N/A: Hola! :)

A pesar de que habíamos pedido algunos comentarios para publicar el nuevo capítulo una semana antes decidimos adelantar la publicación de este capítulo en agradecimiento a todas las personitas que se han tomado el tiempo de leer, seguir y comentar esta historia. Gracias Guest (nos gustaría poder ubicarte de mejor manera pero tendremos que llamarte Guest jeje) por tomarte el tiempo de comentar los últimos capítulos y a rodrigogalarza458 por compartirnos tus opiniones del último capítulo. Además no podemos olvidarnos de ti, arual17, gracias por comentar cada uno de los capítulos. A todos ustedes y a todos los usuarios que han comentado en algún punto, dado fav o follow se los agradecemos enormemente así que este capítulo adelantado está dedicado a todos ustedes.¡Muchas gracias! :D

Guest: Muchas gracias por comentar! :) Nos alegra saber que la combinación fic-canon sea de tu agrado porque ese era uno de los puntos que nos preocupaba no manejar bien cuando comenzamos a tocar el canon como tal. Tienes toda la razón, Al es un amor 3 También gracias por compartirnos tu momento favorito del cap. 20. Nos emociona mucho que nos digan las partes que les gustaron y las que no para que con su ayuda podamos ir mejorando día con día :D De verdad muchas gracias por tomarte el tiempo de comentar tus opiniones de los últimos caps, significa mucho para nosotras. Y te agradecemos mucho tus buenos deseos para la versión en inglés de esta historia! A ver que tal nos va jeje Nuevamente muchas gracias por tomarte el tiempo de leer y comentar! Esperamos que sigas disfrutando los próximos caps y ojalá nos puedas seguir compartiendo tus opiniones al respecto ya que disfrutamos mucho interactuar con ustedes :)

Nos vemos en el próximo capítulo dentro de dos semanas

Saludos!

Golden y Flame

Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.


Paternidad

Tras su estancia en el hogar de las Rockbell, Ed y su grupo se dirigieron hacia Kanama para encontrarse con Hohenheim. A pesar de algunas dudas que aún persistían, Ed podía decir que en esta ocasión había salido de Resembool con la mente más clara a como estaba cuando recién había llegado. Estaba consciente de que cuando se reencontrara con Mustang y Hawkeye el momento seguramente se sentiría extraño y un tanto incómodo pero era algo que tendría que enfrentar tarde o temprano. Además, gracias a la carta de su madre Trisha, ahora se sentía más seguro de sí mismo para hacerlo.

El único punto desfavorable que había traído su visita a Resembool había sido la curiosidad que se había despertado en sus acompañantes. Cumpliendo con su palabra, la abuela Pinako se aseguró de que nadie lo molestara mientras leía la carta de su madre pero, durante el trayecto hacia Kanama, no pudo librarse de las posteriores preguntas de Greed, Darius y Heinkel acerca de lo que había estado haciendo esa noche. Trató de atribuir todo al mantenimiento de automail pero sus compañeros parecían estar más informados acerca de los automail de lo que él creía, ya que concluyeron que se había tomado demasiado tiempo para una simple sesión de mantenimiento.

Después de llegar a esa conclusión no transcurrió mucho tiempo hasta que Greed comenzó a destacar el hecho de que Ed había estado todo ese tiempo a solas con Winry. Cuando Greed sacó el tema a colación, Ed contaba con la ventaja de estar caminando un poco por delante de ellos, de lo contrario su sonrojo lo hubiera hecho ver culpable de las insinuaciones que Greed decía entre carcajadas. Ed no podía estar más agradecido con Winry por haberse quedado con él cuando más la necesitaba, pero ahora las palabras de Greed le hacían recordar en un bucle infinito el cómo se había sentido estrechar fuertemente a Winry entre sus brazos mientras su fragancia lo llenaba por dentro. Por alguna razón, el recuerdo de ese momento lo hacía feliz pero también hacía encender intensamente sus mejillas cuando recordaba la manera descarada en la que había inhalado el aroma de su cabello. ¡Demonios! ¿Qué pasa conmigo?

A pesar del buen humor que se mantuvo entre el grupo a expensas de Ed, en cuanto pusieron un pie en Kanama, la realidad que estaban por enfrentar pareció apaciguar a todos. Winry les había informado que Hohenheim tenía información muy importante para ellos respecto al día Prometido y, a pesar de que ya contaban con nociones del evento, ahora podían comenzar a sentir realmente el peso de lo que conllevaba, dado que el día Prometido estaba a menos de 24 horas de dar inicio.

Tras unas cuantas preguntas a algunos habitantes del pueblo, el grupo no tardó mucho en encontrar a Hohenheim, sentado frente a una fogata. Desde que lo tuvo en su campo de visión y mientras se acercaban de él, las palabras de su madre resonaban en la cabeza de Ed como si realmente se las hubiera dicho en persona: No seas duro con él.

Su madre había intentado abrir su mente respecto a las posibilidades y Ed quería apegarse a las últimas palabras que su madre le dirigió, pero era más fácil decirlo que hacerlo. Hasta hace poco Hohenheim no era más que su progenitor bastardo que había abandonado a su familia, sin importarle lo que pudiera pasarles en su ausencia. Sin embargo, ahora sabía que en realidad no era su padre biológico, que había ayudado a la Teniente Hawkeye durante el parto, que, junto a su madre, le había abierto las puertas de su hogar y que su madre confiaba en que las razones de Hohenheim para partir eran completamente válidas.

Ed se detuvo a tan sólo unos pasos de Hohenheim mientras el ciudadano que los había escoltado los anunciaba. Ed amaba a su madre y quería creer en cada de sus palabras pero… ¡Al diablo con las razones de Hohenheim! Sin darle tiempo de terminar de saludar, Ed avanzó a grandes zancadas y le propinó un fuerte golpe a Hohenheim con su brazo de automail.

"Me siento mucho mejor ahora." Dijo Ed sin prestarle demasiada atención a la queja de Hohenheim.

Seguramente su madre esperaba que Ed se sentara a platicar tranquilamente con Hohenheim pero Ed se había quedado con ganas de golpearlo desde la última vez que se lo había encontrado. Lo siento, mamá. Prioridades.

Después del "saludo" de Ed, Greed intervino y poco después dio pie para que Hohenheim les contara todo lo que sabía. Ed y sus acompañantes se sentaron en los troncos que rodeaban la fogata que Hohenheim había encendido antes de que ellos llegaran. Tras inhalar profundamente un par de veces, Hohenheim comenzó con su relato. Al inicio Ed creyó que Hohenheim se había vuelto loco y simplemente les estaba hablando sobre alguno de los mitos de Xerxes que se habían difundido en Amestris desde hace muchos años pero, conforme avanzaba en su relato y daba detalles que difícilmente podría haber inventado, la veracidad y realidad de lo que les contaba cayó como un balde de agua fría para Ed. Hohenheim siendo un esclavo… el enano del frasco… los habitantes de Xerxes… el círculo de transmutación… la piedra filosofal…

Ed sacudió su cabeza tratando de despejarla. Su madre le había dicho que Hohenheim había tenido sus razones pero ¿esto? Ser un ser inmortal que ha vivido más de 400 años gracias a…

Le echó un vistazo a Hohenheim con expresión confundida y sorprendida y después bajó su vista mientras se llevaba una mano a la frente. "No puede ser…"

Con rostro serio, Hohenheim se señaló a sí mismo con el pulgar y dijo. "Aquí está la piedra filosofal que han estado buscando. ¿Vas a usarla?"

Ed se sobresaltó y lo miró fijamente. "¡¿Acaso estás loco?! Está hecha con vidas de gente inocente. Al y yo perdimos nuestros cuerpos por nuestro propio error. Estaría mal usar sus vidas para arreglar las nuestras."

Hohenheim sonrió. "Estoy feliz de escucharte decir eso."

Ed se quedó sin palabras. La sonrisa que Hohenheim portaba en esos momentos era completamente lo opuesto del último recuerdo que tenía de él antes de que abandonara la casa. Sus ojos irradiaban una amabilidad e incluso un cariño que jamás hubiera imaginado ver de ese hombre siendo dirigido directamente a él. ¿Acaso había sido su mente adormilada la que había jugado con él, haciéndole creer que Hohenheim miraba a su familia con unos ojos fríos y distantes antes de irse hace años? No tenía muchos recuerdos de sus primeros años de vida, pero de los que conservaba casi siempre su madre estaba en ellos. Hohenheim era como una imagen borrosa en sus recuerdos y, aunque lo recordaba distante y continuamente encerrado en su oficina, no podía recordar otra ocasión en la que su mirada le hubiera parecido igual de fría que en esa ocasión.

Notando el silencio de Ed, Hohenheim continuó calmadamente. "¿Me ayudarás a detener sus planes?"

Por inercia, Ed apartó sus pensamientos y volvió a su comportamiento hostil hacia Hohenheim. "¿Ayudarte? ¡No necesito unirme a ti para detenerlo! La única razón por la que te estoy escuchando es porque, por ahora, aliarme contigo parece ser una buena manera de incrementar nuestras posibilidades de ganar."

Una vez más, Hohenheim sonrió de la misma manera que estaba confundiendo a Ed. "De acuerdo. Sean cuales sean tus motivaciones, es bueno saber que haremos esto juntos." Ed resopló pero no despegó su mirada de los ojos de Hohenheim. La sonrisa no era lo único que parecía totalmente diferente a sus recuerdos de él. "Eso es todo por ahora. Será mejor que coman algo y descansen."

Decidiendo que no quería lidiar con esa confusión por el momento, Ed sólo respondió con un Ok mientras se volteaba para seguir a sus compañeros que ya habían comenzado a adelantarse unos cuantos pasos.

Había comenzado a caminar cuando un recuerdo le vino a la mente. "Oh." Renuentemente, se volteó y se dirigió a Hohenheim. "¡Hey! La abuela Pinako me pidió que te dijera las últimas palabras de mamá. Ella dijo: 'Perdón, no pude mantener mi promesa. Me voy a ir primero."

Ed se le quedó viendo a Hohenheim por unos segundos hasta que vio algo en él que jamás había visto antes: Había comenzado a llorar. Desde hace mucho tiempo, Ed había concluido que Hohenheim realmente no había amado a su madre pero el que ahora unas cuantas palabras lo pusieran en ese estado, lo desconcertaba enormemente. Simplemente parecía que no podía dejar de verse sorprendido por sus acciones. Involuntariamente, Ed había tratado de enfocarse en encontrar cosas que desmintieran las últimas palabras de su madre respecto al hombre que tenía a pocos pasos de él pero todo le estaba saliendo al revés.

Sin saber qué hacer, Ed decidió darse la vuelta y seguir a sus compañeros que se habían detenido en algún punto de su caminata, claramente intrigados por el llanto de Hohenheim. Notando que Ed los seguiría, optaron por seguir su camino en busca de comida, aunque el rubio no pudo evitar notar las cejas enarcadas que le dirigieron antes de retomar su caminata.

Ed los siguió con la cabeza gacha y las manos en sus bolsillos. Desde antes de llegar a Kanama, realmente no había terminado de sentirse cómodo ante la posibilidad de tener que colaborar con Hohenheim pero ahora un pensamiento estaba cobrando relevancia en su mente: Parece ser que no es como me lo imaginé todo este tiempo. Su terquedad le impedía aceptar la idea por completo pero, como si se tratara de un eco dentro de su cabeza, las palabras de su madre estaban resonando una y otra vez: No seas duro con él.

