Capítulo 9. Festival y estofado

N/A: Hola! Esperamos que hayan pasado unas muy felices fiestas de fin de año! :D

Con ustedes el primer capítulo del 2022 de esta historia. Roy ya tuvo oportunidad de convivir más cercanamente con su hijo así que ahora es el turno de Riza. Esperamos que lo disfruten! Y, como siempre, no duden en dejarnos sus comentarios al respecto :)

Saludos!

Golden y Flame

Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.


Era una hermosa mañana soleada de domingo y desde la pequeña ventana de su departamento Riza podía notar el constante movimiento de la gente. Al vivir tan cerca del centro de la ciudad, ella podía descubrir fácilmente cuando había algún evento o suceso llamativo, lo cual incluso le había ayudado para estar al tanto de cualquier altercado que sucediera aún fuera de su horario laboral. Pero en esta ocasión todo parecía deberse al festival que acababa de llegar a Ciudad del Este.

Riza no era muy adepta a asistir a eventos con grandes aglomeraciones de personas pero, considerando que ahora tenía un cachorro con altas dosis de energía, le parecía que era una buena oportunidad para salir a pasear con Black Hayate y asimismo disfrutar del tan sonado festival de productos locales.

Después de algunos años de relativa estabilidad tras lo sucedido en Ishval, los ciudadanos de varios pueblos del área del Este habían organizado dicho festival para compartir sus productos, alimentos, artesanías, animales, entre otras cosas; con la gente que habitaba en Ciudad del Este buscando atraer su atención para motivarlos a visitar sus lugares de origen y así darle un impulso a la economía de sus respectivas regiones.

Imaginándose que las personas requerirían de tiempo para colocar sus puestos, Riza desayunó tranquilamente en su departamento, realizó el respectivo entrenamiento con Black Hayate, atendió algunos pendientes y se preparó para salir a la calle alrededor del medio día. Al tratarse de un día de verano, Riza había decidido llevar su cabello sujeto por un broche como comúnmente lo llevaba en el trabajo desde que lo había dejado crecer.

En cuanto Riza y Black Hayate estuvieron en la calle, ella pudo percibir el aire alegre que parecía cubrir la zona. Grupos de amigos, familias y parejas charlaban animadamente mientras se dirigían al festival. El ver a esos grupos de personas, sobre todo a las familias, le provocaba involuntariamente una ligera punzada de envidia. Le agradaba ver a la gente feliz pero le recordaba que ella no tenía una familia para compartir este tipo de eventos.

Como si leyera sus pensamientos, Black Hayate acercó su nariz a su pierna y comenzó a agitar su cola alegremente en clara señal de que estaba ansioso por el paseo del día. Esta acción provocó una sonrisa en Riza. Anteriormente no había pensado en la opción de adoptar una mascota pero, en el poco tiempo que Black Hayate llevaba en su vida, el energético cachorro se había ganado un lugar especial en su corazón y le estaba ayudando a sobrellevar la soledad que a veces se sentía insoportable, sobre todo cuando la añoranza le hacía recordar los buenos tiempos que había vivido al haber convivido varios años con el ingenuo aprendiz de su padre y años después, aunque sea por un muy corto periodo de tiempo, con su pequeño hijo.

Asegurando la correa entre sus manos, Riza continuó con el recorrido hacia el festival aprovechando a su vez para darle algunas indicaciones a Black Hayate para familiarizarlo con la manera en la que debía comportarse en las calles esperando que pronto pudiera llevarlo a algunas de las supervisiones con ella.

El festival se encontraba en el parque principal de la ciudad, por lo que había un espacio considerable para los diversos puestos e incluso habían dejado algunos lugares libres designándolos como áreas en las que las personas pudieran sentarse y disfrutar de los productos adquiridos en el evento.

A tan solo un par de cuadras de distancia, Riza pudo escuchar la música que provenía del parque. A diferencia de las tranquilas canciones de piano y violín que transmitía la estación de radio de la ciudad, esta música tenía un distintivo toque animado por el uso de guitarras, panderos, maracas y otros instrumentos que ella no pudo identificar.

Por lo animado de la música, no se sorprendió cuando, al llegar a la entrada del parque, pudo percibir una zona designada para el baile, donde decenas de personas bailaban felizmente al ritmo de las canciones. Deteniéndose a unos pasos del área de baile, Riza se quedó contemplando hasta que la canción en curso terminó. Durante ese breve momento, no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa al recordar la última vez que bailó o que al menos intentó hacerlo, ya que aprendió un poco en la pequeña feria que solía llevarse a cabo en su pueblo natal. En esa ocasión, prácticamente fue arrastrada a ese evento y a la pista de baile por un adolescente pelinegro que en ese entonces era su amigo. Inhaló profundamente mientras cerraba por unos cuantos segundos sus ojos para disfrutar el recuerdo.

Tras brindarse esos breves segundos de recuerdos felices y un poco contagiada por la alegría de la gente que había observado, Riza atravesó la entrada principal del festival encontrándose con una gran cantidad de puestos y personas. Acompañada por Black Hayate, quien movía su cola sin cesar denotando su aprobación por el lugar, Riza recorrió los diversos puestos, deteniéndose en un par de ellos para adquirir algunas cosas.

Entre más pasaba el tiempo, más disfrutaba del festival. No había ni un solo lugar dónde las personas no la recibieran con una sonrisa y comenzaran a hacerle plática, compartiendo amablemente algunas recetas o consejos e invitándola a conocer cada uno de los pueblos de los que venían. Incluso, en un par de ocasiones, Black Hayate se vio beneficiado recibiendo algunos trozos de pollo o un poco de leche fresca.

En general, el ambiente en el festival estaba lleno de amabilidad y alegría por lo que, transcurridos varios minutos, a ella le sorprendió escuchar el sonido de un objeto cayendo seguido de una voz sumamente preocupada no muy lejos de donde se encontraba.

"¡Dios mío!"

Preocupada por lo que pudiera haber sucedido, Riza se encaminó hacia la dirección de dónde había escuchado el ruido. En cuanto dio la vuelta para llegar al origen del sonido, se pudo percatar de tres cosas: un pequeño grupo de personas se había reunido alrededor de un puesto de frutas el cual estaba semi destruido por la caída de uno de los postes que lo sostenía; justo al frente del puesto estaba en cuclillas una armadura familiar y cerca de la armadura el destello de luz azul le indicó que una transmutación estaba en proceso.

Con cuidado Riza se abrió paso entre el grupo de gente, quedando casi al lado de Al cuando la transmutación estuvo terminada. Tras esto, ella pudo confirmar que un chico con un abrigo rojo acababa de levantarse tras concluir la reparación del puesto mientras las personas a su alrededor lo miraban asombrados.

"¡Muchas gracias, jovencito! ¿Cómo puedo pagarte?" Exclamó una mujer mayor, quien parecía ser la dueña del negocio.

"No es nada. No se preocupe." Respondió Ed mientras volvía a agacharse para ayudar a su hermano a recoger las frutas que habían caído tras el accidente.

Ambos chicos recogieron todas las frutas caídas para después depositarlas en los cestos reparados del negocio. Estaban a punto de darse la media vuelta para continuar con su camino cuando la señora les dijo. "Jovencitos, al menos llévense algo de fruta. Es lo menos que puedo hacer por ustedes."

Ed y Al se miraron por unos momentos. "Bueno, si usted insiste." Respondió Ed mientras tomaba una manzana.

"Oh, pero eso no es suficiente. Llévate toda la canasta."

Ed pareció pensar su respuesta por unos segundos y después sonrió. "¿Qué le parece esto? Es la primera vez que asisto a un festival como este y estoy un poco perdido. ¿Podría recomendarme algún puesto de comida?"

