N/A: Hola!
Ya estamos de vuelta :D
De verdad esperamos que hayan pasado unas hermosas festividades al lado de sus seres queridos. Les deseamos lo mejor para este nuevo año.
Respecto al capítulo, es oficial que este es el antepenúltimo, no podemos creer que ya estamos tan cerca de terminar, nos da alegría pero también tristeza porque nos hemos divertido y encariñado con esta historia.
Al estar tan cerca del final, es hora de ir atando ciertos cabos sueltos y después de toda la montaña rusa de emociones que les hemos dado a nuestros queridos personajes, es hora de darles momentos de paz y alegría.
Esperamos que nos sigan acompañando en estos últimos capítulos y no duden en dejarnos sus opiniones, por favor :D
Disfruten el capítulo!
Gracias por leer
Saludos!
Golden y Flame
Disclaimer: Los personajes de Fullmetal Alchemist no nos pertenecen. Sólo estamos divirtiéndonos con ellos.
Capítulo 35. En las buenas y en las malas
Habían transcurrido un par de meses desde el juicio que enfrentaron Roy y Riza. Después de todo lo ocurrido, todos sus amigos de la milicia tuvieron que regresar a sus puestos el día siguiente, excepto Breda y el Teniente Coronel Armstrong, quienes con permiso de Grumman, pudieron postergar un par de días más su regreso para que Roy les compartiera toda la información que estaba manejando en el comando del Este ya que hasta que se cumpliera su condena, él no podría poner un pie en el cuartel. Por su parte, Ed y Winry decidieron permanecer una semana más en Central para asegurarse de que los padres de Ed estuvieran sobre llevando bien la situación actual en la que se encontraban.
El día previo a su partida, Ed se encontraba arreglando su maleta en el cuarto que había ocupado en casa de su abuela cuando Roy apareció en su puerta cruzado de brazos recargándose contra la pared.
"Si nada más haces bolita tu ropa se arrugará y al final no podrás cerrar la maleta."
Ed se sorprendió ligeramente al escuchar la voz de su padre. "¿Y tú qué sabes?"
El pelinegro sonrió. "Bastante más que tú por lo que veo."
"Eso crees tú." Refunfuñó el muchacho, tratando de cerrar sin mucho éxito su apretada maleta, provocando una ligera risa en Roy. "No digas nada."
Roy se acercó y comenzó a sacar la ropa de su hijo para doblarla y acomodarla nuevamente en la maleta. "Si doblas tu ropa y la acomodas prolijamente en la maleta, será mucho más fácil cerrarla al final, sin mencionar de que disminuirás la posibilidad de que se arrugue. Recuerda que tienes que cuidar tu apariencia personal ahora que tienes una bella chica a tu lado." Dijo sonriendo.
Ed se sonrojó ligeramente mientras hacía lo que su padre le había comentado. "Lo sé, no pude haber estar viajando todos estos años sin aprender a hacer una maleta, simplemente quise ahorrarme algo de tiempo en esta ocasión. Además, ¿cómo es que sabes esto de la ropa y las maletas?"
"Durante las primeras veces que iba y venía de casa de tu madre, tu abuela se molestaba cuando veía cómo batallaba en cerrar la maleta sin mencionar en cómo llegaba la ropa llena de arrugas." Dijo Roy haciendo una ligera mueca. "Las primeras veces que intenté ser "ordenado" con mi ropa no tuve mucho éxito, todavía era pequeño pero temía que mi madre se molestara conmigo, así que Riza se compadeció de mí y desde entonces ella siempre me ayudó con mi maleta hasta que aprendí a hacerlo por mí mismo."
"De verdad serías un inútil sin la ayuda de mi madre, ¿no es así?" Ed bromeó riendo ligeramente.
"Muy gracioso, Ed." Replicó Roy fingiendo enojo.
"Espero que no hayas puesto a mamá a guardar tus calzoncillos." Ed dijo sonriendo traviesamente.
"Por supuesto que no." Replicó ligeramente indignado pero no pudo evitar recordar la primera vez que Riza lo ayudó con su maleta, ocasión en la que precisamente la rubia había visto su ropa interior.
"Lo que digas." Dijo Ed mientras terminaba de cerrar la maleta. "Oye, ¿mamá y tú estarán bien? Si quieren pueden pasar una temporada en Resembool, estaremos un poco apretados pero nos la arreglaremos." Mencionó el muchacho con un tono más serio.
Roy sonrió complacido. "Gracias, Ed. No te preocupes, estaremos bien." Colocó una mano sobre el hombro de su hijo y lo apretó ligeramente. "Admito que será raro el no tener que ir al comando durante los próximos meses pero eso no nos detendrá a tu madre y a mi de seguir ayudando a Amestris. Todavía hay mucho trabajo por hacer en Ishval y no se requiere ser militar para ayudar en la reconstrucción, así que algo podremos hacer."
Ed asintió, relajado por la seguridad de las palabras de su padre. "Probablemente me les una a ayudarles una vez que me asegure de que todo está bien con Al y la abuela Pinako. Estoy seguro de que cuando Al esté más recuperado también deseará unirse."
"Me parece una excelente idea. Tu madre y yo tenemos que regresar al Este a arreglar unos asuntos y apoyar en lo que podamos a Breda y a Armstrong ya que no tengo permitido ingresar al comando. Pero en cuanto eso se solucione, Riza y yo queremos ir a Resembool para saludarlos. Hace tiempo que no vemos a Al y a la señora Rockbell."
"Estoy seguro que a Al le encantará verlos."
Roy sonrió. Tras unos segundos su sonrisa se volvió nostálgica antes de volver a hablar. "Te vamos a extrañar, hijo. Esta semana que hemos convivido los tres juntos en la misma casa, ha sido de las mejores para Riza y para mí."
Ed sonrió. "Yo también los voy a extrañar, pero nos veremos pronto, ¿no?"
