N/A: Hola!
Preparen sus pañuelos. Uno de los momentos más temidos ha llegado… lo sentimos :( Esperamos que los toques Royai puedan ayudar un poco con lo que leerán hoy.
Como siempre gracias por sus comentarios y por seguir nuestra historia. No duden en compartirnos sus opiniones.
Saludos!
Golden y Flame
Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.
Capítulo 12: Pérdida
Era una noche de viernes común y corriente, donde en ocasiones la unidad Mustang celebraba el fin de semana saliendo a disfrutar de unas copas. Sin embargo, en esta ocasión habían tenido mucho trabajo y a los hombres de la unidad se les habían acumulado sus compromisos personales, por lo que en lugar de salir a divertirse, cada uno se dirigió a resolver sus asuntos personales. Eran casi las 9 de la noche y solamente quedaban el coronel Mustang y la teniente Hawkeye. Ella había salido de la oficina a llevar el papeleo del día a los registros del cuartel.
Por su parte, Roy estaba acomodando o mejor dicho haciendo el intento de acomodar un poco todo el desastre que había hecho en su escritorio antes de finalmente poder retirarse por ese día. Justo en esos instantes el teléfono sonó y, tras un suspiro de agotamiento, respondió, encontrándose con la voz de una señorita, la cual le indicó que se le estaba redirigiendo una llamada por medio de una línea externa de parte del teniente coronel Hughes.
Roy se frotó el cuello tratando de apartar el cansancio del momento y así reunir algo de energía para la, sin duda, energética llamada de su amigo. Estaba casi seguro que era una de las típicas llamadas de su amigo alardeando de su hermosa hija y esposa y probablemente para seguir regañándolo por no haber asistido a la fiesta de cumpleaños de su pequeña Elicia el mes pasado. A manera de compensación, él le había mandado un hermoso oso de peluche a la pequeña en señal de disculpa, pero definitivamente para Maes eso no sería suficiente. Desde su nacimiento, Hughes había tratado de involucrarlo en su alegría, tratando de compartir esa dicha con él a pesar de su resistencia. Internamente Roy agradecía el noble gesto de su amigo, pero a veces exageraba tanto que lo sofocaba, provocando que Roy tuviera el presentimiento de que Maes lo hacía a propósito para conseguir su objetivo de convencerlo para casarse y finalmente formar su propia familia, o mejor dicho, reintentar hacerlo.
Roy soltó un suspiro e inmediatamente, en cuanto la comunicación se estableció, amenazó con colgarle si se trataba nuevamente de sus constantes alardeos de su familia, sin embargo no recibió el típico saludo alegre de su amigo ni uno de sus pucheros por no hacerle caso a sus consejos. Esto desconcertó al coronel por lo que comenzó a llamar a Hughes una y otra vez sin recibir ningún tipo de respuesta hasta que la línea se cortó de manera inesperada. En ese instante sintió cómo un escalofrío le recorría todo el cuerpo y cómo su pecho se oprimía en señal de un mal presentimiento. Sobreponiéndose al miedo que ese augurio le estaba generando, marcó un par de veces el número de la oficina de Hughes sin obtener respuesta, después intentó con el número de la recepción del cuartel del Comando Central y, tras varios minutos que le parecieron horas, por fin logró comunicarse con alguien. Al parecer había alguna especie de alboroto en esos lugares por la tardanza en la respuesta de la llamada y por la disculpa de la secretaria que lo atendió. Esto no hacía más que ponerlo más nervioso y ansioso, y siguió empeorando hasta que sintió cómo la sangre de sus venas se congelaba cuando la secretaria respondió a sus interrogantes acerca del teniente coronel.
"Lo lamento mucho, Coronel Mustang, pero... el Teniente Coronel Hughes acaba de ser encontrado muerto en una cabina telefónica en un parque cercano a las instalaciones." Dijo la secretaria entre sollozos.
Forzando a su garganta a formar palabras a pesar del enorme nudo que se estaba formando en ella, Roy respondió. "Tiene que ser un error."
"Me gustaría decirle que lo es, pero desafortunadamente no es así."
Sin más que decir, Roy colgó el teléfono bruscamente, se sentó en su silla inhalando y exhalando profundamente mientras agachaba la cabeza y la sostenía con sus manos mientras sus codos se apoyaban sobre la superficie de su escritorio. No puede ser, esto debe ser un error, tiene que serlo.
Unos minutos después, se escuchó el ruido de la puerta de la oficina abrirse tras el ingreso de Riza, la cual dirigió sus pasos hacia la oficina privada de Roy, aunque él no se inmutó a pesar de notar su presencia.
"Señor." Ella habló con cautela, acercándose poco a poco hasta estar al frente de su escritorio.
Por su tono de voz, él pudo sentir que algo no andaba bien, pero aún así no reaccionó a su llamado. Se encontraba tan aturdido con la noticia que acababa de recibir que aún no podía ni quería creer que fuera cierta.
Riza, al no recibir respuesta, volvió a insistir hablando en voz baja. "Señor, cuando estaba acomodando el papeleo en el cuarto de registros…" Inhaló profundamente, antes de proseguir. "Comenzó a llegar información del cuartel de Central..."
"¿Es cierto entonces?... De verdad… ¿está muerto?" La interrumpió, hablando casi en un susurro.
Ella inmediatamente entendió que los dos se estaban refiriendo a lo mismo, por su comportamiento y el repentino cambio de humor, siendo que antes de salir hacia el cuarto de registros ella lo había visto normal, con su estado de humor quejumbroso después de estar varias horas seguidas atado al papeleo, pero ahora era obvio que estaba totalmente desanimado y triste. Aunque no tenía idea de cómo él se había enterado si apenas había llegado la información.
Riza se sintió muy mal al enterarse de la noticia. Había tratado a Hughes durante la guerra e incluso había interactuado en algunas ocasiones con su esposa e hija. Lo tenía en un excelente concepto desde antes de conocerlo en persona, porque Roy siempre le había platicado de él antes de que ella se uniera a la milicia. Entendía perfectamente lo que Hughes representaba para Roy, era su mejor amigo, era prácticamente su hermano, él era lo que Rebecca era para ella. Se le hizo un nudo en la garganta y sintió mucho dolor al pensar las siguientes palabras que le diría a Roy.
Riza agachó la cabeza y susurró. "Lo siento mucho, Señor. El Teniente Coronel Hughes... fue asesinado."
Él se tensó. "¿Hay probabilidades de que sea una confusión?" Preguntó en tono bajo.
Ella negó con la cabeza por instinto, ya que sabía que él no la estaba mirando. "No, Señor…" Hizo una ligera pausa para evitar quebrarse. "Dos personas lo han reconocido."
Roy apretó el agarre de su mano izquierda, jalando su negra cabellera, mientras que separaba la mano derecha de su cabeza para formar un puño para después golpearlo fuertemente contra la madera de su escritorio.
"¡Maldición!" Roy gritó.
Él se levantó de su silla y se dio media vuelta para quedar de frente hacia el gran ventanal que se encontraba a espaldas de su escritorio. Comenzó a respirar profundamente, tratando de procesar la información que acababa de recibir. Se negaba a aceptar que todo esto fuera cierto. Riza permaneció en su posición sin moverse, también procesando la noticia. No dejaba de echar vistazos a Roy. Sabía que la noticia le estaba afectando y le preocupaba la forma en la que la sobrellevaría. De acuerdo a lo que alguna vez el propio Maes le había dicho en una ocasión, Roy, después de su regreso de Ishval seguido por la revelación de su hijo, estuvo bebiendo demasiado hasta poco antes de que ella comenzara a trabajar en su unidad. Cuando ella ingresó notó que todavía lo seguía haciendo, pero de una manera más moderada.
Ahora con lo de Maes, no sabía lo que podría pasar y lo peor de todo, es que se sentía tan impotente. Riza deseaba poder acercarse más, poder abrazarlo y consolarlo, pero dada su relación laboral, no sería bien visto y podría mal interpretarse. Así que optó por permanecer en silencio un momento más, esperando que su simple compañía pudiera apaciguarlo y confortarlo al menos un poco.
Después de unos minutos, Roy pasó una mano por su rostro y suspiró pesadamente, deseando que de esa forma todos sus males se fueran. En ese momento, recordó que Riza seguía ahí frente a su escritorio. Solamente tenía que girar para verla, pero todavía no quería hacerlo. Sabía que si lo hacía probablemente el poco control que le quedaba se destrozaría. Con ella jamás había tenido inconvenientes en mostrarle su lado más frágil, pero no era el lugar adecuado. Lo que lo reconfortaba un poco era el simple hecho de saberla ahí, de sentir su presencia, aunque, en esos momentos, lo que más deseaba era abrazarla fuertemente para evitar perderse en el remolino de dolor que se estaba construyendo en su interior. Sabía que ahora más que nunca la necesitaba a su lado o de otra forma se volvería loco.
"Teniente… necesito ir a Central mañana a primera hora." Roy dijo repentinamente sin voltear a verla. "Necesito que me acompañe… aunque sé que es fin de semana-"
"Comprendo, Señor. ¿Desea viajar en su automóvil o prefiere el tren?" Riza lo interrumpió. Definitivamente no deseaba dejarlo solo en esos momentos.
"Tren… no creo estar en óptimas condiciones para conducir…"
"Si gusta, yo puedo hacerlo…"
Él negó con la cabeza a la vez que la interrumpía. "No, Teniente. Los dos estamos muy cansados el día de hoy, es tarde y tendremos muy pocas horas de sueño. Será mejor ir en tren."
"Sí, Señor. Me parece que el primer tren a Central sale a las 6 de la mañana..."
Antes de que Riza pudiera continuar, él habló. "Sí, en ese estaba pensando. Mañana nos veremos en la estación de tren unos minutos antes de esa hora."
"De acuerdo, Señor."
Roy dió media vuelta y la miró. "Gracias, Teniente."
