estaban fluyendo sin siquiera pensarlas y no podía controlar el desprecio hacia Riza que estaba cubriendo su mirada.

Al darse cuenta de que estaba perdiendo el control, Roy decidió darse media vuelta y salir de la habitación. Tenía que alejarse para evitar decir otras cosas terribles. En cuanto estaba en el umbral cerrando la puerta, Riza lo llamó.

"¡Roy!"

Sin embargo, él la ignoró y siguió su camino, dejando a Riza en un mar de lágrimas sentada en la cama. Ya no sabía si estaba llorando por sus acciones en Ishval, por sus quemaduras en la espalda, por la revelación de su hijo o probablemente por todo. Ella quería ir tras él, pero sus quemaduras se lo impedían y pensó que tal vez sería mejor que los dos estuvieran solos para pensar en lo que había sucedido. Se recostó boca abajo, llorando en su almohada y de vez en cuando miraba hacia la puerta, esperando que él regresara para arreglar las cosas, que él la acompañara y se recostara a su lado, que trataran de dormir juntos para ahuyentar las pesadillas del otro. Esperó y esperó pero él no regresó, y después del desgaste físico y sobre todo emocional, el sueño la venció.

Roy, por su parte, se encerró en el cuarto que se encontraba en la planta baja de la casa. Lloró como no lo había hecho desde que era un niño pequeño. Todas las mentiras que Riza le había contado de sus supuestos "estudios" ahora tenían sentido. Todo era para encubrir la existencia de su bebé. Le daba alegría saber que era padre, pero así como sentía esa dicha ésta era cubierta por la ira de ignorar por tantos años la existencia de su hijo o hija. Sentía ira de no haber tenido la dicha de disfrutar la noticia de su llegada, de sentirlo patear en el vientre de Riza, de estar presente en su nacimiento, de verlo crecer... Demonios, él o ella, debe de tener quizás 8 años, ya no es un bebé. Me he perdido sus primeros pasos, no pude escucharlo decir sus primeras palabras... Madame y las chicas estarían emocionadas y lo o la consentirían. Riza y yo ya estaríamos casados y probablemente tendríamos otro bebé. Diferentes pensamientos lo atormentaron esa noche, tratando de imaginarse hermosos escenarios de lo que hubiera sido una vida familiar al lado de Riza y su bebé pero éstos se derrumbaban casi de inmediato al pensar que su hijo o hija estaba desaparecido. Aunque de haber sabido dónde estaba, Roy no creía ser capaz de presentarse como su padre después de lo que había hecho en la guerra. Esa noche no durmió.

La mañana siguiente, Riza despertó y miró al lado de su cama, esperando que Roy estuviera a su lado. Desafortunadamente, él no había dormido con ella como lo venía haciendo las pocas veces que se reunían aquí. Giró su cabeza y en la mesa de noche vió una bandeja con comida y una nota que decía que no olvidara tomar las pastillas. Ella no tenía hambre ni ganas de comer, pero no deseaba iniciar otra pelea con Roy, así que trató de comer lo más que pudo y tomó sus pastillas. Pasó el resto del día recostada. Seguía adolorida a pesar de los medicamentos, pero no se quejó en voz alta, sabía que eso se lo merecía por todo lo que había hecho y que aún así eso no sería suficiente para redimirse. Se sentía muy débil y, aunque no podía descansar totalmente, el sueño la volvió a vencer en la tarde. Al despertar, observó otra bandeja de comida. Al parecer Roy seguía en la casa, hecho que la sorprendió ya que llegó a creer que se había ido después de lo sucedido la noche anterior.

En la noche, escuchó abrirse silenciosamente la puerta para dar paso a Roy. Al verla despierta ingresó a la habitación llevando consigo vendas nuevas y el botiquín de primeros auxilios. Sin mirarla directamente, se acercó a ella antes de hablar.

"Necesitamos cambiar las vendas o las heridas se infectarán." Roy dijo fríamente.

