Hola!

Muchas gracias por el apoyo que le dan a nuestra historia :) Con ustedes el capítulo 4 donde nos tocará ver principalmente la perspectiva de Roy. Esperamos que les guste y como siempre los invitamos a compartirnos su opinión, teorías, sugerencias o cualquier comentario incluso si es sobre algún error de dedo que lleguemos a tener jeje, ya que es lo que nos motiva a seguir escribiendo.

Nos vemos hasta la próxima entrega.

Saludos!

Golden y Flame

Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.


Capítulo 4: Comprensión

Roy realizó el viaje de regreso a Ciudad del Este prácticamente en piloto automático. La furia y el dolor que había sentido al discutir con Riza aún estaban presentes y le impedían concentrarse plenamente en la gente a su alrededor y en el paisaje que transitaba por su ventana del vagón del tren.

Él había deseado salir de aquella casa desde el momento en el que Riza le confesó lo que había hecho pero se vio incapaz de dejarla sola en las condiciones en las que estaba. Ingenuamente creyó que el evitarla durante una semana ayudaría a controlar sus emociones para dar paso a una conversación seria y civilizada entre adultos. Pero todo había salido mucho peor. Todas esas emociones en lugar de apaciguarse se fueron acumulando hasta que explotaron. Ambos se dijeron cosas terribles en tan solo unos instantes y Roy ya no sabía qué debía sentir. Una pequeña parte de sí quería dar lugar al arrepentimiento ante las crueles palabras que le había dirigido a la mujer que amaba, pero entre más recordaba la acalorada discusión y el hecho de que era el padre de un niño del que había ignorado su existencia por tantos años, sentía como su frustración e ira lo dominaba casi por completo.

Si las circunstancias fueran diferentes se sentiría rebosante de alegría de saber que tiene un hijo con la mujer que ama. Pero la realidad era brutalmente cruel. Ahora tanto sus manos como las de Riza estaban manchadas con sangre de inocentes. No había tenido la oportunidad de sostener a su hijo en sus brazos y ni siquiera sabía dónde estaba. ¿Acaso todo esto era su castigo por las vidas que había arrebatado?

Quería entender lo que Riza había hecho ya que sabía sobre los alcances de la ley anti-fraternización, pero en esos momentos su mente parecía estar bloqueada para dar paso a la comprensión.

Anteriormente ante cualquier situación dolorosa o estresante, el traer a su memoria el rostro de Riza era un alivio para tratar de tranquilizarse y sentirse mejor, pero ahora de tan solo pensar en su nombre sentía cómo todo dentro de sí se desmoronaba. La mujer que alguna vez había traído paz, alegría, amor y esperanza a su vida ahora lo llenaba de dolor, arrepentimiento y ¿odio? ¿Odiaba a Riza por lo sucedido? No estaba seguro, una parte de él quería odiarla y despreciarla por haberle ocultado algo tan importante por tantos años pero no podía terminar de darle forma a ese sentimiento tan radical.

Todo ese debate interno lo mantuvo ocupado durante el viaje y, una vez hubo llegado a su destino, lo siguió acompañando mientras caminaba por las calles de Ciudad del Este. Cargaba su maleta sin darle mucha importancia y miraba al frente sin realmente ver a alguien o algo en específico. Caminaba sin rumbo definido bajo un cielo que cada vez se oscurecía más dando paso a un par de estrellas.

Su departamento no le parecía tan atrayente en esos momentos y realmente estaba ansioso por ahogar sus pensamientos y sentimientos con alcohol. Fue por eso que en el instante en que sus ojos prestaron atención a su entorno y detectaron un bar no dudó en entrar en él.

El bar era pequeño pero estaba repleto de hombres y mujeres, muchos de los cuales reían a carcajadas. Sus paredes estaban manchadas y una espesa nube de humo de cigarro cubría todo el lugar. Para nada se parecía al tan cuidado y elegante bar de su tía.

Tratando de ignorar el ambiente en el que se encontraba, Roy simplemente se abrió paso entre la multitud hasta llegar a la barra donde pidió un whiskey doble. Colocó su maleta frente a sí y la aseguró contra la barra con ayuda de sus piernas para evitar que alguien se la robara. En cuanto llegó su bebida no perdió el tiempo y vació el vaso para pedir una nueva rápidamente.

Al llegar su segunda bebida la bebió con más calma. Por alguna extraña razón la primera no lo había ayudado a empezar a sentirse más ligero y un tanto desconectado del mundo como anteriormente le había sucedido en Ishval, cuando trataba de olvidarse por unos momentos del horror que había presenciado durante el día.

Bebió su bebida lentamente esperando que poco a poco hiciera efecto pero no funcionaba, por lo que al terminarla pidió una más. Roy estaba tan enfrascado en sus pensamientos y en el deseo de ahogar todo con alcohol que no se dio cuenta de que una mujer se había ubicado a su lado y había comenzado a recorrer su brazo con una de sus manos hasta que ella le habló.

"Hola, guapo. ¿Te gustaría algo de compañía?"

Roy volteó a ver a la mujer un tanto sorprendido. Era una mujer joven y delgada de cabello pelirrojo ondulado que le llegaba hasta la cintura. Portaba un vestido negro con un pronunciado escote y sus labios estaban pintados de una intensa tonalidad de carmesí. Roy pudo notar sus mejillas ligeramente sonrojadas y un leve tambaleo al tenerse de pie por lo que fácilmente pudo darse cuenta que ya estaba algo ebria.

A pesar de la insinuante provocación que Roy pudo notar en su tono de voz, decidió dejar que las cosas fluyeran así que únicamente se encogió de hombros mientras tomaba el vaso que el bartender le entregaba y le daba un sorbo.

La mujer pareció aceptar ese gesto como una aceptación y se acercó para abrazar el brazo izquierdo de Roy mientras comenzaba a juguetear con los cabellos de su nuca.

"Casi no se ven hombres como tú por estos lados." Mencionó la mujer mientras bajaba su mano de la nuca de Roy y comenzaba a masajear su hombro.

Roy no respondió pero tampoco la apartó. Simplemente siguió tomando su bebida mientras la mujer lo acariciaba y se acercaba aún más a él.

Al darle el último sorbo a su bebida Roy se sintió algo mareado. Aún no lograba dejar de lado sus dolorosos pensamientos pero al menos ya era un avance. Estaba a punto de hacerle señas al bartender para que le trajera otra bebida cuando la pelirroja detuvo su brazo y acercó sus labios a su oído. "Sabes, conozco un lugar perfecto para divertirnos."

No era lo que buscaba, pero el alcohol no le estaba ayudando realmente. Roy decidió dejarse llevar por la corriente. "De acuerdo." Ante la sonrisa de la mujer Roy tomó su cartera, dejó unos cuantos billetes en la barra y tomó su maleta mientras la pelirroja se mantenía abrazada a su brazo.

El oscuro manto de la noche los cubría mientras la singular pareja transitaba las calles. Roy no tenía consciencia de la hora que era, pero la poca gente con la que se toparon en el camino indicaba que era muy tarde, probablemente cerca de la media noche. Siguieron caminando sin pronunciar una palabra hasta que estuvieron frente a un pequeño hotel. Roy no supo identificar el lugar pero permitió que la mujer lo guiara dentro del mismo. No pararon hasta que estuvieron dentro de una de las habitaciones.

La pelirroja no perdió el tiempo e inmediatamente comenzó a besar a Roy en los labios y en el cuello. Ante la sorpresa inicial Roy dejó caer su maleta y estrechó a la mujer entre sus brazos y comenzó a corresponder sus besos. Así siguieron por unos cuantos minutos hasta que la mujer comenzó a juguetear con los botones de su camisa. Por instinto, Roy pasó una de sus manos por la espalda de la pelirroja hasta encontrar el cierre del vestido. Lentamente comenzó a bajarlo y una vez lo hubo hecho pasó su mano por la espalda de la pelirroja para comenzar a desabrochar el brasier.

