Capítulo 8. Una conversación incómoda
N/A: ¡Feliz Navidad! Otra vez XD
Por ser una fecha importante y por petición de una de nuestros seguidores, por única ocasión por el momento, les tenemos un segundo regalo que es este capítulo. Esperamos que disfruten los dos capítulos del día de hoy y que nos compartan sus comentarios al respecto.
Dado que la próxima publicación será hasta el próximo año, aprovechamos para agradecerles mucho todo el apoyo y cariño que nos han dado en este proyecto. Nos hace muy felices saber que hay personas que nos siguen y que aprecian nuestras ideas locas sobre un fandom que adoramos y que a falta de recursos para poder ir a la exposición del 20 aniversario que se está llevando a cabo en Tokio, pues podamos seguir celebrando por medio de esta historia. ¡Muchas gracias por acompañarnos este año en nuestro primer fic! De verdad esperamos que nos sigan acompañando el año que viene. Les mandamos un fuerte abrazo virtual y les deseamos lo mejor para este año que se avecina.
Cuídense mucho y Felices Fiestas!
Nos vemos en 2022.
Saludos!
Golden y Flame
Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.
Roy odiaba los lunes. Siempre batallaba para levantarse de la cama y cuando lo lograba sus movimientos eran desanimados y lentos por lo que tendía a llegar tarde al trabajo y ganarse por ello una pequeña reprimenda de parte de su teniente. Además, por alguna extraña razón, el papeleo parecía multiplicarse al comienzo de la semana, por lo que comúnmente los lunes tenía que quedarse tiempo extra para tratar de ponerse al corriente. Era preferible eso a dejarlo hasta el viernes y perder sus valiosas horas del fin de semana.
Así comenzaba su semana Roy. Suspirando continuamente, leyendo y firmando papeles sin prestarles la debida atención. Su equipo se había retirado hace un par de horas excepto por Riza, quién estaba acomodando sus pertenencias en su bolso.
"Señor, si en lugar de suspirar dedicara ese tiempo a llenar el papeleo, ya habría terminado hace tiempo." Dijo Riza tranquilamente.
Roy soltó un gruñido de frustración. "Es que no lo entiendo, Teniente. ¿Por qué se requieren de tantos documentos para…" Tomó un papel al azar y leyó las primeras líneas. "resarcir los daños sufridos por un edificio tras una inspección de rutina?" Algo hizo click en la mente de Roy. "Un momento." El coronel buscó rápidamente en el documento hasta encontrar lo que buscaba. "Almacenes Wayward… ¿esa no es la sección que Acero debía revisar a medio día?"
Riza tomó el portapapeles en el que registraba las misiones de su unidad y la revisó rápidamente. "Efectivamente, Señor. Probablemente mañana entregue el reporte de su misión."
Roy volvió a gruñir y se pasó una mano por el rostro. "Ese mocoso. Se está volviendo un experto en generar papeleo extra." Derrotado colocó su rostro sobre el escritorio. "Por su culpa tengo que pasar esta hermosa noche encerrado en esta oficina."
Riza devolvió el portapapeles a su lugar para posteriormente colocarse su bolso al hombro. "Qué curioso, Señor. A mí me parece que su escritorio siempre ha estado lleno de papeles. Incluso antes de que Edward se integrara a la unidad."
El coronel optó por no comentar al respecto por lo que volvió a acomodarse y continuó con su papeleo.
"¿Está seguro que no quiere que lo ayude?"
Roy levantó su mirada hacia ella. Riza siempre se quedaba tiempo extra cuando él tenía que hacerlo (lo cual debía admitir que era muy frecuentemente). Pero en las ocasiones en las que Roy se quedaba más allá de las 9 de la noche, Riza se retiraba antes que él. Él mismo se lo había indicado así hace tiempo. Roy no dudaba de las habilidades de Riza, pero prefería no exponerla a andar sola en la noche, ya que ella siempre rehusaba una y otra vez que él la escoltara a su departamento, alegando que sería inapropiado, lo cual a Roy no le importaba en lo más mínimo. Ya tenía demasiada gente tras de él pero Riza siempre intentaba evitar que se hiciera de más enemigos o de que encontraran cualquier excusa para perjudicarlo.
Roy no pudo evitar esbozar una pequeña sonrisa. Riza siempre le preguntaba lo mismo. "No se preocupe, Teniente. Vaya a casa y descanse."
"Sí, Señor." Riza se dirigió hacia la puerta. Antes de abrirla se giró y realizó el saludo militar. "Buenas noches, Coronel."
"Buenas noches, Teniente."
Tiempo después el coronel finalmente había terminado el papeleo del día. Se levantó de la silla y estiró los brazos por encima de su cabeza tratando de desentumecer sus músculos. No estaba seguro de cuánto tiempo había pasado, pero seguramente ya eran más de las 10. Podría comprobarlo sacando su reloj de bolsillo, pero estaba más interesado en tomar sus cosas para por fin irse a descansar a su departamento.
Los felices pensamientos de Roy se vieron interrumpidos cuando el teléfono de la oficina sonó. ¿Una llamada? Roy se debatió por un momento. No tenía sentido que alguien llamara a estas horas. Estaba ligeramente tentado en ignorar la llamada y seguir su camino pero la idea de que podía ser algo importante lo detuvo. Suspirando se acercó al escritorio y tomó el auricular. "Coronel Mustang."
"Coronel." Una voz joven y amable pero con un ligero eco metálico respondió. "¡Qué bueno que lo encuentro!"
"¿Alphonse?" Roy estaba sorprendido. A lo largo del año que Ed llevaba en la unidad había tenido varias oportunidades de interactuar con el menor de los Elric pero jamás había recibido una llamada de él. Ocasionalmente Ed lo llamaba pero eso siempre sucedía después de reiterarle constantemente que necesitaba saber de sus avances.
"Lamento molestarlo tan tarde. Se trata de mi hermano."
El tono preocupado con el que Al habló, encendieron sus niveles de alerta. "¿Qué sucede, Alphonse?"
"No se preocupe, todo está bien." El tono de Al no convenció a Roy. "Bueno, si he de serle sincero tuvimos algunas dificultades pero el doctor dice que las heridas sanarán rápidamente."
"Alphonse, no te estoy entendiendo. ¿Qué heridas? ¿Qué pasó con tu hermano?"
Al hizo un sonido como de un suspiro. "Mi hermano está internado en el hospital. Cuando fuimos a realizar la inspección en los almacenes nos encontramos con una banda de delincuentes. Logramos atraparlos pero una parte del almacén colapsó sobre mi hermano. Tiene algunas heridas menores pero su pierna izquierda se fracturó y el automail de su pierna se dañó."
Algo se revolvió dentro de Roy. ¿Edward internado en el hospital? Sabía que el niño era bastante temerario e imprudente pero casi siempre lograba salir ileso de las misiones a las que lo mandaba. Algunas ocasiones había salido ligeramente herido pero nada que un poco de alcohol y curitas no pudieran arreglar.
"¿Por qué no me llamaste antes? Se supone que la inspección se realizó a medio día."
"Lo siento, Señor. En un inicio lo olvidé pero después cuando le dije a mi hermano que lo llamaría se negó rotundamente."
En esta ocasión fue el turno de Roy para suspirar. "No te preocupes, Alphonse. Sé lo obstinado que puede llegar a ser Acero. En un momento salgo para allá."
"Espere, Señor…"
"¿Hm?"
"Eh… mi hermano finalmente accedió a que le llamara, o bueno más bien insistió en que lo hiciera porque ya quiere salir del hospital y pues resulta que, al ser usted su tutor legal, necesitan de su firma para que lo puedan dar de alta."
"Hablando de obstinación…" Roy se pasó una mano por el rostro tratando de controlar su estrés. "¿Los doctores están de acuerdo con que se vaya del hospital?"
"En realidad quieren tenerlo un par de días más en observación para verificar que su pierna comience a sanar correctamente." Contestó Al, con un tono preocupado.
La preocupación en la voz de Al no pasó desapercibida por el coronel. "Voy para allá y hablaré con él ¿de acuerdo?"
"Gracias, Coronel."
Roy colgó el teléfono y rápidamente tomó sus cosas para posteriormente salir del cuartel. La idea de una buena noche de descanso había desaparecido por completo de su mente. Por lo que le había dicho Al, Ed estaba relativamente bien pero no podría estar completamente tranquilo hasta que lo viera con sus propios ojos. No estoy preocupado por él. Es solo la sorpresa de saber que está internado. Nada más.
Unos cuantos minutos después Roy estaba atravesando las puertas del hospital, encontrándose con Alphonse sentado en una de las bancas de la recepción.
Al verlo, Al rápidamente se puso de pie y se acercó a saludarlo. "Coronel."
"Hola, Alphonse. ¿En qué habitación está?"
"En la 26, Coronel." Roy asintió y se dispuso a dirigirse a la habitación de Ed, cuando Al agregó. "Disculpe que lo molestemos a estas horas."
