N/A: Hola! :)

Hemos llegado al capítulo 25 de nuestra ya no tan pequeña historia :D Después de tantas emociones y peligros toca dejar descansar un poco a nuestros protagonistas para que puedan recuperarse. Esperamos que disfruten de este capítulo y como siempre muchas gracias por leer y comentar 3

Saludos!

Golden y Flame

Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.


Capítulo 25. Tiempo para sanar

Todo sucedió tan rápido que Roy apenas tuvo tiempo de reaccionar. Desde que regresó de entregar su saco, Riza había colocado su mano en el antebrazo de él para hacerle saber que estaba ahí y ayudarlo cuando decidieran que era tiempo de retirarse del lugar. Roy había sentido que la mano de ella temblaba ligeramente pero creyó, ingenuamente, que era debido a la tormenta de emociones que debía estar sintiendo además de su frustración por no poder estar cerca de su hijo. Sin embargo, en retrospectiva, él no debió haberse confiado de la conclusión a la que había llegado, de haber pensado en todas las heridas y el esfuerzo físico por el que Riza había pasado en las últimas 24 horas quizás hubiera previsto el desmayo que sufrió.

El hecho de tener la mano de Riza en su antebrazo lo ayudó a percatarse del momento preciso en el que ella perdió la consciencia. Su agarre se había aflojado por completo y, por la dirección del roce de su cuerpo contra el de él, Roy no tardó en reaccionar y estirar ambos brazos para sostenerla y así evitar que cayera directamente al suelo.

"¡Teniente!"

Ignorando su propio cansancio, Roy la sostuvo con todas sus fuerzas, manteniéndola en pie aunque su cuerpo no presentaba ninguna resistencia ante el efecto de la gravedad. Con algo de esfuerzo llevó una de sus manos a una de las muñecas de Riza para ver si encontraba su pulso. Dio un suspiro de alivio al notar que ahí estaba pero aún así se sentía intranquilo ante el repentino desvanecimiento de su Teniente.

El crujir de las piedrecillas le alertó que alguien se acercaba pero no pudo determinar correctamente la posición, por lo que no se molestó en levantar su cabeza.

"Hey, usted." Hubo una breve pausa antes de que el extraño volviera a hablar. "Co-coronel." Roy escuchó el sonido del talón de una bota militar haciendo contacto con el suelo. Seguramente el hombre estaba haciendo el saludo militar al darse cuenta del rango que indicaba el uniforme de Roy. "Señor, ¿necesita ayuda?"

Roy se abstuvo de rodar sus ojos. ¿Qué no es obvio? ¡Obviamente Riza no está del todo bien! Procurando que su tono fuera lo más profesional posible (al fin y al cabo necesitaba ayuda para poder llevar a Riza a que recibiera atención médica), dijo. "Sí, soldado. La Teniente Hawkeye recibió severas heridas durante el enfrentamiento con el enemigo. Hace unos momentos acaba de desmayarse, su pulso es estable pero no he podido hacerla reaccionar." Concluyó con un toque de preocupación e impotencia que se coló dentro de su voz.

El soldado pareció no darse cuenta del sutil cambio en su tono de voz y se enfocó directamente en lo que el Coronel seguramente esperaba de él. "Señor, se están colocando carpas médicas en las afueras de las oficinas del Comando que sobrevivieron las explosiones. Si me permite, con gusto llevaré a la Teniente a que la revise uno de los médicos." Roy estaba a punto de replicar (¿Cómo se le ocurre pensar que voy a separarme de ella?) pero el soldado no le dio tiempo. "¡Michael! Necesito una mano aquí. Tenemos un herido." De un momento a otro Roy sintió cómo Riza era apartada de su lado por el soldado.

"Soldado, espere." Se quejó Roy pero su voz se vio ahogada por las palabras de otro hombre que se había acercado a ellos.

"Ya la tengo, Eric." Se dirigió al primer soldado. "Coronel." Roy movió su cabeza esperando poder dar con la dirección correcta mientras el soldado recién llegado también hacía el saludo militar. "No se preocupe, nosotros la llevaremos al área médica."

"Yo también iré." Respondió Roy.

"Como guste, Coronel. Así un doctor podrá revisarlo porque puedo ver que no salió ileso de todo este alboroto, aunque, por las heridas que puedo notarle, será mejor que nosotros la carguemos."

Sin esperar respuesta, los soldados emprendieron el camino hacia las carpas médicas sin siquiera prestar atención a si Roy los estaba siguiendo o no. Habían tantos heridos y personas que rescatar de los escombros que no tenían tiempo que perder.

Roy los siguió un par de pasos antes de detenerse abruptamente. "Mierda." Maldijo mientras apretaba sus manos en puños. Había tantos ruidos a su alrededor que su concentración no fue suficiente como para que pudiera seguir confiadamente los pasos de los soldados que se habían llevado a Riza. Al parecer su actuación fue lo suficientemente creíble como para que ninguno de los soldados se diera cuenta de que estaba ciego. En cierta forma aún se estaba resistiendo a su nueva realidad, por lo que no era capaz de repetir que estaba ciego. Cada una de las veces que lo había hecho se había sentido peor e, ingenuamente, creyó que el no decirlo lo haría sentir mejor. Maldito orgullo mío. Él mismo quería asegurarse de llevar a Riza a un lugar seguro pero su parte racional le había hecho ver que muy probablemente no lo lograría y que incluso podría provocar que la herida de Riza se abriera nuevamente si sufrían alguna caída o choque aparatoso por su culpa. Los soldados le habían caído del cielo pero ni siquiera así Roy tuvo el valor de confesar la gravedad de su propia condición. De haberlo hecho, ahora podría estar siendo guiado por uno de ellos hacia el sitio en el que atenderían a Riza.

Conteniendo sus intenciones de patear una piedra en el camino para sacar parte de su frustración (de cualquier forma era probable que no le diera a ninguna o que lo hiciera y la terminara dirigiendo hacia una persona que fuera pasando), Roy comenzó a andar lentamente hacia el frente. No estaba del todo seguro de si iba por el camino correcto pero quizás alguien lo llamaría antes de que chocara con alguna pared y, con su ayuda, podría lograr ubicarse de alguna manera sin tener que difundir el estado de sus ojos.

Apenas había avanzado un par de metros cuando, irónicamente, una piedra se cruzó en su camino haciéndolo tropezar. Iba directamente de bruces al suelo cuando alguien lo sostuvo de la parte trasera de su chaqueta militar.

"Esa sin duda hubiera sido una caída dolorosa."

Reconociendo la voz, Roy dijo. "¿Mayor Armstrong? ¿No se supone que estaba con los Elric?" Preguntó mientras Alex lo ayudaba a recuperar el equilibrio.

"En efecto pero en mi familia hay una técnica de supervisión que ha pasado de generación en generación que nos permite darnos cuenta de lo que sucede en nuestros alrededores." Dijo orgullosamente antes de hablar con un tono más suave. "Pude ver que un par de soldados se llevaron a la Teniente Hawkeye. ¿Qué fue lo que pasó?"

Roy soltó un suspiro de frustración. "De un momento a otro se desmayó. Afortunadamente esos soldados no tardaron mucho en aparecer para poder llevarla a las carpas médicas que están colocando en el Comando porque yo…" Instintivamente se llevó una mano a los ojos pero rápidamente la bajó recriminándose por haberlo hecho. Te lo ganaste así que no te quejes. "Ahora mismo me dirigía hacia allá. Quiero asegurarme de que reciba la atención médica necesaria."

"Hmmm." Alex se cruzó de brazos y recorrió con su mirada los alrededores. "Me parece que las carpas están siendo colocadas en las oficinas de la parte este." Tratando de sonar casual al notar que Roy estaba en una especie de negación ante lo sucedido con sus ojos, dijo. "Estaba tomando un camino un poco más largo, Coronel. Si gusta puedo acompañarlo." Colocó una mano en el hombro de Roy para guiarlo pero él rápidamente la apartó.

"Se lo agradezco, Mayor, pero no necesito ayuda."

"Señor, pero-"

"¿Estoy ciego?" Preguntó con amargura. "Gracias por su precisión, Mayor." Señaló sus propios ojos con un dedo. "Supongo que esto es lo menos que merezco por todo el daño que he causado en mi miserable vida así que debería sentirme afortunado, ¿no lo cree?"

"Pero usted es un buen hombre, Coronel." Tratando de volver más tranquila la conversación dijo. "Insisto en que deberíamos ir juntos. Creo que mi hombro podría requerir una buena revisión." Dijo mientras movía un poco el hombro que Pereza le había dislocado anteriormente.

"No lo pienso detener, Mayor." Alex sonrió creyendo que su apoyo había sido aceptado. "Yo iré a mi propio ritmo. Tengo que aprender a arreglármelas por mí mismo o de lo contrario definitivamente no seré capaz de hacer algo por este país." Dando un paso hacia su costado esperando esquivar la piedra que lo había hecho tropezar previamente, Roy comenzó a andar.

Alex lo siguió de cerca. "Entiendo su punto, Coronel, pero el Comando Central está hecho un desastre. Hay escombros por todos lados y" tragó saliva. "cuerpos. Como un Armstrong, no puedo permitirme dejar solo a un compañero cuando requiere de un poco de ayuda."

Roy lo ignoró y siguió andando a paso apresurado provocando que pocos segundos después se golpeara de lleno una rodilla cuando ésta hizo contacto directo con un enorme trozo de concreto.

"¡Maldita sea!" Se quejó mientras se agachaba un momento para sobarse la zona dolorida. Cuando volvió a incorporarse la mano de Alex cayó directamente en su hombro.

"Puedo ayudarle a evitarle esas molestias, Coronel." Dijo Alex amablemente.

Roy volvió a apartar la mano de Alex, esta vez con una mirada molesta. "¡Puedo hacerlo solo! ¿De acuerdo? ¡Lo único que quiero es asegurarme de que la Teniente va a estar bien!"

Antes de que Alex pudiera responder, una tercera voz intervino.

"Oh, perfecto. ¿Cuántos huesos piensas romperte en el proceso, Coronel Bastardo?"

La molestia que Roy estaba sintiendo se apagó momentáneamente al reconocer la voz de Ed.

"Mayor, la General Armstrong lo estaba buscando. Creo que no es buena idea que la haga esperar."

A pesar de la breve expresión de miedo que apareció en su rostro, Alex dudó. "Pero…" Dirigió su mirada hacia Roy.

"Yo me encargo. De cualquier forma tengo que asegurarme de que le asignen la cama más suave a Al." Respondió Ed con una sonrisa.

"De acuerdo, joven Elric." Una lágrima se le escapó advirtiéndole a Ed que el Mayor estaba a punto de darle otro mega abrazo de felicidad.

Actuando rápidamente, Ed se colocó del lado derecho de Roy y comenzó a hacerlo caminar apoyando su mano izquierda en su antebrazo, al mismo tiempo que miraba por encima de su hombro mientras reía nerviosamente. "Nos vemos luego, Mayor."

Armstrong le dirigió un saludo militar. "Por supuesto, Edward Elric." Dijo felizmente. "Dénle mis mejores deseos a la Teniente Hawkeye."

Roy asintió con la cabeza preguntándose si Armtrong podría ver su gesto. Ahora que la presencia de Edward lo había ayudado a calmarse, se sentía avergonzado de su comportamiento con Alex. Simplemente quiso ayudarlo y Roy había sacado su frustración contra él. Después tendría que disculparse con él. Ahora… tenía que controlar sus nervios. ¿Cómo tenía que dirigirse a su hijo ahora que era más que obvio que ya tenía otro padre?

A pesar del obvio desprecio que Ed debía sentir por él, Roy se pudo dar cuenta de que el chico lo estaba guiando cuidadosamente. Su mano ejercía sólo la presión necesaria y lo empujaba o jalaba suavemente cuando tenían que esquivar algún obstáculo en el camino. En ese punto no podía creer que Ed estuviera haciendo eso por él. Roy no se merecía esos cuidados… O casi completos cuidados. Justo cuando ese pensamiento cruzaba por su mente, una rama de un árbol hizo lo propio con su rostro.

"Rama." Dijo casualmente Ed.

