PARTE 7 Esos Asuntos de Chicos
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Habían pasado unos cuantos días desde su pelea con el gigantesco Gekidrago y todo estaba en aparente calma. Ninguna de las dos bajaba la guardia pero tampoco se negaban a sí mismas el derecho a disfrutar de sus días de escuela. Nagisa precisamente estaba a un día de su primer partido como parte del equipo de lacrosse de Verone. ¡Estaba tan emocionada! Honoka también en todo caso. A los únicos a los que veía jugar eran a sus amigos de la infancia, pero sólo en los partidos de las finales. Ahora vería a su más nueva amiga jugar desde el principio de la temporada y eso la tenía animada.
"Te está quedando muy lindo-mipo", comentó Mipple mientras miraba lo que hacía Honoka.
"No es tan fácil como esperaba, pensar en los diseños y la mezcla de colores fue bastante desafiante", respondió una concentrada Honoka mientras tejía una pulsera con estambre. Por lo que sabía de las reglas de los partidos de lacrosse, las jugadoras no podían usar accesorios hechos con metales, pedrería o vidrio, por lo que el estambre y los hilos eran una mejor opción.
"Un amuleto de la buena suerte le gustará mucho a Nagisa-mepo", dijo Mepple alegremente. Estaba con Honoka porque Nagisa le pidió si el tonto podía estar con ella y Mipple en lugar de quedarse encerrado en la mochila.
"Estará listo para mañana", respondió Honoka con una sonrisa. Era sorpresa para su amiga, desde luego, así que cubría lo que hacía con sus manos con ayuda de una revista, precisamente una revista de bordados y tejidos que consiguió en la librería. Estaban cerca de la cancha de lacrosse, ese día no tuvo laboratorio y ya había terminado sus deberes como representante de grupo.
Al escuchar que sonaba el silbato que indicaba el final del partido y el entrenamiento, rápidamente guardó sus cosas y sacó otra revista, una de ciencia y tecnología, suficiente para fingir que había leído esa todo el tiempo mientras las chicas entrenaban.
"¡Mañana comienza el torneo, así que quiero que todas coman bien, descansen y duerman temprano! ¡Las necesito con su energía al 100%!" Exclamó la capitana y todas respondieron un sí al unísono.
Luego de un par de indicaciones de parte de la entrenadora, todas recogieron sus cosas, fueron a cambiarse la ropa y finalmente estaban listas para irse. Normal que Nagisa y Honoka se esperaran la una a la otra cuando no sabían si habría un ataque pronto. Nagisa rápidamente alcanzó a Honoka y ésta se puso de pie para recibirla.
"Gracias por esperarme", dijo Nagisa apenas su compañera se sacudió la falda.
"Buen trabajo en tu entrenamiento, Nagisa, lo harán bien mañana", dijo Honoka con una sonrisa suave.
"¡Así será, ya verás, ganaremos nuestro primer partido!" En serio se notaba emocionada. Aunque agotada, dio un par de saltitos. "¡Ah, estoy nerviosa!"
"Quizá sea buena idea que vayas directamente a casa", comentó Honoka. "Así podrás relajarte como se les indicó".
Nagisa puso mala cara.
"En mi casa es difícil relajarse, todos somos muy escandalosos", murmuró mientras se rascaba la nuca. "A decir verdad… Ah… Me relajo más en la tuya", agregó con voz aún más baja.
Honoka pudo escucharla y sonrió. Una sonrisa pequeña y feliz.
"Vamos, un poco de té y unos bocadillos te sentarán bien, incluso podemos hacer la tare─"
"Nada de tareas hoy, los deberes que tenemos no son para mañana", se quejó Nagisa de manera graciosa. "Honoka, aun no entiendo qué te emociona tanto de hacer las tareas de la escuela", hizo un berrinche al decir eso.
"No se trata de la tarea tal cual, si no de lo que aprendo por medio de cada una de esas tareas", respondió Honoka con emoción.
Nagisa sonrió con nervios.
"No te entiendo pero… Me alegra que lo disfrutes".
"Gracias".
Ambas compartieron una risa y fueron directo a casa de los Yukishiro. Y la casa, como siempre, tenía un ambiente tranquilo. Luego de saludar a la abuela, ambas fueron directo al dormitorio de Honoka, dejaron a sus pequeños amigos sobre el escritorio y lo primero que hizo Nagisa fue tumbarse de cara en la cama. ¡Siempre quiso hacer eso! Pegó su cara a uno de los cojines y respiró hondo. Huele a ella…
"Iré por algo de té, no tardo", dijo Honoka mientras miraba a Nagisa hacerse bolita en la cama. Se veía linda.
Por única respuesta, Nagisa hizo un ruido que casi sonaba a una afirmación mientras terminaba de derretirse en la suave cama. Honoka sonrió y fue por el té, pero al regresar sólo pudo sonreír con marcada ternura. ¿La razón? Nagisa estaba dormida, respiraba profundamente y había abrazado una de las almohadas. Incluso sonreía entre sueños.
Lo único que Honoka atinó a hacer fue cubrir a Nagisa con una manta más delgada y dejarla dormir todo lo que necesitara. No la despertaría para comer, pero sí le guardaría su ración. Y mientras Nagisa dormía, Honoka se dedicó a estudiar un rato y a hacer su tarea como tanto le gustaba hacer.
Ambas tenían sus propios gustos, no siempre encajaban, pero el truco era hacer que de alguna manera ambas pudieran funcionar.
Y estaban funcionando.
Sorprendentemente, estaban funcionando.
