N/A: Hola! :)
Con ustedes un nuevo capítulo de 'Las Sombras del Pasado', una vez más de vuelta con Riza. Esperamos que les guste y por favor no duden en compartirnos sus opiniones y sugerencias en los comentarios :)
Saludos!
Golden y Flame
Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.
Capítulo 20. Preparativos
Los días siguientes después de que Riza le reveló la verdad de su parentesco a Edward, fueron muy difíciles para ella. Su parte racional la había estado regañando por haber sido tan imprudente y egoísta al haberle revelado la verdad al muchacho porque en el fondo estaba consciente de que ella no merecía a su hijo por haberlo abandonado y mucho menos después de toda la sangre que tenía en sus manos, mientras que su parte maternal y sentimental le aplaudía sus acciones. Por más que Riza había intentado evitarlo, por más que había tratado de enterrar esos sentimientos, éstos finalmente explotaron dando como resultado su revelación ante Ed.
Ahora Riza estaba realmente preocupada por cómo se tornarían ahora las cosas. Edward no había mostrado el odio ni disgusto que ella esperaba que le dirigiría al ser enterado de la verdad, pero tampoco mostró alegría, aunque eso era algo completamente natural en las circunstancias en las que se habían encontrado ya que era más que normal que el chico estuviera confundido y que tuviera dudas sobre su verdadero ser y sobre sus verdaderos padres. Ella se percató de que Edward, dentro de lo que cabía, había intentado comenzar a asimilar el hecho de que ella era su madre pero notó que no parecía aceptar que Roy Mustang era su padre y, sobre todo, parecía no creer que Roy lo amaba profundamente a pesar de no conocerlo, lo cual le partía el corazón a Riza porque, si existía una posibilidad de que Ed los reconociera como padres, tal vez eso no pasaría con Roy por culpa de ella, por no haberle permitido formar parte de su vida.
Riza deseaba correr a ver a Edward, deseaba tenerlo cerca, abrazarlo, decirle lo mucho que lo amaba y sobre todo disculparse por todo lo malo que le había ocurrido por haberlo abandonado. Sin embargo, tuvo que resistirse, sabiendo que él necesitaba su propio espacio para asimilar las cosas, además de que ella le había prometido que no se impondría en su vida. Por suerte, tanto para Edward como para ella, los chicos se habían incursionado hacia el Norte, lo cual obviamente les daría tiempo a ambos para pensar con más claridad las cosas y, sobre todo, le daría el espacio y tiempo necesarios a Edward para tomar una decisión respecto a ella y a Roy. No podía evitar tener cierto temor de que la decisión de su hijo fuera contraria a la que ella esperaba pero, aunque así fuera, estaba dispuesta a respetarla.
Por otro lado, no podía dejar de pensar en Roy. Ahora que ya había localizado a su hijo sabía que tenía que informárselo inmediatamente, no quería volver a cometer el mismo error de años atrás al ocultarle la existencia de Edward. Desafortunadamente, dadas sus circunstancias actuales, no era posible tener una conversación privada con él porque sabía que estaban siendo vigilados y no deseaba darles más herramientas a esos monstruos para mantener a raya a Roy y, sobre todo, para no exponer más la vida de Edward. Aunque se sentía culpable de guardarse el descubrimiento que había hecho, no tenía más opción más que esperar que se diera la oportunidad conforme el tiempo avanzara. Eso la ponía sumamente ansiosa pero esperaba que muy pronto pudiera decirle la verdad. Mientras tanto lo único que podía hacer era imaginarse la reacción de Roy cuando descubriera que el chico que había estado molestando acerca de su estatura durante estos últimos años era nada más y nada menos que su propio hijo.
La partida de los Elric hacia el Norte coincidió con las reasignaciones de puestos de toda la unidad Mustang, lo cual había sido un cambio drástico para todos los miembros pero en especial para Roy. Sabía que su impulsividad lo había llevado a todo este desastre, poniendo en riesgo la vida de cada uno de sus subordinados, que para él representaban más que sus compañeros de trabajo, eran sus amigos, pero, sobre todo, había puesto en un peligro mayor a la persona más importante de su vida: Riza. Eso era lo que más le pesaba, por lo que se había enfocado en tratar de planear algo, con la ayuda de Grumman, para recuperar a cada uno de sus miembros pero sobre todo para recuperar y proteger a Riza.
Los dos habían acordado en mantener en lo más mínimo su contacto para evitar poner en peligro al otro, lo mismo sucedió con los demás miembros de la unidad quienes trataron de aprovechar que se encontraban en diferentes partes del país para poder reunir información y aliados de manera silenciosa y sutil para la batalla final que sabían que se acercaría. Lo irónico de todo esto, era que Roy y Riza recibían más seguido información de los demás miembros que del uno del otro a pesar de estar en la misma ciudad. Solamente se limitaban a saludarse profesionalmente las pocas veces que se topaban en el comando y a unos pocos mensajes codificados que intercambiaban por medio de Madame Christmas.
Por su parte, King Bradley se mostraba con una increíble calma y con un comportamiento tan casual y rutinario que nadie, fuera de los altos mandos, era capaz de intuir que había algo que se estaba llevando a cabo tras bambalinas. No amenazaba directamente a Riza sino todo lo contrario, la trataba como a todos los demás subordinados que tenía y, si no fuera porque ella sabía la verdad y porque el propio Führer la había confrontado, Riza creería que se trataba de una persona común y corriente.
En sí, el cambio a la oficina del Führer había sido algo difícil por el cambio de responsabilidades y por el secreto que Riza sabía que se ocultaba detrás de la fachada calmada del líder del país, pero se atrevía a decir que eso no había sido lo más complicado de su reasignación. En realidad, sorprendentemente después de tantos años, lo más difícil para Riza fue el mantener su fachada profesional durante los primeros días de su nuevo trabajo. La última charla que había tenido con Edward y lo que eso podía significar para su forma de relacionarse en el futuro absorbía tanto su mente que ahora tenía que recordarse constantemente que tenía que enfocarse en sus labores. No era fácil hacerlo, pero Riza se forzaba a hacerlo porque, con las revelaciones y nuevos enemigos que habían aparecido en los últimos meses, temía que Bradley o alguno de sus secuaces se dieran cuenta de su extraño comportamiento y encontraran la manera de descubrir de dónde se originaba.
Por lo tanto, durante su jornada laboral, Riza se esforzaba en cumplir satisfactoriamente con sus tareas tratando que el debate interno que constantemente la seguía no se viera reflejado en sus facciones. Al terminar, y una vez estando en su casa, Riza se permitía bajar la guardia y dejar que sus pensamientos surgieran libremente, dejando que la cercanía y el cariño de Black Hayate le ayudaran a tranquilizarse. Le preocupaba su relación con Edward y el cómo encontrar una oportunidad de decirle a Roy lo que había descubierto. La situación se había complicado bastante en la milicia por lo que no podía visualizar alguna posibilidad cercana de hablar a solas y con seguridad con él para decirle que Edward era su hijo.
También, aunque siempre le había tenido cariño al chico, ahora que era consciente de que Edward era su hijo no podía impedir que su instinto materno la atormentara. Sabía que Edward y Alphonse habían aprendido a cuidarse muy bien, pero ahora cientos de preguntas colmaban su mente, preguntas que anteriormente había creído que no tenían razón de ser al confiar en que su hijo estaba a salvo con una familia amorosa: ¿Estará bien?... ¿Estará comiendo adecuadamente?... ¿Estará bien abrigado?... ¿Cuándo podré verlo?...
Fueron varias noches así, en las que ni siquiera descansaba bien al dormir pero poco a poco Riza se fue adaptando a su realidad, logrando mantener ocultos los pensamientos referentes a Edward en la medida de lo posible. Sin embargo, cuando al fin su mente había logrado tranquilizarse un poco, se vio envuelta en una nueva experiencia preocupante.
Bradley trabajaba diligentemente, aunque en algunas ocasiones dejaba trabajo o informes de último minuto para que Riza atendiera y se los llevara posteriormente a su residencia para finalizarlos con su firma. En una de esas ocasiones, siendo cerca de las 10 de la noche, Riza arribó a la residencia del Führer, siendo recibida amigablemente por la primera dama de Amestris, debido a que su esposo no se encontraba en casa. En esa corta conversación que compartió con la dulce señora, Riza se percató de que ella, al igual que todo el pueblo de Amestris, desconocía la verdadera naturaleza del hombre con más alto rango del país. No podía evitar sentirse un poco triste por la señora, ya que ella se mostró muy atenta, sincera y amigable.
Mientras intercambiaban palabras acerca de los documentos que estaba llevando, Riza repentinamente sintió un escalofrío que la recorrió de pies a cabeza, una especie de presencia que le hizo activar todos sus sentidos de francotiradora a la vez que su ritmo cardíaco se aceleró. Antes de que ella pudiera averiguar más, la Señora Bradley saludó a su hijo Selim, regañándolo ligeramente por estar fuera de la cama a esas horas y presentándole a Riza como la asistente personal de su padre. A pesar de que se había alterado por lo que había sentido a sus espaldas, Riza, como la buena soldado que era, no permitió que su inquietud fuera fácilmente notable y saludó normalmente al pequeño quien, a primera vista, se veía como un niño amigable y amoroso con sus padres.
Cálmate, Riza, tal vez solamente sean tus nervios que te están jugando una mala pasada. Pensó Riza, aunque una parte de ella no lo podía creer del todo porque sus sentidos de lo que acontecía a su alrededor le habían salvado la vida en más de una ocasión.
Después de que Selim fuera enviado nuevamente a la cama, la Señora Bradley continuó hablando de su hijo, haciéndole saber a Riza que el chico era adoptado pero que venía del lado de la familia de su esposo. Ante esta mención, la mente de Riza inmediatamente comenzó a recordar las palabras del Coronel acerca de que Bradley no tenía familia al haber sido criado prácticamente como una rata de laboratorio y que los homúnculos no pueden reproducirse. Nuevamente su corazón se aceleró.
Minutos después ella se despidió de la Señora Bradley y se dirigió hacia la salida de la gran mansión atravesando por un extenso corredor que se encontraba al lado de un enorme jardín. Debido a la hora, gran parte de éste se encontraba en penumbras, siendo únicamente iluminado ligeramente en algunas secciones a partir de la tenue luz de unos pequeños faroles situados a lo largo del corredor.
En cuanto estuvo fuera de alcance de la vista de la Señora Bradley, Riza decidió acelerar un poco su paso. Tenía un mal presentimiento y eso le estaba oprimiendo el pecho, por lo que quería alejarse cuanto antes de ese lugar. Con cada paso que daba, más sentía que se estaba acercando a una hipótesis que no quería aceptar que fuera real.