Frustrado consigo mismo, Ed apretó sus puños, resopló y se detuvo en seco. Greed y las quimeras notaron su abrupto movimiento y voltearon a verlo.

"Hey, mocoso, no puedes estar muerto de hambre cuando vayas a visitar a mi papi." Dijo burlonamente Greed.

Ed lo miró. "Iré en un momento. Olvidé algo." Respondió antes de darse la media vuelta y comenzar a trotar en dirección al lugar donde Hohenheim se había quedado.

Tal vez no entendían completamente lo que pasaba en esa dura cabeza pero Greed, Heinkel y Darius no pudieron evitar esbozar una sonrisa de entendimiento antes de que retomaran su camino.

Ed tardó sólo unos segundos en regresar al lugar en el que recién había estado. En ese punto, ya no le sorprendió que Hohenheim tuviera una mano en su rostro tratando de detener las lágrimas que aún recorrían sus mejillas, mientras estaba sentado en uno de los troncos que rodeaban la fogata.

Sus sollozos impidieron que Hohenheim se diera cuenta de que Ed había regresado. "No fuimos capaces de envejecer y morir juntos…" Ed se sobresaltó pero rápidamente se dio cuenta de que las palabras no estaban dirigidas a él. "Pero siempre creíste que después me uniría a ti … Trisha… Pronto-" Al alejar su mano de su rostro lo suficiente para prestar atención a su entorno, Hohenheim se dio cuenta de que Ed estaba parado a pocos metros frente a él, por lo que se detuvo abruptamente. Carraspeando, dijo. "¿Edward? ¿Qué sucede?" Preguntó mientras se limpiaba una última vez el rostro con su mano para después colocarse los lentes de vuelta.

Ed se quedó pasmado por unos momentos. Había vuelto en base a un impulso tras toda la confusión que había surgido en su mente pero ahora ¿qué era lo que debía decir? El hombre lo tenía completamente confundido.

Tras un suspiro, Ed se animó a hablar diciendo una de las cosas que su mente le decía que tenía que discutir con Hohenheim. "Lo sé."

Hohenheim lo miró intrigado, claramente confundido. "Creo que no te entiendo."

Apretando sus puños, Ed respondió. "Lo sé todo."

Una chispa de reconocimiento pasó por los ojos dorados de Hohenheim, pero decidió no dejarse llevar por su sospecha. "Edward, necesitas ser más claro con tus palabras."

La actitud un tanto calmada que se había desatado en Ed tras el comportamiento de Hohenheim, desapareció repentinamente. Una vena se hinchó en su frente y el muchacho explotó. "¡Con un demonio! ¡No finjas que no me entiendes, bastardo! ¡Sé que soy adoptado!"

Esta vez Hohenheim no pudo ocultar la sorpresa que se reflejó en sus ojos antes de que desviara su mirada hacia la fogata. "Pinako te lo dijo."

"¡No!" Respondió impulsivamente Ed antes de corregirse. "Bueno sí… algo así." Ed suspiró y pasó una mano por su cabello. "Eso no es lo que importa." Ed lo miró seriamente aunque Hohenheim no levantó su mirada del fuego. "¿Por qué no me lo dijiste?"

"Eras muy pe-"

"¡No hablo de antes de que te largaras! Sino de la última vez que tuve que ver tu cara."

Hohenheim finalmente lo vio a los ojos y Ed se sorprendió al ver su mirada calmada pero con una expresión en su rostro que demostraba cierta culpa. "¿Cómo te lo hubieras tomado si te lo hubiera dicho yo en ese momento?"

Las palabras se atoraron en la garganta de Ed. Sin darse cuenta había comenzado a reprocharle a Hohenheim cosas que no pensaba sacar en esos momentos por lo que no había pensado bien sus palabras. ¿De qué hubiera servido que Hohenheim le dijera todo tan solo unas semanas antes de que su madre biológica lo hiciera? La verdad seguiría siendo la misma y lo único que hubiera ganado habría sido sentirse incómodo estando cerca de la Teniente. Cielos. Probablemente Hawkeye ni siquiera se hubiera enterado de que él era su hijo.

Derrotado, Ed suspiró pesadamente y se dejó caer en el tronco que estaba frente a Hohenheim, del otro lado de la fogata.

Notando que Ed se había quedado sin palabras, Hohenheim habló nuevamente. "Trisha y yo siempre temimos este momento pero… esperábamos que pudiéramos decírtelo los dos juntos cuando fueras mayor. Aunque, si soy sincero, creo que Trisha hubiera sido la que te dijera prácticamente todo." Dijo mientras una sonrisa nostálgica aparecía en su rostro. "No soy bueno para estas cosas." Agregó mientras se llevaba una mano en la nuca.

Ed recargó sus manos en el tronco y se inclinó ligeramente hacia atrás para ver el cielo oscuro que los rodeaba. "¿Sabías qué había sido de mi madre biológica después de que… se fue?"

"No realmente." Hohenheim colocó sus manos en sus rodillas e imitó el gesto de su hijo. "Sabíamos que volvería a la milicia pero no estábamos seguros de qué tan lejos pretendía llevar su carrera militar. Me pareció una buena mujer por lo que fácilmente hubiera imaginado que se habría retirado de la milicia antes o después de la guerra de Ishval."

"¿Hubieras?" Ed enarcó una ceja y enfocó su rostro en el de Hohenheim. "¿Sabías que estaba trabajando en la misma unidad que mis padres biológicos?"

"No por tanto tiempo como crees." Hohenheim respondió calmadamente sin despegar su mirada del cielo. "Había escuchado rumores acerca de un niño que se había vuelto alquimista estatal pero jamás creí que serías tú. Trisha jamás lo hubiera permitido." Juntó sus manos y las apretó fuertemente mientras devolvía su mirada a Edward. El arrepentimiento visible en sus ojos. "Cuando estuvimos en Resembool, Pinako me lo dijo antes de que te encontrara en el cementerio. Siempre fue una mujer muy astuta y no tardó mucho en atar cabos desde la primera visita que ellos te hicieron años atrás."

Ed apretó su mano de automail en un puño. No podía culpar a la abuela Pinako por no haberle dicho nada después de la primera visita del Coronel y la Teniente pero era un tanto frustrante saber que la verdad había estado tan cerca de él desde hace algunos años.

"Lamento que hayas tenido que unirte a la milicia."

"Entré por mi propia voluntad."

"Debí haber estado ahí para ustedes." Dijo Hohenheim con tono de arrepentimiento.

Ed suspiró. Aún no estaba listo para hablar directamente de ese tema. "Mamá me dejó una carta. Ahí decía que tenías tus razones para haberte ido pero jamás me imaginé que todo estuviera tan relacionado con la alquimia, Xerxes y Amestris."

"¿Estás diciendo que entiendes mis razones?" Preguntó Hohenheim sorprendido.

Ed frunció el ceño. "No pienso responder a eso."

"Lo siento." Hohenheim sonrió ligeramente. "¿Sabes? Antes de tener este cuerpo" Se llevó la mano derecha al pecho y apretó en un puño su camisa y chaleco. "tenía la ilusión de tener una familia pero tuve que desechar esos sueños." Su sonrisa desapareció por un momento antes de volver junto con un brillo especial en sus ojos. "Sé que he hecho un pésimo trabajo pero Trisha, Alphonse y tú me hicieron muy feliz."

Ed no pudo evitar mirarlo con curiosidad y cierto recelo. "No entiendo. ¿Por qué te atreviste a formar una familia después de tanto tiempo?"

La mirada de Hohenheim se volvió nostálgica. "Había renunciado a amar. No tenía el derecho de hacerlo cuando miles de almas estaban atrapadas dentro de mí, pero Trisha…" Cerró sus ojos perdiéndose en sus recuerdos. "Trisha era especial. Decidió quedarse a mi lado a pesar de que soy un monstruo."

Ed lo miró con la boca ligeramente abierta. Ahí había otra cosa que jamás hubiera imaginado escucharle decir.

Hohenheim volvió a abrir los ojos y lo vio con una sonrisa cálida. "Sinceramente, tenía mucho miedo de tener un hijo. Temía hacerle daño. Pero todo cambió cuando apareciste en nuestras vidas."

"No trates de quedar bien conmigo."

Hohenheim rió ligeramente. "Nada de eso. Estoy diciendo la verdad. No te voy a negar que no me sentía listo para criarte cuando Riza nos pidió quedarnos contigo, pero Trisha me hizo ver que juntos podríamos hacerlo. A cada paso temía equivocarme pero es una experiencia de la que no me arrepiento para nada." Ed lo miró sorprendido ante la sinceridad que se reflejaba en sus ojos. "Tú me volviste un padre. No lo hice bien, pero me diste una oportunidad que creí perdida hace muchos años. Me aterraba no poder envejecer junto con Trisha y contigo pero el verte crecer cada día, dar tus primeros pasos y escucharte hablar fueron cosas simplemente maravillosas. Gracias a ti me di la oportunidad de intentar vivir una vida familiar normal. Me diste la confianza necesaria para atreverme a traer a otro hijo mío a este mundo."

Ed desvió su mirada hacia un lado. Parecía que Hohenheim no quería dejar de sorprenderlo esa noche. Además… ¿Otro hijo? ¿Ese bastardo realmente me ve como su hijo? Ni siquiera trató de hacer diferencias entre Al y yo. Inexplicablemente, Ed sintió una pequeña sensación de alivio en su pecho pero no estaba dispuesto a demostrarlo abiertamente por lo que se paró y se dio la media vuelta.

"¿Edward?"

"Hablas demasiado, bastardo. A este paso no voy a encontrar ningún puesto abierto." Ed dijo tranquilamente por encima de su hombro antes de alejarse del lugar.

Hohenheim lo miró con una ligera sonrisa en sus labios. La conversación no había surgido en el tiempo y de la manera que había imaginado hace años, pero parecía que había salido medianamente bien. Ed no lo estaba llamando 'papá' pero no podía reprochárselo. Un recuerdo de Ed aferrándose a la tela de su pantalón mientras Al gateaba a su alrededor vino a su mente. No podía cambiar lo sucedido pero, sinceramente, extrañaba ser llamado 'papá' por el mayor de sus hijos. Alphonse lo había aceptado y perdonado fácilmente mientras que Edward había expresado abiertamente su disgusto por él. Pero ahora, viendo como Ed se alejaba lentamente del lugar sin haber discutido ni haberlo insultado con la misma fuerza de antes, realmente le daba una pequeña esperanza de poder hacer las paces con él antes de tener que partir para siempre. Edward no parecía ser muy bueno para expresar sus sentimientos, pero sus gestos, su tono de voz, su forma de andar, su personalidad… ¿sería egoísta de su parte, pensar en lo mucho que Edward se parecía a él cuando tenía su edad?


La inesperada aparición de Pride y Gluttony a las afueras de Kanama arruinó completamente el reencuentro entre Ed y Al. Ed se había sentido inmensamente feliz de ver a su hermano después de algunos meses pero su felicidad no duró mucho. Ed sintió un poco extraño el comportamiento de Al y Greed/Ling rápidamente le informaron que algo estaba muy mal con su hermano ya que Pride estaba haciendo uso de su cuerpo.

Ed sintió una gran rabia al ver que su hermano estaba siendo utilizado de esa manera por lo que estaba dispuesto a hacer todo lo posible para librarlo de la interferencia de Pride, quien no era otro más que el mismísimo "hijo" de King Bradley, Selim. Poco tiempo después de ese descubrimiento, con la ayuda de las quimeras y el oportuno regreso de los guardaespaldas de Ling, lograron liberar a Al de las sombras de Pride.

