N/A: Hola! :)

Después de tanto tiempo, Hohenheim hará su reaparición en este capítulo, así que Ed estará en contacto con sus dos padres sin darse cuenta (esperen una conversación entre Roy y Ed al final del capítulo ;) )

Muchas gracias por sus follows, favs y comentarios. No duden en compartirnos sus opiniones. Si hay algo que podamos mejorar háganoslo saber, por favor.

Un agradecimiento especial a arual17 y ly-dango. ¡Muchas gracias por comentar esta historia prácticamente desde que vio la luz del día! jeje Sus comentarios nos han motivado a seguir escribiendo.

Nos vemos en la próxima entrega.

Saludos!

Golden y Flame

Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.


Capítulo 14: Visitas

"Estación de Resembool. ¡Bienvenidos!" Repetía un empleado de la estación de trenes.

"Estoy de vuelta"

"Sí, hola se…" El empleado se volteó sorprendido para ver al extraño que acababa de pasar a su lado. En un inicio no le había prestado atención, pero la voz grave y esa coleta de cabello dorada se le hicieron familiares. "¿Uh?" El hombre se quedó parado ahí observando cómo el individuo entregaba el comprobante de recepción de su maleta a la encargada de la taquilla. Al igual que él, la señora respondió en automático para poco después quedarse con una expresión de duda. Impulsado por su curiosidad, el empleado trató de captar la atención del recién llegado pero el hombre simplemente siguió su camino sin voltear ni una sola vez.

Hohenheim pudo escuchar claramente la voz del empleado de la estación pero no se sentía con ánimos de hablar con él. Por la urgencia en su tono de voz, estaba casi seguro de que al final el empleado lo había recordado y seguramente estaba buscando saciar su curiosidad sobre su paradero en todos estos años. Hohenheim no era precisamente un hombre sociable pero durante su tiempo en Resembool había interactuado amablemente con varios de sus habitantes por lo que, en otras circunstancias, probablemente se hubiera quedado a compartir una charla casual con el empleado.

Pero ahora estaba sumamente ansioso de llegar a su destino… El hogar donde se encontraban Trisha y sus hijos.

Desde que estaba planificando lo que tendría que hacer y a dónde tendría que ir para cumplir con su misión se había dado cuenta de que un par de meses no bastarían para lograrlo, por lo que, triste y resignadamente, había decidido apartarse de su familia por un par de años esperando salvarlos de la tragedia que estaba cerca de desatarse y, con algo de suerte, para también poder encontrar la forma de obtener un cuerpo mortal.

Durante el transcurso de su larga vida jamás se imaginó capaz y, sobre todo, merecedor de formar una familia propia. El peso de las almas en su cuerpo lo detenían y lo hacían sentirse un monstruo. ¿Qué clase de familia podría formar un monstruo como él?

Pero todo cambió cuando Trisha apareció en su vida. Desde la primera charla que habían compartido, Hohenheim se había sentido iluminado por la calidez y brillo que irradiaba de ella. A pesar de su aspecto solitario, ella siempre se acercaba a él y trataba de animarlo siendo capaz de hacerlo sonreír como no lo había hecho en muchos años. Fue por eso que a pesar de sus esfuerzos por mantenerse alejado de ella para no involucrarla en su complicada existencia, llegó un punto en el que Hohenheim no pudo soportarlo más y decidió ceder a sus deseos más profundos. Quería compartir su vida con Trisha.

Trisha y él jamás se casaron. Ella jamás se lo recriminó ni insistió en ello ya que entendía sus razones y porque, como ella decía, no necesitaba de esas formalidades para compartir su vida con la persona que más amaba. Incluso, cuando llevaban poco tiempo de vivir juntos, ella gustosamente lo acompañó a algunos viajes cuando Hohenheim recibía información interesante sobre alquimia. Seguramente él era el hombre vivo con mayor conocimiento de la alquimia, pero la manera de convertir su cuerpo en uno mortal era algo que se había mantenido fuera de su alcance a lo largo de los siglos.

Durante uno de esos viajes la vida de ambos cambió radicalmente. Trisha había intentado convencerlo de tener un hijo juntos pero él se había negado rotundamente ante el miedo de lo que podría pasarle a su descendencia por ser él el progenitor o simplemente por estar cerca de él. Sin embargo, cuando Edward apareció en sus vidas era casi imposible negarse a acogerlo. Su madre había sufrido mucho al separarse de él pero estaba consciente y decidida de que lo mejor para su bebé era crecer alejado de ella. Trisha, por su parte, prácticamente se había enamorado de Edward desde aquellos primeros días en que ayudaba a cuidarlo. Para Hohenheim no pasó desapercibida la manera en la que el rostro de su amada se iluminaba cuando cargaba al bebé o incluso cuando simplemente hablaba de él. En aquel entonces había comenzado a temer el momento en que tuvieran que despedirse de Riza y su bebé. Sabía que, aunque Trisha era una mujer fuerte, separarse de Edward tras haber estado con él durante sus primeros días de vida iba a ser un duro golpe. La tristeza por separarse de él se sumaría a su propia añoranza por ser madre y Hohenheim no estaba seguro de poder consolarla sin ceder a su deseo de tener hijos.

A pesar de sus preocupaciones por Trisha, en cuanto Riza le pidió que se quedaran con su hijo, Hohenheim no pudo evitar sentir cómo la duda y la incertidumbre lo llenaban. ¿Cómo podía permitir exponer a un niño inocente al contacto continuo y cercano con un ser como él? Fue precisamente esa indecisión la que le impidió darle una respuesta inmediata a la madre de Edward pero tras discutirlo con Trisha no tuvo más remedio que soportar sus propias inseguridades y aventurarse al mundo de la paternidad junto con su amada.

Las primeras semanas de adaptación a su nueva vida fueron un tanto incómodas para él. El cuidado de Edward quedó a cargo principalmente de Trisha y las veces que él intervenía lo hacía con cierto temor. A pesar de su inseguridad, Trisha hacía todo lo posible para involucrarlo cada vez más en la crianza de Edward y cuando él compartía momentos con su nuevo hijo, la enorme sonrisa de su amada no pasaba desapercibida para Hohenheim.

Sin darse cuenta transcurrieron un par de meses y Hohenheim se sorprendió que para ese punto la vida familiar con un hijo en casa era algo simplemente maravilloso. Ciertamente había cambios un poco agotadores al tener un bebé en el hogar pero Hohenheim terminó disfrutando cada momento de la crianza de Edward. Aunque el bebé llorara continuamente en las noches, el cansancio que sentía parecía desvanecerse cuando veía cómo Trisha mecía y le cantaba dulcemente a Edward para tranquilizarlo. Y era en momentos cómo ese, cuando recuerdos de uno de sus mayores deseos de hace alrededor de 400 años hacía su presencia. Definitivamente no había pasado de la manera y en el tiempo que esperaba pero ahora, tras una extensa vida de arrepentimiento, había logrado cumplir aquel deseo que había tenido al dejar de ser un esclavo: Formar una familia.

A pesar de no estar casados, Trisha seguía a su lado y sin duda alguna era la mujer que más había amado en su vida, y Edward, a pesar de no llevar su sangre, se había convertido en un hijo muy amado tanto por él como por su amada. Fue por estos pensamientos que la próxima ocasión en que Trisha le insistió en que Edward necesitaba un hermanito, él ya no pudo negarse. Realmente se había enamorado de su nueva vida familiar.

La llegada de Alphonse fue una luz más en su vida. Hohenheim jamás podría olvidar la cara de felicidad y orgullo de Trisha cuando al fin pudo entrar a la habitación en la que ella había dado a luz para que él pudiera conocer a su hijo. La expresión de Trisha fue suficiente para apaciguar las nuevas inquietudes que habían surgido en él durante el embarazo de su amada. Al fin y al cabo, de alguna manera su nueva familia parecía estar completamente formada cuando la presencia dulce de Alphonse llegó a ella.

Hohenheim nunca hizo distinciones entre sus hijos pero debía admitir que le encantaba el hecho de que Alphonse hubiera heredado la forma de los ojos de su madre. De ahí en fuera, el nuevo integrante parecía una copia de él y, a pesar de que fuera una coincidencia, finalmente eso les ayudó a evitar preguntas prematuras por parte de Edward, puesto que el color de ojos y cabello no dejaba alguna duda para los demás de que Hohenheim era el padre de ambos niños.

Los años más felices de la vida de Hohenheim transcurrieron en una pequeña casa de Resembool con su esposa y sus dos hijos. Aunque sus investigaciones alquímicas aún ocupaban una parte importante de su tiempo, el escuchar las risas de sus hijos y sentir su presencia y la de su amada en la misma casa era algo que le traía una paz inmensurable. Además, conforme pasaba el tiempo, había hecho su mejor esfuerzo para sobreponerse a sus propios miedos e inseguridades para poder compartir más momentos con su familia. A pesar de que sus interacciones familiares no llegaron al nivel común de una típica familia, Trisha siempre le sonreía y lo animaba para que olvidara su doloroso pasado y pudiera disfrutar completamente de su presente.

Irónicamente, Hohenheim terminó descubriendo que pensar en disfrutar su presente le causaba una mayor preocupación. Estaba harto de ver envejecer y morir a sus amigos cuando el tiempo no pasaba por su propio cuerpo. Estaba cansado de ello pero en cierta manera estaba resignado a su fatídico destino, o bueno eso había sido antes. Ahora no deseaba otra cosa más que poder vivir, envejecer y morir al mismo ritmo que Trisha. Quería ser capaz de ver crecer a sus hijos sin tener que preocuparse de que en el futuro los vería morir. Sus hijos estaban creciendo frente a sus ojos sin que por su propio cuerpo hubiera el más mínimo cambio.

Lo que había iniciado como la planeación de un viaje para encontrar una solución a su problema personal pronto subió de escala cuando sus investigaciones preliminares le revelaron el horrible destino que se estaba planeando para los habitantes de Amestris. Así que, con mucho pesar, tuvo que emprender el largo viaje que lo separó tantos años de su amada familia cuando sus hijos eran muy pequeños.

A su viaje aún le faltaban algunos lugares por visitar para lograr efectivamente su objetivo pero se había ido hace tantos años de Resembool que, al estar en un pueblo cercano a él, no pudo contener sus impulsos y se dirigió lo más rápido que pudo en busca de su hogar.

