Hola!
Muchas gracias por sus reviews, follows y favs! :) No duden en seguir compartiéndonos sus opiniones e hipótesis de lo que va a ocurrir. A veces no somos muy rápidas en responder pero disfrutamos mucho respondiendo sus comentarios :D
Por cierto, QueenLight Fury no podemos responder a tu comentario directamente pero ¡muchas gracias por tus palabras! Esperamos que la historia siga siendo de tu agrado y que nos acompañes hasta el final de esta aventura :)
En cuanto al capítulo de hoy… no es que nos guste torturar a Riza pero este… bueno ya lo verán en el capítulo jeje
Nos vemos hasta la próxima entrega.
Saludos!
Golden y Flame
Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.
Capítulo 5: Sentimientos compartidos
Como todas las mañanas, Riza se despertó sin ayuda del despertador. Afortunadamente ahora podía dormir lo mínimo necesario para que su cuerpo pudiera seguir adelante, ya que después de la guerra, eso parecía casi imposible con las pesadillas que la atormentaban cada noche, provocándole un sueño sin descanso. Sin embargo, a pesar de que ya estaba sobrellevando mejor la situación, desde el momento en el que abrió sus ojos no pudo alejar el pensamiento de que ese sería un día sumamente difícil para ella. Se trataba de un día que la llenaba de dicha y felicidad pero a su vez la embargaba de culpa, tristeza y nostalgia.
Tratándose de enfocarse se levantó y comenzó su rutina diaria antes de dirigirse al cuartel: bañarse, vestirse, tomar una taza de té acompañado de unas galletas para finalmente tomar su bolso y salir de su departamento con rumbo al trabajo.
Al entrar al cuartel, saludó formalmente a los oficiales que se cruzaban en su camino a la oficina de registros, lugar que visitaba diariamente en los días laborales dado que tenía que recoger el respectivo papeleo asignado a su unidad. Una vez que tuvo el papeleo se dirigió a la oficina, donde colocó los papeles que había recogido en su escritorio junto con su bolso y comenzó a distribuir los documentos que le corresponderían a cada miembro de la unidad. Obviamente la persona que tenía que atender y firmar más documentos era su superior por ser el de mayor rango de la oficina, pero Riza frecuentemente se encargaba de facilitarle la tarea a Roy al leer de antemano varios documentos para recitarle una versión resumida cuando le entregaba su papeleo.
A los pocos minutos de comenzar su labor, la puerta de la oficina se abrió y comenzaron a llegar sus compañeros, siendo el primero el Sargento Mayor Kain Fuery, quien como siempre era el más puntual. A pocos pasos por detrás del Sargento, llegó a su vez el Suboficial Vato Falman.
"Buenos días, Teniente Hawkeye." Saludó alegremente Fuery.
"Buenos días, Sargento Mayor Fuery." Riza contestó lo más alegre que ese día se lo permitía.
"Buen día, Teniente." Saludó Falman.
"Buen día, Suboficial Falman."
Después de unos minutos, cuando Riza, Fuery y Falman ya estaban comenzando a trabajar con su papeleo, entraron los Tenientes Segundos Havoc y Breda, éste último con una bolsa de papel que probablemente contenía algunos tentempiés para sobrellevar la jornada laboral.
"Hey, buenos días a todos." Saludó Havoc.
"Buenos días, chicos. Teniente." Saludó Breda, haciendo una ligera reverencia con su cabeza en dirección a Riza.
"Buenos días, Teniente Segundo Havoc, Teniente Segundo Breda." Respondieron al unísono todos los presentes.
"Oigan, ¿y el jefe? No me digan que no ha llegado." Preguntó Breda.
"En efecto, aún no ha llegado. Al parecer hoy será uno de esos días en los que se le pegan las sábanas." Respondió Falman.
"Se me hace raro." Dice Breda rascándose la nuca.
Havoc no pudo evitar reírse mientras golpeaba amigablemente la espalda de su amigo. "Por favor, Breda, sabes que el jefe a veces llega tarde y más cuando tiene una cita la noche anterior."
Breda también se rió. "Bueno, es que no lo había hecho entre semana y menos cuando se supone que tiene una junta importante en media hora."
"Pues si yo saliera con una chica como la que estaba con él anoche, a mi tampoco me hubiera importado llegar tarde al trabajo el día siguiente. Probablemente, como dice Falman, se le pegaron las sábanas y algo más."
Los hombres siguieron riendo hasta que Riza habló calmadamente.
"Señores, por favor dejen sus comentarios para la hora de la comida y realicen su papeleo."
"Sí, Madame." Respondieron al unísono, pero no pudieron evitar darse cuenta de que el tono de Riza era diferente al de siempre, no tenía el mismo nivel de intensidad y seriedad de todos los días.
Ella continuó su trabajo lo más diligentemente que su estado de humor actual se lo permitía. Este día en específico le estaba resultando difícil y aunque trató a toda costa evitarlo, el comentario de Havoc la había alterado cuando normalmente ella lo dejaría pasar. Riza, por Dios, ya han pasado años desde que él y tú tuvieron una relación. Lo único que los unía no está al alcance de ninguno de los dos. Roy es un hombre joven, atractivo, con un buen rango en la milicia y SOLTERO. No es la primera vez que escuchas que sale con alguna chica atractiva, incluso lo has visto y aceptado. Han aprendido a seguir adelante por sus objetivos como camaradas de trabajo y tal vez han recuperado su amistad. ¿Realmente crees que te ha perdonado por lo que hiciste? ¿Realmente crees que después de eso te siga amando? Riza movió su cabeza e inhaló profundamente, tratando de alejar los pensamientos que la estaban atormentando en ese momento y para retomar su compostura.
20 minutos después el Teniente Coronel Mustang ingresó a su oficina corriendo. "Buenos días." Saludó apresurado.
"Buenos días, Señor."
"Estuvo bueno el revolcón de anoche, ¿verdad, jefe?" Preguntó sugestivamente Havoc, quien se encontraba sentado en su escritorio jugando con un cigarrillo sin encender en su boca.
"Al menos tengo más citas que tú." Roy contestó sonriendo arrogantemente.
"Pues tendría más si tú no me las quitaras." Respondió Havoc malhumorado con los brazos cruzados.
Roy frunció el ceño. "No es mi culpa que no sepas mantener a las chicas a tu lado." Pasando sus manos por sus hombros para asegurarse de que sus insignias no se hubieran descolocado durante su carrera matutina hacia su oficina, Roy continuó. "En fin, tengo prisa y no estoy para bromas, ¿dónde está mi folder con los temas que tengo que abordar en la junta?" Preguntó mientras buscaba entre las cosas que estaban sobre el escritorio de la sala principal.
"Se encuentran en su oficina sobre su escritorio, Señor." Respondió neutralmente Riza.
"Gracias, Teniente." Roy se dirigió a su oficina privada encontrando el folder y poco después salió de la oficina principal para dirigirse rápidamente a la sala de juntas.
"Bueno, al menos llegó a tiempo." Dijo Fuery encogiéndose de hombros.
Una hora después, Riza acomodó su papeleo, clasificando los papeles en las categorías de revisado, terminado, pendientes de revisar y los que requerían la firma de Roy. Suspirando, se levantó de su escritorio y tomó una de las armas del cajón de su escritorio para dirigirse a su práctica diaria en el campo de tiro con su amiga Rebeca.
"Estaré en el campo de tiro por si algo se ofrece." Dijo Riza a los miembros de la unidad mientras se encaminaba a la puerta de la oficina.
"Sí, Madame."
En cuanto Riza salió, los hombres de Mustang comenzaron a murmurar.