Por primera vez desde que se supo la noticia, Riza pudo observar su rostro. A pesar de la hora, ambos sabían que todavía había unos cuantos soldados en el cuartel, por ello ella pudo observar que Roy se había puesto su máscara profesional para enfrentarlos. Sin embargo, ella lo conocía como la palma de su mano por lo que alcanzaba a notar perfectamente el dolor que él estaba sintiendo con tan solo mirarlo a los ojos, lo cual también le provocaba un inmenso dolor. Ante esto él desvió su mirada.
"Será mejor que nos vayamos, Teniente. Es tarde y será un fin de semana pesado." Roy comenzó a caminar hacia la salida de su oficina privada, cediendo el paso a ella para salir. Una vez cerrada la puerta, sacó su reloj de plata para mirar la hora. Eran casi las diez de la noche y, a pesar del acuerdo que tenían con la hora de salida de Riza, ella se había quedado a su lado sin dudarlo. Guardó su reloj en su bolsillo y después cada uno se colocó su saco.
"Teniente, permítame llevarla a su departamento."
"Se lo agradezco, Señor, pero no es necesario."
"Ya es muy tarde."
"No se preocupe."
"Insisto… por favor." Roy dijo estas últimas palabras casi en un susurro.
Riza lo observó detenidamente y entendió perfectamente que él estaba preocupado en que ella se fuera sola a su departamento y no porque dudara de sus capacidades para protegerse, sino por lo que le acababa de suceder a su amigo.
"Está bien, Señor. Gracias."
El recorrido en automóvil hacia el departamento de Riza fue corto, pero ambos lo sintieron muy largo por el incómodo silencio que los rodeaba. Ella no sabía qué decirle a Roy y sabía que él estaba sumergido en sus propios pensamientos. Cuando llegaron a la entrada del edificio donde se encontraba su departamento, él estacionó el auto a un lado de la acera y Riza no pudo evitar mirarlo y colocar su mano sobre su brazo, apretándolo suavemente en señal de apoyo. Él la miró a los ojos y ella le devolvió la mirada tratando de transmitirle lo mucho que le dolía la noticia de Hughes pero sobre todo lo mucho que le dolía verlo sufrir. También buscó transmitirle todo su apoyo y confort. Roy colocó su mano sobre la de Riza y la apretó suavemente.
"Gracias." Él susurró.
"Siempre puedes contar conmigo." Ella le respondió en susurros.
Roy cerró los ojos por un momento y asintió. Tras unos segundos, a regañadientes, él soltó su mano y ella comenzó a bajar del vehículo.
Con voz suave, Riza se despidió. "Nos veremos mañana, trata de descansar."
Él asintió. "Tú también."
El día siguiente fue sumamente difícil para ambos. Riza pudo dormir un par de horas mientras que Roy, por su semblante, no había dormido nada. El viaje en tren fue silencioso, aunque ninguno de los dos fue capaz de dormir en su compartimento a pesar de la insistencia del otro por hacerlo. En cuanto llegaron a Central, buscaron un hotel a las afueras de la ciudad para dejar sus maletas en su respectivos cuartos y después se dirigieron al cuartel, donde se daría el último adiós a Maes Hughes antes de sepultarlo. Sorprendentemente, la milicia había arreglado de forma muy rápida los preparativos para el sepelio, como si quisieran ocultar algo, hipótesis que se intensificó aún más después de las palabras que tuvieron con el Mayor Armstrong después de la ceremonia fúnebre.
Sin lugar a dudas, el entierro había sido un evento muy doloroso, mucho más de lo que Riza se había imaginado. El solo hecho de ver el dolor que estaban atravesando Gracia y Elicia, le había partido el corazón. Por un momento, Riza se imaginó estar en el lugar de Gracia y podía imaginarse todo su dolor. El sólo pensamiento de que fuera Roy el que estuviera muerto, le oprimía el pecho y le hacía pensar que si eso pasara, ella no tendría la fuerza necesaria para seguir adelante con las metas que se habían propuesto porque su hijo lo había perdido hace mucho tiempo y Roy era lo único que le quedaba, lo único que la hacía aferrarse a la vida. En ese momento se dio cuenta de que ella no tendría la fortaleza que Gracia estaba mostrando, principalmente por su pequeña hija, ya que Riza no tenía dudas que en el momento en que Roy muriera, ella lo seguiría enseguida dado que se había resignado a que nunca más volvería a ver a su hijo. Así que, tal y como se lo había prometido a Roy años atrás, lo seguiría hasta al mismo infierno.
Al finalizar el entierro, Riza nuevamente sintió la impotencia en su interior cuando Roy, de forma discreta, se permitió soltar unas cuantas lágrimas a la sombra de su gorra militar. Deseaba tanto acercarse más, abrazarlo, confortarlo, decirle que ella siempre estaría para él, pero no podía hacerlo ahí, donde cualquier otro oficial podría verlos y denunciarlos por fraternizar. Así que, cuando le pasó su abrigo, solamente se permitió dejar su mano en su brazo por un poco más del tiempo requerido, propiciando un ligero contacto entre ambos cuando él tomó la prenda. No era mucho, pero era lo único que podía hacer en ese momento para transmitirle que él no estaba solo.
En la noche, después de pasar toda la tarde en el Comando Central y sus inmedaciones para tratar de conseguir toda la información posible acerca del asesinato de Hughes, ambos se fueron a su hotel. Antes de dirigirse a sus cuartos, Riza insistió en que fueran al comedor para cenar algo. A regañadientes, Roy a duras penas comió un poco de su platillo. Riza entendía que él no tenía hambre, pero le preocupaba que no se alimentara adecuadamente. Durante la cena, al igual que casi todo el día, Roy no charló demasiado y portaba su máscara de rigidez y seriedad, pero Riza podía ver a través de ella y visualizar el profundo dolor y sentimiento de pérdida que estaba sufriendo. Después de finalizar su cena, se dirigieron a sus cuartos para intentar descansar, pero antes de que cada quien entrara en su cuarto, se dijeron unas cuantas palabras.
"Gracias por acompañarme, Teniente" Roy dijo en un tono serio estando a espaldas de ella, mientras mantenía su mano en el pomo de su puerta.
El cuarto de ella se encontraba frente al de él, así que ella lo miró sobre su hombro. "No hay nada que agradecer, Señor. Le tenía mucho aprecio al Tenien… General de Brigada… y también lo aprecio mucho a usted. Por favor, procure descansar."
Él asintió con la cabeza. "Descanse, Teniente. Buenas noches." Dijo en voz baja.
"Buenas noches, Señor."
Sin más, los dos ingresaron a sus cuartos. Riza decidió tomar un baño para intentar relajarse, sin mucho éxito. Cuando salió se puso su pijama y se sentó en la cama a leer un poco, buscando una forma de distraerse. Pero su mente se negaba a dejar de pensar en Roy, en desear poder estar a su lado reconfortándolo y ayudándolo a sobrellevar su pérdida. Además, una inquietud se había despertado en ella respecto a cómo afectaría la muerte de Hughes a Roy a largo plazo, ya que su manera de actuar cuando estuvieron buscando pistas del asesino de Hughes la había dejado con una extraña opresión en el pecho. Por lo que pudieron averiguar gracias al Mayor Armstrong, sabían que se enfrentarían a algo peligroso y que Roy no se detendría hasta encontrar al responsable de la muerte de su amigo. Entendía el deseo de Roy de conocer quién fue el que le arrebató la vida a un hombre tan bueno como Hughes, pero le preocupaba que lo quisiera hacer para buscar venganza en lugar de justicia.
Después de un tiempo de tratar de concentrarse en su libro, suspiró y volteó a mirar el pequeño reloj que se encontraba sobre la mesa de noche al lado de su cama que marcaba la medianoche. Probablemente no se ha dormido y debe estar tratando de despejar su mente para hacerlo. Es muy tarde, ya no hay movimiento y estamos en un hotel a las afueras de la ciudad. Tal vez no haya inconveniente en que solamente vaya a asegurarme de que se encuentra bien. Sin más cerró su libro para después colocarlo sobre la mesa de noche. Se puso de pie para colocarse su bata, tomó su llave y se dirigió hacia el cuarto que se encontraba frente al de ella. Inhaló profundamente antes de tocar a la puerta para luego llamar y esperar una respuesta. Pasaron unos minutos y no recibió ninguna. Esperaba que estuviera durmiendo, pero lo conocía bastante bien como para saber que él no se dormiría tan fácilmente en las circunstancias actuales. Así que tocó nuevamente recibiendo el mismo silencio, lo que la hizo sentir como un escalofrío la recorría por su columna vertebral ante la preocupación de no saber dónde se encontraba su comandante en jefe.
Ante el descubrimiento de que Roy no se encontraba en su habitación (lo que seguramente significaba que ni siquiera estaba en el hotel), Riza tuvo el deseo de salir a buscarlo, pero sabía que Central era una ciudad muy grande por lo que sería difícil encontrarlo así que no tuvo más remedio que desistir por el momento de esa idea y regresar a su habitación.
Sabiendo que no podría dormir hasta tener la certeza de que Roy estaba sano y salvo en su habitación, Riza se recostó en su cama y siguió tratando de leer mientras seguía prestando atención a los sonidos del exterior para poder detectar el momento en el que el coronel regresara. Después de lo que acababa de ocurrir con Hughes, ella no se sentiría tranquila hasta verlo frente a ella. Cada minuto que transcurría sin señales del regreso de Roy, le hacía un nuevo nudo en el estómago ante la incertidumbre de dónde podría estar. Esos minutos se convirtieron en horas, hasta que cerca de las 3 de la mañana, escuchó la apertura de una puerta. De inmediato se puso de pie y observó por la mirilla de su puerta deseando que se tratara de Roy. Efectivamente se trataba del pelinegro, él cual se encontraba vestido en ropa de civil ingresando a su habitación. Sintió un poco de alivio al verlo de vuelta, pero eso no era suficiente, necesitaba hablar con él, darle su apoyo y confort pero no como su subordinada, sino como su amiga que seguía amándolo a pesar del tiempo y de todo lo que había pasado entre ellos.