Bradley no tiene relaciones sanguíneas y esa sensación que sentí minutos atrás cuando ese chico apareció detrás mío ya la había sentido antes, fue con… No, no puede ser posible… Ese niño es...
Pero antes de que ella alcanzara siquiera la mitad del enorme pasillo, volvió a sentir esa desagradable sensación y de inmediato se congeló al escuchar una voz.
"Así que me descubriste." Dijo Selim Bradley, quien se encontraba arrinconado en una sección del pasillo a espaldas de Riza. "Qué lástima. Mi madre a veces habla demasiado."
Gotas de sudor comenzaron a resbalar por la frente de Riza, sin embargo, trató de recobrar su compostura. No le daría el gusto a ese monstruo de mostrarle el temor y nerviosismo que estaban surgiendo en ella a raíz de su preocupante presencia.
"Sentí una presencia amenazante hace unos momentos… algo familiar. Al principio no podía recordar dónde la había sentido, pero ahora que te encuentras detrás mío lo recuerdo claramente. Tuve este mismo sentimiento cuando el homúnculo Gluttony estaba detrás de mí." Hizo una ligera pausa y preguntó con determinación. "Selim Bradley, ¿qué eres?"
Selim pareció no inmutarse ante las palabras de Riza, por lo que simplemente sonrió. "Considerando las circunstancias, es muy valiente de su parte que cuestione mi identidad, Teniente Hawkeye. Tuvo un gran juicio de no desenfundar su arma, ya que no es lo suficientemente habilidosa como para derrotarme. Aunque debo decirle que no le pondré un dedo encima mientras guarde silencio acerca de esto."
"Qué amable de tu parte." Riza respondió con ironía, estaba tensa ante el peligro en el que se encontraba frente a ese monstruo disfrazado de niño, pero sabía que cualquier información que pudiera obtener le ayudaría para saber a lo que realmente se estaban enfrentando. "¿Acaso eres un homúnculo como Gluttony?... No… siento una sensación diferente contigo, diferente a la que sentí con Gluttony."
"Sí, es verdad que Gluttony y yo somos iguales de muchas maneras, pero me siento ofendido de que me consideres dentro de la misma categoría que él."
De repente unas sombras con ojos tenebrosos comenzaron a emerger de Selim. "Soy el primer homúnculo. Mi nombre es Pride." Replicó Selim dejando de lado su dulce y tierna voz para dar paso a una más tétrica y distorsionada, mientras las sombras que lo rodeaban adquirían forma de manos que se extendían en dirección a Riza.
"El primer homúnculo... ¿A qué te refieres con eso?"
"A lo que dije. Nada más, nada menos. Realmente es valiente, Teniente Hawkeye. Está planeando obtener toda la información posible de mí, ¿no es así? Impresionante. ¿Por qué no se une a nosotros?"
Las sombras comenzaron a acercarse a Riza, rodeando lentamente su muñeca y mano izquierda.
"Debes de estar bromeando. Lo que buscan son peones no aliados."
"Hmm, ¡qué lástima! Entonces…"
Selim comenzó a manipular sus sombras para apretar su ajuste en la mano y muñeca de Riza, a la vez que otra pequeña mano se extendía en el cuello de ella. Riza se estremeció al sentir la presión sobre todo en su cuello.
Tranquila, Riza. Sólo se trata de una amenaza vacía así que no le des el gusto de verte con miedo. Este monstruo no va a impedir que sigas luchando para proteger este país de estos monstruos. Sobre todo cuando tienes que proteger a Roy y a Edward.
De repente, la sombra que rodeaba el cuello de Riza se acercó lenta y amenazadoramente a la mejilla derecha de ella, hasta deslizarse sobre ella para generar un ligero corte.
Tratando de mantener la compostura, Riza replicó con firmeza. "Tus amenazas son inútiles. Después de todo, ¿qué ganarías matándome ahora?"
"Tiene toda la razón." Selim comenzó a replegar lentamente sus sombras. "Pero ya sabe lo que pasará si habla de esto a cualquiera, ¿cierto? Si lo hace, el Coronel Mustang y sus demás amigos no saldrán ilesos." Las sombras desaparecieron los ojos que tenían y comenzaron a rodear a Selim envolviéndolo casi por completo en la obscuridad. "Estaré siempre observándola desde las sombras." Y dicho esto, desapareció.
Cuando sintió que las sombras se habían alejado de ella, Riza volteó rápidamente para verificar si Selim ya se había retirado. Observó sus alrededores pero no pudo ver nada, por lo que finalmente se permitió soltar el aire que no se había dado cuenta que estaba conteniendo a la vez que observaba su muñeca, donde había quedado la marca del fuerte agarre de la sombra de Selim. Después pasó con cuidado sus dedos por su mejilla descubriendo que estaba sangrando ligeramente. Sin más tiempo que perder, retomó su camino a su departamento, teniendo en alto su guardia durante todo el trayecto. Siempre lo hacía, pero ahora, con lo que acababa de presenciar, no tomaría ningún riesgo y contrario a lo que comúnmente uno haría en la noche, decidió transitar por las calles con menor iluminación, teniendo siempre a la mano su arma.
Cuando llegó a la puerta de su departamento, sintió un ligero alivio que se desvaneció casi de inmediato cuando al abrir la puerta vio dos temibles ojos que la observaban detenidamente en medio de la oscuridad haciendo que su corazón se acelerara nuevamente. Alarmada, encendió las luces de su departamento para descubrir que no había peligro alguno ya que solamente se trataba de su leal amigo de cuatro patas. Suspirando, ingresó a su hogar, cerró la puerta y se recargó sobre ella, dejándose caer hasta quedar sentada, sus codos se colocaron sobre sus rodillas y reclinó su cabeza sobre sus manos, inhalando profundamente para tratar de tranquilizarse, pues las palabras del homúnculo seguían resonando en su cabeza. 'Estaré siempre observándola desde las sombras'.
Demonios, realmente nos estamos enfrentando a monstruos. El país está siendo manipulado por ellos. Todos estamos en peligro.
Al ver la inquietud y la mano herida de su ama, Black Hayate se acercó a ella chillando ligeramente para llamar su atención mientras se acurrucaba a su lado. Riza se percató de ello y lo acarició suavemente.
"Estoy bien." Respondió en tono bajo tratando de tranquilizar al perrito, pero sobre todo para tranquilizarse a sí misma.
Vamos, Riza, todo estará bien. No puedes permitir quebrarte. No puedes dejarte intimidar de esa manera, no cuando todavía falta mucho por hacer.
Riza comenzó a repetirse esas palabras como un mantra tratando de tranquilizarse. Cuando estaba comenzando a recobrar su compostura, el teléfono sonó, lo cual la alteró nuevamente y la hizo ponerse en guardia. Con cierto temor, se acercó hacia la mesa donde se encontraba el aparato y con vacilación tomó el auricular para responder a la llamada.
"¿Hola?"
"Buenas noches, Madame. Las flores que ordenó están listas para ser enviadas." Respondió una voz alegre y despreocupada pero inconfundible para ella a pesar de su vano intento por disfrazarla. Sabía que Roy podía llegar a ser infantil en algunas ocasiones y, aunque nunca lo admitiría abiertamente en el futuro próximo, le gustaba esa parte de él desde que lo conoció por primera vez. Desafortunadamente, en este momento no se sentía de humor para seguirle su juego o para contestarle con una respuesta astuta. Además él no debía contactarse con ella porque probablemente los estarían vigilando tal y como Selim se lo había advertido. Tenía que protegerlo de ese monstruo a toda costa.
"No ordené flores."
"Está bien, lo siento… Me emborraché y compré demasiadas flores. Realmente apreciaría si pudieras ayudarme tomando algunas." Roy contestó en un tono normal, dejando de lado su actuación.
Riza se percató de que el coronel no estaba ebrio como decía, lo cual la aliviaba dado que él todavía se seguía recuperando de sus heridas. Además, al escucharlo hablar de manera natural, también se sintió aliviada de saber que él estaba bien y su voz en estos momentos de inquietud le estaban sirviendo para tranquilizarse. Sin darse cuenta soltó un suspiro casi imperceptible mientras se llevaba su mano libre hacia su frente.
Roy alcanzó a escuchar el suspiro de Riza y su falta de respuesta le indicó que algo le pasaba. "¿Qué pasa?" Preguntó con un tono lleno de seriedad y preocupación.
La pregunta sacó a Riza de sus pensamientos pero no pudo articular una respuesta a tiempo.
"¿Qué pasó?" Roy insistió al no recibir una respuesta inmediata, lo cual le estaba preocupando.
Riza, céntrate, no puedes decirle nada, al menos no por el momento. Tienes que mantenerlo alejado del peligro.
"Nada, Señor. No es nada." Ella replicó.
"¿En serio? ¿Estás segura?" Él preguntó escéptico. Estaba seguro de que algo le pasaba.
"Sí, Señor. Estoy segura... Acerca de las flores, no tengo un florero. Gracias por llamar… Coronel." Riza trató de responder con el mejor tono neutro que le fue posible aunque sabía que eso no convencería a Roy, por lo que a pesar de lo mucho que deseara seguir escuchando su voz y sobre todo tenerlo cerca, colgó de inmediato el auricular para no permitirle preguntar más. Era peligroso que los dos se estuvieran comunicando y ahora lo era mucho más con Selim vigilándolos de cerca.
Black Hayate había permanecido a su lado durante todo el tiempo desde que llegó al departamento tras sentir la inquietud de su dueña. En cuanto Riza colgó el teléfono, suspiró y escuchó a su mascota chillar ligeramente para llamar su atención. Ella se agachó y comenzó a acariciarlo y abrazarlo, mientras una tenue sonrisa adornaba sus labios. "¿Cómo es que él tiene tan buen timing?" Preguntó ella al noble perrito.
Por su parte, Roy se quedó demasiado inquieto con la llamada que acababa de tener con Riza. Estaba consciente de que no era conveniente que ellos siguieran comunicándose directamente en estos tiempos para no exponer al otro, pero no podía evitar extrañarla demasiado. El no tenerla a su lado día a día le estaba pesando y no solamente en el sentido profesional, sino también en el personal. Tenían un acuerdo tácito de que no buscarían nada romántico para enfocarse en sus objetivos para el país pero a veces era difícil no caer en la tentación. Desde el día del sepelio de Hughes, habían comenzado a abrirse grietas en las murallas que ellos mismos habían construido permitiéndose una que otra caricia y beso, pero ahora, dadas sus circunstancias actuales, eso no era conveniente.