Cuando Roy desabrochó el brasier y pudo sentir completamente la espalda desnuda de la mujer, un súbito recuerdo le vino a la mente. La cálida piel de una joven rubia abrazándolo amorosamente, besándolo con dulzura y una mirada llena de cariño y amor dirigida exclusivamente a él. Era un escenario completamente diferente al que se encontraba en ese momento. A pesar del calor del momento se sentía helado por dentro. Los besos con olor a alcohol y las caricias torpes de la pelirroja no despertaban nada en él y mucho menos le estaban ayudando a olvidar su dolor. Al contrario, ahora sentía cómo el dolor se multiplicaba y una nueva sensación aparecía dentro de sí. Asco. Asco contra sí mismo y lo que estaba haciendo.

¡¿Qué demonios estoy haciendo?! Regañándose mentalmente Roy quitó sus manos de la espalda de la mujer y las colocó en los hombros de ella para apartarla rápidamente. "Esto no está bien. Tengo que irme." Y sin darle oportunidad de replicar Roy tomó su maleta y salió de la habitación.

Idiota. Idiota. Idiota. Idiota. Idiota. Roy salió del hotel y recorrió las calles de la ciudad con paso apresurado. Aunque ya era difícil que se encontrara con alguien en la calle, Roy acomodó su ropa lo mejor que pudo mientras caminaba y buscaba una manera de ubicar dónde se encontraba. Una vez hubo encontrado una referencia emprendió el camino de regreso a su casa, volviendo a pensar en los dolorosos recuerdos que había querido ahogar con alcohol y ahora sumándole el arrepentimiento que estaba sintiendo por lo que estuvo a punto de hacer.

Perfecto, Roy, estabas a punto de cometer otra estupidez. Él siguió reprendiéndose mentalmente. El solo hecho de pensar lo que pudo haber ocurrido, de las probabilidades de que procreara a otro bebé y que no fuera por amor, lo hizo odiarse y repudiarse más de lo que jamás había podido creer que fuera posible. Ante el pensamiento, el estómago se le revolvió y tuvo que detenerse un instante para vomitar en un callejón antes de poder continuar con su camino.

Cuando llegó a su edificio ignoró completamente al viejo velador que dormitaba en una silla en la entrada del mismo y se dirigió a su departamento. Buscó con desesperación su llave y la insertó tan rápido como pudo en su puerta. Una vez estuvo adentro, cerró la puerta tras de sí y se recargó en ella. Lanzó su maleta y su llave sin importarle su destino y poco después se deslizó por su puerta hasta quedar sentado en el suelo con sus rodillas recargadas a su pecho y con las manos sobre su cabeza mientras agarraba fuertemente y con desesperación sus mechones oscuros.

Sintió un escozor en sus ojos y los apretó fuertemente para contener las lágrimas mientras recargaba su rostro en sus rodillas. Estaba tratando de alejar los sucesos de esta última semana de su mente. Simplemente quería olvidar todo pero no podía. Sus hombros empezaron a sacudirse ligeramente y, sin poder contenerlo más, algunos sollozos escaparon por su garganta y pudo sentir como la humedad comenzaba a cubrir sus mejillas.

"¿Roy?"

Mierda. Incluso el universo conspiraba para arrebatarle la soledad que tanto anhelaba en esos momentos.

Tratando de limpiar las lágrimas en sus rodillas Roy levantó su mirada para contemplar la sombra que estaba pasando por la sala para acercarse a la entrada. Unos segundos después la sala se iluminó y Roy tuvo que parpadear un par de veces para ajustarse a la luz. Cuando sus ojos se enfocaron pudo notar cómo Maes Hughes se ponía en cuclillas frente a él.

Cierto. Le había ofrecido a Hughes quedarse en su departamento hasta que tuviera que regresar a Central. Maldición.

"Roy, ¿qué sucede? ¿Otro flashback?"

Ja. Hasta hace unos días Roy estaba seguro de que los recuerdos de Ishval lo atormentarían por el resto de su vida pero ahora parecía que Ishval había sido destronado en su lista de remordimientos y penas.

"Necesito dormir." Roy se levantó del suelo sin mirar a su amigo mientras Hughes lo imitaba. Comenzó a caminar y se dirigió a la cocina para agarrar una botella de whiskey. Apenas la tuvo en sus manos pudo sentir una mano en su hombro.

"Hey, compañero. Mírame."

Si alguien tenía la costumbre de no dejarlo en paz aunque se lo pidiera ese era Maes Hughes. "Estoy cansado. Voy a mi cuarto."

"Roy Mustang."

Sabiendo que no había escapatoria cuando Hughes lo llamaba por su nombre completo, Roy suspiró profundamente y trató de llenar su mirada de indiferencia antes de voltear a ver a su amigo.

Los ojos verdes de su amigo lo miraban de manera penetrante. Generalmente los ojos de Hughes denotaban alegría y cariño pero, aunque odiara admitirlo, estos últimos meses se había acostumbrado a ver más seguido esa mirada tan seria.

"Esto no tiene que ver con Ishval ¿cierto?"

"No."

"Hueles a alcohol."

Roy se encogió de hombros y respondió con indiferencia. "¿Cuál es el problema? ¿Acaso eres mi esposa?"

"No, ese lugar es exclusivo de Riza."

Ante la mención de ella, Roy no pudo evitar que su mirada se tornara más sombría de lo que ya estaba, cosa que no pasó desapercibida por Hughes, así que continuó. "¿Quieres hablar de ello?"

"No."

Maes sabía que desde que Roy había encontrado a Riza en Ishval, había estado inquieto, desesperado y su sentimiento de culpa se había incrementado. Cuando Roy le había ofrecido su departamento le informó que no estaría las primeras semanas porque tenía asuntos que arreglar. Obviamente, Hughes sabía que esos asuntos tenían nombre y apellido: Riza Hawkeye. En su optimismo él esperaba que Roy siguiera su ejemplo con Gracia y arreglara de una vez por todas las cosas con Riza y se casaran. Pero dadas las condiciones en las que se encontraba su amigo y que había regresado antes de la fecha estipulada, probablemente las cosas no habían salido bien, pero tenía que averiguarlo.

Curvando sus labios en una sonrisa triste Maes respondió. "Qué lástima, porque lo necesitas y ahora tengo todo el tiempo del mundo." Sin mayor preámbulo Maes le quitó la botella a Roy para colocarla en la barra de la cocina y se sentó en uno de los bancos altos que estaban frente a esta. "Vamos, acércate y trae dos vasos contigo. Si te portas bien, tal vez te deje llenar el tuyo."

Roy lo fulminó con la mirada pero Maes lo miró con tal intensidad que Roy se dio por vencido e hizo exactamente lo que su amigo le dijo. Tan pronto como se sentó al lado de Maes, Roy llenó su vaso y se lo tomó de un sólo trago.

"¡Hey!" Maes le arrebató la botella y comenzó a llenar su propio vaso. "No más alcohol para ti. Definitivamente acabas de tomarte tu ración del mes." Ante la mirada que Roy le lanzó, Maes continuó. "Nada de excusas ni reproches. Ya hemos hablado sobre tu consumo de alcohol anteriormente, ¿recuerdas?"

Recargando su cabeza en su mano y evitando mirar a su amigo Roy le respondió. "Se supone que eso aplicaba para asuntos relacionados a Ishval."

"Eso es lo que tú quisiste creer. Aquí lo importante es que estés bien." Le respondió Maes con sinceridad.

"¿Y cómo se supone que esté bien?"

"No lo sé." Roy estaba a punto de replicar cuando Maes levantó su vaso frente a su cara para detenerlo. "Pero podemos averiguarlo si hablamos de lo que te sucede." Tras esto Maes le dio un trago a su bebida.

"Ya te dije, solo estoy agotado. Quiero ir a dormir y olvidarme de todo."

"¿Y crees que de esa manera tus problemas van a desaparecer mágicamente?"

Roy lo volteó a ver con una mezcla de molestia, frustración y, aunque no quisiera admitirlo, aprecio. Hughes era de las pocas personas que con solo unas palabras lograba hacerlo reconsiderar sus acciones. Dando un gran suspiro, Roy comenzó a ceder. "No van a desaparecer pero al menos puedo olvidarme de ellos por un tiempo."

