N/A: Hola! :)

Después de tantas dudas, incertidumbre, peligros y demás finalmente nuestros personajes tienen un tiempo para respirar. Esperamos que disfruten de este capítulo y, por favor, no duden en compartirnos sus opiniones al respecto porque amamos leer sus comentarios jeje

Como dato adicional… estamos cerca de cumplir un año de publicación y pues… ha llegado el momento de decir que estamos cerca del final. Aún estamos escribiendo así que tenemos curiosidad, ¿qué les gustaría leer en la recta final?. Y como siempre muchas gracias por seguir con nosotras a lo largo de 'Las Sombras del pasado' 3

Rodrigo: Muchas gracias por tomarte el tiempo de leer y comentar! :) Ahora que finalmente están aceptando los roles de cada uno va a ser divertido ver cómo se va desarrollando su relación. A lo largo de esta historia intentamos que la relación entre Roy y Riza con Edward fuera dándose de manera natural mientras se iban conociendo con el paso del tiempo. No queríamos que sólo por ser familia se sintieran obligados a ocupar sus roles porque si de por sí teniéndose aprecio les costó trabajo aceptar el lazo que los unía imagínate cómo hubiera sido si se llevaran fatal (Roy y Ed suelen pelear pero simplemente porque se trata de uno de sus hobbies favoritos xD), así que esperamos que lo hayamos logrado sobre todo ahora que se viene ese periodo de transición. Por otro lado, genial! Logramos nuestro cometido de agregar un toque de comedia a costa de Havoc jeje Como mencionamos arriba el final ya se empieza a ver en el horizonte pero seguiremos haciendo nuestro mejor esfuerzo para que los capítulos que siguen sean de tu agrado :D

Ahora bien vayamos al capítulo 28!

Saludos!

Golden y Flame

Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.


Momentos compartidos

Era sorprendente la inmensidad de cosas que podían suceder en tan solo dos meses, las cuales ayudaron a que la normalidad regresara prácticamente por completo a Amestris. Era innegable la mayor circulación de gente en las calles quienes finalmente habían superado el sentimiento de inseguridad e incomodidad que se había generado a raíz de los eventos del día Prometido. A pesar de la incertidumbre de la primeras semanas, Grumman había recibido índices positivos de popularidad en el último mes, lo que ayudó a disipar el miedo latente de algún conflicto nacional por el cambio en la sucesión.

Aunque los hombres de Briggs aún no eran del todo bien vistos, con las noticias del cómo evitaron un reciente intento de intrusión por parte de un gran ejército de Drachma, la población comenzó a recuperar cierta confianza en ellos. Quizás no fueran el tipo de personas que quisieran ver patrullando en las calles pero el hecho de que protegieran las fronteras del país les daba una sensación de seguridad que los hacía agradecer que los soldados de Briggs fueran parte de Amestris.

Después de varios días de frenéticos movimientos administrativos para regularizar las actividades de las oficinas que pertenecían al Comando Central, éste estaba en un 80% de avance en su reconstrucción. Por las labores de construcción fueron mínimas las oficinas que pudieron mantenerse operando en el lugar pero el Führer Grumman había logrado distribuir las oficinas haciendo uso principalmente de los laboratorios de investigación alquímica (tras una minuciosa inspección del personal y las actividades que ahí se realizaban).

Una vez asegurada cierta estabilidad en el país, Grumman decidió ascender a casi todos los militares que habían prestado sus servicios para defender a Amestris durante el fatídico día Prometido (dejando de lado, desafortunadamente, a los soldados de Briggs). Por esto, desde hace dos semanas, Roy tuvo que comenzar a acostumbrarse a ser llamado 'General'. Pero eso no era todo. Todos los miembros de su unidad habían sido ascendidos un rango, por lo que también debía acostumbrarse a referirse a sus compañeros de manera diferente a la de los últimos años. El único que no tuvo acceso a una promoción fue Havoc, quien al estar oficialmente retirado durante el día Prometido no podía ser ascendido de la misma manera que sus compañeros. Sin embargo, Grumman, con un guiño, le había dicho a Havoc que seguramente el próximo año algo bueno podría llegar para él. Aunque no podía negar que un ascenso no le vendría nada mal, Havoc estaba más que feliz con haber podido reintegrarse a la milicia desde hace casi ya un mes.

A pesar de que la milicia y en sí el país completo estaba sufriendo cambios importantes, éstos se quedaban cortos comparados a la vida privada de Roy: Después de una discusión un tanto acalorada, Roy había logrado convencer a Ed de vivir con él en lo que Al era dado de alta del hospital.

Un par de días después de la conversación que dio comienzo a un giro importante en las vidas de Roy, Riza y Ed, Edward fue intervenido quirúrgicamente para removerle los restos de automail de su hombro derecho. El procedimiento fue relativamente rápido y no presentó complicaciones pero la anestesia utilizada dejó profundamente dormido a Ed por casi un día entero, tiempo en el cual ni Roy ni Riza se despegaron de su lado (el cual fue colocado en la misma habitación de Al gracias a las influencias de Roy) a pesar de la obvia curiosidad de sus compañeros de trabajo.

Una semana después de la operación de Ed, el doctor dio su autorización para que el chico pudiera ser dado de alta (el hombre tenía una increíble paciencia para soportar las constantes quejas de Ed por desear salir desde el momento en que se despertó). Para ese punto, Roy y Riza ya habían regresado a sus labores militares por lo que no pudieron ir a visitar a los Elric hasta la noche alcanzando a duras penas el horario de visitas. Tras una breve plática con ambos hermanos, Al aprovechó la ocasión para pedirles a Roy y Riza que lo ayudaran a convencer a Ed de pasar la noche en un hotel. Tal y como en los días previos a su cirugía, Ed tenía toda la intención de pasar la noche en una silla. Dejando de lado que en esta ocasión los doctores no le permitirían hacerlo (los primeros días tras el día Prometido no se había respetado el horario de visitas) ninguno de los tres estaba de acuerdo con que el mayor de los Elric pasara la noche de esa manera.

En un inicio Ed se había negado completamente a la idea de alejarse de su hermano pero después Riza logró convencerlo de que tanto él como Al necesitaban descansar. La primera opción fue ir a un hotel pero todos se quedaron con la boca abierta cuando Roy, casi de inmediato, ofreció la habitación de huéspedes de su departamento.

La idea le parecía completamente normal a Roy pero aparentemente Ed no se lo iba a dejar nada fácil. Fue así que se dio inicio a una discusión de varios minutos que fue subiendo de volumen hasta que una enfermera tuvo que sacar a los tres de la habitación, dejando a Al solo pero feliz de saber que, aunque hubiera armado todo un escándalo, su hermano iba a pasar más tiempo con su padre biológico ya que no había forma de que Riza permitiera que Ed se saliera con la suya después de provocar que los sacaran a los tres del hospital.

Una vez fuera del hospital, y tal como Al pensaba, Riza no le dio opción a Ed ya que condujo sin detenerse hasta que estaba fuera del departamento de Roy. En ese punto ya no existía realmente hostilidad de Ed hacia Roy pero, por la típica manera en la que esos dos se relacionaban, la discusión del pelinegro y el rubio se había terminado saliendo un poco de control. Además, Riza estaba segura de que la razón por la que Edward había armado todo un escándalo era porque no se hacía a la idea de pasar tiempo a solas con su padre.

Los primeros días viviendo bajo el mismo techo fueron un poco incómodos tanto para Roy como para Ed pero con el paso de los días se fueron acostumbrando a la compañía del otro. Desafortunadamente, Riza no pudo pasar tanto tiempo en el departamento de Roy como le hubiera gustado ya que aún debían andar con cuidado pero eso no impedía que cada ciertas noches llegara al lugar con cena preparada para los tres o que en algunas ocasiones tuviera que ir al departamento de Roy después del trabajo para "terminar papeleo urgente".

A pesar de que su situación familiar distaba de lo que alguna vez Roy había soñado, él no podía evitar sentirse inmensamente bendecido por tener la oportunidad de convivir con Riza y su hijo bajo el mismo techo, imaginándose que vivían como cualquier otra familia lo haría. Además entre más tiempo pasaban juntos los rezagos de incomodidad iban desapareciendo.

En el casi mes y medio que Ed llevaba viviendo bajo su techo, Roy se fue acostumbrando a su presencia y a sus hábitos, tanto que ya no le sorprendían las visitas nocturnas del chico al baño o la inmensa cantidad de azúcar que el rubio le ponía a su café. Es más, estaba tan acostumbrado al sueño tan pesado que tenía Ed que lo usaba a su favor. Tan pronto como Roy se levantaba para iniciar su rutina matutina previa a su jornada laboral, el pelinegro se dirigía a la habitación de huéspedes para ver a su hijo dormir. El ver a Ed dormir prácticamente cruzado en el colchón matrimonial, con las sábanas enredadas en sus pies y con la playera levantada dejando ver su abdomen mientras su mano izquierda reposaba en él siempre le causaba una sonrisa. Quizás fuera ridículo, pero Roy lo había vuelto parte de su rutina para convencerse de que esto era real, que su hijo estaba con él.

