N/A: Hola! :)

Con ustedes el nuevo capítulo de "Las sombras del pasado" ¿Qué hará Riza ahora que ha comprobado la verdad? ¿Cómo lo está tomando? ¿Le dirá a Roy o a Ed? (Perdón por estarte haciendo sufrir tanto, Riza).

Guest1: Muchas gracias por comentar! :) Es muy triste todo lo que está viviendo Riza ya que, repentinamente está teniendo que enfrentarse con su pasado y, desafortunadamente, Roy no pudo estar a su lado cuando comenzó a descifrar la verdad. Las reacciones de Riza, Ed y Roy al enterarse de la verdad fue lo que nos quitó el sueño al estar planeando esta historia. Vamos 1 de 3 jaja esperamos que las demás reacciones sean de tu agrado y no dudes en compartirnos tus opiniones y sugerencias.

Guest2: Muchas gracias por comentar :) Nos hace muy feliz que estés disfrutando de la historia. Nos hiciste el día con eso de que consideras nuestra historia de las mejores aunque aún hay mucho que nos falta por mejorar jeje pero de verdad muchas gracias por tus bonitas palabras! :')

Aunque sea parte esencial de la temática de esta historia, lamentamos haberte hecho sufrir por medio del dolor de Riza :(

El contemplar los distintos escenarios en los que Riza descubriría la verdad y seleccionar tan solo uno prácticamente nos quitaron el sueño jeje pero su reacción junto a la de Ed y Roy son las que principalmente nos motivaron a escribir este fic. Esperamos que los siguientes capítulos sigan siendo de tu agrado y no dudes en compartirnos tus opiniones y sugerencias.

Como siempre muchas gracias por leer esta historia, por sus favs y follows. Esperamos seguir leyéndolos en los comentarios.

Saludos!

Golden y Flame

Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.


Capítulo 18. Confesión

Los días siguientes después de que Ed le regresara el arma a la teniente, los Elric comenzaron a buscar a la pequeña Mei con la esperanza de que ella les pudiera enseñar su Alkahestria para poder defenderse contra los homúnculos e inclusive como medio para recuperar sus cuerpos. Sin embargo, no contaban con que la niña se iría repentinamente de la casa de Knox para seguir su propio rumbo. Por ello, durante esos días en Central, se dedicaron a preguntar por las calles por la pequeña, utilizando los dibujos que hicieron de la mascota de Mei como referencia. Obviamente el dibujo de Al era el más cercano a la realidad dado que las aptitudes artísticas de Ed mostraban a la pandita como una especie de alienígena temible.

Después de algunos días de búsqueda sin éxito, los chicos estaban comenzando a desanimarse.

"No hemos encontrado nada acerca de ese gato blanco con negro." Ed suspiró mientras se sentaba en una banca. "Hemos desperdiciado varios días buscándolo."

Al, quien se encontraba parado a su costado, dijo. "Creo que ya no está en Central."

Ed volvió a ver el dibujo de la pandita que había dibujado. "Deberíamos volver al hotel." Dijo con tono resignado.

Apenas habían comenzado a caminar cuando un auto se detuvo a un lado de ellos, del cual pudieron escuchar una voz familiar.

"Acero." Roy dijo.

Ed se sorprendió al escucharlo. "Eh, Coronel, ¿cómo nos encontró?"

Con cara de incredulidad, Roy respondió. "¿Cómo? Fácil, puedes ver a Alphonse desde cualquier lado."

Ambos hermanos entendieron a lo que el Coronel se refería, por lo que resignadamente Al replicó. "Ahora entiendo."

"¿Qué están haciendo?" El Coronel les preguntó.

"Estamos tratando de encontrar a alguien, pero no hemos tenido éxito así que estamos a punto de regresar al hotel." Ed respondió.

Roy se acercó a la ventanilla para escucharlos mejor. "Ya veo. Tengo unos asuntos pendientes por ahí, si quieren puedo llevarlos."

Los chicos aceptaron la oferta del coronel ya que Ed se comenzaba a sentir cansado de estar caminando durante todo el día buscando a Mei sin éxito. Al se acomodó en el asiento trasero del auto mientras que Ed ocupó el asiento del copiloto. Una vez acomodados, Roy puso en marcha el vehículo y los chicos le compartieron la imagen de la mascota de Mei para indicarle a quién estaban buscando.

"Si puedes encontrar alguna información acerca de ese gato o la niña, avísanos." Ed dijo mientras se cruzaba de brazos.

"De acuerdo. Preguntaré a ver si puedo averiguar algo." Roy dijo sin quitar la vista del camino, mientras acomodaba el dibujo en la guantera del auto.

"A decir verdad, no quiero deberte nada." Ed mencionó ligeramente molesto.

"Demasiado tarde. Aún tienes una deuda pendiente que pagar." En ese momento, Roy volteó a ver a Ed con un rostro serio, mientras le extendía su mano izquierda. "Págame. Te presté dinero cuando salimos de la oficina del Führer."

Ed bufó mientras de mala gana sacaba su cartera. "¡Tch! No lo olvidaste, supongo que no tengo opción."

Al no pudo evitar sentir pena ajena por la situación que estaba presenciando. Dos de los alquimistas más poderosos de todo Amestris estaban peleando por unas cuantas monedas, cuando ambos recibían increíbles cantidades de dinero por el simple hecho de tener sus certificaciones.

"¿Cuánto era? ¿500 cenz?" Ed preguntó.

"No te quieras pasar de listo, fueron 520 cenz." Roy replicó.

Ed, resignado, contempló las monedas en su mano extendida y en ese momento recordó la conversación que había tenido con la Teniente, donde le había platicado todo lo que realmente había sucedido en Ishval, así como las motivaciones y aspiraciones que tenía el Coronel para convertirse en Führer. Cuando comenzó a trabajar bajo el mando del Coronel, siempre lo había visto como un tipo engreído y arrogante que buscaba hacer cualquier cosa a cambio de subir de rango. Con el paso del tiempo, se dio cuenta que su primera impresión no era totalmente cierta porque, a pesar de que era evidente su deseo de escalar en la milicia, siempre procuraba a sus subordinados, incluso a su manera los apoyaba a Al y a él en su investigación.

La dudas que todavía prevalecían acerca de su persona, fueron en gran parte disueltas cuando descubrió lo que había hecho por Maria Ross y por la forma en que Al le había platicado que los había protegido a él, a la Teniente Hawkeye y al Teniente Havoc. Aunque todavía no aceptaba las ideas de su hermano y de Winry de que había algo más que una relación laboral entre la Teniente y el Coronel, admitía que Mustang no era un mal tipo, porque de serlo probablemente la Teniente ya le hubiera disparado hace mucho. La forma en que Riza le había hablado acerca de los planes del Coronel, le había hecho entender que ambos estaban trabajando sobre una meta fija sin importarles que tuvieran que seguirse manchando las manos de sangre con tal de que nadie más tuviera que hacerlo. Todo esto sin importarles que estuvieran caminando directamente hacia su propia sentencia de muerte.

Ed todavía no podía ni quería reconocer ese destino, independientemente de todo lo que habían hecho durante la guerra no se le hacía del todo justo que en el futuro ellos tuvieran que pagar con sus vidas. Sobre todo la Teniente, una persona tan amable e inteligente no se merecía ese destino a pesar de sus errores. Obviamente no estaba bien que ella y el Coronel hayan aniquilado a un sin número de gente inocente, pero Ed no podía culparlos totalmente. Solamente estaban siguiendo las órdenes manipuladas por los homúnculos al igual que el Mayor Armstrong y que el General de Brigada Hughes.

Ed sabía que en ese momento no podría sacar de esa idea a la Teniente, pero esperaba que más adelante pudiera convencerla a ella y al bastardo del Coronel de desistir de esa parte de su plan. Al fin y al cabo, cuando la milicia se restructurara y el país se convirtiera en una democracia, se necesitaría de soldados valientes e íntegros que se dedicaran a proteger realmente al pueblo de los enemigos y sobre todo de la corrupción.

Sabía que el camino para que Mustang alcanzara ese objetivo no sería sencillo, pero después de escuchar la historia de la Teniente y de ser testigo de cómo era el verdadero Roy Mustang, estaba convencido de que él era el hombre correcto para encaminar este país y por ello había decidido apoyarlo. Así que se decidió a externarle su apoyo y a la vez hacerle un recordatorio de que no debía alejarse de ese camino.

Ed cerró la palma de su mano que sostenía el dinero que iba a pagarle al Coronel y miró a Roy con decisión. "No. Todavía no te voy a pagar. Te pagaré cuando te conviertas en Führer, Coronel."