Riza, ¿qué te pasa? Se preguntó en su mente mientras seguía sosteniendo el auricular en su mano. Aunque ella trató de hablar lo más neutral posible, Roy notó que ella estaba nerviosa e incluso se atrevería a decir que estaba ligeramente asustada, lo cual era sumamente preocupante. Riza era una mujer muy fuerte e independiente que no se asustaba fácilmente, por lo que lo que sea que le haya pasado tenía que ser algo muy delicado y, con los últimos acontecimientos, no se sorprendería de que alguno de esos monstruos tuvieran algo que ver. Malditos monstruos, ¿qué te habrán hecho? Roy apretó su puño y sus dientes. Si se atreven a lastimarte lo pagarán muy caro.
Suspirando pesadamente, Roy colgó el auricular y decidió regresar a su vehículo, el cual se encontraba atascado de flores por la información que había adquirido por medio de una informante de Olivier Armstrong.
De verdad necesito saber qué te pasa. Si esos malditos te hicieron daño y estás mal herida… Agitó su cabeza para quitarse ese pensamiento horrible de su mente. No tendrían porqué hacerlo. No son tan idiotas como para deshacerse de lo único que me mantendría en sus manos y más les vale que no lo hagan… pero aún así estoy casi seguro de que algo te hicieron y de una u otra forma lo averiguaré. No puedo permitir que te lastimen por mi culpa, ya has sufrido bastante por mí como para que sigas pagando por mis tonterías.
Con esa determinación en mente, decidió que encontraría una forma de enterarse acerca de lo que le pasaba a Riza. A pesar de lo mucho que deseaba correr a su departamento para saber de ella, tuvo que abstenerse de hacerlo optando por dirigirse al bar de su tía para regalarle las flores a las chicas.
Al día siguiente, Riza ocultó lo mejor que pudo las marcas que Pride había hecho en su cuello con su blusa, con su chaqueta militar las que se encontraban en sus muñecas y, respecto al pequeño corte que tenía en su mejilla, pensó en ponerse una bandita pero optó por no hacerlo porque probablemente sería más llamativa.
Su día en la oficina continuó normalmente, aunque tenía la impresión de que Bradley estaba al tanto de la cortesía que su 'querido hijo' le había dado aunque no lo externó. Cuando llegó la hora de su comida, como lo venía haciendo desde que desmantelaron su unidad, se sentó en una mesa completamente desocupada del comedor del Comando para consumir sus alimentos.
Durante su comida, estuvo pensando en lo que tendría que hacer a partir de ahora para cuidarse de las sombras de Pride. Le asustaba imaginarse que ya no podría tener su privacidad sin que ese monstruo la espiara cuando menos lo esperaba, pero sobre todo le preocupaba el peligro que representaba para el coronel, para Edward y para sus amigos. Estaba tan enfrascada en sus pensamientos, que no se había percatado de lo que sucedía a su alrededor hasta que alguien estuvo frente a ella.
"¿Este asiento está ocupado?" Preguntó Roy Mustang mirándola fijamente, llevando bajo su brazo derecho unos papeles mientras con su mano izquierda sostenía su bandeja con comida. Él sabía que regularmente a esta hora ella tomaba sus alimentos cuando no tenía trabajo atrasado por culpa de él y, aunque le gustaría poder hablar libremente con ella a solas, sabía que esto era mejor que nada.
En cuanto Riza escuchó su voz, se sorprendió y al alzar su mirada se dio cuenta de que efectivamente era Roy quien se encontraba frente a ella. Por unos segundos, sus miradas se encontraron, de inmediato ella pudo ver en la de él las preguntas silenciosas que le estaba dirigiendo. '¿Estás bien?¿Qué te ocurrió?'. Pocos segundos después ella desvió su mirada a propósito. Con el paso de los años ambos sabían transmitir muchas cosas con tan solo verse a los ojos y con su lenguaje corporal. Riza podía recurrir a ese recurso para tratar de decirle lo que había ocurrido con Pride, pero estaba tan alterada que temía alertar demasiado a Roy y que por ello el homúnculo atentara contra la vida del pelinegro o de Edward.
Enfocando su mirada en su comida, Riza finalmente respondió. "No, adelante."
Roy tomó asiento y comenzó a comer mientras trabajaba con los documentos. Obviamente se había percatado del estado de ensimismamiento de Riza, de la forma en que ella desvió su mirada de la de él y de la herida que tenía en su mejilla. Esos malditos le hicieron algo para recordarme mi lugar. Tengo que saber exactamente lo que pasó para poder defenderla. No me detendré hasta saberlo.
"Parece estar pensando en algo, Teniente. ¿Algo pasó?" Roy comenzó a cuestionar mirando detenidamente a Riza.
Ella continuó comiendo como si nada pasara a pesar de que estaba completamente al tanto de las intenciones de Roy.
"Nada. ¿Cómo ha estado el trabajo?" Trató de desviar el tema.
Roy suspiró internamente al darse cuenta de la evasiva que le estaba dando Riza. "¿Cómo cree? Perdí a mi mejor asistente y ahora no puedo escapar de esta basura ni en mi hora de comida. ¿Qué tal el suyo?"
"Hay varias cosas a las que uno debe adaptarse cuando se empieza una nueva asignación, pero Su Excelencia realiza su trabajo eficientemente y eso ayuda. Él nunca se escabulle para evadir su papeleo." Riza dijo esperando que la ligera crítica indirecta fuera suficiente para desviar la atención de Roy de la plática que estaba segura que él quería tener con ella.
Roy frunció el ceño. A pesar de todo, ella no lo dejaría en paz para recordarle que tenía que seguir haciendo su papeleo.
"Algo me dice que no me va a gustar el rumbo que está tomando esta conversación." Respondió él ligeramente malhumorado para después cambiar su tono a uno más neutro. "¿Por qué no salimos a comer algo un día de estos?"
"¿No es lo que estamos haciendo ahora mismo, Señor?"
"Qué dura." Resopló Roy. "Hoy voy cero y dos."
"¿Cero y dos?" Cuestionó ella.
"Me topé en la mañana con la Mayor General Armstrong del Norte y me rechazó."
Si me está mencionando esto, probablemente signifique que los soldados del Norte pueden unirse a nuestra causa para sacar a los homúnculos del poder. Pensó Riza.
"¿De nuevo, Señor?" Ella le siguió el juego para encubrir el mensaje que el Coronel realmente le estaba transmitiendo.
"Sí, sigue siendo tan fría como siempre." Roy dijo en tono derrotado.
Los dos se mantuvieron en silencio por unos segundos, Durante ese breve tiempo, Riza estuvo esforzándose en no dejar que las emociones fueran evidentes en su rostro. Tenía el deseo de hacer a Roy partícipe respecto al descubrimiento de su hijo pero estaban en un lugar demasiado expuesto a oídos ajenos. Sin embargo, eso no evitaba que la preocupación respecto a lo sucedido con Edward y la culpa por no decirle nada a Roy desaparecieran. Además, estaba el descubrimiento de la verdadera naturaleza de Selim Bradley. Aún tenía temor por la amenaza que el homúnculo le había hecho, por lo que estaba evaluando si debía decirle o no al coronel lo que había descubierto. Tengo que hacerlo, es por su propia seguridad y tengo suma confianza en que él entenderá mi mensaje sin que los homúnculos lo sepan. Tomando su decisión, aprovechó que todos los demás comensales estaban sumamente involucrados en sus alimentos y pláticas para comenzar a transmitir su mensaje a su acompañante. Devolviendo su vista al frente, golpeó suavemente dos veces la taza que contenía su té contra la bandeja metálica para atraer la atención de Roy.
"Hablando del Norte…"
Al escuchar el primer golpe, Roy creyó que era el ruido normal de choque accidental entre los utensilios pero al percibir el segundo y la plática que estaba comenzando, comprendió de inmediato que ella quería transmitirle un mensaje codificado. Era un viejo código que habían creado en su adolescencia cuando vivían en la casa del padre de Riza, pero donde realmente le encontraron más utilidad fue cuando se enviaban cartas en la temporada que Roy se encontraba en la academia, para prevenir que su padre se percatara de su relación a distancia y así lo viera como una simple plática de amigos. No estaban seguros de cómo reaccionaría su padre, así que decidieron no tomar riesgos y utilizar ese código que siguieron utilizando esporádicamente en una que otra misión.
Roy se enfocó en el mensaje que Riza quería transmitirle, por lo que con un doble golpeteo de su pluma contra los papeles que tenía al frente, le indicó que estaba atento. Él fingió que seguía trabajando en su papeleo, mientras comía y platicaba amenamente con Riza, cuando en realidad estaba anotando todos los nombres que ella mencionaba al mismo tiempo que trataba de memorizarlos. Una vez terminado el mensaje, Riza nuevamente golpeó su taza y se puso de pie para retirarse.
"Bueno, tengo que regresar al trabajo. Lamento que tenga que dejarlo solo, Señor."
"No hay problema." Respondió Roy, mientras hacía un ademán con su mano izquierda en señal de despedida, no sin antes mirar por un segundo a Riza, quien hizo lo mismo. Sus miradas se encontraron en ese breve instante y ella le transmitió un mensaje corto y claro 'Estoy bien, por favor no te metas en problemas' antes de desaparecer de su campo de visión.
No lo haré, pero odio que tengas que ser tú la que tenga que pagar por mis tonterías. Pensó Roy antes de suspirar y, al ver que ya no le quedaba mucho tiempo de su hora de comida, se apresuró a tomar sus cosas para dirigirse al sanitario.
Obviamente Roy no esperaba descubrir algo tan delicado en el mensaje de Riza, sabía que era algo serio pero jamás se le hubiera ocurrido pensar que el supuesto hijo de Bradley fuera también un homúnculo. No lo podía creer. ¿A qué demonios nos estamos enfrentando? Palideció al pensar en que la cabeza del país y su hijo eran un par de monstruos que veían a su pueblo como seres inferiores, como peones que podían utilizar a su gusto. Oh, no. Riza está en grave peligro. Si ella descubrió esto, es porque tiene que convivir con ese par de malditos monstruos. Ellos la lastimaron para silenciarla, para que ella no me contara nada. Roy apretó su mandíbula. Eso explica el porqué ella estaba tan agitada ayer cuando le llamé por teléfono. Descuida, Riza, yo me encargaré de enfrentarlos cuando llegue el momento, pero si ellos te vuelven a poner un dedo encima… Apretó su puño derecho. Me encargaré de que no olviden que no deben meterse contigo.
Un par de días después, Riza se encontraba realizando su respectivo papeleo cuando llegó la hora que estaba destinada para prepararle y servirle el té a King Bradley. Ella estaba haciendo su tarea en silencio ya que solamente intercambiaba palabras con el Führer para lo estrictamente necesario, pero en esta ocasión el homúnculo tenía otros planes en mente. Bradley comenzó a preguntarle acerca de su opinión como humana del cómo se sentía al saber que el dirigente de este país y su hijo fueran unos homúnculos, lo cual ella contestó lo más sincera posible teniendo cuidado de no sonar ofensiva. A pesar de lo mucho que Bradley se jactaba de ser un homúnculo y de que no dejaría de menospreciar a los humanos, le sorprendió la forma y el tono que utilizó cuando mencionó con orgullo que él había elegido a su esposa. ¿Será posible que este monstruo sienta algo por su esposa? Pero antes de que Riza pudiera ahondar en esos pensamientos, Bradley la sacó totalmente de su tren de pensamientos.
