Capítulo 7. Coincidencias
N/A: ¡Feliz Navidad! :D
Esperamos que estén disfrutando las festividades de la época. Les agradecemos mucho a todas las personas que están leyendo nuestra historia y sobre todo a aquellas que se toman el tiempo para dejarnos su review. Nos hace muy felices interactuar con ustedes e incluso con sus ideas e hipótesis nos ayudan a mejorar la historia llenando los huecos que habíamos dejado en la primer beteada XD
Así que como regalo de navidad, les traemos la aparición del joven alquimista de acero en esta historia. De verdad esperamos que les agrade y que comprendan que la situación que planteamos en este capítulo tiene una razón de ser. Por favor, no duden en dejarnos su opinión al respecto.
Cuídense mucho y Felices Fiestas!
Nos vemos hasta la próxima entrega.
Saludos!
Golden y Flame
Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.
La vida en Ciudad del Este había transcurrido sin problemas. La guerra de Ishval había dejado una marca importante en la población pero entre más días pasaban más parecía que la población se olvidaba del conflicto que había acontecido hasta hace apenas un par de años.
El trabajo en el Cuartel del Este había sido relativamente tranquilo. Pocas veces se solicitaba la intervención de un militar en algún problema de la población recayendo más que nada en la policía. Sin embargo, esto no reducía la inmensa cantidad de papeleo que llegaba a las diferentes oficinas del cuartel. Parecía que el más mínimo movimiento que quisiera realizarse en la ciudad y en el comando requería de un laborioso trámite de varios pasos. Por ello, la oficina del Teniente Coronel Roy Mustang no era la excepción.
Los miembros de 'El equipo Mustang', como habían empezado a ser reconocidos dentro del comando, se habían integrado muy bien y estaban convirtiéndose en elementos valiosos de la milicia. Siempre estaban dispuestos a atender cualquier misión que se les asignara, por mínima que fuera y de alguna manera lograban entregar su papeleo asignado dentro de los plazos establecidos. Bueno, 'esa manera' tenía nombre y apellido: Riza Hawkeye.
Riza había comenzado a ganarse la reputación de ser algo cercano a una niñera para el Teniente Coronel Mustang, pero la verdad es que sus demás compañeros de la unidad también solían requerir cada cierto tiempo de pequeños recordatorios 'amistosos' sobre el trabajo que debían realizar. Aunque ninguno de ellos era tan bueno para evadir el papeleo (y sorprendentemente esquivar numerosas balas) como Roy Mustang.
Eso en cuanto al aspecto estrictamente profesional pero la verdad es que la relación de Roy y Riza tenía demasiado trasfondo que ninguno de sus compañeros podía terminar de imaginarse lo complejo de su vínculo. Había tomado tiempo pero la relación de ambos había mejorado considerablemente, tanto que incluso fuera del ámbito laboral podrían ser catalogados como amigos, amigos que se preocupan profundamente por el otro. Las tensiones que habían sentido entre ellos mismos durante los primeros meses de trabajo conjunto se habían disipado y, aunque al momento de hacerle prometer a Riza que lo ayudaría a no desviarse del camino correcto no tenía ninguna duda de que ambos verían por el bienestar del otro, Roy ahora podía decirse a sí mismo que Riza estaba más comprometida que nunca a apoyarlo y empujarlo hacia su meta.
Actualmente Roy y Riza podían llegar a intercambiar ocasionalmente algunas sonrisas amistosas durante su trabajo pero nunca llegaban a algo más. La ley anti-fraternización era un constante recordatorio de lo terrible que sería ceder ante sus deseos pero, sinceramente esa no era la principal razón. Ahora ambos se conocían profundamente y confiaban plenamente en el otro pero a pesar de que las heridas de los errores del pasado habían sanado, éstas habían dejado cicatrices en sus corazones.
Roy amaba a Riza y Riza lo amaba a él. No se lo habían dicho pero no era necesario, cada uno de ellos tenía la impresión de que esa era la realidad cuando llegaban a estar solos y sus miradas se cruzaban. Pero sus miradas y sus deseos personales no tenían cabida en el presente. Ambos estaban comprometidos con la meta a la que aspiraban llegar por lo que no podían poner en riesgo lo mucho o poco que habían avanzado en los últimos años.
Ciertamente habían tenido algunos momentos de fragilidad cuando requirieron de un abrazo del otro para animarse y seguir adelante. El pensar en su hijo y el futuro que no pudieron compartir juntos siendo los principales protagonistas de su melancolía. Cuando esos momentos llegaban, una simple mirada era suficiente para hacer saber al otro qué era lo que cruzaba por sus mentes porque, a pesar de los problemas y dificultades que habían tenido en un inicio, cada uno era la persona que más podía entender lo que el otro sentía puesto que compartían un mismo dolor.
Sin embargo, habían pequeños detalles que lograban pasar desapercibidos por Roy, detalles de los cuáles no entendía su profundidad. Por ejemplo, el ver una pequeña mantita amarilla o escuchar de una persona llamada Edward eran suficientes para traer viejos recuerdos a Riza. Fue por ello que Riza no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa nostálgica cuando el Teniente Coronel Mustang le hablaba sobre el reporte que había conseguido.
Arqueando una ceja Roy le preguntó. "¿Sucede algo, Teniente Segunda?"
Alejando los recuerdos y volviendo a su expresión profesional Riza respondió. "No, no es nada, Señor." Roy jamás le había preguntado sobre el nombre de su hijo. Riza supuso que Roy dudaba que le hubiera dado un nombre por el poco tiempo que lo tuvo consigo, por lo que Riza prefirió no aclarárselo. Ella sabía de primera mano cómo la mención de ese nombre podía desatar miles de sensaciones en ella. "¿Debo ir a comprar los boletos de tren, Señor?"
"Te lo agradecería, Teniente Segunda. Si este reporte es correcto podría significar una buena oportunidad para ganar unos cuantos puntos con los del alto mando."
"De acuerdo, Señor." Después de hacer el saludo militar, Riza salió de la oficina y se dirigió a cumplir con el encargo.
Ambos partieron al día siguiente por la mañana. Como Roy le había mencionado era una buena oportunidad por lo que debían apresurarse para conocer a los alquimistas Elric. Durante el trayecto platicaron ocasionalmente pero siempre manteniendo las formalidades necesarias.
Al llegar a su destino, Roy bajó del tren y observó sus alrededores, notando la gran cantidad de vegetación y la escasez de grandes edificios. "Un lugar curioso para un par de alquimistas como los Elric." Suspiró. "Espero que de verdad sus habilidades sean tan buenas como las describen."
Acercándose a su lado Riza comentó. "Bueno esto explicaría porque la milicia no ha tenido contacto con ellos. Además me parece un lugar muy acogedor, ¿no le parece, Señor?"
"Coincido contigo, Teniente Segunda." Roy recorrió con su vista los caminos que estaban a su alcance y suspiró con una sonrisa. "Sólo que creo que nos espera una larga caminata. Espero que la casa de los Elric no esté tan alejada"
"No se preocupe, señor. Ya arreglé lo de nuestro transporte. Uno de los policías de la estación nos llevará hasta la casa de los Elric."
"Perfecto, Teniente Segunda."
Tomando la delantera, Riza guió a Roy hasta la salida de la estación donde se encontraron con un policía un tanto mayor que los saludó amablemente y después les hizo señas para que lo siguieran hasta una carreta. Después de ayudar a Riza a subir, Roy se sentó y comenzó a mirar el paisaje. Pasaron unos minutos en silencio hasta que el policía comenzó a hablar.
"Me disculpo por lo agitado del recorrido, pero aquí en el campo los automóviles son raros."
Roy respondió. "Está bien. Esto tiene su propio encanto."
"Entonces.. ¿Qué lo trae hasta la casa de los Elric, Teniente Coronel Mustang?"
Sacando de su saco el reporte que había recibido el día anterior, Roy respondió. "He escuchado reportes de dos hermanos con un talento para la alquimia así que vine a conocerlos por mí mismo."
"Ya veo. Así que está reclutando nuevos alquimistas estatales, ¿no es así?" El policía volteó a ver a Roy sobre su hombro y ante el asentimiento del militar continuó. "Pero, ¿por qué enviar a un militar de su rango desde el comando del Este?"
"Encontrar y reclutar a alquimistas talentosos es parte de mi trabajo." Roy suspiró y cerró los ojos. "Para ser honesto, con todas las pérdidas que tuvimos en la guerra civil necesitamos todos los nuevos reclutas que podamos obtener."
El policía rió ligeramente y respondió. "No puedo esperar a ver la expresión en el rostro de esos niños cuando vean a un oficial de alto rango parado en su puerta."
Roy mantuvo los ojos cerrados por unos momentos procesando lo que el policía acababa de decir hasta que los abrió y frunció el ceño. "¿Dijo niños?"
"Sí, Señor."
Roy acercó el reporte a su rostro y lo leyó nuevamente hasta llegar a la parte que le interesaba. "Justo aquí dice… pueblo de Resembool, Edward Elric, 31 años de edad…"
Antes de que pudiera continuar con su lectura el policía lo interrumpió. "No, Señor. Él tiene 11 años. Su hermano es un año menor."