"Oigan, Hawkeye está rara hoy, ¿no lo creen?" Comenzó Havoc.
"Sí, sorprendentemente no regañó al Teniente Coronel por llegar tarde." Dijo Fuery.
"Ni preguntó por él cuando ya estaba retrasado." Añadió Falman.
"Tampoco nos reprendió por estar bromeando de las citas de Mustang y sobre todo las tuyas Havoc." Agregó Breda pensativo.
"¡Hey!" Havoc le dirigió una mirada ofendida antes de centrarse nuevamente en la conversación. "Aunque eso sí es raro. Hoy ha estado más callada de lo normal."
"¿Estará enferma?" Preguntó preocupado Fuery.
"No lo sé. La Teniente siempre es muy responsable, aunque esté enferma ella sigue trabajando. Además no me da la impresión de que tenga un resfriado o algo por el estilo. Tal vez nos estamos imaginando cosas." Breda contestó.
"No me parece que sólo sean imaginaciones nuestras. Para los demás puede pasar desapercibido, pero para nosotros que trabajamos codo a codo con ella no. Definitivamente algo le está pasando." Mientras se rascaba la barbilla en forma pensativa, Havoc sugirió. "Tal vez solamente le duela la cabeza."
"O quizás tenga un problema personal." sugirió Falman.
Con una mirada preocupada, Fuery añadió. "Solo espero que ella se sienta mejor pronto, porque ahora es como si le faltara su brillo de siempre."
"¡Ya sé!" Dijo Havoc a la vez que chocaba su puño derecho con la palma de su mano izquierda, en señal de descubrimiento. "De seguro el jefe volvió a holgazanear ayer y la hizo enojar. Recuerden que se escapó un poco más temprano para encontrarse con la chica con la que lo ví ayer. De seguro ni terminó su papeleo."
"Es probable." Dijo Falman.
"Mientras nosotros no paguemos los platos rotos, está bien." Respondió Breda.
"Bien, será mejor que avancemos en nuestro trabajo si no queremos molestar más a la Teniente si es cierta la hipótesis de Havoc." Dijo Falman.
Todos los demás asintieron y retomaron sus labores.
Una hora después, Mustang regresó a la oficina y tomó asiento en la silla de su escritorio cruzando los brazos en su pecho y suspirando pesadamente. Realmente las reuniones con los generales, sobre todo cuando Hakuro estaba presente, eran muy tediosas para él. Dirigió su mirada hacia el escritorio de Riza y lo encontró vacío, lo que lo sorprendió un poco al inicio pero después recordó que era la hora en que ella usualmente iba a practicar al campo de tiro. Esperaba que regresara pronto para poder observarla detenidamente y discretamente, ya que sentía que algo le pasaba. El no haberlo regañado el día de hoy por su retraso ni recordarle que ayer no hizo todo su papeleo era algo sumamente raro viniendo de ella, pero, sobre todo, era más inusual el tono de voz que Riza utilizó cuando le indicó dónde estaba el folder que buscaba antes de su junta. Para cualquier persona sonaría normal, pero para él, que la conocía desde hace mucho tiempo, no pasaba desapercibido lo apagado de su tono de voz denotando, probablemente, una ligera tristeza o nostalgia que emanaba de sus palabras.
Una voz lo sacó de sus pensamientos. "Oye, jefe, ¿ahora qué le hiciste a Hawkeye?" Preguntó de repente Havoc, mientras entraba a la oficina de Roy.
"¿De qué hablas?" Preguntó Roy mientras recargaba sus codos sobre su escritorio y entrelazaba sus dedos para recargar su barbilla.
"Todos estamos de acuerdo en que hoy Hawkeye está un poco rara. No te ha regañado por tu retraso ni a nosotros por pasarnos de bromistas en horario laboral. Además la hemos sentido ligeramente apagada." Explicó Havoc quien estaba jugando con su cigarrillo sin encender en la boca.
"¿Y por qué supones que yo tengo la culpa?" Preguntó ligeramente ofendido Roy enarcando una ceja.
"Porque generalmente eres tú el responsable." Havoc sonrió con sorna, lo que hizo que Roy frunciera el ceño. "Pero ya hablando en serio ¿no la notaste rara?"
"Sí, un poco. Tal vez tenga dolor de cabeza." Dijo Roy tratando de desviar la atención. Si Riza tenía algún problema o preocupación en su mente, muy difícilmente se lo contaría a sus compañeros de trabajo.
"Tal vez." Concedió Havoc aunque aún no se sentía del todo convencido.
Notando la duda en el tono de Havoc, Roy decidió no dar mayor oportunidad de conversación respecto a lo que podría estarle sucediendo a Riza. "Será mejor que nos pongamos a trabajar, porque si tiene dolor de cabeza creo que no será buena idea hacerla enojar." Bromeó ligeramente Roy.
"Pues dilo por ti, jefe. Tú eres el que se escapa de sus obligaciones y nos dejas a nosotros con tu papeleo. Todo por unas citas." Refunfuñó Havoc.
"Havoc, mejor ponte a trabajar antes de que me hagas perder la paciencia y encienda ese cigarrillo tuyo más de la cuenta."
Ante eso Havoc solamente bufó y salió de la oficina para retomar su trabajo en el área principal de la unidad. Tras un suspiro, Roy también hizo lo propio por lo que comenzó a leer y a firmar su papeleo distraídamente puesto que su mente seguía pensando en Riza. Definitivamente tiene algo si hasta los muchachos lo notaron. Volvió a suspirar con pesadez. Si a su regreso ella sigue igual, tendré que ingeniármelas para hablar con ella sin que los demás se den cuenta.
En el campo de tiro, Riza se encontraba enfocada en sus objetivos, derribando uno a uno con perfecta precisión. A pesar de su naturaleza dedicada y sus pulidas habilidades, en esta ocasión Riza estaba tratando de enfocarse todavía más, con la intención de encontrar una manera de olvidarse por un momento de los sentimientos que la estaban invadiendo ese día.
Cuando Riza llevaba algunos minutos entrenando, Rebeca Catalina llegó al campo de tiro y se colocó en el cubículo de tiro que se encontraba al lado derecho del de Riza.
"¡Hola, Riza! Disculpa la tardanza." Saludó efusivamente Rebeca.
"Hola, Rebeca. No te preocupes. Comencé a calentar mientras te esperaba." Dijo Riza antes de disparar impecablemente a su siguiente objetivo.
Rebeca notó que Riza no hizo el intento de mirarla cuando la saludó, por lo que contempló unos segundos su rostro buscando su mirada y pudo darse cuenta de que algo no estaba bien con su amiga. Con lo buena que era Riza para mantener las apariencias, Rebeca no podía discernir correctamente lo que alcanzó a percibir en su mirada, pero de lo que estaba segura era que lo que fuese que estuviera pasándole a Riza, definitivamente tenía que ser algo importante, ya que su amiga no era alguien que fácilmente dejara que su expresión y su mirada revelaran algo de lo que realmente sentía, por lo que el hecho de que un sólo vistazo a su mirada le revelara a Rebeca que algo le preocupaba a Riza era extraño.
La morena siguió con su mirada curiosa pero Riza no le dio oportunidad de descifrar si realmente había algo que le estuviera molestando a la rubia. Dando un suspiro, Rebeca decidió enfocarse en su entrenamiento por lo que comenzó a cargar su rifle.
Rebeca terminó de acomodarse en el cubículo que le correspondía y, antes de dar el primer disparo del día, se dirigió a su amiga. "Oye, Riza, ¿te sientes bien?"
"Sí, ¿por qué?" Riza bajó su rifle y, tras un par de segundos, volteó a ver a su amiga.