"Mmm perfecto como siempre, Teniente." Dijo Bradley mientras tomaba delicadamente su taza de té y miraba discretamente a Riza, quien se encontraba acomodando la tetera y demás utensilios en una elegante bandeja. "Por cierto, Teniente, ¿escuchó acerca de los acontecimientos ocurridos en Baschool?"
Sin dejar de realizar su tarea, ella negó con la cabeza. "No, Señor."
"Oh, pensé que tal vez estaba informada ya que uno de sus ex compañeros recientemente se mudó al Norte."
Se mudó, sí, claro. Pensó irónicamente Riza.
"Y sin olvidar que el alquimista de Acero y su hermano se fueron también al Norte."
"Mis disculpas, su Excelencia, pero tanto el Teniente Falman como todos los demás nos encontramos muy ocupados adaptándonos a nuestros nuevos puestos. En cuanto a los hermanos Elric, ellos siempre han sido así, no se reportan hasta llegada la fecha de entrega de informes." Rize contestó con un tono neutro. Sabía que Bradley quería averiguar si los miembros de la antigua unidad de Mustang seguían manteniéndose en contacto y ella no le iba a dar el gusto de conseguir la información que esperaba.
Bradley colocó su taza sobre el escritorio. "Oh, ya veo. Entonces, supongo que no se enteró que hubo un accidente, en el que una mina colapsó y al menos tres hombres se encuentran desaparecidos." Hizo una ligera pausa y enfocó su mirada en Riza. "Uno de ellos es el alquimista de Acero."
Al escuchar la información, el corazón de Riza se paralizó y sus manos temblaron ligeramente por un segundo, a pesar de sus intentos por mantener su compostura para evitar que Bradley se diera cuenta. Edward.
El día anterior Riza se había comenzado a sentir inquieta de la nada y no entendía exactamente el porqué. Era como un presentimiento, algo que le oprimía el pecho, pero con la declaración de Bradley, ahora todo tenía sentido. ¿Sería posible que algo malo le haya ocurrido a Edward y que ella lo sintiera ahora que sabía que él es su hijo? No puede ser posible. Edward es un chico al que le encanta meterse en líos pero que sabe cuidarse muy bien. Seguramente está bien o, es más, tal vez esta información es falsa. Sí, eso debe ser.
"No creo que eso sea posible, Señor. Edward es un alquimista muy habilidoso. Sabiendo cómo es él y el clima extremo del Norte, probablemente se refugió en algún lugar y no se ha reportado al comando." Respondió Riza de forma tranquila, tratando de recuperarse de su shock inicial.
El Führer la miró unos segundos más antes de reír ligeramente. "Tiene razón, Teniente, probablemente a ese muchacho despistado se le haya olvidado reportarse de vuelta."
Riza solamente asintió con la cabeza a la vez que recogía la taza vacía utilizada por Bradley. "¿Se le ofrece algo más, Señor?"
"No, eso es todo. Gracias, Teniente. Se puede retirar."
Ella hizo una ligera reverencia y salió de la oficina para dirigirse a su escritorio, mientras Bradley sigilosamente la seguía con su mirada y sonreía con satisfacción.
Una vez que Riza salió de la oficina, sus pensamientos comenzaron a abrumarla. Tengo que confirmar esta información con Falman. Probablemente sea un error pero no estaré tranquila hasta que sepa lo que ocurrió.
Más tarde, ella pudo comunicarse con Falman después de que ambos validaran sus respectivos códigos que habían creado previamente en la unidad para sus misiones.
"¡Hola, Vanessa! ¿Cómo te está yendo en tus vacaciones?" Comenzó Riza desde una cabina telefónica que estaba situada en una zona de mucho tránsito esperando que, al ser un lugar frecuentemente visitado por los habitantes de la ciudad Selim no sintiera la necesidad de espiarla en una situación que probablemente podría catalogarse exclusivamente como asuntos personales. De cualquier forma, en ese caso era más probable que los homúnculos preferirían intervenir la llamada por lo que habló con un tono de voz diferente esperando despistarlos.
"¿Qué tal, Elizabeth? ¡Qué alegría saber de ti!" Respondió Falman, el cual sorprendentemente había podido agudizar bastante su voz haciendo que pasara sin problemas por una mujer. "¿Cómo te encuentras?"
"Bien, ya sabes lidiando con los clientes de siempre. ¿Y tú qué tal? Supe que últimamente ha habido varios turistas en la zona Norte."
"Y que lo digas. No siempre puedo pasear tanto como quisiera porque todo está lleno de gente. Aunque tal vez no siga así por mucho tiempo. Recientemente hubo explosiones en un viejo pueblo minero abandonado de por aquí. No recuerdo su nombre, pero parece que eso está causando que algunos de los turistas se vayan de aquí por miedo a que haya algo extraño sucediendo en los alrededores."
A pesar de no estar tan familiarizada con el Norte (a duras penas conoció parte de la geografía que rodeaba a Rivière y Ciudad del Norte), la descripción de Falman fue suficiente para que Riza se diera cuenta de que se estaba refiriendo a Baschool. Al parecer, no todo lo que Bradley le había dicho era mentira.
Colocando un puño por encima de su pecho mientras su corazón se aceleraba, Riza trató de mantener su conversación 'casual'. "Bueno, supongo que así tendrás más oportunidad de explorar los alrededores, amiga. Digo, así no tendrás que preocuparte porque todos los restaurantes y tiendas estén llenos de gente."
"Eso sí, aunque me temo que no estoy del todo feliz con ello. Verás, hace unos días me reencontré con las hijas de una amiga de la familia. Tenía deseos de poder platicar más con ellas pero…" La pausa que hizo Falman hizo que la incertidumbre creciera dentro de Riza. "se fueron repentinamente. Parece ser que el incidente en ese pueblo las desmotivó de extender su estancia. Sobre todo a la mayor. La menor acaba de mandarme una postal para despedirse pero me dio la impresión de que esta vez no viajaría junto a su hermana."
Riza supo interpretar el mensaje de Falman, dándose cuenta de que la desaparición de Edward era cierta. Se paralizó momentáneamente y sus manos comenzaron a sudar. Mi hijo… ¿qué tal si está mal herido o peor aún que tal si está…? No, no puede ser, él tiene que estar bien. Es un chico muy listo y si ha sobrevivido a una transmutación humana, no puede dejarse matar por algo más simple. ¿Cierto?
"Elizabeth, ¿sigues ahí, querida?"
Riza inhaló profundamente antes de responder. "Sí, aquí estoy, disculpa. Es una lástima que las hijas de tu amiga hayan tenido que irse tan repentinamente." Inconscientemente su tono se volvió más suave como único medio al no poder expresar abiertamente su preocupación. "Espero que puedas volver a verlas pronto."
"Sí, eso espero. Además tienen mi número, así que no creo que tarden mucho en echarme una llamada. Seguramente la mayor, con lo curiosa que es, decidió explorar los alrededores por su cuenta antes de reunirse con su hermana. Es una jovencita muy independiente así que no me sorprendería que se haya tomado algunas libertades." Falman se aclaró la garganta para seguir manteniendo su tono de voz. "Con lo bien que se lleva con su hermana, no creo que tarden mucho en reunirse."
Tratando de aferrarse a las palabras de Falman de que todo estaría bien, Riza respondió. "Tienes mucha razón, amiga mía. Solamente espero que con el incidente no tengan inconvenientes para viajar."
"Yo también. ¿No has sabido de las demás chicas?"
"No mucho, realmente. Con lo mucho que les gusta viajar y con guerras en todos lados, se ha complicado la comunicación con ellas. No sabes lo mucho que extraño chismear con ellas."
Falman no pudo evitar sonreír ligeramente. Sabía que la Teniente estaba llevando a cabo su papel al igual que él, pero no podía evitar sorprenderse ya que su personificación era casi opuesta a la forma en que ella se comportaba habitualmente.
"Oh, qué lástima. Yo estoy igual." Riza notó cómo Falman tenía que alejar el aparato de su boca por unos segundos antes de volver a hablar. "Discúlpame, pero tengo que dejarte tengo que atender unos asuntos antes de que salga mi tren para mi siguiente destino."
"No te preocupes. Me dio gusto saludarte. Cuídate mucho."
"Tú igual, Elizabeth, hasta pronto."
Y con eso terminaron la comunicación. Riza estaba muy preocupada de saber que Edward estaba desaparecido pero, en cierta forma, las palabras de Falman le hacían sentido a su parte racional. Además, desafortunadamente, por más que quisiera ir en ese preciso momento hacia el Norte para intentar dar con Edward, no podía hacer mucho dada su situación actual y en lugar de ayudar podría poner en peligro a más gente.
Resignada, sacudió su cabeza para centrarse. Él está bien, Riza. Es un muchacho fuerte. No se dejará vencer tan fácilmente. Con ese pensamiento en mente, decidió no torturarse más por el momento. No sería fácil quitarse el sentimiento de preocupación y miedo que su instinto materno causaba en ella al no estar segura del paradero de su hijo, pero tendría que tener fe en que todo saldría bien al final.
Unas semanas después, Rebeca visitó a Riza en Central, lo cual la llenaba de alegría debido a que desde su traslado a Central, Riza no había tenido oportunidad de visitar a su querida amiga y había hablado muy poco con ella.
"Amiga, por favor, ya deberías de amarrarte a un caballero atractivo y rico para que ya no tengas que trabajar y de paso averiguas si tiene hermanos o amigos que me puedas presentar." Dijo Rebeca bromeando mientras las dos disfrutaban de un café en una pequeña cafetería.
Riza sonrió ligeramente. "Tú nunca cambias, Becky."
Rebeca retornó la sonrisa. "Ya me conoces, no me voy a dar por vencida, ya que en el Este no he logrado conseguir un buen partido. Tal vez ahora que estás en Central me puedas presentar algún buen pretendiente."
"Lamento desilusionarte pero no he conocido a nadie."
"Oh vamos, Riza, ¿no has conocido a nadie o no has querido conocer a nadie?"
"¿Y cómo lo voy a hacer si no tengo tiempo?"
Rebeca bufó. "A mí no me engañas, el tiempo no es un pretexto. Primero estabas de asistente de Mustang y ahora del mismísimo Führer. ¿Cómo le haces?"
Riza arqueó una ceja. "¿Qué estás insinuando?"
"Yo… nada. Solamente estoy haciendo un recuento de tus últimos jefes." Respondió Rebeca con un tono divertido.
