PARTE 2 La Delincuente de Verone

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"¿Entonces dices que tu compañera fue atacada?" Preguntó Sanae mientras bebía té con su nieta en el jardín. Era una linda noche estrellada de primavera.

"Sí. No cayó dormida por la energía oscura de los Zakenna", explicó Honoka luego de un sorbo a su taza de té. Ese sabor suave, fresco y amargo le sentaba tan bien al cuerpo.

"Oh… Entonces ella…"

"Sí, fue atacada por el monstruo. Se defendió bien al principio, me sorprendió bastante, pero eventualmente fue superada por el monstruo", siguió contando los hechos de ese día. "Me encargué de la criatura y sólo le expliqué lo básico y que debía cuidarse. Tuve que avisarle que se cuidara porque seguirían atacándola", suspiró y miró el lindo cielo estrellado. Sin duda era una muy hermosa noche de primavera. "Yo la protegeré".

"Buen trabajo, Honoka", dijo Sanae y le dio un cariño en el cabello a su nieta. "Lamento que seas tú quien tenga que terminar el trabajo que yo no pude".

"No te preocupes por eso, abuela, hago esto porque quiero, tú nunca me obligaste a nada", Honoka respondió con una sonrisa suave. Además, si debía ser sincera, la idea de descubrir algo fuera de ese mundo era demasiado emocionante. Felizmente tomó el trabajo porque incluso ese peligro era emocionante de muchas maneras. Pero no decía esos pensamientos en voz alta, no quería que su abuela se preocupara más de lo que ya estaba. "Me cuidaré bien y haré todo lo posible por terminar ese asunto, abuela. Además tengo la ayuda de ésta pequeña", dijo mientras sacaba un teléfono con apariencia de juguete de su bolsillo. "Confía en mi".

Sanae sonrió y asintió en silencio. No era como si tuviera el poder de detener el espíritu libre de su nieta, lo único que podía hacer por ella era darle las herramientas que necesitaba para defenderse y confiar en que la pequeña le prestaría su fuerza. Por supuesto que también le preocupaba la situación de esa chica Misumi Nagisa, sobretodo porque ella parecía ser la pieza que faltaba. Lo último que ambas querían era meter a alguien más en ese desastre, pero los engranes ya estaban girando.

Sólo les quedaba esperar.

Mientras tanto, en casa de los Misumi, Nagisa estaba tumbada en su cama. Miraba el techo de manera ausente. Ya se había duchado, arregló sus útiles para las clases del día siguiente, cenó y estaba lista para descansar pero no podía pegar el ojo. No todavía. En su cabeza se seguía repitiendo lo sucedido durante la hora del almuerzo. Ese monstruo oscuro fue aterrador, pero en ese momento ya no sentía miedo.

Sin darse cuenta de sus propios movimientos, levantó su mano y la miró, aún podía sentir en su palma el cálido tacto de Yukishiro Honoka. Nagisa en especial era una persona muy física con sus amistades, de hecho se la pasó colgada de Shiho y Rina para el final de ese día, y además el equipo de lacrosse le dio una cálida bienvenida y muchas palmadas en la espalda, la despeinaron más de una vez. A Nagisa no le molestaba el contacto físico con sus amigas, pero el contacto físico con Yukishiro Honoka fue distinto. No podía borrar esa sensación de su piel. No pudo evitar un sonrojo.

Suspiró hondo y decidió apagar las luces y meterse a la cama. Se entretendría con su teléfono mientras le ganaba el sueño.

Le gustaba ver videos de animales mientras repartía Likes a fotos de comida en Insta, ya había intercambiado contacto con sus primeras amigas y también con el equipo completo de lacrosse, incluida la entrenadora, así que mensajes no le faltaban. Era divertido, era todo lo que había imaginado para sus primeros días como alumna transferida. Además respondía los mensajes de sus amistades de su antigua escuela.

Toda esa noche sería perfecta de no ser por ese asunto de los monstruos. En serio, ¿qué diablos fue todo eso? ¿Zakennas? ¿Energía? ¿Yukishiro Honoka peleando a mano limpia contra ese monstruo? ¡Era totalmente increíble! De no haber visto todo con sus propios ojos no lo creería. Revisó una vez más la zona de su brazo donde el monstruo la hirió, la visión de su propia sangre fue aterradora cuando pasó pero en ese momento ya no sentía ni una pizca de miedo, sólo los nervios normales de alguien que había visto algo que para nada era normal y mucho menos corriente.

Suspiró hondo y decidió dejar de pensar en eso, debía dormir, fue un día largo y aterrador.