Rebeca terminó su ronda de disparos y se encontró con la mirada de Riza. "Porque tengo la impresión de que te pasa algo. No sé con exactitud qué es lo que te sucede pero definitivamente hay algo. Tal vez enojo. ¿No me digas que ese Mustang te hizo enojar otra vez con su holgazanería?"
Riza sonrió ligeramente ante las palabras de Rebeca y negó con la cabeza. "No, él no me ha hecho enojar."
"¿Entonces? De seguro fue Havoc junto con toda la bola de holgazanes de tu unidad."
"No, Rebeca. Nadie me ha hecho enojar. Te agradezco tu preocupación, pero estoy bien. Solamente estoy un poco cansada, no he dormido mucho en los últimos días."
"¿Pesadillas?" Preguntó Rebeca con un tono de preocupación.
Riza solo asintió. Rebeca estaba al tanto de que Riza sufría de pesadillas desde su regreso de la guerra. Incluso hace un par de meses, cuando Rebeca pidió su transferencia al Este, le había insistido a Riza para que volvieran a compartir un departamento juntas a lo que Riza se negó ya que había decidido vivir en su propio departamento, puesto que no quería cargarla con todo el estrés postraumático que Ishval había dejado en ella.
A pesar de la respuesta de Riza, Rebeca sentía que había algo más, por lo que decidió insistir. "¿Son solamente las pesadillas?"
Riza sentía que se le oprimía el pecho al pensar en el principal motivo de su estado de ánimo, pero no quería compartirlo con nadie. En esos momentos no tenía la fuerza para afrontarlo. Tal vez después le contaría lo que le pasaba a Rebeca, pero no en ese momento.
"Sí, solamente es eso." Respondió Riza con una sonrisa fingida antes de proseguir con su práctica de tiro.
Rebeca suspiró y se enfocó en su práctica. Conocía muy bien a Riza y sabía que cuando ella no estaba de humor para compartirle algo, no habría forma alguna de hacerla hablar. Solo esperaba que lo que estuviera pasando no la lastimara más de lo que ya estaba y que pronto se animara a hablar con ella para que así pudiera desahogarse. Por lo pronto, buscaría una forma de al menos por un momento hacerla olvidar lo que fuera que la estuviera molestando. Así que volvió a mirarla y sonrió ampliamente cuando se le ocurrió una idea.
"Sabes, lo que tú necesitas es conseguirte un hombre guapo y rico que te ayude a olvidarte de esas pesadillas y te haga tener otro tipo de sueños." Se acercó un poco a ella y le habló en voz baja para que solamente ella la escuchara. "O mejor aún que te distraiga por las noches." Dijo Rebeca sugestivamente, moviendo ambas cejas.
Ante las palabras insinuantes de su amiga, los ojos de Riza se agrandaron. "¡Rebeca!"
"¿Qué?" Replicó Rebeca, encogiéndose de hombros de forma inocente y sonriendo. "¿A poco no es una buena idea? Yo lo haría, pero sigo sin encontrar al hombre guapo y rico que me saque de aquí."
Riza solamente movió su cabeza y no pudo evitar sonreír ante las ocurrencias de su amiga, sobre todo porque se dio cuenta de la verdadera intención de Rebeca para sacarla aunque sea por un momento de su estado de ánimo actual.
"No tienes remedio, Becky." Hizo una ligera pausa. "Gracias."
Rebeca retornó la sonrisa. "Cuando quieras."
El día siguió transcurriendo normalmente, después de su plática con Rebeca, Riza trató de olvidarse de lo que la fecha representaba, pero desafortunadamente no tuvo éxito. Intentó distraerse al limpiar sus armas, al realizar el papeleo e incluso en escuchar disimuladamente las pláticas absurdas de Havoc, pero nada funcionó. Cuando por fin llegó la hora de salida, Havoc, Fuery, Falman y Breda fueron los primeros en retirarse como era costumbre cuando no había papeleo pendiente de su parte o cuando no había misiones. Por su parte el Teniente Coronel seguía terminando unos documentos que había dejado pendientes el día anterior por haberse retirado temprano.
Normalmente Riza se quedaría a asistirlo aunque él no se lo pidiera, pero hoy sería la excepción, ya que lo único que deseaba era llegar a su departamento, tomar una taza de té, dar rienda suelta a sus pensamientos y reflexionar sobre lo que este día representaba para ella.
Dispuesta a seguir su plan para esa noche, Riza se dirigió a la oficina de Roy antes de retirarse. "Señor, si no me necesita, me retiro." Dijo en un tono solemne.
Roy levantó su mirada del documento que estaba leyendo para tratar de encontrarse con los ojos de Riza, pero ella deliberadamente evitó enfocar su mirada en la de él, centrando la suya en un punto en la pared por encima de la cabeza de él. "Está bien, Teniente. Puede retirarse, solo que antes me gustaría saber si se encuentra bien."
Riza, aún sin mirarlo a los ojos, respondió calmadamente. "Estoy bien, Señor."
Roy la miró incrédulo e insistió. "¿Segura?"
Ella asintió. "Sí, señor. Si me disculpa, procedo a retirarme. Que tenga una excelente noche." Hizo el saludo militar y se encaminó hacia la puerta.
Roy suspiró. Sabía que, cuando se lo proponía, Riza podía llegar a ser muy obstinada por lo que no le sorprendía que su pregunta no hubiera obtenido la clase de respuesta que esperaba. Resignado, se despidió de la rubia. "Buenas noches, Teniente." Roy la siguió con la mirada hasta que desapareció de su campo de visión, momento en el que devolvió su mirada al papeleo que le faltaba. Definitivamente tiene algo, tengo que apurarme con estos malditos documentos para averiguarlo.
Cuando Riza llegó a su departamento, se cambió su uniforme por ropa de civil y decidió salir a caminar para hacer unas compras y así tratar de distraerse un poco. Durante el trayecto de regreso a su hogar, llevando una bolsa de papel con sus compras, pasó por un parque y decidió sentarse en una banca cerca del pequeño lago que se encontraba ahí, sintiendo la brisa invernal que movía ligeramente su cabello rubio. No pudo evitar contemplar a las parejas que pasaban por ahí y sobre todo a aquellas que iban acompañadas por sus hijos. Su mirada se detuvo en un par de niños que pasaron corriendo, mientras tras de ellos iban sus padres gritándoles que bajaran su velocidad a la vez que se disculpaban con las personas que eran empujadas por sus hijos.
Riza esbozó una ligera sonrisa al ver la escena. Esos niños probablemente tengan la edad de Edward y si todo hubiera sido diferente, Roy y yo estaríamos igual que esos padres. Definitivamente, por más que intentara no enfocarse en ello, hoy era un día muy melancólico para ella. Riza estaba consciente de que los "hubiera" no existían, que ya era demasiado tarde para tratar de cambiar las cosas, y que, a pesar de todo lo que estaba sufriendo, en su momento lo que ella había hecho fue lo mejor para salvarle la vida a su hijo e incluso a Roy.
Pasados unos minutos, Riza no pudo soportar más las risas alegres de los niños que, involuntariamente, estrujaban su corazón con remordimiento y nostalgia, por lo que suspiró pesadamente para después ponerse de pie y así retomar el camino de vuelta hacia su departamento.
En cuanto llegó a su departamento, se preparó una taza de té y la dejó en la pequeña mesa de centro que tenía en la sala. Se dirigió a su habitación para traer un libro y un objeto que se había negado a verlo en los últimos años, pero ahora lo necesitaba más que nunca. Se sentó y colocó el libro junto con el objeto a un lado de ella. Tomó un sorbo de su té y agarró el objeto que había mantenido oculto por muchos años pero que conservaba cuidadosamente, al igual que el dije que Roy le había regalado hace años. El objeto en cuestión era la única fotografía que poseía de su bebé de tan solo unos días de edad envuelto en la cobija amarilla que Rebeca le había dado.