Riza no pudo evitarlo más y se acercó para darle un suave golpe en el brazo a modo de juego mientras las dos reían. Ambas sabían que dadas las circunstancias actuales, un poco de humor no les vendría nada mal además de que Riza realmente extrañaba las ocurrencias de su amiga.
"Oye, Riza, creo que ahora sería el tiempo perfecto para que te buscaras un novio, así tal vez te quites de encima la extrema vigilancia de ya sabes quién. Sería el colmo que ni siquiera tuvieras la privacidad suficiente para darte unos besos con un galán." Rebeca dijo en un tono de voz bajo, para que solamente Riza pudiera escucharla.
Riza suspiró. "Como te dije, no tengo tiempo para una relación…"
"Y sobre todo si no se trata de flamita, ¿verdad?" La interrumpió Rebeca, usando un tono divertido mientras movía sus cejas para enfatizar sus palabras.
"¿Flamita?" Riza preguntó incrédula ante las ocurrencias de su amiga.
Rebeca rió. "Vamos, tú sabes a quién me refiero."
Riza rió ligeramente mientras movía su cabeza de un lado a otro. Realmente había escuchado muchos apodos durante todos esos años, pero jamás había escuchado ese para referirse a Roy. "No tienes remedio, Becky."
"Oh, vamos, tienes que admitir que es un sobrenombre ingenioso. Pero regresando a nuestro tema principal, Riza eres joven, hermosa y con un gran corazón, estoy completamente segura que si te lo propusieras tendrías a toda una tropa de hombres tras de ti." Rebeca bajó nuevamente su tono de voz y continuó con más seriedad. "Además, ya han pasado años desde tu última relación. Ya te lo dije antes y te lo vuelvo a repetir porque me preocupo por ti: Él no va a dejar su trabajo y veo que tú tampoco, sin mencionar que ese idiota bueno para nada le ha dado vuelta a la página a su vida y se ha convertido en un mujeriego empedernido. Riza, yo quiero verte feliz." Al decir sus últimas palabras ella colocó su mano sobre la de Riza y la apretó ligeramente en señal de apoyo.
Riza sabía que Rebeca sinceramente deseaba que fuera feliz y comprendía su desprecio contra Roy, dado que su amiga no conocía la verdad tras la fama de mujeriego de Roy y por mucho que deseara aclararle eso, no podía.
"Gracias, Rebeca. Pero de verdad estoy bien así. Además no estoy sola, tengo a Black Hayate conmigo." Al oír su nombre y como si entendiera la conversación, el pequeño shiba inu que se encontraba acostado debajo de la mesa ladró, lo que hizo reír a las chicas. "Y para tu información, no estoy buscando una relación con… ¿cómo lo llamaste? ah Flamita."
"Eso es lo que dices pero estoy segura de que tu corazón dice otra cosa a pesar de todos estos años y de mi insistencia."
"Aunque así fuera, no puede haber nada serio entre él y yo ni con otra persona, porque simplemente no merezco ser feliz."
"Claro que lo mereces. Independientemente de lo que te hayan obligado a hacer en esa horrible guerra tú has seguido adelante haciendo todo lo que puedes por enmendar tus errores. Así que ya basta de torturarte tanto."
Riza pensó por un momento las palabras de Rebeca y no pudo evitar imaginarse a Edward y a Roy a su lado, e incluso a Al, al cual le había llegado a tomar cariño con el paso de los años al igual que a Edward antes de que se enterara de su identidad. Realmente deseaba contarle a su amiga que había encontrado a su hijo, pero sabía que no era el momento, así que tuvo que resistir la tentación.
"Gracias por siempre apoyarme, pero ahora no es el momento de buscar mi felicidad. Hay muchas cosas por hacer pero tal vez cuando todo esto termine ya veremos." Riza le respondió ofreciendo una sonrisa sincera a su amiga.
Rebeca suspiró. "Eso deseo, amiga, que algún día encuentres esa felicidad y dicha que tanto te mereces aunque lo niegues."
Las dos amigas continuaron disfrutando de sus bebidas y de su conversación hasta que llegó la hora en que Rebeca se tenía que marchar de regreso al Este, no sin antes dejarle un mensaje oculto en el collar de Black Hayate, el cual Riza se encargó de pasar a Havoc para que pudiera llegar a Roy, el cual se encontraba escondido en la habitación del rubio. Riza se pudo dar cuenta de su presencia por el aroma de su colonia y, aunque deseaba verlo, fingió no saber que estaba ahí pues quería evitar darle herramientas a Bradley y compañía que pudieran utilizar en contra de los dos.
Un mes antes de la fecha señalada como el Día Prometido, Riza se reunió con Madame Christmas en su establecimiento para intercambiar información y detalles sobre el golpe de estado que habían estado planeando. Durante estos últimos meses, ella siguió trabajando diligentemente bajo la vigilancia de Bradley, consiguiendo de vez en cuando uno que otro avistamiento de Roy en el cuartel. Dado que era peligroso que los dos se reunieran para intercambiar información, se apoyaron de sus amigos de la unidad y de las informantes de Roy y de Madame Christmas. Riza había tenido contacto con Chris Mustang vía telefónica y por medio de cartas codificadas usando su alias de Elizabeth. En esta ocasión, era la primera vez que la conocería en persona, ya que los últimos detalles del plan que estaban orquestando lo requerían y dado que era muy peligroso que lo hiciera el propio Roy, la tarea había sido encomendada a su madre.
Para no exponerse innecesariamente al acudir a la reunión, Riza aprovechó la habilidad que había detectado que tenía su pequeño shiba inu para detectar la presencia de homúnculos. Gracias a eso, ella se pudo dar cuenta de que conforme el Día Prometido se acercaba, la vigilancia fuera de su horario laboral se había visto disminuida. Llevando a su fiel amigo, Riza ingresó al bar de Madame por la puerta trasera para ser recibida por una de las chicas que trabajaba ahí que la saludó efusivamente y la llevó a un despacho donde Chris se encontraba fumando un cigarrillo.
"Es un placer al fin conocerte en persona, Elizabeth." Mencionó Chris Mustang mientras se levantaba, apagaba su cigarrillo y le extendía su mano a Riza.
"El placer es todo mío, Madame." Riza respondió mientras tomaba su mano.
"Por favor, toma asiento." Chris dijo haciendo un ademán con su mano hacia las sillas que se encontraban frente al escritorio.
Riza asintió en agradecimiento mientras se sentaba.
"Pues bien, hay que aprovechar todo el tiempo que podamos. Entremos en negocios."
Madame comenzó a compartirle toda la información que Roy le había pedido investigar, recibiendo durante la charla algunas observaciones de parte de Riza, las cuales ella se las haría llegar a él posteriormente.
Al principio de la conversación, Riza se sentía un poco nerviosa de tratar en persona a la mujer que prácticamente era la madre de Roy. No estaba tan segura de que tanto sabría la mujer que tenía frente a sí acerca de lo que había pasado entre su hijo y ella, y, si lo sabía, Madame no daba alguna pista al respecto. Sin embargo, conforme su conversación avanzaba, Riza se fue sintiendo más cómoda conversando e intercambiando ideas con Chris, tanto que, en poco tiempo, Riza se dio cuenta de que la madre de Roy era una persona muy inteligente, astuta, fuerte y capaz, por lo que ahora sabía de dónde había aprendido Roy esas cualidades que siempre había admirado.
Una vez que terminaron su conversación referente a los planes para el golpe de estado, Madame decidió aprovechar la ocasión para conocer más a Riza.
"Elizabeth, si no te molesta me gustaría hacerte algunas preguntas personales."
Riza se tensó ligeramente ante la petición, pero sabía que tarde o temprano el tema saldría a colación. "De acuerdo. Adelante."
Madame tomó un sorbo de su bebida antes de proseguir. "Roy-Boy me contó hace tiempo lo que había pasado entre ustedes."
Riza, internamente, no pudo evitar sonreír ante la manera afectuosa en que la señora se estaba refiriendo a su hijo el cual ya no era en absoluto un niño pequeño pero, a pesar de que Chris mostrara cierta dureza en su exterior, podía comprender perfectamente lo mucho que amaba a su muchacho y que sin importar la edad que tuviera, para ella siempre sería su pequeño, así como ella misma no podía evitar pensar en Edward de la misma manera.
Riza tomó un sorbo del té que Madame le había ofrecido. "¿Qué tanto le dijo?"
"Lo suficiente para enterarme de lo profundo que son tus sentimientos por mi muchacho y por… mi nieto." Susurró al final.
Riza se sorprendió al escuchar esas palabras. No sabía exactamente qué esperar de la madre de Roy pero definitivamente no esperaba esa declaración. Además, por sus palabras y la forma en que la miró, Riza tenía la impresión de que Madame debía estar enterada de las decisiones que tuvo que tomar para proteger a Roy y a su hijo.
Riza se mordió el labio inferior antes de responder. "Yo… lamento mucho el haber tenido que lastimar a Roy de esa forma… pero en su momento fue la única forma que se me ocurrió para protegerlos." Dijo con un tono sincero mientras miraba a Chris a los ojos.
Chris pudo ver en su mirada su sinceridad y un gran dolor, el mismo que había visto en los ojos de su muchacho la noche en que él le había confesado la existencia de su nieto. Chris estiró su mano para acariciar el brazo de Riza como un gesto de consuelo.
"Entiendo todo lo que pasó. Como te dije, por tus acciones y tu mirada puedo ver lo mucho que has amado a mi muchacho y que todavía lo sigues haciendo, al igual que él a ti." Madame respondió en voz baja mientras esbozaba una pequeña sonrisa. "Solamente espero que mi muchacho no se haya propasado contigo, porque si lo hizo me encargaré de recordarle que yo no crié a un sinvergüenza."
Riza sonrió. "No, para nada. Él siempre ha sido un caballero conmigo, jamás ha hecho algo para lastimarme. Usted hizo un excelente trabajo educándolo."
Madame rió. "Me alegra, aunque me hubiera gustado haber hecho un mejor trabajo para que no hubiera sido tan idiota como para dejarte ir." Dijo con un tono ligeramente triste.
"No fue su culpa. En realidad todo fue obra mía. Desafortunadamente no tomé las mejores decisiones en su momento y no solamente me perjudiqué a mí, sino también a las dos personas más importantes de mi vida."
Madame negó con su cabeza. "Creo que fueron muchas las variables que influyeron en lo que pasó pero ahora eso no importa. Lo que importa es lo que se avecina y lo que van a hacer después de ello. Estoy convencida de que él jamás ha podido sacarte de su corazón y por lo que veo tú tampoco. Tal vez cuando toda esta pesadilla termine, se puedan dar la oportunidad de retomar su relación. Entiendo que están las restricciones de la milicia pero estoy segura de que ustedes son más que capaces de encontrar una manera de salirse con la suya." Sonrió ligeramente. "Creo que a Roy-Boy le encantaría."
