N/A: Hola! :)

Muchas gracias por sus favs, follows y comentarios! También les damos la bienvenida a las personitas que se han unido en las últimas semanas a esta aventura 3

Luna Aino: Muchas gracias por tu comentario! El que esta historia te venga a la mente en ciertos momentos al volver a ver FMBA nos hace muy felices, es un gran honor que estés disfrutando de esta historia a pesar de los momentos de drama, tristeza y confusión en las que hemos metido a estos queridos personajes jeje Esperamos que nos sigas acompañando y que los siguientes caps estén a la altura de tus expectativas. De verdad muchas gracias por tomarte el tiempo de comentar :)

Sin más preámbulos, con ustedes un nuevo capítulo de esta historia. ¿Cómo estarán tomando Roy, Riza y Ed los eventos recientes?

Nos leemos pronto!

Saludos!

Golden y Flame

Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.


Capítulo 23. Enfrentamientos

Roy había perdido la noción del tiempo. Desde que se encaminaron en busca de los demás, un pesado silencio los envolvió a todos, únicamente interrumpido por el sonido de las suelas de sus zapatos chocando contra el suelo. En todo ese tiempo Edward no volteó ni una sola vez hacia atrás. Aunque en cierta forma Roy no estaba seguro de qué debería decirle, el sólo poder ver su espalda después de todo el incidente le estaba creando un enorme nudo en el estómago. Con cada minuto que pasaba, las esperanzas de arreglar su error se reducían cada vez más.

Era irónico pensar que apenas unas horas antes había estado soñando con la posibilidad de perseguir una relación romántica con Riza y buscar juntos a su hijo cuando todo esto terminara, y ahora tenía a Edward, su hijo, a pocos pasos de él pero con la sensación de que un enorme abismo se había abierto entre ellos impidiéndole hablar y abrazar a su primogénito como tanto había deseado desde que se había enterado de su existencia.

En algún momento del trayecto, Riza intentó hablar con él en voz baja tratando de disculparse y aclarar lo sucedido respecto a Ed, pero Roy se negó. Sabía que era una plática que tendrían que tener porque, si era sincero, sentía cierta molestia hacia ella por haberle ocultado la verdad una vez más pero él no se sentía emocionalmente preparado para ella. Después de lo sucedido con Envy tenía miedo de que sus emociones volvieran a sacar lo peor de él por lo que no quería que Riza sufriera nuevamente las consecuencias de sus actos. Sí, en cierta medida estaba molesto con ella pero su amor por ella seguía allí. Le dolía ver la mirada culpable y triste que Riza no había podido ocultar del todo pero, en esos momentos, no podía encontrar palabras de consuelo para ella cuando él también estaba sufriendo terriblemente.

Después de un tiempo indefinido, Roy se percató de que los pasos seguros de Ed habían sido reemplazados por pasos un tanto más lentos y miradas confundidas a los lados. En un inicio no le dio importancia ya que su mente estaba repleta de pensamientos relacionados a lo que había hecho pero llegó un punto en el que finalmente reaccionó y se dio cuenta de que, a pesar de no haber revisado su reloj, seguramente ya habían pasado varios minutos desde la muerte de Envy.

No sabiendo si sentirse agradecido o no por la situación, Roy inhaló profundamente y comenzó a dar pasos más rápidos con la intención de adelantarse a Scar, quien seguía avanzando a pocos pasos por detrás del rubio, para así poder colocarse al lado de Ed. Sin embargo, su cuerpo actuó antes de que su mente llegara a una resolución. ¿Qué debería decirle?

Tan pronto como Ed notó su presencia, el chico le echó un vistazo por el rabillo del ojo y frunció el ceño pero no pronunció palabra alguna. Siguió caminando con la vista al frente, decidiendo no mirar a los lados para evitar tener que hacer contacto visual con el Coronel.

Así siguieron un par de minutos más, hasta que Roy suspiró y finalmente pudo forzar a su boca a formar palabras. "¿Acaso estás perdido, Ed?" Temiendo que el chico no le respondiera, Ed lo sorprendió con su rápida respuesta.

"¡La única razón por la que esto está sucediendo es porque tuve que regresar a salvarte el trasero después del embrollo en el que te metiste!" Exclamó Ed dejándose llevar por su molestia, finalmente volteando a ver al Coronel.

Tratando de mantener una expresión neutra, Roy respondió. "Nunca te pedí que vinieras."

Sus palabras causaron que la molestia y el ceño fruncido de Ed se intensificaran. "¡¿Qué?! ¡Si Scar y yo no hubiéramos estado ahí hubieras cruzado el límite y te hubieras vuelto una bestia!"

"Sí, debo de admitir que Scar tuvo algo que ver." Ed estaba listo para replicar pero se vio detenido por la mirada arrepentida y la sonrisa triste que aparecieron en el rostro del Coronel. "Pero fueron tu madre y tú los que realmente me hicieron volver a mis sentidos." Ed se quedó con la boca ligeramente abierta no sabiendo cómo responder a eso, por lo que Roy aprovechó para agregar. "Aunque hubiera preferido que no me hubieras visto en ese estado. No tuviste que haber regresado."

Ed desvió su mirada al suelo y resopló.

"¿Por qué regresaste, Ed?"

"Porque quise."

Incapaz de contener su curiosidad y la pequeña esperanza que se estaba formando en su interior, Roy insistió. "¿Pero por qué? Supongo que también estás aquí para enfrentar al líder de los homúnculos así que no tenías razón para desviarte de tu camino."

"La razón que tuviera ya no importa." Respondió el rubio provocando una punzada en el corazón de Roy. "Además…" Ed volvió a mirarlo, aunque ahora el ceño fruncido de su rostro era menos notorio y algo de confusión se asomaba en sus facciones. "¿por qué me estás llamando 'Ed'?"

Dejándose llevar por la típica forma en la que se trataban anteriormente, Roy respondió. "Porque ese es tu nombre."

"Eso lo sé, Coronel Obviedad." Dijo Ed mientras rodaba sus ojos. "La cuestión aquí es ¿por qué no me estás llamando 'Acero'? Estaba casi seguro de que ni siquiera eras capaz de recordar mi nombre."

Roy se llevó una mano a su nuca. "Tu nombre lo he tenido grabado desde aquel día en que te conocí en Resembool. Pero… no sé, supongo que me acostumbré a llamarte por tu apodo porque realmente te describe. Tienes una voluntad y determinación muy fuertes." Mirándolo afectuosamente, agregó con tono orgulloso. "Tus ojos siempre han ardido con un fuego muy intenso."

Ed se desconcertó ante el elogio recibido. "Ok, sí lo que tú digas." Dijo restándole importancia al asunto. "Pero sigues sin responder mi pregunta."

Roy apartó su mano de su nuca e intentó acercarla al hombro del chico. "Sé que no te merezco, ¿pero no sería raro que, como tu padre, te llamara por tu apodo militar?"

Ed se detuvo abruptamente para evitar el toque de Roy, provocando que Scar y Riza, quienes les habían dado su espacio para hablar, se detuvieran manteniendo la misma distancia. Ed y Roy se quedaron a pocos pasos de lo que parecía ser la entrada a una habitación.

Ed le dirigió una mirada encendida al Coronel, dejando que su furia saliera a flote. "¿Ahora quieres ser mi padre? ¿Después de que te importó un carajo que haya regresado porque estaba preocupado por ti?" Resopló, mientras los ojos de Roy se llenaban de culpa. "Realmente no debí molestarme. Si un padre ya me dejó atrás debí haber estado preparado para que el siguiente lo hiciera en cualquier momento ¿no?" Dijo con molestia aunque cierto dolor se hizo visible en sus orbes dorados. "No tienes que forzarte a ocupar un papel que jamás quisiste. Además, esto" Se señaló a sí mismo. "sólo va a ser un inconveniente para tus citas, ¿cierto? No creo que a tus mujeres les encante la idea de que tengas un hijo merodeando por ahí."

"Edward." Ed se volteó y se encontró con la mirada triste y arrepentida de Riza. "Él no sabía nada. No tuve oportunidad de decirle que te había encontrado." La rubia dio un paso al frente. "Si vas a culpar a alguien por lo sucedido esa debo ser yo."

La expresión en el rostro de su madre, provocó que Ed se arrepintiera de lo duras que habían sido sus palabras. Tragando saliva, volteó a ver al Coronel, sorprendiéndose al ver que había pasado rápidamente una mano por el lado izquierdo de su rostro. ¿Acaso estaba llorando?

Aún con pensamientos confusos, Ed preguntó con voz dudosa. "¿Coronel?"

Roy desvió su mirada un momento para ver a la Teniente. "Riza." Dijo con una dulzura que Ed no le había escuchado antes. "No tienes que culparte, yo mismo herí a nuestro hijo y tengo que ser yo mismo el que se encargue de esto." Devolvió su mirada al chico. "Edward." El rubio se tensó ligeramente. "No sabía que eras mi hijo hasta que tú mismo lo dijiste, pero eso no me excusa de mi comportamiento contigo. Sé que has sufrido por la ausencia de los que creías tus padres." Cerró los ojos por un momento recordando aquella conversación que habían tenido cuando Ed lo fue a visitar al hospital. "Lo sabía y aún así te aparté cuando lo único que querías era ayudarme porque, aunque no me creas, siempre has sido mucho más que un simple subordinado para mí. Pero… creo que hice un mal trabajo en demostrar cuánto me has importado todo este tiempo y encima soy un fracaso como figura paterna." Soltó una risa auto-despreciativa. "Lo primero que debí hacer fue disculparme y lo único que hice fue sacarte de tus casillas. Perdóname… hijo."