Roy estaba a punto de darle una respuesta rápida y seguir su camino pero algo en el tono de voz del menor de los Elric lo hizo detenerse en su lugar. Roy miró a la armadura por unos segundos hasta que una realización llegó a su mente e hizo que le diera ganas de darse una palmada en la cabeza por tal descuido. Acercándose a él le colocó una mano en el brazo de la armadura (aunque estaba consciente de que el niño no podía sentirla) y le dijo. "¿Cómo te sientes, Alphonse?"
Al, quién estaba jugueteando con la tela que cubría la parte inferior de su armadura, dio una sacudida en señal de sorpresa. "¿Yo? Pero mi hermano…"
"Sé que Acero es el que está herido pero esta situación te está afectando, ¿me equivoco?"
Al detuvo el movimiento de sus manos y bajó ligeramente la cabeza. "He estado tratando de fingir frente a mi hermano para que no tenga que preocuparse por más cosas pero… cuando lo vi inmóvil y con manchas de sangre…" Sacudió su casco tratando de alejar la imagen de su mente. "Tenía mucho miedo. Además mi hermano jamás había estado internado en el hospital."
Roy lo miró fijamente mientras hablaba. Sabía que la armadura no podía denotar emociones pero el tono de Al y sus movimientos eran más que suficientes para entender sus sentimientos. El lazo de los hermanos Elric era muy fuerte, además de que desde hace años han sido la única familia que les queda. El solo pensar en la posibilidad de que pudo haber perdido a su hermano había dejado a Al muy alterado. Sólo tenía 12 años y pudo haberse quedado completamente solo.
Roy se acercó y se colocó ligeramente por debajo del casco de la armadura para atraer la atención de la mirada de Al. "Tranquilo, Alphonse. Ahora todo está bien. Entiendo que esta situación fue muy estresante y preocupante para ti pero estoy seguro que con lo obstinado que es Acero jamás se va a dejar vencer tan fácilmente. Además, conociendo a tu hermano, en un par de días ya estará haciendo el mismo alboroto de siempre." Dijo sonriendo al final.
Al hizo un sonido de suspiro, pero su tono de voz era más relajado. "Tiene razón. De hecho ya está haciendo su alboroto. Como le dije por teléfono, mi hermano ya quiere salir del hospital. Le sugerí que se quedara unos días para que pudiera descansar pero no funcionó. Insiste en que no va a pasar ni un día más aquí."
"¿Sabes? Si no estuviera comportándose de esa manera, ahí sí estaría seguro de que algo malo le pasa."
Al levantó su mirada y soltó una pequeña risita. "Gracias, Coronel."
Roy le sonrió tranquilizadoramente y apartó su mano. "¿Por qué no vas a dar un paseo por los jardínes del hospital? Estoy seguro que un cambio de panorama te vendría de maravilla."
"Pero tengo que cuidar de mi hermano."
"Yo me encargo de cuidarlo. Sal y tómate todo el tiempo que necesites ¿de acuerdo? Al fin y al cabo creo que él y yo tenemos una plática pendiente."
Al parecía estar un poco indeciso. Al final, dio un paso hacia la salida pero rápidamente se dio la vuelta para volver a ver al coronel. "¿Va a autorizar su alta del hospital?"
"Por supuesto que no. Un mocoso como él no puede influir en las indicaciones del doctor. Si el doctor dice que debe quedarse más días así será."
Esa parecía ser la razón de la indecisión de Al, ya que con las palabras del coronel su postura se relajó. "¡Gracias, Coronel!... y suerte."
Roy le sonrió y cada uno caminó hacia sus destinos.
Roy caminó por los pasillos del hospital hasta que encontró su destino. Dando un suspiro para prepararse para la discusión que de seguro iniciaría, abrió la puerta.
Era una habitación individual. Las luces estaban encendidas y la pequeña ventana estaba abierta dejando que el brillo de la luna cayera sobre el ocupante del cuarto. Con sumo cuidado, Roy entró en la habitación y se quedó contemplando al paciente. Edward estaba dormido sentado en la cama, seguramente en un terco intento de mantenerse despierto hasta que le permitieran salir del hospital. Su cara tenía varias marcas de cortaduras pero ninguna parecía profunda. Lo más llamativo sin duda era la pierna enyesada que estaba elevada sobre un par de almohadas.
Notando que la ventana estaba abierta y Edward no estaba tapado, Roy cerró la puerta con mucho cuidado para evitar despertarlo y se acercó al gabinete que reposaba al lado de la ventana. Cerró la ventana, tomó una cobija, y se acercó a la cama. Estando tan cerca de él pudo notar que un moretón se asomaba por el cuello de su bata de hospital, seguramente por el impacto de la caída.
A pesar de lo lento y cuidadoso que estaba haciendo su labor, cuando Ed sintió el movimiento de la cobija sus ojos comenzaron a apretarse ligeramente para después abrirlos segundos después. Notando esto, Roy acercó la silla que estaba al lado de la cama y se sentó en ella esperando a que Edward terminara de despertarse.
Ed parpadeó un par de veces y pasó una de sus manos por su rostro. Después de un bostezo pareció recordar lo que había pasado y se percató de la presencia de Roy. "¡Coronel!"
"Buenas noches, Acero."
"¡Genial! Esto significa que ya me puedo ir de aquí ¿cierto?" Ed hizo el intento de levantarse de la cama pero Roy lo detuvo con su brazo causando una expresión de confusión en el rostro de Ed.
"Quieto ahí, Acero. No vas a salir de este hospital hasta que el doctor lo indique."
"¿Por qué crees que le dije a Al que te llamara? Puedes firmar la autorización de alta y listo. Asunto arreglado." Respondió Ed cruzándose de brazos.
Sin inmutarse, Roy le preguntó. "¿Al menos puedes ponerte de pie?"
La pregunta tomó por sorpresa a Ed pero rápidamente se repuso y sus ojos se llenaron de determinación. "Por supuesto." Ed apartó la cobija y tomó con cuidado su pierna enyesada con ambas manos. Una pequeña mueca cruzó por su rostro por lo que antes de que pudiera levantar su pierna Roy colocó una mano sobre su brazo para detenerlo.
"No lo hagas. Necesitas reposo."
Ed apartó la mano de Roy para después volver a recargar su espalda contra la cabecera. "¿Entonces por qué me haces ese tipo de preguntas, bastardo?"
Roy suspiró. "Necesitas conocer tus límites." Señaló con la cabeza hacia su pierna enyesada. "Apuesto a que con ese pequeño movimiento que le diste, ahora te está molestando."
Ed frunció el ceño y miró hacia el lado opuesto de donde se encontraba el coronel. "Estoy bien, ¿de acuerdo? Esto solo es un inconveniente."
"¿Un inconveniente? Acero, ¡un edificio colapsó encima de ti!"
"¿Y? Estoy vivo y listo para salir de aquí para seguir buscando la piedra filosofal."
"Ni siquiera tienes una sola pierna funcional. Al me dijo que también tu automail está dañado."
"Estoy completamente consciente de mis heridas." Ed regresó su mirada hacia el coronel. "¿Puedes firmar el alta médica?"
"Claro que puedo." Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Ed. "Pero no lo haré." Y así como apareció, la sonrisa se fue.
"¡No seas holgazán! ¡Sólo es una maldita firma!"
Roy pasó una mano por su rostro tratando de controlar su frustración. "No se trata de si es trabajo para mí o no. Se trata de tu salud y bienestar."
Sus palabras desconcertaron a Ed, quien desvió su mirada hacia sus propias piernas.
"Dime, ¿por qué tienes tanta urgencia en irte de aquí? Sé que los hospitales no son muy divertidos que digamos pero estoy seguro que puedes sobrevivir un par de días aquí."
Con ambas manos Ed apretó la cobija desordenada que había quedado sobre él y murmuró. "Es una pérdida de tiempo."
"Vamos, no exageres. Sólo serán un par de días."
Ed agachó la cabeza ligeramente para que los mechones de su pelo pudieran cubrir su expresión y respondió en un tono triste. "Cada día que pase aquí es un día más que Al tiene que pasar en esa armadura."
Por un momento la habitación se quedó en completo silencio. La sincera preocupación y culpa que denotaba el tono de voz de Ed había dejado a Roy desconcertado. Desde que Ed se había integrado a su unidad siempre había mantenido su personalidad valiente, solidaria, ruidosa y un tanto arrogante. No lo había vuelto a ver vulnerable desde aquella vez en que lo había levantado de su silla de ruedas.
Tosiendo un poco para aclarar su garganta Roy retomó la conversación. "Para que puedas seguir buscando la piedra filosofal, primero necesitas recuperarte, Acero."
Ed apretó más fuerte la cobija. "No tengo tiempo para esto. Sólo estoy retrasando a Al."
"No lo estás retrasando. Además sé que Al está más que dispuesto a esperar a que te recuperes."