"Bien sabes que el aplazar las cosas no va a cambiar nada." Maes depositó su vaso en la barra y se giró ligeramente para ver más fijamente a Roy. "Vamos, Roy." Maes continuó mirándolo por unos segundos pero al ver que Roy no tenía intención de hablar, prefirió expresar la duda que le había surgido al verlo. "¿Estuviste con una mujer?"

Roy no pudo evitar el ligero sonrojo que tiñó sus mejillas al ser descubierto tan fácilmente. "¿Qué te hace pensar eso?"

"Solo diré que el rojo no te sienta." Dijo Maes señalándole con la cabeza sus labios y procediendo a darle otro sorbo a su bebida.

El sonrojo de Roy se multiplicó tanto de vergüenza como de enojo. "Muy gracioso, Hughes. ¿Por qué no vas y le cuentas tu chistecito a alguien a quien le importe?"

Ante la fría mirada que Roy le dirigió, Maes colocó su vaso en la barra y resopló. "Cielos, compadre. Hoy estás hecho una furia." Dirigiendole una mirada completamente seria continuó. "¿Qué pensaría Riza de tu pequeña aventura?"

Tratando de ocultar su sorpresa Roy respondió. "¿Por qué piensas que se trata de una aventura? Estuve con Riza."

Maes lo miró fijamente por unos segundos antes de contestar. "Si Riza fuera la persona que te dejó marcado..." Señaló con un dedo las manchas rojas en la camisa, cuello y labios de Roy. "estoy seguro que estarías brincando de felicidad y no a un par de minutos de explotar de furia."

"¡Mierda, Hughes! ¡Déjame en paz!" Espetó Roy con tanto enojo como le fue posible al mismo tiempo que estampaba su puño en la barra a lo que Maes le respondió con una mirada severa. "¡Y no me mires así! Soy un adulto y puedo hacer lo que me plazca. Y si no puedes mantener tu maldita nariz curiosa fuera de mis asuntos, está bien te complaceré con algo ¿ok? Sí, estuve con una bella pelirroja." Su mirada se ensombreció. "Pero no me acosté con ella ¿satisfecho? ahora vete si no quieres que te…"

Maes se adelantó y antes de que Roy pudiera terminar su amenaza lo abofeteó fuertemente casi derribándolo de su banco. "¡¿Qué demonios te pasa, Hughes?!"

Tomándolo del cuello de su camisa para acercarlo a él, Maes le dijo en un tono molesto. "¡¿Que qué demonios me pasa a mí?! ¿En serio? Más bien… ¡¿Qué demonios te está pasando a ti, Roy?! Tú no eres así. ¿Por qué te estás portando como un cretino cuando ese papel no te queda? Sabía que algo andaba mal contigo desde el momento en el que te ví en la puerta pero eres tan testarudo que no puedes confiar en mí y decirme qué carajos te pasa."

"¡¿Y por qué mierda tendría que hacerlo?! No te incumbe. ¡Solo eres un maldito entrometido!"

El agarre de Maes se aflojó ligeramente y su mirada dolida causó que Roy rápidamente se arrepintiera de sus palabras. Sin embargo, antes de que pudiera disculparse Maes dijo. "Sí, puedo llegar a ser un entrometido pero lo hago con las personas que me importan." Soltó completamente a Roy y se volteó hacia la barra. "Eres mi amigo, Roy."

Roy enterró sus manos en su cabello y colocó sus codos en la barra. "Cielos… soy un desastre. Perdóname, Hughes. Me estoy desquitando contigo y tú no te lo mereces." Un par de lágrimas recorrieron sus mejillas. "Es solo que no sé qué hacer."

Notando las lágrimas de su amigo Maes trató de aligerar el ambiente con una broma. "No te preocupes, compañero. Puedes cambiar el colchón de la habitación de huéspedes, y con eso estarás más que perdonado."

Sin poder evitar una pequeña sonrisa, Roy dijo. "Lo haré." Suspiró "Lástima que mis problemas no se pueden solucionar igual de fácil."

Colocando una de sus manos en el hombro de su amigo, Maes le dio un par de palmadas y le preguntó. "¿Estás listo para hablar, compañero?"

Roy asintió con la cabeza y comenzó a inhalar profundamente para prepararse. Levantó su cabeza y volteó a ver a Hughes. Se le quedó viendo por unos instantes antes de desviar la mirada y comenzar a murmurar. "Yo… tengo un hijo, Hughes."

En otras circunstancias Maes estaría brincando lleno de alegría por todo el departamento ante la noticia, pero el estado en el que estaba su amigo indicaba que había mucho más de fondo, por lo que optó por una sonrisa sincera y un tono de voz calmado. "Eso no suena como un problema, Roy. Tal vez sí, algo imprevisto pero al final es parte del ciclo de la vida. ¿Quién es la madre? ¿Acaso se trata de tu ex Riza?

Ante la mención de su nombre Roy apretó sus ojos y asintió. El gesto nuevamente no pasó desapercibido por Maes, quién preguntó en un tono preocupado "¿Qué es lo que sucedió con Riza? Estaba seguro de que deseabas formar una familia con ella."

"Eso es lo que quería pero ahora lo siento como algo imposible."

"Pero, Roy, no puedes desentenderte de él. Es tu hijo."

Sin entender bien el porqué, Roy sintió como la furia se acumulaba en su interior y no pudo evitar responder casi gritando mientras se levantaba de su banco. "¿Y cómo pretendes que lo crie? ¡No lo conozco y ni siquiera sé dónde está!"

Ante la reacción y palabras de Roy, Maes no pudo evitar sorprenderse y desviar su mirada hacia su vaso. "Vaya…" dando un gran suspiro continuó. "Eso suena complicado. ¿Te importaría explicarme la situación?"

Roy respiró profundamente varias veces tratando de tranquilizarse, antes de atreverse a responder. "Poco antes de que viniera al Este por primera vez, Riza quedó embarazada… cuando lo descubrió ella ya llevaba un par de meses en la academia militar por lo que decidió darlo en adopción." Sintiendo que sus piernas querían comenzar a fallarle, volvió a sentarse. "Mi hijo nació en una ciudad del Norte y ella lo entregó a una pareja que le ayudó durante el parto." Tratando de usar un tono sarcástico y esbozando una triste sonrisa Roy continuó. "Ahora entiendo porqué se volvió tan misteriosa hace algunos años."

El pequeño relato de Roy había sorprendido a su amigo. Se quedó viendo su vaso semi lleno por unos instantes antes de mirarlo y preguntar. "¿Qué te parece si vamos a buscarlo? Eso podría arreglar todo ¿no crees?"

Roy lo miró con reproche, pero para ese punto Maes ya se había dado cuenta que no estaba dirigido a él. "No es posible. La pareja que se quedó con él desapareció. Parece ser que tampoco eran de por ahí y en cuanto tuvieron la oportunidad se fueron sin decir a dónde se dirigían."

Maes se frotó el cuello y después volvió a poner su mano en el hombro de su amigo. "Cielos, Roy. Lo siento mucho."

"¿Ahora entiendes mi frustración? ¿Mi desesperación?" Dirigió una mirada hacia la botella de whiskey que estaba frente a Maes. "Ahora si me permites…"

Antes de que Roy pudiera tomarla, Maes la apartó lo más que pudo que él. "Aún no hemos terminado esta plática. Además estoy convencido de que ahora es lo que menos necesitas."

"Lo que necesito para sentirme mejor, jamás lo tendré, así que déjame en paz, Hughes."

"Ok sí, tal vez no puedes ver a tu hijo pero ¿qué clase de ejemplo le darías si él te viera embriagarte hasta la inconsciencia?"

"De seguro no será la gran cosa cuando lo pones junto al hecho de que soy uno de los más grandes asesinos del país."

"Roy… creí que ya habíamos aclarado eso."

Roy levantó sus manos en defensa. "Sí, sí. Está bien, no me meteré en eso ahora. Lo único que quiero es olvidar todo por una noche ¿de acuerdo?"

"¿Por eso casi te acostaste con una mujer que estoy seguro que ni siquiera conocías antes de esta noche?"