"Así es. ¿Qué te parece si jugamos una partida de ajedrez en lo que esperamos a que tu madre y Winry regresen?"
"Claro."
Después de la partida de Ed y Winry, Roy y Riza regresaron al Este para atender varios asuntos, principalmente para apoyar a Breda y a Armstrong en el proceso de transición que se estaba dando. Cuando no estaban ayudando a los militares, se enfocaban en pensar formas de cómo ayudar algunos pueblos del Este que se encontraban en condiciones precarias.
Tiempo después, Riza y Roy acordaron que visitarían a los chicos en Resembool ya que Roy ya no quería esperar ni un día más para que fijaran una fecha para su boda.
Cuando llegaron a la casa de las Rockbell, fueron recibidos por Ed, Al y Winry, ya que la abuela Pinako había salido a realizar unos encargos. Platicaron acerca de cómo habían estado estos últimos días y de cosas triviales hasta que Roy desvió la conversación hacia donde deseaba hacerlo desde que puso un pie en la casa.
"Nuestros principales motivos para venir aquí era para verlos y porque queremos pedirles algo."
Riza lo golpeó ligeramente en el pecho. "Que impaciente eres."
"¿Impaciente?" Roy se inclinó ligeramente para besar su frente. "Ya he esperado demasiados años."
Los chicos miraban a Roy y a Riza confundidos, aunque después de unos minutos Winry sonrió imaginándose de qué se trataba.
Riza suspiró ligeramente aunque no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa. "Disculpen la impaciencia de Roy, pero sí queremos pedirles algo." Giró su rostro para ver a Roy antes de regresar su mirada hacia los chicos. "Hemos decidido casarnos en un mes y nos gustaría que ustedes tres nos acompañen. Será una ceremonia pequeña donde solamente nuestros familiares y amigos estarán presentes."
Winry soltó un grito de alegría seguida por las risas de los muchachos.
"Ya era hora." Dijo Ed con una enorme sonrisa en su rostro. Poco antes de que se fuera de la casa de su abuela meses atrás, Riza le había hecho saber que ella y Roy ya estaban considerando seriamente casarse y desde ese momento Ed les expresó su apoyo y alegría porque ese momento llegara. Y ahora que finalmente estaba sucediendo no podía contener la gran felicidad que lo estaba embargando al ver que quizás el sueño más grande de sus padres finalmente se haría realidad.
Roy y Riza rieron ante el comentario de su hijo antes de que se pusieran de pie de sus asientos para ser abrazados por los muchachos.
Una vez que retomaron sus asientos, Roy tomó la palabra. "También quiero pedirles que sean mis padrinos."
Los muchachos sonrieron. "Por supuesto."
Riza tomó la mano de su hijo que estaba sobre la mesa y la apretó gentilmente. Acto seguido hizo lo mismo con la de Al. "Edward, Alphonse, además de que sean los padrinos de Roy, quiero pedirles que ustedes sean los que me entreguen en el altar."
Ambos hermanos se vieron por un momento, sorprendidos por la petición de Riza pero sin dejar de sonreír por la alegría que se estaba desbordando en la habitación.
"Mamá, será un gran honor hacerlo, ¿no es así, Al?"
Al, quien al igual que su hermano portaba una sonrisa de oreja a oreja, respondió lleno de emoción. "Así es, será todo un honor."
Roy y Riza sonrieron ampliamente.
"Pues bien, está decidido. Habrá boda en un mes." Dijo Roy con una enorme alegría en su pecho.
Ed, Al, Winry y la abuela Pinako llegaron 2 días antes de la ceremonia. Las chicas se quedaron en el departamento de Riza mientras que los chicos lo hicieron en el de Roy.
Durante la mañana del día de la boda, Al fue el primero en arreglarse con ayuda de Roy quien pacientemente le enseñó cómo colocarse las mancuernillas. Una vez listo, el chico se preparó para salir del departamento ya que había prometido a Gracia que le ayudaría con unos adornos que ella y Elicia llevarían al lugar de la ceremonia para esperar ahí a Ed, quien llegaría con Riza.
"Gracias, General." Dijo alegremente Al.
Roy sonrió. "No hay nada que agradecer, Al. Y recuerda que ya no soy General."
"Lo sé, pero para mí sigue siendo General."
"Gracias. Pero no tienes que llamarme de esa forma, puedes decirme Roy o incluso…" El pelinegro hizo una ligera pausa antes de mirar las orbes doradas de Al. "Puedes llamarme papá." Se rascó la nuca. "Sé que hace poco comenzaste a llamar 'mamá' a Riza y pues creo que me tardé en hablar contigo acerca de ello pero, si te sientes cómodo con ello, puedes decirme papá. Después de todo te quiero como a Ed, pero no te sientas obligado a hacerlo."
Al se sorprendió ligeramente pero no pudo evitar sonreír ampliamente antes de abrazar a Roy. "De acuerdo… p-papá."
El pelinegro retornó el abrazo y se sintió muy feliz. Tal como había dicho Riza, por muchos años habían perdido a un hijo pero ahora habían ganado dos. "Gracias, Al."
Ed miraba la escena alegremente, ahora Al y él no solamente tenían a los Curtis si no también a sus padres. Bueno, desde que los habían conocido, Roy y Riza siempre habían estado para ellos, pero ahora lo estaban más que nunca y por ello estaba muy agradecido.
Después de unos minutos, Roy y Al se separaron del abrazo con una gran sonrisa.
"Será mejor que me vaya para que no se me haga tarde." Dijo Al.
"Nos veremos más tarde." Respondieron Ed y Roy.