No queriendo creer el extraño giro que había tomado su pequeño viaje de reclutamiento comenzó a releer el reporte mientras le preguntaba a Riza. "¿Qué significa esto, Teniente Segunda?"
Riza dio un pequeño suspiro y le respondió. "Podría ser que este documento vino a través de un vórtice del tiempo, o que alguien cometió un grave error."
El policía volvió a reír levemente. "¿Por qué no los conocen antes de que tomen una decisión?"
Guardando el reporte nuevamente en su saco y exhalando un un gran suspiro Roy respondió. "De acuerdo. Continuemos con el viaje."
Roy y Riza se mantuvieron en silencio durante el resto del trayecto mientras observaban el paisaje a su alrededor. En algún momento el policía comenzó a silbar mientras saludaba a las personas que se topaban en el camino. Pasaron así unos minutos más hasta que se detuvieron en una casa blanca de dos pisos.
Roy ayudó a Riza a bajar de la carretera y después se acercó a la puerta principal para tocar un par de veces y posteriormente abrirla inmediatamente (lo que le ganó una mirada de desaprobación por parte de Riza). "¿Hay alguien en casa?"
"Revisaré la parte de atrás de la casa." Mencionó el policía desde fuera de la casa antes de separarse de Roy.
Riza se quedó rezagada por unos momentos contemplando la fachada de la casa. La casa tenía un aspecto rústico como las demás del pueblo pero a la vez parecía muy acogedora. Además, el columpio que colgaba del árbol a la izquierda de la casa le daba un aire más alegre porque ese columpio le recordaba que en esa casa vivían un par de niños por lo que no pudo evitar sonreír ligeramente antes de adentrarse en la casa.
Al entrar a la vivienda, lo primero que desconcertó a Riza fue el aspecto un tanto descuidado de la misma. Una ligera capa de polvo cubría los muebles y un recorrido de manchas cafés podía notarse desde la entrada hasta una de las puertas que probablemente llevaba al sótano. Incluso, echando un vistazo rápido, Riza pudo percatarse que en la mesa de la cocina habían unas cuantas frutas en un claro estado de descomposición.
Sintiendo algo de preocupación por las condiciones en las que vivían esos niños Riza siguió el rastro de manchas cafés, pero antes de llegar a la puerta que daba al sótano una foto que reposaba sobre un estante llamó su atención. Sin poder evitar su curiosidad Riza tomó la foto y sintió cómo su aliento se le escapaba por un momento.
Tal vez la calidad no era la mejor pero en la fotografía claramente se podía apreciar dos pares de ojos dorados viendo hacia la cámara. Dorados… Riza no veía ese color de ojos desde hace varios años. Acercando un dedo Riza recorrió los rostros sonrientes de ambos niños. Sabía que uno de ellos se llamaba Edward y ahora veía que tenía los ojos dorados. Además era un niño de tan solo 11 años…
Basta, Riza. Sé realista. Perdiste a tu hijo en el Norte. ¿Qué estaría haciendo en un pueblito prácticamente del otro lado del país? Además, su padre se llama Van Hohenheim y estos niños se apellidan Elric. Haciendo caso a sus pensamientos Riza regresó la fotografía a su lugar y se dio unas ligeras palmadas en las mejillas para enfocarse antes de continuar con su camino hacia el sótano.
Al entrar en el sótano Riza pudo percibir que las manchas cafés eran más grandes y más frecuentes en las paredes. No quería creerlo en un inicio pero ahora estaba segura… era sangre. Viendo cómo Roy se había quedado parado frente a lo que parecía ser un círculo de transmutación mientras revisaba un frasco, Riza se acercó lentamente a su lado y expresó su pensamiento. "Señor, estas son manchas de sangre."
Antes de que Roy pudiera hacer un comentario al respecto se escucharon unos pasos acercándose, dando paso al policía que los había llevado hasta allí. "Tampoco están en la parte de atrás, Teniente Coronel. Tal vez ellos…"
Roy lo interrumpió bruscamente. "¡¿Dónde están?!"
Ante la brusca intervención de Roy, el policía solo pudo pronunciar un débil ¿Eh?
Sin siquiera mirarlo Roy repitió su pregunta. "¡¿Dónde están los hermanos Elric?!"
Un poco nervioso por la furia mal disimulada de Roy el policía le respondió. "B-bueno como estaba diciendo, si ellos no están aquí probablemente deben estar con las Rockbell."
Roy salió rápidamente seguido por Riza, la cual se detuvo un momento frente al policía y le colocó una de sus manos en su hombro. "Discúlpelo, ¿podría llevarnos, por favor?"
El policía asintió y siguió a Riza.
El viaje hacia la casa de las Rockbell fue muy rápido pero en esta ocasión Roy parecía estar demasiado impaciente por llegar a su destino. El constante golpeteo con uno de sus pies y el ceño fruncido que lo acompañaba le indicaron a Riza que algo estaba muy mal. Ella no sabía mucho de alquimia por lo que no pudo descifrar el tipo de círculo que yacía en el sótano pero la gran cantidad de sangre derramada en el centro del mismo y las paredes le habían dado un mal presentimiento.
La carreta se detuvo en una casa amarilla de dos pisos con un letrero al frente que decía Automail Rockbell. Roy y Riza se bajaron rápidamente de su transporte. Riza se quedó un poco apartada junto con el policía, el cual estaba tratando de controlar a un perro negro con una pata delantera de automail que había empezado a ladrar en cuánto se acercaron. Por su parte Roy se encontraba frente a la puerta principal, prácticamente aporreándola a golpes.
Una voz de una persona mayor se hizo escuchar. "Ya voy." Roy decidió dejar de golpear la puerta pero uno de sus pies comenzó a golpetear el suelo como señal de su ansiedad.
Poco después se escuchó un ruido que indicaba que se estaba quitando el seguro de la puerta. "Muy bien, Den. Deja ya tu alboroto. ¿Tenemos visitantes?" Al terminar su pregunta la anciana había comenzado a abrir la puerta.
Sin dudarlo un segundo Roy entró a la casa apartando a la anciana con uno de sus brazos. "Discúlpeme, señora Rockbell."
Claramente molesta por la intromisión de Roy, la anciana le replicó casi gritándole. "¡¿Qué diablos está pasando?! ¿Quiénes son ustedes?"
Roy la ignoró mientras inspeccionaba la casa y caminaba hacia una habitación que parecía ser la cocina pero Riza, habiendo visto la frenética actitud de Roy, había entrado a la casa por lo que trató de controlar a la mujer. "Lo sentimos mucho. Estamos buscando a los hermanos Elric. Supimos que podrían estar aquí."
Mientras Riza se disculpaba con la anciana, Roy estaba echando un vistazo a toda la casa hasta que sus ojos se toparon con algo en una esquina un tanto oscurecida del comedor. Frente a una llamativa armadura había una silla de ruedas y en esa silla estaba un niño rubio con una expresión desolada en su rostro.
Ignorando la expresión del niño e impulsado por su propia adrenalina, Roy avanzó hasta la silla de ruedas y tomó al niño por el frente de su playera de manga larga levantándolo en el acto para comenzar a acercarlo a su rostro. Dejando que la furia que había sentido al darse cuenta que el círculo que estaba en el sótano de la casa de los Elric era para transmutación humana, Roy comenzó a gritarle. "¡Estuve en tu casa! ¡¿Qué demonios hiciste?! ¡¿Qué fue lo que creaste?!"
Ante sus palabras la mirada del niño se volvió aún más desolada y se llenó de algo que Roy asoció al arrepentimiento. Justo cuando Roy se enfocó directamente en su mirada, el niño cerró los ojos y apartó la mirada denotándose en sus gestos que estaba tratando de controlar el llanto. En el pequeño instante antes de que el niño cerrara los ojos algo resaltó en la mente de Roy. El niño tenía ojos dorados… como su hijo. Involuntariamente, cuando el niño había desviado la mirada, Roy aflojó ligeramente su agarre y algo dentro de sí le oprimió el pecho.
Para sorpresa de Roy la armadura se movió y colocó una de sus manos sobre el brazo de Roy que sostenía al niño. "Lo siento. Por favor, perdónenos." Roy apartó el recuerdo de su hijo y levantó su vista hacia el casco de la armadura. Ciertamente el uso de armaduras no era tan común hoy en día pero lo que de verdad lo desconcertó fue la voz tan dulce, frágil e infantil que salía de ella. "Lo siento… lo siento…" Roy siguió mirando a la armadura, al mismo tiempo que ésta se sacudía ligeramente mientras se disculpaba.
Roy devolvió al niño a su silla para después suspirar y pasar una mano por su rostro. "Teniente Segunda."
"¿Sí, Señor?"
Sintiendo un ligero escalofrío, Roy apartó su mano de su rostro para buscar la mirada de Riza y sí, efectivamente, ella lo estaba mirando con desaprobación y molestia por lo que había hecho. Sabiendo que ahora no era el momento de hablar sobre sus propias acciones, Roy le dijo. "Espere afuera, por favor."
