N/A: Hola! :)
En esta ocasión nos toca visitar a las Rockbell, lo que significa dos cosas: Veremos más acerca de la opinión de Pinako respecto a los padres biológicos de Edward y… hay oportunidad de momento EdWin ¡yeii!
¡Muchas gracias por sus comentarios y por seguir nuestra historia! No duden en compartirnos sus opiniones.
Saludos!
Golden y Flame
Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.
Capítulo 11: Viaje a Resembool
El viaje hacia Resembool resultó bastante productivo. Bueno, en realidad el Mayor Armstrong había ayudado bastante a conseguir una importante nueva pista sobre la piedra filosofal ya que había sido él quién había identificado al alquimista de Cristal Tim Marcoh. En un inicio Ed había creído que lo único que iban a obtener era la esperanza de saber que realmente existía la piedra filosofal auténtica, nada de mitos ni de falsificaciones pero, sorprendentemente, el Dr. Marcoh apareció de último momento en la estación para entregarle un papel que contenía la ubicación de su investigación sobre el poderoso objeto.
Algo que le había llamado la atención a Ed eran las palabras con las que le entregó el papel. Conociéndote sé que hallarás la verdad que se encuentra detrás de la verdad. No entendía a qué se había referido pero, por alguna razón, el doctor Marcoh había apretado su mandíbula ligeramente como debatiéndose si debió o no haber dicho eso. Al no encontrar el sentido de dichas palabras, Ed las mandó al fondo de su mente. Ya habría tiempo para pensar en ello.
La reciente pista obtenida significaba que, tan pronto como fuera posible, Ed y Al tenían que ir a Central para encontrar el material de investigación. La posibilidad de encontrar un avance importante en su búsqueda de la piedra filosofal provocó que sonriera. Quizás el papel que tenía en sus manos era la puerta que los llevaría a la solución que por tantos años habían buscado.
Por un momento su ceño intentó fruncirse al recordar las palabras que Hughes le había dicho de parte de Mustang (a pesar de la hora, el teniente coronel había ido a despedirlos en la estación). Maldito coronel. No voy a morir por ir a Resembool ni mucho menos por desviarme hasta Ciudad Central. Además jamás dijiste que tenía que reportarme contigo cuando volviera. Antes de que su ceño pudiera terminar de fruncirse completamente, la sonrisa volvió a sus labios. No tenía razón para enojarse, ahora tenía una importante pista que seguir y, sinceramente, nunca había sido de los que compartía su itinerario con el coronel. Lo único que importaba en ese momento era recuperar su brazo de automail así que tenían que apresurarse en llegar al hogar de las Rockbell.
Lo que más le gustaba a Pinako Rockbell de Resembool era su paisaje tan rústico y acogedor que podía ver en cualquier dirección que mirara. A pesar de que en su juventud había recorrido lugares completamente diferentes como Rush Valley para perfeccionar su técnica, el encanto de Resembool siempre la había cautivado.
No podía decir que odiara el humo de las minas o el que emitían las ciudades más grandes ya que el tabaco era un vicio del que no había podido desprenderse a lo largo de su vida, pero el contraste que hacía el fresco aire de Resembool con cada calada que le daba a su pipa era sencillamente relajante.
Por eso era común para ella tomarse unos minutos para disfrutar del aire libre cuando terminaba de atender a alguno de sus clientes. A pesar de que su trabajo era reconocido en la región, su agenda no estaba repleta como en antaño lo había estado al vivir en otros lugares de Amestris. Pero eso era perfecto. Después de años de arduo trabajo, Resembool le dio la oportunidad perfecta de continuar con su pasión mientras se dedicaba a formar su propia familia. Su esposo había sido un hombre bueno y trabajador que la complementaba perfectamente mientras que su único hijo era alguien de quién se sentía sumamente orgullosa hasta la fecha. Incluso estaba segura de que su hijo había elegido a la mejor esposa posible. Sara también había sido una muy digna representante del apellido Rockbell a pesar de no haberlo llevado consigo desde su nacimiento.
A pesar del desafortunado destino de su hijo y su nuera, ambos le habían dejado un tesoro muy valioso: Winry. Su nieta era el soporte que le había dado la fuerza necesaria para sobrellevar la muerte de su hijo y su nuera. Tal vez tenía más parecido físico con su madre pero el amor por el automail era 100% Rockbell. Estaba segura que su inteligencia, dedicación y pasión la llevarían muy lejos.
Después de una pequeña charla con su cliente del día, Pinako salió al patio de la casa como era su costumbre. Su vista se enfocó en el paisaje que ofrecía el pueblo a través de uno de los lados de su casa. Ocasionalmente alcanzaba a escuchar el tintineo de herramientas encontrándose con metal indicándole que Winry estaba enfrascada en otro de sus proyectos. Pinako le dio una profunda calada a su pipa y la comenzó a expulsar lentamente cuando Den la sacó de sus pensamientos al comenzar a ladrar efusivamente.
"¿Huh? ¿Qué sucede, Den?" La anciana dirigió su vista hacia la dirección en la que Den estaba mirando encontrándose con una grata sorpresa. "Vaya" Pinako sonrió en el mismo instante en el que Den no pudo contener más su entusiasmo y salía corriendo hacia el objeto de su interés. "¡Winry! ¡Llegaron nuestros clientes habituales!" Gritó en dirección a la alcoba de su nieta.
Mientras el pequeño grupo se acercaba Pinako aprovechó para revisarlos rápidamente. Lo primero que sus ojos notaron es que Al estaba en una caja siendo cargado por un hombre gigante desconocido. Le sorprendía que, con lo grande que era la armadura, Al entrara en esa caja pero, al escuchar su alegre voz saludando a Den, se relajó ya que eso indicaba que emocionalmente estaban bien. Aunque lo de Al era novedad, no era raro que Ed llegara con el brazo sumamente dañado y con partes perdidas.
"Hey, abuela Pinako. Voy a necesitar tu ayuda otra vez." Dijo Ed con una sonrisa cuando estuvieron en el patio de la residencia Rockbell. Pinako mantuvo su sonrisa mientras que el hombre desconocido dejaba la caja en el suelo. Señalándolo, Ed agregó. "Él es el Mayor Armstrong."
"Pinako Rockbell, encantado de conocerla." Con una sonrisa amable en su rostro, el hombre extendió su mano hacia ella y Pinako se la estrechó brevemente.
Conque Mayor, eh. Los militares seguían sin ser las personas favoritas de Pinako, sobre todo a causa de cierta rubia y cierto pelinegro, pero al menos este hombre tenía una expresión amable y se había presentado desde un inicio sin colarse en su casa bruscamente.
Tratando de no ahondar en pensamientos sobre la milicia, Pinako decidió volver a territorio seguro. "Soy solo yo o desde la última vez que te vi, Ed..." Le dio una calada a su pipa para agregar un poco de suspenso. "¿Te has vuelto mucho más pequeño?"
La reacción deseada no se hizo esperar. "¡¿A quién le llamas pequeño, bruja enana?!"
Internamente Pinako disfrutó al darse cuenta de que Ed era el mismo de siempre pero no por eso le iba a perdonar el insulto. "¡¿Cómo me llamaste, pequeño enano?!"
"¡Sé que me escuchaste, anciana!"
"¡Pequeño camarón!"
"¡Micro mini-abuela!"
Antes de que Pinako pudiera responder, se pudo escuchar la voz de su nieta gritando ¡Hey, Ed! y la anciana podía jurar que ese par de palabras habían sido suficientes para que Ed se pusiera pálido. Apenas pudo observar cómo unas gotas de sudor comenzaban a recorrer la frente de Ed cuando una llave inglesa familiar salió volando en dirección a la cabeza del rubio tirándolo en el proceso.
"¿Cuántas veces tengo que decirte que llames antes de venir por mantenimiento?" Preguntó Winry desde el balcón de su alcoba.
Ed se incorporó lo suficiente para sentarse y llevarse una mano a la cabeza sumamente molesto. "¡Winry! ¡Pudiste haberme matado!"
Winry simplemente rió. "¡Bienvenidos!"
A pesar de que todavía tenía energía para seguir discutiendo, la risa de Winry calmó un poco su molestia, por lo que Ed se limitó a fruncir ligeramente el ceño y responder. "Sí, ok."
Sin duda alguna, la casa siempre parecía estar más animada cuando los Elric estaban de visita. Obviamente disfrutaba mucho de la compañía de Winry y además era común que hubiera ruido mientras ambas trabajaban en nuevas piezas de automail o reparaciones pero hoy había comenzado un alboroto diferente. Siempre comenzaba con las típicas discusiones entre Ed y Winry acompañadas del sonido del impacto de una llave inglesa en una sorprendentemente resistente cabeza. Un poco calmadas las aguas, había algo de charla animada y después Pinako podía notar cómo los sonidos se distribuían por toda la casa. El común sonido de Winry trabajando en su habitación o en el sótano era acompañado por charlas y risas en la sala de la casa o incluso en el patio cuando ambos hermanos se ponían a entrenar aunque claro, con las condiciones actuales en las que venían, eso tendría que esperar unos cuantos días.