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El día siguiente llegó con un buen clima y un viento fresco, el cielo despejado y un gran ambiente. El equipo de lacrosse era de los más populares después del equipo de soccer varonil por lo que el pequeño estadio estaba casi completamente llenó. Ya todas las jugadoras estaban listas y el equipo rival ya se encontraba calentando. Nagisa estaba lista para unirse a su equipo pero Honoka la retuvo un momento. Terminó la pulsera hasta tarde, pero la tuvo a tiempo para el día del partido.
"Ten, te encargo al tonto de Mepple", dijo Nagisa con una sonrisa.
"¡No soy tonto-mepo!"
"Lo eres y punto", le peleó Nagisa mientras su compañera dejaba al Héroe junto a la Princesa dentro de su bolsillo. "¿Y qué querías decirme?"
"Más bien quiero darte algo", respondió Honoka con una sonrisa, de su otro bolsillo sacó la pulsera y se la mostró.
Los ojos de Nagisa se abrieron con sorpresa y de inmediato tomó el pequeño accesorio para verlo más de cerca y a detalle. Tenía tejido su nombre, 'Nagisa', con el kanji de victoria a ambos lados. Los colores eran en negro y rosa como su uniforme de Cure Black. Su sonrisa se hizo enorme y miró a su compañera.
"Espero que te guste, es un amuleto de la buena suerte. Yo misma lo hice", informó Honoka, repentinamente nerviosa.
"¡Me encanta! ¡Muchas gracias!" Exclamó Nagisa con alegría y le dio un apretado abrazo a Honoka, incluso la levantó y dio un par de vueltas junto con ella. ¡Estaba tan feliz! ¡Nunca le habían regalado algo así antes! La bajó pasados unos segundos y le extendió la pulsera. "¿Me la pones, por favor?" Preguntó, ligeramente ruborizada por más de una razón. Cargar a su compañera y pegarla a su cuerpo de esa manera la hizo sentir bien. Cómoda.
Por su lado, Honoka quedó roja por culpa del inesperado abrazo. El gesto fue efusivo, cariñoso y lo suficientemente cálido como para provocarle un leve corto circuito. Asintió torpemente cuando su amiga le pidió el favor y de inmediato le puso la pulsera, procurando que no quedara floja pero que tampoco le apretara.
"¿Así está bien?"
"Sí, está perfecta, muchas gracias, Honoka", respondió una sonriente Nagisa.
"Por nada", dijo una recuperada Honoka, aún sonrojada pero capaz de mantenerse ecuánime. "Iré a las gradas, ánimo en tu partido", dicho eso, acunó las manos de Nagisa entre las suyas y las estrechó gentilmente.
Ambas sintieron de inmediato el calor ajeno, la suavidad y esa extraña sensación que no podían explicar pero que era agradable experimentar. Incluso suspiraron hondamente.
"Ve, Nagisa".
"Sí… ¡Y voy a ganar!" Exclamó Nagisa con contento, se soltó más por fuerza que por ganas y echó a correr a la cancha para reunirse con el equipo.
Por su lado, Honoka fue a su sitio en primera fila. Nagisa, con ayuda de Kubota y Takashimizu, se las arreglaron para reservarle un buen lugar cerca de la banca del equipo y desde donde podría ver el partido a plenitud. No pasó mucho tiempo para que el partido diera comienzo con un silbatazo que hizo emocionar y gritar al público. Las porras animaban a sus respectivos equipos con fuertes voces, tambores y entrega, mientras que las jugadoras daban todo de sí en la cancha.
Honoka quizá no gritaba como los demás pero tampoco perdía de vista el partido, analizaba a Nagisa y cómo jugaba, cómo evadía y cómo se movía por toda la cancha a una velocidad de relámpago, ¿cómo podía alguien ser tan rápida? Nagisa en serio lo era. Nagisa era fantástica.
Por su lado, Nagisa estaba concentrada en lo suyo, se movía, recibía y daba pases, evadía y se levantaba cuando llegaban a tirarla luego de una embestida. Era un juego rudo pero Nagisa podía con eso y más. Mientras esperaba y estaba atenta a que las defensas se encargaran de repeler un ataque oponente, Nagisa echó un vistazo rápido hacia Honoka. Sus ojos se abrieron como platos y su corazón saltó dentro de su pecho al sentir que sus miradas se conectaban.
Honoka…
Nagisa tragó saliva y casi de inmediato vio una sonrisa en su compañera y una discreta señal de ánimo de parte de ésta. Uno gesto mudo, discreto, sólo para ella. Eso pareció encender algo dentro de Nagisa. Justamente alguien gritó su nombre, la pelota iba en su dirección. La atrapó y, cual rayo, cual bólido, cual bala disparada por un cañón, salió corriendo en dirección a la portería del otro equipo.
Nadie fue capaz de detenerla.
Y mucho menos de impedir que Nagisa clavara la pelota en el arco oponente con un disparo digno de un cañón. La portera contraria no pudo ni reaccionar, todo fue demasiado rápido.
La gente celebró el gol con un gran escándalo, pero Nagisa no ponía demasiada atención, no cuando sus compañeras se dieron unos segundos para felicitarla por su gran debut en el equipo. Y fue la misma Nagisa quien se dio unos segundos para mirar hacia su compañera y levantar su red en su dirección a manera de celebrar el gol sólo con ella. Honoka respondió el gesto con un amplio movimiento de brazo y Nagisa de inmediato regresó a su lugar.
El partido siguió.
