N/A: Hola! :)
Continuamos con esta historia con esta actualización. Originalmente este y el próximo cap iban a ser uno mismo pero nos emocionamos con las palabras y terminamos haciendo un capítulo enorme así que decidimos dividirlo en dos partes. Esperamos que disfruten de esta primera parte y, por favor, no duden en compartirnos sus opiniones.
Saludos!
Golden y Flame
Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.
Capítulo 26. Lazos familiares Parte 1
Habían pasado 5 días desde el Día Prometido y todo estaba volviendo lentamente a la normalidad. Grumman había ascendido a Führer provisional por ser el militar con más alto rango disponible, aunque todo apuntaba a que se quedaría con el cargo por los próximos años. Las tropas de Briggs habían comenzado el viaje de regreso al Norte dejando sólo unos cuantos grupos pequeños como apoyo militar en el Comando Central mientras sus compañeros heridos terminaban su recuperación en el hospital de Ciudad Central. Era evidente que su presencia en la ciudad estaba provocando cierta desconfianza entre los ciudadanos dado que no había manera de ocultar el hecho de que habían sido vistos enfrentándose al ex Führer Bradley. A pesar de los diversos conflictos armados en los que se vio involucrado Ametris durante su gobierno, su muerte parecía haber creado un enorme sentimiento de tristeza e incertidumbre ante su partida sobre todo cuando fue difundido que su hijo, Selim, también había perecido durante los acontecimientos de ese día. Quizás esto no facilitaba del todo las nuevas labores de Grumman pero era mejor usar a los hombres de Briggs como chivos expiatorios a tener que difundir la verdadera naturaleza de King Bradley y el peligro alquímico inimaginable al que todo Amestris estuvo expuesto.
Olivier Armstrong, a sabiendas de que mantener las cosas en ese estado seguramente destruiría cualquier posibilidad de que pudiera liderar al país entero en un futuro, estuvo de acuerdo en permitir que Grumman manejara la información a su antojo si eso aseguraba que los ciudadanos confiarían nuevamente en el gobierno y así permitir el cambio que tanto necesitaba el país. Aunque por sus antecedentes y habilidades, habría tenido la posibilidad de haber llegado en alguna ocasión a ser Führer, no tenía razón suficiente para quejarse, al fin y al cabo desde hace años ella era reina de su propio reino y estaba más que orgullosa de la valentía, disciplina y dinamismo de sus hombres.
La única condición que Olivier impuso fue la de asegurarse de que Bradley no recibiera un funeral de Estado. Aunque no fuera una persona a la que le gustara aferrarse al pasado, la idea de rendir homenaje al homúnculo que había traído tanta muerte e infelicidad al país hasta su último aliento era algo que le repugnaba en sobre manera. A pesar de lo que el pueblo podría desear, no fue difícil concordar con ella ya que las personas que estuvieron directamente involucradas en el día Prometido habían sido enterados de la existencia de los homúnculos y Padre, así como de sus malévolos planes. Así que, respaldándose en todas las reparaciones que debían hacerse y en el inesperado apoyo de la señora Bradley, se hizo saber a los ciudadanos que el funeral sería algo muy privado para respetar el luto de la señora Bradley.
En cuanto Olivier tuvo la certeza de que Grumman comenzaría a guiar al país en la dirección correcta, emprendió el camino de vuelta a Briggs junto a sus soldados. Con tantos años en el Norte le había perdido el gusto al clima más cálido de Central pero eso no iba a impedir que le hiciera una visita "amigable" al anciano si en algún momento se le ocurría pasarse de listo.
Los generales corruptos que apoyaron a Bradley fueron puestos en prisión bajo el cargo de colaboración en experimentos alquímicos en humanos. Aunque fuera un tanto vago, los ciudadanos no les dieron mayor importancia al estar centrados en la muerte de su líder por lo que los generales fueron llevados directamente a prisión sin mayores inconvenientes. La pena de muerte fue considerada pero se les perdonó la vida a cambio de información detallada acerca de los sucesos de los últimos años así como por la promesa escrita de un silencio absoluto acerca de la verdad de King Bradley y su entorno.
Para alegría de Roy y Riza, todos los miembros de su unidad y los aliados más cercanos que los apoyaron en la víspera del día Prometido salieron ilesos. La misión en la estación de radio había sido todo un éxito lo que ayudó a disminuir el impacto de la conmoción durante ese día. Además, habían logrado proteger en todo momento a la señora Bradley lo que les ganó su voto de confianza. Quizás su esposo y su hijo no eran humanos pero esa mujer no merecía sufrir por sus pecados. Fue por eso que, aunque un poco inseguros al inicio, Roy y Riza terminaron aceptando que Ed había hecho lo correcto al entregarle el cuerpo original de Selim a la señora Bradley. Tendría que ser supervisado cuidadosamente por los próximos años pero las sinceras lágrimas de felicidad de la mujer al ofrecérsele la posibilidad de criarlo les daban la esperanza de que algún día los humanos y los homúnculos podrían convivir en armonía.
Gracias a las constantes visitas de los miembros de la unidad, de Ross y de Rebeca, quién se había rehusado a irse de Central a pesar de que sus compañeros del Este se habían ido el día anterior, Roy y Riza se mantenían al tanto de todo lo que ocurría fuera de las grises paredes de su habitación de hospital. A pesar de que físicamente ya se sentían mejor, ambos seguían internados dado que los médicos querían asegurarse de que la herida del cuello de Riza sanara correctamente mientras que, en el caso de Roy, querían verificar que la milagrosa alquimia del doctor Marcoh no presentara efectos adversos en su cuerpo. Los médicos no estaban al tanto de la piedra filosofal por lo que Marcoh tuvo que irse de inmediato tras aplicar su alquimia para evitar preguntas comprometedoras.
Aunque la piedra filosofal, en conjunto con la alquimia de Marcoh, fue realmente poderosa, Roy aún estaba presentando vista cansada tras unos cuantos minutos de lectura de los documentos que Breda y Fuery le llevaban continuamente, casi siempre seguida de un par de horas de dolor de cabeza. Marcoh le había advertido, antes del proceso de curación, que la piedra que usaría en él podría tardar unos cuantos días en dar todos los frutos esperados dado que había sido usada previamente para curar las piernas de Havoc. Incluso Marcoh se ofreció a ir al antiguo pueblo donde se había ocultado a averiguar si la última piedra filosofal inacabada que había ocultado seguía allí para ayudar a que el proceso cumpliera con su objetivo al 100% desde un inicio, pero Roy se rehusó. Sabía que la piedra filosofal le ayudaría a recuperarse para alcanzar su meta pero no era la opción que realmente deseaba para arreglar lo que la Verdad le quitó por lo que no le importaba sufrir una que otra molestia por unos cuantos días. Ese era un precio mínimo a pagar frente a las almas que habían sido sacrificadas para crear esa terrible piedra roja.
Sin embargo, eso no tenía que significar que le gustara estar prácticamente atado a su cama de hospital. A pesar de que la herida de Riza fue más grave, ella se encontraba mucho mejor y lista para cuidarlo como siempre lo había hecho. El más mínimo movimiento que indicara que Roy estaba a punto de ponerse de pie era señal más que suficiente para que Riza lo regañara suavemente impidiendo concretar la acción esperada. Ella se había dado cuenta que ponerse de pie hacía que su vista se desenfocara lo que podía provocarle mareos, así que se había asignado la misión específica de asegurarse que guardara el mayor reposo posible. Roy estaba agradecido por su atención pero estaba ansioso por salir de ahí. Tenía muchas cosas que hacer para encaminarse a su gran meta y… también quería ver a Ed y Al aunque fuera sólo un vistazo. Aunque había aceptado que él no tenía cabida en la vida de Ed, era incapaz de saciar su enorme deseo de verlo y saber cómo se estaba recuperando de las heridas recibidas durante el día Prometido. Eso sin mencionar la curiosidad que le despertaba el finalmente poder conocer el cuerpo de carne y hueso del chico que había pasado los últimos años atrapado en una armadura.
Desde la charla que habían tenido cuando Roy le habló a Riza acerca de la posibilidad de usar la piedra filosofal para curar su ceguera, ninguno de los dos había vuelto a mencionar a Edward cuando estaban a solas. Roy estaba seguro de que Riza se la pasaba pensando en él así como él lo hacía pero se negaba a expresar sus pensamientos en voz alta sabiendo que la situación entre él y Ed era mucho más tensa que la de ella. Sin embargo, ambos aprovechaban cada visita de Fuery y Breda para preguntar acerca del estado de los Elric. Al parecer ambos estaban bien y Al estaba recuperando poco a poco cada vez más movimiento en su cuerpo. Las noticias los tranquilizaban pero ninguno se atrevía a expresar abiertamente el gran deseo que tenían de ir a visitarlos. Roy, sinceramente, temía acercarse a Ed y Riza, por su parte, no había podido decidir cuál sería el mejor momento para visitar a Edward para platicar con él sin el riesgo de que alguien externo los escuchara. Además aunque Riza quería darle toda la información a Edward para que le diera una oportunidad a Roy, también tenía cierta sensación de culpa de ir a verla ella sola cuando sabía que Roy moría por verlo.
