N/A: Hola! :)
Muchas gracias por seguir con nosotras en esta historia 3 Esperamos que disfruten este cap y, por favor, no duden en compartirnos sus opiniones al respecto en los comentarios.
Saludos!
Golden y Flame
Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.
Capítulo 24. El fin de la batalla
Tras unos segundos de ascenso desde las profundidades del Comando Central, Izumi, Al, May y Roy se encontraron con otras personas algunos pisos antes de llegar hasta la superficie. Roy pudo distinguir la voz del Mayor Armstrong pero decidió no enfocarse en descubrir quién más estaba con ellos cuando escuchó la voz de Riza. Estaba viva.
Poco antes de ese momento, Riza se había sorprendido al ver ascender a un misterioso hombre joven algunos segundos antes pero fue más grande su sorpresa cuando descubrió que lo seguía ni más ni menos que Van Hohenheim. No había visto al hombre en más de 15 años pero parecía que el tiempo no había pasado en él. Se veía idéntico a cómo lo recordaba. Obviamente el aspecto de su ropa le dejaba ver que seguramente había estado enfrentándose al enemigo pero no entendía cómo había terminado involucrado en todo este embrollo.
Antes de que pudiera ahondar en lo que la presencia de Hohenheim significaba, Alphonse hizo su aparición acompañado de May seguido de una mujer de cabello oscuro y Roy. Su corazón dio un vuelco cuando lo vio. El amor de su vida estaba bien. Aún no había podido encontrar a Ed pero al menos Roy estaba ahí y eso permitió que la presión que se estaba ejerciendo en su corazón disminuyera un poco. Juntos podrían encontrar a su hijo además de que, si Roy estaba vivo, eso significaba que al menos el doctor no había mentido al decirles que simplemente había mandado al chico a otra parte.
Riza se olvidó de su herida y rápidamente se abrió paso entre todos para poder ayudar a Roy a descender de la gran mano de concreto que la mujer había hecho con alquimia.
Aunque un poco fastidiada por no poder expresar abiertamente todo el alivio y amor que estaba sintiendo al verlo, a Riza no le quedó otra opción más que apegarse a las formalidades. "¿Está herido, Coronel?"
Aprovechando la mano que Riza le había ofrecido para ayudarlo a bajar, Roy le dio un apretón cariñoso tanto para tranquilizar y, en cierta forma, para convencerse a sí mismo de que realmente estaba ahí.
Suspirando pesadamente, Roy respondió. "Me quitaron la vista."
Fueron interrumpidos momentáneamente cuando Izumi dijo que tenían que irse para detener al homúnculo.
En cuanto el ruido le indicó que Izumi había partido, Roy volvió a dirigirse a Riza. "Teniente, ¿cómo están sus heridas?"
Riza soltó la mano de Roy para poder colocar ambas manos sobre sus hombros y así poder revisar si tenía algún otro tipo de herida. No podía creer lo que Roy le acababa de decir con respecto a sus ojos, pero los orbes negros que ella adoraba habían sido reemplazadas por unas grisáceas. Deseaba en ese momento acariciar su rostro y abrazarlo. "Ahí va de nuevo, Señor. Debería estar más preocupado por sí mismo. Sus ojos-"
Roy la interrumpió. "¡Teniente!" Riza se sorprendió por el cambio en el tono del Coronel pero, a pesar de que sus orbes no podían ver, sus ojos denotaban la gran determinación que lo estaba embargando. "¿Aún puede pelear?"
Riza no necesitaba más palabras para entender precisamente lo que Roy le estaba pidiendo, por lo que, tras observar que el Coronel no presentaba más heridas, respondió con seguridad contagiándose de la determinación de Roy. "¡Sí, Señor!"
Roy no pudo evitar una ligera sonrisa ante la propia determinación de Riza. En otras circunstancias le hubiera dado prioridad a que ella descansara para que sus heridas pudieran terminar de sanar pero no podía evitar sentir admiración por ella al aceptar apoyarlo en un momento tan crítico. "Perfecto, Teniente, porque tenemos que encargarnos de ese monstruo. No podemos permitir que Edward se haga cargo de todo."
Involuntariamente, Riza apretó con algo de fuerza los hombros de Roy mientras una exclamación de sorpresa salía de sus labios. "Edward… ¿está bien? ¿Dónde está?" Antes de que él pudiera responderle, agregó. "No lo vi pasar…" Dijo con voz pensativa seguramente con la vista fija en el lugar en el que desaparecieron Izumi y los demás.
Roy colocó su mano sobre una de las de ella que reposaba en su hombro. "Está bien. Probablemente tiene un par de rasguños porque se unió al ataque contra el homúnculo. Y…" Trató de tragar el nudo que se estaba formando en su garganta ya que no podía eliminar por completo su preocupación por él. "Debe seguir abajo. Se quedó enfrentando a Pride."
Riza dejó escapar una exclamación de sorpresa y el ligero temblor de sus manos le hizo saber a Roy que estaba compartiendo la misma preocupación que él.
Roy acarició disimuladamente la mano de ella. "Tenemos que confiar en él. Ed va a estar bien." Tiene que estarlo, por favor.
La breve pausa que se dio entre ellos, hizo que Roy se diera cuenta de que Riza estaba luchando contra su propio miedo e incertidumbre de tener que dejar atrás a Edward pero después de un suspiro, ella respondió. "De acuerdo, Señor."
A pesar de su estado, la lucha con Pride no fue tan fácil. Con la energía que le quedaba se encargó de sujetar a Ed con sus sombras para restringir sus movimientos. Sin embargo, le dio tiempo suficiente para que el rubio pudiera hablar con él, expresando su incredulidad ante la gran lealtad que el homúnculo tenía con Padre. Aunque intentara no darle importancia a las palabras del chico acerca de que Padre no se preocupaba en lo más mínimo por él, Ed pudo darse cuenta de que sus palabras no pasaron desapercibidas por el pequeño homúnculo, pero, en respuesta, Pride usó las sombras que lo sujetaban para azotarlo contra el suelo un par de veces.
Aprovechando el tiempo antes de que Edward se levantara, Pride dijo que necesitaba un nuevo contenedor. Ed notó que estaba un poco indeciso acerca de hacerlo porque era riesgoso pero el homúnculo dijo que sus ojos dorados tenían que significar que tenía ascendencia xerxiana por lo que debía ser un vínculo suficiente para sujetar su piedra filosofal al cuerpo del rubio puesto que Pride había nacido de Padre, quien a su vez había hecho su cuerpo en base a la información genética de un xerxiano.
Haciendo uso de la herida que él mismo le había provocado, Pride insertó una de sus sombras en la mejilla de Ed, provocando un momento de agonía para el rubio. La corriente de energía proveniente de la piedra filosofal era muy intensa pero, tras unos segundos, la intensidad de la misma disminuyó considerablemente. La conexión que el homúnculo había creado seguía ahí pero su concentración parecía estar en otro lado. Ed no tenía tiempo de averiguar qué era lo que estaba haciendo precisamente, tenía que actuar. Así que, con algo de esfuerzo, se puso de pie y chocó sus palmas para inmediatamente llevar su mano de automail a la cabeza de Pride.
La transmutación arrojó varios rayos de energía a su alrededor hasta que finalmente Ed cerró su mano en un puño mientras el cuerpo de Pride comenzaba a volverse polvo. Respirando profundamente ante lo sucedido, abrió su mano y descubrió el cuerpo diminuto de un bebé.
Durante la transmutación, una breve imagen se cruzó en la mente de Ed derivada de la conexión que tenía con el homúnculo en ese momento. Había sido cuestión de un instante pero el rubio estaba seguro de que se trataba de los rostros de King Bradley y su esposa. Suspirando, Ed buscó su abrigo, el cual había sido descartado durante el enfrentamiento previo con Padre, para poder doblarlo y así colocar el pequeño cuerpo de lo que alguna vez había sido Pride en él.
Con la resolución de entregar a Selim a la señora Bradley cuando todo terminara, Ed se dio media vuelta y se acercó al centro de la habitación dónde se encontraban los restos de concreto que los demás habían utilizado para llegar hasta arriba. No se había percatado antes pero realmente se encontraba varios pisos por debajo del patio principal del Comando Central.
Estirando un poco sus miembros para prepararse para el siguiente enfrentamiento, Ed volvió a chocar sus palmas y las llevó al suelo para transmutarlo de la misma manera en que lo habían hecho Al e Izumi. No iba ni muy lento ni muy rápido pero mantuvo su vista hacia arriba para detener la transmutación en el momento preciso. Al estar en esa posición, no prestó atención a cada piso que pasaba pero tras unos segundos una voz le hizo bajar su vista un momento.
"¡Edward!" Exclamó Riza en cuanto lo vio pasar.
Ed sólo tuvo tiempo de mirarla un par de segundos antes de que su transmutación lo alejara de ella. La Teniente se veía extrañamente pálida y casi podía jurar que la herida de su hombro se había abierto terriblemente ya que alcanzó a ver que la mancha de sangre que había tenido anteriormente en una parte de su hombro ahora lo cubría por completo llegando incluso a dejar un rastro en gran parte de su rostro y cuello.