Ed se quedó pasmado unos segundos sin saber qué decir. El poderoso Alquimista de Fuego, su Comandante en Jefe, estaba viéndolo con una mezcla de arrepentimiento y ¿cariño? No había ningún rastro de su actitud y gestos engreídos a los que tanto se había acostumbrado en los últimos años. Su mirada, aunque conflictuada por las emociones del día, parecía ser tan sincera como aquella vez en que Roy lo fue a visitar al hospital cuando se fracturó su pierna o aquellas ocasiones en las que eran capaces de dejar de lado su manera sarcástica y burlona de tratarse para hablar de cosas serias y personales. Si bien su imagen negativa del Coronel como su padre había empeorado tras los sucesos con Envy, ahora ésta estaba desvaneciéndose poco a poco para ser reemplazada por la expresión que Mustang tenía ahora, la cual era extrañamente similar a la que había tenido en sus sueños.

Ed se mordió el labio inferior por unos segundos mientras miraba fijamente al Coronel. Después suspiró y comenzó a hablar en una voz más baja y tranquila. "Yo…no-"

El chico se vio interrumpido por un ruido de pasos que provenían de la habitación que estaba cerca de ellos. Roy se percató de esto y, después de dirigirle una última mirada de disculpa a Ed, se volteó hacia la puerta mientras se aseguraba de que sus guantes estuvieran bien sujetos en sus manos. El rubio tardó un poco más en reaccionar pero, cuando lo hizo, imitó al Coronel, colocándose en la posición de defensa que su sensei le había enseñado.

"Después." Murmuró Ed para que sólo Roy pudiera escuchar.

Roy asintió y ambos comenzaron a avanzar cuidadosamente hacia la habitación, seguidos por Scar y Riza. La Teniente también se había quedado muy preocupada y arrepentida por la conversación que Roy y Ed no pudieron terminar pero tuvo que recordarse que estaban en medio de la guarida del enemigo por lo que no podían permitirse bajar la guardia de esa manera. Su culpa la estaba atormentando pero ahora tenía que darle prioridad a asegurarse de que todos salieran con vida.

En cuanto ingresaron a la habitación y sus ojos se acostumbraron a la tenue luz de la misma, todos pudieron ver a una figura agachada en el extremo opuesto en el que se encontraban.

La figura estaba cubierta por una bata de laboratorio y, al verle el rostro, pudieron darse cuenta de que se trataba de un hombre viejo con lentes y cuya sonrisa estaba adornada con un diente dorado.

"Oh, cielos. Este lugar se está llenando bastante, ¿no? Nunca me han gustado mucho las multitudes." Dijo el hombre misterioso con voz tranquila antes de incorporarse y llevarse las manos a los bolsillos.

Todos se pusieron en posición de defensa mientras Ed transformaba su automail en su habitual espada. El hombre parecía estar muy confiado y no se inmutó al verse superado en número. Después de revelarles que él había sido uno de los científicos que había ayudado a crear a King Bradley, descubrieron que su confianza radicaba en la docena de secuaces que aparecieron a una señal suya para protegerlo. Además, dichos secuaces no eran como los maniquís que habían enfrentado anteriormente. Éstos eran humanos que habían recibido entrenamiento de combate por 60 años, razón por la cual contaban con habilidades similares a las de Bradley.

Los secuaces eran bastante veloces por lo que era difícil inmovilizarlos. Scar no había logrado hacer contacto con ellos para hacer uso de su alquimia destructiva; Riza sólo había rozado a un par de ellos con sus balas; Roy tuvo que recurrir a su entrenamiento militar ya que los soldados no le daban oportunidad de usar sus flamas además de que temía quemar a sus compañeros; y Ed estaba enfrentándose a un hombre que estaba armado con una espada, el cual estaba restringiendo bastante sus movimientos.

En algún momento del combate, Riza vio la oportunidad de dispararle al doctor, cuando éste se incorporaba nuevamente tras haberse mantenido los últimos minutos en cuclillas, y la aprovechó pero, sorpresivamente, uno de los soldados se interpuso dando su vida para salvar la de aquel hombre despreciable.

Viendo que Riza otra vez se veía ocupada por otro de sus secuaces, el doctor comenzó a llamar a algunos de los soldados (los cuáles tenían un número por nombre). Roy y compañía se alarmaron al ver que éstos se colocaban sobre un círculo de transmutación que el doctor había dibujado en ese rato, pero no podían hacer nada al respecto ya que cada uno de ellos estaban siendo enfrentados por alguno de los hombres restantes.

En cuanto estuvieron en posición, el doctor activó el círculo provocando que los soldados les dieran algo de espacio al grupo de Roy, pero la energía que la transmutación estaba generando les impedía acercarse a él.

El doctor no tardó en explicarles que ese círculo estaba conectado con los 5 laboratorios de alquimia que había en Ciudad Central. Ed se sorprendió y trató de analizar el círculo para determinar su efecto, pero por la cantidad de energía que estaba expulsando no podía distinguir los caracteres y símbolos que contenía pero sabía que su efecto no sería nada bueno.

Los hombres que se estaban enfrentando a ellos se apartaron, ya que la energía de la transmutación era suficiente barrera para proteger al doctor. Ed intentó acercarse pero tan pronto como dio un paso al frente un gran y extraño ojo apareció bajo sus pies mientras que líneas negras con pequeñas manos en sus extremos comenzaban a surgir del suelo que lo rodeaba.

"¡¿Pero qué de-?!" Ed exclamó pero se vio interrumpido por las manos negras que lo rodeaban y que encima habían comenzado a descomponer su cuerpo de la misma manera que le había sucedido anteriormente cuando había estado involucrada la puerta de la Verdad.

"¡Edward!" Gritó Riza dejando de importarle lo que acontecía a su alrededor para correr hacia dónde se encontraba el chico. Rápidamente cubrió la distancia que los separaba pero, estando a tan solo unos pasos de él, la energía que rodeaba a la transmutación que estaba afectando a Ed la empujó y la hizo caer a unos metros, dejándola de rodillas en el suelo, viendo con impotencia y pánico lo que le estaba sucediendo a su hijo. "¡Edward!"

Roy también intentó acercarse a Ed, avanzando con pasos largos pero lentos por la energía de la transmutación que le estaba impidiendo llegar a su destino. "¡Ed! ¡Ed!" Luchando contra la onda expansiva, se quedó a unos pasos de donde estaba el chico y extendió una mano tratando de tocarlo. "¡Ed!" En ese momento el rubio lo miró. Cuando hicieron contacto visual, Roy quiso darle palabras de ánimo y decirle que él se encargaría de salvarlo pero, para el horror de Roy y Riza, en ese instante el rostro de Ed fue descompuesto y con ello se dio fin a la transmutación.

Ed había desaparecido frente a sus propios ojos.

La realidad tardó unos segundos en procesarse en la mente de Riza. No podía creer lo que había sucedido pero, cuando reaccionó, se levantó rápidamente para después dejarse caer en el lugar en el que Ed había desaparecido, golpeando repetidamente el suelo con sus puños.

"¡No! ¡No! ¡Edward! ¡¿Dónde estás?! ¡Edward!" Gritó desesperada mientras una lágrima se le escapaba.

Roy se quedó pasmado antes de reaccionar. Notando el estado emocional en el que se encontraba Riza, se acercó hasta ella sin apartar la mirada del doctor y sus secuaces, apuntando una de sus manos hacia ellos. En cuanto estuvo al lado de la rubia, colocó una mano temblorosa sobre su hombro y le dio un apretón. Riza dio un último golpe al suelo antes de levantar su mirada para encontrarse con la de Roy. En sus orbes negros ella pudo ver la desesperación y preocupación que él también estaba sintiendo, pero un sutil movimiento de sus ojos le recordó que no estaban solos. A pesar de que Riza deseaba mandar al diablo todas las formalidades y restricciones que se había autoimpuesto al trabajar en la milicia, entendió que Roy tenía razón. De nada servirían todos esos años de sufrimiento y soledad si el enemigo descubría su conexión con Edward.

En cuanto sintió que Riza se movía para incorporarse, Roy apartó su mano de su hombro y miró fijamente al misterioso doctor. Tal vez no se podía permitir expresar tan abiertamente las emociones que lo estaban embargando pero no pudo evitar el palpable odio que se desprendía de su tono de voz cuando finalmente se dirigió al sujeto. "¡¿Qué demonios hiciste?!"

El doctor mantuvo sus manos en los bolsillos de su bata y sonrió despreocupadamente. "No te alarmes, pronto estarás con él y los demás."

Roy y Riza sintieron algo de alivio ante las palabras del doctor. Al menos sabían que su hijo seguía con vida, pero ahora tendrían que averiguar precisamente qué es lo que ese hombre le había hecho y a dónde lo había mandado.