Roy sintió los pequeños rasguños que la rama le hizo en el rostro. Sabía que probablemente se lo merecía pero, dejándose por la naturaleza de su trato original con Ed, frunció un poco el ceño y dijo. "Sabes, eso se dice ANTES de chocar con ella."

Ed se encogió de hombros pero recordó que Roy no podía verlo así que optó por suspirar. "Vaya, hasta que hablas."

Roy se sorprendió. Se había hecho la idea de que Ed no quería nada que ver con él y que si lo estaba ayudando simplemente se debía a que él y su hermano tenían unos corazones enormes.

Roy carraspeó antes de responder. "Eh… ¿Qué pasó con Alphonse? Creí que te quedarías con él."

"Las preguntas las hago yo." Dijo Ed seriamente. Tras unos segundos agregó. "Un par de médicos se acercaron para hacerle un examen preliminar de su estado de salud. En cuanto terminen lo van a trasladar a una de las carpas para después llevarlo al hospital y, antes de que preguntes, se quedó con May y nuestra sensei."

Roy se sorprendió por la manera un tanto casual en que Ed lo estaba tratando. "Oh." Dijo sintiéndose inseguro de qué enfoque debería adoptar al hablar con el chico.

"Ahora dime, ¿qué pasó con… la Teniente?"

La breve sonrisa que Roy estaba tratando de esbozar se desvaneció. "Se desmayó y se la llevaron un par de soldados para que la pudiera revisar un médico. Pude notar que su pulso parecía normal pero tal vez se deba a toda la sangre que perdió hoy." Dijo mientras apretaba sus manos en puños. No podía perdonarse que Riza hubiera salido tan herida cuando él debió haberla protegido.

"Ella va a estar bien." Dijo Ed tratando de calmarse a sí mismo y a Roy. Sin pensarlo agregó. "Tiene que estarlo."

Roy notó la preocupación en el tono de voz del rubio y sonrió para sus adentros. No puedo ser egoísta y pedir que nos quieras a ambos pero me da gusto saber que Riza también es importante para ti. Mientras ella sea feliz y te tenga a su lado no tengo nada más que pedir.

"¿Y bien?" Roy enarcó una ceja ante la pregunta de Ed. "¿Vas a decirme por qué la herida de su hombro se hizo tan grande?" En cuanto la pregunta salió de su boca, Ed se arrepintió de haberla hecho ya que el rostro del Coronel se llenó de arrepentimiento y tormento.

Inhalando profundamente, Roy respondió. "Fue mi culpa."

Molesto de pensar que Mustang le había hecho más daño a Riza, Ed los detuvo a ambos y dijo seriamente. "Explícate."

"La arrastré conmigo a la guarida de ese monstruo y no la protegí… Soy un fracaso."

Las palabras de Roy sumadas a la expresión que había hecho que Ed se arrepintiera de preguntar, hicieron que el chico se olvidara de la molestia momentánea que se había hecho presente.

Inhalando profundamente, Roy continuó. "El doctor que te hizo llegar con el líder de los homúnculos era el encargado de asegurarse que yo hiciera una transmutación humana. A pesar de que sus secuaces nos habían logrado inmovilizar, me negué rotundamente pero esos tipos no se andaban con rodeos." Su pulso se aceleró ligeramente al recordar el pánico que había sentido cuando vio cómo le cortaban el cuello a Riza. "Ellos… le hicieron una gran cortada a Riza con una espada en su cuello… Era la única manera que tenían para forzarme a hacer lo que querían." Hizo una pausa para apartar la imagen de Riza desangrándose de su mente. "Y casi lo logran… Sé que tú mismo me advertiste acerca de las consecuencias de la transmutación humana pero… no podía perderla."

Durante el relato de Mustang, Ed se fue poniendo pálido. Con tantas cosas sucediendo al mismo tiempo no se había percatado de la terrible herida que había recibido Riza. Había notado que había más sangre en el lado izquierdo de su cuerpo pero, ingenuamente, creyó que provenía de la herida que Envy le había hecho en el hombro pero… ¿una cortada en una zona tan delicada como el cuello? Tragó saliva mientras un nudo se formaba en su estómago. Riza pudo haber muerto ese día.

Con voz temblorosa, Ed preguntó. "¿Qué pasó después?"

Roy suspiró. "No cumplí con sus órdenes… Riza no me lo permitió… A pesar de la situación, ella mantuvo una mentalidad clara para arreglar todo."

"Suena perfectamente a algo que haría la Teniente Hawkeye."

Roy se permitió una breve sonrisa. "Lo es… ella se dio cuenta de que tus amigos habían llegado y me lo hizo saber con su mirada. Si no hubiera sido por ellos… no sé que hubiera hecho. Ella estaba dispuesta a morir si eso lograba frustrar los planes de esos tipos." Apretó sus manos en puños. "Afortunadamente la niña de Xing pudo cerrar su herida si no…" No pudo terminar su frase por el inmenso nudo que se había formado en su garganta.

Ed estaba muy desconcertado tanto por la historia en sí como por la manera en que Mustang se la estaba contando. Su madre biológica había estado muy cerca de la muerte y él ni siquiera había estado al tanto de la gravedad de su situación. Por otra parte, era palpable la frustración, miedo y preocupación del Coronel respecto a la Teniente. Además, quizás fuera el agotamiento del día pero ahora Mustang ni siquiera se molestaba en llamar a Riza por su rango, lo que daba una sensación de familiaridad y cercanía. Antes había rechazado por completo la idea de que Roy pudiera amar a Riza pero ahora no estaba tan seguro.

Tras un par de minutos de silencio en los que ambos lidiaban con sus propios pensamientos, Ed suspiró y volvió a tomar el antebrazo de Roy para guiarlo.

Dándose cuenta de que Ed no tenía intenciones de volver a hablar, Roy lo hizo. "¿No vas a gritarme? ¿Regañarme? ¿Golpearme quizás?"

"Aunque la oferta es tentadora, esta vez diré que no. Puedes ser un inútil pero tú no tienes la culpa de que la Teniente saliera herida."

"¡Pero debí protegerla!"

"Si de verdad quieres ese golpe te lo voy a dar con gusto." Dijo Ed amenazadoramente a pesar de que en realidad no tenía pensado hacerlo. "Si llevas tanto tiempo conociendo a la Teniente ya debiste haberte hecho a la idea de que ella no se acobarda ante las dificultades. Con lo inútil que puedes llegar a ser, ella no se iba a sentir tranquila dejándote ir solo a la guarida de ese bastardo." Resopló y agregó. "¡Cielos! ¿De verdad pretendes que yo tenga que decirte todo esto? Deberías saberlo ¿no? Así que deja de comportarte como un idiota y acepta las cosas como son. De nada le va a servir a la Teniente ver tu horrible cara arrepentida cuando despierte."

Roy suspiró pesadamente. "Es sólo que tuve mucho miedo de perderla." Confesó. "Fue muy difícil perder a Hughes y…" Volteó su rostro hacia la derecha. "Después de lo que te hice temí que lo único que me quedara fuera ella. Si la perdía ya no habría nada más para mí."

Ed agachó un poco su mirada incapaz de responder. Sabía que Roy, indirectamente, estaba tanteando el terreno para ver si podían hablar de su conexión pero Ed no se sentía listo. Habían pasado tantas cosas que su cabeza era todo un desorden. Se sentía mal por lo que le había sucedido al Coronel y, para sí mismo, admitió que le preocupaba cómo se enfrentaría a su nueva realidad (razón por la que decidió ir a guiarlo cuando, a la distancia, descubrió que los intentos de Armstrong no daban frutos), pero en su mente también se repetían una y otra vez las palabras que Mustang le había dicho durante el enfrentamiento con Envy. Era como un eco molesto que persistía a pesar de sus esfuerzos pero que estaba lo suficientemente presente como para evitar que el chico se sintiera del todo cómodo en la presencia del Coronel.

Tras unos segundos de incómodo silencio, Roy volvió a suspirar y habló. "No te preocupes, no pienso obligarte a hablar conmigo ni mucho menos tienes que lidiar con mi presencia." Le dio un tirón a su brazo para separarse de él pero el chico mantenía un sorprendente agarre firme. Resignado se pasó una mano por el rostro antes de continuar. "Entiendo mi lugar y tus decisiones, Acero." Dijo recordando el momento en el que Ed llamó 'papá' a Hohenheim. Ed, por su parte, no entendía del todo a qué decisiones se refería. "Ahora que recuperaste el cuerpo de Alphonse no tienes más razones para quedarte en el ejército. En cuanto la situación se normalice un poco yo mismo me encargaré de tus papeles de retiro, así que por eso no te preocupes."

Extrañamente Ed se sintió un poco decepcionado al ver el gran interés que el Coronel tenía de deshacerse de él. Pues claro, yo no le importo. Además, en cuanto se entere de que ya no puedo hacer alquimia ya no le seré de ninguna utilidad.

Tragando el inexplicable nudo que se había hecho en su garganta, Ed respondió esforzándose porque su tono de voz sonara casual y alegre. "¿En serio? ¡Genial! Ya era hora de que te pusieras a trabajar."

Roy se sobrepuso a la lágrima que se le quería escapar al pensar que esa podría ser una de las últimas conversaciones que tuviera con su hijo. "El papeleo puede retrasarse un poco con todo este alboroto pero haré todo lo posible para que esté listo antes de que Alphonse sea dado de alta del hospital porque, por lo que me dijo Riza, va a necesitar de unos buenos días en el hospital para recuperar sus energías."

Ed hizo un sonido en su garganta para hacerle saber que lo había escuchado. Por alguna razón le costó trabajo formar palabras pero, cuando descubrió que estaban llegando a su destino, se forzó a hablar. "Llegamos."

Sintiendo una gota de sudor recorrer su frente ante los nervios de lo que quería decir, Roy respondió. "Gracias por traerme, Edward. Tal vez no te interese saberlo pero estoy muy orgulloso de ti y de todo lo que has logrado. Eres un chico excepcional." Concluyó con una tímida sonrisa.

¿Pero qué clase de bipolar es este maldito Coronel? Primero se quiere deshacer de mí y ahora me alaba? Dejándose llevar por su confusión, Ed dijo con tono molesto. "¿Qué demonios pasa contigo?"

La sonrisa de Roy se desvaneció. ¿Ves? No te quiere en su vida. Deja de presionarlo. Tragando su propio nudo en la garganta, respondió en un murmullo. "Lo siento mucho."

Antes de que Ed pudiera averiguar de qué se estaba disculpando precisamente, una enfermera pasó cerca de ellos por lo que el chico aprovechó para averiguar la ubicación de la Teniente. La enfermera amablemente les indicó la carpa en la que había sido colocada y, no sabiendo qué decir, ambos hicieron el recorrido en silencio.

Cuando llegaron a su destino, a pesar de lo tenso que había terminado su charla, Ed guió cuidadosamente a Roy para dejarlo justo del lado derecho de la camilla en la que la Teniente descansaba. Ed le hizo saber que estaban al lado de Riza y, antes de que pudiera evitarlo, Roy tanteó el borde de la camilla hasta hacer contacto con el hombro de Riza para de ahí llevar delicadamente una mano hacia su mejilla, acariciándola tiernamente.

Ed se sonrojó ligeramente ante esa muestra de cariño entre sus padres biológicos, pero rápidamente recobró la compostura para darle un tirón al brazo del Coronel mientras lo regañaba. "¡Hey! Los militares y doctores están pasando a cada rato por aquí. ¡Tienes que tener cuidado!"

Roy murmuró un 'Lo siento' y retrajo su mano hasta el borde de la camilla, no estando dispuesto a alejarse del todo de Riza.

Ed suspiró y decidió dejarlo ahí mientras él se colocaba del otro lado de la camilla. El rostro de la Teniente estaba muy pálido pero su pecho subía y bajaba a un ritmo constante. La chaqueta de Riza había sido retirada y habían cortado parte de su blusa para tener libre acceso a la herida de su hombro, la cual estaba cubierta con unas cuantas gasas provisionales.