¿Pero qué demonios? Pensó preocupado pero en cuanto salió de su campo de visión, sacudió ligeramente su cabeza. Concéntrate. Tienes que enfocarte en derrotar a ese bastardo. Quizás esa sangre no sea suya… por favor, que no sea de ella. Suspiró tratando de enfocarse. Va a estar bien. El Coronel estaba con ella y, en sus condiciones, no es prudente que se acerquen al homúnculo. Van a estar a salvo mientras terminamos con esto.
Aunque sus intenciones hubieran sido buenas, habría sido mejor que Edward se hubiera quedado al menos unos segundos con Hawkeye y Mustang. Tan pronto como la plataforma que lo impulsaba salió libremente a la luz del día, Ed pudo alcanzar a ver por un instante a varias personas de aspecto pálido y movimientos torpes, antes de que una gran explosión lo envolviera por completo.
"¿Teniente?"
Riza suspiró para recobrar la compostura. "Edward acaba de pasar, Señor." Aunque preocupada, se permitió una pequeña sonrisa de alivio y orgullo. "Tenía razón. Parece ser que ya ha terminado su combate con Pride."
Roy también esbozó una ligera sonrisa. "Ese chico no deja de sorprenderme." Cuidadosamente colocó un brazo alrededor de los hombros de Riza, procurando reposar su mano en el hombro contrario al lado en el que había sido herida por el secuaz del doctor. "Muy bien, Teniente, no podemos dejarlo solo ¿cierto?"
Riza asintió pero rápidamente sintió tristeza al recordar que el Coronel no podía verla. Inhalando profundamente, respondió. "Sí, Señor. Vamos." Si a pesar del injusto castigo que Roy había recibido su motivación por enfrentarse al enemigo no había desaparecido, ella no se podía quedar atrás. Su herida aún le molestaba con pequeñas pulsaciones ocasionales y le costaba algo de trabajo mantenerse en pie sin tambalearse pero no podía darse el lujo de descansar cuando el destino de muchos estaba en juego, sobre todo cuando su propio hijo estaba dando todo de sí para salvar al país.
Ganando confianza en la cercanía del uno con el otro, Roy y Riza siguieron a los Armstrong, las quimeras, los soldados de Briggs y a un hombre desconocido al borde del lugar donde se encontraba. Tan pronto como todos estuvieron reunidos en un mismo punto, Alex hizo gala de sus poses para resaltar sus músculos antes de iniciar una transmutación para llevarlos hasta la parte superior.
Estando a tan solo un par de pisos de llegar a la superficie, el Mayor Armstrong detuvo la transmutación al descubrir que en el piso al que habían llegado en ese momento se encontraban Scar, Greed y Lan Fan.
Al verlos, Greed les explicó un poco de lo que había sucedido en la parte subterránea del Comando, resaltando el hecho de que el homúnculo se había vuelto realmente peligroso. Después, al echar un rápido vistazo a todos los presentes, comenzó a dar órdenes de que todos los heridos debían quedarse ahí. Olivier inmediatamente se opuso y comenzó a discutir con Greed hasta que uno de los soldados de Briggs intervino para poder pasarle el auricular del radio que llevaba. Aunque la calidad de sonido no era la mejor, todos pudieron escuchar claramente lo que había acontecido hace poco: una fuerte explosión había destruido gran parte del Comando Central.
Al escuchar esas últimas palabras, Riza sintió que el aire se le escapaba. Ciertamente había sentido una especie de temblor mientras ascendían pero lo asoció directamente al movimiento de la plataforma en la que estaban viajando. Instintivamente enfocó su mirada hacia arriba pero no podía ver más que algo de luz solar que se dejaba entrever a través de una capa de humo. Edward…
Roy sintió la tensión en los hombros de Riza por lo que, mientras trataba de ocultar su propia preocupación, la atrajó discretamente un poco más hacia él. Tal vez no pudiera decirle con palabras que estaban juntos en esto y que, de alguna manera, todo estaría bien, pero esperaba que al menos ese gesto fuera suficiente para darle al menos un poco de calma a ella.
Riza se sintió agradecida pero no tuvo tiempo de devolverle el gesto dado que Greed, quien ya estaba alistándose para continuar con el ascenso, repitió que no quería que los heridos subieran a enfrentarse a su 'Papi'. Dándose cuenta de que incluso Olivier había terminado accediendo a quedarse, Riza se sintió insegura. ¿Cómo iba a lograr convencer a Greed de que tenía que ir con ellos?
Como si sintiera su inquietud, Roy dio un paso al frente sin despegarse de Riza, provocando que ella avanzara junto con él.
"Muy bien, vamos." Dijo el Coronel con voz determinada.
"Hey, dije que nada de heridos." Refunfuñó Greed.
"Necesitan mi ayuda para quemar la piedra filosofal de ese sujeto, ¿cierto?" Greed hizo un sonido de 'Tch', pero Roy no le dio la oportunidad de interrumpirlo. "Entonces necesito que la Teniente sea mis ojos."
Riza se deshizo de la inseguridad que la estaba llenando y miró a Greed con una mirada decidida.
Greed intentó volver a negarse pero Lan Fan y las quimeras se lo impidieron, recordándole que no podían perder tiempo. Aunque no muy a gusto, Greed terminó cediendo y todos volvieron a acomodarse en la plataforma para que Alex pudiera terminar de llevarlos a la superficie.
Ed se despertó sintiendo sus párpados inmensamente pesados. Ni siquiera se había dado cuenta del momento preciso en el que perdió la consciencia pero tenía la impresión de que no había pasado mucho tiempo desde que sucedió. Lentamente, comenzó a intentar moverse provocando que los nervios conectados a su brazo de automail se hicieran notar. Con cuidado, volteó su rostro hacia su automail y se dio cuenta de que estaba sumamente dañado pero, aunque de manera un tanto dolorosa, todavía era capaz de moverlo.
Cuando fue capaz de incorporarse un poco, volteó hacia un lado y descubrió que Izumi estaba desmayada y manchada de sangre a pocos pasos de él.
"¡Sensei!" Con un poco de dificultad, Ed se acercó hacia Izumi mientras seguía llamándola. "¡Sensei! ¡Sensei!"
Su voz fue suficiente para hacerla reaccionar, por lo que Izumi comenzó a levantarse cuidadosa y lentamente mientras le respondía. "Estoy viva." Se llevó una mano a su hombro tratando de apaciguar la punzada de dolor que sintió. "Hohenheim… me salvó en el último segundo."
Tan centrado estaba Ed en Izumi que no se había dado cuenta que un poco adelante de ellos se encontraba Hohenheim con los brazos extendidos para cubrirlos. Su ropa se había rasgado considerablemente y su piel tenía un aspecto extraño. Era como si tuviera una especie de marcas de transmutación.
Verlo en ese estado desconcertó a Ed. "¡Hohenheim!" Preocupado, el chico se separó de Izumi y se colocó en frente del hombre, buscando hacerlo reaccionar de alguna manera. "¡Hey! ¡Reacciona!" Involuntariamente, un pensamiento cruzó su mente. ¿Está… muerto?
Ese pensamiento comenzó a crearle una extraña sensación de vacío pero no tuvo tiempo de ahondar en ella puesto que Padre se había acercado lentamente hacia ellos y ahora se encontraba justo detrás de Hohenheim. Ed quiso advertirle pero el homúnculo rápidamente colocó una mano en la cabeza del hombre (provocando que Hohenheim finalmente abriera sus ojos, dándole al menos un poco de alivio al chico) antes de lanzarlo fuertemente a un costado.
"¡Hohenheim!" Ed retrocedió para ayudar a Izumi pero ambos estaban tan heridos que era difícil ponerse de pie.
Padre no perdió el tiempo e intentó convertir a ambos en piedras filosofales. La sensación de sentir cómo tu alma quería escaparse de tu cuerpo era terrible y sumamente dolorosa. Ed llegó a creer que no habría escapatoria de su destino cuando una ronda de disparos se hicieron escuchar. Aunque Padre se cubrió con ayuda de su alquimia, la distracción fue más que suficiente para impedir que el proceso de creación de piedras filosofales fuera completado por lo que, mientras Ed e Izumi jadeaban para recuperar el aliento, un par de soldados de Briggs se acercaron a ellos para sacarlos de ahí al mismo tiempo que otro grupo se ocupaba de seguir distrayendo a Padre.
Ed le agradeció a uno de los soldados que los sacó de ahí pero también tuvo que hacerles saber que se necesitaba de algo mucho más fuerte para hacerle daño al homúnculo ya que, con la gran cantidad de disparos que le habían dirigido, era muy probable que ni siquiera le hubieran hecho un rasguño.
Aunque sorprendido por las palabras del rubio, el soldado se aseguró de dejarlos en un lugar seguro antes de hacerle señas a otro soldado más para que se acercara. Este último cumplió rápidamente con la indicación y, en cuanto estuvo al alcance, el soldado que había ayudado a Ed usó el radio para indicar que necesitaban refuerzos haciendo énfasis en que necesitaban el armamento más potente que pudieran traer.
Los soldados de Briggs obedecieron órdenes por lo que una lluvia constante de balas estuvo cayendo inexorablemente sobre el homúnculo, el cual estaba deshaciéndose de las balas sin siquiera mover un músculo.