Durante todo el tiempo que había pasado, Hohenheim no había tenido ninguna clase de contacto con su familia. Al inicio pensó en mandar una carta a Trisha pero su temor de que su carta pudiera ser intervenida en el envío lo detuvo de hacerlo. Sus hijos no llevaban su apellido pero temía que su simple nombre fuera suficiente para que su familia fuera puesta en peligro.

Él le había pedido a Trisha que no les contara nada a sus hijos sobre su pasado ni su cuerpo, por lo que no sabía cómo lo recibirían tras una ausencia tan prolongada. Tristemente se había perdido la infancia de sus hijos, pero con la educación, cariño y guía de Trisha estaba seguro de que Edward y Alphonse serían unos jovencitos buenos y, aunque tal vez se mostraran un poco reservados con él, esperaba que le dieran la oportunidad de al menos convivir con ellos en esta breve visita antes de retomar su viaje.

La voz del empleado de la estación había desaparecido hace ya unos minutos mientras sus pasos seguían el camino instintivamente. A pesar de los años transcurridos, él recordaba perfectamente cada camino y cada curva que debía tomar para llegar a su hogar. Así siguió caminando y perdiéndose en sus pensamientos hasta que la pequeña colina en la que se alzaba su hogar apareció en su campo de visión y, como si alguien lo hubiera golpeado en el estómago, se tambaleó y se detuvo para observar con atención. Desde su posición no podía ver ni el más mínimo rastro de su casa, lo único que resaltaba era el viejo árbol del que años atrás colgaba un columpio pero ahora sus ramas estaban carentes de hojas y se veían considerablemente ennegrecidas.

Asustado ante lo que podía ver a lo lejos, Hohenheim apresuró sus pasos con su vista fija en la colina en la que debería estar su casa. Conforme más se acercaba más aumentaba la sensación de malestar en su interior. ¿Qué es lo que había pasado? ¿Dónde estaba su familia? Los últimos metros que le quedaban los recorrió prácticamente corriendo y, al estar al lado del árbol que había visto a lo lejos, ya no pudo negar más la realidad que se estaba presentando ante sus ojos: su casa había desaparecido y los restos no dejaban duda alguna de que un incendio era la causa de este hecho.

De todos los escenarios que se había planteado en el trayecto hacia Resembool, jamás imaginó que tendría que enfrentarse con lo que tenía enfrente. Siempre creyó que su casa se vería exactamente de la misma manera a como la había visto antes de irse y de haber cambiado sólo habría modificaciones menores como un color exterior diferente o quizás una nueva jardinera al frente. En cambio ahora se enfrentaba con la dura realidad de descubrir que el hogar en el que había comenzado a formar una familia estaba reducido a cenizas.

Hohenheim se quedó unos minutos observando los restos de su casa mientras su mente asimilaba lo que veía. Sabía que no tenía caso enfocarse en algo material por más recuerdos que le trajera, pero una parte de sí se lamentaba de haber perdido el lugar en el que había formado recuerdos muy valiosos. Después de un tiempo, suspiró pesadamente y dio nuevo rumbo a sus pasos. Lamentaba la pérdida de su casa pero la inquietud que el reciente descubrimiento había despertado en él estaba creciendo paulatinamente. Necesitaba saber qué había sucedido con Trisha y sus hijos, y sólo había una persona que podía ayudarlo.


Pinako Rockbell se encontraba en su casa revisando tranquilamente un álbum de fotos. Ese día no tenía ningún paciente que atender y los pedidos que tenía pendientes ya estaban listos para ser entregados en cuanto los clientes fueran a recogerlos. A pesar de la ausencia de Winry, su propia experiencia la había ayudado a hacer los ajustes necesarios para poder atender adecuadamente los pedidos con los que anteriormente su nieta le ayudaba. Ciertamente la ayuda de Winry era bastante útil para mantener el negocio familiar pero ella estaba más que orgullosa de saber que su nieta estaba creando su propio camino y reputación en Rush Valley. Ahora lo que más resentía, aunque siempre lo negaba cuando los vecinos se lo preguntaban, era lo grande y solitaria que se sentía su casa. Fue por eso que en lugar de ir a pasar el tiempo al centro del pueblo había optado por descansar en su casa y aprovechar para sumergirse en los recuerdos que estaban guardados en su álbum. A pesar de contar con un tablero de corcho repleto de fotografías, de vez en cuando le gustaba sacar su viejo álbum ya que ahí guardaba algunas fotos que prefería no colocar en el tablero por miedo a que se dañaran.

Pinako se encontraba observando con una sonrisa una fotografía que su hijo, su nuera y su nieta se habían tomado en uno de los cumpleaños de Winry cuando Den se levantó abruptamente y comenzó a gruñir en dirección hacia la puerta principal de la casa.

"¿Qué pasa, Den? ¿Tenemos visitas?" Intrigada, Pinako se levantó de su silla y se acercó a la puerta para abrirla, seguida de cerca por Den.

Apenas le había quitado el seguro a la puerta cuando el visitante la terminó de abrir exclamando preocupadamente. "Pinako… parece que perdí mi casa."

"¡Hohenheim!"

Incentivada por el tono de sorpresa de su dueña, Den se interpuso entre ella y el visitante, ladrando y mostrando sus colmillos amenazadoramente.

"Lamento si te asusté." Exclamó el rubio mientras se agachaba para intentar acariciar a Den, pero sólo provocó más ladridos.

"Detente, Den." Dijo Pinako tratando de tranquilizar a su mascota.

Den pareció entender lo que le decía su dueña, por lo que dejó de ladrar pero mantuvo su vista fija en el recién llegado, mostrándole ocasionalmente sus colmillos.

Hohenheim sonrió tristemente. "Nunca le he agradado a los animales."

Pinako suspiró. "Sabes… en todos estos años no has cambiado ni un poco."

Hohenheim mantuvo su sonrisa triste mientras se pasaba una mano por la nuca. "No me dirás que después de todos estos años me vas a pedir explicaciones."

Ella sonrió. "Si algo aprendí en todos estos años de conocerte es que puedes ser realmente evasivo con compartir lo que pasa por tu cabeza. Además mientras sigas teniendo la misma tolerancia al alcohol de siempre no tengo ningún problema." Dijo mientras comenzaba a caminar en dirección a la cocina.

"Espera." Pinako volteó a verlo. "Antes que nada quiero que me digas qué pasó con mi familia y mi casa."

Pinako retomó su caminata. "Créeme, vas a necesitar al menos una bebida antes de saber todo lo que ha ocurrido en tu ausencia." Respondió seriamente.

Hohenheim no dijo nada más y silenciosamente se sentó en una de las sillas de la mesa en la que se encontraba el álbum de fotos, mientras Den lo miraba atenta y recelosamente en todo momento. Lentamente se quitó los lentes y los colocó en la mesa. Si alguna vez había tenido alguien a quién llamar amigo esa era Pinako Rockbell y por ende había aprendido a interpretar algunas de sus expresiones antes de que siquiera pronunciara una palabra. Por ello de algo estaba completamente seguro: algo muy grave había sucedido.


En compañía de una botella de ron y un par de vasos, Pinako le contó todo lo sucedido a Hohenheim. Aunque su mente se había imaginado escenarios terribles cuando descubrió los restos de su casa, Hohenheim estaba terriblemente sorprendido de todo lo que había sucedido. El golpe de haber perdido al amor de su vida fue brutal, tanto que su propio vaso quedó prácticamente olvidado una vez que Pinako le dio la triste noticia. Después la sensación de malestar no hizo más que incrementarse cuando ella le relató los actos de sus hijos y las consecuencias que hasta el día de hoy acarreaban.

Hohenheim era por naturaleza un hombre de pocas palabras, pero al notar que su amigo no había pronunciado ni una palabra desde que ella le había contado lo de Trisha, Pinako comenzó a preocuparse. "Hey, ¿estás bien?"

Él suspiró pesadamente y se pasó una mano por el rostro. "Es mucho que asimilar. Jamás creí que podrían pasar tantas cosas."

Pinako le dio una calada a su inseparable pipa. "Desafortunadamente pasaron muchas cosas difíciles por aquí pero debo recordarte que te fuiste por más de 10 años. Las cosas no podían permanecer de la misma manera hasta que volvieras." Dijo con franqueza.

Hohenheim miró tristemente el líquido de su vaso. "Lo sé… creí que lo mejor para todos sería que no supieran nada de mí hasta que volviera."

Ella suspiró. "Aún no sé qué es lo que has estado haciendo todo este tiempo pero ahora que estás aquí tal vez podrías ayudar a tus hijos en su investigación. Es lo menos que puedes hacer después de haber desaparecido por tanto tiempo."

"Eso no es posible por el momento." Pinako enarcó una ceja, indignada. "Las personas que han llevado a cabo una transmutación humana han sido pocas y generalmente tienden a aceptar la pérdida de las partes de su cuerpo que la propia transmutación tomó a cambio. La única opción posible para recuperarlas sería con la piedra filosofal que ellos ya están buscando." Alzó su mirada y miró fijamente a su amiga. "Al crecer con las enseñanzas y el cariño que Trisha les dio de pequeños, estoy seguro que ni Edward ni Alphonse harán uso de ella aunque la consigan."

Ella lo miró confundida. "Entonces deberías ayudarlos a encontrar otra solución."

"Mi viaje todavía no ha terminado. Me marcharé en el primer tren de mañana." Echó una rápida ojeada al reloj que reposaba en una de las paredes. "Será mejor que vaya a visitar a Trisha antes de que oscurezca." Sin esperar respuesta se levantó y se encaminó hacia la puerta principal.

"¡Hohenheim!" Pinako rápidamente se levantó. "Si tú no los ayudas, ¿acaso esperas que lo hagan los padres de Edward?"

Hohenheim, quién se estaba colocando nuevamente el saco que se había quitado antes de sentarse a la mesa, se detuvo. "¿De qué estás hablando, Pinako? Bien sabes que su madre decidió salir de su vida para siempre y su padre probablemente ni siquiera sabe de su existencia."

Ella bufó. "¿Por qué crees que a Ed se le ocurrió entrar a la milicia?"

Él terminó de acomodarse el saco y se volteó hacia su amiga. "¿Acaso él…?"

Pinako lo interrumpió. "Edward no sabe nada. Pero eso no impidió que esa tal Riza y el padre de Ed vinieran personalmente a reclutarlo."