Poco después de que llegaran ahí, uno de los apresurados médicos que estaban atendiendo a los heridos les hizo saber que Riza se encontraba bien pero que había perdido mucha sangre lo que, en combinación con el extenuante esfuerzo del día, la había hecho desfallecer. Con una sonrisa les aseguró que en un par de días estaría completamente recuperada aunque aún tenían pendiente terminar de tratar y desinfectar su herida del hombro y uno que otro rasguño mientras esperaban a que el equipamiento y la sangre requeridos llegaban a las carpas médicas. Comenzarían con una transfusión ahí mismo y, cuando se le asignara una habitación en el hospital de la ciudad, le darían otra más. A pesar de su comportamiento amable, el doctor soltó su rápida explicación de la situación de Riza para después desaparecer de ahí para atender a más soldados.

En cuanto el doctor se fue, un nuevo silencio los envolvió. Podían escucharse los sonidos de fondo de los movimientos frenéticos de los médicos y soldados que se movían por el lugar, así como de las camillas y cargamentos que estaban desplazando de un lado a otro pero, en cierta forma, Roy y Ed tenían la sensación de estar encerrados en su propia burbuja.

Roy se sintió aliviado al saber que la recuperación de Riza no parecía que presentaría complicaciones pero no estaría del todo tranquilo hasta que escuchara su voz. Ed, por su parte, se sentía de una manera similar a Roy sólo que ahora no sabía qué debía hacer. Estar en presencia de sus dos progenitores lo incomodaba un poco pero, extrañamente, también le brindaba una sensación de seguridad. Sinceramente había llegado a apreciar a ambos antes de que la verdad saliera a la luz pero ahora era difícil apegarse completamente a ese aprecio cuando, hasta hace poco, tenía problemas para asimilar que a los tres los unía algo más que una relación profesional.

Ed enfocó su mirada en el Coronel y pudo ver que, aunque más calmado, su atención estaba completamente fijada en Riza. Tal vez no podía verla pero era cómo si su esencia lo guiara ya que su ojos estaban enfocados, increíblemente, sobre el rostro de la Teniente. Además su mano seguía sujetando el borde la camilla intentando estar lo más cerca de ella sin que fuera demasiado obvio.

Echando vistazos a su alrededor, Ed se dio cuenta de que estaban lo suficientemente cubiertos como para que las personas a su alrededor no les prestaran demasiada atención a menos de que se detuvieran justo en frente de la cama de la Teniente. Haciendo una última revisión mientras se armaba de valor, Ed lentamente llevó su mano izquierda hacia la de Riza. Su mano temblaba un poco pero estaba tratando de controlarlo para no despertar a la rubia. Cuando lo consiguió, sujetó la mano de Riza y le dio un apretón para después mantener su mano sujeta con la de ella por unos segundos. Mejórate pronto.

La mano de Riza no le devolvió el apretón pero Ed se dio por bien servido. El doctor le dijo que ella estaría bien pero que necesitaba descansar por lo que no era sorpresa que no hubiera reaccionado ante su gesto. Además, así era mejor porque no quería despertarla cuando lo que más necesitaba era reposo.

Cuidadosamente, Ed apartó su mano y le dirigió una sonrisa a Riza antes de carraspear para atraer la atención de Roy.

En cuanto el Coronel movió su cabeza en dirección a la voz de Ed, el chico dijo. "Tengo que irme. De verdad necesito ver lo de la hospitalización de Al y aún tengo algo que recoger." Agregó pensando en que tenía que hallar una forma de regresar a la guarida de Padre para recoger a Selim. No sabía qué diría Mustang cuando supiera que dejó vivir a, probablemente, el homúnculo más peligroso de los 'hijos' de Padre, por lo que decidió no especificar más al respecto.

Roy le dirigió una sonrisa triste. "De acuerdo. Ten cuidado y gracias."

"Si de verdad quieres agradecerme deberías asegurarte de que un médico te revise. A la Teniente no le va a hacer gracia si lo primero que descubre es que no has podido cuidarte solo por unas cuantas horas."

"No es-"

"Estás herido. Esas heridas se pueden infectar. Punto." Lo interrumpió Ed sabiendo que el Coronel no había pensado en que un doctor lo revisara.

Roy suspiró y Ed tomó eso como una victoria. Sin esperar más, empezó a alejarse del lugar.

Roy podía escuchar el distintivo sonido de las botas de Ed. Una pisada amortiguada por la suela de goma de la bota y una que, a pesar de esa protección, emitía un distinguible 'Clank'. Confundido frunció ligeramente el ceño. ¿Acaso Edward no recuperó su pierna cuando hizo esa última transmutación? Qué extraño. Siempre creyó que cuando lograran su meta, tanto Ed y Al recuperarían sus cuerpos al mismo tiempo puesto que la sangre de ambos había sido usada en la transmutación original que les arrebató sus cuerpos.

Esos pensamientos llenaban la mente de Roy cuando una aguda voz femenina lo hizo sobresaltarse por un momento. "¡Riza!"

La voz era familiar. Estaba casi seguro que la había escuchado ese mismo día pero con tantas cosas sucediendo una tras otra, Roy tuvo problemas para ubicarla desde un inicio.

El sonido de los pasos de la mujer desconocida, ayudaron a que Roy supusiera que se había colocado del otro lado de la cama de Riza y, probablemente, se encontraba haciendo una especie de inventario de las heridas de la Teniente.

La mujer resopló y después bufó. "Coronel Mustang."

Incapaz de identificar quién era la desconocida, Roy aventuró con una leve sonrisa. "Eh… ¿Señorita…?"

La mujer dio una pisotada antes de que sus pasos rápidos y amenazantes la llevarán hasta pocos centímetros de Roy, quién se había volteado en dirección a ella.

"No intente coquetear conmigo, Coronel. Aunque tenga un rango mayor al mío no me pienso dejar intimidar por usted."

El tono molesto finalmente hizo que Roy pudiera relacionar la voz con su dueña. "¡Teniente Catalina!" Exclamó.

Ella resopló. "¡Que no me pienso dejar intimidar por usted Coronel bueno para nada!"

Roy llevó sus manos al frente de manera defensiva. "No me malentienda, Teniente. Simplemente no había podido reconocerla."

"¿Reconocerme?" Preguntó Rebeca incrédula. Antes de que Roy pudiera explicarse, ella continuó. "Dígame, Coronel, ¿recordar mi rostro es igual de difícil que proteger a su más leal subordinada?"

Tenía razones para justificar el no haberla reconocido pero no tenía excusa alguna para no haber protegido a Riza como tanto se lo había propuesto antes del comienzo del Día Prometido. Las palabras de Rebeca sólo servían para reavivar sus sentimientos de culpa y desprecio por sí mismo.

Roy agachó su cabeza pero eso no disuadió a Rebeca. Asegurándose de que nadie estuviera lo suficientemente cerca de ellos como para escuchar su conversación, con una pisada fuerte, ella recortó la distancia que los separaba para sujetar a Roy por las solapas de su chaqueta militar. "Escúchame bien, Mustang. Riza siempre ha dado lo mejor de sí para ayudarte y protegerte llegando incluso a sacrificar lo más valioso de su vida." Notando que los ojos de Roy se abrían un poco más por la sorpresa, continuó. "Sí, lo sé todo. Y cuando digo todo, realmente me refiero a TODO. Yo estuve al tanto de todo lo que sucedía con ustedes y lo que Riza tuvo que hacer para protegerlos." Suspiró tratando de bajar un poco el nivel de su molestia para controlar el volumen de su voz y no atraer la atención de algún médico o soldado cercano. "No puedo entender porque ella siempre te ha tenido en tan buen concepto a pesar de que tú no perdiste el tiempo en reemplazarla."

¿Reemplazarla? Nadie jamás podría ocupar el lugar que Riza tenía en su corazón, pero ¿cómo podía explicárselo a Rebeca sin involucrar a las chicas de Madame? Además, la pelinegra había acertado en algo: Riza siempre había dado lo mejor de sí para ayudarlo y él no había hecho más que complicarle la vida y, cuando más lo necesitaba, no fue capaz de impedir una herida que pudo haber sido fatal para ella.

Rebeca le dio una sacudida mientras un par de lágrimas de furia se le escapaban. "La he visto sufrir y llorar, y ella nunca se ha quejado de la situación en la que está. Es más, siempre tiende a culparse de que las cosas sucedieran de la forma en que lo hicieron. Jamás me lo dijo pero estoy casi segura de que ella cree que todo lo "malo" que te sucede a tí es a causa de ella. ¡Pero tú nunca te das cuenta de eso! ¡Tú vives alegre y despreocupadamente tu vida mientras ella se ocupa de tus asuntos para que tu estúpido trasero pueda gobernar a este país!"

Roy se quedó callado mientras asimilaba cada una de las palabras de Rebeca. Estaba consciente de lo mucho que había sufrido Riza en todos estos años y sabía que él era el causante de gran parte de su dolor… incluso de todo. Riza le había dicho en ocasiones que no tenía que pensar así pero Roy no podía quitarse por completo la idea de que él condenó la vida de Riza a la desgracia desde el instante en el que se le ocurrió cruzarse en su camino. Riza hubiera sido feliz si nunca lo hubiera conocido.

No pudiendo ignorar la, para ella, extraña e inesperada tristeza reflejada en el rostro del Coronel, Rebeca lo soltó y respiró profundamente un par de veces antes de volver a hablar tras haberse limpiado las lágrimas que se le escaparon. "Quizás te parezca extraño que te hable de tu propio pasado con ella en estos momentos pero no puedo creer que no puedas entender lo que ese pasado realmente significa. Me desespera que seas tan idiota que no lo valores y que no le des a Riza el lugar que se merece. Cuando entré al Comando la estuve buscando por todos lados y cuando supe que se había desmayado y que había gente que había notado una enorme mancha de sangre en su hombro no pude evitar asustarme. Ella es como una hermana para mí y, aunque no siempre esté de acuerdo con sus decisiones, quise creer en ella y en su determinación de seguir a tu lado en esta misión tan peligrosa. Aunque no seas de mi agrado creí que al menos tendrías la capacidad necesaria para protegerla pero veo que me equivoqué." Concluyó amargamente.

Apartando el nudo de su garganta, Roy respondió. "Tiene toda la razón, Teniente Catalina."

"Bien, entonces es hora de que te vayas. Ya le has hecho suficiente daño." Dijo Rebeca mientras se daba la media vuelta para apartarse de él.

"Me temo que eso no será posible."

Rebeca volteó a verlo nuevamente con una expresión indignada en su rostro. "¿Eh? ¿De verdad vas a tener la osadía de quedarte aquí después de todo lo que le has hecho?"

"No podré estar tranquilo hasta tener la completa certeza de que ella va a estar bien. Fracasé al no poder protegerla, en eso te concedo la razón, pero no pienso moverme de aquí hasta que pueda escuchar su voz. Sé que no me la merezco pero la amo. La amo como jamás he amado a alguien y no puedo soportar la idea de apartarme de su lado cuando ella jamás lo hizo conmigo. El día de hoy terminé convirtiéndome en una carga y ni siquiera así Riza me abandonó. Ella me necesita y no pienso dejarla sola."

Rebeca se quedó boquiabierta ante la declaración tan sincera y apasionada de Roy. No había ni el más mínimo rastro de su presencia engreída y orgullosa a la que ella había aprendido a asociarlo gracias a todos los rumores que se escuchaban de él tanto en Ciudad del Este como en Central.

Tras unos segundos, Rebeca volvió a hablar. "Bonitas palabras. ¿Eso se lo dices a todas tus conquistas?"

Roy frunció un poco el ceño ante la terquedad de Rebeca. Entendía que él mismo había avivado los rumores de su imagen como 'playboy' pero le molestaba el que cuestionara tan fácilmente el amor tan grande que sentía por Riza. Inhalando profundamente, respondió. "La única dueña de mi corazón es y siempre ha sido Riza Hawkeye." Confesó sin dudarlo un momento y sin importarle que alguien más pudiera escucharlo. Estaba cansado de tener que ocultar su amor por Riza. Quizás no sería tan fácil de lograr su cometido pero de alguna u otra manera retomaría su relación con ella. Bueno, eso siempre y cuando que ella estuviera dispuesta a intentarlo después del sufrimiento extra que le hizo pasar con todo el asunto de Envy…

"Oh, ¿en serio?" Preguntó Rebeca con un tono mezclado de incredulidad y sarcasmo. "Si lo que dices es verdad, dímelo mirándome a los ojos."