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Al día siguiente, tanto Nagisa como Honoka se alistaban para ir a la escuela, Honoka un poco más temprano que Nagisa por mera costumbre para ayudar a su abuela con el desayuno y su propio almuerzo. Una vez se arregló, desayunó y alistó sus libros y libretas del día, Honoka estaba lista para partir, pero nunca se atrevía a salir de casa sin su letal arma que también era su amuleto de la buena suerte: el pequeño teléfono de juguete plegable dentro de un estuche y un set de cartas en blanco. Lo colgó en su falda por debajo de su suéter y salió de casa.

Por su lado, Nagisa cargaba su mochila adicional con su equipo de lacrosse y su red en una mano. Era una red reforzada que su padre le regaló en su cumpleaños pasado. Bastante valiosa, cabría decir, la cuidaba con su vida y era su favorita. Una feliz Nagisa siguió el camino a su nueva escuela, pero en el tren nuevamente recordó lo sucedido el día anterior.

No quería que otra cosa de esas la atacara pero Yukishiro dijo que ella la cuidaría, ¿verdad? Su compañera de clase se veía muy confiable… Y además fue muy amable con ella luego de la pelea… Y su mano era muy cálida… Y su sonrisa era extremadamente linda. Pensar en eso hizo que sus manos se frotaran entre sí, como tratando de recrear la sensación de las manos ajenas en las suyas, sin lograrlo. Bajó en la estación que le tocaba y siguió su camino a la escuela, era buena hora.

Se detuvo en un último semáforo y esperó la luz para pasar. Otros alumnos esperaban junto con ella, pero fue una voz masculina lo que la hizo girar ligeramente el rostro. A su lado se detuvo el futbolista del que Shiho y Rina le contaron… ¡Era Fujimura Shougo! ¿En serio era tan alto? Estaba justo a su lado, un vistazo y supo que le llegaba al chico al pecho. El futbolista hablaba con un amigo suyo, ambos reían y platicaban de algo a lo que no puso mucha atención. Tenerlo así de cerca le permitió oler su colonia. ¡Olía tan bien!

Sin querer suspiró y bajó la cabeza para componerse. Ese chico sin duda tenía todo lo que una chica podía pedir, eso era definitivo. Sonrió por lo bajo, sintió sus mejillas calientes por culpa de la emoción. Podía tachar de su lista el tener un lindo enamoramiento con un chico. Tan feliz estaba que no percató cuando el semáforo cambió de color y todos comenzaron a cruzar. Para cuando se dio cuenta ya todos se habían adelantado, así que se apresuró a cruzar la calle antes de que los autos avanzaran de nuevo.

Justo en ese momento el futbolista, Fujimura Shougo, miró hacia atrás por encima de su hombro. Miraba en su dirección e incluso sonrió. ¿La estaba mirando a ella? Nagisa se sintió más roja y su emoción se disparó hasta el cielo cuando el chico habló.

"¡Hey!" Saludó el futbolista con visible emoción.

Nagisa levantó torpemente la mano y estuvo a nada de responder el saludo, pero justamente alguien un poco más atrás de ella le contestó al futbolista. Nagisa conocía esa otra voz muy bien.

"¡Hola!" Le respondió Honoka al chico con una sonrisa, pero no hizo nada para alcanzar a sus amigos. Siguió caminando al paso que llevaba.

"¿Nos veremos en el Consejo Estudiantil?" Preguntó Shougo en voz alta y con una sonrisa amplia en el rostro.

"Ya lo veremos", respondió Honoka, juguetona.

"Seguro que te eligen de nuevo como representante de tu grupo, Honoka-chan", dijo Kimata, el chico junto a Fujimura y el otro amigo de la infancia de Honoka. Los tres rieron y ambos se despidieron de la chica para adelantarse a la escuela.

Nagisa se quedó callada ante la escena. ¿Yukishiro Honoka era amiga del futbolista que llamó su atención? ¿El chico que era el ídolo de toda la escuela? Miró a su compañera y ésta le saludó educadamente con una inclinación, haciendo respingar a Nagisa sin querer. Pese a notar esto último, Honoka decidió no decir nada al respecto.

"Buenos días, Misumi-san".

"Buenos días, Yukishiro-san", respondió la jugadora de lacrosse de manera nerviosa.

No hubo más intercambio de palabras, luego de su sencillo saludo fue Honoka la que apresuró el paso para adelantarse. No que Honoka quisiera ser fría con su compañera, si no que por experiencia propia, sabía que estar juntas no era muy seguro. Misumi ya estaba en suficiente peligro como para aumentar las probabilidades de meterla en problemas si se quedaba a su lado. Ganas no le faltaban de conocerla mejor, caminar a su lado, platicar y, quizá, ser su amiga. Misumi Nagisa le parecía una persona muy interesante pero era mejor mantener la distancia.