"Por supuesto, jovencito." La señora se acercó y le puso una mano en el hombro mientras comenzaba a darle las indicaciones y señas necesarias para llegar al puesto que le recomendaba. Mientras esto sucedía, Riza observaba la escena con una sonrisa. Por algo se ha ganado el apodo del Héroe de la gente. "Cuando llegues diles que vas de parte de Tabatha. Estoy segura que les darán una ración doble." Concluyó la señora con una sonrisa.

"Genial, gracias." Ed limpió la manzana con su saco y le dio una mordida. "Por cierto, la manzana está deliciosa." Dicho esto, Ed y Al comenzaron a alejarse dejando a un grupo de personas en el puesto, interesadas en comprar tras escuchar el comentario.

Decidiendo que ya era suficiente tiempo de estar como espectadora, Riza se separó del grupo de personas y siguió el camino que los hermanos habían tomado. "Edward. Alphonse."

Los hermanos se dieron vuelta y Riza pudo ver que Ed estaba en medio de una mordida más a su manzana. "Teniente Hawkeye." Exclamó alegremente Al y poco después los 4 acortaron la distancia entre ellos.

"Hola, Teniente." Dijo Ed en cuanto estuvieron frente a ella. Riza no pudo evitar notar que Ed se le quedó viendo un poco sorprendido hasta que Al le dio un codazo.

"¿Pasa algo?" preguntó Riza.

"Eh, no. Es sólo que creo que es la primera vez que la veo sin el uniforme. A veces olvido que tiene ropa casual." Respondió Ed riendo ligeramente.

"Hermano, no deberías quedarte viendo a la gente de esa manera." Lo regañó Al.

"Pero tenía curiosidad." Replicó Ed. "Además ¿a poco no te llamó la atención a ti también?" Preguntó el rubio para después darle otra mordida a su manzana.

"Bueno debo de admitir que sí." Cedió Al. "Si llevara el cabello suelto probablemente no la hubiera reconocido, Teniente"

"Siendoles sincera creo que tengo más uniformes que ropa casual." Dijo Riza con una sonrisa. "Creí que todavía seguían en New Optain." Agregó ella cambiando la conversación.

"En realidad llegamos el viernes por la tarde." Respondió Al dirigiéndole una mirada a su hermano.

Ed sonrió. "Vamos, Al. El Coronel puede vivir unos días extra sin mi reporte."

"Hermano, teníamos tiempo suficiente para ir a entregar tu reporte."

"¿Y empezar mal mi fin de semana viéndole la cara? De ninguna manera." Respondió Ed dándole la última mordida a su manzana.

Al hizo un sonido de suspiro de resignación. "Y esto es lo que pasa cada vez que regresamos de alguna misión." Dijo Al dirigiéndose a Riza.

"No te preocupes, Alphonse. El Coronel tiende a retrasarse con su papeleo. Aunque si llega a darse una situación en la que el reporte de Edward sea de suma importancia tendría que intervenir."

Sabiendo lo rígida que podía llegar a ser Riza en cuanto a trabajo se refiere, Ed sintió un ligero escalofrío recorrer su cuerpo. "Al menos este no es el caso, ¿cierto?"

"Tranquilo, Edward. Tu reporte todavía está en tiempo."

Ed suspiró de alivio. "¿Y qué la trae por aquí, Teniente?¿Está disfrutando del festival?"

"Sí, bastante. El ambiente es muy agradable. Además, es una excelente oportunidad para pasear a Black Hayate y así enseñarle algunas reglas de comportamiento frente a otras personas." Respondió Riza agachándose para acariciar la cabeza del cachorro.

"¿Todavía tiene tiempo libre, Teniente?" Riza asintió ante la pregunta de Ed. "¿No le gustaría que le diéramos un recorrido? Al y yo sabemos identificar dónde están los mejores productos y las cosas más curiosas."

Riza sonrió. Siempre que los hermanos Elric estaban en la oficina disfrutaba mucho de su presencia. Además, le gustaba ver tan relajado a Ed. "Me encantaría."

"Déjeme ayudarla, Teniente. Así podrá ver mejor todo." Se ofreció amablemente Al, tomando la bolsa de papel que sostenía Riza.

"Gracias, Alphonse." Respondió ella a la vez que les dirigía una pequeña sonrisa a los chicos.

Y así inició el recorrido junto con los Elric. Riza había disfrutado del festival al estar nada más con Black Hayate pero ahora la experiencia era todavía mejor. Ed y Al desbordaban entusiasmo y compartían varias anécdotas cuando encontraban productos que les recordaban a Resembool. Incluso sus pequeñas riñas amistosas de hermanos eran divertidas ya que sólo terminaban transmitiendo lo mucho que confiaban en el otro y su amor y preocupación de hermanos. Riza mantuvo su sonrisa durante todo el recorrido, sintiendo como una calidez la llenaba por dentro. Aunque ella sentía que no era correcto, casi se sentía como si fueran una familia. Era como si estuvieran compartiendo un domingo familiar divirtiéndose juntos.

Cuando llegaron al área designada para los pequeños restaurantes, Riza y Al se quedaron en una banca platicando mientras Ed iba a buscar el puesto que la señora de hace rato le había recomendado. Instantes después él volvió con unas cuantas banderillas de carne en una bolsa de papel. Se paró frente a Riza y le acercó la bolsa de papel ofreciéndole lo que había comprado. Riza le agradeció y tomó una banderilla.

"¿Tuviste suerte, hermano?" Preguntó Al.

Ed se sentó al lado de su hermano dando un suspiro. "Sí y No. Dicen que hasta donde ellos saben, ningún puesto lo preparó. Pero la señora Tabatha tenía razón. En cuanto la mencioné me dieron todo esto. No querían que les pagara pero en cuanto tuve oportunidad les colé algo de dinero en su frasco de propinas." Dijo Ed antes de comenzar a comer una de las banderillas.

"Bueno, hay varios puestos. Podemos seguir buscando. Tal vez hay uno por ahí que lo vende pero no lo tienen bien anunciado." Respondió Al.

"Nah, así está bien, Al. Además ahora tengo todo esto." Respondió Ed con tono despreocupado mientras señalaba con su cabeza la bolsa de papel con las banderillas.

"¿Seguro?"

"Mmm-huh." Ed asintió mientras terminaba de comer la banderilla que había tomado.

Riza observó en silencio el breve intercambio de palabras entre los hermanos. Pudo notar que, a pesar de que Ed parecía despreocupado, en un momento algo de decepción cruzó por su mirada. Tenía mucha curiosidad sobre aquello que Edward estaba buscando pero decidió que sería mejor dejar que el chico disfrutara de su comida y, quizás más adelante si tenía la oportunidad, le preguntaría a Alphonse al respecto.

Después del pequeño descanso que se tomaron para comer, retomaron su recorrido para visitar los últimos puestos del festival que les faltaba. Para sorpresa de los Elric, se encontraron con uno de sus viejos vecinos de Resembool vendiendo lana y algunas prendas de ropa confeccionadas a partir de ella. La alegre conversación no se hizo esperar por lo que Riza optó por separarse un poco de ellos junto con Black Hayate para darles su espacio.

Pasados unos minutos Riza observó que el vendedor comenzaba a ofrecerle varias prendas de ropa a Edward mientras mantenía la conversación con él. Aprovechando esto, Al se acercó a dónde estaba ella.

"Parece que es una buena persona." Le dijo Riza.

"Sí, se llama Henry. Es uno de los criadores de ovejas más importantes de Resembool. Es muy agradable pero a veces se emociona con sus pláticas. Mire." Al señaló discretamente a su hermano, el cual no pudo reprimir una pequeña mueca cuando el hombre le colocó un guante mientras seguía hablando sin cesar. "Apuesto a que mi hermano está esperando la oportunidad perfecta para zafarse." Agregó con una ligera risa.

Riza sonrió y ambos se quedaron viendo la situación divertidos por unos segundos más hasta que Riza rompió el silencio. "Alphonse, ¿puedo hacerte una pregunta?"

