N/A: Hola! :)
Ahora toca que Ed, Al y Winry descubran el destino de Hughes :(
Muchas gracias por todos sus favs, follows y comentarios. No duden en compartirnos sus opiniones, hipótesis, sugerencias o cualquier cosa que el capítulo les provoque jeje
Saludos!
Golden y Flame
Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.
Capítulo 13: Noticias dolorosas
Bajo un cielo soleado, los hermanos Elric y Winry descendieron de un tren en la estación de Ciudad Central. Al inicio estuvieron acompañados de dos personas encapuchadas pero pronto los dejaron solos cuando ambos descubrieron que su amo había desaparecido. Ed estaba aliviado de que les dieran un respiro y hasta ese momento fue que sintió la alegría y emoción de estar de vuelta en Ciudad Central. Con todas las cosas que les habían pasado en los últimos meses, Ed casi sentía que tenía años desde que habían visitado esta ciudad.
Desde que Al, Armstrong y él habían dejado Resembool hace un par de meses, los hermanos Elric pasaron por varias cosas. Primero, la pista de Tim Marcoh los llevó a la biblioteca de Central, descubriendo que había sido quemada por completo pocos días antes de que ellos llegaran. Ambos mentirían si dijeran que no se habían desanimado al enterarse de ese suceso pero rápidamente sus esperanzas se reactivaron cuando la jefa de la biblioteca les habló sobre Sheska, una antigua empleada de la biblioteca quien resultó tener una increíble memoria fotográfica.
En compañía de la Teniente Segunda Ross y el sargento Brosh, guardaespaldas que Armstrong dejó a cargo de los Elric para disgusto de Ed, ambos hermanos obtuvieron la investigación completa de Marcoh gracias al eficiente trabajo de Sheska para reproducir los textos. Tras una semana de intenso trabajo para decodificar la investigación, Ed y Al llegaron al terrible secreto que escondía la piedra filosofal: su ingrediente principal eran seres humanos vivos.
La revelación fue muy impactante para los Elric. La mejor opción que habían seguido por años para recuperar sus cuerpos involucraba un derramamiento considerable de sangre que ellos jamás se atreverían a llevar a cabo. Sin embargo, la misma noche que esa verdad salió a la luz, una charla con el Mayor Armstrong y sus subordinados, provocó que Ed recordara y se enfocara más en las palabras que Marcoh le había dicho cuando le entregó el papel con la ubicación de su investigación.
A pesar de las advertencias de los militares, Ed y Al no pudieron contenerse y fueron a explorar solos el abandonado laboratorio 5, ya que tenían la sospecha que ahí podrían descubrir más sobre todo el secreto que englobaba la piedra filosofal. Sus sospechas se vieron cumplidas cuando descubrieron que el lugar era resguardado por los criminales 48 y 66, los cuales eran almas atadas a armaduras como en el caso de Al, y también cuando Ed estuvo cerca de un extraño círculo alquímico antes de su enfrentamiento con número 48. Cada hermano luchó por su lado y lograron salir con vida del lugar, aunque Ed quedó considerablemente herido cortesía de su enfrentamiento con número 48 y de la inesperada aparición de un par de sujetos misteriosos con tatuajes de Ouroboros. Uno de ellos lo golpeó fuertemente dejándolo inconsciente pero, para sorpresa de Al, Ross y Brosh (éstos últimos llegaron poco antes de que el edificio se derrumbara), este misterioso sujeto sacó cargando a Ed y se lo entregó a Al con una sonrisa en su rostro antes de desaparecer.
Como consecuencia de esa aventura, Ed perdió mucha sangre y su automail quedó dañado (razón por la que Winry tuvo que ir hasta Central). A pesar de sus múltiples heridas lo que más le dolió a Ed y que de verdad le aterró fue la crisis existencial que Al sufrió a causa de las palabras de Barry The Chopper. Tal vez Ed no era el mejor con las palabras pero se sorprendió mucho de que Al hubiera acumulado todas sus preocupaciones en esos días sin decirle ni una sola palabra. Ed había notado que su hermano estaba actuando algo extraño pero creyó que pronto hablaría con él y todo volvería a la normalidad, pero cuando Al explotó y furiosamente reveló que estaba casi seguro de que su propia existencia y sus recuerdos no eran más que una creación de él, Ed temió que la conexión tan cercana que siempre habían tenido se rompiera para siempre.
En cuanto Al terminó de explicar lo que le estaba pasando, Ed golpeó sus puños contra la bandeja que contenía su comida del día. Con voz suave Ed le hizo algunas preguntas a Al y finalmente salió de la habitación diciéndole un Entiendo. No podía quedarse ahí, no ahora que el miedo que había contenido durante tantos años al fin tenía su oportunidad de salir a flote. No había marcha atrás. Su mayor miedo se había hecho realidad: Al, su hermanito pequeño, lo odiaba y culpaba por lo que había sucedido. No podía reprochárselo, ya que él mismo había cargado con la inmensa culpa todos estos años pero ahora el tener la certeza de que Al pensaba lo mismo era un nivel de dolor completamente diferente.
Ed se quedó unos momentos recargado en el barandal de la azotea del hospital observando el paisaje tratando de tranquilizarse. Poco después los inconfundibles pasos de Al se escucharon. Esta vez sonaban a su andar normal pero más delicados como si estuviera debatiéndose cómo debería acercarse a él. Tras unos segundos Al lo llamó Hermano pero, al notar que Al quería disculparse, Ed lo interrumpió y lo desafió a un combate de entrenamiento. En un inicio Al se estaba rehusando porque sabía que las heridas de su hermano aún no estaban sanadas pero Ed no lo escuchó y siguió con sus movimientos habituales de combate. Tan pronto como Al decidió enfocarse en el combate, Ed le lanzó una sábana cubriendo por completo su visión y, con ayuda de esa pequeña trampa, el rubio finalmente le ganó por primera vez.
Ambos se quedaron recostados y comenzaron a compartir sus recuerdos de infancia, disfrutando y riendo con la remembranza de sus aventuras juntos. Si Al todavía tenía alguna duda sobre su existencia, en ese momento se esfumó. No había manera de que esos recuerdos tan cálidos y su propia determinación fueran una simple creación. Él era Alphonse Elric e iba a recuperar su cuerpo y los miembros de su hermano. Entendiendo la intención de su hermano tras sus últimas acciones, Al se disculpó mientras Ed le daba más argumentos que respaldaban su humanidad y que servían de refuerzo para la meta que juntos alcanzarían.
A pesar del dolor que Ed había sentido unos momentos antes, el compartir ese entrenamiento y esa plática con su hermano le habían abierto los ojos. Su hermanito no lo odiaba ni lo culpaba y eso era todo lo que necesitaba saber. El vínculo que compartían los Elric era bastante fuerte y por ello no eran necesarias las típicas palabras de disculpa, porque en esos instantes la fractura que amenazaba con cortar con su confianza y amor había desaparecido para siempre. Por ello la promesa de hacerse más fuertes juntos era más que suficiente para dar cierre a ese difícil malentendido y seguir adelante, sabiendo que ambos siempre contarían con el apoyo y cariño del otro.
Poco después de ese incidente, Ed compartió con Armstrong y Hughes la información que tenía hasta ese momento sobre la piedra filosofal, el laboratorio 5 y los misteriosos seres que estaban ahí. Por lo que poco que sabían no pudieron conjeturar mucho al respecto, por lo que Ed y Al decidieron que era momento de enfrentar la furia de su sensei, tratando de convencerse de que la perspectiva e información que ella podría brindarles valdría la paliza que sin duda les daría en cuanto pusieran un pie en su casa. Siendo así, al día siguiente Ed, Al y Winry tomaron un tren en la estación de Ciudad Central con dirección a la parte sur del país.
Por la insistencia de Winry, los chicos hicieron una parada en Rush Valley, dónde conocieron a Paninya, una habilidosa usuaria de automail que solía robar, y a una familia de mecánicos. Después de que Winry lograra ayudar a traer al mundo al bebé de la pareja que estaban visitando, ella obtuvo una recomendación para ser la aprendiz de un buen mecánico de automail, por lo que ella se quedó en esa ciudad mientras los Elric continuaban su viaje.
Tal y como lo supusieron, los golpes de su sensei Izumi no se hicieron esperar. Al comienzo su duro recibimiento fue más que nada por su molestia al tener que enterarse por rumores que Ed se había convertido en un perro de los militares. Sin embargo, no pasó mucho tiempo para que Izumi supusiera lo que los Elric habían hecho, razón por la cual los hermanos tuvieron que contarle todo lo que había sucedido desde que habían terminado su entrenamiento con ella. Los regaños no faltaron pero, a pesar del grave error que habían cometido, Izumi los seguía queriendo mucho (aunque no se los dijera directamente) por lo que los abrazó para consolarlos porque estaba consciente de que ambos habían pasado por cosas terribles. Tras ese emotivo momento entre la sensei y sus discípulos, Izumi se ofreció a ayudarlos a averiguar maneras de recuperar la memoria perdida de Al, ya que Ed y ella habían concluido que tal vez la respuesta a sus problemas radicaba en ello.
Los Elric pasaron unas semanas en casa de su sensei y, de manera inesperada y brutal, Al recuperó sus recuerdos de la puerta de la Verdad. Todo se desencadenó gracias a Greed, quién era la prueba viviente de que los homúnculos existían. Aprovechando que los hermanos se separaron un par de días para que Ed pudiera ir al cuartel del sur para arreglar lo de su examinación anual, la pandilla de Greed (un grupo de quimeras humanas) se las arregló para secuestrar a Al a pesar de que el joven alquimista logró agotarlos y evadirlos por un tiempo considerable al correr por los lugares recónditos de Dublith.
Greed quería aprender cómo fijar almas como había sucedido con el menor de los Elric, así que cuando Izumi trató de sacar a Al del escondite de Greed, éste se interpuso en su camino con su escudo definitivo diciéndole que la única manera de que dejara ir a Al era que Ed le contara cómo había fijado la alma de su hermano en una armadura.
Sumamente molesta y frustrada, Izumi le transmitió las palabras de Greed a Ed tan pronto como el rubio volvió a Dublith. Sin dudarlo, Ed fue de inmediato a enfrentar al captor de su hermano para rescatar a Al lo más rápido posible, pero el escudo y la habilidad regenerativa de Greed complicaron y alargaron el combate de ambos. Mientras ambos combatían, un par de secuaces de Greed se llevaron a Al de ahí al descubrir que un grupo de hombres de la milicia comandados por el mismísimo King Bradley, estaban destruyendo su guarida y matando a cualquier enemigo que se les cruzara en el camino.