Ed soltó la cobija y volteó a ver a Roy con una mirada angustiada. "Al es muy bueno y esperará, pero yo no quiero hacerlo esperar más tiempo. Es mi culpa que esté en ese cuerpo que no puede sentir nada. Por mi culpa ni siquiera puede disfrutar de tener sueños ni probar el sabor de una comida." Ed mantuvo la cabeza en dirección a Roy pero bajó la mirada. "No merezco perder el tiempo aquí cuando debería de estar encontrando una manera de arreglar mi error."
Roy miró fijamente a Ed. Su expresión y mirada denotaban lo mucho que la culpa lo seguía atormentando. Él había experimentado ese sentimiento de primera mano y ahora le resultaba triste que un niño/adolescente de tan solo 13 años cargara con tanto peso sobre sus hombros. Aunque en algunas ocasiones Ed podía llegar a ser infantil, odiaba ser tratado como un niño y Roy solía olvidar que al final de cuentas Ed era a lo mucho un adolescente, pero el verlo ahí en una cama de hospital y en ese estado tan vulnerable, provocó en Roy un deseo de ayudarlo y protegerlo.
Con delicadeza Roy colocó una de sus manos en el hombro de Ed provocando una pequeña sacudida por parte del niño. "Acero." Ed levantó su mirada. "Para ser un genio de la alquimia, a veces eres demasiado tonto."
Ed lo fulminó con la mirada. "Eres un bastardo." Sacudió su hombro tratando de romper el contacto con Roy, pero el coronel mantuvo un agarre cuidadoso pero firme en su hombro.
"Escucha, sé que sientes culpa por lo que sucedió pero el camino del auto castigo no te va a llevar a ninguna parte. Créeme, te lo digo por experiencia propia." Los ojos del coronel se ensombrecieron por un segundo, cosa que Ed notó. "Entiendo perfectamente lo que debes hacer para recuperar lo que tú y tu hermano perdieron pero para lograrlo primero tienes que cuidar de ti mismo. Haces un buen trabajo procurando a Al, ahora haz lo mismo por ti. ¿De qué va a servir que salgas en estas condiciones? No puedes defenderte adecuadamente. Podrías terminar aún más herido o incluso podrías morir."
Ed tragó saliva ante las últimas palabras de Roy. Entendía el mensaje que el coronel quería darle pero aún no estaba dispuesto a ceder. "Pero Al-"
Roy lo interrumpió. "Ustedes dos son todo un caso." Sonrió. "Siempre se preocupan más por el otro que por sí mismos. Justo antes de que entrara a tu habitación me encontré a Alphonse y me dijo que estaba completamente en desacuerdo con tus deseos de salir de aquí. De hecho, si bien tengo entendido, él mismo te lo dijo."
Un pequeño sonrojo apareció en las mejillas de Ed. "Sí, lo hizo. Me costó mucho trabajo convencerlo para que te llamara."
"¿Ves? Sé que Alphonse desea recuperar sus cuerpos tanto como tú, pero no está dispuesto a sacrificar tu salud o tu propia vida por ello. Así que tómatelo con calma." Roy notó que Ed ya tenía una expresión más tranquila pero no parecía del todo convencido. "Acero, el buscar llegar a una meta no significa que tengas que privarte de las cosas buenas de la vida. El descanso también es importante. Es más, deberían darse sus tiempos para explorar la ciudad sin que estén persiguiendo una pista de la piedra filosofal. Incluso podrían tomarse unas vacaciones en Resembool. De seguro Al lo apreciaría."
Los recuerdos de su infancia en Resembool con Al y Winry hicieron sonreír a Ed. "¿Entonces no vas a firmar mi alta?"
La expresión de Roy se congeló por un momento y Ed pudo apreciar cómo poco a poco la molestia cambiaba su expresión. Apartando su mano del hombro de Ed para poder señalarlo, Roy exclamó "¡Tú…!"
"Sólo bromeaba" Ed comenzó a reír y su risa fue más que suficiente para apaciguar la molestia de Roy. Al fin la expresión de Ed se había relajado y su risa sonaba tan alegre y natural que Roy no pudo evitar sonreír.
En ese momento pudieron escucharse unas pisadas metálicas en el pasillo y poco después la puerta se abrió para dar paso a Al.
"Hey, Alphonse. Logré convencer al testarudo de tu hermano para que haga caso a los doctores."
"¡Genial! ¡Muchas gracias, Coronel!"
Ed miró a ambos y después exclamó. "Creo que ambos se aliaron para conspirar en mi contra."
Roy rodó sus ojos y Al lo ignoró cambiando el tema. "Hermano, mira lo que encontré." Al se acercó a su cama y tanto Ed como Roy pudieron ver que en sus guantes llevaba unos cuantos dientes de león.
Ed tomó uno, emocionado. "Wow, no había visto uno de estos por aquí."
El tono de Al también denotaba su emoción. "Ni yo, a lo mucho había visto margaritas. Oye, hermano ¿podrías soplar uno? Hace tiempo que no lo hacemos."
"Claro, Al."
Al tomó uno de los dientes de león de sus manos y lo acercó a la boca de su hermano. "A la cuenta de 3, ¿ok?" Ed asintió. "1...2…" y en ese momento, aprovechándose de la boca abierta de Ed, Al insertó la flor en la boca de su hermano. "Eso es por ser tan terco." Y comenzó a reír.
"Traidor." Ed estaba escupiendo pero al mismo tiempo no podía controlar la risa.
Roy observó la escena ante sus ojos con una sonrisa. Le alegraba que los Elric rieran y disfrutaran de ese momento olvidándose de sus preocupaciones. Sintiendo que esa era su señal para salir, Roy se levantó y comenzó a acomodarse su uniforme. "Bien, creo que es hora de que me vaya."
"De verdad disculpe que lo hayamos hecho venir a estas horas, Coronel." Dijo respetuosamente Al.
"No pasa nada, Al. Me alegra saber que están bien y que pude meter algo de sentido común aquí." Roy terminó de hablar añadiendo unos ligeros golpes en la cabeza de Edward.
Rápidamente Ed se apartó de la trayectoria de su mano. "Qué gracioso, Coronel." Dijo con sarcasmo. "Al menos espero que cuando el doctor te entregue mi alta, no la vayas perder entre todo tu papeleo y me dejes aquí por toda la eternidad."
Con una sonrisa Roy le respondió. "Si la hoja es tan pequeña cómo tú es casi seguro que la voy a perder de vista."
"¡Que no soy pequeño, Coronel bastardo!"
Roy rió ligeramente y se encaminó hacia la puerta dispuesto a marcharse. Apenas había puesto una mano en el pomo cuando Ed lo llamó.
"Coronel." Roy se giró y pudo ver que Ed sonreía. "Gracias."
Roy le devolvió la sonrisa. "Cuando quieras, Acero." Y dicho esto salió de la habitación.
Ya pasaba de media noche cuando Roy llegó a su departamento ya que antes de salir del hospital tuvo que hablar con la recepcionista para pedirle que lo mantuviera al tanto de la condición de Edward. Agotado por la larga jornada no se molestó en cambiarse y únicamente se dejó caer en su cama. El sueño lo venció casi de inmediato pero no por eso la sonrisa se borró de su rostro.
Al día siguiente, como era de esperarse, Roy llegó tarde al trabajo pero en cuanto le comenzó a explicar a Riza la razón de su retraso los regaños cesaron de inmediato siendo sustituidos primeramente por preguntas y después por una sonrisa genuina tras escuchar sobre algunas partes de la conversación que habían tenido.
Esa tarde el doctor que estaba atendiendo a Edward le llamó para decirle que su recuperación había comenzado de manera satisfactoria por lo que podría regresar a los dormitorios el día de mañana. Por ello, al día siguiente Roy se levantó más temprano de lo normal y pasó al hospital para firmar su autorización.
Ed fue dado de alta el miércoles al medio día. Con ayuda de Al y un par de muletas pudieron salir del edificio y tomar un taxi. Afortunadamente su automail de la pierna le servía de soporte para apoyarse al caminar (Ed se negaba a usar una silla de ruedas) pero realmente no tenía mucho rango de movimiento, por lo que tuvo que llamar a Winry y pedirle que viniera a Ciudad del Este para arreglar su automail, ya que un viaje hasta Resembool era un tanto complicado en sus condiciones.
Winry llegó la mañana del día siguiente y Al fue a recogerla mientras Ed se quedaba en el sillón de la pequeña sala de su dormitorio leyendo un libro sobre alquimia. Ed se encontraba tan sumergido en su lectura que el tiempo pasó sin que lo notara, por lo que no tuvo posibilidad de prepararse para la llave inglesa que salió disparada hacia su cabeza.
Ante el impacto Ed se llevó ambas manos a la cabeza para sobarse dejando caer el libro al suelo. "¡Auch!"
"Eso te pasa por no cuidar bien de mi automail."
Ed volteó a ver hacia la puerta y pudo ver que ahí se encontraba Winry con su caja de herramientas y un poco atrás de ella estaba Al, ligeramente asustado.
"¡Maldición, Winry! Vaya forma de saludar."
Winry se acercó hasta él para tomar su llave y en ese momento pudo observar el estado de su pierna. "Ed… no me habías dicho nada sobre esto." Dijo en voz baja señalando su pierna enyesada.