Riza le apuntó al doctor con su arma mientras Roy hacía lo propio con su mano.

El doctor soltó una breve risa. "Vaya que tienen energía." Con sus ojos torcidos miró a Roy. "No sea tan impaciente, Coronel. Le aseguro que muy pronto descubrirá el efecto de la transmutación que tuve que hacer."

Antes de que Roy pudiera chasquear sus dedos, los secuaces del doctor volvieron al ataque, impidiendo que él, Riza y Scar pudieran enfrentarse directamente al hombre del diente dorado.

Los tres siguieron enfrentándose a los soldados por unos minutos más hasta que se vieron inmovilizados por ellos.

Con el mismo aire tranquilo y despreocupado de siempre, el doctor se acercó un par de pasos a Roy para poder hablar con él, revelándole que él era el quinto sacrificio contemplado para ese día, para lo cual requería que el Coronel hiciera una transmutación humana para cumplir con sus requisitos. Roy se negó y le dirigió una mirada sombría cuando el doctor se atrevió a mencionar a Hughes. El doctor insistió un poco más pero Roy no pensaba ceder. Gracias a los Elric sabía de las graves consecuencias de intentar hacer una transmutación humana. Sabía lo mucho que esos hermanos seguían sufriendo a causa de haberla realizado… era consciente de cómo se había visto afectada la vida de Ed, su hijo, por haberla intentado. No iba a darles el gusto a esos narcisistas hambrientos de poder cuando lo que más necesitaba era liberarse de ellos para encontrar a su hijo y cumplir con la misión que él y su equipo esperaban lograr ese día.

Dándose cuenta de la firme resolución del Coronel, el rostro del doctor se volvió completamente serio mientras hablaba. "Ya te lo dije… nos estamos quedando sin tiempo."

En ese momento el corazón de Roy pareció congelarse. A pesar de la distancia que los separaba, pudo ver perfectamente el momento en el que el soldado que tenía inmovilizada a Riza, cortaba el cuello de ella con la espada que sostenía en su mano. Riza cayó al suelo mientras la sangre comenzaba a brotar de su cuello.

"¡Teniente!" Roy gritó sin poder creer lo que estaba pasando ante sus ojos.

En un intento por desacelerar el ritmo con el que estaba fluyendo la sangre, Riza se llevó su mano derecha al cuello para presionarla sobre su herida.

"¡Teniente! ¡Resiste! ¿Puedes escucharme? ¡Respóndeme, Teniente!" Él gritó totalmente desconcertado pero Riza no pudo responderle al concentrarse en no perder el conocimiento. Si lo hacía podría no volver a despertarse.

Roy intentó zafarse del agarre de los hombres que lo tenían sujeto sin mucho éxito. "¡BASTARDOS!" Gritó con furia.

El hombre que había cortado el cuello de Riza la arrastró hacia el círculo de transmutación descuidadamente, tratándola como si fuera un simple objeto.

"¡Teniente! ¡Respóndeme!" Insistía Roy desesperado, tratando de escapar de sus captores para ayudar a Riza.

"Bien, ¿qué te parece si comenzamos con la transmutación humana? Me pregunto a quién transmutarás… ¿A un familiar? ¿A un amigo? ¿A una amante?" Comenzó a decir con tranquilidad el doctor del diente de oro. "Si esta mujer muere y la transmutas, también es válido." Añadió casualmente.

Sudor frío corría por el rostro de Roy mientras no despegaba su mirada del cuerpo de ella, sintiéndose totalmente furioso consigo mismo por haberla involucrado y por no haber sido capaz de protegerla.

"No moriré… tengo órdenes… de no morir." Riza dijo en voz baja y con esfuerzo. Se estaba sintiendo más y más débil con cada segundo que pasaba, pero tenía que hacerle saber a Roy que ella no se iba a rendir aún, que no cometería el mismo error que cuando se enfrentaron a Lust.

"Es una lástima que las cosas no funcionen de esa manera, señorita." Replicó el doctor antes de volver a fijar su vista en Mustang. "¿Qué harás, Mustang? Tu preciosa mujer está muriendo. Si la dejas, ella seguirá desangrándose hasta morir pero…" Sacó un pequeño frasco del interior de su bata para mostrárselo. "soy un doctor que utiliza alquimia y que incluso posee una piedra filosofal. Así que, ¿cuál será tu elección?" Bajó su mirada para ver a Riza. "Oh, está muy silenciosa, me pregunto si estará muerta." Dijo esta última frase mientras miraba a Roy esbozando una sonrisa maliciosa.

Roy se sobresaltó al escuchar la palabra 'muerta' y agachó la cabeza. La furia que había sentido con Envy no se comparaba con la que le estaba recorriendo en ese preciso momento combinado con la desesperación, la agonía y el miedo. Quería desesperadamente convertir en cenizas a ese maldito doctor junto a sus secuaces para liberarse, correr hacia a Riza y tratar de curarla. No puedo perderte Riza, no puedo imaginarme una vida sin ti. Ya he perdido a mi hermano, mi humanidad y probablemente a mi propio hijo, pero si te pierdo a ti también no tendría motivos para seguir viviendo. Sé que la transmutación humana no funciona… Ed y Al me lo dijeron, además, si la realizo, probablemente aviente a la basura nuestro trabajo de los últimos años, condenando al país entero… Pero… tu vida vale eso y más. No temo a lo que me pueda quitar la verdad mientras no seas tú. Tengo que hacer esa maldita transmutación. No hay opción y mucho menos tiempo.

Riza podía ver el dolor, la furia y el debate interno que Roy estaba teniendo. No tenía dudas de que sería capaz de sacrificar todo por ella y eso era algo que no podía permitir. Tenía que pensar en algo pero su concentración se estaba menguando. Sabía que el tiempo no jugaba a su favor y con cada segundo que pasaba ella estaba sintiendo como su vida se le estaba yendo. Maldición. Muchas veces pensé que moriría porque estaba consciente que lo merecía por todo lo que hice, pero por primera vez en mucho tiempo, no deseo hacerlo y mucho menos ahora que he encontrado a mi hijo. Tengo que asegurarme de que él y Roy estén bien. No puedo irme sin dejar ese asunto arreglado. Tiene que haber una salida… No puedo dejar a Roy y a Ed pero sobre todo no puedo permitir que más gente sufra por mi mediocre vida.

De repente, algo la sacó de sus pensamientos. Riza percibió movimiento en el techo de la habitación y por el rabillo de su ojo pudo ver que ahí se encontraban las quimeras y la pequeña niña que había visto hace rato. Le hicieron una seña para indicarle que ellos se encargarían. Eso es justo lo que necesitamos… refuerzos. Volvió a mirar a Roy, el cual estaba temblando ligeramente con la cabeza gacha. Roy… tengo que avisarte y debo de impedir de alguna manera que hagas esa transmutación, sin importar si sobrevivo o no con tal de no sacrificar más vidas… aunque no pueda volver a verte ni a ti ni a nuestro hijo.

"Coronel…" Susurró Riza.

Roy inmediatamente alzó la cabeza para poder mirar a Riza a los ojos.

"No hay necesidad de realizar la transmutación." Riza volvió a hablar en voz baja.

El Coronel la miraba impotente, apretando los dientes, tratando de pensar en la forma de salvarla.

"Lo harás, ¿no es así, Mustang?" Intervino el doctor.

Roy estaba temblando, por lo que cerró momentáneamente los ojos apretándolos fuertemente junto con su quijada.

Riza abrió sus ojos y rogó porque Roy abriera los suyos para encontrarse con su mirada. Le dolía verlo en ese estado y sobre todo ponerlo en esa situación nuevamente, pidiéndole hacer algo que él no deseaba, tal y como lo hizo cuando le pidió que quemara su espalda. Lo siento, Roy. Ella jamás deseó convertirse en un elemento que pudieran usar sus enemigos en su contra pero ahora tenía que impedir que obtuvieran los resultados que esperaban. Un par de segundos pasaron antes de que Roy volviera a abrir sus ojos para encontrarse con la mirada decidida y suplicante de Riza.

"Roy, no lo hagas. No debes sacrificar a todo un país por mí. Sabes tan bien como yo que este maldito no cumplirá su parte del trato. Por favor, no accedas a sus peticiones." Ella le dijo con su mirada, esperando que él entendiera.

"Riza, por favor, no me pidas que te deje morir. No puedo hacerlo. Te necesito."

Cuando ella no vió el efecto esperado de su mirada hacia Roy, se aseguró de que estuviera mirándola fijamente antes de mover sus pupilas hacia el extremo de sus ojos para apuntar hacia el techo. "Por favor, Roy, comprende mi mensaje."

Roy se paralizó al recibir el mensaje. ¿Hay gente esperando el momento propicio para atacar? ¡¿Entonces por qué demonios se están tardando tanto?! Pensó para sí mismo.

No dispuesto a esperar el apoyo de probables refuerzos, Roy volvió a suplicarle con la mirada. "No hay tiempo, Riza. Por favor, permíteme salvarte."

"Roy, por favor."