Roy miró por el rabillo del ojo a Ed con seriedad. "¿Quién te dijo acerca de eso?"

"Me lo dijo la Teniente Hawkeye… también me contó sobre Ishval."

Roy se puso pensativo. Definitivamente no esperaba que Riza le hubiera contado a Ed lo ocurrido en la guerra y acerca de sus aspiraciones. No conocía los motivos que la llevaron a confiarle todo eso a un chico de 15 años pero, para ser sincero, él jamás se hubiera atrevido a hacerlo. A pesar de los años que habían pasado, las heridas que él mismo se había auto inflingido y sobre todo las que le había hecho a la gente de Ishval y a Riza, la única persona que le confió un secreto alquímico tan poderoso y que había defraudado, seguían frescas al igual que las memorias de las atrocidades que había cometido. Además, cargaba con la culpa de haber arrastrado a Riza a ese terrible lugar, sin olvidar que su mejor amigo había sido asesinado por ayudarlo a llegar a la cima y que sus propios subordinados habían sido puestos en peligro con uno de ellos condenado a una silla de ruedas por implicarse en ese sueño.

Los hermanos Elric eran muy jóvenes pero Roy sabía que ya habían pasado por un infierno y por muchas cosas que definitivamente chicos de su edad no deberían haber vivido jamás. En el fondo les tenía aprecio y se preocupaba por ellos aunque jamás lo diría en voz alta. Por esa razón, a su manera, los había ayudado con su investigación y había tratado de mantener a Ed al margen de los altos mandos para evitar que fuera usado como arma humana tal como había sucedido con él.

A pesar de las constantes peleas que tenía con Edward, él sentía que en el fondo el muchacho lo apreciaba y lo respetaba, por lo que no deseaba perder eso de ellos cuando se enteraran de las monstruosidades que había cometido, sin olvidar que Ishval era un tema demasiado sensible que no le gustaba tocar porque inevitablemente también le hacía recordar lo que pasó inmediatamente después: La noche que tuvo que destrozar la espalda de Riza y la posterior discusión que tuvo con ella al enterarse de que era padre de un niño del que jamás podría cuidar ni velar por él.

El temor que sentía de perder la estima y el respeto por los hermanos, se desvaneció en cuanto Ed le dijo que no le pagaría hasta que se convirtiera en Führer. Definitivamente el muchacho le estaba dando su voto de confianza por medio de una promesa, que para cualquiera podría ser insignificante por la cantidad de dinero, pero no para Roy. Era igual de importante que la promesa que él había hecho junto con Riza de mejorar el país para ofrecerle un lugar lleno de paz y felicidad a los ciudadanos de Amestris y, sobre todo, a su hijo.

Si tenía alguna duda sobre si debería seguir adelante con ese objetivo, con el apoyo de Ed se volvía otra vez claro el camino que en los últimos días se había ensombrecido. No podía defraudar a Riza, a Hughes, a sus subordinados y ahora ni a los Elrics. Tenía que seguir adelante por el bien de Amestris. Así que no dudaría en aceptar la promesa del mayor de los Elric.

Durante el resto del trayecto, permanecieron callados y cuando llegaron al hotel, Roy detuvo el auto para que los muchachos descendieran.

En cuanto Edward se bajó del auto, Roy le habló. "Acero."

"¿Hm?"

Roy se volteó a mirarlo con decisión en su mirada. "El dinero que te presté… te aseguro que lo recuperaré."

Ed no pudo evitar sonreír. Mustang ha entendido el punto de todo esto, así que se mantendrá enfocado en ello y probablemente tengamos un brillante futuro. "Bien, cuando eso suceda me encargaré de pedirte más dinero prestado y te lo regresaré cuando conviertas a Amestris en una democracia." Roy se recargó sobre el volante mientras Ed seguía hablando. "Cuando te regrese ese dinero, te pediré más y te haré prometerme algo más."

Roy suspiró. Ese mocoso realmente desea que me mantenga con mi plan y no me dará un respiro. Es demasiado ambicioso al igual que yo. "En otras palabras, no me vas a dejar en paz por un largo tiempo."

"Exactamente." Así que no se te vaya a ocurrir cometer una tontería, Coronel bastardo. Ed evitó decirlo. "Más te vale no preocupar a la Teniente. Y gracias por el aventón."

Ese chiquillo está en todo, incluso se preocupa por la Teniente. Si no fuera porque es un mocoso, me preocuparía y me pondría celoso. Bromeó para sí mismo Roy. "De acuerdo, nos vemos."

El automóvil de Roy comenzó a avanzar unos metros bajo la atenta mirada de los dos hermanos.

Bueno, tengo confianza en que el Coronel bastardo no se rendirá tan fácilmente y que al final conseguirá su objetivo. Aunque jamás lo admitiré en voz alta, el coronel no es del todo un mal sujeto. El pensamiento de Ed se vio abruptamente interrumpido cuando el auto de Roy se detuvo más adelante para saludar y comenzar a coquetear con una hermosa mujer que se encontraba a un costado de la calle esperándolo. Después de intercambiar unas cuantas palabras, la pareja se subió al auto para retirarse de ahí, dejando a los dos muchachos estupefactos.

"No pensé que el Coronel tendría tiempo ni ganas para eso después de lo que ha ocurrido recientemente." Comentó Al sorprendido.

"Hm con que tenía unos asuntos pendientes por aquí. Ahora ya entiendo a lo que se refería ese bastardo." Ed dijo un poco malhumorado. Y justo cuando ya estaba admitiendo que tal vez era un buen tipo, bueno quizás lo sea como soldado pero al parecer no como hombre. Ed bajó la voz y se acercó a Al. "¿Y todavía piensas que hay algo entre la Teniente y él, hermanito?"

Al suspiró. "No soy el único que lo piensa, hermano, Winry está de acuerdo y si hubieras visto lo que yo estarías de acuerdo pero… ahora debo admitir que tengo una pequeña duda al respecto."

"Vamos, Al, ¿que no lo estás viendo?" Ed preguntó incrédulo.

"Claro que lo estoy viendo, por eso te estoy diciendo que tengo un poco de duda. Pero aún así sigo creyendo que hay algo entre ellos."

Ed bufó. "Lo que digas, Al. Será mejor que entremos a descansar."


Después de confirmar que Edward era el niño que había tenido que abandonar, los días siguientes fueron complicados para Riza. Sentía una gran alegría de saber dónde se encontraba su hijo, de saber que estaba sano y que se estaba convirtiendo en un hombre de bien. Sin embargo, no podía evitar sentirse más culpable de lo que de por sí se sentía cuando lo abandonó, al enterarse que su único hijo había sufrido tanto desde tan pequeño. Sufrimientos que ella bien pudo haber evitado si tan solo hubiera tenido el coraje de buscar otra alternativa para conservarlo a su lado. ¿Para qué lo querías a tu lado? ¿Para estar escondiéndote de la milicia todo el tiempo? ¿Para vivir día con día con la incertidumbre de que lo matarían a él, a Roy e incluso a ti? O en el mejor de los casos, ¿para matarlo de hambre al no tener los medios para mantenerlo? Riza sacudió su cabeza para tratar de sacarse los pensamientos que la habían estado acechando desde su descubrimiento y que no le habían permitido tener ni un poco de descanso en las últimas noches.

Eran las 7pm y, afortunadamente, ya se encontraba en su departamento tratando de relajarse, de encontrar un poco de paz sin tener mucho éxito. Se encontraba sentada en su sofá con una taza de té de manzanilla en una mano y, sin poderlo evitar, con la fotografía de su hijo recién nacido en la otra. Sabía que no merecía apreciar ese recuerdo, que no era digna de ello por todo lo malo que había hecho, pero ahora que conocía el rostro juvenil de ese pequeño, algo dentro de sí la obligaba inevitablemente a contemplar la fotografía por horas.

Tomó un sorbo de su té y depositó la taza en la pequeña mesa de centro y con ambas manos acercó la imagen de su hijo a su pecho para abrazarla. "Edward, hijo mío, ¿cómo pude permitir que te pasara todo eso? ¿Cómo es que no me di cuenta de que tú eras el pequeño que había dejado atrás?" Sin poder evitarlo más, las lágrimas comenzaron a derramarse por sus mejillas.

