PARTE 6 Un Nuevo Enemigo, un Paseo y otras Cosas

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Era domingo y Honoka esperaba a Nagisa en el sitio acordado. Era su buena costumbre llegar entre diez y cinco minutos antes de la hora acordada, eso también se lo inculcaron sus padres trabajólicos. Por la estación, llevaba puesta una falda larga, zapatos de tacón bajo y una chaqueta ligera por eso de los vientos fríos de finales de invierno y principios de primavera. Un lindo bolso cruzado (y el estuche con Mipple dentro del mismo) completaba el conjunto. Estaba lista para disfrutar ese hermoso domingo. Simplemente aguardaba por su compañera.

"¿Segura que quieres almorzar hasta que Mepple esté contigo?" Preguntó Honoka a la pequeña Mipple.

"Sí-mipo. Quiero almorzar con mi querido Mepple-mipo", respondió la Princesa de la Esperanza con tono enamorado. "No hay nada más romántico que compartir mesa con la persona que te gusta-mipo".

Honoka sólo rió.

"Realmente lo quieres, ¿verdad?"

"¡Mucho, es mi amado Mepple-mipo!"

"Me alegra mucho escuchar eso, Mipple".

"Oye, Honoka".

"Dime".

"¿Y tú tienes a alguien a quien ames?"

La pregunta descolocó un poco a Honoka, pero no por ello lo demostró. Decidió dar una respuesta neutral.

"Por supuesto que tengo personas a las que amo", contestó Honoka con una sonrisa. "A mis padres, a mi abuela desde luego. A Chuutaro. A ti".

"Yo hablo de alguien que te despierte sentimientos románticos-mipo", aclaró la pequeña princesa. "O que haga que tu corazón se acelere y se sienta tibio-mipo".

"Oh, eso", por supuesto, era eso. Si evadía la pregunta Mipple podría preocuparse, pero a decir verdad no sabía qué responder sin quedar en evidencia. Tampoco era que ella misma tuviera muy en claro esos sentimientos que estaban brotando en su corazón.

Por suerte, Mipple supo leerla.

"Esas cosas toman tiempo-mipo, eres joven aún y sigues aprendiendo de la vida-mipo", dijo la pequeña princesa alegremente. "Si necesitas algún consejo, puedes preguntarme lo que quieras cuando quieras-mipo".

"Gracias, Mipple", respondió Honoka con una sonrisa.

Ninguna tuvo tiempo de decir nada más sobre el tema, alguien llamó a Honoka. Esa voz que a Honoka cada vez se le hacía más familiar y cómoda. Su sonrisa se amplió de manera notoria, su alegría era visible.

"¡Yukishiro-san, aquí estoy!" Nagisa llegó corriendo y sin aliento. Ese lindo y soleado domingo ameritaba su falda de mezclilla más linda, su blusa favorita de flores y un chaleco. Oh, y calzado deportivo para andar más cómoda. Mepple estaba en un bolsillo del chaleco y claro que se dio a escuchar.

"¡Mipple, amor mío! ¡Aquí estoy-mepo!"

"¡Mepple!"

"¡Hey, calma ustedes dos, alguien los puede escuchar!" Los regañó Nagisa de inmediato.

"Tú no sabes nada sobre la espera para ver a tu ser amado-mepo", respondió Mepple con un tono propio y serio, claramente buscaba molestarla. Y lo logró, no necesitaba verla para saber que Nagisa había fruncido el ceño. "Y yo tengo a mi amada princesa que siempre espera por mi-mepo", agregó con voz enamorada.

"¡Argh!"

Aunque pareciera que se llevaban mal, Nagisa apreciaba a Mepple, era como tener un molesto hermano mayor. Además no podía quejarse mucho cuando ella misma era una molesta hermana mayor con su propio hermano menor. Tanto Honoka como Mipple sabían que ellos dos se apreciaban, simplemente lo demostraban a su manera.

"¡En fin!" Nagisa miró a Honoka. "¿Ahora hacia dónde?"

"¿Qué tal la biblioteca?" Propuso Honoka de inmediato.

"¿La biblioteca? ¿En serio?" Nagisa puso cara de horror. "¿Y si vamos a jugar videojuegos al arcade?"

"¿Qué tal al planetario?"

"No es un mal sitio pero suena a actividad de escuela. ¿Vamos al centro comercial a ver ropa?"

"A decir verdad tengo bastante ropa, ¿qué tal si vamos al jardín botánico a ver la exposición de las flores de temporada?"

Se quedaron mirando la una a la otra, ninguna de las dos tenía un sitio en común. Por un momento se sintieron incómodas antes de que Honoka fuera la primera en sonreír, no pasó mucho para que Nagisa la imitara y ambas se echaran a reír sin realmente planearlo. Una risa limpia, clara y sincera. Tardaron un par de minutos en recuperarse.

"¿Piedra, papel, tijeras?" Propuso Nagisa.

"De acuerdo", respondió Honoka con una sonrisa.

"¡Piedra, papel, tijeras!"

Nagisa puso mal gesto cuando su piedra perdió ante el papel de Honoka, miró a su compañera en espera de su decisión.

"Vamos primero a los videojuegos, tengo curiosidad", respondió Honoka para sorpresa y subsecuente alegría de Nagisa.

"¡Vamos! Y luego podemos ir a donde dices que están las flores, las flores son lindas", respondió Nagisa con visible entusiasmo.