Sin embargo, ese triunfo no pudo celebrarse por mucho tiempo. Al comenzar a sentirse agotado y tras verse superado en números, Pride recurrió a una horrible táctica: Devorar a Glutonny para absorber su piedra filosofal así como para obtener su potente olfato.

Con ese movimiento, Pride se volvió aún más peligroso de lo que ya era puesto que ahora era prácticamente imposible ocultarse de él aunque hubiera partes oscuras dentro del bosque en el que se encontraban. Fue en ese momento cuando Hohenheim hizo su aparición. Ed no entendía qué es lo que pretendía hacer pero cuando clamó que era una especie de héroe que aparecía en el último momento, Ed no pudo evitar que su típica irritación hacia él apareciera por un momento, sentimiento que se incrementó considerablemente cuando, poco después, Al intentó atacar a Pride por detrás suyo para distraerlo el tiempo suficiente para que Hohenheim pudiera encerrarlos a ambos en un inmenso domo formado por la tierra y los troncos del área. Tras esto, no pasó mucho tiempo antes de que Ed comenzará a reclamarle a Hohenheim lo que había hecho pero, cuando Ed se quejó por no haber sido informado previamente del plan, Hohenheim lo dejó sin palabras:

"No te consultamos antes porque Al dijo: 'Si le dices a mi hermano, seguramente estará en contra del plan'. Para poder atrapar a Pride, teníamos que asegurarnos de reunir la mayor cantidad de sus sombras en el centro. Al se ofreció a hacerlo porque sabía que era el más adecuado para esa tarea. Se le ocurrió un plan que nos permitiría sobrevivir a todos nosotros."

Ed agachó la mirada. Claro que esas sonaban como palabras que diría su hermano. Al era alguien muy noble que haría hasta lo imposible para proteger a los demás por lo que no era difícil creer que él había diseñado el plan que concluyó con su propio confinamiento junto a uno de los homúnculos. Lo que era difícil de aceptar es que después de tanto tiempo separados aún no podrían estar juntos. Todos estos meses Ed se la había pasado preocupándose sobre el destino de Al y Winry, y ahora que podría platicar y saber qué había sido de su hermano directamente de las palabras del propio Al, no podría verlo frente a frente hasta que le dieran su merecido al bastardo barbudo.

Suspirando, Ed se acercó al gran domo y llamó a su hermano. "¡Al!"

Sólo pasaron unos pocos segundos antes de que los pasos metálicos de su hermano se hicieran escuchar seguidos de la voz de Al. "Hermano, perdón. Sé que al fin estaríamos juntos pero esto era lo único que podía hacer."

Como si leyera su mente, Al dijo precisamente lo que pasaba por la mente de Ed. Suspirando, Ed dijo. "Eres muy valiente, Al."

"Tú también lo eres, hermano. Me hubiera gustado estar a tu lado para enfrentar al padre de los homúnculos pero ahora me encargaré de cuidar de Selim. No te preocupes por mí."

El sentimiento de impotencia que Ed estaba sintiendo era enorme pero no podía dejar que eso lo detuviera. Al estaba dando lo mejor de sí en esta batalla y Ed no podía quedarse atrás. Haría su mejor esfuerzo para derrotar al enano del frasco y recuperar el cuerpo de Al.

"Pronto estaremos juntos, hermanito. Es una promesa." Dijo Ed mientras chocaba su puño contra el domo.

"Prometido, hermano." Un sonido del otro lado indicó que Al también había chocado su puño contra el domo. "Cuídate mucho y ¿hermano?"

"¿Sí?"

"No te presiones con el 'otro asunto'. Ya verás que todo saldrá bien."

Ed esbozó una pequeña sonrisa. Seguramente Al había llegado a la misma conclusión de que era extremadamente probable que Ed se encontrara con Mustang y Hawkeye a lo largo del día Prometido. A pesar de que no podía verlo en esos momentos, casi podía sentir la calidez que había aprendido a asociar con los ojos rojos de la armadura que contenía el alma de Al.

Agradecido, Ed respondió. "Claro, Al. Gracias. Vendré a verte antes de que nos vayamos."


Tras la llegada de Scar, el doctor Marcoh, Jerso, Zampano y Yoki, fue necesario discutir detalles finales respecto a lo que tendrían que hacer para frustrar los planes del enano del frasco. Decidiendo que lo mejor era dejar que Marcoh, Yoki y Heinkel se quedaran en Kanama, Fu optó por adelantarse para investigar qué estaba sucediendo en Central mientras que el resto del grupo se preparaba para partir del lugar. Antes de hacerlo, Ed fue a despedirse de Al y, colocándose su distintivo abrigo rojo, se dispuso a enfrentar el día Prometido.

El plan inicial consistía en infiltrarse en las entrañas de la guarida de los homúnculos usando el pasadizo que Scar y Mei habían utilizado meses atrás, pero el lugar estaba demasiado vigilado impidiendo una incursión silenciosa. Recordando el relato de Al respecto a los sucesos acontecidos en el laboratorio 3, Ed propuso que hicieran uso de esa entrada. Dicho laboratorio también tenía militares resguardando la entrada pero Ed fácilmente los pudo dejar fuera de juego después de distraerlos al decirles que Scar lo estaba persiguiendo.

Una vez que los militares fueron incapacitados, Ed y su grupo se adentraron en las instalaciones del laboratorio número 3 hasta que llegaron a las marcas de transmutación que señalaban el camino que Al, Mustang, Hawkeye y Havoc habían tomado anteriormente.

Al descubrir que el camino se separaba en dos caminos diferentes, Hohenheim propuso que se separaran en dos grupos. Ed inmediatamente se indignó cuando Hohenheim le dijo que fuera con Scar. Aún no toleraba al ishvalano pero era lo mejor para poder hacerle frente a los homúnculos en caso de que su alquimia fuera nuevamente desactivada. No habiendo mejor opción, Ed accedió a regañadientes pero una nueva molestia surgió en él cuando Hohenheim alegremente declaró que estaría bien yendo solo pero que le vendría bien la compañía de una jovencita como Lan Fan. La noche anterior Hohenheim le había dejado ver un lado inesperadamente calmado, amable y sensible, y ahora parecía que tenía ocultas algunas malas mañas estilo Mustang. Demonios… ¿acaso todos los padres tienen que ser así? Recordando el amor desenfrenado que Maes Hughes sentía por su familia y la dedicación que el tío Rockbell había tenido para su familia a pesar de su ocupada profesión, se corrigió. No, sólo son ese par. Maldita mi suerte.

Regresando su atención a la misión que tenían por cumplir, Ed y sus compañeros siguieron andando por el camino designado para ellos, no tardando mucho en llegar a una habitación, en cuyo fondo había una enorme puerta decorada con algunos símbolos alquímicos. A pocos pasos de esa puerta se encontraba los restos de lo que, de acuerdo al número que se leía en el casco y el cuchillo de carnicero que ahí se encontraba, no podía haber ninguna duda de que se trataba de Barry The Chopper.

La enorme puerta no tenía algún objeto visible que revelara la forma de abrirla, por lo que Ed se acercó e intentó abrirla a tirones sin mucho éxito. Después de inhalar profundamente para recuperar el aliento, Ed volvió a esforzarse en abrir la puerta y, finalmente, ésta comenzó a abrirse dando paso a una oleada de enemigos. Dichos enemigos tenían cuerpos de apariencia similar a la humana pero extremadamente delgados, con un solo ojo, piel blanca y algunas líneas rojas que se extendían a lo largo de sus cuerpos.

La apariencia de esos seres no era lo único inquietante. Tan pronto cruzaron el umbral de la puerta se abalanzaron sobre Ed y sus compañeros con un instinto voraz. Rápidamente todos se colocaron en posición para enfrentarse a ellos, tratando de evitar ser mordidos por ellos. Los golpes no parecían inmutarlos significativamente pero todo cobró sentido una vez que Scar usó su técnica destructiva en uno de ellos: eran seres inmortales. Poniendo atención a sus balbuceos, Ed llegó a la horrible conclusión de que se trataba de maniquíes a los cuales se les había implantado piedras filosofales para darles vida y usarlos como títeres.

Ed se sentía conflictuado de tener que lastimar a esos maniquíes ya que, al final de cuentas, había almas humanas dentro de ellos. Sin embargo, no podía darse el lujo de dudar puesto que, conforme pasaban los minutos, llegaban cada vez más de ellos y todos trataban de abalanzarse sobre él y sus compañeros para matarlos.

Fueron tantos los seres inmortales que surgían del otro lado de la puerta que no tardó mucho para que algunos de ellos optaran por intentar salir del lugar siguiendo el camino que Ed y su grupo habían tomado para llegar hasta ahí. Notando esto gracias al aviso de una de las quimeras, Ed juntó sus manos y utilizó su alquimia para bloquear la entrada con una gruesa pared.

Ed les ofreció una breve disculpa a los demás por haber bloqueado la única salida que tenían hasta el momento, pero todos estuvieron de acuerdo en que era necesario. Además, ahora podían atacar a esos seres libremente sin tener que preocuparse de que alguien externo pudiera aparecer y salir lastimado en el proceso. Sacando sus atributos de quimera, Darius, Jerso y Zampano se prepararon para el siguiente ataque, mientras que Ed fabricaba una lanza para poder enfrentar a los seres, y Scar se colocaba en posición para poder hacer uso de su alquimia destructiva.

Después de combatirlos por unos momentos, Scar concluyó que la mejor estrategia sería inmovilizar las piernas de esos seres ya que no parecía haber forma de derrotarlos. Sin embargo, con la gran cantidad de maniquíes que seguían saliendo, la tarea se complicó. Todos llegaron a un punto en el que el cansancio estaba comenzando a tener efecto en sus cuerpos mientras que los seres inmortales seguían llegando al lugar sin parar.

Ed apartó a algunos maniquíes que estaban a su alcance y aprovechó para mirar a su alrededor mientras jadeaba para recuperar el aliento. No podían dejarse vencer. Tenía que haber alguna forma en la que pudieran salir victoriosos de ese encuentro. Tal vez el cansancio le estaba impidiendo pensar en algún plan para salir del apuro pero de alguna manera u otra lo haría. Tenía que darle su merecido al bastardo barbudo, tenía que impedir que ese enano repitiera los horrores de Xerxes en Amestris, tenía que devolverle su cuerpo a Al…

Como si quisiera sacarlo del trance en el que lo tenían sus pensamientos, una repentina explosión mandó a volar la pared que Ed había colocado en la entrada, provocando que se viera impulsado hacia atrás unos cuantos metros.

La explosión generó una gruesa cortina de humo que impedía ver quién la había provocado pero Ed no necesitaba ver a la persona para saber quién lo había hecho. La explosión había sido claramente controlada y algunas cuantas llamas permanecieron en los alrededores de la entrada antes de extinguirse. No podía ser alguien más que el Coronel Mustang.

Si bien su mente se había apartado de sus pensamientos anteriores, ahora Ed sintió cómo su cuerpo se tensaba ligeramente mientras miraba fijamente la entrada esperando a que el Coronel se presentara. Sabía que las probabilidades de que el día terminara sin que tuviera que encontrarse con sus padres biológicos eran casi nulas, pero aún así había mantenido la pequeña esperanza de poder verlos hasta después de haber enfrentado al bastardo barbudo. Ahora se veía en la forzosa necesidad de pensar en qué hacer respecto a ellos y no podía estar más confundido acerca de cómo dirigirse y del cómo comportarse con ellos bajo las circunstancias en las que se encontraban.