Lamentablemente para Honoka, no pudo quedarse a ver el último cuarto del partido. Mepple y Mipple le avisaron de la oscura presencia de Gekidrago, se estaba acercando y eso la alertó. ¡Había demasiada gente en la escuela en ese momento! Si se le ocurría absorber energía o algo parecido sería un gran problema. Además no quería que interrumpieran el partido de Nagisa. Sin pensarlo siquiera, salió corriendo siguiendo las indicaciones de los pequeños seres de luz.
"Tenían que atacar justo hoy, no puedo creerlo", murmuró Honoka con gracioso enfado.
"Comienzas a sonar como Nagisa-mepo, no dejes que te contagie sus malos hábitos-mepo", comentó Mepple y su novia sólo soltó una risilla nerviosa.
"¿En serio?" Escuchar eso le cayó en gracia a Honoka y sólo pudo sonreír. "Espero que Nagisa no abandone el partido si también sintió esa energía…"
"Ya falta poco para que acabe-mepo, ¡pero no deberías arriesgarte así-mepo!"
"Nagisa me alcanzará pronto, lo sé", dijo Honoka con confianza y siguió su veloz carrera, ésta vez el gigantón había aparecido en una de las canchas de tenis de la escuela, desocupada a esa hora porque Verone era el equipo visitante, pero no que Honoka lo supiera. Lo que sí había era una pequeña cantidad estudiantes desmayados, los que no eran parte de ningún equipo deportivo y simplemente descansaban en la zona cercana.
"¡Ahí está-mipo!"
Justo como Honoka temió, el grandulón robaba energía vital de manera peligrosa. ¿Quizá para fortalecerse? Era posible. ¡Además se estaba moviendo hacia las zonas más pobladas de la escuela! No pensaba permitirlo.
"¡Hey, tú!" Una brava Honoka se detuvo cerca del grandulón. "¡Será mejor que te largues de aquí!"
Gekidrago le miró con su mejor cara de tonto para enseguida enfurecerse.
"¡No te haré caso! ¡Roaaaar!" Y su gruñido salió al mismo tiempo que flexionaba sus enormes brazos y absorbía energía hasta de las plantas.
Honoka tensó la quijada y pronto se le ocurrió un plan y le habló en voz baja a sus pequeños acompañantes.
"Síganme la corriente, hay que provocarlo", murmuró y miró al grandulón. "Esa energía no te servirá de mucho", dijo con una sonrisa. "Lo que buscas son las piedras, ¿o no? ¡Pues yo las tengo!" Y para reafirmar sus palabras, le mostró ambos teléfonos. Por Mipple y Mepple sabía que ellos tenían las piedras en su pequeño espacio-burbuja. "¡Ven por ellas si puedes!"
Eso bastó para ganarse por completo la atención del grandulón, que de inmediato caminó hacia ella con pasos furiosos.
Honoka corrió hacia la parte trasera de la escuela donde sabía que, a esa hora y por los eventos deportivos, no habría nadie cerca que pudiera salir dañado. A lo más alguno caería dormido. Sólo le quedaba hacer tiempo hasta que Nagisa llegara y para ello usaría todas las cartas que tenía a la mano.
En el otro lado de la escuela, el partido seguía. Ambos equipos estaban empatados a dos puntos y jugaban con ferocidad para sacar ventaja en los últimos minutos de juego. Nagisa no tuvo tiempo de volver a mirar hacia su compañera, estaba concentrada en el partido como todas las demás. Conforme pasaban los minutos, Nagisa y sus compañeras se agruparon para una de sus estrategias relámpago, era un todo o nada, si fallaban quizá quedarían sin defensa ante el otro equipo, pero tenían el tiempo contado.
Finalmente, luego de recuperar la pelota cuando sus oponentes fallaron un tiro, la defensa del equipo de Verone avanzó para ayudar en la ofensiva, las de media cancha y las delanteras se pasaban la pelota constantemente para no dejar a ninguna a merced de la defensa de sus oponentes y finalmente la pelota llegó a Nagisa. Ésta, con el aliento y los ánimos recuperados, corrió a toda velocidad hacia la portería ajena. Parecía que iba a tirar, así que las defensas se fueron sobre ella. Nagisa, siguiendo la estrategia, mandó un pase a su capitana, que estaba mucho mejor posicionada y más libre y lanzó la pelota a la portería.
La capitana anotó el punto con una precisión digna de admirarse y a los pocos segundos sonó el silbatazo anunciando el final del juego. Las chicas se felicitaron entre sí, se abrazaron e incluso se encimaron las unas en las otras. A Nagisa le reconocieron su buen trabajo como debutante en el equipo y ésta, contenta y sin poder contenerse, besó la pulsera que tenía en la muñeca derecha.
Nagisa de inmediato buscó a Honoka con la mirada pero no la encontró en su sitio. Bastó preguntarse mentalmente su paradero para sentir ese pinchazo en su pecho, la más clara señal de que había energía oscura cerca. ¿Un enemigo? Ni siquiera esperó a confirmarlo, directamente echó a correr en la dirección que le marcaba su instinto. No escuchó cuando sus compañeras le llamaron.
¡Honoka…!
Por su lado, Honoka logró lo que quería: alejar a Gekidrago de las zonas pobladas y ahora era ella quien peleaba por su propia vida. Ya con una compañera enlazada a ella había perdido la capacidad de invocar el brazalete como hacía antes, pero la misma Honoka calculó que ese poder no sería suficiente para enfrentar al grandulón. Corría, evadía y le jugaba tretas como esconderse para hacer tiempo.