"Eso no es posible. Ella estaba decidida a mantenerlo lejos de ella y por ende de la milicia. Edward puede correr peligro si se descubre quiénes son sus verdaderos padres."

Ella rió amargamente. "Vamos, Hohenheim. Estoy seguro de que has vivido demasiadas cosas como para que ahora caigas en la ingenuidad. Bueno, debo admitir que yo también creí en los motivos de la madre de Ed cuando me los contaste, pero en cuanto me di cuenta que era ella la que estaba reclutándolo me di cuenta de que se terminó aprovechando de ti y de Trisha. Sólo se le ocurrió buscarlo y regresar por él cuando se dio cuenta del potencial que tenía para así utilizarlo y quedar bien ante los altos mandos."

La expresión dolida de Riza apareció en la mente de Hohenheim. "Debe ser una equivocación. Ella de verdad estaba destrozada cuando se tuvo que separar de Edward. ¿Estás completamente segura de que es la misma persona? ¿Has hablado con ella?"

"No he hablado con ella pero no es necesario. Tanto su nombre como el del padre de Ed coinciden. Ambos están en la milicia y, por si fuera poco, trabajan juntos en la misma unidad. ¿Qué más pruebas quieres?"

Él se llevó una mano al mentón y miró al suelo. "Imposible… no puedo creer que Riza haya buscado a su hijo en esas circunstancias. A menos que…" Levantó la vista. "¿Ella sabe que Edward es su hijo?"

Pinako se tambaleó ligeramente. "Sí, bueno… supongo. Me parece que han ocurrido demasiadas coincidencias como para que ella no sepa que Edward es su hijo."

"Es una suposición muy aventurada, Pinako. La señorita que conocí hace años no parecía ser una persona hambrienta de poder como lo estás insinuando."

"La milicia no es precisamente un paseo por un parque. Eso sin mencionar la guerra en la que tanto ella como el tal Roy participaron activamente. ¿No crees que esa sería razón suficiente para cambiar drásticamente a una persona?"

Hohenheim suspiró. "Desafortunadamente podría ser el caso, pero aún así me parece difícil de creer. Tal vez el que está moviendo todos los hilos es el padre de Edward, puede ser que él haya sido el de la idea de traer a su hijo al ejército."

"¿Por qué la defiendes tanto? Aunque el de la idea haya sido el padre eso no deja mejor parada a Riza. El simple hecho de que permita que su hijo esté trabajando activamente en el ejército desde una edad tan temprana me parece algo despreciable."

Hohenheim se quitó los lentes y se frotó los ojos con una mano. "Tal vez tengas razón." Dijo no muy convencido. "Es sólo que estoy cansado. El enterarme de todo lo que ha sucedido en estos años me ha dejado agotado, así que no tengo cabeza para analizar correctamente la situación de Edward y sus padres biológicos. Simplemente quiero ir a ver a Trisha." Agregó tristemente para después retomar su camino hacia la puerta principal.

Pinako vio cómo se alejaba y suspiró. Entendía que las noticias lo habían dejado abrumado pero le sorprendía la tranquilidad con la que había tratado el asunto de Edward. Sobre todo le sorprendía la confianza que aún parecía tener en Riza. "Hey." El rubio se detuvo pero no volteó a verla. "¿Crees que es hora de decirle la verdad a Ed?"

"Con todo lo que han pasado él y Alphonse creo que podrá enfrentar la verdad pero no estoy seguro de si es el momento correcto para decírselo."

"Bueno, supongo que podemos discutir más al respecto cuando vuelvas. No le vas a negar una buena botella de ron a tu vieja amiga ¿cierto? No creas que no me di cuenta que ni siquiera pudiste darle más de tres tragos a tu vaso." Dijo Pinako con una ligera sonrisa.

"Claro." Sin decir más Hohenheim salió de la casa.


Hohenheim pasó unos minutos frente a la tumba de Trisha antes de que el sonido de unos pasos irregulares le anunciaran la llegada de Ed. Volteándose para quedar de frente a su hijo pudo realmente darse cuenta del impacto del tiempo transcurrido. Aunque al pensar en ello esperaba que Edward fuera un poco más alto para su edad, ciertamente el chico había crecido. Atrás habían quedado esos años en los que Ed, seguido de cerca por Al, trataba de alcanzar el pomo de la puerta de su estudio tratando de descubrir qué es lo que hacía ahí tanto tiempo además de buscar ganar su atención para jugar con él.

A pesar de que Edward había estado sometido más años a la influencia de Trisha que a la suya, Hohenheim se sorprendió al darse cuenta de que Ed tenía una actitud bastante similar a la que él mismo había tenido hace cientos de años. Tal vez fuera arrogante de su parte pero una parte de sí se sentía feliz de que Edward tuviera algo de parecido con él. Quizás el muchacho no llevara la misma sangre que él pero para él Edward siempre sería su hijo.

Al detectar esa similitud en su vieja personalidad, Hohenheim no supo bien cómo reaccionar ni que decirle a su hijo. A pesar de lo mucho que amaba a su familia, nunca supo acoplarse por completo a la paternidad por lo que no estaba seguro de qué es lo que debía hacer. Trato de hacerle un poco de plática casual a Ed sobre su estatus como alquimista estatal, sobre su cabello y sobre su casa. Al hablar sobre lo sucedido con su casa, Hohenheim trató de sincerarse con Ed acerca de lo que significaba querer huir de los errores del pasado pero desafortunadamente su manera de abordar el tema pareció inquietar y molestar a Edward, impidiéndole más avances al respecto.

Tras su breve plática con Ed en el cementerio, ambos se dirigieron a casa de Pinako aunque su hijo siempre trató de mantener la delantera para no tener que verlo ni hablar con él. Durante el trayecto, Hohenheim quiso iniciar la conversación pero las pocas veces que lograba articular algunas palabras no rindieron realmente frutos.

Cuando Pinako los vio llegar a ambos, rápidamente entendió que tendrían que dejar pendiente su conversación anterior por tiempo indefinido. En cambio, se apresuró a preparar la cena para los tres y, en cuanto Ed se retiró a su habitación tras una cena en la que las palabras fueron escasas, sacó un par de botellas de ron.

La plática entre Hohenheim y Pinako comenzó un poco más simple que la que habían tenido cuando él recién había llegado a su casa. Posteriormente, Pinako volvió a reprocharle el que se hubiera ido tanto tiempo sin haber contactado a su familia en todo ese tiempo y poco después mencionó nuevamente algunos hechos sucesivos a la transmutación humana que habían intentado Ed y Al. En ese punto, Hohenheim se imaginó que Ed estaba escuchando su conversación cuando Den casualmente dejó su puesto de guardián y se dirigió a la habitación contigua. Por esto, decidió darle un empujón a Edward dándole a entender a Pinako que probablemente la criatura que habían creado en la transmutación no tenía la más mínima conexión con Trisha.

Después del tema de los efectos de la transmutación humana, la conversación poco a poco se fue desviando a viejos recuerdos y no mucho después cada uno se retiró a descansar.

Al día siguiente, tan pronto como el gallo anunció el amanecer, Hohenheim ya estaba listo para tomar el tren a su siguiente destino. Mientras Pinako estaba llamando a Ed, él comenzó a avanzar hacia la puerta y descubrió el tablero de fotos de las Rockbell. Sonrió tristemente al ver en varias de ellas a Trisha y, cuando Pinako estuvo cerca, le pidió la única fotografía que su familia se habían tomado juntos: Trisha, Ed, Al y él. Pinako no tuvo objeciones y Hohenheim la tomó y la guardó en el bolsillo de su chaleco. A cambio de la fotografía él le recomendó a su vieja amiga que saliera del país porque algo grave podría suceder pronto, algo que Pinako descartó en el momento.

Tan solo se había alejado un par de pasos de la pequeña barda de piedra de la residencia Rockbell, cuando Pinako lo llamó. "¡Hohenheim!" Él volteó a verla. "Intenta venir a comer con nosotras de vez en cuando."

Sorprendido por la invitación, Hohenheim dio un asentimiento de cabeza casi imperceptible. Estaba a punto de retomar su camino cuando recordó algo. "Pinako, si lo consideras apropiado dile la verdad. Confío en ti." Y sin más se dio la vuelta, levantó su mano izquierda a modo de despedida y siguió andando sin esperar la respuesta de su amiga.


Aunque Ed no lo supiera, las palabras que había escuchado de parte de Hohenheim habían tenido el efecto que su propio padre esperaba. Decidido a afrontar la realidad, regresó al origen de sus traumas y pesadillas y, con ayuda de Pinako, desenterró la criatura que él y Al habían creado hace ya cuatro años. La experiencia no fue nada agradable, sus propias inseguridades, los dolorosos recuerdos y su miedo creciente a descubrir la verdad le causaron un desgaste emocional tan fuerte que la única manera de lidiar con la misión que tenía frente a sí era vomitar ocasionalmente. La lluvia tampoco ayudó ya que con ese clima sus puertos del brazo y la pierna tendían a causarle dolor y molestias.

A pesar del dolor físico y emocional que ocasionó su decisión de descubrir la verdad, Pinako y él dieron con la ubicación de la criatura que había surgido de la transmutación humana y con ello se confirmó lo que Hohenheim había insinuado: ese ser no era su mamá. La revelación fue impactante y, aunque en un momento Pinako temió seriamente que él había alcanzado su punto de quiebre, al final ese mismo descubrimiento le dio motivación puesto que ahora Ed estaba seguro de que el cuerpo de su hermano seguía existiendo y por ende realmente había posibilidades de que Al volviera a la normalidad.

La misma tarde en que Pinako y él desenterraron a la criatura le hicieron una pequeña tumba y, al regresar a casa, Ed aprovechó para llamar a su sensei y compartirle su descubrimiento ya que sospechaba que ella también había estado viviendo con el remordimiento de haber matado a su ser querido. Debido a las implicaciones de la hipótesis de Ed, Izumi se paralizó por la sorpresa y colgó sin darle una respuesta a su alumno.

Al día siguiente, antes de tomar el tren, Ed y Pinako visitaron el cementerio. Ed aprovechó para contarle que había conocido a algunos de los ishvalanos que habían sido salvados por los Rockbell, omitiendo decirle que él sabía cómo habían muerto y muy probablemente también quién lo había hecho. Pinako sonrió orgullosa ante las acciones de su hijo y su nuera. Poco después, cuando ambos estaban frente a la tumba de Trisha, Pinako le encomendó un mensaje para Hohenheim. Ed no estaba feliz de tener que hacerlo, aunque le aseguró que lo haría después de darle un golpe. Pinako suspiró y aceptó pero también trató de hacerle ver que, a pesar de todo Hohenheim se preocupaba tanto por él como por Al. Créeme, chico, Hohenheim es mucho más padre para ti que lo que han sido tus padres biológicos. Pensó la anciana amargamente mientras veía a Ed alejarse con rumbo a la estación de trenes.