No fue hasta que uno de los médicos del hospital se acercó para hacer un examen completo de la vista de Roy (para lo cual requería que lo acompañara al ala médica especializada en oftalmología), que Riza no pudo contenerse más. Tenía que ir y hablar con Edward.
Estaba un poco insegura de ir ella sola pero la mirada de Roy cuando él le pidió que lo dejara ir solo a su examen, le hizo darse cuenta que él también estaba esperando que lo hiciera. Estaba consciente de la gran inseguridad que Roy había desarrollado respecto a su relación con Edward por lo que, además de cumplir su propio deseo de ver a su hijo, también tenía que intentar hacerle ver a Edward que Roy era un buen hombre. Sí, él se había equivocado pero ella tenía la culpa de que la revelación de la verdad se diera en una circunstancia tan extrema.
Aunque un poco nerviosa por el recibimiento que pudiera obtener, Riza salió de su habitación con dirección a la que ocupaban los hermanos Elric. Gracias a los constantes informes de sus compañeros, ella ya tenía memorizada la ubicación y el número de habitación por lo que sólo requirió de un par de minutos para llegar a su destino. Estando frente a la puerta deseada, Riza dio unos golpecitos a la puerta tratando de controlar el ligero temblor de anticipación que se reflejaba en sus extremidades.
Al no obtener respuesta, Riza se aventuró a abrir un poco la puerta para poder echar un vistazo mientras llamaba a los hermanos. "¿Edward? ¿Alphonse?"
Tan pronto como su vista encontró a los hermanos, sus facciones tensas se relajaron por completo y una sonrisa adornó su rostro mientras entraba a la habitación y cerraba la puerta tras de sí.
Ambos hermanos estaban profundamente dormidos. Alphonse estaba semi sentado en su cama con varias almohadas acomodadas en su espalda para asegurarse de que estuviera cómodo mientras que Edward estaba sentado en una silla con sus brazos recargados sobre la cama de su hermano, dejando descansar su cabeza sobre ellos. A pesar de que no eran las posiciones más apropiadas para tener un sueño reparador ambos dormían con visibles sonrisas en sus rostros.
Riza observó la tierna escena por algunos minutos sin atreverse a moverse más. Su corazón palpitaba de alegría y amor ante la escena. Ambos Elric habían sufrido demasiado siendo tan jóvenes pero finalmente estaban teniendo un momento de paz y alegría que tanto se merecían.
Después, dejándose guiar por sus instintos, Riza comenzó a acercarse hasta quedar al lado de donde Edward descansaba. Dirigiéndole una sonrisa desvió su mirada por un momento hacia el menor de los Elric. Había podido ver a Alphonse en su cuerpo de carne y hueso cuando la transmutación de Edward terminó pero no quería desperdiciar esta oportunidad. La sonrisa de Alphonse era tan dulce a pesar de que aún tenía un largo periodo de recuperación por delante. Su cabello seguía prácticamente sin brillo pero ahora se notaba claramente que había sido lavado y que se estaba procurando que su largo cabello dorado estuviera bien cepillado. Seguía viéndose igual de delgado pero su piel estaba comenzando a adquirir un poco de color. Quizás el hospital no fuera el mejor lugar para recibir energía solar pero seguramente la ventana de la habitación era una gran mejoría comparada con la inexistencia de elementos naturales dentro del Portal de la Verdad.
Tras unos segundos de contemplación, Riza devolvió su mirada hacia Edward. El chico había dejado la bata de hospital del primer día y ahora estaba vestido con un pantalón negro y una playera azul marino de manga larga. Fuery les había dicho que Edward sólo había requerido de un par de días en el hospital y eso a regañadientes ya que al chico sólo le importaba que atendieran a su hermano. Afortunadamente las heridas que sustrajo durante el enfrentamiento con Padre fueron atendidas rápidamente y el periodo de observación en el hospital confirmó que no había indicios de infección.
Sin embargo, había algo que le preocupaba. El día anterior Breda le informó que alcanzó a escuchar algo acerca de la programación de una cirugía para Edward. El Teniente intentó conseguir más información al respecto pero al no ser familiar de los chicos ni el comandante en jefe de Edward, la información le fue negada. Con ese recuerdo en mente, Riza observó cuidadosamente a su hijo. Sabía que las cirugías estaban más que nada relacionadas a problemas internos pero quería verificar si podía encontrar algún indicio de sobre qué es lo que le sucedía a Edward pero no pudo encontrar nada.
Le preocupaba el porqué su hijo necesitaría una cirugía pero trató de apartar esos pensamientos de su mente cuando su mirada se enfocó directamente en el rostro de Edward. A pesar de estar parcialmente tapado por sus brazos, su sonrisa era innegable y desprendía tanta tranquilidad que Riza suspiró antes de volver a sonreír. Desde que su hijo había nacido siempre había deseado que fuera feliz pero esa felicidad se vio terriblemente nublada con los sucesos que vivieron los hermanos Elric. Ella había notado cómo, con el tiempo, Edward se había vuelto más abierto y había aprendido a confiar en los demás. Las sonrisas y las bromas fueron volviéndose un poco más recurrentes conforme más interactuaba con los miembros de la unidad y eso le alegraba aunque su corazón todavía se estrujaba por momentos al recordar la mirada casi muerta que Edward había portado cuando ella y Roy lo fueron a reclutar.
Sacudiendo cuidadosamente su cabeza para no dejar que ese recuerdo la dominara y manchara la bonita escena que tenía ante sí, Riza respiró profundamente antes de extender lentamente su mano en dirección al rostro de Edward. Un mechón de cabello le estaba cubriendo un ojo y estaba muy cerca de hacerle cosquillas en la nariz. Estando a sólo un centímetro de apartar el mechón rebelde, Riza se detuvo abruptamente. ¿Cómo podía permitirse ese momento de cercanía cuando todas las cosas difíciles que había vivido su hijo eran culpa suya?
La sonrisa de Riza se evaporó mientras devolvía su mano a su pecho y la sostenía con su otra mano. Dio un suspiro y mientras se debatía sobre si debía o no apartar el mechón de cabello, una voz la sorprendió casi haciéndola brincar de la sorpresa.
"No se preocupe, Teniente. Mi hermano duerme como piedra."
"¡Alphonse! Creí que estabas dormido."
"Desperté hace poco."
"Lo siento, no era mi intención despertarte."
Al rió suavemente. "No tiene por qué disculparse, Teniente. Mi sueño aún es un poco irregular." Dijo mientras se rascaba una mejilla con un dedo y sonreía.
Riza se vio contagiada por la sonrisa del chico. "Realmente me alegra que hayas recuperado tu cuerpo. Debo decir que eres un chico apuesto. Seguramente vas a atraer la atención de muchas jovencitas cuando salgas de aquí."
Al se sonrojó ligeramente y soltó una risita nerviosa. "¿Usted cree?" Riza asintió con la cabeza. "No sé si estoy listo para ese tipo de afecto." Confesó.
"Tranquilo, todo sucederá a su tiempo." Dijo Riza con una sonrisa amable. "Además aún hay muchas cosas que tienes que hacer ahora que tienes tu cuerpo de vuelta. Es más, en cuanto el doctor me dé la autorización, te haré un poco de estofado, ¿qué tal suena eso?"
La mirada de Al se iluminó. "¿En serio? ¡Eso sería genial! Muchas gracias, Teniente." Observándola detenidamente, preguntó. "Por cierto, Teniente, ¿cómo sigue su herida?"
Riza se llevó una mano al pecho para evitar tocar su cuello. "Está mejor. Tu amiga May realmente me salvó la vida al cerrarla así que no hubo mayores complicaciones para tratarla. Digamos que el inconveniente fue la pérdida de sangre pero nada de qué preocuparse. Estoy lista para volver al trabajo en cuanto los doctores me den el alta." Dijo tranquilamente.
"No debería sobreesforzarse. Es más importante su salud que lo que sea que el Comando Central espera que haga." Dijo Al sinceramente.
Riza se sintió conmovida por la sincera preocupación del chico. "Gracias, Alphonse. Eres un chico maravilloso pero no te preocupes todo estará bien."
"¿Segura?" Al enarcó una ceja, lo que desconcertó a Riza. "Porque aquí hay alguien que no estará muy contento si no se cuida como es debido." Dijo mientras señalaba con su cabeza a Ed, quién aparentemente seguía profundamente dormido a pesar de la conversación que se estaba llevando a cabo cerca de él.
Riza esbozó una sonrisa triste. "Quizás."
"Lo digo en serio, Teniente. Aunque con su reacción creo que ya tengo mi respuesta." Suspiró. "Le he dicho varias veces a mi hermano que se deje de rodeos y que entre a verlos."
Riza lo miró confundida. "¿A qué te refieres, Alphonse?"
"Mi hermano ha ido todos los días a pedir informes de cómo siguen usted y el Coronel."
El corazón de Riza comenzó a palpitar intensamente mientras desviaba su mirada hacia Edward. ¿Está preocupado por nosotros? ¿Después del pésimo papel que hemos hecho como sus padres? ¿A pesar de todos mis errores? La calidez de la esperanza la empezó a llenar por dentro hasta que recordó parte de su conversación con Hohenheim.