A pesar de que no se decían las palabras en voz alta, sus miradas era más que suficiente y él había comprendido el mensaje de Riza. Apretó los ojos y volvió a agachar la cabeza. No quiero sacrificarla, no a ella. Demonios, Riza, ¿por qué? ¿por qué siempre tienes que ser tú la que tiene que pagar por mis idioteces? Mierda. Si tan solo me hubiera quedado a tu lado en lugar de perseguir mis ingenuos sueños. Jamás debí abandonar la casa de tu padre. Una segunda voz se hizo escuchar en su mente para seguir con su debate interno. Pero tienes que cumplir su voluntad, es lo menos que puedes hacer después de todo el sufrimiento que le has causado.

Roy inhaló profundamente antes de hablar. "Lo entiendo."

"Oh, entonces lo harás." Respondió complacido el doctor.

Roy alzó su cabeza y cambió su mirada a una de completa determinación. "Lo entiendo, Teniente. No haré la transmutación humana."

Al escuchar esas palabras, Riza soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo y sonrió ligeramente. Lo comprendió.

El doctor se le quedó viendo a Roy con la boca abierta. "¿La estás abandonando? Qué cruel de tu parte."

"¿Abandonarla?" Roy bufó. "No deseo escuchar eso del bastardo que utiliza a todos estos candidatos a Führer como meros peones." Replicó Roy.

"Yo los alimenté, les dí educación de primera clase, les dí un propósito de vida. Ellos deberían estar agradecidos." Dijo el doctor.

Manteniendo su mirada de decisión y furia, Roy le contestó. "El creer en esa mierda es lo que sellará tu propia caída."

"¿Qué-?" Antes de que pudiera terminar su frase el doctor fue apresado por la baba de la quimera que se encontraba en el techo, para dar paso a todos los demás aliados que comenzaron a atacar a los candidatos de Führer.

Aprovechando la distracción, Roy atacó a su opresor para liberarse y corrió tras el pequeño frasco que contenía la piedra filosofal que había caído al suelo, el cual se encontraba rodando de un lado a otro al ser pateado accidentalmente por todos los que se encontraban en la habitación. Al ver que le tomaría más tiempo conseguirla, decidió cambiar su plan y dirigirse hacia Riza, quitándose a los candidatos a Führer que se le atrevesaban chasqueando sus dedos. Cuando por fin alcanzó a Riza se arrodilló y la tomó con cuidado entre sus brazos.

"¡Teniente! ¡Teniente, abre los ojos!" Roy le gritaba con desesperación. "¡Teniente! ¡Resiste! ¡Abre tus ojos!" Cada segundo que pasaba sin una respuesta le pesaba más y más a Roy. La acercó a él para revisar su respiración y su pulso, los cuales estaban casi desapareciendo. El terror comenzó a apoderarse de él, por lo que se inclinó hacia ella, sin dejarla de mirar, para poder susurrarle, tratando de evitar que su voz se cortara y controlando las lágrimas que amenazaban por desbordarse. "Riza… por favor, no te vayas… no me dejes… sé que no te merezco pero no veo una vida sin ti. Perdona todas mis estupideces pero, por favor, no me dejes… te necesito… te amo." Él se congeló cuando sintió que su respiración había disminuido todavía más. La estoy perdiendo. Estaba tan absorto con Riza que no prestó atención a sus alrededores, pero por suerte una de las quimeras los protegió cuando uno de los secuaces del doctor trataba de atacarlos.

"¡Teniente! ¡Respóndeme!" Roy siguió gritando desesperado, sintiendo cómo la vida de ella se le estaba yendo de sus propias manos.

Riza, por su parte, después de escuchar a Roy decir que no haría la transmutación, se dejó vencer por la debilidad que la acechaba por la pérdida de sangre. Trató de pelear todo lo que le fue posible pero ya no le quedaban fuerzas. Cerró los ojos y unos segundos después escuchó un gran alboroto en la habitación. Poco después sintió cómo Roy la tomaba entre sus brazos y cómo le gritaba suplicándole que abriera sus ojos. Lo intentó, pero simplemente no podía. Sintió como él se acercó más a ella y le susurró lo mucho que la necesitaba y lo mucho que la amaba. En ese momento, se le rompió el corazón. Deseaba con todas sus fuerzas poder abrir sus ojos y decirle que estaría bien, pero por más que lo intentaba no podía. Roy, perdóname tú a mí, por todo lo que hice, porque por mi culpa no pudimos ser la familia que siempre deseamos. Por haberte ocultado otra vez lo de Edward… porque por mi culpa probablemente he arruinado la posibilidad de que él te acepte en su vida. Siento mucho no poder cumplir mi promesa de protegerte hasta que llegaras a la cima. Te amo como no te imaginas, Roy, a ti y a nuestro hijo, aunque nunca sabré si Edward me daría una oportunidad de ser su madre. Al menos mi último respiro será entre tus brazos, lástima que sea esta la última vez que los sentiré.

May, quien estaba tratando de capturar el frasco que contenía la piedra filosofal sin éxito, al escuchar los gritos del coronel se volteó en su dirección y se dio cuenta de la gravedad de la herida de Riza. Por un breve segundo se debatió si debía seguir persiguiendo la piedra o si debería ayudar a la Teniente. Decidiéndose rápidamente por la segunda opción, corrió hacia su posición.

"¡Permítame ayudarle!" Dijo May a Roy cuando llegó a su lado.

Rápidamente dibujó un círculo de transmutación con la sangre de Riza y colocó sus kunai. Le indicó a Roy que colocara a Riza en medio del círculo, él cual obedeció de inmediato, colocándola con mucho cuidado. Una vez que Riza estuvo situada ahí, May activó el círculo de transmutación haciendo aparecer la típica luz azul. Una vez terminada la transmutación, Riza volvió a respirar con un poco más de normalidad soltando un ligero gemido de dolor.

"¡Teniente!"

"He detenido el sangrado por el momento pero aún así necesita ver a un médico." Mencionó May.

De inmediato Roy tomó nuevamente a Riza entre sus brazos y la apretó fuertemente contra su pecho.

"¡Gracias! Te debo una." Respondió Roy sin soltar a Riza.

Riza comenzó a abrir sus ojos, no pudiendo creer que podía hacerlo. "Coronel…" Susurró.

Roy la despegó un poco de su pecho para ver su rostro.

"Lo siento." Riza susurró.

"No hables, solamente descansa." Roy dijo.

Ella lo ignoró. "Mi señal… la reconociste."

Roy la vio aliviado al ver que ella seguía con vida y que se recuperaría. Fue hasta ese momento que se permitió soltar un suspiro de alivio y le sonrió ligeramente.

"Hemos estado demasiado tiempo juntos." Roy hizo un ligera pausa. "Además, tu mirada decía que si me atrevía a realizar la transmutación humana me dispararías." Dijo Roy con un tono ligeramente divertido.

Riza lo miró a los ojos tiernamente y le devolvió la sonrisa, permitiéndose disfrutar esos pocos minutos de cercanía después de estar tan cerca de la muerte.

"Hmm… Si la sigue abrazando así de fuerte va a provocar que se abra nuevamente su herida." Susurró May.

Al escuchar a la niña y a pesar de no desear dejar de aferrarse a Riza después de que estuvo a punto de perderla, Roy renuentemente aflojó su agarre y permaneció un par de minutos más a su lado. En ese momento no le importaba lo que dijeran los demás ni lo que ocurría a su alrededor, todo lo que importaba era que Riza seguía con vida y que no permitiría que nadie le hiciera daño.

Lentamente, Roy se inclinó hacia el rostro de Riza. "No vuelvas a asustarme así, por favor. Ya te lo dije, no puedo perderte." Susurró.

Ella sonrió y lo miró con amor y ternura. En ese momento deseaba acariciar su rostro y besarlo, pero sabía que no era el momento ni el lugar, sin mencionar que sería muy inapropiado, más de lo que ya era, pero entendía el porqué Roy no le importó estar con ella de esa forma sin importarle lo que vieran o dijeran los demás.

"Yo tampoco puedo perderte." Ella replicó suavemente.

Él le devolvió la sonrisa y la mirada, permaneciendo de esa manera durante unos segundos más, antes de que ambos, con su mirada, decidieran que debían seguir adelante. Tenían que encontrar a Ed y detener al cabecilla de todo este embrollo. Roy no deseaba que Riza siguiera en la batalla con esas heridas, pero conociéndola no habría forma de que la hiciera desistir, mucho menos cuando la vida de su hijo estaba en peligro. Él estaba preocupado por ella pero se juró a sí mismo que la protegería en lo que restara de esta pelea y que encontraría y sacaría con vida a Edward. Aunque estaba consciente de que el muchacho no deseaba tener nada que ver con él, haría todo lo posible por sacar con vida a las dos personas más importantes de su vida y, si fuera necesario, no dudaría en dar su vida por ellos.

Con la ayuda de May y las quimeras, los soldados fueron neutralizados por lo que, tras asegurarse de que Riza estaba en condiciones de ponerse en pie, Roy se levantó junto con ella cuidadosamente. El Coronel escuchó que la niña mencionaba algo acerca de la piedra filosofal pero antes de que pudiera preguntarle al respecto, King Bradley hizo su aparición colocándose justo frente al pequeño frasco que contenía la piedra filosofal que anteriormente tenía el doctor.