Riza contempló la fotografía detenidamente por varios minutos, suavizando sus tensas facciones mientras lo hacía, pero a la vez no pudo evitar que sus ojos comenzaran a llenarse de lágrimas. Poco después la acercó a sus labios y la besó delicadamente, antes de acercarla a su pecho manteniéndola ahí por unos minutos. Cerró sus ojos y susurró. "Feliz cumpleaños, mi amor. No puedo creer que ya han pasado 10 años… el tiempo pasa muy rápido. Probablemente si me topara frente tuyo, no te reconocería. Dicen que los recién nacidos cambian bastante." Suspiró. "De lo que estoy segura es que eres un niño encantador y seguramente eres igual de atractivo que tu padre."Abrió sus ojos y volvió a observar la foto para después comenzar a acariciar tiernamente el rostro impreso del bebé con su pulgar, mientras permitía que sus lágrimas se deslizaran libremente por sus mejillas. "A pesar del tiempo, no he dejado de pensar en ti. Siempre estoy deseándote lo mejor pero… me duele tanto no tenerte a mi lado, no poder abrazarte, llevarte al parque, comprarte un regalo y hacerte un pastel de cumpleaños..."El nudo que se estaba formando en su garganta se intensificó silenciando momentáneamente sus palabras mientras ella sollozaba.
Riza estaba consciente de que, desde que había dejado a su bebé, se le había hecho un hueco enorme en su corazón, el cual empeoró con la guerra y con el paso de los años no hacía más que extenderse. Sin embargo, había tratado de ignorar ese dolor en todo este tiempo para dedicarse completamente en sus labores dentro de la milicia pero, después de prácticamente 10 años, ya no pudo hacerlo más y se permitió tener ese momento de fragilidad para llorar por lo que había perdido y por lo que pudo haber tenido si ella se hubiera quedado con su bebé con la esperanza de que Roy y ella hubieran podido criar juntos a su hijo.
Habían pasado 2 años desde que Riza le había confesado a Roy la existencia de su hijo. Después de la acalorada discusión que siguió a dicha confesión, Roy y ella habían hablado para aclarar las cosas y así tratar de, al menos, recuperar la amistad sincera que había existido anteriormente entre ambos pero, a pesar de ello, Riza sentía que algo se había roto entre ellos y tenía la sensación de que Roy todavía no la había perdonado por completo. Lo que sí reconocía es que con el paso del tiempo, poco a poco se estaban acercando a volver a ser los amigos que alguna vez fueron.
Aunque se tratara de un proceso un tanto lento, Riza se sentía agradecida de que su relación de trabajo e incluso de amistad con Roy mejorara poco a poco pero, si era sincera consigo misma, había días en los que de verdad le hubiera gustado retomar su relación romántica con Roy, pero en ese punto sabía que era imposible. Mientras ambos siguieran en el ejército los asuntos amorosos debían ser completamente descartados y además no se sentía digna del amor de Roy después de la manera tan profunda en lo que lo había lastimado.
Rebeca le había insistido en que saliera con hombres, que intentara tener una relación fuera de la milicia y que fuera feliz, pero Riza no lo había hecho porque no se sentía merecedora de tener algo de felicidad después de todo lo que había hecho. Además, aunque ella intentara buscar la felicidad al lado de una persona, estaba totalmente convencida de que su corazón jamás aceptaría a nadie más que a Roy Mustang, sin importarle todo lo que había pasado entre ellos. Todo esto a pesar de que ella estaba consciente de que Roy había decidido dar vuelta a la página de su relación y había comenzado a salir con varias mujeres desde hace un año. Le dolía verlo con otras mujeres, pero tenía que admitir que él era un hombre muy atractivo, joven y soltero, por lo que tenía todos los recursos a su disposición para atraer la atención de cualquier jovencita que se le cruzara en el camino. Su cabeza aceptaba esa realidad pero su corazón no.
Con la mano que no estaba sosteniendo la fotografía, Riza tomó el dije con la letra "R" que Roy le había dado años atrás y lo apretó entre sollozos. Anteriormente, ella lo usaba todo el tiempo antes de que le revelara la verdad a Roy acerca de su hijo, pero después de ese acontecimiento solamente se lo ponía en contadas ocasiones, siendo hoy una de ellas, ya que era el único medio que le brindaba un poco de consuelo al traerle hermosos recuerdos del tiempo que pasaron juntos.
El tiempo siguió transcurriendo en la sala y Riza dejó abandonada su taza de té aún con algo de líquido en ella. Su atención se centró en la foto que sostenía, mientras aferraba el dije y seguía llorando ligeramente hasta que, algún tiempo después, escuchó que alguien llamaba a su puerta. Miró su reloj y se dio cuenta de que ya eran las 9 de la noche. ¿Quién podrá ser a estas horas?
Colocó la foto en medio de las páginas del libro que reposaba en la mesa de centro, se limpió las lágrimas, respiró hondo para tratar de recuperar su compostura y se dirigió a la puerta. Antes de abrirla, se fijó por la mirilla para ver de quién se trataba. ¿Roy?. No, ¿el Teniente Coronel? ¿Qué hace aquí? Pensó antes de abrir la puerta.
"Buenas noches, Teniente." Saludó alegremente Roy Mustang, vestido de civil.
Haciendo un esfuerzo para que su voz profesional no temblara por las lágrimas que había estado derramando hasta hace unos momentos, Riza respondió. "Buenas noches, Teniente Coronel, ¿a qué debo su visita?"
"Me gustaría tener unas palabras con usted. ¿Puedo pasar?"
Riza estaba confundida de que él estuviera a estas horas en su puerta. Cuando lo llegaba a hacer era porque estaban atrasados en el papeleo o porque estaban planeando una misión, lo cual no era el caso. Sin embargo, al ser su superior y amigo, no podía ser maleducada y dejarlo afuera después de haber realizado el trayecto hasta su casa, por lo que Riza se apartó de la puerta y la abrió completamente para darle paso.
"Adelante, Señor."
"Gracias." Respondió Roy con un ligero asentimiento de cabeza al pasar a su lado.
Una vez que entraron, Riza cerró la puerta y respiró profundamente antes de darle la cara. Aunque generalmente se sentía cómoda y a salvo en su presencia, en esos momentos lo que menos quería era tenerlo cerca por los recuerdos y la nostalgia que la estaban abrumando ese día y que parecían arremeter con mayor fuerza al tenerlo a tan solo unos pasos de ella. Decidida, giró y se dirigió a la pequeña sala de su departamento.
"¿De qué desea hablar, Señor?" Preguntó sin mirarlo directamente y con el tono más neutro y calmo que podía sostener en esos momentos.
Para Roy no pasó desapercibido el hecho de que ella seguía evadiéndole la mirada y que su tono de voz estaba, aunque casi imperceptible, ligeramente tembloroso, además de que sus ojos se veían un poco enrojecidos. ¿Qué tienes, Riza? Eso gritaba su mirada, pero ella se negaba a mirarlo a los ojos.
Roy se estaba preocupando. Habían sido muy pocas veces en las que la había visto llorar, por lo que con voz suave le preguntó. "Teniente, ¿qué le sucede?"
"Nada, Señor. No entiendo a qué viene su pregunta." Riza trató de mantenerse firme mientras hablaba.
Roy negó con la cabeza. "Sabe a lo que me refiero. La he notado algo extraña durante el día y si hay algo que pueda hacer para ayudarla me gustaría saberlo. Recuerde que siempre procuro el bienestar de mis subordinados."