"Por supuesto, Teniente."

"¿Qué es lo que Edward estaba buscando hace rato?" La armadura lanzó una mirada a su hermano, debatiéndose si debía responder o no. Al ver esto Riza agregó. "Lo siento, no tienes que responder. Sólo era curiosidad."

Al devolvió su mirada a Riza. "Oh, no se preocupe. No es nada malo es solo que mi hermano es un poco raro respecto a lo que comparte o no. Pero no creo que tenga nada de malo que se lo cuente, al final de cuentas solo es estofado."

"¿Estofado?" Preguntó Riza confundida.

"Sí, es que a mi hermano de verdad le encanta el estofado. Es su comida favorita. Lo malo es que prácticamente solo lo come cuando estamos en casa de la abuela Pinako. En un par de ocasiones lo ha comido aquí en la ciudad pero siempre se queja de que no tiene buen sabor. Dice que le ponen cosas raras."

"Oh, ya veo. Entonces quería ver si había un puesto que vendiera estofado."

"Sí, tal vez sea por la frescura de los ingredientes pero, por lo que recuerdo, el estofado de la abuela Pinako es delicioso. No puedo hablar sobre los que preparan aquí, pero creo que ella prepara el mejor estofado que alguna vez haya probado. Bueno…" Al bajó la cabeza. "Es muy bueno, pero no se compara al que preparaba mamá. A mi también me encantaba, aunque debo de admitir que Ed siempre era el que más se emocionaba cuando descubría que mamá lo estaba preparando." Al volvió a subir la cabeza tratando de animarse hablando con un tono un poco divertido. "Creo que mamá lo preparaba seguido porque es de las pocas maneras en las que mi hermano consume algo de leche."

A pesar de no poder ver la expresión de Alphonse, Riza pudo notar la nostalgia con la que pensaba en su mamá. Ella entendía lo duro que era crecer sin una madre pero, para bien o para mal, ella vivió los años posteriores a su muerte con su padre mientras que los Elric se habían quedado solos. No dudaba que la señora Rockbell había hecho un buen trabajo viendo por ellos pero sabía que los niños habían pasado varias noches completamente solos en su casa mientras estudiaban alquimia.

Tratando de animar el ambiente Riza respondió. "Me parece increíble que exista un platillo preparado con leche que Edward coma voluntariamente."

Al soltó una risita. "Lo sé. Igual o más increíble es lo reluciente que deja su plato cuando se trata de estofado." Al miró a su hermano y soltó un sonido como de suspiro. "Lástima que no hayamos encontrado el día de hoy."

"¿Alguna vez han intentado prepararlo?"

"Cuando vivíamos en Resembool lo intentamos un par de veces pero sinceramente no quedaba muy bien que digamos. Y ahora mi hermano opta por comidas fáciles y rápidas de preparar. En ocasiones le ayudo a prepararse algo, aunque la verdad no hay muchas opciones al no tener un refrigerador para guardar ingredientes en el dormitorio."

En ese momento Edward logró escaparse de Henry y se acercó rápidamente a ellos para después tomar uno de los guantes de Al entre sus manos. "Al, rápido. Tenemos que irnos antes de que termine de atender a esa señora."

"¿No quieres seguir platicando con él?" Preguntó divertido Al, a lo que Ed frunció el ceño. "Sólo bromeaba."

Haciendo caso de las palabras de Ed, los cuatro se alejaron del lugar.

Mientras visitaban los últimos puestos del festival, Riza se quedó pensando en una idea que se le había venido a la cabeza y estaba pensando en cómo llevarla a cabo de manera discreta. Quería que de verdad fuera una sorpresa.

Cuando estuvieron fuera del parque, Ed estiró sus brazos y los colocó detrás de su cabeza. "Vaya, sí que habían varios puestos."

"Sí, espero que vuelvan a hacerlo más seguido." Al miró a Riza e inclinó ligeramente su cabeza de manera respetuosa. "Gracias por acompañarnos, Teniente." Dijo él mientras le regresaba su bolsa de compras.

Riza sonrió. "Gracias a ustedes. La verdad disfruté más del festival estando con ustedes."

Ed también sonrió. "Pues creo que lo mismo nos pasó a nosotros, ¿verdad, Al?" La armadura asintió.

Al ver la sonrisa de Ed, Riza decidió poner su plan en marcha. "Chicos, no quisiera molestarlos pero ¿creen que mañana, después de terminar el turno de trabajo, podrían ir a mi departamento y ayudarme a reparar unas cuantas cosas?" Bajó su mirada hacia Black Hayate. "Alguien ha estado muy activo estos días."

"Por supuesto, Teniente." Respondió Al.

Ed echó un vistazo al reloj que descansaba en la entrada del parque, el cual indicaba que eran las 3:20pm. "Aún es buena hora, ¿no prefiere que le ayudemos hoy?"

Preparada para ese tipo de respuesta Riza respondió. "Me gustaría pero quedé de ir a comer con una amiga."

"Oh, no se preocupe. Mañana sin falta la ayudamos." Respondió Ed.

Después de conversar un poco más los chicos se despidieron y Riza se quedó observándolos hasta que desaparecieron al dar vuelta en una cuadra. Sonriendo, se agachó y acarició con cariño la cabeza del cachorro. "Lamento hacerte quedar como el chico malo del día." Black Hayate simplemente movió su cola alegremente. "Ahora tenemos que apurarnos si queremos que esto salga bien."

Riza se levantó y comenzó a examinar la bolsa con sus compras. Dándose cuenta de que le faltaban varias verduras echó un vistazo a la entrada del festival decidiéndose por visitarlo nuevamente. Entre más frescos los ingredientes mejor.

Después de comprar las verduras y algunas especias, Riza se dirigió de vuelta a su departamento, pasando antes por la tienda dónde habitualmente compraba para adquirir algo de leche y mantequilla.

Al llegar a su departamento, Riza le dio su comida a Black Hayate y se dispuso a preparar el estofado. Hacía muchos años que no lo preparaba. A su padre no le importaba mucho lo que le diera de comer pero cuando a él se le hizo un hábito comer mientras estudiaba y trabajaba en sus teorías, Riza había optado por preparar alimentos más sólidos. Por esta razón, ella se sentía un poco insegura sobre el sabor que tendría el platillo que iba a preparar, pero no iba a dejar que eso la detuviera. No importaba si no le quedaba a la primera, tenía toda la tarde y la noche del domingo para perfeccionar la receta.

Mientras preparaba la receta, algunos recuerdos comenzaron a aparecer en sus pensamientos. Hacía demasiado tiempo que ella había preparado una comida para compartir con alguien, la última vez había sido cuando compartía el departamento con su amiga Rebeca, con quien a pesar de sus diferentes personalidades, pasaban un rato muy agradable. Pero algunos de los recuerdos que más atesoraba, eran del tiempo de cuando vivía con su padre, precisamente cuando Roy apareció en su vida. Con su consiguiente amistad y noviazgo, ella comenzó a disfrutar mucho el cocinar para él. Riza no tenía problemas cocinando sola pero, con la terquedad de Roy, él terminaba ayudándola. No podía olvidar esa ocasión cuando él estaba demasiado ocupado con todos los libros que su padre le había dado para leer que Roy había tratado de cortar las verduras mientras leía con tal de no fallar en ayudarle, terminando con un par de dedos rebanados y con su ego magullado. Tampoco podía olvidar lo mucho que él adoraba el quiché de espinacas, por eso el par de veces que se vieron después de la partida de Roy a la academia, ella se lo hacía. Ante todos estos recuerdos, Riza comenzó a sonreír.

En medio de su preparación, alguien tocó a la puerta, así que Riza se limpió las manos con una toalla y se dirigió a su puerta, verificando de quien se trataba antes de abrirla, aunque no era del todo necesaria su revisión previa porque Black Hayate se encontraba emocionado por saludar a su visita.