Riza retornó la sonrisa. "A mí también me encantaría, pero aún no sé lo que nos depara el futuro. Como lo dijo, sigo amando a su hijo y estoy segura que jamás podré dejar de hacerlo. Él ha sido la única persona que me ha aceptado por lo que soy, con mis virtudes y defectos." Inhaló profundamente y apretó su agarre en la taza que sostenía para hablar con un tono serio. "Pero por mucho que desee disfrutar su compañía, no puedo evitar olvidar mi participación en la guerra, no puedo olvidar el daño irreparable y el dolor que causé. No sería justo que yo fuera feliz cuando yo arrebaté toda esa felicidad a muchas personas… cuando incluso se la arrebaté a mi propia sangre y al hombre que he amado con todo mi corazón."
"No seas tan dura contigo. Entiendo lo que ha pasado y lo que has sacrificado por el bienestar de mi hijo, de mi nieto y del pueblo de Amestris. Tú y él han sufrido demasiado, por eso deseo que pronto dejen de atormentarse con el pasado. No tienen porqué renunciar a su propia felicidad mientras luchan por mejorar el país. Estoy completamente segura de que mi Roy-Boy no podrá encontrar una mujer mejor que tú y además una que lo aguante tanto como tú, porque sé perfectamente lo latoso que puede llegar a ser." Mencionó esto último riéndose ligeramente lo cual fue contagiado a Riza.
"Gracias por su voto de confianza, Madame. Tal vez más adelante lo reconsideremos."
"Eso espero. Pero por favor, querida, estamos en confianza así que puedes llamarme Chris, al fin y al cabo prácticamente eres mi nuera, nada más hace falta que lo oficialicen."
Riza se sonrojó ligeramente ante las palabras de Chris pero no pudo evitar sonreír y sentirse alegre de saber que a pesar de no haber tratado con anterioridad a la señora, ella ya la consideraba como parte de su familia.
"Muchas gracias Ma…" Chris enarcó una ceja y cruzó sus brazos. "Eh, quiero decir, muchas gracias, Chris. Pero en tal caso también me gustaría que me llames Riza."
Chris relajó su postura y sonrió. "Me parece justo, Riza." Tomó otro sorbo de su bebida y cambió su semblante por uno serio. "Riza… cuando me enteré de la existencia de su hijo le ofrecí a Roy mi ayuda para buscar al pequeño con mi red de inteligencia. Él se negó diciendo que era mejor que las cosas se quedaran así para no alterar la vida del chico y cuando le pregunté si tú opinarías lo mismo, él me dijo que sí. Ahora que tengo la oportunidad de tratarte en persona y comprobar con mis propios ojos que eres una buena persona, quiero saber tu opinión al respecto. Él está en su derecho de no entrometerse en la vida del chico así como tú también tienes el derecho de tomar tu propia decisión. Estoy consciente de que a estas alturas mi nieto ya no es un chiquillo, es todo un jovencito, pero si tú deseas saber de él estoy en la mejor disposición de ayudarte una vez que todo este embrollo finalice."
Riza no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa. Definitivamente Madame Christmas estaba superando con creces sus expectativas. Aunque sabía que ella y Roy no tenían una relación romántica como tal, no podía evitar pensar en Chris Mustang como su suegra, por lo que, antes del encuentro, no pudo evitar pensar en que a lo mejor podría ser como aquellas temibles suegras que había escuchado. Pero estaba muy equivocada. A pesar de las circunstancias, le sorprendió cómo Chris la aceptaba como parte de su familia e incluso se ofrecía a ayudarla a encontrar a su hijo a espaldas de Roy. En ese preciso momento, se vio tentada a decirle que ya había encontrado a su hijo, pero sabía que no era el momento y que Roy merecía enterarse primero. Ya había cometido ese error una vez y no quería volver a hacerlo.
"Te lo agradezco mucho, de verdad, pero tal como Roy te lo mencionó, no me gustaría interferir en la vida de nuestro hijo. Quizás más adelante." Riza optó por dar la respuesta que hubiera dado si no supiera que Edward era su hijo.
Chris asintió. "De acuerdo. Respeto la decisión de ambos y no presionaré en ese asunto."
Después de unos minutos más de conversación, Riza se puso de pie y comenzó a dar su agradecimiento y despedida a Chris.
"Fue todo un gusto, Chris. Muchas gracias por todo." Riza declaró con mucha sinceridad.
"El gusto fue todo mío, Riza. Lamento que hayamos tenido que esperar tantos años para conocernos en persona. No sabes lo mucho que deseaba hacerlo, sobre todo cuando el atarantado de mi muchacho no paraba de hablar de ti cuando se dignaba a venir a visitarme cuando estudiaba con tu padre." Dijo Chris riendo en la última frase.
Riza sonrió y comenzó a dirigirse a la puerta.
"Riza." Chris la llamó y ella se detuvo mirándola.
"¿Si?" Riza preguntó.
"Yo sé que lo que se avecina es sumamente peligroso y estoy segura de que mi muchacho hará todo lo que esté en sus manos para protegerte y más le vale que lo haga… pero también sé que a veces puede dejarse llevar por sus propias emociones y, para ser sincera, eso me preocupa porque desde que falleció su amigo Hughes, las pocas veces que lo he visto lo he sentido diferente." Ante esta mención Riza se tensó un poco, porque también lo había sentido. "Así que, por favor, quiero pedirte que también lo protejas de nuevo."
Riza sabía perfectamente a lo que Chris se estaba refiriendo. Se refería a que lo protegiera de sí mismo. No hacía falta que se lo pidiera pero entendía perfectamente su sentir. Era totalmente comprensible pues era una preocupación nacida del corazón de una madre. Ahora que había encontrado a su hijo, lo entendía aún más.
"No se preocupe, no voy a permitir que le pase algo." Riza respondió con determinación. "Al fin y al cabo sigo siendo su guardaespaldas." Dijo bromeando ligeramente.
"Gracias, Riza. Más les vale que regresen los dos en una sola pieza." Chris advirtió.
Riza sonrió. "Lo haremos."
Una semana previa a la fecha estipulada para el Día Prometido, Riza quedó en encontrarse con Roy en un almacén ubicado en las afueras de la ciudad, el cual habían utilizado en ocasiones anteriores para misiones encubiertas. Conforme la fecha se acercaba, ella se pudo percatar que la extrema vigilancia por parte de Pride y del propio Bradley se había vuelto prácticamente inexistente. Así que ella y Roy decidieron que podrían encontrarse en persona para terminar de pulir los últimos detalles.
Era un sábado por la tarde-noche cuando los dos se dieron cita. Riza fue acompañada de Black Hayate y, al llegar al lugar, descubrió que Roy ya se encontraba ahí, sentado sobre un costal de arena y usando una enorme caja de madera como mesa mientras revisaba varios papeles que se encontraban esparcidos. Los dos estaban usando su ropa de civil para no llamar mucho la atención durante su trayecto hacia este lugar. En cuanto lo vió portando uno de sus elegantes trajes, Riza no pudo evitar que su corazón palpitara intensamente. Siempre había sabido que Roy Mustang era un joven muy atractivo y, a pesar de los años, lo seguía siendo.
Ella fue silenciosa al ingresar al edificio, pero Roy tenía un sexto sentido cuando se trataba de ella, tanto que en cuanto Riza comenzó a acercarse a él, Roy giró su cabeza para encontrarse con su mirada. Ambos sonrieron. En sus miradas se transmitieron un millón de palabras que solamente podían ser entendidas por ellos. Alivio, alegría, preocupación, ansiedad… amor.
"Me alegra verla, Teniente." Roy rompió el silencio sin retirar su mirada mientras se ponía de pie y se sacudía el pantalón tratando de alisar las arrugas inexistentes.
"Lo mismo digo, Coronel." Ella tampoco retiró su mirada mientras se acercaba a él. "Debo admitir que me sorprende que haya llegado antes que yo."
Roy se dio cuenta de que ella quería burlarse de él. Ante esto, su sonrisa se amplió. En serio extrañaba esto. "Permítame recordarle que soy muy puntual cuando se trata de una cita con una hermosa dama."
Ella movió su cabeza de un lado a otro. Por engreído y coqueto que sonara, él tenía razón. En las pocas citas que tuvieron hace años, él era muy puntual. "Me siento halagada, pero me temo que debo informarle que esta es una cita de trabajo, Señor." Hizo una ligera pausa. "Espero que a estas alturas, se esté dedicando con este entusiasmo a su papeleo y juntas."
Roy simplemente rió. Hacía demasiado tiempo que no lo hacía de manera natural, sin que tuviera que hacerlo para quedar bien con los generales corruptos de Central. Además, habían pasado meses sin que se sintiera como en esos momentos porque no había tenido a su lado a la pieza más importante de su tablero. A su reina.
Roy se pasó una mano por el cabello. "Vaya, Teniente, jamás me dejará holgazanear, ¿cierto?"
"Así es, Señor."
En ese momento, el pequeño shiba inu ladró como si estuviera emitiendo su opinión al respecto al mismo tiempo que se hacía notar, lo cual hizo reír a los dos adultos. Roy se acercó al fiel amigo de Riza y se agachó para acariciarlo.
"Hey, amigo, ¿cómo estás? Muchas gracias por cuidarla por mi."
Black Hayate movió energéticamente su cola y volvió a ladrar como respuesta, para después alejarse un poco de ellos para colocarse en posición de guardia en la entrada del lugar, tal y como su dueña se lo había enseñado. Riza vio encantada toda la escena entre su cachorro y el coronel. Había extrañado mucho poder ver ese lado de Roy y, sobre todo, había extrañado poder tener una conversación con él.
"Señor, ¿cómo sigue su herida?" Riza sabía que ya habían pasado algunos meses, pero no pudo evitar seguir preocupada todo este tiempo sabiendo lo impulsivo y descuidado que podía llegar a hacer ese hombre.
Roy sonrió. Le alegraba saber que ella seguía preocupándose por él. Sabía que lo hacía pero aún así no dejaba de darle gusto que ella se lo dejara saber.
Él se acercó a ella. "Estoy completamente recuperado, así que no hay nada de qué preocuparse."
"¿Seguro? Conociéndolo capaz y no siguió las indicaciones del médico." Dijo ella enarcando una ceja.
"Claro que las seguí al pie de la letra, tenía que ser más cuidadoso conmigo mismo porque no tenía a mi fabulosa guardaespaldas a mi lado." Dio otro paso hacia ella, quedando a pocos centímetros de ella, encontrando su mirada. "Pero sobre todo porque tenía que recuperarme para poder proteger a las personas que me importan." Cambió su sonrisa sincera por una traviesa. "Pero si no me crees, eres bienvenida a inspeccionar la herida por ti misma."
