PARTE 3 Las Guerreras Legendarias

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Honoka iba camino a la escuela con la calma de costumbre y también, como ya se había hecho costumbre para quienes la veían, con una bandita adhesiva en la nariz, producto del buen golpe que le propinó su oponente el día anterior durante la pelea. Además lucía un moretón bastante visible en la quijada. El daño era relativamente mínimo y sanaba rápido después de todo, pero cosas así siempre hacían que le dirigieran miradas raras.

No que lo supiera porque nadie se atrevía a decirlo cerca de ella, mucho menos de frente, pero cuando se aparecía en la escuela con golpes en el rostro, los rumores iban desde peleas de callejón hasta un brutal entrenamiento en artes marciales. La historia del entrenamiento era cierta en parte, Sanae en persona la entrenaba para aprender a defenderse pero no era nada brutal en realidad, raramente salía con golpes visibles de los entrenamientos con su abuela, ni qué hablar de lesiones, eso nunca se daba. Lo de las peleas de callejón eran historias exageradas, sólo sucedió una vez pero fue con un chico de la escuela que intentó propasarse con ella a mediados de su primer año en preparatoria, le dio una buena lección al pervertido y a su par de acompañantes de paso, precisamente en un callejón a media calle de la escuela. Fue todo un escándalo que incluso la llevó a la oficina del director.

Su camino era silencioso, pocas personas le daban los buenos días, sus dos amigos de la infancia y un par de conocidas del club de ciencias pero nada más. Precisamente ese par de compañeras del club le tenían un marcado respeto y tenían una relación cordial con Honoka dentro de lo que podría decirse. No le molestaba que los demás mantuvieran su distancia con ella, además era más seguro para sus compañeros no estar cerca de la acción. El silencio le era cómodo, andar por su cuenta era algo a lo que Honoka estaba acostumbrada.

Y por esa misma razón respingó al escuchar que una nueva voz la llamaba.

"¡Yu-Yukishiro-san, buenos días!"

Honoka se giró y a quien vio fue a su compañera Misumi Nagisa. Cargaba su mochila deportiva y su red de lacrosse, toda una deportista sin duda. Sonrió sin poder contenerse, se sintió feliz en automático.

"Misumi-san, buenos días", respondió Honoka con amabilidad y un gesto más suave que de costumbre. No le pasó de largo, por cierto, que su compañera estaba mirando su rostro con mucha atención. No, mirando no, más bien contemplando. Sonrió. Caminaban a la par. "No te preocupes, pronto estaré completamente sana".

Nagisa hizo cara de infantil puchero.

"Te dieron un buen golpe, me sorprende que no te rompieran la nariz", dijo, preocupada.

"A mí me apuraba más haber lastimado a nuestro compañero, por eso usé la energía que me quedaba para curarlo", explicó Honoka con calma. "Normalmente esa energía es la que me sana, pero tuve que usarla en alguien más".

"Comprendo", a decir verdad no del todo, pero no era correcto preguntar más detalles de un asunto en el que Nagisa no debía ni quería meterse. "Ten cuidado, ¿de acuerdo?" Dijo, pero no le dio tiempo a su compañera de responder. "Digo, se ve que tienes todo bajo control y te las has arreglado bien hasta ahora… Ah… Sólo… Cuídate, ¿sí?" Más que decirlo, pareció tartamudear esas palabras. Por alguna razón se sentía apenada.

Debía ser culpa del suave y delicioso aroma del perfume que emanaba de su compañera, el mismo que se le quedó en el cuerpo luego de que Yukishiro la cubriera de ese golpe. Tenía esa misma esencia encima, seguramente su jabón y champú de diario.

"Lo haré, gracias, Misumi-san", respondió Honoka con una linda sonrisa.

El gesto casi hizo respingar a Nagisa, casi, pudo contenerse a tiempo. Miró al frente mientras asentía con un monosílabo. Antes de que alguna pudiera decir algo más, escucharon un par de voces detrás de ellas.

Eran Shiho y Rina, que llamaban a Nagisa.

"¡Nagisa, Nagisa, Nagisa! ¡Buenos días!" Saludó Shiho con entusiasmo, mismo que casi se le cayó de las manos al reconocer a la chica que caminaba junto a Nagisa. "Ah… Yukishiro-san, buenos… Buenos días".

"Buenos días", saludó Rina enseguida, procurando sus mejores modales.

"Buenos días", respondió Honoka con un gesto calmo, miró a Nagisa y se despidió con un suave movimiento de cabeza. "Con su permiso".

Y Yukishiro Honoka se adelantó a paso rápido. Shiho y Rina pronto se acomodaron a los lados de Nagisa, lucían preocupadas.