Cuando los militares llegaron a la habitación en la que estaban Greed y Ed, el homúnculo aprovechó la oportunidad para salir de ahí encontrándose en un túnel subterráneo con Al, quien tenía dentro de su armadura a una de las aliadas de Greed ya que con sus habilidades de quimera la mujer podía ralentizar considerablemente los movimientos de la armadura. El encuentro fue muy breve dado que Bradley apareció y comenzó a luchar contra Greed. Al no podía ver la batalla desde dónde se encontraba pero poco después tuvo la desgracia de ver, a sólo unos metros de él, cómo el Führer asesinaba a 2 personas casi frente a él. Desafortunadamente, la pesadilla de Al no terminó ahí puesto que Bradley asesinó a la mujer que estaba ocupando su armadura. El shock fue tan impactante que terminó desbloqueando los recuerdos del menor de los Elric. A pesar de no encontrar una solución como esperaban, la experiencia fue suficiente para que Al pudiera comenzar a hacer alquimia sin círculo de transmutación como su hermano y su sensei.
Debido a los daños que sufrió el automail de Ed en el enfrentamiento con Greed, los Elric tuvieron que regresar a Rush Valley para que Winry pudiera repararlo. Ed estaba consciente de que en esa visita no se salvaría de un par de golpes con la llave inglesa de su amiga, pero con lo que no contaba era con que un extranjero proveniente de Xing y sus guardaespaldas se cruzaran en su camino. Al inicio Ling parecía ser un relativamente agradable barril sin fondo pero en cuanto mencionó que estaba en Amestris en busca de la piedra filosofal se dio inicio a un nuevo enfrentamiento entre los Elric y los guardaespaldas de Ling. Los hermanos ganaron pero hubo varios daños que reparar en la ciudad (sin mencionar que Ed ahora había terminado de romper su brazo de automail lo que le valió una nueva paliza por parte de Winry) y, para desagrado de Ed, Ling no se les despegó ni siquiera cuando emprendieron el viaje de vuelta a Ciudad Central.
Durante el poco tiempo que llevaban viajando juntos parecía que Ling estaba intentando hacerse amigo de los Elric y de Winry, pero Ed aún no confiaba del todo en él. Tal vez fuera porque era más alto que él. ¿Por qué? ¡Eso no es justo! o porque había coqueteado con Winry insinuándole que cuando terminara su misión necesitaría de una esposa a su lado. ¡¿Cómo se atreve?! Winry no puede hacer su vida al lado de un chico tragón, irresponsable e interesado como él. De cualquier forma, Ed se sintió sumamente aliviado cuando Al, Winry y él pudieron llegar hasta el Comando Central sin que Ling volviera a cruzarse en su camino.
Los chicos llegaron al Comando cerca de la hora del almuerzo, por lo que no era raro encontrarse con soldados caminando despreocupadamente en los alrededores del edificio. Lo que sí fue una sorpresa fue encontrarse con la Teniente Hawkeye en la puerta principal, quién se encontraba recibiendo algunos papeles del militar que estaba a cargo de la supervisión de la entrada ese día.
Aunque estaba sorprendido por verla en Central, Ed no pudo evitar sonreír al verla. "Teniente Hawkeye."
Riza se sorprendió al escuchar la voz de Edward pero de inmediato se alegró. No había visto a los Elric desde la mañana en que partieron con rumbo a Resembool. Era normal que esos chicos anduvieran de un lado a otro pero siempre que partían Riza se descubría a sí misma deseando que pronto pudiera volver a verlos. Dirigiendo un rápido saludo militar al soldado con el que estaba hablando para concluir el asunto, Riza se volteó y les dedicó una cálida sonrisa a los recién llegados. "Edward, Alphonse, ¡Qué gusto verlos! ¿Cómo han estado?"
"Mmm igual que siempre." Respondió Ed sin borrar su sonrisa mientras que Al inclinaba su cabeza ligeramente a modo de saludo.
Winry, al ver con más detenimiento a Riza, recordó de quién se trataba. "¡Ah! Usted es la señorita de la otra vez." Dijo Winry.
"Tú eres la chica de Resembool." Mencionó Riza mientras le dirigía una sonrisa a la jovencita.
"¡Sí! Soy Winry." Respondió la chica devolviéndole la sonrisa.
"Qué gusto volver a verte. Te has puesto muy bonita."
"Usted se ha dejado el pelo largo, señorita Riza. Se le ve muy bien."
Riza y Winry comenzaron a intercambiar cumplidos como si fueran dos viejas amigas poniéndose al corriente de sus aventuras, cosa que sorprendió a los hermanos, ya que no tenían idea de que se conocieran. Repentinamente, algo vino a la mente de Ed provocando que su sonrisa desapareciera.
"Espera un momento, si la Teniente está aquí eso significa…" Ed comenzó a decir antes de que fuera interrumpido.
"Hola, Acero." Roy Mustang lo saludó con la típica sonrisa un tanto engreída que le solía dedicar, mientras cerraba la puerta de su auto que acababa de estacionar a tan solo unos pasos de ellos.
En cuanto escuchó la voz del coronel, Ed puso cara de desagrado.
"Buen día, Coronel." Al lo saludó con tono simpático.
Roy inclinó su cabeza ligeramente hacia Al para responder su saludo pero el gesto en el rostro de Ed no pasó desapercibido para él. "¿Por qué esa cara tan desagradable?" Preguntó el coronel con un tono y cara de ofendido, pero repentinamente cambió su semblante al percatarse de la presencia de Winry, así que puso su cara más encantadora y cambió su tono para saludar a la señorita.
"¡Oh! Pero qué jovencita más linda. Soy el Coronel Roy Mustang. ¿Ya nos conocíamos? Cierto, ya recuerdo tu linda cara ahora, pero no te reconocí al inicio porque has crecido mucho. Apuesto a que tienes que lidiar con muchos chicos a donde quiera que vas ¿cierto? Si alguna vez tienes un problema no dudes en pedirme ayuda, ¿de acuerdo?" Roy comenzó a platicar gentil y encantadoramente con Winry, mientras Ed se molestaba y refunfuñaba por lo bajo al ver la forma en la que se estaba comportando el coronel con su amiga. Durante su breve plática con Winry, Roy echó un vistazo a Ed por el rabillo de su ojo y sonrió ante la actitud malhumorada del rubio puesto que tenía sus sospechas de que en esta ocasión la molestia de Edward se debía a algo más.
Un poco turbaba y deslumbrada por los halagos y actitud encantadora de Roy, Winry se sonrojó ligeramente y respondió. "Eh… gracias, supongo."
Aún molesto, Ed le dio la espalda a Roy y se llevó una mano a la frente. "¡¿Qué está haciendo él aquí?!"
Roy se movió un par de pasos para quedar al lado de Riza y así poder ver de frente a los 3 chicos. "Fui transferido a Central hace unos días. Así que, ¿qué te trae a ti por aquí?"
La molestia de Ed disminuyó considerablemente al ver que Roy se había alejado de Winry. "Estoy aquí para investigar. He estado tratando de conseguir información sobre la piedra filosofal y los homúnculos."
"¿Homúnculos? ¿Acaso eres tonto?" Preguntó Roy desconcertado. "Conoces las reglas. 'Ningún alquimista debe intentar crear a un ser humano'. ¿De verdad piensas que la milicia dejaría libremente información sobre eso por allí?"
Ed frunció el ceño. "Bueno, sí…" Decidiendo que no tenía caso actualizar al coronel de lo sucedido durante Dublith, Ed cambió de tema. "Oh, y otra cosa. Estábamos pensando en ir a visitar al Teniente Coronel Hughes. ¿Cómo ha estado?"
Roy, quien estaba de espaldas a los chicos mientras se colocaba su saco negro, se congeló por un momento. Con todo el dolor, tristeza y furia que había sentido tras la muerte de Hughes no había pensado en que era probable que él, al ser el jefe inmediato de Ed, tendría que informales a los Elric de lo sucedido y, sinceramente, la idea rápidamente le revolvió el estómago. Tomándose unos segundos para acomodarse el saco antes de responder, Roy le echó un rápido vistazo a Riza y pudo notar la preocupación en su mirada. Ella tampoco se sentía preparada para dar a conocer noticias tan tristes.
Roy se movió ligeramente para poder ver a los chicos por el rabillo del ojo. A pesar de ser una armadura, Roy pudo darse cuenta por su postura que Al también estaba ansioso y feliz por visitar a Hughes. No estaba seguro de si la señorita Rockbell conocía a Hughes pero la enorme sonrisa sincera que tenía en esos momentos le hizo creer que también deseaba verlo. En cuanto a Ed… cielos, era más difícil tener que darles la noticia cuando esos brillantes ojos dorados lo miraban de esa forma. A lo largo de los años había notado diversas emociones en el rostro y ojos de Ed, y ahora fácilmente podía notar que el chico estaba realmente feliz y esperanzado. Sin proponérselo, la foto de su hijo vino a su mente. Ambas miradas doradas brillaban intensamente sin ninguna preocupación por el momento y, aunque Ed no fuera su hijo, se sentía fatal de ser el causante de ensombrecer su mirada.
Roy dio un ligero suspiro y se llevó las manos a sus bolsillos. Había tomado una decisión. "Se ha ido."
"¿Eh?" Preguntó confundido Ed.
Incapaz de seguir viendo esos ojos dorados mientras le mentía, Roy se volteó completamente para darle la espalda a los chicos. "Se mudó al campo. Últimamente las cosas han estado muy peligrosas por aquí, así que se llevó a su esposa y a su hija al campo. Se va a encargar del negocio familiar." Roy pudo sentir la mirada confundida y un tanto acusadora de Riza, pero era muy tarde para retractarse de sus palabras. "No lo vas a encontrar por aquí."
Ed se llevó una mano a su nuca. "¿En serio? Qué mal."
"Ser un soldado es una profesión peligrosa." Agregó Al.
"¡Qué lástima! Yo también tenía muchas ganas de verlo." Dijo Winry.
Roy comenzó a acercarse a la puerta principal. "La piedra filosofal y homúnculos ¿cierto?" Sin esperar una respuesta, continuó. "Te haré saber si encuentro algo. Vamos, Teniente."
"Sí, Señor." Respondió Riza. Incapaz de formar una sonrisa ante las circunstancias actuales, Riza simplemente inclinó ligeramente su cabeza en dirección a los chicos y comenzó a andar un poco detrás de Roy.
Roy tenía muchas cosas en su mente pero, para calmar la preocupación que estaba surgiendo en él al recordar la muerte de Hughes y el incidente previo entre Ed y Scar, agregó. "Oh, y Acero, evita meterte en problemas. No seas imprudente."
Un poco desconcertado de que Roy directamente le pidiera que se cuidara, Ed respondió. "De acuerdo. Seré cuidadoso."