Durante la tercera semana que Ed llevaba en su hogar, Roy tuvo que pedirle que lo acompañara a la oficina para que firmara los papeles finales de su renuncia al ejército. Considerando las hazañas de Ed como alquimista estatal y, sobre todo, durante el día Prometido, no fue difícil convencer a Grumman para que le proporcionara una pensión vitalicia por sus servicios al país. De hecho la firma final de los documentos fue retrasada únicamente por el desorden general de las oficinas ya que, para sorpresa de los miembros del Team Mustang, el papeleo necesario fue realizado por Roy en tiempo récord.

Aunque lo que más ansiaban Roy y Riza era apartar a Edward de la milicia, el momento en el que Ed firmó el último documento necesario, un peso cayó de golpe sobre ellos. Esa firma era un paso más para que Ed se alejara de ellos. Desde que habían estado en el hospital, ambos habían sido conscientes de que los Elric partirían hacia Resembool tan pronto como les fuera posible. Con la renuncia oficial de Ed ya sólo era cuestión de esperar el alta del hospital de Al para que el momento de la separación sucediera. Sabían que era algo temporal pero se habían acostumbrado tanto a la presencia continua de su hijo que ahora sería difícil hacerse a la idea de que Edward estaría a varios kilómetros de distancia de ellos. Los Elric siempre habían sido almas nómadas pero saberlo no lo hacía más fácil.

El mismo día que Ed firmó sus papeles de renuncia, los miembros del Team Mustang decidieron que era necesario darle una despedida apropiada a Edward. Roy y Riza agradecieron la distracción y accedieron a la petición de salir una hora antes para tener tiempo suficiente para celebrar. Además, ambos coincidieron en que era una oportunidad perfecta para revelarles a sus compañeros la relación sanguínea que los unía. Roy había intentado aplazarlo todo lo posible pero se dio cuenta de que era mejor hacerlo de una buena vez si no quería recibir otra llamada como la del día previo, en la que la General Armstrong lo amenazó con la integridad de sus partes nobles si ella se topaba con Havoc la próxima vez que fuera a Central. Eso sin mencionar la obvia amenaza que Olivier había establecido sobre la vida de Havoc. La llamada provocó que Roy tuviera que hacer entrar a Havoc en su oficina tan pronto como el Teniente puso un pie en los cuarteles durante su primer día de vuelta en el servicio. Sorprendentemente el rubio se las arregló para dar respuestas vagas ante el incesante interrogatorio pero Roy se dio cuenta de que las sospechas de Riza eran ciertas cuando pudo escuchar murmurar a Havoc, mientras este salía de su oficina, que él sólo quería saber si la General Armstrong era la madre.

Por lo anterior, Roy ofreció su departamento para la celebración. Una vez que todos (con excepción de Falman que había regresado hace tiempo a Briggs) estuvieron en su hogar y que los estómagos de todos estuvieron repletos de comida de Xing y, en el caso de Breda y Havoc, por un par de cervezas, Roy colocó un brazo alrededor de los hombros de Riza (provocando cejas enarcadas) y atrajo a Ed hacia ellos colocando una mano en su hombro (causando bocas abiertas al ver que el chico no se alejaba). Roy comenzó, para disgusto de Riza, diciendo directamente que Ed era el hijo de ambos y que Riza era la mujer que había amado desde que era un adolescente.

La habitación se quedó en silencio por unos momentos mientras procesaban la noticia. Aunque claramente molesta por la forma en que Roy les había dado la noticia, Riza no se había apartado de Roy dejando en claro lo cómoda que se sentía con ese tipo de gestos y Ed, por su parte, tenía la mirada un poco agachada en una expresión un tanto avergonzada pero que no era suficiente como para hacer que el Coronel apartara su mano de su hombro.

Los recuerdos de lo que habían descubierto semanas atrás en el hospital vino a ellos de golpe y, lentamente, unieron las partes del rompecabezas. Dándose cuenta de que Riza era el elemento que faltaba en su ecuación los hombres la señalaron con un dedo y exclamaron ¡¿Qué?! ¡¿Cómo?!

Riza suspiró y le dio un ligero codazo en las costillas a Roy mientras lo regañaba un poco por haber empezado por el final de la historia. Roy se encogió de hombros con una sonrisa engreída mientras que Ed se llevaba una mano al rostro mientras murmuraba 'Idiota'.

Asumiendo, como siempre, el papel de la encargada de poner el orden, Riza les dijo a sus compañeros que los tres confiaban mucho en ellos y por eso creían apropiado hacerlos partícipe de su secreto, sabiendo que su secreto estaría a salvo con ellos. Aunque abrumados al estar asimilando la noticia, los militares se pusieron serios y declararon fervientemente que serían una tumba. Roy miró con una ceja enarcada a Havoc, quien se dio cuenta del gesto y prometió que se iba a comportar de ahora en adelante.

Tras esas palabras iniciales, Riza dio comienzo al relato de su vida con Roy con ocasionales intervenciones del susodicho, lo cual les hizo ver a los tres que, el entonces Coronel, de verdad era capaz de amar a una sola mujer y que Riza siempre había estado enamorado de él. A pesar de que ninguno había pensado que entre esos dos pudiera haber una relación tan profunda que incluso había traído a un hijo mutuo al mundo, los tres estaban sumamente felices de que, tras tanto sufrimiento, Roy, Riza y Ed pudieran formar una familia dentro de lo que se podían permitir en esos momentos.

Al terminar el relato, los tres reiteraron que no les fallarían y que guardarían ese secreto con sus vidas. Esto hizo sonreír a Roy y Riza sabiendo que no se habían equivocado en su decisión de compartirles la verdad. Sin embargo, eso no impidió que Havoc hiciera de las suyas. Probablemente envalentonado por el alcohol que había consumido, Jean se levantó llevando una cerveza en una mano y puso su brazo libre alrededor de los hombros de Ed felicitándolo por haberse reunido con sus padres biológicos. Ed le agradeció mientras intentaba zafarse de su agarre pero Havoc no cedió. Fue entonces que el rubio mayor tuvo la brillante idea de ofrecerle su cerveza al chico. Ed se negó pero Havoc no se rindió (a pesar de la protesta de Riza) diciendo que era buena idea ya que así sus padres podrían presenciar algo nuevo para él. Cuando el chico abrió la boca para protestar, él aprovechó para rápidamente forzar la totalidad del líquido en su garganta, para consternación de todos los presentes.

Mientras Ed tosía tratando de reponerse del amargo líquido que recorrió su garganta, la paciencia de Riza se acabó e hizo que ella rápidamente tomara el brazo de Havoc y lo colocara detrás de su espalda diciéndole No te atrevas a seguir pervirtiendo a mi hijo, Havoc ¡Sólo tiene 16! Jean comenzó a disculparse frenéticamente y prometió hacer el doble del papeleo al día siguiente para compensar su error.

Una vez satisfecha con las disculpas de Havoc, Riza se acercó a Ed y le frotó la espalda hasta que el chico dejó de toser. Ed miró a su alrededor y se encontró con miradas preocupadas por parte de todos los presentes… excepto por parte de Roy. El pelinegro tenía los brazos cruzados y una ligera arruga en su frente que denotaba la preocupación que los demás compartían pero de ahí en fuera su expresión era completamente alegre y probablemente orgullosa. Había un brillo especial en su mirada y sus labios estaban curvados en una sonrisa natural. Ante esto, Ed exclamó ¡¿Qué demonios es tan divertido, bastardo?!, lo que provocó que Riza viera lo mismo que él y, por ende, le dirigiera una mirada asesina a Roy, quién rápidamente cambió su expresión.

La ligera tensión generada por la acción de Havoc desapareció poco después de eso cuando Fuery y Breda comenzaron a animar el ambiente con pláticas casuales acerca de las pistas que dejaron ir ya que ahora era más que obvio el porqué Roy y Ed eran tan parecidos en sus carácteres. Algunos minutos después Roy y Riza regresaron a sus asientos y, cuando lo hicieron, la rubia le hizo señas a Ed para que se sentara a su lado como lo estaba haciendo antes del anuncio. Sin embargo, ese día todos los presentes descubrieron algo nuevo acerca del chico: Su baja tolerancia al alcohol.

Tan sólo había bastado la cerveza casi completa que Havoc le dio para que el chico se tambaleara al caminar. Quizás fuera por lo joven que era, pero el rostro de Ed se había enrojecido y él casi se cayó al chocar con la mesita de la sala. Al ver esto Riza se levantó para ayudarlo a llegar al sillón mientras Havoc aprovechaba para excusarse y huir del lugar antes de que Riza se desocupara.

La reunión siguió por unos minutos más hasta que Fuery y Breda decidieron que era tiempo de irse al notar que Ed, influenciado por el alcohol, cabeceaba y murmuraba palabras ininteligibles y arrastradas.

Tras despedirse de sus subordinados, Roy cargó a Ed en sus brazos para llevarlo a su habitación, sorprendiéndose en el camino cuando el chico se acurrucó contra su pecho mientras esbozaba una sonrisa somnolienta. Roy también sonrió y procuró quitarle las botas y taparlo bien antes de salir de su habitación.