Manteniendo su aspecto profesional Riza respondió. "De acuerdo, Señor." Y después salió de la habitación.
Acercándose a la mesa Roy se dirigió a la anciana. "Si me permite, quisiera hablar sobre lo que sucedió con los hermanos Elric."
La anciana bufó y se acercó a la mesa murmurando Malditos militares. Al mismo tiempo, Roy le dirigió una mirada a la armadura para que tanto él como su hermano se acercaran a la mesa.
A disgusto, la señora Rockbell le contó a Roy lo que había ocurrido con ocasionales intervenciones de la armadura para clarificar algunos aspectos más específicos sobre lo que habían hecho él y su hermano. Tal y como se lo había sospechado este par de niños habían roto el tabú más grande de la alquimia: habían intentado realizar una transmutación humana.
Durante la charla, la vista de Roy se fue desviando ocasionalmente hacia el niño rubio. Había algo en él que despertaba su curiosidad. Probablemente era el hecho de que tenía ojos dorados como su propio hijo, aunque en este momento los ojos de Edward Elric parecían nublados, casi carentes de vida. Además, a pesar de los ocasionales vistazos que Roy le dirigía, el niño jamás levantó la mirada.
Cuando la anciana y la armadura terminaron con el relato, Roy colocó sus codos sobre la mesa y entrelazó sus dedos. "Antes de venir hasta Resembool tenía entendido que los hermanos Elric tenían 31 y 30 años de edad por lo que venía a hacerles una oferta para reclutarlos para el programa de alquimistas estatales. Al enterarme de su edad creí que este viaje terminaría siendo una pérdida de tiempo pero ahora veo que no es así."
Molesta por su oferta la anciana replicó. "¡¿Pero qué está diciendo?!"
Roy levantó una mano para pedirle que guardara silencio antes de volver a entrelazar sus dedos. "Fondos completos para todos sus trabajos. Acceso ilimitado a material de referencia clasificado. Las mejores facilidades y equipo de búsqueda del gobierno a su disposición. Estos son algunos de los privilegios que se les concedería a estos niños como alquimistas estatales. Por supuesto, a cambio tienen que prometer lealtad y obedecer órdenes… pero tendrán la habilidad para conducir investigaciones que serían imposibles para un ciudadano común. Incluso podrían encontrar una manera de recuperar sus cuerpos originales."
Ante sus palabras la armadura comentó. "Pero pensé que el eslogan de los alquimistas era que 'Los alquimistas trabajan para la gente'..."
Mirándolo Roy le respondió. "Cierto. Los alquimistas estatales no son llamados 'perros de la milicia' por nada."
Tratando de controlar su carácter la anciana preguntó. "¿Piensa que estos niños tienen lo que hace falta para aprobar el examen?"
"El círculo de transmutación en la casa de los Elric, su conocimiento acerca de transmutación humana, por no hablar que fueron capaces de transmutar un alma… Todas estas cosas me han convencido sin duda alguna."
La anciana encendió una pequeña pipa café antes de hablar. "Teniente Coronel Mustang… Después de que este niño viniera aquí arrastrándose y cubierto de sangre, ¿sabe qué fue lo que hice?" Le dio una calada a su pipa y la expulsó antes de continuar. "Fui a su casa y enterré esa cosa en el patio trasero. Esa cosa…¡Esa cosa no era humana! ¡La alquimia creó a esa monstruosidad! ¡La alquimia le arrebató los cuerpos a estos niños! ¡Y usted! ¡¿Usted quiere que hagan más de eso?! ¡¿Es eso lo que quiere que hagan con sus vidas?!"
"Señora Rockbell, no estoy forzando a estos niños a hacer algo. Solamente estoy ofreciéndoles una oportunidad." Desviando su mirada hacia el niño rubio Roy continuó. "Puedes elegir vivir el resto de tus días como un lisiado autocompasivo con un traje de armadura por hermano… o puedes hacer una contribución real a la alquimia aliándote con la milicia y así encontrar una manera de regresar sus cuerpos… La decisión depende de ustedes. Ambos. Si existe la posibilidad, deberían avanzar y recuperar sus cuerpos, aún si el camino a recorrer es un río de lodo." Roy se le quedó viendo fijamente al niño esperando una respuesta de su parte. El niño no levantó la mirada pero Roy pudo obtener un vistazo de sus ojos. Sintiendo que ya había cumplido con su parte, se levantó de la silla. "Eso es todo lo que tengo que decir por el momento. Si me disculpan…" Roy sacó una carta y una tarjeta de su bolsillo y se acercó a la armadura para entregárselas. "Si deciden enlistarse vengan al comando del Este. Mi oferta permanece abierta."
Mientras Roy hablaba con los Elric, Riza se quedó sentada en un sillón de la sala. Sabía lo que Roy estaba por hacer pero no estaba segura de qué tan buena idea era. Tan solo eran unos niños, ¿cómo se le ocurría pensar en reclutarlos en la milicia? Además… la forma en la que trató al niño de la silla de ruedas… Riza no entendía por completo la magnitud de lo que habían hecho los Elric pero Roy había sido muy brusco. Riza tendría que hablar con él o más bien regañarlo, ya que no aprobaba lo que había hecho.
Pensando en el niño… Riza no lo podía creer. Si su vista no la había engañado, el niño no tenía un brazo y una pierna. Además las vendas que se asomaban por debajo de su playera indicaban que al menos lo del brazo era algo relativamente reciente. ¿Acaso tenía algo que ver con el círculo de transmutación que encontraron en su sótano? Riza se sentía mal por él, sus ojos dorados se veían tan apagados que no estaba segura de si podría recuperarse de lo que sea que hubiese ocurrido. El pensar que un niño tan pequeño tuviera esa clase de mirada le partía el corazón, si su hijo fuera el que estuviera en esas condiciones…
Los pensamientos de Riza fueron interrumpidos cuando una niña rubia de ojos azules se le acercó con una bandeja con dos humeantes tazas de té. "¿Le gustaría algo de té?"
"Oh, gracias."
La niña le entregó una taza y silenciosamente se sentó al lado de ella en el sillón.
Riza le dio un sorbo a su taza mientras la niña parecía debatirse en algo.
"Um… ¿Teniente…?"
"Solo llámame Riza. Riza Hawkeye." Sonriendo amablemente le extendió una mano a la niña. "Gusto en conocerte."
Para sorpresa de Riza, la expresión de la niña se volvió un tanto triste y solo se le quedó viendo a su mano antes de hablar. "Señorita Riza, ¿le ha disparado a una persona?"
La pregunta desconcertó a Riza, por lo que cerró su mano en un puño y se le quedó viendo mientras algunos recuerdos de la guerra de Ishval venían a su mente. "Sí. Muchas veces."
La niña cambió su mirada hacia el frente y continuó. "No me gustan los soldados. Mi mamá y mi papá fueron asesinados cuando los soldados se los llevaron al campo de batalla. Y ahora ese hombre llamado Roy Mustang está intentando llevarse lejos a Ed y Al. No quiero que se vuelvan soldados… Por favor, no se los lleven lejos…"
Riza se sintió triste por la niña. Ella misma había perdido a su madre cuando era pequeña. Ciertamente su padre no había sido muy atento pero al menos lo tenía cuando su madre murió. Esta niña no parecía ser mayor de 12 años y ya llevaba un par de años sin sus padres. Riza entendía su tristeza y miedo de ser apartada de las personas que quiere por lo que cerró sus ojos y le respondió. "No los llevaremos con nosotros por la fuerza. La decisión la tienen que tomar ellos." Abriendo los ojos y dirigiéndole una sonrisa comprensiva continuó. "Para ser honesta tampoco me gusta ser un soldado sabiendo que si la situación lo requiere tengo que estar preparada para tomar una vida."
Riza le dio otro sorbo a su té mientras la niña le preguntaba. "¿Entonces por qué está en la milicia?"
Llenando su mente de imágenes de Roy y de su hijo, Riza respondió. "Porque hay alguien que necesito proteger." Cerrando sus ojos para recordar agregó. "No es algo que esté forzada a hacer. Es algo que decidí por mí misma. Apretaré el gatillo por mi propia voluntad porque necesito mantener a esa persona a salvo. Hasta el día en que esa persona alcance su meta apretaré el gatillo sin dudarlo... Si estos niños tienen una voluntad fuerte, ellos sabrán cuál es el lugar correcto para ellos."
La niña parecía sorprendida por sus palabras pero antes de que pudiera decir algo la puerta del comedor se abrió para dar paso a Roy. "Vámonos."
"Sí, Señor."
Riza dejó la taza en la bandeja que estaba en el sillón y se levantó mientras tomaba su saco y se dirigía hacia la niña. "Hasta luego."
La niña levantó su mano derecha y respondió. "Mi nombre… es Winry."
Sonriendo Riza le contestó. "Ya veo. Ok, Winry." Estrechó su mano. "Espero volver a verte."
Cuando estuvieron en la carreta y se alejaron un poco de la casa de las Rockbell, Riza no pudo evitar preguntar. "¿Piensa que esos niños vendrán?"