A pesar de que muchas personas de su edad (no es que esté vieja, claro) tendían a quejarse de cualquier ruido que pudiera interrumpir la tranquilidad de su casa, Pinako disfrutaba cada instante de la visita de los Elric. Ambos traían un alboroto consigo (sobre todo el mayor) pero su sola presencia complementaba perfectamente su hogar.
Ella no se consideraba una mujer sentimental o extremadamente afectuosa, pero dentro de sí admitía que solía extrañar a esos hermanos. No eran nada suyo pero ellos la llamaban abuela y eso le gustaba porque ante sus ojos ellos también eran sus nietos. Ella los había sostenido en sus brazos cuando tan solo eran unos bebés, los había visto crecer y los había acompañado en las buenas y en las malas.
Sin duda alguna la prueba más difícil fue la noche en la que Al, convertido en una armadura, llegó desesperado a la puerta de su casa trayendo en sus brazos a un ensangrentado Ed. Esa noche y las secuelas de ese trágico evento habían sido los momentos más críticos que había compartido con los Elric. En primera, tenía cierto remordimiento por no haber obligado a esos hermanos a vivir con ellas. Ellos pasaban mucho tiempo en su casa y solían comer con ellas pero siempre eran obstinados y preferían ir a pasar tiempo y a dormir en su propia casa. Si ella los hubiera supervisado mejor tal vez la transmutación humana jamás hubiera sucedido, aunque una parte de sí estaba segura de que no había manera posible de convencerlos de ir a vivir con ella. Si algo compartían esos hermanos, era un gran nivel de terquedad y determinación cuando se fijaban una meta.
Por otra parte, la mirada que tuvo Ed días después la había hecho temer seriamente que jamás se recuperaría. En esos primeros días Winry y ella habían tratado de todo para hacerlo hablar pero lo único que conseguían era un asentimiento o una negación con la cabeza. Al también había tratado de ayudar a su hermano pero Ed seguía sin pronunciar palabra, solo apretaba su mano sobre uno de los guantes de Al y desviaba su mirada al suelo claramente consumiéndose con la culpa.
Esos días fueron muy preocupantes pero la llegada de una visita inesperada lo cambió todo. Hasta el día de hoy, Pinako no estaba segura de qué sentir al respecto. Estaba consciente de que las palabras y la oferta de ese militar habían sido el impulso que ayudó a Ed a ponerse de pie nuevamente, pero seguía disgustada por el tipo de oferta que ese sujeto le hizo a un niño. Aunque, siendo sincera, lo que más le molestaba era quiénes habían venido a reclutar a Ed.
Pinako cargaba con el gran peso y responsabilidad del secreto del origen de Ed. Tras la muerte de Trisha, Urey y Sara, y la desaparición de Hohenheim, ella era la única que sabía que Ed era adoptado y que además sabía quienes eran sus verdaderos padres. Ni siquiera se había atrevido a contarle a Winry. Tanto ella como los Elric aún eran muy jóvenes para tratar con una verdad tan delicada. Trisha le había dicho que ella misma se lo contaría a Ed cuando fuera mayor de edad pues decía que él merecía conocer la verdad. Pinako sabía que Trisha temía que llegara ese momento pero su resolución era tan firme que, estando en su lecho de muerte, le encargó una carta dirigida al chico pidiéndole que le dijera la verdad a Ed cuando fuera mayor o cuando Pinako lo considerara adecuado.
Pinako no había hecho una promesa como tal pero le había dicho a Trisha que lo haría. Desde ese momento ella heredó la preocupación de que llegara ese momento. Pero todo cambió desde aquel día hace ya 4 años. Ella jamás pensó que conocería en persona a los verdaderos padres de Ed pero, tras atar cabos después de la visita de los militares, ahora la sangre le hervía de tan solo pensar en ellos. ¿Qué clase de padres buscan reclutar a su propio hijo de 11 años a la milicia? Por más talentosos que sean Ed y Al, Pinako no podía entender cómo podía haber personas que usaran a su propio hijo para ganar puntos en la milicia.
Trisha le había contado sobre la madre de Ed, describiéndola como una jovencita muy amable que solo buscaba proteger a su hijo de la milicia. ¿Proteger… de la milicia? ¿En serio? Oh, Trisha. Se aprovecharon de tu bondad. En lo que a Pinako le constaba, esa tal Riza solo había buscado al primer buen samaritano que se le cruzara en el camino para criar a un hijo que no quería o del que quizás ya estaba buscando cómo sacarle provecho cuando creciera. ¿Cómo podía explicar que, casualmente, tanto Riza como el padre de Ed, hayan venido a buscarlo justo cuando había realizado alquimia de alto nivel? ¿Cómo es que llegaron tan solo pocos días después del suceso?
Quizás se estaba aventurando demasiado con sus pensamientos pero esa visita le dio la impresión de que probablemente esos dos sabían la ubicación de su hijo desde hace tiempo. Incluso quizás desde antes de que Trisha muriera. Pinako entendía que no quisieran acercarse a él sabiendo que Ed ya tenía una familia, pero ¿por qué no aparecieron tras morir Trisha? En todos los años transcurridos pudieron haberlo visitado, ya fuera que se presentaran como sus padres o no. Y sino, en el último de los casos, ¿por qué no se ofrecieron a cuidarlo y criarlo (como debieron haberlo hecho desde un inicio) tras verlo en el estado en el que estaba?
Pinako sabía que se estaba haciendo muchas preguntas innecesarias. Lo hecho, hecho está. Ed había decidido unirse a la milicia y, aunque no fuera de su agrado personal, ella no era quién para detenerlo y, en lo que a ella le concernía, tomada esa decisión ella estuvo completamente dispuesta a apoyar a los Elric en lo que pudiera. En cuanto a los padres biológicos de Ed, si de algo estaba segura es que no podría perdonar a ese par. Jamás podría perdonarles el que hayan optado por convertir a su propio hijo (¡cuando tan solo era un niño!) en un perro de los militares como ellos.
Pinako suspiró y trató de enfocarse en el automail en el que estaba trabajando. Hacía tiempo que no pensaba tanto en los padres de Ed. Solía recordar el desprecio que les tenía cuando Ed llegaba a mencionar algo sobre su comandante en jefe y su asistente pero presentía que la presencia del mayor Armstrong le había hecho darle aún más vueltas al asunto.
Sorprendentemente para Pinako, el mayor Armstrong parecía ser una buena persona. A pesar de lo elegante de su ropa, rápidamente se había puesto a su disposición para ayudarla en lo que fuera por lo que Pinako le pidió que cortara algo de madera. Cuando se lo pidió ella estaba segura de que se negaría, pero el hombre se puso en acción de inmediato. Lo único raro es que había rechazado las indicaciones sobre dónde se encontraba el hacha asegurando que él se las arreglaría perfectamente.
Pinako había desarrollado un desprecio generalizado por los militares a raíz de lo sucedido con su hijo y su nuera, el cual solo se incrementó con la visita inesperada de Roy Mustang y Riza Hawkeye. Pero debía admitir de que tal vez había sido demasiado negativa al catalogar a todos los soldados de la misma manera, ya que el mayor Armstrong le estaba dando una buena impresión. Probablemente es debido a sus buenos modales tan marcados a diferencia de ese maldito coronel inoportuno.
El sonido de la puerta trasera abriéndose la sacó de sus pensamientos. Pinako volteó en dirección hacia la puerta encontrándose con el mayor Armstrong haciendo el saludo militar con una sonrisa. "La leña ha sido cortada, señora Rockbell." Dijo orgullosamente el hombre.
"Oh, gracias." Dijo Pinako mientras devolvía su vista al automail.
"Por cierto, ¿sabe dónde está Edward Elric? No lo he visto en un rato."
"Está visitando la tumba de su madre."
"Le dije que era muy peligroso que anduviera por los alrededores él solo." Dijo el Mayor con tono preocupado.
A Pinako le sorprendió la preocupación reflejada en el rostro y tono del Mayor. Sí, definitivamente este sujeto me agrada. Relajándose, Pinako soltó una ligera risa y respondió. "Él estará bien. Tiene un excelente guardaespaldas con él."
El Mayor asintió no del todo convencido mientras Pinako seguía trabajando con el automail. Pasaron unos minutos en los que el hombre había optado por contemplar el paisaje a través de la puerta trasera que había dejado abierta.
Decidiendo que esta era una buena oportunidad para reunir un poco de información, Pinako interrumpió el silencio. "Mayor…" El hombre volteó a verla. "¿Cómo les está yendo a esos dos? Como puede ver vivimos una vida simple aquí en el campo. No recibimos muchas noticias de la ciudad, y esos chicos no nos han escrito ni una sola carta. Me preocupo por lo que ellos tienen que lidiar en la ciudad."
"Los hermanos Elric son realmente famosos en Central, especialmente Edward, quien es conocido como el 'Alquimista de Acero'. Esa fama parece involucrarlo en bastantes problemas. Aunque no me preocuparía. Esos hermanos son fuertes." Dijo el hombre mientras se recargaba en unas de las paredes y cruzaba sus brazos.