Riza, por su parte, se encargó de dejar una jarra llena de agua en la mesita de noche de Ed junto con una aspirina y un par de rebanadas de pan tostado. Ojalá estuviera equivocada pero todo parecía indicar que el chico tendría su primera cruda. Cuando dejó todo listo, Roy la abrazó por la espalda y ambos se quedaron en silencio contemplando cómo su hijo dormía. Ya habían hecho eso un par de veces pero cada vez que lo hacían lo disfrutaban como si fuera la primera vez. Además, cada vez eran menos las ocasiones que se daba la oportunidad dado que, cuando los visitaba, Riza no solía irse muy tarde para no levantar sospechas.

Al día siguiente las sospechas de Riza se hicieron realidad ya que Ed había despertado con un terrible dolor de cabeza y una garganta terriblemente seca. Lo que su madre le había dejado en la mesita desapareció en cuestión de minutos y ayudó a que el chico poco a poco se sintiera mejor.

Cuando Ed salió de su habitación arrastrando los pies, Roy estaba terminando su desayuno antes de irse a trabajar dejando, como siempre, el desayuno de su hijo en un plato al lado de la estufa. No hizo falta que Roy le preguntara para que se diera cuenta de que el rubio estaba lidiando con su primera cruda y, aunque Riza se molestara por ello, no podía evitar sentirse feliz y orgulloso de estar ahí para presenciarlo. Se había perdido de tantas cosas en su vida que estaba agradecido de cualquier experiencia nueva de su hijo que pudiera presenciar.

Después de maldecir a una botella de whiskey que estaba en la alacena superior de donde se encontraba su desayuno, Ed tomó su plato y se sentó en la mesa, ocasión que Roy aprovechó para preguntarle cómo se estaba sintiendo y si había tomado lo que Riza le había dejado. Cuando el chico respondió sus preguntas, Roy le sugirió quedarse a descansar en casa, sabiendo que su propuesta sería rechazada de inmediato. Dejando de lado sucesos como los del día anterior, Ed se pasaba todo el horario de visitas con su hermano así que ese día no sería la excepción.

Tres semanas después de la primera cruda de Ed, Roy regresó a su departamento tras su jornada laboral, y fue recibido de inmediato por un extremadamente sonriente Edward tan pronto como cruzó el umbral de su entrada.

"¡Al será dado de alta mañana!" Exclamó Ed con emoción.

Roy sonrió y comenzó a preguntarle los detalles del alta médica de Alphonse. Con lo saturado que había estado de trabajo no había podido visitarlo tanto como le hubiera gustado aunque Ed lo actualizaba diariamente sobre el avance de la terapia de Al. Roy se sentía muy feliz por saber que Al por fin podría salir del hospital y comenzar a disfrutar plenamente de su cuerpo pero no podía evitar sentirse triste al mismo tiempo. Los días de convivencia diaria con su hijo estaban llegando a su fin.

Al día siguiente, aprovechando que se trataba de un sábado, Riza se encargó de organizar un pequeño comité de bienvenida para el menor de los Elric. Mientras Roy acompañaba a Ed a recoger a Al, Riza preparó un gran banquete con ayuda de Gracia y la pequeña Elicia. Rebeca, Maria (quién había sido restablecida a la vida pública pero que se había abstenido de reincorporarse a la milicia) y Denny se encargaron de decorar el departamento de Roy. Poco antes de la llegada de Al, los miembros de la unidad Mustang acompañados de Sheska y el Teniente Coronel Armstrong, llegaron con algunas bebidas y unos postres preparados con una receta que había pasado de generación en generación.

Tan pronto como Roy abrió la puerta para que Al pudiera ingresar al departamento, los recién llegados fueron recibidos por una oleada de confeti, lo que hizo sonreír enormemente al menor de los Elric. Una vez que Al se sentó en el sillón más cómodo del departamento todos los presentes aprovecharon para abrazar a Al, gesto que el chico disfrutó bastante ya que en el hospital no le era permitido estar tan cerca de tantas personas por lo debilitado que había estado su sistema inmune.

La fiesta fue un torbellino de alegría y buena convivencia. A pesar de estar un poco apretados en el departamento, todos se las arreglaron para pasar un buen rato con algunos juegos de mesa e historias divertidas e incluso vergonzosas que eran compartidas por diferentes personas. En todo el tiempo Ed y Al portaron enormes sonrisas en sus rostros.

Aprovechando que todos reían ante el salto y grito de pánico que Breda soltó cuando Black Hayate rozó su pierna al acercarse a Al (Riza lo llevó para que Al pudiera disfrutar el acariciar el pelaje de un animal), Roy aprovechó para colarse en la cocina de su departamento topándose con la brillante mirada oliva de Gracia Hughes.

"¿Te sirvo?" Preguntó Gracia amablemente señalando la jarra con ponche que había preparado para la fiesta.

"Por favor." Dijo Roy mientras le extendía su vaso. En realidad estaba buscando un poco de whiskey para cerrar la tarde con broche de oro pero era difícil rechazar algo proveniente de la esposa de su mejor amigo.

"Aquí tienes."

"Gracias." Roy le dio un sorbo a su bebida mientras se recargaba contra una de las encimeras de la cocina.

Notando su aire un tanto pensativo, Gracia interrumpió el breve silencio. "Él estará bien. No va a olvidarlos ni mucho menos abandonarlos ni a ti ni a Riza. Seguramente no tardará mucho en visitarlos."

Roy sonrió. "¿Tan obvio soy?"

Gracia le devolvió la sonrisa. "Es sólo que me recuerdas a Maes la primera vez que Elicia fue a jugar a la casa de una amiga."

Roy resopló y se pasó una mano por el rostro aunque eso no borró su sonrisa. "Cielos, creí que eso sólo era cosa de él."

"Siempre me dijo que te parecías más a él de lo que te atrevías a aceptar."

Ambos comenzaron a reír ligeramente mientras recordaban cariñosamente a Maes Hughes.

Durante la primera semana de Ed en su departamento, Roy se había armado de valor para ir a visitar a las Hughes. Con todo lo que había sucedido hacía mucho tiempo que no había ido al hogar Hughes. La última vez que había ido Maes seguía con vida…

Elicia estuvo inmensamente feliz de verlo y se aferró a su pierna prácticamente durante toda su visita aún incluso cuando Roy quiso cargarla para ponerla en su regazo. Roy se disculpó con Gracia por haber tardado tanto tiempo en ir a verlas cuando debió haber estado con ellas cuando sucedió lo de Maes. Gracia, tan amable como siempre, le dijo que no tenía razón para disculparse ya que sabía que cada quién lidiaba con su dolor a su manera.

Ante la amabilidad y familiaridad con la que Gracia lo trataba a pesar de su ausencia de los últimos meses, Roy sintió que debía pagar su amabilidad con confianza por lo que le terminó contando su historia con Riza y Ed. Gracia parecía sorprendida de saber que Edward era su hijo pero no tanto por lo de Riza. No pudiendo contener su curiosidad, Roy le preguntó por qué lo de Riza no parecía sorprenderla.

"Fácil." Dijo Gracia con una sonrisa. "Sus miradas los delataban. Era obvio que había algo entre ustedes. Aunque…" Su sonrisa mostró un poco de culpa. "Debo de confesar que Maes me contó tu historia después de la fiesta del primer cumpleaños de Elicia. No pude contener mi curiosidad al verte tan nostálgico y perdido ese día. Lo siento."

"No tienes nada de lo que disculparte. Es más, perdóname a mí por no habértelo dicho antes. Maes era como un hermano para mí y debí haber depositado la misma confianza en la mujer que amaba con locura, considerando que él siempre estuvo para mí cuando lo necesitaba. Además tu también has sido como él, siempre te has portado tan amable conmigo y con Riza y nosotros no fuimos del todo sinceros contigo. Lo lamento mucho." Terminó Roy con un tono ligeramente arrepentido.

Gracia mantuvo su sonrisa mientras se estiraba ligeramente para colocar su mano sobre la de Roy. "Creo que estamos jugando a quién se disculpa más ¿no?" Roy le devolvió la sonrisa. "No tiene caso lamentarnos por el pasado, es más ahora tú y Riza tienen la oportunidad de desprenderse de su dolor pasado y disfrutar su presente." Roy quiso intervenir pero Gracia no se lo permitió. "Sé que cargan con el peso de sus errores pero eso no debería impedirles darse la oportunidad de ser felices. Además estoy segura de que Ed no quiere que se torturen con el pasado. A él le gusta caminar hacia delante ¿cierto?" Roy asintió con una expresión de orgullo en su rostro. "Así qué te parece si mejor organizamos una reunión familiar. Estoy segura que Elicia muere de ganas de ver a su tía Riza y a su hermano Ed ¿cierto, mi niña?"

"¡Sí!" Elicia soltó la pierna de Roy y rápidamente trepó en el sillón para sentarse en el regazo del pelinegro mientras agitaba sus brazos. "¡También quiero ver a mi hermano Al!"

"Tal vez Al todavía no pueda venir pero ¿qué te parece si vamos a verlo mañana al hospital?" Dijo Gracia amablemente.

"¡Sí!"