El aspecto actual del Führer era todo lo contrario a la imagen que siempre había mantenido: Olvidado había quedado el saco de su uniforme y el parche negro de su ojo, lo que alguna vez fue una camisa blanca presentaba varios cortes y enormes manchas de sangre, su cabello estaba ligeramente desordenado y tenía una mirada seria pero con un peligroso brillo que denotaba el pecado capital que representaba.

A pesar de su aspecto descuidado, Bradley usó su típico tono de voz tranquilo para dirigirse a Roy, diciéndole que estaba seguro de que para ese punto ya habría realizado la transmutación humana esperada. Cuando el pelinegro le indicó que no lo haría porque tenía gente que lo apoyaría y lo ayudaría a no desviarse del camino, Bradley sonrió.

"Solía pensar que ustedes, los humanos, eran incapaces de aprender de sus errores." Comenzó tranquilamente. "Pero, considerando sus patéticamente cortas vidas, se las han arreglado para sorprenderme. Tengo que admitir que su negación a comportarse como se espera es realmente molesta."

Roy, quien aún estaba ayudando a Riza a mantenerse de pie, le dio un ligero apretón a su hombro antes de responderle al Führer. "Para este punto ya no debería ser sorpresa que no cumplamos con sus 'expectativas'."

Bradley rió un poco antes de responder. "De alguna forma u otra terminarás ayudándonos, Coronel." Dijo casualmente aunque la amenaza era evidente en sus palabras. "Si no fuiste capaz de hacer lo que te pedíamos cuando la madre de tu pequeño bastardo estaba muriendo, supongo que tendremos que recurrir a otro tipo de medidas."

La sorpresa se vio reflejada en los ojos de Riza mientras que Roy entrecerró los suyos en forma amenazante. "¿De qué estás hablando?"

Sin inmutarse, Bradley respondió. "Dígame, Coronel, ¿qué se siente ser el último en enterarse que su joven subordinado es su propio hijo?"

Todos los presentes (a excepción de Scar) voltearon a ver a Roy y Riza, sorprendidos ante las palabras del Führer. No había dicho el nombre pero era más que obvio que estaba hablando de Edward Elric.

La mano que no estaba sosteniendo a Riza se apretó en un puño. "¿Desde cuándo y cómo es que lo sabe?" Preguntó en tono amenazante.

Dirigiéndose a Riza, Bradley respondió. "Me siento decepcionado de usted, Teniente Hawkeye. Creí que sus reflejos de francotiradora eran los mejores de la milicia actual y sin embargo permitió que la siguieran así sin más."

Riza recordó la noche en la que había llamado a Pinako y el cómo, al estar a pocos pasos de la cabina telefónica que terminó utilizando, se había sentido observada. Con voz un poco débil por la reciente pérdida de sangre y el shock de que Bradley estuviera enterado de su parentesco con Edward, dijo. "Entonces… fue usted…"

"¿El que notó el no tan sutil cambio en su comportamiento desde aquellos días? Sí. ¿Él que la siguió? No. Selim lleva más tiempo vigilándola de lo que creía, Teniente, y fue gracias a sus problemas en mantener su fachada que yo mismo le dije que lo hiciera desde entonces. Se dio mucho crédito creyendo que su actuación había sido lo suficientemente buena para engañar a mi vista."

Riza hizo memoria y finalmente pudo identificar que la extraña sensación de esa noche era exactamente igual a la que había sentido algunos días después cuando Selim se reveló como Pride. En aquel entonces sus emociones la cegaron tanto que se había olvidado por completo del incidente pero ahora no podía dejar de regañarse a sí misma por haber sido tan descuidada. Su más grande secreto había salido a la luz y había caído en las peores manos posibles.

Regresando su mirada a Roy, Bradley continuó. "Me sorprende, Coronel, que pueda mantener tanta confianza en una mujer que no ha dejado de decepcionarlo."

Roy lo miró con furia. "Eso no es asunto suyo." Metiendo una mano en su bolsillo para cuidadosamente cambiar de guante y así poder extender su mano en dirección al Führer, agregó. "¿Quién más lo sabe?"

"¿Acaso cree que está en posición alguna de poder hacer preguntas?" Se agachó y tomó la espada de uno de los cuerpos.

Roy estaba a punto de replicar cuando unos ruidos extraños provenientes de las tuberías superiores se hicieron escuchar. Pocos segundos después, Jerso cayó de su posición cubierto en sangre y acompañado del doctor cubierto en baba, poniendo a todos en alerta.

No tardó mucho en que extrañas sombras comenzarán a descender trayendo consigo al homúnculo Pride, el cual, por las condiciones de su ropa, parecía haber estado recientemente en un combate.

Al darse cuenta que ahora tendrían que enfrentarse a dos de los homúnculos más poderosos, Roy le dirigió una rápida mirada a Riza para después cuidadosamente separarse de ella, entregándosela a Darius.

"Cuídala por mí, por favor." Dijo mientras se preparaba para lanzar sus llamas, pero sus acciones fueron demasiado lentas para la increíble velocidad de King Bradley, quien aprovechó la distracción para agarrar una espada más y acercarse a Roy.

El Coronel intentó acertarle con sus llamas pero Bradley lo esquivó con facilidad y, en un rápido movimiento, se impulsó para caer encima de él asegurándose de fijarlo al suelo enterrando sus espadas en las palmas de sus manos.

Roy gimió de dolor y Riza trató de acercarse a él pero Darius se lo impidió. "¡Coronel!" Exclamó preocupada.

Para sorpresa de todos, Pride atravesó al doctor con una de sus sombras manteniéndolo por encima de dónde se encontraban Roy y Bradley. En tan sólo unos segundos dibujó un complejo círculo de transmutación alrededor del Coronel, procurando asegurar a Roy al suelo mediante sombras sujetas a su cuello, cintura y extremidades.

Pride mencionó que no tenían otra opción ya que se estaban quedando sin tiempo y Bradley le hizo ver a Roy que no importaba si quería hacer la transmutación humana de manera voluntaria o no. Con los conocimientos en alquimia del doctor y el círculo que Pride había dibujado era más que suficiente para llevarla a cabo, provocando que Roy abriera el portal de la Verdad.

Roy intentó zafarse de las sombras que lo sujetaban pero era imposible. No podía moverse ni un centímetro. Notando esto, Pride le dijo a Bradley que ya podía soltarlo, cosa que hizo de inmediato para después apartarse del círculo mientras se limpiaba un poco de sangre que quería escapársele por la boca tras el esfuerzo realizado.

Observando atentamente a Roy, Bradley, dijo. "Hmm, me pregunto qué es lo le quitarán."

Tras las palabras del Führer, Pride dio inicio a la transmutación provocando un par de gritos en Roy.

Sin importarle su estado, Riza se apartó de Darius e intentó acercarse a Roy, pero May se interpuso en su camino diciéndole que podía quedar atrapada en medio de la transmutación.

"¡Coronel!" Exclamó Riza sintiendo cómo su corazón se estrujaba.

La energía que generó la transmutación fue aún más intensa que la que había hecho desparecer a Ed, por lo que todos los presentes se vieron cegados momentáneamente por dicha energía y por una amplia cortina de humo. Estuvieron así hasta que la luz quedó relegada a solo un par de pequeños rayos residuales y el humo se hizo menos denso.

Temiendo lo que pudiera encontrar, Riza parpadeó un par de veces antes de enfocar su vista en el sitio dónde se había llevado a cabo la transmutación. Creyendo ingenuamente que Roy podría seguir en el mismo sitio, se vio terriblemente decepcionada e incluso aterrada ante lo que encontró ahí: Aparentemente el doctor había sido convertido en una asquerosa y deformada bola de carne con unos cuantos rostros adicionales.

Notando la mirada preocupada de Riza, Bradley habló. "No se preocupen. El Coronel Mustang debe estar con Padre en estos momentos. Aunque no puedo asegurar que todavía tenga todos sus miembros."

Riza miró con furia a Bradley pero el rostro del homúnculo no se inmutó. Por sus movimientos, Riza podía ver que el Führer se estaba preparando para enfrentarlos, lo que provocó una mayor frustración en ella por la impotencia que estaba sintiendo. El amor de su vida y su hijo estaban desaparecidos seguramente para ser obligados a apoyar de alguna manera el siniestro plan del líder de los homúnculos y ella… no podía hacer nada. Bradley no los dejaría pasar fácilmente y Riza se había quedado sin sus armas durante el enfrentamiento con los secuaces del doctor. Además, aunque no lo quisiera aceptar, su cuerpo se sentía fatigado y pesado después de haber perdido tanta sangre.

Bradley empuñó sus dos espadas y se acercó un par de pasos hacia ellos. Riza no estaba segura de qué podría hacer en esa situación pero no le daría el gusto al homúnculo de mostrarse asustada ante él. No sabía cómo pero tenía que salir de ahí con vida, no porque temiera por su propia vida sino porque aún tenía que encontrar a Roy y a Edward, y asegurarse de que estuvieran bien.