"¡Hola, Riza!" Dijo alegremente Rebeca mientras ingresaba al departamento abrazando a su amiga para después acariciar al cachorro. "¡Hola, pequeño!" A lo que Black Hayate respondió con un ladrido mientras movía su cola alegremente.

"¡Hola, Becky!" Respondió Riza sonriendo. "¿Qué te trae por aquí? Pensé que estabas en una cita."

Riza comenzó a regresar a la cocina para verificar que no se fuera a quemar su preparación seguida por su amiga que se sentó en una de las sillas de la mesa.

"Pues lo estaba, pero ha sido una de las peores citas que he tenido. A lo mucho duró una hora y estoy siendo generosa al decirlo. Al parecer no hay buenos tipos por estos rumbos." Rebeca dijo un poco decepcionada.

"Lo lamento, Becky."

Rebeca negó con la cabeza. "No te preocupes, seguiré buscando a mi príncipe azul millonario que me saque de trabajar." Dijo bromeando. "¿Y qué estás preparando? ¿No me digas que vas a tener una cita y yo ando aquí irrumpiendo?"

Riza sonrió. "No, para nada. Sabes perfectamente que no ando buscando una relación."

Rebeca cruzó sus brazos frente a su pecho. "Pues que desperdicio que no andes buscando un hombre que te saque de la milicia amiga. Creo que te vendría bien tener un novio, quizás hasta tendrías mejor suerte que yo."

"Sabes que hace tiempo perdí el derecho de tener una vida normal." Riza contestó con un tono neutral.

Rebeca frunció el ceño. "Yo pienso que tú misma te estás auto castigando por las cosas que el propio destino te obligó a hacer."

"El destino no me obligó, fueron mis propias decisiones y tengo que afrontar las consecuencias de mis actos."

Rebeca suspiró. "Riza, tú eres mi amiga y sabes lo mucho que te aprecio. De verdad quiero que seas feliz."

"Becky, aprecio tu preocupación y tus buenos deseos, pero como te lo dije, perdí el derecho de ser feliz al dejar a mi hijo atrás." Riza contestó con un tono ligeramente triste.

Rebeca se puso de pie y se acercó a Riza, colocando sus manos sobre sus hombros, mirándola a los ojos y suavizando su expresión. "Entiendo lo mucho que eso te ha afectado amiga, pero si no lo hubieras hecho, probablemente no hubiera tenido la oportunidad de ni siquiera nacer. Me hubiera encantado poder estar a tu lado para conocer en persona a mi ahijado pero hiciste lo que era mejor para él, para protegerlo."

"Sí, lo sé. Pero pareciera que eso no me bastó porque para rematar tuve que ir a Ishval." Dijo Riza en un tono amargo.

Rebeca apretó gentilmente los hombros de su amiga. "Yo sé que les dieron órdenes, Riza. A pesar de todo, eres muy valiente porque has seguido adelante y sigues trabajando duro desde tu trinchera para mejorar al país en lugar de huir y tratar de olvidar el pasado. Por eso mismo, también necesitas seguir adelante con tu vida personal, eres una mujer muy guapa, joven y de buen corazón. Cualquier hombre sería afortunado de tenerte."

Riza esbozó una ligera sonrisa. "Gracias, Becky, pero como te dije no merezco eso y además no tengo tiempo para esas cosas."

Rebeca bufó y apartó sus manos de los hombros de su amiga. "Vamos, Riza. Deja que toda la bola de holgazanes de tu unidad haga su trabajo y dedica ese tiempo para ti misma. Esa bola de inútiles buenos para nada ya están lo suficiente grandecitos como para que tú los estés cuidando y arreando para que lo hagan. Sobre todo ese Havoc."

Riza no pudo evitar sonreír ligeramente al escuchar cómo su amiga se refería a sus compañeros de trabajo, pero sobre todo de Havoc. Hace tiempo Havoc, estando completamente borracho, había tenido la fabulosa idea de coquetear a Rebeca en una ocasión en la que habían salido a divertirse en un bar. Obviamente no salió como se esperaba y su amiga no lo olvidaría tan fácilmente aunque, sinceramente, Riza creía que posiblemente había atracción entre ellos a pesar del pésimo intento de coqueteo de parte de Havoc, pero, al igual que con ella y Roy, la ley anti-fraternización se interponía entre ellos, eso sin mencionar sus enormes orgullos que les impedían ser sinceros con sus sentimientos. En otras circunstancias, Riza habría molestado un poco a Rebeca con Havoc pero se abstuvo de hacerlo pensando que tal vez todo estaba mejor así mientras ambos estuvieran en la milicia.

Antes de que Riza pudiera responder a sus palabras, Rebeca continuó con su discurso, porque una vez que Rebeca Catalina comenzaba a hablar era casi imposible detenerla. Así era ella.

"Además… él sigue como si nada de cita en cita en tus propias narices, ¿por qué tú no puedes hacer lo mismo?" Rebeca dijo con un disgusto evidente en su tono.

Riza sabía que Rebeca se refería a Roy. Ella negó con la cabeza. "Él es un hombre soltero y tiene derecho a hacer lo que le plazca con su vida." Confiaba en Rebeca, pero sabía que era mejor no mencionarle la verdad tras las citas de Mustang.

"Aún así. Después de que le contaste todo, debió de haberte insistido en que dejaras la milicia, desposarte y hacerte feliz." Suspiró exasperada. Bajó un poco su tono de voz. "Por Dios, Riza, tuviste un hijo de él. Es el colmo que él no te haya insistido en que dejaras este estilo de vida, porque estoy segura de que este estilo de vida se debe a tu decisión de seguirlo y apoyarlo."

Riza suspiró. "Becky, eso es imposible. Es algo que ambos acordamos después de nuestras acciones de Ishval, solamente trabajaremos juntos por lo que ninguno de los dos vamos a perseguir una relación romántica entre nosotros. Solamente nos enfocaremos en seguir trabajando para mejorar el país para nuestro hijo y las demás generaciones. Así que los dos somos libres de llevar nuestra vida personal como mejor nos plazca. Lo que hubo entre nosotros creo que jamás podrá volver a repetirse." Dijo esto último con una casi imperceptible tristeza, que solamente podía ser percibida por personas como Rebeca y el propio Roy.

Riza revisó nuevamente su estofado y cuando vio que ya estaba listo, decidió apagar la estufa.

"Dime, ¿lo sigues amando? ¿Él es la razón por la que no te has abierto a la posibilidad de volverte a enamorar?" Rebeca preguntó repentinamente.

Riza pensó su respuesta, ya que sabía que fuera lo que dijera, Rebeca podría utilizarla en su contra para molestarla.

Decidiendo irse por la segura, Riza respondió. "No lo sé, Becky. Ha pasado demasiado tiempo y ahora solamente compartimos una relación laboral. Además, a pesar de que hemos llegado a un acuerdo, sé que muchas cosas se fracturaron entre nosotros cuando le confesé que le había ocultado a su propio hijo. A veces pienso que eso jamás podrá repararse o que él jamás podrá perdonarme por completo y no lo culpo por ello."

"Por lo que me platicaste en la academia, él no era un patán como ahora, así que quiero creer que en el fondo él te perdonará un día. Pero yo apostaría todo mi sueldo de un mes a que sigues amándolo aunque no se lo merezca. Recuerda que estamos hablando del padre de tu hijo, del único hombre en tu vida…" Dándose cuenta que la conversación estaba tomando un rumbo triste para su amiga, Rebeca decidió aligerar el ambiente. "A menos que hayas tenido otras aventuras de las que no me hayas platicado." Rebeca dijo esto último en tono de broma.

"Rebeca." La regañó Riza ligeramente.

"Calma, Riza, solamente estaba bromeando." Dijo Rebeca alzando sus manos en señal de paz. "Además, solamente es curiosidad porque me preocupo por ti."