Durante esa sucesión de balas, el grupo del Mayor Armstrong finalmente llegó a la superficie y comenzaron a dispersarse. Riza se mantuvo apoyando al Coronel para guiarlo mientras Armstrong se quedaba del otro lado de Roy. Sólo necesitaron unos segundos para detectar al homúnculo casi en el centro del patio principal del Comando Central. Aunque él era su objetivo, Riza realizó un rápido recorrido visual hasta que encontró lo que buscaba. Apretando su quijada ante la molestia de ver que Edward estaba sangrando en varias partes de su cuerpo por culpa de ese monstruo, Riza guió un par de pasos más al Coronel antes de darle indicaciones.
"Coronel, el enemigo se encuentra a las 12 en punto, a distancia media. El camino está despejado." Dijo con voz firme.
Confiando en sus indicaciones, Roy no dudó ni un momento antes de chocar sus palmas para finalmente chasquear sus dedos para dirigir una potente llamarada hacia el enemigo.
Cuando la ola de calor producida por su ataque se difuminó un poco, Roy preguntó. "¿Le di?"
"Estuvo desviado por unos pocos metros, Señor. Ajuste su puntería cinco grados a la derecha."
Roy contestó mientras volvía a juntar sus manos. "Es difícil modular el poder de mi fuego cuando no puedo ver nada."
"No necesita modular, Señor." Respondió Riza mientras analizaba cuidadosamente la posición del enemigo. "Distancia de 50… no, 53 metros."
Roy chasqueó sus dedos mientras se quejaba de su nuevo método de transmutación y del dolor que le producía el chasqueo por las heridas de sus manos. "No estoy acostumbrado a juntar mis manos para transmutar."
Esta vez el homúnculo levantó una de sus manos para reunir parte de las llamas que Roy le había lanzado para posteriormente devolverlas a su dueño.
"¡Se acerca un ataque frontal!" Alertó Riza.
Recordando la forma en que Ed solía transmutar, Roy juntó sus manos antes de llevarlas al suelo para crear una gruesa barrera de protección.
En cuanto las llamas terminaron de extinguirse, Riza dijo. "Bien hecho, Señor."
Roy se llevó una mano a la nuca. "Retiro lo dicho. Este estilo de transmutación no es tan malo."
Riza esbozó una ligera sonrisa antes de guiar a Roy para alejarse un poco de la trayectoria del homúnculo ya que éste tenía claras intenciones de atacarlos antes de que los hombres de Briggs retomaran su ataque hacia él.
El enfrentamiento contra el homúnculo continuó con todos los presentes dando lo mejor de sí mismos para derrotarlo. Las quimeras hacían uso de sus habilidades especiales, Lan Fan estaba usando bombas, los soldados de Briggs seguían usando sus rifles y bazucas y Armstrong estaba haciendo uso de su alquimia artística para mandar decenas de proyectiles a Padre.
En cuanto recuperó la suficiente energía para concentrarse en una transmutación, Izumi creó un enorme domo alrededor del homúnculo dando así la perfecta oportunidad a Roy para rostizar a Padre. Riza nuevamente le dio las indicaciones necesarias y en un par de segundos, el domo estaba lleno de poderosas llamas. Sin embargo, cuando las llamas y el humo se dispersaron, se dieron cuenta de que el homúnculo no presentaba ningún daño físico gracias a la barrera protectora que había mantenido con ayuda de la piedra filosofal, e incluso se veía con una mirada aún más arrogante y molesta que antes.
Fue en ese momento que Greed se unió al combate tratando de acertar un golpe directo al rostro de Padre. El homúnculo sonrió e intentó absorberlo pero Greed, tras una convincente actuación, sonrió de la misma manera que él y le dijo que estaba seguro de que haría eso. Padre se sorprendió pero rápidamente colocó una barrera al darse cuenta de que Ed estaba a punto de golpearlo por la espalda. La barrera era poderosa pero el chico se esforzó en mantener su brazo en la misma dirección para poder acertar en su objetivo, pero la potencia de ésta era tan fuerte que terminó por destruir su brazo de automail en mil pedazos. Ed se quedó perplejo unos segundos observando las piezas que se desprendieron de su automail antes de conectar una patada con el homúnculo, el cual sorprendentemente lo detuvo con su brazo antes de lanzar a Ed a unos metros de él.
Todos se quedaron en silencio unos segundos, sorprendidos ante la inesperada maniobra del homúnculo. Además Padre había llevado una mano a su rostro mientras su cuerpo comenzaba a temblar ligeramente.
Dándose cuenta de lo que eso significaba, Hohenheim gritó. "¡Finalmente alcanzó su límite! ¡Ya no puede contener a Dios dentro de sí!"
A pesar de que eso sonaba a una buena noticia, nadie pudo prever el inesperado suceso que aconteció. El homúnculo se dejó caer al suelo, sosteniéndose con sus brazos, antes de que una nueva y poderosa onda expansiva se hiciera sentir, mandando a volar a gran parte de los presentes. Algunos lograron aferrarse al suelo de alguna manera, mientras que otros sufrieron dolorosas caídas en los alrededores.
Riza, por su parte, había hecho lo posible para cubrir al Coronel pero su cuerpo aún estaba debilitado por lo que poco después pudo sentir que se desprendía del suelo. Ante esto, Roy reaccionó y, tomándola de la mano, la atrajó hacia sí, abrazándola, para así recibir el impacto de la caída que estaba seguro que seguiría. En cuanto su espalda tocó el suelo, Roy no pudo evitar una mueca de dolor pero trató de quitarla rápidamente cuando Riza comenzó a regañarlo por haber sido tan imprudente en sus condiciones, pero a él no le importaba en lo más mínimo. Tenía que protegerla. Sin embargo, parecía que su caída había sido peor de lo que había creído, ya que un dolor en la parte trasera de su cabeza le hizo darse cuenta de que había recibido un duro golpe en ella y, por más que quiso evitarlo, perdió la consciencia mientras escuchaba la voz preocupada de Riza.
Riza entró en pánico cuando Roy no reaccionó. Con cuidado lo levantó un poco del suelo para inspeccionar el sitio en el que había caído y pudo ver que su cabeza había chocado directamente con una gruesa piedra. Maldición. Por suerte, Roy no estaba sangrando pero no podía descartar una concusión por el impacto que recibió. Revisando sus signos vitales y haciendo uso del entrenamiento médico básico que recibió en la milicia, Riza concluyó que Roy estaba bien, dentro de lo que cabía, pero que seguramente el cansancio del día se le había juntado con el golpe recibido. De cualquier forma, cuando todo terminara, tendría que asegurarse de que Roy visitara a un médico para asegurarse de que realmente estaría bien.
Su breve calma respecto a Roy se vio bruscamente interrumpida cuando escuchó gritos de ¡Edward, corre! y ¡Hermano! que provenían del centro del patio principal del Comando Central. Un sudor frío recorrió su rostro mientras Riza se volteaba en dirección a las voces, sintiendo que su sangre se congelaba en sus venas ante la imagen que la recibía: La parte central del patio estaba llena de escombros y había gente inconsciente a los alrededores, pero eso no era lo que le estaba quitando el aliento. Lo que sí lo hizo fue ver que Edward estaba recargado contra una loza de concreto de la cual sobresalían unas cuantas varillas y justo una de ellas se había incrustado en su antebrazo izquierdo. A pesar de la distancia, Riza podía ver como la sangre brotaba de su herida mientras el chico trataba de liberarse ya que el homúnculo estaba acercándose a él lentamente con intenciones nada buenas. Desafortunadamente, no había nadie cerca que pudiera ayudarlo ya que o estaban heridos o inconscientes.
"No…" Murmuró mientras su corazón se agitaba. "¡Edward!" Gritó aunque sabía que eso no serviría de nada. Tratando de retener las lágrimas que querían empezar a formarse en las comisuras de sus ojos, comenzó a tantear sus bolsillos y su cinturón esperando encontrar alguna de sus armas pero sin éxito. Sus armas se habían ido perdiendo en el camino tras los distintos combates en los que estuvo involucrada.
Dándose cuenta de que la distancia entre Edward y Padre se estaba acortando con cada segundo de búsqueda inútil, una idea vino a su mente. Inclinándose sobre Roy, tomó sus hombros y comenzó a sacudirlo. "¡Roy! ¡Despierta, por favor!" No había reacción por lo que comenzó a darle golpecitos en una de sus mejillas. "¡Roy!" Un par de lágrimas se le escaparon. "¡Nuestro hijo nos necesita!" Los párpados de Roy se arrugaron y un quejido se escapó de sus labios. Riza, desesperada, estaba a punto de sacudirlo nuevamente para forzarlo a despertar más rápido pero un grito la dejó congelada en su lugar.
"¡NOOOOOO!"
El grito provino de Edward. Aunque Ed tenía una voz que podía llegar a ser muy potente cuando gritaba, ninguno de sus gritos anteriores se comparaba a este. Era cómo si lo estuvieran desgarrando por dentro. El dolor y el miedo eran palpables en su voz.