"Nagisa, no somos nadie para decirte con quién hablar y con quién no, pero─", Rina no quería sonar pesada, no era como si Yukishiro alguna vez les hubiera hecho una grosería a alguna de ellas.

"En el camino hemos estado escuchando que Yukishiro-san se peleó con alguien en la escuela", contó Shiho. Los golpes que tenía Yukishiro en el rostro confirmaban los rumores, ¿cierto? Imposible no notarlos. "Al parecer con un chico de primer año".

Nagisa estuvo a dos segundos de defenderla pero decidió callar. No podía decirles la verdadera naturaleza de esos golpes, para empezar nadie le creería. Ni ella misma lo creería de no ser porque había visto todo con sus propios ojos. Además, era obvio que entre más lejos estuvieran de Yukishiro, más a salvo estarían. A su compañera no parecía molestarle la situación, por algo se adelantó después de todo. Sólo pudo aclarar su garganta.

"Quiero ser amable con todos mis compañeros, además ella es la presidenta de la clase, ustedes mismos la eligieron, todo el grupo votó por ella", Nagisa también votó por ella, si prácticamente todos la habían elegido de manera unánime era por algo, ¿o no? Siguió hablando, "y también se sienta a mi lado, no quiero llevarme mal con ella", agregó, buscando sonar convincente.

Lo logró. Shiho y Rina se miraron entre sí y terminaron por asentir.

"Tienes razón, tampoco hay necesidad de molestarla", dijo Rina con recuperado humor.

"Además, puede que hasta te ayude con tus estudios, Nagisa. Después de todo, Yukishiro-san es bastante lista", agregó Shiho con una sonrisa enorme.

Nagisa suspiró de alivio al ver que el ambiente había cambiado. Si tan sólo todos supieran que Yukishiro Honoka los protegía desde las sombras, tendrían una mejor opinión de ella. ¡Además Yukishiro era muy hermosa y olía bastante bien! Pensar en eso la sonrojó un poco. Sacudió la cabeza y aceleró el paso.

"Corramos o se hará tarde", las animó Nagisa y las tres corrieron a toda prisa hasta ser propiamente una carrera para ver quién llegaba más rápido.

Nagisa ganó.

Entre risas y mientras recuperaban el aliento, Nagisa abrió su locker de zapatos y un montón de sobres de colores cayeron al piso, al menos cinco. Shiho y Rina gritaron con emoción mientras Nagisa sonreía nerviosamente. ¡Eran cartas! La chica las levantó de inmediato.

"Tu tercer día aquí y ya te están llegando cartas, vaya que te has vuelto popular, Nagisa", dijo Rina con una sonrisa enorme y se acercó más para ver las cartas.

Shiho hizo lo mismo. "Bueno, ayer en el entrenamiento había más público del normal", comentó, haciendo memoria de las actividades del día anterior. No era raro tener gente que fuera a verlas, sucedía mucho con los equipos deportivos, no les faltaban los fanáticos que iban a ver los entrenamientos. De todos los equipos de la escuela, era el de fútbol varonil el que juntaba más fans, todas ellas femeninas, por cierto.

Y hablando de fans femeninas, Shiho y Rina se quedaron mirando las cartas conforme una derrotada Nagisa las revisaba. Entonces lo notaron.

"¡Todas son cartas de chicas!" Exclamó Rina con sorpresa.

"Entonces son cartas de admiración", agregó Shiho con una amplia sonrisa, echándole sal a la ya herida y derribada Nagisa.

Ninguna de esas cartas era de un chico, ¡justo como en su otra escuela! Nagisa soltó un largo suspiro de cansancio pero igualmente guardó con cada una de esas cartas con el cuidado que merecían. Podrían no ser las cartas que quería pero tampoco pensaba rechazarlas ni mirarlas mal.

"A menos que alguna de esas cartas sea una declaración amorosa", murmuró Rina en tono de broma.

Nagisa se sonrojó bastante ante el súbito pensamiento de si Yukishiro Honoka era el tipo que mandaba cartas de admiración.

"¡Andando, tenemos que ir al salón!" Exclamó y se cambió los zapatos tan rápido como pudo, sus amigas pronto la imitaron y las tres subieron entre risas al salón.

El ambiente antes del comienzo de clases era el de costumbre: los pequeños grupos de amigos platicando, riendo y sufriendo por las tareas que quizá no habían hecho bien. Eso le gustaba a Nagisa, que en ese momento platicaba con Shiho y Rina de unos programas de televisión de variedades del día anterior. Sin proponérselo a decir verdad, miró en dirección a Yukishiro Honoka de manera discreta, ésta leía un libro que claramente no era de la escuela. Sonrió por lo bajo, Yukishiro resaltaba a su modo. Además, admitía, se veía curiosamente ruda con una bandita adhesiva en la nariz mientras usaba sus gafas para leer. Su fama de delincuente era infundada a su parecer pero de alguna manera le pegaba. Nadie diría que una chica tan lista y propia fuera toda una rebelde.