Roy se ha dado cuenta de mi estado de ánimo. Tengo que evitar verlo a los ojos, si lo hago será imposible que contenga mis lágrimas. Ella pensó antes de responder."Le agradezco su preocupación, Señor, pero de verdad me encuentro bien. Solamente estoy un poco cansada. No he dormido lo suficiente, pero espero tener suerte este fin de semana para recuperar algunas horas de sueño. Así que no pierda más su tiempo. Probablemente su cita lo esté esperando."
"¿Celosa, Teniente?" Bromeó Roy con una ligera sonrisa para tratar de animarla y encontrar una forma de que ella se abriera con él, como años atrás lo hacía.
Ella negó con la cabeza, tratando de mantener su compostura. "En absoluto. Usted es un hombre soltero y tiene todo el derecho de salir con quien le plazca." Ella mintió, a pesar de lo mucho que le dolía tener que negar sus verdaderos sentimientos.
Roy frunció el ceño y suspiró. "No tengo compromisos el día de hoy. Ahora lo que quiero saber es qué es lo que te pasa." Dijo Roy en un tono preocupado y dejando las formalidades a un lado, cruzando los brazos sobre su pecho.
"Ya se lo dije, estoy-"
Roy no la dejó terminar. "Riza, estoy preocupado por ti. No vine aquí como tu superior, vine como tu amigo." Dijo en un tono de preocupación.
A pesar de todo él se sigue preocupando por mí... ¿Cómo no lo va a hacer? Recuerda todo lo que han vivido juntos, sin olvidar que tienen un hijo. Pero tampoco te vayas a ilusionar porque él sólo lo hace como un amigo. ¿No es eso lo que querías? Un debate interno comenzó en la mente de Riza por lo que, antes de que se saliera de control, decidió buscar alguna excusa para evitar la inminente plática, porque sabía que él era tan obstinado como ella y no se iba a dar por vencido hasta que obtuviera su respuesta. "Iré a la cocina por un poco de té, ¿gusta uno o prefiere un café?"
Por su comportamiento y porque vió que en la mesa del centro había una taza con algo de té en ella, Roy se dio cuenta de que ella estaba evitando deliberadamente la plática. Sin embargo, el simple hecho de que aún no lo había echado de su departamento era un buen augurio, así que decidió ser paciente e ir con la corriente.
"Un café está bien, gracias."
"Tome asiento, enseguida vuelvo." Dijo Riza señalando el sofá de su sala mientras se dirigía a su cocina.
En cuanto Riza desapareció de su vista, Roy echó un vistazo a su alrededor e inhaló profundamente. El lugar estaba tan ordenado y limpio como cualquiera que conociera a Riza Hawkeye sabía que lo estaría. También, de manera sutil, se percibía un ligero aroma a jazmín que le hizo recordar a Roy todas las veces que había tenido la oportunidad de abrazarla en el pasado. Exhalando pausadamente Roy abrió los ojos y se dirigió al sofá y, al hacerlo, no pudo evitar sentir curiosidad por ver el libro que se encontraba en el asiento. Se agachó para tomarlo, pero al hacerlo pudo notar que algo se había caído al suelo. Dejó el libro en la mesa y se inclinó un poco más para recoger lo que se había caído. Se levantó sosteniendo lo que parecía ser una pequeña hoja gruesa y blanca pero, cuando le dio la vuelta, observó que era una fotografía de un bebé aparentemente recién nacido.
Roy supuso que se trataba de un recién nacido por lo pequeño que se veía el bebé y por la escasa cantidad de cabello que se notaba en su cabeza. Tenía el cabello rubio y unos ojos dorados llenos de vida e inocencia, como era de esperarse de una criatura que recién comienza a vivir. Pero había algo en esa fotografía que lo invitaba a que lo viera con más detalle, así que caminó hacia la ventana que se encontraba al final del sofá que tenía vista hacia la ciudad.
Observó la fotografía con detenimiento, bajo la luz extra de la luna. Cada detalle, cada facción del bebé, sus pequeñas manos. ¿Por qué Riza tendría una foto de un bebé desconocido? Ella no tiene familiares ni amigos que tengan hijos. No creo que se trate de un desconocido. Repentinamente la realización de quién podría ser ese pequeño lo golpeó, haciendo que sus ojos se agrandaran y que una sensación de opresión le llenara el pecho, dificultándole la respiración. ¿Será posible que esta sea la fotografía de mi hijo? ¿De nuestro bebé?
En ese momento, Riza apareció con una taza humeante de café que colocó al lado de la suya en la mesa de centro, sin darle importancia al hecho de que Roy se encontraba de espaldas a ella parado frente a la ventana. A Roy siempre le gustaba procrastinar observando la ciudad a través de la ventana de la oficina y, en esos momentos, ese hábito del coronel era algo estupendo porque así Riza podía evitar mirarlo directamente a los ojos.
"Señor, su café está listo." Ella dijo con voz neutra, mientras se sentaba en el sofá y tomaba un sorbo de lo que quedaba del té que había dejado antes de la llegada de Roy.
Roy no contestó de inmediato. Permaneció callado unos segundos, tratando de encontrar las palabras correctas en ese instante. Su silencio le extrañó a Riza.
"¿Señor?" Al no haber respuesta, ella presionó, mirando hacia su dirección. "¿Sucede algo?"
Roy se giró lentamente, buscando nuevamente encontrarse con su mirada, pero ella seguía evitándolo, por lo que él inhaló profundamente. Riza no entendía la repentina seriedad y silencio de su superior hasta que su mirada se detuvo en la fotografía que sostenía en su mano derecha. Al hacerlo se sorprendió y trató de recuperar su compostura lo más rápido posible para evitar que él lo notara, aunque sabía de antemano que sería en vano. Ellos ya se conocían desde hace muchos años.
Repentinamente el silencio incómodo entre ellos se vio interrumpido por Roy. "Es él… ¿cierto? Es mi… nuestro hijo." Dijo la última frase en un susurro que ella apenas pudo escuchar.
Riza se quedó pasmada unos momentos antes de atreverse a asentir con la cabeza, manteniendo su mirada lejos de él.
Por su parte, ante la confirmación de su presentimiento, Roy dirigió nuevamente su mirada a la fotografía, no pudiendo evitar relajar sus facciones y esbozar una ligera sonrisa. Mi hijo, nuestro hijo. Alzó rápidamente su mirada en la dirección de Riza y nuevamente la regresó a la imagen que sostenía. Por primera vez, desde que me enteré de tu existencia, te puedo poner un rostro, hijo mío, justo cuando pensé que jamás podría hacerlo.
Riza lo miró de reojo, no pasando desapercibido el comportamiento de Roy frente a la imagen de su bebé.
"¿Por qué no la había visto antes? Creí que no tenías nada de él." Dijo Roy tranquilamente y manteniendo su sonrisa.
Riza suspiró pesadamente antes de responder. "Esa fotografía es lo único que me atreví a conservar de él. Fue un regalo de la pareja que se quedó con él." Hizo una pausa y dirigió su mirada hacia su regazo, tratando de reunir todas sus fuerzas para no quebrarse frente a él. "Tenía años sin ver esa foto… siento que ni siquiera lo merezco después de todo lo que he hecho, por eso la he dejado guardada en mi caja de recuerdos. Pero hoy... simplemente no pude evitarlo."