Con una sonrisa y contemplando el paisaje, Roy le respondió. "Vendrán."
"Está muy confiado. Juzgando por la apariencia en los ojos de ese niño, no estaría tan segura."
Sin quitar la sonrisa de su rostro Roy dijo. "¿Eso piensas? Yo vi ojos que ardían como el fuego."
Pinako se quedó en la puerta viendo como la carreta se perdía en el camino mientras fumaba su pipa. ¡No podía creer que la milicia se atreviera a invitar a un par de niños a enlistarse en la milicia! Primero irrumpen en su casa a primera hora de la mañana y después buscan llevarse a estos niños lejos de su pueblo y de la gente que los conoce.
"¿Abuelita? ¿Qué sucede?"
Pinako desvió la mirada de la carreta para mirar a su nieta. "Nada, Winry. Es sólo que me sorprende las agallas que tienen esos militares para allanar propiedad privada y buscar llevarse a unos niños con ellos."
Con una mirada un poco triste Winry le respondió. "Es decisión de Ed y Al…" Cambiando su expresión a una más relajada agregó. "Al menos la Teniente parece ser una buena persona."
Suspirando y cerrando la puerta Pinako le preguntó. "¿Hablaste con ella?"
"Sí, hablamos un poco. Me dijo su nombre y el porqué está en el ejército."
"Ese Teniente Coronel sinvergüenza ni siquiera nos dijo su nombre. Incluso empiezo a pensar que quizás ni siquiera puso su nombre en la carta que le entregó a Al. Aunque eso sería bueno para que Ed y Al no tengan medios para contactarlos." Suspiró. "En fin, al menos parece que su asistente tiene un poco más de modales. Así que, ¿cómo se llama?"
"Riza Hawkeye."
La pipa cayó de la boca de Pinako.
"¿Abuelita?"
Pinako se apresuró a abrir la puerta ignorando la pregunta de su nieta pero para entonces la carreta ya había desaparecido en el camino.
Winry levantó la pipa y se la entregó a su abuela. "Abuelita ¿estás bien?"
Pinako volvió a cerrar la puerta y trató de controlar su expresión. "Sí, mi niña. ¿Por qué no vas a ver si Ed necesita algo? Iré a cambiarme para que empecemos a preparar el desayuno."
Un tanto insegura Winry asintió y se dirigió al comedor.
Riza Hawkeye, es joven, tiene el cabello rubio como Ed y trabaja en la milicia. No hay duda. Debe ser ella. Pinako bufó. ¿Así es como pretende cuidar a su hijo? ¿Llevándolo a la milicia con ella? ¡Ni siquiera detuvo a su jefe cuando le gritó a su propio hijo! ¡Malditos militares!
La molestia de Pinako no hizo más que incrementarse cuando Al le permitió leer la carta que le entregó el Teniente Coronel y descubrió que su nombre era Roy Mustang. No podía estar tan segura como en el que caso de Riza, ya que Trisha sólo había mencionado el nombre de Roy pero no su apellido. Pero si esos dos trabajaban juntos era una gran posibilidad. ¡Malditos!
Roy y Riza abordaron el último tren de la mañana en la estación de Resembool. Por suerte parecía que no había mucho movimiento a esas horas por lo que pudieron utilizar un compartimento privado un tanto alejado de los que ya estaban ocupados. Después de que el tren se pusiera en marcha y uno de los trabajadores del tren revisara sus boletos, Riza decidió iniciar la conversación.
"Señor."
"¿Qué sucede, Riza?"
Sabiendo que ocasionalmente a Roy le gustaba olvidar las formalidades, Riza echó un vistazo rápido al pasillo para vigilar que no hubiera gente cerca y continuó. "Lo que hiciste con el niño…"
Levantando sus manos a modo de defensa Roy la interrumpió. "Lo sé, lo sé. Tal vez exageré un poco." Ante la dura mirada que Riza le lanzó, Roy se corrigió. "Ok está bien, se me pasó la mano."
"¿Y?"
"¿Lo siento?"
Cuidando no subir demasiado su volumen de voz pero buscando denotar su molestia Riza le respondió. "¡Roy! Sólo es un niño."
"Un niño que rompió uno de los mayores tabúes de la alquimia."
Rápidamente las 3 reglas fundamentales que debían seguir los alquimistas estatales y la cantidad de sangre que había visto aparecieron en la mente de Riza. ¿Acaso... creó un humano?"
"No con éxito pero sí algo relativamente cercano. Edward y Alphonse Elric intentaron una transmutación humana." Roy exhaló pesadamente. "Sabes perfectamente que es algo que siempre te inculcan para no llevar a cabo cuando estudias alquimia." Roy bajó la voz. "Todavía recuerdo la forma en que lo hizo tu padre cuando era su aprendiz, me dijo que si la propia transmutación no me mataba, él se encargaría de hacerlo. Lamentablemente, al parecer ese par de niños no tuvieron una amenaza de ese tipo para reconsiderar su decisión."
Riza se llevó una mano a la boca para sofocar su exclamación de sorpresa. Pensar que dos niños tan pequeños habían intentado una transmutación humana era algo inconcebible. "¿Por qué? Son tan pequeños… ¿dónde están sus padres?"
Roy la miró con una especie de tristeza y con algo de renuencia le respondió. "Su padre los abandonó hace algunos años y un año después su madre murió. Estaban tratando de traer a la vida a su madre."
En ese momento Riza entendió la mirada de Roy. Sabía que, aunque circunstancias diferentes, era suficiente para recordarle su propia historia con su hijo.
Tratando de alejar los recuerdos de su propio hijo y tragando saliva Riza preguntó. "¿El niño que estaba en la armadura está relacionado con la transmutación?"
Roy suspiró. "Sí, además no sólo está en la armadura. Él es la armadura." Ante la cara de confusión de Riza continuó. "Cuando intentaron hacer la transmutación Edward y Alphonse sufrieron un rebote. Edward perdió su pierna izquierda y Alphonse todo su cuerpo." Los ojos de Riza se agrandaron. "De alguna manera Edward se las arregló para unir el alma de Alphonse a la armadura a cambio de su brazo derecho."
Esta vez Riza llevó ambas manos a su boca. "Dios mío… son tan pequeños, no tendrían que haber pasado por ese infierno."
Roy cruzó sus brazos. "No, no debieron. Pero ahora deben corregir su error."
Riza apartó sus manos de su boca y miró fijamente a Roy. "Roy, entiendo tu punto, es una buena oportunidad de obtener la información y recursos que necesitan pero ¿de verdad crees que es el mejor camino que pueden seguir? El ejército no es precisamente el mejor lugar para un par de niños."
"Tal vez no sea una experiencia agradable pero sé que pueden hacerlo. Créeme, la mirada de ese niño estaba llena de determinación."
"Por lo que me has contado, no dudo de sus habilidades ni de su determinación, Roy. Me preocupa que el ejército los destruya por dentro. ¿Qué sucederá si se desata una guerra y los convocan?"
"Por eso no podía permitir que alguien más los invitara al programa de alquimistas estatales." La mirada de Roy se tornó completamente seria y determinada. "No podía permitir que cualquier otro militar sin escrúpulos los descubriera. No voy a poder protegerlos de todos los peligros que pueda haber dentro de la milicia pero haré todo en mi poder para que no tengan que ensuciarse las manos como nosotros." Roy tocó ligeramente una de las manos de Riza. "Merecen una oportunidad para corregir su error."
Riza le dedicó una ligera sonrisa ante su resolución y determinación. Su comportamiento inicial con el niño había sido terrible pero estaba gratamente sorprendida de lo rápido que Roy se había propuesto hacer todo en su poder para ayudar a esos hermanos. "Tienes razón."
Roy le devolvió la sonrisa y agregó mientras retiraba su mano y la colocaba en su barbilla. "Además, su incorporación a la milicia puede hacerme quedar muy bien frente a los altos mandos. Hasta podría conseguir un ascenso. Es un ganar ganar."
Riza suspiró pero no quitó la sonrisa de su rostro. "Siempre viendo las oportunidades a su alrededor, Señor."
"Ese mi trabajo, Teniente Segunda."
Borrando su sonrisa por un momento para dar paso a una expresión seria, Riza dijo. "Aunque debo decirle que no he olvidado su comportamiento al entrar en el hogar de las Rockbell. Espero que esté preparado para todo el trabajo extra que tendrá que hacer en la oficina cuando regresemos." Concluyó mientras le daba unas palmaditas a la funda de su pistola.
Roy entendió de inmediato las consecuencias a las que se enfrentaría si no aceptaba su castigo, por lo que suspiró. "De acuerdo. Supongo que de verdad me lo merezco." Dijo Roy mientras la observaba atentamente.
"Bien."
Ambos se quedaron unos segundos viéndose fijamente hasta que, casi de manera sincrónica, cada uno desvió la mirada. Riza sacó un pequeño libro que llevaba consigo y Roy decidió perderse en el paisaje cambiante a través de la ventana de su compartimento. La imagen de los ojos dorados del niño se había grabado en su mente, por lo que, sin poderlo evitar el nombre de su teniente se deslizó por sus labios. "¿Riza?"