"Desde el principio sentí algo especial por ti, pero lo ignoré creyendo que era por todo lo que habías pasado o porque todos los niños rubios que veía me recordaban a ti. La primera vez que hice estofado para ti fue una de las mejores tardes que había pasado en mucho tiempo gracias a tu compañía y la de Alphonse... La vez que te ayudé a peinarte, también me sentí muy cómoda, tranquila e incluso alegre. Ahora entiendo que, en parte, se debió al famoso llamado de la sangre y lo había estado ignorando." Riza apretó sus ojos ante la oleada de recuerdos de Edward que cruzaron por su mente. "No sabes el gran deseo que tengo de abrazarte, de besarte, de pedirte perdón y de decirte lo mucho que te amo, pero... no sé si sea correcto hacerlo." Sollozó ligeramente. "A pesar de mi gran deseo de decirte la verdad, no me siento con el derecho de alterar tu vida con una confesión como esta… ¿o tal vez es miedo a que la milicia se entere? ¿O más bien es miedo a tu reacción? ¿Miedo a tu rechazo que me tengo bien merecido?"

Notando lo temblorosa e inestable que se había vuelto su voz, Riza dejó de hablarse a sí misma y se centró en su debate interno con sus pensamientos. ¿Qué debería hacer? Si te digo podría poner tu vida de cabeza pero al menos te enterarías de la verdad por mí, porque si por algún motivo te enteraras por otro lado, probablemente me odiarías aún más.

Riza permaneció sentada en silencio por unos minutos más, lidiando con sus pensamientos y sentimientos, en compañía de su fiel amigo peludo que se restregaba contra su pierna en señal de confort, a lo cual ella correspondió con unas caricias. "Me pregunto qué pasaría si entendieras todo lo que he hecho... ¿Aún así seguirías a mi lado, Hayate?"

El pequeño perro solamente ladró alegremente y se volvió a acercar a su pierna para confortarla, lo que hizo que ella sonriera ligeramente. "Gracias, amiguito."

Momentos después se escuchó que alguien llamaba a la puerta. De inmediato Black Hayate se puso de pie y al detectar el aroma familiar de la persona, comenzó a ladrar alegremente y a mover su cola de un lado a otro. ¿Quién podrá ser? Riza se preguntó mientras se ponía de pie y se limpiaba el resto de sus lágrimas para evitar que la persona que se encontraba tras la puerta se diera cuenta. Por el comportamiento de su perro, se dio cuenta de que era alguien familiar y no un extraño, así que se abstuvo de tomar su arma y sólo se limitó a revisar por la mirilla para ver quién era su visitante. Para su sorpresa, era la persona que se había convertido en el protagonista de todos sus pensamientos.

Edward. Su corazón dio un vuelco. No se sentía lista para volverlo a ver sin que sus sentimientos la dominaran y la hicieran cometer alguna tontería. Pero su lado maternal le pedía a gritos que no perdiera la oportunidad de pasar aunque sea unos minutos con su hijo.

"¿Teniente? ¿Se encuentra en casa?" Ed interrumpió su diálogo interno al no recibir respuesta.

Riza sacudió su cabeza y respiró profundamente antes de abrir la puerta, procurando mantener a raya a Black Hayate para que no volviera a derrumbar al chico. "Edward, ¡qué agradable sorpresa! Por favor, pasa."

Ed hizo una pequeña reverencia antes de ingresar al departamento. "Gracias, Teniente. Disculpe la molestia."

Teniente... jamás creí que ese título me pesaría tanto al escucharlo de mi propio hijo, ahora que egoístamente me encantaría escucharlo llamarme por lo que realmente soy para él.

"Teniente, ¿se encuentra bien?" Ed preguntó con preocupación al no recibir respuesta de Riza y al verla tan dispersa en sus pensamientos. "¿Bradley le ha hecho algo?"

Riza parpadeó varias veces para enfocarse en el presente. Mi hijo se preocupa por mí sin saber quién soy en realidad. Tal vez tenga una posibilidad.

"No, estoy bien, Edward. Disculpa, he estado algo distraída." Riza respondió tratando de sonar lo más sincera posible y sonriendo ligeramente.

Ed cruzó sus brazos y le preguntó con tono incrédulo. "¿En serio?"

El corazón de Riza le volvió a dar un vuelco ante la preocupación de Ed y volvió a sonreír al notar la sincera preocupación del chico. "Sí, no te preocupes. Por favor, toma asiento y permíteme traerte algo de tomar. ¿Qué prefieres? ¿Té, agua o jugo?"

Ed comenzó a sentarse en una silla de la pequeña mesa. "Té está bien, gracias." Dijo esbozando una pequeña sonrisa que Riza no pudo evitar asociar con las de Roy. Definitivamente es nuestro muchacho.

Ed acarició un poco a Black Hayate mientras Riza preparaba el té. Cuando ella regresó con dos tazas, colocó una frente a él y se sentó en la otra silla. Black Hayate, por su parte, se acercó a su plato de agua, bebió un poco y se recostó en un rincón del apartamento.

Dirigiéndole una mirada cariñosa a Ed, Riza dijo. "Me alegra tenerte por acá, Edward. ¿A qué debo esta agradable visita?"

Ed comenzó a rascarse la nuca, una clara señal de que estaba nervioso. Justo como Roy lo hacía cuando éramos un par de adolescentes enamorados. Riza pensó con cierta nostalgia.

"Bueno… mañana Al y yo partiremos hacia el Norte en busca de algunas pistas para recuperar nuestros cuerpos y la última vez que nos vimos noté que no se encontraba bien… probablemente fue por los temas que le hice recordar, por lo cual me disculpo. Lamento mucho haberla hecho traer a su memoria esos malos momentos y pues… sinceramente no quería irme sin asegurarme de que se encontrara mejor. Sobre todo ahora que tiene que trabajar como asistente de Bradley." Ed contestó con preocupación.

"Te agradezco tu preocupación, Edward, pero no tienes nada de qué disculparte ni preocuparte. Como te dije ese día, estaba solamente cansada por todo lo que había ocurrido-"

"Por favor, Teniente, no mienta. Algo me dice que usted no ha descansado bien en los últimos días y por su rostro puedo notar que ha estado llorando. Usted siempre ha estado al pendiente de mi hermano y de mí, permítame ayudarle ahora." Ed la interrumpió mirándola a los ojos con mucha determinación y preocupación.

Edward, realmente no te merezco. Eres un chico maravilloso y muy sensible como tu padre. Él era el único capaz de darse cuenta cuando algo me sucedía. Riza sintió como su corazón se le contraía y cómo sus emociones comenzaban a apoderarse de ella. Agachó su cabeza para evitar mirarlo a los ojos, tratando de recuperar la compostura pues su mente se estaba esforzando en recordarle la última vez que había visto esa mirada dorada antes de abandonar a su hijo. Vamos Riza, mantente enfocada, no tienes derecho a arruinarle la vida al muchacho. ¿Pero y si lo que necesita ahora es a su madre? ¿Ahora quieres fungir como su madre? Perdiste ese derecho hace demasiado tiempo.

Riza comenzó a inhalar profundamente, apretando los ojos para evitar que las lágrimas que habían vuelto a formarse en sus ojos se derramaran. Ed se preocupó de ver a la Teniente de esa forma por lo que colocó su mano izquierda sobre la de Riza que se encontraba en la mesa.

"Teniente, por favor, dígame qué le pasa. ¿Puedo ayudarla?" Ed insistió. No entendía el porqué, pero algo dentro de él le dolía al ver a Riza en ese estado.

Ella, al sentir el calor de la mano de su hijo no pudo soportarlo más y comenzó a sollozar, apartando en el proceso su mano de la de Edward para cubrirse el rostro. El chico de inmediato se puso de pie y se acercó a ella. Verla en ese estado tan vulnerable le dolió profundamente por lo que, sin pensarlo, terminó abrazándola por instinto. Riza no dudó en regresar el abrazo y le hizo recordar la última vez que había tenido la dicha de abrazar a su hijo de esa forma, de tenerlo cerca de ella, cuando con su manita tomaba uno de sus dedos y la miraba con sus hermosos y curiosos ojos dorados. Era demasiado para ella así que, contra el mejor de sus juicios, sus pensamientos se materializaron en palabras antes de que ella pudiera detenerlos.

"Perdóname, Edward, por favor, perdóname." Comenzó a suplicar entre sollozos.

Ed estaba confundido ante su súplica. "Pero no tengo nada que perdonarle, Teniente. Al contrario, tengo mucho que agradecerle por sus atenciones para conmigo y mi hermano."

Ella negó con la cabeza. "No, Edward. No tienes ni idea de lo que me refiero."