No pudo evitar reír.

Honoka notó de reojo que la chica nueva le miraba y sonrió por lo bajo, cubriéndose lo suficiente con su libro para pasar un poco más desapercibida. Misumi Nagisa le llamaba la atención de muchas maneras, no le daba pena admitirlo. No era solamente por el hecho de que Nagisa tenía una intensa presencia de Luz, si no que la chica, por sí misma, era llamativa a su manera. Su sonrisa era grande, sí, además tenía una buena presencia. Sería lindo hablar más con ella pero lo mejor era mantener una sana distancia.

El profesor Terada justo a la hora como de costumbre y los alumnos fueron a sus asientos. Como la delegada de la clase que era, Yukishiro Honoka indicó el saludo al profesor y oficialmente comenzaron las clases.

Ese día pasó con normalidad, eso fue un alivio no sólo para Honoka, también para Nagisa. Las actividades de sus respectivos clubes tampoco se vieron interrumpidas, afortunadamente. Shiho y Rina tuvieron que adelantarse cada una por su lado luego de terminado el entrenamiento del equipo, lo que dejó a Nagisa por su cuenta. No tenía mucha prisa por llegar a casa así que decidió dar una vuelta por su cuenta en la escuela. Ya se había perdido un par de veces durante el día y quería conocer mejor el sitio.

Se dio el tiempo de localizar los sitios clave de la escuela: la enfermería, un camino más corto al comedor, el gimnasio de uso general, la ubicación de todos los baños, la biblioteca, el laboratorio (en el que aún no tenían clase) y la ubicación de los otros clubes. Eso por dentro de los edificios, por fuera encontró las pistas y canchas de los distintos equipos deportivos de la escuela, alcanzó a ver a otros clubes no-deportivos en sus actividades, los de música eran especialmente buenos, podía escucharlos practicar y sonaban fantásticos.

Y entonces encontró el sitio que no sabía que necesitaba: la cancha donde practicaba el equipo de fútbol masculino. Estaba al otro lado de la escuela, por eso no los había visto antes. Y justo ahí vio que precisamente el equipo de los chicos terminaba su partido de prueba para los novatos. Ahí estaba, el guapo Fujimura Shougo guiando a su equipo y animando a los nuevos cuando cometían algún fallo. Su varonil voz era firme, su energía fantástica, todo él era un sueño y cuando éste anotó un gol, Nagisa respingó al escuchar el grito al unísono de un montón de chicas no muy lejos de donde se encontraba. No las había notado.

Hasta ese momento vio que al menos dos docenas de alumnas miraban el entrenamiento con embeleso, y claramente todas estaban ahí por Fujimura Shougo. A Nagisa no le sorprendía, de hecho comprendía su sentir y lo compartía, pero no tenía muchas ganas de unirse al grueso de las admiradoras del futbolista, prefería contemplarlo por cuenta propia. Se acomodó donde no resaltara mucho y vio el entrenamiento hasta el final, no fue mucho tiempo, unos cinco minutos más antes de que anunciaran el final del entrenamiento y los chicos comenzaran a felicitarse por el gran juego.

Nagisa sonrió, era igual que en el entrenamiento de lacrosse, le gustaba mucho el espíritu deportivo y cómo un equipo podía sentirse como una familia nueva. La misma Nagisa se encariñó rápido con sus compañeras y éstas con ella, las mayores en especial adoraban darle cariños en el cabello y bromearle bastante.

No perdió de vista al chico hasta que éste se fue con sus compañeros a su propia sala de club. Nagisa suspiró hondo y decidió seguir con su pequeño tour antes de volver a casa. No tardó en notar cuando la escuela poco a poco quedaba vacía. Siendo una escuela de élite, todos los alumnos, todos y cada uno de ellos sin ninguna excepción, estaban en un club.

Pese a estar disfrutando su paseo, no olvidaba en ningún momento ese asunto de los monstruos oscuros. Al saber que nada de esas cosas atacaban fuera de la escuela, decidió terminar por ese día y volver a casa. Tenía tarea por hacer, además estaba hambrienta y quería ver una película esa noche para relajarse un poco. Lo que Nagisa sí olvidó fue el juguete que encontró en el templo y que quería llevar a la oficina de objetos perdidos del barrio que le quedaba antes de entrar a la estación de tren.

"¿Misumi-san?"

Nagisa volteó, esa suave voz era inconfundible, se trataba de Yukishiro Honoka. Se la topó camino a los lockers de zapatos.