Roy apretó sus puños. "No puedo hacerlo."

"¡Ja! Lo sabía. Todo este tiempo te has rehusado a verme a los ojos mientras te hablo. Cuando una persona hace eso es porque está mintiendo. Así que-"

Roy la interrumpió. "Rebeca." Dijo firmemente y olvidándose completamente de las formalidades de los rangos militares. "No. Puedo. Hacerlo." Escuchando la sutil inhalación de Rebeca para poder contestarle como antes, Roy confesó lo que tanto le estaba costando admitir ese día. "Estoy ciego. Perdí la vista durante nuestros enfrentamientos con los homúnculos."

Rebeca jadeó de sorpresa y se llevó una mano a la boca. "¿Qué?" Roy escuchó el par de pasos que la pelinegra dio para volver a acercarse a él. Él no podía verla, pero Rebeca comenzó a pasar un dedo frente a sus ojos notando finalmente que sus ojos no se enfocaban en nada y que incluso sus orbes habían dejado de ser completamente oscuras quedándose más cercanos a una tonalidad grisácea. "No puede ser…" Exclamó al darse cuenta de que el Coronel no la estaba engañando.

Muy a su pesar, Roy sonrió un poco. "Si lo piensas bien, esto" se llevó una mano al rostro "es un castigo mínimo comparado con todo lo que hice. Maté a decenas de inocentes y no he hecho más que hacer sufrir a la mujer que más amo en mi vida." Suspiró y su sonrisa irónica desapareció. "Sólo he servido para lastimar a las personas que más quiero."

Pasaron unos minutos en silencio sin que ninguno de los dos se animara a retomar la conversación. Cansado de recibir los reclamos que claramente se había ganado, Roy se apoyó en el contorno de la camilla de Riza para poder posicionarse a su lado como lo había hecho cuando Ed lo había llevado hasta allí.

Transcurrieron unos cuantos segundos más hasta que Rebeca preguntó con voz firme. "¿Entonces todo lo que dijiste es verdad?" Roy asintió con la cabeza suponiendo que Rebeca lo estaría viendo. "¿Amas a Riza?"

"Más que a mi vida. Siempre la he amado y seguiré haciéndolo hasta el último día de mi vida."

"¿Y si ella finalmente decidiera hacer su vida sin que tú estés en ella?"

Una expresión de tristeza apareció en el rostro de Roy pero su voz sonó firme y sincera. "Si así lo desea así será. No me interpondré en su camino y si su felicidad está lejos de mí lo aceptaré y la apoyaré en todo lo que pueda si ella me lo permite."

Rebeca no podía creer lo que estaba escuchando en esos momentos, pero antes de darle el beneficio de la duda, se aventuró a preguntar otra cosa en voz baja para que solamente Roy pudiera escucharla. "Si Riza no se hubiera inscrito a la academia antes de descubrir su embarazo… si te hubieras enterado, ¿qué habrías hecho?"

Roy sintió cómo se volvía a formar el nudo en la garganta y como la presión en su pecho se acumulaba por la tristeza y culpa, sobre todo al recordar la forma en que se había portado con Ed durante su enfrentamiento con Envy. Inhaló y respondió en voz baja. "No niego que me hubiera sorprendido y atemorizado la noticia en ese tiempo, éramos muy jóvenes… pero jamás le hubiera dado la espalda, nunca. De inmediato la hubiera desposado y me hubiera encargado de ella y del bebé." Hizo una ligera pausa. "Ese siempre fue el plan, casarme con ella y formar una familia, pero mi maldita ingenuidad y ambición me cegó incluso en ese entonces…" Rió irónicamente. "Debí llevarla conmigo cuando nos volvimos a ver después de estar en la academia… debí desposarla para que ella jamás hubiera pisado la milicia, pero decidí esperar con la idea de ahorrar para poder ofrecerle algo, pero lo que ella siempre ha querido ha sido solamente mi amor y cariño. He sido un completo idiota."

Rebeca dejó que pasaran unos segundos mientras asimilaba las palabras que Roy acababa de decir. Después, tras inhalar profundamente, exclamó indignada. "¡Maldito Mustang! ¿Por qué quiero creer en tus palabras?"

Roy sonrió. Aunque no se había dado cuenta de lo cercanas que en realidad eran Riza y Rebeca, sí recordaba que Riza le había dicho que su amiga era muy extrovertida y un tanto escandalosa. "Porque son sinceras y, por lo que puedo percibir, tanto tú como yo queremos lo mejor para Riza."

Rebeca bufó. "Te concederé eso pero eso no significa que me agrades."

"Tampoco tengo razón para que tú me agrades a mí ¿cierto?" Dijo Roy sarcásticamente. La verdad no estaba muy seguro si él y Rebeca podrían llegar a congeniar pero él la estaba llegando a apreciar al darse cuenta de lo mucho que quería y se preocupaba por Riza.

"¡Perfecto! ¡Al fin nos estamos entendiendo!" Dijo Rebeca firmemente pero con un tono más relajado. Seguía molesta con él por todo lo que Riza había sufrido en los últimos años por relacionarse con él y por las numerosas relaciones amorosas que Mustang tenía en su haber pero, tras tantos años de aborrecerlo, finalmente había encontrado una cosa que le agradaba del hombre. Sus ojos ya no podrían ver pero eso no impedía que existiera esa brillante chispa de amor que desprendían sus ojos cuando hablaba de Riza.

Rebeca se alejó de la zona dejando a Roy completamente confundido pero mientras no lo obligara a alejarse de Riza, él no se quejaría.

Un par de minutos después Rebeca regresó con un par de sillas. Colocó una del lado opuesto a donde se encontraba Roy y después colocó la otra a unos metros del pelinegro.

"Te traje una silla."

"Gracias." Respondió Roy y, cuando estaba a punto de tantear hacia el objeto, Rebeca volvió a hablar.

"Y a un médico."

Roy congeló el movimiento de su mano y no dijo nada.

"No pongas esa cara. Este buen y apuesto hombre…" Dijo mientras le pestañeaba al joven médico que la acompañaba. "...viene a hacer la transfusión sanguínea para Riza y, como eres un terco de primera, está dispuesto a atender tus heridas de manera provisional hasta que Riza pueda ser transportada a un hospital."

El médico rió nerviosamente ante el coqueteo de Rebeca y, de manera discreta pero lo suficientemente visible para la pelinegra, llevó su mano izquierda al borde la cama de Riza para que Rebeca pudiera ver el anillo de matrimonio que reposaba en su dedo anular.

"Demonios." Murmuró Rebeca al notarlo.

Carraspeando el médico habló. "Buenas tardes, Coronel. Deme unos minutos para preparar todo para la Teniente Hawkeye y en unos momentos revisaré sus heridas."


Una vez caída la noche y después de un día francamente frenético, Riza y Roy fueron trasladados a uno de los hospitales de Central, dado que el hospital militar estaba abarrotado con toda la cantidad de heridos. Sin embargo, en general la mayoría de los hospitales estaban saturados por lo que casi todos los pacientes tenían que compartir habitación, como fue el caso del Coronel y de la Teniente.

Ya estando en el hospital, Riza recibió una segunda transfusión sanguínea, para lo cual Rebeca inmediatamente se ofreció dado que sabía que ambas tenían el mismo tipo de sangre. Además con los constantes exámenes médicos a los que los soldados eran sometidos, no hubo mucho problema en verificar que podía ser donadora. Lo mismo sucedió con Roy, quién fue autorizado para realizarlo después de que le desinfectaron algunos rasguños y le dieron unas puntadas a las heridas de sus manos.

Esa noche, Roy no pudo dormir. Seguía procesando todo lo que había sucedido ese día, pero sobre todo, estaba preocupado porque Riza no había vuelto a despertar. Los doctores le habían asegurado que era completamente normal por la pérdida de sangre y por el cansancio del día. Sin embargo, él no estaría tranquilo hasta que escuchara nuevamente su voz. Al no poder contar con su vista no podía tener la tranquilidad de analizar él mismo el estado actual de sus heridas.

A partir del ingreso de Roy y Riza al hospital, Breda, Fuery, Falman, Ross y Rebeca tomaron turnos durante el día y la noche para cuidarlos. Todos estaban sumamente preocupados por Riza pero también por el estado del Coronel. No sabían cómo manejaría su nueva condición, pero lo que más les preocupaba era su estado anímico. Para ellos era evidente la desesperación de Mustang de no ser capaz de ver por sí mismo la condición de Riza y estaban seguros que hasta que ella no se recuperara, él no pararía de preocuparse.

Al día siguiente, Roy fue guiado por una enfermera hacia el consultorio de unos de los doctores para revisarlo y hacerle algunos exámenes médicos, entre ellos para poder determinar el estado de su ceguera. Él ya se había hecho a la idea de que no habría forma de recuperar su vista, pero no podía decir nada acerca de lo que había pasado para evitar que se difundiera información acerca de la Verdad y la transmutación humana.

Durante el tiempo en el que Roy estuvo fuera de la habitación, Rebeca se quedó cuidando de Riza, la cual finalmente despertó.

"¿Rebeca?" Preguntó adormilada Riza al identificar a su amiga quién se encontraba sentada en una silla al lado de su cama.

"¡Riza!" Rebeca se acercó y la abrazó fuertemente, teniendo cuidado de no lastimarla al mismo tiempo que las lágrimas empezaban a recorrer sus mejillas. "Por favor, no vuelvas a asustarme de esa manera."

Riza correspondió el abrazo. "Lo siento." Después de unos minutos, preguntó preocupada. "¿Dónde estoy? ¿Cómo están los demás? ¿Dónde está el Coronel? ¿Y los Elric?"

Rebeca se separó cuidadosamente de su amiga, ayudándola a sentarse en la cama. "Tranquila, Riza. Estás en el hospital. Después de la batalla, tus heridas te pasaron factura y te desmayaste. Te brindaron atención médica en las tiendas provisionales que colocaron en el comando y cuando hubo espacio te trasladaron aquí, al hospital. Te dieron dos transfusiones sanguíneas y has estado dormida desde ayer. Los chicos del equipo están todos bien y, hasta dónde supe, los Elric están progresando bastante bien." Aunque, ¿cómo es posible que un chico tan delgado estuviera dentro de una armadura tan grande? Pensó para sí misma la pelinegra.

"Que alivio." Dijo pensando en los miembros de su unidad aunque en su mente sobresalía el recuerdo de Ed. Con la tranquilidad de saber que su hijo estaba bien, Riza insistió. "Pero, ¿y el Coronel? Él no puede andar por su cuenta en estos momentos-"

Rebeca alzó una mano para detenerla. "Cálmate, el idiota de tu Coronel está bien. Para tu tranquilidad, tus compañeros y yo arreglamos que él y tú compartieran la habitación." Al escuchar eso Riza volteó a su derecha y encontró una cama vacía. "Y antes de que me lo preguntes, él se encuentra en el consultorio del oftalmólogo. Lo están revisando y haciéndole estudios para ver qué pueden hacer por su vista."

Riza agachó la cabeza. "Probablemente no puedan hacer nada." Dijo con una voz llena de tristeza.

Rebeca suspiró. "Lo sé. Él nos lo explicó a su equipo y a mí pero nos pidió que fuéramos discretos para no difundir información respecto a la transmutación que terminó llevándose su vista. De ahí en fuera, todas sus demás heridas han sido tratadas al igual que las tuyas."

"¿Hay alguien guiándolo? Si no para que vaya-" Dijo Riza haciendo el intento de levantarse pero Rebeca la detuvo.

"Detén tu carro ahí, Riza. Tú no vas a ningún lado. El doctor dijo que necesitas reposo absoluto al meno días." Riza frunció el ceño. "Aunque no te parezca, tendrás que obedecer. Es una orden tanto médica como del Coronel. Además, descuida, a él no le ha faltado atención. En cuanto las enfermeras lo vieron no han perdido el tiempo para acapararlo siempre que pueden, pero aún así procuramos que uno de nosotros esté cerca de él y tuyo. Así que no te preocupes, Falman está con él y, aunque odie admitirlo, ese Coronel tuyo no está igual de coqueto y odioso que siempre, así que todo debería estar bien."