Ambas asintieron en señal de total acuerdo. Desde ya, el día prometía ser divertido.

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Su paseo fue bastante entretenido a su manera.

Para sorpresa de Nagisa, Honoka encontró interesante el local de videojuegos, uno de los sitios favoritos de Nagisa por la variedad de máquinas y otras actividades. Jugaron juntas un juego de peleas, uno de plataformas, luego uno de ritmo donde tocaban tambores y al final jugaron una contra la otra en el hockey sobre mesa. A Honoka le gustó medir su habilidad en los juegos, sobre todo los que tenían patrones y ritmo.

Y para encanto de Honoka, Nagisa se maravilló por la inmensa cantidad y variedad de flores en el Jardín Botánico del distrito de Wakabadai. No sólo había flores locales, también tenían flores de otras partes del mundo, Nagisa quedó encantada por las flores con formas de ave, otras que eran colores imposibles y las que tenían un aroma fantástico que nunca había sentido antes.

Luego de una pausa para que sus pequeños amigos comieran, fueron a la librería y Honoka se contentó con una novela de detectives mientras que Nagisa compró el nuevo volumen de una novela ligera que estaba leyendo: "Tu Mano y la Mía". De romance, desde luego. Después de ahí fueron a mirar aparadores y aunque no compraron nada, fue divertido ver. Tomaron un descanso en un pequeño parque cerca de la plaza comercial, ya casi era hora de comer y aún no decidían a dónde ir. De momento estaban sentadas lado a lado en un banco del parque, leían lo que habían comprado en la librería.

"¿De qué trata esa novela?" Preguntó Honoka sin apartar la mirada de su propio libro. La intriga del libro que eligió era buena, los personajes tenían encanto aunque el misterio en sí era fácil de adivinar, al menos hasta el momento. Quizá el final la sorprendería.

"¿Uh?" Nagisa salió un poco de su concentración. Ella en especial tenía gustos más bien simples cuando tenía ganas de leer. Gustaba de las historias simples y sencillas a decir verdad. "Éste es el cuarto volumen de una serie, trata de una chica que está enamorada del chico más popular de la escuela, el chico al principio ni siquiera sabe que ella existe, pero entonces ella le devuelve algo que él perdió, un recuerdo muy importante de su madre, y a partir de eso ambos hablan y comienzan a enamorarse poco a poco", y al escucharse a sí misma, la trama sonaba muy simple a comparación de lo que su compañera leía. Se sintió un poco incómoda y se escondió tras su libro de tapas rosas llenas de flores.

Honoka sonrió y ésta vez despegó su vista de su propio libro.

"Suena bastante lindo. Y para que ya tenga cuatro volúmenes, quiere decir que han sabido manejar el romance y usar bien a los personajes y las situaciones, ¿verdad?" Comentó Honoka con genuino interés.

"Pues… ¡Sí, así es!" Nagisa recuperó rápidamente el entusiasmo. "El chico es lindo, es popular, un gran atleta y todos lo admiran, pero en realidad es dulce y muy amable y se preocupa mucho por la protagonista y busca protegerla al ver lo sensible que es".

"Interesante", murmuró Honoka. "No suelo leer novelas ligeras a decir verdad", y no porque no le gustaran, simplemente era totalmente ajena a ese mundo.

"Luego te puedo recomendar alguna de las que tengo en mi colección, ¿qué dices?" Propuso Nagisa con una sonrisa amplia.

"Me encantaría", fue la inmediata respuesta de Honoka. "¿Te gustaría que te preste alguno de mis libros favoritos?"

"No creo estar lista para tus libros", murmuró Nagisa con cara de desagrado. El libro que leía Honoka en ese momento ni siquiera tenía ilustraciones además de la de la portada, mientras que su novela tenía un arte muy bonito del atractivo chico y la linda protagonista… Protagonista que casualmente tenía el cabello corto, un estilo similar al propio.

"Cuando estés lista, dime", fue la jocosa respuesta de Honoka, haciendo reír a su compañera también. Ambas siguieron su lectura, pero no pasó demasiado antes de que algo interrumpiera su calma.

Mejor dicho, alguien.

Un par de chicos con apariencia de delincuentes se les acercaron, parecían rondar la edad de las chicas y claramente no buscaban una conversación civilizada, se notaba a leguas.

"¡Hey, lindas! ¿Qué dicen si vamos a pasear un rato, eh?" Preguntó uno de los chicos con voz fuerte con la clara intención de sobresaltarlas. Lo logró y eso lo hizo reír con burla.

"¡La pasaremos bien, ya verán! ¡Vamos!" Insistió el otro chico mientras se acercaba peligrosamente al límite del espacio personal del par de estudiantes.

Nagisa de inmediato miró a su compañera con horror. Su temor estaba bien fundado, sobretodo el ver ese par de cejas pobladas fruncidas por la furia. Sabía que Yukishiro Honoka estaba lista para atacar y esos chicos claramente sólo eran bravucones molestando un poco y no humanos contaminados por la oscuridad.

"Tú en especial eres bastante linda", dijo uno de los chicos mientras se acercaba más a Honoka.