Con la partida de Al, Roy y Ed continuaron arreglándose. Todavía tenían tiempo de sobra pero por nada del mundo ninguno de los dos quería llegar tarde a sus puestos. Ed a recoger a su madre y Roy para esperarla en el altar. Como solamente había un cuarto de baño, tomaron turnos para bañarse, siendo el primero Ed quien cuando terminó comenzó a buscar en su maleta algunos artículos para afeitado que recién había comprado. Tenía apenas una leve aparición de barba incipiente, todavía fina pero ya se encontraba presente. Ese era un día muy especial para sus padres y quería lucir lo más presentable posible por lo que pensó en afeitarse, aunque no estaba seguro de cómo saldría todo ya que sería su primera vez haciéndolo. Al le había dicho que le pidiera ayuda a Roy pero no estaba seguro de cómo hacerlo.
Tomó un rastrillo y la espuma para afeitar y antes de que pudiera seguir pensando la puerta del baño se abrió dando paso a Roy vestido solamente con sus pantalones. Caminó hacia la habitación secándose el cabello con la toalla cuando abruptamente se detuvo al ver a su hijo que se encontraba solamente vestido en pantalones como él con el torso descubierto. Su mirada ónix de inmediato se posó en la cicatriz que tenía su hijo en el costado izquierdo de su abdomen. Cuando Ed alzó su mirada notó cómo la mirada sumamente alegre de su padre se veía empañada por tristeza y culpa al ver que se enfocaba en su cicatriz, pero no pudo ahondar mucho en su mirada porque sus propios ojos se vieron atraídos a la cicatriz que su padre también portaba en una parte de su torso. Era la primera vez que veía la cicatriz que había quedado como un lúgubre recordatorio de la ocasión en que Roy estuvo cerca de morir a manos de Lust.
"Esa cicatriz…" Dijo Roy en voz baja. "¿Es la que te hizo el maldito de Kimblee?"
Ed regresó al presente al escuchar a su padre. "Sí, pero no es tan grande como la tuya."
"Aquí no importa cuál de las dos es más grande, si no que tú jamás debiste pasar por eso."
"Al igual que tú."
"Yo soy mayor que tú y un militar. Desde un principio sabía a lo que me exponía. Tú eres demasiado joven para haber pasado por una experiencia tan terrible y por la que nadie debería haber pasado."
"Yo también era militar y sabía a lo que me exponía… esta cicatriz en parte es culpa mía, fui descuidado, me confié y eso propició que yo le diera la oportunidad a Kimblee." El rubio alzó su mirada para encontrarse con la de su progenitor. "Tú me enseñaste tiempo atrás que jamás debía confiarme en el campo de batalla cuando tuvimos ese encuentro para renovar nuestras licencias de alquimistas estatales y aún así lo hice." Lo miró seriamente. "Por eso no debes culparte de esto. Ambos estamos con vida y eso es lo importante." Dijo Ed con un tono más animado.
Roy suspiró y cerró por un momento sus ojos antes de abrirlos para ofrecerle una mirada comprensiva a su hijo. "Tienes razón, lo más importante es que seguimos con vida y que regresamos con nuestras damas."
Ante el comentario Ed se sonrojó pero no por eso se borró la sonrisa que se había formado en sus labios.. "Además hoy no es un día para estar tristes sino todo lo contrario."
Roy sonrió de oreja a oreja. "Cierto." Bajó su mirada y alcanzó a ver el rastrillo que su hijo sostenía en una de sus manos. Al alzar su mirada se percató de que su hijo apenas tenía una muy ligera barbilla, casi imperceptible a simple vista pero suponía que debido a la ocasión él quería lucir lo mejor posible. Mi hijo ya no es un niño, sino que es todo un hombre. "¿Necesitas ayuda con eso?" Preguntó señalando el rastrillo.
"Uh…eh… me vendría bien una mano… nunca he hecho esto." Ed tartamudeó.
"Vamos." Dijo Roy haciéndole una seña para que lo siguiera al cuarto de baño. "Tenemos que lucir guapos para tu madre." He perdido muchos momentos con mi hijo. Me alegra que ahora ya no me perderé ninguno más.
Ed asintió tomando sus artículos antes de seguirlo.
"No los necesitarás, te prestaré mis cosas." Comentó Roy sacando su espuma, su loción y su navaja del gabinete que se encontraba detrás del espejo del lavabo. Ed no pudo evitar fijar su atención en la navaja, tenía un mango de plata y tenía la letra 'M' en cursiva grabada.
"Toma un poco de espuma y colócala en toda el área a afeitar."
Roy colocó en la mano derecha de Ed la navaja y comenzó a explicarle paso a paso lo que tenía que ir haciendo, los cuales el rubio siguió diligentemente. Una vez terminada la sesión, el chico se colocó la loción que le pasó su padre haciendo una ligera mueca de dolor por una pequeña cortada que no pudo evitar por su inexperiencia. Al terminar comenzó a guardar la espuma y la loción mientras que Roy limpiaba la navaja.
"No sabía que tuvieras cosas tan personalizadas." Comentó Ed señalando la fina navaja.
El pelinegro rió ligeramente mientras secaba la navaja y la observaba detenidamente. "Esta navaja no la mandé a grabar yo." Dijo mientras pasaba su dedo pulgar sobre la 'M' que se encontraba grabada. "Quien lo hizo fue mi abuelo, tu bisabuelo. Él se la dió a mi padre y Chris me dijo que tu abuelo deseaba dármela cuando fuera mayor. Como eso no fue posible, fue ella quien me la entregó cuando tenía más o menos tu edad." Alzó su mirada hacia a su hijo, tomó una de sus manos para colocar en ella la navaja. "Ahora creo que es el momento en que tú la tengas, hijo mío." Comentó esbozando una sonrisa.
Ed contempló por un momento el objeto antes de mirar a su padre. "Pero… este objeto es muy preciado para ti, no puedo aceptarlo. Además, por el momento, no la voy a ocupar tan seguido como tú."
Roy negó con la cabeza. "Pero pronto la necesitarás, creéme. Además, estoy seguro de que a tu abuelo y bisabuelo les gustaría que la tuvieras para que esta tradición siguiera."