Aprovechándose de su distracción, un par de maniquíes sin piernas se arrastraron por el suelo hasta aferrarse a sus piernas. "¡Rayos!" Exclamó Ed, volviendo a la realidad. Ed intentó apartarlos pero estaban agarrados firmemente a sus miembros, dificultándole la labor. "¡Oh no!"

"¡Ed!" Gritó Darius al notar cómo un par de maniquíes se estaban acercando peligrosamente al rubio.

Ante el grito de la quimera, Ed volteó hacia su izquierda para ver a los enemigos que se acercaban. Estaban demasiado cerca y Ed no podía moverse con la velocidad necesaria para defenderse apropiadamente. Estaba en serios problemas… o al menos lo estuvo por algunos segundos antes de que dos precisos disparos hicieran retroceder a los maniquíes el tiempo suficiente para que Ed pudiera cortarles las piernas y, de paso, cortar las manos de los maniquís que lo sujetaban.

Apartándose unos pasos de los maniquíes que lo rodeaban, Ed inhaló profundamente para después fijar su vista en la entrada de la habitación encontrándose con unos ojos castaños que lo miraban atentamente mientras una sonrisa tímida aparecía en los labios de la Teniente Hawkeye.

Ed abrió y cerró la boca un par de veces sin saber qué decir. Ahora entendía mejor el pasado de su madre biológica y, sinceramente, se alegraba de ver que Riza estaba bien a pesar de estar prácticamente en las garras de uno de los homúnculos. Entonces ¿por qué era tan difícil siquiera saludarla?

En cuanto a Riza, una vez que entró en la habitación y detuvo a esos monstruos de atacar a Edward, tampoco pudo encontrar palabras para expresar el alivio y alegría que le daba verlo. Lo único que se permitió en esos momentos fue una breve y sutil sonrisa, pero por dentro sintió cómo una gran ola de alivio la invadió. Habían pasados varios meses desde la última vez que lo vio e incluso se había pasado algunos de ellos temiendo que algo le hubiera pasado en Baschool ya que, a pesar de sus propios esfuerzos por mantener la calma y las palabras tranquilizadoras de Falman, Riza se pasó los últimos meses con una preocupación latente en su pecho que no terminó de desvanecerse hasta ese momento en el que finalmente tuvo a Edward frente a ella.

Por su parte, Roy se adentró lentamente a la habitación. Sabiendo que graves peligros podrían esperarlos al otro lado de la pared que cubría la puerta, Roy optó por hacer explotar el concreto y esperar a que el humo se dispersara lo suficiente para no exponerse a ataques inesperados. Sin embargo, cuando una voz desconocida exclamó con preocupación el nombre del miembro más joven de su unidad, Riza, en un sorpresivo acto de impulsividad, entró corriendo a la habitación dejando a Roy completamente perplejo. Mentiría si dijera que no había sentido una punzada de preocupación al escuchar el nombre de Ed, pero Riza hizo gala de sus rápidos reflejos y lo dejó ahí parado por unos instantes antes de que reaccionara y se uniera a la acción. A pesar de la sorpresiva maniobra de Riza, a Roy no le extrañó escuchar un par de disparos.

En cuanto su vista se adaptó a los restos de humo, Roy pudo ver que Ed estaba parado casi en el centro de la habitación viendo fijamente a Riza, quien también hacía lo propio mientras mantenía su arma en alto. Sorprendido por la extraña conexión que parecían tener esos dos en esos segundos, Roy se acercó un poco más y ahí fue cuando pudo notar que el lugar estaba lleno de misteriosos seres blancos con aparentes intenciones nada buenas. Al ver cómo uno de ellos pretendía abalanzarse sobre la espalda de Ed, Roy no dudó ni un momento en chasquear sus dedos para inmovilizar al ser con sus llamas.

El chasquido y las posteriores llamas que se derivaron de él, sacaron a Ed de su estupor, provocando que ahora mirara fijamente al Coronel. Roy le devolvió la mirada pero se sorprendió al notar que la mirada de Ed parecía mirarlo de una manera diferente. De ser otra persona, Roy hubiera pensado que se sentiría incómodo de haber presenciado su poder desde primera fila pero Ed no era de los que se acobardaba además de que ya había sido testigo en un par de ocasiones de la potencia de sus llamas.

No sabiendo identificar lo que la mirada dorada de Ed ocultaba, Roy decidió no darle importancia y mantener un tono casual mientras se colocaba al lado de Riza pero sin despegar su mirada del chico. "¿Necesitas una mano, Acero?"

Ed se limpió el sudor que se había formado en su frente antes de retomar su tarea de enfrentar a los maniquíes mientras respondía. "Tienes un don para aparecer en el último segundo posible… Coronel."

A Roy le extrañó la ligera pausa que hizo Ed al final pero no era el momento para intentar averiguar qué le sucedía al muchacho cuando probablemente todo era producto de su imaginación.

Echando un vistazo a su alrededor, Roy se dirigió a Riza. "Este lugar de verdad me trae recuerdos, Teniente." Sonrió engreidamente. "Aún recuerdo haberla visto llorar. Me gustaría volver a ver una emoción tan pura en su rostro de nuevo, Teniente."

Decidida a no perder el tiempo para poder apoyar a su hijo, Riza le respondió sin inmutarse. "La última cosa que voy a hacer es empezar a llorar por usted. El agua lo vuelve un inútil."

La sonrisa se evaporó de los labios de Roy y miró indignado a Riza por unos segundos antes de ver con atención lo que sucedía a su alrededor. "Veo que hiciste amigos nuevos, Acero." Notando la presencia del ishvalano, Roy frunció ligeramente el ceño y dijo. "¿Scar?"

Tras deshacerse de uno de los maniquíes que lo atacaban, Scar respondió molesto. "Hablaremos después. Ahora apresúrense y peleen."

Molesto, Roy se quejó. "No me des órdenes."

Sin embargo, Riza parecía estar más enfocada en la tarea por hacer, por lo que ignoró la queja de Roy y dijo. "Entendido." Apuntó su arma al maniquí que estaba más cerca de ellos, ignorando la cara de reproche de Roy. "Necesitamos matar a estas cosas blancas ¿cierto?"

Viendo que Riza se acercaba un par de pasos hacia los maniquíes, Ed se apresuró a responder. "¡Es inútil! Se necesitan más que pistolas para matar a estas cosas."

Un recuerdo de la vez que Glutonny estuvo a punto de matarla vino a la mente de Riza. "¡¿De nuevo?!" Sintiéndose impotente, Riza retrajo su arma. "Ha habido muchos de estos recientemente…"

Roy, quién había recuperado su fachada calmada y confiada, se llevó una mano a la barbilla mientras analizaba la situación. "Ya veo. Así que por eso están atacando sus piernas."

Dándose cuenta de la tranquilidad de Roy, Ed sintió una vena hincharse en su frente y exclamó. "¡Deja de perder el tiempo y ayúdanos!"

La queja de Ed fue seguida por una mirada seria por parte de Riza, por lo que Roy finalmente volvió a alzar su mano y chasqueó sus dedos, generando así llamas en las direcciones correctas para destruir a los maniquíes sin lastimar a Ed y sus compañeros.

Asegurándose de que hasta el último maniquí hubiera sido quemado hasta las cenizas, Roy se dirigió a Ed. "Si estás teniendo problemas con estas cosas, aún te queda un largo camino por delante."

Ed miró incrédulamente cómo cada uno de los seres blancos se convertía en cenizas. Sabía que tenían que vencerlos pero verlos ser incinerados hasta la muerte era inquietante y más lo era el pensar en que la persona que lo había hecho era su propio progenitor.

Tragando saliva, Ed se volteó en dirección a Roy y Riza. Ahora que estaban todos juntos suponía que tendrían que hablar o al menos dar una señal respecto a cómo estaban sus sentimientos respecto a su situación. Riza parecía aliviada de verlo pero también se podía percibir la preocupación que irradiaban sus ojos, mientras que Roy parecía estar completamente normal. Por más que quería, Ed no podía descifrar lo que el Coronel estaba pensando y eso no lo dejaba tranquilo. O Roy estaba jugando muy bien su papel de resguardar sus propias emociones, o simplemente no le importaba en lo más mínimo el lazo que compartían porque para ese punto era casi imposible que Riza no le hubiera revelado la verdad.

A pesar de la intensidad de sus propios latidos, Ed escuchó los jadeos de las quimeras mientras recuperaban su aliento. No podía perder el tiempo. Si iba a hablar con Hawkeye y Mustang en esos instantes era mejor que lo hiciera de inmediato o si no, sería mejor que se concentrara en el presente y esperara hasta que todo el conflicto con el homúnculo hubiera terminado.

Apretando sus puños, Ed se animó a hablar. "Hey…"

Los ojos de Riza inmediatamente brillaron pero Ed no pudo enfocarse en las expresiones de sus padres biológicos dado que la atención de todos se vio atraída hacia un gran estruendo que se hizo escuchar proveniente de la parte superior de la habitación en la que se encontraban. Poco después unas cuantas tuberías cayeron al piso seguidos por la pequeña May Chang y su panda, quienes lograron sujetarse de una parte de la enorme puerta para evitar la gran caída.

Al reconocerla, Zampano exclamó. "¡¿May?!"

Unos tosidos revelaron que May no había llegado sola, por lo que, tras visualizar al homúnculo, Ed exclamó. "¡Envy!"

Rápidamente, May se recompuso y bajó de la puerta para acercarse a Scar. El ishvalano comenzó a regañarla pero antes de que May pudiera terminar de dar sus explicaciones, Envy se hizo notar.

"El alquimista de Acero, el alquimista de Fuego y Scar… Oh, incluso las malditas quimeras que se atrevieron a meterse conmigo en el norte, están aquí." Envy sonrió con malicia. "Muy bien, entonces… ¿de quién debería encargarme primero?"

Sin inmutarse, Roy dijo. "Así que este es Envy. Si recuerdo bien, se trata del homúnculo que puede cambiar de forma."

Envy mantuvo su sonrisa. "¿Ha escuchado de mí? Encantado de conocerlo, Coronel Mustang." El homúnculo desvió su mirada hacia el ishvalano. "Oh, pero… ¿estás bien con que él esté aquí, Scar? Él es uno de los alquimistas que peleó en Ishval, ¿no es así?"

La provocación de Envy no tuvo efecto ya que Scar conservó su expresión seria mientras respondía. "Es cierto."

"¿Ahora son aliados? ¡Qué aburrido! ¿Por qué no se dejan llevar por su rencor? Me encanta ver a insectos como ustedes peleando entre sí."

Roy suspiró. "No tenemos tiempo para tus juegos patéticos."

Envy volvió a sonreír con malicia. "¿Patéticos? Ok, entonces déjame hacerte una pregunta. ¿Qué acaso a los humanos no también les gusta ver a los tontos sufrir y bailar como marionetas? ¿No es por eso que siempre están en guerra?"

Roy mostró su típica sonrisa engreída. "Cierto. Disfruto ver a tontos siendo manipulados como títeres. Especialmente cuando los tontos siendo manipulados son homúnculos."

La sonrisa de Envy desapareció y se vio reemplazada por un ceño fruncido.

Roy continuó. "Respondí tu pregunta. Ahora responde la mía: ¿Quién mató a Maes Hughes?" Preguntó con una mirada seria.

De inmediato, Riza miró a Roy con preocupación. Había sido sólo un toque sutil pero un odio intenso parecía emanar de sus palabras.

"Fue María Ross, la mujer que quemaste hasta la muerte."

"No. No fue ella."