Frotando sus ojos con sus palmas en frustración y arrepentimiento, Roy respondió dando un suspiro. "Estaba un poco ebrio ¿de acuerdo? Por un momento creí que me ayudaría a olvidarme de todo pero… no pude. Ahora me arrepiento de tan solo haberlo considerado."

Maes lo miró fijamente. "Bueno al menos te detuviste. Espero que te sirva de experiencia para saber que el alcohol y una pelirroja desconocida no son buena combinación. Ahora dime, ¿precisamente qué es lo que quieres olvidar? ¿A tu hijo o a Riza?"

"¿Eso importa?"

"Por supuesto. Si quieres sentirte mejor tienes que hablar de lo que sientes. Ya me contaste lo que sucedió pero ahora dime cómo te sientes al respecto." Con una pequeña sonrisa irónica agregó. "Puedo darme una idea pero quiero que me lo digas."

"Eres demasiado curioso para tu propio bien, Hughes." Roy desvió la mirada y continuó. "No lo sé, en general quisiera olvidarme de todo. El solo recordar lo que Riza me contó me duele."

"¿La odias?"

"Tal vez."

"Roy…"

"No estoy seguro ¿ok? creí que ella sería el amor de mi vida. Que nos casaríamos y tendríamos hijos. Y ahora que tenemos un hijo es prácticamente como si no existiera porque ni siquiera puedo ponerle un rostro. No lo conocí y ni siquiera tuve la oportunidad de ver por él y su destino." Comenzó a apretar el puño de su mano derecha. "No puedo creer que me lo ocultara tanto tiempo… Pareciera que no le bastó con enlistarse en el ejército sin decirme una sola palabra al respecto."

"Supongo que debió haberte contado lo del ejército pero al final de cuentas era su decisión. Es su vida y ella tiene completo control para decidir qué es lo que hace o no. Además tú no le pediste permiso para entrar al ejército, porque eres un adulto que toma sus propias decisiones ¿no?" Dijo Maes con un ligero tono de burla al final para restregarle a Roy sus propias palabras que había pronunciado hace poco.

Frunciendo ligeramente el ceño al detectar la pequeña burla de su amigo, Roy respondió. "Al menos se lo conté conforme pasaban las cosas."

"En eso tienes razón pero tampoco se lo puedes reprochar tanto como quieres hacerlo porque, según lo que me dijiste después de hablar con ella en Ishval, Riza solo quería ayudarte y, como te digo, era exclusivamente su decisión."

"Yo no quería que ella se involucrara en este mundo. Conmigo era más que suficiente."

"Pero no hay nada que puedas hacer ahora."

"¿Y qué me dices con lo de mi hijo? ¿Acaso no merecía saber de él?"

"Claro que debió habértelo dicho, pero ella tenía ¿qué? ¿19? ¿20?"

"17."

"Con mayor razón." Maes apretó el hombro de su amigo para captar toda su atención. "Mira, Roy, no pienso justificarla, porque al final de cuentas no te puedo negar que parte de lo que hizo estuvo mal pero ponte en su lugar. Era muy joven y estaba sola." Al ver que Roy quería replicar, Maes retiró la mano de su hombro y la puso en frente de su amigo en señal de que guardara silencio. "No importa cuántas veces le escribieras o la llamaras, no era lo mismo. Su padre tenía poco de haber muerto y no tenía más familia. Me imagino que se debió sentir asustada de ser una madre tan joven y en esas circunstancias. Además si ya estaba en la academia militar de seguro no tardó en enterarse de la ley anti-fraternización."

Roy bajó la mirada. "Parece ser que por eso viajó al Norte durante su embarazo."

"¿Ves? Sé que no tengo que explicarte la ley pero ¿qué crees que hubiera pasado si la milicia encontraba esa conexión entre Riza y tú?"

Roy volvió a levantar la mirada y trató de volver a reunir el enojo que estaba empezando a disiparse. "Entiendo las consecuencias pero ¿acaso no tenía yo el derecho de decidir sobre el futuro de mi propio hijo?"

"Sí, definitivamente lo tenías. Entiendo que debe ser difícil, pero piensa en que tal vez lo mejor para tu hijo es estar lejos del alcance de la milicia."

Nuevamente una solitaria lágrima recorrió la mejilla de Roy, quién rápidamente la limpió con su manga. "Esto no es justo. Así no se supone que deberían haber pasado las cosas."

Maes apretó el hombro de su amigo en señal de apoyo. "Desafortunadamente la vida no siempre es justa. Pero eso no significa que no valga la pena vivirla. Hay muchas cosas por hacer, sobre todo para ti, amigo."

Finalmente en ese momento Roy sintió cómo la furia que había sentido se disipaba por completo. Aún quedaba un dolor muy fuerte en su interior, uno que probablemente lo acompañaría por mucho tiempo, pero Hughes tenía razón. Aunque hubiera actuado de una manera que le molestaba, Riza había buscado proteger a su hijo y seguramente a él mismo. Todavía no estaba seguro de si podría perdonarla pero al menos ahora podía decir que la empezaba a entender.

"Tienes razón. Gracias, Hughes. De verdad necesitaba esto." Trató de esbozar una pequeña sonrisa de agradecimiento hacia su amigo pero falló miserablemente y una ligera mueca adornó su rostro.

Comprendiendo el esfuerzo que le estaba tomando a su amigo, Maes sonrió en su lugar. "Nunca menosprecies el poder de las palabras." Al notar como la expresión de Roy ya era más relajada, Maes le dio una palmada en la espalda, se levantó de su banco y comenzó a estirarse. "Cielos, Roy. Tus bancos se parecen a los asientos del tren."

Roy solo se encogió de hombros. "Al menos se ven bien."

"Eso es discutible pero en fin, si no te importa tengo una cosa que se hace llamar colchón esperando por mí. ¿Estarás bien por tu cuenta?"

"Eso creo."

"Estás consciente de que me daré cuenta si tomas más hoy ¿cierto?" Dijo Maes señalando con la cabeza la botella de whiskey que reposaba sobre la barra.

"No te preocupes, no me excederé."

"De preferencia ya ni la toques." Adoptando un tono serio Maes agregó. "Recuerda que si me necesitas puedes ir a buscarme a la hora que sea." Y dándole una última sonrisa Maes se dirigió a la habitación de huéspedes.

Dando un suspiro Roy tomó la botella, se sirvió un vaso y se dirigió a su habitación. Una vez ahí se sentó en su cama sin molestarse en encender la luz.

Las palabras de Hughes lo habían tranquilizado. En cierta forma sentía que sus sentimientos se encontraban más controlados pero el dolor seguía siendo el más dominante dentro de sí. Sintiendo cómo el corazón se le oprimía, le dio un trago a su bebida.

"Mi hijo… ¿cómo estarás?... ¿eres feliz?..." Dirigió su mirada hacia su ventana para contemplar la luna como si intentara encontrar una respuesta a sus preguntas. "¿Algún día podré conocerte?" Y sin poderlo evitar unas lágrimas silenciosas acompañaron sus pensamientos.


Unos días después Maes volvió a Central, mientras que Roy trataba de volver a acostumbrarse a su vida en Ciudad del Este. Ciertamente Ishval lo había marcado, por lo que los primeros días se sentía incómodo al salir y encontrarse con la gente que transitaba tranquilamente las calles pero poco a poco pudo volver a sentir cómo su vida volvía la normalidad, al menos durante el día.

En cuanto a la noche, lo invadía la soledad. Antes de que las pesadillas lo acecharan con los recuerdos de las atrocidades que había realizado en Ishval y de la fuerte pelea que había tenido con Riza, Roy bebía algo de whiskey buscando olvido o al menos un poco de confort. Los primeros días que pasó solo después de la partida de Maes, fueron los más difíciles. Al no tener a su amigo supervisándolo, los fines de semana se permitía embriagarse hasta la inconsciencia y entre semana tomaba más de lo que se debería pero lo suficiente para permitirle despertarse con una resaca tolerable a la mañana siguiente para así poder efectuar sus labores profesionales sin problemas.

Roy siguió con su nuevo hábito de consumo de alcohol por alrededor de tres semanas, hasta que Maes se percató de su comportamiento extraño en una de sus llamadas telefónicas, por lo que el siguiente fin de semana se encontraba dentro del departamento de Roy vaciando toda su despensa de bebidas alcohólicas.