"Si es acerca de su participación en Ishval, no la culpo y no la voy a tratar diferente por ello. Usted ha demostrado ser una buena persona que vivió una pesadilla allá y que, a pesar de las dificultades, está dispuesta a hacer todo lo que esté a su alcance para evitar que alguien más pase por ello…"

Riza volvió a negar con la cabeza y apretó su abrazo. "No, tampoco es eso."

Ed seguía sorprendido por el comportamiento de la Teniente, pero no se apartó del abrazo, había algo en ese gesto que le resultaba reconfortante y hasta cierto punto inexplicablemente familiar. Ese calor que Riza le transmitía con el abrazo y el aroma de ella parecía recordarlos pero no tenía idea de dónde, puesto que era la primera vez que ambos compartían un abrazo.

"Entonces, ¿de qué se trata? Por favor, dígame, Teniente. Eso puede ayudarle a sentirse mejor, además de que ya le dije que no me gusta vivir en la ignorancia."

Riza permaneció en silencio por unos segundos, disfrutando un poco más de la cercanía de su hijo antes de alejarse renuentemente. Inhaló profundamente para reunir todas sus fuerzas para lo que estaba a punto de decirle. Lo miró a los ojos y decidió hablar antes de que se arrepintiera.

"Edward, probablemente no me vas a creer lo que te voy a decir a continuación, pero te juro que es la verdad."

Ed rió ligeramente. "Vamos, Teniente, ¿por qué no le creería? Usted no es una persona que sea conocida por ser mentirosa, sino todo lo contrario."

Aterrada ante la idea de arrebatarle esa sonrisa a su hijo, Riza tuvo que inhalar profundamente una vez más antes de continuar. "Antes de decirlo, quiero disculparme porque probablemente esto te afecte, pero no puedo guardarlo más en mi pecho."

¿Por qué habría de afectarme? ¿A qué se referirá la Teniente? Ed se cuestionó en su mente. "No, entiendo, Teniente." Ed dijo totalmente confundido.

"Edward, después de la plática que tuvimos la otra noche… descubrí algo muy importante que no esperaba y que creía que jamás podría volver a saber acerca de eso. Verás... yo… tengo un hijo."

Ante la noticia, Ed no pudo evitar sorprenderse. A pesar de que la Teniente era joven, no dudaría que podría ser madre de un pequeño, pero sabía que no estaba casada y estaba casi seguro de que no tenía novio. Así que su primera suposición fue que tal vez lo había tenido hace unos cuantos años y el padre de la criatura se lo había arrebatado, por lo que se atrevió a preguntar. "¿Y dónde está?"

Involuntariamente, Riza comenzó a estrujarse las manos para controlar sus nervios. Se estaba acercando el momento que podría cambiar para siempre la vida de ambos. "Por muchos años creí que jamás podría volver a localizarlo porque… lo abandoné cuando era un recién nacido para protegerlo." Dijo con la voz entrecortada.

"¿Protegerlo? ¿De qué o de quién?" Ed preguntó todavía confundido. No entendía nada y no tenía ni la menor idea del porqué Riza le estaba contando un tema tan delicado y, sobre todo, le había suplicado su perdón antes de comenzar con su relato.

"De la milicia… su vida corría peligro si descubrían mi embarazo, por eso tuve que alejarme y ocultarme para tener a mi bebé, y a las dos semanas de nacido…" Un sollozo se escapó de su garganta. "con todo el dolor de mi alma… lo dejé con una hermosa pareja que me ayudó durante el parto y que aceptaron hacerse cargo de él."

"Pero, ¿por qué la milicia atentaría contra su hijo? He visto mujeres militares en servicio activo que tienen a sus hijos."

"Porque el padre de mi bebé es miembro de la milicia y, por lo tanto, mi embarazo se juzgaría como quebrantamiento a las leyes de anti-fraternización." Riza respondió mientras trataba de pasar el nudo de la garganta que se le estaba formando. "Por esa razón, tuve que tomar la decisión de alejar a mi hijo de la milicia para ponerlo a salvo y por muchos años no supe qué había sido de él porque perdí el rastro de la pareja que aceptó cuidarlo." Se pasó una mano por el rostro para limpiar algunas de las lágrimas que seguían corriendo por sus mejillas. "Eso fue hasta la otra noche que tú y yo platicamos."

Ed seguía perplejo, no entendía a dónde iba todo esto, pero no podía evitar sentirse impactado con la noticia de que la Teniente tenía un hijo que había tenido que dejar para salvarle la vida. ¿Por qué una persona tan buena como ella ha tenido que sufrir tanto? "¿Cómo es que la charla que tuvimos la otra vez le ayudó a encontrar el rastro de su hijo?"

Sintiendo su corazón palpitar intensamente, Riza respondió. "Cuando me dijiste el nombre de tu padre pude darme cuenta de que mi hijo ha estado más cerca de lo que me hubiera imaginado."

"¿Qué tiene que ver el bastardo inútil de Hohenheim con esto?" Ed preguntó ligeramente malhumorado al pensar en su padre.

¡Detente! ¡No digas más! Aún estás a tiempo de retractarte. ¡Seguramente le vas a arruinar la vida a Edward! Riza cerró sus ojos y se mordió el labio inferior por unos segundos. Aunque su mente le gritara que no lo hiciera ya estaba prácticamente a un solo paso de decirle la verdad a su hijo y, a su parecer, ya no había marcha atrás. No puedo guardármelo más tiempo… Con una profunda inhalación, Riza abrió sus ojos, los cuales seguían derramando lágrimas continuas. "Él fue quien me ayudó en el parto junto a tu madre. Gracias a ellos yo sigo con vida y además fueron lo suficientemente amables para aceptar criar a mi hijo." Riza lo miró intensamente a los ojos, tratando de transmitirle amor, cariño, arrepentimiento y alegría. Ed, por su parte, había dejado de lado la pequeña molestia que había sentido al ser mencionado Hohenheim gracias a la incredulidad y sorpresa que se estaba adueñando completamente de él. ¿Él y su madre habían conocido a la Teniente? ¿Qué demonios está pasando aquí?

Riza mantuvo su expresión amorosa aunque por dentro sintió oleadas de pánico al notar la expresión de incredulidad de Ed. Esforzándose para no arrepentirse en el último momento, Riza esbozó una sonrisa que iluminó su mirada mientras pronunciaba las palabras que sellarían el futuro de ambos. "Edward, tú eres el hijo al que le perdí el rastro hace muchos años."

Ed se congeló y sus ojos se abrieron a todo lo que podían. Definitivamente no esperaba una noticia como esa, además de que no podía creer que fuera verdad. No tenía dudas de que la Teniente tuviera un hijo ya que su dolor y arrepentimiento por haberse separado de él parecían genuinos pero… que él fuera precisamente ese hijo al que ella había tenido que abandonar… No podía ser posible. Su madre era Trisha Elric. La mujer que siempre lo amó y le demostró su inmenso cariño en cada instante.

Tras tomarse unos segundos para despejar el mar de pensamientos que se había desatado en su mente, Ed dijo con un tono que pretendía sonar casual y amigable pero que tuvo ciertas oscilaciones que denotaban los comienzos de su confusión interna. "Vamos, Teniente, ¿cómo podría ser posible eso? ¿Cómo alguien tan buena como usted podría tener un chico lleno de defectos como yo? Nada más falta que me diga que el padre de su hijo es el Coronel bastardo." Ed dijo esta última frase en tono de broma, tratando de aligerar el ambiente.

Sin embargo, el tono de voz de Riza, aunque suave y tembloroso, no dejaba dudas de que estaba hablando completamente en serio. "Así es, Edward. El padre de mi hijo es Roy Mustang y no tengo dudas de que tú eres ese bebé que tuve que alejar de mi vida." Sabiendo que ya había revelado las partes más importantes de su pasado, Riza no pudo sostenerle la mirada más tiempo por lo que agachó su cabeza ligeramente mientras las lágrimas seguían fluyendo sin cesar.

Ed no podía creer lo que estaba escuchando, ¿él era hijo de Riza Hawkeye y de Roy Mustang? Eso no podía ser posible. Los dos se veían muy jóvenes como para ya tener a un adolescente de 15 años. Además, eso significaría que ese par se conocía desde hace mucho tiempo pero, sobre todo, no podía creer que él no fuera hijo biológico de Trisha Elric. No podía ser cierto. De verdad apreciaba a la Teniente pero si ella era su madre biológica… ¿Qué pasaba con todos esos años en los que orgullosamente se creyó hijo de Trisha Elric? ¿Acaso siempre vivió una mentira?