Temiendo lo que pudiera encontrarse, Riza tragó saliva y volteó a ver hacia dónde se encontraba Ed, justo cuando una intensa luz alquímica surgió a cierta distancia del chico. Antes de que la luz se volviera completamente enceguecedora, Riza obtuvo el vistazo de los brazos alzados de Al, juntando sus palmas de la misma manera en la que él y su hermano lo hacían para transmutar. La realización de lo que podría estar sucediendo cayó como un balde de agua fría sobre ella mientras, al mismo tiempo, Roy finalmente abría los ojos y comenzaba a levantarse lentamente, sin saber lo que estaba aconteciendo.
Riza no se dio cuenta del movimiento de Roy, ya que más lágrimas se escaparon de sus ojos mientras cerraba sus ojos ante la potente luz al mismo tiempo que se llevaba una mano a la boca. "Oh no… Alphonse."
Esto no puede estar pasando… No es cierto… ¡No puede ser cierto! Pensó Ed mientras la luz de la transmutación de Al lo cubría por completo. Ed le había suplicado con palabras y con su mirada que no lo hiciera pero Alphonse se apegó a su propio plan dedicándole unas cuantas palabras antes de juntar sus guantes: Gánale, hermano.
La luz estaba comenzando a desvanecerse y Ed cerró sus ojos antes de ver el resultado. Quería engañarse y fingir que los últimos segundos no habían sucedido. Que Al seguiría ahí con él. Ed apretó su mano en un puño, sin importarle la sangre derramada y el dolor extra que se provocó.
A pesar de la gran cantidad de gente que se había terminado involucrando en este último ataque contra Padre, Ed se percató de que la armadura de Al había sufrido graves daños después de la potente explosión del homúnculo. En un inicio, Ed quiso acercarse a él pero su cuerpo tardó en reaccionar además de que ingenuamente, después de unos momentos de observación, creyó que Al estaría a salvo ya que estaba fuera de la zona en la que el homúnculo merodeaba además de que May, aunque herida, estaba con él.
Grave error.
Ed abrió sus ojos manteniéndolos al frente, para después, con miedo, desviar su mirada hacia su lado derecho. La transmutación de Al había sido un éxito. Su brazo derecho estaba de vuelta. Obviamente su extremidad estaba claramente más debilitada, delgada y frágil a comparación de su brazo izquierdo pero eso no le importaba. Al, su hermanito, ya no estaba ahí.
Ed sintió que algo se apretujaba dolorosamente dentro de sí. No encontrando mejor manera de liberar todo lo que estaba sintiendo, juntó sus manos mientras gritaba. "¡Tú…! ¡HERMANO ESTÚPIDO!"
Rápidamente Ed chocó sus palmas contra el suelo creando un grueso bloque que golpeó de lleno a Padre. Llevado por el arrebato emocional que lo llenaba, Ed llevó su mano recién recuperada hacia la varilla que lo había mantenido sujeto para sacarla de su brazo izquierdo sin importarle la sangre que seguía brotando de la herida. El dolor físico no se comparaba en nada a lo que estaba sintiendo por dentro.
El homúnculo apenas estaba tratando de ponerse de pie cuando Ed volvió a atacarlo con una serie de picos creados con el propio suelo, dando inicio a una sucesión de ataques que el chico le estaba dirigiendo sin cesar.
Los ataques que estaba recibiendo Padre estaban surtiendo efecto, podía verse como poco a poco se debilitaba, causando que sus movimientos fueran tambaleantes y erráticos. Motivados por esto, los presentes comenzaron a animar a Ed. Riza también lo llamó por su nombre mientras que Roy, quién también sentía una opresión en el pecho al ser enterado por Riza de lo que había hecho Al, optó por llamarlo por su apodo pero tratando de hacer que su voz sonara lo más fuerte que pudiera. Tal vez a Ed no le interesaba pero Roy realmente quería darle la sensación de que no estaba solo, que él y Riza querían apoyarlo de alguna manera y que siempre estarían ahí para él.
Cuando el homúnculo se vio lo suficientemente abrumado por los ataques alquímicos, Ed se acercó a él y comenzó a golpearlo con su puño izquierdo. Su brazo derecho aún estaba frágil por el tiempo que había pasado en el Portal pero no iba a permitir que el uso de uno sólo de sus brazos le impidiera darle su merecido a ese bastardo.
Después de unos golpes más, Padre cayó a unos metros de distancia de él y no dio señales de que fuera a levantarse pronto, por lo que aprovechó para recuperar el aliento. Su brazo derecho le estaba molestando dándole punzadas ocasionales y una sensación general de entumecimiento, así que colocó su mano izquierda sobre él para tratar de aliviar un poco la molestia que estaba empezando a notar tras detener sus movimientos que habían sido completamente guiados por el dolor y la adrenalina.
Cuando el homúnculo comenzó a incorporarse, Ed intentó ponerse en posición de ataque pero se detuvo al notar que Padre se movía como si quisiera vomitar. Tras unos segundos, el homúnculo colocó sus manos en el suelo y su cuerpo se infló antes de soltar otra de sus ondas expansivas, alejando a las personas que estaban más cerca de él.
En un sorpresivo movimiento rápido para alguien que parecía estar agonizando, Padre se impulsó y en un abrir y cerrar de ojos se encontraba atravesando el cuerpo de Greed con uno de sus brazos para absorber su piedra filosofal como lo había intentado antes. Los pequeños rayos rojos que estaban surgiendo de la parte del abdomen de Greed indicaban que esta vez Padre estaba teniendo éxito. A pesar de esto, Greed se las arregló para separarse del cuerpo de Ling no sin antes llamar a Lan Fan para que le ayudara a romper la conexión. La chica xingés hizo lo que se le pidió permitiendo que Ling siguiera con vida mientras que la esencia de Greed era absorbida por Padre.
Sin embargo, Greed tenía un plan de último minuto. Tan pronto como Greed fue separado de Ling, las extremidades de Padre comenzaron a tornarse negras y de aspecto frágil, lo que indicaba que Greed estaba usando lo último de sus fuerzas para convertir el cuerpo de su creador en el carbón más frágil posible. Ante esto, Padre terminó arrancando a Greed de su cuerpo lo que, tras unas tristes palabras de despedida, provocó que Greed terminara desvaneciéndose en el aire.
A pesar de esta drástica acción por parte de Padre, su cuerpo siguió manteniendo la característica de fragilidad que Greed le había dado por lo que, aprovechando la oportunidad, Ed corrió hacia él para darle un puñetazo final en el abdomen, esperando que, en sus condiciones, eso fuera suficiente para finalmente deshacerse del homúnculo que tanta desgracia había traído a Xerxes y Amestris.
Notando que el hoyo que su puño había generado en el cuerpo de Padre estaba comenzando a extenderse, Ed dijo. "Libera a la gente de Xerxes…" Del hoyo comenzaron a salir pequeñas líneas que tenían una especie de mano en sus extremos. "y regresa de donde viniste…" Recordando la verdadera identidad del ser que tenía frente a sí (gracias al relato de Hohenheim), agregó. "enano del frasco."
Las 'manos' se extendieron por el cuerpo del homúnculo, aprisionándolo y encogiéndolo hasta volverse una pequeña bola hasta que, con un breve destello, finalmente desapareció.
Pasaron algunos segundos en los que todos se quedaron observando el sitio en el que había desaparecido el homúnculo. Era increíble que finalmente todo se había acabado. Cuando esta realidad se hizo tangible, algunos se dejaron caer al suelo aliviados y agotados, algunos soltaron un par de gritos de celebración y otros más se abrazaron.
Ed, por su parte, se quedó congelado en su lugar. El homúnculo había sido derrotado pero dentro de ese proceso Al se había sacrificado. Su hermanito había renunciado a su existencia actual con tal de salvarle la vida. Ed apretó sus manos en puños sin importarle las punzadas de dolor que ambos brazos le mandaban por diferentes razones. Inhalando profundamente, volteó en dirección al lugar en el que reposaba la armadura de Al. Sólo eso. El alma de su hermanito ya no estaba allí.
Con pasos lentos, Ed se acercó hasta ella notando que May seguía allí, llorando inconsolablemente ante lo sucedido. Quizás fuera su andar apagado o tal vez las lágrimas de May, pero en ese momento todos los presentes parecieron darse cuenta de que habían perdido a Al (ya fuera que supieran que sólo su alma estaba en esa armadura o no), provocando que los pocos vítores que habían iniciado cesaran de inmediato mientras poco a poco varias personas comenzaran a rodear el sitio al que Ed se dirigía.
Roy, quien finalmente había logrado ponerse en pie después de la sensación de mareo que lo había acompañado desde su caída, rodeó el hombro de Riza con la excusa de que necesitaba soporte para caminar.
Notando el súbito silencio, preguntó. "¿Q-qué sucedió? ¿Ganamos?"
Riza inhaló profundamente para mantener a raya las lágrimas que apenas hace poco había logrado controlar. "Sí, Señor. Pero…" Tragó saliva para apartar el nudo que seguía en su garganta. "Alphonse no ha regresado del otro lado."
Riza le había dicho lo que había sucedido pero una parte de sí esperaba que con la desaparición del homúnculo y su muy probable viaje hacia el Portal, de alguna manera, Al se las hubiera arreglado para librarse de la Verdad.
Un nudo se formó en su garganta pero se esforzó para que su voz no se tambaleara cuando se dirigió a Riza. "Acerquémonos, Teniente. Por favor…" A pesar de su resolución su voz se volvió un murmullo hacia el final.