Nagisa estaba de acuerdo en eso, su compañera en especial era hermosa. Pero a quien no le cayó en gracia el comentario fue a Honoka y estuvo a dos segundos de explotar. Nagisa decidió hacer algo ésta vez y no solamente quedarse viendo la escena como sucedió en la escuela con esos chicos. Su única reacción fue abrazar a su compañera por los hombros y pegarla a su cuerpo de manera juguetona, les miró con una sonrisa confiada y amplia.

"Lo siento pero ya estamos ocupadas y no hay espacio para más personas", dijo Nagisa, haciendo alusión precisamente a una escena de la novela que estaba leyendo, justamente una escena donde un bravucón se acercaba a la protagonista y el guapo interés amoroso de ésta la protegía de esa manera: dando a saber que la chica ya estaba ocupada con alguien más.

Justo así lo entendieron el par de chicos, cuyos gestos cambiaron a uno de asombro y luego a uno de cómico entendimiento. Por su lado, a la que se le movió el suelo por completo fue a Honoka, que sintió ese cálido abrazo y ese aún más cálido cuerpo pegado al suyo. Se puso totalmente roja y sin saber cómo reaccionar, pero no tuvo tiempo de todos modos.

"Oh, vaya", el primer chico se aclaró la garganta, se notaba apenado. "Las dejamos".

"¡Hacen una gran pareja!" Exclamó el otro chico y su amigo y él se fueron a paso rápido mientras murmuraban cosas en voz baja.

Honoka para esos momentos era un tomate maduro coloreado de rojo brillante… Nagisa también. Ambas reaccionaron al mismo tiempo, Nagisa llevándose las manos a la cabeza mientras entraba en pánico y se inclinaba hacia atrás y Honoka cubriéndose el rostro mientras se inclinaba hacia adelante como si quisiera cubrirse también con sus propias piernas. Ambas estaban demasiado nerviosas y apenadas como para hacer algo más, sólo lanzaron un gracioso grito que nadie sabía si era de horror o de vergüenza.

"¡Lo siento, tuve que hacerlo porque no quería que pelearas de nuevo como pasó en la escuela!" Fue lo primero que pudo exclamar Nagisa.

"Tienes… Tienes razón, apenas me estoy recuperando de los golpes de esa vez", fue lo único que Honoka pudo decir. "Tu método fue inesperado pero efectivo. Gracias".

"Por nada".

Y no me molestó, eso pensaron ambas.

Se quedaron en sus apenadas posiciones un rato más hasta calmarse. Nagisa seguía sin poder creerlo, aunque admitía que el cuerpo de su compañera en serio era cálido, además olía a flores. Que ésta vez fuera la misma Nagisa la que tomara la iniciativa en una situación tensa fue… Abrumador. Y extrañamente satisfactorio. Por su lado, Honoka tenía el corazón alborotado y tampoco podía creer que su compañera hiciera eso. Comprendía la intención pero el método sin duda fue único. Fue lindo, eso sí.

Para suerte de ambas, el hambriento estómago de Nagisa rompió el silencio y fue la misma Nagisa quien reabrió la conversación.

"¿Pollo frito?"

"¿Qué tal pizza?"

"¿Y una hamburguesa?"

"¿Pasta?"

"A éste paso no vamos a comer nada", se quejó Nagisa.

"Es a ti a la que le gusta la comida frita", se defendió Honoka.

Silencio.

Ambas se echaron a reír al mismo tiempo y finalmente pudieron recuperarse del pequeño incidente con los chicos.

"Hey, conozco un sitio genial donde venden takoyaki, ¿qué dices?" Propuso Nagisa sin pensarlo demasiado. A su parecer era la opción de comida más neutral.

"Digo que me encanta la idea, hace mucho que no como takoyaki".

"Estás bromeando, ¿verdad?"

"Lamentablemente no, no tengo la costumbre de comer fuera de casa".

"Bueno, cambiaremos esa costumbre, andando". Al momento de ponerse en pie, Nagisa simplemente le ofreció la mano a su compañera. Volvió a fruncir el ceño mientras se sonrojaba. "Así no nos molestarán".

Honoka tuvo que mirar a un lado para que Nagisa no le viera las mejillas ruborizadas. No le molestaba la idea en lo absoluto. La situación seguía siendo complicada.

"Gracias".

Y caminaron de la mano mientras Nagisa guiaba el camino de ambas, de momento iban en silencio, las dos mirando al frente con graciosa seriedad hasta eventualmente relajarse mientras miraban todo lo que ofrecía la ciudad en ese precioso y soleado domingo.

Lo que más le gustó a Nagisa fue que a Honoka le gustó el takoyaki del famoso Tako Café. Lo que más le gustó a Honoka fue compartir propiamente una comida con su compañera y futura amiga.

==o==

Ésta vez el enemigo era particularmente enorme, y por enorme, hablaban de un sujeto inmenso, al menos tres metros de alto, un peinado raro, camiseta y mallas color blanco ajustadas a su inmenso y deforme cuerpo hecho de músculos. Manos como mazas, la inteligencia de una piedra y la brutalidad de una bestia.

Precisamente el enemigo, que se presentó como Gekidrago, atacó a las guerreras legendarias con ambas manos unidas cual martillo e hizo un enorme cráter en el suelo. Nagisa casi agradecía que el tipo atacara a mitad del examen sorpresa, estaba nerviosa y no se había dado cuenta que se saltó algunas respuestas que sí se sabía. Lo percató justamente cuando todos en el salón, y de hecho en el edificio, cayeron dormidos. No estaban seguras si sería en toda la escuela, pero la neblina que siempre acompañaba a los Zakennas y a esos sujetos nuevos ayudaba a cubrir las zonas de la batalla.