"Fuertes." Repitió Pinako con una sonrisa de orgullo. En esos momentos vinieron a su mente los recuerdos de aquella fatídica noche en la que Al llegó a su puerta cargando a su hermano, también cuando Ed decidió unirse al ejército y breves vistazos a la dolorosa cirugía de automail.
Separando unos cables, Pinako reanudó la plática. "Me he preguntado de dónde viene toda esa fuerza en ese pequeño cuerpo. Como él es tan fuerte, me preocupa que cuando finalmente encuentre un obstáculo que no pueda superar, tenga problemas para ponerse nuevamente de pie."
Desde la posición en la que estaba, el Mayor tuvo oportunidad de echar un vistazo a las fotografías que reposaban sobre un tablero de corcho. "Ellos son como nietos para usted, ¿no es así, señora Rockbell?"
"Uh-huh. Los he visto crecer desde que nacieron. Después de todo, su padre era un viejo compañero de copas mío." La imagen de Hohenheim apareció en su mente. "Me pregunto dónde puede estar ese hombre después de dejar a su esposa, a sus hijos y a este pueblo atrás. Ni siquiera sé si está vivo o muerto."
"Hablando de padres, ¿dónde están los padres de la señorita Winry?" Preguntó el Mayor.
"Murieron en la guerra de Ishval." Respondió Pinako tratando de ocultar su tristeza. "Mi hijo y su esposa eran cirujanos. Cuando la guerra se desató, fueron llamados al campo de batalla porque no habían suficientes doctores. Ellos nunca volvieron." Concluyó Pinako con un ligero tono lúgubre.
"Fue… una guerra terrible." Respondió el hombre un poco perdido en sus recuerdos.
"Sí, una guerra terrible." Pinako suspiró. Poco después tomó su pipa y se giró en el banquito para poder ver al Mayor. "Por otro lado, no todos murieron. Muchas personas perdieron sus brazos y piernas. Ahora ellos dependen de los ingenieros prostéticos como nosotras para ayudarlos." Le dio una calada profunda a su pipa. "A eso le llamo ironía. La guerra que se llevó a nuestra familia es la misma guerra que nos permite ganarnos el pan."
El hombre desvió la mirada ligeramente. Pinako, por su parte, a pesar de los años, aún tenía un oído muy agudo por lo que pudo notar algunas palabras amortiguadas y las risas de Al y Winry que provenían de la habitación de su nieta. Dándose cuenta que tenía ante sí una gran oportunidad no pudo evitar la tentación de preguntar. "¿Usted estuvo en el campo de batalla?" El hombre asintió y Pinako aprovechó para encaminar la conversación hacia el rumbo deseado. "Las personas que están en la unidad de Ed, ¿también estuvieron allí?" Ella quería preguntar directamente por Roy y Riza pero tenía que investigar con cuidado para no levantar sospechas.
El hombre devolvió su mirada hacia ella y respondió con un tono un tanto evasivo. "Sólo un par de ellos." Tras unos segundos de la intensa mirada de Pinako, el hombre se dio cuenta que no podía dejarlo sólo así. "Su comandante en jefe, es decir, el Coronel Mustang y la Teniente primera Hawkeye fueron convocados a la guerra. Los demás miembros de la unidad todavía estaban en la academia militar excepto por el Oficial Falman que en ese tiempo estuvo asignado al oeste."
De Mustang se lo había imaginado pero saber que Riza también estuvo involucrada en la guerra desconcertó a Pinako aunque trató de no demostrarlo. "Cielos, esos dos fueron precisamente los que reclutaron a Ed."
Armstrong sonrió ligeramente tratando de relajar la atmósfera. "Era de esperarse. El Coronel Mustang fue quién lo recomendó y la Teniente Hawkeye es la que comúnmente lo acompaña en misiones fuera de la ciudad."
Pinako rió tratando de que su risa no sonara falsa. "Cualquiera diría que es su esposa."
Armstrong movió sus manos frente a sí. "Oh, no. Nada de eso. Las interacciones románticas entre miembros de la milicia están estrictamente prohibidas."
Vaya, al menos en eso no te mintió, Trisha. "Bueno, pero están en buena edad para casarse, así que supongo que alguno de los dos ya debe estar casado ¿no? ¿O definitivamente en la milicia tienen prohibido cualquier compromiso marital?" Preguntó Pinako enarcando una ceja.
Armstrong volvió a cruzar sus brazos y soltó una ligera risa. "Claro que podemos casarnos siempre y cuando no sea con alguien de la milicia. En cuanto a ellos, no, ninguno de los dos está casado. Aunque debo de admitir que en la ciudad se escuchan rumores de que el Coronel atrae mucho la atención de las jovencitas pero parece ser que no ha encontrado a la indicada."
Pinako le dio una calada a su pipa. "Sorprendente que no se haya casado. Con la posición que tiene supongo que fácilmente podría mantener a una familia."
"Seguramente está demasiado enfrascado en su carrera ya que, a pesar de lo joven que es, ha avanzado rápidamente a través de los rangos. Su título como alquimista estatal fue uno de los primeros pasos que lo colocaron en la mira de los altos mandos y esa atención sólo se incrementó cuando se le otorgó el título del 'Héroe de Ishval'. No fue mucho después de eso que lo ascendieron a Teniente Coronel."
Pinako detuvo la pipa a unos centímetros de su boca y Armstrong se arrepintió de haber hablado tanto. "Vaya, parece que la guerra lo benefició bastante." Esta vez Pinako no pudo evitar fruncir el ceño.
Armstrong suspiró. "No puedo negar que la guerra terminó beneficiando su carrera profesional pero, desde mi perspectiva, el Coronel Mustang es un hombre muy trabajador."
"Aún así no parece ser la mejor influencia para los chicos."
"Puede parecerlo pero, según tengo entendido, los chicos se llevan bien con él. El Coronel los apoya con sus investigaciones brindándoles la información que puede conseguir al respecto. Además, aunque el Coronel es envidiado y tal vez no muy del agrado de todos en el comando, su equipo lo respeta mucho y le son muy leales. Creo que eso habla mucho del hombre que en realidad es."
No muy convencida del pequeño discurso del Mayor, Pinako agregó. "En ocasiones Ed me ha mencionado que tiende a discutir con él e incluso lo llama continuamente 'bastardo'."
Para sorpresa de Pinako, el Mayor rió ligeramente. "Las peleas de esos dos son legendarias en el comando de Este, tanto que en Central nos llegan noticias de ellas." Armstrong movió una mano restándole importancia al asunto. "No tiene que preocuparse por eso. Yo no las llamaría peleas serias, simplemente es parte de su rutina. Al final de cuentas creo que la mayoría estamos de acuerdo que tienden a pelear por los similares que son sus carácteres."
"Conque similares, eh." Respondió Pinako. Maldita ironía. Y yo aquí creyendo que Ed no había heredado nada de ese perro de la milicia.
Creyendo que Pinako no le creía, Armstrong agregó. "En serio, no tiene nada de que preocuparse. Como le digo sus peleas no son serias pero cuando esos dos se ponen creativos en sus discusiones, la Teniente Hawkeye interviene. A pesar de que el Coronel es su superior, la verdad es que ninguno de los dos se atrevería a meterse con ella o a desobedecerla"
Pinako enarcó una ceja "¿Tan mala es?"
"Oh, no lo digo por eso. La Teniente es una mujer amable, solo que también es reconocida por ser muy responsable y apegada a la disciplina. No estoy seguro pero tengo la impresión de que mucho del trabajo que se hace en esa oficina es gracias a ella y su supervisión. Incluso se rumorea que ella es prácticamente la niñera del Coronel." Dijo Armstrong con una ligera sonrisa al final.
"Mmm" Pinako respondió. Parecía ser que al menos esos dos se comportaban medianamente bien en su vida cotidiana pero su molestia hacia ellos no se iría tan fácilmente. Echando un vistazo al reloj que descansaba sobre uno de los muebles, dijo. "Oh, es mejor que empiece a hacer la cena. Con alguien grande y fornido como usted, será mejor que prepare comida extra." Agregó con una breve risa.
"No, madame. No puedo permitir que se tome molestias extra por mi culpa." Respondió Armstrong amablemente.
"No se preocupe por ello. La comida sabe mejor cuando se comparte."
La mañana del tercer día que los Elric llevaban en el hogar de las Rockbell, Ed se despertó un poco más tarde de lo normal. Bostezando se levantó de la cama y tomó ropa limpia y su toalla para dirigirse al baño para darse una ducha. Mientras se bañaba le pareció escuchar la voz del Mayor desde la pequeña ventana superior del baño pero no le prestó atención. En cuanto salió regresó a su cuarto para poner a secar la toalla y bajó las escaleras esperando encontrar a su hermano en la sala de su casa.
"¿Al?" Con pasos un poco tambaleantes a causa de la prótesis de reemplazo, Ed recorrió la sala pero no había rastro de su hermano. Seguramente está pasando el rato con Den. Estaba a punto de salir a buscarlo al patio cuando la abuela lo llamó desde la cocina.