Durante el viaje de regreso a Central, Ed estaba ansioso y preocupado de cómo reaccionaría su hermano ante las noticias de lo que había descubierto, por lo que en cuanto llegó a la estación de su destino rápidamente salió corriendo en dirección al hotel en el que se había estado quedando hasta hace un par de días. Al entrar encontró a Winry en la recepción y, apenas hubo pronunciado su nombre para saludarla, ella lo arrastró hasta la habitación en la que se encontraba Al.

En cuanto entró a la habitación se sorprendió demasiado al encontrar a Al destrozado, ya que era más común que el que se metiera en problemas fuera él mismo y no su hermano menor. Así que inmediatamente se puso manos a la obra para reparar la armadura de Al, advirtiéndole que en algunas partes la armadura sería más delgada porque tendría que utilizar parte de ella para formar las partes faltantes. Mientras lo reparaba, Ed notó que Al estaba evitando mirarlo a los ojos por lo que le preguntó qué era lo que le pasaba y, haciendo un sonido de suspiro, Al le contó sobre Barry The Chopper y los problemas que el asesino le había mencionado acerca de la incompatibilidad del alma. Hasta ese momento Al se había limitado a contar el principal problema que había estado en su mente pero Ed se imaginaba que había algo más pero no lo forzó hasta que hubo terminado de repararlo.

"Al, ¿en qué demonios te metiste? Había una marca de un rasguño cerca de tu sello de sangre. No creas que no me di cuenta así que quiero que me expliques todo." Ed ordenó a su hermano menor.

"Ah, creo que será mejor que vaya a llamar a la abuela Pinako para que ustedes puedan platicar." Winry dijo mientras salía de la habitación para darles privacidad a los hermanos.

En cuanto se quedaron solos, Ed miró fijamente a su hermano, enarcó una ceja y cruzó los brazos, mientras se sentaba en la cama que estaba paralela a la de Al. "¿Y bien?"

Al hizo un sonido de suspiro. "A estas alturas, supongo que ya te informaron que el Coronel hizo un plan para tratar de averiguar acerca del asesino del Sr. Hughes." Ed solamente asintió, invitando a su hermano para que continuara. "Todo eso nos llevó al Laboratorio 3 de la milicia. Ahí nos topamos con otro homúnculo llamada Lust, que era una mujer que podía extender sus dedos en forma de garras sumamente filosas. Con un simple movimiento se deshizo de Barry e hirió mortalmente al Teniente Havoc y al Coronel."

"¡¿QUÉ?! ¿Qué demonios estás diciendo, Al? ¿Esa fenómeno casi mató a dos militares entrenados? ¿Incluso al Coronel bastardo que tiene una alquimia tan poderosa?" Ed dijo sumamente sorprendido.

Con sus manos Al le indicó que se tranquilizara para que pudiera continuar. "Calma, hermano. No sé exactamente cómo hirió al Coronel y al Teniente Havoc, porque cuando entramos al Laboratorio 3 nos dividimos en 2 grupos: el Coronel con el Teniente Havoc en un grupo y en el otro estábamos la Teniente y yo. Solamente sé que esa homúnculo los atravesó con sus garras y que si el Coronel no hubiera cauterizado sus heridas con su alquimia, probablemente hubieran muerto. Incluso Lust los creyó muertos."

Ed seguía sorprendido por lo que estaba escuchando. "¿Pero cómo es que saliste así de herido, si ibas con la Teniente?"

Al se puso un poco nervioso al recordar el momento de vulnerabilidad que había tenido la teniente en esos momentos, por lo que se llevó una mano a la nuca. "Mmm… este…"

"¿Al?"

Al hizo un sonido de suspiro. "Como te dije, Lust creyó muertos al Coronel y al Teniente Havoc. Como nosotros sabíamos mucho por el simple hecho de adentrarnos ahí, dijo que nos aniquilaría al igual que a los otros dos. Cuando la Teniente escuchó que el Coronel estaba muerto, al principio no lo quería creer pero cuando se dio cuenta de que Lust decía la verdad, tomó las armas que portaba y las descargó contra la homúnculo, una tras otra hasta que se quedó sin balas. Obviamente no le hizo nada, ya que Lust se regeneraba como lo hacía Greed, pero en ese momento a la Teniente solamente le importaba vengarse. Al quedarse sin balas, se dejó caer de rodillas al suelo y comenzó a llorar desconsoladamente."

"¿La Teniente llorando? Debes estar bromeando." Dijo Ed con tono incrédulo.

"Oh vamos, hermano, lo dices como si ella no fuera expresiva."

"No me refiero a eso, Al. La Teniente es una mujer que no es fría como muchos creen, pero sí es una persona muy fuerte y valiente, por eso me sorprende lo que me estás diciendo."

"Pues créelo, hermano. Nunca creí verla así de devastada." Al hizo una ligera pausa. "En esos momentos ella renunció completamente a la vida, hermano. Estaba dispuesta a dejarse asesinar por esa homúnculo. Por eso intervine cuando vi que Lust estaba atentando contra la vida de la Teniente, para protegerla."

"Pero, Al, Lust pudo haberte matado… esos rasguños estaban realmente cerca de tu sello de sangre." Ed dijo con un tono preocupado mientras se levantaba y colocaba su mano izquierda en el hombro de su hermano.

"Lo sé, hermano. Pero recuerda que prometimos proteger a las personas que apreciamos, que haríamos todo lo que estuviera a nuestro alcance para impedir que murieran. La Teniente siempre ha sido muy buena con nosotros y el verla en ese estado me sorprendió bastante. No iba a permitir que algo le pasara, no mientras estuviera ahí."

Ed suspiró pesadamente y le dio una palmada en el hombro a su hermano antes de retirar su mano. "Lo sé, Al. Ambos lo prometimos, pero ¿cómo te libraste de la homúnculo?"

"El Coronel apareció y con su alquimia la quemó una y otra vez hasta que se quedó sin más energía para regenerarse."

"¿Pero no dijiste que estaba herido de muerte?"

Al asintió. "Sí, pero cauterizó su herida y la del Teniente Havoc y como pudo nos encontró y nos salvó. Una vez que Lust fue vencida, él se dejó caer al suelo y la Teniente corrió de inmediato a ayudarlo. Si el Coronel no hubiera aparecido, no estoy muy seguro de que me las hubiera podido arreglar para salir con vida de ahí."

Ed se dejó caer en la cama para analizar lo que su hermano le había contado. "Sigo sin entender el comportamiento de la Teniente."

Al rió ligeramente. "¿En serio, hermano?"

"¿Qué es tan gracioso?" Ed refunfuñó cruzándose de brazos.

"Que no puedas imaginarte la razón detrás del comportamiento de la Teniente." Al dijo en un tono divertido.

"Pues no entiendo." Dijo un Ed malhumorado.

En ese instante, Winry ingresó nuevamente a la habitación y al notar la risa de Al, preguntó. "¿Qué es tan gracioso? ¿No se supone que le ibas a contar lo que pasó en el Laboratorio 3, Al?"

"Sí, eso hice. Pero aquí mi querido hermano está intrigado del porqué la Teniente se derrumbó. Según él no tiene idea." Al soltó otra risita.

"¿Es en serio, Ed?" Preguntó incrédula Winry.

"Pues lo único que me puedo imaginar es que estaba devastada por escuchar que había perdido a dos camaradas."

Ante la respuesta de Ed, Winry se unió a la risa de Al. "Ay, Ed. A veces eres tan tonto."

"Oye, ¿a quién le dices tonto?" Ed preguntó molesto.

"Cálmate, hermano. Es que no podemos creer que estés tan ciego, a pesar de los detalles que te acabo de dar. Antes lo dejé pasar pero he estado platicando con Winry y por lo que le conté ambos llegamos a la misma conclusión."

"Bien y ¿qué es lo que suponen, sabelotodos?" Dijo Ed, cruzado de brazos.

"Al y yo creemos que la Teniente está enamorada del Coronel y él de ella." Winry respondió con voz suave mientras se sentaba al lado de Ed.

"¡¿QUÉ!? Están bromeando, ¿cierto?"

"¿Por qué te cuesta trabajo creerlo, hermano? Ya te lo dije, ella estaba devastada, corrió inmediatamente a su lado con lágrimas en su rostro y lo primero que él hizo fue preguntarle si se encontraba bien y además me agradeció por protegerla."

Ed negó con la cabeza. "No lo puedo creer."

"¿Estás insinuando que soy un mentiroso, hermano?" Al preguntó con un tono de falsa molestia.

Ed negó con la cabeza. "No, para nada, Al. Es que no puedo creer que una mujer tan buena y bonita se pueda fijar en un bastardo inútil como el Coronel. De él pues no me sorprendería, tiene fama de mujeriego al igual que Havoc." Ed hizo una ligera pausa. "Otra razón más para dudar de que la Teniente esté enamorada de ese tipo. Ella no podría enamorarse de un tipo que nada más anda jugando con las mujeres. Ella es una mujer lista."

Al solamente negó con la cabeza. "No lo sé, hermano. A mí me pareció una demostración sincera y natural de sus verdaderos sentimientos. Obviamente en el momento no me puse a pensar en eso, pero cuando se lo platiqué a Winry, los dos llegamos a esa conclusión."

Winry asintió. "Sí, además yo recuerdo algo que encaja perfectamente. Cuando ellos fueron a Resembool a reclutarlos, platiqué un poco con la Teniente. Ella me dijo que no le agradaba estar en la milicia y cuando le pregunté el por qué seguía ahí, ella me contestó, con una ligera sonrisa, que era porque necesitaba proteger a alguien. Empecé a sospechar que se trataba del Coronel, porque ella lo miraba de manera especial cuando se retiraron de la casa y ahora, con lo que me contó Al, lo puedo confirmar."

"No, no, no puede ser. Ella se merece alguien mejor que ese tipo." Ed siguió renegando.

"Vamos, Ed. A mi me parece que harían una hermosa pareja, si no es que ya están saliendo." Winry dijo con tono soñador mientras se imaginaba a la pareja.