"Ah, ¿esto? No te preocupes, no es nada importante." Dijo Ed moviendo su mano restándole importancia al asunto.
"¿Qué te pasó?" Dijo Winry mientras se sentaba de rodillas en el suelo al lado de Ed.
"Eh… bueno…"
"Un edificio colapsó encima de él." Agregó Al desde la entrada.
"¡Al!" Protestó Ed.
La expresión de Winry se tornó preocupada y un poco triste. "Pudiste haber muerto."
Ed se quedó en silencio unos segundos. Nunca le había gustado ver a Winry triste ni mucho menos verla llorar. Dando un suspiro, Ed se sentó para acercarse a la posición en la que estaba Winry y colocó su mano sobre la cabeza de ella. "No te preocupes, Winry. Estoy bien. Sabes que no me voy a dejar vencer tan fácilmente."
Winry dirigió su mirada hacia Ed y pudo ver que había una pequeña sonrisa en su rostro. Esa sonrisa y su gesto la tranquilizaron. En algún punto, durante su infancia juntos, Ed había empezado a colocar una mano en su cabeza tratando de reconfortarla cuando estaba triste. No siempre podía evitar las lágrimas pero, por alguna razón que desconocía, ese simple gesto le transmitía paz y tranquilidad.
Aunque seguía preocupada por la vida que Ed y Al llevaban ahora, Winry no pudo evitar sonreír. "Ok, está bien. Te creo." Se agachó ligeramente para agarrar su llave y el libro que Ed había dejado caer. "Pero tienes que ser más cuidadoso de ahora en adelante ¿de acuerdo?"
Ed tragó saliva al ver la forma amenazadora en la que Winry sostenía la llave. "Lo intentaré."
Un poco más tarde Winry examinó los daños de la pierna de Ed y, para pesar de Ed, decidió que era necesario retirarla para repararla ya que había varios cables sueltos. Usando el escritorio de la habitación de los chicos como mesa de trabajo, Winry se pasó un par de horas trabajando en el automail mientras Ed y Al discutían algunas teorías sobre alquimia en la sala. Cuando hubo terminado, Winry caminó felizmente hacia la sala sosteniendo la pierna entre sus manos. "Está lista."
Ed hizo una pequeña mueca. Ansiaba volver a tener la movilidad de su pierna de automail pero eso significaba que tenía que volver a pasar por el dolor de la conexión de los nervios.
"Vamos, no pongas esa cara. Al menos esta vez sólo será la conexión de un solo miembro."
Ed suspiró. "Ok, hagámoslo. Al, ¿puedes echarme una mano?"
"Claro, hermano." Al se levantó del sillón ayudando a Ed a sostenerse lo suficiente para sentarse en una silla. Después Al se colocó detrás de él colocando sus guantes en los hombros de su hermano.
Winry se acercó y dejó el automail en la mesa por un momento mientras recogía la llave necesaria. Una vez que la tuvo en sus manos, se agachó y acomodó el automail en el puerto de la pierna de Ed. "¿Listo?" Ed asintió mientras Winry acercaba la llave al punto de conexión. "A la cuenta de 3. 1...2...3." Con un movimiento de su mano, Winry aseguró la pierna de Ed, mientras él daba un pequeño brinco y un gemido de dolor por la descarga de energía que recorrió sus nervios.
Ed respiró profundamente un par de veces antes de empezar a mover su pierna para comprobar sus movimientos. Verificando que había recuperado la movilidad de antes, Ed sonrió. "Perfecto. Gracias, Winry."
Winry le devolvió la sonrisa. "No hay de qué. Pero si lo vuelves a dañar antes de la sesión de mantenimiento te voy a cobrar el doble."
"Sí, sí. Lo que tú digas." Respondió Ed sin prestar mucha atención a la pequeña amenaza de Winry mientras seguía moviendo su pierna.
"¿Me estás prestando atención, loco de la alquimia?"
"¿Dijiste algo, loca del automail?" Dijo Ed a modo de broma.
Viendo que esto podía terminar en una discusión, Al intervino. "Hermano, ¿quieres que te ayude a regresar al sillón?"
"¿De qué estás hablando, Al? Mejor pásame mis muletas y vayamos a explorar la ciudad."
"No creo que esa sea una buena idea, hermano. El doctor dijo que restringieras tus movimientos al menos durante esta semana."
"Entonces no hay nada más que decir. Loco de la alquimia, te quedas aquí." Agregó Winry con tono autoritario.
"Pero quiero salir." Dijo Ed con tono de berrinche. "Odio estar sentado sin hacer nada. Ya no tengo más libros para leer."
"No te preocupes, hermano. Iré a traer algunos más de la biblioteca. Además puedo aprovechar para comprarles algo de comida." Dijo Al
Antes de que Ed pudiera negarse, Winry intervino, emocionada. "¿Hay algún libro sobre automail en la biblioteca?"
"Creo que sí. Pero si no encuentro uno ahí puedo ir a una librería y comprártelo."
Winry brincó de la emoción y se acercó a darle un abrazo a Al. "Gracias, Al. Eres el mejor."
"Bueno, entonces saldré por un momento. Por favor, no se maten mientras no estoy." Dijo Al con un tono mitad en broma mitad preocupado.
"No prometo nada." Respondieron ambos al unísono.
Una vez que Al salió del dormitorio, Winry guardó sus herramientas y después se dirigió al baño. Mientras ella estaba fuera de la sala, Ed se levantó de la silla para después acomodarse en el sillón, casi cayéndose en el proceso. Generalmente la conexión de automail lo hacía sentirse agotado al final del día pero por sus condiciones actuales el cansancio comenzó a visitarlo antes de tiempo.
Cuando Winry regresó a la sala encontró a Ed recostado en el sillón. Sus piernas se encontraban descansando sobre el reposabrazos del mueble mientras que la cabeza de Ed se encontraba encima de una delgada almohada que inútilmente trataba de esponjar.
"¡Maldición! Odio tener la pierna enyesada."
Winry se le quedó viendo por unos segundos hasta que una idea cruzó por su mente.
"Déjame ayudarte."
Ed se quedó quieto esperando que Winry le trajera otra almohada o que le ayudara a acomodar la que ya tenía. Para su sorpresa, Winry se sentó al lado de él y después colocó su cabeza sobre su propio regazo.
Un poco avergonzado pero tratando de controlar el sonrojo que amenazaba con pintar sus mejillas, Ed le dijo. "Eh… ¿Winry? ¿Qué estás haciendo?"
"¿Qué crees que estoy haciendo, tonto? Te estoy ayudando a descansar. Apuesto a que estás agotado."
"Oh… gracias…"
Ed le echó un vistazo a Winry y sintió que no podría controlar su sonrojo por lo que prefiero cubrir sus ojos con su brazo. Ambos se quedaron callados por unos minutos hasta que Winry rompió el silencio. "¿Ed?"
"¿Mmm?"
"¿Cómo te ha ido?"
Ed suspiró. "Hemos seguido un par de pistas sobre la piedra pero todas han resultado falsas. Siempre que puede el Coronel me manda a cumplir algunas misiones pero de ahí en fuera Al y yo podemos ocupar el tiempo para seguir investigando y viajando."
"¿Entonces sueles tener varias misiones como esta?"
El tono usado por Winry provocó que Ed apartara su brazo y la mirara, encontrándose con una expresión de preocupación en su rostro. El día que Ed decidió que se uniría a la milicia, Winry había expresado su preocupación al respecto, pero había estado más que dispuesta a apoyarlo en todo lo que pudiera. Sin embargo, Ed sabía que dentro de su entusiasmo habitual se encontraba el temor a que algo pudiera sucederles a él y a Al, como hace años había pasado con sus padres.
Como desde su posición no podía alcanzar su cabeza, Ed optó por alcanzar una de las manos de Winry y darle un pequeño apretón. "Todo va a estar bien, Winry. Fui descuidado y por eso terminé así. Tendré más cuidado para la próxima ¿sí?"
Winry le respondió con un pequeño apretón. "De cualquier forma creo que tendré que reforzar más tu automail."
"¿Qué insinúas? ¿No confías en mí?"
"Confío en ti pero no en tu autopreservación de la vida." Respondió Winry con una pequeña sonrisa y le dio unos pequeños golpes en la cabeza. "A veces me pregunto si aquí hay algo de espacio para el sentido común."
Ed frunció el ceño. "Espero que no estés insinuando algo más con eso."
"¿Sobre lo pequeña que es? No te preocupes, es normal para tu tamaño." Dijo Winry con una sonrisa burlona.
"¡No soy pequeño! ¡Aún estoy en crecimiento!" Ed comenzó a agitarse intentando sentarse pero Winry colocó una mano en su frente y lo forzó a quedarse acostado. Ante esto Ed se cruzó de brazos. "Te aprovechas de los heridos, loca del automail."
"Cállate, tonto. Te estoy cuidando." Notando como los mechones de Ed se habían desarreglado por sus movimientos, Winry comenzó a pasar sus dedos por el cabello de él. "No entiendo cómo es que tu cabello es tan suave."