"¿Por qué demonios haces esto, Hughes?" Roy dijo refunfuñando mientras trataba de evitar que su amigo vaciara todo su alcohol en la tarja.

"Lo hago por tu propio bien, Roy." Hughes respondió mientras vaciaba la tercera botella.

Roy bufó. "No veo razón para que tengas que preocuparte por eso. Estoy bien. El alcohol sólo es un entretenimiento. "

Hughes se volteó para mirarlo directamente a los ojos con una ceja enarcada. "¿Acaso esto te parece un entretenimiento saludable?"

"Mientras no afecte mis labores en la milicia no le veo ningún problema. Por si no lo sabías, no he faltado un solo día desde que me reincorporé al trabajo."

Hughes lo miró seriamente. "¿Y para mantener ese ritmo de trabajo es forzoso que destruyas tu hígado en el proceso?"

Roy se encogió de hombros. "Siempre y cuando me ayude a cumplir mi meta."

Hughes dejó caer bruscamente la cuarta botella en la tarja, rompiéndola. Después se acercó un paso hacia Roy. "¿De verdad piensas cambiar el país de esta manera, Roy? ¿Arriesgándote a morir por una tontería antes de que logres hacer algo por él?"

Roy frunció el ceño. "Lo tengo controlado. Además…" Bajó la mirada ligeramente. "lo necesito."

"Definitivamente no lo necesitas, amigo. Sólo estás buscando un consuelo falso en la bebida pero tú eres mejor que esto, Roy."

"¿Y qué esperas que haga con la culpa y arrepentimiento?"

Hughes esbozó una ligera sonrisa. "Tú lo sabes."

Roy suspiró. "Usarlo como motivador para alcanzar mi meta. Para impedir que más gente sufra algo similar." Dijo Roy a regañadientes ya que eran palabras que Hughes le había repetido algunas veces durante sus últimos días en Ishval.

"Exacto."

"Es más fácil decirlo que hacerlo."

"Nunca dije que sería fácil, compadre." Roy volvió a fruncir el ceño, por lo que Hughes agregó. "Pero si te lo dije es porque estoy seguro que puedes lograrlo. Si alguien puede cambiar este país para mejor ese eres tú."

Roy suavizó su mirada. "Confías demasiado en alguien que ni siquiera tiene la capacidad de criar a su propio hijo."

"¡Hey! Eso no fue tu culpa. Estoy seguro de que, de haber sido otras las circunstancias, serías un padre maravilloso." Hughes le echó un vistazo a las botellas vacías que reposaban sobre la barra antes de continuar. "Un padre maravilloso al que no le gustaría darle un mal ejemplo a su hijo."

Roy lo miró un tanto dolido. "Eso fue un golpe bajo."

"No cuando estoy completamente seguro de que tu hijo no ha salido de tus pensamientos en todo este tiempo." La mirada de Roy le confirmó que no se equivocaba. "Él y Riza, si no me equivoco."

Roy exhaló pesadamente mientras se pasaba las manos por su cabello. "Ahora entiendo porque no te quieren dejar ir del área de investigaciones. Sí, he estado pensando en ellos. Por eso necesito el alcohol."

"Créeme que podrás pensar mejor cuando tu cabeza no esté nublada por el alcohol. Además tus arrepentimientos no se van a ir entre más tomes. A menos claro que estés tomando para que puedas repetir la tontería de la otra noche con la pelirroja."

"¡Claro que no! No podría hacerle eso a Ri-" Roy se detuvo y abrió más los ojos al darse cuenta de lo que estaba diciendo.

Hughes sonrió. "Todavía la amas ¿cierto?"

Roy volvió a revolverse el cabello con una mano. "No lo sé, Hughes, la verdad no lo sé. Pero... aunque yo decidiera buscar algo con ella, mientras siga en la milicia no puede ser posible." Hizo una ligera pausa mientras bajaba su mirada. "Creo que es mejor no pensar mucho en ella, prefiero enfocarme en mejorar el país para mi hijo, pero tengo miedo de no ser capaz de lograrlo."

"Roy." Cuando Roy alzó nuevamente la cabeza para mirar a Maes, Maes continuó. "No creo que puedas sacarte fácilmente a Riza de tu corazón. Es cierto que ahora todavía te sientes herido, pero estoy seguro que eso pasará. Además, como te dije, estoy completamente seguro de que si hay una persona que puede cambiar el país, ese eres tú. Por eso te apoyaré para lograrlo, porque creo en ti, porque al igual que tú quiero un país mejor para todos. No quiero que más personas inocentes mueran o tengan que ensuciarse las manos. Y para que puedas lograrlo, tienes que moderarte con esto." Dijo tomando una de las botellas en su mano para mostrársela.

Roy sonrió ligeramente. "Puede que tengas razón pero no es un hábito que pueda cambiarse fácilmente."

"¿Y yo estoy pintado o qué?" Respondió Hughes con una sonrisa y tono alegre. "Yo me encargaré de que te moderes con tu consumo y no creas que porque no vivo aquí no voy a ser capaz de conseguirlo. Te estaré llamando todo el tiempo, día y noche y a la primera que detecte que algo anda mal, me tendrás nuevamente aquí regañándote y vaciando tu reserva. Así que te aconsejaría que no eches tu dinero a la basura."

Sin esperar una respuesta de parte de Roy, Maes retomó su tarea de seguir vaciando las botellas de alcohol sin ninguna otra oposición. Roy era consciente de que su amigo tenía razón, pero sabía que sería más difícil seguir teniendo las pocas horas de sueño que conseguía gracias a la ayuda de la bebida. Se resignó y deseó que su amigo tuviera razón. Estaba muy cansado de todo como para seguir discutiendo con Maes.


En los días siguientes, Roy continuó bebiendo pero con más moderación, ya que Maes, fiel a su palabra, lo acosaba diariamente por teléfono para confirmar que no siguiera embriagándose. Además, el recuerdo constante de lo que había hecho la última vez que se había embriagado, lo obligaba a evitar una situación similar. Así que, para evitar reducir en lo posible la tentación, se enfrascaba en su trabajo o leyendo textos relacionados a la alquimia para distraerse y tener ocupada su mente.

Los cambios a su rutina le dieron un sentido mayor de normalidad a su vida. Bueno, normalidad dentro de lo que era posible ya que ahora llevaba en su mente el recuerdo de los ishvalanos a los que les había arrebatado su vida pero como Hughes le había sugerido hace tiempo, usaba ese recuerdo como motivación para alcanzar su meta. Aunque debía admitir que, tras la discusión con Riza, ahora tenía un motivador aún más grande: Haría de Amestris un país seguro en el que su hijo podría vivir felizmente.

El dolor seguía ahí pero no podía dejarse vencer. Las decisiones de Riza y tal vez el propio destino le habían negado la posibilidad de criar a su hijo pero a veces pensaba que ese era su castigo por lo sucedido en Ishval. Así que lo menos que podía hacer era asegurarse de que Amestris mejorara y, por ende, podría ayudar a que su hijo llevara una vida feliz y tranquila en donde quiera que estuviera.

Con esa resolución en mente se enfocó en su carrera militar pues sabía que debía trabajar muy duro si quería llegar a la cima. Además para lograrlo necesitaba de compañeros leales que lo acompañaran a lo largo del camino.

Buscando en los expedientes militares y recorriendo las instalaciones del cuartel durante algunas semanas encontró a los compañeros ideales. Jean Havoc, Heymans Breda, Vato Falman y Kain Fuery. Eran un grupo de soldados un tanto inexpertos pero con habilidades diferentes que complementarían perfectamente al equipo que estaba creando. Además la forma en la que se desenvolvían con otros soldados denotaba su lealtad y el gran potencial que tenían.

Sin darse cuenta, habían pasado 2 meses desde aquella difícil discusión con Riza y ninguno de los dos había intentado contactarse con el otro. Roy había desechado la posibilidad de odiarla aunque todavía no estaba seguro de si podría perdonarla. Conforme pasaba el tiempo sentía que los sentimientos negativos que inicialmente había albergado por ella desaparecían y un deseo por perdonarla llenaba ese lugar pero no podía terminar de aceptar dicho deseo.