Cure Black atacó con una lluvia de puñetazos a Gekidrago, mismo que se cubrió con sus enormes brazos. Aunque su oponente se dolió, resultó ser bastante resistente, pero Black no pensaba derribarlo, sino dejarlo a merced de su veloz y letal compañera.

Luego de fiero asalto de puños, Black soltó un rodillazo a la quijada del gigante para atontarlo lo suficiente. Cuando éste lanzó un golpe torpe hacia Black, fue White quien atrapó su brazo y usó toda su fuerza para azotarlo en el suelo, haciendo otro inmenso hoyo. Black aprovechó la posición vulnerable de su oponente y le soltó un potente golpe con ambos puños como mazos, enterrándolo aún más en el suelo.

Black rápidamente se unió a su compañera y ambas se tomaron de la mano, listas para finalizar ese encuentro lo más rápido posible. Tenían un examen a medias.

"¡Voy a acabar con ustedes!" Rugió el grandulón mientras salía trabajosamente del cráter.

"Este en serio que es tonto", se quejó Black. Ese oponente en especial parecía tener poca capacidad de razonamiento, apenas el básico para comunicarse y entender, era peor que tratar con un niño.

"Tonto pero peligroso, es el que más daño ha hecho hasta el momento", respondió White luego de dar un vistazo a su alrededor. Todo el campo de batalla estaba lleno de profundos hoyos, incluso partes del edificio cercano tenía daños serios. Lo mejor era no alargar la pelea más de lo necesario. "¿Lista?"

"¡Lista!" La guerrera de negro de inmediato se colocó junto a su compañera y tomó su mano. "¡Black Thunder!"

"¡White Thunder!"

Sin embargo, en cuanto el grandulón vio ese ataque, fue como si algo se encendiera en su cabeza hueca que lo hizo retroceder con un salto y lanzar un grito bestial de furia. Hecho eso, simplemente desapareció. Bien le advirtieron que no se dejara golpear por ese ataque en especial o terminaría igual que Pissard. Podía ser tonto pero no suicida.

El ambiente enrarecido y la destrucción desaparecieron casi de inmediato apenas el grandulón se fue. Black y White se soltaron y ambas suspiraron de alivio al mismo tiempo. Sabían que de todos modos volvería a atacarlas, así que no perdían la esperanza de toparlo una vez más y derrotarlo. No era difícil adivinar que él debía tener una Piedra Prisma así como Pissard.

"Tenemos que volver al salón", dijo Honoka con apuro. Se quitó la transformación al mismo tiempo que su compañera y echó a correr junto con ésta al interior del edificio. Tenían segundos antes de que todos despertaran.

"Oye, Yukishiro-san…"

"¿Uh?"

"Estaba pensando… Deberías almorzar con nosotras… Incluso si Shiho y Rina no recuerdan lo que pasó la semana pasada con esos chicos", y por ende, que olvidaran que las defendió de un peligro del que no sabían su magnitud, "creo que… Que sería genial si conocen mejor tu lado bueno".

Honoka rió suavemente. Subieron corriendo las escaleras hasta el segundo piso.

"Si ellas no se ponen incómodas, lo haré, tampoco quiero que estén tensas por mi culpa", dijo Honoka. La idea era linda pero seguía con su reputación de una violenta delincuente en alto. No que no quisiera relacionarse con sus compañeros, pero al menos hasta la llegada de Nagisa, había ocupado todo su tiempo vigilando y cuidando a todos como para preocuparse por dejarse conocer más por dichos todos.

"¿Y si almorzamos tú y yo juntas? Así verán que no eres como todos creen", Nagisa se encogió de hombros. "Quiero que conozcan lo que yo estoy conociendo".

Honoka sonrió, un leve rubor le quemó las mejillas y asintió.

"De acuerdo".

"¡Genial!"

Y ambas entraron al salón y tomaron sus asientos. Mientras los demás comenzaban a despertar, Nagisa rápidamente corrigió lo que notó que tenía mal en su examen sorpresa. Honoka notó eso y sonrió.

"Tú puedes hacerlo, Misumi-san".

"¡Gracias!"

Todos despertaron en ese momento y la clase siguió. Llegada la hora del almuerzo, Nagisa se estiró y respiró hondo. Los esfuerzos mentales siempre le pedían más energía de la normal. Quedó particularmente hambrienta. Sacó su caja de almuerzo y enseguida miró a un lado, Yukishiro hacía lo mismo. Respiró hondo una vez más y acercó su asiento al escritorio de su compañera. Le sonrió.

"¿Puedo?"

"Por supuesto", respondió Honoka de inmediato, se notaba contenta.

Y quienes notaron eso mismo, se sorprendieron. Lo normal era ver que la representante de la clase saliera del salón a comer quién sabe a dónde y nadie le viera sino hasta terminada la hora del almuerzo, pero ahora la veían sonriente junto a la chica nueva. Ambas sonriendo y bastante cómodas la una con la otra.

"Tu almuerzo se ve delicioso", comentó Nagisa mientras devoraba su propia comida con marcado apetito.