Ed se llevó la mano de automail a su cabeza enterrándola en su cabello, al mismo tiempo que negaba con la cabeza. "Eso no puede ser cierto, tal vez me está confundiendo. Yo soy hijo de Trisha Elric y del bastardo de Van Hohenheim. Incluso, para mi mala suerte, heredé mucho más de él que de ella. Además, Teniente, usted es muy joven para tener un hijo de mi edad."

Riza respondió tras levantar su rostro lo suficiente para encontrarse con la mirada dorada de su hijo. "Edward, estoy segura de que no te estoy confundiendo. Tú heredaste el color de mi cabello y los ojos dorados vienen de mi bisabuelo materno." Instintivamente Ed echó rápidos vistazos al cabello de la Teniente y el suyo, comparándolos. Tragó saliva al notar la innegable similitud. "Al ser esos rasgos lo que más predominaban en tí y al ser muy parecidos a los de Hohenheim, me atreví a pedirle a él y a Trisha que se hicieran cargo de ti porque pasarías como hijo suyo sin problemas… y sí, sé que todavía estoy algo joven, pero cuando te tuve sólo tenía 17 años… prácticamente era todavía una adolescente pero eso no me impidió amarte desde el primer momento en que te tuve en mis brazos. Es más, me encariñé contigo desde aquellas veces en las que te sentía en mi vientre y te acariciaba durante mi embarazo." Riza le ofreció una pequeña sonrisa nostálgica e intentó acercar una mano hacia Ed pero el chico se sobresaltó ligeramente causando que ella devolviera su mano a su regazo mientras un par de lágrimas más se le escapaban.

Sintiéndose culpable por la expresión de tristeza que involuntariamente había provocado en Riza, Ed respiró profundamente para tranquilizarse y lentamente se acercó a la silla que estaba ocupando anteriormente para sentarse nuevamente, pues sus piernas estaban amenazando con fallarle en cualquier momento. Se llevó las manos a la cabeza y se agachó tratando de procesar la información que acababa de recibir. "Si esto que me está diciendo es cierto, ¿por qué no me dijeron nada mis padres?"

Alzando su cabeza ligeramente para ver mejor a Ed, Riza sintió las lágrimas fluir más rápido al notar el estado en el que se encontraba el chico. "Eras muy pequeño para que te dijeran algo tan delicado como esto. Además, estoy segura de que Trisha jamás hizo diferencias con su cariño entre tú y Alphonse."

"No, ella jamás lo hizo, por eso no puedo creerlo." Ed dijo con un tono que demostraba dolor.

El tono de Ed le rompió el corazón a Riza. Lo que menos quería era hacer sufrir más a su hijo. Jamás te aceptará y para colmo, lo has lastimado. Destruiste uno de los únicos lazos que lo hacían feliz y todo por querer decirle la verdad. ¡Egoísta! "Yo… lo lamento tanto, Edward. No debí decirte esto… debí haber callado." Riza dijo con la voz entrecortada.

Ed levantó ligeramente la cabeza para mirar a Riza y pudo notar que ella estaba sufriendo al igual que él. "¿Tiene alguna otra forma de probar lo que me está diciendo?" Ed preguntó teniendo una ligera esperanza de que hubiera una confusión y no porque despreciara a Riza, sino porque no podía asimilar el hecho de que la mujer que lo había criado, a la que siempre había considerado como su madre, a la mujer que le lloró intensamente cuando falleció, realmente no tenía ningún lazo sanguíneo con él.

"Al día siguiente de nuestra conversación me atreví a hacerle una llamada a Pinako Rockbell." Los ojos de Ed se agrandaron al escuchar el nombre de alguien tan cercano a él. "Obviamente ella no estaba muy feliz de tener que hablar conmigo pero me ayudó a confirmar mis sospechas sobre ti. Ella está al tanto de que yo soy tu madre biológica." Notando que el estado de negación de Ed se había tambaleado ligeramente ante lo que había dicho pero no lo suficiente para que creyera por completo en sus palabras, Riza se puso de pie y caminó lentamente hacia la pequeña mesa de centro donde se encontraba la única fotografía que conservaba de su hijo. La tomó con cuidado para regresar a sentarse para mostrársela a Ed. "Sé que por el momento no tengo pruebas sobre mi conversación con la señora Rockbell, pero quiero que veas esta fotografía, por favor. Esto es lo único que me permití conservar de tí."

Ed tomó con vacilación la fotografía. Todavía no la había visto pero temía ver el contenido de ella. Cerró momentáneamente los ojos y respiró profundamente antes de abrirlos para ver con detenimiento. En cuanto lo hizo, un nudo se formó en su garganta. No podía creer lo que estaba viendo. "Este bebé... era yo." Murmuró al reconocerse en la fotografía. No podía olvidar cómo era su aspecto a esa edad porque Trisha siempre que podía les tomaba fotos a él y a Al (en eso era parecida al General de Brigada Hughes) y, aunque la mayor parte de las fotografías de los Elric habían sido destruidas cuando quemaron su casa, la abuela Pinako tenía algunas de ellos junto con Winry. Siguió observando la imagen y una lágrima se le escapó. ¿De verdad no había forma de seguir negándolo? ¿Trisha Elric no era nada suyo? "Recuerdo esa manta amarilla… era mi favorita cuando era pequeño. Me gustaba cubrirme con ella cuando estaba asustado por cualquier cosa porque me sentía protegido." Invadido por la nostalgia, soltó una breve risa ligera y temblorosa. "Incluso Al y yo peleábamos por ella." ¿Cómo es posible que la Teniente tenga una fotografía mía? No puede ser cierto que yo sea su hijo. ¡No puede ser!

"Esa mantita fue el primer regalo que tuve para mi bebé… me la regaló o mejor dicho te la regaló mi mejor amiga Rebeca cuando estaba embarazada. Incluso ella había bordado mis iniciales en una esquina, diciendo que quería que mi bebé tuviera algo para recordarme cuando me viera obligada a dejarte." Riza le dijo con tristeza.

Ed repentinamente recordó que lo que decía Riza era cierto, esa manta tenía bordadas las letras "RH" en una esquina. Cuando comenzaba a aprender a leer, alguna vez le preguntó a su madre… a Trisha lo que significaban esas siglas. Gentilmente ella le había explicado que eran las iniciales de una persona muy importante en su vida, que lo amaba mucho y que cuando llegara el momento le contaría acerca de esa persona. En ese momento no le dio importancia a las palabras de Trisha Elric, pero ahora todo tenía sentido. Todo encajaba. Él era ese bebé que había abandonado. Él no era el hijo de Trisha Elric. No llevaba su sangre. Trisha Elric no le había dado la vida. Él no era realmente un Elric. Su corazón se estaba estrujando continuamente y palpitaba intensamente al mismo tiempo que un millón de preguntas se comenzaban a arremolinar en ese instante junto con una confusa mezcla de sentimientos.

"Al… ¿él también es hijo tuyo?" Preguntó Ed en voz baja, casi en un susurro.

"No, él es hijo de Trisha y de Hohenheim. Aunque, me hubiera sentido igual de honrada en tener a un chico como él junto contigo."

Ed colocó la fotografía sobre la mesa y acomodó sus codos sobre la superficie para tomar su cabeza gacha. Nuevas lágrimas comenzaron a acompañar la solitaria lágrima que se le había escapado antes. Al tampoco es nada mío. No es mi hermano. No tenemos la misma sangre. Lo arrastré a un destino terrible al entrometerme innecesariamente en su vida. Yo no tenía que haber estado con él para arrastrarlo a hacer esa maldita transmutación. No puede ser... ¿Quién demonios soy yo? Riza Hawkeye era su madre biológica y con todo lo que ella le estaba diciendo ya no había dudas. Había intentado encontrar algo que desmintiera lo que Riza le estaba contado pero, desde un inicio, dentro de sí estaba consciente de que ella jamás le mentiría en algo tan delicado.

De repente recordó lo que Riza le había dicho hace unos minutos, acerca de que ella tenía 17 años cuando lo tuvo, cuando le dio la vida. ¿Por qué tan joven? ¿Era producto de una violación? Ella le había confirmado que su intento de broma era la realidad, que su padre biológico no era nadie más que el Coronel Roy Mustang. ¿Acaso ese bastardo se propasó con ella? Justo cuando ya lo estaba teniendo en mejor consideración. Ed apretó sus puños con fuerza. ¿Acaso ese inútil la abandonó? ¿Acaso tenía tan mala suerte como para que su padre adoptivo y ahora su padre biológico fueran unos inútiles bastardos que habían dejado a sus parejas? Ed no pudo evitar sentir rabia ante tal realización. A pesar de que todavía no podía aceptar del todo el hecho de que Riza era su madre, no podía evitar sentir rabia ante la posibilidad de que el tipo que lo había engendrado había abandonado a su suerte a su pobre madre cuando ella era todavía muy joven. Sintió que la sangre le hervía. Ese maldito infeliz. Apretó más fuerte sus puños y después los golpeó contra la mesa mientras levantaba la cabeza para mirar a Riza. Su rostro estaba lleno de lágrimas al igual que el de él.