Su determinación le impidió prestarle completa atención a las palabras de Bradley, pero cuando él se refirió a ella como el 'perro de Mustang', Riza le devolvió una mirada dura, queriendo hacerle entender que no se había dado por vencida.

El Führer pareció sonreír ligeramente ante la mirada de Riza pero eso no impidió que se colocará en un pose de inminente ataque. "¿Y bien? ¿Quién será el elegido?" Dejando de lado los restos de su semblante tranquilo para adoptar una expresión llena de seriedad y enojo, continuó. "¿O acaso me atacarán todos juntos?"


Tras la inesperada transmutación que el misterioso doctor había iniciado, Ed se vio transportado abruptamente a una enorme habitación cubierta de tuberías, engranes y columnas de concreto. Tuvo una extraña sensación de dèja vu pero no le dio mucha importancia ya que, casi de inmediato, se dio cuenta de que no estaba solo. Izumi, su sensei, también estaba ahí y, aparentemente, había llegado de una manera similar a la suya. Sorprendentemente, cuando se acercó a ella y comenzó a hablar con ella, Al también llegó de la misma manera y cayó a pocos metros de donde se encontraban.

Ed intentó hablar con Al pero se vio interrumpido cuando una extraña voz lo hizo voltear en su dirección encontrándose con un ser negro cubierto de ojos y que, por alguna razón, tenía a Hohenheim medianamente absorbido dentro de su cuerpo, dejando ver sólo algunas partes de él.

Ed e Izumi se desconcertaron ante tal visión, pero Hohenheim pronto les explicó que ese ser era aquel que los homúnculos llamaban 'Padre'. Ed se sorprendió bastante dado que anteriormente había visto al homúnculo con un aspecto prácticamente idéntico al de Hohenheim y ahora tenía una apariencia bastante similar a las sombras de Pride.

Mientras el homúnculo hablaba y sonreía de manera inquietante, Ed le dirigió una mirada a Al e intentó hacerlo reaccionar pero se asustó al darse cuenta de que su hermano no reaccionaba. Comenzó a llamarlo con mayor insistencia un par de veces pero no había ningún indicio de que Al estuviera realmente ahí.

¿Acaso estará pasando por uno de esos episodios en los que su alma se separa de su armadura? Ed tragó saliva esperando que sólo fuera eso, algo temporal, lo que significaría que su hermano estaba, dentro de lo que cabía, bien. Winry le había contado acerca de lo que le había estado sucediendo a Al en los últimos meses por lo que ahora sólo podía esperar que se tratara de eso y no de algo aún más grave.

Ed estaba debatiéndose si debía revisar si el sello de sangre en la armadura de Al estaba dañado cuando un estruendo similar al que había provocado su propia llegada atrajo su atención. Él e Izumi miraron hacia la parte superior de la habitación y, tras unos segundos, pudieron ver que una especie de círculo de transmutación se generaba para poco después arrojar al Coronel Mustang.

Sorprendido ante su inesperada llegada, Ed comenzó a acercarse a él mientras lo llamaba. "¿Coronel?"

Después de la aterradora experiencia que Roy había tenido al entrar en su propio portal de la Verdad, se sentía bastante desubicado y agotado tanto física como mentalmente. Aún sentía un molesto ardor en sus manos debido a las heridas que Bradley le había causado con sus espadas y la caída había dejado sus músculos resentidos. Además… había una extraña sensación que se había apoderando de sus ojos. Era como si hubiera forzado su vista más de lo debido y podía sentir ligeras pulsaciones en el contorno de los mismos. Sintiendo que era mucho esfuerzo abrirlos, decidió sobarse la cabeza (la cual había recibido parte del impacto durante su caída) manteniendo sus ojos cerrados. Un paso a la vez.

Al llegar a su lado Ed pudo notar la sangre que cubría ambos guantes de Roy lo que, sin poder evitarlo, provocó que su preocupación se sobrepusiera a la molestia que había sentido hacia él, que aún no había podido apaciguar del todo.

No pudiendo disimular su preocupación, Ed le habló. "¿Está bien, Coronel?"

"¿Ed?" El gran alivio que Roy sintió al saber que su hijo estaba con él hizo que lo llamara una vez más por su nombre mientras una breve sonrisa se le escapaba. Abrió sus ojos un momento para verlo pero la oscuridad que lo rodeaba era tan intensa que decidió volver a cerrarlos mientras trataba de mantener a raya el dolor de cabeza que amenazaba con atacarlo.

A pesar de su descuido inicial, Roy recordó que Ed parecía no haber estado muy a gusto con que lo llamara por su nombre, por lo que decidió que probablemente no merecía llamarlo de una manera que denotaba una cercanía que él no se había ganado, así que volvió a su viejo hábito. "¿Acero?" El ruido de tela deslizándose sobre el suelo le hizo suponer que Ed se había colocado de cuclillas cerca de él. "¿Dónde estamos?" Preguntó mientras se llevaba una mano a la cabeza.

"Estamos en la guarida del jefe." No pudiendo despegar su mirada de la sangre que cubría los guantes de Roy, Ed preguntó. "¿Qué te sucedió, Coronel?"

Roy volvió a abrir sus ojos tratando de al menos distinguir la silueta de su hijo, sin éxito. ¡Maldita sea! ¿Por qué está tan oscuro aquí? Frustrado por no poder verlo, Roy contestó. "Fui arrastrado a un vacío blanco con nada más que un portal-"

Ed lo interrumpió. "¡¿Un portal?!" Entendiendo perfectamente a qué lugar se refería Roy, el chico se dejó llevar por su pánico sabiendo lo que ver la Verdad significaba. "¡¿Qué fue lo que te quitaron?!" Sin mayor preámbulo, Ed jaló una de las piernas de Roy, provocando que el Coronel cayera directamente de cara al suelo. "¿Aún tienes ambas piernas y brazos?" Preguntó mientras inspeccionaba, de manera un tanto brusca, las condiciones en las que se encontraba Roy.

A pesar del brusco trato que Ed le estaba dando, Roy sonrió para sus adentros. Tal vez sólo fuera por la repentina manera en la que se reencontraron pero casi estaba seguro de decir que el chico estaba preocupado por él así que quizás aún había una oportunidad de recuperarlo. Si tan sólo hubiera algo de luz y ahora él pudiera asegurarse de que Ed no estaba herido…

Cuando Ed dejó caer el brazo derecho de Roy y cuando el sonido de sus pasos parecían indicar que se había apartado un poco, una sensación de inquietud comenzó a despertarse dentro del pelinegro. ¿Cómo era posible que el chico pareciera no tener dudas al sujetar y revisar cada uno de sus miembros en medio de esa oscuridad?

Tratando de mirar por encima de su hombro (suponiendo que Ed no se había apartado mucho de él), Roy dijo. "¿Qué está pasando? ¿Estás ahí, Acero?"

"¿Huh?" Dejando que el Coronel se incorporara lo suficiente como para sentarse, Ed se colocó frente a él, desconcertado por su última pregunta. "¿De qué estás hablando?"

"Está demasiado oscuro aquí. ¿Por qué están apagadas las luces?" El jadeo de sorpresa de Ed hizo que Roy comenzara a llegar a una conclusión a la que realmente no quería llegar. "No puedo… ver nada." Exclamó no pudiendo impedir que algo del miedo a la realidad que estaba sintiendo se dejara ver en su tono.

Ed lo vio con preocupación y horror. No es posible… ¿cierto? Debe ser una broma…

Como si pudiera escapar de la realidad, Roy se puso de pie y comenzó a andar un poco. Es sólo la habitación. No puede ser que esté… ciego… Como triste confirmación a sus miedos, Roy no tardó en tropezarse y caer duramente al suelo.

Ed lo miró atentamente en su breve recorrido, sintiendo como sus interiores se estrujaban a cada paso que daba el Coronel, dejándolo casi sin aire cuando vio que Roy se tropezaba con una tubería fácilmente distinguible. El pánico se apoderó de su voz, haciéndola sonar casi como un murmullo. "No puede ser…"

Como si la voz de su hijo fuera la última confirmación que necesitaba, Roy se llevó una mano al rostro mientras sentía las gruesas gotas de sudor que recorrían su rostro. Estoy ciego… estoy ciego… ciego… ¿Cómo podría conseguir su meta si ni siquiera podía esquivar una maldita tubería? ¿Cómo lideraría este país si nunca más podría ver a sus ciudadanos? Ya no sería capaz de mirar el hermoso rostro de Riza ni los brillantes ojos dorados de su hijo… Su corazón se estrujó intensamente y sintió que el aire se le escapaba de sus pulmones.

En ese momento, Pride se alegró por la aparente ceguera de Roy y no tardó mucho en unírsele a Padre, quién se regodeó en la "justicia" de la Verdad al señalar el deseo de cada uno de sus sacrificios para después resaltar el castigo que habían recibido a modo de pago por desafiar a la Verdad.