Tragando saliva regresó su mirada al menor de los Elric y preguntó. "¿Lo sabes?"
La chispa de reconocimiento en la mirada del chico le hizo darse cuenta de que no era necesario que especificara. Alphonse sabía perfectamente a qué se refería. "Sí, mi hermano me contó todo." Respondió tranquilamente.
Riza bajó levemente su mirada. "Entendería perfectamente si preferirías que tanto yo como Roy nos mantuviéramos alejados de ustedes dos."
Alphonse la miró confundido. "¿Pero por qué? No veo necesidad de que permanezcan apartados." Echó un vistazo a su hermano antes de enfocarse nuevamente en Riza. "Al fin y al cabo son familia."
"Alphonse, ¿seguro que Edward te contó todo?" Él asintió con la cabeza sin dudarlo. "Es que no entiendo. Deberías estar molesto con nosotros tal vez incluso odiarnos. Sobre todo conmigo. Fue mi culpa que Edward sufriera tanto."
"Yo sólo puedo ver a la buena persona que siempre nos ha cuidado tanto a mi hermano como a mí. Además su pasado lo único que hace es que la admire aún más por haber estado dispuesta a sacrificarlo todo para proteger a Ed y al Coronel."
Riza sintió que sus ojos comenzaban a arder ante las nobles palabras del chico. "Pero si yo no hubiera abandonado a Edward-"
Al la interrumpió. "Jamás hubiera tenido al mejor hermano del mundo conmigo." Ante sus propias palabras, Al se sonrojó ligeramente y bajó la mirada. "Lo siento. No es que me alegre de que haya tenido que separarse de Ed pero me cuesta trabajo imaginarme cómo hubiera sido mi vida sin él."
Riza esbozó una sonrisa. "De verdad eres un chico maravilloso, Alphonse."
Al volvió a mirarla. "Y usted es una buena persona. Tal vez haya cometido errores pero todos lo hacemos. Nadie es completamente inocente. Además si algo me han enseñado usted, el Coronel y hasta mi hermano es que los errores no nos definen. Usted siempre ha sido muy amable con nosotros y siempre trata de hacer lo correcto, así que por más que quiera no puedo encontrar una razón para tener que despreciarla."
Un par de lágrimas se le escaparon a Riza. "Alphonse… no sabes lo mucho que significa para mí que pienses eso."
Al le sonrió. "No le voy a negar que al inicio fue algo confuso asimilar que mi hermano no era mi hermano de sangre y que usted y el Coronel eran sus padres pero al pensarlo un poco me di cuenta de que en realidad era un poco obvio. Ed y el Coronel se parecen demasiado en sus carácteres y usted siempre ha tenido una chispa especial en su mirada cuando interactuaba con mi hermano. Ed puede llegar a ser bastante terco pero sin duda su inteligencia y determinación vienen de usted. Bueno, en pocas palabras, Ed es realmente una combinación de ambos."
"Ahora entiendo porque Roy y Edward tienen esa increíble facilidad para molestarse mutuamente." Dijo Riza mientras se limpiaba las lágrimas y sonreía.
Al rió. "Sin duda alguna."
"¿Alphonse?"
"¿Sí?"
"¿Puedo darte un abrazo?"
Al sonrió enormemente. "¡Por supuesto!"
Riza se acercó a él y lo abrazó procurando no apretarlo demasiado dado lo frágil que aún estaba su cuerpo. Sintiendo un nudo en su garganta, murmuró. "Me alegra mucho que hayas recuperado tu cuerpo."
Riza pudo sentir la sonrisa de Al mientras lo abrazaba. Pasaron unos segundos así hasta que ella se apartó y le sonrió, gesto que él imitó.
Una especie de murmullo sobresaltó a Riza, quien de inmediato dirigió su atención a Edward. El chico parecía estar soñando ya que simplemente recargó su cabeza un poco más a la izquierda sobre sus brazos dejando ver una mayor parte de su rostro que antes.
Al rió ligeramente. "No se preocupe. Mi hermano a veces habla dormido y, por el semblante que tiene, dudo que sea una pesadilla."
El comentario de Al provocó una expresión de culpa en el rostro de Riza. Inhalando profundamente, ella preguntó. "¿Edward sufre continuamente de pesadillas?"
"Eh…. a veces. Pero no tiene que sentirse mal por ello, Teniente. Además creo que eso ya va a ser cosa del pasado. Éstos últimos días he estado viendo dormir a Ed feliz y tranquilamente, y eso ya es decir mucho considerando que ya van tres veces seguidas que se queda dormido en esa silla." Dijo Al con una sonrisa tratando de aliviar la ligera tensión que se estaba generando de parte de Riza.
Aunque aún sentía culpa, Riza la apartó cuando su vista se enfocó nuevamente en el rostro de Edward. La sonrisa que portaba en esos momentos parecía un bálsamo para su alma. No pudiendo contenerse más, acercó su mano hasta la frente del chico para después apartar cuidadosamente algunos mechones de su flequillo. Tras unos segundos, cuando Riza estaba apartando su mano, Ed volvió a murmurar algo ininteligible mientras acercaba su rostro a la mano que se apartaba. Esta acción la hizo sonreír.
"¿Lo ve?" Preguntó Al con una sonrisa, causando que Riza volteara a verlo. "Puede ser un terco pero estoy seguro de que está ansioso por verla y hablar con usted. Ni siquiera en sus sueños puede disimularlo."
Riza se quedó callada unos momentos mientras apartaba lentamente su mano de la frente del chico. La sonrisa no desapareció de su rostro cuando volvió a hablar. "No sé qué hice para merecer a un hijo tan bueno como él."
"Con unos padres tan buenos como usted y el Coronel no se podía esperar otra cosa." Dijo sinceramente Al.
"Gracias, Alphonse, pero creo que como padres aún nos falta mucho por aprender. El que Edward y tú sean tan buenos chicos se lo debemos a Trisha e incluso a Hohenheim." Dijo mientras su sonrisa se volvía un tanto triste.
Al desvió su mirada hacia el techo. "Mamá era fantástica." Dijo con tono nostálgico. "Siempre se las arreglaba para hacernos reír a pesar de lo mucho que tenía que esforzarse para sacarnos adelante cuando papá se fue. Y papá…" Suspiró. "No sé porqué pero nunca pude guardarle el mismo resentimiento que mi hermano le tuvo y ahora me alegro de no haberlo hecho. Él tuvo sus motivos para irse de casa."
La curiosidad de Riza se despertó pero, al igual a cómo lo había hecho tantos años atrás, decidió que, por el momento, era mejor no indagar en los asuntos privados de Van Hohenheim.
Con el mismo aire nostálgico, Al continuó. "Ahora estoy completamente seguro de que ambos nos amaron mucho. Cuando ellos se fueron, tuvimos el cariño y protección de los Rockbell y…" Al volvió a mirar a Riza y una sonrisa sincera adornó sus labios. "Desde que dejamos Resembool, Ed y yo contamos con el apoyo de todos ustedes. Han sido muchas las personas que nos han ayudado a llegar a dónde estamos hoy y a convertirnos en estas versiones de nosotros mismos. Teniente, sé que usted y el Coronel no pudieron estar en los primeros años de Ed, pero ustedes dos tuvieron un papel muy importante para que mi hermano y yo estemos aquí, siendo felices a pesar de todo lo ocurrido."
"Alphonse…" Riza alcanzó a decir superando el nudo que se estaba alojando nuevamente en su garganta ante las conmovedoras palabras del menor de los Elric.
"No sea tan dura consigo misma. Sé que mi hermano piensa lo mismo y que de verdad quiere acercarse a usted y al Coronel. Sólo que ya sabe, no es precisamente muy bueno para expresar sus sentimientos." Rió ligeramente. "Es tan terco que le cuesta trabajo reconocer sus propios sentimientos. Por eso, a veces me pregunto cuándo se va a dar cuenta de qué tan enamorado está de Winry." Dándose cuenta de lo que acababa de decir, Al se cubrió la boca con una mano. "Ups…"
Riza no pudo evitar reír, dejando que con su risa salieran un par de lágrimas que había estado conteniendo lo que a su vez le ayudó a superar el nudo de su garganta. "No te preocupes, Alphonse. Ya me había dado cuenta. Es más, se lo pregunté directamente hace unos meses."
Aliviado, Al volvió a sonreír y sus ojos brillaron de curiosidad. "¿En serio? ¿Qué fue lo que le dijo? Creo que ya sé la respuesta pero ¿lo aceptó?"
Riza se limpió las lágrimas mientras sonreía. "Supongo que no te sorprenderá pero lo negó. Dijo que sólo era una amiga de la infancia. Aunque su enorme sonrojo y tartamudeo parecían no estar de acuerdo con sus palabras."
Al rió. "Lo sabía. Desde hace años ha habido esa chispa entre esos dos pero ambos son unos tontos para darse cuenta. Bueno, tengo la impresión de que Winry ya lo sabe pero mi hermano es otra historia. ¿Sabe? Hace meses, cuando Winry volvió a Rush Valley después del incidente con Scar, Ed le hizo una promesa muy tierna pero parece que su cerebro tiene un retraso considerable en el procesamiento de sus palabras porque ni siquiera con eso se ha dado cuenta de lo que de verdad siente hacia ella."