"¿A poco a ti te gustaría estar con un mujeriego? ¿Ya olvidaste que ese bastardo te estaba coqueteando la otra vez?"

"Ed, él no estaba coqueteando conmigo, solamente estaba siendo amable. ¿Acaso supusiste eso porque te dieron celos?" Preguntó Winry con una sonrisa traviesa.

"¿Estabas celoso, hermano?" Al se unió con un tono divertido e interesado en la respuesta de Ed.

"¡NO! ¿Por qué estaría celoso?" Ed gruñó y desvió la mirada por un momento. "Ese no es el tema de nuestra conversación, así que regresando a lo que estábamos hablando, espero que los dos estén equivocados."

"Oh vamos, Ed. Yo pienso que se verían muy bien juntos. Es más, el Coronel debería armarse de valor e invitarla a salir. Además, pienso que tal vez no es tan mujeriego como quiere aparentar." Winry respondió.

"¿Por qué lo crees?" Ed cuestionó.

"Porque si así fuera la Teniente no se enamoraría de él. Además he visto la forma respetuosa con que el Coronel la trata, siento que hay algo más pero no sé cómo explicarlo, es como una corazonada." Winry respondió.

Ed suspiró pesadamente. "Suponiendo que hubiera algo entre ellos, no podrían salir en citas ni nada por el estilo a menos que alguno de los dos abandone la milicia, que dudo mucho que eso vaya a pasar en medio de todo este alboroto."

"¿Por qué?" Winry preguntó desanimada.

"Cierto, lo había olvidado. No podrían por las leyes de anti-fraternización. Si las violaran, serían juzgados en una corte marcial." Al contestó con tono derrotado.

"Que mal, ellos tienen buena química." Winry dijo.

"Creo que es mejor para la Teniente." Ed dijo.

"Hermano, no seas tan duro. Te recuerdo que el Coronel nos terminó salvando la vida a mí y a ella."

"De acuerdo, tengo que reconocer que el Coronel bastardo se lució al salvarlos y al haber sido capaz de derrotar a un homúnculo. Pero no olviden que solamente son suposiciones y que tenemos que ser discretos, no queremos meterlos en problemas por algo que tal vez ni siquiera es cierto. Además…" Ed apretó sus puños. y miró a su hermano con determinación "Hay algo de lo que tengo que hablarte, Al."

"¿Qué pasa, hermano?" Preguntó Al.

Ed le contó que, durante su viaje a Resembool, había desenterrado los restos de la criatura que habían creado durante la transmutación humana. Al se sorprendió y comenzó a preguntarle el porqué lo había hecho cuando Ed le reveló que ese ser no era su madre. Una vez que la sorpresa inicial pasó, Ed le preguntó a Winry el porqué los había rechazado cuando eran niños para verificar que los recuerdos de Al fueran reales y así confirmar que lo que habitaba la armadura realmente era el alma de su hermano menor (aunque no lo aceptara, también había una pequeña parte de sí que tenía curiosidad de los motivos de Winry para rechazarlos). Tras confirmar esa parte de su hipótesis, Ed comenzó a explicarle a Al qué fue lo que realmente había sucedido durante la transmutación concluyendo que realmente era posible recuperar el cuerpo de Al ya que seguramente su cuerpo se encontraba atrapado del otro lado del portal de la Verdad.

Al terminar la exposición de su hipótesis, Ed agachó la cabeza y le dijo a Al. "No estoy pidiendo tu perdón. Transmuté un ser totalmente no relacionado y te arrastré a ello." Winry lo miró con tristeza. "Y ahora te he dado un cuerpo que es una bomba de tiempo. Yo…" Al miró atentamente a su hermano pero antes de que Ed pudiera continuar fue interrumpido por un llamado a la puerta de su habitación.

Un empleado del hotel le informó que tenía una llamada de parte de Izumi Curtis, por lo que Ed se dirigió a la recepción para contestar. Durante la misma, su sensei le dijo que había investigado y había confirmado que el ser que ella había transmutado no tenía posibilidades de haber sido realmente su hijo. Tras platicar un poco sobre lo que ese descubrimiento implicaba respecto a los efectos de la puerta de la Verdad, Izumi le agradeció a Ed y colgó inmediatamente.

Cuando Ed se acercó a las escaleras para volver a su habitación se encontró a Al al pie de las mismas, quién le preguntó. "Hermano ¿qué dijo sensei?"

"No sé porqué pero dijo 'gracias'" Respondió Ed mientras subía un par de escalones.

"Hermano." Ed se detuvo y volteó a verlo. "Desde el día en que las cosas salieron mal, me culpé a mi mismo pero tenía miedo de decir algo. Yo pensé… pensé que mamá había sido transformada en esa cosa por mi culpa. Pensé que si no hubiera hecho algo mal, mamá seguiría viva y nosotros viviríamos normalmente. Eso es lo que pensé."

Ed lo miró con tristeza. "Yo también me culpe a mí mismo."

Al se llevó las manos a su casco. "Gracias, hermano. No maté a mamá después de todo."

"Pude no haber matado a mamá pero aún así soy el que te puso en ese cuerpo. No puedo ser perdonado si me rindo ahora." Al bajó sus manos y Ed lo miró con determinación. "No me importa lo que digas, Al. No me detendré hasta que encuentre una manera de recuperar tu cuerpo."

Antes de que Ed pudiera continuar, Al intervino. "Hermano, lo que hiciste estuvo mal pero yo también soy culpable. No tienes que cargar la culpa solo. Siempre tratas de cargar con toda la culpa y eso es doloroso de ver." Ed bajó la mirada ligeramente. "Verte sufrir de esa manera…" Hizo un sonido de suspiro antes de continuar. "Después de que el señor Hughes murió, me dije a mí mismo que si el recuperar mi cuerpo significaba que alguien más saliera herido, no quería hacerlo. He conocido personas que no eran realmente humanos pero aún así se las arreglaron para encontrar significado a su existencia. Ellos me hicieron darme cuenta de que aún podía vivir una vida plena. Y las personas que me importan no me tratan diferente a como sería si aún fuera humano." Al colocó una mano en el pecho de su armadura. "Este cuerpo de metal es como una bomba de tiempo que puede destruirse en cualquier momento pero… ¿los seres humanos de carne y hueso realmente son diferentes? Después de todo, nunca puedes predecir cuando una enfermedad o un accidente puede tomar tu vida. Este cuerpo no me impide llevar una vida normal. Pero… he tenido suficiente. Yo…" Al bajó su mano y levantó su casco para ver fijamente a Ed. "Ya no quiero pasar mis noches despierto y solo. Esa es la única razón por la que quiero volver a la normalidad. Quiero mi cuerpo original de vuelta."

Ed lo miró fijamente y dijo en un tono que denotaba el gran amor que tenía por su hermano. "Al… yo solo quiero verte sonreír de nuevo. Eso es todo."

Al asintió. "Solo que no quiero arrastrar a alguien más en esto. Así que, hermano, quiero ser lo suficientemente fuerte para proteger a la gente alrededor de mí. Voy a recuperar mi cuerpo y no voy a perder a nadie en el proceso."

Ed rió ligeramente y esbozando una sonrisa dijo. "Yo también estaba pensando en lo mismo." En ese momento se dio la media vuelta y apoyó su mano de automail en el pasamanos de la escalera. "No hay tiempo para sentarse y llorar. ¡Vamos a hacerlo! ¡Vamos a rastrear a ese bastardo de la Verdad y sacaremos tu cuerpo de ese lugar!" Ed subió las escaleras seguido de cerca de Al, ambos llenos de ánimo y determinación.

Winry, quien se había quedado a un lado de las escaleras mientras los chicos estaban fuera de la habitación, comenzó a seguirlos hasta que su vista se fijó en un detalle que no había notado antes. La espalda de Ed le pareció más ancha de lo que recordaba por lo que sus hombros parecían más anchos y fuertes. ¿Desde cuándo…? A lo largo de su vida, Ed siempre había sido de su misma estatura o incluso más pequeño que ella por lo que, sorprendida, Winry se quedó viendo a Ed hasta que los chicos entraron en la habitación quedando fuera de su campo de visión. Hasta ese momento, ella sacudió su cabeza ligeramente y poco después entró a la misma habitación que los hermanos.

Estando en la habitación los tres amigos siguieron platicando sobre los recientes descubrimientos sobre el cuerpo de Al, incluyendo la hipótesis de Ed de que él y Al habían terminado conectados de alguna manera al haber combinado gotas de su sangre al realizar la transmutación humana, por lo que era probable que durante todos esos años Ed había proveído de nutrientes al cuerpo de Al.

Después de una ligera discusión en la que la leche terminó saliendo a colación, Ed se perdió un momento en sus pensamientos mientras Al y Winry continuaban. Ed, por su parte, se puso a reflexionar en todo lo que su hermano y su amiga le habían contado sobre los sucesos acontecidos durante su ausencia. No podía evitar sentir un escalofrío al pensar que su hermano menor, su única familia de sangre, estuvo cerca de la muerte y él no estuvo presente para protegerlo. Por suerte, ese bastardo hizo su trabajo como comandante y los protegió. Pero creo que aún así debo agradecerle, porque de no haberlo hecho… me hubiera quedado solo en este mundo. Con ese pensamiento, Ed se prometió a sí mismo ir a la mañana siguiente a visitar al Coronel para agradecerle.


Esa misma noche en un cuarto del hospital de Central, Havoc se encontraba descansando mientras Roy trataba de conciliar el sueño. Tenía los ojos cerrados, pero el dolor de sus heridas y la adrenalina ante todo lo que estaba sucediendo, le estaban arrebatando el sueño. Trató de inhalar y exhalar con calma para tratar de relajarse, hasta que regresaron unos recuerdos a su mente: Riza con lágrimas corriendo por sus mejillas, acariciando y besando su frente, suplicándole que no muriera. Roy comenzó a esbozar una ligera sonrisa en su rostro al recordar la sensación de sus manos y sus labios sobre su frente. Repentinamente su sonrisa se esfumó cuando recordó la forma en que le había hablado esa mañana.