Roy observó detenidamente a Riza, buscando leer su expresión corporal. Tratando de entender sus palabras, sus sentimientos y su dolor, el mismo dolor que él sentía por no haber sido capaz de criar a su hijo. Repentinamente su vista se detuvo en el dije que ella portaba en su cuello, uno que no se lo había visto usar hace tiempo. Su corazón comenzó a dolerle profundamente ante la idea de lo que pudo haber sido y de lo que probablemente nunca será, a la vez que una parte de él le recriminaba por permitirse sufrir por eso porque, por todo lo que había hecho, no tenía el derecho de hacerlo, ni de soñar y de mucho menos de ser feliz.
Tomando aire, él le preguntó. "¿Por qué no pudiste evitarlo hoy?"
Riza sintió cómo se le hacía un nudo en su garganta, cómo se le oprimía el pecho y cómo las lágrimas comenzaban a formarse nuevamente en sus ojos. No tienes derecho a sufrir ni a añorar algo. No después de todo lo que has hecho. Las voces en su cabeza se lo recriminaban, pero era algo que se le estaba saliendo de control. Habían sido años que las había estado aguantando, que había ignorado esos sentimientos, pero al parecer todo estaba explotando dentro de ella. Sin poder evitarlo, un par de lágrimas comenzaron a recorrer sus mejillas.
"Porque… hoy está cumpliendo 10 años." Riza respondió con voz quebrada.
Al percatarse de las lágrimas y del tono de voz de ella, Roy instintivamente se dirigió hacia el sofá. Dejó cuidadosamente la foto en la mesa, tomó asiento a su lado y la atrajo hacia él en un abrazo. Al principio, ella se tensó, pero él inmediatamente comenzó a frotar gentilmente su espalda en señal de confort, por lo que ella se olvidó en ese instante de que él era su superior y lo vió como el padre de su hijo, como su mejor amigo, como el hombre que había amado desde hacía mucho tiempo.
"Llora todo lo que necesites, Riza, te hará bien." Roy susurró, aunque ella pudo percibir que su voz también se estaba quebrando.
Riza se permitió recargar su frente sobre su pecho y sollozar mientras se aferraba a su camisa con sus manos, mientras que él, por instinto, colocó su barbilla sobre su cabeza, abrazándola más fuerte contra él y frotando su espalda. Pocos segundos después, Roy no pudo evitar derramar sus propias lágrimas. Permanecieron así por un rato, él sintió las lágrimas de ella en su camisa y ella sintió sus lágrimas de él en su cabeza. Roy exhaló pesadamente. Arrepentimiento y sufrimiento carcomían cada parte de su ser. El ver a Riza sufrir de esa forma le rompía el corazón. A pesar de todo lo que había pasado entre ellos, él no había dejado de amarla y en ese momento estaba seguro de que jamás podría dejar de hacerlo.
"Perdóname, Riza, perdón... Hubiera sido mejor que nunca me hubieras conocido, para que jamás tuvieras que pasar por todo el sufrimiento que te he traído. Tal vez si no me hubiera cruzado en tu camino, ahora estarías felizmente casada con un hombre bueno que te amara y te respetara. Que te diera un hogar y una familia. Tendrías a tus hijos a tu lado, podrías consentirlos y les darías todo el amor y gentileza que te caracterizan... Perdóname por haber interferido en ese destino, por haberte arruinado la vida… por haberte traído tanta desgracia… perdón." Roy dijo lo que en ese momento pasaba por su mente, con un tono lleno de arrepentimiento y dolor.
Riza se sorprendió al escuchar las palabras de Roy y sobre todo cuando percibió el profundo dolor y arrepentimiento que emanaban de sus palabras. Ella jamás lo había culpado de lo ocurrido ni siquiera entendía porqué debía ser él el que se disculpara por lo sucedido. Riza estaba consciente que todo era el resultado de sus propias decisiones. Decisiones que ella había tomado por sí misma, sin que nadie la obligara. Con ese pensamiento en mente ella comenzó a negar con su cabeza, soltó sus manos de su camisa y lo rodeó con sus brazos, abrazándolo con la misma intensidad que él, sin importarle que en realidad él fuera su jefe y ella su subordinada. No se habían permitido este tipo de contacto desde que los dos se habían reconciliado después de la confesión de Riza.
Riza había olvidado lo mucho que extrañaba sentir la cercanía de Roy, el confort, el calor y la protección que su sola presencia le traía. No podía evitar recordar esos tiempos en los que no eran superior y subordinada, en que solamente eran un par de adolescentes que se amaban profundamente. Aquellos tiempos en los que se podían permitir soñar en un futuro juntos, cuando no tenían la cantidad de pecados que ahora cargaban. Desafortunadamente para ellos, por culpa de sus propias decisiones, todo eso se había quedado en el pasado. Pero a pesar de todo, una parte de ella sabía que él sería la única persona que entendería perfectamente sus sentimientos en estos momentos.
Ella se separó ligeramente de su pecho, haciendo que él quitara su barbilla de su cabeza y la mirara. Por primera vez en la noche, ella le sostuvo la mirada, suavizando sus facciones.
Ambos tenían los ojos rojos e hinchados y ambos compartían una mirada llena de dolor y culpa.
"Señ… Roy." Hacía tiempo que lo había llamado por su nombre, sabía que dada su situación actual en la milicia era inapropiado hacerlo, pero quería que su mensaje fuera claro para él. "Tú no tienes la culpa. Jamás te he culpado y jamás lo haré. Todo lo malo que ha pasado es solamente culpa mía, por las decisiones que he tomado. No me arrepiento de haberte conocido porque, a diferencia de lo que tú dices, considero que de no haberlo hecho me hubiera quedado sola en esa casa. Jamás hubiera conocido la amistad sincera, jamás me hubiera sentido segura, protegida y sobre todo, jamás hubiera conocido el verdadero amor." Roy se sorprendió de sus palabras. Ella inhaló profundamente y continuó. "Sin ti, no hubiera tenido a ese precioso niño…" Ambos dirigieron su mirada hacia la fotografía, mirándola con ternura.
Roy dirigió nuevamente su mirada hacia ella, retornando su sentimiento de culpa. "Pero ahora estás sufriendo por mi culpa. Jamás debí haberte dejado atrás. De no haberlo hecho, hoy nuestro hijo estaría con nosotros."
Riza negó con la cabeza, abrazándolo más fuerte. "No es tu culpa… mis decisiones no fueron las mejores… debí haberte esperado en lugar de unirme a la milicia." Dijo Riza con voz triste.
"Jamás debí dejarte en primer lugar." Roy reiteró.
"Tú jamás lo hiciste, pero eso ya no importa ahora." Riza inhaló profundamente "Lo hecho, hecho está y no podemos hacer nada para cambiar el pasado, pero sí para cambiar el futuro." A pesar de sus lágrimas, el tono de Riza fue decidido.
Roy suspiró pesadamente. Sabía que ella tenía razón, pero le dolía verla sufrir así y le dolía el no poder tener a su alcance el futuro que tanto había soñado a su lado cuando era más joven.
"Es ridículo que me permita sufrir por nuestro hijo, cuando no tengo ningún derecho a hacerlo, no después de todo lo que he hecho." Riza interrumpió sus pensamientos con un tono lleno de autodesprecio.
Roy la abrazó más fuerte para reconfortarla. Negando con la cabeza, dijo. "No es ridículo. Tus sentimientos reflejan lo buena persona que eres y te hacen humana. No eres de acero, Riza, así que jamás te castigues a ti misma por ser humana."
Aunque su mente le seguía gritando que no se merecía ser consolada, Riza logró apartar las voces de su mente ahogándolas con el calor y la tranquilidad que la cercanía de Roy le brindaba. "Gracias, Roy." Dijo Riza, permitiéndose colocar su frente una vez más sobre el fuerte pecho de él, inhalando su aroma. Desde que eran amigos, él siempre había sido su fortaleza, su motivación para seguir adelante y, a pesar de todo, lo seguía siendo. Estaba consciente que cuando él saliera de su departamento, volverían a ser superior y subordinada, así que egoístamente trató de disfrutar la cercanía de su mejor amigo, de su primer y único amor... del padre de su hijo.