Riza sabía que no era apropiado estar tan cerca de él pues, a pesar de estar solos, existía el peligro latente de que pudieran ser descubiertos. Sin embargo, no deseaba alejarse, no cuando habían estado meses separados teniendo que conformarse con pequeños vistazos cuando se cruzaban.
"Señor, sabe que eso sería muy inapropiado. Así que creeré en su palabra." Dijo fingiendo enojo.
Roy suspiró. "Es una lástima…" Bajó su voz mientras miraba a Riza con suavidad. "Te extrañé mucho."
Ella también suavizó sus facciones. "Yo también lo extrañé, Señor."
"Oh, vamos, estamos solos. ¿Podemos al menos dejar las formalidades por un momento, por favor?" Roy dijo ligeramente fastidiado.
"Sabe que no debemos bajar la guardia, Señor." Riza dijo con tono neutro.
"Los homúnculos, al igual que nosotros, deben de estar muy ocupados con sus planes. Por eso han dejado a sus achichincles para vigilarnos, lo cual es muy provechoso porque son más fáciles de burlar."
Riza suspiró. "No tienes remedio."
"Ya me conoces." Volvió a sonreírle antes de cambiar a una expresión más seria. "Dime, ¿te han vuelto a atacar esos canallas?"
Ella negó con la cabeza. "No te preocupes, salvo la continua vigilancia no se ha presentado ningún incidente."
Él enarcó una ceja incrédulo. "¿Segura? Dejé pasar lo de Selim porque entendía que eso era lo que deseabas y que era lo más adecuado en ese momento, aunque lo que deseaba hacer era ir y achicharrar a ese mocoso."
Ella sonrió ligeramente. "Me alegra que hayas entendido mi mensaje y que no hayas seguido tus impulsos. Te aseguro que no he tenido ningún otro altercado."
Roy se cruzó de brazos para evitar que sus manos se dirigieran a otro lado mientras suspiraba. "Lamento mucho haberte metido en todo este embrollo."
"No tienes que disculparte. Fui yo la que decidió seguir este camino."
"Sabes que jamás dejaré de sentirme culpable por haberte arrastrado a esto."
"Y tú también sabes que nadie toma mis decisiones." Suspiró. "No es el momento para esto, aprovechemos el tiempo para revisar el plan de la próxima semana." Riza mencionó, mientras caminaba lentamente hacia la mesa y comenzaba a acomodar los papeles que ella traía consigo y los que Roy había dejado regados sobre la superficie.
Roy agachó la cabeza y la siguió. "De acuerdo, ¿te confirmaron Vanessa, Braidykins y Kate su participación?"
Ella asintió. "Sí, Braidykins y Kate se reunirán conmigo en el punto acordado la noche previa antes de encontrarnos contigo. Vanessa llegará a la fiesta con sus amigas."
Roy asintió. "Perfecto. Ahora déjame mostrarte todo lo demás."
La siguiente hora transcurrió revisando los papeles que habían traído, compartiendo conversaciones que habían tenido con sus aliados entre otras cosas. Una vez terminada la revisión técnica de su plan, charlaron acerca de unos cuantos planes de contingencia. Cuando terminaron, comenzaron a charlar de cosas más triviales disfrutando de la compañía del otro. En ese punto, Riza sintió la necesidad de decirle a Roy lo que había descubierto hace unos meses atrás, hace mucho tiempo que moría por contarle pero no habían tenido una oportunidad de conversar a solas y, por lo que podía ver del comportamiento de Black Hayate, parecía ser que no serían interrumpidos por visitantes indeseados.
Justo cuando Riza estaba pensando en cómo debería comenzar su relato de lo sucedido con Edward, fue sacada de sus pensamientos por la voz del coronel.
"Una vez que todo esto termine, te recuperaré a ti y a los demás." Roy dijo con decisión mientras se ponía de pie y caminaba hasta detenerse en medio del lugar.
Tomando esos momentos como un tiempo extra de tranquilidad antes de tener que revelar lo que sabía de su hijo, ella lo imitó deteniéndose un par de pasos atrás de él. "No solo eso, también lograrás lo que has estado esforzándote por conseguir durante todos estos años: te convertirás en Führer."
"Cierto, siempre y cuando Armstrong no decida iniciar una pelea por ello."
"Ya veremos, pero creo que ella está más a gusto en el Norte."
Él asintió y guardó silencio. Estaba pensativo y Riza lo sabía.
Aprovechando el breve silencio, Riza decidió sacar lo que había guardado para sí misma durante todos estos meses. "Eh… ¿Roy? Hay algo que-" Comenzó a decir en voz baja antes de ser interrumpida repentinamente.
"Además, es muy probable que ese día me entere de la identidad del infeliz que le arrebató la vida a Hughes." Dijo Roy con un tono agresivo, lleno de odio y dolor a la vez que apretaba sus puños. Toda su postura se puso tensa al igual que su mandíbula.
Riza estaba a unos pasos por detrás de él por lo que no podía ver su rostro, pero estaba segura de que las emociones que estaban embargando en ese momento a Roy eran odio, ira, dolor… y un enorme deseo de venganza. Le aterraba ver eso en él, sobre todo porque ya lo había sentido la noche del sepelio de Hughes y cuando habían interrogado a Barry. No podía permitir que sus emociones lo consumieran, no a un hombre que había sacrificado tanto para redimirse y brindar un mejor futuro a su país, no al muchacho idealista del que se enamoró perdidamente, no al padre de su hijo, no a él, no a Roy Mustang. Era su deber mantenerlo en el camino correcto. Tenía que evitar que se auto-destruyera.
"Recuerda que haremos justicia, no venganza." Riza dijo con voz suave, tratando de tranquilizarlo.
Él se tensó todavía más. "El infeliz que lo haya hecho no se merece justicia, se merece el mismísimo infierno y si está en mis posibilidades, se lo daré."
Riza se estremeció con las palabras llenas de veneno que escuchó de él. Respiró profundamente y lentamente se acercó. Colocó su mano sobre su brazo derecho y lo apretó ligeramente, lo cual estremeció un poco a Roy.
"Aunque se lo merezca, nosotros no somos nadie para decidir su destino. Nos equivocamos una vez y sabes perfectamente cómo terminó todo." Hizo una ligera pausa. "Por eso emprendimos este camino, para evitar más sufrimiento a los demás. Tú eres un buen hombre con un buen corazón. No permitas que esa clase de sentimientos negativos se apoderen de tu corazón o nublen tu juicio. Por favor, no te alejes del camino… prometiste que siempre regresarías a mi, Roy… no olvides esa promesa."
Roy inhaló y exhaló pesadamente mientras cerraba sus ojos. Lo sabía. Lo recordaba. Ella jamás lo dejaría caer tan bajo. Por eso Riza le hizo prometer aquella noche que no se dejaría guiar por esos sentimientos y que siempre regresaría a su lado. Estaba algo ebrio, pero lo recordaba perfectamente. Además, no podía olvidar que él mismo le hizo prometerle hace muchos años que le disparara si él se desviaba de su camino.
Poco a poco se fue relajando. Colocó su mano izquierda sobre la mano de ella que seguía aferrada a su brazo y con su pulgar comenzó a acariciarla suavemente. Después de unos segundos, se giró para quedar frente a ella, abrió los ojos y la observó detenidamente. Al igual que en aquella noche, pudo notar la preocupación, el dolor y la tristeza en su mirada, todo infligido en ella de nueva cuenta por él. Sin pensarlo dos veces, soltó su mano y la atrajo a su pecho, estrechándola fuertemente, enterrando su rostro en su cabellera rubia.
"Lo siento, soy un idiota… Otra vez te estoy haciendo sufrir." Roy susurró contra su cabello. Siempre que veía esa expresión en Riza deseaba poder desprenderse de la sed de venganza que había sido despertada el día de la muerte de Hughes. De verdad quería hacerlo pero Hughes… Intentando no ahondar en esos pensamientos en ese momento, optó por apretar sus ojos e inhalar profundamente para llenarse de la esencia de Riza.
Riza se sorprendió al principio, pero después regresó el abrazo, apretando con todas sus fuerzas a Roy.
"No te preocupes, al fin y al cabo eres mi idiota, ¿cierto?" Bromeó Riza tratando de aligerar el pesado ambiente que se había creado.
Él rió ligeramente y asintió. "Solamente tuyo, tenlo por seguro."
Ella asintió y enterró su rostro en su fuerte pecho. Se permitió ese momento de debilidad para disfrutar la cercanía de Roy, su confort, su calidez y su aroma. Le sorprendía que a pesar de todos estos años él siguiera utilizando la misma colonia que había usado desde que era el aprendiz de su padre, pero aún así, con o sin la colonia, ella podía identificar su aroma natural. Por su parte, él también se permitió disfrutar el momento. Todo le resultaba tan familiar como si todavía estuvieran en casa de su padre cuando eran novios. La abrazó más fuerte deseando prolongar el momento todo lo posible.
Permanecieron de esa forma durante varios minutos hasta que Roy decidió alejarse un poco para mirar su rostro suavizando su mirada al encontrar la de ella.
"Riza… dijiste que querías decirme algo."
Riza se tensó ligeramente. Deseaba poder compartirle la noticia, decirle que Edward Elric era el hijo que ambos habían creído que jamás podrían volver a ver, que en estos últimos años lo habían tenido cerca sin saberlo. Por mucho que deseaba hacerlo, después de lo que había ocurrido, consideró que era mejor esperar. Con la cantidad de emociones que revoloteaban alrededor de Roy en ese momento, no estaba segura de cómo sería su reacción y lo que menos deseaba era desconcentrarlo. No podía permitir que lo hiciera. La futura batalla requeriría su enfoque total para salir victoriosos y con vida.
Riza alzó su mirada para encontrarse con la suya y con su mano derecha comenzó a acariciar suavemente la mejilla de Roy. Al contacto, él cerró por unos segundos sus ojos y se regocijó por el contacto.
"Es algo que quiero compartirte una vez que todo esto termine…" Comenzó a decir Riza en voz baja mientras Roy abría sus ojos para encontrar nuevamente su mirada. "Así que, por favor, no mueras."
Roy colocó su mano izquierda sobre la de Riza que se encontraba sobre su mejilla. Ambos sabían que la próxima batalla sería sumamente peligrosa pero harían todo lo que estuviera a su alcance para proteger al otro y a todas las personas que pudieran. Aún así, Roy pudo ver la preocupación en su mirada.
"Sabes que no puedo prometer eso… " Apretó gentilmente la mano de Riza. "Pero como te lo he dicho anteriormente, te prometo luchar hasta el final por protegerte a ti y a todos los que pueda y hacer mi mejor esfuerzo para salir con vida." Sonrió ligeramente. "Además, no pienso morir hasta que el país sea un lugar más seguro para nuestro hijo. Eso sin mencionar que el puesto de Führer me estará esperando tarde o temprano." Roy la miró intensamente. "Tú también tienes que prometerme luchar por tu vida." Le dijo esto con un tono más serio.