Nagisa no tuvo mucho tiempo para pensar en lo que acababa de pasar, Shiho y Rina la alcanzaron y las tres caminaron juntas a la escuela. Gracias a eso Nagisa rápidamente se olvidó de su propia pena y nervios.

Al llegar al salón, las tres jugadoras tuvieron poco tiempo para seguir conversando, el profesor Terada llegó y todos se acomodaron en sus asientos. Luego de pasar lista, era hora de elegir quién sería el presidente de la clase. Al escuchar eso, Nagisa miró de reojo a su compañera Yukishiro. Por lo que los futbolistas dijeron en la mañana, ella había sido presidenta de la clase el año anterior, ¿verdad? ¿En serio la eligieron incluso con los rumores de que era una chica de cuidado? Quizá todo era por culpa de una mezcla de miedo y respeto. O también porque ella sin duda era la más lista y responsable de la clase, parecía del tipo confiable además.

La votación fue rápida y, para sorpresa de nadie, ni siquiera de la alumna recién transferida, Yukishiro Honoka fue elegida como Presidenta de la clase y ésta humildemente aceptó el puesto sin poner ningún pero. Se levantó, dio las gracias a sus compañeros y el aplauso de felicitación de parte del grupo fue… Raro. No descortés, sólo se sintió raro. Honoka sabía por qué y no le molestaba, Nagisa ya sabía por qué y se sintió un poco mal por ello.

Yukishiro Honoka no era una mala persona.

Un momento, justamente le llegó a la mente que quizá era por esas peleas contra esos monstruos que las cosas se confundieron. Quizá todo era un malentendido y Yukishiro Honoka no era como decían los demás, ¿verdad? Pensaba en ello cuando el profesor Terada anunció que estaba por comenzar la clase de historia. Nagisa ya estaba en lo suyo sacando sus cosas y sin querer miró a un lado, a su compañera Yukishiro. Debía admitirlo, tenía un perfil muy lindo, femenino y elegante. Además su cabello brillaba bastante, se veía realmente genial con sus gafas puestas y además Shiho y Rina le dijeron que ella era la lista de la clase. ¿Cómo podía una chica ser tan condenadamente bonita? Pensar en eso la puso un poco nerviosa.

Un simple pensamiento asaltó a su mente entre más miraba a su compañera.

Si yo fuera un chico, definitivamente Yukishiro-san sería mi tipo…

Al notar que Yukishiro estaba por levantar la mirada, Nagisa rápidamente giró su vista al frente justo a la pizarra, fingiendo que estaba poniendo atención a lo que escribía el profesor. Se sentía demasiado roja por culpa del pensamiento que le asaltó la cabeza, ¡no podía creerlo!

Por su lado, Honoka estaba más que acostumbrada a sentir miradas encima, tanto de los que la admiraban como de quienes le tenían cierto recelo por su fama de delincuente escolar, y también estaban las miradas que llegaban desde las peligrosas sombras de la escuela, pero ésta vez la mirada de sintió distinta. Seguramente su compañera pensaba en lo sucedido el día anterior, podría ser, o quizá sólo era curiosa y nada más. Como sea, la mirada le agradó.

La clase comenzó y el día escolar siguió su curso normal. Precisamente durante ese primer día de clases formales, Nagisa confirmó que Yukishiro Honoka era la nerd del grupo. Respondía bien a todas las preguntas, no era demasiado participativa por sí misma pero cada que los profesores se dirigían a ella, Yukishiro nunca dudaba en responder. Ni siquiera los otros alumnos que se veían igual de listos parecían tan seguros como ella.

Por su lado, Honoka y el resto del grupo descubrió, de manera graciosa, que efectivamente Misumi Nagisa estaba en Verone por su excelencia atlética y nada más. Sus conocimientos académicos eran apenas suficientes, más de una vez se equivocó en sus respuestas y más de una vez la atraparon distraída mirando por la ventana en lugar de poner atención a las clases. Nagisa ya se sentía como en su antigua escuela gracias a las risillas poco discretas de sus nuevas amigas y el resto de sus compañeros de clase.

Sin embargo, notó, Nagisa que Yukishiro Honoka no se rió en ningún momento y eso por alguna razón la puso más nerviosa. Es decir, siendo Yukishiro alguien bastante lista, seguramente alguien tan tonta como ella misma no le caía en mucha gracia.