Eres un idiota. Ella estaba devastada pensando que estabas muerto y tú solamente la regañaste y la trataste duramente. No olvides que ella no es solamente tu subordinada, es tu mejor amiga, la persona más leal y cercana a ti, el amor de tu vida, la madre de tu hijo. Su propia mente comenzó a recriminarle sus propias acciones. Ahora que tenía la oportunidad de analizar las cosas con calma, se estaba dando cuenta de que había sido muy duro con ella y que si él hubiera estado en la misma posición que ella, probablemente hubiera actuado de la misma forma. Riza, perdóname, pero independientemente de lo que me pase a mí, tienes que seguir adelante con tu vida. No puedes dejarte vencer de esa forma, no valgo tanto como para que tú renuncies a tu propia vida por mi. Su propia mente le respondió. ¿Acaso tú no harías lo mismo si ella hubiera estado en una situación similar o incluso si muriera? Roy suspiró. Por supuesto. Ella es mi mundo, mi vida, lo que me mantiene con los pies en la tierra, lo que me alienta a seguir adelante… fui demasiado duro, lo reconozco. En cuanto tenga una oportunidad me disculparé. Cuando llegó a esa determinación, no pudo evitar imaginarse que ella estuviera ahí sentada a su lado cuidándolo, tal como lo hizo la noche anterior, pero no como su subordinada, sino como su esposa. Extrañaba enormemente su presencia, pero él sabía que si no le ordenaba que se fuera a descansar, ella jamás lo haría por su cuenta y se quedaría ahí todo el tiempo de su estadía en el hospital. Siguió pensando en muchas cosas hasta que el sueño y el cansancio por fin lo reclamaron.

A la mañana siguiente, Fuery cambió de turno con la Teniente, quien a primera hora se reportó con el Coronel, el cual internamente agradecía tenerla de vuelta, porque por mucho que le agradara Fuery, nadie era ni sería como Riza. Ella había pasado temprano al cuartel para traer papeleo para llenar y organizar durante su guardia porque, a pesar de las circunstancias, ella seguía siendo la siempre responsable Riza Hawkeye.

Por su parte, Roy siempre que tenía oportunidad se tomaba una siesta, lo cual era lo más recomendable dadas sus heridas. Sin embargo, Roy no siempre podía conciliar el sueño ya que, dadas sus condiciones actuales, ahora a las pesadillas de la guerra que cada cierto tiempo tenía, ahora se sumaban las de la muerte de su amigo y lo que sucedió con los homúnculos Gluttony y Lust puesto que por culpa de ambos monstruos, él estuvo cerca de perder a Riza. Así que, resignado a que no podría tomar su siesta, trató de cerrar sus ojos para al menos tratar de relajarse.

Riza estaba en las afueras del cuarto haciendo un recorrido para asegurarse de la seguridad del lugar y para estar al pendiente de las personas que entraban y salían de la habitación. En ese momento Havoc no se encontraba ahí ya que lo habían llevado a la sala de rayos X con la intención de realizar más estudios para tener un panorama completo de su situación. Por ello Roy estaba solo y en silencio en el cuarto hasta que Riza llamó a la puerta.

Roy abrió sus ojos. "Adelante."

Riza ingresó a la habitación. "Señor, tiene una visita."

"¿Quién es?" Él cuestionó.

"Oh vamos, Coronel bastardo. No hagas tanta ceremonia para dejar ingresar a la gente que se toma la molestia de visitarte. Ni que fueras tan importante." Edward ingresó a la habitación sin esperar el permiso para su ingreso.

"Señor…"

Roy, que se encontraba sentado en su cama utilizando las almohadas como respaldo, se cruzó de brazos y suspiró. "Descuide, Teniente. Ya estoy acostumbrado a la falta de modales de este mocoso así que yo me encargo de él. Si gusta vaya a almorzar algo."

"Pero, Señor, no es buena idea que se quede sin protección…" Riza comenzó a argumentar.

"No se preocupe, Teniente. Estaré bien. Además si algo se presentara, aún puedo defenderme y de paso este enano cabeza de chorlito podría echarme una mano." Roy dijo mientras sonreía maliciosamente, esperando la reacción del adolescente.

"¿A quién demonios le llamas enano cabeza de chorlito? Para tu información, estoy en crecimiento y si no lo has notado he crecido un par de centímetros estos últimos meses." Ed refunfuñó.

"¿No querrás decir milímetros, Acero?" Roy continuó molestando a Ed sin retirar su sonrisa.

Ed siguió protestando. "Eres un idiota. Todavía que me tomo la molestia de visitarte."

Riza suspiró y con una ligera sonrisa salió de la habitación. Al ver que ese par seguiría discutiendo un rato, decidió tomar la oferta del coronel para ir a almorzar algo rápidamente para poder regresar antes de que Edward se fuera.

"Vamos, Acero, reconoce que si viniste hasta aquí era porque extrañabas que te molestara."

"Claro que no." Ed se acercó y se sentó en la silla que se encontraba al lado de la cama de Roy.

"Entonces, ¿qué te trae por aquí? ¿Acaso quieres que te de más información sobre tu investigación o tienes algún reporte pendiente de entregar?" Roy suspiró exageradamente. "Lamento desilusionarte pero como podrás ver no tengo nada para ti y creo que no debes ningún reporte aún, bueno tal vez un breve resumen de tus vacaciones sería interesante."

Ed suspiró. "Las vacaciones, aunque me cueste admitirlo, creo que fueron muy entretenidas. Jamás creí que viviría una experiencia como esa." Él comenzó a decir tratando de no ser demasiado obvio para no delatar que la Teniente Ross seguía con vida. Se inclinó ligeramente. "Eres bueno como actor maldita sea." Susurró.

La sonrisa de Roy se ensanchó y se encogió de hombros. "Tal vez me equivoqué de carrera." Dijo bromeando ligeramente y después regresó a una expresión neutra mientras se acomodaba en su lugar, no pudiendo evitar hacer una mueca por el dolor de su herida. "Pero dime, Acero, ¿qué es lo que realmente te trae por aquí?"

Ed miró por un momento a Roy y en ese instante, por primera vez se dio cuenta de que a pesar de que el coronel seguía manteniendo su mismo trato hacia él, se veía más pálido de lo normal y también percibió la mueca de dolor cuando se acomodó. Al le había comentado que Lust lo había atravesado en su costado izquierdo. Ahora Ed podía confirmar que esa herida le estaba molestando al notar que Roy de vez en cuando presionaba su mano izquierda en su costado y hacía una que otra mueca de dolor. Realmente este bastardo estuvo cerca de la muerte.

Edward suspiró tratando de reunir fuerzas para lo que quería decir a continuación. Ahora que veía de primera mano el estado de su superior, no podía evitar pensar en lo cerca que su hermano y todos los demás habían estado de la muerte. Aunque no lo dijera en voz alta, las cosas no serían las mismas sin el coronel. A pesar de que algunas veces odiara su pésimo sentido del humor y que no aprobara que se la pasara de cita en cita, reconocía que al menos procuraba a cada uno de sus subordinados a su manera. Además de que si no hubiera sido por su apoyo, Al y él seguirían en Resembool lamentándose por lo que hicieron o peor aún, en manos del ejército siendo llevados a juicio con Al terminando en un laboratorio como sujeto de experimentos. Reconocía que a su manera el coronel los protegía a su hermano y a él y, como hermano mayor, había algo que tenía que decir al respecto.

Ed lo miró y se rascó la nuca en señal de nervios. "Pues… Al me contó lo que ocurrió la noche en que salieron heridos el Teniente Havoc y tú... "

"Supongo que ya reparaste a Al, ¿cierto?" Preguntó Roy.

Ed asintió. "Así es."

"Me alegra, ese chiquillo es muy valiente."

"Sí, lo es y estoy muy orgulloso de él. Al también me contó que si no hubieras intervenido..." Ed hizo una pausa porque temía siquiera decir lo siguiente. "Él probablemente hubiera perdido contra Lust." Suspiró. "Tú sabes que él es la única familia que me queda…"

Roy no podía creer la seriedad con la que el adolescente le estaba hablando. En el tiempo que llevaba de conocerlo, pocas veces lo había visto así, pero comprendía perfectamente lo que Al representaba para el muchacho. Por lo que en lugar de hacerle alguna broma de mal gusto para molestarlo, prefirió guardar silencio y permitir que el chico continuara.

"El bastardo que nos engendró a Al y a mí, nos abandonó cuando éramos muy pequeños, sin importarle dejar sola a mi madre con dos niños pequeños…" Ed no pudo evitar apretar fuertemente sus manos, formando puños a la vez que agachaba la cabeza. "Unos cuantos años después, ella enfermó y murió… Es cierto que la abuela de Winry nos cuidó siempre que podía y trataba de estar al pendiente de nosotros… así que ella y Winry son ahora nuestra familia. Pero Al... él es el único lazo de sangre que me queda, la única persona que ha vivido lo mismo que yo, que me entiende perfectamente… él es mi hermano menor y prometí a mi madre en su lecho de muerte que siempre cuidaría de él. Si le hubiera pasado algo mientras yo estaba fuera, jamás me lo hubiera perdonado y le habría fallado tanto a mi madre como a la promesa que le hice a Al…" Alzó la cabeza para volver a mirar de frente a Roy. "Por eso quiero agradecerte por haber cuidado de él… Gracias, Coronel, por haberlo protegido." Ed dijo denotando una gratitud sincera en su tono de voz.

Roy miró fijamente a Ed y una sonrisa sincera adornó su rostro. "No tienes nada que agradecer, Acero. Al contrario, yo te ofrezco una disculpa por haberlo expuesto de esa manera."

Ed negó con la cabeza. "Ambos sabemos que Al puede llegar a ser tan obstinado como yo cuando se trata de ayudar. No hubiera habido poder humano que lo detuviera de involucrarse." Dijo sonriendo ligeramente.

Roy asintió. "Aún así, no era lugar para un niño. Pero no voy a negar que estoy profundamente agradecido por su ayuda, sin él probablemente…" Hizo una pausa tratando de pasar el nudo que se había formado en su garganta. "Hubiéramos perdido a la Teniente."

"Afortunadamente todos salieron con vida de allí y tanto Al como yo estamos felices de que estén a salvo." Después de unos momentos de silencio, Ed esbozó una sonrisa traviesa. "Coronel, sabe... si desea evitar su papeleo, le recomiendo buscar otras alternativas en lugar de dejarse toquetear por una mujer seductora." Dijo bromeando.

Roy frunció el ceño. "Muy gracioso, Acero. Créeme, por primera vez en mi vida preferiría estar haciendo mi papeleo que haber tenido que pasar por todo eso y estar aguantando esta maldita herida." Refunfuñó Roy.