Riza asintió y comenzó a andar. Con el brazo del Coronel en sus hombros esperaba que él hubiera notado su gesto ya que no confiaba en su voz en esos momentos.
Roy se dejó guiar mientras su mente se llenaba de pensamientos respecto a la situación de Alphonse. Debe de haber una manera. Alphonse no merece morir. Es un gran chico y tiene toda una vida por delante. Y Ed… mi hijo ya sufrió demasiado como para también perder al que siempre ha sido su hermano. Debe estar sintiendo un dolor enorme y yo… ¿no puedo hacer nada? ¡Maldita sea! ¡Debe de haber una solución para esto!
Roy y Riza se abrieron paso entre la multitud quedando a unos metros de donde se encontraban Ed y May de rodillas en el suelo. Aunque un tanto indecisa, Riza tenía la intención de acercarse lo más posible hacia su hijo (de ser posible estar literalmente a su lado) pero se detuvo en seco cuando vio que Hohenheim, siendo apoyado por la sensei de los Elric, avanzaba hacia el sitio. ¿Qué es lo que pretendía hacer?
Estando a pocos pasos frente a Ed, Hohenheim habló. "Edward."
Ed, quien había mantenido su cabeza agachada mientras su mente le daba vueltas buscando una solución, se sobresaltó ligeramente y alzó su mirada para encontrarse con las figuras de Hohenheim e Izumi.
"Usa mi vida para recuperar a Alphonse." La sorpresa se reflejó en los ojos de Ed. "Queda exactamente una vida dentro de mí… la mía."
Ed se molestó. "¡Idiota! ¡No puedo hacer eso! ¡Fue nuestra culpa que perdiéramos nuestros cuerpos! ¿Cuántas veces tengo que decirlo? ¡No voy a usar la vida de otra persona para arreglar nuestro error! ¡¿Qué te da el derecho de sacrificar tu vida por nosotros?!"
A diferencia de Ed, Hohenheim habló con voz tranquila. "Porque soy su padre." Dijo con sinceridad sin darse cuenta que había provocado ligeros sobresaltos no sólo en Edward sino también en Roy Mustang. Cerró sus ojos y continuó. "No es asunto de lógica. Ustedes, chicos, significan más para mí que cualquier cosa en este mundo. Quiero que sean felices." Sintiendo cómo la culpa se arremolinaba en su interior, suspiró para centrarse en lo que quería decir. "Ustedes dos no tenían a quién recurrir. Cuando Trisha murió, fue la soledad lo que los llevó a intentar resucitarla. ¿Ves? Es mi culpa que terminaran con esos cuerpos. Fui yo el que nunca estuvo para ustedes." Alzando su mirada para conectarla con la de Ed, dijo. "Lo siento."
Ed se quedó desconcertado. La mirada de Hohenheim irradiaba tanta sinceridad y arrepentimiento que era doloroso de ver. El hombre de sus recuerdos no tenía nada que ver con la persona que estaba frente a él. Hohenheim había sido un esclavo que terminó involucrado de la peor manera posible con los malévolos planes del homúnculo y por cientos de años había cargado con un peso que no le correspondía. Sí, Hohenheim había cometido errores que aún le costaba trabajo perdonar pero… se había ido para diseñar una contramedida para los planes del enano del frasco. Sin su plan Winry no seguiría con vida, ni la abuela Pinako, ni las Hughes… ni Riza. Además, seguía haciendo referencia a él como su propio hijo. Él junto a su mamá los habían salvado a él y a Riza y le abrieron las puertas de su hogar. A pesar de sus desplantes, Hohenheim seguía queriendo ayudarlo y ser parte de su vida.
Hohenheim continuó. "Ya he vivido por demasiado tiempo. Si este es el final, al menos déjame hacer una cosa por ustedes, como su padre."
Un escozor se hizo presente en los ojos de Ed. Apretó sus dientes tratando de controlarse pero no duró más que un par de segundos. Ya eran muchas emociones en el lapso de sólo unos minutos. Sus lágrimas terminaron desbordándose mientras decía. "¡Deja de decir tonterías! ¡Eres un inútil, papá! ¡No vuelvas a decir eso de nuevo o te patearé el trasero!"
Hohenheim abrió más sus ojos ante la sorpresa de escuchar a Ed llamarlo 'papá'. Había creído que era una lucha perdida puesto que había perdido ese derecho en el momento en el que cruzó el umbral de su casa en Resembool hace tantos años atrás, pero ahora tenía al mayor de sus hijos pronunciando esa palabra que tanto había extrañado. No había escuchado a Ed llamarlo así en tanto tiempo que casi sentía que iba a llorar.
Permitiéndose una ligera sonrisa, Hohenheim respondió. "Finalmente me llamaste 'papá'."
Mientras Hohenheim respondía algo se rompió dentro de Roy. Ed había llamado 'papá' al hombre que los había abandonado, aquel del que no supo nada por años, al hombre que siempre insultaba cuando el tema de su padre salía a colación. Incluso él mismo había sentido cierta molestia en relación a Hohenheim al pensar en lo mucho que les había hecho falta a los Elric. Pero ahora… ¿Hohenheim no tenía mucho más mérito que él para ser considerado el padre de Edward? Roy aún no estaba del todo enterado del plan que se había aplicado para salvar las almas de los ciudadanos de Amestris, pero estaba consciente de que gran parte de él había sido diseñado y llevado a cabo por ese hombre. Mientras que Roy se estaba dejando llevar por su furia y su enorme sed de venganza lastimando con sus propias acciones y palabras a las personas que más amaba, Hohenheim seguramente estaba afinando detalles para salvar a todos. Mientras que él no era capaz de brindar una solución para que Edward recuperara a su hermano, Hohenheim ofrecía, sin dudarlo ni un momento, su propia vida con tal de que sus dos hijos vivieran felices. Ciertamente Alphonse no era el hijo de Roy pero de verdad había aprendido a apreciarlo en estos últimos años. Además, al final de cuentas eso no importaba, si estar junto a su hermano es lo que hacía feliz a Edward entonces Roy debió haber ofrecido su vida de inmediato ¿no? ¿De qué servía que alguien como él, que había traído tanto sufrimiento con sus llamas e incluso con sus palabras, siguiera viviendo si su hijo jamás podría volver a ser feliz tras perder al hermano que siempre estuvo con él cuando ni siquiera Roy ni Riza estuvieron a su lado?
Roy tragó saliva tratando de apartar el nudo de su garganta que no había hecho más que apretarse en los últimos minutos. Ni siquiera tenía derecho a llorar por haber perdido al hijo que nunca se había ganado. Edward había hecho su elección y Roy no podía ni haría nada para cambiar su parecer. Ed se merecía a un buen hombre como padre. Hohenheim no era perfecto pero el chico lo había elegido y eso sólo reforzaba la idea de que él jamás había estado a la altura para tener a un hijo tan extraordinario como Edward.
Riza notó la ligera tensión que se hizo presente en el cuerpo de Roy, por lo que, carraspeando un poco para hacer funcionar su voz a pesar de toda la tristeza que estaba sintiendo, preguntó. "¿Señor?"
Roy simplemente negó con la cabeza. No quería hablar de lo que estaba pasando con su mente. Quizás fuera más fácil digerir todo si se lo guardaba para sí mismo. Era un dolor increíble pero él mismo se lo había ganado.
Ed, por su parte, lloró un poco más antes de limpiarse las lágrimas con su brazo izquierdo. No se sentía para nada bien pero tenía que enfocarse en traer de vuelta a Al. Buscando devolver su vista a la armadura, su vista se topó con la figura de May, quién aún sollozaba ante lo ocurrido. Fue en ese instante que Ed se permitió mirar a los que los rodeaban. Las quimeras se habían unido a ellos para ayudar en la derrota de Padre. Los hombres de Briggs vinieron desde el Norte para ayudar a tomar el control del Comando Central. El Mayor Armstrong había atacado al homúnculo con todo el poder de su alquimia. Ling y Lan Fan los habían estado apoyando desde hace tiempo e incluso, hace poco, Ling le había ofrecido la piedra filosofal, que finalmente había conseguido, para traer de vuelta a Al, a pesar de que esa piedra era algo que habían buscado fervientemente para ayudar a su clan en Xing. Su sensei les había enseñado todo lo que sabían y, a pesar de sus problemas de salud, se involucró activamente en la lucha contra Padre. Hohenheim, su padre, los había ayudado a superar esta crisis del Día Prometido.
Ed inhaló profundamente hasta enfocar su mirada en dónde se encontraban la Teniente y el Coronel. Quizás fuera algo momentáneo pero estaba seguro de que la mirada de Riza había hecho contacto con la suya. Ese breve vistazo le hizo recordar lo que ambos le habían dicho en diferentes momentos.
Estoy segura de que hay muchas personas que están ansiosas por el día en que recuperen sus cuerpos.