Ed apretó la navaja en su mano. "Gracias, papá. La cuidaré y seguiré con la tradición cuando tenga un hijo."
Roy sonrió. "Solo espero que no tengas demasiada prisa por hacerme abuelo, soy demasiado joven para ello." Dijo bromeando.
"Es lo mismo que la abuela Chris debe pensar contigo, ¿no?" Comentó el rubio divertido aunque ligeramente sonrojado al pensar en Winry.
Roy suspiró. "Dejemos ese tema. Tengo que conseguir otra navaja como esa para Al."
El chico esbozó una gran sonrisa. "Sé que le gustará aunque no corre prisa. Al todavía no la necesita, pero aún así mientras tanto podría prestarle esta y pasarle los trucos que me has enseñado."
"Bien, de todas formas trataré de conseguir una pronto." Hizo una ligera pausa. "Será mejor que nos apresuremos."
Ed asintió y ambos retomaron sus actividades para alistarse para la ceremonia. Al igual que como había hecho con Alphonse, Roy ayudó a Ed con sus mancuernillas y su corbata. El rubio había decidido que para la ocasión se haría una cola de caballo en lugar de su habitual trenza mientras que Roy había optado por peinar su cabello hacia atrás para que se viera más formal.
"Te ves bien, hijo." Dijo Roy orgulloso cuando vio a Ed.
"Gracias. Tú tampoco te ves mal."
"Bien será mejor que vayas por tu madre y que yo vaya al jardín que rentamos para esperarlos."
El rubio asintió. "Más te vale que no te vayas a escapar y dejes plantada a mi madre, ¿eh?"
Roy sonrió. "Jamás lo haría, no después de esperar tantos años."
Ed sonrió ante la convicción de su padre y la alegría que se desbordaba de sus ojos. "Bien, porque si lo llegas a hacer me encargaré de patearte el trasero." Dijo bromeando el chico.
Roy rió ligeramente. "Entonces será mejor que cada quien vaya a sus destinos. Nos veremos más tarde."
En el departamento de Riza, solamente se habían quedado Rebeca y ella, ya que Winry y su abuela se habían adelantado al jardín de eventos donde se llevaría a cabo la boda para terminar con los arreglos de última hora. A pesar de que Roy y Riza habían planeado hacer algo sencillo, sus familiares y amigos se habían ofrecido de inmediato a poner su propio toque para que a pesar de lo pequeña de la ceremonia ésta fuera algo muy especial.
"¡Riza, te ves hermosa!" Exclamó emocionada Rebeca cuando terminó con el peinado de su amiga.
Riza se vió al espejo y no podía creer lo que iba a suceder ese día. Se iba a casar con el hombre que había amado casi toda su vida, con su mejor amigo, con el padre de su hijo. Después de lo de Ishval jamás pensó que eso sería posible pero hoy la alegría la embargó por completo hasta que una solitaria lágrima se le escapó, porque además de casarse con el amor de su vida ahora tenía de vuelta a su hijo e incluso ahora había ganado otro hijo más.
"Oh, Riza. No llores, vas a arruinar tu maquillaje." Dijo bromeando Rebeca mientras con un pañuelo secaba la lágrima de su amiga.
"Estoy tan feliz que no lo puedo creer, Becky." Dijo sonriendo la rubia.
Rebeca le dió un abrazo a su amiga. "Te lo mereces, amiga mía." Con un tono ligeramente serio agregó. "Hoy no se aceptan malos recuerdos ni arrepentimientos que puedan opacar tu gran día." Advirtió la pelinegra. "Hoy es tu gran día, el día que has esperado con ansias al igual que muchos de nosotros." Rió ligeramente y se alejó un poco de su amiga para mirarla a los ojos. "Estoy tan feliz por ti, por fin vas a casarte con el hombre que has amado todos estos años y aunque todavía me está costando admitir que él nunca te traicionó, tengo que reconocer que ese idiota realmente te ama." Cambió su mirada por una traviesa. "Además debo de admitir que se nos vienen tiempos muy divertidos. Harás que muchas de sus admiradoras te odien porque vas a desposar a uno de los solteros más codiciados, eso sin mencionar que tú eres la madre de su único hijo."
Riza sonrió ligeramente mientras movía su cabeza de un lado al otro. "No cambias, Becky."
"¿Qué? Es cierto. El que Mustang sea un idiota no impide que sea uno de los solteros más deseados por muchas mujeres, así que con esta boda pronto se enterarán y provocarás que muchos corazones se rompan. Hasta deberías irte preparando porque creo que ahora irán tras Ed, porque ese ahijado mío se está poniendo cada vez más guapo y si las señoritas ya de por sí lo veían con buenos ojos ahora que se enteren quién es su padre terminarán cayendo completamente rendidas a sus pies." Dijo riendo.
"¡Rebeca!"
"Es verdad, mi querida amiga, así que no te sorprendas cuando te empiecen a gritar suegra." Replicó la pelinegra sin parar de reír.
Riza se cruzó de brazos pero no pudo evitar esbozar una ligera sonrisa ante las ocurrencias de su amiga.
"Te recuerdo que Edward tiene un noviazgo con Winry."
"Lo sé, amiga, pero creéme que ella no es la única que está loquita por tu muchacho. De una u otra forma ya hueles a suegra." La pelinegra soltó una carcajada al final. "Ya ves, Riza, ¿quién te manda a tener a mi ahijado tan jovencita?"
"Disfrutas riéndote a mis expensas, ¿cierto?" Respondió la rubia fingiendo falsa molestia. "Y para tu información, no me importa si me llegan a decir 'suegra' a mi edad. El tener a mi hijo a mi lado es algo que no cambiaría por nada del mundo y si mi hijo es feliz yo también lo soy." Dijo sonriendo ampliamente.
Rebeca sonrió de igual manera. "Definitivamente lo es y no dudo que él esté muy orgulloso de ser tu hijo."