Respiró profundamente y nuevamente se puso su bata para salir de su habitación con dirección al cuarto de enfrente. Una vez frente a la puerta, llamó y esperó impacientemente a que Roy se apareciera, lo cual sucedió después de un momento. Estaba todavía con sus pantalones de vestir oscuros, una camisa blanca con las mangas arremangadas y con los primeros botones de arriba desabrochados. Su mirada era fría y cansada al principio, pero al darse cuenta de que era ella de quien se trataba, se relajó y Riza se percató al instante de que estaba ebrio. No era la primera vez que lo veía un tanto ebrio, puesto que durante las salidas que tenían con sus compañeros de la unidad e incluso en aquellas ocasiones en que Maes estaba de visita ocasionalmente se le pasaban las copas. Pero era la primera vez que lo veía en este estado, tambaleante y con la mirada un poco perdida. Además, en esta ocasión el motivo de su embriaguez no era por diversión como en el pasado.
"Mmm… Teniente… ¿a qué… debo su visita?" Roy dijo un poco entrecortado, pero repentinamente su rostro alcoholizado se tornó completamente serio, cambiando por uno de preocupación y seriedad. "¿Pasó algo? ¿Está bien?"
Genial, Roy, te fuiste a embriagar para tratar de olvidar tu dolor dejando desprotegida a la persona que más te importa. Si algún peligro los amenazara en estos instantes, no estarías en condiciones para protegerla y fallarías en hacerlo tal y como lo hiciste con Hughes. Su mente le reprochó, haciéndolo sentir culpable, pero antes de que su mente pudiera continuar reprendiéndolo, ella intervino.
"Señor, ¿sabe la hora que es?" Riza preguntó con voz neutra.
Por instinto, Roy llevó su mano derecha hacia su bolsillo de su pantalón para sacar su reloj de plata, lo abrió e hizo una mueca al darse cuenta de la hora. ¿Acaso ella notó su ausencia? ¿Lo había estado esperando?
"Es muy tarde o más bien diría que debería felicitarme, Teniente. Hoy estoy madrugando." Trató de bromear sin mucho éxito, ya que no tenía el humor ni las ganas de hacerlo por lo que su tono fue muy monótono.
Riza suspiró y movió la cabeza en signo de desaprobación por sus acciones. "Señor, ¿podemos hablar un momento?"
Él tan solo asintió y le cedió el paso para que ingresara a su habitación. En cuanto pasó, él cerró la puerta con seguro y se dirigió a su cama para tomar asiento y agarrar el vaso con whiskey que se encontraba en la mesa de noche al lado de una botella del mismo líquido. Le hizo un gesto para que ella también se pusiera cómoda, lo cual ella negó cortésmente fijando su mirada en el vaso que él llevaba a sus labios para tomar la bebida de un solo golpe, para posteriormente servirse otro.
"¿Le sirvo uno, Teniente?" Dijo Roy alzando la botella y arrastrando las palabras ligeramente.
"No, gracias, Señor. Así estoy bien. Preferiría que fuéramos al grano." Riza respondió en un tono neutral, tratando de controlar sus emociones que estaban tratando de salir a flote al ver el estado en el que se encontraba Roy.
"De acuerdo, Teniente, usted dirá." Roy dijo sin soltar su vaso.
Ella inhaló profundamente antes de volver a hablar. "Señor, es muy peligroso que usted ande solo por la ciudad en ese estado."
Él rió amargamente. "¿Peligroso?" Bufó. "Vamos, Teniente, ya no soy un niñito al que pueden raptar."
Riza lo miró seriamente. "Usted sabe perfectamente a lo que me refiero. Hemos comprobado de primera mano que hay gente que atentaría contra su vida. En ese estado usted no sería capaz de defenderse a sí mismo." Lo reprendió.
Roy se tensó, sabía que ella tenía razón. Suspiró y volvió a tomar un sorbo de su bebida bajo la intensa mirada de ella. "Lo lamento, Teniente. Pero como puede ver, estoy aquí… sano y salvo." Hizo una pausa mientras miraba intensamente su bebida y apretaba su agarre en ella. "Desafortunadamente Hughes no tuvo la misma suerte que yo, suerte que él se merecía más que yo. Él no debería estar muerto, no debería dejar atrás a su esposa e hija. Él tenía todo el ánimo y alegría para seguir adelante. Tenía alguien que siempre lo estaba esperando en su hogar. Yo en cambio… no tengo un hogar al cual regresar… nadie depende de mí… soy totalmente prescindible." Respondió amargamente.
Riza se acercó para colocarse frente a él. "¿Y qué hay de su tía? ¿Acaso no piensa en lo que ella sentiría si algo le pasara a usted?" Ella espetó.
Él permaneció con la cabeza gacha sin responder, prefiriendo tomar otra vez su bebida de un golpe. Justo cuando agarraba la botella para rellenar su vaso, sintió el calor de la mano de ella sobre la suya, deteniéndolo.
"¿Qué hay de mí?" Ella dijo en voz baja mirándolo con mucha preocupación.
Él alzó ligeramente su cabeza para poder verla. No le gustaba la expresión que ella tenía, pero en esos momentos su dolor era más grande que lo estaba cegando de actuar de manera correcta. Estaba exhausto física y, sobre todo, mentalmente. Lo que deseaba era poder olvidar por un momento lo que estaba sucediendo, por lo que trató otra vez de rellenar su vaso sin tener éxito, ya que ella le retiró la botella..
"¡¿Qué demonios hace, Teniente?! Es mi botella, ya le dije que puede unirse conmigo, pero si usted rechaza mi invitación eso no significa que yo tenga que imitarla." Él gruñó tratando de recuperar la botella.
"¡Es suficiente!" Ella también gruñó mientras dejaba la botella en una cómoda que se encontraba frente a la cama. Respiró profundamente, se volteó y volvió a acercarse a él. "Se… Roy… ya has bebido suficiente." Ella intentó razonar con él, retirando las formalidades y hablando suavemente.
Roy exhaló pesadamente y colocó bruscamente el vaso que tenía en su mano derecha sobre la mesa de noche. Después pasó sus manos por su cabello y su rostro. "Por favor… lo necesito." Susurró.
"No lo necesitas. Es más, si no te mata algún asesino que ande tras tu cabeza, te va a matar el exceso de alcohol."
"¿Y qué más da?"
"Roy… Entiendo que sientes mucho dolor y tristeza, pero sabes perfectamente que esto no te llevará a nada bueno. Estoy segura de que a Hughes no le gustaría verte así."
Él retiró las manos de su rostro e inhaló profundamente, mirando hacia su regazo. "Lo sé." Susurró. "Pero necesito olvidar que esto de verdad está pasando."
"Sabes que el alcohol solamente es algo temporal y que además te puede lastimar e incluso llegar a matarte."
"Lo sé… por eso cuando sentí que ya estaba perdiendo el control… decidí comprar una botella y seguir bebiendo aquí para evitar la posibilidad de cometer alguna tontería. No quisiera volver a hacerlo." Dijo en tono derrotado.
Riza no entendía de lo que le estaba hablando, pero sentía el dolor en sus palabras.
Él se puso de pie y recortó la distancia que había entre ellos y la abrazó fuertemente, escondiendo su rostro en el hombro de ella. El gestó la tomó desprevenida al principio, pero después de unos momentos de vacilación, respondió su abrazo.
"Perdón, Riza, perdóname." Roy dijo, su voz amortiguada por el hombro de ella.
"No tengo nada que perdonarte." Respondió confundida.
"No te había contado de la tontería que cometí y la idiotez que estuve a punto de hacer. Solamente Hughes sabía… por eso me regañó y siempre que podía supervisaba mi consumo de alcohol para evitar que lo volviera a hacer."
Él se separó ligeramente de ella para poder mirarla un momento, sin apartar sus brazos de ella. Luego agachó su cabeza y, al sentirse abrumado por sus recuerdos, recuperó por unos momentos su sobriedad al hablar. "La noche que discutimos cuando me confesaste la existencia de nuestro hijo… yo regresé a ciudad del Este y me fui directo a un bar para embriagarme, para intentar olvidarme de lo que estaba sucediendo." Hizo una ligera pausa. "Había una mujer que estaba ebria… comenzó a seducirme y yo acepté seguirla a un hotel."
Roy pudo sentir cómo ella se tensó en sus brazos ante la confesión, pero no se alejó de él, por lo que continuó. "Nos besamos y… obviamente ella quería ir más allá y yo no estaba pensando correctamente en ese momento hasta que finalmente la miré a los ojos. En ese instante me dí cuenta del error que estaba cometiendo… esa mujer no eras tú. No me miraba con amor como tú, solamente me miraba con lujuria. Me sentí tan mal en ese momento porque te estaba engañando, que me alejé de esa mujer y me fui de ese hotel hasta mi departamento. Hughes estaba ahí… me regañó como no tienes idea. Por eso, desde ese día, con ayuda de él he tratado de no emborracharme a ese nivel otra vez, porque no quiero engañarte. No quiero traer a un bebé al mundo por un simple acostón." Él alzó su cabeza y la miró a los ojos. "Porque nuestro hijo, no fue producto de un simple acostón, Riza, fue producto de nuestro amor, de eso estoy seguro. Perdóname, por favor."
Riza estaba realmente confundida en esos momentos. Tenía un torbellino de emociones en su interior. Sentía tristeza, dolor y preocupación por Roy, pero ahora se sumaba a todo ello el impacto de la confesión que él le había hecho. Una parte de ella no podía evitar sentirse traicionada, aunque sabía que Roy no había tenido sexo con esa mujer, porque creía en sus palabras por su mirada y porque ella creía en que los borrachos y los niños siempre decían la verdad. Probablemente él, en sus cinco sentidos, jamás le habría hecho esa confesión. Pero ahora, no era el momento de lidiar con esa confesión, además, en ese tiempo no tenían una relación formal. Así que decidió empujar ese pensamiento hacia el fondo de su mente, al fin y al cabo, no pasó a mayores y él, aunque hubiera requerido de años y alcohol para hacerlo, había tenido el valor de confesárselo. La prioridad ahora era tranquilizarlo y confortarlo para evitar que se hiciera más daño o que hiciera una tontería.