Nagisa…
Los minutos pasaban más lento de lo que le gustaría. La paciencia de Gekidrago finalmente se agotó y, con un rugido, absorbió tanta energía de vida de los alrededores que los árboles se secaron. Se notaba que le costaba trabajo mantenerla, pero lo siguiente que hizo confundió a Honoka, que fue compactar con sus enormes manos esa energía blanca hasta volverla una esfera, misma que se tragó.
Por cierto, que el escondite de Honoka quedó al descubierto cuando el arbusto donde se escondía se secó hasta las raíces y se hizo polvo. Incluso las edificaciones más cercanas lucían viejas, desgastadas y decrépitas, ¡como si fueran construcciones abandonadas desde hace cientos de años!
Eso podía ser malo.
En cuanto Gekidrago se hizo de esa energía, fijó su atención en Honoka y se movió a una velocidad demasiado alta para alguien tan corpulento y pesado, estaba listo para embestirla. Honoka evadió por un pelo, pero quedó demasiado cerca del enemigo. El grandulón estuvo a punto de aplastarla con sus enormes manos y de pronto algo jaló a Honoka.
¡Era Nagisa!
Tanto Honoka como Nagisa se mostraron aliviadas por la pronta aparición de ésta última. Pero la jugadora de lacrosse no estaba muy contenta por una razón.
"¡Debiste llamarme, casi te aplastan!" Le regañó Nagisa con mucha razón.
A Honoka, desde luego, no le cayó bien que le riñeran. ¡Ni siquiera su abuela lo hacía!
"Sabía que ibas a llegar", replicó Honoka de inmediato. "Me las arreglé bien, siempre lo he hecho".
"¡Casi te aplastan!"
"¡Pero no pasó!"
Y Gekidrago también lanzó un grito de enojo e intentó atacarlas. Nagisa y Honoka, pese a mirarse la una a la otra con sus ceños fruncidos, se tomaron de la mano mientras se alejaban los suficiente del peligro para que Honoka le devolviera su teléfono a Nagisa. Su brillante transformación no se hizo esperar, el intenso poder que conllevaba dicha transformación obligó al grandulón a retroceder.
En la cabeza hueca de Gekidrago se repetía la orden de su Señor de recuperar las Piedras, así que decidió no huir. Incluso si no obtenía las Piedras Prisma podría llevar esa energía de Vida consigo, después de todo su Amo la necesitaba. Apenas vio que ellas estaban ya transformadas, se lanzó al ataque cual bestia en embestida.
Black y White, por su lado, tenían sus propios asuntos.
"¡Eres demasiado imprudente!" Black siguió regañando a su compañera.
"¡No lo soy! ¡Sé lo que hago!" Se defendió White de inmediato.
"¡Pudiste hacerte daño!"
"¡Pero no pasó!"
"¡Siempre haces cosas peligrosas! ¡Argh, no puedo creerlo!"
Y mientras se gritaban, Gekidrago no dejaba de atacarlas ni éstas de evadirlo en perfecta sincronía. El par detuvo sus saltos al mismo tiempo, plantaron bien sus pies en el suelo y cuando Gekidrago intentó atacar, bastó una llave de Cure White para que el grandulón quedara de espaldas al suelo. Cure Black aprovechó para saltar y darle un golpe en el estómago con una rodilla para enterrarlo más en el suelo. Cuando Gekidrago intentó alcanzar a Black, White rápidamente asistió a su compañera, librándola de cualquier ataque.
Honoka comprendía la preocupación de Nagisa, en serio la entendía pero no veía lo malo, siempre lo había hecho así, no deseaba que nadie más saliera herido, no si ella podía evitarlo. Por mucho tiempo Honoka fue la única que podía evitar ese peligro. Estaba muy contenta con su compañera, desde luego, pero había costumbres que no podía quitarse de un día a otro.
Por su lado, Nagisa comprendía que Honoka estuvo por su cuenta más de un año y era solitaria como un tigre, ¡pero ahora estaban juntas, diablos! Justo eso decidió no callarlo. Al menos procuró no seguir gritando.
"Escucha, sé que hiciste todo sola desde que entraste a la escuela", dijo, tratando de razonar con su temeraria compañera. "Pero ahora estamos juntas en esto, somos compañeras de combate", continuó Black y enseguida puso cara de reproche. "Y además somos amigas, deberías confiar más en mi". Poco le importaba que el grandulón estuviera de nuevo en pie y listo para atacarlas.
Esas palabras se sintieron como un golpe e hicieron efecto en Honoka. La chica abrió la boca pero no supo qué decir, simplemente miró a un lado mientras ponía cara de niña regañada.
"Confío en ti… Confío tanto en ti que sabía que llegarías a tiempo", respondió entre labios, terriblemente avergonzada por más de una razón que no sabía explicar. "Además éste fue tu primer partido, no quería que nada te lo arruinara…"
Honoka ni siquiera se defendió, simplemente expuso sus propias razones y eso Nagisa supo entenderlo. Fue su turno de sonrojarse y no saber qué decir.
A mencionar que Gekidrago estaba poco complacido de la nula atención que recibía. Se enfureció y estaba listo para atacar con los puñetazos más veloces que podía dar.
"¡Dejen de ignorarme!" Gritó, furioso.
"¡¿No ves que estamos en medio de algo importante!?" Reclamó el par al mismo tiempo con los rostros enrojecidos. Se tomaron de la mano y estiraron sus manos hacia el gigante.
