Capítulo 6. Sueños no cumplidos

N/A: Hola! Muchas gracias por todo su apoyo! Nos alegra mucho leer sus comentarios, hipótesis y opiniones. Respecto al capítulo de hoy, Maes nos pidió más participación en la historia y pues… es Maes. No podemos negarle nada a él. Así que hoy lo tendremos de vuelta junto a su mejor amigo. Esperamos que les guste :)

Nos vemos hasta la próxima entrega.

Saludos!

Golden y Flame

Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.


Como era su costumbre, Roy desvió su atención del papeleo que tenía delante suyo para contemplar el mundo exterior que se apreciaba a través de su ventana. A pesar de su firme resolución de hacer todo lo necesario para cambiar a Amestris, el papeleo siempre le había resultado una tarea sumamente aburrida y fastidiosa aunque debía admitir que era un medio que le permitía mantener su mente enfocada en su vida profesional y no en la personal. Sin embargo, el único beneficio que le veía a tanto papeleo parecía no estar haciendo efecto ese día.

Al despertar la mañana de ese día, Roy se había levantado sabiendo que ese sería un día difícil. Quizás como parte de su castigo por lo que había hecho en Ishval, las pesadillas se habían vuelto visitantes ocasionales de su mente pero, como si su propia mente supiera cómo herirlo de la manera más profunda, rápidamente sus pesadillas se "actualizaron" tras la confesión de Riza. Frecuentemente todo comenzaba como un dulce sueño en el que se veía al lado de Riza tomados de la mano, ambos con amplias sonrisas en sus rostros mientras se encaminaban a un hermoso atardecer, pero la paz y alegría no duraba demasiado. De un momento a otro, un bulto envuelto en una cobija blanca aparecía en los brazos de Riza de manera inexplicable. En cuanto el bulto se movía ligeramente y un llanto se hacía escuchar, Roy sabía que se trataba de su hijo pero tan pronto como sus dedos hacían contacto con él, el bebé ardía en llamas, las cuales también envolvían rápidamente a Riza. El escuchar el llanto de su hijo y ver el rostro de angustia y dolor de Riza en conjunto con el potente olor a carne quemada era lo que siempre lo despertaba de golpe jadeando intensamente. La sensación tan real que sentía en sus sueños era tan inmensa que Roy tardaba varios minutos en convencerse de que su habitación no tenía tal olor.

Lo peor de todo es que Roy estaba seguro de que su mente disfrutaba modificar sus pesadillas para apegarse lo más posible a la realidad. Pocos días después de poder ver la única fotografía que Riza tenía de su hijo, su pesadilla volvió pero esta vez pudiendo ver claramente cómo el escaso cabello del bebé y sus ojos dorados eran consumidos lenta y dolorosamente por el fuego que él mismo había provocado sin proponérselo.

A pesar del precio a pagar por finalmente conocer el rostro de su propio hijo, Roy no podía decir que el descubrimiento fue malo. De hecho era todo lo contrario. Después de enterarse del décimo cumpleaños de su hijo, Roy inexplicablemente comenzó a sentir que algo se había aligerado dentro de sus arrepentimientos. El simple hecho de ser capaz de ponerle un rostro a su hijo, le había dado alegría y cierta paz, e incluso le había ofrecido la oportunidad de convivir nuevamente con Riza como no lo había hecho hace mucho tiempo.

El día del décimo cumpleaños de su hijo, ambos habían bajado sus propias barreras profesionales y se permitieron ser sinceros el uno con el otro, tal y como solían serlo cuando tan solo eran unos adolescentes, antes de que el ejército, la guerra y las mentiras se interpusieran entre ellos. No lo dijeron explícitamente, pero con sus simples acciones y palabras que compartieron ese día, ambos se dieron cuenta de que sus sentimientos no habían desaparecido. Esto les daba alegría pero a la vez un dolor considerable, porque los dos estaban demasiado comprometidos con sus objetivos de mejorar el país para lograr el bienestar de sus ciudadanos y, sobre todo, el de su hijo. Por ello, no era viable que alguno de los dos abandonara el ejército o que se arriesgaran a comenzar un romance ilícito.

A pesar de todos estos sucesos, tanto para Roy como para Riza, esa noche les sirvió para desahogar parte de las penas que ahora cargaban y compartían, pero sobre todo para acercarse un poco más, aunque solamente fueran capaces de alcanzar una amistad. Además les sirvió para comprometerse todavía más con sus objetivos y con ello, mejorar su desempeño profesional en las misiones en las que eran asignados en conjunto con sus compañeros. Habían mejorado poco a poco su comprensión como pareja laboral y, al ser los dos oficiales de mayor rango en su unidad, ellos podían coordinar de mejor manera a sus subordinados, incrementando considerablemente su desempeño como equipo. También todo apuntaba a mejorar aún más con la ayuda externa de ciudad Central, gracias a la información que Maes Hughes compartía con Roy.

Por lo anterior las llamadas de Maes a Roy eran bastante frecuentes, ya fuera para dar información militar de suma importancia o simplemente para alardear de su maravillosa esposa, éste último tema siendo el preferido de Hughes para conversar por teléfono. Siguiendo esta tradición, esa tarde de viernes y faltando cerca de una hora para poder dar por terminada su jornada laboral por esa semana, el teléfono de la oficina privada de Roy sonó, sacándolo de sus pensamientos.

Roy observó el aparato por unos momentos. Asumiendo quién sería la persona al otro lado de la línea, decidió prepararse para la alegre voz de su amigo Hughes. Quizás la plática con su amigo le quitaría los restos del malhumor y cavilación que su pesadilla le había provocado al comenzar el día.

Tan pronto como el auricular hizo contacto con su oreja y antes de que Roy pudiera pronunciar una sola palabra, la voz energética y alegre de Hughes se hizo escuchar a través del aparato. "¡Hey, Roy! ¿Cómo va todo por el Este, amigo?"

"Hola, Hughes. Ninguna novedad por aquí, y tú ¿qué me cuentas? Pero por favor no vayas a pasarte una hora hablándome de lo maravillosa que es tu esposa." Agregó rápidamente Roy antes de que Hughes comenzara su cantaleta de siempre alardeando de su esposa.

"Vamos, Roy, no seas aguafiestas, compadre. Ya tiene rato que no la ves, si la vieras ahora entenderías el por qué estoy loco por ella y verías lo hermosa, maravillosa, gentil, cariñosa-"

"Hughes…" Dijo Roy en tono de advertencia para cortar en seco a su amigo.

"Oh vamos, Roy, ni siquiera me has dejado terminar de comenzar." Maes dijo en tono de reproche.

"Hughes." Roy suspiró. "He tenido una semana algo agitada y la verdad no estoy de humor para escuchar toda tu cursilería-"

"¿Cursilería? Así lo llamas, pero creo que lo que pasa, amigo mío, es que disfrutas tanto de mis historias que provoco que tengas ganas de imitarme." Maes mencionó en tono de broma.

¿Imitarlo? ¿En realidad deseo estar en una posición similar a la suya? Sí, tal vez tengo envidia de mi mejor amigo porque él puede estar con la mujer que ama, porque él ha sido lo suficientemente valiente para moverse hacia adelante después de la guerra y se ha esforzado por hacer feliz a su esposa. Sin planearlo, estos pensamientos pasaron por la mente de Roy, pero trató de apartarlos ya que, en realidad, él se sentía muy feliz por su amigo y le deseaba lo mejor.

Al no obtener respuesta por parte de Roy, Maes continuó. "Por eso, amigo mío, deberías seguir mi consejo y apurarte en abordar el tren de la vida marital. Es lo mejor que te puede pasar. Despertar al lado de la persona que más amas en el mundo es lo mejor que puedes experimentar. Así que... ¡apúrate y consiguete una esposa! No me quiero quedar con las ganas de ser tu padrino de bodas."

Roy sonrió ligeramente ante las palabras de Maes. Tiempo atrás, cuando él le había contado a su amigo acerca de sus planes de casarse con Riza, Maes estaba muy alegre y emocionado por él. Todavía no podía olvidar la cara de felicidad del hombre cuando Roy le había pedido en ese entonces que, cuando llegara el momento, él fuera su padrino de bodas.

"Lamento mucho desilusionarte, pero al parecer te tendrás que quedar con las ganas. Ya te lo dije, me sienta mejor la vida de soltero. Te da mucha libertad y la oportunidad de conocer muchas mujeres hermosas." Roy mintió aunque tenía la extraña sensación de que Hughes presentía que sus citas eran una farsa o que eran su medio para tratar de olvidarse de sus sentimientos por Riza. Él reconocía que su amigo era un hombre muy inteligente, perspicaz y confiable, pero no se sentía del todo listo para contarle la verdad acerca de sus citas.

Maes bufó. "Pues no sabes de lo que te pierdes, amigo mío, y no me rendiré hasta verte felizmente casado con la mujer de tu vida." Dijo en un tono solemne.