Negando con la cabeza para apartar la imagen no deseada de Roy con otra mujer, Riza respondió en voz baja. "Como te lo dije, no hay nada que perdonar. En ese tiempo ya no éramos novios-"
Roy la interrumpió. "No oficialmente, pero aún así no debí haberlo hecho… no a ti, no a la madre de mi hijo, no al amor de mi vida."
Riza pudo ver que en los ojos de él se acumulaban lágrimas hasta que un par de ellas se deslizaron por sus mejillas. Todo el dolor del pasado y del presente se había acumulado y por fin estaba explotando. Ella también sintió cómo las lágrimas se comenzaban a formar en sus ojos, pero decidió retenerlas por el momento. Tiernamente colocó su mano derecha sobre su mejilla izquierda y limpió con su pulgar las lágrimas antes de abrazarlo fuertemente, frotando su espalda gentilmente.
"Te perdono, Roy." Ella le dijo suavemente y con sinceridad. "No voy a negar que me dolió enterarme, aunque no debería porque nuestra relación romántica había terminado hace tiempo… pero no puedo evitar sentirme aliviada de que no pasó a mayores y de que tuviste el valor de contarme la verdad."
"Tienes todo el derecho de enojarte y sentirte herida, porque siempre he sido y seré solamente tuyo. Mi corazón es solamente tuyo. Lo siento mucho." Respondió él en voz baja a la vez que la apretaba en su abrazo, como si sintiera que el soltarla significaría perderla para siempre.
"Realmente te perdono, así que no quiero que te sigas torturando por eso, ¿de acuerdo?"
Él asintió con la cabeza. "Gracias, Riza." Respondió antes de colocar su barbilla encima de su cabeza, cerrando los ojos para llenarse de su presencia, su aroma y su calor.
Riza también cerró sus ojos por un momento para disfrutar el contacto con él. Hacía tiempo que no se abrazaban de esa forma, así que permanecieron así por varios minutos. Ambos deseaban poder tener siempre este tipo de gestos y en mejores circunstancias, pero al menos este instante les recordaba que aún se tenían el uno al otro en los momentos más difíciles.
Antes de que Riza pudiera pensar la forma más adecuada de cómo abordar el tema que más le importaba, Roy habló, interrumpiendo sus pensamientos. "Riza, estás a tiempo de alejarte del peligro… por favor aléjate de la milicia, busca tu felicidad." Él habló en voz baja, con dolor e increíblemente con la seriedad de una persona sobria.
Ella se separó ligeramente para mirarlo a los ojos para confirmar que él lo decía en serio. "¿Y qué hay de lo que me preguntaste en la tarde? Sobre si te seguiría para ir tras los altos mandos."
"Olvídate de eso."
"Roy… no estás en tus cinco sentidos ahora mismo, no estás pensando correctamente. Incluso de seguro mañana, o más bien al rato, olvidarás esta conversación."
Él negó rotundamente con su cabeza. "No lo haré. No he hablado tan en serio en mucho tiempo y para evitar que lo olvide lo registraré en mi diario de alquimista."
Ella suspiró. "Lamento decepcionarte, pero no me voy a retractar de lo que te prometí hace muchos años. Desde el principio estaba consciente de los riesgos a los que estaría expuesta…"
"Esto es diferente… tengo un mal presentimiento…" Hizo una ligera pausa y pasó una de sus manos por su cabello. "Riza... perdí a Hughes, a mi mejor amigo, a mi hermano… le prometí que lo protegería y no fui capaz de hacerlo, por eso ahora está muerto. Por mi incompetencia he dejado a una pequeña niña sin padre y a una mujer sin esposo." Dijo con dolor y amargura, mientras nuevas lágrimas se comenzaban a formar. "Le prometí a tu padre en su lecho de muerte que te cuidaría, que te protegería… probablemente debe estar revolcándose en su tumba por la manera tan garrafal en la que he fallado… por haberte arrastrado conmigo al infierno y por todo el sufrimiento que has pasado por ello. Jamás me perdonaré por todo eso pero con lo que jamás podría vivir sería con tu pérdida..." Las lágrimas siguieron recorriendo sus mejillas. "Me duele muchísimo la pérdida de Hughes pero el solo pensamiento de que fueras tú…" Sintió cómo un nudo se le formaba en la garganta. "Jamás podría sobrevivir a eso, no puedo perderte… por eso prefiero que te alejes de mi lado aunque me duela. He sido muy egoísta al atarte a mi lado, por eso ahora deseo tener la certeza de que estarás a salvo."
Riza no pudo contener sus propias lágrimas, le dolía ver lo roto que se encontraba Roy en ese momento. Con ambas manos, tomó delicadamente el rostro de Roy y lo miró directamente a los ojos. "No me perderás porque no me voy a alejar de tu lado, recuerda que tenemos como meta cambiar este país y no me voy a rendir hasta cumplirla. Tendré cuidado. Además tengo la certeza de que tú me protegerás como yo lo haré contigo, porque tampoco puedo perderte."
Él negó suavemente con su cabeza, que aún se encontraba entre sus manos. "Es muy peligroso, le fallé a Hughes, no quiero ni pensar lo que pasaría si te fallara a tí también…"
"No le fallaste." Ella lo interrumpió. "Todos sabemos los riesgos de este trabajo. Él lo sabía…"
Roy se alejó de ella, pasando ambas manos por su cabello para después golpear con su puño derecho una de las paredes del cuarto. "¡No! Esto ocurrió porque le fallé, porque permití que un maldito infeliz lo asesinara." Él espetó y comenzó a apretar sus manos en puños. "Juro que lo voy a encontrar y lo voy hacer pagar por ello." Roy dijo entre dientes tratando de no mostrar toda su rabia que comenzaba a llenarlo y soltando algunas lágrimas de furia.
Riza se preocupó al ver el repentino cambio de humor de Roy. En su mirada podía ver esa determinación característica de él mezclada con el dolor de perder a su amigo pero lo que jamás había visto en ella, era la sed de venganza que ardía en sus ojos. Por primera desde que lo conocía, temía que se dejara guiar por una terrible sed de venganza, que se desviara de su camino y que tuviera que hacer válida la promesa que hace tiempo hicieron. Era su deber protegerlo de todos pero sobre todo de él mismo, por lo que haría todo lo que estuviera a su alcance para evitar perderlo.
Lentamente Riza se acercó hacia él y colocó una de sus manos en su brazo, para después alzar su mirada encontrándose con la de él. Por un momento, no reconoció al hombre frente a ella, porque en esa mirada ónix siempre encontraba amor, seguridad, confianza, amistad, ternura y, en ocasiones como esta, dolor, tristeza y culpa pero jamás había visto furia, odio y venganza en ella. Sintió como se le apretaba el pecho ante la idea de no poder hacerlo volver en sí impidiendo regresarle esa mirada suya que tanto amaba.
"Roy, por favor, no hables así. Tú no eres una persona vengativa, eres una persona justa…"
"Y como persona justa que soy voy a buscar justicia para Hughes y para su familia. Le haré pagar a ese maldito bastardo lo que ha hecho."
"Eso no es justicia, eso es venganza."
"Claro que no. Le daré a esa escoria justo lo que se merece." Roy gruñó.
La mirada de Roy seguía llena de furia, odio y venganza. Riza no pudo evitar soltar más lágrimas al ver en ese estado a Roy, pero estaba dispuesta a seguir intentando para traer de vuelta al buen hombre que conocía antes de que se viera consumido por el odio y la venganza. Por ello, apretó ligeramente el brazo que estaba agarrando para tratar de llamar su atención.
"A Hughes no le gustaría ver que su mejor amigo sea consumido por la venganza a raíz de su muerte." Ante la mención de Hughes, él tembló ligeramente. "Yo… yo no voy a permitir que te consuma. Tú no eres así. Ahora mismo no estoy viendo al hombre del que me enamoré y al que sigo amando… no veo al padre de mi hijo… ni siquiera veo a mi mejor amigo…" Dijo ella entre sollozos, mientras cortaba la distancia entre ellos y nuevamente lo rodeaba con sus brazos en un fuerte abrazo, escondiendo su cabeza en su pecho. "Por favor, Roy, no te alejes de mí, regresa a mí… no te desvíes del camino…" Ella suplicó.
Al instante en que ella lo abrazó, Roy no se inmutó pero cuando sintió humedad en su pecho y escuchó sus súplicas, inmediatamente recordó a lo que se refería con lo de 'desviarse del camino'. Sabía que se refería a la promesa que hicieron, donde él le había pedido a ella que lo mantuviera en el camino del bien. En ese instante, la venganza, el odio y la ira que lo invadían se esfumaron, dando paso nuevamente al crudo dolor y a la culpa, sintiendo cómo el nudo en su estómago volvía.
Ante la realización de la preocupación y el sufrimiento que estaba embargando a Riza, él por fin respondió el abrazo, atrayéndola lo más que podía a su pecho, escondiendo su cara en el cabello rubio de ella, dejando caer lágrimas de tristeza, dolor y culpa. Al principio ella se tensó, pero después de un momento se relajó en sus brazos.
"Perdóname, Riza, por favor, perdóname… te he vuelto a lastimar. Soy un completo idiota, un inútil por no darme cuenta de lo que estaba diciendo." Él dijo con voz ronca.
Riza se separó un poco para ver su mirada, dando un respiro de alivio al ver que efectivamente la hermosa mirada ónix a la que estaba acostumbrada había vuelto.
Ella alzó su mano derecha y comenzó a acariciar la mejilla de él, mientras susurraba. "Por favor, no te alejes del camino… no te alejes de mí."
"No lo haré, siempre regresaré a ti. Lo prometo."
En respuesta Riza le ofreció una ligera sonrisa y lo volvió abrazar fuertemente. Comenzó nuevamente a frotar su espalda en señal de confort al mismo tiempo que le seguía susurrando. "Roy, permítete llorar todo lo que necesites, no te quedes con nada porque eso te hará daño a la larga."
Él asintió con su cabeza, apretó un poco más su abrazo y colocó su cabeza sobre el hombro de ella mientras se permitía sollozar. "Lo extraño… lo peor de todo es que en nuestra última conversación le colgué cuando comenzó a hablarme de su familia…" Mencionó con voz ronca .