Riza suspiró. "Como te dije, hace mucho tiempo que no he pensado en eso. Lo que te puedo decir es que no te voy a negar que lo estimo y que lo puedo considerar mi amigo."

Rebeca asintió y decidió no presionar más en el asunto, porque sabía que era un tema delicado y doloroso para su amiga. A pesar de que Riza no le decía la profundidad de sus sentimientos, ella se imaginaba que todavía sentía algo por Mustang.

"Bien, ahora cuéntame. ¿Qué estás preparando? Huele muy bien."

Riza sonrió ligeramente. "Si gustas pasar a lavarte las manos y tomar asiento, puedo invitarte a comer conmigo."

"Por supuesto que te voy a tomar la palabra. Como mi cita estuvo fatal ni siquiera llegamos al plato fuerte. Además, tu guisado huele delicioso." Rebeca se dirigió a lavarse las manos mientras Riza comenzaba a servir la comida para las dos.

Una vez sentadas, cuando comenzaron a comer, Riza no pudo evitar sentirse feliz de que su estofado tuviera un buen sabor y no solamente para ella, sino también para su amiga. Espero que a Edward también le guste, probablemente hace mucho tiempo no ha tenido la oportunidad de comer una comida casera.

"¿Y bien? No me has dicho para quién cocinaste esto. Me parece que son más porciones de lo que sueles preparar para tí misma, por lo que deduzco que planeas invitar a alguien, ¿no es así?" Preguntó Rebeca con un tono travieso.

Manteniendo su expresión neutra, Riza respondió. "Así es, hice varias porciones de estofado porque planeo invitar a alguien a comer mañana. Lo hice desde hoy porque quería practicar mi sazón. Ya tenía mucho tiempo que no lo hacía."

La sonrisa de Rebeca se ensanchó. "No me digas que todo lo que me dijiste hace rato fue puro teatro y me estás ocultando tu relación con un hombre apuesto… o no me digas que estás regresando con el Señor de Fuego." Dijo mientras movía sus cejas de manera sugestiva.

"Por supuesto que no, Becky. No te he mentido." Contestó Riza un poco indignada. "Hice el estofado para invitar a comer a los hermanos Elric."

Rápidamente Rebeca entendió. Aunque ella no tenía trato con el par de hermanos, sabía que Riza de una u otra forma los procuraba y entendía que era porque les tenía empatía por ser huérfanos y también se imaginaba que era parte de su instinto materno que no pudo experimentar. No la culpaba, a pesar de que ella era demasiado joven cuando estaba embarazada, Rebeca se dio cuenta de cómo había crecido su amor por su bebé mientras estaba embarazada y sabía que hasta el día de hoy aún amaba a su hijo y lo seguiría haciendo hasta su último aliento. Además no tenía dudas de que, de haber sido otras las circunstancias, ella habría sido una excelente madre para su hijo.

"Eres muy buena, Riza." Rebeca finalmente dijo, sonriendo a su amiga.

Riza negó con la cabeza. "Para nada. Solamente quiero ofrecerles a los muchachos una comida casera agradable. Alphonse me contó que era un platillo muy especial para ellos porque les recordaba a su madre, pero que desafortunadamente no habían podido encontrar un buen estofado por estos rumbos."

Rebeca, apuntando a Riza con su cuchara, dijo. "Por supuesto que eres muy buena. No cualquier persona se tomaría la molestia de preparar una comida para un par de niños ajenos." Hizo una ligera pausa. "Insisto en que deberías permitirte ser feliz amiga y formar una familia para que me des sobrinos y sobrinas a quienes pueda consentir. Serías una madre estupenda."

"Gracias por el cumplido, pero me mantengo en mi posición. Preferiría ser la tía de tus hijos." Riza respondió sonriendo.

Rebeca retornó la sonrisa. "Lo serás, así como yo seré la de los tuyos, porque no me cansaré de insistirte con eso. No me voy a quedar con las ganas de echar a perder a tus hijos." Dijo bromeando.

Riza no pudo evitar reír ligeramente. "Mejor date prisa, Becky, para que yo pueda encargarme de que no vayas a echar a perder a tus propios hijos con tus tonterías." Agregó continuando con su juego.

Las dos amigas compartieron el resto de la tarde disfrutando la compañía de la otra hasta que llegó la hora en que Rebeca se marchó a su departamento.


Al día siguiente, la jornada laboral transcurrió normalmente en la oficina del equipo Mustang. Roy holgazaneaba por momentos, los chicos se distraían ocasionalmente con bromas y Riza se mantenía trabajando en sus asuntos, interrumpiéndose un par de veces para lanzar unas cuantas miradas a sus compañeros que eran más que suficientes para devolverlos a sus actividades laborales. Además, como se lo había imaginado, Edward llegó casi al final del turno a entregar su reporte. La típica discusión dentro de la oficina de Roy no se hizo esperar y, después de algunos minutos, Ed regresó a la oficina principal para reunirse con su hermano, farfullando mientras caminaba.

En cuanto su hermano estuvo cerca de él, Al dijo. "Hermano, ¿no puedes tener una sola conversación civilizada con el Coronel?"

Ed se cruzó de brazos y frunció el ceño. "No es mi culpa. Ese imbécil no sabe comportarse."

Al hizo un sonido de suspiro. "En realidad es difícil saber quién es el que inicia las peleas."

"¡Obviamente él! Siempre tiene que hacer sus comentarios "casuales" con esa tonta sonrisa engreída."

"Mejor no comentaré nada más al respecto." Concluyó Al mientras comenzaba a despedirse de los miembros del equipo.

A regañadientes, Ed trató de mandar su molestia al fondo de su mente y se despidió de todos. En cuanto se dirigió hacia la puerta, se volteó en dirección a Riza. "Teniente, la esperaremos en la entrada hasta que se desocupe."

Riza esbozó una pequeña sonrisa. "Sí, Edward. En unos cuantos minutos voy para allá."

Ambos Elric salieron de la oficina dejando a un intrigado grupo de hombres observando a Riza. Ella sentía sus miradas pero prefirió dejarlos con la duda mientras llenaba unos cuantos papeles más. Cuando el reloj marcó la hora de salida, la curiosidad de los miembros del equipo Mustang se incrementó aún más al notar cómo ella acomodaba las cosas de su escritorio y se disponía a salir. Riza nunca se iba a la hora general de salida.

Riza se levantó y se acomodó su bolso. "Hasta mañana." Dijo dirigiéndose a sus compañeros.

"Hasta mañana, Señora." Respondieron al unísono.

Riza se acercó hasta la puerta hasta que notó cómo Havoc empujaba a Fuery hacia ella. Fuery era un poco tímido y el más joven de la unidad dejando de lado a los Elric. Pero a la vez era muy dedicado y probablemente era el que menos tenía que ser recordado "amablemente" por ella que tenía que trabajar.

Fuery estaba jugueteando nerviosamente con sus dedos cuando al fin se animó a hablar. "Eh… ¿Teniente?" Riza asintió en señal de que lo escuchaba. "Disculpe la intromisión a su vida privada pero creo que todos tenemos una duda, ¿por qué los Elric la están esperando?"

Con la seriedad que la caracterizaba, ella respondió. "Porque tenemos una cita." Por el rabillo de su ojo Riza pudo notar cómo el cigarrillo caía de la boca de Havoc. "Teniente Havoc, aunque usted esté tratando de igualar los números del Coronel, eso no significa que todas las citas sean del tipo romántico." Ante estas palabras, Havoc rápidamente recuperó su cigarro y continuó fingiendo que trabajaba. "Los Elric van a ayudarme a reparar algunas cosas de mi departamento."

"Oh, ya veo." Exclamó Fuery un tanto apenado al tener que ser él el que hiciera las averiguaciones.

"Cielos, no sé por qué siempre dicen que las mujeres somos demasiado curiosas sobre los asuntos de los demás. Creo que quiénes lo dicen no los han conocido a ustedes."