Gekidrago se dio cuenta, más pronto que tarde, que quedó totalmente a merced del par de guerreras de la Luz.
"¡Black Thunder!"
"¡White Thunder!"
El guerrero oscuro sabía que era demasiado tarde para retroceder, intentó desaparecer, pero fue medio segundo más lento que sus oponentes.
"¡Marble Screw!"
El rayo bicolor y esa intensa luz bañándolo fue lo último que vio Gekidrago. Lo único que quedó de él fue una Piedra Prisma y esa pequeña esfera de Luz que terminó por romperse y volver al sitio de dónde había salido. El paisaje rápidamente se reparó, así como cualquier daño producido por la batalla.
Black y White fueron por la Piedra y se miraron mientras volvían a su forma civil. Nagisa suspiró hondo y le mostró su muñeca a Honoka, mejor dicho, la pulsera.
"No sé si lo viste, pero… Ganamos el partido, yo asistí con un pase en el último punto", informó Nagisa con una recuperada sonrisa. "Gracias por el amuleto, me sirvió mucho. Lo usaré siempre".
Honoka igualmente sonrió.
"Gracias por llegar a tiempo. Prometo no volver a arriesgarme tanto".
El par no tardó en sonreír y poner atención a la nueva Piedra Prisma que tenían en manos, ¡lo habían logrado! De hecho, las sonrisas de ambas se ampliaron y chocaron sus palmas a manera de celebración.
"Tenemos que ir con mi abuela a poner ésta nueva Piedra a salvo", dijo Honoka con una sonrisa dulce, miró a Nagisa. "Pero si estás agotada por el partido…"
"Puedo descansar un rato en tu cama si me dejas", respondió Nagisa enseguida.
"Sabes que sí", y Honoka no pudo evitar echarle un vistazo a Nagisa de pies a cabeza, sonrió un poco más. "Te ves muy bien con tu uniforme, en serio".
"Ah", en respuesta, Nagisa se llevó una mano a la nuca y rió nerviosamente. "Gra-Gracias. Me gustó mucho el uniforme", fue lo único que pudo decir. "Debo ir a cambiarme, espero que no me regañen", dijo aún nerviosa.
"Te espero cerca de la entrada", y estiró su mano hacia Nagisa. "¿Me llevo a Mepple?"
"No, éste tonto viene conmigo".
"¡No soy tonto-mepo!"
"Lo eres, tonto, andando", dijo y se despidió de Honoka. "Trataré de no tardar mucho, si algo pasa o me retienen mucho, te mandaré un mensaje, ¿de acuerdo?"
"¡De acuerdo!"
Con una sonrisa y un gesto de mano, Nagisa corrió en dirección al pequeño estadio y Honoka fue con más calma hacia donde solían esperarse después de clases. Ya no había rastro de energía Oscura y con suerte nada impediría que se fueran a casa.
No había sido un mal día.
==o==
Nagisa iba camino a la escuela, se notaba bastante contenta por cada una de las felicitaciones que había recibido en el camino de parte de más de un compañero de escuela, ¡incluso de otros grupos! Chicos y chicas por igual le felicitaban y Nagisa no podía evitar sonrisas de pena, nerviosismo y un orgullo propio de una atleta como ella. De momento iba sola, no se había topado con ninguna de sus amigas o compañeros de clase más cercanos. Aunque hablaba bien con todos, sus amistades más cercanas eran Shiho y Rina, y recientemente Honoka.
Por esa misma razón, a Nagisa le cayó de sorpresa que alguien le llamara con tanta insistencia.
"¡Misumi-san! ¡Misumi-san, espera, por favor!"
Una voz masculina. No le era familiar pero sin duda era la voz de un chico. Nagisa se detuvo y se giró. El chico castaño justamente se detuvo a un metro de ella mientras recuperaba el aire. Nagisa lo miró un poco más, no tenía un mal porte, de hecho era bastante alto (aunque calculó que no más alto que Fujimura) y su cabello alborotado le quedaba bien. Larguirucho pero con hombros amplios y brazos fuertes.
"¿Qué pasa?" Preguntó Nagisa mientras miraba al chico con curiosidad.
"Soy Hasekura de la clase de al lado, miembro del equipo de baloncesto de la escuela", se presentó con voz firme, alta y una posición recta un poco exagerada.
Tan sólo por su lenguaje corporal confirmaba que era del mismo gremio que Nagisa, el de los deportistas. Y a la presentación del chico, simplemente asintió y con un movimiento de cabeza lo animó a seguir.
"Necesito decirte esto", dijo, ligeramente sonrojado. "Te vi ayer en tu partido y me gustó mucho tu energía y actitud. Me gustaste mucho, ¡sal conmigo, por favor!"
Y sucedió. Lo que Nagisa quería para sus años mozos de escuela acababa de suceder, pero por alguna razón los nervios que sentía eran un tanto incómodos y estaban creciendo.
"Yo…"
Lo que tampoco le ayudaba a Nagisa fue que la alta voz del chico atrajo la mirada de más de un curioso que se quedó a ver. Alumnos y alumnas por igual poco a poco los rodeaban y hablaban con ninguna discreción de la declaración y se preguntaban qué iba a contestar la chica.
Hasekura igualmente pareció nervioso pero la primera en quebrarse fue Nagisa. La presión pudo más que ella y su única reacción fue echarse a correr. ¡No entendía por qué estaba escapando! El chico que le hizo esa declaración no era de mal ver, de hecho era guapo a su manera y tenía una gran sonrisa y dio una buena primera impresión, pero Nagisa huyó. Simplemente huyó y no comprendía el porqué.