"Yukishiro-san", no pudo evitar sonreír. "¿Tuviste club o algo?" Preguntó con el claro afán de mantener la conversación. Durante el día era complicado platicar con ella porque no quería interrumpirla entre clases, Yukishiro siempre parecía muy concentrada. Entre ese y otros asuntos que de momento no venían a discusión.

"Me encargaba de algunos pendientes con los documentos de las clases, también voy a casa", respondió Honoka sin entrar en detalles, no había necesidad por mucho que quisiera contarle muchas cosas a la única persona que sabía de las actividades oscuras en la escuela.

Nagisa se aclaró la garganta y se llevó una mano a la nuca.

"¿Está bien si nos vamos juntas?" Preguntó la deportista con cierto ápice de timidez, no estaba segura del porqué, quizá simples nervios.

"¿Uh?" Honoka se sorprendió un poco, eso sí sería nuevo.

"¡Por seguridad, ya sabes!" Aclaró una nerviosa Nagisa.

Honoka sonrió, sea por la razón que fuere, quien se lo estaba pidiendo era alguien a quien sinceramente quería conocer y con quien quería relacionarse. Por el gesto de crecientes nervios que estaba poniendo su compañera, se dio cuenta que se estaba tardando mucho en responder. Rápidamente asintió. "Me encantaría".

"¡Genial!"

Y aunque hablaron más bien poco, el camino que compartieron fue agradable a su manera.

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El viento sopló, fresco por la temporada y por la altura a la que se encontraba, y Honoka se limitó a acomodarse el cabello, la fuerte brisa la despeinó un poco. Le gustaba mucho la sensación de frescura propia de principios de primavera. Además, esa brisa siempre era un buen recordatorio de que su cumpleaños cada vez estaba más cerca y podría ver a sus padres. Estaba emocionada por ese día en especial. Era paciente, sabía esperar y su intención era pasar un gran día con sus padres.

Siguió comiendo su almuerzo sin prisa, aunque ésta vez miraba su caja a turnos mientras vigilaba más abajo, buscando, preguntándose si podría ver a Misumi Nagisa en los jardines con sus amigas Kubota y Takashimizu. A veces almorzaban en el salón. Cuando se sintió satisfecha, sonrió al ver que seguía con su caja al 60% de su capacidad y en serio tenía ganas de compartir ese restante con Misumi. Su gesto al comer era bastante lindo. Pensar en eso la hizo sonreír más y sentir sus mejillas ligeramente calientes. No luchó contra la sensación.

No se detenía a sí misma de fantasear un poco, no era como si alguien la estuviera viendo y Honoka era el tipo de chica que sabía lo que su corazón quería. Quería conocer más a Misumi Nagisa y verla sonreír, así de simple. Su deseo era complicado de cumplir dadas sus circunstancias, pero nadie le impedía soñar despierta.

Honoka no necesitaba saber que Nagisa, quien en ese momento estaba en el salón con su par de amigas porque sentía un poco de frío en los jardines, contemplaba su caja de almuerzo vacía. Como siempre, eso no era suficiente para llenarla. Quería probar la comida de su compañera Yukishiro Honoka. Sí, eso deseaba.

"¿Vamos por algo de pan?" Propuso Rina al notar que las tres ya se habían terminado sus almuerzos. Como buenas deportistas, necesitaban más energía para funcionar mejor. "Por cierto, Nagisa, tu chaqueta es genial", comentó, señalando a su amiga.

"Mamá dijo que me la pusiera, tiendo a resfriarme mucho en días fríos y no quiero enfermarme antes de siquiera jugar un partido", explicó Nagisa con una sonrisa mientras estiraba los brazos, todo para presumir mejor su chaqueta. Admitía que ese día estaba un poco frío pero tampoco era para tanto, a su parecer su madre exageraba un poco, pero desde hace tiempo sabía que el trabajo de una mamá era exagerar, porque no les gustaba dejar nada al azar, todo por sus hijos. Su hermano menor también tuvo que salir con una chaqueta extra. "¿Les gusta?"

"¡Te ves genial!" Respondió Shiho.

"Mi papá me la regaló en Navidad, incluso es un par de tallas más grande para que no la deje tan pronto mientras crezco. Es una de mis favoritas", siguió presumiendo. "¿Vamos a la tienda? Quiero unas bolas de arroz ésta vez".

"¡Vamos!" Exclamaron sus amigas a la vez y salieron juntas del salón.

No lo sabían, no necesitaban saberlo tampoco, pero Yukishiro Honoka les miró cuando las tres iban camino al comedor de la escuela. Las clases pasaron con la normalidad esperada, pero lo que Honoka a momentos no notaba era que Nagisa le echaba veloces miradas. Ver que aún no se curaba por completo de su última pelea la tenía preocupada, no podía evitarlo, pero Yukishiro parecía tan tranquila y más de una vez le había regalado una sonrisa cuando sus miradas se cruzaban, que no tuvo más remedio que contagiarse de la tranquilidad ajena.