Roy podía entender perfectamente lo que Maes le estaba diciendo entre líneas, obviamente se estaba refiriendo a Riza. Aunque durante los últimos años Roy le había reiterado en varias ocasiones que su relación con Riza se había terminado y que no tendría futuro, Maes seguía insistiendo cada vez que podía de que eso no era verdad, lo que le daba la impresión de que Maes podía leer su interior mucho mejor de lo que él se imaginaba.

Roy rió. "Vamos, Hughes, no pierdas tu tiempo, soy un soltero empedernido muy bien cotizado entre las mujeres." Dijo en tono engreído.

Maes también rió al otro lado de la línea. "Si no te conociera mejor, mi estimado amigo, te diría que eres un patán. Solamente espero que tus subordinados no estén cerca escuchando todas esas tonterías que estás diciendo. No vaya a ser que después te arrepientas de lo que podrían escuchar."

Y con 'subordinados', Roy comprendió que su amigo se refería en específico a una persona: Riza. "Descuida, estoy solo en mi oficina. Estoy tratando de terminar mi papeleo para por fin poder irme a disfrutar de mi fin de semana."

Aprovechando la oportunidad, Maes preguntó alegremente. "¿Y bien? ¿Vendrás este fin de semana a Central a visitarme a mí y a mi adorable e increíble esposa?"

Roy suspiró. Rayos, lo había olvidado. Maes llevaba varios meses invitándolo a Central a cenar e incluso a pasar el fin de semana en su departamento con él y su esposa. Él había evitado ir a Central desde que regresó de la guerra y no se había reportado con su tía en mucho tiempo, razón por la cual no se atrevía a poner un pie en Central porque si Madame se enteraba de que había estado en la ciudad sin pasar a verla, se metería en problemas. La última vez que la había visto, él la dejó con muchas preguntas, que ella en ese momento no presionó por obtener respuestas por el estado anímico en el que se encontraba en ese tiempo. Sin embargo, a través de sus informantes y por medio de las pocas comunicaciones que tenían de vez en cuando, él se dio cuenta de que Madame seguía al pendiente de él

"Roy, no puedes seguir huyendo de la realidad. Si estás evitando venir a Central supongo que es porque no quieres enfrentarte a Madame, ¿o me equivoco?" Maes dijo.

¿Por qué demonios eres tan perspicaz, Hughes? Roy suspiró y pasó una mano por su cabello. Por algo te tienen en el área de investigaciones.

"No estoy huyendo de la realidad, simplemente aún no he querido enterarla de todo." Respondió Roy con tono derrotado. Tras regresar de Ishval sólo le había hecho una visita express a su tía antes de dirigirse a casa de Riza. Al estar tan frescos en su memoria los recuerdos de Ishval, habían pasado casi toda la tarde bebiendo juntos por lo que Roy no la actualizó mucho respecto a su vida personal.

"¿Hasta qué punto de tu vida le informaste?"

"Hasta que mi relación con Elizabeth había cambiado. No ahondé en detalles y estoy seguro de que ahora me los pedirá."

"Bueno, si vienes mañana puede ser una magnífica oportunidad para aclarar todo. Tal vez ella sea capaz de regresarte a la sensatez de CASARTE ya que yo no he tenido éxito."

"No insistas." Roy dijo un poco malhumorado.

Hughes resopló. "¿Entonces, amigo? ¿Vendrás a visitarme? De verdad me gustaría verte. Quiero compartirte una noticia increíble, pero solamente puedo hacerlo en persona y, desafortunadamente, no puedo salir de Central en estos momentos."

Roy suspiró. "Está bien, Hughes. Te veré mañana en Central."

"¡Estupendo! Le diré a Gracia que prepare la habitación de huéspedes." Dijo Hughes alegremente.

"Nada de eso, yo me haré cargo de mi estancia. Estaré con ustedes durante el día y en la tarde pasaré a ver a Madame y probablemente estaré varias horas con ella si es que salgo vivo de ahí. Será más práctico tanto para mí como para ti que yo me las arregle."

"Está bien, con tal de que vengas no me opondré a tus planes. Solo recuerda que mi casa siempre está disponible, amigo."

"Lo sé y te lo agradezco." Roy no pudo evitar sonreír. "Nos veremos mañana."

"Hasta mañana, Roy."

Cuando la comunicación se cortó, Roy colocó el auricular de regreso a su base. Exhaló pesadamente mientras giraba su silla para regresar su mirada al gran ventanal que tenía a sus espaldas. Pasó sus manos en su rostro cuando se escucharon golpes en la puerta.

"Adelante." Roy respondió mientras bajaba sus manos a su regazo.

La puerta se abrió y dio paso a Riza, quien entró y cerró la puerta detrás de sí. Traía consigo unos folders en una mano. Se acercó a su escritorio y ella notó de inmediato que algo estaba preocupando a Roy. Él giró nuevamente su silla para verla de frente en su escritorio.

"¿En qué le puedo ayudar, Teniente Segunda?" Preguntó en tono neutral.

"Señor, estos documentos requieren sus firmas. Son las autorizaciones de las requisiciones para nuestra unidad que me solicitó hace una hora." Contestó Riza usando su tono profesional, extendiéndole los respectivos documentos.

"Oh, cierto. Lo había olvidado." Roy los tomó y comenzó a firmarlos sin siquiera revisarlos. Una vez terminado, los acomodó y se los regresó a ella. "Muchas gracias, Teniente."

"Por nada, Señor. ¿Está seguro de que no desea revisarlos?" Preguntó mientras ella los recibía.

Él negó con la cabeza. "No es necesario, conozco su trabajo, Teniente. Si fuera Havoc probablemente tendría que rehacer un par de formularios." Roy soltó una risilla ante su última frase.

Ella sólo asintió con la cabeza. "Señor, ¿me permite preguntarle algo?"

"Adelante, Teniente."

"¿Se encuentra bien? Lo he notado un poco preocupado durante el día."

Roy se encontró con la mirada de Riza y pudo notar preocupación detrás de su máscara profesional, la misma que él usaba todos los días y que sólo Riza podía ver más allá de ella, así como él podía ver a través de la suya.

Roy sonrió ligeramente. "No es nada, Teniente. Es solo que Hughes me ha insistido tanto en ir a visitarlo a Central que he terminado cediendo y lo veré mañana."

No era necesario que él le diera detalles, ella era capaz de entender que eso no era lo que le mortificaba, a pesar de que Roy no se lo hubiera contado anteriormente.

"Entiendo, ¿necesita que lo acompañe?"

"Se lo agradezco mucho, Teniente, pero no es necesario. Es una visita informal, nada relacionado al trabajo. Además, usted necesita descansar y distraerse, esta semana ha sido un poco pesada."

"De acuerdo, Señor. Por favor tenga cuidado y salude de mi parte al Capitán Hughes." Dijo Riza esbozando una ligera sonrisa.

Él le devolvió la sonrisa. "Claro, Teniente. No se preocupe, seré cuidadoso y no olvidaré pasar sus saludos."

Ella tan solo asintió. "Paso a retirarme, Señor. Con permiso." Y sin más salió de la oficina, dejando a un Roy pensativo.


Al día siguiente, Roy se encontraba en la sala del departamento de su amigo, platicando con él y su esposa. Había pensado en viajar a Central en su auto, pero dada la posible plática que tendría con su tía, sabía que probablemente en su camino de regreso tendría demasiado en qué pensar y no lo podría hacer si se ponía a manejar. Por ello, optó por usar el tren y rentar una habitación de hotel, ya que por muy amable que fueran Hughes y su esposa, no quería molestarlos y, aunque sabía que sería muy bien recibido en la casa de su tía, no estaba muy seguro de cómo quedaría todo entre ellos después de que platicaran.

Hughes y su esposa Gracia se encontraban sentados en el sofá más grande con Maes abrazando a su esposa por los hombros, mientras que Roy se encontraba sentado en un sillón individual ubicado al frente de ellos, separado tan solo por una mesa de centro.

"Dígame, Teniente Coronel Mustang, ¿es cierto que sale con varias chicas del Este?" Preguntó con curiosidad y con una sorprendente naturalidad, Gracia Hughes mientras bebía su taza de té, después de que los 3 comieran juntos.

Roy río ligeramente. "Por favor, Gracia, dime Roy. No es necesaria tanta formalidad. Y respecto a tu pregunta, debo decir que no estaba enterado que hasta aquí llegaran las noticias del Este, pero tal vez están exagerando un poco."

"Mi vida, mi estimado amigo se está negando a la felicidad de un matrimonio. No sabe o más bien no quiere comprender lo que se está perdiendo." Maes contestó bromeando.

Gracia golpeó gentilmente con su mano el pecho de su esposo. "Maes, no seas grosero con tu amigo, a lo mejor lo que sucede es que no ha encontrado a su alma gemela como nosotros."