"Él sabía que así era su relación, además estoy segura que lo hacía para divertirse contigo." Respondió Riza, sonriendo ligeramente ante las ocurrencias del difunto Hughes. "No tengo duda de que él sabía lo mucho que lo apreciabas, así como tú no tienes duda de lo mucho que él te apreciaba." Comentó ella en voz baja, pasando sus dedos por su cabello.
Él siguió sollozando ligeramente y Riza también lo hizo porque le dolía ver a Roy de esa forma. Los dos estaban aferrados el uno al otro, sobre todo él que la sostenía como si fuera lo único que lo mantenía con vida en esos momentos.
"Hughes siempre me molestaba con que me consiguiera una esposa… pero una vez me confesó que era su forma de decirme que buscara mi felicidad a tu lado. Él me ayudó a entender lo que habías tenido que sufrir cuando te separaste de nuestro hijo… él era mi hermano." Roy dijo entrecortadamente, sintiendo cómo se formaba un nudo en su garganta.
"Él era una excelente persona, no tengo duda de ello." Mencionó Riza.
"Él también te estimaba. De hecho me regañó mucho cuando le conté todo lo que te hice… me insistió bastante para que fuera tras de tí cuando me pediste una pausa…" Suspiró y retiró su cabeza de su hombro para mirarla a los ojos, los cuales estaban igual de llorosos, rojos e hinchados que los de él. "Debí haberle hecho caso, si lo hubiera hecho tal vez ahora estaríamos casados y estaríamos juntos." Roy mencionó con arrepentimiento.
"Yo también cometí errores, la culpa fue de ambos. Tal vez no podemos estar casados pero seguimos juntos y así seguiremos, porque no me voy a alejar de tu lado."
Él suavizó su mirada mientras acariciaba gentilmente la mejilla de Riza al mismo tiempo que limpiaba las lágrimas que recorrían su rostro. "Te quiero lejos del peligro, quiero que estés segura." Susurró.
Ella también suavizó su mirada y colocó las palmas de sus manos sobre su fuerte pecho. "Yo también te quiero fuera del peligro así que no me vas a convencer de dejar de cuidar tu espalda."
Él negó con la cabeza. "Obstinada como siempre."
Ella sonrió ligeramente. "Podría decir lo mismo de ti."
Roy le regresó una ligera sonrisa sincera, la primera que Riza le había visto en las últimas 48 horas. "Por eso hacemos una buena mancuerna, ¿no?" Mencionó él.
Riza asintió. Roy la siguió observando directamente a sus penetrantes ojos castaños. Como siempre, encontraba en ellos amor, ternura y refugio. Si existía alguna duda sobre sus sentimientos hacia esta hermosa mujer que tenía frente a sí, con solo mirarla quedaba disipada. La seguía amando como lo había hecho cuando era un adolescente, o mejor dicho, la amaba con mayor intensidad con el paso del tiempo. Ella era su mundo, era su todo, su luz, su guía, su verdad. No veía vida sin ella y en ese mismo momento, se reafirmó la promesa que se había hecho a sí mismo hace mucho tiempo. La protegería con su vida así que haría lo que fuera para no perderla. Estaba consciente de que por su situación laboral actual y por sus objetivos no debían perseguir una relación romántica, pero aún podían, con pequeños gestos y acciones que resultaban normales y comunes para los demás, transmitir muchos sentimientos.
Roy comenzó a sentir cómo el efecto del alcohol regresaba a tomar control de las acciones de su cuerpo, o más bien, lo permitió, ya que era la excusa perfecta para cruzar las barreras que se habían impuesto. Por ello la mano que acariciaba su mejilla la apretó un poco más, mientras él se inclinaba lentamente hacia ella hasta que sus labios se encontraron con los de ella. Cerró los ojos y comenzó a besarla lenta y tiernamente, tratando de transmitir en ese beso, todo el amor que sentía por ella.
Riza, por su parte, se sorprendió al principio, pero antes de que se diera cuenta sus propios labios respondieron el beso con la misma gentileza y ternura que él. Sentía todo el amor que Roy quería transmitirle en ese gesto y ella también esperaba que con su respuesta pudiera hacer lo mismo. Sabía que no era correcto que pasaran por encima de sus propias barreras pero ambos, sobre todo él, estaban en un estado de ánimo en que lo necesitaban. Así que decidió ignorar por esa ocasión su mejor juicio y se dejó llevar por las sensaciones que ese beso estaba despertando, rodeando con sus brazos el cuello de él, mientras él colocaba su brazo libre en su cintura para acercarla más hacia él.
Obviamente no era el primer beso que compartían, sin embargo era muy diferente a los que compartieron cuando eran más jóvenes. Era más maduro, lento, tierno y cargado de amor. Lo estaban disfrutando lo más que podían, porque no sabían cuándo se volvería a repetir, si es que llegaba a pasar. Se separaron ligeramente cuando el aire les hizo falta. Sus miradas se encontraron y se miraron con una ternura y un amor excepcional.
"Te amo, Riza, siempre lo he hecho y siempre lo haré." Susurró Roy en cuanto recuperó el aliento a la vez que acariciaba tiernamente su mejilla.
Roy sabía que no hacía falta decirlo en voz alta, porque ella pudo sentirlo en el beso y en su mirada, pero aún así quería reafirmárselo.
Riza sonrió ligeramente."Yo también te amo, Roy, y siempre lo haré." Y sin más recortó la pequeña distancia que separaba sus labios, para volverlo a besar, acción que, sin dudarlo, Roy respondió con la misma intensidad que ella.
Permanecieron varios minutos abrazados e intercambiando besos hasta que Riza decidió, renuentemente, que era hora de que regresaran a la realidad. En cuanto terminaron su último beso y mientras recuperaba el aliento, ella colocó sus palmas de sus manos sobre su pecho y lo miró directamente a los ojos un poco triste, porque realmente no quería que esto acabara. No estaba segura si Roy recordaría todo lo sucedido cuando recuperara del todo su sobriedad, pero ella esperaba que no olvidara este momento.
"Será mejor que me vaya a mi cuarto, necesitas dormir y yo también." Susurró.
Ante esto Roy la apretó en su brazos para no dejarla ir. Al igual que ella no quería que este momento terminara, además de que no deseaba estar solo. "Quédate conmigo." Respondió en un susurro.
"Sabes que es inapropiado…"
"Este piso del hotel está casi vacío, estamos a las orillas de la ciudad, nadie de la milicia sabe que estamos aquí y seremos cuidadosos cuando salgamos." Al terminar de dar sus argumentos, depositó otro tierno beso en sus labios, el cual Riza no pudo evitar responder. "Por favor, no te vayas." Suplicó Roy al terminar de besarla, rozando sus labios contra los de ella al hablar.
Riza sabía que no era buena idea hacerlo, no porque realmente creyera que los descubrirían en este lugar, ya que como había mencionado Roy, era muy poco probable, pero sabía que dormir a su lado, haría las cosas más difíciles cuando tuvieran que regresar a su realidad. Sin embargo, tampoco quería dejar solo a Roy en ese estado, a pesar de que ya se encontraba un poco mejor, aún temía que hiciera alguna tontería que lo pusiera en peligro. Además, no podía evitar sentir la necesidad de estar a su lado, sobre todo después de los besos que habían compartido esa noche. Estaba segura de que Roy era un caballero por lo que no intentaría llegar más lejos, además de que ella no se lo permitiría ya que no era lo correcto en su estado. Pero lo que de verdad terminó influyendo en su decisión de quedarse con él, fue su súplica y la mirada de cachorro que le estaba dando. Hacía siglos que no la veía. Cuando eran adolescentes siempre la usaba para convencerla y la mayoría de las veces funcionaba, así como la de ella funcionaba en él.
Ella acarició tiernamente su mejilla antes de besarlo nuevamente. "Está bien, me quedaré pero debemos ser muy cuidadosos cuando tenga que regresar a mi habitación." Respondió finalmente, haciendo sonreír a Roy mientras él asentía. "Ahora, cámbiate y tratemos de dormir."
Él la abrazó nuevamente y la besó antes de dirigirse a la maleta que se encontraba en la cómoda frente a la cama. Ella sonrió ligeramente, se quitó su bata y la acomodó prolijamente en la silla que se encontraba cerca de la cama antes de meterse entre las sábanas.
Por su parte Roy, que estaba de espaldas a Riza, comenzó a quitarse su camisa y su pantalón, aventándolos dentro de la maleta, quedándose solamente en sus boxers. Ella no pudo evitar mirar detenidamente su espalda, obviamente no era la primera vez que lo veía semi desnudo, pero eso había sido hace mucho tiempo, fácilmente 15 años y en ese tiempo eran todavía muy jóvenes y no tenía la misma cantidad de masa muscular que ahora. Fue por ello que, cuando él se dio media vuelta, ella se sonrojó al ver su musculoso pecho, su marcado abdomen y sus fuertes brazos. Definitivamente su cuerpo había cambiado desde la última vez que pudo observarlo de esa manera.
A pesar de no estar al 100% en su cinco sentidos, Roy se percató del sonrojo y la mirada de Riza hacia él, lo que lo hizo esbozar una pequeña sonrisa. "¿Te gusta la vista?" Preguntó repentinamente, haciendo que Riza se diera cuenta de que lo estaba mirando más del tiempo necesario, por lo que prefirió acostarse mirando hacia su lado de la cama, sintiendo cómo sus mejillas se sonrojaban aún más.
"¿No te vas a poner tu pijama?"
Roy se encontraba ligeramente divertido por la actitud de Riza, aunque después de meditarlo unos segundos entendió su comportamiento. "Suelo dormir solamente con mi ropa interior."
"¿No trajiste una?¿Qué pasaría si alguien te buscara en tu habitación y los recibieras así?"
Roy rió ligeramente, sorprendiendo a Riza, que al principio no estaba tan a gusto de ser su blanco de burlas pero dada la situación le alegraba poder animarlo un poco. Él se acercó a su lado de la cama hasta quedar justo a un costado de ella, agachándose. Tomó gentilmente con ambas manos su sonrojado rostro, se inclinó y depositó un beso en sus labios. Después se separó ligeramente de ella.