Riza esbozó una apenas visible sonrisa, Rebeca siempre buscaba la forma de que ella dejara de preocuparse por Roy, porque creía que realmente era un mujeriego.

Por su parte, Rebeca revisó sus alrededores para asegurarse que no hubiera nadie escuchándolas antes de hablar en voz baja. "Eh… Riza, hay algo que necesito preguntarte."

Riza la miró seriamente esperando su pregunta.

"Recuerdo que cuando estuvimos en la academia e incluso el tiempo en el que vivimos en el mismo departamento, jamás te gustó que nadie invadiera tu privacidad. Ni siquiera yo, a pesar de que siempre nos hemos tratado como hermanas."

Riza le lanzó una mirada de confusión. "¿A dónde quieres llegar, Becky?"

La pelinegra soltó un suspiro. "Cuando trataron tus heridas, era necesario cambiarte de ropa y recordé que no sería apropiado…" En ese momento Riza se congeló y se retiró la sábana que la cubría para darse cuenta que, en efecto, ella se encontraba vestida con ropa de hospital, lo que significaba que alguien más había visto su tatuaje. "Descuida, me ofrecí a cambiarte de ropa. Les dije que eras muy reservada en ese aspecto."

La realización vino de golpe a Riza. Los doctores y enfermeras no habían visto lo que estaba en su espalda, pero sí lo había visto su mejor amiga, lo cual era un alivio, pero conociendo a Rebeca, ahora tendría que explicárselo.

"Riza…" Rebeca cortó su tren de pensamientos. "Hablé con Mustang poco después de que te llevaran a las carpas a atenderte y, aunque me cuesta reconocerlo, en ese momento su preocupación y sus palabras con respecto a lo que siente por ti, me parecieron sinceras. Pero, después de lo que ví en tu espalda, ya no sé si creerle."

"Becky-"

"Dime la verdad, amiga. Ese idiota le hizo todo eso a tu espalda, ¿no es así? ¿Fue su estúpida forma de marcarte para siempre para que no pudieras buscar otra pareja? ¿Lo hizo para satisfacer su patético orgullo masculino? Porque si es-" Comenzó a cuestionar Rebeca con tono molesto antes de ser interrumpida.

"¡No, Rebeca! No es lo que parece."

"¿Entonces? Dame una buena razón para no darle su merecido a ese idiota."

Riza suspiró. "Perdona que no te lo haya dicho antes, Becky. No lo hice porque no quería darte una carga que no te correspondía." Rebeca estaba a punto de replicar, pero Riza alzó una mano antes de continuar. "Y antes de que lo digas, no fue porque no te tuviera confianza, simplemente fue por lo que acabo de decirte. El tatuaje que viste es la alquimia del Coronel, pero cabe aclarar que él NO la puso ahí. Quien lo hizo fue el creador."

Rebeca enarcó una ceja mientras cruzaba sus brazos. "¿No fue Mustang quién descubrió esa alquimia?"

Riza comenzó a negar con su cabeza pero al sentir una ligera molestia en su cuello por el movimiento, decidió hablar. "No, él no la descubrió. Él solamente la descifró y la perfeccionó. La persona que lo hizo fue nada más y nada menos que mi padre y él creyó que por lo peligrosa que podría llegar a ser, yo sería su perfecta guardiana. El Coronel fue discípulo de mi padre, por esa razón lo conozco desde que éramos prácticamente niños."

Rebeca no pudo más que quedarse con la boca abierta, ¿cómo un padre podría hacerle eso a su propia hija? Sabía que, por lo poco que Riza le había mencionado, su padre no fue el mismo desde la muerte de su madre, ¿pero llegar a ese extremo? Bueno, al parecer no era el único caso, cuando de repente recordó el caso que sucedió en el Este con Tucker. Malditos padres alquimistas.

"En cuanto a las quemaduras… YO le pedí al Coronel que las hiciera cuando terminó la guerra, incluso le supliqué que quemara toda la espalda. Después de lo que había pasado, no podía permitir que cayera en las manos equivocadas. Fui muy afortunada de que durante la guerra, personas como Kimblee no me emboscaran. El Coronel se opuso en un principio a mi petición, pero yo no me retracté y prácticamente lo forcé a hacerlo. Por esa razón, él no quiso ni pudo destrozar todo el contenido, solamente alteró las partes claves. Fue esa misma noche que, en mi momento de debilidad, le terminé diciendo la verdad que le había ocultado y sucedió lo que te conté cuando nos vimos después de la guerra."

Rebeca no podía creer lo que Riza le decía. Como si no hubiera sufrido lo suficiente, no podía imaginarse que su amiga había atravesado por todo eso también. ¿Por qué tienes que sufrir tanto, Riza?

"Por eso te pido, por favor, que no lo culpes por ello. Lo que pasó, fue algo que yo pedí desde el principio. Él jamás me ha puesto una mano encima."

Rebeca la miró fijamente, tratando de encontrar una pequeña muestra de mentira en lo que decía su amiga pensando que tal vez estaba defendiendo al idiota del Coronel, pero al darse cuenta de su sinceridad, decidió que tal vez había juzgado de manera severa a Mustang durante todo este tiempo. Finalmente suspiró.

"Riza, ¿cómo es que te pasan esta clase de cosas?"

"Son las consecuencias de mis acciones, Becky y es mi deber afrontarlas. Así que por favor, te suplico que no divulgues lo que viste."

"Sabes que no es necesario que lo pidas, jamás saldrá de mis labios."

"Gracias, Becky." Riza sonrió ligeramente.

Rebeca retornó su sonrisa. "Lamento mucho haberte enfrentado con esto ahora, pero tenía que estar segura de que el idiota de Mustang se comportará estando en la misma habitación que tú."

"Descuida, estaremos bien. Como te dije, él jamás me haría daño."

"Bien, más le vale. Creo que ya te he alterado lo suficiente. Será mejor que te deje descansar, así que nada de moverse de esta cama ¿de acuerdo?" Rebeca dijo.

Riza asintió. "Sí, mamá Rebeca." Dijo bromeando un poco. "Pero, por favor-"

"Sí, ya sé que le eche un ojo a ese Coronel idiota. No te preocupes. Ahora descansa." Rebeca respondió antes de salir por la puerta.

Riza sonrió y cerró sus ojos. Por más que quisiera permanecer despierta para ver a Roy, su cuerpo ya no se lo permitía, así que sucumbió al sueño.

Por su parte, cuando Roy regresó a su cuarto acompañado de Falman y una enfermera, en cuanto esta última se retiró, su subordinado se dirigió a él mientras Mustang se acomodaba en su cama.

"¿Puedo ayudarlo en algo más, Señor?"

Roy negó con la cabeza. "No, gracias, Falman. Eh, espera, ¿la Teniente está dormida?"

"Así es, Señor"

"¿Eso es normal?" Preguntó Roy dejando entrever una ligera preocupación.

"Tranquilo, Mustang. Ella estará bien. Cuando tú estabas en revisión, ella despertó y platicamos unos minutos antes de que le dijera que siguiera descansando. Recuerda que eso es lo que ella necesita en estos momentos." Respondió Rebeca.

"Gracias, Teniente Catalina." Respondió Roy.

"También necesita descansar, Señor. Si no necesita algo más, nos retiramos, estaremos afuera de la habitación por si algo se le ofrece." Replicó Falman.

"Gracias."

Cuando Roy escuchó que los pasos de Falman y Catalina se habían alejado y que la puerta se había cerrado tras de ellos, se terminó de recostar, suspiró y cerró sus ojos. Estaba preocupado por Riza, aunque las palabras de Rebeca lo habían tranquilizado ligeramente, él necesitaba escuchar su voz para asegurarse de que seguía a su lado, con vida. Durante su visita al consultorio, logró informarse de la condición de sus otros subordinados, los cuales afortunadamente se encontraban bien, pero sobre todo preguntó por los Elric. Por mucho que deseaba ir a su habitación, no podía, en primera por su nueva condición y en segunda porque no tenía el valor de enfrentarse a Edward. No después de haberlo lastimado de esa forma, no después de haber escuchado la elección del muchacho. Su mente siguió siendo abrumada por sus pensamientos hasta que por fin sucumbió al sueño.


Cuando Roy abrió sus ojos, se encontraba de pie en la estación de tren del pueblo de Riza, con ella a su lado, unos años más jóvenes. Para ser precisos, era justo después de haber aprendido los secretos de la alquimia de fuego y se estaba dirigiendo nuevamente a Central para presentar su examen de alquimista estatal. El tren se acercaba y en ese momento sintió la mano de Riza apretar la suya. Él de inmediato la acercó a él en un fuerte abrazo.

"Te voy a extrañar." Susurró Riza.

Él bajó su cabeza para mirar a Riza a los ojos. No entendía porqué sentía que esto ya lo había vivido, pero al ver la mirada de ella, se convenció de algo: No quería dejarla, algo en su interior le decía que si tomaba ese tren no habría marcha atrás. Tal vez por instinto o más bien porque en ese momento no quería detenerse a pensar demasiado las cosas, tomó una decisión.

"No quiero dejarte." Le dijo él.

"Roy, de verdad entiendo lo que tienes que hacer y…"

Él negó con la cabeza. "No lo haré."

Ella lo miró confundida. "Tienes que tomar ese tren si no perderás-"

"Tomaré otro, pero contigo." Roy la miró profundamente y con decisión. "No pienso irme sin ti."

"Roy, ya hablamos de esto, es tu sueño y yo estoy de acuerdo, yo estudiaré en lo que tú trabajas en tu carrera…"

"Riza…" Él acercó una mano a una de sus mejillas y comenzó a acariciarla tiernamente. "No puedo irme amándote como lo hago." Ella estaba por replicar, pero Roy la interrumpió. "No después de haber soportado dos terribles años sin tu compañía. No ahora que sé que me amas con la misma intensidad que yo. No después de haberme entregado en cuerpo y alma a ti." Ante esta última mención, ella se sonrojó ligeramente, lo cual lo hizo sonreír a él. "Cásate conmigo, Riza. Ahora no tengo mucho que ofrecerte más que mi corazón pero te prometo que me esforzaré para darte todo lo que tú te mereces."

Los ojos de ella se abrieron por la sorpresa a la vez que, sin poder evitarlo, se llenaron de lágrimas. "Roy, no quiero ser un impedimento en tu carrera. Jamás me perdonaría ser una carga-"

"Jamás digas eso. Tú eres lo mejor que me ha pasado en mi vida y entiendo que lo que estoy pidiendo es muy prematuro pero estoy totalmente seguro de lo que siento por ti. Por favor, hazme el hombre más feliz del mundo y acepta ser mi esposa." Roy dijo con una mirada suplicante, sin importarle que el tren estaba haciendo su última llamada para partir.

"Roy… vas a perder el tren-"

"Por favor, Riza, no te preocupes por eso ahora. Responde mi pregunta."

Ella no podía creer que él estuviera hablando en serio hasta que lo vio directamente en sus ojos. Parpadeó y permitió que las lágrimas comenzaran a derramarse. "Acepto… acepto ser tu esposa. Y no te preocupes por lo demás, lo único que deseo es tu corazón." Respondió sonriendo.

"Ese siempre ha sido y será tuyo." Roy le devolvió la sonrisa y la besó apasionadamente para después tomarla por la cintura y dar vueltas con ella, mientras el tren se alejaba de la estación.

/

La imagen se oscureció y cuando la luz se hizo presente, Roy se encontraba acostado al lado de Riza, acariciando tiernamente su abultado vientre. No podía creer que podía sentir a su bebé y jamás hubiera pensado que poco después de pedirle matrimonio se hubieran enterado que pronto tendrían un nuevo miembro de la familia. Todavía recordaba cómo tuvo que explicarle a su madre lo repentino de su matrimonio y casi un par de semanas después cómo tuvo que comunicarle que se convertiría en padre. Definitivamente no se arrepentía de haberle propuesto matrimonio a Riza en ese momento porque, de no haberlo hecho, probablemente se hubiera perdido de la agradable noticia que ahora los emocionaba. Cerró los ojos con una enorme sonrisa en su rostro.

/

"¡Papi!" Un pequeño niño rubio de ojos dorados de apenas 4 años corría a saludar a Roy que acababa de regresar del trabajo.