La expresión de Envy rápidamente se iluminó. "¡Ja! ¡Así que incineraste a una mujer inocente! ¡Qué cruel! " Exclamó con voz alegre. "¿Y? ¿Cómo se lo dijiste a sus padres? ¿Te disculpaste con lágrimas en los ojos? ¿O te quedaste callado porque tenías miedo de enfrentarlos?"

Roy ignoró las provocaciones de Envy pero mantuvo su expresión seria. "Por el amor de Dios, cállate, idiota." Envy frunció el ceño. "Estoy cansado de hacerles esta pregunta, homúnculos. Así que apresúrate y respóndeme, imbécil. ¿Quién mató a Hughes?"

En esta ocasión, Ed también miró a Roy con curiosidad y preocupación. Sabía que el Coronel y Hughes habían sido muy buenos amigos por lo que no podía ignorar el dolor que la pérdida de su mejor amigo debió haber provocado en Mustang, pero ahora su tono de voz estaba inclinándose más a uno muy distinto al que comúnmente utilizaba, recórdandole en cierta manera al que utilizó con él cuando tuvo que fingir que había matado a la Teniente Segunda Ross, sólo que esta vez era a un nivel completamente diferente. Había algo raro en el Coronel, algo desconocido para Ed y eso lo estaba inquietando bastante.

Envy, por su parte, se quedó callado unos segundos antes de comenzar a reír como un desquiciado. Sus risas continuaron hasta que pudo controlarse lo suficiente como para hablar. "Felicidades, Coronel Mustang. Finalmente encontraste a tu asesino."

Ed enfocó su mirada en Envy mientras que Riza apuntaba al homúnculo con su arma.

A pesar de la revelación, Roy pareció mantener la calma. "Realmente dudo que Hughes haya podido ser asesinado por un idiota como tú."

Envy, quién aún había estado soltando risitas, sonrió enormemente. "El verdadero idiota…" El homúnculo hizo uso de su habilidad y en ese momento cambió de cuerpo, siendo reemplazada su forma por el cuerpo de Gracia Hughes. "es Hughes por haber caído en un truco como este."

Los ojos de Roy y Ed se abrieron intensamente. No había duda. Envy había matado a Hughes. La relativa calma que Roy había mantenido hasta ese momento se evaporó de inmediato, siendo reemplazada por una indescifrable mezcla de emociones que hizo palidecer su rostro.

Envy siguió riendo. "¡Hahaha! ¡Me gustaría que pudieras ver tu cara en estos momentos! ¡Qué gran expresión! ¡Matar a Hughes fue realmente divertido! La mirada de desesperación cuando pensó que iba a ser disparado hasta la muerte por su amada esposa… ¡No tuvo precio!" Dijo entre burlas.

A pesar de no haber conocido a la persona de la que se hablaba, las quimeras no pudieron ocultar su expresión de disgusto y molestia por la forma en la que Envy estaba disfrutando contar la historia de cómo mató a Hughes. May se estremeció ante lo relatado y Riza bajó su arma por un momento mientras cerraba sus ojos. Maes Hughes no merecía morir ni mucho menos haberlo hecho bajo un truco tan sucio que seguramente lo hizo sufrir hasta su último aliento.

Roy se recuperó del impacto y comenzó a acercar su mano derecha hacia su pecho. "Ahora que sé que es un hecho…" Roy le dió un tirón a su guante de ignición de la mano derecha. "No es necesario decir nada más, Envy. Voy a quemarte hasta que te vuelvas cenizas. Empezando con tu lengua." Dijo Roy mientras daba un par de pasos en dirección al homúnculo. No gritó, pero cada una de sus palabras se sentían cargadas de un odio y una furia tan intensas que tanto Riza como Ed voltearon a ver al Coronel con preocupación.

Envy pareció no notar el cambio extremo en la actitud del Coronel o si lo hizo no le importó. Estaba disfrutando provocar finalmente una reacción en el Alquimista de Fuego, tanto que ni siquiera se molestó en volver a su forma original, por lo que el rostro de Gracia Hughes estaba sonriéndole a Mustang con una expresión malévola y burlona nada propia de ella.

Roy se detuvo y habló. "Scar… Acero… me encargaré de esto." La mirada de Roy se ensombreció aún más. "Esta presa es mía."

Ed no se movió pero una de las quimeras intervino. "Genial. Entonces seguiremos con nuestro camino." Dijo Zampano

Tan pronto como Zampano dio un paso en dirección a la gran puerta, Envy extendió uno de sus brazos dejando entrever su verdadero cuerpo. "¿Quién dijo que podían irse? Aún tengo asuntos pendientes con ustedes por lo que me hicieron en el Norte-"

Fastidiado, Roy no dejó terminar al homúnculo, quemando con gran precisión su boca. "¿Realmente puedes permitirte estar hablando con ellos cuando tienes que lidiar conmigo? Juzgando por cómo te la pasas hablando, me imagino que tienes una gran lengua grasosa. Esa debe ser la razón por la que se quema tan bien, Envy."

Envy frunció el ceño mientras dejaba que sus poderes regenerativos curaran la quemadura que Roy le había hecho, al mismo tiempo que regresaba a la típica forma que utilizaba.

Ed se acercó a Riza, quedando a pocos pasos por detrás de ella. Aún indeciso acerca de cómo debería llamarla, el chico decidió irse por la segura. "Teniente… ¿está segura de que ambos podrán con esto?"

Riza miró con preocupación a Roy mientras sentía como un sudor frío le recorría el cuerpo. Con la alquimia del Coronel era casi un hecho de que Envy sería derrotado de la misma manera en que fue vencida Lust, pero Roy definitivamente no estaba bien. El dolor que había sentido al perder a su mejor amigo lo estaba consumiendo, convirtiéndose en un odio intenso que lo estaba cegando. Riza podía notarlo. Roy no buscaba enfrentarse a Envy para hacer lo correcto y poder salvar al país, lo estaba haciendo para saciar su enorme sed de venganza. Riza ya había percibido un poco de esa sed en un par de ocasiones al hablar con él, pero tenía la fe de que ésta no llegaría a un punto culminante tan extremo como el que estaba presenciando en ese momento. En cierta forma, ese sentimiento atroz estaba consumiendo y desapareciendo al único hombre que ella había amado.

Al no obtener respuesta, Ed se acercó un poco más y colocó su mano izquierda en el hombro de Riza. "¿Teniente?"

Una calidez se extendió por Riza partiendo del hombro que estaba haciendo contacto con la mano de su hijo. No era tiempo para dejarse consumir por la incertidumbre y el miedo. Tenía que actuar. Ella haría todo lo posible para evitar que Roy llegara a un punto sin retorno y para ello necesitaba que Edward no estuviera presente. Riza temía ya haber dañado demasiado la relación entre Roy y Edward al haber mantenido sus secretos guardados y lo que menos quería era alejarlos aún más si Ed veía a su padre en un estado como el que se estaba desatando en esos momentos. Además, si era sincera consigo misma, una parte de sí temía que sus intentos no fueran suficientes para hacer entrar en razón a Roy… lo que significaría que tendría que cumplir con la promesa que le había hecho al integrarse a su unidad. El arma que sostenía se tambaleó casi de manera imperceptible.

Separando una de sus manos de su arma, Riza le dio un apretón a la mano de Ed antes de retomar su posición. "Nos la arreglaremos de alguna manera. Si no podemos, entonces…" Riza no pudo terminar su frase. Tragando saliva, volvió a dirigirse al chico. "Ve, Edward."

"Pero-" Ed protestó pero se vio interrumpido por Darius quién colocó una mano en su cabeza.

"Vamos, Ed. El Coronel va a estar bien." Darius comenzó a dirigir a Ed hacia la gran puerta. "Viste el poder de su fuego ¿cierto? No hay forma de que pierda contra ese homúnculo." Dijo con una sonrisa confiada.

Apartando la mano de su cabeza, Ed respondió. "Que Mustang pierda no es lo que me preocupa."

Darius lo miró con expresión confundida. "¿A qué te refieres?"


A pesar de que la situación no fuera ideal, Riza dio un suspiro de alivio cuando Edward y sus compañeros salieron de la habitación. Una vez que ésto sucedió, Riza dio unos pasos en dirección a Roy pero, en cuanto el Coronel sintió su presencia a su lado, colocó su brazo frente a ella para impedirle que siguiera avanzando, diciéndole que se mantuviera al margen.

Riza quiso protestar y comenzar a dialogar con él pero Envy no les dio oportunidad al revelar su verdadera forma. Tan pronto como terminó de transformarse en un enorme ser verde con rostros sobresaliendo a lo largo de su cuerpo, Roy no perdió el tiempo y le quemó los ojos para posteriormente quemar el resto de su cuerpo, una y otra vez.

Con cada chasquido, el corazón de Riza se estrujaba cada vez más. El Roy que ella amaba estaba desapareciendo con cada uno de ellos. Desesperada, gritó. "¡Coronel!"

Roy no volteó a verla pero pausó su siguiente chasquido, oportunidad que Envy aprovechó para destruir la gran puerta con su cola, casi golpeando a Roy y Riza con los escombros. Volviendo a su típica forma, huyó del lugar.

Roy no tardó en seguirlo, el odio en su mirada intensificándose con cada segundo que pasaba. Riza lo llamó e intentó seguirlo pero Roy la detuvo diciéndole que se quedara ahí ya que sería él el que se encargaría del homúnculo. Ella siguió llamándolo pero fue inútil, en pocos segundos el Coronel había desaparecido tras el rastro de Envy. Riza se quedó parada unos segundos en su lugar, lo suficiente para que Roy se adelantara y no notara su presencia. Después, sin dudarlo, se adentró a las entrañas del lugar hacia el que se habían dirigido Envy y el Coronel.

Pasados unos minutos de recorrer el lugar, Riza se dio cuenta de que había subestimado lo que había más allá de la puerta. Ese lugar parecía un laberinto. Había dejado pasar sólo unos segundos para seguir al Coronel, pero esos segundos le estaban jugando en contra ya que no podía ubicar el camino que el homúnculo y Roy habían seguido. Además, al estar en territorio enemigo, no podía ser impulsiva y recorrer todo el lugar de manera descuidada. Su entrenamiento militar le hizo avanzar con cuidado después de correr un poco los primeros minutos, procurando revisar cada esquina y cada rincón para detectar posibles amenazas.

No fue hasta un par de minutos después que finalmente Riza pudo escuchar los pasos de alguien acercándose. Detectando de dónde provenían, Riza se cubrió en una pared, colocándose en posición para defenderse en caso de que se tratara de Envy. Poco después, con el arma en posición, se encontró con el rostro de Roy.

En cuanto la vio, el Coronel bajó la mano que había extendido en su dirección y le explicó que había perdido a Envy. Diciéndole que lo siguiera, Riza obedeció manteniendo un par de pasos de distancia entre ellos. A pesar de que tenía la misma mirada ensombrecida de la última vez que lo vio, Riza no podía estar segura de que se tratara de Roy. No podía explicar porqué, quizás fuera su instinto pero había algo en este Roy que le hacía sentir que había una alta probabilidad de que en realidad se tratara de Envy.

Decidiendo seguir su instinto, Riza apuntó su arma a la parte trasera de la cabeza del Coronel.

Roy se detuvo y puso sus manos en alto. "¿Qué está haciendo, Teniente? ¿A quién cree que le está apuntando?"

Riza sonrió, cada vez estaba más segura de que su instinto le había dado la respuesta correcta. "¿A quién? No me hagas reír. El Coronel me llama 'Riza' cuando estamos a solas."