Honoka comía con menos prisa, sonrió al ver el gesto de Nagisa. Sin pensarlo siquiera, tomó un trozo de pollo de su propia caja y se lo ofreció.

"Prueba, ésta vez yo cociné todo", dijo Honoka con un lindo gesto.

Nagisa se sonrojó pero ni loca se iba a negar al bocado que le estaban ofreciendo. Apretó los ojos con fuerza y comió el pollo. Se sonrojó más, pero pronto el sabor del bocado conquistó por completo sus papilas gustativas y su gesto cambió por completo.

"¡Sabe dulce! Bueno, no tan dulce", a su compañera no le gustaban mucho los dulces después de todo, "y pica un poco pero el sabor es genial", dijo con emoción y miró a su compañera una vez más, claramente esperando algo.

Honoka sólo rió.

"Ten", le ofreció otro bocado y su compañera felizmente lo comió. Se veía lindísima. Suspiró con encanto.

Shiho y Rina, un par de pupitres más adelante, vieron la escena y estaban incrédulas. En parte lo entendían, Nagisa era muy amistosa, de hecho todas en el equipo la querían mucho, incluso las de tercero y ni qué decir de las de primer año. Viéndolo así, no era raro que pudiera acercarse sin problemas a Yukishiro Honoka. Además, ésta tenía un gesto muy encantador, lo admitían.

Nagisa notó que les miraban y su sonrisa se hizo enorme.

"¿Vienen?"

Shiho y Rina se miraron entre sí, luego a Nagisa, después a Yukishiro y nuevamente la una a la otra. Asintieron con bravura y se acercaron con sus cajas de almuerzo en manos, pero ambas miraron a Yukishiro primero.

"¿Podemos?" Preguntó Rina luego de aclarar su garganta.

"Adelante", respondió una cortés Honoka.

El par se acomodó y comenzaron a comer.

"Ten, en pago por el pollo", dijo Nagisa y puso un rollo de huevo en la caja de Honoka. Sonrió al ver que Honoka lo comía y ponía buena cara. "Mamá lo hizo".

"Tu mamá cocina muy bien", comentó Honoka con un gesto suave.

Nagisa, siendo ella del tipo conciliador, miró a su otro par de amigas con una sonrisa amplia, enorme. Hambrienta.

"Sus almuerzos también se ven deliciosos, mis queridas Shiho y Rina".

Eso bastó para aligerar el ambiente por completo.

"¡No, olvídalo! No te voy a dar de mi comida, eres un pozo sin fondo", dijo Rina de inmediato, incluso devoró una apetitosa albóndiga que era la pieza más llamativa de su caja.

"Nagisa, deberías prepararte un almuerzo más grande, hay cajas dobles, ¿sabes?" Fue el turno de Shiho de hablar entre bocados.

"Son malas", se quejó Nagisa y enseguida miró a su compañera de combate con gesto empalagoso cual cachorro. Abrió la boca, grande. "Aaah…"

Honoka sólo pudo reír. Una risa linda, pequeña, dulce y muy cariñosa a ojos ajenos. Una muy difícil de ignorar. Shiho y Rina quedaron sorprendidas por tan lindo gesto, y aún más al ver la buena reacción de Yukishiro Honoka hacia esa glotona de Nagisa.

"Ten", dijo mientras le ofrecía otro bocado a Nagisa. "Mejor termina tu caja primero y te daré lo que no me pueda comer de la mía, nunca me la termino. Me lleno con poco".

"¡Gracias!" Exclamó Nagisa con alegría y la boca llena y siguió comiendo con singular alegría.

Rina tragó saliva y se animó a hablar.

"Yukishiro-san, no deberías consentirla tanto", dijo con una sonrisa que poco a poco crecía. "Después no te la podrás quitar de encima".

"¡Cierto, cierto, cierto! Es una glotona, incluso la tenemos que alimentar cuando estamos entrenando", continuó Shiho, sintiéndose cada vez más cómoda con el ambiente.

"Supongo que", Honoka tragó saliva de manera discreta y miró a su compañera de batallas con una sonrisa dulce, sintió su corazón acelerarse al decir lo siguiente, "que… Que Nagisa quema mucha energía. No las he visto entrenar", aunque sí había visto a Nagisa pelear, "pero siendo deportistas en pleno crecimiento, todas gastan una importante cantidad de energía, ¿verdad?"

Shiho y Rina se miraron entre sí y luego a Honoka, y enseguida se echaron a reír. Por alguna razón era lindo ver cómo defendía a la glotona de Nagisa. Por su lado, la susodicha casi se atoró con su bocado en turno al escuchar que su compañera ¡la llamaba por su nombre de pila! Se sorprendió pero al mismo tiempo sintió una calidez en el pecho que la hizo sonreír por lo bajo.

"Honoka… Honoka tiene razón, gasto mucha energía corriendo, soy una chica en crecimiento, seguramente seré mucho más alta en un año más y… Y necesitaré mucha comida", dijo una feliz Nagisa y se terminó su almuerzo. Su sonrisa se hizo más grande al ver que Honoka le ofrecía lo que quedaba del suyo, la mitad de la caja prácticamente. "¡Gracias!"

"Por nada, come bien".

Shiho y Rina encontraron su oportunidad de hablar una vez más dirigiéndose a Yukishiro Honoka. Que ésta y Nagisa se hablaran con tanta confianza en tan poco tiempo era de admirar. ¡Que se llamaran por sus nombres de pila era milagroso!