Ed entró a la cocina, notando que la abuela estaba sentada en la mesa cortando algunos vegetales para los omelettes del desayuno. "Abuela, ¿dónde está Al?"
"El Mayor Armstrong lo llevó con él al patio. Dijo algo de mostrarle unas técnicas de entrenamiento típicas de su familia o algo por el estilo." Un escalofrío recorrió el cuerpo de Ed. "¿Quieres acompañarlo?" Ed negó rápidamente con la cabeza y Pinako comenzó a reír. "Me lo imaginaba. Al no parecía muy animado al respecto. Así que ven, ayúdame con esto." Dijo Pinako mientras le acercaba una pequeña tabla y un plato lleno de espinacas.
Ed suspiró. Lo siento, hermanito. No puedo salvarte de Armstrong con una sola mano. "De acuerdo, aunque no me hago responsable si quedan muy grandes." Dijo Ed mientras tomaba un cuchillo y se sentaba en el lado opuesto a Pinako.
Por unos minutos el único sonido que se podía escuchar era el ritmo constante del cuchillo chocando contra la tabla de Pinako y el corte irregular de Ed. Pinako sabía que Ed no era muy bueno en la cocina pero el que cortara mal las espinacas no afectaría el sabor del desayuno. Además había estado buscando una oportunidad como esta desde que había hablado con Armstrong sobre Roy y Riza.
"Hey, enano." Ed dejó de cortar las espinacas y la fulminó con la mirada. "¿Qué tal te ha ido con ese jefe tuyo?"
"¿Por qué la pregunta?"
Pinako se encogió de hombros. "Un poco de charla me vendría bien." Dijo de manera despreocupada.
"No importa el día que preguntes. Ese bastardo siempre es un bastardo." Respondió Ed con el ceño fruncido.
"¿Acaso te trata mal?" Preguntó Pinako enarcando una ceja y dejando de cortar los champiñones por un momento.
"Nah, no es eso. Cuando no está holgazaneando me da pistas interesantes sobre la piedra filosofal. Es solo que 'bastardo' sería un perfecto segundo nombre para él." Respondió Ed con una sonrisa para reanudar su labor con las espinacas.
Pinako lo miró confundida. "¿Eso significa que te agrada?"
Un rubor casi imperceptible apareció en las mejillas de Ed. "¡No! Es un engreído." Ed intentó cruzar sus brazos pero recordó que solo tenía uno y lo dejó caer a su lado. "Además siempre que puede me manda a misiones innecesarias." Ed refunfuñó pero después su mirada pareció suavizarse ligeramente. "Es un sujeto complicado, pero no sé, a veces pareciera que se preocupa por cómo nos va a Al y a mí."
Pinako se sorprendió. ¿Ese hombre tenía al menos una pizca de actitud parental? "Seguramente lo hace porque está obligado a hacerlo. Al final de cuentas quedó registrado como tu tutor legal." Respondió Pinako con un tono amargo que no pasó desapercibido por Ed.
"Vamos, abuela. Creí que ya habíamos aclarado que había sido MI decisión entrar al ejército."
Pinako recobró su compostura y continuó cortando los últimos champiñones. "Claro, creo que lo olvidé por un momento." Ante la sonrisa traviesa de Ed, Pinako lo amenazó apuntando el cuchillo en su dirección. "No te atrevas a decir que estoy vieja."
"Tú lo dijiste, no yo." Respondió Ed divertido.
Pinako alcanzó una cuchara y la lanzó a la cabeza de Ed con una puntería tan precisa que claramente indicaba de dónde la había heredado Winry.
"¡Auch!" Exclamó Ed sobándose la cabeza.
"Mocoso insolente." Bufó Pinako mientras pasaba los champiñones cortados a un plato. "¿Y tus compañeros qué tal? ¿Son igual de engreídos que tu jefe?" Preguntó mientras se levantaba y se dirigía hacia la estufa.
Ed se puso a cortar las últimas espinacas que le faltaban. "Son buenas personas. A veces son un poco raros pero en general son divertidos. En especial Havoc, siempre le pasa de todo. Aunque debo de admitir que mi favorita es Hawkeye."
Pinako se quedó congelada tras escuchar esas últimas palabras de Ed. ¿La persona que ella más despreciaba le caía bien a Edward?
"¿Abuela?" Preguntó Ed al notar que Pinako se había detenido al lado de la estufa sin razón aparente.
No seas tan obvia, Pinako. Ella se regañó mentalmente y se acercó a Ed, tras dejar el plato en la encimera que se encontraba al lado de la estufa. "Anda, dame las espinacas." Ed lo hizo observándola con curiosidad por lo que, cuando Pinako estaba nuevamente de espaldas a él, ella continuó la charla. "Si te refieres a la mujer que vino junto al Coronel, me pareció una mujer muy seria. ¿Por qué te agrada tanto?"
"Porque ella sabe perfectamente cómo poner en su lugar al Coronel." Respondió Ed alegremente. "Además siempre se ha portado muy bien conmigo y con Al. Debo de admitir que a veces da miedo cuando se pone seria pero en general es una persona muy amable." Agregó con una sonrisa.
Pinako, quien estaba comenzando a cocinar el primer omelette, echó un vistazo sobre su hombro y le sorprendió ver la sonrisa tan sincera de Ed. "Realmente no tuve la oportunidad de hablar con ella, pero nunca me dio la impresión de que fuera alguien amable."
Ed se encogió de hombros. "Probablemente te dio esa impresión porque técnicamente estaba en horario laboral. Es muy seria cuando se trata de trabajo pero, aunque a veces trate de disimularlo, suele cuidarnos a todos en la unidad." Ed pareció recordar algo y sonrió ampliamente. "Por cierto, ¿recuerdas que te había contado que en la ciudad no hay buen estofado?" Pinako volteó a verlo y asintió. "Pues bien, ya no he tenido que preocuparme por eso. Algunas veces, cuando regreso de una misión, ella me lleva estofado a la oficina y no le queda nada mal."
"Vaya, quién lo diría." Fue lo único que Pinako respondió antes de devolver su mirada a la estufa, dejando en claro con su tono que la conversación debía pausarse por un momento. La sonrisa de Ed y sus palabras la habían desconcertado. Siempre creyó que esa mujer interactuaría con Ed en el sentido estrictamente profesional pero ahora resulta que se había ganado el aprecio de Edward. Además, para rematar, tenía el presentimiento de que Mustang también era del agrado del chico. Pinako apretó con fuerza la espátula que sostenía. ¿A qué estaban jugando esos dos? No criaron a Ed, lo abandonaron y lo convirtieron en un perro de los militares como ellos, y ahora ¿querían jugar a la casita? ¿Querían descubrir lo que era ser la familia que le negaron a Edward? Una parte de sí le decía que se enfocara a las buenas opiniones de ese par que le habían dado Armstrong y Ed, pero su terquedad se sobreponía diciéndole Ni Armstrong ni Edward saben el secreto que guardan esos dos. Su opinión no sería la misma si supieran lo que hicieron.
No prestándole mucha atención al silencio de Pinako, Ed se recargó en su silla y colocó su brazo detrás de su cabeza, y le preguntó. "Hey, ¿falta mucho?"
Pinako colocó el omelette que estaba cocinando en un plato y lo puso en la encimera. "Sirve un vaso de leche." Ed arrugó la nariz. "Es para Winry."
Ed hizo cómo se lo indicó y preguntó. "¿Voy a llamarla?"
Pinako rió ligeramente. "¿De verdad crees que vas a lograr hacerla salir de su habitación? Anoche prácticamente la tuve que sacar de allí arrastrándola."
"Oh." Ed alzó su mano y la agitó mostrándosela a Pinako. "Te recuerdo que solo tengo una mano disponible."
"Te recuerdo que en la cómoda hay una bandeja que puedes utilizar." Pinako sonrió. "¿Acaso me vas a decir que la bandeja te queda un poco grande?"
"¡No soy pequeño!" Ed salió de la cocina y regresó en pocos segundos con una bandeja. "Ya verás que esto no es ningún problema para mí, anciana." Dijo mientras colocaba el omelette, la leche y un par de rebanadas de pan tostado.
"Eso espero, enano." Dijo mientras comenzaba a preparar el siguiente omelette.
Ed simplemente la fulminó con la mirada mientras tomaba la bandeja y salía de la cocina en dirección a la habitación de Winry. En cuanto estuvo frente a ella, le dio unos golpecitos a la puerta con la prótesis de repuesto tratando de no caerse en el proceso.
"Adelante." Exclamó Winry desde su mesa de trabajo.
"Muy graciosa, Winry." Respondió Ed sarcásticamente.
Winry suspiró pensando que el rubio trataba de hacerle una broma y se dirigió a la puerta. En cuanto la abrió se encontró con Ed con el ceño ligeramente fruncido y sosteniendo una bandeja. Sorprendida, preguntó. "¿Qué haces?"
"¿Qué no es obvio? Estoy trayéndote el desayuno. La abuela sabe que va a ser imposible sacarte de aquí." Gruñó Ed.
Winry echó un vistazo hacia una de las ventanas de su habitación y se dio cuenta del brillante sol que iluminaba los campos de Resembool ese día. Ella rió ligeramente. "Cielos, no me di cuenta de que ya había amanecido."