"¿En serio? Vaya, supongo que le tomará un tiempo pero va por buen camino." Riza miró cariñosamente a Ed. "Me he perdido de muchas cosas pero me alegra que al menos sea capaz de presenciar su primer amor."
"Tal vez no haya presenciado sus primeros años pero aún hay muchos momentos que pueden compartir juntos a partir de ahora. Además, ¿no se ha dado cuenta, Teniente?"
"¿Eh?" Riza preguntó incrédula, no entendiendo hacia dónde se dirigía Alphonse.
"Ahí está su respuesta. Mi hermano es algo lento para procesar sus sentimientos pero eso no significa que no estén ahí. Sus acciones lo delatan y, si confía en mí, debe creerme cuando le digo que Ed ha estado realmente preocupado por el bienestar de usted y el Coronel y, a su manera, está feliz de que ustedes ocupen un lugar tan especial en su vida."
Riza se llevó ambas manos al pecho e inhaló profundamente. La presión que había sentido en su pecho se había aligerado considerablemente. La culpa no le permitía deshacerse por completo de esa presión pero las palabras dulces y sinceras de Al la hicieron sentirse mucho mejor.
"Muchas gracias, Alphonse." Le dijo con la más amplia sonrisa que había logrado formar en los últimos días.
"No hay de qué, Teniente. Ya verá que lo que le digo acerca de Ed es verdad." Dijo con una sonrisa que se vio interrumpida por un bostezo.
Riza se colocó al lado despejado de la cama de Al para acomodar las almohadas que se encontraban ahí. "Creo que ya te quité mucho tiempo. Tienes que procurar descansar bien para que le ayudes a tu cuerpo a sanar más rápido."
Al se frotó un ojo tratando de ahuyentar el sueño. "Había olvidado lo bien que se sentía dormir pero ahora parece ser que no puedo dejar de hacerlo."
Riza suavemente lo ayudó a recostarse por completo y le dio unas palmaditas en su mano. "Es normal. Tu cuerpo estaba agotado pero dentro de pronto encontrará nuevamente su ritmo." Ella lo cubrió con las sábanas. "¿Estás bien así o necesitas una manta extra?" Preguntó amablemente.
Al le sonrió. "Así estoy bien. Muchas gracias, Teniente."
"Al contrario, Alphonse. Gracias a ti por ser un chico tan amable y comprensivo. Créeme que tus palabras me han ayudado mucho."
"Todo se arreglará, Teniente… Ya lo verá." Dijo Al con pequeñas pausas mientras el sueño lo reclamaba.
Riza mantuvo su sonrisa mientras observaba cómo la respiración de Al se volvía más profunda a cada segundo hasta que no tuvo dudas de que estaba completamente dormido. Echando un vistazo a Ed se percató de que la playera que llevaba el chico no parecía muy cálida por lo que se acercó al pequeño armario de la habitación para tomar una manta. Con pasos silenciosos se acercó al mayor de los Elric y cuidadosamente la colocó sobre él. Para su tranquilidad, el movimiento no despertó al chico por lo que volvió a sonreír antes de inclinarse ligeramente para depositar un beso en su frente. Mirándolo con cariño, colocó por un momento su mano en el hombro del chico antes de darse la vuelta y salir de la habitación.
Aunque silenciosa, la salida de Riza fue rápida, razón por la cual no se percató que, justo cuando se daba la media vuelta, los ojos de Ed empezaron a apretarse ligeramente hasta que un par de adormilados orbes dorados se hicieron notar.
Ed se percató de que la silueta de una persona se alejaba de él para salir de la habitación, pero el sueño no se había desvanecido por completo en él por lo que parpadeó un par de veces más para apartarlo. Sin embargo, cuando su vista estuvo lo suficientemente enfocada, la misteriosa persona había desaparecido.
Un bostezo hizo que Ed se olvidara de lo que había visto para después estirar sus brazos por encima de su cabeza para desentumecer sus miembros por la posición en la que había dormido. Al hacerlo pudo sentir cómo algo suave se deslizaba por su cuerpo hasta caer al suelo. Confundido, el rubio bajó su mirada descubriendo que lo que había caído había sido una de las mantas del hospital.
"¿Pero cuándo…?" Se preguntó a sí mismo mientras se levantaba de su silla para poder agacharse y recoger la manta del suelo. Sacudiéndola ligeramente alzó su mirada para encontrarse con el cuerpo durmiente de su hermano menor. No pudo haber sido Al. Aún es una distancia un poco larga como para que camine solo. Recordando la silueta que había notado mientras despertaba volteó en dirección a la puerta. ¿Quién habrá sido? ¿Sensei? ¿El Mayor? No… no era tan grande. ¿Teniente Ross? Podría ser pero… Se llevó una mano a la frente, recordando haber sentido una especie de calidez dentro de sus sueños proveniente de esa parte de su cuerpo. …¿Teniente?...
Sintiendo que su conclusión final era la correcta, Ed se volvió a sentar en la silla mientras miraba fijamente la manta que aún sostenía en sus manos. Desde antes del día Prometido estaba decidido a arreglar sus asuntos familiares tan pronto como Al recuperara su cuerpo pero ya habían pasado unos días y no había hecho nada al respecto. Naturalmente los primeros días sólo tenía ojos para su hermano menor pero, a pesar de la fragilidad de su estado, Al le había estado mandando varias indirectas en referencia al Coronel y a la Teniente, las cuales había fingido no captar a pesar de que cada una de ellas le hacía estremecerse por dentro. No era que no quisiera verlos, bueno al menos a la Teniente, pero no era capaz de dar el último paso a lo que sería sin duda alguna una charla trascendental.
A pesar de casi no despegarse del lado de Al en los últimos días, cada uno de esos días había destinado unos minutos para ir a la habitación en la que sabían que se encontraban sus padres biológicos. Sabía que sólo era necesario un ligero golpe en la puerta para dar inicio a una nueva relación con la Teniente y el Coronel pero, después del incidente con Envy, la indecisión que había sentido al respecto se había incrementado. Gracias a la carta de su madre Trisha sentía que entendía y aceptaba lo que Riza había tenido que hacer pero aún había una pequeña parte de sí que deseaba aferrarse inútilmente a la que creía su vida original. Estaba consciente de que hablara con sus padres biológicos o no, si él así lo deseaba, seguiría siendo un Elric ante los ojos de todos pero le costaba trabajo tener que llamar 'mamá' y 'papá' a Riza y Roy. La Teniente siempre había sido muy amable con ellos y el Coronel, a su manera, los había procurado pero la furia y el veneno que contenían las palabras que Roy le dirigió antes de que él llamara 'mamá' a Riza seguían punzando en su corazón a pesar de que la posterior mirada arrepentida del pelinegro le pedía que dejara de apegarse a esas palabras que habían sido guiadas por el dolor y un nocivo deseo de venganza.
Tan perdido estaba Ed en sus pensamientos que no sintió el pasar de los minutos. Al, quién aún no tenía un horario estable de sueño, despertó algunos minutos después cuando Ed dejó caer su cabeza en su cama de manera un poco brusca.
Abrumado por sus pensamientos, Ed resopló y alzó su cabeza encontrándose con la mirada curiosa de su hermano. "¿Al?" Dándose cuenta de su descuido se disculpó. "Lo siento, Al. Procuraré poner mi silla en otro lado. Vuelve a dormir ¿sí?" Dijo con una sonrisa.
"Hermano…" Al bostezó mientras se sentaba en la cama cuidadosamente. "Estoy bien, puedo hacerlo." Dijo rechazando amablemente la ayuda de su hermano. Cuando estuvo cómodamente recargado en sus almohadas, lo miró con una ceja enarcada. "¿Y?"
Ed también enarcó una ceja. "¿Qué?"
"¿Al fin te vas a olvidar de tu orgullo y vas a ir a verlos?"
Ed tragó saliva. Era la primera vez que Al se lo decía antes de su visita diaria. Anteriormente se lo decía después, lo que lo hacía suponer que Al estaba resignado a que ese día no lo haría. "¿Quieres que te traiga un vaso con agua?" Preguntó tratando de cambiar de tema.
"Hermano." Dijo Al reprimiéndolo ligeramente. "Tarde o temprano vas a tener que ir. Lo sabes ¿verdad?"
Ed suspiró. "Sí, lo sé. Es sólo que no sé qué es lo que debería decirles." Dijo mientras agachaba su cabeza y apretaba su mano izquierda en un puño.
Al lo miró por unos segundos antes de hablar. "No puedo asegurarte que todo será normal de un momento a otro pero si no das ese primer paso nada cambiará y seguirás igual de confundido que ahora. Tú tienes el poder de cambiar todo. Además estoy seguro de que la Teniente y el Coronel están ansiosos por saber de ti."
Ed alzó su mirada para encontrarse con la de su hermano. "¿Cómo puedes estar tan seguro?"