Riza levantó la mirada de su libro mientras respondía. "¿Sí?"
Roy fijó su mirada en la de ella. Parecía concentrada en lo que había leído seguramente para distraerse de la preocupación y tristeza que le había provocado la situación de los Elric, los cuales aún se veían reflejados en una ligera arruga que se formaba al borde sus ojos. Debatiéndose internamente por unos segundos, Roy decidió no abordar el tema. "Olvídalo. Creo que tomaré una siesta."
No queriendo que Riza analizara a detalle en su expresión, Roy cruzó sus brazos y de inmediato cerró sus ojos buscando dormir un poco para apartar los pensamientos que lo estaban atormentando desde que salieron del hogar de las Rockbell. Una pequeña parte de él ingenuamente tenía la esperanza de que tal vez ese niño fuera su propio hijo, lo que le ocasionaba sentimientos encontrados: alegría de encontrarlo pero demasiada culpa de ver por lo que ha pasado y lo que había perdido. Si tan solo él hubiera estado ahí para guiarlo... Pero su parte racional se superponía para decirle que no fuera tonto. Él no era su hijo. Era un niño que compartía ciertos rasgos y que había tenido la mala fortuna de pasar por un infierno a tan corta edad. Además, no quería ilusionar a Riza con la falsa esperanza de que Edward Elric podría ser su hijo cuando la única 'pista' que tenía era la similitud en el color de sus ojos y cabello. ¿Cuántos niños rubios no había en Amestris? Además ¿cómo podría aspirar a que el propio destino los ayudara a reencontrar a su hijo de la nada cuando ambos eran unos asesinos con las manos llenas de sangre? Si Riza, quién era la que realmente había pasado tiempo con su hijo, no había dado señales de reconocimiento entonces Roy no tenía razón para sacar sus propias conclusiones. Roy no podía hacerle eso a Riza. No quería volver a hacerla sufrir.
Lo que Roy no sabía es que en esos precisos momentos Riza también estaba teniendo un momento difícil tratando de apartar la fotografía de los Elric y el recuerdo del niño en la silla de ruedas de su memoria, al mismo tiempo que intentaba apagar la pequeña llama de esperanza que quería apoderarse de su corazón. Su propia mente hacía un gran papel desanimándola de la idea, pero esa obstinada llama no quería terminar de extinguirse. Lo que Roy había interpretado como arrugas de preocupación y tristeza por los Elric, era en realidad una combinación de ello junto con el debate interno que Riza tuvo que soportar durante todo el trayecto de vuelta a Ciudad del Este, e incluso todavía hasta un par de semanas después de aquella visita a Resembool.
Un año después de aquel viaje a Resembool, el Equipo Mustang estaba trabajando tranquilamente en su oficina cuando un soldado llamó a la puerta de su oficina.
Fuery abrió la puerta dando paso a un soldado de estatura media y cabello rubio. "Buen día." Realizó el saludo militar. "El Coronel Mustang tiene una visita."
Riza se levantó de su escritorio y se acercó a la oficina interna del Coronel para indicarle el mensaje del soldado. Una vez que el Coronel salió de su oficina y estuvo frente a el soldado preguntó. "¿Quién es y dónde está?"
"Está en la entrada, Señor. Los guardias no lo dejaron pasar porque se trata de un niño. Dice que se llama Edward Elric."
Una sonrisa apareció en los labios de Roy. "Muy bien, soldado. Puede retirarse."
El soldado se retiró y todos los miembros del equipo se le quedaron viendo con curiosidad pero Roy los ignoró. "Teniente Segunda Hawkeye, acompáñeme."
"Sí, Señor."
Roy y Riza caminaron en silencio por los cuarteles hasta llegar a la entrada del comando, donde al final de las escaleras los esperaba un niño con una pequeña trenza rubia, con las manos en sus bolsillos y vestido con ropa negra y un saco rojo. Una maleta café descansaba a su lado.
Deteniéndose a media escalera Roy esperó a que el niño hablara.
"Hey, Teniente Coronel."
Con un rostro inexpresivo Roy le respondió. "Fui ascendido a Coronel mientras tardabas en decidirte." El niño frunció el ceño. "¿Estás seguro de que quieres hacer esto?"
Con una mirada desafiante el niño respondió. "Por supuesto. ¿Quieres que también menee mi cola?"
Roy no pudo evitar sonreír. "Muy bien, entonces nos vamos a Central." Volteó a ver a Riza. "Teniente Segunda, llame a Central e infórmeles de la situación."
"Sí, Señor."
Después de que Riza hiciera la llamada y que Roy recogiera sus cosas, los tres fueron llevados a la estación de trenes en un auto militar. Para sorpresa de Edward ni el Coronel ni la Teniente le dijeron nada por lo que prefirió observar los edificios en el camino. En cuanto a Roy, él se mantuvo con la vista al frente mientras que Riza lo imitaba aunque no pudo evitar lanzar miradas ocasionales al niño que viajaba con ellos.
En cuanto estuvieron en su compartimento Ed se quitó su abrigo y sacó un libro de su maleta para comenzar a leerlo. Transcurridos unos minutos de silencio, Roy desvió su mirada de la ventana y se enfocó en el brazo derecho de Edward, alcanzando a percibir un brillo metálico.
"Conque automail eh." Roy esperó unos segundos por una respuesta del niño pero éste pareció no escucharlo. Sus ojos no paraban de deslizarse sobre las páginas del libro, así que cuando cambió de página Roy optó por cerrar el libro para captar su atención.
"¡Hey!"
"Te estaba hablando."
Ed lo fulminó con la mirada. "Y yo estaba leyendo."
Hablando con sarcasmo Roy le dijo. "¿En serio? ¿Cómo no lo noté?"
"Tal vez es la edad. La vista tiende a desgastarse con la edad."
Roy sintió como una vena se hinchaba en su frente. "Dime, mocoso. ¿Cuántos años crees que tengo?"
Un tanto molesto pero sin pensarlo un momento Ed le respondió. "Seguramente 50 o más."
Con un tono de sorpresa y molestia le dijo. "¡¿50?! Para tu información tengo 32. ¡Ni siquiera tengo una maldita cana para que pienses que soy mayor!"
Ante la molestia de Roy, Ed no pudo evitar sonreír. "¿En serio? ¿No estás en estado de negación? Según sé, en las grandes ciudades hay algo llamado tinte para el cabello."
Viendo como Roy estaba a punto de replicar, Riza intervino. "Señor, está llamando demasiado la atención. Recuerde que usted y yo somos los adultos aquí."
Ante la expresión desconcertada de Roy por lo que Riza acababa de decir, Ed se rió ligeramente y Roy le dirigió una mirada severa al rubio antes de que Riza volviera a hablar con voz amable. "Edward." El niño dirigió su mirada hacia ella. "Lo que el Coronel quería preguntarte hace un momento era acerca de tu brazo. ¿Es un automail?"
Echando un rápido vistazo al espacio de su brazo que quedaba al descubierto entre su guante y su chaqueta, Ed respondió. "Sí."
Tratando de olvidar su pequeña riña Roy intervino. "¿También la pierna?"
Ed asintió.
Con un tono preocupado Riza le dijo. "Pero tengo entendido que el procedimiento es muy doloroso."
Ed se encogió de hombros. "Era la mejor opción. Con el automail puedo moverme fácilmente."
Notando que seguramente Ed no quería hablar más del tema, Riza le preguntó. "¿Y tu hermano? ¿Por qué no vino contigo?"
"Logré convencerlo de que se quedara en Resembool a pasar el tiempo con la abuela Pinako y Winry. Con que yo ingrese al ejército es más que suficiente."
Con una sonrisa engreída Roy le dijo. "Vaya, entonces estás seguro de que vas a aprobar el examen"
Levantando un puño Ed respondió. "¡Por supuesto!"
La sonrisa de Roy se transformó en una de satisfacción. Ahí estaba el fuego que había notado en sus ojos hace un año. Su mirada dorada estaba llena de determinación y, de manera inexplicable, eso lo llenaba de orgullo.
La conversación terminó en ese instante y cada uno se dedicó a pasar el tiempo a su manera. Al pasar una hora, Riza se levantó de su asiento y salió del compartimento regresando poco después con una bandeja con comida.
Dándole las gracias a su Teniente, Roy tomó el sándwich y el café que Riza le ofrecía, para posteriormente ayudarla a colocar su propio desayuno en su asiento.
Estando tan concentrado en su libro, Ed no se percató del movimiento en el compartimento hasta que Riza le sacudió ligeramente el hombro. En ese momento Ed bajó su libro y alzó la mirada.
"Toma, Edward." Le dijo Riza amablemente.
Apartando el libro para tomar el sandwich y la botella que Riza le ofrecía, Ed le agradeció. "Gracias."
Con una sonrisa Riza regresó a su asiento y cuando se disponía a desenvolver su sándwich notó que Edward apartaba la comida un momento para meter una de sus manos en su bolsillo.