Alma gemela, ja ¿que no la he encontrado? Claro que la he encontrado, pero hay demasiadas cosas que nos impiden estar juntos, demasiada culpa, demasiados obstáculos. Solamente la puedo amar a ella, a nadie más y posiblemente moriré amándola sin ser capaz de gritarlo a los cuatro vientos. Pensó tristemente Roy.

"Creo que existen personas que simplemente no nacen para el matrimonio y probablemente yo soy una de ellas." Respondió tranquilamente Roy, evitando demostrar lo que realmente sentía en ese momento.

Maes se pudo dar cuenta de lo que pasaba por la mente de su amigo y decidió cambiar el tema de conversación. A petición de Roy, él no le había contado a Gracia la historia de la relación de Roy y Riza, por lo que no tuvo la manera de evitar que la pregunta inicial de Gracia saliera a la luz.

"Bueno, amigo, me alegra que por fin te hayas dignado a verme." Maes dijo en tono sarcástico.

"Lo lamento, Hughes. He estado algo ocupado." Dijo Roy encogiéndose de hombros.

Maes encogió sus ojos por un momento. "Ok digamos que te creo." Cambiando su expresión por una relajada y alegre. "Bien, el punto es que requería tu presencia porque quería compartir una estupenda noticia. Es la mejor del mundo, la mejor que te puedas imaginar, la mejor que tu hermosa esposa te pueda dar-" Maes dijo en tono entusiasta antes de ser interrumpido gentilmente por su esposa.

"Mi amor, creo que Roy ha entendido el punto." Rió ligeramente Gracia.

"¿Y cuál es esa estupenda noticia?" Preguntó Roy con tono de curiosidad.

"No me lo vas a creer, por eso insistí en que mi hermosa y querida Gracia estuviera presente." Maes la abrazó más fuerte atrayéndola aún más hacia él, gesto que no pasó desapercibido por Roy y que lo hizo sonreír ligeramente. "Mi adorada Gracia ¡está esperando un bebé! ¡¿Escuchaste?! ¡Voy a ser padre!" Maes dijo muy animadamente, terminando con un tierno beso en la frente de su esposa.

Roy no se esperaba esa noticia, pero claramente veía la emoción y alegría que había traído a su amigo y a su esposa. Maes siempre le había externado sus deseos durante sus días de academia: casarse con la mujer de su vida y formar una familia. Estaba contento por Maes, él era prácticamente su hermano y le deseaba lo mejor. Sabía, por la forma de interactuar entre él y Gracia, que eran una pareja formidable y que sin lugar a dudas serían unos excelentes padres. Sin embargo, no pudo evitar imaginarse cómo hubiera sido si Riza le hubiera dicho que estaba embarazada. ¿Cómo habría reaccionado? ¿Lo habría hecho con la misma energía y alegría que su amigo? Probablemente se hubiera asustado al principio, ya que eran demasiado jóvenes en ese tiempo, pero no tenía dudas de que estaría igual o incluso más contento que Hughes y eso ya era una exageración. Pero, desafortunadamente, eso no había pasado, eso no lo había podido vivir.

Antes de que su tren de pensamiento lo siguiera arrastrando hacia un lugar más oscuro y triste, decidió ponerse de pie y abrazar a su amigo y a su esposa. "¡Muchas felicidades a ambos! No tengo dudas de que serán unos padres estupendos." Roy dijo con sinceridad.

"Muchas gracias, Roy." Contestó amablemente Gracia.

"Muchas gracias, compadre. Mira." Maes comenzó a mostrarle unos ultrasonidos a Roy. "Estas son las fotos de nuestro bebé, apenas tiene 2 meses. ¿Acaso no es adorable?" Dijo con tono tierno Maes.

Roy observó las imágenes, pero por más que lo intentaba, no podía encontrar ningún bebé ahí. Enarcando una ceja, dijo. "Yo no veo nada."

"¿Cómo que no ves nada?¿Acaso estás ciego?" Maes dijo con un tono incrédulo. "Mira, está justo aquí." Dijo mientras apuntaba a un pequeño punto de la imagen. "Probablemente estaba tomando la siesta en ese momento porque no posó como me hubiera gustado, y esa doctora tampoco quiso hacer otra toma, pero nada más que nazca ya verás cómo voy a tomar varias fotos de todos sus ángulos."

Roy se frotó la nuca, tratando de comprender a su amigo. Entendía que por el tiempo de gestación el bebé todavía era muy pequeño, pero no podía creer todo el espectáculo que Hughes estaba haciendo por un punto casi invisible en una imagen en blanco y negro. No quería imaginarse lo que haría una vez que el bebé naciera.

"Hughes, creo que ya lo veo-" Antes de que pudiera continuar, Maes lo interrumpió.

"¿Verdad que es preciosa? Estoy seguro de que será tan hermosa como su madre."

"¿No es muy pronto para que ya sepas el sexo del bebé?" Preguntó Roy.

Gracia suspiró y sonrió. "Discúlpalo, Roy. En efecto, es demasiado pronto para que conozcamos el sexo del bebé, pero Maes está convencido de que se trata de una niña."

"Estoy convencido de que es una niña." Maes se agachó para estar a la altura del vientre de Gracia y comenzó a acariciarlo tiernamente mientras le hablaba con voz infantil. "¿Verdad, mi pequeña princesa? Tú serás la niña de mis ojos, mi amor. Papi y mami ya se mueren por conocerte, cuando nazcas papi te va a comprar muchos juguetes, te va a llevar al parque, tendremos muchas fiestas de té y estoy seguro de que tu tío Roy también se unirá a ellas." Maes dijo esta última frase sonriendo traviesamente.

Gracia y Roy solamente movieron su cabeza mientras reían.

Sin poderlo evitar, Roy siguió imaginándose cómo hubiera sido el poder experimentar el embarazo de Riza a su lado. Roy trató de ocultar esa ligera tristeza, pero para Maes no pasó desapercibida. Poco después todos regresaron a sentarse y a tomar su té. Imaginándose de dónde surgía la mirada melancólica de su amigo, Maes optó por compartir sólo unos detalles más sobre el embarazo de Gracia para después cambiar de tema a asuntos de la milicia y a viejos conocidos comunes. Quizás más tarde tendría la oportunidad de hablar con Roy en privado porque tenía la impresión de que lo necesitaba.


Después de convivir unas cuantas horas con su amigo, Roy se encontraba en el auto de Hughes, con rumbo al Bar de Madame Christmas. Hughes amablemente se había ofrecido a llevarlo, pero Roy supuso que era porque también deseaba tener una charla a solas.

"Lamento lo de hace rato, amigo. Creo que me excedí un poco." Mencionó repentinamente Hughes en un tono bajo.

Roy enarcó una ceja en señal de confusión mientras lo volteaba a ver. La mirada de Maes se encontraba centrada en el camino, pero Roy pudo percibir un poco de tristeza en su semblante.

"¿De qué hablas?"

Maes suspiró. "Creo que me emocioné demasiado cuando te platiqué de que voy a tener un bebé. Sé que sin desearlo te traje recuerdos amargos y de verdad esa no era mi intención. Tan solo deseaba poder compartir mi alegría con mi hermano."

A Roy se le hizo un nudo en la garganta ante las palabras de su amigo. Definitivamente no había podido evitar recordar a su hijo y a la mujer de su vida, pero también estaba completamente convencido de que Maes no lo había hecho con la intención de entristecerlo, sino, como él dijo, para compartir su alegría.

Aunque Hughes probablemente no lo pudiera ver al estar manejando, Roy negó con la cabeza. "No tienes que disculparte, tú no hiciste nada malo. Al contrario, te agradezco mucho que me tengas en ese concepto y que me hagas partícipe de tu alegría. De verdad me alegro mucho por ti y por Gracia. Sé lo mucho que has soñado por conseguir esto y me da gusto que lo estés haciendo realidad." Sonrío sinceramente al final de sus palabras.

Maes lo miró de reojo, esbozando una ligera sonrisa. "Gracias, Roy. Aunque estoy consciente de que inevitablemente te hice recordar momentos dolorosos de tu vida y me disculpo por ello. Trataré de controlarme cuando mi bebé nazca."

"No te preocupes. Entiendo tu emoción." Roy desvió su mirada hacia su ventanilla. "Si te soy sincero, no pude evitar imaginarme la forma en que yo hubiera reaccionado si Riza me hubiera informado de su embarazo en su momento, de haber sido capaz de sentir a mi bebé en su vientre como tú lo estás haciendo con Gracia... Pero ya es demasiado tarde para todo eso." Roy expresó con tono melancólico antes de volver a mirar a su amigo. "Pero, por favor, por mí no te detengas en tu felicidad. No serás el primero ni el último hombre que se cruce en mi camino que me quiera presumir a su familia. Tengo que aprender a lidiar con eso. Además para los ojos de todo el mundo soy un soltero empedernido, no un hombre eternamente enamorado de su amor de la adolescencia y padre de un niño de 11 años que ni siquiera sabe dónde está." Trató de decir todo en un tono un poco más tranquilo, esbozando una ligera sonrisa.