Roy sonrió mientras abrazaba a la niña. Se había torturado tanto tiempo con sus errores que había olvidado que tenía a muchas personas que lo apoyaban y querían. Había creído que con la muerte de Hughes había perdido el sentimiento de hermandad que él le brindaba pero eso no era del todo cierto. Había perdido a su hermano pero Maes, aunque no siguiera ahí, le había regalado una familia más que lo recibiría con los brazos abiertos.

Gracia era una de las pocas personas que estaban al tanto de la relación sanguínea que los unía a él y a Riza con Ed. El Teniente Coronel Armstrong había demostrado ser alguien de confianza pero Roy y Riza habían decidido compartirle su secreto cuando Ed estuviera de vuelta en Resembool. Con la magnitud de la noticia querían asegurarse de que el chico regresara con las Rockbell con todas sus costillas ilesas.

Izumi y Sig Curtis también fueron enterados de la verdad. Roy y Riza casi no los conocían pero era obvio que tanto Ed como Al los apreciaban mucho por lo que su secreto no corría riesgos de llegar a oídos equivocados. Sin embargo, la verdad llegó a la pareja de manera inesperada.

Poco antes de que Ed fuera dado de alta tras su operación, en una ocasión en la que Roy y Riza fueron a visitar a los chicos a su habitación durante su hora de comida, ambos se vieron recibidos por un intenso ceño fruncido de parte de Izumi y una clara barrera protectora con su propio cuerpo de parte de Sig frente a la cama de Al. Por la mirada de Izumi era obvio que aún tenía ciertos recelos respecto a la milicia.

Recordando quiénes eran (aunque aún le sorprendió la idea de notar que Roy realmente había recuperado la vista como Ed le había mencionado hace un par de días) Izumi habló. "Coronel, Teniente." Dijo con una ligera reverencia dirigida a cada uno. "¿A qué debemos su visita?"

"Venimos a ver a los chicos." Respondió Riza con un tono amable y procurando no avanzar un paso más, dándose cuenta que la mujer no estaba a gusto con su presencia.

"¡Hola, Coronel, Teniente!" Saludó alegremente Al desde su cama aunque los militares sólo pudieron alcanzar a ver su mano sobresalir por encima del hombro de Sig, quién cubría la visión a su cama casi por completo.

"Hey." Saludó Ed con una sonrisa.

Tanto Roy como Riza estaban a punto de devolver el saludo cuando Izumi intervino. "Bien, ya los vieron." Dijo mientras agitaba una mano en un no tan sutil gesto de que no los quería ahí por más tiempo.

Roy no pudo evitar fruncir el ceño ligeramente. "Esto no es a lo que nos referíamos."

"Sensei." Ed intentó atraer la atención de Izumi pero ella lo ignoró.

"No es mi culpa que no utilicen las palabras adecuadas." Respondió Izumi sin inmutarse.

Roy suspiró y masajeó el puente de su nariz antes de responder. "De acuerdo. Venimos a ver Y a hablar con los chicos."

"No estaremos mucho tiempo." Agregó Riza con tono tranquilo tratando de ganarse al menos un poco de confianza de parte de la mujer.

Notando que no sería fácil lograr que Izumi accediera, Ed se levantó de su cama e intentó acercarse a los tres pero el oído de su sensei inmediatamente detectó su movimiento tan pronto como sus pies tocaron el suelo.

"¡Quédate en la cama, Edward! Son órdenes del médico." Dijo mientras le dirigía una mirada severa.

Ed se estremeció notablemente. "Pero es que-"

"¡Nada de peros! A la cama." Dijo mientras le señalaba el mencionado objeto con un dedo.

Roy había notado que la mujer tenía una voz y presencia fuertes pero el tono que usó con Ed le hizo recordar que ya había escuchado su voz antes. "Es usted." Izumi volteó a verlo con una ceja enarcada. "Usted fue la que me ayudó cuando estábamos en la guarida del homúnculo." Haciendo una breve reverencia agregó. "Le agradezco su valiosa ayuda cuando terminé volviéndome una carga. Pero, sobre todo, le agradezco que haya dado todo de sí para proteger a los Elric y a todo el país."

Un destello de confusión pasó por el rostro de Izumi. De por si era raro que Ed me pidiera cuidar de su superior pero… ¿este perro de la milicia también ve por él y su hermano?

"Creo que ahora recuerdo, usted debe ser la sensei de los chicos ¿cierto?" Dijo Riza amablemente. Ante el ligero asentimiento de cabeza de la pelinegra, Riza sonrió y también hizo una ligera reverencia. "Gracias por todo lo que le ha enseñado a los chicos y por siempre ver por ellos."

La confusión de Izumi creció pero no dejó que eso la detuviera. "Sus agradecimientos no me interesan."

Aunque temiendo por su integridad física, Ed aprovechó mientras Roy y Riza hablaban para acercarse a la pelinegra para después poner una mano temblorosa en el hombro de Izumi. "Sensei, déjeme explicarle."

"Te dije que te quedaras en la cama." Dijo Izumi con tono autoritario pero Ed no se movió dirigiéndole su típica mirada determinada. Ella suspiró y colocó su mano en la cabeza del chico para atraerlo a su costado de manera protectora. "Sé que ustedes apoyaron activamente en la lucha contra el homúnculo pero…" Dijo Izumi mirando a los militares mientras examinaba sus uniformes. "si están aquí dentro de su horario laboral significa que están aquí para llevarse a Ed con ustedes ¿no?"

"Sensei…"

Izumi atrajo a Ed más hacia ella para acallarlo. "Estos chicos ya han hecho demasiado por el país. Merecen un descanso además Ed ya no tiene ninguna razón para permanecer en la milicia."

"Concuerdo con usted, señora Curtis." Dijo Riza

"Entonces váyanse. Mi marido y yo los estamos cuidando y no vamos a dejar que los presionen con sus-"

"¡No estamos aquí por lo que usted piensa!" Interrumpió Roy bruscamente al comenzar a sentirse un tanto molesto por tener que perder el poco tiempo que tenía disponible para estar con los chicos.

Si había algo que le molestaba a Izumi era que alguien la interrumpiera. "Que su salario venga de MIS impuestos no significa que tenga el derecho a interrumpirme cuando se le venga en gana." Dijo Izumi con una mirada asesina mientras se tronaba los dedos.

Aprovechando que Izumi lo había soltado, Ed la sujetó por el antebrazo tratando de tranquilizarla. "No lo hizo a propósito, Sensei. Lo que pasa es que el Coronel nunca aprendió que a veces le hace un favor al mundo cuando no habla."

Roy frunció el ceño y estaba a punto de replicar cuando Riza le dirigió una mirada severa. Ella estaba tratando de tantear el terreno poco a poco dado que Izumi parecía ser una mujer rígida y, sobre todo, muy protectora con los Elric pero Roy terminó mandando todo por el caño con su brusca intervención.

Manteniendo su tono calmo, Riza intentó salvar la situación. "Señora, si me permite podemos aclarar esta situación rápidamente."

Izumi la miró detenidamente antes de responder. "De acuerdo pero espero que este sujeto tenga la decencia de permanecer callado y no volver a interrumpirme." Dijo señalando a Roy con su pulgar.

"¿Sujeto? Si me lo hubiera permitido sabría que mi nombre es Roy Mustang." Dijo el Coronel sin ponerse a pensar en las consecuencias.

Riza suspiró pesadamente ante la actitud infantil de Roy, y Ed se palmeó el rostro. Esta conversación no saldría nada bien.

Izumi y Roy comenzaron a discutir (con un tono firme pero con un volumen bajo para evitar que alguna enfermera los terminara sacando de la habitación) saliéndose completamente de la razón por la que se había dado ese encuentro. Riza intentaba intervenir ocasionalmente con voz amable pero sus intervenciones eran fácilmente ignoradas por ambos pelinegros. Ed intentó atraer la atención de Izumi pero sólo se ganó una mirada asesina que lo disuadió de seguir intentándolo.

Tras un par de minutos de discusión sin sentido, Al suspiró y le pidió a Sig cerrar la puerta con seguro. El hombre estuvo intrigado por la petición pero la mirada de cachorro de Al fue más que suficiente para ceder ante su deseo.

Una vez que Sig cerró la puerta (siendo completamente ignorado por las cuatro personas que estaban cerca de ella), Al inhaló profundamente antes de hablar con una voz lo suficientemente fuerte para que los involucrados en la discusión lo escucharan sin que terminara volviéndose un grito que alguien del exterior pudiera oír. "El Coronel Mustang y la Teniente Hawkeye están aquí porque ellos son los padres biológicos de Ed."

La discusión se vio abruptamente cortada siendo cubierta por un denso silencio.

Izumi y Sig se quedaron congelados por unos momentos ante la sorpresa hasta que ella pudo pronunciar un confundido ¿Qué?

Riza le dirigió una sonrisa agradecida a Al antes de responder la pregunta de Izumi. "Al está diciendo la verdad. Me disculpo por no haberme dado un tiempo antes para poder contarles cómo es esto posible pero, si me permite, puedo explicarles qué fue lo que sucedió."

Izumi la miró incrédula antes de voltear a ver a Ed, quién seguía a su lado. "¿Eso es cierto?"