"Fácil. La Teniente estuvo aquí hace poco." Dijo Al con una sonrisa.
Ed se llevó una mano a la frente recordando la calidez que había sentido al despertar provocando una risa en Al.
"No te estás imaginando nada. De verdad fue la Teniente la que estuvo aquí." Poniéndose serio, continuó. "Debiste haber visto su expresión. Realmente deseaba verte y hablar contigo."
Ed le sostuvo la mirada unos segundos antes de bajarla mientras se perdía en sus pensamientos. Tal vez hubieran sido tan solo unos días pero ya había huído mucho tiempo de su pasado. Sus padres biológicos no estuvieron con él en sus primeros años de vida pero sin duda habían tomado un papel importante en su vida desde que se reencontraron. Quería darles la oportunidad de intentar aclarar su situación y, aunque se sintiera inseguro, también quería darse la oportunidad de conocerlos mejor. Quería tratarlos bajo la premisa de que ellos eran sus padres, no su comandante en jefe y su compañera de trabajo.
Bueno… su inseguridad era mayor respecto a Mustang pero quizás tendría que confiar en la mirada arrepentida que le había visto para darle la oportunidad de explicarse. Tal vez era más fácil pensarlo que hacerlo pero ya era hora de abrazar completamente su pasado si de verdad quería moverse hacia el futuro.
Suspirando, Ed se puso de pie. "¿Estarás bien solo?" Preguntó preocupado.
Al infló sus mejillas en señal de falsa molestia. "Claro que estaré bien. No soy un niño pequeño."
Ed rió, sabiendo que su hermano quería ayudarle a despejar la tensión que se estaba acumulado en sus hombros ante lo que estaba por enfrentar. "Lo sé, pero preocuparme por mi hermanito menor es parte de mi papel como hermano mayor."
Al sonrió. "Al igual que mi deber como hermano menor es hacer entrar algo de sentido común en tu cabeza."
"Ha ha ha, Al." Dijo Ed sarcásticamente antes de regalarle una sonrisa. "Gracias, Al. No tardaré." Dicho esto se acercó a la puerta y salió de la habitación dejando a un sonriente Alphonse tras de sí.
Ed caminó por el hospital, teniendo que subir unas escaleras para llegar al piso en el que se encontraban Roy y Riza. Para ese punto, el trayecto ya era algo que hacía por inercia puesto que lo había memorizado a raíz de sus visitas habituales para saber cómo seguían. Incluso había logrado establecer un horario aproximado de las horas en las que Breda y Fuery iban a visitarlos. El primer día había sido un poco complicado pero había logrado evitar que se dieran cuenta de su presencia porque sabía que si lo veían terminarían informándoselo al Coronel y a la Teniente aunque él les pidiera lo contrario. Ahora estaba consciente de que Fuery seguramente estaría ahí pero no le importaba. Es más, quizás el Sargento le ayudaría a no acobardarse en el último segundo.
Tal y como se lo imaginaba, Fuery se encontraba en una banca cercana a la habitación, leyendo unos documentos. Notando que alguien se acercaba, el Sargento alzó su mirada y sonrió al ver a Ed. "Edward, ¡qué gusto verte! ¿Cómo sigues?"
Ed le devolvió la sonrisa. "Bien, Fuery. Gracias."
Notando que, tras saludarlo, Ed enfocó su vista en la habitación del Coronel y la Teniente y su expresión se ponía seria, Fuery intentó tranquilizarlo. "No te preocupes, ellos se están recuperando de maravilla."
Ed rió nerviosamente mientras se pasaba una mano por la nuca. "¿En serio? Eso es genial… Eh, ¿Fuery?"
"¿Sí?"
"¿Cuánto tiempo vas a seguir en el hospital?"
Revisando su reloj, Fuery respondió. "Supongo que una media hora más. Tengo que asegurarme de entregar estos papeles antes de que cierre la oficina."
Ed se mordió el labio inferior antes de hablar. "¿Por qué no vas ahora? No vaya a ser que no llegues a tiempo."
Kain sacudió una mano al frente restándole importancia, mientras sonreía. "No te preocupes, tengo tiempo más que suficiente para llegar."
Ed se quedó callado unos segundos antes de responder. "Fuery, no me lo tomes a mal pero necesito hablar con la Teniente y el Coronel… a solas."
Fuery lo vio con una expresión confundida. "Sólo me quedaré aquí haciendo guardia."
Ed resopló. Hubiera preferido que no hubiera ningún conocido cerca cuando hablara con Roy y Riza pero parecía que no lo iba a lograr mientras se apegara a no contar de qué era precisamente lo que quería hablar con ellos. "De acuerdo." Resignado el chico comenzó a acercarse a la puerta de la habitación siendo detenido casi de inmediato por la extrañamente alarmada voz del Sargento.
"¡Espera!" Cuando Ed lo volteó a ver con una ceja enarcada, Fuery se llevó un puño a la boca para toser 'casualmente' un par de veces antes de continuar. "Asegúrate de tocar a la puerta y esperar a que alguno de los dos te deje pasar."
"¿Por qué?"
"Eh… protocolo."
Ed sonrió. "Sabes que no soy muy bueno siguiendo esas cosas."
Fuery le dirigió una mirada suplicante. "¿Por favor?"
"De acuerdo." Fuery sonrió aliviado. "Pero, a cambio necesito un favor. ¿Puedes asegurarte de que nadie nos interrumpa? No quiero que nadie nos escuche… incluido tú, Fuery." Dijo Ed dirigiéndole una mirada de disculpa por la última parte.
Aunque un poco extrañado por la petición, Fuery asintió y sonrió mientras se llevaba una mano a la frente mientras hacía el saludo militar. "Tenemos un trato."
Ed rió ligeramente mientras Fuery regresaba a la banca para continuar trabajando en los documentos que traía consigo. Ed esperó hasta que vio que Fuery retomaba su lectura para dar tres golpes en la puerta sintiendo cómo su corazón se aceleraba un poco con cada golpe que daba.
"Adelante."
La voz amable de la Teniente sobresaltó un poco a Ed pero rápidamente se repuso para, con mano tambaleante, hacer girar el pomo de la puerta.
Inhalando profundamente Ed se adentró lentamente en la habitación con la mirada fija en el suelo. Tras unos segundos, levantó su vista y se encontró con el rostro de la Teniente, quién lo veía con una tímida sonrisa en el rostro desde su cama.
"Edward… me alegra ver que estás bien." Dijo Riza con voz suave.
Ed se quedó quieto unos segundos antes de cerrar la puerta tras de sí. "¿Puedo?" Preguntó señalando con su cabeza el pomo de la puerta.
Aunque insegura acerca del rumbo que podría tomar la conversación, Riza asintió. "Sí. De hecho creo que es lo mejor."
Ed colocó el seguro a la puerta y se quedó ahí, con la espalda recargada en la puerta.
Tras unos instantes de un silencio incómodo, Riza preguntó. "¿Quieres que te acerque una silla?"
Al notar que Riza se iba a levantar, Ed movió frenéticamente sus manos. "No, Teniente. Yo… lo haré." Dicho esto Ed tomó la silla que se encontraba en la esquina de la habitación y con pasos lentos la dejó a un lado de la cama en la que se encontraba Riza.
Notando la indecisión de Ed acerca de si sentarse o no, Riza le dirigió una sonrisa tranquilizadora. "No tienes que forzarte, Edward. Entiendo."
"No… no es eso. Es sólo que… yo… ¡Demonios!" Se dejó caer pesadamente en la silla. Tras una inhalación profunda, continuó. "No sé por dónde empezar…" Dijo casi en un murmullo.
Tratando de aligerar el ambiente, Riza dijo. "Alphonse se ve bien. Aún necesita recuperar algunos kilos pero su semblante se ve mucho mejor que el que tenía cuando recién lo trajiste de vuelta."
El hablar de su hermano inmediatamente iluminó el rostro de Ed. "Sí, aún le cuesta mantenerse de pie pero cada vez va recuperando más movilidad. La enfermera dice que sólo necesita un par de días más para que pueda comenzar con su terapia física." Dijo con una sonrisa.
"Me alegra mucho. Estoy segura que muy pronto podrán explorar los jardínes juntos. Incluso me pareció ver un par de dientes de león cerca del jardín que está cerca del ala este."
"¿En serio? ¡Eso sería perfecto! Una de las cosas que Al quiere hacer es soplar un diente de león." Notando la sonrisa sincera en el rostro de la Teniente, Ed hizo una pausa antes de continuar. "Al me dijo que fue a vernos hace poco."
"Lamento no haber ido antes. Temí que…" La sonrisa de Riza se evaporó mientras la incertidumbre la llenaba. "Temí que no quisieras verme ni a mí ni al Coronel."
"No es eso… es sólo que no sabía cómo enfrentarlos. Es un poco raro tenerlos cerca de mí sabiendo que no son sólo la Teniente y el Coronel." Ed bajó la mirada mientras apretaba sus manos sobre sus rodillas. "Sino que en realidad todo este tiempo estuve tratando con mis padres biológicos."
"Edward-"
Ed la interrumpió. "Hablando de ese bastardo, ¿dónde está?"