"Por cierto, Yukishiro-san", Rina no se sentía con tanta confianza como para llamarla por su nombre. "¿Cuándo recoges las libretas de matemáticas?"

"Mañana antes de la clase", respondió Honoka de inmediato. "Aún hay tiempo de terminar los ejercicios en caso de que aún no acaben".

"Yo ya los terminé", presumió Nagisa entre bocados y con una sonrisa amplia.

"¿Tú? ¿En serio?" Shiho parecía horrorizada. "Pero si a ti no te gustan los números".

"No me gustan pero tampoco quiero reprobar", respondió Nagisa, disfrutaba cada bocado del almuerzo de Honoka. "Además Honoka me ha estado ayudando con la tarea".

"¿Eh?" Rina miró a Honoka con gracioso gesto de desespero, simplemente se dejó llevar. "¡No es justo!"

"Cuando quieran podemos estudiar juntas", propuso Honoka con una sonrisa pequeña.

Ese lindo gesto hizo sonreír a Shiho y a Rina. Ambas chicas asintieron y la hora del almuerzo siguió como ninguna de ellas lo habría esperado. Shiho y Rina realmente no hubieran podido imaginar que Yukishiro Honoka fuera tan agradable, no tenía nada qué ver con su fama de delincuente.

==o==

"¡Idiota! ¿Cómo pudiste fallar?" Fue el regaño del Rey Oscuro a su segundo guerrero. Regresó sin energía, maltratado y sin ninguna de las Piedras Prisma. Bien sabía que su poder de batalla era grande, pero aun así perdió ante esas chicas.

"La próxima vez las derrotaré", respondió el gigante con la cabeza baja y gesto de niño regañado.

"¡Mas te vale que así sea!" Continuó el Rey, "¡tenemos que conseguir todas las Piedras Prisma!" Podía sentir cómo esas cadenas eran cada vez más pesadas y cómo su propia materia desaparecía palmo a palmo. Un rugido de furia hizo temblar todo el paisaje. "¡En cuanto recuperes energías, ve!"

"¡Sí!"

Y el Rey volvió a su estado de reposo, necesario para mantener sus niveles de energía estables. Gekidrago fue a buscar un sitio para igualmente reposar, pero gruñó con furia al escuchar las burlonas risas de los otros guerreros oscuros. No tenía intenciones de terminar como Pissard.

==o==

Estar en la casa de los Yukishiro comenzaba a ser una linda costumbre, a Nagisa le gustaba estar ahí, jugar con el perro, beber té con Honoka, comer los dulces de la abuela y conocer más de su compañera. Pero lo que estaba viendo era bastante nuevo. Las tres se encontraban en uno de los cuartos más amplios de la casa que era usado como un improvisado dojo sólo para dos.

Cuando Nagisa vio a la abuela de pie en medio del cuarto, vistiendo su ropa tradicional de costumbre que claramente no estaba hecha para moverse libremente, pensó que era una broma. Cuando Honoka, vestida con ropa deportiva y descalza, se paró frente a su abuela, no sabía con exactitud qué esperar. Pero lo entendió en cuanto Honoka quedó en el suelo sin siquiera meter las manos. ¡La abuela le aplicó una llave a Honoka cuando intentó atacarla! Nagisa estaba sentada cerca del muro, los teléfonos con Mepple y Mipple estaban recargados en el muro y ambas pequeñas criaturas estaban en una burbuja mientras comían y veían todo.

"¡Sanae siempre ha sido muy hábil-mipo!" Exclamó Mipple con emoción.

"¡Es genial-mepo!"

"Wow…" El primer impulso de Nagisa, además de sorprenderse, fue ir a ayudar a su compañera, pero un gesto de ésta la retuvo y suspiró de alivio al verla ponerse de pie. "Ahora entiendo dónde aprendiste esas llaves", dijo Nagisa con una risa que ya no pudo contener. "Azotaste como costal de patatas".

"Lo sé, siempre me pasa", respondió Honoka con una sonrisa para enseguida ponerse de pie y hacerle una reverencia a su abuela. Estaba lista para seguir, miró a Nagisa de reojo. "¿Quieres intentarlo?"

"No, gracias, ya fui un costal de patatas el día de hoy durante el entrenamiento con el equipo", fue la inmediata respuesta de Nagisa y su sonrisa se hizo enorme. "Ánimo, no dejes que tu abuela te haga besar el piso", exclamó con animada voz.

Honoka rió un poco y se puso en posición de ataque de nueva cuenta, tomó aire e intentó sujetar a su abuela por la ropa, pero sintió de inmediato ese giro de mano y de muñeca de parte de su abuela que indicaba que estaba a punto de someterla y tumbarla una vez más. Ésta vez Honoka reaccionó más rápido y con un veloz movimiento se deshizo del agarre y retrocedió. Hasta ese momento soltó el aire de su cuerpo.

Nagisa tragó saliva, en serio fue un movimiento veloz.

"No pasa nada si retrocedes, Honoka, recuérdalo", dijo la abuela con calma mientras comenzaba a moverse alrededor de su nieta con pasos lentos, cortos, pausados. "Siempre es buena idea analizar un momento antes de volver a dar el paso, siempre es bueno que te des un momento para saber lo que está pasando y estar preparada para lo que siga".