"Gracias, Becky. De verdad muchas gracias." Riza tomó las manos de su amiga y le dirigió una mirada llena de agradecimiento. "Siempre has estado conmigo desde que te conocí y jamás voy a olvidar la forma en me tendiste la mano durante mi embarazo cuando casi no nos conocíamos en ese tiempo. Sin tu apoyo durante esa época, no sé qué hubiera sido de mí ni de Edward." Dijo Riza con una sonrisa sincera y ojos brillantes antes de abrazar a su amiga.
Rebeca correspondió el abrazo. "No tienes nada que agradecer, sabes que para mi tú eres prácticamente mi hermana."
"Y tú eres la mía."
"Me vas a hacer llorar, Riza."
Cuando se separaron del abrazo, Rebeca continuó hablando. "Oye y ¿qué te dijo la General Armstrong en la carta que te llegó ayer? No pensé que te llevaras tanto con ella al punto de incluso invitarla a tu boda."
"Tengo respeto por la General, además ella nos apoyó a Roy y a mí durante el juicio."
"Lo sé, pero en si te apoyó a ti porque siempre ha deseado reclutarte pero como Mustang iba en el paquete también lo terminó apoyando." Soltó una ligera risa. "Pero vamos, me muero de ganas por saber. ¿Qué te dijo?"
Riza suspiró. "Me agradeció la invitación a la boda y se disculpó conmigo porque no va a poder venir. Sin embargo no dudó en redactarme una larga lista de porqué no debería de casarme con Roy." Dijo riendo ligeramente al final.
Rebeca rió. "Definitivamente sigue sin apreciar del todo a tu futuro esposo. ¿Qué pasó entre ellos?" Repentinamente su aspecto divertido cambió a uno completamente serio. "No me digas que esos dos tuvieron algo por ahí." Dijo moviendo las cejas de manera sugestiva.
Riza rió negando con la cabeza. "No, nada de eso. Simplemente es una rivalidad que hay entre ellos sin mencionar que Roy siempre se ha mostrado arrogante con ella." Dijo rodando los ojos cariñosamente al pensar en las ocasiones en que Roy había sacado de sus casillas a algunas personas por mera diversión.
"Bueno no puedes culparme de pensar eso con el historial amoroso de tu prometido, pero mucho me temo que la General se va a decepcionar de no obtener los resultados esperados con su carta."
Antes de que pudieran seguir conversando, unos golpes en la puerta de la entrada del departamento llamó la atención de ambas mujeres.
"Iré a abrir." Dijo Rebeca mientras Riza asentía y terminaba con los últimos detalles de su vestido y joyería.
Al abrir la puerta, Rebeca saludó efusivamente al muchacho rubio que estaba frente a ella.
"Ay, Ed, ¡qué guapo te ves, ahijado!" Dijo emocionada mientras envolvía en un abrazo al muchacho.
"Eh… gracias, tía Becky." Respondió Ed ligeramente sonrojado. "Tú también te ves muy bien."
"Oh, gracias." La pelinegra se alejó del abrazo y le dio unas palmaditas en un hombro antes de volver a hablar. "Vamos pasa."
"Gracias."
Rebeca cerró la puerta y se volteó a ver a Ed. "¿Y dónde está Al? Pensé que vendría contigo."
"Salió antes que yo para ayudar a la señora Gracia y a Elicia con unas cosas. Nos veremos en el jardín."
"Oh, ya veo."
"¿Mi mamá está lista?"
"Afirmativo, solamente está afinando unos detalles. ¿Por qué no vas y le das el visto bueno?" Dijo Rebeca señalando hacia la puerta de la habitación de Riza.
Ed asintió y se dirigió a la puerta, dió un par de golpecitos y la abrió cuando escuchó el permiso de su madre.
"Hola, ma-… wow te ves hermosa." Dijo de inmediato el muchacho.
Riza sonrió enormemente por el cumplido de su hijo. "Muchas gracias, hijo. Tú también te ves muy guapo. Ven, déjame verte más de cerca." Concluyó con un gesto de su mano para hacerle señas de que se acercara.
Ed obedeció y en cuanto se acercó se inclinó para darle un beso en la mejilla a su madre a manera de saludo a lo cual Riza respondió depositando un beso en la mejilla de su hijo con una gran sonrisa.
"Te ves muy bien, Edward. Definitivamente eres un jovencito realmente atractivo."
Ed se sonrojó. "Gracias, aunque en definitiva tú te ves mucho mejor. Mi padre sí que es afortunado de desposar a una mujer tan hermosa, buena e inteligente como tú."
"Y yo soy afortunada de desposar un hombre que me ama tanto como tu padre." Dijo la rubia antes de atraer a su hijo en un abrazo. "Y de tener a un hijo como tú."
"Y yo de tenerlos como padres." Respondió el rubio.
Cuando se separaron del abrazo, Riza colocó su mano derecha sobre la mejilla izquierda de su hijo y la acarició tiernamente y fue cuando se dio cuenta de que el ligero atisbo de barba que le había visto el día anterior había desaparecido.
"¿No tenías un poco de barba?"
Ed se sorprendió de que lo notara. Reconocía que la barba que había afeitado esa mañana con ayuda de su padre era todavía muy ligera, casi nadie la había notado, excepto Winry, pero era normal que una madre conociera a su hijo como la palma de su mano ¿no? Así que no pudo evitar sonreír mientras asentía.
"Sí, sé que era todavía muy ligera y casi ni se notaba pero hoy es un día muy especial para ti y para papá y quería verme bien, así que le pedí ayuda a él para afeitarme y debo admitir que no fue tan malo dado que solamente tuve una cortada muy pequeña. "
La alegría de Riza incrementó exponencialmente al escuchar la anécdota de su hijo compartiendo un momento con su padre, justo como ella siempre deseó que sucediera. Por varios meses temió que jamás se pudiera dar esa relación padre-hijo entre Roy y Edward por todas las imprudencias que ella había cometido pero ahora la llenaba de dicha saber que eso había quedado atrás.