"¡Hey!" Roy se agachó para cargar a su pequeño hijo mientras le besaba su mejilla. "¿Cómo te portaste con mami?"

"Bien. Hoy la ayudé a acomodar las cosas para el bebé." Dijo en tono orgulloso el pequeño lo que hizo sonreír a Roy.

"Muy bien, Ed. Estoy muy orgulloso de ti." Le dijo mientras lo abrazaba fuertemente haciendo reír al pequeño. "Recuerda que mami necesita toda nuestra ayuda ahora que ya falta muy poco para que tu nuevo hermanito o hermanita llegue."

El niño asintió. "¿Mami y tú me van a seguir queriendo cuando llegue el bebé?"

Roy esbozó una sonrisa. "Por supuesto, campeón. Siempre te vamos a querer a ti y ahora al nuevo bebé." Ed sonrió y abrazó a su padre.

"Hola, cariño." Riza dijo sonriendo al asomarse al recibidor de su casa al ver la tierna imagen de su esposo cargando a su hijo.

"Hola, amor." Roy se acercó para inclinarse y besar tiernamente a Riza en los labios, a lo que Ed respondió con un 'Eww', haciendo reír a ambos adultos. Roy bajó al pequeño el cual comenzó su camino hacia su cuarto pero se detuvo.

"Papi, cuando termines de besar a mami, ¿jugarás conmigo?"

Roy y Riza se miraron y nuevamente rieron. "Sí, claro. Dame unos minutos con tu mami, me cambio y te alcanzo para jugar."

"¿Haremos alquimia?" Preguntó Ed anhelantemente poniendo su mejor cara de cachorro.

"Si te portas bien, probablemente."

"¡Yei! No tardes." Dijo Ed antes de desaparecer de la habitación.

Roy abrazó a Riza y colocó su mano sobre su vientre sonriendo. "¿Cómo te ha tratado este pequeño o pequeña?"

Ella sonrió. "Bien. Hoy ha estado tranquilo, pero si me preguntas, debo admitir que este embarazo ha sido mucho más tranquilo que el de Edward. Tal vez sea una señal de que este pequeño o pequeña será más tranquilo." Dijo riendo al final.

"Tal vez, no estaría mal. A veces cuesta trabajo seguirle el ritmo a ese niño." Roy dijo bromeando.

"Chris dice que así eras tú y que era justo que ahora tu propio hijo te trajera de arriba para abajo como lo hiciste tú con tus padres y con ella." Replicó Riza sonriendo.

"Ella está exagerando."

Riza rió antes de besar la mejilla de él. "Vamos, cámbiate, si te tardas más tiempo empezará una tormenta con Ed."

Él asintió y la besó tiernamente, cerrando sus ojos, mientras disfrutaba lo que tenía en ese momento. Era un hombre afortunado. Estaba casado con el amor de su vida, tenía un niño latoso pero encantador y pronto tendría otro bebé.

/

Repentinamente, su escenario cambió drásticamente a los túneles que estaban debajo del Comando Central, mientras veía a su hijo de 16 años gritándole. "¡Sé que en realidad no te importa nada que me involucre pero si ni yo ni la gente de Amestris te importamos, al menos debería importarte la persona que más te ha apoyado a pesar de todas tus tonterías! ¡Mamá no se merece todo el sufrimiento que le estás haciendo pasar en estos momentos!"

Antes de que pudiera replicar ahora se encontraba de rodillas con Riza desangrándose en sus brazos. No, no puede ser verdad, no puede estar pasando.

"¡Riza! ¡Riza, por favor respóndeme!"

"¿Qué le has hecho a mi madre?" Ed se acercó molesto, empujando a Roy a un lado.

"Yo jamás la lastimaría." Respondió Roy.

"¡Suéltala! ¡Ya has hecho suficiente!" Gritó Ed.

"Edward, hijo-"

"¡No me llames así! Tú no eres nada para mí. El simple hecho de que me hayas concebido no te da el derecho de ser mi padre. Jamás estuviste para mí, preferiste tu carrera en lugar de mi madre, en lugar de mi. Preferiste convertirte en un maldito asesino." Dijo Ed con una mirada llena de dolor y reproche.

"Ed, por favor déjame explicarte-"

"No hay nada que explicar, el único padre que he tenido es Hohenheim. He sido afortunado de tener a dos madres pero ahora, por tu culpa, estoy perdiendo a la madre que me dio la vida. ¡Suéltala!"

Roy sintió cómo el estómago se le hacía nudos, su hijo lo odiaba y el amor de su vida estaba muriendo en sus brazos. No pudo evitar que las lágrimas comenzaran a desbordarse mientras se aferraba desesperadamente al cuerpo de la rubia. "Perdón, Riza, perdón, Edward. Riza, por favor, no te vayas. Te necesito." Cuando sintió que ella ya no respiraba, se congeló. "Ri… Riza, no no no… no puede ser, no te puedes ir, no."


Riza estaba durmiendo pero en medio de su descanso comenzó a escuchar ruidos cerca de ella. Al escuchar su nombre, abrió sus ojos y se sentó, a pesar de tener la luz del cuarto apagada, se podía distinguir algunas cosas debido a la luz de la ciudad que entraba por la ventana. Su atención se enfocó en la cama que se encontraba a su derecha y vio cómo Roy se revolvía en su cama, sus puños estaban sumamente apretados agarrando las sábanas, estaba llorando y moviendo su cabeza de un lado a otro. Rápidamente y sin importarle la sensación de mareo que se provocó, Riza se puso de pie y se acercó a la cama de Roy para agitarlo gentilmente con la intención de despertarlo.

"Coronel, despierte por favor."

Pero Roy no respondía, seguía totalmente atrapado en su pesadilla. Intentó llamarlo nuevamente sin éxito.

"Roy, por favor tranquilízate. Estoy aquí." Volvió a intentar mientras agitaba su hombro con una mano mientras con la otra acariciaba su mejilla.

Ante esto, Roy por fin pudo reaccionar, abriendo de golpe sus ojos para encontrarse con la misma oscuridad que la que se estaba presentando en sus sueños. Se sentó de golpe y comenzó a inhalar y exhalar profundamente mientras se llevaba una mano al rostro. Riza se acercó con cuidado y comenzó a frotar de forma reconfortante la espalda de Roy, el cual se sobresaltó al sentir el contacto.

"¿Quién es?" Preguntó él.

"Tranquilo, Coronel. Soy yo." Contestó Riza en voz baja.

Al escuchar la voz de Riza, Roy se tranquilizó de inmediato y soltó el aliento que no sabía que estaba conteniendo.

"Teniente, ¿de verdad eres tú?"

Riza comenzó a asentir pero rápidamente recordó que él no sería capaz de verlo, así que respondió con voz suave. "Sí, soy yo, Señor. Estoy aquí a su lado."

Ella detuvo un momento su masaje para encender la luz del cuarto para ver con más detenimiento el estado de Roy. Con cuidado, tomó una de sus manos y pudo ver que las vendas se estaban manchando de sangre, tomó su otra mano y estaba en la misma condición. Probablemente abrió sus suturas en medio de su pesadilla. Pensó ella.

"Señor, ¿siente dolor en sus manos?" Preguntó ella.

"Un poco, pero más bien es algo más lo que realmente me duele."

Ella buscó su mirada y no pudo evitar sentir tristeza y culpa al toparse con la mirada grisácea que ahora tenía. Como extraño esos preciosos orbes negros. Tragó el nudo que se comenzaba a formar mientras que, con delicadeza, acercó sus manos al rostro de él para limpiar las lágrimas que Roy había derramado durante su sueño. Después de unos segundos, decidió que debía pedir ayuda a una enfermera para que revisaran las heridas del coronel.

"Permítame un momento, Señor. Iré a pedir que una enfermera venga a revisar sus suturas."

Pero antes de que ella soltara su mano, Roy tomó la de ella. "¿Estamos solos?"

"Sí, Señor. Salvo por la persona que esté de guardia afuera de la habitación. Ahora si me permite iré por ayuda." Él no la soltó. "¿Señor?"

Él la jaló con cuidado y siguiendo su brazo, la atrajo hacia a él, haciendo que ella quedara prácticamente sentada en su regazo para que él pudiera abrazarla fuertemente, siendo cuidadoso de no tocar su cuello para no lastimarla. De un momento a otro, él enterró su cabeza en su cabellera rubia. "Riza…" Suspiró. "No vuelvas a asustarme de esa forma." Su voz sonó cansada y amortiguada por hablar sobre la cabellera de ella.

Riza retornó el abrazo y siguió frotando su espalda. "Lo lamento, jamás quise ponerte en esa situación."

"Quien lo lamenta soy yo. Jamás debí arrastrarte en todo esto."

"No te culpes por lo que pasó, yo elegí este camino ¿recuerdas?"

"Lo siento, Riza. De verdad lamento haberte lastimado de la forma en que lo hice y el haber permitido que te lastimaran."

"Roy, por favor, no te tortures." Se apartó un poco de él para tomar su rostro entre sus manos. "Lo importante es que cumpliste tu promesa y regresaste a mi lado." Hizo una pausa mientras se mordía el labio inferior al sentir una oleada de culpa. "Lamento mucho el no haberte dicho lo de Edward."

En cuanto escuchó el nombre de su hijo, Roy se sobresaltó ligeramente y agachó su rostro que seguía siendo sostenido por las manos de Riza.

Él suspiró. "Al principio me molestó mucho que me hubieras vuelto a ocultar algo tan delicado." Riza sintió un nudo en su garganta. "Pero después entendí que Pride no te había dado ni un respiro y aún así esos malditos se enteraron."

"Aún así, debí decírtelo, debí buscar la forma-"

"No te preocupes, comprendo tus motivos y, si somos realistas, aunque me hubiera enterado cuando tú lo hicistes, el daño ya estaba hecho." Dijo Roy amargamente.

"Roy-"

Roy alzó su rostro esperando dejarlo a la altura del de Riza. "Y no te estoy culpando, todo lo que ha sucedido con Ed es solamente culpa mía. Jamás hice el intento de acercarme ni de ganarme su confianza, al contrario solamente me dediqué a molestarlo y a ocultarle secretos. Era de esperarse que me odiara como lo hizo con el asunto de Ross."

"No digas tonterías. Siempre has estado al pendiente de él y de Alphonse. Les diste información que en su momento les sirvió para su objetivo. Los procuraste y siempre trataste de cuidarlos en la manera de lo posible." Replicó Riza.

"Claro que no. Jamás estuve con él, jamás lo apoyé, jamás he hecho algo bueno por él. Era de esperarse que haya elegido a Hohenheim como su único y verdadero padre porque ese sujeto, a diferencia mía, no es un maldito genocida. Él salvó a Amestris y, aunque no esté a gusto con la idea de que ese hombre abandonara a su familia, al menos estuvo al lado de Ed durante los primeros años de su vida."

Riza sentía cómo su corazón se rompía en pedazos al escuchar a Roy hablar de esa forma y al ver cómo sus ojos grisáceos se llenaban de lágrimas. Atrajo su rostro hacia su hombro sano y comenzó a pasar su mano por su negra cabellera tratando de tranquilizarlo.

"Por favor, no pienses de esa forma, Edward no conoce aún todos los detalles de lo que pasó."

Él negó con su cabeza. "¿De qué serviría si sólo le he hecho daño?"

"Tú sabes, al igual que yo, que eso no es cierto. Además desde que te enteraste de la existencia de nuestro hijo te has enfocado en tus objetivos siempre pensando en él."

"Insisto, ¿y de qué sirve que quisiera protegerlo? Hice todo lo contrario. No me importó lastimarlo cuando tú y él trataban de devolverme a mis sentidos."

"Roy, todos estábamos muy alterados, incluso él. Estoy segura de que está confundido, pero en el fondo sabe que siempre estuviste apoyándolo como su comandante en jefe e incluso más allá de lo que te correspondía, porque a pesar de no saber tu parentesco con él, le has tomado cariño a él y a Al."

"Eso no importa ahora. Entiendo perfectamente mi lugar y lo acepto." Nuevamente alzó su rostro. "Lo único que deseo es que tú y él sean felices y si lo que él desea es que me aparte de su vida, lo haré sin dudarlo. No me impondré en su vida, no lo merezco. Un padre es quien cría no quien engendra."