Al ver que en la mirada de Ed había ira, Riza no pudo evitar asustarse y pensar lo peor. Me odia. No querrá saber nada más de mí. Me lo merezco. Pero antes de que su tren de pensamientos continuara, Ed habló. "Mencionó que mi padre es… ese Coronel inútil." Ed dijo con evidente rabia en su voz.

Riza sólo asintió ya que en ese momento se sentía incapaz de pronunciar palabras. Perdóname, Roy. Por mi culpa, nuestro hijo también te odia y tú no tienes la culpa de ello.

Ed se pasó su brazo por el rostro para limpiar algunas de sus lágrimas y aclarar su vista. "¿Acaso él… se propasó con usted cuando comenzaron a trabajar juntos? ¡¿Se aprovechó de que era su subordinada?! ¡¿Ese maldito bastardo la obligó a abandonarme para que su maldita carrera militar no se viera afectada?!" Ed trató de calmarse, pero al final casi gritó.

"¡Por supuesto que no!" Riza reunió todas sus fuerzas para sonar firme. "Él jamás haría algo así-"

"¡No mienta! Si él lo hizo, me encargaré de que pague por todo el daño que le ha hecho."

Riza se asustó al notar la intensidad del odio que estaba apoderándose de la mirada de Edward por lo que alzó la voz lo más que pudo. "¡No estoy mintiendo!" Riza hizo una pausa cuando vio que había recuperado la atención de Ed. Al menos todavía tengo su consideración hacia mi persona. ¿Será una pequeña esperanza?

Mirando fijamente a Ed, Riza continuó. "Roy y yo nos conocemos desde antes de que los dos ingresáramos a la milicia. Como te platiqué la otra noche, mi padre era alquimista y Roy fue su discípulo." Los ojos de Ed comenzaron a llenarse de sorpresa y algo de curiosidad, apartando poco a poco el gran odio que lo estaba consumiendo. "Lo conocí cuando tenía 12 o 13 años. Después del fallecimiento de mi madre, mi vida fue muy triste y monótona hasta que conocí a Roy." Riza no pudo evitar sonreír ligeramente. "A partir de ese momento mi vida se llenó de color. Nos hicimos amigos con el paso del tiempo y posteriormente nos hicimos novios. Cuando él se fue para estudiar en la academia, mantuvimos nuestra relación por medio de cartas. Desde ese entonces su sueño de ayudar a Amestris y su verdadera pasión para lograrlo, me motivaron a seguirlo en ese camino. Mi gran error fue que jamás le compartí mi plan de apoyarlo directamente porque quería sorprenderlo. En ese entonces no tenía la más mínima idea de las leyes de anti-fraternización." Riza apretó su mano derecha en un puño al sentir la típica oleada de arrepentimiento y culpa al recordar sus errores. "Yo… le mentí. Le dije que iría a la universidad cuando me realidad me había inscrito a la academia militar." Riza liberó la presión de su mano y suavizó su mirada. "Poco después de ingresar a la academia, me enteré de que venías en camino." Esbozó una ligera sonrisa que no duró mucho al saber cómo continuaba su historia. "También me enteré de esas malditas leyes y que si no hacía algo me podrían haber obligado a abortarte, o podrían habernos mandado a tu padre y a mí a prisión o incluso al pelotón de fusilamiento." Riza sintió como el nudo en su garganta se hacía más grande. "No podía permitir que te hicieran daño a ti ni a tu padre y, aunque de verdad quería decirle a Roy que venías en camino, tenía miedo de decirle todo lo que pasaba, así que me abstuve de hacerlo. Sé que él tenía todo el derecho de saber que venías en camino y que probablemente se asustaría de que sería padre tan joven, pero jamás dudé de que él me apoyaría porque, en la última ocasión que estuvimos juntos, él me había dejado en claro que él quería formalizar conmigo en un futuro."

Con un tono un poco más tranquilo, Ed le dijo. "Entonces, sí lo tenía tan claro, ¿por qué no le dijo?"

"Porque sabía que haría todo lo posible para salvarte, sin importarle el costo. Sabía que incluso daría su vida por ti pero que, ya fuera vivo o muerto, se quedaría con la incertidumbre de si realmente nos dejarían a ti y a mi en paz." Riza dijo con una voz llena de dolor. "Por eso tomé la decisión de no decirle nada de mi embarazo. Tomé un permiso de un semestre antes de que se notara mi embarazo y me fui a una ciudad del Norte para ocultarme, en Riviere para ser más precisa. Ahí conocí a Trisha y a Hohenheim quienes, como te comenté, me salvaron la vida.

"Roy no supo de tu existencia hasta después de la guerra… hubo un punto donde no pude soportar más lo que había hecho y le conté la verdad. Ya lo había visto sufrir anteriormente pero, sinceramente, nunca había visto tanto dolor en él hasta ese día…" Nuevas lágrimas brotaron por sus mejillas. "Realmente lo lastimé y le tomó años para terminar de aceptar lo que había hecho. Hasta la fecha no sé si todavía me guarda rencor por ello… A pesar de lo mucho que lo lastimé, ambos acordamos trabajar en conjunto para tratar de evitar que lo de Ishval se repitiera, para que los ciudadanos de Amestris fueran felices, pero sobre todo para que nuestro hijo tuviera un mejor lugar para vivir."

Riza lo miró con cariño pero Ed no pudo sostenerle la mirada por lo que agachó ligeramente su cabeza. "Así que hicimos nuestros asuntos personales a un lado y desde entonces solamente hemos llevado una relación profesional. Estoy segura de que cada paso que él da hacia ese objetivo lo hace pensando en ti. Él no tuvo la dicha de conocerte cuando eras un bebé porque yo le arrebaté eso. Lo único que conoce de ti es por esa fotografía, pero no tengo dudas de que él también te ha amado tanto como yo, porque Edward..."

Ed levantó su cabeza y Riza lo miró directamente a los ojos. "Tú no fuiste producto de un abuso ni de una noche de placer, eso te lo aseguro. Es cierto que éramos demasiado jóvenes, pero el amor que sentíamos el uno por el otro era puro y sincero. Tú eres el producto de ese amor y no sabes lo mucho que me arrepiento de no haber tomado otras decisiones. De haber ido realmente a la universidad como le hice creer a Roy, seguramente nos habríamos casado y no te habría abandonado…"

Riza hizo una pausa para inhalar profundamente antes de seguir. "Yo sé lo mucho que tu padre ha sufrido por haberle negado la dicha de ser padre. Lo pude ver cuando el General de Brigada le hablaba del embarazo de Gracia y del nacimiento de la pequeña Elicia… me di cuenta de que a pesar de que se alegraba sinceramente por su amigo, a la vez sentía un profundo dolor porque él no pudo vivir toda esa experiencia porque ¡yo sé la negué!, ¡yo se la arrebaté!…" Riza sollozó fuertemente. "Por eso te pido que el odio que puedas tener por tus orígenes, enfócalo en mí. Él no tiene ninguna culpa. Si él se hubiera enterado de mi embarazo estoy segura de que habría movido mar y tierra para tenernos a los dos a su lado sanos y salvos, aunque eso le costara su propia vida. Por favor, Edward, perdóname, yo soy la única culpable de todo esto... Estoy consciente de que para ti tu madre ha sido y seguirá siendo Trisha Elric, porque ella realmente se ha ganado a pulso ese mérito. No quiero que pienses que quiero robarme ese título que no lo merezco en absoluto. Pero si hay alguna pequeña posibilidad de que me aceptes en tu vida, aunque sea como tu amiga, la aceptaré gustosa. Jamás trataré de imponerme en tu vida, pero sí quiero que sepas que tu padre y yo siempre te hemos amado y te hemos tenido siempre presente."