Ed se relajó ante su toque y bajó sus brazos ligeramente. "¿Acaso tienes envidia?" Preguntó Ed a modo de broma.
"Quisieras." Winry siguió pasando sus dedos por el cabello de Ed, provocando que el rubio cerrara sus ojos. Pasados unos minutos Winry creyó que Ed se había quedado dormido y estaba a punto de parar su movimiento cuando el rubio habló.
"Hey, Winry." Ed abrió los ojos y buscó su mirada. "Gracias por venir."
La sonrisa sincera de Ed contagió a Winry, quien se la devolvió. "No hay de qué, Ed... ¿Sabes? El otro día estuve leyendo sobre una nueva aleación que se está implementando en los automails. Tal vez la próxima vez que vayan a Resembool podamos probarla."
Ed desvió su mirada y Winry se sintió un poco triste. Desde que se fueron del pueblo Ed se rehusaba a ir a Resembool a no ser que requiriera una reparación de automail, por lo que no solían avisarle cuándo irían. El que hubiera desviado la mirada de seguro significaba que no tenía planes de ir pronto.
Ed la sacó de sus pensamientos con sus palabras. "Suena bien." Winry lo miró con sorpresa y Ed continuó. "No falta mucho para el festival ¿cierto? Estaba pensando en que podíamos tomarnos unas vacaciones. Hace años que no vamos juntos."
"¿Lo dices en serio?" Winry preguntó mientras detenía el movimiento de sus dedos.
Ed volvió a mirarla. "Sí... Aunque tal vez sea una molestia con las muletas."
Rápidamente la sonrisa volvió a los labios de Winry, pero no pudo evitar molestar un poco más a Edward. "Eso no será problema. Te puedo cargar y asunto arreglado."
"Definitivamente no."
"Oh, vamos, no seas orgulloso. Será divertido. Además será pan comido para mí con lo pequeño que eres."
Ed frunció el ceño y dijo entre dientes. "¡Deja de decirme pequeño!" Winry comenzó a reír. "Maldición. Olvida lo que dije. No iré."
"No hagas berrinche, Ed. Además es demasiado tarde para que te retractes. Puedo desconectar tu pierna mientras duermes y llevármela conmigo. Así que tu decides si quieres que sea por las buenas o por las malas." Concluyó Winry con una sonrisa.
"Eres una extorsionadora." Dijo Ed con algo de molestia pero en realidad por dentro se sentía feliz. Tenía años que no disfrutaba de los festivales y los verdes prados de Resembool y, a decir verdad, los extrañaba mucho.
Winry volvió a reír y comenzó nuevamente a pasar sus dedos por el cabello de Ed. Esta vez Ed se relajó por completo y dejó que el mundo de los sueños lo reclamara rápidamente. Winry, por su parte, continuó con su movimiento hasta que el brazo de Ed se deslizó por su abdomen hasta levantar ligeramente su playera dejando al descubierto una parte del mismo, siendo una señal más que clara de que el rubio estaba completamente dormido.
"No has cambiado, Ed." Murmuró Winry con cariño al notar el viejo hábito de Ed. Winry acomodó una última vez el flequillo del rubio y se quedó contemplando la sonrisa que permanecía en el rostro del chico. Contagiada por su sonrisa, Winry acomodó su espalda contra el respaldo del sillón, procurando no mover a Edward en el proceso, y decidió dejar descansar sus ojos por unos minutos.
Ese mismo día jueves Roy tenía planes de ir a visitar a Edward. Quería hacerlo el día anterior pero creyó que era muy pronto. Además confiaba en que Alphonse haría un buen trabajo cuidando de él. No es que estuviera preocupado sobre cómo se estaba sintiendo Ed, simplemente quería verse como un comandante en jefe responsable. Solo eso.
Tratando de que su pequeña y rápida visita pasara desapercibida, Roy intencionalmente rechazó salir a almorzar con los miembros de su unidad alegando que tenía mucho papeleo que llenar. Quería evitar que sus compañeros se dieran cuenta de a dónde iba por lo que, dos horas después del almuerzo cuando su equipo estaba enfrascado en revisar el reporte de la última misión de Havoc y Breda, Roy se levantó de su escritorio para dirigirse a la puerta principal de su oficina.
Riza, como era de esperarse, rápidamente se percató de sus movimientos y lo miró por encima de los documentos que estaba revisando mientras los demás seguían inmersos en su plática.
"Voy a comer algo, Teniente. Encárguese de todo mientras no estoy." Le dijo Roy al pasar al lado de ella.
"Sí, Señor." Roy sonrió. Su plan había funcionado. Estaba a sólo unos pasos de la puerta cuando Riza agregó. "Déle nuestros saludos y buenos deseos a Edward. También a Alphonse, Señor."
Roy se quedó congelado en su lugar y volteó a ver a Riza. Ella tenía una sonrisa en sus labios y, cuando se atrevió a recorrer la oficina con su mirada encontró las mismas sonrisas en todos los miembros de su equipo. ¿En qué momento se callaron? Dando un suspiro ante su plan fallido, Roy dijo. "De acuerdo. Sigan trabajando. No tardaré."
Riza asintió manteniendo la misma sonrisa. Le alegraba que Roy visitara a Edward. En el tiempo que llevaba en la unidad, Riza se había encariñado con los Elric y estaba segura de que lo mismo podría decirse del coronel, aunque no quisiera decirlo en voz alta.
Por la carga de trabajo que habían tenido, Riza no había tenido la oportunidad de ir a visitar a Ed ya que cuando salía del trabajo las horas de visita en el hospital ya habían terminado. Pero, desde que se enteró del accidente, había llamado cada mañana al hospital para saber cómo se encontraba Edward e incluso ese mismo día había llamado a la recepción de los dormitorios militares, pidiendo discretamente informes sobre Edward puesto que no quería que Ed y Al se llegaran a sentir presionados por asuntos de la oficina al ser llamados desde ahí. Sabía que si se lo hubiera pedido, Roy, como su superior, le hubiera dado la autorización para ausentarse un par de horas del trabajo pero no quería que eso se prestara a malas interpretaciones de favoritismos o algo más por lo que tuvo que resignarse a mantenerse informada a través de llamadas. Lo bueno es que ahora tendría informes directos del Coronel sobre el estado de Edward y no podría pedir mejor fuente confiable que las propias palabras de Roy.
Los dormitorios estaban estaban un poco alejados del Comando del Este, por lo que Roy decidió llevar su auto para llegar más rápido. Cuando llegó allí y estaba cerca de la puerta principal, pudo apreciar una armadura, con unas cuantas bolsas de papel en sus brazos, acercándose por la calle opuesta por la que había venido.
"Buenas tardes, Alphonse."
Al escuchar el saludo, la armadura se acercó rápidamente para colocarse a su lado. "Buenas tardes, Coronel. ¿Qué lo trae por aquí?"
"Solo vengo a hacer una pequeña inspección de rutina en la zona." Dijo Roy hábilmente. "¿Cómo sigue tu hermano?"
"Está mejor. Varias de sus cortaduras están a punto de sanar por completo. Pero con lo de su pierna enyesada, ya se imaginara. Se desespera y se aburre fácilmente por no poder moverse como siempre."
"Lo que significa que se está sintiendo bien." Dijo Roy con una pequeña sonrisa.
"Exactamente. De hecho ya hasta se peleó con Winry como siempre."
"¿Winry?"
"Oh, cierto. Tal vez no la conoció aquella vez. Es una amiga nuestra de la infancia y la mecánica personal de Ed. Ella junto con la abuela Pinako construyeron los automail de mi hermano."
"Vaya, parece ser que Resembool está lleno de prodigios. Entonces asumo que el automail de Ed ahora está en reparación ¿no?"
"En realidad ya terminaron. Salí a comprar algunas cosas mientras mi hermano descansaba un poco. Las reconexiones son dolorosas y suelen dejarlo un tanto agotado." Una idea cruzó por la mente de Al. "Bueno probablemente esté despierto y casi seguro discutiendo con Winry. Ya que está por aquí ¿no le gustaría verlo, Coronel?"
Fingiendo algo de duda, Roy sacó su reloj de bolsillo y revisó la hora. "Me parece bien. Aún tengo algo de tiempo. Además estaba pensando en hacerle una llamada para decirle que no se preocupara por lo de su reporte."
Al asintió y comenzó a caminar, guiando a Roy hasta su dormitorio. En el camino Roy le preguntó señalando con la cabeza las bolsas que estaba cargando Al. "¿No quieres que te ayude con algo?"
"No gracias, Coronel. Es un tramo corto. Aunque si pudiera ayudarme a abrir la puerta cuando lleguemos se lo agradecería."
En ese momento Al se detuvo frente a la puerta que Roy asumió que era la de su dormitorio. "Claro, ¿dónde está la llave?"