"Roy…" El nudo en su garganta se hacía más grande. "Es mi culpa, yo jamás debí haberte ocultado nada."

"No te culpo, hiciste lo que era mejor dadas las circunstancias. Sacrificaste tu propia felicidad por él y por mí, aunque yo no lo merezco. Jamás debí abandonarte esa vez, no después de haber hecho el amor. Sin importar que te hubieras embarazado o no, no debí dejarte, debí llevarte conmigo, pero fui un idiota y debo aceptar las consecuencias de mis actos. Por eso, no voy a interferir en tu relación con él, si alguien merece estar en su vida, eres tú." Al decir esas palabras, él buscó su mano guiándose con su tacto, una vez que la encontró le dio un ligero apretón.

"Yo tampoco lo merezco, le negué una familia, le negué a su propio padre y a ti te negué a tu propio hijo." La voz de Riza se quebró ligeramente al final.

"Ambos cometimos errores, pero tú fuiste la que hizo todo lo necesario para protegernos, a pesar del gran dolor que eso te conllevaba. Ya me cansé de hacerte sufrir, estoy harto de exponerte al peligro. Tú no lo mereces… Yo no te merezco."

"Roy…"

"Por eso, quiero que cuando estés totalmente recuperada, continues con tu vida." Roy dijo en tono serio. "Eres joven, hermosa, gentil, simplemente eres estupenda. Sin problemas podrás encontrar a un buen hombre que te dé la felicidad que te mereces, una que jamás he sido capaz de darte. Yo solamente te he causado dolor y sufrimiento." Dijo con amargura al final.

"Tú sabes que no es así. Los momentos más felices de mi vida han sido contigo. Así que no pienso alejarme de tu lado. Hemos pasado por tantas cosas juntos como para que ahora renuncie." Riza acarició su mejilla por un momento. "Hablaré con Edward, le diré todo para que él tome la decisión acerca de si nos desea en su vida o no."

Roy negó con la cabeza. "Por favor, sigue tu camino, ya has hecho más que suficiente. Yo buscaré la forma de seguir trabajando para cambiar a este país. Todo apunta a que Grumman será Führer, tal vez pueda tomar en cuenta algunas de mis ideas o contratarme como consejero externo o algo por el estilo, porque probablemente la milicia me dará de baja."

Riza se congeló por un momento. No había pensado aún en la alta probabilidad de que dieran de baja a Roy por su ceguera. Era el protocolo a seguir cuando un soldado quedaba incapacitado para cumplir con sus tareas habituales, así que Roy ahora no tendría posibilidad de ser Führer.

Ella inhaló profundamente, tratando de encontrar las palabras adecuadas. "Todavía no tenemos la certeza de lo que hará la milicia con tu situación actual, pero pase lo que pase yo continuaré trabajando por esa meta que tenemos. Te seguiré apoyando como siempre. No pienso dejarte." Declaró ella con convicción.

Roy cruzó sus brazos. "No tengo la intención de atarte a un hombre ciego que no puede valerse por sí mismo."

"En primera, tú no me estás atando y en segunda, es normal que por el momento te sientas de esa forma, pero con el paso del tiempo tus otros sentidos mejorarán y cuando menos lo esperes podrás recuperar tu autonomía."

"Gracias por tus palabras, pero aún así no pienso condenarte a soportar a un inválido. Ya era suficiente que tuvieras que soportar a un jefe idiota y holgazán, así que no pienso cargarte con mi ceguera. Tú mereces a alguien mejor."

"Recuerda que prometí seguirte hasta el infierno. ¿Acaso ya lo olvidaste?" Riza acercó su mano hacia los brazos cruzados de Roy.

Roy suspiró. "Eres libre de esa promesa, Riza. No veo nada, no puedo hacer nada por mí mismo, estoy peor que un niño pequeño. No pienso condenarte a eso."

Ella apretó ligeramente uno de los brazos de él. Tomó con cuidado una de sus manos vendadas y la acercó a una de sus mejillas. "No puedes ver con tus ojos, pero no es la única forma que tienes para ver lo que te rodea. Puedes hacerlo a través del tacto." Presionó la mano de Roy contra su mejilla. "Puedes escuchar, oler y degustar. Te conozco desde hace mucho tiempo y sé que no te dejarás vencer por esto, y yo quiero estar a tu lado apoyándote. Recuerda que prometimos hacer de este país un lugar mejor para nuestro hijo."

"Riza…"

"Y no pienso aceptar un no por respuesta. No te vas a deshacer de mí tan fácilmente." Riza sonrió ligeramente, gesto que Roy no pudo ver pero sí lo sintió con su mano.

Él sonrió ligeramente. "Obstinada como siempre, ¿no es así?"

"Ya deberías saberlo a estas alturas, ¿no lo crees?"

"Solamente quiero que sepas que eres libre de dejarme en cualquier momento en que te canses de mí."

"Creo que si no me he alejado de ti a estas alturas, jamás lo haré. Ya he soportado muchos de tus berrinches así que no serán novedad." Riza dijo bromeando ligeramente.

"¡Hey! Yo no hago berrinches." Refunfuñó Roy.

"¿Seguro?" Riza continuó presionando riéndose ligeramente al ver la cara de puchero que ponía Roy. Él, al escuchar su risa, no pudo evitar desear más que nunca poder tener su vista para contemplarla por lo que, para no deprimirse, decidió imaginarse su sonrisa, su rostro y su mirada.

Riza, por su parte, sintió una ligera punzada en su corazón al ver la mirada de Roy. Extrañaba demasiado sus preciosos orbes negros que la cautivaron desde que era una niña. Con el recuerdo de su mirada en su mente, colocó su mano en su mejilla, se inclinó y lo besó tiernamente en los labios. Sabía que alguien podría entrar a la habitación y descubrirlos, pero en ese momento decidió permitirse ese gesto. Estuvieron al borde de la muerte y lo único que deseaba en esos momentos era asegurarse completamente de que él seguía con vida al igual que él con ella. Al principio Roy se sorprendió pero de inmediato correspondió el beso. Al separarse, los dos sonrieron ligeramente mientras ella continuaba acariciando la mejilla de él, mientras Roy colocaba su mano sobre la de ella.

"Lamento no haber podido protegerte para evitar que te quitaran tu vista." Dijo ella con un tono de tristeza.

Roy negó con la cabeza. "No digas eso. No quiero que pienses que esto es culpa tuya. Ambos sabemos que no podíamos hacerles frente a esos monstruos."

"Pero al final ellos me usaron para llegar a ti… me convirtieron en tu debilidad y-"

"No digas tonterías… Riza, soy yo quien lo siente. Soy el responsable de haberte puesto al borde de la muerte y eso jamás me lo voy a perdonar. No debí-"

"Y tú tampoco digas tonterías. Tú no me lastimaste, fueron ellos."

Los dos suspiraron, sabían que si se ponían a discutir acerca de quién tenía la responsabilidad de qué, sería un cuento de nunca acabar.

"Lo importante es que los dos salimos de ahí con vida." Dijo finalmente Riza.

"Sí, tienes razón." Concedió Roy.

Permanecieron unos momentos en silencio, antes de que Riza se decidiera a volver a hablar. "Hablaré con Edward y ahora que no tengo un homúnculo fisgón tras de mí, le contaré todo para que él tenga todos los medios para tomar su decisión."

Roy se estremeció al escuchar la declaración de Riza. "No tienes que hacerlo. Estoy consciente de que lo he lastimado profundamente, así que no puedo pedir ni mucho menos exigir un papel que no me he ganado." Dijo con una ligera tristeza.

"Lo haré. Además también deberías hablar con él, contarle tu versión, explicarle el porqué has hecho ciertas cosas para mantener cubiertas tus verdaderas intenciones."

Él negó con la cabeza. "No pienso acosarlo ni imponerme en su vida. Respetaré su decisión y mantendré mi distancia. El respeto que tal vez alguna vez me tuvo, seguramente se ha ido. Lo único que deseo es que él y tú sean felices. Aunque no pueda estar en su vida, no significa que deje de amarlo, porque siempre lo haré…" Se le hizo un nudo en la garganta que no le permitió continuar.

Riza se volvió acercar con cuidado y lo abrazó. "No estoy de acuerdo. Creo que Edward solamente está confundido y yo me encargaré de decirle todo. De verdad espero que nos dé una oportunidad para entrar en su vida, pero si no lo hace…" Tragó saliva y sintió un nudo en el estómago. "Aceptaré su decisión y, al igual que tú, jamás dejaré de amarlo porque también para mí es lo mejor que me ha pasado en mi vida."

Roy la apretó ligeramente y permanecieron de esa manera durante varios minutos. Al final, Riza renuentemente se separó de Roy y recordó que sus vendas se habían comenzado a manchar de sangre.

"Será mejor que vaya a conseguirte a alguien que revise tus manos."

"Están bien, no te preocupes." Dijo Roy despreocupado.

"Sí me preocupo. Estuvimos a punto de perdernos el uno al otro y no pienso tomar ningún riesgo."

Roy suspiró derrotado. "Está bien."

Ella se puso de pie y apretó ligeramente uno de los hombros de Roy. "Regreso enseguida."

Él asintió con la cabeza.

Después de unos minutos y tras la atención médica requerida, las manos de Roy tuvieron que recibir unas cuantas puntadas más antes de ser vendadas nuevamente. Además, fue necesario advertirle al coronel que si continuaba sin relajarse durante sus sueños, tendrían que administrarle tranquilizantes.

Una vez que los dejaron solos, se dispusieron a acomodarse en sus respectivas camas, no sin que Roy intentara preguntarle algo a Riza.

"¿Riza?"

"Dime."

"¿Podrías sentarte por unos momentos conmigo, por favor?"

Riza negó con la cabeza para sí misma. Sabía a dónde iría todo eso, conocía demasiado bien a ese hombre, pero después de todo lo que había pasado, ella también lo necesitaba. Se levantó de su cama y se recostó en la cama de Roy, colocando su cabeza sobre el hombro de él, abrazándolo, lo cual le sorprendió gratamente ya que creía que tendría que usar más palabrerío para convencerla de ello. Él la estrechó con cuidado.

"Gracias." Susurró Roy.

"Creo que ambos lo necesitábamos."

"Definitivamente." Replicó Roy. Después de unos minutos, decidió hablar. "Sabes, ahora que sé que es muy probable que me den de baja de la milicia, ya no hay nada que me detenga a hacer algo que he querido hacer desde hace demasiado tiempo, algo que debí haber hecho desde el principio."

"Roy…"

"Cásate conmigo, Riza. Te prometo que haré mi mejor esfuerzo para hacerte feliz."

Riza sintió repentinamente cómo sus ojos se le llenaban de lágrimas. "Todavía no sabemos si te darán de baja…"

"Pero sabemos que es algo muy probable. Seguiré tratando por mis propios medios de no faltar a la promesa que hicimos de seguir mejorando este país pero si ya no hay leyes de por medio, quiero casarme contigo, porque eres la mujer de mi vida, mi mejor amiga, la madre de mi hijo, el amor de mi vida… Hazme el hombre más feliz del mundo y acepta, por favor… sé que no merezco felicidad alguna pero siempre he sido muy codicioso."

Riza se quedó sin palabras, antes de la guerra había soñado bastante con ese momento, pero después de ella jamás creyó que su sueño fuera posible. Sabía que no merecía felicidad alguna, pero no podía evitarlo. Colocó su mano en la mejilla de Roy y se acercó para besarlo como forma de respuesta.

"Sí, acepto." Dijo Riza al separarse tras unos segundos.

Él sonrió ampliamente mientras la abrazaba y depositaba un beso en su cabeza. "Te amo."

"Y yo a ti."

Y en esa posición sucumbieron ante el sueño, disfrutando la compañía del otro y, por primera vez en mucho tiempo, tuvieron una noche de descanso completo.


A la mañana siguiente, Fuery se encontraba dando los detalles de su guardia a Rebeca quien sería la que se encargaría del siguiente turno.

"Perfecto, Fuery. Yo me encargo a partir de ahora." Rebeca dijo despreocupadamente.