Ed rió. "Sobre todo si esa herida te mantiene atado a la cama sin la posibilidad de ir tras las mujeres como Havoc, ¿no es así? O acaso, ¿es tu excusa para estar coqueteando con las enfermeras?" Recordando la conversación que había tenido anoche con Al y Winry, decidió agregar. "Bueno siempre y cuando que la Teniente no las esté ahuyentando." Dijo mientras le guiñaba un ojo.

Roy no estaba seguro si el chico estaba insinuando lo que estaba pensando, pero sabía que tenía que responder con cuidado para evitar problemas en el futuro. "No sé de qué demonios estás hablando, mocoso. No te voy a negar que extraño andar con mis citas, pero me preocupa más todo el papeleo que se está acumulando en mi ausencia y que me caerá de golpe a mi regreso."

Ed trató de ver si en el rostro o en la mirada de Mustang podría encontrar alguna señal de lo que Winry y Al sospechaban, pero no vio nada, aunque después de la forma en que lo engañó con el asunto de María Ross, no le sorprendería que tal vez el coronel nuevamente estuviera actuando. Rayos, si este idiota está actuando otra vez, debo de admitir que es muy bueno.

Ed suspiró y se puso de pie. "Muy bien, Mustang, como digas. Me alegra ver que sigues siendo el mismo idiota de siempre." Roy frunció el ceño. "Más te vale que te recuperes pronto, porque no es justo que tengas a toda la unidad haciendo tu trabajo."

Ed comenzó a retirarse y justo cuando colocó su mano sobre el pomo de la puerta, Roy llamó su atención. "Acero." Ed volteó. "Gracias por la visita. Por favor, no te metas en problemas mientras Havoc y yo estamos aquí, como podrás darte cuenta, estamos cortos de personal como para sacarte de tus apuros, enano." Roy dijo esto último con una sonrisa burlona.

Ed frunció el ceño y siguió su camino a la vez que agitaba su mano. "Lo que digas."

"Hablo en serio, mocoso." Roy le advirtió, sin embargo Ed no le dio mucha importancia y se retiró, mientras Roy suspiraba y se permitía relajar en su cama, después de haber reprimido varios quejidos de dolor por su herida en frente de Ed.

Edward estaba caminando por el pasillo cuando se encontró con la Teniente, por lo que ella se detuvo y comenzó a hablar con él.

"¿Ya te retiras Edward?" Ella preguntó con tono gentil.

Ed asintió. "Sí, Teniente. Me alegra saber que a pesar de todas las dificultades usted, Havoc y el Coronel están con vida." Él esbozó una ligera sonrisa.

"Gracias, Edward." Ella cambió su rostro por uno un poco más serio. "De verdad lamento lo que pasó con Al…"

Antes de que ella pudiera continuar, Ed la interrumpió. "No se preocupe, Teniente. Al me dijo que usted le ofreció una disculpa y sabe perfectamente que él no es rencoroso. Conozco a mi hermano y por eso entiendo el por qué actuó de esa forma. Al fin y al cabo los dos prometimos que ya no íbamos a permitir que alguien cercano a nosotros muriera y que protegeríamos a todos los que pudiéramos."

Ella sonrió ligeramente. "De verdad que son unos muchachos excepcionales."

Ed negó con la cabeza. "Para nada, sólo somos un par de idiotas que cometimos el peor tabú de la alquimia, pero hemos aprendido la lección y de verdad deseamos recuperar nuestros cuerpos sin lastimar ni poner en riesgo a nadie en el proceso."

"Sé que lo lograrán." Dijo Riza mientras colocaba su mano izquierda en el hombro de Ed y le daba un ligero apretón.

Ed sonrió. "Gracias, Teniente."

"Gracias por tu comprensión, Edward. Por favor, tengan cuidado. No sabemos todavía quienes están involucrados en todo esto. No bajen su guardia."

Ed asintió. "No se preocupe, Teniente. Al y yo sabemos cuidarnos perfectamente." Dijo con un tono lleno de confianza.

Delicadamente Riza apartó su mano y enarcó una ceja, intimidando ligeramente a Ed. "No se confíen, es lo peor que pueden hacer, sobre todo cuando el enemigo es desconocido. No deseo que dos muchachos se expongan al peligro."

"Entiendo, Teniente, andaremos con cuidado. Es más, el Coronel me acaba de decir lo mismo. Tal vez lo haya dicho porque no desea tener papeleo extra si nos metemos en problemas." Ed bromeó mientras colocaba las manos detrás de su cabeza.

"Edward." Ella lo regañó ligeramente, volviendo a colocar su mano izquierda sobre su hombro. "No te lo tomes como un juego. Esta situación es de vida o muerte. Tuvimos demasiada suerte la última vez, así que no hay que abusar de ella." Dijo ella en un tono serio.

Ed pudo ver la evidente preocupación de la teniente en su mirada y se sintió un poco culpable de haberse comportado algo infantil con una situación de este tipo. "Lo lamento, Teniente. Al y yo tendremos cuidado." Dijo finalmente mientras dejaba caer sus manos a sus lados.

Ella asintió. "Bien, por favor cuídense y si necesitan algo no duden en decirnos."

"Gracias, Teniente. Será mejor que me marche. Al me debe estar esperándome en la biblioteca. Nos veremos luego."

Ella retiró su mano del hombro de Ed y se despidió del muchacho con una ligera sonrisa. "Adiós, Edward. Salúdame a Alphonse."

Cuando Ed desapareció de la vista de Riza, se dirigió a la habitación de Roy para asegurarse si no necesitaba algo, antes de regresar a su puesto en la entrada de la misma. Sabía que Havoc estaría al menos otro par de horas en sus exámenes, así que tal vez el coronel desearía algún libro o algo para entretenerse o tal vez alguna dosis extra de sus medicamentos para el dolor. Cuando llegó a la puerta, tocó e ingresó cuando el coronel se lo indicó.

"Señor, ¿se le ofrece algo?"

Roy negó con la cabeza, aunque Riza estaba segura de que probablemente su herida lo estaba molestando, al fin y al cabo, ella era la única que podía leerlo como la palma de su mano.

"¿Está seguro?"

"Estoy bien gracias, Teniente." Él respondió.

Ella asintió con la cabeza. "Bien, si necesita algo estaré aquí afuera."

Riza estaba retirándose cuando Roy la detuvo con su voz. "Teniente, espere por favor."

"¿Sí?" Preguntó sin voltearse pero echando un vistazo por encima de su hombro.

"Por favor, acérquese y tome asiento a mi lado. Necesito hablar con usted." Roy dijo señalando la silla que se encontraba al lado de su cama.

Ella cerró la puerta e hizo lo que le indicó. Roy volvió a tratar de acomodarse en su posición de sentado, haciendo muecas de dolor en el proceso, por lo que Riza lo ayudó a acomodar sus almohadas en su espalda colocando una mano sobre su pecho para ayudarlo a reclinarse. Él no pudo evitar sentir la electricidad que recorría su cuerpo con el contacto de su mano y cuando ella estaba retirando su mano para regresar a su silla, él la tomó y la llevó a sus labios para besar sus nudillos.

Riza se sorprendió por el gesto, puesto que no era ni el lugar ni el momento indicado, pero no pudo evitar disfrutarlo. Cuando él terminó, Roy tomó la mano derecha de ella con su mano izquierda y entrelazó sus dedos antes de mirarla a los ojos.

"Señor, esto es inapropiado." Ella dijo en voz baja, encontrando su oscura mirada.

"Solamente estamos nosotros dos, y no estamos gritando." Él bromeó antes de cambiar su rostro por uno más serio. "Además necesito hablar contigo."

Ella suspiró. "Creo que esto no es necesario para poder hablar." Dijo señalando a sus manos entrelazadas.

"Para lo que tengo que decirte sí es necesario. Además estoy convaleciente, merezco un poco de mimos, ¿no lo crees?" Él dijo con un tono infantil.

"Pensé que las enfermeras ya se estaban encargando de eso." Ella dijo con un tono neutro, aunque, internamente, no podía evitar sentir un poco de celos de la cercanía que ellas podían tener mientras ella la tenía prohibida.

Él apretó ligeramente su mano. "Tú sabes que los mimos y caricias que realmente me importan y deseo, son los de la mujer que amo."

Ella desvió su mirada, tratando de evitar sonrojarse. "¿Qué es lo que desea, Señor?" Dijo tratando de retomar el tema original, resaltando la formalidad en sus palabras.

Roy suspiró. "En estos momentos no quiero hablar con la Teniente Hawkeye, quiero hablar con Riza." Ella regresó su mirada hacia él. "Quiero disculparme contigo, me comporté como un canalla el otro día cuando te grité."

"Tenía razón en regañarme, Señor. Actué de la peor forma posible y eso es inaceptable." Ella lo interrumpió.

Él negó con la cabeza. "No tenía derecho a hablarte de esa manera."

"Señor, no tiene que disculparse, entiendo perfectamente mis errores-"

"Maldición, Riza." Él se movió provocando un movimiento brusco en su costado izquierdo, por lo que lo presionó con su mano derecha sin apartar su mano izquierda que sostenía la de Riza. Ella estaba por pararse para ayudarlo pero de inmediato él le indicó con la cabeza que no era necesario. Inhaló y exhaló unas cuantas veces hasta que sintió que el dolor ya era un poco más tolerable.

"No debí haberte gritado de esa forma, no después de todo lo que hemos compartido juntos, no cuando probablemente yo hubiera actuado de la misma manera de haber estado en tu lugar." Él dijo mirándola directamente a los ojos para demostrarle la sinceridad de sus palabras. "Perdí el control. Debí de haber sido más comprensivo pero no pude evitar enfurecerme al saber que renunciarías a vivir si algo me pasara."

Ella agachó su mirada. "Sin ti, realmente no tengo motivos para seguir adelante." Ella susurró.

"Y eso me aterra." Roy dijo con un tono de profunda preocupación. Ella volvió a levantar su mirada. "Riza, tú y yo sabemos los riesgos que involucra nuestro trabajo. En esta ocasión tuvimos mucha suerte, pero ahora sabemos que nos estamos enfrentando a algo muy poderoso. Si la próxima vez no corro con la misma suerte... no me podría perdonar que yo sea el motivo de quitarle a este mundo una persona tan buena y gentil."

"Cuando prometí que te seguiría incluso hasta el infierno, hablaba en serio."