"Debo admitir que Roy hizo un buen trabajo. La primera vez que tu padre se afeitó salió lleno de papelitos en toda su quijada por las cortadas que se había hecho." Riza mencionó en tono divertido mientras recordaba el momento que describía. "Me alegra mucho que le hayas pedido ayuda, creo que Roy hubiera hecho lo mismo si en ese momento hubiera tenido a una figura masculina a la que pudiera acercarse."
"¿Ni siquiera le pidió ayuda a tu papá?"
Riza negó con la cabeza. "Sé que mi padre llegó a tenerle afecto a Roy, pero en ese entonces no veía más allá de su investigación, así que obviamente no tenía tiempo ni para mí ni para hacer cosas tan triviales como enseñarle cómo afeitarse a su discípulo. Es por eso que el pobre de Roy terminó con varias cortadas la primera vez que lo intentó." Le dirigió una cálida sonrisa a su hijo. "Me alegra que tú y él tengan ese tipo de momentos juntos."
Ed sonrió. "A mí también, realmente soy muy afortunado de tenerte a ti y a él. Estuve dudando en pedirle ayuda pero Al insistió. De hecho prácticamente no tuve que decir nada porque en cuanto me vio con el rastrillo y la espuma él se ofreció. Incluso me regaló su navaja."
"¿La que tiene la 'M' grabada?"
El chico asintió.
Riza sonrió. "Sé que no tengo que decírtelo pero cuida mucho esa navaja, hijo. Independientemente de lo fina que es, tiene mucho valor sentimental para Roy. Es de las pocas cosas que tiene de su padre."
"Descuida, lo haré. Él mismo me explicó la historia detrás de esa navaja y que incluso va a conseguir una para Al para cuando la necesite."
"No dudo que lo hará. ¿Al se fue a ayudar a Gracia?"
"Así es, dijo que lo veríamos allá porque por nada del mundo se perdería la oportunidad de entregar a su nueva mamá." Replicó Ed con una enorme sonrisa la cual Riza imitó.
"Me alegra, porque de verdad deseo que mis dos muchachos me entreguen."
"Y así será. ¿Estás lista?"
Riza asintió. "Sí, estoy lista."
Ed se puso al costado izquierdo de Riza y le ofreció su brazo. "Pues si es así será mejor que nos vayamos, no queremos dejar plantado a mi padre, ¿cierto?"
Riza tomó el brazo de su hijo sonriendo. "Cierto, vayamos."
Cuando Ed se fue de su departamento, Roy tomó una de las fotos que tenía en su escritorio y la observó detenidamente por un par de minutos. Se trataba de aquella foto que Maes y él se habían tomado cuando recién se habían graduado de la escuela militar.
"No sabes cómo me gustaría que estuvieras aquí. Sabes… por fin voy a casarme con Riza después de todos estos años. Después de la infinita cantidad de veces que me dijiste que consiguiera una esposa finalmente te estoy haciendo caso." Esbozó una sonrisa. "Durante mucho tiempo llegué a pensar que este momento jamás sucedería pero ahora es una realidad y además lo haremos en presencia de nuestros hijos, porque ahora ya no tenemos uno sino dos estupendos muchachos por hijos. Estoy seguro de que donde quiera que te encuentres esta noticia te debe de dar mucho gusto, sobre todo porque hoy será un día perfecto para tomar fotos de Elicia porque ella será la niña de las flores." Rió ligeramente. "Puedo imaginarte tomándole un sin fin de fotos para mostrárselas a todos los que se te crucen en tu camino." Suspiró ligeramente. "Después de todos los errores que cometí durante el Día Prometido, he aprendido con la ayuda de Riza, de Ed y de todos nuestros amigos y familia que no estoy solo. Me he prometido a mí mismo no dejarme llevar nuevamente por el odio y la venganza, no mientras tenga a la gente que amo a mi lado. Y también me he prometido estar al pendiente de Elicia. Me esforzaré en involucrarme un poco más en su vida, para que siempre tenga una figura masculina cuando la necesite, aunque obviamente jamás llegaré a ser tan bueno como tú sin mencionar que no tengo mucha experiencia ni como padre ni como tío, solamente sé que me esforzaré para que ella y Gracia vivan en paz y sean felices… Sé que la probabilidad de que llegue a ser Führer ahora es prácticamente nula, pero tengo confianza en que la gente que todavía puede serlo se encargarán de que Amestris viva en paz. Mientras tanto seguiré haciendo todo lo que pueda para que nuestros hijos vivan felices y tranquilos, pero ahora lo haré al lado de la mujer que amo." Roy revisó su reloj de bolsillo que Riza le había regalado hace algunas semanas dado que no le fue permitido conservar su reloj de alquimista estatal. "Será mejor que me vaya, no me puedo perder por nada del mundo esto." Volvió a sonreír. "Espero que sepas que siempre serás mi hermano, Maes… Hasta pronto, amigo mío."
Roy dejó la fotografía en su lugar, se arregló el saco y con una sonrisa en el rostro salió de su departamento con rumbo al lugar donde desposaría a su amada.
El lugar que habían elegido para la boda fue un pequeño jardín de eventos ubicado a las afueras de Ciudad del Este. Cuando Roy llegó, pudo ver que Al estaba terminando de colocar las flores que Gracia había traído mientras que Gracia ajustaba la canasta de flores que llevaría Elicia. La pequeña, por su parte, corrió hacia él en cuanto lo vió para saludarlo.
"¡Tío Roy!" Saludó alegremente Elicia.
Roy tomó a la pequeña entre sus brazos y la cargó. "Hola, Elicia, ¿cómo estás?"
"Muy bien, estoy feliz de que tú y mi tía Riza por fin se van a casar." Elicia dijo emocionada.
El pelinegro esbozó una sonrisa. "Pues yo soy el más feliz por esta boda."