El plan funcionó. Envy comenzó a transformarse de vuelta a su forma habitual. "¡Tch! Creí que ya no eran tan cercanos."

¿Ya no? La frase de Envy tomó por sorpresa a Riza, pero decidió no darle importancia. Tenía una misión que cumplir. Tenía que derrotar a Envy e impedir que Roy perdiera su humanidad.

No dejando que la sorpresa se reflejara en su tono, Riza disparó. "Mentí." A pesar de que en realidad su relación había mejorado y que Roy sí la llamara por su nombre desde hace tiempo, Riza no podía permitir que esa información se difundiera, por lo que, irónicamente, mintió.

"¡¿Qué?!"

"Gracias por caer en la trampa, Envy. Ahora esta es la parte en la que mueres."

Riza le disparó en repetidas ocasiones con sus pistolas, logrando mantener a raya a Envy por unos momentos, hasta que el homúnculo logró herir el hombro izquierdo de Riza. Si bien este ataque la descolocó por un instante, ella rápidamente se recuperó y tomó su rifle para seguir disparándole, ganándose varias maldiciones de parte de Envy en el proceso. Tras varios disparos recibidos, el homúnculo aprovechó sus habilidades para extender su brazo para sujetar a Riza y, posteriormente, estrellarla contra el suelo, sacándole el aire y provocando que el broche que sujetaba su cabello se soltara.

Envy había comenzado a reír desquiciadamente cuando una nueva ronda de llamas lo rodearon, apartándolo unos metros de dónde Riza yacía.

Roy se acercó lentamente hasta quedar frente a Envy, mientras el homúnculo se regeneraba de las nuevas quemaduras sufridas. "¿Qué le estás haciendo a mi preciosa subordinada?" Esta vez Envy no pudo disimular el pánico que Roy le estaba causando. El Coronel realmente lo iba a quemar hasta la muerte.

Riza se incorporó hasta quedar sentada mientras el Coronel volteaba a verla. Para sorpresa de Riza, la mirada de Roy se suavizó de manera casi imperceptible al dirigirse a ella. "No sea imprudente, Teniente. Le dije que yo me encargaría de él." En ese momento, cuando sus miradas se encontraron, trató de decirle a través de ella que dejara esto, que no dejara que la ira y la venganza lo consumiera por completo. Riza le estaba rogando con sus ojos caoba, pero Roy estaba tan sumido en su ira que no lo notó o decidió ignorarlo.

A pesar de su pánico, Envy todavía se atrevió a gritarle a Roy, pero el Coronel no le dio mucho tiempo para hablar ya que volvió a envolverlo con sus llamas hasta que, finalmente, destruyó el cuerpo de Envy. Riza observó todo con creciente horror, tanto que la paralizó en su lugar pero, cuando de los restos del cuerpo de Envy surgió un pequeño ser verde y Roy lo aplastó duramente con el pie, Riza reaccionó y se puso de pie.

Su herida del hombro le estaba molestando, por lo que se levantó más lento de lo que le hubiera gustado pero al menos ese tiempo le dio la oportunidad de escuchar las palabras que Roy le estaba dirigiendo al pequeño homúnculo en que se había convertido Envy. Cada una de ellas eran pronunciadas con un odio y rencor tan intensos que le dejaron en claro a Riza que no podía seguir retardando lo irremediable. Tenía que detener a Roy en ese momento antes de que fuera demasiado tarde.

Justo cuando Roy estaba a punto de dar el chasquido final, Riza le quitó el seguro a su arma y la apuntó a la nuca del Coronel.

Roy movió su cabeza lo suficiente para poder ver a Riza, pero no bajó su mano ni aflojó la presión que su pie ejercía sobre Envy. "¿Qué significa esto, Teniente?"

"Es suficiente, Coronel. Ahora me encargaré yo."

Roy devolvió su mirada al frente. "Una llama más y se terminará. No tengo intenciones de que se ensucie sus manos así que baje su arma."

Riza sintió cómo algunas gotas de sudor provocadas por sus nervios estaban comenzando a recorrer su rostro. "No puedo obedecer esa orden, Señor. Por favor, baje su mano." Dijo sin despegar la mirada de su nuca, esperando que volviera a verla y se diera cuenta de la preocupación y miedo que reflejaban sus ojos.

El poco control que Roy había mantenido al hablar con Riza se destruyó. "¡No estoy bromeando! ¡Le dije que bajara su arma!" Él gritó.

Repentinamente, una corriente de energía recorrió el piso hasta llegar a la parte dónde se encontraba Envy sujeto por el pie de Roy, formando una mano con el mismo suelo. Dicha mano provocó que Roy tuviera que apartar su pie y que Envy saliera disparado directamente a la mano de automail de Ed, quién acababa de llegar al pasillo en compañía de Scar.

Riza no bajó su arma pero su sorpresa casi provocó que lo hiciera. Edward, su hijo, estaba ahí. Justamente lo que quería evitar y, para colmo, Roy estaba en un estado del que ella misma estaba temiendo ser incapaz de poder sacarlo. Un nudo se formó en la garganta de Riza y su corazón se sintió aún más apretujado.

Sumamente molesto por haberle sido arrebatada su presa, Roy dijo con voz autoritaria. "Acero, entrégalo."

Ed lo miró fijamente sin poder atreverse a decir una palabra. La mirada de Roy estaba aún peor que la última vez que lo vio. Ni siquiera parecía ser la misma persona con la que había tratado los últimos 4 años. La escena que se estaba desenvolviendo frente a él era difícil de asimilar. El Coronel, bajo ese estado, estaba negándose a reaccionar y a la Teniente, su fiel asistente a la que siempre escuchaba, la estaba ignorando e incluso gritando. Jamás los había visto de esa forma. Veía cómo la ira y la sed de venganza estaba consumiendo a su pa… al Coronel a la vez que veía la desesperación en la mirada de la Teniente… de su madre.

Sin esperar mucho tiempo, Roy volvió a hablar. "Sólo lo voy a decir una vez más. Entrégalo, Acero."

Tragando el nudo que se quería formar en su propia garganta, Ed respondió con una mirada decidida. "¡De ninguna manera!"

Ante la negativa, Roy trató de "razonar" con el chico. "Esa cosa merece morir de la manera más dolorosa posible por lo que ha hecho. Así que entrégalo."

"Dije que no."

Desesperado por acabar con el homúnculo, Roy se alteró. "¡Entrégalo, Acero! ¡Si no lo haces te quemaré el brazo junto con él!"

Riza no pudo evitar el gemido de sorpresa que escapó de sus labios ante la amenaza que Roy inconscientemente estaba haciendo a su propio hijo. "¡Coronel!"

Ignorándola, Roy insistió. "¡Entrégalo AHORA!"

El tono de voz de Ed también aumentó. "¡Adelante, inténtalo! ¡Puedo enfrentarte cuando quieras!" Ed tomó aire para continuar con sus palabras pero, sorpresivamente, Scar colocó un brazo frente a él para indicarle que se callara. "¡Hey!"

Scar lo ignoró y cruzó sus brazos mientras miraba fijamente a Roy. "¿Acaso sucumbirás a tu ira y caerás al nivel de una bestia?" Roy le frunció el ceño. "Mientras compartamos al mismo enemigo, no voy a intentar detenerte."

"¡Hey! ¿Qué demonios te pasa?!" Se quejó Ed.

Scar no se inmutó. "No tengo derecho a entrometerme en la venganza de alguien más. Pero… me pregunto qué clase de mundo puede ser creado por una bestia oculta bajo la piel de una persona."

Roy abrió los ojos por la sorpresa. Aunque su mente estuviera nublada por el odio que lo consumía, las palabras de Scar le recordaron la meta que había estado persiguiendo por todos estos años. La gente lo necesitaba para cambiar y mejorar el país no para convertirse en una especie de copia de Bradley, quien detrás de su fachada serena y amable se ocultaba un monstruo despiadado sin el menor interés en la raza humana.

Roy inhaló profundamente mientras cerraba los ojos por un momento. Estaba tratando de tranquilizarse pero… Maes… su funeral… Gracia y Elicia… Envy… No era fácil. Finalmente tenía al asesino que tanto había buscado y no podía destruirlo como esa criatura se lo merecía. Cuando abrió los ojos su mirada se aligeró ligeramente pero, tras enfocarse una vez más en la pequeña criatura que Ed sostenía, la crudeza y rencor de su mirada regresó. Las palabras de Scar estaban resonando en su mente haciéndole ver que estaba haciendo algo incorrecto pero el deseo de venganza seguía quemando profundamente dentro de sí.

Notando que la sorpresa desaparecía del rostro de Mustang para volver a la misma expresión de odio de antes, Ed intervino. "¡¿Es en serio, Coronel?! ¡¿De verdad deseas liderar este país con un rostro como ese?! ¡Se supone que todos estos años te has esforzado para proteger este país! ¡¿Cómo vas a hacerlo cuando tienes esa expresión en tu rostro?!" Ed tragó saliva, no quería decirlo pero estaba tan molesto y preocupado a la vez, que su lengua insistía en que formara las siguientes palabras sin importarle que no quisiera hablar realmente del tema. "¡¿No se supone que querías crear un país donde tu hijo y todos los ciudadanos de Amestris pudieran vivir feliz y tranquilamente?!"

Si los ojos de Roy se habían abierto de la sorpresa ante las palabras de Scar, ahora parecía que sería imposible que se abrieran aún más de lo que lo hicieron en ese momento. ¿Pero qué…? ¿Cómo? Confundido volteó a ver a Riza, quien tras las palabras de Ed se había llevado su mano libre al pecho. Buscando hacer contacto con su mirada Roy se encontró con una mezcla de preocupación y culpabilidad. Buscando que interpretara su mirada, Roy la miró fijamente hasta que Riza asintió lentamente con la cabeza dando respuesta a la pregunta no verbal que el Coronel le había hecho.

Lo que Riza no sabía, es que esta vez el odio y el deseo de venganza que estaban consumiendo a Roy le habían impedido interpretar correctamente la pregunta que él le estaba haciendo, por lo que, tras obtener su respuesta, Roy entrecerró sus ojos de manera amenazadora antes de dirigirse a Ed, dejando a Riza completamente perpleja.

Conque compartiste nuestro secreto así como así eh, Riza. Dejando que el odio hablara por él, Roy respondió. "¡¿Quién demonios te crees, maldito mocoso?! ¡¿Crees que me importa lo que un enano como tú tenga que decirme?! ¡No tienes ningún derecho de entrometerte en asuntos que no te incumben en lo más mínimo! ¡Así que entrega a esa cosa de una maldita vez!" Gritó con odio.

A pesar de que llevaba meses asumiendo que a Mustang no le interesaba nada que tuviera que ver con él, las palabras del Coronel le dolieron a Ed aunque no quisiera admitirlo. Escucharlo era más difícil que imaginárselo. Sus ojos dorados demostraron por un momento cómo lo hirieron sus palabras pero rápidamente trató de recobrar la compostura. Si había pasado tanto tiempo imaginándose el papel que Roy tomaría en su vida tendría que estar preparado para ese momento ¿cierto?

Cubriendo el dolor y confusión que había sentido con todo el enojo que pudo reunir en ese momento, Ed replicó. "¡Sí, lo sé! ¡Sé que en realidad no te importa nada que me involucre pero si ni yo ni la gente de Amestris te importamos, al menos debería importarte la persona que más te ha apoyado a pesar de todas tus tonterías! ¡Mamá no se merece todo el sufrimiento que le estás haciendo pasar en estos momentos!"