Con voz firme, Ed respondió. "Sí, ellos son mis verdaderos padres."

Para sorpresa de Roy y Riza, Izumi le dio un golpe en la nuca a Ed. "¿Y por qué no me lo dijiste desde un inicio?"

"Eso estaba tratando de hacer." Murmuró Ed para sí mismo mientras se frotaba la nuca, sabiendo que de nada servía que Izumi escuchara ese comentario.

Tras esto, Izumi llevó a Ed hasta su cama y se sentó a su lado mientras que Sig hacía lo propio en la cama de Al. Roy y Riza acercaron un par de sillas y comenzaron con el relato de su pasado. Al terminar, el matrimonio Curtis estaba francamente sorprendido pero Izumi no pudo evitar sentir cierta conexión con Riza al darse cuenta que ella también haría hasta lo imposible para proteger a su hijo. La hostilidad de ambos, aunque fue más evidente la de Izumi, desapareció cuando, al final del relato, los Curtis se dieron cuenta de que los padres de Ed también querían alejar lo más posible al chico del ejército.

Desde ahí se dio comienzo a una charla más agradable entre todos, dando a su vez inicio a una sincera amistad entre los Curtis, Roy y Riza. Aunque Riza se sintió un tanto incómoda al saber los detalles del tipo de entrenamiento que ella les había dado a los Elric cuando eran tan sólo unos niños, ella se sentía muy agradecida con los Curtis al darse cuenta de lo mucho que querían y buscaban lo mejor para Ed y Al.

Por otra parte, Rebeca también fue partícipe de la gran revelación, siendo una de las primeras en enterarse. El día que Roy y Riza fueron dados de alta, Rebeca fue a verlos para llevarles ropa limpia y para ayudar a Riza a guardar sus pertenencias. Su actitud respecto a Roy había mejorado pero aún así disfrutaba de molestarlo ocasionalmente con apodos e indirectas sobre su "amplio historial romántico".

Cuando Roy se dirigió al baño para rasurarse (así como para huir por unos minutos de las bromas de las que había sido objeto en los últimos minutos por parte de Rebeca), Riza decidió que era el momento perfecto para contarle la verdad. Como todos, Rebeca se quedó con la boca abierta por unos segundos antes de abrazar a Riza mientras soltaba un par de lágrimas. Después de tanto dolor era prácticamente una bendición saber que Riza había encontrado a su hijo y que el chico la había aceptado a ella y a Roy como sus padres.

Riza le devolvió el abrazo con fuerza y aprovechó para agradecerle una vez más por su amistad y por el apoyo que le había dado todo ese tiempo.

Cuando se separaron, Rebeca hizo uso de sus ojos más brillantes y suplicantes para pedirle a Riza que le presentara a Ed (en todos estos años lo había topado un par de veces pero sólo habían compartido un par de saludos rápidos). Riza estaba un poco indecisa de hacerlo ya que sabía lo efusiva que podría llegar a ser Rebeca y no sabía si Ed estaba listo para comenzar a ser presentado como su hijo pero, cuando su amiga le recordó que quería conocer a su ahijado honorario, no pudo resistirse más. Era lo mínimo que podía hacer por Rebeca, quien la había ayudado en todo momento.

Riza le avisó a Roy que saldría por un momento y, en compañía de Rebeca, se dirigió a la habitación de los Elric. En cuanto ingresaron a su destino, Riza se aseguró de cerrar la puerta con seguro antes de acercarse a saludar a cada uno de los chicos, empezando con Alphonse. Tras saludar a Edward, se quedó a su lado antes de presentar apropiadamente a Rebeca.

"Alphonse, Edward, supongo que ya se habrán topado en alguna ocasión pero déjenme presentárselas como es debido. Ella es Rebeca. Es mi amiga o más bien casi casi debería decirle mi hermana." Dijo mientras le dirigía una sonrisa a su amiga. "Ella me ha apoyado bastante desde que la conocí en la academia militar. Incluso ella fue la que me ofreció la casa de su hermano durante mi embarazo." Los ojos de los chicos se abrieron un poco más al entender que la pelinegra estaba al tanto del secreto. "Es más, podría decirse que ella es tu madrina honoraria, Edward." Tras dirigirle una sonrisa a ambos chicos, volvió a ver a su amiga. "Rebeca, ellos son los hermanos Elric. Alphonse…" Dijo mientras miraba al susodicho por un momento.

"Gusto en conocerla." Dijo educadamente Al con una sonrisa.

Rebeca se acercó al chico para estrechar su mano. "El gusto es todo mío, Alphonse. He escuchado mucho de ustedes dos aunque te recordaba más alto."

Al se llevó una mano a la nuca mientras soltaba una ligera risa. "Sí, supongo que han habido algunos cambios en los últimos días."

"Pero parece que todo es para bien." Dijo mientras le dirigía una sonrisa a Riza antes de regresar a ver a Al. "Además, qué bueno que ya no llevas esa enorme armadura. Estabas privando a todas las jovencitas de admirar ese bello rostro. No me sorprendería que, en cuanto salgas de aquí, se funde un club de fans en tu honor." Dijo con una sonrisa pícara.

Al se sonrojó. "Oh… gracias… supongo." Respondió avergonzado.

Rebeca le dio unas palmaditas en la mejilla a Al (provocando que el sonrojo del chico se intensificara) antes de voltear a ver a Riza con una mirada expectante.

Riza suspiró ante la inmensa confianza con la que su amiga se acercó al chico, para después sonreír con alegría y orgullo. "Y él…" Colocó una mano en el hombro del chico. "Es Edward, mi hijo."

Riza le dio un apretón cariñoso al hombro del chico antes de apartarse un poco de la cama para permitir que Rebeca se acercara a Ed mientras él miraba a su amiga con curiosidad.

"Vaya…" Dijo Ed mientras asimilaba las palabras de Riza, dándose cuenta de que era la primera vez que sus padres biológicos lo presentaban como su hijo. Un poco nervioso, dijo. "Eh… mucho gusto. Gracias por ayudar tanto a la Te-" Sacudió su cabeza ligeramente. "Gracias por ayudar a mamá."

Rebeca sonrió ampliamente mientras agitaba una mano dimisivamente. "No tienes que darme las gracias por nada. Lo hice con mucho gusto. Riza es la mejor amiga que pude haber tenido." Comenzando a invadir el espacio personal de Ed, agregó. "No sabes el gusto que me da conocerte. Déjame decirte que después de Riza, obviamente, yo fui la primera que se enteró que venías en camino."

"¿En serio? Cielos no lo ha-"

Ed se vio bruscamente interrumpido cuando Rebeca cubrió la escasa distancia que los separaba para atraerlo a sus brazos, estrechándolo con fuerza contra su pecho provocando un ligero rubor en las mejillas del rubio.

"No lo puedo creer, ¡finalmente puedo conocerte! ¡Estás tan grande! Bueno, considerando quién es tu idiota padre creí que ya estarías casi de su altura pero bueno, quizás sea tu destino ser un poco bajito."

Una vena se hinchó en la frente de Ed pero Rebeca mantenía un increíble fuerte agarre en él lo que le impidió replicar ante su comentario. Así que comenzó a agitar levemente sus brazos ya que, además de su orgullo herido, le estaba costando un poco respirar.

"Becky." Intentó intervenir Riza al notar lo oprimido que su amiga tenía a su hijo.

Ignorando a Riza, Rebeca comenzó a agitar levemente a Ed de un lado a otro sin aflojar su agarre. "¿Sabes que eres el único ahijado que tengo? No quise que nadie ocupara tu lugar así que no soy madrina de nadie más. Bueno nadie me lo ha pedido pero aunque lo hubieran hecho, no lo hubiera aceptado." Soltó una ligera risa. "Aunque debo de admitir que aún me cuesta asimilar que eres hijo de Mustang. Ósea ¿Riza y Mustang? A veces pienso que tu madre perdió la cabeza cuando se enamoró de él. Incluso, en un inicio, creí que o él se había aprovechado de ella o que simplemente Riza se dejó llevar por sus músculos. Odio decirlo pero tengo que reconocer que tu padre siempre ha tenido un cuerpo envidiable."

"¡Rebeca!" Exclamó Riza con un ligero sonrojo en sus mejillas.

En esta ocasión Rebeca sí volteó a verla pero sólo le dedicó una enorme sonrisa de falsa inocencia antes de seguir con su monólogo. "Aunque… ¿qué es esto que siento?" Rebeca estrechó aún más a Ed por un momento antes de separarse y colocar sus manos en los antebrazos del chico dándoles algunos apretones mientras el rubio recuperaba el aliento. "Vaya, vaya. Parece que lo de la condición física puede ser transmitida genéticamente. De seguro haces pesas ¿cierto? Pero… ¿qué pasó con tu brazo metálico?" Preguntó intrigada.

Un poco aturdido por el poco oxígeno que había recibido y ligeramente adolorido por parte de su hombro derecho, Ed respondió. "Es una larga historia." Dijo mientras intentaba dar un paso hacia atrás topándose con la pequeña mesa de noche que se encontraba en la habitación, impidiéndole poner entre ellos toda la distancia que deseaba.