"Roy, te ves muy bien." Saludó amablemente Gracia mientras se acercaba a ellos.
"Muchas gracias, aunque debo decir que Elicia y tú se ven mucho mejor. Les agradezco mucho que hayan venido."
"Jamás nos lo perderíamos. Por cierto, tu madre te estaba buscando hace unos momentos, creo que quería asegurarse de que llegaras a tiempo. La última vez que la vi estaba en la recepción."
Roy asintió. "Gracias, no la vi cuando llegué pero iré a darme una vuelta, no me gustaría que me matara antes de mi boda." Dijo bromeando mientras colocaba a Elicia en el suelo.
"Bien, entonces nos veremos más tarde." Dijo alegremente Gracia.
El pelinegro ingresó a la recepción buscando a su madre hasta que sintió cómo era levantado en un fuerte abrazo.
"Roy Mustang, no sabe lo feliz que me hace ser partícipe de este evento. Estoy tan feliz por usted y por la señorita Riza. El amor y la devoción que se tienen es algo digno de presenciar y celebrar." Exclamó entre lágrimas el Teniente Coronel Armstrong apretujando fuertemente a Roy.
"Mm… Gracias, Armstrong." Respondió Roy pausadamente tratando de respirar en el fuerte abrazo de Alex.
Alex mantuvo en un abrazo a Roy con un brazo mientras con el otro sacó un pañuelo del bolsillo de su pantalón y se lo llevó al rostro cuando una voz los interrumpió.
"Teniente Coronel Armstrong, le agradecería que no vaya a matar a mi muchacho antes de que se case." Dijo bromeando Chris Mustang quien había aparecido detrás de ellos.
"Oh, mis disculpas, madame." Dijo Alex soltando a Roy. "Trataré de contener mi emoción un poco más." Rió ligeramente. "Nos veremos más tarde." Mencionó antes de retirarse.
"Gracias, madre." Dijo Roy cuando Alex se había alejado.
Chris solamente rió. "El Teniente Coronel puede llegar a ser demasiado efusivo, ¿no es así?"
Roy también rió. "Definitivamente." Se acercó y le dió un fuerte abrazo a su madre.
Se separaron ligeramente y Chris acarició la mejilla de su muchacho. "Me alegra que por fin este día haya llegado, mi muchacho. Temía que jamás vería este día o que terminaras casándote con cualquier otra persona. Jamás aceptaría a nadie que no te amara de la forma en que lo hace Riza."
Roy colocó su mano sobre la de su madre. "Ni yo hubiera accedido a casarme con alguien que no fuera Riza." Su sonrisa se ensanchó. "Créeme que yo soy el más feliz de que este día por fin haya llegado."
Chris correspondió la sonrisa. "Me alegra saber que por fin ella y tú se darán la oportunidad de disfrutar su amor como siempre habían soñado. No tengo dudas de que tus padres deben de estar muy orgullosos y alegres por ti al saber que has encontrado a alguien que te ama de la misma manera y con la misma intensidad. Más te vale que hagas feliz a Riza, porque mujeres como ella son muy escasas."
"Lo sé y no te preocupes, dedicaré mi vida a hacerla feliz. Si ella y los chicos son felices, yo también lo seré." Respondió con convicción Roy.
Chris abrazó nuevamente a su hijo. "Vamos, será mejor que esperes a Riza en el altar."
El pelinegro asintió siguiendo a su madre. En esos momentos se sentía tranquilo y una gran alegría lo embargaba. Ahora entendía perfectamente por qué su amigo estaba tan emocionado cuando contrajo nupcias con Gracia.
Cuando Roy llegó al altar, Havoc ya se encontraba ahí.
"Hey, jefe. Finalmente dejarás de quitarme las novias." Mencionó bromeando el rubio.
"Yo no tengo la culpa que tus novias se fijaran en mí." Contestó el pelinegro con una sonrisa un tanto engreída.
Havoc frunció el ceño a manera de broma. "Espero que ahora que las chicas te vean casado, dejen de acercarse y vean que habemos hombres solteros mucho más apuestos. Porque ni se te vaya a ocurrir jugarle chueco a Hawkeye, ¿eh?"
Roy rió e internamente le complació saber el cariño que le tenían sus amigos a Riza y a él. "Sabes que nunca lo haría, además, si no me equivoco, tú tampoco estás tan soltero como dices."
"¿Eh? ¿De qué hablas?" Preguntó confundido.
"Tú sabes a lo que me refiero, Havoc, y te recomiendo que si lo tuyo con cierta escandalosa va a en serio, será mejor que uno de los dos deje la milicia." Dijo con una mirada seria para que Havoc se diera cuenta de que, en esta ocasión, no estaba bromeando y que quería ayudarlo.
Havoc se sonrojó ligeramente y comenzó a rascarse la nuca nerviosamente. "Uh… eh… gracias por el consejo."
Roy sólo pudo sonreírle ya que en ese momento apareció el juez y nuevamente Chris se acercó a su hijo.
"La novia ha llegado. ¿Comenzamos?" Preguntó sonriendo.
"Por supuesto." Respondió Roy con una sonrisa de oreja a oreja.
Al abrazó fuertemente a Riza en cuanto la vió llegar. "Te ves hermosa, mamá."
Riza correspondió el gesto. "Gracias, Alphonse. Tú también te ves muy guapo."
Al se sonrojó ante el cumplido. "Gracias." Se aclaró la garganta. "La ceremonia está a punto de comenzar." Dijo con una sonrisa.
Riza sonrió y Ed se acercó al lado derecho de su madre ofreciéndole su brazo, mientras Al hacía lo mismo con el brazo izquierdo de Riza.
La rubia tomó los brazos de los dos muchachos, de sus dos hijos, con una sonrisa enorme.
"Vamos, Elicia, tú eres la primera." Dijo Winry quien colocó a la pequeña frente a ella y Rebeca para que comenzaran a recorrer el pasillo que las llevaría al altar.