Riza determinó por el tono de su voz que definitivamente seguía molesto. "Yo puedo hacerlo-"

"Déjate de tonterías. No puedes hacerlo sola." Contestó bruscamente y comenzó a quitar los vendajes del día anterior para después desinfectar las heridas y poner las nuevas vendas.

Cuando terminó, Riza trató de hablarle. "Gracias… por esto y por la comida."

Él solo asintió. "Debes comer y tomar los medicamentos para que te recuperes."

"Sí, gracias."

Roy se dio la media vuelta y se dirigió hacia la salida de la habitación hasta que se detuvo al escuchar la pregunta de Riza.

"¿No vas a dormir hoy conmigo?"

Él negó instantáneamente con su cabeza para al fin retirarse sin decir una sola palabra ni dirigirle una última mirada. Estas frías acciones de su parte le estaban destrozando el corazón a Riza. Sabía que él tenía el derecho de estar molesto, pero no podía evitar que eso le afectara a ella.

Los siguientes días fueron de la misma forma, con él comportándose de forma fría con ella, pero a pesar de ello, Riza reconocía que él no la estaba abandonando con sus heridas aunque él estuviera sumamente molesto con ella.

Una semana después de las quemaduras, ella se sintió con las fuerzas necesarias para poder realizar más cosas por ella misma así que, cuando terminó de comer, decidió llevar sus trastes a la cocina para lavarlos y si tenía suerte para hablar con Roy. Odiaba estar en estos términos con él. Quería al menos recuperar su amistad, si es que quedaba algo. Efectivamente, cuando ella arribó a la cocina, él estaba sentado en la mesa leyendo un libro. Cuando la vio, se paró para ayudarla con la bandeja, pero ella se negó.

"Riza, todavía no estás en condiciones para hacer cosas. Dame la bandeja, yo me encargo." Roy dijo usando nuevamente su tono frío.

Ella simplemente lo ignoró y siguió su camino hacia el fregadero para comenzar a lavar los trastes. Sin voltear a verlo contestó. "Me siento mejor. Gracias por la comida."

Él solamente suspiró pesadamente y se quedó observando hacia el suelo unos minutos. Después tomó su libro y comenzó a caminar para regresar a su habitación. No quería estar cerca de ella, no después de la confesión que le había hecho, pero tampoco tenía el corazón para dejarla a su suerte, no después de que él mismo la había lastimado. No podía hacerle eso a la madre de su hijo o hija, aunque lo que más deseaba hacer desde la noche de la confesión era largarse de ahí e irse a un bar donde pudiera emborracharse para tratar de olvidar todo lo que le estaba pasando.

"Roy." Ella lo llamó. Él se detuvo sin voltear a verla. "¿Algún día me perdonarás?"

"No lo sé. Jamás hubiera esperado esto de ti. Nunca."

"¿Acaso crees que para mí fue fácil dejar a mi bebé?"

"Supongo que sí, al final lo hiciste. No te importó regalar a esa criatura a la primera familia que se te cruzó en el camino."

Ella se molestó mucho al escuchar la respuesta de Roy, sobre todo el tono en que lo había hecho. Se acercó a él, lo giró y lo abofeteó fuertemente en su mejilla derecha.

"¡Eres un idiota!" Ella gritó. "¡Abandonar a mi hijo ha sido lo más difícil que he tenido que hacer! No sabes lo duro que es darse la vuelta y tratar de seguir tu camino después de haberlo tenido dentro de tí por 8 meses, después de haberlo sentido, de tenerlo entre tus brazos y de escucharlo llorar al dejarlo…" Ella comenzó a soltar lágrimas de rabia, dolor y culpa.

Hijo, conque es un niño. Roy no pudo evitar notar la mención de esa palabra pero su ira ocultó ese pensamiento rápidamente para centrarse en la discusión "¡Al menos tú sabías de su existencia! ¡Al menos tú lo tuviste entre tus brazos!" Gritó Roy.

"Pero aún así sufrí mucho cuando me alejé de él…"

"Lo dudo. Ahora que lo pienso, eres experta en la materia de alejar a la gente que te quiere. Primero me alejaste a mí y luego alejaste al niño. Si no lo querías, al menos me lo hubieras dado a mí. Yo lo hubiera sacado adelante. Jamás hubiera renunciado a él." Dijo frívolamente Roy.