Él suspiró. "No tienes que hacerlo. Es más, no quiero que lo hagas, ya es suficiente que yo te haya arrastrado a este infierno de sufrimientos." Dijo con tono de culpa.

Ella negó con la cabeza. "Tú no me has obligado a nada, han sido mis propias decisiones las que me han arrastrado hasta aquí. Además, ¿tú qué harías en mi lugar?"

Roy recostó su cabeza en las almohadas y cerró por un momento los ojos antes de abrirlos nuevamente. "Probablemente lo mismo."

"Ahí es donde tú estás cometiendo un error." Él volvió a levantar su cabeza para mirarla. "Recuerda que tienes una meta que cumplir. Si mueres, todo el esfuerzo que hemos hecho durante todos estos años habrá sido en vano. Yo soy prescindible pero tú no." Ella le dijo en tono serio.

"¡¿Estás loca?! ¿Cómo puedes hablar así? Tú no eres prescindible, sino todo lo contrario. Tú eres lo que me mantiene en pie y me motiva a seguir luchando por esa meta. Si algo me pasara, tú tienes que seguir adelante con tu vida-"

"¿Qué no entiendes que sin ti para mí no hay vida?" Ella lo interrumpió con un tono serio.

"Claro que la hay. Eres una mujer muy hermosa, inteligente, buena y gentil. Sé, sin duda alguna, que fácilmente encontrarías a un hombre digno de ti."

Ella lo fulminó con la mirada. "Sabes que mi corazón ya tiene dueño y aunque no lo tuviera, no tengo derecho a buscar mi felicidad cuando se la negué a mi propio hijo, a ti y a numerosas personas en Ishval." Riza dijo, tratando de evitar que su tono se quebrara y que las lágrimas comenzaran a derramarse.

Él besó su mano y la volvió a apretar. "Riza… cometiste errores porque eres humana, pero mereces una segunda oportunidad."

"Tú también cometiste errores, así que dime ¿acaso te sientes con el derecho de una segunda oportunidad?"

Roy suspiró pesadamente, mientras negaba con la cabeza. "¿Por qué eres tan obstinada?"

Ella esbozó ligeramente una sonrisa. "Lo mismo te pregunto a ti."

Roy resopló. "Creo que me he desviado del tema… por favor discúlpame, me comporté como un maldito idiota."

Ella apretó su mano. "Disculpa aceptada si tú también me disculpas por mi comportamiento."

"No tengo nada que disculpar. Pero, por favor, no me sigas en ese camino si se vuelve a presentar. Tú tienes que seguir adelante. Si no quieres buscar tu felicidad, al menos sigue luchando por mejorar el país para nuestro hijo."

Ella exhaló pesadamente. "Por favor, ya no deseo seguir con esta conversación."

Roy sabía que por el momento no conseguiría avanzar, así que decidió no seguir presionando. En cambio optó por tirar gentilmente de su mano para indicarle que se sentara a su lado en la cama.

Ella frunció el ceño. "Señor, usted sabe perfectamente…"

"Nada de Señor. Por favor, solamente por unos momentos." Él suplicó poniendo sus mejores ojos de cachorro.

Ella suspiró y cedió, sentándose con cuidado a su lado. Después él soltó su mano y acarició gentilmente su rostro antes de inclinarse y besarla en los labios. Cuando se separaron, ella con mucho cuidado, recargó su cabeza sobre su hombro y colocó su mano sobre su corazón. Él rodeó su cintura con su brazo izquierdo y la acercó más hacia él.

"Ten cuidado, no te vayas a lastimar más." Ella le advirtió cariñosamente.

Él negó con la cabeza antes de depositar un beso en su cabeza. "Esto es lo que necesito para sentirme mejor."

Riza suspiró y se atrevió a expresar en voz alta el miedo que la había llenado hace un par de días. "Por favor, no me vuelvas a asustar así. No me dejes." Ella le suplicó ligeramente.

"Recuerda que hierba mala nunca muere. Además alguna vez te dije que siempre regresaría a ti, pero ahora quiero agregar algo más: siempre lo haré si tú prometes hacer lo mismo conmigo."

Pasaron unos segundos en silencio hasta que Riza asintió.

"Bien, ya era hora de que llegáramos a un acuerdo." Ella lo golpeó ligeramente en su pecho, lo que hizo que él se moviera un poco por reflejo y por ende sintiera dolor en su costado, soltando un ligero quejido en el proceso.

Ella alzó su cabeza para mirarlo. "Lo siento."

"No te preocupes. Me lo merecía por haberme portado como un patán contigo y por haberte asustado." Él respondió mientras apretaba su costado con su mano libre.

"Creo que tal vez puedo ayudarte para que olvides por un momento el dolor."

"¿Cómo? Me gustaría saberlo." Él preguntó todavía quejándose ligeramente.

Ella tomó gentilmente su rostro en sus manos y lo besó tiernamente en los labios. Riza sabía que esto era arriesgado pero después del susto que vivió de pensar que él estaba muerto, ella no perdería la oportunidad de asegurarse de que él seguía a su lado. Cuando los dos se apartaron ligeramente para tomar aire, sonrieron ligeramente.

"Definitivamente me encanta esta medicina, es mucho mejor que las inyecciones." Él dijo antes de robarle otro beso a Riza mientras la abrazaba.

Cuando se separaron nuevamente, ella acarició gentilmente su mejilla lastimada. "Me alegra que funcione, pero me temo que será mejor que regrese a mi puesto antes de que Havoc o alguna enfermera regrese."

Roy puso una cara de puchero que hizo sonreír a Riza. "En serio, no tienes remedio, te sigues comportando como un niño a pesar del tiempo." Se inclinó nuevamente y lo besó.

"¿Y así te sigo gustando?" Roy preguntó con un tono juguetón después del beso.

Ella decidió ignorarlo y comenzó a pararse, pero Roy la detuvo. "Gracias, Riza."

Riza asintió y antes de pararse, besó su frente. "Regresaré a mi puesto. Si necesita algo, por favor, hágamelo saber, Señor."

Roy suspiró, odiaba tener que regresar a la misma rutina de siempre, pero estaba consciente de que estaban expuestos a que alguien los viera. "Gracias, Teniente."

"Por favor, intente descansar, Señor."

"Lo intentaré." Él respondió esbozando una ligera sonrisa.

Ella le regresó la sonrisa. "Por cierto, Señor, ¿todo salió bien con Edward?" Ella preguntó antes de retirarse.

"En efecto, Teniente. El malentendido con Acero está solucionado, aunque eso no quiere decir que va a dejar de comportarse como un mocoso malcriado." Roy bromeó.

"Bueno, tal vez lo haría menos si usted no lo provocara. Sabe lo explosivo que Edward puede llegar a ser, sin mencionar que él se encuentra en una edad difícil."

"Vamos, Teniente, es divertido hacer enojar a ese chico. Además, todos hemos pasado por la adolescencia y ni siquiera es mi culpa que sea tan bajito." Roy sonrió traviesamente.

Riza negó con la cabeza. "A veces me pregunto si usted ya superó esa etapa, Señor."

Roy frunció el ceño. "¿Por qué lo dice, Teniente?"

"Porque a veces se le olvida que usted es el adulto y se comporta igual o peor que Edward."

Roy cruzó sus brazos. "No lo haría si ese malcriado no me sacara de mis casillas. Otra cosa sería si se comportara como Alphonse, ese muchacho sí sabe comportarse. Incluso a veces me sorprende que sean hermanos con lo diferentes que son."

"Bueno, el hecho de que sean hermanos no quiere decir que tengan el mismo carácter. Tal vez uno heredó el de su padre y el otro el de su madre o una combinación de ambos. Pero a pesar de sus diferencias de carácter, son realmente muy unidos y eso me alegra." Ella dijo sonriendo ligeramente al final.

Él asintió. "Sabe, Teniente, Acero me agradeció por haber salvado a Alphonse y, por sorprendente que suene, fue sincero conmigo al contarme lo preocupado que estaba al saber lo que había pasado ya que Alphonse es el único lazo sanguíneo que le queda. Bueno salvo su padre, pero por su comportamiento, puedo decir que no es muy adepto a él y no lo culpo, probablemente yo sentiría lo mismo si mi padre hubiera abandonado a mi madre. No puedo creer que existan tipos que hagan eso." Roy dijo esto último con ligera molestia.

"Desafortunadamente los hay, Señor. Pero al menos Edward y Alphonse son unos buenos muchachos que, a pesar de las adversidades, han salido adelante y que siempre se procuran y apoyan mutuamente." Dijo Riza, internamente sintiendo admiración y cariño por los muchachos. "Me alegra que se haya solucionado el malentendido." Agregó.

Él asintió. "A mí también. No sería nada bueno tener a un adolescente enfurruñado arruinando mis planes." Dijo bromeando al final.

"Bueno, Señor, será mejor que lo deje descansar. Si necesita algo, hágamelo saber por favor." Dijo Riza mientras se retiraba.

"Gracias, Teniente, por todo." Roy dijo encontrando por un momento la mirada castaña de Riza.

Ella asintió y finalmente se retiró de la habitación. Por su parte, Roy se recostó y cerró sus ojos, reviviendo los besos que había podido robarle a Riza hace unos minutos mientras esbozaba una sonrisa. Sin darse cuenta, el sueño lo reclamó poco después.

Riza retomó su asiento en la entrada de la habitación y comenzó a trabajar con el papeleo que había traído. En su mente comenzó a analizar las palabras de Roy, acerca de no rendirse y seguir adelante, si no por sí misma, al menos para seguir trabajando para crear un país mejor para su hijo. Ella suspiró al recordar a su hijo. Hijo mío, a pesar de no estar a tu lado siempre pienso en ti, aunque perdí ese derecho en el momento en que te abandoné, no puedo evitar hacerlo. Discúlpame por darme por vencida, me impactó mucho la idea de perder a tu padre pero él tiene razón, aún tengo muchas cosas que hacer para asegurar un futuro mejor para ti. A pesar de que tu padre no tuvo la dicha de conocerte, siempre está pensando en ti y en crear un mundo mejor para ti y para todo Amestris. Siempre ha sido un soñador desde que lo conozco. Me pregunto si tú también lo serás y si lo eres, deseo que no seas igual de ingenuo que nosotros. Mientras tanto, los dos seguiremos luchando codo a codo por ese sueño, por ti y por todo el país.