"Bueno, ¿qué te parece si vienes un día a mi departamento? Como tu madrina tengo todo el tiempo del mundo para escuchar todo sobre tí."

"Gracias, supongo eh… ¿Teniente?, si no mal recuerdo."

"¿Cómo que 'Teniente'?" Dijo Rebeca mientras inflaba sus mejillas y se llevaba las manos a las caderas. "Soy tu madrina, no lo olvides. Aunque bueno no he escuchado a muchos ahijados dirigirse de esa manera a sus madrinas. Hmmm ¿qué te parece 'tía Becky'? ¿O simplemente 'Becky'? No tenemos que ser formales entre nosotros, al fin y al cabo somos prácticamente familia ¿no?"

Riza sonrió ante el comentario de Rebeca y Ed la imitó. Rebeca era una bomba de energía y se tomaba ciertas libertades pero debía confesar que, aunque ciertamente era invasiva de su espacio personal, era agradable. Eso sin mencionar que se sentía agradecido con ella por haber apoyado a su madre cuando seguramente se encontraba preocupada respecto a su embarazo.

Ed se llevó una mano a la barbilla por unos segundos. "Puedo intentarlo. Sólo será de acostumbrarme."

"¡Esa es la actitud!" Dijo Rebeca alegremente antes de acercar su rostro a pocos centímetros del de Ed, provocando que el chico se sobresaltara ligeramente. "Cielos, no puedo creer que no haya prestado atención antes. Tienes un color de ojos bastante inusual." Volteando su rostro ligeramente hacia Riza, se dirigió a su amiga. "Riza, ¿estás 100% segura que es hijo del Coronel idiota?"

Llevándose una mano a la frente mientras suspiraba, Riza respondió. "Por centésima vez, Becky, sí, Edward es hijo mío y de Roy. Bien sabes que no ha habido nadie más en mi vida."

"Lo sé, pero admítelo. Te encanta que te diga eso para que puedas reafirmar a los cuatro vientos tu amor por tu hombre de fuego." Dijo Rebeca con una sonrisa.

Nuevamente las mejillas de Riza se sonrojaron. "Becky, ¿no crees que estás muy cerca de Edward?"

"Vaya, no creí que fueras de esas madres celosas y sobreprotectoras, amiga." Dijo Rebeca con una sonrisa descarada para después volver a ver fijamente a Ed. Sin previo aviso llevó ambas manos a las mejillas del chico manteniendo la extrema cercanía entre sus rostros. "Debo decir que eres muy apuesto." El sonrojo de Ed fue más visible. "Tus padres sí que saben hacer bebés guapos." Dándole unos pellizcos a las mejillas de Ed, finalmente se apartó un paso de él para mirar a su amiga. "Oye, Riza, ¿por qué no eres mayor?"

Mientras Ed aprovechaba el pequeño espacio para huir al lado de su hermano, Riza preguntó. "No te entiendo. ¿A qué viene tu pregunta?"

"¿Que no es obvio? Para que pudieras traer a Ed a este mundo unos años antes. Sería el partido perfecto para mí ¿no lo crees?"

Riza rodó los ojos. "Te agradezco los cumplidos para mi hijo pero basta de bromas. Nos estás abrumando a todos." Dijo mientras señalaba discretamente con su cabeza a Ed, quién seguía sonrojado y con un aire de cautela.

"No estoy bromeando." Volteando a ver al mayor de los Elric, le dirigió una sonrisa coqueta. "No tengo experiencia con hombres menores a mí pero siempre hay una primera vez. Puedo esperar a que cumplas la mayoría de edad, ¿qué dices?" Concluyó con un guiño.

Ed se cubrió con el cuerpo de Al para evitar seguir haciendo contacto visual con Rebeca.

Antes de que Rebeca forzara al chico a dar una respuesta, Riza colocó sus manos en los hombros de la pelinegra dándole ligeros empujones en dirección a la puerta. "Suficiente, Becky. Creo que esto fue una mala idea."

Rebeca enterró los pies en el suelo y agitó sus brazos frenéticamente. "¡Espera! ¡Espera! ¡Estaba bromeando! Ya sabes cómo soy, además ¿qué clase de madrina sería si me metiera con mi propio ahijado?"

Después de una breve discusión un tanto dramática por cortesía de Rebeca, la pelinegra se controló lo suficiente para tener una conversación civilizada con todos los presentes en la habitación. Aunque Ed se mostró un poco reservado al inicio por la actitud tan confianzuda de Rebeca, conforme iba transcurriendo la conversación fue acostumbrándose a su personalidad e incluso descubrió que ella tenía unos apodos bastantes divertidos para Roy. Además se terminó dando cuenta de que, a pesar de sus excentricidades, Rebeca definitivamente era una buena persona.

Los Elric, Riza y Rebeca pasaron un agradable rato y, a partir de ese día, Rebeca se volvió una de sus visitantes frecuentes siempre que podía. Sin embargo, aunque la pelinegra le agradaba a Ed, al chico le estaba costando trabajo adaptarse a las muy constantes invasiones de su espacio personal por parte de ella.

Por lo anterior, a Roy no le sorprendió ver que, tras salir de la cocina después de su breve conversación con Gracia, Ed se estaba colocando del otro lado de la sala para poner algo de distancia con Rebeca, después de que esta última le diera otro abrazo sofocante. Quizás no tuviera la musculatura y fuerza del Teniente Coronel Armstrong pero sin duda la pelinegra no se quedaba atrás en mostrar sus emociones.

Viendo que Ed, una vez en su nuevo rincón un poco apartado de los demás, respiraba profundamente para recuperar el aliento, a Roy se le escapó una ligera risa que no pasó desapercibida para el mayor de los Elric.

"¿Qué?" Preguntó Ed con el ceño fruncido.

"Nada." El ceño fruncido de Ed se marcó más. "Parece que el Teniente Coronel Armstrong no es el único que sabe cómo quitarte el aliento."

El ceño fruncido de Ed desapareció, dando paso a una expresión pensativa. "A veces pienso que las mujeres son más aterradoras que hombres como el Teniente Coronel." Dijo mientras se estremecía ligeramente.

Roy se acercó y recargó su espalda contra la pared en la que se encontraba Ed. "Aterradoras ¿eh?" Su mirada encontró a Riza, quién estaba platicando felizmente con Al mientras el chico seguía acariciando a Black Hayate. Esto provocó una sonrisa en su rostro. "Tal vez tengas razón, las mujeres pueden llegar a ser aterradoras pero las razones pueden ser diferentes." Ed enarcó una ceja. "Por ejemplo, la General Armstrong casi puede matarte con una sola mirada, mientras que Riza sabe cómo dar miedo en la oficina cuando se pone seria. Aunque… creo que quizás es más aterrador lo que me hace sentir. Con su sola presencia Riza ha hecho que no haya pensado en otra mujer más que en ella desde hace casi 20 años."

"¿Entonces te aterra estar enamorado?"

La sonrisa de Roy se ensanchó. "¿De Riza? Jamás. En realidad me siento bendecido de que ella corresponda mis sentimientos y que me haya dado un hijo como tú." Dijo mientras ponía una mano en el hombro del chico.

En ese punto Ed ya estaba acostumbrado a las ocasiones en las que Roy le decía hijo por lo que ya no se inmutó cuando el pelinegro puso una mano en su hombro y simplemente sonrió. "¿Quién lo diría? Hasta los bastardos procrastinadores pueden enamorarse perdidamente."

"Hey." Lo reprimió ligeramente Roy.

"¿Qué, viejo?" Preguntó Ed con una enorme sonrisa mientras se refería a Roy como últimamente lo hacía.

Notado la chispa de travesura que estaba en sus ojos, Roy comprobó que su ligero insulto no era en serio, por lo que decidió molestarlo un poco. "Sólo espera a que te toque. Cuando el amor llame a tu puerta entenderás lo que es estar perdidamente enamorado." La mano que mantenía en el hombro del rubio le hizo sentir el sutil estremecimiento de Ed. "Aunque… aparentemente ya no tienes que esperar."

Un ligero sonrojo apareció en las mejillas de Ed.

Ante la falta de respuesta del rubio, Roy preguntó. "¿Qué pasa?"

"N-nada. Es sólo que no sé a qué te refieres." Dijo con un tono de falsa incredulidad.

"Oh, ¿en serio?" Suspiró exageradamente. "Pobre señorita Rockbell. Me temo que tendrá que esperar un largo tiempo."

"¡¿Por qué mencionas a Winry?!"

"¿Acaso me equivoco?" Preguntó Roy con una sonrisa sabionda en su rostro.

Ed lo miró en silencio por unos momentos con la boca ligeramente abierta mientras su rostro pasaba de un sutil sonrojo rosado a un rojo intenso. No encontrando manera de refutar lo que el General decía, Ed se cruzó de brazos y volteó su rostro al lado opuesto de donde se encontraba Roy. "Como sea."

Roy no pudo evitar reír brevemente. "Vamos, hijo, no tienes que estar apenado. Lo que sientes es completamente normal."

Ed fingió no escucharlo.

Roy suspiró. "¿Qué te parecen un par de consejos?"