Maes sonrió ligeramente. "Estás consciente de que cada vez que te molesto con lo del matrimonio me refiero a que te cases de una buena vez con ella, ¿verdad?" Maes dijo en un tono más serio.

"Claro que lo sé. Solamente con ella lo haría, pero olvidas el pequeño detalle de que eso no es posible. Hay demasiados obstáculos entre nosotros."

"¿No se supone que ya habían resuelto todos sus malentendidos? Recuerdo que incluso me comentaste que te diste cuenta de que ambos seguían teniendo sentimientos por el otro."

Roy suspiró profundamente mientras se pasaba una mano por el cabello. "Así es. Arreglamos todos los malentendidos y me di cuenta de que a pesar de todo, jamás he dejado de amarla y ella tampoco me ha dejado de amar. Sin embargo, tenemos un acuerdo tácito de solamente mantener una relación profesional y de amistad."

"¿Es en serio? No lo entiendo. Si ustedes dos se aman tanto ¿por qué se niegan la oportunidad de estar juntos?"

"Simple, Hughes. Para mejorar el país en pro de los ciudadanos de Amestris y sobre todo por nuestro hijo."

Maes exhaló pesadamente. "Hermano, concuerdo con lo que me dijiste en Ishval y mantengo mi posición acerca de apoyarte con ello, porque quiero lo mismo para mi Gracia y mi bebé. Pero entonces ¿por qué no le pides a ella que renuncie? Así podrían estar juntos y no tengo la menor duda de que ella, como tu esposa, te seguiría apoyando e incluso tal vez te daría más impulso."

Roy negó con la cabeza. "No es así de simple. No me atrevería a pedirle eso, sé que lo de Ishval le ha afectado bastante y que al igual que yo, busca la forma de redimirse. No puedo quitarle eso, no después de que yo fui el responsable de que me siguiera al ejército. Además, después de toda la masacre que he ocasionado, no tengo derecho a tener esa clase de felicidad." Roy dijo esas últimas palabras con un tono de tristeza y amargura, mientras sentía como se le oprimía el pecho.

Maes negó con la cabeza. "Ustedes dos son tal para cual, un par de tercos. ¿Se te olvida que yo también soy un maldito asesino? ¿Crees que me he olvidado de mi participación en Ishval? Por si no lo sabías, estoy muy consciente de ello. Es por esa razón que cada día me esfuerzo y te ayudo para arreglar y mejorar este maldito país. Probablemente no merezca a mi hermosa esposa y a mi hermosa bebé que está en camino, pero en ese sentido soy codicioso y egoísta, porque quiero tenerlas a mi lado." Él hizo una ligera pausa. "Como te dije en el campo de batalla, voy a luchar para que ellas sean felices, y de paso disfrutaré también esa felicidad. No importa si cuando muera me la tenga que pasar toda la eternidad en las llamas del infierno por lo que hice, porque sé que la alegría de la que estoy gozando valdrá definitivamente la pena. Quiero disfrutar de cada minuto que las tenga a mi lado porque estoy consciente de que por lo que he hecho y por la línea de nuestro trabajo, no voy a tener el derecho de saber cuando moriré. No es como si de por sí podamos saberlo, pero por nuestros actos nosotros tenemos aún menos certeza." Maes exhaló pesadamente, se detuvo frente a una luz roja de tránsito y aprovechó ese instante para girarse momentáneamente y mirar de frente a Roy. "Roy… somos humanos, nos equivocamos pero aprendemos de nuestros errores. Date la oportunidad de ser feliz. Cásate con Elizabeth, formen una familia y no quiero que lo tomes en el sentido de reemplazar a su hijo, porque jamás podrán hacerlo. Estoy seguro de que tú y ella les darían mucho amor a sus hijos y los educarían para ser unos buenos ciudadanos, que no sean racistas, que sean tolerantes y que busquen la paz, tal como yo voy a hacer con mi bebé. Ellos van a ser el futuro de este país Roy."

La luz de tránsito cambió a verde y Maes regresó su mirada al camino mientras ponía el automóvil en movimiento. Roy solamente se limitó a girar su rostro hacia la ventanilla para mirar los edificios de la ciudad mientras analizaba las palabras de su amigo.

"En serio que eres un soñador, Hughes."

"Mira quién lo dice, la misma persona que me dijo hace años que quería ser la piedra angular de cambio para su país." Hughes rió ligeramente. "Roy, hablo en serio. Lo que planeas hacer es un camino largo y difícil, necesitarás tener todo el apoyo posible y créeme que el apoyo incondicional de una esposa te da un impulso único. El saber que tienes que luchar por ella y por tus hijos, lo multiplica como no tienes idea."

Roy regresó su mirada al camino, viendo de reojo a Hughes, rió ligeramente. "Hughes, a veces eres muy cursi, amigo mío."

Maes exhaló exasperadamente. "En serio, Roy, eres más terco que una mula."

Roy entendía perfectamente que su amigo solamente deseaba que fuera feliz, pero Roy no creía merecer nada de eso. Quizás cuando haya reconstruido Ishval, haya sido juzgado por sus crímenes de guerra y de que en el hipotético caso de que saliera libre del pelotón de fusilamiento o de la cárcel, tal vez se daría la oportunidad de ser feliz.

"Lo lamento, Hughes, pero no es el momento para que me pueda permitir esa felicidad."

"¿Y qué hay de ella? ¿No crees que ella merece ser feliz?"

En cuanto escuchó la mención de la felicidad de Riza, se le hizo un nudo en el estómago. ¿Si se merecía ser feliz? Por supuesto que sí, ella ya había sufrido demasiado incluso antes de conocerlo.

Roy exhaló pesadamente, colocando momentáneamente una mano sobre su rostro. "Por supuesto que ella merece ser feliz." Dijo simplemente.

"¿Entonces?" Dijo Maes enarcando una ceja.

"De verdad deseo que lo sea, pero es más probable e incluso mejor para ella que lo consiga al lado de otra persona." Dijo Roy en tono derrotado.

"¡¿Qué demonios estás diciendo?!" Gritó Maes. "¿Acaso estás ciego? Después de todo lo que han pasado juntos, ¿de verdad crees posible que ella pueda ser feliz al lado de otro hombre?" Preguntó incrédulo Maes.

Roy agachó la cabeza. "Me gustaría decir que sí, aunque se me partiera el corazón en miles de pedazos." Suspiró. "Pero sé que ella me ama con la misma intensidad que yo a ella, o al menos eso quiero seguir creyendo. Conociéndola como lo hago sé que ella, al igual que yo, no se permitirá ninguna felicidad hasta que se haya redimido. Pero en cierta forma creo que ella y yo estamos conscientes de que jamás podremos hacerlo. Hemos hecho demasiado daño y sin importar todo lo que hagamos, jamás podremos recuperar las vidas que hemos tomado."

Hughes se estacionó al costado de una calle a una cuadra del bar de la tía de Roy. Al detener el auto, giró sobre su asiento para mirarlo directamente. Maes suspiró. "Roy, amigo, no voy a insistir en ese tema por el momento, pero quiero que sepas que tú y ella ya han y siguen sufriendo por lo que hicimos en Ishval. Ustedes tomaron el compromiso de enmendar sus errores, de mancharse las manos de sangre con tal de que nadie más vuelva a pasar por lo mismo, a diferencia de muchos otros que ni siquiera les importó." Colocó una mano sobre el hombro de Roy y lo apretó ligeramente en señal de apoyo y confort. "No perderé la fe en que algún día veré a mi mejor amigo casado con la mujer que ama y, si tengo suerte, además de ser padrino de bodas, me convertiré en tío." Sonrió ligeramente al final de su frase. "Solamente procura no tardarte mucho, porque tal vez cuando quieras hacerlo sea demasiado tarde. Recuerda que no tenemos la vida comprada, sobre todo nosotros." Continuó Maes con un tono más serio.

Roy se volteó para mirarlo y pudo ver en su verde mirada, que lo decía de todo corazón. Sabía que su amigo tenía razón, pero en ese momento su culpa era más grande que su deseo de ser feliz. Al menos usaría las palabras de Hughes para mantener una pequeña esperanza de que quizás algún día podría permitirse todo lo que su amigo le pedía que hiciera.

Con una ligera sonrisa, Roy cedió un poco. "Quizás algún día, tal vez."

"Esperaré con ansias ese día." Maes dijo con tono anhelante dándole una palmada en su hombro.