Este comentario provocó que Riza lo abofeteara nuevamente y después comenzara a golpearlo en el pecho. "¡Eres un idiota! ¡Egoísta! ¡Insensible!" Ella le gritó. "Si los alejé de mi lado fue para mantenerlos a salvo a los dos."

Roy detuvo sus golpes al agarrar sus muñecas. "A salvo, hum." Él bufó. "¡Maldita sea! ¡Tú egoístamente nos negaste una familia a la criatura y a mi! Tú sabías desde el principio que mis intenciones eran serias contigo, que mis sentimientos eran sinceros hacia ti. Te he estado esperando todos estos años, sin presionarte, pensando idiotamente que tal vez no querías algo serio conmigo porque todavía eras muy joven. ¡Yo deseaba formar una familia a tu lado! Pensé, ingenuamente para variar, que podríamos hacerlo y que seríamos muy felices juntos. Ahora veo que me equivoqué y que tú solamente jugaste conmigo…"

"¡Roy Mustang, eres un maldito imbécil!" Ella gritó mientras en un movimiento brusco se soltó de su agarre.

"Sí, lo soy, por haber creído en el amor. ¡Debí haber hecho caso a mis compañeros de la academia y del cuartel! ¡Debí haber salido y de haberme acostado con las mujeres que estaban tras de mí! ¡Pero yo, de idiota, no lo hice por tí!" Dijo Roy gritando.

"¡Pues yo jamás te lo prohibí! También debí haber hecho caso a mis amigas y acostarme con los pretendientes que estaban tras de mí, pero ¿sabes qué? ¡Soy igual de idiota que tú! Porque no lo hice por tí, porque creía que estaríamos juntos al final." Riza contestó molesta.

Los dos permanecieron en silencio unos minutos mirándose el uno al otro. Inhalando y exhalando pesadamente hasta que Riza volvió a hablar, tratando de sonar lo más tranquila posible.

"Ya me siento mejor. Te agradezco todas tus atenciones pero será mejor que te vayas."

"Bien, tienes razón. Al final siempre se hace tu voluntad y alejas a la gente que te quiere. Siempre arruinando las vidas de otros."

"¡Eres un maldito!"

"Lo sé, no eres la primera persona que me lo dice." Dijo Roy despreocupadamente mientras recordaba las palabras del último Ishavalano que asesinó. "Al menos no oculto secretos que involucran la vida de otras personas como tú. Solo espero que MI HIJO esté bien y que tenga la familia que le negaste."

"¡LÁRGATE! ¡No quiero volver a verte!"

Roy se dirigió a su habitación, empacó de mala gana sus pertenencias mientras Riza se derrumbaba en una silla del comedor. Estaba llorando de rabia, tristeza, culpa y dolor. Cuando él se apareció nuevamente con dirección a la puerta de la casa, se detuvo brevemente para verla. Sus miradas se encontraron brevemente antes de que él interrumpiera el contacto y saliera de la casa cerrando fuertemente la puerta tras de él.

Se ha ido para siempre. Ella pensó. ¿Este es el verdadero Roy Mustang y el chico del que me enamoré fue solamente una farsa? ¿O simplemente él está tan molesto y destrozado como lo estoy yo que se comporta de esa manera? Tal vez es mejor, al final no podemos estar juntos aunque quisiéramos, y con lo que pasó ya no existe ni existirá un nosotros. Perdón, Edward, hijo mío. Tal vez tu padre tiene razón y arruiné todo para ti, para tu padre y para mí. Pero si la milicia hubiera atentado contra tu vida, jamás me lo hubiera perdonado. Ya no sé si hice bien, soy una mala persona y por eso probablemente jamás te pueda volver a ver. Solo deseo que estés bien y que seas muy feliz, mi pequeño, aunque no sea a nuestro lado.

Esa noche, los pensamientos de culpa y tristeza invadieron la mente de Riza, impidiéndole cerrar los ojos durante toda la noche.