"¿Estuviste trabajando toda la noche?" Preguntó Ed un tanto desconcertado.
"Sí, ¿sabes? ese automail no se va a construir solo." Respondió Winry con una sonrisa.
Ed se sintió un tanto avergonzado. Ya eran dos noches seguidas que Winry trasnochaba por estar trabajando en su automail. Él deseaba viajar lo más rápido posible a Central para buscar la investigación de Marcoh pero no le agradaba exigirle tanto a Winry.
"Y ¿te vas a quedar parado ahí todo el día?"
Ed trató de no brincar al verse sacado de sus pensamientos y resopló. Entró a la habitación y dejó la bandeja en la mesa de noche de Winry, dispuesto a salir cuanto antes de ahí.
"¿Te vas tan rápido?" Preguntó Winry mientras se sentaba en su cama, se quitaba la bandana de su cabeza y acercaba el plato del omelette.
Ed se dio media vuelta. "No quisiera arriesgarme a quedarme y terminar con una llave incrustada en mi cabeza." Dijo bromeando.
Winry rodó los ojos. "No seas exagerado. Lo dices como si siempre te estuviera golpeando."
"¿Y no?" Preguntó Ed enarcando una ceja.
"Solo cuando te lo has ganado." Respondió con una gran sonrisa y le dio unas palmaditas a su cama justo al lado de ella. "Vamos, hazme compañía. Al y tú han estado de visita y casi ni los he visto."
Ed suspiró. "De acuerdo."
Ed se sentó al lado de Winry y colocó su mano detrás de él para inclinarse ligeramente. Winry comenzó a separar su omelette en pequeños trozos como era su costumbre y Ed aprovechó para echar un vistazo a sus alrededores. No había estado en su habitación desde antes de que él y Al iniciaran su viaje hace ya más de tres años. La última vez había sido la noche en la que habían quemado su casa, siendo a su vez la última noche que pasarían con las Rockbell antes de que se fueran.
Edward se estaba dirigiendo a su habitación para cambiarse y dormir, cuando Winry lo había tomado sorpresivamente de la mano y lo había jalado hacia su propia habitación. Desconcertado, él la siguió entrando a la habitación que solo estaba iluminada por la luz de la luna. A pesar de la escasa iluminación, él pudo visualizar algunas de las cosas que habían dentro antes de que Winry, sin previo aviso, lo abrazara fuertemente enterrando su rostro en el hombro izquierdo de él. En esos momentos, Ed estaba seguro de que sus mejillas se habían sonrojado intensamente y agradeció profundamente la casi completa oscuridad que los rodeaba.
Sin embargo, ninguno de los dos dijo nada aunque Ed estaba seguro de que el silencio de ella se debía en parte a que estaba conteniendo las lágrimas. Apenas un par de horas antes, Winry había llorado al ver cómo el hogar de los Elric era consumido por las llamas y Ed, tratando de detener sus lágrimas, la había llamado una llorona en un cariñoso tono de broma. A él nunca le había gustado verla llorar por lo que siempre trataba de distraerla o de consolarla colocando una mano en su cabeza pero jamás se había atrevido a abrazarla en esas situaciones por lo que el abrazo que Winry inició lo tomó completamente desprevenido provocando que por unos segundos sus brazos quedaran inertes a sus lados. Cuando sintió cómo las pequeñas manos de Winry se aferraban a su espalda, reaccionó y correspondió el abrazo. Él quería decir algo que la hiciera sentir mejor pero nunca había sido bueno con las palabras, por lo que se limitó a estrecharla fuertemente esperando poder brindarle el mayor comfort posible.
Por su parte, Winry estaba haciendo un gran esfuerzo por contener sus lágrimas. Desde hace tiempo había notado que a Ed no le gustaba que llorara pero a veces las lágrimas salían de ella sin que pudiera controlarlas, como horas antes a las afueras del hogar de los Elric. Fue por eso que en esta ocasión estaba reuniendo todas sus fuerzas para evitar hacerlo ahora. No quería que una de las últimas imágenes que Ed se llevara de ella antes de un viaje tan impredecible fuera con su rostro húmedo y enrojecido por las lágrimas.
Winry se había acostumbrado tanto a la compañía de los hermanos que ahora le resultaba difícil imaginarse cómo cambiaría todo a partir del día siguiente. Sabía que las cosas habían comenzado a cambiar desde hace un par de semanas e ingenuamente creyó que estaría preparada para el momento de la despedida, pero estaba muy equivocada. Tras caminar de un lado a otro en su habitación había alcanzado a escuchar el sonido de los pasos de Ed y, en un impulso, había decidido llevarlo a su habitación y abrazarlo. Ni ella misma entendía por qué lo había hecho pero en cuanto los brazos de Ed se movieron para regresar el abrazo pudo sentir una calidez dentro de sí que estaba ayudando a retener las lágrimas que amenazaban con derramarse por sus ojos.
Edward y Winry no estaban acostumbrados al contacto físico con el otro ya que a lo máximo que llegaban eran a unas palmaditas en la cabeza por parte del rubio. Pero en esos instantes ambos descubrieron la calidez, seguridad, paz y tranquilidad que el otro transmitía al estar unidos en ese abrazo, inhalando y grabando en su mente la esencia del otro sin entender porqué sentían que el tiempo se estaba parando en esos momentos mientras sus corazones palpitaban intensamente.
Winry quería decirle tantas cosas a Ed. Quería desearle suerte, pedirle que tanto Al como él se cuidaran mucho, que prestara atención a su automail y muchas cosas más, pero su boca se negaba a articular las palabras. Además, tenía la impresión de que si lo hacía el pequeño encanto que se había colocado sobre ellos se desvanecería y ella terminaría rompiendo en llanto, por lo que se limitó a apretar sus manos en la espalda de Ed mientras sentía cómo él la atraía un poco más hacia su pecho.
Sin saber con exactitud cuánto tiempo había pasado, Winry recordó que ya era tarde y que Ed tenía que descansar para el viaje que le esperaba. Por ello, renuentemente aflojó sus manos y se alejó lentamente de él, notando cómo algo dentro de ella se entristecía al alejarse de la calidez que el rubio le brindaba.
Por su parte Ed, al sentir el movimiento de Winry, comenzó a apartar lentamente sus brazos de ella, sorprendiéndose a sí mismo al pensar en que no quería que ese momento se acabara. Al alejarse, Winry colocó sus manos sobre los brazos de Ed, mientras que él colocó las suyas sobre los hombros de ella. Ambos habían cerrado sus ojos en algún momento durante el abrazo por lo que, cuando la distancia empezó a surgir entre ellos, los dos abrieron sus ojos y, a pesar de la oscuridad que los rodeaba, pudieron notar el brillo en la mirada del otro. Se quedaron unos momentos así, únicamente perdiéndose en sus miradas hasta que Ed cerró nuevamente sus ojos y se acercó para recargar su frente contra la de ella.
Las mejillas de Winry se tiñeron de un tono rosado y sus ojos se abrieron aún más tras la acción de Ed. Él no era alguien que buscara el contacto físico con los demás, lo que hacía aún más inesperado lo que acababa de hacer. Sin embargo, Winry descubrió que esa acción no le desagradaba en lo más mínimo por lo que volvió a cerrar sus ojos e inclinó ligeramente su frente hacia la de él.
Tras unos minutos en completo silencio, Ed se separó y murmuró un 'Buenas noches' antes de salir rápidamente de la habitación, dejando a una Winry sonrojada y un tanto confundida tras de sí. ¿Qué había sido todo eso? ¿Por qué ese tipo de cercanía entre ellos se había sentido tan… agradable? La tristeza por la inminente partida de los Elric seguía ahí pero, a pesar de ello, esa noche Winry fue capaz de esbozar una sonrisa sincera antes de irse a dormir.
Ed, por su parte, había decidido hacer una visita de último momento al baño. Sentía que las mejillas le ardían y no quería que Al lo notara porque ¿qué explicación podría darle? Ni él mismo entendía por qué estaba teniendo esa reacción. Solo había estado cerca de Winry, su mejor amiga. No había ninguna razón para que se sonrojara de esa manera. Bueno, nunca antes habían compartido un abrazo tan duradero y él nunca había colocado su rostro tan cerca del de ella. Sonrojando aún más ante el recuerdo, Ed abrió el grifo del lavabo y se lavó la cara con agua fría tratando de ahuyentar sus pensamientos. Tenía una misión muy importante a la que encaminarse a partir de mañana, no tenía tiempo para pensar en cosas triviales. Sin embargo, cuando Ed terminó de lavarse la cara y se miró al espejo, él mismo se sorprendió de la sonrisa tan natural que adornaba su rostro y que se había negado a irse en todo ese rato.