Ed volvió a mirarlo. "¿Del mujeriego más reconocido en todo el Este y Central? Paso."

"Ed…"

"Ya, ya. Sólo bromeaba." Dijo Ed, quién ya estaba más al tanto del supuesto historial romántico de Roy. "Creo que me las puedo arreglar perfectamente bien solo."

"Claro, como eres completamente capaz de hablar del amor sin parecer un tomate..." Dijo Roy sarcásticamente.

"¡Hey! Eso fue porque me agarraste desprevenido." Mintió Ed.

"Sí, sí lo que tú digas."

Ed frunció el ceño. "¡Es en serio!"

"Claro."

"Bastardo." Murmuró entre dientes Ed.

"Sólo te pediré que recuerdes algo, Ed."

"¿Qué?"

"La charla que te di hace un par de años. Soy demasiado joven como para que me conviertas en abuelo."

Justo cuando el sonrojo de Ed parecía estar desapareciendo, éste volvió con mayor intensidad. "¡¿Qué demonios?! ¡¿Por qué tienes que estar recordándome eso si ni siquiera tengo novia?! Además aunque quiera tener hijos eso no quiere decir que los quiera ya." Dándose cuenta de lo que había salido de su boca, Ed se llevó una mano a ella para cubrirla

Roy lo miró con una ceja enarcada mientras trataba de controlar la risa que quería escapársele. "Hijos… Conque no sólo uno ¿eh?" Haciendo un esfuerzo por ponerse serio, colocó una mano en el hombro de Ed. "Si los quieres, entonces, por el momento, procura no decirle nada a la señorita Rockbell. La puedes ahuyentar."

El rostro de Ed no podía ponerse más rojo de lo que ya estaba, por lo que, tras unos segundos Roy no pudo contenerse más y comenzó a reír. Dándose cuenta de que algunos volteaban en su dirección, Ed le dirigió un ceño fruncido a Roy antes de salir corriendo a la cocina del departamento.

Justo cuando Roy se estaba limpiando una lágrima, Riza apareció a su lado con expresión curiosa y un poco preocupada. "Roy, ¿qué le hiciste a Edward?"

"¿Por qué siempre tienes que asumir que yo le hice algo?" Riza sólo lo miró con expresión seria y una ceja enarcada, provocando que él suspirara antes de responder. "Lo juro, no le hice nada. Él solito se puso el pie."

"¿A qué te refieres?"

Notando que los demás habían devuelto su atención a sus propias actividades y que el Teniente Coronel Armstrong estaba hablando animadamente con Ross y Brosh, Roy atrajo a Riza hacia él con un brazo. "Sin darse cuenta me confesó que le gustaría tener hijos." Apartó con dulzura un mechón de cabello de Riza, colocándolo detrás de su oreja.

Riza también verificó que Armstrong estuviera ocupado antes de recargarse un poco más en Roy.

Ante las palabras del pelinegro, Riza no pudo evitar sonreír. "¿Y de casualidad esa confesión provino de algo relacionado con Winry?"

"Efectivamente."

"Entonces, ¿qué es lo gracioso? A mi me parece adorable." Dijo Riza confundida ante la gran risa que Roy había soltado momentos antes.

"Concuerdo contigo." Le dio un beso en la frente. "Lo que sucede es que no puedo creer lo mucho que Ed se parece a mí. Probablemente yo tenía la misma edad de Ed cuando comencé a pensar que me gustaría formar una familia contigo en el futuro." Riza se sonrojó ligeramente. "Esa similitud me causó gracia y eso sin mencionar la expresión tan avergonzada que tenía nuestro hijo cuando se dio cuenta de lo que había dicho." Concluyó con una sonrisa.

Riza le dio un suave golpe cariñoso en el hombro mientras se apartaba de él. "No deberías reírte así de tu hijo, sobre todo cuando tú mismo admites que estabas igual que él a su edad." Dijo con una sonrisa, no pudiendo evitar sentirse un poco divertida con la situación. "Además, me parece sorprendente que hasta apenas te des cuenta de lo similares que son ustedes dos. Aunque bueno, supongo que más vale tarde que nunca." Riza agregó con un ligero tono de burla para molestar un poco a Roy.

Roy hizo cara de puchero. "Riza, ¿acaso estás insinuando algo?"

"Para nada." Respondió Riza con una sonrisa que hizo que Roy se olvidara de la ligera burla que la rubia le había hecho. "Será mejor que vaya a ver a Edward. No me gustaría que se perdiera el resto del festejo." Dándole un beso en la mejilla, Riza se dirigió hacia la cocina seguida atentamente por la mirada de Roy.

Voy a extrañar esto. Pensó Roy con una sonrisa un tanto triste. Tras los acontecimientos del día Prometido, estaba dispuesto a perseguir una relación romántica con Riza pero, desafortunadamente, su hijo no estaría con ellos. Sabía que la distancia era algo relativo pero cuando Riza y Ed estaban en su departamento realmente sentía que estaba en el hogar que siempre soñó. El hogar que Hughes siempre le insistió que persiguiera.


Al caer la noche la fiesta llegó a su fin. Los invitados se despidieron con fuertes abrazos y buenos deseos para los dos Elric, sabiendo que seguramente los chicos no tardarían mucho en partir con rumbo a Resembool.

Rebeca, Havoc y Breda se quedaron tiempo extra en la sala, argumentando que estaban en una reñida competencia de poker. Riza les agradeció, pero los tres fingieron no entender porqué les agradecía y bromearon diciendo que Roy seguramente se cansaría de ellos y los sacaría a patadas de ahí. Riza sonrió ante sus comentarios sabiendo que en realidad esos tres estaban haciendo tiempo para esperarla y, posteriormente, acompañarla a su propio departamento para, de esa manera, ayudar a que no se viera sospechoso que Riza saliera durante la noche del departamento de Roy.

Como Al había comenzado a bostezar un poco, Ed le dijo que era mejor que durmiera por lo que ambos hermanos se dirigieron a la habitación de huéspedes. Tras unos minutos, alguien llamó a la puerta de la habitación.

"Adelante." Dijo Ed, quien se encontraba parado del lado de la cama en el que estaba recostado Al.

Roy y Riza entraron a la habitación.

"¿Todo bien? ¿Necesitan otra almohada o más sábanas?" Preguntó Roy a pesar de que el día previo había hecho esas preguntas varias veces para asegurarse de que Al estuviera lo más cómodo posible.

Ed rodó los ojos pero su sonrisa delataba que estaba agradecido. "Por centésima vez, todo está bien, viejo."

Al, quien se encontraba recostado en la cama con su pijama ya puesta, respondió. "Todo bien por aquí, General. Muchas gracias. Y también muchas gracias a usted, Teniente. La fiesta fue muy divertida." Dijo con una sonrisa.

Riza le devolvió la sonrisa. "Me alegra que la hayas disfrutado, Alphonse."

"Bastante, creo que con todo lo que comí hoy ya debería ganar al menos unos tres kilos." Dijo Al con una risita que se vio interrumpida por un nuevo bostezo.

"Bueno, creo que esa es nuestra señal." Dijo Roy mientras llevaba su mano al pomo de la puerta. "Si necesitan algo no duden en decirme."

Riza estaba a punto de acercarse a ambos chicos para darles un beso en la frente cuando Ed habló.

"Espera." Roy volteó a verlo. "En realidad, necesito hablar con ambos."

Roy enarcó una ceja pero no dijo nada, optando únicamente por acercarse al lado de Riza para colocar su brazo alrededor de los hombros de la rubia.

"¿Qué sucede, Edward?" Preguntó Riza.

"Pues…" El chico agachó la mirada por unos momentos antes de continuar. "Verán, Al y yo hemos estado hablando los últimos días y…" Se mordió el labio inferior antes de concluir mientras los miraba fijamente. "Estábamos pensando en tomar el tren del lunes a mediodía."

"Oh." Exclamó Roy al mismo tiempo que atraía, inconscientemente, un poco más a Riza hacia él.

Para Ed no pasaron desapercibidos los sutiles cambios de expresión en sus padres. Ambos se esforzaron por mantener rostros serenos pero sus miradas dejaban entrever la ligera tristeza que la noticia les causaba.

Tratando de hacer algo al respecto, Ed se apresuró a agregar. "No es que no me guste estar con ustedes pero-"

Riza lo interrumpió esbozando una sonrisa tranquilizadora. "No tienes que darnos explicaciones, Edward."

Dándose cuenta de la sutil tristeza de Riza, Al intervino. "Quizás podamos esperar unos días más."

"Sí y al fin y al cabo salen varios trenes hacia Resembool. " Secundó Ed.

"Estaremos bien, hijo." Roy dijo con una ligera sonrisa. "Gracias por preocuparse por nosotros pero sabemos que a ambos los esperan con ansias en Resembool. Sería egoísta de nuestra parte retenerlos aquí."

"¿Están seguros?" Preguntó Ed.

Ambos asintieron y Riza dijo. "Por supuesto. Los vamos a extrañar mucho pero sabemos que esto no es una despedida."

Al sonrió ligeramente. "Claro. Me comprometo a recordarle a Ed que tiene que llamar y enviar cartas."

"Hey." Ed se quejó.