Fuery se sonrojó ligeramente y los demás comenzaron a silbar y desviar sus miradas. "Lo siento, Teniente. Espero que tengan una bonita tarde."

Riza esbozó una sonrisa, un tanto divertida con la situación. "No te preocupes, Fuery." Dijo con voz tranquila. "Y gracias, creo que tendremos un rato agradable. Nos vemos mañana." Dicho esto ella salió de la oficina y los demás retomaron sus actividades.

Transcurridos unos minutos se pudo escuchar la voz del coronel desde su oficina. "Teniente."

Todos sabían que se refería a Riza pero, a falta de ella, Breda decidió ir a ver a su jefe.

En cuanto Roy vio a Breda parado en la puerta de su oficina, enarcó una ceja. "Me refería a la Teniente Hawkeye."

"Se fue hace unos minutos, Señor."

La ceja de Roy subió aún más antes de echarle un vistazo al reloj que reposaba sobre su escritorio. "La Teniente nunca se va a esta hora."

"Parece ser que tenía un compromiso con los Elric." Respondió Breda denotando que él también estaba sorprendido por la salida temprana de Riza. "Dijo que le iban a ayudar a reparar algunas cosas."

"Qué extraño, ¿por qué no me lo habrá pedido a mí?"

"Seguramente para no darle más excusas para evitar su papeleo." Dijo Breda con una sonrisa.

Roy hizo una mueca pero unos segundos después una sonrisa apareció en su rostro. "Bien." Se levantó y se paró cerca del marco de la puerta, a un lado de Breda. "Señores, creo que por hoy la jornada ha terminado."

Breda mantuvo su sonrisa. "Sabía que algo así iba a pasar, pero no me quejo."


Después de mantener una conversación agradable durante el camino hacia el departamento de Riza, los 3 llegaron a su destino tras caminar algunos minutos. En cuanto abrió la puerta, una borrosa mancha negra y blanca salió disparada hacia la entrada casi derribando a Ed en el proceso.

"¡Whoa!" Exclamó el rubio mientras recuperaba su equilibrio.

"Hayate, sentado." Inmediatamente el cachorro se sentó al lado de una de las piernas de Ed. "Lo siento, Edward. Supongo que tiene mucha energía acumulada después de pasarse el día aquí dentro."

"No se preocupe. No sé por qué pero a veces Den también se abalanza sobre mí cuando voy a Resembool."

"¿Den? ¿Es el perro que tienen las Rockbell?"

"Sí." Respondió Al. "Aunque ahora que recuerdo, creo que Den no les dio precisamente una bienvenida efusiva a usted y al Coronel." Agregó él mientras pasaba una mano por la parte trasera de su casco.

"Bueno, irrumpimos en su casa demasiado temprano. Además, no puedo decir que el Coronel no se lo haya ganado." Respondió Riza con una sonrisa mientras les hacía una seña para que entraran en el departamento.

Los Elric entraron y no pudieron evitar recorrer sus interiores con una mirada rápida. No había demasiados muebles pero sí los suficientes para las necesidades de Riza. Todo se veía sumamente ordenado y limpio, y sólo habían un par de cuadros con diseños de flores colgados en una pared. A pesar de todo, para Ed y Al, el lugar parecía tener un aire acogedor y práctico.

Riza se acercó a Ed para pedirle su abrigo. En cuanto se lo quitó, ella dijo. "Pónganse cómodos. Están en su casa." Y dicho esto colocó el abrigo de Ed en el perchero que descansaba cerca de la entrada.

Ed y Al se miraron y decidieron sentarse en el sillón de la sala.

En cuanto Riza se acercó a ellos, Ed dijo. "¿Y bien, Teniente? ¿En qué le podemos ayudar?"

"No pensarán que los pondré a trabajar con el estómago vacío ¿cierto? Apuesto a que ni siquiera te di tiempo para que comieras antes de venir conmigo."

Como si estuviera esperando un comentario de ese tipo, el estómago de Ed se hizo notar con un ligero gruñido que provocó que se colocara sus manos en él y que un ligero sonrojo apareciera en sus mejillas.

"Te dije que al menos debiste haberle comprado un pan a esa señora, hermano." Al regañó a Ed.

"Al, estaban rellenos de crema. No tengo que decirte de qué está hecha la crema ¿cierto?"

"Pero ahora le vas a causar molestias a la Teniente."

Riza intervino. "No te preocupes, Alphonse. De hecho, si soy sincera, me alegra que Edward aún no haya comido." Le dirigió una sonrisa a Ed. Ante la expresión de confusión en el rostro del chico, añadió. "Eso significa que podrás comer mucho."

Ed se pasó una mano por la nuca un tanto avergonzado. "No es necesario, Teniente."

"Preparé la comida especialmente para ti." Ed la miró completamente sorprendido. "Me gustaría que Alphonse también pudiera comerlo, pero, como por el momento no es posible, puedo volver a prepararlo cuando recuperen sus cuerpos. Bueno, eso siempre y cuando sea de tu agrado, Edward. Voy a calentar y servir la comida." En ese momento Riza se giró en dirección a su cocina. "Recuerden que están en su casa."

Ambos le agradecieron tímidamente sin entender del todo la situación. En cuanto Riza desapareció tras la puerta de la cocina, Ed se acercó a Al y le murmuró. "Oye, Al, ¿sabes qué está pasando aquí?"

Al se estaba haciendo una idea de lo que podría ser pero optó por fingir ignorancia. "No lo sé, hermano."

En ese momento Black Hayate se les acercó y comenzó a olfatearlos y a mover su cola, en clara señal de que quería jugar.

Pasados unos minutos, mientras calentaba la comida, Riza pudo escuchar las risas de Ed y Al y los ladridos juguetones de Black Hayate, lo que le provocó una sonrisa y una calidez en su interior. Un par de minutos después comenzó a servir dos platos de estofado para después colocarlos en una bandeja y así poder llevarlos al comedor.

Debido a que no había una pared que dividiera el comedor de la sala, al salir de la cocina Riza rápidamente se encontró con la mirada curiosa de Ed, quien se encontraba sentado en el suelo junto con Al.

"¿Es estofado?"

Riza asintió con una sonrisa en su rostro. "Espero que te guste."

"¿De verdad?" Ed se levantó rápidamente del suelo y su mirada se iluminó.

"Sí. No pude evitar la curiosidad y le pregunté a Alphonse qué era lo que buscabas ayer."

Ed se pasó una mano por la nuca. "Cielos, no debió molestarse, Teniente."

"No fue ninguna molestia. Sólo espero que haya quedado bien. Hace varios años que no lo preparo." Al ver que Ed comenzaba a acercarse agregó. "Pero primero tienes que lavarte las manos. El baño está por ahí."

Ed asintió y fue en la dirección indicada, seguido de Al, quien siempre procuraba mantener sus guantes limpios.

Poco después los tres se encontraban sentados a la mesa. Riza y Ed con un humeante plato de estofado frente a ellos y Al agachándose ocasionalmente para acariciar la cabeza de Black Hayate o para lanzarle la pelota que continuamente le traía.

Involuntariamente, Riza se quedó sentada viendo a Ed esperando que tomara el primer bocado. No sabía por qué, pero de verdad tenía muchas ganas de ver la expresión que pondría. ¿Le gustará? ¿Estará aceptable? ¿Habré agregado demasiada leche?

Concentrado en el plato que tenía frente a él, Ed tomó una cucharada del estofado, la sopló un par de veces para enfriarlo un poco y después la metió a su boca. La sensación de ese primer bocado fue increíble. Estaba delicioso. Era muy diferente a cualquier otro estofado que hubiera probado en la ciudad. Ciertamente no se parecía a la sazón que tenía su mamá (ni siquiera la abuela Pinako podía igualarlo), pero había algo especial en ese primer bocado. Las especias y las verduras eran un poco diferentes a lo acostumbrado en Resembool, pero podía sentir la dedicación y el cuidado con el que había sido preparado y ésto simplemente lo hacía más disfrutable.