Tras aquella noche, Ed y Al comenzaron su viaje de la búsqueda de la piedra filosofal. Winry y la abuela los despidieron en la estación deseándoles lo mejor y dándoles algunas recomendaciones en ese momento. No hubo ningún abrazo de ninguna parte pero algo que captó la atención de Ed es que Winry no derramó ni una sola lágrima. Sus ojos aún tenían una chispa de tristeza que Winry no había podido encubrir del todo pero, si el rubio no se equivocaba, ahora sus ojos también reflejaban cierta tranquilidad que no había estado ahí el día anterior. Además la última sonrisa que les dedicó esa mañana no parecía forzada e incluso, Ed se confesó a sí mismo, esa cálida sonrisa le dio esperanza de que todo saldría bien.
A pesar de lo inusual del momento que habían compartido Ed y Winry en la habitación de ella, ninguno de los dos mencionó nada al respecto, prácticamente haciendo como si nunca hubiera sucedido. Lo que no sabían es que ambos recordaban de vez en cuando ese momento con cariño y muchas veces con una sonrisa. Justo eso le pasó en ese instante a Ed, quien tuvo que sacudir ligeramente su cabeza para apartar el recuerdo y continuar con su rápida inspección de la habitación de Winry.
Lo primero que captó la atención de Ed, fue el cambio en el color de las paredes. Si no recordaba mal, antes eran de un color rosa pálido y ahora tenían un tono entre amarillo y beige similar al que cubría el resto de las habitaciones. Casi todos los muebles habían cambiado de posición pero parecían ser los mismos que había alcanzado a ver hace años excepto por un elegante tocador que se encontraba del otro lado de la cama. Al inicio lo examinó con mucha curiosidad hasta que un breve recuerdo le hizo darse cuenta que se trataba del tocador que hace años se encontraba en la habitación de los padres de Winry.
Ed continuó con su observación girando su cuerpo ligeramente para poder mirar mejor sus alrededores. Su vista se detuvo en un par de estantes colocados cerca de la mesa de trabajo de Winry. El inferior estaba repleto de libros sobre automail y un par de recipientes con tuercas y tornillos en ellos. El superior estaba en condiciones similares pero Ed se sorprendió al ver en él una muñeca de trapo un poco desgastada y sucia por los años que tenía. Él no pudo evitar esbozar una sonrisa al notarla.
Winry había tomado el primer bocado de su desayuno cuando notó cómo la posición de Ed había cambiado desde que se había sentado en la cama. Curiosa, siguió la dirección de su mirada y descubrió el objeto que había captado su atención. Sonriendo ligeramente, tomó una de las rebanadas de pan y, sin previo aviso, la empujó contra la boca de Ed.
Ante lo imprevisto de la acción de Winry, Ed abrió la boca, provocando que el pan que Winry le estaba dando de verdad entrara en su boca. Por la sorpresa y la fuerza con que ella lo había empujado, el rubio se dejó caer en la cama por completo.
Tragando una parte del pan que había entrado en su boca y apartando el resto con su mano, Ed se quejó. "¡Maldición, Winry! ¿Qué te pasa?"
Winry tomó la otra rebanada de pan y sonrió de manera despreocupada. "No es divertido comer sola."
"Fácilmente podrías bajar y comer con nosotros. Además no tenías que darme el pan de esa manera." Refunfuñó Ed mientras volvía a sentarse.
"Eso fue un extra por andar curioseando en la habitación de una señorita." Respondió Winry antes de darle una mordida a su pan.
"No estaba curioseando." Winry arqueó una ceja. "Bueno, era una pequeña observación, no es mi culpa que tu habitación haya cambiado. Además, ¿qué esperabas que hiciera? Sabes que no me gusta estar sin hacer nada."
"Lo sé, por eso te di algo en qué ocuparte ¿no?" Dijo Winry con una amplia sonrisa.
"Lo que tú digas." Cedió Ed sin estar completamente convencido.
Ambos siguieron comiendo por unos momentos hasta que la mirada de Ed se vio nuevamente atraída por la muñeca que reposaba en la repisa. "No puedo creer que todavía la tengas. La pobre casi se está cayendo a pedazos." Dijo Ed en un ligero tono de broma mientras señalaba a la muñeca con su cabeza.
Winry siguió su mirada a pesar de saber a qué se refería. "¿Estás loco? No puedo tirarla, Al y tú me la dieron."
Ed sonrió. "Sabes que podemos hacerte algo mejor ahora ¿cierto?"
"Sí, pero esa muñeca es especial." Winry esbozó una sonrisa cariñosa. "Ustedes dos la hicieron para mí a pesar de que aún era un poco difícil para ustedes el hacer alquimia."
"Pues no parecías muy contenta cuando estábamos en medio de la transmutación para hacerla." Bromeó Ed.
Winry le dio un golpe afectuoso en su hombro izquierdo. "Hey, no es mi culpa. Tenía 5 años."
"Y desde entonces ya eras toda una llorona." Respondió Ed con una amplia sonrisa.
Winry le dirigió una mirada de falsa molestia. La expresión de Ed le hacía ver que él también tenía recuerdos agradables de esa muñeca. Cruzándose de brazos, Winry dijo. "Llorar no tiene nada de malo. Además, debes de admitir que cuando quiero puedo controlar mis lágrimas." Agregó Winry al final sin pensar demasiado en el significado de sus últimas palabras.
Cuando Winry se percató de lo que dijo, ambos se quedaron en silencio y se vieron fijamente tras ser transportados a aquella noche de hace casi cuatro años. En cuanto sus miradas se toparon ambos estaban seguros de que los dos estaban pensando en lo mismo. Ésto era lo más cerca que habían estado de platicar de lo sucedido en esa ocasión. Tal vez no era importante pero a pesar del tiempo que había transcurrido, los dos seguían sin entender del todo las acciones de cada uno y las sensaciones de calidez y paz que había desencadenado la cercanía con el otro.
Ed estaba sentado al lado de Winry pero en esos instantes ambos se habían girado ligeramente para verse de frente. Para sorpresa de Winry, Ed comenzó a inclinarse lentamente hacia ella, dejándola paralizada en su lugar. No entendía lo que estaba pasando pero algo dentro de sí quería quedarse ahí sin moverse ni un centímetro y descubrir qué es lo que iba a suceder. Ed se detuvo hasta que sus rostros quedaron separados por solo un par de centímetros, alzó su mano y con ella apartó suavemente algunos de los mechones que cubrían la frente de la rubia. El roce de los dedos de Ed en su piel provocó que Winry se estremeciera ligeramente sintiendo cómo ese simple toque mandaba una extraña sensación de calidez a todo su cuerpo mientras su corazón se aceleraba inexplicablemente.
En cuanto la frente de Winry quedó relativamente despejada de su rubia cabellera, Ed alejó un poco su mano aprovechando para formar un círculo con su pulgar y su índice para después darle un suave golpe a Winry en la frente. "Tu desayuno se está enfriando." Ed sonrió tímidamente y se apartó lo más rápido que pudo, colocando el sobrante de pan que le quedaba en su boca mientras se dirigía al balcón de la habitación.
Winry se quedó confundida y se llevó una mano a la frente mientras veía cómo Ed se alejaba de su cama. ¿Qué había sido todo eso y por qué su corazón estaba tan acelerado? Al no notar señales de que Ed fuera a hablar, trató de enfocarse en terminar su desayuno lanzando ocasionalmente miradas furtivas en dirección al balcón.
En cuanto a Ed, al estar en el balcón, recargó su brazo en el barandal mientras masticaba lo último de su pan viendo el paisaje que se extendía ante él. El aire fresco que corría esa mañana estaba sirviendo para enfriar sus mejillas que sospechosamente estaban amenazando con sonrojarse entre más pensaba en lo que había hecho. Sí, por una extraña razón se había perdido en los brillantes ojos azules de Winry, pero en cuanto reaccionó quiso hacerle una pequeña broma golpeando su frente. El problema fue que desde el primer contacto con su piel hubo algo que le impedía detenerse y terminó pasando sus dedos por la frente de la rubia muchas más veces de lo necesario.
Ed suspiró y se inclinó para recargar su cabeza en el barandal. En Resembool siempre se sentía tranquilo y relajado pero no podía quedarse mucho tiempo ahí, al menos no hasta que cumpliera con su objetivo: tenía que recuperar el cuerpo de Al. Tal vez la pista de Marcoh les permitiría encontrar la solución que tanto habían estado buscando y quizás en ese momento, tendría tiempo de pensar detenidamente en las acciones repentinas y extrañas que de vez en cuando hacían su aparición cuando estaba con Winry.
Ed cerró los ojos dejando que el aire moviera suavemente los mechones de su cabello mientras disfrutaba del aroma del pasto a su alrededor. Todo estaba tan tranquilo hasta que una voz terminó de golpe con su instante de paz.
"¡Edward Elric! ¡Qué bueno que estás despierto! ¡Estoy seguro que disfrutarás tanto como tu hermano el conocer algunas de las técnicas de entrenamiento físico que han pasado de generación en generación en la familia Armstrong!"
Ed abrió de golpe sus ojos mientras sentía cómo un escalofrío recorría su cuerpo. Desde el lado izquierdo de la casa, donde casi no tenía visión, Armstrong había hecho su aparición mostrando orgullosamente sus músculos descubiertos. A unos pasos de él, se encontraba Al en su caja y, a pesar de lo difícil que podía ser, Ed pudo notar en los brillantes ojos rojos de Al que él estaba desesperado por salir de esa situación.