"Debes admitir que ese no es tu fuerte, hermano. ¿Por qué crees que Winry casi siempre te recibe con una llave en la cara por no haberle avisado que íbamos en camino?"

"Tú tampoco le llamabas."

"Sólo seguía tu ejemplo." Dijo Al con una sonrisa de falsa inocencia.

Ed le dirigió una mirada con el ceño fruncido a Al antes de voltear a ver a sus padres. "Bueno, también, si no están muy ocupados, podríamos venir a verlos."

"Eso me encantaría." Dijo Riza con una sonrisa que parecía cubrir la tristeza que había sentido antes.

"Sí. No olvides que esta es tu habitación así que puedes usarla cuando quieras." Agregó Roy también con una sonrisa en su rostro.

Los ojos de Ed se abrieron un poco más ante la sorpresa y un ligero sonrojo apareció momentáneamente en sus mejillas mientras se rascaba una de ellas con un dedo. "Oh… ok."

"Además, espero que no les importe si también los visitamos en Resembool." Dijo Roy.

"Eso sería estupendo." Dijo Al con una sonrisa.

"Sí, pueden ir cuando quieran." Concordó Ed con una sonrisa antes de que su expresión se volviera pensativa. "Aunque-"

Riza lo interrumpió. "Seguramente la señora Rockbell no estará muy contenta de vernos." Ed asintió un poco avergonzado. "No te preocupes, Edward. Roy y yo estamos conscientes de ello por eso estábamos pensando en ir a verla pronto para hablar con ella. Quizás no quiera saber de nosotros pero de igual forma tenemos que agradecerle por todo lo que ha hecho por ustedes."

Roy se llevó su mano libre a la nuca. "Además todavía le debo una disculpa por la forma en la que entré a su casa."

"Deberías saber que por eso ella siempre ha dicho que tienes unos pésimos modales." Dijo Ed.

Roy suspiró y se pasó la mano por el rostro. "Lo tengo bien merecido." Bajó su mano y sonrió. "En fin… nos gustaría ir a Resembool con ustedes pero me temo que tenemos unos asuntos pendientes en la oficina que tenemos que atender el lunes así que, ¿estaría bien si fuéramos a visitarlos el próximo fin de semana?"

"Claro." Dijo Ed con una enorme sonrisa. Habían sido sólo dos meses desde que había aceptado su origen y a sus padres biológicos pero sabía que los iba a extrañar mucho cuando estuviera en Resembool por lo que la idea de verlos pronto era un gran alivio.

"Bien, entonces mañana arregláremos todo para que puedan irse a Resembool el lunes." Dijo Riza con una sonrisa.

"Gracias, Capitana." Dijo Al.

Tras un poco más de plática, Roy y Riza se retiraron de la habitación no sin antes darles un abrazo y un beso en la frente (por parte de Riza) y revolverles el pelo un poco (por parte de Roy).


El lunes al mediodía, Roy, Riza, Ed, Al y Fuery (para guardar las apariencias) se encontraban sentados en las bancas de la estación de tren esperando a que dieran el anuncio para abordar el encaminado a Resembool. Los tres adultos iban vestidos con sus uniformes militares ya que habían aprovechado la hora de almuerzo para llevar a los Elric a la estación queriendo estar con ellos hasta el último momento.

Cuando el vocero de la estación anunció que el tren hacia Resembool saldría en cinco minutos, Al dijo que quería adelantarse dado que aún se movía un poco lento (aunque todos estaban agradecidos con él sabiendo que quería darles un par de minutos a solas), por lo que Fuery se ofreció a acompañarlo una vez que Roy y Riza se despidieron de él.

Una vez que Al se alejó un par de metros de ellos, Ed despegó la mirada de su hermano para voltear a ver a sus padres mientras se balanceaba levemente con sus pies. "Bueno… supongo que es mejor que suba al tren."

Riza fue la primera en acercarse a él. "Cuídate mucho, Edward." Lo atrajo hacia ella para estrecharlo fuertemente. "Por favor, cuando lleguen llámanos."

Ed devolvió el abrazo con fuerza mientras reía ligeramente para sí mismo. Todavía se encontraba con ciertas cosas a las que tenía que acostumbrarse pero que le agradaban. Hacía mucho tiempo desde que había escuchado a su madre, Trisha, darle alguna indicación cuando iba, por ejemplo, al pequeño mercado de Resembool.

"Lo haré. También cuídense mucho." Tragando saliva ante lo que iba a decir, Ed agregó. "Los voy a extrañar… Capitana." Aunque no hubiera mucha gente en el andén, el chico optó por referirse a Riza por su título para no arriesgarse a que alguien los escuchara.

"También te vamos a extrañar mucho." Renuentemente, Riza se apartó de él y lo mantuvo unos segundos a una pequeña distancia de ella para poder poner sus manos en los hombros del rubio. Con una sonrisa le dijo. "Al menos no tardaremos en vernos de nuevo. Nos veremos el fin de semana ¿sí?"

"Por supuesto." Dijo Ed con una gran sonrisa. Cuando Riza apartó sus brazos, el chico se volteó en dirección a Roy. "Hey."

Roy tragó saliva tratando de apartar el nudo que se quería formar en su garganta. ¿Cómo era posible que el gran y poderoso Alquimista de Fuego tuviera ganas de llorar por una simple despedida? ¡Qué ridículo! No era como si fuera a extrañar los ronquidos de Ed, o el tener su compañía a la hora del desayuno, o hablar de temas de alquimia después del trabajo, o verlo dormir, o… Roy sacudió su cabeza ligeramente. Ese rumbo de pensamientos definitivamente terminarían haciéndolo llorar.

Dándose cuenta de que Ed enarcaba una ceja ante su falta de respuesta, Roy carraspeó e intentó usar la voz firme que utilizaba para asuntos del trabajo. "Espero que hagas caso a lo que dijo la Capitana y cumplas con esa llamada, Ed."

Ed rodó los ojos. "¿Qué pasa con esa voz, Coronel bastardo?" A pesar del ascenso que Roy había recibido, el chico nunca lo había llamado 'General'. "No estamos en la oficina."

Roy sonrió. Había usado su tono firme para evitar que se notara que quería llorar pero ¿cuál era el problema? Su hijo iba a estar lejos de él. Era normal que lo fuera a extrañar.

Roy le extendió su mano al chico y dijo con voz suave que logró evitar que se quebrara en medio de sus palabras. "Cuídate mucho, Ed. Va a ser extraño no tenerte por aquí pero sabes que aquí estamos para lo que necesites. Tan sólo basta una llamada y créeme que estaremos contigo lo más pronto posible."

Ed le devolvió la sonrisa mientras tomaba la mano de Roy y le daba un apretón. "Claro, gracias. Procura no holgazanear mucho en el trabajo."

Sin soltar la mano de su padre, Ed volteó a ambos lados para vigilar que nadie los estuviera viendo y, al ver que las pocas personas que estaban en el andén estaban ocupadas subiendo su equipaje o hablando con personal de la estación, dio un paso al frente y envolvió a Roy en un abrazo.

Aunque le faltaban algunos centímetros para llegar al oído de Roy, Ed alzó ligeramente su rostro para estar lo más cerca posible del oído del pelinegro para así poder murmurarle en voz muy baja. "Más te vale cuidar bien de mamá, si no te las verás conmigo… papá."

Roy se desconcertó ante la acción del chico. Aunque recientemente Roy lo despeinaba o chocaban puños durante su estadía en su departamento, no se habían abrazado de esa manera desde que habían hecho las paces en el hospital. No es que Roy no quisiera hacerlo pero a veces temía forzar su relación y, en esta ocasión, no se había animado a abrazar al rubio por precaución. Sin embargo, tan pronto como sintió los brazos de su hijo, él le devolvió el abrazo con fuerza, simplemente aflojándolo un poco mientras abría la boca ligeramente ante la sorpresa de escucharlo llamarlo 'papá'. Era la primera vez que lo hacía.

Sin darle mucho tiempo para procesar lo que había sucedido, Ed se apartó manteniendo la sonrisa de su rostro. "Se te van a meter las moscas, bastardo." El chico se agachó para recoger su maleta. "Bien, será mejor que suba." Dirigiéndoles una sonrisa a ambos, Ed comenzó a correr hacia el tren. Tras unos metros de distancia, se volteó y agitó su mano libre. "Nos vemos el fin de semana." Sin esperar respuesta, subió al tren topándose con Fuery, quién estaba a punto de descender del tren.

Riza vio con una sonrisa a Ed hasta que desapareció de su vista. Aún un tanto triste por su partida, suspiró y volteó a ver a Roy. "General, debería hacer caso a lo que le dijo Edward."

Roy cerró su boca y sacudió su cabeza ligeramente antes de responder. "Cierto, Capitana." Sonrió sinceramente mientras disfrutaba en su mente que su hijo lo hubiera llamado 'papá'. "Espero que esta semana se pase volando."

Riza asintió manteniendo su sonrisa y, tras asegurarse de que nadie los viera, le dio un apretón cariñoso a la mano de Roy. Aunque fuera breve, Roy respondió rápidamente con un apretón de su parte antes de que Riza apartara su mano.