Solamente estoy ofreciéndoles una oportunidad. La decisión depende de ustedes. Ambos. Si existe la posibilidad, deberían avanzar y recuperar sus cuerpos, aún si el camino a recorrer es un río de lodo
La Teniente y el Coronel… sus padres biológicos. Sin conocer el lazo que compartían los habían ayudado tanto a él como a Al a cada paso del camino. Aunque estuviera más conflictuado acerca de Mustang, Ed no podía negar el gran apoyo que el Coronel les había brindado. Incluso fueron sus palabras las que en un inicio lo hicieron volver a ponerse de pie.
Ed devolvió su mirada a la armadura y apretó ambas manos en puños. Dijimos que nunca nos daríamos por vencidos y todos ellos creyeron en nosotros. Sintiendo un ligero ardor en su mano derecha, extendió las palmas de sus manos, bajó su mirada y se dio cuenta que las uñas de la mano que había estado atrapada en el Portal estaban considerablemente largas a comparación de las de su mano izquierda.
El Portal… La Verdad… Intercambio Equivalente.
Ed volvió a apretar sus manos en puños. Ya lo tenía. Ya sabía cómo podía recuperar a Alphonse.
Poniéndose de pie, Ed le pidió a May que se apartara un poco y, ante las miradas desconcertadas de todos, comenzó a dibujar un círculo de transmutación con ayuda de un tubo de acero cercano. Cuando estaba a punto de terminar, Ling se sorprendió al darse cuenta de que se trataba de un círculo de transmutación humana como el que el rubio había usado dentro del estómago de Gluttony.
Cuando hubo terminado, Ed lanzó a un costado el tubo que había ocupado y procuró colocarse justo en el centro del círculo. Alcanzó a ver las miradas preocupadas de Hohenheim, Izumi y Riza pero las ignoró. Tenía una misión que cumplir.
Ed estiró un poco sus brazos a sus costados mientras decía. "Ahora vuelvo." Sonrió mientras chocaba las palmas de sus manos. "El alquimista de Acero va a realizar su última transmutación." Sin esperar un momento más, colocó sus manos en el círculo y la ya familiar energía derivada de ese tipo de transmutación lo envolvió antes de desaparecerlo del campo de visión de los demás.
Riza trató de describirle discretamente a Roy el tipo de círculo que Ed estaba haciendo, por lo que el Coronel se dio cuenta de que se trataba de uno destinado a transmutación humana. Sin embargo, lo descifró justo cuando Ed había hablado. Roy tenía miedo de que algo saliera mal pero la voz de Edward sonaba tan segura que no tenía más remedio que confiar en que todo saldría bien. También pudo notar la tensión en los hombros de Riza cuando supuso que la transmutación se estaba llevando a cabo, por lo que la atrajó un poco más hacia él tratando de reconfortarla. Ni siquiera él sabía qué es lo que iba a pasar pero tenían que confiar en que Edward y Alphonse estarían bien.
Tan pronto como la luz de la transmutación se desvaneció, Riza echó un vistazo hacia su izquierda para buscar a Hohenheim. El hombre seguía apoyado en la sensei de los Elric con su mirada fija en el círculo de transmutación. Su mirada no parecía aterrada sino que tenía un brillo de confianza que la ayudó a calmar un poco sus nervios. Ella no entendía mucho de alquimia pero Hohenheim obviamente sí y si él estaba esperando tranquilamente sin alterarse significativamente eso debería significar algo bueno.
Aprovechando que algunos soldados comenzaban a apartarse para tratar sus heridas o para ayudar a otros a levantarse de entre los escombros, Riza llamó al Mayor Armstrong.
"¿Qué sucede, Teniente Hawkeye?" Preguntó el hombre musculoso.
"¿Puedo encargarle al Coronel por unos minutos, Mayor?"
"Por supuesto. ¿Quiere que lo lleve a que lo revise un médico, Coronel?"
"No hasta que Acero esté de vuelta." Dijo Roy con seriedad. "No me moveré de aquí hasta no saber que él y su hermano están bien."
Alex se permitió una pequeña sonrisa. "Me alegra, porque yo tampoco tengo muchas ganas de irme de aquí."
Riza comenzó a alejar el brazo de Roy de sus hombros y él, instintivamente, giró su rostro en dirección a ella. "¿A dónde va, Teniente?"
"A buscar respuestas."
En un inicio Roy no pudo entender a qué se refería pero tras analizar la determinación en su tono de voz, supuso a qué tipo de respuestas se podía referir considerando quienes o más bien quién estaba presente en el lugar. Armstrong simplemente se quedó parado a su lado, suponiendo que Roy no deseaba que nadie más lo guiara más que Riza.
Dirigiéndole un saludo militar a Armstrong por hacerle ese favor, Riza inhaló profundamente y se dirigió hacia Hohenheim.
El crujir de las piedrecillas que cubrían la zona bajo las botas militares de Riza fueron más que suficientes para que Hohenheim volteara en su dirección. Estando a tan solo unos metros el uno del otro, el hombre esbozó una pequeña sonrisa y la saludó con un asentimiento de cabeza. "Señorita Riza."
Riza no correspondió la sonrisa. "Van Hohenheim." No queriendo ser descortés, Riza enfocó su mirada en la sensei de los Elric para dirigirle un asentimiento de cabeza como saludo, gesto que la mujer imitó.
La pequeña sonrisa de Hohenheim se evaporó y suspiró antes de dirigirse a Izumi. "Señora Curtis, le agradezco su ayuda pero me parece que la señorita Riza y yo tenemos cosas de las que hablar."
Izumi le dirigió una mirada un tanto desconfiada a Riza. "¿No deberíamos quedarnos todos aquí a esperar a que los chicos regresen?"
"A la Verdad le gusta tomarse su tiempo, así que supongo que podemos permitirnos unos minutos para platicar."
"Van a volver ¿cierto?" Intervino Riza.
"Conociéndolos estoy seguro de que lo harán." Respondió Hohenheim con seguridad.
La tensión reflejada en el rostro de Riza se aligeró un poco.
Cuidadosamente, Hohenheim apartó el brazo que Izumi había usado para estabilizarlo y, aunque un poco tambaleante al inicio, comenzó a andar en dirección a una zona que recientemente había sido desocupada por los soldados. Había trozos de escombro lo suficientemente grandes como para que pudieran sentarse en ellos y, a pesar de que no era el lugar más discreto del mundo, estaba lo suficientemente apartado de los demás como para que ambos pudieran hablar discretamente.
Hohenheim se sentó en un pedazo de escombro de altura media y espero a que Riza lo imitara sentándose en alguno de los que estaban a su alrededor, pero ella se quedó parada frente a él, viéndolo fijamente.
Notando la sangre que cubría la zona cercana a su cuello preguntó. "¿Alguien te ha revisado esa herida?"
"La niña de Xing amablemente la cerró." Contestó con tono neutro.
"Ya veo." Cerró sus ojos por un momento mientras suspiraba. "Entiendo que estés molesta conmigo pero, si me permites decirlo, me da gusto saber que Edward y tú hayan podido reencontrarse."
"Oh, ¿en serio?" Preguntó sarcásticamente. Dándose cuenta del tono que había adoptado, inhaló profundamente antes de responder con voz más neutra. "No entiendo… ¿Por qué? ¿Por qué te fuiste?... Separarme de Edward ha sido lo más difícil que he tenido que hacer pero mantuve la ilusión de que estaría viviendo felizmente al lado tuyo y de tu esposa." Una lágrima se le escapó. "Jamás creí que mi niño habría vivido un infierno en vida antes de los 12 años."
Los ojos dorados de Hohenheim se llenaron de culpa. "No tengo justificación… Tuve motivos para irme pero jamás esperé ni mucho menos desee que nada de esto le sucediera a Edward y Alphonse. Mi viaje me tomó más tiempo del previsto y yo… siempre creí que Trisha estaría ahí esperándome junto a nuestros hijos." Se pasó una mano por el rostro. "Todo pasó tan rápido…"
La mirada de Riza se suavizó. Seguía molesta con él pero también era perceptible el dolor que emanaba de la mirada del hombre. Además aún quedaba el recuerdo de que este hombre junto con su esposa le habían salvado la vida tanto a ella como a Edward, y la habían ayudado bastante en el poco tiempo que convivieron.
Riza respiró profundamente para controlar sus emociones antes de responder. "Lamento mucho lo que sucedió con Trisha. Era una buena mujer."
"Lo era. Ella fue capaz de ver más allá de mis miedos e inseguridades. Era una persona que desbordaba amor y alegría en sus acciones." Suspiró. "Aunque esté mal decirlo, déjame agradecerte. Gracias a ti, Trisha conoció una felicidad aún mayor que yo no me había atrevido a darle. Desde que nos permitiste criar a Edward, hubo un brillo especial en su mirada que iba creciendo con cada día que pasaba. Sé que hice un pésimo papel como figura paterna de Edward, pero debes creerme cuando te digo que Trisha dio lo mejor de sí para hacerlo feliz."
Un recuerdo de la sonrisa amable de Trisha pasó por la mente de Riza. Cuando se enteró de que Edward era su hijo no se había dado espacio para pensar más allá pero ahora se sentía arrepentida de no haber pensado en la mujer que tan amablemente la había ayudado tanto en los primeros días de vida de Edward. No se había dado la oportunidad para lamentar la pérdida de una mujer tan buena como Trisha Elric.