Roy y Riza siguieron caminando por el largo camino que recorría los jardínes del comando hacia el edificio principal. Roy mantuvo su vista al frente y sus manos en sus bolsillos mientras que Riza, tras lo que consideró una distancia prudente, volteó su rostro para poder mirar sobre su hombro a los chicos. Cuando vio a los chicos se había alegrado mucho pero ahora estaba preocupada por ellos. ¿Qué pasaría cuando descubrieran la verdad? ¿Cómo se lo tomarían? ¿Se enojarían con ellos por haberles ocultado la verdad? Aunque fuera lo más apropiado, a Riza no le agradaba la idea de ser ella la que tuviera que darles la mala noticia, pero una parte de sí deseaba poder estar con ellos cuando se enteraran para abrazarlos y consolarlos porque algo le decía que no se lo tomarían nada bien.
Riza observó a los chicos hasta que vio que empezaban a caminar hacia algún destino desconocido para ella. Asegurándose de que aún les faltaba cierta distancia para llegar al edificio principal, decidió expresar sus inquietudes. "¿Por qué de repente lo está tratando como un niño?"
Roy siguió caminando sin voltear a verla. "No es necesario que sepan la verdad por el momento. Para que esos hermanos puedan seguir adelante, entre menos obstáculos se les crucen en el camino mejor."
Riza se mantuvo en silencio. Estaba consciente de que la verdad saldría a la luz tarde o temprano pero entendía el punto de Roy. Él no deseaba que ellos se culparan por la muerte de Maes, porque sería un duro golpe para los chicos. Ellos ya tenían demasiada carga sobre sus hombros como para sumarle más peso.
Roy se detuvo y miró al cielo. El brillo del sol le hizo recordar nuevamente los ojos dorados de Ed y de manera involuntaria una sonrisa apareció en su rostro. Tal vez ésto era un riesgo pero él haría todo lo posible para mantener encendido el fuego en esa mirada. "¿A quién quiero engañar? Creo que simplemente soy un blando como el Mayor Armstrong."
Riza suspiró y sonrió. Conociendo a Roy, esto era lo más próximo que estaba de decir que se preocupaba y quería a los hermanos Elric. Ella había notado cómo el aprecio había ido creciendo rápidamente pero con lo orgulloso que era Roy, estaba segura de que no admitiría en voz alta sus verdaderos sentimientos por los Elric. Y bueno, tampoco podía culparlo. Ella misma tampoco lo había hecho pero de seguro el coronel y sus compañeros de trabajo se habían dado cuenta de que cuando se trataba de Edward y Alphonse ella bajaba fácilmente sus barreras para apoyarlos y cuidarlos siempre que se diera la oportunidad.
Enfocando también su vista en el cielo, Riza pensó en que le hubiera gustado platicar y pasar más tiempo con los chicos. Conociéndolos, era más que seguro que en un par de días sería difícil localizarlos.
Justamente en el día en que los Elric regresaron a Central, comenzó a circular en los titulares del Central Times la noticia de que la Teniente Segunda Maria Ross había sido declarada culpable por el asesinato del General de Brigada Maes Hughes, lo cual sorprendió a todos los integrantes de la unidad Mustang. Lo repentino de la sentencia, la ausencia de un juicio, entre otras cosas, hacían muy extraña esta acusación, provocando que ante los ojos de la unidad esto fuera visto como una manipulación de información para dejar a Ross como un chivo expiatorio. De inmediato Roy junto con la unidad e incluso junto con Barry, comenzaron a investigar acerca de la situación y planearon una forma de cómo evitar que se condenara a una inocente.
Esa misma noche, el plan se ejecutó. Todo iba según lo planeado, cada paso se estaba ejecutando a la perfección para la sorpresa de Roy, quien tenía sus dudas con respecto a Barry. Todo iba bien hasta que se cruzó en su camino Edward, justo en el momento en que se encontraba al lado del cadáver recién carbonizado. El desagradable aroma de la carne chamuscada inundaba el oscuro callejón en el que se encontraban los dos. Un olor que no era ajeno para Roy, ya que le recordaba el infierno que creó años atrás en Ishval. En cuanto Roy escuchó los pasos que se detenían a pocos metros de él, se volteó y tuvo que reprimir el desconcierto que le ocasionó el ver a Edward ahí.
Ed, por su parte, en cuanto vio al coronel a través de la cortina de humo que se había creado, no pudo evitar abrir los ojos enormemente ante la incredulidad que le generaba lo que comenzaba a materializarse frente suyo con la disipación del humo. No quería creer que la conclusión que se estaba formando en su mente fuera cierta.
Repentinamente Roy lo saludó con una mirada firme. "Hola, Acero."
El aroma del cuerpo carbonizado golpeó fuertemente a Ed, sobre todo cuando por fin pudo visualizar la fuente de dicho aroma. Se había negado a aceptar lo que su mente trataba de decirle pero un vistazo a la esclava de identificación le confirmó que el cuerpo incinerado que se encontraba en el suelo era el de la Teniente Segunda Ross.
"¿Qué significa todo esto?" Apretando fuertemente sus puños, le preguntó a Roy tratando de mantener su compostura en calma. Pero al no recibir una respuesta inmediata, Ed explotó. "¡¿Cómo pudiste hacer esto?! ¡Explícate!" Gritó.
Roy se quedó en silencio y mantuvo su compostura firme e incluso fría, como si nada importante estuviera pasando. Entendía perfectamente lo que Ed debía estar pensando de él, pero en ese instante no podía darse el lujo de explicarle las cosas a un chico alborotador. Así que decidió seguir con su papel de asesino a sangre fría, además no era la primera vez que asesinaba a alguien.
Ed, por su lado, estaba luchando por tratar de mantener la calma para obtener las respuestas que buscaba. Siguió apretando fuertemente sus puños a sus costados al igual que su quijada. "¿Por qué el Teniente Coronel Hughes está muerto?" Hizo una ligera pausa. "¿Por qué la Teniente Ross...?" Espetó Ed incapaz de completar la última frase. Finalmente ya no pudo contenerse más y se abalanzó sobre Roy, tomándolo de su chaqueta con ambas manos. "¡¿Por qué no me dijiste?!" Él gritó aferrando fuertemente a Roy, soltando en cada una de sus palabras su furia e impotencia ante la situación. Además su mirada se endureció fuertemente ante las emociones que lo embargaban. Algo dentro de sí no podía terminar de aceptar el comportamiento y las acciones tan frías de Mustang.
Al ver la mirada dorada llena de furia de Ed, Roy no pudo evitar sentirse mal de engañar de esa forma al muchacho. Sí, la furia era la emoción predominante en la mirada de Edward pero el coronel podía percibir el dolor y la confusión por la traición que el rubio estaba sintiendo en esos momentos. Esto último provocó que algo en su interior se revolviera haciéndolo sentir aún peor por la postura que estaba adoptando. Pero así como vinieron todos esos sentimientos los dejó ir, reprimiéndolos inmediatamente. No era el lugar ni el momento adecuado para aclarar la situación sobre la Teniente Ross.
Roy retomó mentalmente la escena que tenía frente suyo y recordó rápidamente que Ed se había atrevido a encararlo de esa forma, pasando completamente por alto su rango militar, cosa que lo desconcertó y molestó al mismo tiempo. En otras circunstancias podría haberlo dejado pasar, pero debía mantener su papel de asesino hasta el final, además Edward debía aprender a comportarse para evitarse problemas futuros. Por ello, Roy repentinamente impactó su puño derecho contra la mejilla izquierda de Ed, provocando que por el impacto el chico soltara al coronel y se tambaleara hacia atrás unos pasos.
En cuanto Ed soltó la chaqueta de Roy, el coronel se llevó su mano derecha al cuello de su chaqueta para acomodarlo. "Te atreves a ponerle las manos encima a alguien de mayor rango… recuerda la posición en la que te encuentras." Roy le dijo a Ed en un tono fuerte y autoritario.
Ante esto, Ed escupió a un lado la sangre que se había originado en su boca a raíz del golpe, se reincorporó y sin pensarlo se lanzó nuevamente hacia Roy con la intención de responder la agresión con su puño de automail. Apenas había tomado impulso cuando sintió que los brazos metálicos de su hermano lo rodeaban para detenerlo.
"¡Detente, hermano!" Gritó Al.
Ed intentó liberarse del agarre de su hermano. "¡Suéltame, Al!" Gritó.
"¡No! no sé lo que está pasando pero…" Respondió Al sin aflojar su agarre.
"¡Este bastardo asesinó a la Teniente Ross!"
Hasta ese instante, Al no se había percatado de la presencia del cuerpo calcinado, así que volteó en dirección a él y una vez que lo vió, regresó su mirada hacia la dirección del coronel, sin aflojar el agarre de su hermano. "¿Qué significa esto, Coronel?" Al preguntó exaltado e incrédulo ante lo que estaba sucediendo.
"María Ross fue condenada por el asesinato de Hughes. Cuando ella escapó de prisión las órdenes fueron de disparar a matar. No hay nada más que decir." Roy contestó de forma fría y casual, como si el asunto no tuviera importancia.
"¡Eso no explica nada!" Al gritó. La molestia, aunque más controlada que la de su hermano, era evidente en su voz.
"Me disculpo por ocultarles lo del asesinato de Hughes." Fue lo único que Roy agregó antes de darles la espalda para lidiar con los policías militares que estaban llegando a la escena. Sentía la intensa mirada de los hermanos Elric en su espalda pero él se mantuvo con su máscara imperturbable. El tono desesperado y molesto de Al también lo hizo sentir mal por tener que ocultarles el plan secreto que estaba llevándose a cabo, pero lo que más se le grabó esa noche fue la mirada llena de furia y dolor de Edward.
El enfrentamiento de Roy contra Ed solamente fue el inicio de lo que se había anticipado como una larga y extenuante noche. Roy tuvo que lidiar con los interrogatorios de los policías militares, para después esperar un par de horas en la zona de medicina forense del cuartel por el veredicto final de los restos encontrados en el callejón. En todo momento, mantuvo su postura fría, engreída, e indiferente, fingiendo que no tenía el más mínimo remordimiento por haber "matado" a la presunta asesina de su mejor amigo.
En algún momento de la espera, el Mayor Armstrong llegó a la sala de espera de la habitación principal de medicina forense. Al tratarse del superior inmediato de la Teniente Ross era obvio que sería informado inmediatamente de las noticias. Además, Roy tenía la impresión de que el Mayor estaba muy afectado por la noticia puesto que sus puños estaban apretados y se sacudían ligeramente cuando Armstrong lo miró y asintió con la cabeza a manera de saludo antes de dirigirse al sillón más alejado de dónde el coronel se encontraba, dado que los Elric también estaban esperando los resultados pero habían optado, seguramente por insistencia de Al, en sentarse lo más alejados posibles de él para evitar otro enfrentamiento.