"Hey, Al. La última vez que estuvimos aquí olvidé un libro sobre bio-alquimia. ¿Qué te parece si le damos una revisada juntos en la cocina?" Dijo Ed, ignorando al Mayor.
Sin dudarlo, Al comenzó a mover su casco en forma afirmativa. "Me parece una excelente idea, hermano."
Ed miró a Armstrong. "Mayor, ¿puede llevar a Al a la cocina? Aún sigo con una mano menos."
"Con gusto lo haré. Pero ¿no crees que ese libro puede esperar? Estoy seguro de que estas técnicas les serán de mucha utilidad en su viaje. Aún hay muchas más que no le he podido enseñar todavía a tu hermano" Respondió Armstrong mientras hacía una de sus poses para remarcar su opinión.
Ed no pudo evitar hacer una pequeña mueca al pensar en lo que su hermano tuvo que presenciar pero rápidamente cambió su expresión por una de falsa inocencia. "Estoy seguro de que Al disfrutó mucho de esta sesión." Ed casi podía jurar que los brillantes ojos rojos de su hermano lo estaban fulminando. "Pero créame cuando le digo que Al es un excelente peleador así que no creo que sea necesario continuar. Además ambos tuvimos a una excelente sensei de técnicas de combate." La intensidad de la mirada de Al se relajó. "Y por el momento, yo no estoy en condiciones de entrenar. Así que Al y yo podemos sacar más provecho a nuestro tiempo si revisamos el libro que dejé aquí."
Armstrong pareció entender el punto pero hizo un último intento. "¿Estás seguro, Edward Elric?" Ed asintió. "Si quieres puedo enseñarte las técnicas que han pasado de generación en generación en la familia Armstrong en cuanto te reinstalen el automail."
Al rió discretamente y Ed no pudo evitar mover su mano frenéticamente a manera de negación. "¡No!" Armstrong enarcó una ceja un poco sorprendido por la reacción del rubio. "¡Vamos, Al! Ese libro no se va a leer solo, además me estoy muriendo de hambre." Y sin dar mayor oportunidad a Armstrong, Ed se dio la media vuelta y regresó a la habitación de Winry.
Para cuando Ed regresó, Winry ya había terminado de desayunar por lo que lo miró divertida mientras él se acercaba.
"No es gracioso." Farfulló Ed.
"Yo no he dicho nada." Respondió Winry con una sonrisa. "¿Qué haces?" Preguntó al notar que Ed inspeccionaba sus estantes.
"Sólo tomo prestado algo." Respondió Ed mientras agarraba un libro sobre medicina general.
"¿Ah sí? ¿Y con el permiso de quién?" Dijo Winry con falsa molestia mientras ponía sus manos en sus caderas.
"Con el tuyo." Respondió Ed sin mirarla a los ojos mientras acercaba la bandeja con los trastes sucios y colocaba el libro en un espacio de la misma. Al notar que Winry no cambiaba de posición, Ed suspiró y se atrevió a mirarla nuevamente a los ojos temiendo perderse como hace unos momentos. "¿Por favor?"
"Ok." Dijo Winry con una amplia sonrisa, misma que contagió a Ed relajándolo. "¿No estabas diciendo algo sobre un libro relacionado a la alquimia?"
"Sí, fue lo primero que se me ocurrió. Pero con esto bastará. De seguro Armstrong seguirá intentando convencernos y no le prestará atención a lo que estamos "leyendo". Incluso, con algo de suerte, la abuela Pinako podrá distraerlo lo suficiente para que nos dé un respiro a Al y a mí."
"Ya veo. Aunque no sé porqué le rehuyes. Parece ser una buena persona."
Ed se encogió de hombros "Puede ser, pero ese sujeto difícilmente puede mantenerse con una camisa puesta. Además te recomiendo que siempre que puedas evites sus abrazos a no ser que quieras tener un par de costillas rotas."
Winry no pudo evitar reír. "Creo que exageras."
"Te falta conocerlo y si algún día te llega a abrazar entenderás lo que te digo." Respondió Ed. "Bueno, será mejor que baje." Agregó mientras se encaminaba hacia la puerta.
"Hey, Ed." Winry colocó una mano en su hombro para que volteara a verla. "Gracias por traerme el desayuno." Agregó con una sonrisa.
"No hay de qué. Es más, creo que te lo debo por todo el trabajo que te estoy dando." Dijo Ed también con una sonrisa.
"No te preocupes. Esto se verá recompensado con las herramientas que podré comprarme con el dinero que nos pagues por el servicio de reparación rápida." Bromeó ella mientras se cruzaba de brazos orgullosamente.
"Cielos, me vas a dejar en bancarrota" Dijo Ed con un suspiro.
"Sigue trayéndome mis comidas y tal vez considere hacerte un descuento."
El rubio enarcó una ceja. "¿En serio? Se supone que no te gusta que merodee cuando estás trabajando con automail."
Winry levantó un dedo y le guiñó un ojo. "Ahora no estoy trabajando con automail. Además, todavía voy a necesitar un par de pausas como estas."
Ed sonrió. "De acuerdo, si esto me va a ahorrar algo de dinero tenemos un trato."
Ella le devolvió la sonrisa. "Bien, entonces te veo más tarde." Y dicho esto se dio la media vuelta y regresó a su mesa de trabajo mientras que Ed retomaba su camino y salía de su habitación.
Ninguno de los dos se atrevió a decirlo, pero en realidad el dinero no les importaba. Ambos simplemente habían disfrutado de ese pequeño tiempo juntos y, ahora que casi no se veían, tenían que aprovechar cada oportunidad que tuvieran para al menos sentir la presencia del otro cerca de ellos.
La tarde del día siguiente estuvo llena de movimiento. A pesar del dolor inicial tras la reinstalación de los automails de Ed, él rápidamente se llenó de energía ante la emoción de lo que podría esperarles en Central por lo que, tras una típica discusión sobre alquimia y automail con Winry, salió corriendo al patio para reparar la armadura de su hermano.
Como era su costumbre, ambos hermanos comenzaron a entrenar cómo siempre se los había aconsejado su sensei. Todo iba de maravilla hasta que Armstrong se auto invitó a la sesión de los Elric y prácticamente ésta se convirtió en un juego de huir de los musculosos brazos descubiertos del Mayor.
A pesar del extravagante agregado a la sesión, el entrenamiento terminó siendo divertido para sus tres participantes mientras que Pinako y Winry los miraban ocasionalmente a través de la ventana, mientras descansaban en un sillón.
"Parece que esos chicos se consiguieron a un interesante compañero de juegos." Rió Pinako.
"Creo que empiezo a entender por qué Ed le teme a sus abrazos." Rió nerviosamente Winry.
"Al menos tanto músculo no es sólo de adorno. Creo que ahora tenemos leña para todo el año."
"Creo que tienes razón." Winry se quedó callada unos momentos y después agregó. "¿Abuelita?"
Pinako comenzó a encender su pipa de la tarde "¿Mmhh?"
"El Mayor Armstrong te agrada ¿no?" Dijo Winry con un ligero tono de incredulidad.
"Parece que es una persona decente. Además, me da la impresión de que de verdad se preocupa por esos mocosos. Ahora dime ¿por qué te sorprende tanto?"
"Creí que odiabas a todos los militares en general desde lo que sucedió con… mis padres."
Pinako colocó una mano en su hombro y lo apretó ligeramente. "No puedo negarte que quedé resentida con la milicia pero eso es cosa del pasado."
"¿De verdad? Entonces... ¿Por qué tu mirada siempre se ensombrece cuando Ed menciona algo sobre su comandante en jefe y su asistente? Siempre creí que era por el resentimiento que yo también tuve por la milicia pero ahora parece algo diferente."
"¿Ya no estás resentida, mi niña?"
"Como te dije hace años, desde que conocí a la señorita Riza me di cuenta de que no todos los militares son malos."
Sin poderlo evitar Pinako bufó pero trató de disimularlo con una bocanada de su pipa antes de responder. "Pasaste muy poco tiempo con ella para realmente conocerla."
"Pero había algo especial en su mirada. No tenía la mirada de una persona cruel y sin escrúpulos, sino de alguien bondadosa que quiere proteger a las personas que ama. Además, abuelita, aún no has respondido mi pregunta."
Pinako suspiró. Había subestimado la perspicacia de su nieta. "No entiendo a qué te refieres, Winry. Seguramente confundiste mi mirada con algo más. No tengo nada en contra de esas personas." Dijo tratando de no morderse la lengua al final.
"Al inicio creí que me lo estaba imaginando pero después me di cuenta de que siempre tratas de cambiar de conversación o simplemente ignoras las partes en las que Ed y Al llegan a hablar del señor Mustang y la señorita Hawkeye. Y no me digas que sólo es una coincidencia." Agregó al ver que su abuela quería interrumpirla. "Cuando hablan de los demás miembros de la unidad no tienes esa reacción e incluso te mantienes en la conversación aunque los mencionen."