Roy, al igual que ella, disfrutó la cercanía de la mujer de su vida, abrazándola fuertemente y frotando su espalda en señal de confort. Permanecieron abrazados y sollozando ligeramente un largo rato, hasta que ya no tuvieron más lágrimas que derramar.
Cuando él sintió la respiración de ella más relajada, intentó iniciar una plática. "¿No crees que somos demasiado jóvenes para ser padres de un niño de 10 años?" Roy trató de decirlo en un tono juguetón que no pasó desapercibido para Riza. Hacía años que no lo había escuchado.
"Tal vez. Si lo hubiéramos conservado nos veríamos como un par de niños jugando a la casita. Éramos muy jóvenes." Respondió Riza tratando de sonar un poco más animada. "Si nos hubiéramos casado, creo que en lugar de cuidar a un bebé hubiera tenido que cuidar de dos a la edad de 17 años." Riza dijo esta última frase con un poco más de humor, para molestar a Roy como lo hacía antes.
Roy detectó el tono de burla de Riza, se separó ligeramente de su abrazo y la miró fingiendo un rostro de molestia e incredulidad. "¿A qué te refieres con dos bebés?"
Ella no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa hacia él. "A nuestro hijo y a tí, por supuesto."
"Siento diferir contigo. Solamente hubiera sido nuestro bebé, ya que yo sería tu esposo, el padre de la criatura y el hombre de la casa."
Pensando en cómo hubiera sido tener a Roy como esposo criando a su hijo juntos motivada por el agradable ambiente familiar que se estaba construyendo entre ellos, Riza respondió. "Siempre te has comportado como un niño y me atrevo a decir que todavía lo sigues haciendo."
"¿Yo? ¿Comportarme como un niño? Estás equivocada, soy todo un hombre y como prueba de ello está la existencia de nuestro hijo." Dijo Roy con voz orgullosa inflando su pecho ligeramente.
"No dije que fueras un niño, dije que te comportabas como uno."
"Claro que no." Refunfuñó Roy, exagerando un poco al hacerlo ya que se estaba divirtiendo con esta conversación, además de que veía que tenía el mismo efecto con Riza.
"Siempre refunfuñas por el papeleo y procrastinas demasiado. En la casa de mi padre te encantaba salir a jugar juegos infantiles al lago cuando ya éramos unos adolescentes, armabas un escándalo cuando te raspabas una rodilla y así puedo continuar." Dijo Riza enumerando con los dedos de su mano cada una de las cosas, no pudiendo evitar divertirse ligeramente con el comportamiento infantil de Roy.
"No es mi culpa. El papeleo es aburrido…" Al darse cuenta de lo que había dicho y al ver que la mirada de Riza decía un 'te lo dije' decidió cortar su frase y trató de cambiar de tema. Esa batalla ya la tenía perdida. Volvió su mirada a la fotografía antes de preguntar con un tono de broma. "¿Estás segura de que es mi hijo?"
Inmediatamente recibió un codazo en su costado y una mirada asesina de parte de Riza. Roy rápidamente levantó sus manos en señal de rendición. "Solo estaba bromeando. Jamás dudaría de ti, es solo que no puedo evitar sentirme un poco desilusionado de no ver ningún rasgo mío en él." Confesó él en un tono tranquilo y añorante. "Aunque debo de reconocer que el haber heredado más rasgos tuyos, lo protegerá de que intenten vincularlo conmigo si se llegara a presentar el caso." Reconoció tristemente.
De inmediato, Riza notó la tristeza en su mirada y pudo entenderlo perfectamente. Ella estaba casi segura de que su bebé heredaría su cabello u ojos oscuros al ser rasgos más dominantes. Con una voz suave, decidió animarlo. "Tal vez no heredó tus rasgos físicos, pero de lo que sí estoy segura es de que tiene tu carácter."
Él la miró incrédulo. "No me lo tomes a mal, pero estuviste poco tiempo con él como para conocer su carácter."
Ella acercó su mano a su brazo y comenzó a frotarlo en señal de confort. "Aún así, me pude dar cuenta de que heredó tu carácter." Esbozó una ligera sonrisa. "Siempre que lo tenía en mis brazos, pensaba en ti."
Él le regresó la sonrisa. "Entonces supongo que mi hijo tiene un carácter encantador." Dijo en un tono un poco engreído.
"Sí, un poco de eso, pero sobre todo porque era igual de demandante que tú." Dijo Riza en tono de burla. Definitivamente esos momentos que estaba compartiendo con Roy, la estaban animando y ayudando a sobrellevar ese día.
"¿Demandante? ¿A qué te refieres con eso?" Preguntó confundido Roy mientras enarcaba una ceja.
"A que el pequeño casi no me dejaba dormir porque quería toda mi atención. En cuanto me alejaba un poco de él, comenzaba a llorar y no se calmaba hasta que lo cargaba y lo arrullaba."
"Yo jamás he hecho eso. Además estás comparando mi carácter con el comportamiento de un bebé recién nacido." Roy refunfuñó.
"Si no mal recuerdas, siempre querías pasar casi todo tu tiempo a mi lado, aunque yo estuviera cocinando o haciendo otras labores domésticas. Siempre terminabas ayudándome con tal de pasar tiempo conmigo, incluso aunque nada más estuviera leyendo. Y cuando comenzamos nuestra relación, casi no te despegabas de mi lado, me abrazabas todo el tiempo."
Ambos sonrieron ante el recuerdo. No pudiendo evitar sentir nostalgia de esos momentos.
"Extraño esos momentos." Susurró Roy.
"Yo también." Riza no pudo evitar recordar las veces en las que había visto a Roy salir con otras mujeres, por lo que no pudo evitar agregar algo más. "Al menos tú puedes revivir esos momentos con alguna de las mujeres con las que sales." No pudo evitar decir esas palabras con un tono de amargura, mientras agachaba la cabeza para evitar su mirada y apretaba sus manos en la tela de su falda.
Roy suspiró y negó con la cabeza. "Jamás podría revivir esos recuerdos con ninguna de esas mujeres por el simple hecho de que ellas no son tú." Riza se sorprendió ligeramente ante su declaración pero se sorprendió más cuando él tomó una de sus manos con la suya, acariciándola suavemente. "Riza, te voy a contar un secreto que solamente sabe Madame." Roy le dio un ligero apretón a su mano. "El 95% de las mujeres con las que salgo son informantes de Madame, fingimos que vamos a citas y todo lo demás para no levantar sospechas. Ellas me comparten información de la milicia que me ayuda a estar preparado ante cualquier eventualidad y, sobre todo, para seguir subiendo en los puestos."
Riza alzó su cabeza, algo incrédula ante su confesión. Lo miró a los ojos para tratar de corroborar que fuera cierto porque, a pesar de los años, ella podía detectar en su mirada cuando era sincero y, en efecto, encontró que era verdad. Antes de que pudiera evitarlo, algunas palabras se deslizaron de su boca. "¿Y el 5% restante?"
"Son chicas que se cruzan en mi camino que se mueren por salir conmigo. Acepto sus invitaciones y las llevo a cenar, al teatro o al cine, así sigo fortaleciendo mi fama de mujeriego y paso desapercibido por los altos mandos." Roy le dirigió una pequeña sonrisa. "Lo que quiero que sepas es que esas salidas solamente se limitan a eso. No he llevado a ninguna de ellas a mi cama como todo el mundo piensa."