Por alguna razón ese pensamiento no le agradó.

Llegada la hora del almuerzo, sucedió casi lo mismo que el día anterior. Honoka se retiró sin que nadie se diera cuenta y Nagisa con sus nuevas amigas se juntaron para comer, ésta vez Nagisa les pidió si podían comer en el salón y las chicas aceptaron de buena gana.

"¡Nagisa, tu red es fantástica!" Exclamó Shiho entre bocados mientras señalaba la red de lacrosse de Nagisa. "Esas sólo las vi en unas revistas".

"Yo quería una pero ya no alcancé, eran de edición limitada y se agotaron rápido" Continuó Rina con un gesto lleno de envidia.

"Sí, mi papá la consiguió de alguna manera", Nagisa no pensaba decir que precisamente la publicidad que aparecía en las revistas se hizo en la agencia de publicidad donde casualmente trabajaba su padre. Le permitieron quedarse con una de las redes que se usaron en las fotos en cuanto mencionó que tenía una hija jugadora de lacrosse y que pronto sería su cumpleaños. "Desde entonces es la única que uso, tengo un par más de repuesto pero la verdad prefiero ésta, es más ligera y firme".

Y mientras platicaban de todos esos temas que las tres tenían en común y tanto les gustaban, Nagisa vació su caja de almuerzo y nuevamente se quedó con hambre, aunque ésta vez tuvo que resistir a ir por más comida, claramente recordando lo sucedido el día anterior. Para fortuna suya, sus amigas también quedaron con hambre y las tres fueron a la cafetería a comprar algunos extras para llenar el tanque. Necesitarían energía adicional para la práctica de la tarde.

Por su lado, Honoka se encontró con una escena que lamentablemente era bastante habitual en cualquier escuela. Acostumbrada a vigilar desde las zonas menos pobladas a esa hora, encontró a unos chicos que precisamente aprovechaban la soledad de algunos de los pasillos para cometer sus fechorías. Un par de chicos, bastante grandulones de segundo grado, estaban molestando a uno de los de recién ingreso. Por lo que Honoka alcanzó a escuchar, querían tener al chico en calidad de recadero y, clásico del manual del abusón de escuela, hacer que les comprara comida con su propio dinero.

La chica frunció el ceño y simplemente caminó hacia el par de abusadores y su pobre víctima. Sin mediar palabra alguna, se metió entre el par y el chico de primero, incluso empujó a los dos grandulones con firmeza con su hombro y les dirigió una mala mirada capaz de amedrentar. El par de chicos fruncieron el ceño y estuvieron a punto de decirle algo a la entrometida, pero…

"Quítenle los ojos de encima, éste es mío", advirtió Honoka al par mientras sujetaba al alumno de primero por el suéter.

"¡Oye, Yukishiro, no te metas en─!" Uno de los chicos intentó decir algo, pero la chica le sujetó por el cuello de la ropa y lo empujó con su mano libre usando una fuerza que nadie creería capaz en alguien de la complexión de Yukishiro. El chico quedó de espaldas al muro. "¡Ack!"

"Largo", ordenó Honoka con firmeza. Los chicos se miraron entre sí, musitaron lo que claramente eran groserías y se fueron, dejando al chico de primer año a su suerte.

Éste, por cierto, no supo exactamente qué hacer o qué decir, ya había quedado lo suficientemente asustado por el otro par y ahora estaba en la mira de alguien que parecía más peligrosa. Sólo apretó los ojos mientras maldecía su suerte, cuando sintió un empujón más bien ligero. Abrió los ojos y miró a la chica de segundo, ya lo había soltado.

"Ve a almorzar a los jardines, hace un hermoso día", dijo Honoka con un tono de voz igualmente firme pero más calmada.

"Ah…"

"Vete de aquí o en serio me encargaré de ti", advirtió enseguida, haciendo que el chico asintiera nerviosamente y saliera corriendo. Honoka siguió su camino a su sitio de vigía de costumbre para almorzar.

Si algo había aprendido Honoka durante su primer año, era que defender a "los débiles" (no le gustaba ese término, por cierto) a menudo resultaba contraproducente porque los abusadores volvían a buscar a la víctima para arremeter con más fuerza ya que no tenía a su figura salvadora cerca. ¿Y qué debía hacer uno para enfrentar a una jauría de adolescentes con las hormonas alborotadas que buscaban imponerse? ¡Pues ser una fiera más peligrosa, desde luego!