"Vamos, Riza. No es la primera vez que me ves así, incluso me has visto con menos ropa o más bien con ausencia de ella." Dijo él en un tono ligeramente divertido.
Roy Mustang era un hombre un poco vanidoso que le agradaba atraer la atención y miradas del sexo opuesto hacia su aspecto físico, ya que le ayudaba a encubrir sus verdaderas intenciones dentro de la milicia. Pero la atención y mirada que realmente siempre le había importado atraer era la de ella. Había pasado demasiado tiempo desde que habían tenido este tipo de acercamiento, por lo que no pudo evitar sentirse feliz de que la mujer que siempre ha amado se siguiera sintiendo atraída por él de la misma forma que él por ella.
"Eso fue hace mucho tiempo… hemos cambiado." Riza dijo en voz baja.
"Sí, eso fue hace como un siglo pero, por la forma en que me miraste, creo que te gustó el panorama." Siguió molestándola ligeramente en un tono divertido.
Riza siguió sonrojándose y lo golpeó ligeramente en el pecho, tratando de no dejar sus manos demasiado tiempo ahí. "Será mejor que descansemos, si tienes una pijama te agradecería que la utilizaras." Pronunció ella evitando su mirada.
Él acarició su mejilla expuesta. "No has respondido mi pregunta." Insistió.
Ella suspiró, sabía que él era igual de terco que ella y que si algo se le metía en la cabeza no habría poder humano que lo hiciera desistir. Así que se rindió y decidió responderle. "Sí, me gustó. Ahora, por favor, ¿podemos tratar de descansar?"
La sonrisa de Roy se ensanchó mientras se inclinaba y besaba su frente. "Me alegro, porque a mí también me encanta la vista que tengo y que probablemente se vería aún mejor sin ropa."
"Roy…" Ella le llamó ligeramente la atención.
"Está bien, me pondré la pijama." Respondió mientras se ponía de pie. Sacó la ropa de su maleta y se la colocó.
Riza sonrió ligeramente. A pesar del tiempo ese hombre seguía comportándose como un niño en algunas ocasiones, cosa que le alegraba, aunque jamás lo admitiría en voz alta frente a él.
Una vez que Roy estuvo vestido con su pijama, ingresó a la cama a su lado, apagaron las luces y él rodeó su cintura con sus fuertes brazos. Ella se tensó lo que preocupó a Roy, él cual comenzó a retraer sus brazos de inmediato.
"Lo siento." Él susurró.
Pero antes de que él terminara de retraer sus brazos, ella los tomó evitando la acción, lo que confundió a Roy.
"No los quites, disculpa es que es raro." Respondió Riza susurrando. Giró su cuerpo en sus brazos para mirarlo frente a frente. Ella comenzó a pasar una mano por su cabellera negra antes de proseguir. "Ha pasado demasiado tiempo desde la última vez que dormimos juntos, por eso no estoy acostumbrada."
"No quiero que te sientas incómoda… yo te pedí que te quedaras pero no me voy a molestar si prefieres ir a tu habitación."
Ella negó con la cabeza. "Estoy bien. Quiero estar a tu lado." Lo abrazó fuertemente. "Ahora intenta descansar."
"Gracias, Riza." Él la atrajo más hacia su pecho, y le dio un beso en la cabeza. "Si te llegas a sentir incómoda, házmelo saber."
Ella asintió, mientras se acurrucaba contra él. "Buenas noches, Roy."
"Descansa, Riza."
Eran las 9:30 am cuando Riza despertó. Lo primero que le sorprendió fue sentir el calor de los brazos que la envolvían y ver que tenía al frente suyo el pecho de un hombre fuerte, y no de cualquier hombre, sino del mismo del que ha estado enamorada desde hace mucho tiempo. Fue en ese instante que recordó todo lo que había pasado en la madrugada y cómo había accedido a quedarse con él. Observó atentamente a Roy mientras él dormía tranquilamente. Tenía un semblante cansado pero a la vez relajado. A Riza le alegraba que durante la noche no tuviera pesadillas y que fuera capaz de dormir sin interrupciones.
Ella deseaba que ese momento que estaban compartiendo no terminara, pero sabía que esa misma tarde debían regresar a Ciudad del Este, además tenían que dejar sus habitaciones a más tardar a las 12 del día pero, sobre todo, debían regresar a su realidad. Decidió que ella se adelantaría para darle unos minutos más de descanso a él, así que se volteó hacia su lado de la cama y trató de soltarse suavemente del agarre de Roy, pero en cuanto él sintió movimiento, apretó su agarre y la atrajo más hacia él, chocando la espalda de ella sobre su pecho. Ella miró sobre su hombro y se dio cuenta de que él seguía dormido, por lo que el movimiento lo había hecho inconscientemente, lo que la hizo sonreír ligeramente. Hizo un nuevo intento sin mucho éxito, así que trató de subir un poco su nivel de movimiento, pero Roy no la soltaba, estaba aferrado a ella como un niño pequeño se aferra a su peluche favorito. Ella giró su cuerpo nuevamente para quedar frente a él y comenzó a acariciar su mejilla que se sentía ligeramente rasposa por la barba que comenzaba a aparecer en su rostro.
"Roy." Ella susurró y esperó a que él reaccionara. Al no notar ninguna reacción, volvió a intentarlo. "Roy."
Él se movió ligeramente sin soltarla. "Mmh"
Riza movió gentilmente los flequillos de su frente. "Roy, necesito que me sueltes." Continuó susurrando.
"Mmh hum."
"Puedes dormir unos minutos más, yo me adelantaré."
Él entreabrió sus ojos y no pudo creer lo que veía, por lo que terminó abriéndolos por completo, observando a la hermosa rubia que se encontraba entre sus brazos, acariciando su flequillo y su mejilla.
"¿Estoy soñando?" Preguntó él con voz baja y ronca, mirándola a los ojos.
Ella le sonrió. "¿Acaso ya olvidaste lo que pasó?"
Roy comenzó a repasar los eventos de la noche anterior, en cuanto recordó que había tomado de más, se puso pálido, deseando no haber cometido una tontería.
Riza leyó su pensamiento de inmediato y le respondió. "No pasó nada sexual entre nosotros si es lo que te preocupa, además jamás te lo hubiera permitido en ese estado." Le dijo tranquilamente.
Él suspiró aliviado y fue entonces que recordó la mayor parte de los sucesos que acontecieron en la madrugada. Así que la abrazó fuertemente y la atrajo lo más que pudo a su pecho. No deseaba alejarse de ella.
"Roy, tengo que irme." Riza le recordó.
"Unos minutos más, por favor." Respondió él a la vez que enterraba su rostro en su cabellera rubia.
Ella sintió la forma en que él se aferraba a ella y le dolió tener que separarse, así que accedió a permanecer hasta donde fuera posible, porque una vez fuera de su habitación, todo regresaría a la normalidad. Ambos lo sabían y era lo que menos deseaban en ese momento.
"Está bien, solamente unos minutos más."
Él asintió y siguió disfrutando de la presencia de ella en sus brazos, así como ella disfrutaba la de él. Media hora más tarde, los dos renuentemente comenzaron a pararse de la cama, no sin antes abrazarse y besarse profundamente. Cuando Riza estuvo de pie, se colocó su bata y comenzó a dirigirse hacia la puerta de la entrada de la habitación.
"Te veré en el lobby en una hora." Dijo en voz baja, pero antes de que pudiera alcanzar la entrada del cuarto, Roy tomó uno de sus brazos para detenerla. La giró para que la viera de frente y la abrazó una vez más, acarició delicadamente su rostro antes de besarla tierna y lentamente en los labios.
Una vez terminado el beso, se separó ligeramente de ella y la miró directamente a los ojos. "Gracias, Riza. Sin tu presencia y sin tu cariño la noche hubiera sido un infierno para mi."
Ella sonrió ligeramente a la vez que acariciaba tiernamente su mejilla. "Me alegra que pude ayudarte." Depositó un tierno beso en sus labios. Después vio de reojo la botella de whiskey que estaba casi a la mitad sobre la cómoda. Se alejó de él y tomó la botella para llevársela consigo, antes de finalmente dirigirse a la puerta y darle otro beso en la mejilla.
"Creo que me llevaré esto." Dijo ella mostrándole la botella.
Él suspiró. "Creo que es lo mejor." Respondió con tono derrotado.
Ella asintió y salió de la habitación, dejando a Roy pensativo. Había disfrutado mucho la cercanía de ella y apenas se fue, sintió un vacío en su interior. Decidió enfocarse en recordar los besos, abrazos y caricias que ambos compartieron para confortarse a sí mismos, porque estaba seguro que no podría tenerlos otra vez en un largo tiempo. Tuvieron que pasar casi 16 años para volver a tenerlos y le preocupaba que tuviera que esperar otra vez ese tiempo. Suspiró y comenzó a alistarse para salir del hotel.
Las dos semanas siguientes después del sepelio de Maes, la unidad Mustang estuvo muy ocupada arreglando todo el papeleo necesario para su próxima transferencia a Central y, a partir de la tercera semana, todos los integrantes del equipo comenzaron a laborar en el comando de Central.
Al estar en la capital del país, el papeleo y las obligaciones se incrementaron, sobre todo ahora que apenas se estaban instalando, por lo que sus primeras dos semanas ahí fueron agotadoras. Sin embargo, Roy, en sus horas de comida, se colaba en el cuarto de registros para investigar acerca de la muerte de Hughes. Incluso se quedaba hasta muy tarde para seguir indagando, llegando a ocupar sus fines de semana para ello, claro cuando no tenía alguna cita con alguna de sus informantes que también estaban trabajando arduamente en encontrar algo que les pudiera dar un indicio de lo que pasó.
Todo este esfuerzo se vio reflejado en su aspecto físico, ya que se notaba cansado e incluso parecía que estaba perdiendo peso, detalles que no pasaron desapercibidos por los integrantes de su unidad, sobre todo por Riza, que se encontraba muy preocupada. Desde hace unos días ella lo había notado antes que nadie, e intentó discretamente pedirle que se cuidara, lo cual Roy obviamente había ignorado.