Después de despedirse de su amigo, Roy se dirigió a la puerta trasera que daba al departamento de su tía. No estaba de ánimos para entrar por la parte de enfrente del bar, ya que tendría que lidiar con muchas preguntas de todas las chicas e incluso tal vez con algún conocido que se podría encontrar en el local. Él tenía todavía su llave del lugar, pero desde que abandonó ese lugar para irse a la academia, había decidido llamar a la puerta como cualquier otra persona lo haría a menos de que su tía le diera instrucciones explícitas de que pasara. Había pasado ya un tiempo desde su última visita y además no había avisado con antelación, por lo que creía que lo mejor sería llamar a la puerta.

Después de llamar a la puerta, fue recibido por una de las chicas de Madame Christmas, quien lo recibió cálidamente. "¡Hola, Roy! ¡Qué sorpresa tenerte por acá! ¿Por qué no nos avisaste que venías?" Preguntó alegremente la muchacha mientras le cedía el paso para que entrara.

"¿Qué tal, Vanessa? Lo siento, pero todo esto fue algo de imprevisto." Respondió Roy sonriendo ligeramente.

"Por favor, pasa. Esta es tu casa al fin y al cabo." Dijo Vanessa guiñándole un ojo y abrazándolo después de cerrar la puerta. "No entiendo por qué insistes en llamar a la puerta cuando tienes tu propio juego de llaves. Oh no me digas, ¿acaso lo perdiste?"

Roy regresó el abrazo de Vanessa y se apartó ligeramente de ella negando con la cabeza. "No he perdido mis llaves. Es solo que esta es la casa de Madame, no mía."

"Oh vamos, Roy. Tú sabes lo que representas para Madame. Pero en fin, no voy a discutir contigo respecto a ese punto. De verdad me alegra verte por aquí. Dime, ¿en esta ocasión tengo alguna oportunidad contigo?" Vanessa cuestionó alegremente mientras tomaba su brazo para dirigirlo a la barra que tenían al lado de la sala.

"¿A qué se debe la pregunta, Vanessa? Sabes que podemos tener una cita cuando quieras." Respondió Roy con un esbozo de su típica sonrisa coqueta.

"Tú sabes a lo que me refiero, Roy. ¿Ahora tu corazón está disponible para mí?"

Dándose cuenta de que no podría desviar la conversación como esperaba, Roy borró su sonrisa y negó con la cabeza. "Lo lamento, Vanessa, pero en estos momentos mi corazón no está disponible para nadie y posiblemente no lo estará en un buen rato."

Ella enarcó una ceja. "¿Ni para Elizabeth?" Preguntó incrédula.

Después de la guerra, lo único que Roy pudo reportar a su tía y que después las chicas habían confirmado, era que Riza estaba trabajando bajo su comando, por lo que para evitar cualquier situación que podría perjudicarlos, decidieron darle un nombre clave a Riza, elegido por él mismo.

Roy suspiró antes de mirarla. "Nada se te escapa, ¿cierto?"

Ella le dio una amplia sonrisa y le guiñó un ojo. "Si no lo fuera no trabajaría aquí. ¿Y bien?"

Roy enfocó su mirada al frente. "Si soy sincero, creo que ella siempre ha sido la dueña de mi corazón, y probablemente seguirá siendo así. Lo lamento."

"No te preocupes. Eso es lo que quería escuchar." Dijo Vanessa con una sonrisa sincera. "Aunque es una lástima que no se vean tanto en la forma que a ambos les gustaría. Pero bueno, quizás eso signifique que algún día tenga oportunidad." Agregó con un ligero tono de broma.

"Espero que no te hagas muchas ilusiones, porque en estos momentos y durante los próximos años estaré enfocado en otras cosas que en el amor. Pero eso es otro tema. Ahora dime ¿se encuentra Madame?"

Ella asintió con la cabeza. "Está terminando de intercambiar información con las chicas del sur, al parecer Aerugo se está poniendo interesante." Dijo con una ligera risa. "Déjame ver si ya terminó para avisarle que estás aquí. Por lo mientras, ¿te ofrezco algo de beber?"

Él asintió. "Sí, por favor, me vendría bien un whiskey." Dijo mientras se sentaba en uno de los taburetes que estaban frente a la barra.

Ella soltó su brazo, asintiendo. Se fue detrás de la barra y colocó un vaso para finalmente vertir la bebida solicitada. "Aquí tienes, iré por Madame."

"Gracias, Vanessa." Dijo Roy antes de darle un sorbo a su bebida.

"Por nada." Respondió Vanessa antes de retirarse en búsqueda de Madame.

Roy comenzó a dirigir su mirada por toda la habitación con un poco de nostalgia. Gran parte de su niñez la había pasado en la sala del departamento de su tía, jugando, leyendo, escuchando la radio, entre otras actividades que hacía a esa edad. Al otro lado de la habitación se encontraba un pasillo que dirigía a la cocina y al comedor. Durante algunos años, había soñado, que ese comedor y que la sala se llenaría de mucha alegría cuando él trajera a Riza para presentarla como su prometida. Incluso, se llegó a imaginar que ellos vendrían de vez en cuando a visitar a su tía con sus hijos, y que tal vez ellos disfrutarían de esa misma sala y de algunos de los juguetes que sabía que Madame todavía conservaba en la habitación en la que él había crecido. Tomó otro sorbo a su bebida y sin soltar el vaso de su mano, se levantó y recorrió la sala. A pesar de que su tía era una persona rígida y tal vez hasta hosca, Roy sabía que en el fondo ella lo apreciaba y lo quería como un hijo. Por esa razón no se sorprendió al ver unas cuantas fotos de él cuando era pequeño al lado de su tía y una junto a sus padres en el fondo de una repisa alta de un estante que se encontraba ahí.

"Vaya, hasta que te dignas a visitarme, Roy-Boy." Se escuchó una voz hosca en la entrada de la sala.

Roy se tensó y se volteó para verla. "Buenas tardes, Madame."

Ella se dirigió a la barra para servirse una copa antes de reunirse con él en la sala, haciéndole señas para que se sentara frente a ella. "¿Es tu primera copa?"

Roy asintió mientras tomaba asiento, sintiendo los nervios aflorar en su interior. Realmente no se sentía listo para enfrentar a su tía, pero sabía que tarde o temprano lo tendría que hacer.

"Me alegra ver que al menos en esta ocasión te ves mejor y que ya has controlado tu gusto por la bebida a diferencia de la última vez que te vi, aunque sinceramente no podía culparte después de lo que viviste allá."

"Lamento haberte preocupado, pero creo que actualmente lo sobrellevo mejor y solamente bebo cuando la ocasión lo amerita o una que otra vez, pero nada comparado a esa vez que estuve aquí después de Ishval." Dijo Roy mientras movía su vaso, enfocándose en el movimiento del líquido ámbar.

"Bien, ahora espero que después de estos años que no te aparecías por acá, te dignes a abrirte conmigo. Si no mal recuerdo, quedaron muchas preguntas sin respuesta en esa ocasión." Chris tomó un sorbo de su bebida y colocó su vaso en la mesa de centro que se encontraba frente a ella.

Roy agachó la cabeza y exhaló pesadamente. "Definitivamente no tengo escapatoria, ¿cierto?"

"Supongo que no, muchacho, y me imagino que esa es la razón por la que no has puesto un pie por acá, por eso me has estado evitando." Chris gruñó para después cambiar a un tono más serio. "No sabes lo mucho que me preocupaste cuando te fuiste solo de regreso al Este. Estabas destrozado y no estaba complacida en absoluto en dejarte ir en ese estado, pero me dio cierta tranquilidad saber que tu insistencia por regresar allá era debido a Elizabeth." Suspiró. "Me sorprendí mucho cuando me dijiste que te la habías encontrado en el campo de batalla. Pero cuando me dijiste que tenías que ir a verla, me hizo suponer que probablemente ella renunciaría a la milicia y que por fin arreglarían las cosas entre ustedes, sobre todo considerando que me habías comentado tu plan de no dejarla ir cuando regresaras de la guerra."

Roy rió amargamente y le dio otro sorbo a su bebida manteniendo su mirada gacha. "Me sorprende que todavía lo recuerdes."

Chris lo miró directamente, tratando de leer su expresión corporal. "¿Cómo no habría de hacerlo? Llevabas demasiado tiempo hablándome de ella y de verdad esperaba que por fin la pudiera conocer."

Roy suspiró. "Ese era el plan. Solo se trataba de arreglar un asunto que teníamos pendiente y después podría convencerla de mis sentimientos, de que dejara la milicia y se casara conmigo. Pero… con lo que hice en Ishval comencé a dudar al respecto, pensé que no la merecía pero a la vez no quería dejarla ir-" Se cortó, sintiendo como un nudo en su garganta se le formaba al recordar los eventos que se suscitaron la ocasión en el que él le había quemado la espalda a Riza ya que, durante esa estancia, él se había enterado que era padre. Ante el recuerdo, instintivamente ajustó su agarre en el vaso, mientras su mandíbula se tensaba y cerraba sus párpados.