Sonriendo enormemente, Ed exclamó. "¡Está delicioso!"

Tras sus palabras y su expresión, Riza dejó salir el aire que no se había dado cuenta que había estado conteniendo. "¿En serio?"

Ed mantuvo la sonrisa mientras tomaba otro bocado sin molestarse en dejarlo enfriarse un poco. "Sí, definitivamente es el mejor estofado que he probado en la ciudad. ¡Gracias, Teniente!"

Riza se vio contagiada por su sonrisa. "No hay de qué, Edward. Me alegra mucho que te gustara." Dicho esto, Riza tomó su propia cuchara y comenzó a comer. En su opinión, cuando lo probó mientras lo preparaba, era un estofado regular, pero el comerlo en compañía de los Elric mientras veía a Ed disfrutar tanto de sus primeros bocados, definitivamente le daba la sensación de que también era el mejor estofado que hubiera probado en su vida.

Riza continuó comiendo lanzando sonrisas cariñosas a Ed ocasionalmente. Después de sus primeros bocados, él había comenzado a describir emocionadamente a Al lo mejor que pudiera los sabores, texturas y verduras que notaba en el estofado, costumbre que Riza había detectado que Ed realizaba siempre que probaba alguna comida nueva para no dejar a Al de lado.

Para alegría y agrado de ella, unos cuantos minutos después Ed dejó su plato completamente limpio. Ante esto, le preguntó. "¿Quieres más, Edward?"

"¿Puedo?"

"Claro." Riza tomó el plato de Edward y unos segundos después regresó con una nueva ración.

El resto de la comida transcurrió con una charla ocasional entre Riza, Ed y Al hasta que los platos quedaron vacíos.

Una vez que estuvo satisfecho, Ed exclamó alegremente. "Eso estuvo delicioso."

"Tenía rato que no te veía comer con ese gusto, hermano. Probablemente desde la última vez que estuvimos en Resembool."

Ed se rascó la mejilla un tanto apenado. "Bueno, es que no siempre encuentras comida tan buena como esta por aquí."

Ante los comentarios de los hermanos y la enorme sonrisa de Ed, Riza sintió una alegría inexplicable que la llenaba por dentro. Siempre le había gustado apoyar a los demás en lo que pudiera, pero el brillo que ahora tenía la mirada de Ed la hacía sentirse completamente satisfecha consigo misma.

Tratando de no perderse demasiado en sus pensamientos, comenzó a levantarse con la intención de recoger los trastes pero Ed y Al fueron más rápidos.

"Nosotros nos encargamos, Teniente." Dijo Al.

"Sí, es lo menos que puedo hacer después de la comida que me preparó. Aunque también no crea que lo he olvidado, en cuanto terminemos con esto le ayudaremos con las reparaciones que nos dijo." Agregó Ed mientras agarraba los platos.

"En realidad no tengo nada que necesite reparación." Confesó Riza. "Simplemente fue una excusa para hacerlos venir aquí y así poder sorprenderte con el estofado."

Ed pareció sorprendido por sus palabras. "Pero, Teniente, no era necesario que hiciera todo esto. Nada más le estoy provocando molestias."

"Nada de eso, Edward." Respondió Riza con una sonrisa. "Créeme que he disfrutado mucho teniéndolos hoy conmigo. Ambos son buenos chicos y tenían muy bien merecido un descanso como este y créeme que estaré muy contenta de recibirlos siempre que quieran." Ella volteó a ver a Al. "Además por la reacción de Edward, creo que el estofado está más que aprobado para que lo pruebes cuando recuperes tu cuerpo."

Al pasó una mano por la parte trasera de su casco. "¿En serio volvería a prepararlo para mí, Teniente?"

"Por supuesto. Si de verdad les gusta puedo prepararlo siempre que quieran. Apuesto que con la práctica podré mejorarlo."

Ed sonrió. "Para mí está perfecto tal y como está. Tiene un toque especial."

La sinceridad que se reflejaba en la mirada de Ed, hizo que Riza se sintiera inmensamente feliz por haber tomado la decisión de invitarlos a comer a su casa.

"De seguro la Teniente lo preparó con una dosis extra de leche." Bromeó Al.

Los ojos de Ed se abrieron enormemente de tan solo pensarlo. "No es así, ¿cierto, Teniente?" Preguntó sumamente preocupado. Por su parte, Riza se quedó en silencio unos segundos, divertida por la reacción exagerada de Ed, el cual tomó ese silencio como una confirmación. "Al, hermanito, toma mi mano. Tal vez este sea mi final."

Al rió ligeramente. "Vamos, hermano, no seas exagerado. La leche es buena para ti."

Riza no pudo evitarlo y soltó una ligera risa, cosa que sorprendió a los Elric. Sabían que ella era una persona muy amable pero a la vez muy profesional, por lo que era un poco raro verla reír. Ella siempre les dirigía sonrisas pero la risa era algo poco común sobre todo cuando casi siempre la veían completamente dedicada a su trabajo.

Manteniendo su sonrisa, Riza intervino. "No te preocupes, Edward. Sólo le puse un poco. La receta que seguí sólo llevaba una pequeña cantidad de leche."

Ed suspiró aliviado. "Eso explica porqué sabía tan bien." Volteó a ver a su hermano. "¿Ves, Al? El consumo de leche debe ser mínimo y, de preferencia, inexistente."

"Sí, sí. Lo que tú digas, hermano." Cedió Al, sin darle mucha importancia al asunto. "Ahora hay que lavar esto."

Llevándose los trastes, ambos hermanos entraron en la cocina dejando a Riza con una sonrisa, mientras se dirigía al sillón para acariciar a Black Hayate.

A pesar de que el objetivo principal de la visita era en realidad el estofado, Riza se sentía muy bien en compañía de ellos por lo que los invitó a tomar el té para platicar un poco más. Fue así que pasaron un par de horas más juntos, Al sentado en el suelo jugando con Black Hayate mientras que Ed y Riza platicaban de cualquier tema que se les viniera a la mente.

"En serio, Teniente, no sé cómo le hace para aguantar a ese engreído del Coronel." Dijo Ed.

"Reconozco que en ocasiones puede ser algo arrogante y que es un experto en acumular papeleo, pero es una buena persona, Edward. Creo que mi lealtad está en el lugar correcto. Además, aunque no lo quieras aceptar, estoy segura de que lo aprecias."

"Bah, tonterías. ¿Cómo puedo apreciar a alguien que se la pasa todo el tiempo molestándome?"

"Sabes que por tu posición de alquimista estatal puedes cambiar de unidad de mando cuando quieras ¿cierto?" Respondió Riza con su habitual seriedad pero con un tinte de tristeza en el fondo.

Ed tragó saliva ante el giro en la conversación. Desde que se había unido al ejército se había topado con varios militares del mismo rango de Mustang y superiores que habían tratado de convencerlo de unirse a sus respectivas unidades pero en ningún momento tomó en serio sus ofertas. "Eh... bueno sí, pero no me parece una buena idea. Si alguien va a usarme para quedar bien prefiero que sea Mustang. Además, seguramente ese bastardo no dejará de molestarme aunque me cambie de equipo."

Riza sonrió. Si algo había aprendido a lo largo de los dos últimos años es que Edward no era muy bueno expresando sus sentimientos, por lo que en situaciones como ésta, Riza sabía detectar el mensaje oculto, tal y cómo había aprendido a hacerlo con Roy: Mustang será un bastardo pero lo aprecio, además no quiero dejar su unidad. Roy y Ed no podían estar en la misma habitación sin pelear, pero ella sabía que ambos habían desarrollado un gran aprecio y respeto el uno por el otro.