Los abusadores de escuela, chicos y chicas por igual, toparon muro con Honoka casi desde su primer año. Ser la defensora del débil no siempre resultaba bien, así que optó por otra estrategia que le funcionó mejor. Además, lidiar con abusadores escolares no se comparaba a luchar contra seres oscuros.

Por cierto, sintió cierto alivio al ver que ésta vez nada atacó durante la hora del almuerzo. Y hablando del almuerzo, se quedó viendo su caja de comida que estaba a medio vaciar. Por alguna razón, la idea de darle lo que quedaba de su comida a la chica nueva del salón era linda. Sonrió sin poder contenerse y siguió vigilando desde su sitio. Una brisa fría, remanente del invierno que recién acabó, sopló y meció gentilmente su cabello. Le agradaba la sensación.

No había nadie más ahí, normalmente sus compañeros no se le acercaban y sus amigos futbolistas eran sus amigos de la infancia pero no era como si se juntaran mucho o fueran excesivamente cercanos. Y hablando de los ataques, no era como si sucedieran a diario, pero temía que ahora que había otra presencia de Luz en la escuela, esto comenzara a atraer a más criaturas.

Lo mejor era moverse un poco por los alrededores y no estar tan lejos de la acción, en caso de que algo ocurriera, claro. Esperaba que no aunque sabía que sí.

Y sucedió.

Luego de clases, justo cuando Honoka iba camino al Club de Ciencias, sintió un débil pero claro impulso oscuro a no mucha distancia de donde estaba. Apretó los puños y corrió siguiendo solamente ese instinto dentro de su pecho. Nunca le fallaba. En uno de los jardines traseros, un alumno de primer año comenzó a comportarse extraño. Lo que el pobre no sabía era que estaba siendo contaminado por una pequeña oleada de energía Oscura. No lo suficientemente potente como para tomar forma de Zakenna, pero sí con la intensidad adecuada como para contaminar severamente a un humano y privarlo de su voluntad.

Para cuando Honoka llegó, el cuerpo del pobre chico estaba teñido con una neblina oscura, su mirada estaba igualmente oscurecida y no podía hablar, mucho menos razonar. Honoka apretó la quijada apenas el chico poseído le miró y se puso en posición de ataque. Lo único que Honoka podía agradecer era que no hubiera nadie más alrededor. Tomó aire y mientras el chico corría hacia ella con la clara intención de atacarla, Honoka tomó el teléfono de juguete y bastó con abrirlo para que éste se transformara en el brazalete blanco. Dicho brazalete era el que disparaba de manera exponencial sus habilidades físicas y también despertaba esa chispa de Luz pura dentro de su cuerpo. Así debía ser si quería pelear contra la Oscuridad.

Ésta vez la Oscuridad había poseído a otro alumno. Con suerte nadie la vería ésta vez.

La pelea comenzó casi de inmediato.

Por su lado, Nagisa estaba bastante contenta con el ambiente en el nuevo equipo. Los uniformes lucían geniales, eran de color negro. La capitana era severa pero agradable y la entrenadora era una exjugadora profesional de lacrosse, la conocía, y a su vez era la profesora de Educación Física de la escuela. ¡No podía creerlo! ¡Estaba tan emocionada que casi se le había olvidado la locura que pasó el día anterior!

Y lo recordó todo al momento en que hacía de recadera e iba a la sala de Maestros a dejar unos documentos que la entrenadora le pidió. Se perdió un poco porque aún no conocía la escuela en su totalidad, así que terminó en uno de los jardines traseros sin realmente buscarlo. No estaba muy segura de cómo llegó ahí pero lo que se le presentó fue una escena totalmente inesperada.

¡Honoka Yukishiro estaba peleando contra un alumno!

Por su lado, Honoka percató la presencia de Nagisa de inmediato. Le miró de reojo pero sólo por medio segundo, ¡no debía descuidarse! El alumno poseído la atacaba con una velocidad y fuerza claramente anormales, influencia de la energía oscura. Honoka no quería dañar a su compañero pero tampoco podía permitir que fuera con otros alumnos y los lastimara. Ya había sucedido antes.

Usando movimientos más cuidadosos, trataba de alejarlo, someterlo, evitar que su cuerpo se dañara mientras dejaba que la energía de Luz dentro de su cuerpo se aglomerara en el adorno con forma de corazón en su brazalete. El chico soltaba un golpe tras otro, los puñetazos tenían la suficiente potencia como para hacer agujeros en el suelo e incluso romper rocas. Por su lado, Honoka saltaba, se agachaba y evadía con movimientos tan veloces que era difícil seguirla a simple vista. Para la única testigo de la pelea, era obvio que Yukishiro Honoka hacía todo lo posible por no atacar al chico, se mantenía a la defensiva en todo momento por una razón que no conocía.