Sonó la campana anunciando el final de las clases del día y todos los alumnos que tenían actividades de club se apresuraron a asistir a estos. Honoka no tenía actividades de laboratorio ese día pero esperarse mutuamente con Misumi Nagisa podría ser considerado un menester dada su situación. Shiho y Rina salieron corriendo antes que Nagisa entre risas, ésta vez no la dejarían ganar la carrera a la sala de club de su equipo. Nagisa sólo rió, no tenía problema en darles un poco de ventaja ésta vez. Estaba a punto de salir tras ellas cuando escuchó el estornudo más lindo que jamás en su vida había escuchado.

La que estornudó fue su compañera Yukishiro Honoka.

"¿Un resfriado?" Preguntó Nagisa, entre curiosa y encantada por ese estornudo tan lindo.

"No, pero hoy el día se siente más fresco que de costumbre, es todo", respondió Honoka con una sonrisa que buscaba tranquilizar a su compañera. Eso de vigilar arriba donde soplaba el aire frío de finales de invierno quizá no era la mejor de las ideas. De inmediato volvió su atención a su mochila para guardar lo que le faltaba, pero de pronto sitió que tenía algo cálido encima.

La chaqueta de su compañera Misumi Nagisa.

De inmediato la miró con apuro mientras sujetaba la prenda con una mano.

"Misumi-san, espera, hoy hace un poco de frío, seguro que la necesitas", dijo de inmediato, más sorprendida de lo que trataba de aparentar.

"No te preocupes, no sentiré frío con todo lo que tengo que entrenar, no la necesito. Me la devuelves después", dijo Nagisa mientras cargaba sus mochilas. "¿Nos vamos juntas de nuevo?" Preguntó antes de irse.

"¡Sí!" Honoka casi gritó su respuesta.

"¡Nos vemos en los lockers!" Exclamó con una sonrisa antes de salir corriendo para alcanzar a sus compañeras.

Y justo como acordaron, se vieron en el sitio acordado después de que Nagisa terminara su entrenamiento. Honoka pasó el rato en la biblioteca de la escuela, por cierto. Sus lockers no estaban muy distanciados el uno del otro, compartieron una sonrisa apenas se vieron y se estaban cambiando los zapatos cuando ambas sintieron la molesta sensación de un impulso oscuro. ¡Justo tenía que pasar cuando hacía un lindo día! Para Nagisa la sensación era nueva y fue bastante molesta, Honoka notó esto último, pero no tuvo tiempo de preocuparse o preguntar más, de inmediato fue corriendo hacia donde sintió la energía.

"¡Yo me encargo!"

Por mero instinto Nagisa corrió tras ella. Y de nuevo llegó ese pensamiento a su cabeza.

Quiero ayudarla…

Llegaron a la cancha de béisbol, afortunadamente ya vacía a esa hora, y lo que había era un zakenna grande, ligeramente más grande a comparación del primero que vio Nagisa. Quizá unos tres metros de alto. Pensándolo bien, era enorme. Nagisa sintió un escalofrío en todo su cuerpo mientras el Zakenna rugía y llenaba los alrededores con esa atmósfera pesada y neblinosa.

"Yo me encargo, no dejaré que te dañe, ¿de acuerdo?" Exclamó Honoka con firmeza y voz fuerte. El Zakenna justamente terminaba de formarse y ella rápidamente dejó su mochila y la chaqueta de su compañera en el suelo y sacó el teléfono de juguete del estuche bajo su suéter. Lo abrió y el brazalete apareció de inmediato. Ya estaba lista para pelear.

Por su lado, Nagisa abrió los ojos como platos al notar eso.

Ese teléfono, ¡ese pequeño teléfono de juguete era igual al que había encontrado en el templo! ¡Acababa de recordarlo! De inmediato lo buscó en su mochila. Mientras tanto, Honoka ya estaba enfrascada en una veloz y feroz batalla contra el Zakenna. Éste en especial era más rápido y fuerte que los anteriores, Honoka lo supo al momento de bloquear un golpe del monstruo con ambos brazos. Sintió un lacerante dolor en sus músculos y hasta los huesos… Y en su espalda porque salió volando y cayó de espaldas al suelo. Se levantó casi de inmediato apenas vio que el Zakenna tenía todas las intenciones de aplastarla con un poderoso pisotón.