Obviamente este comportamiento no pasó desapercibido para Chris. Ella negó con la cabeza. "Roy, si no te hace bien hablar al respecto, no insistiré. Solamente quiero ayudarte." Ella dijo en un tono calmado.

Roy tomó de un sorbo lo que quedaba de su bebida. Se puso de pie y se dirigió hacia la barra para tomar la botella de whiskey. Se sirvió otro vaso y se lo llevó de regreso a la sala junto con la botella colocando ambos en la mesa de centro, para después inhalar profundamente mientras se pasaba una mano por su cabello. Todos sus movimientos eran seguidos bajo la atenta mirada de su tía.

"Lamento no haberte contado todo antes, pero en ese tiempo, como bien lo dijiste, estaba destrozado. Para estas alturas, y con lo poco que te dije a mi regreso, sabes todo lo que hice en Ishval." Hizo una pausa antes de retomar su diálogo. "Sé que estabas preocupada por mí e incluso por Elizabeth, pero realmente no tenía el valor de venir a darte la cara. Cuando fui a hablar con Elizabeth después de la guerra, ella también estaba destrozada por lo ocurrido allá. En esa ocasión por fin pude enterarme de sus motivos que la orillaron a pedirme una pausa en nuestra relación…" Tomó un sorbo de su vaso. Después de regresarlo a la mesa apretó los puños que se encontraban colocados sobre sus rodillas.

Madame solamente lo veía con preocupación, no estaba segura de lo que estaba por decirle su sobrino, pero estaba segura que era algo muy serio para tenerlo en ese estado.

Roy se llevó la palma de su mano sobre su rostro, sus cabellos oscuros ayudaron a ocultar todavía más su expresión. "Madre…" Madame Christmas se sorprendió ligeramente al escuchar que se refiriera a ella de esa forma ya que eran pocas las ocasiones en que lo hacía. Ella jamás se atribuyó ni le inculcó que la llamara de esa manera porque no quería tomar el lugar que le pertenecía a su difunta cuñada, pero aún así no podía evitar sentir alegría y orgullo de saber que él la tenía en ese concepto en su vida.

Tras unos segundos de silencio, Roy volvió a hablar. "Tengo un hijo." Él soltó la noticia repentinamente, antes de retirar la mano de su rostro y atreverse a mirarla a los ojos por primera vez durante toda su estancia, en señal de que estaba hablando en serio.

Chris puso un rostro lleno de incredulidad y confusión. ¿Es por esa razón que él ha evitado verme? ¿Se negaba a hablarme de su paternidad? ¿Por qué lo haría? Las chicas no me han informado que él y Elizabeth están juntos, ¿acaso no es hijo de ella? Eso no puede ser posible. Roy-Boy no ha tenido ojos para otra mujer, pero es hombre y pudo haber cometido alguna tontería. Pero él mencionó lo de su hijo justo después de que iba a comenzar a explicar el motivo del por qué Elizabeth le había pedido un tiempo. ¿Cómo está todo relacionado? Comenzó a reflexionar en su cabeza, analizando la mirada de su hijo adoptivo, encontrando un remolino de sentimientos en ella: tristeza, dolor, culpa.

Después de unos segundos de mirarse fijamente a los ojos, Madame preguntó en tono bajo. "¿Es Elizabeth la madre?"

Él asintió. "¿Quién más podría ser? Recuerda que la mayoría de mis citas son con las chicas del bar y con las demás chicas del Este solamente se trata de salir a cenar."

"¡¿Entonces por qué demonios no la has desposado?! No puedes alejarte de tus responsabilidades, Roy Mustang. Yo no te críe de esa forma." Dijo ella con un tono molesto.

"Por supuesto que no me criaste de esa manera, pero dime ¿cómo demonios podría desposarla sin violar las leyes de antifraternización? Tú mejor que nadie has sabido siempre de mis intenciones con ella." Roy espetó, tomando otro trago de su bebida.

"Roy Mustang, te prohibo que me hables en ese tono. Recuerda a quién te estás dirigiendo." Madame gruñó, dándole una dura mirada a Roy que ocasionó que se tensara.

Él inhaló profundamente tratando de tranquilizarse. "Lo lamento mucho. Tienes razón, no debí dirigirme a tí de esa manera." Nuevamente agachó su cabeza. "Lo que sucede es que el plan siempre fue pedirle matrimonio, pero todo se complicó y ahora eso es prácticamente imposible."

Al notar el cambio de actitud de Roy, ella también regresó a un tono más calmado. "¿Y entonces? ¿Qué va a pasar con la criatura? Roy, no puedes permitir que crezca como un bastardo, ni tampoco puedes permitir que Elizabeth sea tachada como una mujerzuela. Sabes cómo puede ser de prejuiciosa la sociedad con las madres jóvenes y solteras."

"No te preocupes, todo eso está resuelto."

"¿Seguro?" Madame suspiró. "Si ella no puede renunciar a la milicia por la culpa que tiene por lo que pasó en Ishval y para evitar que a los dos los manden a corte marcial, yo puedo hacerme cargo de su hijo. Te críe a ti, así que supongo que no será mucho problema hacerme cargo de él. Además, creo que será más sencillo de manejar si también es hijo de Elizabeth, probablemente tenga más su carácter que el tuyo y eso es bueno porque, por lo que me has contado, ella es una persona encantadora y menos latosa que tú." Sonrió ligeramente. "Sin mencionar que de esa forma, ambos podrán estar al pendiente de él sin levantar sospechas en la milicia. Sabes lo bien que me desenvuelvo en ocultar y encontrar información." Ella dijo, tomando un sorbo de su propio vaso, gesto que fue imitado por Roy. "No seré la primera ni la última persona que se hace cargo de su… ¿qué parentesco tendría? mmm… ¿mi sobrino nieto?"

Roy sonrió ligeramente. Internamente le alegraba saber del apoyo total que su tía le ofrecía. No es que no lo supiera, pero aún así no podía evitar sentir alegría por ello. "Es tu nieto. Recuerda que para mí tú eres mi madre." Dijo con tono solemne. Madame le regresó la sonrisa y él continuó la charla con un tono triste. "Te lo agradezco de verdad. No esperaba menos de ti." La miró directamente a los ojos. "Pero, como te comenté, todo está resuelto."

"Bien, me alegro. Pero quiero saber cómo lo están ocultando. Aunque también me gustaría conocer la edad del pequeño."

Roy bajó su mirada antes de responder. "Ahora debe tener 11 años." Susurró.

Madame enarcó una ceja. "¡11 AÑOS! Por Dios, Roy, ¿por qué me has ocultado algo tan importante en tu vida por tanto tiempo? ¿No se supone que me consideras como tu madre?" Respondió impactada.

"No sabía de su existencia hasta hace poco más de 2 años." Roy respondió con un tono triste. "Me enteré en esa visita que te estaba contando. Elizabeth me lo confesó en un momento de fragilidad. Cuando ella se enteró de que estaba embarazada, ella ya estaba enlistada en el ejército y para proteger al niño y a mí, decidió no decirme nada y…" Roy apretó la mandíbula, sintiendo como un nudo en el estómago se le formaba al tratar de pronunciar las siguientes palabras. "entregarlo a una pareja que la asistió en el parto. Poco después de eso fue cuando ella me pidió un tiempo en nuestra relación. Yo no supe de su presencia en la milicia hasta la guerra y me enteré de la existencia de mi hijo hasta después de Ishval."

"Roy…" Madame no podía creer lo que escuchaba, entendía lo doloroso que era para su muchacho abordar ese tema y comprendía ahora el motivo por el que había tardado en contárselo.

"Yo no lo conozco personalmente, solamente lo he visto en una fotografía que ella atesora y que por obvias razones no se la he arrebatado. Él no heredó casi nada de mi aspecto físico, tiene los ojos dorados y el cabello de su madre. Me dio la impresión de que tal vez tiene mi nariz y, según Elizabeth, mi carácter." Dijo Roy esbozando una pequeña sonrisa al final.

"Entonces debe ser igual de latoso que tú cuando eras pequeño y mi teoría de que sería más fácil de criar es errónea." Chris dijo en un tono burlón, tratando de animar un poco el ambiente.

"No fui tan travieso." Refunfuñó ligeramente Roy.

"Oh, claro que sí, jamás podré olvidarlo." Respondió ella mientras sonreía ante los recuerdos de su pequeño que se reproducían en ese momento en su mente. Repentinamente algo más vino a su mente. "Roy-Boy, dices que el niño tiene 11 años, ¿cierto?"

Él tan solo asintió mientras llevaba el vaso a sus labios. Ya se imaginaba hacia dónde se dirigía Madame.

"¡Roy! Tenías tan solo 20 años cuando el pequeño nació y ella tenía ¿19?¿18?"

"17." Roy respondió simplemente.

"¡Caray, Roy! Eran un par de mocosos todavía. ¿No te dije un millón de veces que cuando decidieras comenzar a tener relaciones sexuales lo hicieras con tu esposa? También te recalqué que tenías que hacerlo con la mujer de tu vida y si, por algún motivo decidías hacerlo antes, te dije un millón de veces que usaras protección."