Un día en el que el coronel desapareció de la oficina para dirigirse a una junta, los integrantes de la unidad comenzaron a hacerse preguntas sobre este delicado tema, mientras trabajaban con sus respectivos papeleos.
"Oigan, ¿soy yo o el jefe está más delgado?" Preguntó repentinamente Havoc a todos los demás.
"Yo también lo noto más delgado. Incluso, a mi parecer, creo que tampoco ha dormido lo suficiente en las últimas semanas." Agregó Fuery.
"Dormiría más si dejara de salir con sus novias." Dijo Breda.
"Bueno, tal vez lo está usando para sobrellevar su pérdida. El General de Brigada y el Coronel eran muy unidos." Dijo Fuery.
"Probablemente siga en duelo." Falman se unió a la plática.
"¿Duelo?¿Pues con quién se va a pelear el Coronel, Falman?" Preguntó Havoc ante la incredulidad de sus demás compañeros que se llevaron una mano a la cabeza, mientras que Breda le daba un golpe a su amigo por su ignorancia.
"¡Hey, Breda!¿Por qué me golpeaste?" Dijo Havoc mientras se sobaba la cabeza.
"Por idiota. Falman se refería al proceso que pasa una persona cuando pierde a alguien importante en su vida." Respondió Breda.
Falman alzó su dedo índice en señal de explicación. "El duelo es un proceso de adaptación emocional que sigue a cualquier tipo de pérdida. Se compone de 5 etapas: la etapa de negación, la etapa de enfado, indiferencia o ira, la etapa de negociación, la etapa de dolor emocional y la etapa de aceptación." Dijo Falman levantando uno por uno de sus dedos de la mano mientras mencionaba cada una de las fases.
"Gracias por la aportación, Falman, y por hacerme quedar como un idiota." Refunfuñó Havoc a la vez que se cruzaba de brazos.
"Cuando gustes mi estimado, Havoc." Respondió Falman, ganándose una fuerte carcajada de parte de Breda, una más discreta de parte de Fuery y una ligera sonrisa de Riza, que hasta el momento se había abstenido de participar en la plática.
"Muy gracioso, sabelotodo, según tú ¿cuánto tiempo dura esta cosa?" Gruñó Havoc.
"Pues depende mucho de la persona, pero según los libros puede durar de 6 a 12 meses y pueden o no cumplirse todas las etapas." Respondió Falman.
"Pobre del Coronel, espero que a él le tome menos tiempo, aunque entiendo que debe extrañar a su amigo. El General de Brigada era una persona excepcional." Comentó Fuery. Ante su último comentario todos asintieron a modo de afirmación.
"Bueno como comentaron, tal vez no está durmiendo lo suficiente por andar saliendo con sus citas y probablemente las esté usando como medio de distracción." Reflexionó Havoc. "¿Tú qué opinas, Hawkeye?"
"Pienso que deberíamos terminar el papeleo." Respondió ella con tono neutral.
"Vamos, Teniente. ¿Acaso no está preocupada por el Coronel como nosotros?"
¿Cómo no voy a estar preocupada?, si tan sólo supieras, Havoc. Pensó ella. "Claro que me preocupa, pero saben que él no es muy abierto en sus cosas personales. Solo espero que al menos podamos convencerlo de que no olvide sus horarios de comida y que pronto podamos encontrar al asesino del General, creo que eso le daría cierta paz."
Todos los hombres asintieron ante las palabras de Riza.
"Tiene razón, Teniente. Aunque este caso en particular está teniendo muchas cosas raras. La escena del crimen la limpiaron demasiado rápido, el sepelio del General fue de inmediato sin dar oportunidad a una autopsia y casualmente la información está reservada a un par de oficiales. En este tipo de casos cuando un oficial es asesinado, se pone toda la fuerza disponible para encontrar al asesino." Analizó Breda.
"Se han salido de los protocolos habituales." Agregó Falman.
"Tal vez por eso el Coronel siempre que puede investiga en la oficina de registros por su cuenta." Fuery externó.
Havoc suspiró, mientras se colocaba un palillo en su boca para jugar con él. "Odio tener que admitirlo pero, como dice Hawkeye, la mejor forma de apoyarlo ahora es avanzando en el papeleo para que él pueda aprovechar el tiempo buscando en los registros."
Todos asintieron y regresaron a sus labores.
"Démonos prisa chicos, a lo mejor podemos terminar antes y llevarnos al Coronel por unas copas, tal vez eso le ayude." Repentinamente sugirió Havoc.
Obviamente la idea no le agradó a Riza, no después de cómo había visto a Roy la noche del sepelio de Maes. Ella estaba segura de que durante su horario laboral, él se mantenía sobrio y quería pensar que había limitado su consumo durante las noches, porque no lo había visto con signos de resaca. Aún así, no se sentía cómoda con la idea de sonsacarlo en estos momentos.
"Havoc, no es el mejor momento. Como dijo Falman, tal vez debamos esperar un poco para que vaya superando su duelo." Sugirió Breda, sugerencia que agradeció Riza internamente.
"Oh, cierto. Tienen razón." Contestó Havoc.
Sin ninguna otra palabra, todos continuaron diligentemente con su papeleo.
Esa misma noche, Riza decidió hacer una visita al coronel, así que hizo algo de sopa, la colocó en un contenedor y junto a su fiel amigo Black Hayate, se dirigieron al departamento de Roy, el cual no se encontraba tan alejado de su manzana. Después de una caminata de 10 minutos, llegaron a su puerta la cual Riza tocó. Después de unos momentos la puerta se abrió, dejando ver a Roy vestido con un pantalón de vestir oscuro con una camisa arremangada color vino, con los primeros botones desabotonados.
"Teniente, qué sorpresa verla por acá." Saludó Roy claramente sorprendido, generalmente era muy rara la vez en que alguno de los dos iba al departamento del otro.
"Buenas noches, Coronel. Espero que no esté interrumpiendo algo." Riza dijo en referencia al cómo se encontraba vestido.
Él negó con la cabeza. "No se preocupe, Teniente. De hecho vengo llegando de atender unos asuntos. Por favor, pasen." Dijo él mientras se movía a un lado de la puerta para cederles el paso.
En cuanto ella y Black Hayate entraron, él cerró la puerta con seguro. Mientras se agachaba para acariciar al can retomó la plática. "Y ¿a qué debo el honor de tan agradable visita?"
"Quería verificar que se encontrara bien y recordarle que debe cuidarse. Los chicos y yo estamos preocupados por su pérdida de peso, Señor." Riza decidió ir directamente al grano, mirándolo fijamente.
Roy no pudo evitar ver la preocupación de ella reflejada en sus ojos. Suspiró. "Lo lamento, me he descuidado un poco." Admitió.
"¿Ya cenó?"
Él negó con la cabeza. "He estado algo ocupado, así que lo olvidé. Además no he tenido mucho apetito últimamente."
"Sabe que no llegará lejos en sus objetivos si no se encuentra saludable."
"Lo sé, debo trabajar en eso. El Mayor Armstrong también me ha notado un poco más delgado."
"Por favor, Señor, sea más cuidadoso consigo mismo."
"Lo intentaré."
"Bien, como supuse que no había comido, decidí traerle un poco de sopa." Dijo ella a la vez que le extendía el contenedor donde se encontraba la comida.
Roy tomó el contenedor y esbozó una pequeña sonrisa. "Gracias, Teniente. ¿Me acompaña?"
Ella se debatió por un momento sobre si debía aceptar o no pero finalmente asintió y procedió a quitarle la correa a Black Hayate para después seguir a Roy a la cocina para servir en dos platos la comida que había llevado. Se sentaron en la pequeña mesa que tenía Roy y comenzaron a comer en silencio.
Cuando terminaron de comer Roy dijo. "Estuvo muy rico, Teniente."
"Gracias, Coronel. Me alegra que le haya gustado." Respondió Riza esbozando una ligera sonrisa que fue correspondida por él.
"Hacía mucho tiempo que no comía comida casera."
Ella enarcó una ceja. "¿Eso significa que no ha cocinado recientemente?"
Él negó con la cabeza. "He estado ocupado y he optado por comer en algún restaurante o pedir comida rápida. Aunque he de decir que la comida rápida ya la he pedido con menor frecuencia porque después tengo que encerrarme varias horas en el gimnasio para quemar todas esas calorías." Dijo bromeando ligeramente al final. "Pero si soy sincero, no soy tan buen cocinero como tú."
"Por lo que me dice, no le sirvió de nada la vez que se rebanó los dedos mientras cortaba verduras ¿verdad?" Ella le dijo en un tono ligeramente divertido, recordando cuando ellos cocinaban juntos en la casa de su padre.
Él rió al recordarlo, ligeramente sorprendido de que ella todavía lo recordara. "Pues al parecer no, creo que necesitaré otro curso de cocina. Anóteme para el siguiente, Teniente."
Ella rió ligeramente. Le alegraba poder animar un poco a Roy. "Claro, Señor. Solamente le recomiendo que no olvide enfocarse únicamente en una sola cosa, no queremos más accidentes."
"Jamás me dejará olvidarlo, ¿cierto?" Preguntó fingiendo enojo, pero claramente se estaba divirtiendo al recordar todo eso.
"Jamás, Señor. Recuerde que está dentro de mis deberes recordarle cuando se comporta como un idiota para que no vuelva a tropezarse con la misma piedra." Respondió Riza ligeramente divertida.
Roy se cruzó de brazos. "Muy graciosa, Teniente."
Los dos se levantaron, lavaron los trastes y acomodaron la cocina, uno al lado del otro, trabajando codo a codo, como solían hacerlo antes. Cuando terminaron, ella giró su cabeza en la dirección en la que él se encontraba para decirle que ya se iba a retirar, pero se sorprendió al ver lo cerca que se encontraba su rostro del de él. La mirada de Roy estaba fija en los labios de ella. Antes de que Riza pudiera alejarse y de que él lo pensara mejor, rodeó la cintura de ella con sus brazos y se inclinó para besarla. Ella vaciló en responder el gesto, pero antes de que su cabeza tomara una decisión, sus labios la tomaron por ella, regresando el beso con la misma intensidad que él.