"¿Qué sucede, Edward?"
"¿Cuánto le debo?"
Estirando una de sus manos para colocarla en la rodilla del niño Riza respondió con una sonrisa. "Nada."
"Pero…"
"No es nada, Edward. Apuesto a que te mueres de hambre."
Sonriendo tímidamente Ed le volvió a agradecer y comenzó a desenvolver su sándwich para comenzar a comerlo.
Pasados unos minutos los tres terminaron de comer pero algo llamó la atención de Roy. Ed no le había dado ni un solo trago a su botella de leche y la tenía a un lado suyo, mirándola como si lo hubiera ofendido personalmente.
"Hey, niño." Ed volteó a verlo. "¿Por qué no te tomas la leche?"
Ed desvió la mirada y murmuró. "No me gusta la leche."
"Pero la leche es buena para ti, Edward." Dijo Riza.
"A menos claro que no quieras crecer." Agregó Roy.
El niño frunció el ceño y volvió a ver a Roy. "¿Qué estás insinuando?"
Notando el tono amenazante del niño, Roy sonrió. "¿Acaso eres sensible respecto a tu altura?" Roy notó cómo las manos del niño, que estaban sobre sus rodillas, se volvían puños, por lo que se aventuró a agregar. "¿O más bien respecto a la escasez de ella?"
Como si Roy hubiera movido un interruptor en el niño, éste se levantó del asiento con los puños en el aire. "¡¿A quién le dices tan pequeño que necesitas un microscopio para verlo?!"
Roy y Riza miraron su reacción un tanto desconcertados pero Roy rápidamente se compuso y su sonrisa se ensanchó. Sabiendo lo que iba a hacer, Riza colocó su brazo entre ambos. "Edward, el Coronel no dijo nada de eso. Disculpa, no sabía que no te gustaba la leche. Insisto en que deberías tomarla pero no te voy a obligar. Si quieres puedo ir y cambiarla por algo más."
Un tanto avergonzado Ed se rascó la nuca. "No se preocupe. Le agradezco el desayuno pero si no le importa me gustaría ir a cambiarla."
Riza le sonrió. "¿Seguro que no quieres que vaya yo?"
Ed tomó la botella de leche. "Gracias pero iré yo. Necesito caminar, estos asientos son muy incómodos." Dicho esto salió del compartimento.
Roy cruzó sus brazos sin quitar la sonrisa que había aparecido en su rostro. "Es un chico interesante."
"Sí, además se nota que tiene un carácter fuerte." Riza volteó a ver a Roy. "No debería provocarlo, Señor."
"Vamos, Teniente. Podríamos decir que sólo le hice un poco de cosquillas."
"También pudo decir que hace rato Edward sólo le hizo un poco de cosquillas."
La sonrisa de Roy desapareció y la miró con reproche. "Teniente…"
Riza lo ignoró y miró por la ventanilla. "Parece que estamos llegando, Señor."
Al descender del tren no tardaron en encontrar al militar que los llevaría hasta el Comando Central. Roy viajó en el asiento delantero mientras que Riza y Edward compartieron el trasero. Durante el trayecto, Riza no pudo evitar esbozar una sonrisa cariñosa dirigida al niño. Aunque no lo mostraba abiertamente, era fácil notar que Edward estaba asombrado por la gran ciudad. Siempre que pasaban un edificio llamativo, un restaurante elegante o alguna tienda Ed no despegaba la vista de ellos hasta que desaparecían de su campo de visión.
Una vez que llegaron al Comando Central, los tres se registraron en la recepción y Riza se adelantó hacia la oficina del programa de Alquimistas Estatales. Poco después regresó con un formato de registro que entregó a Edward.
"Tienes que llenar este formato para que puedas presentar el examen, Edward." Riza abrió su bolso y sacó una pluma. "Aquí tienes."
"Gracias."
Los tres permanecieron sentados en un sillón mientras Ed llenaba su formato. Algo que Riza notó es que Edward estaba escribiendo lentamente con la mano izquierda. Su letra no era precisamente bonita pero se imaginó que seguramente era diestro antes de todo el incidente.
Varios minutos después Edward estiró sus manos sobre su cabeza y después comenzó a masajear su mano izquierda con la de automail. "Cielos, deberían simplificar estos formatos."
Roy sonrió. "Y eso es sólo el comienzo. Los alquimistas estatales deben entregar reportes continuamente."
Ed suspiró con desgano mientras buscaba en su maleta hasta encontrar una hoja que agregó al formato que acababa de llenar.
"Muy bien, Edward. Iré a entregar tus papeles. Quédate aquí con el Coronel, probablemente no tarden en llamarte para que realices tu examen."
Ed asintió y se deslizó ligeramente en el sillón.
Riza tomó el formato de Ed y comenzó a caminar por los pasillos del cuartel. Había pasado ya un par de oficinas cuando se detuvo abruptamente. Hace un año había desechado la idea en pro de la situación y su profesionalismo pero en su mente siempre quedó una pequeña parte de curiosidad y esperanza. Edward… 12 años… cabello rubio y ojos dorados. Al revisar rápidamente ambos lados del pasillo en el que se encontraba Riza pudo comprobar que en ese momento no había ningún militar cerca por lo que se recargó en una pared y comenzó a buscar entre los papeles que tenía entre sus manos. Cuando encontró el acta de nacimiento que buscaba comenzó a leerla rápidamente.
Nombre: Edward Elric.
Madre: Trisha Elric.
Padre: -
A Riza le llamó la atención que no estuviera registrado el nombre del padre de Edward. Si este niño fuera su hijo no podría creer que aquel hombre que la ayudó se hubiera negado a darle su apellido. Pero, aunque su mente le gritara que se rindiera porque ella había perdido a su hijo en el momento en que decidió separarse de él, su corazón se estaba acelerando mientras la esperanza se incrementaba en su ser. Los ojos dorados de su hijo eran algo que no había vuelto a ver en otra persona además de Van Hohenheim. Aún había esperanza y ésta recaía en la fecha de nacimiento.
Fecha de nacimiento: 3 de febrero de 1899.
En ese momento Riza dejó salir el aliento que no se había dado cuenta que había mantenido y un sentimiento de decepción la invadió. La parte racional de su ser le había dicho que no se hiciera ilusiones pero su corazón había dado paso a una pequeña esperanza y ahora ésta se hacía trizas. Su hijo había nacido a mediados de diciembre y Edward Elric lo había hecho en febrero. No había ninguna razón para que Van Hohenheim y su esposa le dieran una fecha de nacimiento diferente a su hijo, sobre todo cuando ellos fueron testigos del parto, por lo que no podrían haberlo olvidado. ¿Lo ves? Esos ojos dorados no significan nada. Quizás no sea un color común por estos lugares pero eso puede ser sólo en el Este. Difícilmente saliste a conocer la ciudad cuando vivías en Central y del Norte mejor ni hablamos. Eres una ingenua al creer que recuperarías a tu hijo de la nada. Además… si Edward Elric hubiera sido tu hijo, ¿cómo podrías enfrentarlo después de todo lo que ha sufrido a raíz de tu abandono? Es mejor así ¿no?
Tratando de controlar un par de lágrimas que inexplicablemente trataban de salir por sus ojos, Riza dió un suspiro tratando de enfocarse en el presente. Acomodó los documentos y continuó con su camino.
Riza entregó los documentos y después regresó hacia donde se encontraban Roy y Edward. Justo cuando estaba se acercando, los examinadores llegaron a recoger a Edward. Roy se puso de pie y comenzó a dirigirse a la sala de evaluación ya que por su rango tenía la oportunidad de estar presente en los exámenes. Riza por su parte le dirigió a Edward una pequeña sonrisa de buena suerte y se sentó en el sillón para cuidar de las cosas de Ed mientras el examen se llevaba a cabo.
Un par de horas después Ed y Roy regresaron hacia donde se encontraba Riza. No hizo falta que Riza preguntara cómo habían ido los exámenes, pues una ligera sonrisa por parte de Roy le había dado la respuesta: estaba seguro de que Edward iba a aprobar.
Dirigiéndole una sonrisa de agradecimiento a Riza por haber cuidado de sus pertenencias, Edward se colocó su abrigo y tomó su maleta. Poco después los tres se encontraban recorriendo la explanada del Comando Central.
Comprobando que no hubiera soldados cerca, Roy decidió romper el silencio. "Tengo que decir que montaste un buen espectáculo durante tu examen práctico."
"Cállate. Debería cobrarte una tarifa de espectador."
Roy rió ligeramente. "Tienes suerte de haber salido vivo de ahí después de haber apuntado una lanza al Führer de esa manera. Incluso si se trataba de una broma práctica." Pensando en que no estaría de más comenzar a darle un par de consejos, Roy agregó. "Si obtienes tu licencia te convertirás en un miembro de la milicia. Pero si hay alguna duda de tu lealtad a Bradley, tu licencia será revocada de inmediato. Sé cuidadoso."