A pesar de estar en una situación desfavorable, Pinako no pudo evitar sonreír con orgullo. "Tan astuta y perspicaz como toda una Rockbell." Suspiró. "Está bien. Lo admito. Esos dos no me agradan." Prácticamente los odio por lo que hicieron. Pensó amargamente.
"Pero, ¿por qué, abuelita?"
Pinako sentía como las razones venían a su mente. Son unos irresponsables, interesados, hambrientos de poder… No les importó abandonar a su propio hijo. Jamás vieron por su bienestar y solo lo buscan cuando les puede ser de utilidad para subir sus puntos ante el alto mando de la milicia. Pero por más que quisiera hacerle entender a Winry el porqué esos dos no eran lo que su nieta creía, tuvo que contenerse. Estaba involucrado un secreto que no le correspondía divulgar abiertamente y, sinceramente, no quería que su querida nieta tuviera que cargar con un peso tan importante sobre sus hombros. Sabía que podía confiar en ella pero no tenía porque cargar con el secreto de ese par de descarados.
Tratando de sonar lo más convincente posible, respondió. "Sigo sin poder creer que se hayan atrevido a reclutar a un niño de 11 años." Eso funcionaría, era una verdad a medias. Una verdad sin trasfondo.
"Pero al final les dieron la opción de elegir y Ed fue quién finalmente tomó la decisión. Además, aunque me entristezca no tenerlos cerca, creo que es la mejor opción que tienen para recuperar sus cuerpos."
"Entiendo eso, Winry, pero ¿quién no te dice que sólo lo hicieron para quedar bien ante sus superiores? Date cuenta, esa mujer obtuvo un ascenso poco después de que Ed se enlistara en la milicia."
"A mí me parece que fue una coincidencia. Al fin y al cabo la señorita Riza da la impresión de ser una mujer muy dedicada así que no sería difícil imaginar que su trabajo y esfuerzo le valieron su ascenso."
Pinako le dedicó una sonrisa irónica. "Ay, mi niña, aún eres muy inocente. Las personas con intenciones ocultas no son una sorpresa en este país." Dijo mientras le daba unas palmaditas en una mano antes de levantarse del sillón.
"Pero-"
"Suficiente de esta conversación, señorita." La interrumpió usando su tono de abuela autoritaria. "Tenemos cosas que hacer. Con todo ese ejercicio que están haciendo, estoy segura que van a regresar queriendo comerse un caballo." Agregó sin voltear a verla mientras se encaminaba hacia la cocina.
Winry se quedó un par de minutos más en el sillón mordiéndose ligeramente el labio inferior para contener sus ganas de replicar. Había algo extraño. No sabía qué era, pero estaba segura de que había algo más que su abuela se negaba a contarle. Aunque Pinako diera la impresión de ser una mujer un tanto brusca y rígida, la verdad es que era alguien bastante amigable. Winry no sabía de una sola persona en todo Resembool con la que su abuela no interactuara amablemente. Además, ella estaba segura de que había algo en la mirada de su abuela siempre que se hablaba del coronel y su asistente. Y hoy no había sido la excepción. A pesar de que intentara disimularlo no era suficiente. Tal vez Ed y Al jamás lo habían notado pero Winry sí y desde hace tiempo había despertado su curiosidad. Al inicio lo relacionó al vínculo de esos dos con la milicia pero ahora tenía la impresión de que había algo más.
Dando un suspiro, Winry se levantó del sillón y se dirigió a la cocina. A pesar de que sospechaba que había algo que su abuela no le estaba contando, también estaba segura de que por más que lo intentara no podría forzar la verdad de su abuela, porque las Rockbell se caracterizaban no sólo por su astucia y perspicacia, sino también por su carácter fuerte y obstinado.
Como Pinako predijo, la comida desapareció rápidamente de la mesa. A pesar de todo, el tiempo transcurrió alegremente. Había pasado un tiempo desde que había compartido una comida familiar con los chicos y, desde que ambos habían recuperado su completa movilidad, su ánimo y emoción habían mejorado considerablemente.
Aunque era buena fingiendo no darse cuenta, al comienzo de la comida y mientras la preparaban, las miradas curiosas de Winry no pasaron desapercibidas para Pinako. Sabía que, desafortunadamente, había despertado las sospechas de su nieta. Se sentía sumamente orgullosa por la demostración de más rasgos característicos de las Rockbell, pero eso no era razón suficiente para contarle la verdad. No serían fáciles los primeros días pero sabía que con el tiempo Winry relegaría sus pensamientos al fondo de su mente cuando el automail volviera a tomar protagonismo en sus vidas. Por el momento, se alegraba de cómo los Elric alegraban el día y distraían a Winry de la charla que habían tenido.
Durante algún momento de la cena, el Mayor Armstrong terminó quitándose la camisa cuando hablaba de la importancia del entrenamiento del cuerpo. Lo que llamó la atención de Pinako fue la ceja enarcada y la mirada que Ed le dirigió a Winry causando que ella respondiera con una risa nerviosa. ¿Acaso al fin ellos…? Antes de que su pensamiento pudiera terminar de tomar forma, Ed volvió a dedicarse con entusiasmo a su comida mientras todos retomaban el ritmo normal de la conversación. Ese par no tiene remedio. Suspirando para sus adentros, Pinako continuó comiendo, platicando y riendo con las anécdotas de los Elric y Armstrong.
También, durante la cena, Ed mencionó que se irían en el primer tren de la mañana, ante lo que Pinako mencionó: Bueno, supongo que estará tranquilo otra vez por aquí. Lo dijo con una sonrisa y continuó con la charla no dejando ver del todo lo mucho que le gustaba que los hermanos estuvieran en casa. Sabía que tenían un objetivo que cumplir pero debía admitir que su hogar parecía estar realmente completo cuando ellos estaban en él. Al fin de cuentas, ellos eran prácticamente un par de nietos más para ella.
Poco después de la cena Ed cayó profundamente dormido en el sillón de la sala, como siempre con su mano levantando su playera lo suficiente para mostrar parte de su estómago. Al ver cómo Al se quejaba cariñosamente de lo descuidado que podía ser su hermano, Pinako bromeó un poco con él y después, junto con la compañía de Winry quien traía una manta para cubrir a Ed, los tres hablaron sobre el significado del hogar. Pinako estaba segura de que todos los presentes estaban conscientes de que las Rockbell siempre los recibirían con los brazos abiertos pero no por ello pudo evitar sentir una calidez extra cuando Al les agradeció, en nombre de los dos, por todo su apoyo. Ella de verdad deseaba que el viaje de los Elric terminará pronto y que los hermanos pudieran disfrutar de la felicidad que tanto se merecían.
Tal y como lo había dicho Ed, los Elric y Armstrong ya estaban listos para partir a primera hora de la mañana. Ahora ataviado con su distintivo atuendo, Ed salió al patio con su maleta en su mano izquierda, seguido de cerca por Al y el Mayor. Sabiendo que los hermanos partirían temprano, Pinako ya se encontraba en el patio fumando su primera pipa del día.
Mientras Al se despedía de Den y el Mayor se alejaba unos pasos para darles algo de privacidad en su despedida, Ed se dirigió a Pinako. "Gracias por todo, abuela."
"No hay de qué."
Al se incorporó. "Hey, ¿dónde está Winry?"
"Se desveló varias noches, así que sigue dormida. ¿Debería despertarla?"
Tratando de no darle importancia al asunto, Ed movió su mano de automail de manera dimisiva. "No te preocupes. Si la despiertas, sólo se la pasaría hablando sobre el mantenimiento del automail." Concluyó antes de comenzar a alejarse un poco de la casa seguido de cerca por Al.
"Ok, entonces cuídense. Y no se comporten como extraños, vuelvan cuando tengan ganas de algo de comida casera." Dijo Pinako con una sonrisa.
"Ok, volveremos." Respondió alegremente Al.
A pesar de que en realidad la idea le agradaba, Ed fingió despreocupación mientras alzaba su maleta y la recargaba contra su hombro. "Como si fuéramos a recorrer todo este camino solo por una comida." Al acercarse a Armstrong escuchó que el Mayor reía ligeramente y le preguntó. "¿Qué es tan gracioso?"
Armstrong sonrió. "Una familia que los recibe… Tener un lugar para venir a casa realmente es un sentimiento maravilloso."
Ed se encogió de hombros y siguió caminando un par de pasos mientras respondía. "Solo vamos a la deriva de un lugar a otro."
"¡Ed!, ¡Al!" Ante el llamado ambos hermanos se voltearon y pudieron ver cómo Winry, todavía media adormilada, estaba recargada en el barandal de su balcón. "Nos vemos luego." Dijo mientras agitaba su mano ligeramente.
Al regresó de inmediato el gesto mientras que Ed se rascaba la cabeza. Una familia eh. Una sonrisa amenazó con aparecer en su rostro por lo que rápidamente se dio la vuelta para que los demás no pudieran verla. "Nos vemos luego." Se despidió alzando su mano de automail a modo de despedida.
Winry sonrió. Estaba ansiosa por la próxima vez en que pudiera volver a ver a los hermanos Elric.