La pelea estaba pareja y Honoka pronto se dio cuenta por qué no podía ganar ventaja contra el monstruo: seguía drenada por la pelea anterior. Pelear por varios días casi consecutivos era algo que no le había sucedido antes. Pudo darle una potente patada al Zakenna, pero éste le sujetó la pierna a medio aire con ayuda de sus brazos anormalmente largos, claramente tenía toda la intención de dañarla. Honoka tuvo que apretar los dientes para no gritar, concentró su energía de Luz tanto como le fue posible para que el monstruo la soltara antes de que le rompiera la pierna. El Zakenna rugió al sentir la ardiente sensación de la Luz en su mano y lanzó a la chica con fuerza al ya no poder sujetarla ni apretarla más.

Honoka azotó en el suelo a unos cuantos metros de Nagisa, se dolía de la pierna y no podía ponerse en pie.

La escena aterró a Nagisa.

"¡Yukishiro-san!" Sin pensarlo siquiera, corrió hacia su compañera. Lo único que tenía a la mano para defenderse era su red de lacrosse. Ni siquiera lo pensó. Cubrió a Honoka con su cuerpo mientras sujetaba el teléfono de juguete en una mano y mantenía su red por delante con la otra. Si pudo defenderse de uno, podría contra ese otro, ¿verdad?

Craso error.

Por alguna razón, la fuerza de éste monstruo era muy, muy superior al anterior por mucho y con un manotazo la mandó contra el muro de uno de los edificios. Pudo sentir su cuerpo crujir y el aire abandonar sus pulmones. Quedó en el suelo mientras apretaba su red y el pequeño teléfono. Estaba aterrada y nadie podía culparla por temblar como lo estaba haciendo.

Nagisa levantó la mirada como pudo y, con horror, vio que el Zakenna apuntó su brazo hacia ella, en su enorme mano se formó una esfera de energía oscura y se la lanzó. Nagisa apretó los ojos y se cubrió con ambos brazos.

Y de nuevo, el golpe no llegó.

Escuchó el sonido de un impacto y un quejido quedo. Al levantar el rostro para ver lo que había pasado, descubrió que Yukishiro volvió a cubrirla con su cuerpo, recibió el impacto en la espalda y su gesto dolorido era visible. Ella misma estaba adolorida pero como pudo se acercó a su compañera.

"¡Yukishiro-san!"

"¿Estás bien?" Fue la primera pregunta de Honoka. "Lo siento… Dije que… Dije que te cuidaría", como pudo, le sonrió. "No quiero que te lastimes y no puedas… Jugar lacrosse". Tosió un poco. "No quiero que te pase nada malo".

El Zakenna estaba listo para embestir de nuevo, Nagisa lo notó, se aterró y dejó que su corazón hablara.

"¡Y yo no quiero que pelees sola! ¡Quiero ayudarte!" Exclamó Nagisa y tomó la mano de su compañera por culpa de un impulso que no supo explicar. Y fueron sus manos unidas las que dieron el nacimiento a un milagro.

Una intensa Luz brilló en sus manos unidas, esa misma Luz las curó en cuestión de dos segundos y fue la propia Luz la que mantuvo al Zakenna a raya el tiempo suficiente para lo siguiente que iba a suceder.

"¿Qué está pasando?" Preguntó una sorprendida Nagisa.

"No… No tengo idea", respondió Honoka, tan sorprendida como su compañera.

En ese momento, los coloridos teléfonos también comenzaron a brillar. El par de chicas, movidas por un instinto que no entendían pero que tampoco cuestionaban, asintieron la una a la otra. Y la magia sucedió.

Una brillante Luz cubrió a ambas de manera cegadora, de hecho el Zakenna tuvo que alejarse por culpa de la intensidad de aquella Luz. Bastaron un par de segundos para que el monstruo pudiera volver a verlas, pero lo que tenía enfrente no era a dos colegialas maltratadas, no.

La Luz bajó su intensidad y reveló a Misumi Nagisa y a Yukishiro Honoka tomadas de la mano y enfundadas en unos ropajes bastante llamativos. Un uniforme negro con rosa en el caso de Nagisa, y blanco con azul en el caso de Honoka. El uniforme de Nagisa dejaba ver su abdomen definido gracias a que usaba una especie de top con un moño en el pecho, era femenino a su modo gracias a una falda corta y unos shorts debajo, pero el que contara con unos nudillos en sus manos, además de un brazalete como el que tenía Honoka, le daba un aspecto bastante rudo. El uniforme de Honoka, por otro lado, era propiamente un vestido a la rodilla bastante femenino, también tenía unos lindos moños azules en pecho y espalda baja. Sus cuerpos estaban sanos, como nuevos. Ambas tomaron aire al mismo tiempo. Seguían de la mano.

"Emisaria de la Luz, Cure Black", se presentó Nagisa, aún perdida en el hechizo de la Luz.

"Emisaria de la Luz, Cure White", fue el turno de Honoka de presentarse, estaba hundida en el mismo estado que su compañera.