Al ver acercarse al Mayor, ambos hermanos se levantaron y Armstrong comenzó a hablar en cuanto se detuvo frente a ellos. "De verdad lamento no haberles informado sobre la muerte del Teniente Coronel Hughes."
"Así que él fue asesinado por saber demasiado sobre la piedra filosofal." Respondió Ed con un ligero tono triste. "Todo es mi culpa." Sintiéndose abrumado, Ed apretó los ojos con fuerza. "Yo lo involucré."
Armstrong lo miró con tristeza. "No es tu culpa. No te culpes a tí mismo."
Ed abrió sus ojos pero mantuvo su cabeza ligeramente agachada. "Winry realmente estaba esperando ver a la familia del Teniente Coronel. Yo… no sé cómo se lo voy a decir."
Armstrong siguió viéndolo con tristeza notando cómo el casco de Al también se inclinaba indicando lo perturbado y triste que estaba por los hechos recientes. El Mayor quería encontrar las palabras necesarias para consolarlos pero antes de que pudiera pronunciar una palabra el doctor Knox salió de la sala principal de autopsias.
Una vez que la autopsia reveló por medio de los registros dentales de que se trataba de la Teniente Ross, Ed sintió cómo la culpa por la muerte de Hughes y la rabia por lo que había sucedido le revolvía el estómago. En algún momento de la conversación su furia se disparó aún más al escuchar el comentario del Dr. Knox al mencionar que Mustang no debería haberle hecho eso a una jovencita, haciéndolo apretar sus puños hasta que sus nudillos se tornaron blancos. Al igual que Ed, el Mayor Armstrong a duras penas podía controlar su rabia mientras expresaba sus disculpas al Coronel Mustang por lo que su subordinada había hecho.
En todo momento Roy se mantuvo impasible, aunque el tiempo de espera por el veredicto, le permitió ingeniarse un plan de último momento para poder tranquilizar las emociones del Mayor y del chico, por lo que, antes de retirarse, se agachó ligeramente frente al asiento del mayor y le sugirió tomar unas vacaciones en el Este y sin más se marchó como si nada, sin importarle el golpe que escuchó al salir. Tras varios años de Ed pateando la puerta de su oficina, estaba seguro de que el rubio debió haber desquitado su furia con algún objeto de la sala de espera.
Esa misma noche el coronel se dirigió a su oficina para averiguar si no había habido dificultades en el resto de la operación. A pesar de ser algo tarde, no se sorprendió de ver a su leal teniente trabajando diligentemente en su escritorio tan pronto como cruzó el umbral de la oficina de su unidad.
"Buenas noches, Teniente, ¿no me diga que esta semana tendremos que llenar más papeleo por horas extras?" Él comentó bromeando ligeramente, mientras se dirigía a su oficina privada, haciéndole señas a Riza para que lo siguiera.
Ella se levantó y lo siguió. "Buenas noches, Coronel, me temo que está en lo correcto." Riza le siguió el juego.
Una vez dentro de su oficina privada, cerraron la puerta. "¿Acaso ha llamado Jaqueline en mi ausencia?" Roy preguntó.
"Señor, usted no tiene remedio. No debería presionar tanto a esa dama." Ella le siguió la corriente al saber perfectamente que se estaba refiriendo a Havoc. "Pero sí, llamó hace unos minutos y me pidió que le dijera que la salida de compras con su amiga fue muy entretenida. Incluso me dijo que conoció a una chica muy agradable de Xing que se ofreció a llevarlas a conocer su país. Dijo que lo volvería a llamar en cuanto supiera si va a tomar la oferta de ir a Xing o no."
"Eso suena muy bien, lástima que no pude tomar su llamada."
"Seguramente no tardará en volver a llamarlo, Señor. Y a usted, ¿cómo le fue en su ronda nocturna?"
"Ah, ya sabe cómo son esos tipos con sus interrogatorios eternos, fue simplemente aburrido. Lo que no tenía planeado era que los Elric se cruzaran en mi camino."
Ella se sorprendió al escuchar que los Elric estuvieron presentes. "¿En qué parte se los topó, Señor?"
Roy suspiró mientras se pasaba una mano por su cabello. "En el callejón de New Swell, ese que siempre está oscuro."
Ella entendió inmediatamente que los chicos habían visto la escena del crimen que habían implantado, internamente se preocupó por lo que ellos debieron pasar al ver eso. En ese momento Roy se dio cuenta de la preocupación que estaba surgiendo en ella.
"Desafortunadamente se encontraron con un par de cosas desagradables. Pero descuide, Teniente, ya tengo eso cubierto." Dijo Roy levantando una mano para parar a Riza antes de que hablara. "Estoy pensando que con el estrés de hoy a Acero le vendría bien respirar el aire limpio de su pueblo natal. Incluso podría conseguirle una linda compañía… Me preguntó si Braidykins estará disponible." Llevándose una mano a la barbilla fingiendo pensar detenidamente en sus opciones, continuó. "Bueno tal vez podamos recurrir al Mayor Armstrong para escoltarlo, conociéndolo, seguramente el Mayor apreciaría esos paisajes para relajarse dibujando un poco."
Ella asintió sabiendo perfectamente a lo que se refería. "Estoy de acuerdo, Señor."
Ed y Al caminaban por las calles de Central después de haberse despedido del Mayor Armstrong, el cual todavía se quedó en los cuarteles para ayudar en el papeleo necesario para la entrega del cuerpo de la Teniente Ross a sus padres. Era una noche muy sombría para los jóvenes hermanos. De ser un día alegre y brillante pasó a convertirse en uno de los peores días de sus vidas, al enterarse en esas mismas 24 horas de la muerte del Teniente Coronel Hughes y de casi presenciar el asesinato a sangre fría de la Teniente Segunda Ross. Dos personas que sin esperar nada a cambio les habían extendido su mano en pro de ayudarlos en su camino y que por ello, habían perdido sus vidas. Ambos se sentían tristes y sobre todo culpables, en especial Ed que se había ensimismado en sus propios pensamientos, sintiendo cómo la ira consigo mismo lo carcomía internamente.
"Hermano, ¿qué piensas?" Repentinamente Al preguntó con un tono triste al ver a Ed tan absorto en sus pensamientos.
Ed, que seguía caminando con sus manos en sus bolsillos, suspiró. "Todo esto fue mi culpa, yo soy el responsable de que dos personas inocentes hayan perdido la vida." Respondió Ed en un tono de molestia dirigido a sí mismo.
"Tú no mataste a ninguno de los dos." Al dijo usando un tono firme.
"No directamente, pero por querer ayudarnos los dos perdieron su vida. Y luego ese maldito bastardo tenía que alardear de la peor manera posible del poder destructivo de su alquimia... Ahora comienzo a entender el porqué lo llaman el Héroe de Ishval y cómo es el mejor perro del ejército."
Al hizo un sonido de suspiro. "Yo sigo sin poder entender el porqué hizo eso el Coronel. Por lo que dicen de su actuación en la guerra, él no tiene la necesidad de mostrar todo ese poder en una zona urbana. Creo que esto significa que el Coronel puede ser un poco arrogante y engreído."
Ed enarcó una ceja enojado. "¿Un poco?" Preguntó en tono sarcástico.
"Hermano… me cuesta trabajo creer lo que acaba de pasar porque hasta ahora el Coronel me parecía un hombre justo que se preocupa por sus subordinados."
"No digas tonterías, Al. Ese tipo solamente ve por sí mismo y por sus intereses. Tiene un ego tan enorme que me sorprende que todavía no se haya ahogado en él. ¿Qué no viste la forma fría y calculadora en la que se refirió a sus acciones con respecto a la Teniente Ross? Ni siquiera se dignó a mostrar un poco de culpa. No puedo creer que el Teniente Coronel Hughes haya sido amigo de un tipo como ese... de un asesino a sangre fría."
"Por eso mismo me cuesta trabajo creerlo, hermano. El Teniente Coronel Hughes era una persona muy inteligente e íntegra, no creo que fuera amigo de un asesino a sangre fría. Tal vez él al ser su amigo conocía a fondo al Coronel. Además no podemos olvidar que, a su manera, el Coronel, junto con los miembros de la unidad, han estado al pendiente de nosotros."
"¡Tonterías, Al! Ese bastardo solamente lo ha hecho para quedar bien con los altos mandos para que pueda seguir subiendo en los rangos. Es un estúpido ambicioso. Nada que ver con el Teniente Coronel Hughes ni con la Teniente Hawkeye."
"Insisto, hermano, si hasta la Teniente sigue en su unidad debe ser por algo. Sabemos que ella es una buena mujer que se esfuerza por hacer las cosas correctas."
"Digas lo que digas, Al, nada justifica lo que hizo ese canalla. A veces eres demasiado noble y por eso siempre tratas de encontrar algo bueno en las personas." Dijo Ed dirigiéndole una pequeña sonrisa triste a su hermano, que rápidamente desapareció. "Ahora lo que más me preocupa es cómo le vamos a decir a Winry lo que le pasó al Teniente Coronel."
Ante la mención de Winry los dos muchachos se quedaron mudos por un momento, tratando de pensar en cómo le harían saber a su amiga que el Teniente Coronel Hughes había muerto.
"Va a ser una terrible noticia para ella." Finalmente Al respondió susurrando.
"Lo sé, ella se había encariñado mucho con él y su familia." Ed dijo en un tono triste.
Sin una palabra más, siguieron caminando hacia su hotel. Era muy tarde cuando llegaron, así que decidieron esperar hasta la mañana siguiente para hablar con Winry, suponiendo que ya estaría dormida. Ante los hechos recientes, Ed se negó a dormir durante las pocas horas que quedaban de la noche por lo que Al y él se colaron al techo del hotel y se quedaron observando las estrellas silenciosamente.
En la mañana, cuando el temido momento llegó, Ed tocó a la puerta de la habitación de Winry pero no recibió respuesta, por lo que los dos hermanos regresaron a su cuarto para esperar el regreso de ella. Para sorpresa de ambos, Ed se dio cuenta en ese momento de que la puerta de la habitación en la que se habían quedado estaba ligeramente abierta.
Ambos hermanos entraron cuidadosamente a la habitación para asegurarse de que no hubiera nadie dentro. Mientras hacían una revisión rápida de sus alrededores, Al preguntó. "Nada fue robado ¿cierto?"