Pero no le dio tiempo a su nieta de responder, Sanae hizo un rápido movimiento para atrapar a su nieta y ésta escapó por nada del agarre, aunque lo hizo torpemente por culpa de lo rápido de la acción. Se compuso de manera igualmente torpe, cosa que aprovechó Sanae y con dos simples movimientos, Honoka terminó sentada en el suelo y su abuela frente a ella.

"Sim embargo, también lo más simple es lo más efectivo", continuó la mujer mientras su nieta volvía a levantarse. "Muchas veces no es necesario pensar demasiado, simplemente actuar, adaptarse", sonrió. "Honoka, concéntrate en tus alrededores, no pienses, sólo siente y deja que tu cuerpo haga el resto".

Honoka asintió, se quedó en posición de defensa y simplemente esperó. Dejó salir el aire de su cuerpo de manera lenta, pausada, calmada. Su respiración de volvió profunda y rítmica, aguzó sus oídos. En apariencia todo a su alrededor estaba en silencio, su abuela era muy silenciosa al caminar, pero bastó que se relajara un poco más al punto de que sus hombros bajaron, para sentir el casi imperceptible sonido de los pasos de su abuela.

Esos pasos pausados, lentos, serenos pero firmes.

Por su lado, ni Nagisa ni Mepple ni Mipple se atrevían a hacer ruido alguno. Nagisa tragó saliva y por un momento temió haber sido muy ruidosa, pero no. Por un momento, Nagisa sintió como si estuviera viendo una película de samuráis donde ambos combatientes se movían lentamente con sus katanas en manos, listos para asestar el primer golpe. ¡Era tan emocionante!

Y de pronto, la abuela se movió tratando de sujetar a su nieta por la ropa, pero Honoka, sin abrir los ojos, se hizo a un lado y evadió el agarre. Hasta ese momento abrió los ojos y, moviéndose a un costado, bastaron dos movimientos de brazos para defenderse de los siguientes ataques de su abuela. Quedaron a distancia una vez más y Honoka sonrió.

"Buen trabajo, Honoka", dijo Sanae mientras le daba un cariño en la mejilla a su nieta.

"¡Gracias!" Honoka se notaba contenta, muy contenta. Su mirada brillaba y su sonrisa tenía un lindo toque infantil, propio de un infante que buscaba la aprobación de sus padres.

Para Nagisa, por cierto, ese gesto fue demasiado lindo como para ignorarlo. Tuvo que tomar aire ella misma para calmar un súbito rubor en sus mejillas. Apenas se compuso a sí misma, miró a sus anfitrionas.

"¿Cree que yo también pueda hacer eso?" Preguntó Nagisa a Sanae.

Sanae negó con la cabeza y Nagisa puso un gesto de cachorro abandonado que derritió por completo a Honoka e hizo reír a la abuela.

"No es tu estilo, pequeña", dijo Sanae con dulzura. "Tú eres instintiva, más salvaje por decirlo de alguna manera. Eres como un guerrero de antaño que aprendió a luchar sólo y sin maestro, eres un alma libre que se mueve a su propio ritmo y que no está hecho para seguir lo que otros dicen. Tú decides tus propios pasos".

Tantos halagos hicieron que a Nagisa se le hinchara el pecho con orgullo. De nuevo se veía a sí misma como el personaje de sus películas favoritas, precisamente había un guerrero, un ronin que peleaba de manera torpe, desorganizada pero letal, alguien a quien era imposible leer sus movimientos porque no tenía control ni escuela, sólo sus deseos de terminar la pelea lo más pronto posible.

"Tú ya tienes tu propio estilo, así que uno que es totalmente opuesto al tuyo no te ayudaría", continuó Sanae. "Sólo te estorbaría".

"Habla como si ya me hubiera visto pelear", comentó Nagisa, ruborizada por la pena y la emoción, miró a su compañera. "Honoka, ¿le has contado cómo peleo?"

"No que yo recuerde, al menos no a detalle", fue la inmediata respuesta de Honoka. Sí, le hablaba a su abuela sobre Nagisa, pero no recordaba haber dado una explicación detallada del estilo de pelea de su compañera, solía limitarse a mencionar que era muy fuerte y resistente y que ambas se acoplaban bien, pero nada más.

Sanae sólo sonrió de esa enigmática manera suya.

"Vayan a tomar algo de aire, pequeñas, les llamaré cuando esté la comida".

"Llevaré a Chuutaro a pasear por mientras", dijo Honoka enseguida y miró a Nagisa. "¿Vienes?"

"¡Por supuesto! Siempre es bueno hacer algo de actividad física para hacer más hambre", respondió con alegría mientras se palmeaba la barriga un par de veces.

"Regresaremos a tiempo para comer, abuela", y Honoka enseguida miró a sus pequeños amigos en los móviles. "¿Vienen?"

"No, gracias-mipo", respondió Mipple. "Las esperaremos en tu cuarto, Honoka, ¿nos podrían dar de comer antes de irse-mipo?"

"Claro".

Nagisa igualmente asintió. En serio sentía aprecio por Mepple pero era molesto que se la pasara hablando todo el tiempo y coqueteando con Mipple durante todo el camino. ¿Envidia? Quizá un poco, lo admitía.