Roy se sonrojó ligeramente. Claro que su madre se lo había mencionado e incluso en ese tiempo estaba de acuerdo con ella. Quería entregarse totalmente a la mujer de su vida como ella se lo recomendó y definitivamente eso lo había cumplido al haberlo hecho con Riza.

"Sí, me lo dijiste y estaba de acuerdo con ello. Por eso yo no llevaba condones conmigo, para evitar la tentación, aunque realmente la única que tenía era Elizabeth. Ninguna otra mujer ha despertado eso en mí y, si soy sincero, solamente he estado con ella." Dijo tímidamente Roy, con su sonrojo aún presente en sus mejillas. No le agradaba compartir su vida sexual con su madre, pero ella siempre tenía algo que hacía que él le contara todo lo que ella quería saber. "Éramos demasiado jóvenes, lo reconozco. Tal vez debí haber actuado con mayor madurez y haber usado protección en esa ocasión para evitarle todo el sufrimiento a Elizabeth. Pero definitivamente te puedo asegurar que fue una entrega total de amor de la que nunca me voy a arrepentir… aunque me hubiera gustado que lo que sucedió después hubiera sido de otra forma." Dijo tristemente las últimas palabras. "Lo que te puedo decir, es que tenías razón de que hacer el amor con la persona que amas es algo invaluable."

Roy suspiró e hizo una pequeña pausa antes de continuar. El sonrojo había desaparecido de su rostro siendo reemplazado por una ligera tensión en su mandíbula. "Cuando ella me confesó lo de mi hijo y lo que había hecho con él, reaccioné de forma impulsiva y le dije muchas cosas de las que me arrepiento… pero después de un tiempo y por el bienestar de nuestra relación laboral, arreglamos nuestras diferencias y ahora estamos enfocados en hacer de este país un lugar mejor para nuestro hijo y para todos los ciudadanos de Amestris." Roy bebió el último sorbo de su vaso para después servirse otro. "Ahora solamente compartimos una relación laboral y amistosa." Dijo sin poder evitar que algo de amargura se filtrara en su tono. "Sin embargo, estoy seguro de que los dos seguimos amándonos, o al menos es lo que quiero creer por el bienestar de mi mente. Por eso le confesé la verdad acerca de mis 'citas'" Dijo esta última palabra haciendo el ademán de las comillas con sus manos. "Aunque se me partiera el corazón, me gustaría que fuera feliz incluso al lado de otro hombre, uno que le pueda dar todo lo que yo no puedo, pero ella está en la misma postura que yo. No se siente merecedora de felicidad alguna después de lo de Ishval y de lo que pasó con nuestro hijo."

Roy agachó nuevamente la cabeza, suspirando pesadamente. Madame se puso de pie y se acercó a él. Se sentó a su lado y lo rodeó con uno de sus brazos abrazándolo. "¿Al menos saben dónde está el niño?, ¿Cómo está?"

Él negó con la cabeza. "Ella les perdió el rastro. Creía que la pareja era originaria de una ciudad del Norte, donde tuvo al bebé. Pero, antes de la guerra, ella fue a visitarlos pero se enteró de que la pareja se había ido sin decir a dónde, poco tiempo después de que ella se había ido." Dijo Roy con tono derrotado.

Chris lo apretó ligeramente en señal de confort. "Sabes perfectamente que mi red de inteligencia está a tu disposición. Una palabra tuya y puedo mandar informantes a buscarlos. Con suerte en un par de meses podremos localizarlos y saber de tu hijo." Respondió con un tono un poco animado, buscando consolar a su muchacho al tratar de darle una esperanza.

Aunque la oferta era tentadora, Roy negó con la cabeza y se giró ligeramente para verla. "Te lo agradezco mucho, de verdad, pero considero que es mejor que las cosas se queden de esta forma. ¿De qué me serviría encontrarlo? Él ya no es un bebé, ya tiene una vida y probablemente esté viviendo con la creencia de que es hijo biológico de esa pareja, no de Elizabeth y mío. Si nos presentáramos ante él y le dijéramos la verdad, le arruinaríamos su vida y nos odiaría por haberlo abandonado tanto tiempo, sin mencionar que la milicia atentaría contra su vida por ser producto de una relación ilícita." Hizo una pausa para inhalar profundamente, mientras veía su mano libre, imaginando que la sangre de los ishvalanos corría por ella. "Además... no tendría el valor para presentarme ante él. ¿Cómo podría siquiera hacerlo? ¿Cómo podría decirle que su padre es un maldito genocida? Soy un monstruo."

Ante la última frase, Roy recibió un golpe en su nuca por parte de Madame. Rápidamente colocó su mano ahí para sobarse.

"No te refieras a tí mismo de esa forma." Chris dijo con un tono autoritario. "La última vez hablamos de esto. Sí, estuvo mal lo que les obligaron hacer allá, pero estás teniendo el valor y el coraje para remediar las cosas y así evitar que alguien más tenga que pasar por eso. Cosa que nadie más está haciendo. Tú y Elizabeth se están manchando las manos de sangre para evitar que alguien más lo haga y sufra lo mismo que ustedes. Para que su hijo y los demás ciudadanos tengan un futuro mejor."

Roy miró fijamente a su madre y se dio cuenta de que su respuesta no sería debatible. También se percató de la sinceridad con la que pronunció sus palabras. "Está bien, Madame, trataré de no hablar de esa manera. En cuanto a la búsqueda del niño, por favor, déjalo así. Quiero que mi hijo sea feliz, no quiero perturbarlo. Elizabeth es una persona muy perceptiva así que no dudo de que haya elegido a personas buenas y gentiles para cuidar a nuestro hijo."

"¿Y qué hay de ella? ¿No crees que tal vez ella desee verlo?"

Roy suspiró profundamente. "Sé que al igual que yo, hay una pequeña parte de ella que lo desea, pero estoy seguro que tampoco desea arruinar la vida del pequeño y prefiere esforzarse en construir un mejor futuro para él."

"Entiendo…" Chris apartó su vista por un momento, perdida en sus recuerdos. "Sabes, siempre estuve esperando a que vinieras y me pidieras el anillo que compraste antes de irte a la guerra, para que por fin se lo dieras a Elizabeth, porque no tengo duda de que ella siempre ha sido la dueña de tu corazón. Jamás creí que vendrías a informarme de que ya soy abuela de un niño de 11 años." Rió ligeramente.

Él sonrió ligeramente. "Créeme, yo tampoco me imaginé algo así. Y debo de admitir que te lo has tomado muy bien. No creo que a la gran mayoría de las madres les encante enterarse que de la nada ya son abuelas y mucho menos de un niño de 11 años." Roy rió ligeramente, tratando de animarse.

Madame rió. "Bueno, si he de ser sincera, siempre he creído que tú y Elizabeth en algún momento estarán juntos y me darán nietos. Lo que sí me ha agarrado desprevenida, es el hecho de que ya tienen un niño. No puedo dejar de pensar en que ambos eran demasiado jóvenes cuando el pequeño nació, pero no tengo dudas de que, de haber sido otras las circunstancias, ustedes habrían hecho un estupendo trabajo criándolo."

Roy sonrió. "Sabes, ella me dijo que de habernos casado en ese tiempo para criar a nuestro hijo, probablemente ella hubiera tenido que lidiar con dos bebés."

Chris rió fuertemente. "Realmente me agrada Elizabeth y eso que no la conozco personalmente. Ella te conoce perfectamente y debo decir que concuerdo completamente con ella. Tener que lidiar con un par de bebés desde muy jovencita no iba a ser fácil." Dijo bromeando.

"¡Hey! Se supone que tendrías que estar de mi lado." Roy refunfuñó por un momento para después sonreír. "Estoy seguro de que te agradaría."

"Espero que algún día tenga el placer de conocerla." Chris hizo una pausa mientras bebía al igual que Roy. "Aunque no puedo evitar sentirme un poco desilusionada de no poder conocer a mi nieto. Siempre he soñado que un día traerías a tu esposa e hijos aquí, que los pequeños jugarían en esta habitación, tal como solías hacerlo tú de niño, incluso que jugarías con ellos con tus propios juguetes de la infancia." Suspiró.

"También eso soñé, pero al parecer ahora eso suena algo complicado de hacerse realidad." Roy dijo tristemente.

Ella colocó su mano sobre su espalda y comenzó a frotarla en señal de confort. "Aún creo que eso es posible. Ella y tú todavía son jóvenes. Han sufrido demasiado pero aún se tienen el uno al otro, tienen la posibilidad de ser felices. No quiero que esto lo interpretes como una excusa para que ustedes tengan otro bebé para olvidarse del primero que no pudieron criar juntos, sino que deben seguir luchando por un mundo mejor a la vez que se permiten disfrutar de la felicidad que no pudieron tener antes."