Al acercó una de las bolsas que cargaba para que quedara dentro del campo de visión de Roy. El coronel se asomó y pudo ver que encima del libro que contenía la bolsa descansaba la llave del dormitorio. Después de tomarla, Roy se acercó a la puerta e insertó la llave para después acceder al dormitorio y encontrarse con una vista peculiar.
En el sillón de la pequeña sala estaba Edward profundamente dormido con una mano levantando ligeramente su playera y con su cabeza en el regazo de una jovencita rubia. La chica tenía una mano sobre la cabeza de Ed mientras parecía estar igualmente dormida con una pequeña sonrisa en sus labios. Lo que más le sorprendió a Roy fue la expresión en el rostro de Edward. Sus facciones estaban completamente relajadas y una sonrisa completaba la imagen. No es que nunca hubiera visto dormir a Acero (su subordinado tenía la mala costumbre de ocasionalmente tomarse una siesta en el sillón de su oficina mientras esperaba órdenes) pero la expresión que portaba lo desconcertó. En ocasiones anteriores se había dado cuenta de que cuando dormía Ed se veía demasiado joven, pero jamás lo había visto con una sonrisa tan notable.
Vaya vaya. Qué descubrimiento tan interesante. En ese momento Al entró también al dormitorio por lo que Roy le dijo. "A mí eso no me parece una discusión."
¡Lo sabía! Al quería expresar sus pensamientos en voz alta pero sabía que su hermano no estaría muy contento de que el coronel fuera el receptor de esas ideas. "Bueno, me alegra que mi hermano no tenga nuevos chichones en la cabeza." Roy lo miró confundido pero Al prefirió no dar más detalles. Estaba seguro que en algún momento el coronel entendería a qué se refería. "¿Quiere que despierte a mi hermano para que pueda hablar con él?"
Roy volvió a mirar la escena y sonrió. Prefería dejar disfrutar a su subordinado un poco más. "No, así está bien. De cualquier forma creo que es mejor que me vaya. Sólo dile a tu hermano que descanse lo que resta de esta semana y la próxima. También no está de más que le digas que si lo veo en los cuarteles antes de ese tiempo le voy a quemar las cejas ¿de acuerdo?"
Al rió suavemente y le dijo. "De acuerdo. Gracias, Coronel."
Roy le dio una ligera palmada en el hombro en señal de despedida pero cuando puso un pie en el pasillo recordó algo. "Por cierto, Al." La armadura volteó a verlo. "Todos en la unidad les mandan sus saludos."
"Muchas gracias, Coronel. También mándeles nuestros saludos, por favor."
Roy asintió y siguió su camino mientras Al lo miraba hasta que desapareció de su vista. En ese momento un pensamiento llegó a su mente. ¿Cómo es que los demás nos mandaron saludos si el coronel estaba en medio de una inspección?
Roy volvió a su oficina sintiéndose satisfecho. Temía que Edward terminara olvidando su consejo y no estuviera guardando el debido reposo. Pero con el pequeño vistazo que tuvo de sus heridas y su expresión tan relajada, sabía que todo saldría bien. Ver la tierna escena entre Ed y su amiga, le hizo sonreír ligeramente al recordar sus años de adolescente al lado de una hermosa chica rubia, recuerdos que, a pesar de todo lo sucedido, seguía guardándolos como reliquias en su mente.
En cuanto el coronel cruzó la puerta de su oficina pudo sentir de inmediato todas las miradas sobre él, por lo que no tardó mucho en que Riza formulara la pregunta que todos tenían en la punta de su lengua. "¿Cómo está Edward, Señor?"
"Yo diría que muy bien. Al menos se veía muy cómodo durmiendo con su cabeza en el regazo de una señorita."
Todos se quedaron boquiabiertos por segundos hasta que Havoc intervino. "¿Eso significa que el Jefe de Acero tiene novia?"
"Las pruebas parecen indicar que así es."
Breda comenzó a reír y se acercó a Havoc para darle unas palmadas. "Vaya, el chico salió más listo que tú, Havoc."
La realización llegó rápidamente a Havoc y comenzó a lloriquear. "¡Nooo! ¿Por qué tiene más éxito con las chicas que yo? Soy rubio, eso debería atraer a las chicas."
"Edward también es rubio." Intervino Fuery.
"Pero yo tengo ojos azules."
"Aunque el azul es un color atractivo para las mujeres, el color dorado de los ojos de Edward podría considerarse exótico y, por lo mismo, atraer más atención." Añadió Falman.
"¿Por qué la vida es tan injusta?" Se quejó Havoc mientras todos los hombres de la unidad reían.
Roy rió de buen gusto con la situación pero de repente notó algo. Riza no estaba riendo con ellos. Ciertamente Riza no solía ser muy abierta con sus emociones pero ante este tipo de situaciones al menos solía tener una sonrisa. Pero en esta ocasión estaba completamente impasible y cuando Roy la miró ella le devolvió una mirada muy seria.
"¿Pasa algo, Teniente?"
"Señor, si me permite quisiera decirle algo."
"Adelante, Teniente."
"Aunque me parece bien que Edward tenga una novia, considero apropiado que, en cuanto él se presente nuevamente al trabajo, usted tenga una charla con él."
La sangre de Roy se congeló temiendo lo que esa 'charla' podría significar. "¿Acaso sugiere que le dé sugerencias de sitios perfectos para una cita?" Bromeó Roy tratando de desviar la conversación.
En ese momento las risas se habían detenido y todos miraban atentamente a Roy y Riza.
"No, Señor. Me refiero a que debería darle 'esa charla' a Edward. Sé que sabe a qué me refiero."
Roy dejó que las palabras entraran lentamente a su cerebro esperando que hubiera otro significado al que él se temía. Al no encontrarlo comenzó a replicar. "¡Oh no! ¡Eso sí que no!"
La expresión de Roy fue más que suficiente para que los hombres de su equipo volvieran a reír pero esta vez tratando de ser más discretos cubriendo su boca con una mano o un documento.
Sin inmutarse, Riza respondió. "Señor, le recuerdo que el padre de Edward y Alphonse los dejó cuando eran muy pequeños. Además poco después de eso su madre murió. Con lo pequeños que eran es completamente improbable que hayan recibido 'esa charla' de parte de sus padres. Ahora que Edward tiene 13 años y tiene novia sería descuidado de nuestra parte no hablarle de ese tema tan importante."
Roy hizo una mueca. "Eso lo entiendo, Teniente. ¿Pero por qué tengo que hacerlo yo? Aquí hay otros 4 hombres perfectamente capaces de hacerse cargo de eso." Respondió Roy señalando con un brazo a los miembros de su unidad, causando que éstos se congelaran momentáneamente.
Riza suspiró y volteó a ver a sus compañeros. "¿Hay algún voluntario?"
Todos negaron con la cabeza rápidamente y Riza regresó su atención a Roy, ante lo que el Coronel replicó. "¿Por qué ellos tienen opción y yo no?"
"Como su comandante en jefe es más que lógico que usted sea la persona más apropiada para hacerlo. Eso sin contar que oficialmente usted es su tutor legal."
"Además nosotros tenemos poca experiencia en el asunto." Intervino tímidamente Fuery desde su escritorio.
"Y el Coronel tiene una fama considerable que lo respalda." Agregó Havoc con una sonrisa un tanto burlona.
Roy les dirigió una mirada asesina a ambos antes de que Riza concluyera con el asunto. "Muy bien, entonces está decidido. Gracias por su colaboración, Señor." Y sin darle tiempo de quejarse, Riza se dio la media vuelta y se dirigió a su escritorio para seguir trabajando, acción que los demás imitaron.
Resignado, Roy arrastró los pies hasta su oficina privada y se sentó en la silla de su escritorio. Una vez ahí pudo apreciar que había una bandeja con comida. Seguramente Riza se imaginó que no tendría tiempo de comer al ir a visitar a Edward por lo que procuró traerle algo de la cafetería. Roy agradecía el gesto pero con la situación en la que acababa de verse envuelto se le fue el apetito. Haciendo la bandeja a un lado para poder colocar su cabeza en el escritorio en un gesto derrotado, Roy comenzó a lamentarse por las decisiones que había tomado en su vida y que lo habían llevado a este momento. ¿Por qué tuve que reclutar a ese enano de acero?
Una semana y media después, Edward y Alphonse recorrían los pasillos del Comando del Este. Iban a un paso más lento de lo normal por las muletas que debía usar Ed, pero ambos iban platicando alegremente hasta llegar a su destino. En cuanto abrieron la puerta de su destino, fueron recibidos por sonrisas.
"Hey, Jefe, Alphonse. Qué bueno tenerlos de vuelta por aquí." Saludó Havoc mientras se acercaba a ellos.
Los demás se acercaron a ellos y los saludaron alegremente.
"¿Y qué tal es cuidar del Jefe, Al?" Preguntó Breda.
"¡Hey! Yo soy el hermano mayor." Refunfuñó Ed.
"Sí, Jefe. Pero todos sabemos quién es el más sensato de los dos." Dijo Breda un tanto divertido.