Roy se quedó sin aliento por unos momentos y su mano finalmente descendió algunos centímetros. ¿Ma…má? Lo que su cerebro se había negado a enlazar hace unos momentos, finalmente hizo sentido para Roy. Su hijo… rubio y de ojos dorados… 16 años… Edward Elric…

Riza, por su parte, no pudo evitar dejar escapar una exclamación de sorpresa ante las palabras de Edward. Desde el nacimiento de su hijo había añorado escucharlo llamarla 'mamá' y ahora finalmente podía escuchar esa palabra. Después de meses de dudas e incertidumbre acerca de lo que Edward haría tras saber la verdad, el chico la había llamado 'mamá' cuando prácticamente había perdido la esperanza de ver ese sueño cumplido. Una lágrima solitaria se le escapó a Riza. No podía negar la calidez que esa simple palabra había despertado en ella pero a la vez todo seguía siendo sumamente doloroso. Roy estaba cegado por su venganza y, aunque para el Coronel hubiera pasado desapercibido, Riza pudo notar el dolor que las palabras de su padre habían provocado en Edward. Ella había visto cumplido su sueño cuando las dos personas que más amaba en este mundo estaban sufriendo inmensamente. ¿Por qué la vida tenía que ser así? Riza había sido la que los había terminado llevando a esta situación y al final era ella la que veía alguna recompensa mientras los demás sufrían.

Roy, por su parte, abrió y cerró la boca tratando de formar palabras sin éxito. Mientras lo hacía, miró fijamente a Ed, examinándolo inconscientemente al mismo tiempo que el eco de su mente aumentaba de volumen e intensidad, repitiéndole las palabras 'Mi hijo'. El coronel siguió así por unos segundos hasta que Ed, quién a pesar de todo siguió mirándolo con determinación, desvió la mirada hacia un lado, cansado de la mirada exploratoria de su progenitor. Ese simple gesto apretujó el corazón de Roy cuando las palabras 'Mi hijo' fueron reemplazadas en su mente por las duras palabras que hacía poco él le había dicho al muchacho.

Arrepentido, giró y alzó su rostro sobre su hombro buscando la mirada de Riza. Todo encajaba ahora pero necesitaba escucharlo de Riza. El hijo que tanto habían extrañado todos estos años estaba frente a ellos y sabía perfectamente quiénes eran ellos dos. Pero entonces… ¿Riza estaba al tanto de ello?

Notando la mirada del Coronel y la pregunta silenciosa que conllevaba. Riza habló con una voz más temblorosa de lo que ella misma se esperaba. "Es él, Roy." El corazón del Coronel se aceleró mientras la mano que Riza tenía sobre su pecho se apretaba hasta que sus nudillos se tornaron blancos. "Lo he sabido por un tiempo." Confesó con expresión arrepentida.

¿Ella lo sabía y no me dijo nada? Involuntariamente una leve expresión de molestia dirigida a Riza cruzó el rostro de Roy pero, antes de que pudiera pronunciar una palabra al respecto, Envy intervino.

"Hahaha buena jugada, Coronel. ¡Excelente manera de tratar al enano! Hahaha."

De inmediato, Roy devolvió su mirada al homúnculo y su mano recuperó los pocos centímetros de altura que había perdido tras la declaración de Ed. Por un momento se había olvidado del odio que esa pequeña y asquerosa cosa verde le provocaba, pero esas simples palabras le devolvieron la intensidad a las flamas de la venganza. Roy seguía firme en la idea de que el homúnculo debía morir en la forma más dolorosa posible pero ahora, si era sincero consigo mismo, también deseaba tener una manera de desahogar la rabia que estaba sintiendo hacia sí mismo y Envy era el blanco perfecto para ello.

"¡Cállate, maldito idiota! ¡Me tienes harto!" Exclamó molesto Roy mientras rozaba su pulgar e índice dejando ver las chispas de alquimia que sin duda causarían grandes llamas.

La poca confianza que Envy había ganado se desvaneció y dejó escapar un gritito de pánico.

"¡Coronel!" Riza exclamó con un tono mezclado de desesperación y arrepentimiento. "No dejaré que mate a Envy, así que baje su mano, por favor. Yo me encargaré de él."

Ed volvió a ver al Coronel pero el arrepentimiento y furia que Roy estaban sintiendo, lo hicieron incapaz de ver a los ojos a su hijo, optando por centrar su mirada en el ser que había desatado su deseo de venganza desde un inicio. "¡Pero después de todo este tiempo finalmente lo tengo arrinconado!" Gritó tratando de disuadir a Riza.

Forzando a que su voz sonara firme a pesar de todas las emociones que la embargaban, Riza respondió. "¡Lo sé! Pero… justo ahora, sus acciones no son para el bien del país ni para el bien de sus seres queridos. ¡El odio a sangre fría es lo que lo está guiando!" No pudiendo mantener a raya sus emociones por más tiempo, Riza cerró los ojos y habló con voz suave y temblorosa. "Por favor, Coronel… No debe tomar ese camino."

Recuerdos de Maes cruzaron rápidamente la mente de Roy. Hughes siempre había estado ahí para Roy cuando lo necesitaba y él no pudo hacer nada para impedir su muerte. Maes no merecía morir. Tenía toda una vida por delante al lado de su esposa e hija. Hughes siempre lo apoyó en las buenas y en las malas. Desde problemas militares hasta personales su amigo siempre estuvo para él. Incluso fue la única persona que, en su tiempo, estuvo al tanto de todo lo relacionado con Riza y, posteriormente, él estuvo para Roy cuando estaba destrozado ante la noticia de que era padre de un hijo que creyó que jamás podría encontrar.

La quijada de Roy se tensó, antes de que pudiera hablar. "Si vas a dispararme, hazlo."

Roy no lo pudo notar pero en ese momento la mano izquierda de Ed se apretó en un puño mientras que la expresión de Riza dejaba ver claramente el pánico y dolor que sus palabras le habían provocado.

"Pero… ¿qué harás después de que esté muerto?"

Riza bajó la mirada pero mantuvo el arma en la nuca de Roy. "No tengo intenciones de vivir sola. He hecho mucho daño y no merezco vivir." Riza ignoró el '¡Teniente!' preocupado que Ed dejó escapar. "Cuando esta batalla termine, me desharé de mi vida, junto con el secreto de la alquimia de fuego que ha llevado a hombres buenos a la locura."

Roy apretó en un puño la mano que tenía preparada para quemar a Envy. No podía decir que el deseo de deshacerse del homúnculo por su propia mano había desaparecido pero finalmente su mente se había abierto para dar paso a las consecuencias de sus acciones. Un chasquido más y Envy estaría muerto pero con él también moriría la humanidad y moral que Roy se había esforzado en mantener mientras ascendía en la milicia. Era increíble que en un corto período de tiempo el arrebato emocional que tuvo lo llevó a estar tan cerca de consumir una venganza que había ardido dentro de sí por casi un año pero que a su vez fue más que suficiente para herir profundamente a las personas que más quería.

Frustrado consigo mismo, Roy apuntó su alquimia al pasillo del lado derecho y chasqueó sus dedos, enviando una intensa llamarada de fuego en esa dirección al mismo tiempo que gritaba con todo su ser.

Dejando descansar sus brazos a sus costados y agachando la cabeza ligeramente, Roy dijo. "No puedo permitir eso. No puedo perderte a ti también." Después de hacer una pausa, Roy continuó. "¿Qué pasa conmigo?... Soy regañado por mi propio hijo." Ed frunció el ceño y desvió su mirada a pesar de que Roy tenía la vista fijada en el suelo. "Recibo un sermón de mi antiguo enemigo… y lo peor de todo, te empujo a considerar tal cosa." Aunque no la estuviera viendo, Riza sabía que esas últimas palabras estaban dirigidas a ella.

"He sido un verdadero idiota." Roy dijo con un tono que emanaba un gran arrepentimiento. Dándose la vuelta lentamente mientras se retiraba el guante de ignición, Roy extendió su mano izquierda y la colocó sobre el arma que Riza había mantenido apuntada a su nuca. "Baja el arma, Teniente." Enfocando su mirada en la de ella tratando de transmitirle su más sincera disculpa, continuó. "Lo siento." Y sin más, se dejó caer pesadamente en el suelo, sin poder atreverse a mirar a Ed después de lo que le había dicho.

Riza casi dejó caer su arma mientras observaba cómo Roy se desplomaba. El fuego de la venganza que ardía dentro del Coronel finalmente había sido apagado pero en su lugar había dejado un claro estado de miseria por lo que había sucedido. Sintiendo cómo sus piernas se debilitaban ante la gran sensación de alivio por no haber perdido a Roy en esas circunstancias, Riza no pudo mantenerse en pie por más tiempo y, de igual forma, se dejó caer quedando frente al Coronel.

Riza intentó hacer contacto con la mirada de Roy para disculparse por no haberle dicho que Edward Elric era su hijo pero Roy estaba tan avergonzado de sí mismo que había cubierto su rostro con una de sus manos, encerrándose en su propio mundo mientras asimilaba todo lo que acababa de ocurrir.

No sabiendo cuándo callarse, Envy volvió a hablar. "¡No fuiste un idiota!" Dijo dirigiéndose al Coronel. "Fuiste la persona más honesta de aquí. Actuaste de acuerdo a lo que tu instinto te indicaba y eso está bien, sobre todo considerando que al parecer tu leal asistente te ocultó algo muy importante por mucho tiempo." Dijo con todo el veneno que fue capaz de emitir en sus palabras.

Roy sintió una punzada en su corazón porque había algo de verdad en lo que decía el homúnculo, pero esta vez no iba a dejar llevarse por sus emociones. Riza tendría que explicarle muchas cosas pero primero Roy tenía que asegurarse de encontrarse lo suficientemente calmado para no arremeter contra ella de manera injusta.

Como si notara la decisión interna a la que Roy había llegado, Envy siguió. "¿Qué es esto? ¿Es alguna clase de concurso para ver quién es la persona más buena? ¡Voy a vomitar! Ustedes, los humanos, simplemente deberían dejar la pretensión de mantener la moral alta ¡y escuchar a sus instintos!" Intentando atraer una vez más la atención de Roy, el homúnculo lo llamó. "¡Coronel Mustang! Scar estaba tratando de matarte ¿no es así?" No obteniendo la reacción que esperaba, Envy desvió uno de sus ojos hacia Ed, quién lo había sostenido todo este tiempo en su mano de automail. "Y tú, enano, Scar asesinó a los padres de tu noviecita ¿cierto? ¡¿Cierto?!" Ed apretó ligeramente su quijada pero no mostró otra reacción que satisficiera al homúnculo. "¡Oh cierto! La niña de Ciudad del Este, aquella cuyo cuerpo fue combinado con el de un perro. ¡Scar también fue el que la mató! ¡¿No es así?!" Un destello de tristeza cruzó la mirada de Ed pero eso tampoco era lo que Envy quería. "Bien, ¿qué hay de Hawkeye? Según tengo entendido, ¡ella te abandonó porque eras un estorbo para que ella pudiera hacer su propia vida y andar de perrito faldero de Mustang!"

Riza miró alarmada a Edward, con la clara intención de defenderse pero Ed la detuvo negando tranquilamente con la cabeza. No iba a caer en los sucios juegos de Envy.