Llegó a la escuela agitada y con el corazón en la garganta, Shiho y Rina llegaron unos minutos después mientras Nagisa trataba de tranquilizarse. Por supuesto que escucharon todo lo sucedido.
"Nagisa, ¿es cierto que un chico se te declaró?" Preguntó Rina de inmediato, se notaba emocionada.
"Ah, yo…" La pobre Nagisa apenas podía coordinar palabras.
"¿Hasekura-kun del grupo de al lado, verdad?" Insistió Shiho casi fuera de sí. "¡Nagisa, eres fantástica, ya se te están declarando los chicos!"
"Eso fue…Bueno…"
"¡Y Hasekura-kun es muy guapo, qué envidia!"
Nagisa estaba a nada de caer fulminada, torpemente alcanzó a cambiarse los zapatos. ¿Cómo podía decirles que se sentía rara con la confesión que toda chica de escuela imaginaba? ¡Porque en serio se sentía muy rara con todo eso! Sus amigas le miraban con insistencia y por suerte llegó su ángel salvador. Honoka apareció y saludó a las chicas y fue directo a cambiarse los zapatos con calma.
"¡Yukishiro-san, Yukishiro-san, Yukishiro-san! ¿Escuchaste la noticia?" Preguntó Shiho.
"¿Noticia?" Honoka se notaba curiosa pero calmada.
"¡Hasekura-kun de la clase de al lado se le declaró a Nagisa!" Respondió Rina con viva emoción.
Honoka abrió un poco más los ojos y miró a Nagisa, ¡eso sí era una sorpresa! Pero notaba rara a su amiga. Por su lado, Nagisa esperó a que Honoka se cambiara los zapatos para tomarla de la mano y salir corriendo de escena.
"¡Nos vemos en el salón!" Exclamó Nagisa y se llevó a Honoka a toda velocidad.
Honoka simplemente le siguió el paso, pero no fueron a su salón de clases, si no al techo de la escuela. Tenían tiempo de hablar antes de que comenzara la clase, así que Nagisa se permitió a sí misma derrumbarse contra el muro mientras se cubría el rostro ruborizado con ambas manos. Su sonrojo era fácil de adivinar porque tenía las orejas rojas como tomates.
"Nagisa, ¿qué pasa?" Preguntó Honoka mientras se sentaba frente a ella y ponía una mano en el hombro de su amiga.
"No lo sé… En serio no lo sé… Es sólo que… Me sentí muy nerviosa cuando ese chico me pidió salir con él", respondió Nagisa sin levantar la cara.
"¿Nerviosa por la sorpresa o nerviosa por incomodidad?" Preguntó Honoka sólo por confirmar, ¡por supuesto que quería ayudar a Nagisa! ¡Eran amigas! Sentía muchas cosas más por ella, pero ese no era el momento, Nagisa la eligió a ella y a nadie más para desahogarse. Pensaba corresponder el voto de confianza de su compañera.
"Un poco de ambos, creo, pero me sentí más incómoda a decir verdad", confesó Nagisa y miró a su amiga. "¿Te ha sucedido algo así antes?"
"Pues… Sí. Digo, no he sentido nervios tal cual, pero cuando se me confesaban los chicos en secundaria y en primer año aquí mismo, no me sentía cómoda con las confesiones. Nunca me he sentido cómoda cuando los chicos me hablan para eso, así que siempre los rechazo", explicó Honoka calmadamente.
Nagisa abrió los ojos con sorpresa. Bueno, no le sorprendía que a Honoka se le declararan desde antes, y antes, por supuesto, de tener su fama de delincuente en la escuela. Quizá eso le había asustado a cualquier futuro pretendiente, pero de todos modos esas palabras le ayudaron a salir un poco de su propio ataque de nervios. Aunque seguía roja, se destapó el rostro y encaró a su amiga.
Honoka tragó saliva de manera discreta cuando Nagisa clavó sus ojos en los de ella. Sus ojos eran preciosos. Nagisa sintió más o menos lo mismo, pero su curiosidad y escándalo eran más fuertes en ese momento.
"¿En serio los rechazabas así nada más?"
"Sí".
"¿Por qué?" Nagisa en ese momento estaba más interesada en las antiguas declaraciones de amor de Honoka que en la propia más reciente. "Seguramente eran chicos guapos y agradables", se lamentó, alguien como su amiga y compañera de batallas seguramente atraía a personas tan guapas y talentosas como ella misma.
"Todos fueron respetuosos conmigo y creo que en estándares de belleza generales sí entraban en la clasificación de chicos guapos, pero personalmente no me atraían y siguen sin hacerlo", explicó tranquilamente. Se animó a tomar una de las manos de Nagisa con gentileza. Era bueno que al menos estuviera más tranquila.
Nagisa abrió la boca pero no supo qué responder. Su amiga ni siquiera les daba una oportunidad. Suspiró hondo.
"Compartí clase con Hasekura-kun el año pasado", continuó Honoka y miró a Nagisa con interés. "Es guapo según el estándar y sin duda es agradable por lo que recuerdo de él", le sonrió de manera calmada, todo en afán de mantenerla tranquila. "¿Qué es lo que te incomoda de toda ésta situación?"
Y de nuevo, Nagisa no tuvo respuesta.
Justamente cuando pensaba en cómo Honoka no le dio ninguna oportunidad a alguno de esos chicos, justamente ella misma tampoco estaba muy dispuesta a predicar sus propias ideas. Abrió la boca y de inmediato la cerró. Honoka supo leerla.