Roy pensaba que cuando la volviera a ver el deseo de perdonarla se terminaría concretando pero a la vez se trataría de un encuentro incómodo por lo que lo estaba aplazando todo lo que podía. Cuando había recorrido el cuartel en busca de miembros para su equipo intencionalmente había evitado el área de tiro suponiendo que si Riza cumplía su palabra y pedía su traslado al comando del Este ella se encontraría ahí y, aunque la estaba evadiendo, Roy se sintió francamente sorprendido de no haberla visto ni una sola vez en todo el cuartel. Incluso llegó a pensar que tal vez Riza había terminado por renunciar al ejército.

Las dudas de Roy se vieron resueltas cuando un viernes por la tarde revisaba el papeleo que debía firmar. Roy sentía que un dolor de cabeza se aproximaba al hojear la cantidad de documentos que requerían de su firma, pero una forma captó su atención al instante puesto que no hacía mucho había firmado cuatro de ellas.

Asignación de subordinado(a)

Separó la hoja de las demás y comenzó a leerla rápidamente hasta encontrar el nombre y firma del interesado.

Riza Hawkeye

Conque así serán las cosas a partir de ahora. Pensó Roy y una pequeña sonrisa apareció en sus labios. Llegó la hora. Espero que estés lista para hablar.


Los últimos dos meses habían sido difíciles para Riza. A sus viejos dolores y arrepentimientos se le habían sumado los horrores de Ishval y su última discusión con Roy.

Tras la discusión, Riza siguió quedándose en la casa de su padre casi por tres semanas más. Sabía que tenía que presentarse en el Comando Central pero no se sentía con las fuerzas para mostrar la fachada que siempre portaba en el Comando. Además, aunque se sentía un poco tonta por ello, aún mantenía una pequeña esperanza de que Roy tocaría a su puerta para arreglar su situación.

Pero Roy nunca volvió.

No podía culparlo y, aunque una pequeña parte de sí quisiera verlo, aún no se sentía preparada para enfrentarlo. Las palabras que ambos se dijeron aún resonaban en su cabeza y estrujaban su corazón constantemente. Sí, ella había cometido errores muy graves pero jamás creyó que el hombre que amaba se los restregaría en su cara de esa manera.

Conforme pasaron unos días en los que sus pensamientos fueron su única compañía, Riza decidió que ya era suficiente de lamentarse y esperar por alguien que jamás volvería. Tenía que seguir adelante. Había sacrificado tanto que ahora no podía permitirse dejarse caer. Así que, tratando de enterrar su dolor, empacó sus cosas y volvió a Ciudad Central.

La tarde en la que llegó, Rebeca la recibió con los brazos abiertos y la llevó a recorrer la ciudad tratando de animarla ya que Riza suponía que se había dado cuenta de que no estaba del todo bien.

Cuando regresaron a su departamento comieron juntas y Riza pensó que debía compartir con alguien los sucesos recientes así que le contó un poco sobre Ishval (no quería ahondar en detalles) y se enfocó en relatarle lo sucedido con Roy. Al inicio Rebeca se molestó e insultó a Roy tanto como le fue posible antes de que Riza le pidiera que la dejara hablar.

Riza le contó que, a pesar de la forma en que se las había dicho, al menos ahora podía conocer los sentimientos de Roy sobre su secreto. También le dijo lo herida que se había sentido por sus palabras pero que no por eso evitó responderle también con furia ante sus acusaciones (acción que Rebeca le aplaudió enormemente).

Al terminar su relato Riza se sintió un poco más ligera mientras su amiga le daba un abrazo para confortarla. Sabía que probablemente el dolor que sentía no la dejaría completamente pero al confiarle a su amiga lo que había sucedido y las emociones que había estado experimentado se sintió más tranquila. A pesar de haber pasado varios días sola para reflexionar, Riza se dio cuenta que la compañía de gente que la apreciara era lo que más le ayudaba a salir adelante.

Al día siguiente ambas se presentaron al Comando Central, separándose en la entrada puesto que Riza debía reportarse tras algunos días de ausencia extra que se había tomado. Afortunadamente, dada la reciente conclusión de la guerra de Ishval, Riza no tuvo problemas al reintegrarse por lo que rápidamente le fueron asignadas algunas actividades.

Unas semanas después de su reincorporación al Comando Central, Riza tuvo que tomar una difícil decisión. En su escritorio se encontraba un memorándum, el cual estaba destinado a recordar a todos los participantes de la guerra de Ishval que solo quedaban 3 días para tramitar cualquier solicitud de transferencia de comando. Estando en Ishval, Riza había decidido que al regresar a la ciudad pediría de inmediato su cambio para estar bajo el comando de Roy pero ahora, por cómo habían terminado las cosas entre ambos, no estaba tan segura.

Riza se pasó un par de días meditando sobre su decisión. Sabía que era muy difícil, pero estaba considerando la posibilidad de cumplir ella sola el sueño que alguna vez Roy le hubiera compartido. En ese punto ya no le importaba lo que Roy opinara de ella pero temía que si trabajaban juntos tal vez no podrían manejar su incomodidad frente al otro y eso terminaría retrasando o provocando inconvenientes en sus planes. Estos pensamientos le estuvieron dando mil y un vueltas en su cabeza impidiéndole tomar una resolución.

La mañana del último día de recepción de solicitudes transcurrió normalmente para Riza. Ese día Riza había decidido permanecer en Central y buscar su propio camino para mejorar al país. Estaba tan segura de su decisión durante todo el día hasta que, al concluir la jornada laboral, tan pronto como puso un pie fuera del cuartel un ruido la hizo detenerse en seco. Al inicio creyó que se lo había imaginado pero no había forma en que pudiera equivocarse. Era el llanto de Edward el día que lo había abandonado. Volteó a sus lados y se dio cuenta que era imposible que su hijo o que cualquier otro bebé estuviera en el cuartel. Así que todo está en mi cabeza… ¿Por qué me viene ese recuerdo justo en este momento?.

Tratando de alejar el recuerdo dio otro paso hacia el frente pero el llanto se hizo más fuerte. Riza volvió a detenerse y su respiración comenzó a acelerarse ligeramente. ¿Esto significa que también estoy abandonando algo que no debería? Se volteó para quedarse viendo de frente al cuartel ignorando a la gente que la miraba al pasar a su lado. Lo único en lo que se estaba centrando en ese momento era en recordar la calidez del pequeño cuerpo de su hijo cuando lo tenía en sus brazos. Riza no supo cuánto tiempo se quedó ahí parada sin ver realmente algo en específico mientras una firme resolución se formaba en su interior. No te voy a volver a fallar, mi niño. No puedo tenerte pero sí puedo buscar la manera de crear un mejor país en el que puedas crecer y vivir felizmente. No importa si la mejor opción para lograrlo es trabajar junto a Roy. Y con su decisión final tomada, Riza entró de vuelta al edificio con pasos apresurados ya que la oficina de transferencias estaba a punto de cerrar.

Cuando le comunicó a Rebeca sobre su transferencia su amiga no lo podía creer. En un inicio creyó que se estaba equivocando pero una vez que Riza le mencionó a Edward no hubo más quejas. Rebeca sabía que Riza haría cualquier cosa con tal de asegurar una mejor vida para su hijo. Así que, entendiendo la motivación de la rubia, Rebeca le ayudó a empacar y a prepararse para su nueva vida en el Comando del Este.

Riza no sabía cómo se tomaría Roy lo de su transferencia al Este pero estaba decidida a no dejar que eso la perturbara. Estaba segura de que el profesionalismo de Roy sería más importante que sus emociones por lo que no creía que la rechazaría o que buscaría la forma de regresarla por donde vino, pero el cómo se desempeñarían en el trabajo cotidiano todavía era un misterio. Sabía que, a pesar de todo, todavía albergaba sentimientos de amor por él, pero no buscaría ningún acercamiento. Había cosas más importantes que hacer.