Al rió. "Ya saben cómo es de inquieto mi hermano." Ed lo miró con el ceño fruncido. "Pero debo de admitir que esta vez ha estado cuidando bien de sí mismo. Aunque las quejas por su movilidad restringida no han hecho más que aumentar."
Todos rieron, incluido Ed después de unos segundos. Aunque no lo expresara en voz alta, le agradaba el ambiente que había en ese equipo.
Riza miró a Ed con una mezcla de cariño y preocupación. "¿No es muy cansado andar con las muletas? ¿No prefieres que te consigamos una silla de ruedas mientras estás en la oficina?"
"Nah, así estoy bien."
"Lo que me alegra bastante porque las solicitudes de sillas de ruedas son un dolor de cabeza." Intervino con una sonrisa Roy, quién acababa de salir de su oficina al notar el alboroto.
"¿Te cansaste de holgazanear en tu oficina que ahora vienes a molestarme?"
"Vamos, Acero. No seas tan rudo. Es más, de seguro me extrañaste mucho."
"En tus sueños, bastardo. Tengo cosas más importantes que hacer que andar pensando en tu tonta cara engreída."
"Oh, cierto." Exclamó Fuery con una pequeña sonrisa.
Breda y Havoc colocaron cada quien una mano en los hombros de Edward y exclamaron. "¡Felicidades!"
Ed estaba confundido por esa felicitación espontánea. "Eh... ¿gracias?"
"No seas tímido, Jefe. Estás en confianza." Dijo Havoc mientras le despeinaba el cabello.
"Tal vez podríamos hacer una pequeña fiesta al terminar nuestro turno." Sugirió Falman desde su escritorio.
"Perfecto, me gusta tu idea, Falman." Dijo Havoc con una sonrisa.
Ed seguía sin entender por completo lo que estaba pasando. Pensó que tal vez tenía que ver con su regreso al trabajo pero no entendía porqué tenían que decirle 'felicidades'. "Chicos, se los agradezco pero en realidad solo vengo a solicitar unos días de vacaciones."
Roy enarcó una ceja. "¿Tú, pidiendo vacaciones? ¿Fue tan 'pequeño' el tiempo libre que tuviste estos días?" Dijo el coronel con un énfasis que Ed pudiera notar.
"¿Acaso me estás diciendo pequeño, maldito bastardo?" Exclamó Ed lanzándole una mirada asesina.
Roy sonrió engreidamente. "Para nada. Sólo necesitaba asegurarme de que eras tú." Se volteó hacia Riza. "Teniente, ¿puede encargarse del formato?"
"Sí, Señor. Mientras lleno el formato usted puede ocuparse de ese otro asunto."
Ed no pudo evitar notar cómo la sonrisa de Roy desaparecía por completo y se ponía un poco pálido. Antes de que pudiera preguntar de qué se trataba ese asunto se vio rodeado por el resto de la unidad.
Breda se aclaró la garganta. "Jefe, este es un paso importante en tu vida."
"Por eso es importante que recibas toda la información necesaria para estar preparado." Continuó Falman.
"¿Qué? ¿De qué están hablando?" Exclamó Ed y miró a su hermano preguntándole con su mirada si entendía lo que estaba pasando pero Al negó con la cabeza.
"Cielos, crecen tan rápido." Exclamó Havoc volviendo a despeinar a Ed.
"¿Alguien podría explicarme qué está pasando aquí?" Volvió a preguntar Ed.
"Creo que es mejor no adelantarte nada. No quisiéramos intervenir con lo que el Coronel ya debe tener preparado." Contestó Fuery.
"Edward." Le llamó Riza desde su escritorio. "A lo que se refieren es que el Coronel tiene que hablar contigo, así que por favor síguelo a su oficina." Ante esto Roy suspiró y se adentró a su oficina.
Todavía confundido, Ed se encogió de hombros y avanzó hasta la oficina del coronel. Cuando pasó al lado del escritorio de Riza, ella le puso una mano en el hombro y le sonrió. "Me alegro por ti, Edward. Espero que les vaya muy bien juntos."
Pensando que quizás se refería a él, a Al y la posibilidad de una nueva pista hacia la piedra filosofal, Ed dijo. "Gracias... supongo." Con esto Ed entró a la oficina del coronel cerrando la puerta tras de sí, dejando a un Alphonse casi igual de confundido que él.
Volteando a ver a Breda, Al preguntó. "¿Qué sucede? ¿De qué quiere hablar el Coronel con mi hermano?"
Breda le dio una pequeña sonrisa y le respondió. "No te apresures, Al. Ya llegará tu momento." Dicho esto regresó a su escritorio para retomar su trabajo, dejando a Al pensando a qué podría haberse referido con esas palabras.
"Alphonse." Riza sacó a Al de sus pensamientos. "¿Podrías ayudarme con algunos datos para llenar el formato de vacaciones de tu hermano?"
Aliviado por tener algo en qué centrar su mente dentro de esa confusión, Al respondió. "Claro."
"Y bien, Coronel. ¿De qué quieres hablar conmigo?" Dijo Ed mientras se acomodaba en el sillón de la oficina.
Roy suspiró tratando de armarse de valor para la plática que tenía que dar. "Tal vez sea mejor que te sientes frente a mí. Es un asunto importante."
Ed enarcó una ceja. "¿Acaso se trata de una nueva pista?" Roy negó con la cabeza. "Bien, entonces me quedo aquí. Es incómodo sentarse en una silla cuando tienes una pierna enyesada."
Roy pasó una mano por su rostro. "Lo que tengo que hablar contigo es muy serio, así que, aunque te quedes ahí, tienes que ponerme mucha atención, ¿de acuerdo?"
"Sí, sí. Lo que sea. ¿Podemos apurarnos con esto?"
Roy se sentó en su silla con pesar y comenzó a abordar el tema. "Dime, Acero ¿sabes lo que es un beso?" Genial, qué forma tan madura e inteligente de empezar con el tema. Se regañó mentalmente Roy.
Ed frunció el ceño. "Sí, no soy ningún niñito para no saber lo que es. ¿Podemos ir ya al tema?"
"Es parte del tema."
"No entiendo a qué quieres llegar ni por qué 'un beso' debe ser parte del tema de esta discusión."
"Bueno, es que…" Ánimo, Roy. Tú puedes hacerlo. "Hay ocasiones en las que un beso puede llevar a cosas más… comprometedoras. ¿Ya diste tu primer beso?"
Sin poderlo evitar, Ed se sonrojó. "No pienso responder a esa pregunta y mucho menos a ti, bastardo."
"Mira, Acero, no quiero detalles. Sólo necesito que me respondas con un sí o no."
El ceño fruncido y el sonrojo de Ed se intensificaron. "No."
Todavía estoy a tiempo. La teniente va a estar contenta con esto. "Bien, entonces hay algunas cosas que debes saber. Probablemente el primer beso lo sientas raro pero te va a resultar llamativo y vas a querer hacerlo de nuevo. Además, a tu edad las hormonas tienen mucha influencia en ti por lo que existe la posibilidad de que quieras explorar nuevas opciones. De preferencia recomiendo que te controles y no caigas en la tentación de explorar nuevas regiones porque aún eres muy joven." Roy procuró no usar la palabra 'pequeño' para no desviar la atención de Edward. "Pero de cualquier forma es importante que conozcas las implicaciones de 'ese asunto' y el cómo debes cuidarte." El sonrojo de Ed disminuyó dando paso a una expresión de confusión. "El deseo y las hormonas pueden llevarte a dar un paso muy importante en una relación. Pero…" Roy remarcó la palabra. "No se trata de un pasatiempo. Debe quedarte claro que ese paso sólo lo tienes que dar cuando de verdad amas a esa persona. Es un momento íntimo que sólo debes compartir de mutuo acuerdo cuando existe amor entre tú y tu pareja. De hecho, te recomendaría que esperaras hasta que hubiera un matrimonio de por medio pero entiendo que no siempre pasa de esa manera. De cualquier forma, casado o no, antes de dar ese paso debes considerar todas las posibilidades porque 'eso' podría dar como resultado un embarazo…" Roy se detuvo un momento para acomodar sus pensamientos ya que, por un momento, la fotografía de su hijo apareció en su mente. Probablemente a estas alturas o dentro de poco tiempo tendría que darle esta plática a mi propio hijo si las cosas hubieran sido diferentes.
Ed estaba confundido. El coronel había hablado sin parar y parecía no querer tocar algún punto en específico dentro de su conversación porque en aproximadamente un minuto había pasado del primer beso a un embarazo. Lo que más desconcertaba a Edward, es que su superior parecía darle muchas vueltas al asunto y no parecía llegar al tema principal de la conversación. Cosa rara considerando que el coronel tendía a ser directo y concreto en sus discusiones. Además, durante la pausa que finalmente Roy había tomado, su mirada se había tornado… extraña. Por una milésima de segundo, el muchacho pudo percibir algo que jamás había visto en la mirada engreída del coronel. Dolor y tristeza. A pesar de su corta edad, Ed conocía bastante bien esos sentimientos al haberlos sentido y visto en otras personas pero, considerando que se trataba de Mustang, no podía creer lo que había visto. Nah, tal vez me lo estoy imaginando.