"No soy quién para decirte lo que debes hacer con tus relaciones personales", aclaró Honoka antes de decir otra cosa, "pero si te sientes incómoda de mala manera, recházalo. Si simplemente son nervios normales, entonces date la oportunidad de conocerlo sólo si tú quieres".
Las firmes palabras de Honoka ayudaron a Nagisa a dejar de apretar las manos. Abrió un poco más los ojos y asintió.
"Tienes… Tienes razón", tragó saliva. "Además, tengo que estar contigo por si algo pasa en la escuela o…" Volvió a callar cuando su amiga presionó una de sus manos con gentileza.
"Lo último que haría es entrometerme en algo que quieres hacer, nunca me lo perdonaría, Nagisa", dijo Honoka con esa dulzura tan propia.
"Honoka…"
"Lo importante es cómo te sientes tú y qué es lo que quieres hacer, Nagisa", continuó, usando las palabras que su abuela ya le había dicho más de una vez. Sabias palabras de los viejos, Honoka siempre hacía caso a su abuela.
"Lo que yo quiero hacer", Nagisa murmuró mientras pensaba seriamente en ello.
Y justamente escucharon la campanada que indicaba el pronto inicio de clases. Un primer aviso para que todos los alumnos llegaran pronto a su salón.
"¿Nos vamos? Espero que el día te alcance para decidir algo", dijo Honoka y la ayudó a ponerse en pie ya que aún la tenía sujeta de la mano.
Nagisa estrechó la mano de su amiga antes de soltarla.
"Yo también, haré lo que deba hacer. Muchas gracias por escucharme, Honoka".
"No tienes nada qué agradecerme", y ella misma la animó a caminar. "Vamos o llegaremos tarde".
"¡Vamos!"
Las clases y el día en general siguieron con normalidad, no había nada que amenazara con arruinar el día, al menos a primera vista. Ninguna de las dos sentía presencia oscura alguna de ninguna magnitud. Quizá los enemigos se estaban preparando o reuniendo energías lo cual ya era bastante malo de entrada, pero lo más sano para ambas era concentrarse en sus estudios (más Honoka que Nagisa) y el resto de sus actividades y vida escolar (más Nagisa que Honoka) del día a día.
Sí, así era mejor.
Honoka no solía estresarse y Nagisa prefería no estresarse.
Definitivamente era lo mejor.
El día se les fue pensando en el asunto de la declaración amorosa de Nagisa. Por suerte para Nagisa, Hasekura no se presentó de nuevo, por lo que era fácil adivinar que la esperaría hasta que finalizaran las clases. Nagisa no tenía entrenamiento ese día, pero Honoka sí debía asistir al laboratorio.
"Te digo, no quiero que pase un ataque y yo no esté cerca, Honoka ya está lo suficientemente loca como para arriesgarse sola, no quiero que le pase nada", le explicó Nagisa a Mepple mientras iban a esperar a Honoka al sitio de costumbre.
"En eso tienes razón-mepo", dijo Mepple, comprensivo. Ésta vez no tenía ganas de molestar a Nagisa, ella no se veía muy cómoda y había momentos donde el jugueteo y peleas de hermanos debían esperar. "¿Y qué harás con el chico?"
"Pues lo voy a rechazar, en serio no me interesa", respondió Nagisa y luego suspiró de manera honda. "Digo, es lo que quería, lo que una chica de escuela quiere, que un chico guapo se le declare", continuó. Claramente Hasekura no era de mal ver en lo absoluto pero… Decir que alguien más llamaba su atención sería ponerse en evidencia.
"¿No le darás la oportunidad-mepo?" Mepple preguntó lo mismo que Nagisa se preguntó en su momento cuando habló con Honoka por la mañana. "Es posible que descubras muchas cosas de él, así es como se conocen las personas-mepo".
Ciertamente Mepple tenía razón, pero Nagisa no estaba cómoda con la idea.
"Sí, pero…"
Lo importante es cómo te sientes tú y qué es lo que quieres hacer, Nagisa.
Recordó las palabras de Honoka y toda la verdad que cargaban. Pensar en eso la calmó e incluso la hizo sonreír de recuperada manera.
"Hay otras cosas que quiero hacer, Mepple. Y aunque quisiera, lo mejor para todos es que no metamos a más personas en nuestras peleas", dijo a manera de desviar ligeramente el tema a otro punto que siempre era importante considerar. "La razón por la que Honoka se mantenía alejada de mí al principio era para que no me pasara nada. Esa es la misma razón por la que no se acerca mucho a nadie más", puso gesto serio. "Lo menos que puedo hacer es mantener a otros alejados del peligro".
"Esas palabras son demasiado geniales para una chica como tú-mepo", comentó Mepple de manera alegre, lo que fuera para relajar a Nagisa aunque sea con una rabieta.
Lo logró.
"¡Oye, yo puedo ser bastante genial!" Se quejó Nagisa.
Discutieron unos minutos más y Nagisa se dio cuenta que Hasekura no aparecía. ¿Quizá tenía entrenamiento? Dijo que era del equipo de baloncesto, ¿verdad? Sea como fuere, prisa por verlo o ir a buscarlo no había, así que decidió ir a otro lado al que sí tenía muchas ganas de ir: la cancha donde entrenaba el equipo de fútbol.
"Deberíamos ir al laboratorio-mepo", se quejó Mepple.
"Tú sólo quieres que consiga que Mipple esté contigo, pero olvídalo, no vamos a molestar a Honoka, ¿entendido?" Le regañó Nagisa.