Repentinamente la mirada de Ed se enfocó en la mesa que tenían en su cuarto y al hacerlo pudo sentir cómo se le revolvía el estómago al ver que el periódico que Al le había traído el día anterior y en donde se informaba que María Ross era la asesina del Teniente Coronel Hughes no estaba ahí. Atando los cabos, Ed exclamó. "No está." Ante un ligero sonido de confusión de parte de Al, Ed continuó. "El periódico no está." La poca calma que le había traído pasar la noche viendo las estrellas se desvaneció de inmediato. ¿Cómo pudo haber sido tan descuidado en un asunto tan delicado? Winry no merecía enterarse de la verdad de esa manera. Sintiéndose sumamente frustrado consigo mismo Ed se dejó caer en el sillón que estaba frente a la mesa, mientras se llevaba su mano izquierda al rostro. "¡Soy un verdadero idiota!"
Entendiendo la situación, Al se dejó caer pesadamente en una de las camas sin saber qué decir. Esta visita a Central estaba yendo terriblemente mal. Como si se leyeran las mentes, ambos hermanos se quedaron sentados en sus respectivos lugares sin decir una palabra, esperando ansiosamente a escuchar el más mínimo sonido que indicara que Winry estaba de vuelta.
Un par de horas más tarde, alguien llamó a la puerta de su habitación, ante lo cual los dos hermanos rápidamente reaccionaron para abrirla esperando que fuera ella. En su apuranza de abrir inmediatamente la puerta, Ed tropezó y Al quedó encima de él. Desilusionado al ver que no era Winry, Ed observó que se trataba de un empleado del hotel que había venido a informarles que tenían una llamada.
Ed tomó la llamada y al principio se sorprendió al escuchar a la señora Gracia al otro lado de la línea, pero no pudo evitar preocuparse cuando ella le informó que Winry estaba en su casa y que no se veía muy bien. Ed le agradeció la llamada y le dijo que pronto estaría allí. Sin perder el tiempo, Ed le dijo a su hermano que iría por Winry para contarle la verdad, pidiéndole a Al que se quedara, a lo cual él se negó rotundamente.
"Este no es solamente tu problema, hermano." Al dijo firmemente. "Es de ambos. También debo ir."
Ed bajó la cabeza por unos momentos mientras se debatía internamente. Tras un suspiro enfocó su mirada en su hermano y retomó la plática. "Hey, Al, si..."
"Si otros se deben sacrificar por mí, prefiero no tener mi cuerpo de vuelta. Decidí recuperar mi cuerpo sin importar cómo pero… si la gente tiene que morir por mí, prefiero quedarme en este cuerpo para siempre." Al dijo en tono decidido, apretando sus puños.
Ed le dirigió una mirada un tanto preocupada antes de comenzar a andar seguido de cerca por Al. Sabía que en eso su hermano se parecía a él, cuando decidía algo no había manera de hacerlo cambiar de parecer.
Momentos más tarde, los chicos se encontraban en la casa de la señora Gracia para recoger a Winry, no sin antes hablar con Gracia para disculparse por la muerte de su esposo. Le contaron acerca de su investigaciones de la piedra filosofal, de cómo habían contemplado inicialmente utilizarla para recuperar sus cuerpos y de cómo el Teniente Coronel se había involucrado en ello para ayudarlos y que por ello él había sido asesinado. Ofrecieron sus disculpas e incluso dijeron que se detendrían en su viaje para recuperar sus cuerpos para evitar que alguna otra persona inocente muriera por ellos, a lo que Gracia les contestó que si no seguían adelante, la muerte de su esposo sería en vano. La ligera sonrisa con la que Gracia habló de su esposo y la determinación que se mostró en su mirada al motivarlos a no rendirse impactó profundamente a los hermanos, dándose cuenta que aunque el camino fuera difícil tendrían que seguir adelante.
Al salir de la casa, los tres chicos no pudieron evitar sentirse fatal, sobre todo Ed quien, al detenerse unos momentos frente a la entrada de la casa, pudo observar a través de una ventana del segundo piso la triste imagen de Gracia llorando desconsoladamente mientras cargaba en sus brazos a su pequeña hija. Gracia sin duda era una mujer admirable, dispuesta a ayudar a los demás a pesar de su propio dolor y sufrimiento, justo como el señor Hughes. El poder ser testigo de su dolor observando esa triste imagen le rompió el corazón.
En cuanto estuvieron de vuelta en el hotel, Ed se dirigió al restaurante del hotel por insistencia de Al para comer algo, cosa que apenas hizo, porque realmente lo embargaba una tristeza enorme que le quitaba el apetito. Mientras intentaba comer algo se puso a reflexionar acerca de las palabras que la señora Hughes le había dicho y en los sucesos recientes. Después de un largo rato tratando de comer, se dio por vencido y se dirigió a la habitación de Winry, preocupado porque ella no había probado bocado en todo el día. Tocó la puerta y en lo que esperaba una respuesta, pudo escuchar ligeros sollozos. Cuando Winry abrió la puerta, Ed no pudo evitar darse cuenta de que sus ojos estaban rojos e hinchados, probablemente por estar llorando, cosa que le dolió profundamente aunque trató de no demostrarlo para no alterar aún más a Winry.
"Winry, no has comido en todo el día ¿cierto? El restaurante está por cerrar." Ed dijo.
Winry trató de esbozar una ligera sonrisa pero ésta fue casi imperceptible. "Lo sé."
Ed comenzó a caminar rumbo a su habitación. "Si no comes seguramente no podrás mantenerte en pie." Agregó sin voltear a verla, sintiéndose incapaz de mantener su mirada en la de ella.
Justo cuando Ed se alejaba de la entrada de la habitación de Winry, ella habló. "Hey, espera." Repentinamente ella lo tomó por su mano derecha, causando que Ed se sonrojara ligeramente y se sorprendiera ante el gesto. "Ven."
Ella lo dirigió hacia la mesa que se encontraba cerca de la cama y del sillón de su habitación. Ed se sentó en el sillón mientras ella colocaba una caja de cartón y la abría frente a sus ojos para mostrarle lo que había dentro.
"¿Pay de manzana?" Él preguntó.
"Usé la cocina de la señora Gracia para hacerlo. Adelante, pruébalo." Ella dijo tratando de ofrecerle a Ed la mejor sonrisa que se podía permitir en ese momento.
Ed se llevó la mano izquierda a su barbilla, contemplando detenidamente la creación de su amiga, un tanto indeciso ya que acababa de comer.
Winry se sentó en la cama frente a él, colocando ambas manos sobre sus rodillas. "La señora Gracia me enseñó cómo hacerlo cuando me quedé unos días en su casa." Mencionó ella un poco avergonzada, para luego cambiar su expresión a una un poco más alegre. "Practiqué muchas veces desde que me enseñó. No sé si debería decirlo pero creo que he mejorado… yo realmente…"
Ed no dejaba de mirar a Winry. Estaba preocupado por ella y le dolía verla sufrir.
Ella comenzó a derramar lágrimas antes de continuar con su historia. "Quería que el Señor Hughes lo probara algún día…" Ella continuó sin poder evitar que su voz se quebrara al final.
Sin poder evitarlo más, Winry comenzó a sollozar libremente, por lo que llevó sus manos a su rostro para ocultarlo de Ed.
Ed observó cómo Winry comenzó a desmoronarse frente a él y sintió cómo la impotencia lo llenaba. La señora Hughes los había animado a seguir adelante pero eso no hacía fácil ver cómo las personas que quería y apreciaba sufrían por la muerte de alguien tan bueno como el Teniente Coronel Hughes. Sabía que no había manera de regresar el tiempo pero deseaba tanto que todo lo que había ocurrido fuera tan solo un sueño. Ahora cada sollozo de Winry parecía estrujar aún más su corazón impidiéndole formar unas palabras de consuelo. Sin saber muy bien qué podía hacer en una situación así, Ed se decidió por tomar una rebanada del pay de manzana de Winry. Después se lo llevó a la boca para degustarlo, mientras ella seguía con su rostro oculto sollozando.
"Está delicioso." Ed dijo tras darle un bocado a su rebanada. "Sé que a Al le encantará cuando tenga su cuerpo de vuelta."
Winry, sorprendida, se quitó las manos del rostro, alzó su mirada para encontrar su mirada con la de Ed y comprobó que sus palabras eran sinceras. Esbozó una ligera sonrisa la cual él retornó tímidamente. Ella se quedó observándolo en silencio, al mismo tiempo que se pasaba ocasionalmente una mano por los ojos tratando de detener las lágrimas.
En cuanto terminó su porción, antes de que pudiera pensarlo mejor, Ed se puso de pie para dirigirse a la cama y sentarse al lado de Winry. Ella no quitó su mirada de sus acciones, a pesar de tener la vista borrosa por las lágrimas. Él permaneció sentado a su lado por unos minutos hasta que reunió las fuerzas suficientes para abrazarla. Winry se tensó ligeramente ante lo abrupto del gesto, pero de inmediato se relajó y retornó el abrazo, sintiendo en ese momento la seguridad y la confianza para permitirse llorar y expresar sus sentimientos. Ella sabía que a él no le gustaba verla llorar pero había algo en la forma en que él la sostenía que le dejaba en claro que él quería que se desahogara y se apoyara en él para sobreponerse de esta difícil situación. Por ello, ella enterró su rostro en el hombro de él y siguió sollozando, mientras él frotaba suavemente con su mano izquierda su espalda para tratar de confortarla.
"El señor Hughes era muy bueno, desde el primer momento me brindó su amistad, su hospitalidad, su cariño, su simpatía, sus consejos, su ayuda… era un hombre admirable. Bajo su hospitalidad y cuidado no pude evitar sentirme segura y alegre… incluso creo que lo visualicé como mi padre." Ella dijo entre sollozos.
"No te culpo… Tenía un afán por ayudar a los demás sin esperar nada a cambio, tal como lo hacían tus padres." Ed respondió en un tono suave.
Ella asintió. "¿Por qué las personas buenas tienen que irse, Ed? ¿Por qué?"
Ed suspiró, tratando de encontrar las palabras correctas para confortarla. "No lo sé, Win. Tal vez sea porque a dónde sea que van sus almas, necesitan almas buenas y puras como las de ellos, incluyendo la de mi madre."
"Tal vez… Lo voy a extrañar mucho."
"Yo también."
Winry se separó ligeramente de él para mirarlo a los ojos. "Siempre que venga a Central, iré a visitarlo y a su familia. Jugaré con Elicia y la ayudaré para que no sea tan dura la ausencia de su padre." A pesar de sus sollozos, se podía apreciar la determinación en su voz y su mirada.
"Me agrada tu plan, incluso tal vez Al y yo podamos acompañarte." Ed dijo en un tono un poco más animado. Armándose de valor levantó su mano izquierda y limpió algunas de las lágrimas que corrían por las mejillas de Winry. "Es lo menos que podemos hacer por él... estar al pendiente de su familia." Dicho esto, movió su mano sobre la cabeza de ella y la atrajó hacia él.