"¡Yukishiro-san!" Exclamó Nagisa con horror al ver que ésta evadió un peligroso ataque de energía oscura por casi nada. No fue complicado darse cuenta de la energía oscura que rodeaba el cuerpo del chico apenas lo vio. Además éste tenía sus ojos oscurecidos y esos saltos y movimientos estaban más allá de lo humano, seguramente estaba relacionado con lo sucedido el día anterior. "¡Cuidado!" Esa pelea era demasiado rápida.

"¡Estoy bien! ¡No vayas a acercarte o te atacará!" Avisó Honoka con voz firme y sin descuidar la batalla. Detestaba cuando sus compañeros eran poseídos, ¡no quería que nadie saliera dañado! Apretó los dientes y aprovechando un descuidado ataque de su oponente, lo tomó por el brazo y lo puso de cara al suelo con una firme llave. "Vamos, aguanta sólo un poco más", murmuró para sí misma mientras miraba constantemente el adorno de corazón en su mano, una vez éste brillara estaría listo para el ataque final. Un buen choque de luz pura era suficiente para expulsar la oscuridad de las personas poseídas.

De repente, se escucharon voces de alumnos que se acercaban. Tanto Nagisa como Honoka miraron en dirección de dónde venían las voces, la distracción fue suficiente para que el chico poseído usara su anormal fuerza con un movimiento repentino y se deshiciera de la llave, dándole una poderosa patada a Honoka por medio rostro. Ésta pudo saborear su propia sangre. Los golpes no le eran nuevos, sí dolían pero nada que la derribara en realidad. Podía presumir a sus anchas la resistencia de la que era dotada a la hora de pelear.

"¡Yukishiro-san!"

Mientras Honoka se recuperaba del brutal golpe, Nagisa respingó al ver que el chico miraba en dirección de las voces para enseguida girarse hacia ella y lanzarse a atacarla. La primera reacción de Nagisa fue correr pero no precisamente por miedo, más bien era porque tampoco quería que alguien más saliera lastimado. Recordó lo que Yukishiro le comentó, que ella sería la siguiente en estar en peligro, así que al menos podía servir de cebo por unos momentos mientras su compañera de clases se recuperaba, ¿verdad?

"¡Por aquí, vamos!" Gritó Nagisa al chico poseído y aceleró el paso. No tenía empacho en presumir de su velocidad superior. Con paso rápido, corrió hasta llegar a los límites de la escuela esperando que no hubiera nadie en los alrededores, ¡necesitaba un tour por la escuela, no sabía dónde se encontraba!

Lamentablemente, al igual que el día anterior, el enemigo le dio alcance y Nagisa evadió por un pelo un puñetazo del chico, cayó de espaldas al suelo y las hojas que tenía en las manos salieron volando, por instinto se cubrió el rostro con ambos brazos y esperó el golpe.

Y de nuevo, dicho golpe no llegó.

Sintió el peso de algo suave sobre su cuerpo y un aroma que sólo podía describir como delicioso. Abrió los ojos y se asomó entre sus brazos, a quien tenía encima era a Yukishiro Honoka. Muy cerca. Terminaron mirándose cara a cara de hecho. Tragó saliva, se puso roja hasta las orejas.

"¿Yukishiro-san?"

Honoka le dirigió una mirada suave y una sonrisa, aún tenía sangre en el rostro, se le notaba un gesto adolorido que disimulaba sin demasiado problema con ayuda de algo de calma habitual.

"¿Estás bien, Misumi-san?"

"¡S-sí, gracias!"

Lo que pasó pero Nagisa no vio y que era fácil de deducir, fue que Honoka tuvo que correr a toda velocidad detrás de ellos, se metió entre su compañera y el atacante y ambos se golpearon entre sí, el poseído con un golpe a dos manos en su espalda que la aplastó contra la otra chica, y Honoka respondiendo con una patada que tuvo que dar con fuerza para alejar al chico.

Ninguna de las dos tuvo tiempo de contemplarse más tiempo, notaron cuando el brazalete de Honoka brilló con intensidad y ésta última sonrió.

"Todo terminará pronto, ya verás", dijo Honoka con recuperada confianza y se levantó de inmediato. El poseído se abalanzó de nuevo sobre ella de manera brusca y descuidada, Honoka simplemente tuvo que someterlo con un preciso movimiento, incluso usó sus piernas, todo a manera de dejarlo quieto y tener ella el brazo izquierdo libre.