Riza parpadeó varias veces para aliviar la picazón de sus ojos y se permitió una pequeña sonrisa al pensar en Trisha. "No tengo la menor duda. Trisha era una mujer maravillosa y realmente creo que se enamoró de Edward desde la primera vez que lo cargó en sus brazos."
Hohenheim sonrió con nostalgia. "Definitivamente." Se rascó una mejilla con un dedo. "Aunque debo admitir que tal vez no fue lo mismo para mí. No me malentiendas. También me encariñé con Edward desde esos primeros días pero me aterraba aún más el exponer a un ser tan pequeño e inocente a un monstruo como yo." Apartó su mano de su rostro y la colocó frente a sí para poder observar su palma. "Seguramente Trisha me regañaría por decirlo, pero es difícil borrar del todo los pensamientos que me han acompañado por tantos años. Aún me sorprende que alguien como yo haya sido capaz de formar una familia tan hermosa y, sin embargo…" Apretó su mano en un puño. "No estuve con ellos cuando más me necesitaban."
Riza se mordió el labio inferior antes de responder. "Pero estás aquí ahora e incluso Edward te llamó 'papá'." Dijo casi en un murmullo, no sabiendo si quería consolarlo o simplemente buscaba una manera de sacar sus frustraciones respecto al hecho de que Hohenheim parecía estarse ganando un lugar más importante en el corazón de Edward que Roy.
Hohenheim notó el cambio en su tono de voz. "Creí que nunca más lo escucharía llamarme así. No puedo negar lo feliz que me hizo pero…" Enfocó su mirada en la de ella. "Tú mereces mucho más el título de un padre que yo. Tú sacrificaste todo para tratar de darle un futuro mejor. Si no hubiera sido por mis errores, así habría sido… Lo siento mucho."
Riza le devolvió una mirada firme. Aún estaba resentida con él por haber abandonado a los Elric pero el sincero arrepentimiento que se leía en su mirada la hacía dudar. Además ella tenía bastante experiencia con eso de haber cometido errores graves en su vida. "Me cuesta trabajo perdonarte." Dijo firmemente, "Pero tampoco es como si yo fuera una persona ejemplar para estar juzgándote. No puedo estar enojada contigo cuando gracias a ti y a Trisha, mi niño y yo estamos con vida." Hizo una ligera pausa. "Además mis manos están cubiertas de sangre… Quizás fue por eso que todo sucedió de esta manera. Quizás el destino sabía la horrible persona en la que me convertiría y por eso me impidió encontrar a mi hijo cuando lo fui a buscar."
Hohenheim se levantó y, con delicadeza, colocó su mano en el hombro derecho de Riza. "Todos cometemos errores, pero éstos no definen quiénes somos. La forma en la que los enfrentamos y lo que aprendemos de ellos sí. Tal vez es poco el tiempo que realmente conviví contigo pero aún ahora puedo ver la misma chispa en tus ojos. Eres una buena persona, Riza. Jamás tuve dudas de ello. Pinako trató de convencerme de lo contrario pero siempre creí que debía haber una razón para que tú y Roy terminaran yendo a reclutar a Edward." Hizo una pausa antes de continuar. "Creo entender a qué tipo de sangre te estás refiriendo cuando hablas de tus manos pero Alphonse me ha hablado mucho de ti y del Coronel y puedo decir, sin miedo a equivocarme, que hay pocas personas como ustedes en el mundo. Cometieron errores pero siguen luchando para hacer algo al respecto. No pueden recuperar las vidas que tomaron pero tienen presente el bienestar y felicidad de millones. No están recorriendo un camino fácil pero están dispuestos a hacer todo lo posible para cambiar este país. Creo que eso habla bastante de la maravillosa persona que eres tanto tú como Roy." Concluyó con una ligera sonrisa.
Riza se sorprendió ante la mención del menor de los Elric. "¿Alphonse?"
"Tuve la oportunidad de convivir unos días con él mientras estábamos en la ciudad de Lior. Fue allí que me compartió un poco de cómo había sido su vida estos últimos años. Él realmente los tiene en muy alta estima."
Riza sonrió al pensar en Alphonse. "Es un chico increíble." Suspiró y la sonrisa se desvaneció de sus labios. "Lástima que no seguirá pensando lo mismo de nosotros cuando se entere de nuestra conexión con Edward."
"Yo no me preocuparía por ello." Riza lo miró desconcertada. "Cuando hablé con él seguramente ya estaba al tanto de todo. Bueno, eso considerando que por lo que pude entender durante una charla con Edward, él ya sabía desde hace un par de meses que ustedes eran sus padres biológicos. Dudo que sea posible que haya secretos entre ellos."
"¿Edward le habló de mí?"
"Justamente ayer."
Antes de que Riza pudiera responder, el círculo de transmutación que Edward había utilizado anteriormente se iluminó.
"Ya vienen." Dijo Hohenheim antes de apartar su mano del hombro de Riza para comenzar a acercarse al sitio.
"¡Hohenheim!" El aludido volteó hacia ella. "¿Realmente no me vas a decir por qué te fuiste de tu hogar?"
"Es una historia muy larga y me temo que no hay tiempo suficiente para contarla." Riza quiso replicar pero Hohenheim no se lo permitió. "Riza, sé que no tengo derecho a pedirte nada pero, ¿podría pedirte un favor?"
Confundida, Riza sólo pudo asentir con la cabeza.
"Por favor, cuida mucho de los chicos. Ambos son lo más importante para mí."
Riza se desconcertó ante la petición de Hohenheim. Ella, sin duda alguna, estaba más que dispuesta a cuidar y proteger a ambos Elric aunque fuera a la distancia (considerando la posibilidad de que Edward no la quisiera en su vida). Creía que Hohenheim, con lo que le había dicho en esa conversación, estaría consciente de sus intenciones. Entonces ¿por qué se lo pedía tan de repente? Su cuerpo se veía algo maltrecho por la lucha que habían enfrentado pero Riza no podía ver ninguna herida de gravedad que pudiera poner en riesgo su vida.
Conteniendo las ganas de hacerle saber sus pensamientos, Riza llenó su mirada de determinación y cariño al pensar en los chicos Elric. "Claro que lo haré. Edward siempre ha sido uno de mis grandes tesoros y Alphonse, aunque no lleve mi sangre, se ha ganado un lugar especial en mi corazón."
Hohenheim sonrió, agradecido. "Muchas gracias, señorita Riza." Dicho esto retomó el camino hacia el círculo de transmutación. La luz que había emitido había sido brillante pero poco a poco se fue dispersando al mismo tiempo que unos pasos se hacían escuchar.
Con una enorme sonrisa en su rostro, Edward apareció sosteniendo a Alphonse… en su cuerpo de carne y hueso. Alphonse tenía largo cabello rubio un poco pálido por el tiempo que había pasado en el Portal, además estaba desnudo por lo que era fácil apreciar lo frágil que estaba su cuerpo, por lo que no era sorpresa ver que Edward era el que los estaba moviendo a ambos ya que el menor de los Elric se había quedado dormido. Sin embargo, una sonrisa también adornaba los pálidos labios de Al.
Izumi fue la primera que se acercó a ellos y, con una enorme sonrisa en su rostro, ayudó a Ed a recostar a Al en el suelo, no desperdiciando la oportunidad de acariciar afectuosamente la mejilla del menor de los Elric.
A pesar de sus propios problemas, Riza sonrió enormemente al ver por primera vez a Alphonse en su cuerpo real y la enorme sonrisa que Edward portaba en esos momentos. Inicialmente quiso imitar a Izumi pero, al notar el estado de desnudez en el que se encontraba el menor de los Elric, decidió hacer algo antes.
Primero echó un vistazo a su chaqueta pero estaba bastante sucia y cubierta de sangre, por lo que no sería prudente dársela a Alphonse considerando que su sistema inmune podría estar debilitado. Dándose cuenta de esto, se encaminó en dirección al Coronel, quién no se había movido del lado del Mayor a pesar de que Alex ya había comenzado a derramar unas cuantas lágrimas de felicidad.
"Coronel." Roy se sobresaltó ligeramente, aún no acostumbrado a no poder ver cuando alguien se le acercaba.
Roy giró su cabeza en la dirección en la que escuchaba la voz de Riza. "Ambos están de vuelta ¿cierto?" Dijo con una sonrisa.
"Sí." Dijo Riza. La alegría y alivio evidentes en su tono de voz.
Alex intervino. "Intenté decírselo pero el Coronel quería escucharlo de usted, Teniente."
"Esos chicos pueden hacer cosas increíbles. Además era fácil de imaginar que estaban de vuelta con su llanto, Mayor." Dijo Roy un poco en broma ya que los sollozos de Armstrong había sido lo suficientemente fuertes como para que Roy se diera cuenta de que estaba llorando.
Riza mantuvo su sonrisa. "Gracias por cuidarlo, Mayor." Roy hizo una pequeña mueca, seguramente disgustado con la idea de haber perdido su antigua independencia pero tanto Riza como Alex fingieron no haberlo notado para no hacerlo sentir peor.
"Con gusto." Dicho esto, Armstrong hizo el gesto militar y se acercó al lugar en el que se encontraban los Elric, ansioso de ser partícipe de su alegría.
Cuidando que los demás estuvieran distraídos, Riza acarició unos segundos la mejilla de Roy mientras decía. "Tranquilo, todo estará bien."