"Está dándose una ducha. Acababa de entrar al baño cuando tocaste la puerta."
Tan nervioso estaba que Ed no había prestado atención a un ligero ruido de fondo proveniente del baño de la habitación que indicaba cómo el agua de la regadera chocaba contra el suelo. "Bien, es mejor así." Antes de que Riza pudiera interceder por Roy, Ed recordó algo. "Un momento… ¿va a estar bien solo? ¿Qué tal si pisa la barra de jabón y se rompe la cabeza?"
Sabiendo que Roy quería ser el que le dijera lo de la piedra filosofal cuando llegara el momento, Riza intentó cubrirlo. "No te preocupes, en este punto ya sabe perfectamente dónde está cada cosa." Esbozando una ligera sonrisa, agregó. "Me da gusto ver que te preocupas por él."
Ed resopló. "No me importa lo que suceda con ese idiota."
Sabiendo que eso era mentira gracias a Alphonse, Riza dijo. "No tienes que mentir." La breve mirada culpable de Ed le hizo darse cuenta que no se equivocaba.
"No estoy-"
Riza lo interrumpió. "No seas duro con él, Edward. Si alguien se merece llevar el título de padre ese es Roy."
Ed se cruzó de brazos. "No parecía que le gustara mucho ese título cuando estábamos en la guarida del homúnculo."
"Edward no olvides lo que te dije ese día: Él no sabía que tú eras su hijo." La mirada de Riza se llenó de arrepentimiento. "Desde que le dije que había tenido un hijo suyo, pude ver cómo lo carcomía por dentro su paternidad frustrada. Y eso también fue mi culpa. Yo, egoístamente, le impedí conocerte desde un inicio y cuando al fin se lo dije solamente lo lastimé al estarle contando de alguien que, en aquel entonces, creíamos que ya no tendríamos la bendición de volver a verlo."
Con el fuego de su molestia relativamente apaciguado, Ed volvió a su actitud insegura y confundida. "Usted tuvo sus razones para ocultarle la verdad."
Sorprendida ante ese voto de confianza, Riza trató de no dejar que ese alivio la dominara. Roy y Edward merecían darse una oportunidad como padre e hijo. Hasta entonces ella no se merecía aspirar a ser aceptada en la vida de su hijo.
Inhalando profundamente, Riza respondió. "Puede que tuviera mis razones pero al dejarme guiar por ellas fui egoísta contigo y tu padre. Yo fui la que tomó la decisión sin siquiera decirle nada a Roy. Además, no aprendí mi lección. Volví a ocultarle a Roy algo que debió haber sabido tan pronto como yo me enteré. Al estar bajo el mando de Bradley no pude encontrar una manera de reunirme en secreto con él pero debí haberme aferrado al compromiso de decirle la verdad de nuestra conexión contigo antes del día Prometido."
"Seguramente Bradley no le dio opción."
"Tal vez, pero tuve una oportunidad de decirle todo a Roy antes del día Prometido y la dejé ir. Me acobardé en el último momento."
Ed la miró fijamente. "¿Por qué?"
"Fue el día previo al comienzo del Día Prometido. Iba a decírselo pero estábamos a punto de iniciar con nuestra misión y temí desconcentrar a Roy en la víspera de un evento tan grande que podría terminar con la muerte de alguno de nosotros. Desde la muerte de Hughes he visto que Roy ha tenido algunos problemas para manejar sus emociones, por lo que temí que la verdad lo dejara en un estado vulnerable para el enemigo."
Ed se quedó callado unos segundos mientras bajaba la mirada. "Quizás no supiera la verdad pero seguramente ahora se arrepiente de saber que precisamente yo soy su hijo."
Un terrible escozor se hizo presente en los ojos de Riza. Cuánto daño había causado por sus mentiras y por mantener oculta la verdad. "Edward, Roy no ha dejado de pensar en ti. Quiere ir y hablar contigo pero piensa que te ha perdido para siempre. Puede que no supiera que eras su hijo pero estoy segura de que desde hace tiempo él se ha encariñado contigo. Lo he visto en su mirada. Sé que disfruta molestarte pero eso no impide que sienta un orgullo inmenso con cada uno de tus logros. Además varias veces lo he descubierto haciendo llamadas a los diversos hoteles en los que tú y Alphonse se han quedado tratando de estimar cuándo estarán de vuelta."
Ed cerró sus ojos por un momento trayendo a su mente breves vistazos de los momentos que había compartido con el Coronel. Muchos de ellos eran de discusiones entre ellos pero en estas nunca había realmente sentimientos negativos entre ellos, en realidad, a su manera, era más bien una especie de ritual de amistad y confianza. Aunque muchas veces se hubiera topado con la expresión engreída de Mustang, no podía negar que en varias veces había recibido miradas y sonrisas de ánimo, respeto, apoyo y ¿orgullo? de parte del Coronel. Entre más lo pensaba más quería creer en lo que la Teniente le acababa de decir. Además si en esos recuerdos incluía la mirada arrepentida y sincera de Mustang durante los eventos posteriores al enfrentamiento con Envy…
Ed abrió sus ojos y levantó su mirada encontrándose con la expresión llorosa de Riza. "¡Teniente! No llore."
Tan absorta estaba en su hijo que Riza realmente no se había dado cuenta que su dolor se había visto traducido en las lágrimas que ahora recorrían sus mejillas. "Lo siento." Murmuró mientras se pasaba un brazo por el rostro. "Lo siento… lo siento mucho." Repitió una y otra vez siendo incapaz de detener la humedad de sus ojos por lo que se cubrió el rostro con ambas manos. Sus decisiones habían herido a las personas que más amaba en este mundo.
Tal y como había sucedido meses atrás, guiado por el instinto, Ed abrazó a Riza mientras murmuraba con voz ronca por las lágrimas que él mismo estaba conteniendo. "No… no… por favor… no llores… ma-... no me gusta verte llorar… mamá."
Riza se tensó cuando escuchó la última palabra. El calor que el abrazo de Edward le daba la estaba ayudando a que sus sollozos comenzarán a calmarse pero cuando escuchó cómo se refirió a ella volvió a sentir el golpe de añoranza que siempre había tenido al pensar en lo mucho que hubiera deseado estar ahí para su hijo.
A pesar de sentir la tensión de Riza, Ed no se separó de ella. Dejar de hablarle de manera formal y, sobre todo, decirle 'mamá' todavía era algo raro para él pero a la vez sentía que eso era lo correcto y que, en realidad, se sentía bien de hacerlo.
Dándose cuenta de que Edward no se separaba de ella, Riza delicadamente puso sus manos en los antebrazos del chico obligándolo a romper el abrazo. Aunque se sentía feliz por la forma en la que se refirió a ella, Riza sonrió tristemente y le dijo. "Siempre soñé con que tú, mi hijo, me llamaras así pero desde la primera vez que lo hiciste me di cuenta de que no me lo merezco."
"Pero desde que me uní a la milicia has estado ahí para ayudarme a pesar de no saber que éramos familia."
Riza mantuvo su suave agarre en los antebrazos del chico. "Pero eso es parte del problema, Edward. Nunca debiste haber entrado a la milicia mucho menos a la edad en que lo hiciste. Tu padre y yo siempre deseamos que tuvieras una vida feliz y sin preocupaciones al lado de una familia que te diera el amor y la seguridad que yo te negué pero, por mi culpa, terminaste pasando por un infierno. Si no te hubiera abandonado lo de tu cuerpo y el de Al jamás hubiera sucedido. Y, por si fuera poco, estuve de acuerdo en aceptar tu ingreso a la milicia cuando sabía que podías pasar por cosas muy peligrosas y traumatizantes. Tu vida ha estado en un constante peligro tanto físico como emocional y todo eso se debe a mí. Ni siquiera merezco tu perdón."
"No, no es necesario." El corazón de Riza se detuvo por un momento. Ed inhaló profundamente sin despegar su mirada de la de ella. "No es necesario que tengas que pedir mi perdón porque yo no tengo nada que perdonarte. Entiendo las razones por las que preferiste dejarme con mi mamá así que no te guardo ningún rencor. Lamento si te di la impresión contraria pero… no ha sido fácil asimilar que realmente no soy quién todo el tiempo creí que era. No puedo decirte que los últimos meses me los he pasado alegremente y sin preocupaciones porque soy un tonto al que le cuesta asimilar lo que sucede en su cabeza."
"Edward…" Murmuró Riza pero Ed no la dejó seguir.
"Quizás no hayas podido criarme pero a cambio me has dado personas muy valiosas en mi vida. Me diste una familia. De hecho, Al fue el primero que me ayudó a procesar mejor la verdad. Fui un ingenuo al creer que podría ocultárselo." Rió ligeramente. "Winry también estuvo conmigo cuando la necesitaba e incluso la abuela Pinako a pesar de que parece ser que no eres muy de su agrado." Confesó un poco apenado al final. "Puede que no haya sido de la manera que esperabas pero finalmente te reencontré a ti y a Mustang. Además de que, desde que me uní a la milicia, he conocido a personas buenas que nos han apoyado a Al y a mí." Suspiró mientras cerraba sus ojos por un momento. "Sé que no querías separarte de mí pero al hacerlo me diste una familia mucho más grande de lo que había pensado antes."