Miraron al Zakenna a la vez y lo señalaron con sus manos libres, claramente amenazándolo.

"¡Juntas somos Pretty Cure!" Exclamaron las dos al mismo tiempo.

"¡Siervo del poder de la Oscuridad!" Exclamó Cure White.

"¡Vuelve a la Oscuridad a donde perteneces!" Finalizó Cure Black.

Silencio.

Black y White se miraron entre sí con apuro, sorprendidas.

"¡¿Qué rayos es todo esto?!" Gritó Nagisa, soltando a su compañera para poder mirarse el cuerpo entero. Su sorpresa era más grande que su pánico.

"N-No tengo idea…" Balbuceó una igualmente sorprendida Honoka. "Bueno, sí tengo una idea de lo que sucede pero no creo que sea el momento más adecuado para…" Para dar una larga y detallada explicación, y tenía razón. El Zakenna, enfurecido, se lanzó contra el par de las (ahora) Guerreras de Luz.

Las chicas simplemente saltaron para evadir el ataque, pero su salto tuvo tanta potencia que quedaron en el aire. Apenas notaron que estaban como a veinte metros del suelo, se sorprendieron todavía más. El monstruo saltó también y soltó un golpe, pero Black reaccionó primero y por instinto soltó un puñetazo que chocó con el ataque del Zakenna. Su potencia fue tal, que mandó a la criatura oscura al suelo con tanta fuerza que el monstruo hizo un cráter en el suelo. Cure Black no supo qué decir, su compañera tampoco.

Ambas siguieron su caída libre y para sorpresa de ambas, cayeron bien sobre sus dos pies y sin ningún daño. Se miraron entre ellas una vez más y sin saber qué decirse, pero pronto el Zakenna se puso de pie y las atacó con un veloz movimiento. Fue tan rápido que antes de percatarse, ya tenían al enorme ser frente a frente. Black ésta vez no buscó protegerse o intentar escapar, en cambio tomó una posición más adecuada para resistir el embiste, como cuando jugaba lacrosse, pero su compañera fue más rápida que el monstruo.

White, dejando que su instinto y su memoria muscular actuaran, recibió el puño del Zakenna con una llave y lo azotó en el suelo como nunca antes lo había hecho con algún enemigo. Honoka no fue la única sorprendida, Nagisa también. Ambas saltaron hacia atrás para alejarse del Zakenna mientras decidían qué hacer a continuación.

"Oye, ah… ¿White?" Black todavía no estaba muy segura de cómo actuar en esa extraña situación. "¿Cómo lo derrotamos? Cuando te vi hacerlo la primera vez, reuniste una energía brillante y lo golpeaste", dijo con apuro, el Zakenna estaba por ponerse de pie.

"Es lo que intento pero la energía no sale", respondió White mientras se concentraba y trataba de reunir la energía como antes. Rápidamente hizo memoria de todo lo que sabía del asunto y miró a su compañera. "Podía reunir energía por mí misma porque estaba por mi cuenta, ahora que somos las dos las que estamos en, bueno, en las mismas condiciones, supongo que entre las dos podremos hacer algo".

Tiene sentido, eso pensaron ambas. ¿Pero cómo iban a hacer algo así? Se miraron las manos al mismo tiempo, luego entre ellas y estiraron los brazos hacia el Zakenna tratando de concentrarse en aquella energía de Luz. No lograron nada, sólo hacer caras raras y darle tiempo al monstruo de recuperarse y atacarlas una vez más.

Y de nuevo, ellas evadieron.

"¡No funcionó!" Se lamentó Nagisa mientras seguía evadiendo a la par de su compañera. "¿Y ahora?"

"¿Eh?" Honoka estaba igualmente confundida pero rápidamente se compuso. "Dame un momento", y volvió a repasar lo sucedido, sobretodo el preciso momento en que ambas se transformaron. Tuvieron contacto físico y eso disparó todo gracias a que Nagisa tenía el mismo objeto especial que ella: el pequeño teléfono. ¿Cuál fue el verdadero detonante entonces? Por simple descarte, el contacto físico era la opción que les quedaba. Bien, debía ser eso. Miró a Black. "Toma mi mano", indicó luego de evadir otro ataque saltando y aterrizando a una distancia prudente junto con Black. "El contacto físico nos transformó, lo que quiere decir que repetir el contacto físico nos ayudará a despertar la energía que necesitamos".

"¿Eh?" fue el turno de Nagisa de confundirse y le tomó unos segundos entender lo que su compañera le explicó. Bueno, ya se habían tomado de la mano cuando sufrieron esa transformación, tenía sentido que funcionara de nuevo como Yukishiro bien decía. Además, opciones tenían más bien pocas, era eso o seguir pegándole al monstruo hasta que alguno de los dos lados se cansara. Miró a White y asintió. "Hagámoslo".