Notando el último gesto de Ed, Envy siguió hablando. "Bueno, entonces ¿qué les parece si hablamos de la guerra de Ishval que yo mismo inicié?" Miró a Riza. "Hahaha, gracias a mí pudiste matar a muchas personas, ¿cierto, Teniente Hawkeye?" Riza bajó la mirada recordando sus errores pero eso no fue suficiente para el homúnculo. "¡Scar! Dos de los asesinos más eficientes en el genocidio de tu gente están justo enfrente de ti. ¡Esta es tu oportunidad!" Scar simplemente lo miró con el ceño fruncido pero no hizo el intento de moverse. "¡Vaya grupo de gente tenemos aquí! ¡Sigan odiando, llorando y matando al otro mientras se retuercen en la miseria! ¡No hay manera en que ustedes, insectos, puedan vivir pacíficamente juntos! ¡¿No es así, enano?! ¡Hawkeye! ¡Mustang! ¡Scar!" Viendo que ninguno reaccionaba a sus palabras de la manera que esperaba, Envy comenzó a gritar en tono confundido. "¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡Maldición!"

Ed suspiró y habló con voz tranquila. "Envy, tú… estás celoso de nosotros." El homúnculo abrió enormemente sus ojos. "Se supone que los humanos sean mucho más débiles que ustedes, homúnculos, pero no importa cuántas veces seamos golpeados, nos desanimemos, perdamos nuestro camino o estemos cerca de caer. Incluso si sabemos que es por razones superficiales… seguimos luchando." Ed le dirigió una mirada con el ceño fruncido a Roy, quien se había movido ligeramente para poder ver al homúnculo, y después Ed suavizó su mirada cuando la posó en Riza. "Nos fortalecemos mutuamente." Ed bajó su mirada unos segundos antes de enfocarla en Envy. "Por eso… es que estás celoso de los humanos."

Envy se quedó congelado unos momentos asimilando las palabras de Ed hasta que comenzó a moverse intentando zafarse del agarre del rubio.

"¡Hey! No trates de escapar." La protesta de Ed fue en vano ya que el homúnculo siguió retorciéndose logrando liberar un poco de su cuerpo, razón por la que Ed acercó su mano izquierda. "¡Idiota! Si tratas de liberarte a la fuerza- ¡Auch!" Envy no lo dejó terminar dándole una mordida a uno de sus dedos provocando que, por reflejo, Ed lo soltara.

Envy cayó duramente al suelo e intentó alejarse del lugar donde había caído pero sus movimientos eran tan lentos que cada paso le tomaba varios segundos y recorría una distancia mínima.

Temiendo que Envy se atreviera a hacer daño de alguna manera, Riza se levantó y le apuntó con su arma. "No sabe cuándo rendirse."

Scar levantó una mano, indicándole que bajara el arma. "Espera. No le queda mucho tiempo."

Envy siguió avanzando lentamente mientras jadeaba hasta que finalmente se rindió y se detuvo completamente. "Qué humillante… ser reducido a esta forma… por simples humanos. ¡Ser la burla de ustedes, gusanos!" El homúnculo comenzó a llorar, se sentó y empezó a acercar sus manos a su boca. "Y lo peor de todo… El más patético e insignificante de ustedes… ¡El maldito mocoso me muestra compasión! ¡Es el insulto supremo!" Envy metió sus manos a la boca y, para sorpresa de todos, comenzó a sacar la piedra filosofal que le permitía vivir. "Haha, buena suerte con esa moralidad superficial tuya… veamos qué tan lejos te lleva." Con las pocas fuerzas que le quedaban, el homúnculo apretó su piedra filosofal hasta que reventó, causando que su cuerpo comenzara a desvanecerse en forma de polvo. "Adiós… Ed…ward… Elric."

Ed se quedó viendo cómo el homúnculo desaparecía con los puños apretados al mismo tiempo que el Coronel volvió a llevarse una mano al rostro para cubrir sus ojos, mientras decía. "Se suicidó. ¡Cobarde!"

El lugar se quedó completamente en silencio por unos minutos. Riza intentó conectar con la mirada de Edward pero el chico la mantuvo fija en el lugar en el que Envy se había desvanecido. En cuanto a Scar, él se recargó en una de las paredes manteniéndose prácticamente inmóvil con los brazos cruzados. Riza le echó un vistazo y, a pesar de que el ishvalano era un hombre sumamente duro y serio, ella pudo detectar una chispa de curiosidad en su mirada, seguramente por la revelación acerca de la conexión entre ellos y Edward que había salido a la luz momentos antes.

Suspirando, Riza decidió darle algo de espacio a Edward, por lo que se colocó de rodillas frente a Roy para poder colocar una mano en su hombro. "¿Coronel?"

Roy frotó su mano por su rostro para borrar el rastro de las lágrimas que habían logrado escapársele tras pensar en el daño que había hecho ese día. Cuando miró a Riza, ella rápidamente pudo detectar el enorme arrepentimiento que se arremolinaba en sus orbes negros junto a una confusión seguramente derivada de la infinidad de preguntas que debía tener acerca de Edward.

En voz tan suave que terminó siendo muy cercana a un murmullo, Roy preguntó. "¿Por qué?"

Un par de lágrimas se le escaparon a Riza. Sin duda, Roy estaba sufriendo por su propio arrepentimiento ante lo sucedido, pero también ella se sentía sumamente culpable por no haber sido capaz de revelarle durante todos estos meses que Edward Elric era su hijo. Ya había fracturado la relación de Roy y Ed al no permitirles conocerse hace tantos años y ahora los había distanciado aún más al guardarse la verdad y permitir que ésta terminara saliendo de la forma en que lo hizo.

"Lo siento…" Riza dijo con voz temblorosa mientras bajaba levemente la cabeza. "Lo siento… no encontré el momento propicio para decírtelo… Perdón." Ella respondió sabiendo perfectamente cuál era la pregunta que Roy le había hecho con su mirada. Al mismo tiempo retiró lentamente la mano que había colocado en el hombro del coronel.

Roy detuvo su mano en el aire y le dio un apretón, antes de seguir respondiendo en voz baja. "Ya hablaremos de esto." Roy mentiría si dijera que no estaba molesto por haber sido mantenido al margen de algo de lo que sin duda alguna debía haber estado enterado, pero ahora no podían abandonar a los demás en la enorme misión que tenían por delante. Además, había otra parte de sí que estaba sumamente agradecido de que Riza se hubiera quedado a su lado a pesar de que la había llevado al límite con su propia actitud destructiva de hace unos minutos.

Inhalando profundamente, Roy giró su rostro lo suficiente para poder ver a Ed, el cual seguía en la misma posición en que Riza lo había visto. Armándose de valor, se dirigió a él. "Edward…"

Ed se estremeció visiblemente y, por lo que Roy alcanzó a ver, frunció el ceño antes de girarse hasta quedar de espaldas a él. "Tenemos que seguir. Los demás nos deben de estar esperando." Sin esperar respuesta, Ed comenzó a andar.

No queriendo seguir en el incómodo silencio, Scar dijo antes de seguir a Ed. "Andando."

Roy sintió una punzada en su corazón. Sabía que estaban en medio de una misión pero la actitud de Ed hacia él, le daba la idea de que no quería tener nada que ver con él. Y no lo culpaba. No había sido su intención, pero prácticamente él mismo le había dicho eso en medio de su furia y ahora no podía borrar esas palabras por más que quisiera hacerlo. Además había permitido que su hijo viera la parte más oscura y terrible de sí mismo… De aquella sensación de compañerismo y cariño que había sentido cuando ambos habían hecho la promesa de los 520 cenz parecía no quedar nada ahora.

Tratando de no dejar que su rostro reflejara las emociones que lo estaban embargando, Roy se puso de pie y le extendió una mano a Riza para ayudarla a levantarse. Ella así lo hizo y después se limpió las lágrimas con una mano, tratando de enfocarse en la misión y no en todo el desastre emocional que se había desatado entre Roy, Edward y ella.

Lentamente, Roy y Riza caminaron hombro con hombro hasta retomar un paso normal para poder alcanzar a Ed y Scar, quienes ya les llevaban algunos metros de ventaja.

Riza trató de mantener su mirada al frente pero cuando lo hacía inevitablemente ésta se desviaba directamente hacia Edward haciéndola sentir inmensamente culpable por lo ocurrido entre él y Roy. Y eso la llevaba a mirar por el rabillo del ojo a Roy, quien parecía haber adoptado su máscara profesional pero las ligeras arrugas que se estaban formando en el contorno de sus ojos le hacían darse cuenta a Riza que él estaba tratando de ocultarlo pero en realidad también estaba sufriendo terriblemente por lo sucedido.

Roy, por su parte, se estaba esforzando en concentrarse en la misión pero no era fácil hacerlo cuando sólo podía ver cómo la espalda de su hijo mantenía su distancia de él y no hacía el menor esfuerzo para voltear a verlo o detenerse para poder hablar con él. Todo se complicaba aún más para Roy cuando pensaba en que esa situación era su culpa. Ahora que su mente se había librado casi por completo de la neblina causada por su odio, Roy estaba recordando y analizando cada una de sus acciones. Tenía grabada en su memoria el rostro de desesperación y miedo que Riza había tenido cuando trataba de detenerlo, y eso le hacía sentirse arrepentido. Pero ese no era el único recuerdo que lo estaba atormentando. Cuando sucedió no le prestó atención a la expresión de Ed, pero ahora que lo pensaba cuidadosamente en retrospectiva, su corazón se estrujaba al pensar que, cuando el chico le habló de su hijo y Roy le respondió despectivamente, los ojos dorados de Ed reflejaron un dolor, decepción y un sentimiento de traición que había intentado ocultar rápidamente con enojo.

Ahora, estando en sus cinco sentidos, Roy podía darse cuenta que esa mezcla de sentimientos seguían estando presentes, ya que las pocas miradas que Ed se atrevió a dirigirle seguían conteniendo esas emociones aunque tratara de disimularlas. Lo peor de todo es que las propias palabras de Roy habían causado esas emociones en su hijo.

De haber estado en otras circunstancias, Roy habría llorado y gritado de dolor y arrepentimiento por lo que había hecho. Había traído aún más sufrimiento a alguien que ya había sufrido bastante en el pasado. A pesar de no haberlo conocido cuando nació, Roy siempre deseó una vida feliz y sin preocupaciones para su hijo pero ahora descubría que sus deseos no habían sido cumplidos como lo esperaba. Roy era de las pocas personas que sabían el detalle de la vida pasada de los Elric, el dolor, miedo y sufrimiento que habían experimentado después de la transmutación humana e incluso el dolor y soledad que habían sentido tras la muerte de su madre.

Roy sentía cómo la opresión en su pecho crecía con cada segundo que pasaba. Había hecho sufrir a su propio hijo y eso lo hacía sentir miserable. Quizás antes no lo sabía, pero ahora que sabía que Ed era su hijo parecía que se había desatado un abismo inmenso entre ambos del que temía no poder deshacerse.

En cierta forma, la mirada de Ed le recordó lo sucedido con el incidente de la Teniente Segunda Ross. Ed lo había visto prácticamente de la misma manera que como lo hizo momentos antes. En aquel entonces todo se trató de un malentendido y Roy pudo volver a ganarse la confianza y el perdón del muchacho tras hacerlo partícipe de la verdad. Roy deseaba poder hacer lo mismo en esta ocasión pero… ¿cómo podría hacerlo en esta ocasión cuando no podía borrar las palabras que habían salido de sus labios? No podía negarlo, él había lastimado a Edward de manera cruel y directa. Roy apretó sus puños y parpadeó para alejar la humedad que amenazaba con posarse en sus ojos. No podía estar seguro pero, irónicamente, ahora que finalmente había encontrado a su hijo… podría terminar perdiéndolo para siempre.