Ante la mención de su hijo, Riza ocultó su rostro en el pecho de Roy. Sabía que sí la seguía mirando a los ojos descubriría la culpa y preocupación que estaba sintiendo en esos momentos. Con voz suave, respondió. "Me parece justo, siempre y cuando tú hagas lo mismo."
Él sonrió. "Entonces tenemos un trato. Ahora, regresando a ese tema, ¿no me podrías adelantar lo que me quieres decir para ese entonces?"
Ella negó con la cabeza aún sin despegar el rostro de su pecho. "Creo que es mejor que lo guarde para el final. Puedes considerarlo como un premio por todo tu esfuerzo. Todavía no sé cuál será tu primera reacción, pero estoy completamente segura de que al final te gustará saberlo."
"¿No puedo hacerte cambiar de opinión?"
Riza nuevamente negó con la cabeza mientras apartaba su rostro del pecho de Roy, ganándose un puchero por parte de él por su respuesta.
El pelinegro suspiró. "Creo que no me queda de otra más que esperar."
"Así es." Ella afirmó, retirando su mano de la mano de él y de su mejilla para abrazarlo nuevamente, aferrándose fuertemente. Tenemos que sobrevivir y para ello tienes que estar enfocado al 100% en esto, es lo mejor en este momento. Una vez que superemos esto, te diré lo de nuestro hijo y de verdad espero que para ese entonces Edward haya tomado una decisión acerca de si desea que nos involucremos en su vida o no.
Roy retornó el abrazo de Riza con la misma fuerza respirando tranquilamente al sentirse totalmente en paz a su lado, como siempre había sido. Con estos meses de separación, se había dado cuenta lo mucho que la extrañaba y definitivamente no permitiría que pasaran más tiempo alejados una vez que terminaran con el día Prometido.
La víspera del día prometido llegó. Como había sido acordado, Roy se encontró con Madame Christmas para terminar de intercambiar información en su bar antes de hacerlo explotar. Al despedirse, Roy no pudo evitar sentir un poco de nostalgia al escuchar a su madre hablarle como si todavía fuera un niño. Lo que Roy no sabía es que, al comenzar a andar su camino, Madame apretó con fuerza dos sobres que le habían sido entregados un par de días antes con la caligrafía de Riza en cada uno de ellos.
Roy observó la espalda distante de su madre por unos momentos antes de inhalar profundamente para posteriormente tomar su maleta que contenía su uniforme para emprender el camino que lo llevaría a encontrarse con su unidad.
Cuando llegó al punto acordado, esbozó una ligera sonrisa al ver a Breda y Fuery después de tanto tiempo, pero su sonrisa se ensanchó cuando vio a Riza. A pesar de haberla visto la semana pasada, no podía dejar de extrañarla después de estar acostumbrado a verla diariamente durante años.
Después de los respectivos saludos, Riza le preguntó por sus órdenes para esta misión, a lo cual él simplemente les dio una: No mueran, la cual los tres soldados incluido Black Hayate respondieron al unísono con un Sí, Señor y un ladrido por parte del miembro canino.
"Breda, Fuery, preparen todo lo necesario antes de partir y hagan una revisión del perímetro en lo que reviso unos últimos detalles con la Teniente." Roy dijo.
"Sí, señor." Respondieron Breda y Fuery.
"Black Hayate, acompaña al Sargento Mayor Fuery." Riza se dirigió a su mascota a lo que su mascota respondió con un ladrido.
Una vez solos, Roy se acercó a ella y la atrajo hacia él en un fuerte abrazo, sorprendiendo a Riza.
"Señor, pero ¿qué hace? Esto es sumamente inapropiado." Dijo tratando de apegarse a su rol profesional para intentar zafarse de su agarre.
"Te extrañé." Roy murmuró en su oído, lo que la estremeció ligeramente.
"Señor, no hace mucho que nos vimos y creo que esto…"
"Riza, solamente por estos instantes dejémonos de formalidades, por favor."
Ella suspiró y correspondió el abrazo, manteniéndose el uno junto al otro por unos minutos antes de separarse ligeramente para encontrarse con la mirada del otro. Roy la miró con ternura y con devoción, e incluso Riza podría jurar que la veía como lo hacía cuando estaban saliendo, con mucho amor. Sabía que el sentimiento seguía latente por parte de los dos, pero una parte sí aún sentía que él todavía no la había perdonado por completo por lo que había pasado con su hijo e incluso su mente ocasionalmente le recordaba que ella no merecía el amor de Roy por todo el sufrimiento que le había causado con sus mentiras. Sin embargo, en esos momentos, la mirada de Roy le hacía ver que todo eso había quedado perdonado por su parte y que lo único que deseaba en esos instantes era transmitirle a ella todos sus sentimientos de amor. Además, si ella todavía tenía duda en lo que su mirada quería transmitirle, ésta se disipó completamente cuando la mano de Roy tomó suavemente su mejilla para acariciarla. Después se inclinó lentamente hasta atrapar sus labios con los de él, besándola tierna y gentilmente. Ella se congeló al principio por las emociones que la embargaban, pero de inmediato se recuperó y correspondió el beso con el mismo cariño.
Cuando los dos se separaron ligeramente para tomar aire, se miraron intensamente y los dos suavizaron sus facciones, regalándole una sonrisa sincera al otro. Él seguía acariciando su mejilla y con el brazo que la rodeaba la atrajo lo más que pudo hacia él.
"Estamos por enfrentar una dura batalla. No olvides la orden que les acabo de dar ni la promesa que hicimos la semana pasada acerca de hacer todo lo posible para salir con vida." Inhaló profundamente. "No podía ir al campo de batalla sin decirle a la persona más importante de mi vida lo que significa para mí, lo mucho que la amo y que en este tiempo, comprendí muchas cosas que me han servido para aprender a perdonar." Ella se estremeció. "Si me llegase a pasar algo-"
"Roy, lo prometiste…" Riza lo interrumpió en voz baja.
"Y voy a hacer lo posible para cumplir esa promesa, pero no quiero ir a la batalla sin decirlo. Jamás me perdonaría si muriera y no te dijera lo mucho que te amo, que te he amado y que lo seguiré haciendo por toda la eternidad. Nunca he podido sacarte de mi mente y mucho menos de mi corazón, aunque debo confesar que hubo un breve tiempo en que lo intenté pero no pude hacerlo. Ahora comprendo que la razón que me impidió hacerlo es porque tú eres mi alma gemela. Nadie haría ni sacrificaría lo que tú has hecho por mí y por nuestro hijo, y es por eso que quiero que sepas que no te guardo ningún rencor por eso."
Riza sintió su corazón latir fuertemente a la vez que una parte de ella le gritaba ¿Qué esperas? Te está diciendo que te ha perdonado por completo, dile que ya encontraste a su hijo. Díselo. ¡Hazlo! Realmente quería hacer decirle todo, pero su parte racional acallaba su deseo diciéndole que el impacto de la noticia podría desconcentrarlo y, dado el inminente peligro en el que iban a estar involucrados, no podía permitírselo.
Tratando de que su debate interno no se reflejara en su rostro, Riza suavizó un poco más sus facciones para mirarlo con ternura y amor. "Yo también te amo y siempre lo haré." Apretó su abrazo. "Gracias, Roy."
Él negó con la cabeza. "No, gracias a ti. No te merezco-"
Fue interrumpido cuando ella lo tomó por las solapas de su abrigo para atraerlo hacia ella y besarlo con amor y pasión. Él sonrió ampliamente en el beso, correspondiendo con la misma entrega que ella.
Después de unos segundos, Riza se apartó dejando una distancia mínima entre sus labios. "No olvides que tenemos que sobrevivir para que hablemos de lo que te mencioné la vez pasada." Murmuró ella.
Él asintió y la volvió a besar una y otra vez sin soltar el brazo que la envolvía como si su vida dependiera de ello. "Te amo, Riza, jamás lo olvides." Pronunció él entre besos.
"Te amo, Roy como nunca podrás imaginarte."
"Cuando todo esto pase, aparte de lo que me quieres compartir, quiero que hablemos de nosotros y antes de que me digas algo, recuerda que si todo sale según lo planeado, estaré en camino a ser Führer. Creo que eso ameritará que podamos modificar nuestra relación." Roy dijo mientras sonreía.
Ella correspondió la sonrisa. "Ya veremos. Ahora lo que importa es enfocarnos en la misión que tenemos por delante." Renuentemente comenzó a tratar de zafarse de su agarre pero Roy no la soltó.
"Espera…"
Cuando ella volteó para mirarlo, sus labios fueron nuevamente capturados por los de él.
Él sonrió ampliamente cuando se separaron ligeramente. "Necesito toda la energía posible que pueda conseguir."
Ella sonrió mientras negaba con la cabeza. "Vamos, los chicos no van a tardar en estar listos y todavía tienes que cambiarte." Dijo mientras colocaba suavemente sus manos sobre el pecho de Roy, lo que lo hizo estremecerse ligeramente.
Él suspiró e hizo un pequeño puchero que la hizo reír ligeramente. "¿Un último beso?"
Ella asintió. "Solo uno más y…"
No pudo completar su frase porque sus labios fueron robados por los de Roy, besándola lentamente, tratando de prolongar todo lo que pudiera el beso. Una vez terminado, los dos sonrieron y se abrazaron antes de que Roy, renuentemente dejara ir a Riza para cambiarse.
"Sabes que no es necesario que te vayas. Ya me has visto sin ropa." Dijo en tono de burla.
"Muy gracioso, ahora date prisa. Me reuniré con Breda y con Fuery. Te esperaremos afuera."
Roy suspiró. "De acuerdo." Respondió ligeramente decepcionado.
Riza se dispuso a salir pero antes dio media vuelta y le brindó una sonrisa la cual él retornó para posteriormente seguir su camino.
Cuando todo esto termine, no voy a permitir que nos vuelvan a separar, Riza. Estos meses me han servido para confirmar lo mucho que significas para mí. Lo mucho que te necesito. Lucharé con todo mi ser para protegerte y mantenerte a mi lado. Con un poco de suerte, cuando esto termine, tal vez pueda sentirme un poco digno de tu amor como para buscar la forma de hacerte feliz como mereces. Tal vez pueda tomar la palabra de Madame y buscar a nuestro hijo para saber cómo ha estado y verlo feliz, pero sobre todo, viviendo con tranquilidad y alejado de todo este mundo. Suspiró mientras comenzaba a cambiarse. Pero, mientras tanto, tengo que hacerte caso y enfocarme para poder llegar a ese futuro.