Winry se sorprendió un poco pero no lo demostró. Simplemente lo estrechó con fuerza mientras inhalaba su aroma esperando que eso le ayudara a detener por completo sus lágrimas.
Permanecieron varios minutos abrazados en silencio, dejando salir toda la tristeza que los embargaba en ese momento, sintiendo el apoyo del otro para salir adelante.
Al día siguiente Winry, Al y Ed se encontraban en la habitación de los Elric. Aún se podía notar cierta tristeza en el ambiente por lo sucedido recientemente, pero Winry trató de reponerse y tratar de dar algo de normalidad al entorno de los tres por lo que insistió en limpiar y lubricar la armadura de Al. Mientras ella y Al trabajaban en la limpieza, Ed se quedó pensativo recostado en su cama, dándoles la espalda a ambos.
No sintiéndose cómoda con el silencio que los envolvía, Winry comenzó a hablar con Al. "No me di cuenta antes, pero de cerca puedo ver que estás realmente golpeado. Deben estar teniendo un viaje realmente difícil." Dijo ella mientras limpiaba el cuello de la armadura.
Al simplemente rió tratando de no darle importancia al asunto pero Winry no pudo evitar preocuparse. Sabía que los hermanos eran muy buenos alquimistas y que sabían defenderse pero también tenían una increíble facilidad para meterse en problemas (sobre todo gracias a Ed). Con la reciente noticia del fallecimiento del señor Hughes, su miedo de que algo pudiera pasarle a sus amigos se había incrementado aunque trataba de disimularlo.
Tratando de no ahondar demasiado en sus propios pensamientos, Winry miró hacia la cama en la que estaba Ed y alzó ligeramente su tono de voz para que el rubio se diera cuenta de que se estaba dirigiendo a él. "Así que… ¿qué van a hacer ahora?"
Ed no respondió de inmediato enfocándose en mirar su mano de automail, por lo que Winry devolvió su mirada hacia Al.
"¿Qué debería hacer?" Se preguntó Ed en voz alta. Poco después suspiró y se volteó en dirección a Winry y Al. "¿Qué es lo que quieres que haga?"
Winry casi dejó caer el trapo que sostenía en sus manos y volteó a ver en dirección a Ed totalmente sorprendida.
Ante la evidente muestra de sorpresa de parte de Winry, Ed le preguntó viéndola fijamente. "¿Qué pasa?"
"Eh… es solo que ustedes nunca me han pedido consejo."
Ed desvió su mirada y se recostó con los brazos detrás de su cabeza. No podía culpar a Winry por estar sorprendida cuando lo que había dicho era verdad. Él y Al siempre habían tratado de mantenerla alejada de sus problemas para no preocuparla y, sobre todo, para no exponerla a los peligros a los que ellos mismos se exponían. "Es verdad." Respondió Ed con voz suave.
Dándose cuenta de que Ed de verdad esperaba su consejo, Winry comenzó a hablar. "Um… Estaba asustada. Cuando pensé acerca de cómo tú y Al han estado peleando en una situación en la que incluso alguien como el señor Hughes fue asesinado… realmente me asustó." Intentó seguir lustrando la armadura de Al pero su mano se quedó quieta en la espalda de Al. "Quiero decir, ustedes en realidad podrían morir en esta misión. Ustedes podrían irse lejos y nunca los volvería a ver. Cuando pensé en eso, estaba aterrada." Winry se mordió el labio inferior antes de continuar. "Me hizo desear que dejaran de viajar. Pero cuando Al dijo que se rendiría en recuperar su cuerpo… supe que no quería que se rindiera." Como si recordara lo que estaba haciendo en un inicio, retomó la labor de limpiar la armadura de Al. "Estos son mis sentimientos honestos. Quiero que recuperen sus cuerpos pero también quiero que detengan este viaje tan peligroso y… um… lo siento. Supongo que realmente no sé qué es lo que quiero." Concluyó lanzándole una mirada un poco triste a Ed.
"Winry, eres muy amable." Dijo Al.
Winry centró su mirada en Al y se sonrojó por el cumplido. "¿Uh? ¿De qué estás hablando? ¡Siempre soy amable!" Contestó enfatizando su punto con un pequeño golpe en la armadura. Como Al se rió, ella continuó dándole unos golpes más.
"¡Detente! Me estás abollando más." Respondió Al con un tono mezclado con diversión y un poco de preocupación.
Ed miró la escena y no pudo evitar una ligera sonrisa. Entendía la preocupación e indecisión de Winry ya que él también estaba en una situación similar. No era que realmente le preocupara morir pero entre más tiempo pasaba y nuevas dificultades se cruzaban en su camino, más le asustaba el no poder encontrar una forma de devolverle su cuerpo a Al o incluso perder completamente a su hermano durante alguno de sus viajes.
Los pensamientos de Ed se vieron interrumpidos cuando recibieron la visita inesperada del Mayor Armstrong quien, a modo de saludo, golpeó a Ed justo en su automail en cuanto él abrió la puerta, ocasionando que su brazo derecho se descompusiera y el Mayor optara por arrastrarlo por el pasillo del hotel clamando que tenían que ir a Resembool a repararlo. Winry y Al estaban desconcertados ante la escena pero antes de que pudieran pedir explicaciones, el príncipe de Xing, Ling Yao, apareció y les contó el motivo por el que Ed había sido arrastrado de esa forma fuera de Central.
En el Comando Central, el plan del coronel Mustang se estaba llevando a cabo con todos sus subordinados de su unidad desplegados en un punto estratégico para averiguar más información acerca de la muerte de Hughes y el muy probable involucramiento de la milicia. Ante la ausencia por "enfermedad" y "vacaciones" de sus fieles subordinados, la oficina compartida del coronel fue alojada de forma temporal por otros dos oficiales ajenos a su unidad. Sin vergüenza alguna, el coronel comenzó a llamar a una de sus "novias" por teléfono para coquetear con ella, sin importarle la incomodidad de sus subordinados temporales.
"¡Hola, Elizabeth! ¿Cómo estás?" Saludó Roy en un tono alegre y coqueto.
"¡Gracias por llamarme, Roy! ¿Estás llamando desde la oficina de nuevo?" Contestó Elizabeth en un tono alegre.
"Sí, sólo quería escuchar tu voz." Roy dijo esbozando una sonrisa de oreja a oreja.
"¡Oh! Eres muy amable pero ¿tu Teniente no se va a volver loca si no vuelves al trabajo?"
"No te preocupes, está de vacaciones." Respondió el coronel con una risa.
Y así continuó por unos minutos la conversación coqueta de Roy que, independientemente de que esto formaba parte de su plan, él realmente lo estaba disfrutando porque estaba teniendo la oportunidad perfecta para hablar libremente con su amada teniente sin recibir un regaño de su parte.
"Déjame ver, a lo mejor mañana puedo pasar por la tienda. ¿Quieres que te lleve algo?" Él siguió coqueteando.
"¡Oh, gracias! ¿También puedes traer algo para Kate? Ella ha estado trabajando muy duro. Oh, permíteme un momento, Roy." El coronel pudo notar como el audio denotaba que la voz de Riza se había alejado un poco de la bocina. "Kate tenemos un cliente." Ante una respuesta que Roy no pudo escuchar, la Teniente continuó. "Kate, ¿puedes llamar a Jacqueline por mí?"
Roy no pudo evitar sonreír engreídamente al notar que todo estaba marchando perfectamente.
Pasados un par de minutos Roy volvió a hablar. "Escuché un ruido fuerte, ¿qué pasó?"
"Nada de qué preocuparse. Un cliente estaba molestando a Jacqueline y lo tuve que abofetear." Riza dijo.
Roy no pudo evitar sonreír al imaginarse la clase de bofetada a la que se refería Riza. "Tan estricta como siempre, Elizabeth. Tu tienda parece estar ocupada, ¿debería llamar más tarde?"
"Todo está bien, además tú también pareces estar ocupado."
Para molestia de los soldados que se encontraban en su oficina Roy respondió. "No realmente. Puedo llevármela fácil gracias a mis subordinados." A los oídos de Roy se escuchó el ruido de gritos a través de la bocina. "¿Qué pasa?"
"Parece que hay una discusión, Jaqueline está teniendo algunos problemas con sus clientes." Riza contestó sin apartar la vista de su rifle para vigilar a sus compañeros, hasta que sus sentidos de francotiradora le advirtieron de una presencia extraña y desagradable a sus espaldas. "Oh, tendré que llamarte más tarde, ha llegado uno de mis invitados." Ella dijo para inmediatamente quitarse los audífonos y voltearse hacia su rival, apuntando y disparando limpiamente a su cabeza en cuanto vislumbró al extraño ser que se acercaba a ella de forma amenazante.
Para sorpresa de Riza, el horrible ser, que le doblaba la altura y que era extremadamente gordo, no murió y simplemente detuvo un momento su avance mientras su cabeza ensangrentada se curaba frente a los ojos de ella. Ella sintió cómo un escalofrío comenzaba a recorrer todo su cuerpo.
En cuanto Roy escuchó el sonido del disparo, quiso saber la razón. "¿Qué sucede?" Hizo una ligera pausa esperando por la respuesta de ella. "Oye, ¡Elizabeth!" Comenzó a hablar con un tono de preocupación al no recibir respuesta alguna. En ese momento no pudo evitar recordar a su amigo Hughes muerto en las afueras de una cabina telefónica. Su respiración se detuvo por un momento mientras apretaba fuertemente el auricular del teléfono esperando escuchar la voz de Riza, sintiendo pánico al pensar que ella podría estar enfrentando el mismo destino que Hughes.
Sin perder más el tiempo, olvidó por completo que tenía que permanecer en el cuartel para encubrir su participación en esta misión y se dirigió a toda prisa en su vehículo hacia el lugar donde sabía que Riza y los demás se encontraban, sin importarle las miradas curiosas que le lanzaron los soldados que estaban en su oficina. ¡Maldición! Por favor, permíteme llegar a tiempo, que no se repita lo de Hughes con ella, no con ella. Roy pensaba mientras se dirigía a toda velocidad hacia su destino y golpeaba con una de sus manos el volante mientras conducía.
Riza, a pesar de sus esfuerzos por destruir la extraña criatura que tenía frente a ella, no tuvo éxito y fue capturada por él. Las enormes manos del misterioso ser la estaban sosteniendo por los hombros y cuello con la clara intención de acercarla a su boca para comerla. En ese momento, ella notó un tatuaje extraño en la lengua del tipo y comenzó a sentir la falta de aire en sus pulmones. Resignándose a su destino, cerró por un momento sus ojos. En su mente vinieron las imágenes de su hijo y de Roy. Hijo mío, aunque ya no estaré en el mismo mundo que tú, siempre pensaré en ti y te desearé lo mejor. Perdóname por abandonarte y por favor sé feliz...Roy, lo siento mucho. Al parecer no podré cumplir mi promesa de ayudarte alcanzar a la cima, por favor no cometas una tontería cuando averigues de mi muerte. Sigue luchando por un mundo mejor para nuestro hijo y perdóname por todo...Te amo.