Honoka igualmente asintió y ambas se tomaron de la mano.

No que fuera algo evidente, al menos no al principio, pero los sinceros deseos de ambas de salir de ese lío juntas, además de la calidez que desprendían sus manos unidas, hicieron el resto. Ambas lo sintieron, como si algo las hubiera golpeado, una sensación intensa que a su vez luchaba por salir de sus cuerpos. Y salió.

Sus energías se encendieron en forma de chispas y rayos negros en el caso de Cure Black, y de color blanco en el caso de Cure White.

Sus mentes y cuerpos nuevamente parecieron entrar en una especie de funcionamiento automático. Ambas levantaron sus brazos libres hacia el cielo y dos potentes truenos, negro y blanco respectivamente, cayeron desde el cielo y chocaron en sus cuerpos. Un poder totalmente nuevo se aglomeraba dentro de sus cuerpos, un poder que estaba listo para estallar.

"¡Black Thunder!"

"¡White Thunder!"

Black y White estiraron sus brazos hacia el Zakenna y sus voces se unieron en una sola.

"¡Marble Screw!"

Junto con ese poderoso grito de batalla, un rayo bicolor salió disparado de sus manos extendidas, mientras que sus manos unidas se sujetaron con más firmeza al sentir y resentir la potencia de ese ataque. Incluso tuvieron que plantar mejor sus pies en la tierra para no salir disparadas por la fuerza de su propia técnica.

El poderoso rayo bicolor impactó en el Zakenna y literalmente lo pulverizó. El ambiente pesado se fue y, en cuestión de segundos, todo volvió a la normalidad como si nada hubiese pasado. Ninguna de las dos tenía herida ni dolor alguno. Se miraron entre sí, se sonrieron con suavidad y con un suspiro al unísono, su transformación desapareció. Los pequeños teléfonos de juguete quedaron dentro de los estuches en los bolsillos de sus suéteres.

"Misumi-san, yo…" El gesto de Honoka se descompuso un poco. "En serio no quería que te vieras involucrada en todo esto, pero veo que… Ah… Era algo que simplemente iba a suceder", comentó, señalando lo que estaba en su bolsillo.

Nagisa se llevó una mano a la nuca y respiró hondo. Si no hubiera vivido todo eso en carne propia en serio no lo creería. Le sonrió con nerviosismo a su compañera.

"La verdad es que quería ayudarte de alguna manera, no me gustó verte en peligro y supongo que mi deseo se hizo realidad", dijo Nagisa con un gesto resignado. "Encontré esto ayer que volvía a casa", sacó el teléfono y se lo mostró. Hasta ese momento ambas notaron que las cartas del mazo ya no estaban en blanco. "Qué raro".

Honoka también tomó aire.

"Creo que es buen momento para que sepas qué está pasando en ésta escuela".

"La idea no me gusta, pero", Nagisa se alborotó el cabello de la nuca con fuerza, "es mejor saber en qué diablos acabo de meterme", dijo, graciosamente enfadada.

A Honoka le hizo gracia ese gesto y rió de manera suave.

"Oye, Misumi-san".

"¿Uh?"

"Muchas gracias por ayudarme".

Esas palabras dichas con un gesto tan suave, lindo y gentil, fue suficiente para hacer sonrojar a Nagisa. Ésta gruñó un poco y giró el rostro, apenada.

"Por nada, Yukishiro-san".

"Si tienes tiempo, ¿te gustaría ir a mi casa para que mi abuela y yo te expliquemos todo?" Propuso Honoka y su compañera le miró con sorpresa. "Te ayudo con tu tarea si quieres".

Nagisa estuvo a punto de responder algo, pero su estómago rugió de hambre, sólo atinó a reír de manera nerviosa.

"Creo que toda ésta acción me dio hambre".

"Entonces sumaré una invitación a comer, te encantará la comida de mi abuela, ¿qué dices?" Dijo con una sonrisa y su compañera asintió. "Aún tengo media caja de almuerzo si quieres".

Y eso bastó para devolverle el buen humor a Nagisa.

"¡Sí, gracias!"

No tenía empacho alguno en comer lo que quedaba en la caja mientras ambas salían de la escuela camino a la casa de Yukishiro Honoka. Ésta última, por supuesto, volvió a ponerse la chaqueta por insistencia de su compañera. Nagisa no estaba muy emocionada con saber de asuntos de monstruos y Oscuridad, pero ya que se había metido, sabía que no podría salir de esa tan fácil. ¡Al menos quería tener la oportunidad de defenderse contra esas cosas! Y la oportunidad de ayudar a su linda compañera, desde luego.

Tenía muchas preguntas. No quería pero necesitaba las respuestas a esas preguntas.

CONTINUARÁ…