Subiendo su mirada hacia el reloj que reposaba frente al sofá en el que se encontraba Ed exclamó. "¡Rayos! Ya casi son las 10. Disculpe que le estemos quitando tanto tiempo cuando mañana tiene que ir a trabajar."

"No es ninguna molestia. Es más, pasé un rato muy agradable." Respondió Riza amablemente.

"Nosotros también." Dijo Al mientras se incorporaba. "Muchas gracias por su hospitalidad, Teniente.

"Sí, muchas gracias." Respondió Ed con una sonrisa antes de dirigirse hacia el perchero para recoger su abrigo y ponérselo.

"¿Están seguros de regresar a los dormitorios a esta hora? Si gustan pueden quedarse aquí."

Ed se encogió de hombros. "Estaremos bien. Los dormitorios no están muy lejos de aquí."

"Está bien, pero váyanse con cuidado ¿de acuerdo?"

Poniéndose firmes y haciendo un saludo militar de broma (Ed jamás lo hacía aunque Roy fuera su superior), Ed y Al se despidieron y salieron del departamento de Riza, dejándola con una sensación de calidez y alegría por haber compartido ese buen rato con ellos.

Hacía demasiado tiempo que ella no tenía esa sensación, incluso la hizo imaginarse que tal vez eso era lo que su propia madre sentía cuando preparaba con mucho esmero los alimentos para su padre y para ella cuando Riza era pequeña. También era una sensación similar a la Riza había sentido cuando, años después, cocinó con Roy cuando vivía en casa de su padre. En esa época, llegó a soñar que seguiría experimentando esa sensación de paz, calidez y alegría al lado de Roy y de la familia que formarían. Suspirando, Riza se sentó en el sillón para poder acariciar a su fiel amigo peludo.

Espero que mi hijo a estas alturas sea muy feliz e incluso tenga hermanos o hermanas con quien disfrutar su infancia. Hohenheim y, sobre todo, su esposa, eran muy buenas personas, no espero menos de ellos. Aunque haya perdido la oportunidad de cocinarte comidas deliciosas a ti, mi niño, me reconforta que al menos puedo hacerlo con niños tan buenos como los Elric. Espero que tengas unos amigos tan lindos como este par de hermanos.

Después de pensar en su hijo y de revivir su tarde con los Elric, Riza se dispuso a tomar un baño para prepararse para ir a la cama. Esa noche sin duda tendría un buen descanso sin que las pesadillas la acecharan.


A partir de ese día, Riza comenzó una nueva tradición en la oficina. A veces era difícil seguirles el rastro a los Elric pero siempre que tenía la certeza de que los hermanos visitarían la oficina para entregar algún reporte de Edward, ella llevaba un par de raciones de estofado en un contenedor.

El primer día que lo hizo no se hicieron esperar las miradas curiosas de sus compañeros (sobre todo la de Breda cuando su olfato le confirmó que se trataba de comida), pero nadie se atrevió a preguntarle sobre el paquete que había llevado consigo, además de que ella trató de ignorarlos diligentemente ocupándose de su trabajo del día. Unas horas después, cuando los Elric llegaron a la oficina y después de la clásica discusión con el coronel, Riza le entregó el contenedor a Ed ganándose inicialmente una mirada de confusión que rápidamente fue reemplazada por una gran sonrisa en señal de agradecimiento. Y con tal de volver a ver esa sonrisa, ella continuó con su pequeña tradición siempre que la impredecible agenda de los Elric se lo permitía.

La mayoría de las veces, Ed prefería disfrutar de la comida en la privacidad de su dormitorio con la compañía de Al ya que siempre que comía el estofado de Riza, no podía evitar sonreír y recordar los momentos que ambos chicos disfrutaron en su infancia al lado de su madre.

"Como me gustaría disfrutar ese estofado contigo, hermano." Al dijo anhelantemente, mientras Ed comía.

Ed sonrió nostálgicamente. "Lo harás, ya verás. Cuando menos te lo esperes ya habremos recuperado tu cuerpo. Además recuerda que la Teniente prometió hacer más cuando lo hagamos."

Al asintió. "Y a tu parecer, ¿tiene el mismo saber que el que hacía mamá?"

Ed se puso pensativo por un momento, tratando de encontrar la mejor forma para describirlo a su hermano. "Está muy rico, pero no tiene el mismo sabor del de mamá. Sin embargo, tiene una sazón que extrañamente me hace recordarla. Es como si la sintiera cerca."

"Tal vez sientas eso porque la Teniente es una mujer muy amable, como lo era nuestra madre. Así que no dudo en lo más mínimo que ella transmitiría eso a través de su comida." Al dijo en un tono muy alegre el cual denotaba que, a pesar de que no tenía su cuerpo, estaría sonriendo. Ed asintió, mientras se comía su último bocado. "Me pregunto el porqué aún no se ha casado. Es una mujer joven pero me sorprende que alguien tan buena y atractiva como ella siga soltera." Agregó Al.

Ed se cruzó de brazos. "Yo también me lo he preguntado. Es una mujer muy bonita y sobre todo tiene un gran corazón. Tal vez los hombres del Este son muy ciegos que no se han dado cuenta de ella o tal vez le teman por su habilidad con las armas."

"O tal vez la Teniente trabaja demasiado y no tiene tiempo para tener una relación."

"Sí, es probable que tengas razón, y todo por culpa del Coronel bastardo que no hace su papeleo. Como le encanta explotar a su gente." Ed refunfuñó. "Hasta donde yo sé, nadie de la unidad está casado. Falman se ve demasiado serio, Breda no tiene el tipo de apariencia que atraería muchas chicas…"

"Hermano." Al regañó suavemente a Ed.

"Solamente estoy estableciendo los hechos, Al. ¿En dónde me quedé? Ah sí, Fuery se ve todavía muy joven para el matrimonio, Havoc es un mujeriego fracasado, porque a cada rato lo batean o lo cambian por el Coronel y ese bastardo, es igual que Havoc pero en lugar de que lo dejen apostaría que él las deja. No lo he visto con la misma mujer por más de un mes."

"Hermano, no deberías juzgar a las personas y mucho menos a tu superior." Al nuevamente regañó a Ed.

"Vamos, Al. Probablemente tú piensas lo mismo de que por culpa del Coronel explotador nadie está casado." Ed dijo defendiéndose.

Al hizo un sonido de suspiro. "Más bien creo que la vida militar debe ser muy difícil para los soldados, porque es un trabajo muy absorbente. Por eso reconozco a aquellas personas que aún así pueden trabajar ahí y tener una familia."

"Sí, tienes razón. Aunque debes de admitir que de todos los miembros de la unidad, el Coronel es el que menos pinta para ser un hombre de familia como el Teniente Coronel Hughes."

"Bueno tal vez todavía no es su momento, pero quizás más adelante." Al sugirió.

"Nah, para mí no tiene la madera de ser un esposo y mucho menos un padre de familia. Por otro lado, pienso que la Teniente haría un fantástico trabajo en ese campo."

"Concuerdo contigo respecto a que la Teniente sería una excelente madre y esposa por la forma en que nos ha tratado y cómo trata a los demás. Del Coronel, tal vez no lo haría igual de bien que la Teniente pero me da la impresión de que en el fondo haría un buen papel con la mujer adecuada. Tienes que reconocer que, a su manera, nos ha procurado y ayudado."

Ed bufó. "Bueno, tal vez nos ha ayudado un poco."

"Hermano." Al le llamó la atención.

"Lo que sea, Al. Pero podría apostar a que ese tipo le encanta estar soltero para andar tras las chicas al igual que Havoc. O mejor dicho, se divierte quitándole las mujeres a Havoc." Dijo Ed con un tono divertido.

Al negó con la cabeza. "No tienes remedio, hermano."

Ed se encogió de hombros. "Sólo estoy diciendo lo que es obvio, Al." Ed se puso de pie. "Bien, ahora sigamos leyendo los libros que trajimos de la biblioteca."