El par se retiró con sus teléfonos en mano, fueron a la habitación de Honoka y pasaron la carta del cocinero para que ellos se quedaran comiendo mientras ellas iban a pasear al perro. Que fueran directo al río era genial a opinión de Nagisa, ahí Honoka le quitaba la correa a Chuutaro y lo dejaba correr a capricho por la hierba y las partes menos profundas del río.

Nagisa y Honoka se sentaron en la orilla, bastante cerca del agua. Honoka se entretenía mirando las pequeñas flores silvestres y los insectos, Nagisa gustaba de ver a las otras personas que igualmente pasaban un rato de calidad a lo largo del río, era lindo ver a niños con sus madres jugando en la orilla.

"Me gustó que tu abuela me dijera que era como un guerrero", comentó Nagisa alegremente.

"En cierta forma lo eres, Nagisa, tienes esos aires", respondió Honoka, volviendo su atención a su compañera.

Nagisa sonrió de manera inmensa. Estuvo a punto de mencionar que le gustaban mucho las películas de samuráis cuando algo las interrumpió. Mejor dicho, alguien.

"¡Hey, Honoka!" Llamó una varonil voz.

Honoka sonrió en automático mientras se giraba lo suficiente para ver a su amigo de la infancia. Por supuesto, con el balón de fútbol bajo el brazo, siempre lo topaba así.

"¡Shougo!"

Para el futbolista fue una sorpresa enorme ver a su amiga de la infancia con una acompañante. Miró a la chica y se inclinó educadamente.

"Fujimura Shougo, un gusto", se presentó el chico.

Una roja Nagisa respingó y por un momento la voz no le salió de la boca, Honoka notó eso último y su primer impulso fue tomar discretamente la mano de Nagisa y darle un gentil apretón para espabilarla. Funcionó.

"¡Mucho gusto! ¡Misumi Nagisa, miembro del equipo de lacrosse! ¡Y soy amiga de Honoka!" Dijo en voz más alta de lo necesaria y más torpe de lo que debería, pero al menos pudo hablar. Por supuesto, recalcó lo último con firmeza.

"Y también es mi compañera de clase, Nagisa recién se cambió a nuestra escuela", contó Honoka con una sonrisa.

"Oh, entonces tú eres la chica nueva de la que todos hablan", comentó Fujimura con sorpresa.

Eso Nagisa definitivamente no lo esperaba. Sin darse cuenta, presionó un poco más la mano de Honoka y bajó el rostro, estaba demasiado apenada como para reaccionar a eso pero al menos pudo asentir. Para suerte suya, el chico llevaba prisa.

"¿Paseando al señor de la casa?" Preguntó el futbolista a su amiga cuando Chuutaro pasó corriendo cerca de él con una rama en el hocico.

"Sí, sabes que a Chuutaro le encanta venir al río", respondió Honoka con una sonrisa. "¿Vas a entrenar?"

"No, pero sí voy a jugar. Unos chicos nos pidieron a Kimata y a mi si podíamos jugar un partido con ellos en la cancha comunitaria", y al decir eso, hizo un apresurado gesto de despedida. "Kimata debe estar esperándome. ¡Nos vemos!"

"¡Adiós!"

Y se fue corriendo.

Nagisa reaccionó tarde y miró hacia donde se fue el chico, pero ya había desaparecido de vista. O él era muy rápido o Nagisa quedó atontada más tiempo del que creyó. Quizá un poco de ambos.

"¡Ah! A-Adiós…"

Y enrojeció de pura pena. Se recargó en Honoka por culpa de la vergüenza. Ésta simplemente sonrió mientras le daba tiempo a Nagisa de componerse. No hacía falta siquiera preguntar el porqué de la reacción de Nagisa, ¡era tan evidente!

"¿Amigo tuyo?" Preguntó Nagisa. "Te he visto hablar antes con él".

"Sí, es mi amigo de la infancia, nos conocemos desde niños", respondió una sonriente Honoka. "Es lo más cercano que he tenido a un hermano mayor, a él y a Kimata, así que digamos que los quiero aunque no nos juntemos mucho".

Nagisa abrió un poco más los ojos al percatarse de algo.

"Oye, Honoka, ¿y tus padres?" Se atrevió a preguntar. "No los he visto desde que voy a tu casa".

"Es porque no están en casa. Son vendedores de arte y joyería, viajan por todo el mundo comprando y vendiendo objetos valiosos de todo tipo, así que sólo vienen a casa una vez al año por mi cumpleaños", explicó tranquilamente, "que será pronto, así que me encantaría presentártelos", dijo con una sonrisa.

Nagisa iba a mencionar algo al respecto pero decidió callar, en cambio, dijo la otra idea que tenía en mente.

"Entonces te puedo presentar por mientras a mi familia, aún no conoces mi casa", respondió Nagisa sin despegársele. "Aunque no es tan tranquila ni tan amplia como la tuya, además mi hermano menor es muy molesto y mamá me regaña mucho y papá cuenta chistes muy malos que sólo le gustan a mamá", contó con gracioso desagrado. "Les vas a encantar".

Honoka sonrió con suavidad.

"Eso suena bien, luego iremos a tu casa, sólo déjame preparar un regalo".

"No es necesario que te moles─"

"Prepararé mochi con mi abuela".

"Sí, por favor".

Hubo unos segundos de silencio antes de que ambas se echaran a reír.

La tarde fue bastante tranquila.

CONTINUARÁ…