Riza no pudo evitar la alegría que la invadió al enterarse, pero ésta se vio rápidamente sofocada dado que no pudo evitar pensar en que esa revelación no le servía si al final de cuentas, aunque ellos lo quisieran, no podrían estar juntos. Tenían metas y cosas más importantes en qué enfocarse que en ellos mismos. Pero el sentimiento de alivio, felicidad y amor no se desvanecería a pesar de todo y, al ver la calidez de su mirada, quería creer que él sentía lo mismo.
"Sabes que no tienes que darme explicaciones. Tú eres un hombre joven y soltero. Tienes todo el derecho de salir con quien quieras, de buscar tu felicidad."
Él siguió acariciando su mano. "Lo mismo podría decirte a tí y henos aquí, un par de personas que se niegan a hacerlo porque sienten y creen no merecerla."
Ella solo asintió con la cabeza sin retirar su mano de la de él. Se permitió recargar su cabeza sobre su brazo, mientras también acariciaba su mano con su pulgar. Cerró un momento los ojos para concentrarse en el momento que estaba viviendo, disfrutando la cercanía de él, su calor, su aroma, sus caricias en su mano, recordando las miradas suaves, sinceras, tristes, culpables e incluso tiernas que él acaba de compartir con ella. Una parte de ella quería creer que ahora después de dos años, él sinceramente la había perdonado por completo, porque hasta ahora su interacción se había limitado al aspecto laboral y, aunque ya había mejorado su relación de amigos con la convivencia diaria que tenían con sus demás compañeros, no habían tenido esta clase de acercamiento.
Roy se sorprendió cuando sintió que ella se recargó en él y retornó las caricias. Al igual que Riza disfrutó el momento y se atrevió a retirar momentáneamente su mano de la de ella para abrazarla y acercarla un poco más hacia él, frotando gentilmente su hombro. Con su otra mano tomó una de las de ella y entrelazó sus dedos. Para su sorpresa, Riza no se opuso, por lo que él también cerró los ojos y comenzó a disfrutar de las sensaciones a su alrededor. Todavía no estaba del todo seguro si él ya la había perdonado por lo ocurrido, pero de lo que sí estaba seguro era de que sus sentimientos por ella no habían cambiado e internamente agradecía que los de ella tampoco lo hubieran hecho, a pesar de que también había una pequeña parte de él que deseaba que ella buscara su felicidad aunque no fuera a su lado.
Los dos permanecieron varios minutos de esa forma, reconfortándose el uno al otro, sin necesidad de palabras. Con sus simples acciones se entendían y brindaban confort al otro, porque ambos sabían lo que estaban sufriendo. A Roy no le gustaba ver a Riza sufriendo al igual que sabía que ella tampoco le gustaba verlo así. Después de unos momentos más, él abrió sus ojos y se dió cuenta de que Riza estaba mirando hacia la fotografía de su hijo. Él también observó la fotografía unos minutos hasta que Riza se dió cuenta.
Con voz baja y sin despegar la mirada de la imagen, ella dijo. "Si quieres, tal vez pueda buscar la forma de sacar una copia de la fotografía para ti."
Aunque a él le hubiera gustado tener una copia de la única imagen que tenían de su bebé, sabía que podría ser arriesgado y por nada del mundo deseaba poner en riesgo a su hijo ni a Riza, así que terminó negando con la cabeza. "Creo que es mejor que tú seas la única que tenga esta foto. No podemos permitirnos arriesgar su vida por nada del mundo." Respondió en voz baja. Ella solo asintió con la cabeza, entendiendo completamente a lo que se refería.
Un par de minutos después, Roy volvió a hablar. "Feliz cumpleaños, hijo mío." Dijo en voz baja sin dejar de mirar la imagen.
"Feliz cumpleaños, mi bebé." Riza lo siguió.
Roy rió ligeramente. "Está cumpliendo 10 años y ¿lo sigues llamando bebé? Está cerca de convertirse en un adolescente."
"Es verdad, pero para mí siempre será mi bebé. No importa la edad que tenga."
Roy la miró con entendimiento. "Entiendo a lo que te refieres. Si soy sincero, creo que también lo miraría siempre como un bebé." Suspiró. "Aunque ahora que lo pienso, vaya... 10 años, creo que me estoy empezando a sentir viejo."
Riza sonrió ligeramente ante la exageración de Roy. "Eres joven. Lo único que pasa es que lo concebimos cuando éramos demasiado jóvenes."
Roy rió ligeramente. "Lo éramos, pero a pesar de ello no me arrepiento de esa noche."
"Yo tampoco. Solamente me hubiera gustado que después de eso las cosas hubieran sucedido de forma diferente."
"A mí también." Roy inhaló profundamente. "Pero bueno, se supone que hoy es una fecha alegre, por lo que no debemos estar tristes. Ciertamente me gustaría que festejáramos su cumpleaños todos juntos, pero no por eso vamos evitar de desearle lo mejor y mandarle nuestros mejores deseos." Dijo Roy con una ligera sonrisa y dirigiendo una mirada afectuosa hacia la fotografía.
Riza la tomó para acercarla a ellos y se sonrojó ligeramente. "Estaba hablando con la fotografía poco antes de que llegaras."
Roy mantuvo su sonrisa. "Bueno, supongo que entonces es mi turno." Roy posó su mano en la fotografía sin quitársela a Riza y comenzó a hablarle a la fotografía. "Hijo, aunque no podamos estar a tu lado quiero que sepas que tu madre y yo te amamos mucho… siempre lo haremos y vamos a continuar trabajando muy duro para que tú y toda la gente de Amestris pueda vivir en un lugar lleno de paz, tranquilidad y felicidad." Roy suspiró y una sonrisa amorosa adornó sus labios. "Feliz cumpleaños, hijo."
Riza sonrió ante las palabras sinceras de Roy. "Feliz cumpleaños. Te amamos, mi amor."
Después de permanecer unos momentos enfocados en la fotografía, Roy se dejó llevar por sus sentimientos. Se inclinó y besó tiernamente la temple de Riza. Ella se sorprendió por el gesto, pero no pudo evitar sentir cómo una calidez invadía todo su cuerpo, dándole vida nuevamente y sintiendo como algunas partes de su ser se descongelaban. Giró su cabeza para mirarlo y se encontró una mirada igual de cálida que el beso que recién había recibido.
"Gracias por permitirme compartir contigo este momento tan importante." Roy dijo gentilmente.
Riza le regresó una mirada suave y cálida. "Gracias por acompañarme, sin ti… probablemente me la hubiera pasado completamente deprimida." Ella le confesó.
"Cuando quieras. Recuerda que tú no tienes que cargar con todo. Siempre hemos compartido la carga de todos nuestros errores, jamás lo olvides. Además, créeme que si pudiera hacerte olvidar de toda esa carga y que yo la cargara por ti, lo haría sin dudarlo."
"Gracias, pero tengo que hacerme responsable de mi parte. Además no me gustaría que la carga te sobrepasara, así que prefiero seguir compartiendo y equilibrando las nuestras."
Roy asintió con la cabeza. "De acuerdo."
Roy soltó la mano que se encontraba entrelazada con la de ella para poder abrazarla completamente. Sin dudarlo, Riza le correspondió el abrazo. Los dos se abrazaron fuertemente, la cara de ella oculta en su fuerte pecho, mientras que la barbilla de él se colocaba encima de la cabeza de ella. Ambos cerraron los ojos y se relajaron sintiendo la presencia del otro durante un largo rato. Aunque no fuera de la manera deseada, ambos compartieron juntos lo que ese día significaba como el papel que no se podían permitían ser: Un par de padres que amaban y extrañaban a su hijo.