"Me gustaría decirte la misma cosa a ti." Dirigiendole una mirada seria Ed continuó. "Cuando apunté mi lanza a ese tipo… fuiste el único que no parecía alarmado, Coronel. Difícilmente fue la reacción de un subordinado leal."
Un tanto sorprendido por la observación de Ed, Roy volteó a ver a Riza, quién se encontraba caminando a su derecha, y señaló al rubio. "Tiene un punto."
Riza no pudo evitar suspirar ante el descuido de Roy. "Coronel, en este tipo de situaciones al menos debería actuar como si estuviera preocupado."
Roy devolvió su vista al frente y colocó una mano en su mentón. "Si hubieras eliminado a Bradley en ese momento, eso hubiera abierto una posición para mí."
Ed se desconcertó ante tal declaración. "¡Hey!" En ese momento una idea cruzó por su mente y no pudo evitar la sonrisa malvada que apareció en su rostro. "Qué chisme tan jugoso. Tal vez debería delatarte con el comando militar."
Roy comenzó a reír disfrutando del momento. "¿Y a dónde te llevaría eso? Por si no lo habías notado tengo algunas cosas interesantes en mi repertorio."
La sonrisa de Ed desapareció y fue reemplazada por un ceño fruncido por la confusión. "¿Eh?"
Roy detuvo su andar. "No crear humanos. No crear oro. Jurar absoluta lealtad al ejército. Estas son las tres reglas que un alquimista estatal nunca debe romper. Incluso aunque el proceso haya estado incompleto, ustedes intentaron transmutar a un ser humano. Si eso saliera a la luz, tu carrera estaría acabada antes de que empezara." Ante el cambio de expresión en Ed, Roy sonrió engreidamente. "Tu hermano podría ser enviado a un laboratorio como objeto de estudio. ¿Entiendes lo que digo, mocoso? Mantienes tu pasado en secreto y aceptas la licencia como si nada hubiera pasado y mis propios puntos subirán por haber encontrado a un alquimista talentoso." Roy comenzó a andar nuevamente, dejando unos pasos atrás a Ed y a Riza. "Mientras tu secreto permanezca oculto ambos ganamos. Así que no te hagas ilusiones con tus malvados planes."
"Tú maldito-"
Antes de que pudiera terminar su frase, Roy lo interrumpió con una pequeña risa. "Aún tienes una semana antes de que anuncien tus resultados. Así que deberías disfrutar tu semana en Ciudad del Este y olvidar todo acerca de este pequeño asunto." Y dicho esto Roy desapareció al dar vuelta a la barda que rodeaba el Comando Central, dejando a un Ed completamente enfurecido.
"Maldito bastardo engreído."
Riza colocó una mano en el hombro de Ed, atrayendo su atención. "Relájate, Edward. Tal vez sonó algo duro pero es la verdad. Debes ser muy cuidadoso con el secreto de lo que le sucedió al cuerpo de tu hermano y al tuyo."
Dejando caer su maleta para poder cruzarse de brazos Ed respondió. "Ja, lo que le interesa es ganarse unos buenos puntos a costa mía."
"No te voy a negar que él se puede ver beneficiado por haberte descubierto, pero el Coronel no es tan malo como crees. Tienes que conocerlo primero."
"Como si me interesara."
"¿Te has puesto a pensar que es casi un hecho que él se va a convertir en tu oficial al mando? Al ser él el que te recomendó es natural pensar que serás asignado a su unidad."
Los ojos de Ed se abrieron enormemente. "Es una broma ¿verdad?" Riza negó con la cabeza y Ed se dio una palmada con su mano izquierda. "¡Maldición! Lo que me faltaba."
Riza le sonrió tratando de animarlo. "Ya verás que se terminarán llevando bien."
En ese momento se escuchó un claxon proveniente de un auto que acababa de estacionarse en la entrada del Comando Central. En el asiento del pasajero se encontraba Roy con los brazos cruzados tranquilamente y la misma sonrisa engreída que tanto había sacado de quicio a Edward.
Ed bufó. "Lo dudo" Tomando su maleta y colocándola sobre su hombro, Ed se dirigió hacia el auto seguido de cerca por Riza.
El viaje de regreso a Ciudad del Este fue más tranquilo que el de ida. Esta vez casi no hubo conversación entre los tres porque Ed seguía molesto con Roy por lo que se pasó todo el viaje leyendo frenéticamente un libro, lo que en algún momento captó la atención de Roy. Espera, ¿ese es otro libro?.
Cuando el tren se detuvo en la estación, Ed levantó la vista de su libro para después guardarlo en su maleta. Los tres descendieron del tren y tan pronto como estuvieron fuera de la estación Ed dio unos pasos al lado contrario al que se dirigían Roy y Riza.
Ambos se detuvieron y voltearon a verlo. Roy lo llamó. "Hey, niño." Ed se giró y Roy pudo notar el ceño fruncido en su rostro. "Recuérdalo, nos vemos en una semana en mi oficina." Ed asintió e hizo el intento de seguir caminando. "¿Estarás bien por tu cuenta?"
"Por supuesto."
Roy comenzó a buscar algo en sus bolsillos cuando Ed había empezado a caminar. "Espera."
Ed volvió a detenerse y giró los ojos antes de ver a Roy. "¿Qué?"
"¿Por qué tanta prisa?"
"Necesito llamar a Al."
Roy sonrió. "Por si no te habías dado cuenta en la estación de trenes hay teléfonos públicos."
Ed se sonrojó ligeramente de vergüenza y, a regañadientes, regresó por el camino que había recorrido para regresar a la estación. Cuando pasó al lado de Roy, éste lo detuvo poniéndole una mano en el hombro mientras extendía la otra, en la que sostenía un papel.
"Toma."
Ed miró lo que le ofrecía con desconfianza. "¿Qué es?"
"Es el número de mi oficina." Ed comenzó a mover su mano para tomar el papel cuando Roy agregó. "Y también el de mi casa." La mano de Ed se detuvo abruptamente y miró a Roy con una expresión de sorpresa. "Si necesitas algo no dudes en llamar."
Ed tomó el papel un poco desconfiado. "¿Por qué también el de tu casa? Supongo que con el número de tu oficina es más que suficiente."
"No creerás que me paso todo el tiempo en la oficina ¿o sí? ¿Qué tal si te pierdes durante la noche y no tienes cómo contactarme?"
La expresión tranquila con la que lo dijo, acompañado de la ligera sonrisa sincera en sus labios hizo que Ed se diera cuenta de que hablaba en serio. No era que Roy creyera que no podría valerse solo, sino que estaba consciente de que Ed era nuevo en la ciudad y quería hacerle su estadía un poco menos complicada.
Ed guardó el papel en su bolsillo y sonrió. "De acuerdo. Recordaré llamarte cuando necesite a alguien con quién hablar a las 3 de la mañana."
"¿Por qué alguien haría una llamada a esas horas?"
Ed se encogió de hombros. "Dijiste que te llamara si necesitaba algo."
De pensar en perder horas de sueño, Roy hizo una mueca. "Es mejor que necesites algo dentro de horarios razonables para una persona normal."
La sonrisa de Ed se ensanchó. "Demasiado tarde, Coronel. Debiste haberlo pensado mejor antes de darme tu número personal." Dicho esto le dirigió una ligera reverencia a Riza y comenzó a caminar de regreso a la estación mientras levantaba su mano izquierda por encima de su hombro a modo de despedida.
Roy y Riza se le quedaron viendo con una ligera sonrisa hasta que desapareció de su campo de visión. Parecía un chico un tanto problemático pero estaban seguros de que se las arreglaría.
Volviéndose hacia Riza, Roy dijo. "Vamos, Teniente Segunda." Y ambos emprendieron el camino hacia el Comando de Ciudad del Este.
Una semana después Ed se encontraba recorriendo el Comando del Este buscando la oficina de Roy. Obviamente en la entrada le habían impedido el acceso como la última vez pero, tras muchas insistencias y una paciencia casi agotada por parte de Ed, un militar accedió a verificar con una llamada a Central si había un Edward Elric en el registro de los aspirantes a alquimista estatal.
Bufando ante la pérdida de tiempo en la entrada, Ed siguió caminando por los pasillos con las manos en sus bolsillos.
Durante la semana Ed había recorrido todos los lugares de la ciudad que habían sido posibles y en su camino había ayudado a un par de personas a reparar algunas cosas. Incluso había aprovechado para comprar un par de libros cuando encontró una pequeña librería especializada en ciencias.
A pesar del ofrecimiento del coronel, Ed no lo llamó en toda la semana. Hubo una o dos ocasiones en las que se había sentido perdido pero prefirió encontrar el camino de vuelta al hotel preguntando a la gente a su alrededor. Además, por muy tentador que fuera, se abstuvo de cumplir su amenaza de llamarlo en la madrugada ya que pensaba que habría otras oportunidades para hacerlo y sería aún más divertido si se trataba de un 'ataque' sorpresa.
Tras pasar por un par de oficinas al fin encontró la que buscaba. Justo cuando estaba levantando su mano de automail para tocar la puerta, ésta se abrió rápidamente revelando un hombre corpulento con cabello rojizo.