En ese momento, los dos se dejaron llevar, ignorando lo que sus mentes les decían y optaron por seguir a sus corazones. Ese primer beso desencadenó una serie de besos de todos tipos: tiernos, gentiles, apasionados e incluso rudos, y también desencadenó una serie de caricias entre ellos. Ella acariciando sus hombros, brazos, pecho y abdomen, y él acariciando su cintura, caderas, hombros y su busto. Todo esto siguió hasta que él la cargó en sus brazos sin dejar de besarla y la llevó a su habitación, depositándola cuidadosamente en la cama.
Ella desabrochó su camisa, él se la quitó e hizo lo mismo con la blusa de ella. Riza se deleitó al acariciar el fuerte abdomen frente suyo, mientras él trazaba besos en su cuello, disfrutando de vez en cuando de la vista de su hermoso cuerpo. Ambos estaban compartiendo caricias tiernas, descubriéndose nuevamente el uno al otro, ya que había pasado mucho tiempo desde que habían estado juntos y por ende sus cuerpos habían cambiado, pero en el buen sentido para su propio deleite. Justo cuando se separaban ligeramente para tomar aire, Riza por fin escuchó a su mente. Antes de que él atacara nuevamente a sus labios, ella colocó sus manos gentilmente sobre su pecho para detenerlo.
"Roy… no debemos hacerlo. No tomo ningún anticonceptivo y la última vez que lo hicimos sin usar uno, terminé abandonando a mi hijo… no soportaría tener que hacerlo nuevamente." Riza mencionó con tono triste.
Roy entendió inmediatamente, sintiendo tristeza al recordar a su hijo. "Tienes razón, jamás te volvería a poner en esa situación y además no tengo ningún condón…" Inmediatamente cortó sus palabras cuando recordó algo. Se inclinó hacia la mesa de noche, abrió el cajón y con una mano comenzó a buscar algo entre sus cosas.
"¿Qué buscas?" Preguntó ella intrigada por lo repentino de sus acciones.
"Esto." Roy respondió sonriendo nuevamente ante su hallazgo, mostrándole un pequeño paquete.
Ella enarcó una ceja. "Creí que habías dicho que no estabas teniendo una vida sexual activa." Riza dijo tratando de evitar que se escuchara con un tono de reproche, sin tener mucho éxito.
"No mentí. Esto lo tengo gracias a Acero. Jamás creí que ese mocoso me sacaría de un apuro."
"¿Edward te lo dió?" Ella preguntó incrédula.
"No. ¿Recuerdas que hace tiempo me obligaste…?" Cuando Roy vio que Riza comenzaba a fruncir el ceño decidió cambiar de palabras. "Mmm más bien, cuando me recomendaste que tuviera esa plática con Acero, pensé en comprar un par de estos por si era necesario mostrarle algunos métodos anticonceptivos, pero como recordarás no me dejó terminar y acabé quedándome con ellos. Lo cual me alegra mucho en este instante."
Sin más él volvió a inclinarse para besarla y ella le respondió el gesto tras unos segundos de duda ante lo que estaban haciendo. Ambos estaban comenzando a dejarse llevar por sus sentimientos cuando el teléfono que se encontraba sobre la mesa de noche de Roy sonó, haciendo que los dos se separaran.
"Tienes que contestar." Dijo Riza sin aliento.
"Déjalo sonar, ahora tengo algo más importante que hacer." Respondió él recuperando su aliento.
"Roy, ¿qué tal si es algo importante?"
"¡Demonios!" Maldijo Roy, mientras se alejaba de ella para tomar el auricular del teléfono. "Mustang." Contestó sin poder disimular del todo su tono molesto.
"Jefe, necesitamos que venga al cuartel ahora mismo." Havoc dijo al otro lado de la línea.
"¿Por qué demonios iría a la oficina a las…" Se detuvo para ver la hora en su reloj. "9 de la noche?" Él gruñó.
Havoc rió ligeramente. "No me digas que interrumpí uno de tus acostones."
"No digas tonterías, Havoc. Es solo que ya no tenía planes de salir." Roy espetó.
"Y menos si tienes a una hermosa mujer en tu cama, ¿no es así? Ahora te diré lo que tú una vez me dijiste: ¡Déjala!" Havoc siguió bromeando.
Roy se pasó una mano por su cabello. "Ya te lo dije, Havoc, estoy solo. Ahora dime ¿qué es tan urgente que me estás molestando a estas horas?"
"Oh vamos, Jefe, estamos en confianza. Pero bueno dejaré ese tema por la paz por ahora. Te necesitamos porque hemos aprehendido al rufián que nos encomendaste hace un par de días, por lo que tienes que venir a firmar todo el papeleo antes de que algún militar aprovechado se adjudique la captura de este criminal"
Roy suspiró. "Buen trabajo, saldré para allá." Respondió resignado, con tono neutro.
"De acuerdo. Nada más no tardes y, por favor, deja por la paz a tu chica en turno. Ya después tendrás tiempo." Y antes de que pudiera recibir un regaño por parte de Roy, Havoc cortó la comunicación.
"Ese Havoc." Roy murmuró malhumorado mientras colocaba el auricular en su base.
"Creo que el propio destino opina que no debemos hacerlo." Riza dijo con un tono ligeramente divertido al ver la expresión de Roy, aunque no pudo evitar sentirse un poco decepcionada.
Él suspiró. "O tal vez podamos y después vaya a ver ese asunto con Havoc."
Ella negó con la cabeza mientras se sentaba en la cama y volvía a colocarse su blusa. "No es apropiado. Nos estamos exponiendo demasiado al dejarnos llevar por nuestros sentimientos. Además, por lo que alcancé a escuchar, es importante que arregles ese asunto cuanto antes."
Ella se puso de pie y terminó de acomodarse la blusa y su cabello, alistándose para salir. Antes de dejar la habitación, se acercó a él y lo besó tiernamente en los labios.
"Es mejor así, Roy. Estamos tomando muchos riesgos innecesarios. Además no podemos olvidar que no merecemos esto." Riza dijo tristemente. Él la besó una vez más mientras la abrazaba fuertemente. Cuando se separaron, ella continuó. "Saldré primero para no levantar sospechas. Recuerda que dejé la sopa que sobró en tu refrigerador y por favor, cuídate." Dijo finalmente depositando otro beso en su mejilla.
"Gracias, Riza." Él sonrió. "Te llevaré a tu departamento."
Ella negó con la cabeza. "Tienes que ir al cuartel y además no sería bueno que nos vieran saliendo juntos de tu departamento."
Roy exhaló pesadamente en señal de derrota. "Tienes razón. Por favor, cuídate."
Ella asintió y salió de la habitación, colocó la correa a Black Hayate y se fueron del departamento de Roy. Él, por su parte, se puso su uniforme y salió unos minutos más tarde hacia al cuartel.
Unos días después, Riza se encontró con Barry "The Chopper", quien se había presentado como una armadura con una alma enlazada que cuando aún tenía su cuerpo humano, había sido un asesino condenado a muerte y ejecutado unos meses atrás.
En cuanto Riza logró captar la atención de Barry para evitar que huyera del lugar, ella llamó de inmediato a Roy para que juntos averiguaran acerca de la curiosa situación del criminal.
A pesar de los celos iniciales de Roy hacia la armadura quien no perdía la oportunidad de abrazar a su estimada teniente, Roy pudo mantener la suficiente compostura para llamar a Falman y así poder reunirse los cuatro en un almacén abandonado a las orillas de Central, el cual solían utilizar para misiones encubiertas. Después de un extenso interrogatorio de parte de Falman hacia a Barry, confirmaron que en efecto era quien decía ser y con la información que obtuvieron acerca de los experimentos que estaba llevando a cabo la milicia, Roy pudo confirmar la información que había estado investigando con respecto a la creación de las piedras filosofales y que parecía estar involucrada con la muerte de Hughes.
Antes de dar por terminado el interrogatorio, Roy sorprendió a Riza y a Falman cuando le preguntó a Barry si él era el responsable del asesinato de Hughes. Rápidamente todos los presentes se dieron cuenta de que Barry era inocente, pero la manera en que Roy hizo la pregunta y la forma en que su mirada se llenó de ira y venganza, no pasaron desapercibidos por Riza. Ella había y seguía creyendo que ese comportamiento era por lo reciente del fallecimiento del General de Brigada, pero había algo en su interior que le advertía de que eso podía llegar a ser algo muy grave.
Una vez terminado el interrogatorio y arreglado el asunto para que Falman se hiciera cargo de Barry hasta nuevo aviso, Roy y Riza dejaron el almacén. La noche había caído hace ya un par de horas, por lo que él insistió en llevarla a su departamento en su automóvil.
Una vez que llegaron a la entrada principal del edificio, Roy estacionó el automóvil y Riza, antes de bajar del auto, decidió hablar un poco con él. "Señor, ¿se encuentra bien?" Preguntó ella con un tono neutro.
Roy se sorprendió por la pregunta. "Sí, Teniente, ¿por qué?"
Riza lo miró directamente a los ojos. En esos momentos podía ver al mismo Roy de siempre, amable, respetuoso y comprometido con sus metas. No podía ver la ira y venganza que lo habían poseído hace unos momentos atrás. A pesar de esto, decidió que no estaría de más dirigirle unas palabras al respecto. "Señor, no se deje llevar por sus emociones negativas, eso no lo llevará a nada bueno. Estoy segura de que el General de Brigada le diría lo mismo."
Roy entendió a lo que ella se refería, pero no le dio mucha importancia. "Descuide, Teniente, no lo haré. Le agradezco su sugerencia."
"Eso espero, Señor. No lo olvide." Ella comenzó a bajar del auto. "Gracias por traerme. Buenas noches."
"Buenas noches, Teniente." Él respondió antes de que ella cerrara la puerta del auto e ingresara al edificio.