Riza esbozó una ligera sonrisa. "Incluso cada cumpleaños tuyo lo recordamos, aunque supongo que hemos estado celebrando fechas diferentes porque en realidad tú naciste el 18 de diciembre, pero un problema en el registro civil de Resembool provocó que terminaras considerando la fecha en la que fuiste registrado como tu cumpleaños. También fue por eso que no me dí cuenta en un inicio de que tú eras mi hijo. Desde que te fuimos a ver a Resembool tuve un presentimiento pero tus papeles rápidamente me arrebataron la esperanza." Suspiró pesadamente antes de volver a esbozar una ligera sonrisa llena de cariño y seguridad hacia Edward. "Lo que quiero que sepas y que nunca olvides, es que siempre estaremos para ti cuando lo necesites."

Ed seguía totalmente confundido con la cantidad de información que acababa de recibir en tan pocos minutos. Las imágenes de todos los momentos que había pasado con Riza y con Roy pasaban por su mente en ese momento. Ahora resultaba que sus dos padres estaban con vida y que... lo amaban. No dudaba de las palabras de la Teniente, pero le estaba resultando difícil asimilar la verdad. Hasta hace unos minutos él se creía un Elric y ahora se acababa de enterar de que en realidad era un Mustang.

Cuando sintió que tendría la fuerza necesaria para hablar, se atrevió a preguntar. "Él… el Coronel sabe que yo... " Ed todavía no se sentía capaz de llamarse hijo de ambos.

Riza negó con la cabeza. "No está al tanto de esto. Ni siquiera yo supe que tú eras nuestro hijo hasta nuestra plática de la otra noche. Y con la situación actual no puedo mantener conversaciones privadas con él. Si me hubiera enterado antes de que tú eras mi hijo... si no te hubiera perdido el rastro cuando Trisha y Hohenheim regresaron a Resembool, yo hubiera ido por ti y por Al inmediatamente cuando ella les faltó. Ingenuamente creí que después de unos cuantos años en la milicia, podría salirme e ir por ti, pero en mis planes iniciales no estaba Ishval." Dijo ella con amargura y culpa. "De haber sabido que estabas solo hubiera ido por ti sin dudarlo. Tal vez hubiera impedido que hicieras la transmutación humana o al menos hubiera impedido que Roy y yo te arrastráramos a la milicia… sé que él lo hizo con la mejor intención para protegerlos de los altos mandos y así evitar que los usaran como armas, y para ayudarles con su investigación, pero si él también hubiera sabido la verdad desde un inicio…" Riza suspiró. "Perdóname, por mi culpa has sufrido mucho cuando mi plan original era protegerte para que pudieras ser feliz." Dijo en tono derrotado.

Ed permaneció en silencio por varios minutos, viendo tímidamente a Riza ocasionalmente. Podía notar el gran sufrimiento de Riza y ahora entendía el porqué sentía un cariño especial por ella. Recordó que cuando ella lo ayudó a trenzar su cabello, él se sintió muy cómodo con ella, sintiendo una tranquilidad y seguridad inexplicables, y una sensación que no podía describir, la misma que sentía cada vez que ella le preparaba estofado y la misma que sintió momentos antes cuando la había abrazado. En esos momentos no lo entendía, pero ahora todo tenía más sentido. El calor y el cariño del abrazo, el aroma de ella… sentía que todo eso lo había sentido antes pero no podía recordar cuándo. Por increíble que pareciera, ahora estaba seguro de que esas sensaciones y sentimientos eran vestigios de sus recuerdos juntos cuando él era tan sólo un recién nacido. No entendía cómo podía tener esas memorias, pero estaban presentes. ¿Acaso era el famoso 'llamado de la sangre'?

Aunque aún no estuviera seguro de lo que sentía por Riza al saber que era su madre biológica, le era un poco más fácil la idea de asociarla con aspectos maternos pero… ¿Y Mustang? A él siempre lo había visto como alguien engreído, mal bromista y procrastinador pero, internamente, Ed lo respetaba y lo apreciaba, y por más que quisiera no podía negar que el coronel realmente hacía todo lo que podía para protegerlos y apoyarlos tanto a él como a Al. Pero… de tener esa imagen de él a verlo ahora como su padre… eso era algo completamente surreal y difícil de asimilar. El pensar que Mustang era su padre biológico y que lo amaba, le resultaba extraño e incluso gracioso. Jamás había considerado que el coronel tuviera madera para ser un esposo y mucho menos padre, y ahora resultaba que era su padre. Realmente estaba confundido y no sabía qué era lo que sentía en ese momento con respecto a ellos.

Ed se limpió el rastro de las lágrimas que había derramado anteriormente y agachó su cabeza. "No sé qué decir en estos momentos." Dijo en voz baja.

Riza entendía que su confesión había sido un golpe muy fuerte para el chico y estaba consciente que tal vez sería la última vez que Ed le dirigiría la palabra, por lo que decidió decirle todo lo que sentía en ese momento.

"Te entiendo y como te dije, no espero que me reconozcas como tu madre. No me lo merezco." Guiada por sus impulsos, Riza se levantó y se acercó a la silla de Ed. Se agachó ligeramente y extendió una mano temblorosa hacia la barbilla del chico para levantar su rostro y poder ver directamente sus ojos dorados, aún brillantes por las lágrimas derramadas. "Solamente quiero que sepas que fuiste un bebé deseado y, sobre todo, muy amado. También estoy muy orgullosa de ti, por el gran muchacho y hombre en el que te estás convirtiendo, aunque obviamente eso es mérito puro de Trisha y jamás pararé de agradecerle por cuidarte y amarte. Sin embargo, debo decir que desde que te tuve en mis brazos, sabía que serías un hombre de bien e igual de atractivo que tu padre."

Para sorpresa de Riza, Ed no apartó su mano y siguió viéndola fijamente con sus ojos dorados llenos de una mezcla indescifrable de emociones. "Si él es mi… bueno usted sabe, definitivamente no tenemos nada en común." Ed refunfuñó ligeramente al recordar la gran cantidad de veces que el Coronel había hecho bromas teniéndolo a él como objetivo.

"¿Eso crees? Tal vez no heredaste sus rasgos físicos más característicos, pero estoy completamente segura de que tienes su nariz, su barbilla, su sonrisa y sobre todo su carácter. Es por eso que ahora entiendo el porqué ustedes dos siempre andan peleando. Desde que naciste siempre tuve el presentimiento de que heredarías su carácter y determinación porque siempre te gustaba que te abrazara y mimara, igual que a él." Riza sonrió ligeramente.

Ed seguía en un estado de negación a pesar de que una parte de él le decía que ella tenía razón. Lentamente apartó su rostro de la mano de Riza y dirigió su mirada al lado opuesto de dónde ella se encontraba. "No lo creo... " Hizo una pausa. "No puedo creer que ustedes dos hayan concebido a un bebé." Dijo en tono bajo. "Él se la pasa saliendo con diferentes mujeres en su cara."

Riza se llevó al pecho la mano que había sostenido el rostro de su hijo. Sabía que para el muchacho todo era difícil, que estaba en negación y que buscaría cualquier motivo para seguir rechazando la realidad. "No todo es lo que parece, Edward. Cuando éramos novios, él siempre me respetó así que estoy segura de que jamás me engañó. Ahora, con todo lo que pasó, solamente compartimos un objetivo en común y una relación profesional. Recuerda que él es un hombre atractivo y soltero, por lo que está en todo su derecho de salir con quien le plazca." Aunque quiso sonar firme su voz vaciló por momentos. A ella le dolía admitir eso, a pesar de que él le había confesado que esas chicas eran solamente informantes, a veces sentía un poco de celos pero no podía hacer nada al respecto mientras ambos siguieran en la milicia.

Ed seguía sin aceptar del todo que Riza estuviera de acuerdo con que el padre de su hijo estuviera de mujeriego, pero decidió no seguir adelante con ello. Ya tenía demasiado en lo que pensar. "Está bien." Fue lo único que pudo decir.

En ese momento se puso de pie, decidiendo que ya tenía suficiente información que necesitaba analizar detenidamente. Necesitaba tiempo a solas para pensar y asimilar su realidad. A pesar de todo el torbellino de emociones que lo rodeaban, no podía olvidar que a pesar de que la Teniente no sabía de su parentesco, siempre lo estuvo procurando a él y a Al. Por ello, por muy confundido y dolido que se sintiera en ese momento, ella no merecía que se portara grosero. Así que, antes de que sus emociones lo controlaran y lo llevaran a ese comportamiento del que quizás se podría arrepentir, decidió que era tiempo de retirarse.

Ed inhaló profundamente. "Creo que será mejor que me vaya." Dijo manteniendo su mirada en el suelo.