Sin mayor ceremonia, Honoka puso su mano en la espalda del alumno de primer año y disparó toda su energía de Luz acumulada en el brazalete. Nagisa pudo ver en primera fila como unas raras estrellas negras salían expulsadas del cuerpo del pobre chico y éstas desaparecían entre las sombras de los alrededores. La única diferencia ésta vez, fue que no vio que las heridas de Yukishiro Honoka ni los hoyos en el suelo desaparecieran. Eso alarmó a la atleta.

"¡Yukishiro-san! ¿Estás bien?" Se levantó de inmediato para tratar de ayudarla en algo, lo que fuera. Yukishiro asintió a su pregunta y con sencillas indicaciones le pidió que le ayudara con el alumno de primero. Entre ambas acomodaron al chico bajo un árbol. Notó a su compañera atribulada. "¿Yukishiro-san?"

"Tardará un poco en despertar, espero no haberlo lastimado mucho", dijo Honoka, agravada. Sin desaparecer su brazalete aún, puso ambas manos en los hombros del chico y concentró la energía de Luz que le quedaba para poder curarlo. Le dio una buena patada en la zona del costillar después de todo, conocía su propia fuerza.

Nagisa abrió los ojos con sorpresa, con una incredulidad que no podía ocultar. ¡En serio no podía creerlo! No pasó mucho antes de que el alumno de primero recuperara el color de su rostro y comenzara a moverse un poco, casi amenazando con despertar. Honoka respiró de manera honda, visiblemente cansada, pese a eso le sonrió a su compañera.

"Estará bien, y yo también en todo caso, esto se curará más pronto que tarde, te lo aseguro", dijo Honoka a manera de tranquilizar a Misumi. "Yo me encargo de él, veo que tu ibas a algún lado", dijo, señalando los papeles tirados.

"¡Diablos!" Nagisa de inmediato fue a recogerlos. Por suerte ninguno se arrugó ni se ensució. Notó cuando Yukishiro le ayudó a levantarlos y se sintió agradecida por ello. En serio todo eso era una locura, quería y no quería saber de qué se trataba el asunto. La idea de que Yukishiro hiciera esas cosas peligrosas terminó por preocuparla más de lo que debería, o eso pensó. "¿En serio estarás bien?"

A Honoka la tomó por sorpresa esa pregunta, de todos modos le sonrió y le devolvió los papeles que recogió del suelo.

"Quizá no te consuelen mis palabras, pero he estado peor", respondió con una sonrisa. "En serio no me molesta, me curo más rápido que una persona normal", miró al chico. "Él despertará pronto, deberíamos irnos", la animó a retirarse de la zona. "No recordará lo que pasó, así que estaremos a salvo de cualquier rumor", dicho eso, respiró hondo para recuperar el aliento, quedó agotada. Curar le pedía bastante energía, y no que le quedase demasiada luego de usar la Luz necesaria para purificar el cuerpo de la víctima en turno.

"Esa pelea fue demasiado fuerte, Yukishiro-san, deberías cuidar más de tu cuerpo y─". Decidió callar, en serio no quería meterse en esos asuntos, era demasiado aterrador además de peligroso. Notó cuando su compañera se limpiaba el rostro con su pañuelo. "Sólo ten cuidado, ¿de acuerdo? Eres la presidenta de la clase, debes dar el ejemplo", fue lo único que atinó a decir. Cerró los ojos para calmarse, por alguna razón estaba nerviosa. Además, recordar la cálida sensación del cuerpo de Yukishiro Honoka encima del suyo poco le ayudaba. Se sonrojó sin querer.

Honoka sonrió.

"Lo haré. Gracias, Misumi-san", respondió y le dedicó una dulce sonrisa.

Una sonrisa que tuvo un efecto devastador en Nagisa. Ésta no estaba segura de porqué, pero sintió sus mejillas más calientes y tuvo que mirar a un lado. Asintió torpemente.

"Debo irme o se preguntarán porqué estoy tardando tanto", murmuró Nagisa.

"Y yo debo ir al club de ciencias", y ya iba un poco tarde, por cierto, pero a esas alturas del partido nadie más que los profesores la cuestionaban. Que le temieran más de lo que la respetaban tenía muchas ventajas. "Oh, cierto, antes de que lo olvide", miró a su compañera antes de separar caminos en un pasillo, "esas criaturas sólo atacan en la escuela, así que puedes ir a casa tranquila".