En ese instante, apareció su fiel amigo Black Hayate que de inmediato se abalanzó contra la criatura para morderlo en uno de sus hombros, dándole a Riza la oportunidad de soltarse de las manos de ese monstruo. Después apareció Fuery quien le arrojó una pistola y entre los dos comenzaron a disparar, alarmándose al descubrir que cada una de las heridas que le infligían sus disparos se reparaban al instante.
Cuando ambos se quedaron sin municiones, el monstruo los miró malévolamente, acercándose lentamente hacia ellos para comerlos. Riza se estaba sintiendo muy mal de que Fuery fuera a compartir su mismo destino, cuando repentinamente un rayo de luz azul que posteriormente se convirtió en fuego se cruzó en medio de los dos arremetiendo contra el monstruo, arrojándolo con una explosión fuera de la torre. Detrás de ellos, recargado contra el umbral de la puerta que daba a las escaleras de la torre, se encontraba Roy Mustang respirando pesadamente tratando de recuperar su aliento.
"Apenas lo logré." Dijo Roy todavía jadeando.
"Coronel… ¡¿Qué demonios hace aquí?! ¡Si nos hubiera dejado morir aquí, podría haber fingido ignorancia de este asunto pero ahora se ha delatado ante el enemigo, Señor! ¡¿Acaso es un completo idiota?!" Riza comenzó a gritarle a Roy. Internamente estaba agradecida y alegre de verlo, pero no podía evitar sentirse enojada de que por ellos estuviera arriesgando su posición.
Roy estaba más que aliviado de haber llegado a tiempo para salvarlos, por lo que no le dio mucha importancia a los regaños de Riza. "Sí, sí, soy un idiota, ¿contenta?"
Antes de que su discusión pudiera seguir, Fuery les advirtió que su objetivo se estaba movilizando, por lo que Roy y Riza le dieron instrucciones a Fuery y a Black Hayate respectivamente antes de dirigirse a la planta baja para reunirse con Havoc.
"Teniente." Dijo Roy sin detener sus pasos.
"¿Si?"
"Me alegra que esté con vida."
Riza sonrió ligeramente. "Lamento haberlo preocupado, Señor."
Cuando se reunieron en la calle con Havoc, se subieron al auto del Coronel y justo antes de que él pusiera en marcha el vehículo, llegó corriendo Al, el cual directamente preguntó si todo esto tenía que ver con Hughes. Roy pudo sentir la determinación en la voz del muchacho, por lo que le preguntó si se uniría a ellos a lo cual el chico respondió afirmativamente, tomando asiento en la parte de atrás del carro. Así, Roy, Riza, Havoc y Al comenzaron a seguir a Barry. En el camino, el chico les contó acerca de los homúnculos, hecho que sorprendió mucho a todos, era algo que Roy creía imposible pero que Riza creyó fácilmente después de su experiencia con uno de ellos unos momentos antes.
Después de un rato, se detuvieron en el Laboratorio 3 de la milicia. Barry indicó que era ahí donde se había dirigido su cuerpo y, sin esperar más, se puso a correr en busca de él. Utilizando la distracción de Barry, los demás se infiltraron al laboratorio diciendo que ellos lo detendrían. Descendieron unas escaleras que daban hacia el sótano del lugar, donde se encontraron con un largo pasillo. Ahí decidieron separarse en dos grupos para cubrir más terreno, Al y Riza por un lado y Roy y Havoc por el otro.
Aunque Riza no estaba del todo convencida de dejar de vigilar la espalda de su superior, sabía que en ese momento era lo mejor, porque de esa forma cada equipo contaba con un alquimista y un buen francotirador. Al, por su parte, en un inicio se sentía fuera de lugar, pensando que tal vez se convertiría en un obstáculo para la misión. Sin embargo, ella de inmediato lo tranquilizó cuando le brindó su voto de confianza.
Lo que ella no esperaba, es que realmente el joven tendría que verse involucrado en una situación tan complicada de vida o muerte a los pocos minutos de haberse separado en dos equipos. Cuando la mujer que se hacía llamar 'Lust' les comunicó que se había desecho del coronel, Riza jamás había sentido tanta ira y dolor combinados en toda su vida. Al principio no quería creerlo, se negaba a hacerlo, pero recordó la fuerte explosión que habían escuchado momentos antes y la facilidad con la que esa mujer había acabado con Barry.
Riza se tensó y comenzó a temblar ligeramente cuando se convenció de los hechos. Sabía que era inútil, pero quería tratar de vengar la muerte de Roy y de paso tratar de proteger a Al, razón por la cual comenzó a disparar una y otra vez contra la "mujer" que tenía al frente, mientras la maldecía, tratando en vano de matarla. Cuando Riza se quedó sin municiones, Lust seguía de pie frente a ellos terminando de curarse de los impactos de bala como si nada hubiera pasado.
"¿Terminaste?" Lust preguntó engreidamente.
Riza se sintió tan impotente en ese momento, movió ligeramente su cabeza a un lado, apretó fuertemente sus ojos y al abrirlos, comenzaron a correr ríos de lágrimas por sus mejillas. Se dejó caer en el suelo y continuó llorando mirando hacia el suelo. Roy… se suponía que construiríamos un mundo mejor para todo Amestris… para nuestro hijo… ¿por qué? ¿Por qué te has ido?
Mientras Lust se reía de ella, Al se interpuso entre las dos mujeres.
"Levántese Teniente." Dijo Al con tono decidido.
"Tienes que salir de aquí." Riza contestó.
"Chico tonto, ¿quieres ser el primero en morir?" Lust preguntó en tono burlón.
Ante esto Al juntó sus palmas y transmutó una lanza del suelo para defenderse a sí mismo y a la teniente de los ataques de Lust.
"Así que abriste el portal" Dijo Lust con una sonrisa irónica en sus labios. "Qué lástima. Tendré que desperdiciar un perfecto sacrificio humano." Agregó mientras cortaba la lanza de Al y clavaba sus largas uñas en la armadura, tratando de llegar hasta Riza que se encontraba a las espaldas de Al, pero el muchacho cubrió cada uno de los ataques con sus brazos .
"¡No se quede ahí, Teniente! ¡Corra!" Al gritó.
"Quédate fuera de esto niño. Esa mujer no quiere seguir viviendo." Dijo Lust con una sonrisa burlona.
"¡No lo permitiré!" Al dijo mientras volvía a cubrir con uno de sus brazos otro ataque directo hacia Riza.
"Alphonse, déjame aquí y sálvate." Riza dijo devastada. En ese momento lo que menos le importaba era su propia vida. Con la muerte de Roy, ella no veía motivo alguno para seguir de pie, ya no tenía a su hijo ni al amor de su vida.
"¡No!" Al se negó rotundamente a la petición de Riza.
"¡Dije que me dejaras! ¡Sal de aquí!" Riza insistió sin levantar su mirada.
"¡No!" Refutó Al. "¡No lo haré! ¡Estoy cansado de ver gente morir a causa de mis debilidades! ¡No dejaré que otra persona por la que me preocupo sea asesinada cuando hay algo que puedo hacer para protegerla!" Exclamó con mucha determinación en su tono de voz, sorprendiendo a Riza.
Lust volvió a lanzar sus largas uñas contra Riza, fallando en su intento gracias a la cobertura que había hecho Al con sus dos brazos, pero rompiendo pedazos de la armadura del chico en el proceso.
"Me gusta lo que acabas de decir, Alphonse Elric." Se escuchó una voz familiar a la entrada del lugar.
La respiración de Riza se detuvo en ese instante al reconocer esa voz masculina y antes de que pudiera alzar su mirada para verificar si había escuchado correctamente, Al creó una pared frente a ellos para protegerlos. En cuanto se alcanzó a visualizar la característica luz azul de una transmutación, él abrazó a la Teniente para protegerla de la explosión que se avecinaba.
"¡¿Qué?!" Lust cuestionó.
Para sorpresa de Lust, Roy Mustang se encontraba de pie frente a ella, con un círculo de transmutación marcado en su mano derecha la cual estaba sosteniendo un encendedor. Su otra mano estaba apretando su costado izquierdo donde había sido herido de muerte por el homúnculo, pero que había sido cauterizado por él mismo para evitar morir desangrado. Rápidamente comenzó una serie de explosiones contra Lust, que seguía regenerándose una y otra vez ante los ataques de Roy. Riza quería correr de inmediato a su lado, pero fue detenida por Al para protegerla de las explosiones que se estaban suscitando.
Después de varias explosiones, la piedra filosofal de Lust por fin llegó a su límite y se desvaneció al igual que ella en forma de polvo. Roy, al ver que ya no había peligro y presa de su propio esfuerzo y cansancio, se dejó caer al suelo. Riza corrió de inmediato a su lado, todavía con lágrimas en sus ojos.
"¡Coronel!" Ella gritó mientras lo ayudaba a colocarse con cuidado sobre su espalda. "¿Está bien, Señor?"
"Oh, Teniente, está a salvo." Roy dijo aliviado.
"Preocúpese por usted, Señor."
Roy le dirigió una pequeña sonrisa a Riza antes de enfocar su mirada en el menor de los Elric. "Alphonse, te agradezco por proteger a mi subordinada." Dijo mientras estaba acostado, con su mano derecha presionando sobre su herida.
"No se preocupe por eso, necesitamos conseguir un médico." Al respondió.
"Sí, consigan un médico para Havoc… por favor." Dijo Roy, mientras cerraba los ojos y suspiraba, haciendo su mejor esfuerzo para no concentrarse completamente en su dolor físico.
Al asintió. "Sí, enseguida vuelvo. Teniente quédese con el Coronel, yo me encargo." Y salió corriendo del lugar en busca del médico.
Riza, quien estaba hincada al lado del coronel, notó enseguida su ceño fruncido, una clara señal de lo mucho que le estaba doliendo su herida. Sin pensarlo dos veces, tomó cuidadosamente con ambas manos la cabeza de él y la colocó en su regazo. Con su mano derecha comenzó a mover los flequillos oscuros que cubrían su frente y se inclinó para depositar un tierno beso ahí.
"Vas a estar bien. No te atrevas a dejarme… por favor." Susurró Riza entre lágrimas.