Antes de que alguno pudiera replicar, pedazos de concreto y tuberías cayeron del techo de la habitación en la que se encontraban, seguidos poco después por la pequeña May y su panda. Haciendo uso de su habilidad de lectura de ki, May rápidamente se dio cuenta de que el ser cubierto de ojos era el mismísimo líder de los homúnculos. Estaba decidida a enfrentarlo pero tuvo que detenerse al darse cuenta de que Alphonse estaba ahí pero no se movía en lo más mínimo. Ed le dijo que había estado inconsciente desde que había aparecido ahí, por lo que la niña se acercó a la armadura y comenzó a llamarlo intentando hacerlo reaccionar de alguna manera.

Después de algunos intentos fallidos, May suspiró y renuentemente se colocó al lado de Ed. Si Alphonse no regresaba en ese momento al menos tenían que asegurarse de que su armadura estuviera a salvo. Sin embargo, justo cuando ella y Ed se ponían en posición de defensa, la armadura de Al dio una sacudida y finalmente el brillo rojo que eran sus ojos volvió.

Ed se sintió inmensamente aliviado de ver que Al seguía con ellos. El latente peligro de que su alma terminara desconectándose por completo de la armadura era algo que le preocupaba por lo que, entre más rápido vencieran al bastardo barbudo mejor, así podría dedicarse completamente a recuperar el cuerpo de su hermano.

En cuanto Al se incorporó y empezó a preguntar qué estaba pasando, Padre comenzó a sonreír con malicia, alegrándose de ya contar con sus cinco sacrificios. Ed e Izumi le fruncieron el ceño al homúnculo y en ese instante Al se percató de que el Coronel también estaba ahí pero tan pronto como lo hizo se dio cuenta de que algo estaba mal con él. Roy estaba sentado en el suelo cubriéndose la parte superior del rostro con sus manos, las cuales estaban cubiertas por guantes ensangrentados. Confundido, Al miró a su hermano y pudo ver que Ed estaba mirando al Coronel con preocupación.

Sintiendo la mirada de Al, Ed lo miró y suspiró antes de hablar. "El Coronel… sus ojos…" Por alguna razón, el chico no fue capaz de pronunciar la palabra 'ciego'. Era como si quisiera huir de la realidad que estaba afectando a su progenitor.

Sin embargo, una sutil exclamación de sorpresa de parte de su hermano, le hizo ver que no era necesario que especificara. Además, Izumi aprovechó el pequeño respiro que les dio el homúnculo para acercarse a Roy y hacerle preguntas acerca de su visión.

Cuando Roy confirmó que no podía ver nada, Ed recordó que el Coronel había estado frente al portal de la Verdad, lo que le hizo sentir una breve sensación de decepción combinada con molestia al pensar que Mustang se había atrevido a hacer una transmutación humana. Pero su malestar hacia Roy no duró mucho, ya que él mismo le preguntó si de verdad creía que lo había hecho. A pesar del aspecto grisáceo que habían adquirido sus orbes, la expresión de frustración, confusión y un toque de miedo hicieron que Ed se diera cuenta de que ni él mismo podía creer realmente que el Coronel haría algo así.

Notando el intercambio de palabras entre ambos, Pride intervino y aclaró que ellos habían sido los que habían forzado a Roy a realizar la transmutación humana. Tras escuchar eso, la furia de Ed se liberó por un momento, maldiciendo y enfrentando a Padre diciéndole que no podía estar hablando de la "justicia" que la Verdad había ejercido en todos ellos cuando el Coronel había sido forzado a realizar la transmutación a diferencia de Al, Izumi y él que la habían hecho de manera voluntaria. El homúnculo no le tomó importancia pero Ed ya había tenido suficiente de palabras. Era momento de detener a ese bastardo.

Casi en sincronía con él, Al se colocó en posición para enfrentarse al enemigo mientras que Ed desviaba su mirada del homúnculo para encontrarse con la de su sensei. El chico la miró y después lanzó una mirada al Coronel para finalmente volver a conectar con la mirada de Izumi. Aunque extrañada por esa demostración de preocupación por su superior, Izumi entendió lo que quería pedirle y asintió con la cabeza dispuesta a proteger a Roy mientras que los Elric comenzaban con el ataque.

Ed, Al y May comenzaron con el ataque, con la pequeña niña decidida a enfrentarse a Padre mientras que los hermanos se ocupaban de Pride. Sin embargo, tras unos minutos, May se vio seriamente herida por un ataque de Padre. Al fue a ayudarla mientras Ed se enfocaba en enfrentarse al pequeño homúnculo. A pesar de la burla oculta de Pride al decirle que no tenía oportunidad contra él por haber sido un chico pequeño que siempre se enfrentaba a oponentes más grandes que él, Ed logró adivinar con facilidad sus trucos y se colocó en una situación de ventaja contra él pero no pudo continuar dado que Padre sacó una especie de tentáculos de su cuerpo y acercó a sus cuatro sacrificios a unos cuantos metros de él.

Justo cuando parecía que se estaba colocando en posición, Greed apareció sorpresivamente atacándolo por la espalda. Por un instante pareció que había logrado detenerlo pero Padre no tardó en hablar arrogantemente dejándole ver que sabía que llegaría en cualquier momento. Sin darle oportunidad de replicar, el homúnculo dejó salir a Hohenheim de su cuerpo (aunque manteniéndolo igual de inmovilizado que los demás) y se trasladó hasta el lugar dónde reposaba su silla para poder activar el círculo de transmutación que comenzaba en la mesa que se encontraba al lado de él.

La energía que desprendió la transmutación fue enorme. La habitación se llenó de rayos de color rojos que centellaban con bastante intensidad y que iban creciendo con cada segundo que pasaba. Poco después un extraño ojo apareció en el abdomen de cada uno y posteriormente quedaron inconscientes.

Los cinco (además de May, Xiao Mei y Greed) recobraron los sentidos casi al mismo tiempo. Ed y Izumi tosieron un par de veces antes de incorporarse, notando en el proceso que una espesa nube de humo cubría prácticamente toda la habitación.

Los ahí presentes no tardaron mucho en darse cuenta de que todos los ciudadanos de Amestris habían sido transformados en una piedra filosofal y ésta había sido absorbida por Padre para, a su vez, adquirir el poder de un dios. Todos se sintieron abrumados al saber lo que había sucedido. Tantas personas queridas habían sido sacrificadas…

Sin siquiera darles oportunidad de asimilar por completo lo que había sucedido, Padre desactivó el uso de alquimia y comenzó a atacarlos con pequeñas pero poderosas bolas de energía que definió como soles. Su potencia era increíble pero, sorprendentemente, Hohenheim logró hacerle frente creando una especie de barrera protectora alrededor de ellos, aunque el daño que estaba recibiendo fue visible rápidamente ya que sus manos parecían estar comenzando a quedarse sin piel, sin darle tiempo suficiente de regenerar la zona.

Padre quiso atacarlos desde el suelo pero May se las arregló para formar un círculo de transmutación para aprovechar su habilidad de alkahestria, la cual era perfecta para repeler los ataques provenientes de la tierra pero que aún requería de la defensa frontal de Hohenheim.

Fue en esos momentos que Roy, quien había sido guiado y apoyado por una mujer que asumió que era la maestra de la que los Elric le habían llegado a mencionar en alguna ocasión, se dio cuenta que había una voz nueva de la que no se había percatado antes. Era la voz de un hombre que sonaba un poco mayor que él pero que parecía conocer muy bien al enemigo que estaban enfrentando. En un inicio creyó que la oscuridad que lo envolvía lo estaba confundiendo pero en ese punto se dio cuenta que había alguien más con ellos además de May y, por lo que había escuchado, el que estaba seguro que era el homúnculo Greed. Por lo que se imaginaba, ese hombre misterioso tenía que ser uno de los sacrificios utilizados por Padre. Pero, ¿quién podría ser?

Roy se mordió el labio inferior en frustración. Estaba tan confundido. Ni siquiera era capaz de saber con certeza quienes estaban ahí luchando contra el enemigo. Las ráfagas de viento provocadas sin duda alguna por la potencia de la energía alquímica eran más que suficiente para que Roy se diera cuenta de que estaban ante una situación crítica y él… no podía hacer nada. Se sentía un completo inútil. No había podido superar el golpe de realidad que significaba que su vida continuaría en un abismo de oscuridad hasta el último de sus días pero se estaba llenando de impotencia al sentir cómo los demás daban lo mejor de sí mismos mientras él no era capaz de iniciar la más mínima llama por miedo a errar y lastimar a sus aliados. Había una alta posibilidad de que Riza estuviera atrapada dentro de la piedra filosofal que había creado ese monstruo… Su hijo estaba luchando y él no podía protegerlo como se supone que debería hacerlo. Maldita sea. Apretó sus puños hasta que sus nudillos se pusieron blancos.

Roy fue sacado de sus pensamientos cuando el hombre misterioso que los acompañaba volvió a hablar. Por lo que decía, parecía que al menos algo estaba saliendo fuera de lo contemplado por el homúnculo y, cuando Padre respondió, Roy descubrió que el hombre desconocido se llamaba Hohenheim. El nombre no le dio mayor pistas sobre su identidad pero ya era avance poder saber al menos cómo se llamaba la persona que aparentemente se estaba asegurando de protegerlos de los ataques del homúnculo.