La información hizo que Nagisa levantara la cabeza y pusiera atención. Asintió un par de veces, se le notaba aliviada. La verdad no le había pasado esa posibilidad por su cabeza, pero ahora que lo sabía, podía sentirse más tranquila. Por un momento quiso preguntar más sobre el asunto y de nuevo se detuvo a sí misma. No debía y no quería involucrarse, además Yukishiro tenía todo bajo control, ¿verdad? No parecía necesitar ayuda y no tenía en planes estorbarle.

El par se despidió con un sencillo gesto y cada una se fue por su lado, Honoka con rumbo al laboratorio en el tercer piso del edificio y Nagisa a la sala de profesores a dejar los documentos en el escritorio de la entrenadora Matsumoto.

"Le hubiera ofrecido el resto de mi almuerzo", se dijo Honoka a sí misma mientras subía las escaleras con un paso un poco más lento del normal, culpa del cansancio. "Me gusta verla comer, pone gestos bastante lindos", murmuró con una sonrisa linda.

Quizá sería una mejor idea comer el resto de su comida ella misma ya que estaba falta de energía.

Por su lado, Nagisa tuvo un buen inicio en el club de lacrosse. Demostró a todas la razón por la que había sido reclutada: su gran habilidad física. Velocidad, resistencia, respuestas rápidas y adaptabilidad. Todos los que estaban en esa escuela eran genios, especialistas en sus áreas, ya fuera deportes, artes o temas meramente académicos. Nagisa era una goleadora muy instintiva a la hora de moverse por la cancha. Impresionó a todas de buena manera.

Ya de regreso a casa, al verse por su cuenta en el camino y con el tiempo para pensar, a Nagisa de nuevo le llegó a la mente la pelea que vio luego de clases. Yukishiro Honoka se metió en su cabeza una vez más. Cualquiera fuera el asunto que la tenía peleando parecía peligroso, ¡además lo hacía sola! ¡Era una locura! Por si eso fuera poco, ahora Yukishiro debía protegerla porque de alguna manera atraía a esas criaturas. Eso era doble trabajo, ¿verdad? Definitivamente su compañera no necesitaba más problemas de los que ya tenía.

Se dio unos topes en la cabeza con la mano derecha, la izquierda la tenía ocupada cargando sus cosas. No estaba de más decir que se encariñó rápido con las chicas de su equipo, pero ni loca dejaría su amada red de lacrosse de edición limitada en la sala de club como hacían varias para no cargar tanto, ¡era muy valiosa!

"Ella… Ella tiene la misma edad que yo, debería estudiar y hacer todas esas cosas que hace la gente lista", murmuró Nagisa para sí misma. Admitía estar preocupada. "Esas criaturas son peligrosas y ella puede lastimarse", continuó hablando para sí misma sin dejar de caminar, miraba el suelo mientras pensaba en exceso como era su buena costumbre cuando algo la preocupaba.

Apretó su red, no pudo evitar el siguiente y sincero pensamiento:

Me gustaría ayudarla.

Abrió los ojos una vez más y ésta vez sí miró al frente, tampoco quería terminar de cara contra un poste como solía pasarle al estar distraída. Besar postes de luz no era lindo. Sus pensamientos seguían un poco revueltos pero lo último que pensó le seguía dando vueltas en la cabeza.

Tomó aire, estuvo a punto de decirse algo sensato a sí misma para no tener ideas tan peligrosas, lo que fuera, pero no pudo. Todos sus pensamientos callaron al notar algo que brillaba entre los arbustos de una pequeña arboleda a un lado del camino. Nagisa conocía el sitio, más adentro estaba el templo de una pequeña deidad local. El brillo llamó poderosamente su atención.

Entró a la zona del templo y fue directo a lo que brillaba, pero el brillo pareció apagarse conforme ella se acercaba. Pronto descubrió lo que era, se trataba de un estuche de color blanco y rosa, muy lindo y de apariencia algo infantil. Abrió el estuche y lo que encontró dentro fue un mazo de cartas completamente blancas y un teléfono plegable de juguete del mismo color del estuche.

"¿Se le habrá perdido a algún niño?" Se preguntó Nagisa mientras ponía el teléfono y las cartas de regreso al estuche. Metió el juguete en su mochila. "Mañana lo llevaré a la oficina de cosas perdidas", lo haría después de la escuela, desde luego. En ese momento estaba cansada y hambrienta como para ir de regreso, la oficina de cosas perdidas estaba cerca de la estación de tren y ya estaba lejos de ahí. Además quería llegar a casa pronto, fue un día agotador.

Y camino a su hogar, de nuevo, a su mente volvió el mismo pensamiento.

Me gustaría ayudarla…

CONTINUARÁ…