Roy negó con la cabeza. "Agradezco tus buenos deseos, pero creo que perdí el derecho a ser feliz al participar activamente en la guerra."

Ella exhaló pesadamente. Sabía que su muchacho era muy obstinado. Además, no había tenido la oportunidad de enterarse de la profundidad de la culpa que cargaba sobre sus hombros. "Roy, sé lo mucho que te duele lo que hiciste allá, pero también estoy convencida de que no te vas a rendir hasta lograr cambiar a este país. No olvides que eres humano y como tal cometemos errores. Además, tampoco debes olvidar que todos tenemos sentimientos y deseos. A pesar de lo que viviste, te estás levantando para seguir avanzando por el bien de todos y eso está bien, pero eso no impide que tengas que renunciar a todo lo demás. Es normal que quieras ser feliz y la verdad no creo que dejes de pelear por un lugar mejor mientras eres feliz con la mujer de tu vida. De hecho creo que te serviría bastante como motivación."

Roy rió ligeramente al escuchar las palabras de su tía. "Hace unas horas, mi amigo me dijo exactamente lo mismo. Hasta parece que se pusieron de acuerdo."

"Pues tu amigo es muy sabio."

"Sí, lo es." Respondió Roy sinceramente. "Por eso te voy a decir lo mismo que le dije a él. En este momento no es viable. No me siento merecedor de ello y no sé si algún día me sentiré digno de eso... Pero tal vez algún día eso suceda."

"Eso espero muchacho, eso espero." Respondió Chris.

Estuvieron en silencio durante unos minutos, mientras tomaban sus bebidas, hasta que Roy recordó algo que su madre le había dicho. "Madame, ¿Todavía tienes el anillo?"

"Claro, ¿cómo crees que me desharía de algo tan importante?" Bufó Chris y al ver la expresión un tanto perdida de Roy, añadió. "¿Lo quieres?"

Inmediatamente él negó con la cabeza. "No, así está bien. Es más, te lo regalo."

"¿Y qué voy a hacer yo con un anillo de compromiso?" Refunfuñó Chris.

Él se encogió de hombros. "No lo sé. Si quieres puedes regalárselo a alguna de las chicas."

"¡Roy!" Madame lo regañó. "No pretendas deshacerte tan fácilmente de él como si fuera cualquier cosa. Ese anillo está destinado para una persona en específico y en él está impregnado todo el amor que has sentido por Elizabeth." Desviando un poco su mirada mientras se perdía un poco en sus recuerdos, continuó. "Recuerdo lo feliz que te veías cuando me lo mostraste, lo orgulloso que estabas de tu elección, lo mucho que me decías que querías darle algo hermoso pero discreto, algo que encajara perfectamente con ella." Madame regresó su mirada a Roy, llenándola de seriedad. "No olvido la determinación que tenías en tu mirada para luchar por ella y hacerle entender que, a pesar del tiempo que habían pausado su relación, tus sentimientos por ella seguían presentes."

"Eso era antes, Madame. Ahora todo es muy diferente." Respondió amargamente Roy.

"¿No me acabas de decir que sigues amándola?"

"Sí, pero ninguno de los dos dejará la milicia hasta que logremos mejorar este país para nuestro hijo y después de ello… nuestro futuro es muy incierto. Tal vez durante el camino hacia esta meta sucumba." Dijo Roy con un tono indiferente, resignado ante el que consideraba un futuro probable para él.

Esa última mención le hizo ganarse otro bien merecido golpe de parte de su madre. "Ya te lo dije, Roy Mustang, ¡No te atrevas a morir!" Gruñó Chris.

Roy frotó su nuca tratando de disminuir el dolor del golpe. Madame suspiró antes de continuar. "Por favor, Roy, no seas pesimista. Sigue luchando por tus objetivos y nunca te rindas. Sé que eres demasiado obstinado como para dejarte vencer." Hizo una ligera pausa. "Tal vez en estos momentos no puedas casarte con Elizabeth, pero jamás descartes la posibilidad en un futuro. Incluso podrías dárselo en señal de una promesa." Madame sugirió, con voz más calmada, mientras colocaba una pequeña caja negra en las manos de Roy.

Roy se sobresaltó ligeramente al reconocer la caja. No tenía idea de cómo no la había visto antes durante su charla, pero el tenerla entre sus manos le recordó vividamente el futuro que tanto había anhelado desde hace algunos años. Con dedos un poco temblorosos, frotó la parte superior de la caja con sus dedos mientras la contemplaba intensamente. Poco después la abrió con delicadeza para observar el hermoso anillo de oro con un pequeño diamante. Era discreto y con un delicado y elegante relieve en su exterior. Lo sacó de la caja y lo examinó detenidamente hasta toparse con el grabado personalizado que había solicitado en el interior del anillo: 'Te amo, Riza'. Un suspiro se escapó de sus labios mientras sus recuerdos lo seguían transportando. El día que había escrito la última carta que le mandó a Riza antes de partir a la guerra, tenía a su lado ese anillo, soñando que a su regreso podría entregárselo.

Madame tenía razón, como siempre. Ese anillo ya tenía dueña y realmente él no pensaría en nadie más para entregar un símbolo de amor tan importante. Roy amaba a Riza desde que eran un par de adolescentes, la seguía amando a pesar de todo y estaba consciente de que nadie más podría ocupar ese lugar en su corazón, sin olvidar que ella era la madre de su único hijo. Se permitió soltar un par de lágrimas mientras tomaba fuertemente el anillo en su mano derecha y lo acercaba a su pecho, a la vez que agachaba su cabeza.

"Roy-Boy... mi intención no era ponerte triste, sino todo lo contrario, lo que quiero es hacerte entrar en razón para que busques tu felicidad… quiero verte feliz. Es lo que toda madre desea, ver felices a sus hijos." Chris utilizó un tono gentil que pocas veces Roy había escuchado.

Él llevó el anillo a sus labios para besarlo tiernamente y después lo regresó cuidadosamente a la caja, guardando esta última en el bolsillo interno de su saco. Posteriormente se giró para encontrarse con la mirada de su madre. Su visión estaba ligeramente borrosa por las lágrimas. "Tal vez suene ilógico, pero entiendo lo que dices. Yo también quiero que mi hijo sea feliz, aunque ni siquiera tuve la oportunidad de sentirlo en el vientre de ella. Ni siquiera pude cargarlo, pero por el simple hecho de saber que es producto del amor que nos tenemos Riza y yo, lo amo sin siquiera conocerlo, porque es parte de ella y de mí." Roy mencionó con mucho sentimiento y sinceridad.

Ella sonrió. "No es ilógico. Yo no te llevé en mi vientre y te amo como si lo hubiera hecho. Por eso deseo que seas feliz, mi muchacho."

Roy la abrazó. Madame se sorprendió al principio, pero regresó el gesto, frotando su espalda de él para confortarlo. "Yo también te amo, madre. Tal vez algún día me permita buscar esa felicidad, pero antes tengo que hacer varias cosas. Pero tienes razón, este anillo le pertenece a Elizabeth y de verdad deseo entregárselo en algún momento."

Ella asintió. "Solo espero que no tardes demasiado, Roy-Boy."

"Yo también lo espero." Él susurró.

Después de unos momentos de estar abrazados, se soltaron, Chris se quedó mirando a su muchacho. "Espero que la próxima vez que me avises que eres padre, tenga la oportunidad de conocer y si es posible también quisiera cargar a la criatura." Bromeó ella.

Roy rió ligeramente. "Tú no pierdes la fe en que pueda formar una familia, ¿cierto?"

"No, nunca la perderé. Si no es posible tener unos cuantos nietos corriendo por acá, al menos deseo que Elizabeth y tú puedan estar juntos."

Roy no pudo evitar reír. "¿Nietos?"

"Claro, tontito. De ahora en adelante cualquier otro hijo que tengan será el segundo, pero creo que sería bueno que tuvieran más de uno para que tenga un compañero de juego." Dijo ella con una risa.

"Créeme que si las circunstancias fueran diferentes, definitivamente trabajaría en ello. Alguna vez lo soñé, pero ahora no puedo prometerte nada, más que solamente seguir trabajando duro para protegerte a ti, a Elizabeth, a mi hijo y a todos los ciudadanos."

Ella lo miró fijamente. "Al menos prométeme que no desecharás por completo la posibilidad de ser feliz." Dijo Madame con tono firme.

Él suspiró. "Lo prometo."

A pesar de que en esos momentos él no se sentía digno ni merecedor de recibir amor ni felicidad, una parte de él deseaba intensamente poder entregarle ese anillo a Riza, casarse y formar esa familia que siempre soñó. Tal y como se lo mencionó a su amigo y a su madre, esperaba que algún día eso sucediera.


N/A: Psst psst habrá regalo de navidad, en la siguiente entrega Ed por fin hará su aparición :D