Roy estaba casi inconsciente pero todavía pudo sentir el beso y las lágrimas de Riza. En ese momento deseó con todas sus fuerzas abrazarla y consolarla, pero lo único que fue capaz de hacer fue apretar ligeramente una de sus manos antes de dejarse llevar por la inconsciencia.
Riza permaneció toda la noche en el hospital militar en espera de noticias sobre Roy y Havoc. Una vez que los dos se encontraron fuera de peligro, por petición de ella, los acomodaron en una misma habitación para que pudiera vigilarlos. Dados los hechos de esa noche, no iba a tomar ningún riesgo. Cuando se instalaron en los cuartos, ella se puso en contacto con Fuery para informarle de la situación y pedirle que cuidara de Black Hayate. También aprovechó para pedirle que le llevara un mapa de la ciudad al día siguiente. Fuery de inmediato aceptó e incluso se ofreció a hacer la guardia de ese día, pero ella se negó argumentando que era mejor que él descansara. Internamente, ella quería asegurarse personalmente de que Roy y Havoc estuvieran a salvo. Estuvo a punto de perderlos y no se sentiría tranquila si se alejaba de ellos en esos momentos.
Después de su llamada con Fuery, fue a los sanitarios para lavarse la cara y poco después regresó a la habitación de sus camaradas. Tomó asiento en una silla que se encontraba a un lado de la cama de Roy y vigiló detenidamente el ascenso y descenso de su pecho. Estaba profundamente dormido, pero se notaba en su rostro que todavía tenía cierto dolor por su herida. En esos momentos, Riza deseaba poder tomar la mano de Roy y acariciarla pero estaban en un hospital militar y, aunque no había mucho movimiento a tan altas horas de la noche, no podía arriesgarse. Resignándose, inhaló profundamente, colocó sus codos sobre sus rodillas y agachó su cabeza, colocándola entre sus manos. Cerró los ojos y por primera vez después de todo lo que había pasado en ese día, comenzó a analizar sus acciones. En cuanto se le vino el recuerdo de lo que Alphonse había hecho por ella, sintió cómo su estómago se contraía y la bilis subía por su esófago.
Alphonse... soy una completa idiota… una inútil. ¿Cómo pude ser tan irresponsable y tan egoísta? Puse en riesgo la vida de un niño de 14 años. Riza pensó mientras comenzaba a derramar lágrimas de tristeza y de enojo. Esa maldita pudo haber tocado el sello de sangre de Alphonse y… Ella agitó la cabeza en cuanto el pensamiento le vino a la mente. ¿Qué cuentas le iba a dar a Edward? Esos hermanos solamente se tienen el uno al otro y yo permití que atentaran contra la vida de uno de ellos. Todo porque él se comportó como el adulto en lugar mío… se suponía que yo tenía que protegerlo, no él a mí.
De repente, escuchó a Roy quejarse ligeramente entre sus sueños mientras que él se agarraba inconscientemente su herida. Riza, ante el sonido, levantó su cabeza para mirar a Roy, el cual a los pocos segundos se calmó y siguió con su sueño.
Roy, lo siento mucho, fallé en mi misión de proteger tu espalda. Si hubiera realizado mi trabajo adecuadamente no estarías aquí… no hubieras estado al borde de la muerte… no tendrías que haber sentido las llamas en tu cuerpo, era suficiente conmigo. Por favor, a pesar de mi incompetencia… no me abandones.
Al día siguiente, Fuery y Al caminaban tranquilamente por el pasillo del hospital que se dirigía a la habitación de Roy y Havoc hasta que escucharon un grito de parte del coronel.
"¡IDIOTA!" Roy gritó con tono autoritario. Bajando un poco la intensidad de su voz pero dejando evidente el toque autoritario, continuó. "¡¿Creyó en las mentiras del enemigo?! Incluso si hubiera estado diciendo la verdad, ¡¿cómo pudo simplemente perder la voluntad para pelear?!... Esperaba más de usted, Teniente Hawkeye."
Riza cerró los ojos y agachó ligeramente su cabeza. "Lo lamento mucho, Señor."
Roy la miró fijamente. "Aprenda a mantener la calma. No puede quebrarse bajo presión. Y jamás renuncie a la vida" Dijo con tono molesto. No le gustaba tener que hablarle de esa manera a Riza, pero se había sentido muy inquieto y preocupado cuando ella le contó lo que había sucedido antes de que él llegara a enfrentarse a Lust. "Como soldado y como mi asistente tiene que mantener una resolución firme."
Ella abrió los ojos, sin mirar directamente a Roy. "Sí, Señor."
Roy suspiró y recostó su cabeza en la almohada, mirando al frente. "Seguiré confiando en usted para que cuide de mi espalda. Enfóquese en su tarea."
Ella cerró nuevamente los ojos mientras hacía una ligera reverencia.
"Mire quien habla, Coronel. Como el comandante en jefe no debió haber estado en el campo de batalla." Intervino sorpresivamente Havoc, quien se encontraba recostado en la cama que estaba a la derecha de Roy.
Al escuchar esas palabras, Roy se movió bruscamente para fulminar con la mirada a Havoc. "¡CÁLLATE!" Inmediatamente se arrepintió de haber hecho ese movimiento cuando su costado izquierdo comenzó a dolerle.
"Por favor, no grite, Coronel. Sus gritos hacen que me duelan mis heridas." Havoc continuó hablando como si nada hubiera pasado, sin molestarse en girar su cabeza para ver a su comandante.
"¿Eso es todo lo que tienes que decirle al hombre que salvó tu vida?" Dijo Roy con tono molesto, mientras lo señalaba con su dedo índice.
"Se lo agradezco, pero ¿no pudo ser un poco más cuidadoso con el fuego? No le voy a gustar a las chicas con estas cicatrices de quemaduras en mi abdomen." Contestó Havoc, mientras miraba a Roy por el rabillo del ojo.
Sin más los dos hombres comenzaron a pelear como un par de adolescentes, recriminándose el uno al otro sus acciones, olvidándose por un instante de sus heridas hasta que el dolor se las recordaba. Después comenzaron a discutir sobre el porqué estaban en la misma habitación y el porqué no habían ido a matarlos, hasta que Fuery se atrevió a entrar en la habitación seguido de cerca por Al.
Todos los presentes, a excepción de Havoc que se mantuvo inusualmente callado, comenzaron a hablar sobre lo que descubrieron el día anterior y analizaron el mapa que Fuery trajo a petición de Riza. Rápidamente ella señaló el radio aproximado de búsqueda de posibles pistas tomando como referencia el laboratorio número 3, con lo que empezaron las sospechas de que el propio Führer podría estar involucrado con los homúnculos al estar su residencia y el Comando Central dentro del área delimitada por Riza.
Roy ya estaba comenzando a maquinar su siguiente paso hasta que Havoc les informó que no tomaría partido porque no podía sentir sus piernas, lo cual preocupó enormemente a todos los presentes. Después de esa declaración, decidieron dar por terminada la reunión para dejar descansar a los heridos, teniendo sus esperanzas en alto de que los próximos exámenes que le realizarían a Havoc ayudarían a encontrar una cura para su situación actual. Fuery se quedó a hacer guardia, permitiendo a Riza retirarse para descansar un poco, aunque ella no deseaba separarse del coronel, pero había sido una orden directa de él. Entonces, junto con Al, salió de la habitación y mientras caminaba a su lado en las afueras del hospital, decidió que era el momento de charlar con el muchacho y ofrecerle una disculpa.
Agachando su cabeza ligeramente y hablando con voz suave, Riza se dirigió al chico. "Alphonse, lamento mucho lo que pasó ayer. Fue muy irresponsable de mi parte haberte expuesto de esa manera al peligro. No quiero ni imaginarme qué hubiera pasado si el Coronel no hubiera aparecido." Inhalando profundamente, alzó su mirada para ver fijamente a Al. "Por favor, discúlpame por mis acciones."
Al volteó a mirar a la Teniente. A pesar de que no tenía su cuerpo de carne y hueso para expresar emociones, lo hizo a través de su voz. "No se preocupe, Teniente. La perdono. Probablemente yo hubiera hecho algo similar si mi hermano, Winry o alguna de las personas que me importan hubieran estado en la misma situación."
"Eres muy bueno y noble Alphonse. Aún así me preocupa, porque yo soy una persona adulta y no actué como tal. Te deje con una carga muy pesada."
"Teniente, como le dije ayer, no voy a permitir que las personas que me importan mueran, voy a hacer todo lo que esté a mi alcance para impedirlo. Por eso, me alegra mucho que no le haya pasado nada. Usted es una persona muy buena y no merecía ese destino."
Las palabras del muchacho le llegaron al corazón a Riza, así que le sonrió. "Gracias, Alphonse. Eres un muchacho muy bueno y valiente."
De haber estado en su cuerpo original Al sabía que se hubiera sonrojado. Con la única mano que tenía disponible en ese momento se rascó la nuca, avergonzado. "Gracias, Teniente. A pesar del mal momento que pasamos ahí, estoy contento de que casi todos salimos con vida de ahí ya que, desafortunadamente, Barry no tuvo esa suerte."
"Yo también. Por favor, Alphonse, ten cuidado. En tu estado no es conveniente que andes solo por la ciudad." Riza recomendó.
"No se preocupe, Teniente. Tengo una amiga que me está vigilando a la distancia y que tiene la capacidad de detectar homúnculos."
"¿En serio?" Riza preguntó un poco incrédula.
Él asintió. "Sí, ella es de Xing y puede sentir el ki de las cosas o algo así, pero eso le permite sentir cuando un homúnculo está cerca. Además, es muy buena luchadora. Así que si llegara a necesitar ayuda, ella podrá ayudarme sin problemas."
"Me alegra. Tal vez después me la puedas presentar."
"Claro, Teniente. Usted también debe cuidarse así que procure descansar bien."
"Um… no lo sé. Creo que iré a mi departamento a darme un baño, comer un poco y regresaré por si algo se ofrece."
"Teniente, usted escuchó lo que le dijo el Coronel. Necesita descansar, anoche fue muy pesado y desgastador, sin mencionar que usted se pasó toda la noche en el hospital. Cuídese por favor, Teniente. La necesitamos en buenas condiciones para enfrentar al enemigo."
Riza suspiró. "Tienes razón. Descansaré un poco. Tenemos que estar en las mejores condiciones posibles ahora que estamos cortos de personal con el Coronel y Havoc heridos y con Breda fuera de la ciudad. Gracias por preocuparte."
"No es nada, Teniente. Cualquier cosa en la que la pueda ayudar, no dude en decirme." Al dijo con un tono alegre.
Riza sonrió y los dos continuaron su caminata hasta que llegaron a una intersección donde cada uno tomaría caminos diferentes, donde se despidieron antes de continuar con sus respectivos caminos.