Mepple hizo sonidos de berrinche pero no insistió más. Además, conforme se acercaban al lugar, podían escucharse los gritos emocionados de las chicas que veían el entrenamiento, aunque ésta vez sonaban más escandalosas que de costumbre. Al llegar, grande fue su sorpresa de ver incluso a Shiho y a Rina ahí, fue con ellas a ver qué era lo que estaban viendo. Y precisamente lo vio, valga la redundancia. Un chico que claramente era de primer año estaba en la cancha jugando contra todos, ni siquiera tenía el uniforme de fútbol, sino el de la escuela. De hecho, los chicos del equipo le reclamaban que interrumpiera el entrenamiento de esa manera.
"¡Nagisa, Nagisa, Nagisa!" Una emocionada Shiho le recibió. "¡Mira a ese chico tan lindo!" Señaló al muchacho.
"¡Es tan guapo!" Exclamó Rina.
Más que sorprendida por su apariencia (admitía que sí era lindo) fue más su habilidad física lo que llamó la atención de Nagisa. El chico evadió a los altos y veloces defensas, luego a los de media cancha y finalmente se enfrentó a Fujimura y Kimata. Ver eso hizo que Nagisa apretara los puños por la tensión. En el fondo de su corazón deseaba que Fujimura le diera una lección de humildad al de primer año y le quitara el balón, pero no sucedió.
El chico, con movimientos dignos de un profesional, evadió a ambos y metió un gol sin que el portero pudiera hacer nada. Las chicas estallaron en un grito de celebración y admiración mientras los chicos del equipo se reunían alrededor del muchacho desconocido.
"Dicen que su nombre es Irisawa Kiriya y es de primer año, no pudo entrar desde el primer día por asuntos familiares, pero escuché que en su examen de ingreso salió con notas perfectas", informó Rina sin perder detalle alguno.
"Pero parece que él va a ser de los nuestros", dijo Shiho con emoción. Y con ello se refería al popular grupo de los deportistas. "¡Eso quiere decir que podremos platicar más con él!"
"¡Cierto!"
Ambas dieron saltitos de emoción antes de gritar a todo pulmón y al mismo tiempo.
"¡Kiriya-kun!"
Nagisa sólo suspiró y negó con la cabeza, ese par no tenía remedio. Veía el encanto del muchacho, mismo que se acentuó al momento en que se giró para saludar a las chicas que gritaban su nombre. Eso las alborotó más, desde luego. Y en parte Nagisa estaba agradecida que el escándalo que provocaba el chico nuevo fuera más poderoso que el asunto de su declaración romántica de la mañana.
Lo que sucedió a nivel de cancha fue el carismático chico presentándose formalmente ante el equipo y pidiendo el ingreso al mismo. Oh, y disculpándose por la manera tan poco apropiada de entrar en la cancha. Logró ganarse a los mayores y fue el mismo Fujimura quien se encargó de acompañarlo a hacer su registro en el equipo.
Lindo, inteligente, encantador y atlético, eso fue más que suficiente para ganarse la admiración de quienes lo vieron llegar y que los rumores sobre él se esparcieran cual pólvora encendida por toda la escuela.
Tan rápido que los rumores llegaron al laboratorio en cuestión de minutos.
"¡Oigan! ¿Escucharon del chico que entró recién a primer año?" Fueron las palabras de una de las chicas del club de ciencias. Todos le pusieron atención, no sólo las chicas, los chicos también. "¡Todos dicen que jugó y derrotó a Fujimura-kun en un partido!"
Y eso se ganó la sorpresa de todos los presentes… De casi todos. Honoka estaba ocupada haciendo la programación de una mano robótica que iban a presentar en la próxima feria de ciencias, sería dentro de un mes pero su proyecto era particularmente ambicioso y hasta los de tercer año agradecían tener a Yukishiro trabajando con tanta entrega. Todos la respetaban bastante pero preferían no hacer muchas migas con ella y mantener una relación neutral con la chica, con éxito hasta el momento. El Club de Ciencia en especial, se sabía, estaba del lado bueno de la reconocida delincuente de la escuela.
Otra cosa que todos sabían era que las otras personas a las que Yukishiro Honoka trataba con cariño y respeto eran precisamente a los futbolistas Fujimura y Kimata. Estuvieron a medio segundo de invitarla a ver, pero se detuvieron antes de siquiera abrir la boca. Y fue la voz de la presidenta del Club de Ciencias, Odajima Yuka, lo que calmó los ánimos.
"Tenemos que apresurarnos con el proyecto, para el final de la semana hay que testear el funcionamiento de las piezas que ya tenemos programadas, ¿de acuerdo?" Dijo Yuka con voz firme. "Después podrán ver a ese chico si quieren, no hay prisa y no se va a ir a ningún lado, ¿verdad?" Con eso los calmó. Ella era, además, la otra persona que le hablaba a Honoka sin miedo. "Yukishiro-san, ¿vas bien con el programa de reconocimiento?"
"Sí, senpai, pero tengo un problema en ésta parte", comentó Honoka y su superior se acercó de inmediato. "No responde al resto de los comandos cuando los corro en el simulador, pero no encuentro cuál puede ser el problema"
"Enseguida lo arreglaremos".
La firmeza de Yuka fue suficiente para que todos en el laboratorio, sobre todo las chicas que tenían ganas de conocer al novato, volvieran a su trabajo. La presidenta tenía razón, después de todo el chico nuevo no se iba a ir a ningún lado.
CONTINUARÁ…