"Pero mis decisiones te llevaron a sufrir mucho a una edad tan joven. Tú te merecías toda la felicidad del mundo y sólo te provoqué tragedias."
"Tal vez hayas cometido errores pero no eres la única que lo ha hecho. No puedes culparte por lo que me sucedió porque yo mismo lo provoqué. Mamá fue una madre maravillosa por eso me dolió muchísimo su muerte y no supe asimilar este suceso como debí hacerlo desde un inicio. La transmutación humana fue mi idea y mi decisión. No tuviste nada que ver en ello."
La mirada de Riza se llenó de tristeza por lo que Ed se apresuró a aclarar. "Eh… creo que siempre veré a mamá como bueno mi mamá pero eso no quiere decir que no te vea a ti de la misma manera es sólo que…" Se sonrojó ligeramente. "Decirte 'mamá' es como cuando un niño le dice 'mamá' a su maestra. Tengo que acostumbrarme."
Riza no pudo evitar la sonrisa que la comparación de Ed le provocó. "No es eso, Edward. Trisha se ganó a pulso su título de madre y estoy más que agradecida con ella por todo el amor que te dio." Inhalando profundamente, continuó. "Lo que sucede es que me duele pensar en lo mucho que sufriste. Pinako me habló sobre la noche de la transmutación y… pensar que pudiste haber muerto esa noche." Una nueva lágrima se deslizó por su mejilla. "Pude haberte perdido para siempre y nunca habría sabido qué fue de ti. Estaba resignada a no verte nunca más pero siempre mantuve la esperanza de que crecerías viviendo felizmente y al final resulta que tú y Alphonse casi murieron porque estaban solos. Debí haber estado con ustedes."
Ed se encogió de hombros. "No tenías manera de saber dónde estábamos."
Riza se desconcertó ante la expresión tan casual de su hijo. "No entiendo… ¿cómo puedes aceptarme en tu vida después de todo lo que sucedió?"
Ed desvió su mirada hacia la cama mientras se rascaba la nuca. "Creo que te di la impresión equivocada cuando me dijiste la verdad. Estaba impactado por lo que me dijiste pero en ningún momento llegué a despreciarte." Riza soltó el aliento que no se había dado cuenta que estaba conteniendo. "Estaba muy confundido… no sabía quién se suponía que era yo ni el papel que ustedes dos tendrían en mi vida a partir de ese momento. Creo que en ese entonces quise entender tus razones para separarte de mí pero… perdón… no me enfoqué realmente en eso. Si no hubiera sido por mamá probablemente mi mente seguiría totalmente revuelta."
"¿Cómo? No te entiendo."
"Mamá le dejó a la abuela Pinako una carta para mí. La abuela Pinako me la dio hace un par de semanas cuando estuve en Resembool. En ella mamá me contó tu historia y me hizo comprender realmente lo difícil que fue para ti separarte de mí. Me hizo darme cuenta de muchas cosas, tanto que casi sentí que estaba ahí conmigo cuando la leía." Dijo con una pequeña sonrisa nostálgica en su rostro.
Riza imitó su sonrisa recordando a la amable mujer que la había ayudado tantos años atrás. "Trisha no deja de sorprenderme. A pesar de que sólo conviví con ella unas semanas, ella siempre fue muy bondadosa e incluso aún ahora me sigue ayudando." Suspiró. "También le debo mucho a Hohenheim, sin él ni tú ni yo estaríamos hoy aquí."
Ed volvió a enfocar su mirada en la de Riza, sorprendiéndola cuando ella notó que el palpable desprecio que se desataba en la mirada del chico cuando se mencionaba a su padre ya no estaba ahí.
"Ese bastardo también cometió errores pero ahora lo entiendo mejor. No fue el padre que esperaba pero al menos ahora estoy seguro de que no es una mala persona." Mordiéndose un poco la lengua al final tras darse cuenta que estaba siendo más indulgente con Hohenheim que con Roy, Ed cambió un poco el tema. "He aprendido mucho estos últimos años, incluso aún más estos últimos meses, por eso no quiero vivir en el pasado… Tengo a Al de vuelta conmigo, así que tengo ganas de caminar hacia el futuro. Quiero aprender nuevas cosas y devolver al menos un poco de la felicidad que ahora se nos está dando." Ed apartó las manos de Riza de sus antebrazos para poder tomar una de sus manos entre las suyas. "Quiero vivir en compañía de las personas más importantes en mi vida. Quiero pasar tiempo con Al, Winry, la abuela Pinako… y con ustedes, mis padres. El bastardo de Mustang me está causando algo de conflicto pero creo que podré superarlo." Concluyó con una sonrisa.
Riza no pudo contenerse más y atrajo a Ed hacia ella para estrecharlo fuertemente. "Oh, Edward… no te merezco…"
"No digas eso… mamá."
"Mi hijo… mi hijo…" Dijo Riza entre sollozos. "¡Cuánto tiempo esperé para volver a tenerte en mis brazos!" Le dio un beso en la cabeza.
Ed apretó el abrazo mientras una calidez y alegría lo invadían por dentro. La conclusión de sus sueños a la que no se había permitido llegar, finalmente estaba sucediendo. Su madre biológica lo estaba abrazando y esa acción trajo consigo un sentimiento de paz y seguridad que no había sentido desde antes de que Trisha muriera. No pudiendo evitarlo más, el chico también comenzó a llorar.
Pasaron así un par de minutos hasta que sus sollozos se aligeraron. Riza apartó suavemente a Edward para ver su rostro sonriente aunque lloroso.
Con una cálida sonrisa, Riza limpió las lágrimas de Edward con una mano. "Creo que me estoy volviendo una experta en hacerte llorar."
Ed rió al mismo tiempo que sus mejillas volvían a sonrojarse ligeramente. Hacía mucho que no tenía ese tipo de contacto maternal. "Creo que es algo mutuo." Poniéndose serio, agregó. "Aunque no me gusta hacerte llorar."
Riza mantuvo su sonrisa mientras se limpiaba sus propias lágrimas. "No todas las lágrimas son malas. Hoy lloro de felicidad y de alivio al tener a mi hijo frente a mí."
Ed bajó su mirada y sonrió mientras murmuraba para sí mismo. "Espero que esta sea una buena señal para cumplir mi promesa."
"¿Promesa?"
Ed se sonrojó intensamente mientras movía sus manos frenéticamente frente a sí. "No dije n-nada."
Por el sonrojo del chico, Riza se imaginó en quién podría estar pensando para haberle causado semejante sonrojo. Estaba a punto de insistir un poco (quizás podría echarle una mano a Edward para confesar sus sentimientos) cuando notó que durante el frenético movimiento de sus manos al chico se le escapó una ligera mueca de dolor.
"¿Cómo siguen tus heridas, Edward?"
Ed detuvo su movimiento y, por instinto, observó su brazo derecho. "Estoy bien. Mi brazo aún necesita terapia. A veces siento entumecimiento pero me dijeron que es normal y la herida de mi brazo izquierdo está sanando bien."
Recordando la duda que tenía, Riza preguntó. "Entonces no tienes nada que ver con una cirugía, ¿cierto?" El ligero estremecimiento del chico le dio su respuesta. "Edward…"
Ed suspiró. "Aún tengo algunos materiales de mi automail incrustados en mi hombro. Dicen que tienen que retirarlos para evitar daños en mis tejidos y músculos."
"¿Pero…?" Riza incitó a que el chico continuara.
"Estaré inconsciente prácticamente todo el día de la cirugía. No puedo dejar a Al solo por tanto tiempo." Antes de que Riza pudiera intervenir, Ed continuó con una expresión un tanto avergonzada en su rostro. "Además… no soy precisamente un fan de las cirugías."
Entendiendo que el miedo de Ed podría deberse a su cirugía de automail, Riza lo atrajo nuevamente hacia ella. "No te sientas mal, hijo, entiendo que no te gusten pero no por eso puedes evitar esta cirugía. Seguramente será un procedimiento rápido y, cuando despiertes, ya todo se habrá acabado. Además no tienes que preocuparte por Alphonse. Yo lo cuidaré."
"Pero aún te estás recuperando." Protestó Ed mientras se separaba de ella.
"Seguramente debes saber que ya tengo autorización para caminar siempre y cuando no me sobreesfuerce." Le dijo Riza con una expresión que dejaba ver que estaba al tanto de lo que Ed había hecho.
Sorprendido por un momento, Ed recordó que Riza habló con Al mientras los visitaba. "Traidor." Murmuró con una sonrisa.
Riza tomó su mano y le dio un apretón. "En realidad creo que Alphonse sabía perfectamente lo que hacía. Gracias a él finalmente pudimos hablar." Le dijo con una sonrisa.
Ed le devolvió la sonrisa. "Al es bastante astuto."