La confrontación verbal entre Hohenheim y el homúnculo siguió por unos momentos más hasta que llegaron a un punto trascendental: Había una forma de devolver las almas a sus cuerpos originales. Tras un par de palabras entre ambos, el plan para lograrlo comenzó a llevarse a cabo y una especie de jadeos comenzaron a escucharse provenientes de Padre antes de que éste soltara un fuerte grito y una onda expansiva lo hiciera retroceder un par de pasos. Pocos minutos después, Hohenheim declaró que las almas de los amestrisanos habían vuelto a sus cuerpos. Roy no sabía cómo era que estaba tan seguro de ello pero estaba dispuesto a creer en él… Necesitaba creer en sus palabras.

Hohenheim discutió un poco más con el homúnculo y, tras haber perdido las almas que acababa de robar de los amestrisanos, Padre decidió cesar momentáneamente los ataques que les estaba mandando. Roy no pudo evitar una ligera sonrisa de satisfacción al confirmar en ese diálogo que las almas habían vuelto a sus dueños. Sin embargo, en ese momento el ruido de alguien desplomándose se hizo escuchar y la palabra que escuchó después lo dejó sin aliento.

"¡Papá!" Exclamó Alphonse mientras indudablemente se dirigía hacia Hohenheim, el cual seguramente había sido el que se había desplomado.

Al fin tenía la respuesta que había estado buscando en los últimos minutos. El hombre desconocido era el padre de Al… y de Ed. Él había sido el que había criado a su hijo los primeros años de su vida y después lo abandonó. La mandíbula de Roy se tensó. Sabía que estaban en medio de una situación crítica pero sus sentimientos estaban creando su propio alboroto dentro de él. No podía verlo pero estaba a tan solo unos metros del hombre que le había prometido a Riza cuidar de Edward y que pocos años después lo había dejado atrás junto a su propio hijo sanguíneo y su esposa. Hace unos meses, Ed le había dejado ver el gran desprecio que tenía por ese hombre y, sin embargo, aquí estaban ambos… trabajando juntos. Además ahora resultaba que Hohenheim había diseñado un plan que fue lo suficientemente bueno como para frustrar el plan principal del homúnculo, de una manera que ninguno de ellos había previsto. El instinto paterno de Roy quería hacerle olvidar esto último para golpear al hombre por haber abandonado a los Elric pero… ¿cómo podría hacer eso si ni él, siendo el padre biológico de Ed, había cumplido con su rol como figura paterna para su hijo? La imagen del dolor reflejado en unos ojos dorados le vino a la mente, recordándole que él mismo había causado ese dolor y haciéndole llegar a una dura conclusión: Él no era mejor que Hohenheim, de hecho se sentía muy inferior a él. Mientras que Hohenheim acababa de salvar millones de vidas, sus manos estaban manchadas por la sangre de cientos de ishvalanos que había quemado años atrás.

Roy siguió en ese tren de pensamientos hasta que el sonido de un fuerte impacto le hizo darse cuenta de que el homúnculo los estaba atacando nuevamente. Aunque sabía que no había nada que pudiera hacer por el momento, sacudió ligeramente su cabeza para enfocarse en el momento pero la poca concentración que estaba logrando retomar se perdió pocos segundos después cuando escuchó las palabras que estaban compartiendo los Elric… con su padre.

"¡Aguanta, papá!" Exclamó Alphonse después de que el ruido de su armadura indicara que se había movido.

"¡Vamos, bastardo! ¡No te rindas ahora!" Gritó Ed. Por el origen de su voz, Roy estaba seguro de que estaba al lado de Alphonse.

Hubo una breve pausa antes de que Hohenheim respondiera. "Bueno… siempre fui un fracaso como padre, pero ahora ustedes, chicos, me hacen desear presumir un poco."

Después de que una onda de energía le hiciera darse cuenta de que Hohenheim estaba realizando una especie de contraataque, Roy ya no puso atención a más palabras. Se sentía… extraño. Ciertamente Ed no había llamado 'papá' a Hohenheim (como internamente se temía Roy) pero su tono de voz parecía diferente al que había utilizado cuando, algunos meses atrás, le había hablado acerca de sus sentimientos respecto a su padre. No tenía el mismo desprecio que Roy había notado en aquel entonces y él no sabía cómo sentirse acerca de ello. ¿Debería tomarlo como una esperanza de que Ed lo perdonaría por lo que había sucedido durante el enfrentamiento con Envy, o más bien significaba que, entre ambos, Ed prefería a Hohenheim como padre?

Poco después dos aplausos y el ruido que indicaba que habían sido realizadas algunas transmutaciones, sacaron a Roy de su estupor. Aparentemente el uso libre de la alquimia había vuelto por completo y Ed y Al rápidamente se enfocaron en la ofensiva. Algunos segundos después, Izumi le dijo a Roy que no se moviera de su lugar y, dando unos pasos hacia el frente, se unió al ataque.

Roy sólo podía escuchar una inmensidad de ruidos provenientes del suelo al ser transformado por medio de la alquimia y el choque del concreto. El homúnculo se había quedado callado pero eso no era impedimento para que pudiera responder a cada uno de los ataques que le dirigían. Mientras tanto Hohenheim indicó que debían seguir con ese ritmo hasta que la piedra filosofal de Padre se agotara. Poco después. Roy escuchó un grito de ¡Cuidado! de parte de Greed y lo siguiente que supo es que su rostro había saludado directamente al suelo. Estaba a punto de quejarse cuando pudo notar una ráfaga de aire por encima de su cabeza, lo que le hizo suponer que Greed lo había salvado de un impacto directo. Estaba agradecido de que de alguna manera todos se las arreglaban para mantenerlo a salvo a pesar de sus condiciones actuales pero… ¡Demonios! ¿Por qué no podía quitarse la sensación de que se había convertido en una carga para ellos? ¡Él debería estar ahí achicharrando al homúnculo en un dos por tres en lugar de ser incapaz de defenderse solo!

No mucho después, los ataques cesaron por un momento. Antes de que Roy pudiera preguntar qué era lo que sucedía, Hohenheim le terminó respondiendo indirectamente.

"¡Se fue a adquirir más piedras filosofales!" Un nuevo ruido típico de la alquimia le hizo suponer que el hombre había seguido al homúnculo. Seguramente al patio principal del Comando Central dónde se encontraban decenas de soldados.

"¡Vamos tras él!" Dijo Izumi energéticamente.

"Sí, sensei." Respondió Al.

Izumi se acercó a Roy y le colocó una mano en el hombro antes de hablarle. "También tenemos que ponerte a salvo."

Frustrado, Roy acercó una mano a sus ojos. "Lo siento… estamos en medio de la mayor crisis que ha vivido este país y soy completamente inútil. ¡Qué patético soy!"

Izumi le dio un apretón a su hombro y dijo con voz amable. "Tranquilo. Nos puede pasar a todos."

Roy no pudo darle una respuesta debido a la voz preocupada de Al. "¡Hermano!"

"¡Ed!" Exclamó Izumi.

"¿Acero?" Preguntó Roy entre preocupación y confusión. No podía saber qué era lo que estaba sucediendo precisamente.

"¡Adelántese!" Dijo Ed con voz un poco tensa seguramente por el esfuerzo que tenía que estar haciendo en esos momentos. "Aún tengo asuntos pendientes con este chico."

"Hermano." Dijo Al. La indecisión evidente en su tono.

"Vamos, Al. Tenemos que detener a ese sujeto." Dijo Izumi con voz firme que no daba pie a una negativa por parte del menor de los Elric.

A pesar de lo imponente de su tono, Roy no estaba dispuesto a ceder tan fácilmente. "¡Esperen! ¿Qué está sucediendo aquí?"

"Mi hermano se está enfrentando a Pride."

Roy intentó zafarse del agarre de Izumi al recordar lo que Riza le había contado sobre ese homúnculo y lo que él mismo había alcanzado a ver de sus habilidades. El miedo de que ese niño le hiciera daño a su hijo estaba creciendo exponencialmente. "¡No podemos dejarlo solo! ¡Hay que ayudarle!" Al no obtener respuesta gritó. "¡Acero!"

"¡Váyanse, Coronel!" Gritó Ed desde el lugar en el que se encontraba.

Esta vez Izumi colocó su brazo alrededor de los hombros de Roy y lo atrajó hacia su costado. Al Coronel le sorprendió la fuerza y la facilidad con que hizo ese movimiento. "No podemos permitir que ese monstruo se atreva a arrebatar más vidas." Dijo con tono severo. "Además Ed puede hacerlo. Tenemos que confiar en él."

Roy apretó sus puños con fuerza. Sabía que Ed era un alquimista muy habilidoso pero no tenía porqué arriesgar su vida frente a alguien tan peligroso como Pride. Roy debería ser el que lo protegiera y no, en cierta forma, al revés.

No dispuesta a seguir perdiendo más tiempo, Izumi inició una transmutación. "Más te vale no perder, Ed." Dijo mientras comenzaban a ascender.

"¡Sí, madame!" Respondió el rubio.

Roy no tuvo más remedio que resignarse y dejarse guiar por Izumi, mientras llenaba su mente de maldiciones hacia sí mismo por lo impotente que se sentía en esos momentos.