Descartando el misterio de lo que vio en la mirada del coronel, Ed aprovechó la pausa que al fin Roy estaba tomando para poder intervenir en la conversación. "Espera, ¿acabas de decir embarazo?" Un poco aturdido el coronel asintió. "¿Acaso quieres hablarme de reproducción humana?"
"¿Sabes del tema?"
"Ja, por favor. Al y yo estudiamos mucho sobre el cuerpo humano y, por ende, sobre la reproducción humana. Ya sabes, fecundación, feto, gestación, óvulos, espermatozoides y bla bla bla." Respondió Ed con despreocupación.
Las palabras de Ed, aliviaron a Roy de inmediato. "Muy bien, Acero. Me has ahorrado una larga plática." Pasó una mano por su cabello en un gesto aliviado. "Cielos, por un momento creí que tendría que hablarte de los detalles del sexo." Para consternación de Roy, Ed se sonrojó intensamente y desvió la mirada, causando que Roy congelara la mano que pasaba por su propio cabello. "Acero… ¿sabes los detalles del acto sexual?" Ed lo ignoró. "Acero."
"No necesito saber los detalles." Murmuró Ed avergonzado.
Sintiendo cómo el alivio que había sentido se evaporaba, Roy suspiró y le dijo. "Bueno, no se trata de describir el acto completo. Pero sí hay algunos puntos que deberías saber para cuidarte y cuidar a la persona con la que lo hagas."
"Sólo quiero que me respondas algo. Obviamente los libros se enfocan a la parte estrictamente biológica pero daban a entender algunas cosas. Así que… para hacer 'eso'... ¿las personas deben estar completamente... desnudas?" Dijo Ed sin voltear a ver a Roy, pero desde su posición el coronel podía ver lo enrojecidas que estaban sus orejas por la vergüenza.
"Bueno, técnicamente la parte que debe estar desnuda y en contacto directo es la parte media del cuerpo donde se encuentran los órganos reproductores." Respondió Roy tratando de enfocarse a los términos un tanto científicos con los que Ed estaba familiarizado. "Pero en la vida real, las personas tienden a desnudarse por completo porque-"
"¡Basta!" Ed lo volteó a ver completamente sonrojado. "Ya respondiste mi pregunta. No quiero ni necesito saber nada más."
Roy gruñó en frustración. Esta conversación no estaba siendo en lo absoluto cómoda y Ed no lo estaba haciendo fácil. "Acero, este es un tema incómodo tanto para ti como para mí. Ninguno de los dos quiere tener esta charla pero, como tu comandante en jefe, es mi responsabilidad asegurarme de que cuentas con la información necesaria para cuidarte y tomar decisiones responsables. Sobre todo ahora que tienes novia."
Pasaron unos cuantos segundos mientras que Ed asimilaba esas últimas palabras. "¡¿Novia!? ¡¿De dónde demonios sacas eso?!"
"Vamos, Acero. Estamos en confianza. No tienes porqué ocultarlo."
"Ya no sé si estás senil, loco o ambos." Respondió Ed cruzándose de brazos.
Roy resopló. "No debes hacerle eso a tu novia. De seguro se molestara si se entera de que reniegas de ella."
El sonrojo de Ed estaba cediendo para dar paso a un pronunciado ceño fruncido. "No. Tengo. Novia. ¿Entiendes?"
"¿Entonces por qué dormías tan feliz y cómodamente en el regazo de la señorita Winry?"
El sonrojo volvió al rostro de Ed. "¡Sólo es mi amiga y mecánica!"
"Pues a mi me parecieron una feliz pareja pasando el tiempo juntos." Respondió Roy con una sonrisa.
"¡Estaba descansando! No es muy fácil dormir en un sillón cuando tienes una pierna enyesada." En ese momento un descubrimiento vino a la mente de Ed. "Un momento. Cuando fuiste a darle el mensaje a Al, tú nos viste cuando yo SOLO estaba descansando. Así que... ¡Tú les dijiste a todos que tenía novia! ¡Por eso se estaban portando tan raro!" Concluyó Ed señalando a Roy con un dedo.
"No puedes culparme. De verdad creí que era tu novia y creí necesario compartir las noticias. Somos un equipo ¿recuerdas?"
"¡Tú, maldito bastardo!" Roy estaba a punto de levantarse de su silla cuando Ed se dejó caer al suelo sin importarle la punzada de dolor que sintió en su pierna para después estirarse e iniciar una reacción alquímica que provocó que la madera del escritorio de Roy lo envolviera dejando al coronel prácticamente pegado a lo que alguna vez fue un elegante escritorio de caoba.
"¡Acero! ¡Deshaz esto de inmediato!" Gritó Roy.
Adolorido, Ed se levantó lentamente y tomó sus muletas para después comenzar a caminar hacia la puerta. "Eso y más te mereces."
"¡Hey! ¡Te voy a descontar esto de tus fondos!"
"Hazlo. Eso te pasa por entrometido. Deberías agradecerme por ser tan generoso."
"¿Dónde ves algo de generosidad en esto?"
"Recordé que me visitaste en el hospital." Respondió Ed con una pequeña sonrisa. "De lo contrario hubiera destruido toda tu oficina en un abrir y cerrar de ojos. Aunque probablemente debería hacer algo más para que estemos a mano." Agregó con expresión pensativa. "Pensaré en algo mientras estoy en Resembool. Así que hasta luego, Coronel bastardo."
En cuanto terminó de hablar Ed salió y cerró bruscamente la puerta tras de sí dejando a Roy desconcertado. ¿Esa sonrisa y su alquimia "controlada" eran una forma de agradecerle? Roy no tuvo mucho tiempo de ahondar en sus pensamientos pues los gritos de su subordinado lo sacaron rápidamente de ellos.
"¡Que no tengo novia! ¡Déjenme en paz!" Y acto seguido el coronel pudo escuchar un portazo en clara señal de que Edward había salido de la oficina principal. Poco después se escucharon unos suaves golpes en la puerta de su propia oficina para dar paso a su teniente, la cual no pudo evitar una expresión un tanto perpleja ante la situación en que lo encontró.
"¿Esto significa que la charla salió mal, Señor?"
Roy suspiró. "Digamos que fue todo un éxito considerando que Acero estuvo involucrado... Teniente, si no le importa, ¿podría pasarme una hoja y una pluma?
Riza no pudo reprimir una ligera sonrisa ante la situación. "Sí, Señor."
Habían pasado casi dos semanas desde aquella charla en la oficina del coronel. Roy no había tenido noticias de los hermanos Elric pero no le preocupaba porque sabían que ambos estaban tomándose un tiempo libre en Resembool. Además Ed no era alguien a quién le gustara dar informes de dónde estaba a pesar de que Roy le insistiera en ello.
El trabajo en la oficina había transcurrido de manera normal. Estaban atareados con el papeleo de siempre pero no había surgido ninguna misión que requiriera de algún miembro del equipo Mustang. También hacía mucho tiempo que no se presentaba alguna emergencia que provocara que a Roy lo molestaran en su casa por lo que, al escuchar el teléfono sonar insistentemente el domingo mientras dormía, Roy dejó de lado su cansancio para recoger el teléfono lo más rápido posible sintiendo como una sensación de preocupación aparecía en su cuerpo.
"Coronel Mustang." Nadie respondió pero Roy podía percibir un ruido que indicaba que del otro lado de la línea alguien se estaba moviendo. "¿Quién es?"
"Coronel."
El tono tan bajo con el que Ed habló encendió las alarmas internas de Roy. "¿Acero? ¿Qué pasa? ¿Estás bien?"
"Necesito hablar de algo."
"Te escucho."
"Pues…" Ed hizo una pausa que le pareció eterna a Roy. "Me quedé dormido en el sillón de la sala y acabo de despertar. Pensé que sería una gran oportunidad para saludar al Coronel bastardo." Concluyó Ed recobrando el mismo tono casual de siempre aunque un poco bajo, seguramente para no despertar a los demás.
El cambio en su tono desconcertó a Roy. "¿Eso es todo?"
"Mmm sí, creo que eso sería todo por el momento. Buenas noches, Coronel. ¿O tal vez debería decir buenos días?" Dijo Ed con una suave risa al final.
Roy echó un vistazo al reloj de su sala y pudo darse cuenta de que eran las 3:05 de la mañana. Los recuerdos de la vez que le había dado su número a Edward y la última vez que lo había visto le hicieron entender la situación de inmediato. "Que descanses, enano." Y antes de que pudiera escuchar la réplica de Ed, dejó caer el auricular en su soporte.
Roy se sentía aliviado de haber escuchado el tono alegre y despreocupado de Edward pero no por eso estaba muy contento de que su tan merecido descanso del domingo se hubiera visto interrumpido por una broma de su subordinado como parte de su venganza. Así que, preparándose ante una posible insistencia por parte de Ed, desconectó el teléfono y se dirigió de vuelta a su cama arrastrando los pies.
Maldito, mocoso.