Quizás fuera el silencio agradable que ahora se formaba entre ellos lo que hizo que Ed finalmente pudiera concentrarse en los sonidos de su alrededor. En la habitación se escuchaba el sutil choque de las cortinas al ser movidas por el viento, el gorjeo ocasional de algunos pájaros y el típico sonido ocasional de pasos que andaban de un lado a otro en el hospital que la sencilla puerta de la habitación no era capaz de encubrir del todo. Considerando el lugar en el que estaban, podía decir que todo estaba tranquilo… Demasiado tranquilo… ¿No se suponía que se escuchaba el ruido del agua chocando contra el suelo proveniente del baño del cuarto?
Dándose cuenta de que ya debía llevar varios minutos ahí, Ed apartó su mano de la de Riza. "Será mejor que te deje descansar." Dijo con una sonrisa nerviosa.
"Estoy bien." Viendo que Edward no estaba esperando una respuesta y que se estaba encaminando hacia la puerta exclamó. "Espera. ¿Qué hay de Roy?"
Ed miró nerviosamente a la puerta del baño. "Eh… quizás… ¿después?"
Justo cuando terminaba su frase, la puerta del baño se abrió dejando salir el vapor que se había formado a raíz de la ducha caliente.
Por reflejo, Ed volteó hacia el origen del sonido y pudo ver la figura de Roy Mustang emerger del baño. Sus orbes dorados se conectaron con los negros por un segundo. Sabiendo que no era posible que le devolviera la mirada, Ed no lo pensó más y le quitó el seguro a la puerta de la habitación para después salir de ella sin pronunciar ni una palabra más.
Roy, por su parte, se quedó paralizado en su lugar sin poder dar crédito a lo que habían visto sus ojos. Tartamudeando un poco preguntó. "¿Era… él?"
"Sí." Respondió Riza confundida ante lo que había sucedido. Sabía que Edward aún tenía ciertos recelos respecto a Roy pero, tras su conversación, había creído que su hijo le daría a Roy la oportunidad de hablar con él.
Despegando su mirada de la puerta para finalmente ver a Riza, Roy se sobresaltó. "¡Riza!" Rápidamente se colocó a su lado. "¿Estás bien? ¿Qué fue lo que sucedió?" Temiendo la respuesta, tomó una de sus manos e hizo una pregunta más. "¿Acaso vino a despedirse… para siempre?"
Imaginándose que sus ojos deberían estar rojos e hinchados por las lágrimas que había derramado, Riza sacudió su cabeza un par de veces. "No te preocupes, estoy bien. Edward vino a hablar conmigo…"
"¿Y?"
Mordiéndose el labio inferior por un momento, Riza respondió. "Me ha perdonado. Bueno, en realidad cree que no hay nada que deba perdonarme." Confesó sintiéndose culpable por recibir esa felicidad mientras Roy seguía sufriendo.
"¡Eso es muy bueno, Riza! Me alegro por ti." Dijo Roy sinceramente aunque no pudo ocultar la tristeza que aún cubría sus ojos cuando pensaba en su propia relación con su hijo.
"Roy… no es justo que sólo yo sea perdonada. Tú debiste haber hecho las paces con él primero."
"Tú siempre te portaste de maravilla con él, así que es natural que hayas desarrollado esa conexión con él."
"Pero tú también has estado al pendiente de él."
"No te preocupes por mí, Riza. Estoy bien." Dijo Roy con una sonrisa que no alcanzó sus ojos.
"Mentiroso." Murmuró Riza mientras apartaba la mano de Roy para ponerse de pie. "No puedo permitirme ser feliz cuando es mi culpa que tú no lo seas."
"Riza-"
Ella lo interrumpió. "No hay duda de que ustedes dos son padre e hijo. Ambos son igual de tercos y siempre se preocupan más por los demás que por sí mismos."
"Riza, espera. ¿A dónde vas?" Dijo Roy mientras trataba de seguirla pero la mirada seria y arrepentida que ella le dirigió lo hizo detenerse.
"Necesito tomar aire." Dijo Riza sin voltear a verlo. Si lo miraba a los ojos estaba segura de que él se daría cuenta de que estaba mintiendo. No podía asegurar que lo lograría pero quería intentar convencer a Edward de al menos darle la oportunidad a Roy de hablar con él.
Ed cerró la puerta y se recargó en ella mientras exhalaba pesadamente. Maldito cobarde que soy. ¿Por qué huí? Una plática con ese bastardo no me va a matar.
"¿Estás bien, Edward?"
Ed se sobresaltó al olvidar que no estaba solo. Respirando profundamente, puso una ligera sonrisa en su rostro mientras avanzaba hacia la banca desde la que Fuery lo miraba tras despegar su atención del documento que tenía en sus manos.
"Sí." Ed respondió mientras se dejaba caer en la banca.
"¿Seguro? ¿Acaso discutiste con el Coronel?"
Ed se metió las manos en los bolsillos mientras fijaba su mirada en sus pies. "No. Ni siquiera estaba ahí."
Fuery se ajustó los lentes. "¿Qué? Pero sí he estado aquí todo este tiempo y no lo he visto salir." Dijo con tono preocupado mientras miraba a sus lados en un instinto de búsqueda.
"Estaba en el baño."
"Oh, ya veo…" Llevándose un dedo a la barbilla, Fuery agregó. "Entonces, ¿estás esperando aquí mientras termina?"
"No lo sé."
Antes de que Fuery pudiera seguir cuestionándolo, la puerta de la habitación se abrió para dar paso a Riza, provocando que el Sargento se levantara para hacer el saludo militar.
"Hola, Fuery." Saludó amablemente Riza mientras notaba cómo Ed mantenía su mirada en el suelo. "Creí que ya te habrías ido."
"Ya casi. Sólo estoy dándole una última revisada a los documentos que firmó el Coronel en lo que el Teniente Breda llega a relevarme."
Riza le sonrió tratando de distraerlo al notar que Fuery la miraba con curiosidad, seguramente por los rojizos que debían estar sus ojos en esos momentos. "No deberían sobreesforzarse tanto."
Cayendo en la distracción de Riza, Fuery le devolvió la sonrisa. "Lo hacemos con gusto, Teniente. Usted y el Coronel sólo deben preocuparse por recuperarse. Nosotros nos encargaremos del resto."
Riza asintió con la cabeza en señal de agradecimiento antes de mirar fijamente al rubio. Le hubiera gustado hablar a solas con su hijo o en compañía de Alphonse (seguramente el chico la ayudaría en su misión) pero no podía hablar abiertamente de lo que deseaba cuando Ed estaba en pleno pasillo del hospital. "¿Edward?"
Ed se sobresaltó y renuentemente levantó su cabeza en dirección a ella. "¿Sí?"
"Sé que no puedo ni debo forzarte pero sólo quería que supieras que, si aún tienes tiempo, al Coronel le vendría bien una visita."
"Oh…" Ed mordió su labio inferior mientras la incertidumbre lo invadía. "Tal vez el Coronel prefiera descansar."
La mirada de Riza se volvió un poco triste pero decidió no forzar la situación dado que Fuery estaba ahí y estaban en medio de un pasillo continuamente transitado. Suspirando, se dirigió a Fuery. "Sargento, iré a la cafetería por unos minutos. ¿Puedo pedirle que cuide del Coronel hasta que llegue el Teniente Breda?"
Aún confundido por el comportamiento de Ed, Fuery despegó su mirada del chico para mirar a Riza. "Claro, Teniente. Tómese todo el tiempo que necesite."
"Gracias." Antes de darse la media vuelta, Riza hizo un último intento. "Edward, es normal que te sientas confundido pero sé que tienes un gran corazón por lo que, si te das la oportunidad de escucharlo, podrás terminar con todo esto. Ya sea que decidas hablar con el Coronel o negarte a hacerlo. Es tu decisión." Ella le dirigió una cálida sonrisa antes de encaminarse con dirección a la cafetería del hospital.
Fuery volvió a sentarse en la banca sin poder evitar mirar con curiosidad a Ed por el rabillo de su ojo. El chico estaba inusualmente callado y era obvio que había algo que le preocupaba. Además ¿por qué ahora parecía tan renuente a hablar con el Coronel cuando antes había dicho que necesitaba hablar con él y la Teniente? No tenía sentido. En esos momentos era como para que ya se estuviera escuchando una discusión entre Roy y Ed.
Kain estaba a punto de hacerle conversación al chico, cuando Ed se levantó abruptamente de la banca mientras decía. "Bien, es ahora o nunca."
Fuery se quedó callado al darse cuenta que las palabras estaban dirigidas más que nada hacia sí mismo. Cuando Ed tuvo su mano izquierda en el pomo de la puerta, el chico se volteó ligeramente hacia él. "Fuery, sigue vigente el mismo trato de hace rato. Que nadie nos escuche, ¿de acuerdo?" Ed sólo lo miró el tiempo suficiente para darse cuenta que le respondía con un asentimiento de cabeza. Acto seguido abrió la puerta lentamente para después adentrarse en la habitación lo más silenciosamente posible.
Fuery vio la pequeña escena totalmente confundido. ¿Desde cuándo Edward procuraba entrar silenciosamente a una habitación cuando estaba seguro de que el Coronel era el único que lo esperaba del otro lado? Suspirando, Fuery volvió a acomodarse en la banca mientras se acomodaba sus lentes. "¿Qué rayos está pasando aquí?" Murmuró para sí mismo.