"Entiendo." Riza sintió un profundo dolor al saber que su hijo se iba ahora que ya sabía la verdad, pero entendía que era demasiado pronto para que él la aceptara si es que lo llegaba a hacer. "Por favor, Al y tú cuídense mucho…" Tuvo el enorme deseo de al menos colocar su mano en el hombro del chico pero al acercarse, Edward instintivamente dio un paso hacia atrás, provocando que ella retrocediera con pesar. Su hijo estaba sufriendo y el contacto con ella parecía que no ayudaba. ¿Qué esperabas? ¿Que en un par de minutos él te reconociera como su madre, te abrazara y te dijera que te quiere mucho cuando TÚ lo abandonaste? Riza cerró momentáneamente sus ojos e inhaló profundamente, tratando de controlar sus pensamientos antes de continuar hablando. "Recuerda que no pienso imponerme en tu vida y aceptaré lo que tú dispongas, ya sea que me quieras dentro o fuera de tu vida yo lo respetaré." Ella dijo con cierto pesar pero mostrándole a Ed que era sincera.

El chico se percató de la reacción dolida de Riza cuando él se alejó de su contacto, y aunque lo había hecho inconscientemente, él no podía forzarse a sí mismo a disculparse o de intentar algún acercamiento en ese momento a pesar de que una pequeña parte de sí se lo pedía. Lentamente Ed se acercó a la puerta pero antes de abrirla para salir, se dió la vuelta y levantó su mirada para ver una última vez a Riza. "Gracias por su comprensión... Usted también tenga cuidado." Ed no podía olvidar que la Teniente… que su madre estaba en constante peligro y aunque no tenía bien definidos sus sentimientos hacia ella, no deseaba que le pasara algo malo.

"Gracias a ti por escucharme, Edward." Riza dijo tratando de esbozar una pequeña sonrisa sincera. Justo cuando Ed estaba abriendo la puerta, ella lo llamó. "Edward, acabo de recordar que la señora Rockbell me pidió que, si me atrevía a decirte la verdad, te dijera que fueras a verla cuando pudieras. Al parecer tiene algo para ti."

Ed asintió y sin más salió del departamento cerrando la puerta tras de sí, dejando a una Riza igual o incluso más dolida que él.

Riza se quedó unos minutos en silencio observando la puerta por la acababa de salir su hijo. Después, suspirando, se acercó a su sillón y se dejó caer pesadamente mientras su mascota se acercaba a ella desde la esquina en la que había permanecido durante la visita de Edward. "Lo hice, Hayate... ¿Crees que algún día me perdone y tenga la oportunidad de estrecharlo entre mis brazos como lo que realmente soy para él?" Riza dijo tristemente mientras miraba a su fiel amigo.

Black Hayate ladró como si estuviera afirmando que eso pasaría a la vez que se acercaba a ella para reconfortarla, a lo que Riza respondió agachándose para abrazarlo. Poco después, ella fue a su caja de recuerdos para tomar el collar que Roy le había regalado hace muchos años atrás. Lo apretó en su mano derecha y lo acercó a su pecho, tratando de imaginarse que Roy estaba ahí abrazándola. Roy, he encontrado a nuestro hijo y le he dicho la verdad. No sé si algún día me perdone y nos acepte en su vida como sus padres. Tampoco sé cuándo tendré la oportunidad de decirte que Edward es el hijo que abandoné. Te escondí la verdad una vez y no pienso hacerlo una vez más, pero mientras estemos bajo la mira de esos monstruos no podré decírtelo. Tal vez cuando todo esto pase pueda compartir contigo esta noticia, pero ahora no sabes lo mucho que te necesito. Sé que le dije a Edward que respetaría su decisión en cuanto dejarme o no estar presente en su vida, pero me aterra pensar que él no me quiera en ella. No sé qué voy a hacer para poder cumplir mi promesa.

Minutos después, Riza fue a su habitación y permaneció en su cama abrazando el collar mientras repetía en su mente todo lo que había sucedido con Edward, hasta que el sueño finalmente la reclamó.


"¡Hola, hermano! ¿Cómo está la Teniente?" Preguntó Al cuando vió ingresar a su hermano a la habitación del hotel en el que se encontraban.

Ed se encontraba tan perdido en sus pensamientos que realmente no sabía cómo le había hecho para llegar a su habitación. "Eh, ah ella está mejor." Respondió confundido y sin atreverse a mirarlo a los ojos, esperando que el tiempo que había tardado en regresar al hotel hubiera sido suficiente para que no fuera muy obvio que había llorado cuando estuvo con la Teniente.

Sin embargo, Al de inmediato notó que algo no andaba bien con Edward. "Hermano, ¿te encuentras bien?"

Sin poderlo evitar, Ed se sobresaltó ligeramente al escuchar la típica manera en la que Al se refería a él. Hermano... Al, si supieras que realmente no lo somos, inmediatamente dejarías de llamarme así y probablemente me odiarías porque por mi culpa perdiste tu cuerpo. Tienes un gran corazón y por eso no guardaste resentimiento alguno contra tu 'hermano', pero ¿qué vas a hacer cuando sepas que un intruso provocó que perdieras tu cuerpo?

Aún sin mirarlo y caminando para que Al no tuviera oportunidad de verlo bien, Ed respondió."Sí, estoy bien. Solamente estoy cansado y con dolor de cabeza." Ed mintió. "Será mejor que me vaya a dormir porque mañana nos espera un largo viaje." Y sin esperar la respuesta de Al, Ed se recostó en su cama, volteándose hacia un lado para darle la espalda a Al y fingió que dormía, pero en realidad seguía repasando lo que había acontecido momentos atrás.

No sabía si algún día reconocería a Riza Hawkeye y a Roy Mustang como sus padres, ni tampoco sabía si los odiaba. Sólo sentía un inmenso dolor al saber que gran parte de su vida era mentira y que la persona que siempre creyó que era su madre, realmente no lo era.

También no pudo evitar recordar que hace unos cuantos años, el Coronel le había dado 'esa plática' y que le había dicho que debía de tener cuidado cuando se enamorara de una chica, porque a veces las caricias inocentes podían llevar a cosas más serias como a un embarazo. Se dio cuenta de que lo que le había dicho en ese entonces no solamente lo dijo por propósitos educativos sino que lo había dicho por experiencia propia. Inevitablemente esos pensamientos desataron una duda que se esforzaba por hacerse un lugar dentro del remolino de pensamientos que rondaban en su mente: La Teniente le había asegurado que ambos lo amaban y que él era producto del amor y no de un simple momento de placer pero… ¿Qué tal y si sólo ella pensaba eso? ¿Qué tal si para el Coronel él sólo había sido producto de un accidente del cual se arrepentía? En esos momentos, Ed realmente deseó sacudir su cabeza para apartar ese tren de pensamientos pero tuvo que contenerse para no arriesgarse a que Al descubriera que en realidad estaba despierto.

A falta de otro medio, Ed apretó fuertemente sus ojos hasta que los pensamientos anteriores le dieron un poco de descanso, dando espacio a pensamientos relacionados a la relación de… el coronel y la teniente. Recordó la manera en que Riza prácticamente le suplicó para que no odiara a Roy por su abandono, porque ella era la única responsable de ello. Si la Teniente está tan segura de que Mustang es un buen hombre… ¿Será que ambos de verdad se amaron y siguen haciéndolo a pesar de todos estos años? ¿Será cierto lo que Al y Winry piensan?

Siguió pensando y vinieron a su mente diferentes recuerdos de Roy y Riza ayudándolos, a su manera, a Al y a él en todo lo que podían. Riza siempre los apoyaba, de eso no tenía duda y aunque Roy no era tan afectivo de manera abierta con ellos, reconocía que se preocupaba por ellos. ¡Demonios! Procurando moverse lentamente y sin hacer ruido, apretó su mano izquierda en un puño. ¿Por qué no puedo odiarlos? ¿Por qué una parte de mí reconoce que siempre han estado conmigo desde que los conozco? Pero... ¿por qué no me siento capaz de reconocerlos como mis padres? ¿Por qué no fui capaz de decirle a la Teniente que comprendía lo que había hecho y que no debía culparse más por ello? ¿Realmente creía en eso? ¿Será que lo comprendía solamente porque pensaba que su hijo era otra persona? ¿Por qué ahora que sé que yo soy ese hijo no puedo tener esa misma consideración para con ella?

Ed permaneció con su diálogo interno hasta la madrugada, que fue cuando el cansancio finalmente lo reclamó y pudo ser capaz de dormir intermitentemente un par de horas antes de que él y Al tuvieran que partir con rumbo a la estación de trenes. Sin embargo, su debate interno acerca de su origen no estaba terminado y temía que no lo estaría pronto.