"Eso quisiera."
Notando el tono ligeramente derrotado de Roy, Riza apartó su mano del rostro de Roy y la llevó a una de las manos de él. "Lo estará." Dijo tratando de convencerlo e, indirectamente, tratando de convencerse a sí misma.
Roy le devolvió el apretón.
Recordando lo que quería hacer y no queriendo incitar a Roy a deprimirse por todo lo ocurrido, Riza dijo. "Coronel, ¿podría tomar su saco?"
Roy enarcó una ceja. "¿Mi saco?"
"Alphonse lo necesita."
Imaginándose la razón, Roy soltó la mano de Riza e inmediatamente procedió a quitarse el saco negro que llevaba encima para después darle unos golpecitos tratando de quitarle los restos de polvo que debía tener a pesar de no poder estar seguro de estar haciéndolo bien. Cuando hubo terminado, se lo extendió a Riza, quién lo tomó agradecida.
Dejando el saco en su brazo izquierdo, Riza colocó su mano derecha en el antebrazo de Roy para guiarlo. "Hay que entregárselo." Para sorpresa de Riza, Roy no hizo el intento de caminar junto con ella. "¿Pasa algo, Coronel?" Preguntó mientras lo miraba al rostro, dándose cuenta de la expresión de incomodidad, arrepentimiento y preocupación que denotaban sus facciones.
"Será mejor que me quede aquí. No quisiera arruinarle el momento a Acero." Dijo con tono neutro pero con una ligera nota de tristeza que Riza pudo percibir.
Aunque un poco insegura, Riza dijo. "No creo que a Edward le importe que se acerque, Señor. De hecho casi todos están rodeándolos ahora."
"Los demás se han ganado el derecho de compartir esa alegría con ellos. Incluso el padre de los chicos." Dijo Roy con amargura.
"Roy…" Riza dejó por un momento las formalidades. "Tú tienes todo el derecho de estar cerca de Edward. Lo has protegido todo este tiempo." En un susurro, agregó. "Aún cuando ni siquiera sabías que era nuestro hijo. Tú lo mereces mucho más que yo."
Roy negó lentamente con la cabeza. "Tú has sabido ganarte su cariño. En cambio yo simplemente me la he pasado molestándolo desde que lo conozco y decepcionándolo cuando la oportunidad se presenta." Dijo amargamente al recordar los incidentes con la Teniente Segunda Ross y con Envy.
"Pero, Roy-"
Él la interrumpió. "Son los hechos, Riza." Apartando la mano de Riza de su antebrazo, continuó. "Ve con ellos. Alphonse necesita el saco, así que no lo hagas esperar más tiempo." Sintiendo la indecisión de Riza, insistió. "Ve, Riza. Yo esperaré aquí… por favor, hazlo."
Riza se sintió triste y culpable por el estado abatido de Roy pero también entendía que él quería apoyar, al menos de esa manera, a los chicos. Con voz un tanto débil por las emociones que la llenaban, dijo. "Volveré enseguida."
Roy sólo asintió y Riza se dirigió hacia donde se encontraban los chicos. Alphonse seguía recostado en el suelo siendo cubierto lateralmente por unos cuantos escombros y, del otro lado, por los cuerpos de Ed, Hohenheim e Izumi para preservar su privacidad, aunque ésto no impidió que varias personas los rodearan, sonriendo y algunos soltando un par de lágrimas de alegría.
A pesar de que sus intenciones eran buenas, Riza avanzó con pasos un poco vacilantes. Se sentía mal de dejar atrás a Roy cuando ambos deberían poder disfrutar de la cercanía y alegría de su hijo y también le preocupaba intervenir en algo que no le concernía. Aunque Edward la tratara amablemente a diferencia de como lo hacía con Roy, aún temía que el chico en realidad no la quisiera en su vida. Fueron tantos sus nervios que hubo un momento en el que se tambaleó y su vista se volvió borrosa por un momento. No queriendo dejar que esto le impidiera hacer su entrega a Alphonse, Riza sacudió ligeramente su cabeza y siguió caminando abriéndose paso entre la multitud hasta estar a pocos pasos de dónde se encontraban los Elric.
Respirando profundamente para controlar su corazón, el cual estaba latiendo intensamente, Riza dio un paso más y se colocó en cuclillas para quedar a la altura de los que estaban más cerca a Alphonse. Fue en ese momento que Ed y Hohenheim la notaron. Ambos le dirigieron una sonrisa.
Correspondiendo su sonrisa, Riza extendió un poco el saco que sostenía y preguntó. "¿Puedo?"
Ed siguió sonriendo mientras sus ojos brillaban por la felicidad que estaba sintiendo al tener de vuelta a su hermano menor. "Por supuesto. ¡Gracias!"
Con cuidado, Riza se inclinó un poco sobre Al y colocó el saco sobre su cuerpo tratando de cubrirlo lo mejor posible. Cuando terminó, por instinto, pasó una mano sobre el rostro del chico para apartar un mechón de cabello que el aire había provocado que le cubriera el ojo que no estaba protegido por su largo flequillo.
Al darse cuenta de lo que hizo, Riza se levantó rápidamente y se dio la media vuelta para regresar a donde estaba Roy. No es mi lugar. ¿En qué estaba pensando? Riza se volteó tan rápido que no pudo notar la mirada de confusión y un poco de tristeza que Ed le dirigió.
En cuanto regresó al lado de Roy y colocó su mano sobre su antebrazo para hacerle saber su presencia, él le preguntó. "¿Cómo está?"
La sonrisa que había desaparecido hace unos momentos al reprocharse el haberse tomado ciertas libertades volvió. "Está bien. Está muy delgado y su cabello casi no tiene brillo pero, a pesar de estar dormido, tiene una enorme sonrisa en su rostro."
A pesar de su propio dolor, Roy sonrió. "Me alegra. Esos dos merecen ser muy felices."
"Definitivamente." Concordó Riza mientras mantenía su mirada en la escena de los Elric que estaba sucediendo a algunos metros de dónde ella y Roy se encontraban.
Ahora, al estar cubierto, las personas que los rodeaban se acercaron más, sobresaliendo la pequeña May Chang que inmediatamente se colocó a un lado de Alphonse esperando que despertara. Tras unos minutos, Ed pareció preocuparse al notar que su hermano no despertaba por lo que empezó a llamarlo suavemente. Después de un par de intentos, Alphonse finalmente abrió los ojos y todo pareció congelarse por un momento. Todos los que lo rodeaban se le quedaron mirando fijamente mientras que Al hacía un breve recorrido visual de las personas que lo acompañaban.
El silencio se vio interrumpido cuando May se abalanzó sobre él para abrazarlo mientras daba rienda suelta a sus lágrimas. Eso fue suficiente para que todos los demás volvieran a sonreír y rieran un poco ante la escena. Riza y Roy no podían escuchar precisamente lo que estaban hablando pero Riza se sentía tranquila porque era innegable que era un ambiente de completa alegría.
Poco después Hohenheim le ofreció su mano a Al y este se estremeció un poco sorprendido por el contacto humano después de tantos años de estar atrapado en una armadura. Riza miró con cariño a Al pensando en lo mucho que debía estar disfrutando ese simple gesto. Ella le estaba contando lo que iba sucediendo a Roy pero prefirió omitir ese momento para evitarle más dolor. Estaba casi segura de que Roy ya se había figurado que Hohenheim era el padre de Alphonse y… el hombre al que Edward había llamado 'papá'.
En ese momento un hombre prácticamente igual de grande que el Mayor Armstrong se acercó. Viendo a quién se dirigía y la expresión de alivio que se reflejó en su rostro, Riza asumió que se trataba del marido de la sensei de los chicos. A pesar de su apariencia ruda y seria, el hombre cargó a Alphonse para abrazarlo mientras lloraba de felicidad al verlo de vuelta en su cuerpo original.
Mientras veía todo esto, el conflicto de emociones que Riza estaba sintiendo se desató de manera abrumadora. El dolor y culpa que Roy estaba sufriendo, el dolor y decepción que ella indirectamente causó en su hijo por no tener el valor de compartir la verdad con Roy y el propio dolor e inseguridad que ella sentía respecto a su relación con ambos la estaban carcomiendo por dentro. Pero, por otro lado, la enorme sonrisa de Edward y las ocasionales lágrimas de felicidad que se escapaban de sus ojos dorados eran un bálsamo para su alma. Lo que siempre había deseado todo el tiempo era la felicidad de su hijo y, ahora mismo, podía ser testigo de la alegría más grande y pura que le había visto disfrutar en todo el tiempo desde que lo reencontró. El observar a Edward en esos momentos la llenaba de una calidez que luchaba por hacerse por el poder completo de sus emociones pero era difícil lograrlo. Aún había muchos asuntos por arreglar y aclarar y, probablemente, éstos no terminarían de la manera que ella, egoístamente, deseaba.
El torbellino de emociones debió ser tanto que, de un momento a otro, la visión de Riza nuevamente se volvió borrosa. Apenas fue capaz de llevar una mano hacia sus ojos con la intención de frotarlos cuando su visión se volvió completamente negra y su mente perdió consciencia de todo lo que sucedía a su alrededor.
"¡Teniente!"