"Gracias, Teniente Catalina." Justo cuando Fuery iba a retirarse se dio cuenta de que había olvidado su cartera en el cuarto. "Oh, no."

"¿Qué pasa, Fuery?"

"Olvidé mi cartera en el cuarto. Anoche ayudé a la enfermera a llevar sus utensilios para atender al Coronel."

"¿Nada más la ayudaste con los utensilios o con otras cosas, Fuery?" Rebeca comenzó a bromear provocando que el pobre Fuery se sonrojara como un tomate.

"Solamente la ayudé a acarrear las cosas." Replicó nerviosamente el chico.

"Lo que digas."

Fuery suspiró. "Creo que tendré que esperar a que se despierten el Coronel y la Teniente para recuperar mi cartera."

"Oh, vamos, Fuery. A esta hora normalmente Riza ya está despierta, no creo que se moleste que pases por tu cartera y el holgazán del Coronel probablemente debe estar en su quinto sueño y ni cuenta se va a dar."

"Pero no es apropiado entrar así…" Comenzó a protestar inútilmente Fuery cuando Rebeca comenzó a empujarlo contra la puerta, haciendo que terminara ingresando a la habitación.

Una vez dentro, él comenzó a caminar sigilosamente al notar que todo estaba en silencio. Se asustó cuando vió que la cama de la Teniente estaba vacía pero se sorprendió todavía más cuando encontró a Riza y Roy abrazados y durmiendo tranquilamente en una misma cama. Rápidamente, y en silencio, tomó su cartera y se retiró del cuarto mostrando una cara de shock, la cual no pasó desapercibida por la pelinegra.

"¿A ti qué te pasa?" Preguntó Rebeca enarcando una ceja.

"¿A mi? mmm… na… nada, no me pasa nada." Tartamudeó Fuery.

Rebeca cruzó sus brazos. "¿Seguro?"

Fuery rápidamente asintió con su cabeza.

"Yo creo que viste algo en la habitación, ¿no es así?"

"No… no vi nada fuera de lo normal." Respondió demasiado rápido el muchacho.

"¿Riza estaba despierta?"

"No, ella seguía durmiendo."

"¿Y qué más viste?"

"Nada." Respondió nerviosamente el pelinegro.

"Hmmm." Rebeca miró sospechosamente hacia la puerta de la habitación. "Echaré un vistazo."

"¡Nooo!" Gritó Fuery.

"¿Por qué no?"

"Porque… porque…" Fuery estaba tan nervioso tratando de buscar una respuesta creíble. "Porque necesitan descansar… eso es… porque la Teniente y el Coronel necesitan descargar."

"¿Qué ocultas, Fuery?" Preguntó ella inclinándose hacia él para intimidarlo un poco.

"Nada."

"De acuerdo, entraré." Dijo ella mientras se acercaba a la puerta.

"Teniente, mejor vamos a la cafetería…" Fuery sugirió sin mucho éxito, ya que Rebeca abrió la puerta e ingresó a la habitación silenciosamente para toparse con la misma imagen que el Sargento Mayor.

Oh, vaya, ahora entiendo porqué Fuery estaba tan nervioso. Creo que es la primera vez que he visto tan tranquila y relajada a Riza. Tal vez ese Coronel idiota no es tan malo. Si no fuera porque están heridos, me pondría a pensar en qué harían este par de traviesos. Pensó Rebeca con una sonrisa.

Rebeca se dio la media vuelta y salió de la habitación divirtiéndose por la expresión de Fuery. "Fuery, no vi nada. Tenías razón."

Fuery la miró confundido.

"¿Qué? ¿No quedó claro, Sargento Mayor?" La pelinegra se inclinó hacia él para susurrarle. "Tú y yo no hemos visto nada, ¿está claro, Fuery?" Le guiñó un ojo.

El Sargento comprendió el mensaje, obviamente no tenía la menor intención de delatar a sus superiores. Desde hace tiempo había tenido ciertas sospechas respecto a la relación de Roy y Riza, pero no por eso dejaba de ser impactante el hecho de que los había visto dormidos abrazados en una misma cama.

"Por supuesto, Teniente Catalina. No he visto nada." Reafirmó Fuery antes de dar media vuelta y retirarse. "Nos vemos luego."

"Hasta pronto, Sargento."

Rebeca se sentó en la silla que se encontraba en las afueras de la habitación. Lo único que tengo que hacer es cuidar que nadie se asome hasta que ese par se despierte. También tendré que decirles que sean más cuidadosos, aunque si soy sincera después de lo que acaban de pasar, creo que no los puedo culpar.


Más tarde, Rebeca platicaba animadamente con Riza mientras el Coronel se encontraba en un consultorio acompañado por Breda. Durante la conversación, la pelinegra se aseguró de hacerle saber que Fuery accidentalmente los había visto a ella y a Roy juntos en la misma cama para advertirle que tuviera más cuidado y sobre todo para bromear con ella.

Cuando Roy regresó, tenía un semblante bastante serio, lo cual sorprendió a Riza. Deseaba saber qué le estaba pasando pero decidió dejar que pasara un tiempo y que él se lo hiciera saber cuando se sintiera cómodo. Cuando Fuery se retiró deseándoles buenas noches, pasaron unos cuantos minutos hasta que Roy rompió el silencio.

"¿Teniente?"

"¿Necesita algo, Señor?"

"¿Puede confirmarme si estamos completamente solos?"

"Así es, Señor."

Roy suspiró y se pasó una mano por su negra cabellera. "Necesito hablar contigo de algo muy delicado." Replicó él con tono serio.

Ante esas palabras, Riza no pudo evitar preocuparse y pensar que tal vez algo le había sucedido a Edward, pero antes de que pudiera expresar sus miedos él continuó.

"Hablé con el Dr. Marcoh y con Knox hace rato cuando tuve mi consulta… me ofrecieron una posibilidad para recuperar mi vista."

Riza soltó el aliento que no sabía que estaba conteniendo al saber que no era nada malo, sino todo lo contrario, o al menos eso creía al principio. ¿Qué te preocupa Roy? "Eso es una buena noticia, ¿no es así, Señor?"

"Sí y no. Sí, porque si recupero mi vista, podré conservar sin lugar a dudas mi puesto en la milicia y podré seguir trabajando duro para restaurar Ishval y mejorar al país, pero sobre todo, " Giró su cabeza hacia la dirección que escuchó la voz de Riza, tratando de imaginar su imagen en ese momento. "porque podré volver a verte con mis propios ojos." Dijo esbozando una pequeña sonrisa.

Riza retornó la sonrisa aunque sabía que él no podría verla.

"Pero como todo, hay un precio que pagar." Roy prosiguió, retomando su seriedad. "Marcoh me ha propuesto utilizar la piedra filosofal para recuperar mi vista a cambio de que me comprometa a restaurar Ishval y que le permita ayudar en ello."

El estómago de Riza se hizo nudos. Ahora entendía la actitud seria y la preocupación de Roy. Si bien es cierto que sería una gran alegría volver a ver esos preciosos orbes oscuros, el precio a pagar era utilizar una vez más vidas humanas… para ser más precisos las vidas de Ishvalanos, como si no les hubieran hecho ya suficiente daño. Era una decisión muy difícil, ya que si Roy permanecía ciego era probable que lo dieran de baja y que, a pesar de que él había dicho que seguiría trabajando por el bien del país, no tendría el mismo impacto que estando dentro de la milicia. También entendía que la única forma de liberar las almas atrapadas en la piedra era utilizándola, pero aún así era muy difícil siquiera pensar que, en cierta forma, se terminaría manipulando esas pobres almas que ya habían sufrido demasiado. Comprendía la indecisión de Roy y sabía que era una decisión difícil, pero decidió que cualquiera que fuera la elección de él, ella lo apoyaría como siempre lo había hecho.

Riza se puso de pie y se sentó a su lado en la cama de él tomando con cuidado una de sus manos. "¿Has tomado una decisión?" Preguntó ella.

Él suspiró. "Todavía no. Sin embargo, me estoy inclinando por aceptar la oferta de Marcoh, de esa forma podría incluso pedirle que cure primero a Havoc."

Siempre pensando en los demás en lugar de en sí mismo. "Eso suena muy bien."

Él asintió con su cabeza. "Pero estoy completamente convencido de que mi deuda con Ishval incrementará exponencialmente y que probablemente no me alcanzará la vida para pagarles."

Ella acarició su mano en señal de confort. "Tal vez, pero estoy convencida de que sentarás las bases para un país mejor y, como siempre has dicho, para evitar que algo como la guerra de Ishval se vuelva a repetir."

Él apretó ligeramente su mano. "Gracias por tu confianza."

"Hay algo más que te preocupa, ¿cierto?"

Roy exhaló pesadamente sin soltar la mano de ella. "Sí, lo hay. Si utilizo la piedra, estoy convencido de que habrá personas que no estén de acuerdo."

"Sabes que yo te apoyaré en la decisión que tomes, ¿verdad?"

"Lo sé y no sabes lo mucho que te lo agradezco. Sin embargo, estoy casi seguro de que Acero no estará muy contento si tomo esa decisión." Dijo con tono triste al final.

Riza sintió cómo se le contrajo el corazón al escuchar la referencia a su hijo. Eso le hizo recordar que tenía que hacer todo lo que estuviera a su alcance para tratar de que ellos se acercaran y tal vez con un poco de suerte que se reconciliaran.

"Posiblemente al principio no esté de acuerdo, pero estoy segura de que comprenderá tus motivos al final."

"Eso espero." Susurró él.

Ella le apretó su mano en modo de afecto. "Hay que tener fe en que así será." Hizo una breve pausa. "¿Qué más te preocupa?"

Él agachó la cabeza. "Si me mantengo en la milicia… no podremos llevar a cabo los planes que habíamos platicado la otra noche."

Claro que sabía a qué se refería pero no lo había pensado hasta este momento. Estaba completamente en lo cierto, si él se mantenía en la milicia, ella lo seguiría de igual forma lo que impediría su deseo de casarse. Por mucho que desearan estar juntos, los dos no podían ser tan egoístas para dejar incompleto lo que comenzaron hace muchos años. No al menos hasta que hubieran restaurado Ishval y hubieran hecho una limpia de militares corruptos. No cuando habían arrebatado tantas vidas con sus propias manos. No merecían ser felices de esa forma, como cualquier otra pareja normal podría serlo. Era el camino que habían elegido hace muchos años. Aún sabiendo de memoria esto, no pudo evitar sentirse triste y anhelante por la vida que no podrían tener ni merecer ahora o quizás jamás en esta vida.

Riza suspiró. "Ambos sabemos que esa posibilidad todavía no era algo seguro." Susurró.

"Lo sé, sin embargo no pude evitar imaginarme mi vida de ahora en adelante contigo a mi lado como siempre lo he deseado. Como mi esposa."

Ella soltó su mano para poder acariciar una de sus mejillas. "Debo admitir que me hubiera gustado pero hace demasiado tiempo los dos perdimos el derecho a disfrutar esas cosas de la vida." Riza mencionó tristemente.

Él llevó una de sus manos para posarla sobre la de ella que estaba en su mejilla. "Lo sé, pero aún así soy demasiado codicioso y me imaginé que por fin podríamos tener esa vida."

"Yo también." Ella susurró.

"Lo siento mucho, Riza."

"No hay nada porqué disculparse. Te lo repito, tienes mi apoyo total e incondicional en lo que elijas."

"Gracias, Riza." Roy suspiró. "Sé que es demasiado egoísta de mi parte y que no lo merezco, pero tengo que preguntarlo… ¿me esperarás?"

Ella esbozó una ligera sonrisa. Tomó con sumo cuidado el rostro de Roy con sus dos manos y lo besó suavemente, gesto que él correspondió de inmediato. "¿Todavía tienes que preguntar?" Preguntó ella al finalizar el beso.

Roy sonrió y la abrazó. "Realmente no te merezco. Prometo esforzarme todo lo que pueda para mejorar este país y cuando menos lo esperes la oportunidad de que estemos juntos se presentará."

"Yo te ayudaré a mejorar el país y también deseo que en algún momento esa oportunidad se nos presente."

Los dos permanecieron un largo rato abrazados, disfrutando cada uno de esos momentos porque eran conscientes de que pronto tendrían que regresar a la rutina de siempre.