"Sí, Havoc. Si me encuentro con Thomas le preguntaré si le queda algún cigarrillo." En ese momento el hombre devolvió la vista la frente encontrándose con Ed que aún tenía la mano levantada en el aire. "¿Eh? ¿Acaso es el día de traer a tu hijo al trabajo?"
Un tanto irritado, Ed bajó su mano y respondió. "Vengo a ver al Coronel Mustang."
El hombre enarcó una ceja. "Sabes, el Coronel Mustang no es niñero."
"Es más, él tiene a su propia niñera." Agregó alguien en el fondo. "Hey, Breda. ¿Qué pasa?" Un hombre alto y rubio se asomó por el hombro del hombre pelirrojo para ver a la persona que estaba en la puerta. "¿Qué hace este pequeño niño aquí?"
La rabieta de Ed no se hizo esperar. "¡¿A quién le dices tan pequeño que no puede alcanzar el pomo de una puerta?!"
El cigarro en la boca del rubio se deslizó ligeramente. "Yo no dije nada de eso."
El pelirrojo también se sorprendió por el alboroto del niño pero decidió retomar la conversación "Y bien, ¿qué es lo que quieres, niño?"
"Ya se lo dije, vengo a ver al Coronel Mustang. Tengo que hablar con él sobre-"
Ante las palabras de Ed, los ojos del hombre rubio se abrieron desmesuradamente y apartó a su compañero para ver fijamente al niño interrumpiéndolo antes de que pudiera terminar de dar sus razones. "¡No puede ser!" Señaló el rostro de Ed. "Vienes a ver al Coronel porque de seguro eres su hijo perdido."
Ed hizo una mueca ante esa declaración pero antes de que pudiera siquiera abrir su boca dos cabezas más se asomaron por detrás del rubio y el pelirrojo.
"¿Qué?" Preguntó el hombre de cabello gris.
"¡¿El Coronel tiene un hijo?!" Preguntó un hombre de pelo negro, con gafas y que parecía ser el más joven de la unidad.
El hombre pelirrojo se puso una mano en el mentón. "No lo creo, Havoc. No se le parece, además el niño es rubio y tiene ojos dorados."
Sin previo aviso el hombre rubio se agachó y tomó el rostro de Ed con una de sus manos y comenzó a analizar su rostro.
"¡Hey!"
"Bueno sí, tal vez no se le parezca mucho ¿Pero qué tal si tiene los rasgos de su madre? " Movió un poco el rostro de Ed hacia un lado. "¿No creen que la forma de su nariz se parece a la del Coronel?"
"A mi me parece una nariz común." Respondió el pelinegro.
"Además, cuando se combinan los genes de una persona con cabello y ojos negros y una con tonalidades claras, el color negro se vuelve dominante y las probabilidades de que el bebé herede las mismas características que las de una persona con ojos claros se vuelven del-"
"Gracias, Falman. Entendemos tu punto." Respondió el pelirrojo cortando el discurso de su compañero.
Apartando su mano del mentón de Ed para colocarla en su frente y forzar la cabeza del niño hacia atrás, el hombre rubio agregó. "Pero hasta su barbilla se parece a la del Coronel."
"Creo que estás imaginando cosas, Havoc." Dijo el hombre pelirrojo.
Habiendo agotado hasta la última gota de su paciencia, Ed apartó la mano del rubio y dio unos pasos atrás para comenzar a mover sus manos por encima de su cabeza desenfrenadamente. "¡Maldición! ¡Déjenme en paz! ¡No soy su entretenimiento! ¡Sólo vengo a ver a ese bastardo para ver mis resultados del examen de alquimista estatal!"
Todos se quedaron parados cerca de la puerta sorprendidos por las palabras del niño. No sabían si era más llamativo la forma tan descarada en la que se refería a Mustang en pleno Comando o si lo era más la insinuación de que este pequeño niño había realizado el examen para volverse un alquimista estatal.
El hombre rubio rompió el breve silencio que había surgido. "¿Entonces no eres el hijo del Coronel Mustang?"
Sus compañeros lo miraron con una expresión de ¿Que no es obvio? mientras que Ed gritaba un ¡No! mientras lo fulminaba con la mirada.
En ese momento se escuchó una puerta abrirse seguido de un click en el fondo y los hombres se quedaron petrificados unos segundos antes de voltear lentamente hacia el origen del sonido.
"Señores, me parece que aún hay mucho trabajo por hacer en cada uno de sus escritorios." Se escuchó una voz femenina "Además, ¿serían tan amables de dejar entrar a Edward?"
Al unísono todos respondieron con un ¡Sí, señora! y rápidamente volvieron a su área de trabajo, excepto por el hombre pelirrojo que salió velozmente por la puerta.
Ed se acercó nuevamente a la puerta y pudo ver cómo Riza colocaba el seguro de su pistola y la guardaba en la funda que tenía sujeta en su cintura. Al fijar su vista en él Riza sonrió. "Buenos días, Edward. Lamento mucho el alboroto."
"No se preocupe. Sólo espero que la próxima vez respeten mi espacio personal." Respondió Ed lanzando una mirada asesina a Havoc quien, al sentir su mirada, comenzó a acelerar la velocidad de su escritura.
Riza mantuvo su sonrisa y comenzó a caminar hacia su escritorio. "El Coronel te está esperando en su oficina."
"Perfecto, gracias, Teniente." Sin prestar mucha atención a sus modales Ed dio grandes zancadas hacia la puerta de la oficina de Roy para después abrirla de un portazo. "Hey, Coronel."
Roy levantó la vista de los papeles que estaba leyendo y suspiró. "¿No podías ser más escandaloso?" Preguntó con sarcasmo.
Sin esperar a que Roy se lo dijera, Ed se quitó su abrigo y se sentó en la silla que estaba frente al escritorio del coronel. "Cállate, Coronel. Venía de buen humor pero TUS subordinados no saben comportarse."
Roy enarcó una ceja. "¿Comportarse? ¿No te estás mordiendo la lengua?"
Ed frunció el ceño. "Dejaré pasar eso por esta vez. ¿Dónde están mis resultados?"
Roy sonrió. "¿De verdad quieres saber?"
"No, sólo vengo a ver tu tonta cara engreída." Respondió Ed con sarcasmo. "¿Y bien?"
Roy se puso a buscar en uno de sus cajones hasta sacar una pequeña caja y un sobre. Acercó la pequeña caja hacia Ed y, volviendo a su expresión profesional, le dijo. "Ábrela."
Ed tomó la caja y la abrió, descubriendo en su interior un reloj de plata con el escudo de Amestris grabado. Con uno de los dedos de su automail empezó a recorrer los relieves y una pequeña sonrisa de satisfacción apareció en su rostro.
Roy comenzó a hablar sacándolo de su estupor. "Este reloj de plata es la insignia que prueba que eres un alquimista estatal. Protégelo con tu vida." Roy sacó los papeles que se encontraban dentro del sobre. "Aquí está tu certificado y algunas formas o algo por el estilo… No tengo tiempo para leerlo así que mejor revisa los contenidos por ti mismo." Agregó mientras regresaba casi todos los papeles de vuelta al sobre.
Ed colocó su codo derecho sobre el reposabrazos de la silla y recargó su rostro sobre su mano. "Haz tu trabajo, holgazán."
Roy lo ignoró mientras le daba una rápida revisada al certificado antes de devolverlo al sobre. "Hmm… un nombre irónico. No pensé que el Führer fuera así de ingenioso."
"¿Qué?"
"Oh, nada." Roy le extendió el certificado. "Felicidades. Ahora eres oficialmente un perro de los militares."
Ed tomó el sobre y sacó el certificado. "Así que este es el certificado. Para un nombramiento que suena tan importante está impreso en un papel terriblemente endeble." Ed comenzó a leerlo rápidamente hasta llegar a una parte que le llamó la atención. "¿Acero?"
Roy se sentó en su sillón y entrelazó los dedos de sus manos. "Así es. Cuando te vuelves un alquimista estatal también recibes un nombre clave. A partir de ahora serás conocido como el Alquimista de Acero."
Ed sonrió. "Qué bien. Suena poderoso."
Roy se vio contagiado por la sonrisa del niño. "Bien." Se levantó de su sillón. "Supongo que es hora de presentarte al equipo."
La sonrisa de Ed desapareció. "Si estoy en tu unidad eso significa…"
La sonrisa de Roy se volvió engreída mientras se acomodaba el cuello de su chaqueta militar. "Que estás frente a tu nuevo jefe, Acero." Ed hizo una mueca. "Y como tu jefe espero que me trates con el debido respeto."
"¡Ja! En tus sueños, bastardo." Dicho esto Edward salió de la oficina con su abrigo en su brazo izquierdo y el sobre y la caja en su automail.
Roy suspiró. Ya se imaginaba una respuesta de ese tipo. Pero si así lo quería Ed, Roy podía hacer de las introducciones algo divertido… al menos para él. Oh sí. Estaba seguro que la incorporación de Acero a su equipo iba a volver a su unidad más interesante. Con ese pensamiento en mente Roy sonrió y siguió a Edward.