Con la idea de poner todas las cartas sobre la mesa desde un inicio, el primer día en su nueva unidad Riza se levantó aún más temprano de lo que solía hacerlo esperando que Roy estuviera en su oficina antes que sus compañeros. Así que, procurando mantener su expresión seria y profesional, Riza se adentró al Comando del Este para buscar la que sería su nueva oficina de trabajo.


Roy se levantó muy temprano y se alistó para acudir al cuartel. Quería evitar la mayor cantidad posible de soldados en el cuartel, incluso a sus nuevos subordinados ya que, si su intuición no le fallaba, sabía que ella haría lo mismo.

Llegó al cuartel una hora antes del horario de entrada general por lo que no se sorprendió al encontrar su oficina cerrada. Sus nuevos subordinados eran buenos y leales pero no precisamente madrugadores. Apenas se hubo sentado en su silla unos discretos golpes en la puerta le anunciaron que su intuición era correcta, por lo que no pudo evitar que una pequeña sonrisa hiciera su aparición.

Recordando lo que estaba por suceder Roy borró la expresión de su rostro. "Adelante."

La puerta se abrió para dar paso a Riza Hawkeye quién se acercó hasta su escritorio para rápidamente realizar el saludo militar y presentarse a su nuevo comandante. "Riza Hawkeye, Señor."

Ambos se quedaron viendo fijamente por unos segundos. Roy se sorprendió un poco ante el comportamiento de Riza. La última vez que la había visto estaba envuelta en lágrimas y antes de eso portaba un rostro atormentado por los horrores presenciados en Ishval. Ahora su expresión no revelaba nada, aunque conociéndola como lo hacía, Roy pudo percibir un toque de dolor que ensombrecía ligeramente su mirada. Sabía que Riza era alguien seria y que cuando se enfocaba en una actividad su completa atención y concentración se centraba en ello. No podía decir que jamás había visto ese rostro tan serio, pero nunca lo había presenciado siendo dirigido de esa manera a él.

Tratando de enfocarse en el asunto que les concernía, Roy rompió el silencio sin desviar su mirada de la de ella. "A pesar de lo que pasaste en Ishval, ¿todavía elegiste este camino?"

Sin inmutarse Riza respondió. "Sí, Señor. Tomé la decisión de portar este uniforme por mi propia voluntad."

Roy desvió su mirada para tomar la forma de asignación de Riza. "¿Cuál es tu área de especialización?"

"Armas de fuego." Ante la rápida respuesta de Riza, Roy no pudo evitar sorprenderse pero trató de que su expresión no lo delatara. "Me gustan las armas de fuego porque no son como las espadas o los cuchillos. La sensación de muerte no permanece en las manos."

Roy dejó el documento en su escritorio y volvió a mirar fijamente a Riza. "Eso solo es engañarse a uno mismo. ¿Estás engañándote a ti misma para que puedas continuar ensuciándote las manos?"

Sin dudarlo un momento Riza respondió. "Sí, Señor. Nosotros como soldados deberíamos ser los únicos con sangre en nuestras manos. Nadie más debería tener que pasar por lo que nosotros pasamos en Ishval. Si el mundo puede ser expresado a través del intercambio equivalente, como los alquimistas afirman, entonces para que las siguientes generaciones puedan ser felices, como pago nosotros debemos cargar los cuerpos en nuestras espaldas a través de un río de sangre."

Ambos lo sabían. Aunque Riza no lo hubiera dicho en voz alta Roy pudo fácilmente comprender el mensaje oculto en sus palabras. Quiero que nuestro hijo crezca felizmente en un país seguro.

Sintiendo cómo el mensaje oculto de Riza se fusionaba perfectamente con su propio deseo Roy se puso de pie y colocó sus manos tras su espalda. "Planeo hacerte mi asistente. Me gustaría que cuidaras de mi espalda. ¿Entiendes? Confiarte mi espalda significa que también puedes dispararme en cualquier momento. Si alguna vez me desvío del camino correcto, dispárame con tus propias manos. Tienes ese derecho." Esperando unos segundos para que Riza pudiera pensar en lo que acababa de decirle Roy continuó. "¿Aceptas?"

Riza cerró sus ojos y respondió. "Acepto. Lo seguiré hasta el infierno si me lo pide."

Roy esperó a que Riza volviera a abrir los ojos para continuar. "Como individuo no tengo poder. Es por eso que necesito que todos ustedes me ayuden a proteger esta nación. Te protegeré." Roy la miró con intensidad para que Riza se diera cuenta de cuán en serio le hablaba. "En cambio protegerás a tantos como te sea posible. No importa los pocos que sean, siempre debes estar atenta de tus subordinados y en cambio aquellos debajo de ti protegerán a sus subordinados. No importa qué suceda, aférrate obstinadamente a tu voluntad por sobrevivir. Vive y ayuda a cambiar este país."

Mirándolo fijamente mientras hacía el saludo militar Riza respondió. "Sí, Señor. ¿Sus órdenes para el día de hoy?"

Dándose cuenta que Riza no quería hablar sobre sus asuntos privados, Roy tomó la iniciativa. "Responde mi pregunta, ¿cómo te sientes, Riza?"

Los ojos de Riza revelaron la sorpresa que la pregunta le causó pero rápidamente cambió a su semblante profesional. "Bien, Señor."

La respuesta molestó a Roy por lo que le dio una palmada a su escritorio para resaltar su punto. "No le estoy preguntando a la Teniente Segunda Hawkeye, te lo estoy preguntando a ti, Riza." Sintiendo cómo un nudo empezaba a formarse en su garganta, Roy trató de ignorarlo y agregó en un susurro. "La madre de mi hijo."

Esas últimas palabras parecieron derrumbar la máscara y el muro que Riza estaba poniendo entre ellos. Su expresión seria y reservada cambió para dar paso abiertamente al dolor y tristeza. Sus ojos parecieron brillar pero Riza contuvo las lágrimas que de seguro querían desbordarse ante los recuerdos. Dando un gran suspiro para tratar de estabilizarse, Riza respondió. "Me parece que no es el sitio apropiado para hablar de asuntos personales, Señor." A pesar de la situación, su tono fue firme y profesional.

"Sé que también pensaste en eso al venir el día de hoy. Tenemos casi una hora antes de que empiece a haber movimiento en el cuartel. Además estoy seguro de que mi nuevo equipo no va a llegar hasta al menos 15 minutos después de la hora de entrada." En ese momento Roy relajó su mirada por completo. "Es necesario que hablemos de lo sucedido."

Riza pareció dudar un poco al inicio pero rápidamente dijo. "De acuerdo, Roy. Como tú quieras."

"¿Cómo te sientes, Riza?"

Ante la repetición de la pregunta que hace poco Roy le había hecho, Riza lo miró fijamente a los ojos y se dio cuenta de que no tendría más opción más que responderla. "Sinceramente terrible, pero decidida." Ante la confusión de Roy, Riza continuó. "Extraño a mi hijo… fue muy poco el tiempo que lo tuve en mis brazos pero lo extraño terriblemente. Lo amo y aunque me duela el haberme separado de él empiezo a darme cuenta de que él va a estar mejor lejos de la milicia y de mí." En ese momento Roy pudo ver la decisión en su mirada acompañada por una lágrima que se deslizó en su mejilla en esos momentos. "También lamento mucho haberte ocultado lo de tu hijo. Jamás quise lastimarte de esa manera. Quería protegerte y apoyarte pero terminé arruinando todo. No merezco siquiera tu perdón."

"Efectivamente, me lastimaste profundamente." Otra lágrima escapó de los ojos de Riza. "Creí que lo de Ishval había sido lo peor que había experimentado en mi vida pero estaba muy equivocado. El dolor, la traición y la tristeza que sentí estando contigo no se compara a nada que hubiera sentido antes."

Riza bajó la mirada. "Soy una persona terrible ¿verdad? Soy una mentirosa, una pobre excusa de madre, mala pareja y, sobre todo, una asesina."

Roy colocó sus manos detrás de su espalda y comenzó a caminar lentamente para acercarse a Riza procurando no despegar su vista de ella. "Exactamente, Riza. Creo que puedo coincidir con lo que dijiste."

Aunque había tratado de prepararse para no derrumbarse, escuchar esas palabras de Roy, el amor de su vida y padre de su hijo, la hirieron profundamente. Cada palabra pronunciada por él parecía como una nueva daga que se enterraba en su corazón. Así que, sin poder contenerlo más, dejó que sus lágrimas corrieran libremente y sus hombros se sacudieron tratando al menos de no tener un llanto ruidoso.

Roy pudo notar el comportamiento de Riza y no pudo evitar sentirse mal por ello. Pero sabía que era necesario. Sí, Riza había sufrido bastante por sus decisiones pero Roy tenía que ser firme y expresar de alguna manera lo mucho que le había dolido su confesión.

Al llegar frente a Riza, Roy bajó sus brazos dejándolos a sus costados y se le quedó viendo unos segundos antes de continuar. "Has cometido errores muy graves. Jamás creí que la pequeña niña que conocí hace años se convertiría en esta mujer llena de pecados." Riza continuó sollozando silenciosamente. "¿De verdad creíste que podría perdonarte?" Riza negó con la cabeza. "Bien… ahora mírame."

Riza dudó unos instantes pero finalmente levantó la cabeza poco a poco hasta que sus ojos se toparon con la mirada de Roy dejándola ligeramente sorprendida. Sabía que ahora era una conversación de Roy y Riza, no una de un jefe y su subordinada. Por eso le sorprendió ver que su mirada e incluso su rostro fácilmente habían cambiado y ya no tenían esa máscara casual de indiferencia de hace unos momentos. Los ojos oscuros de Roy la miraban con decisión transmitiéndole todo lo que sentía en ese momento: dolor, tristeza, arrepentimiento y… ¿amor? De esto último no estaba segura, pero por más que lo intentara no podía percibir la intensa furia y el enojo que Roy tenía durante su último encuentro en la casa de su padre.

Se quedaron unos momentos en silencio, únicamente contemplando sus miradas hasta que Roy decidió continuar. "Eres una asesina y una mentirosa." Riza le sostuvo la mirada a pesar de las lágrimas que seguían corriendo por sus mejillas. "Lo de mala pareja… eso es discutible, pero definitivamente no eres una mala madre."

Ante la última frase de Roy, Riza respondió enérgicamente. "¡Claro que lo soy! Ni siquiera merezco el título de madre. ¿Qué clase de persona abandona a su hijo con una pareja de desconocidos?"

"Alguien que desea proteger a su hijo a toda costa."

"No trates de minimizar mi crimen."

"No lo hago. Por eso directamente te estoy diciendo que eres una asesina... Así como yo. Ambos somos un par de asesinos." Dijo Roy con un tono arrepentido por lo sucedido en Ishval. "Pero no puedo llamarte mala madre cuando lo único que querías era protegerlo a él e incluso a mí." Roy suavizó su mirada. "Ahora lo entiendo."

Riza se sorprendió por sus palabras pero no estaba dispuesta a ceder. "Pude haberme quedado con él… protegerlo por mi propia cuenta."

Roy suspiró. "Me hubiera encantado que lo hicieras y, sobre todo, que me lo dijeras. Pero, desafortunadamente, tenías razón al intentar alejarlo de la milicia. Éramos demasiado jóvenes y probablemente no hubiéramos sido muy buenos ocultando lo que sucedió entre nosotros."

Riza no pudo evitarlo más y bajó la mirada. "Debí haber tomado mejores decisiones."

"Todos cometemos errores… el mío fue dejarte sola y confiar ciegamente en tus palabras." Cerrando los ojos para recordar esos tiempos Roy continuó. "Debí haberte llevado conmigo desde un inicio. Debí esforzarme más para convencerte de vernos. Sabía que había algo extraño cuando hablábamos por teléfono cuando… estabas embarazada. Debí haber hecho caso a mi intuición y descubrir qué era lo que te pasaba. Debí haberte prestado más atención." Roy suspiró profundamente y abrió los ojos. "Hay muchas cosas que debí haber hecho diferente."

"Pero al final yo fui la que te lastimó." Dijo tristemente Riza.

"Yo también te he lastimado. Te dije cosas terribles, hice mal uso de la alquimia que me confiaste y encima destruí tu espalda." Suspirando, Roy preguntó. "¿Cómo sigue tu herida?"

"Ha sanado por completo." Dijo Riza sin darle importancia a su propia herida, mientras bajaba su mirada. "Por mi propia voluntad, me ofrecí a darte el secreto de la alquimia de fuego y yo misma fui la que te pedí que lo destruyeras. No tienes nada que lamentarte. En cambio, yo sí. Te he lastimado profundamente y de la peor manera posible." Con voz temblorosa y casi en un susurró, Riza agregó. "Tal vez hubiera sido mejor que nunca me hubieras conocido."

"¿Te arrepientes de lo que vivimos juntos?"

Levantando su cabeza para ver fijamente a Roy con una mirada llena de determinación, Riza le respondió. "No. Me arrepiento de mis errores pero jamás podré arrepentirme de amarte."

"Yo tampoco." El tono suave de Roy sorprendió a Riza. "Aunque debo admitir que me está siendo muy difícil perdonarte… Pero de verdad quiero intentarlo."

"Roy…"

Dándose cuenta de que las palabras ya no eran suficientes Roy atrajo a Riza hacia él y la abrazó fuertemente. Riza se dejó guiar y se aferró a él al mismo tiempo que inhalaba profundamente su esencia. Era un abrazo muy diferente a los que habían compartido anteriormente. Antes, sus abrazos estaban llenos de calidez y trasmitían fácilmente el amor que se tenían. Ahora el amor seguía ahí pero no era el protagonista en ese momento. El deseo de buscar y brindar confort y, sobre todo, el de compartir el dolor eran las sensaciones que estaban transmitiéndose mutuamente. Riza dejó que sus lágrimas siguieran fluyendo mientras Roy acomodaba su cabeza sobre la de ella. Unos segundos después Roy no pudo controlarlas más y unas lágrimas silenciosas recorrieron sus mejillas.

Ambos se quedaron así por unos minutos buscando transmitir en ese solo momento todos los sentimientos que habían acumulado durante los últimos años. Querían quedarse así por más tiempo pero eran conscientes del lugar y momento en el que se encontraban por lo que, renuentemente, Roy comenzó a apartarse de ella, manteniendo sus manos en los hombros de Riza.

"Tenemos mucho trabajo que hacer, Teniente Segunda."

Entendiendo la situación y el mensaje aún más profundo de Roy respecto a su meta, Riza pasó su brazo por su rostro para secar las lágrimas y después subió su mano hasta su frente para hacer el saludo militar. "Sí, Señor."

Roy apartó sus manos de los hombros de Riza para pasar su brazo por su propio rostro y posteriormente encaminarse a su escritorio. En el momento en el que se sentó en su silla volvió a recobrar su compostura y esperó que el rastro de las lágrimas derramadas pasara desapercibido por su equipo cuando llegaran.

En cuanto a Riza, ella rápidamente limpió su rostro con un pañuelo que llevaba en su bolso y salió de la oficina sin decir una palabra para volver unos minutos después con dos vasos con unos cuantos cubos de hielo. Acercándose al escritorio de Roy colocó uno de ellos en él. "Ayudará a eliminar la hinchazón, Señor."

Roy no pudo evitar una ligera sonrisa ante la eficiencia de Riza. A pesar de que ella era la que más lo necesitaba, agradeció el gesto. "Gracias, Teniente Segunda." Y ambos comenzaron a ocuparse de sus actividades.

Las cosas que habían pasado entre ellos habían fracturado su relación pero ambos mantenían la esperanza de poder arreglarla con el paso del tiempo. Ninguno lo dijo pero estaba claro que no buscarían una relación romántica en el futuro cercano. Aún había muchas heridas que primero debían sanar y, sinceramente, necesitaban tiempo para volver a conocerse. El tiempo que habían estado separados los había cambiado pero seguían compartiendo un mismo sueño y un mismo dolor. Desafortunadamente su hijo no estaba con ellos pero siempre sería un lazo que los mantendría unidos y si de algo estaban seguros es que ambos harían todo en su poder para mejorar este país y así, indirectamente, poder brindarle algo a su hijo.