Al abrirse las puertas, Elicia hizo su aparición con evidente alegría en su rostro mientras que con gran porte para su edad comenzaba a esparcir delicadamente los pétalos de rosas por el pasillo. Detrás de ella iba Winry con un hermoso vestido aqua que hacía juego con el de la pequeña y con el de Rebeca al ser la pelinegra y ella las madrinas de la novia. Cuando llegaron al final del pasillo donde se encontraban Roy y el juez, la pequeña Elicia tomó su asiento en primera fila al lado de su madre, mientras que Winry y Rebeca se colocaron del lado de donde Riza estaría durante la ceremonia.
Roy se encontraba emocionado y ligeramente nervioso pero esos nervios se fueron cuando Riza apareció en su campo de visión. Sus ojos ónix se encontraron con los caoba de ella, encontrando cada uno reflejadas las mismas emociones en la mirada del otro: amor, alegría y emoción. Tras esto, ambos esbozaron una gran sonrisa y Riza, escoltada por ambos Elric, comenzó su recorrido hasta el altar.
Al llegar a su destino, Riza retiró su mano del brazo de Al antes de darle un beso en la mejilla para repetir el proceso con Ed, quien antes de soltar la mano de su madre la apretó cariñosamente esbozando una sonrisa. Antes de pasar la mano de su madre a su padre, Ed miró a los ojos a su padre transmitiéndole lo feliz que se encontraba por ellos, a la vez que le mandaba un mensaje sutil de que más le valia que hiciera feliz a su madre, a lo cual Roy respondió con una sonrisa cuando tomó la mano de Riza de la mano de su hijo mientras que con su otra mano apretaba gentilmente el hombro de su hijo para asegurarle que lo haría.
Ed y Al tomaron sus lugares a un costado de Roy, mientras que el pelinegro no podía despegar su mirada de la de Riza a la vez que tomaba ambas manos de la rubia para depositar un tierno beso sobre ellas.
"Te ves hermosa." Susurró él.
"Gracias. Tú también te ves muy guapo." Susurró ella antes de voltearse para mirar al juez.
Renuentemente Roy despegó su mirada de la de Riza para mirar al juez. El juez comenzó el evento con el acto protocolario. Cuando llegó el momento de pronunciar sus votos, el primero en hacerlo fue Roy, quien miró con un profundo amor y ternura a Riza.
"Riza… creo que no me alcanzarían las palabras para decirte lo mucho que te amo. Lo he hecho por la mayor parte de mi vida y, si soy sincero conmigo mismo, ya no recuerdo lo que era no amarte. Tú te convertiste en mi primer mejor amiga, de la cual me enamoré perdidamente sin siquiera darme cuenta. Te convertiste en mi primer y único amor. Siempre has estado a mi lado en los buenos, en los malos y en los peores momentos de mi vida." Apretó gentilmente sus manos. "Siempre me has dado tantas cosas, tu amor, cariño, comprensión, apoyo y por si fuera poco me diste un hijo increíble al cual amo con todo mi corazón. No sabes lo mucho con lo que he soñado con este momento, incluso temí que jamás pudiera ser posible, pero ahora siento como si estuviera viviendo un sueño del que no quiero despertar jamás. Ahora que la vida ha sido demasiada generosa conmigo, prometo cuidarte, amarte y hacerte feliz para que olvides cada momento doloroso que te hice pasar." Atrajo las manos de Riza a sus labios para besarlas antes de continuar. "Te amo con todo mi ser, mi reina." Roy pronunció sus palabras con un tono lleno de cariño, sinceridad y pasión y con cierto brillo en su mirada que delataba las lágrimas de felicidad que estaba conteniendo.
Riza también estaba conteniendo lágrimas de alegría al escuchar todas las hermosas palabras que el pelinegro le había dedicado a ella. Inhalando profundamente para mantenerlas a raya un poco más, apretó gentilmente las manos de él antes de comenzar a hablar.
"Roy, tú llegaste a mi vida en un momento lleno de oscuridad, tristeza y soledad. Creí que mi vida sería siempre de esa forma hasta que llegaste y te fuiste metiendo poco a poco en mi vida, llenándola de luz, alegría, amistad y amor. Después de la muerte de mi madre tú fuiste la primera persona que me reconoció y me amó por lo que era. A pesar de que al principio yo no te dejaba entrar en mi vida y mucho menos en mi corazón, tú no te rendiste y poco a poco lo hiciste. Me alegra mucho que no te hayas rendido conmigo, porque gracias a ti aprendí lo que era la amistad verdadera y el amor incondicional. Me enseñaste a vivir y a disfrutar de la vida. Me diste esperanza, amor y protección. Pero sobre todo, me regalaste lo más hermoso de mi vida, lo que más amo además de ti, me diste a Edward, nuestro hijo del cual estoy igual de orgullosa que tú de poder llamarlo nuestro hijo." Una lágrima se derramó por la mejilla de Riza. "Hace mucho tiempo prometí seguirte hasta el infierno, y me mantengo en esa promesa con el añadido de que ahora podré decirte lo mucho que te amo siempre que lo desee, Roy."
Roy limpió tiernamente la lágrima de Riza con su pulgar sin dejar de mirarla a los ojos, ella repitió lo mismo con la solitaria lágrima que escapó de sus ojos. El juez pidió los anillos los cuales fueron llevados en un pequeño cojín que había sido atado al collar de Black Hayate. El pequeño can alegremente hizo su aparición hasta el altar donde Roy, sin dejar de sonreír, tomó ambos anillos. Con delicadeza repitió las palabras que el juez le indicó y deslizó el anillo en el dedo anular de Riza, besando su mano una vez que terminó. Riza repitió el patrón seguido por Roy y apretó cariñosamente su mano, pasando delicadamente su dedo pulgar sobre el anillo de él. Después de ponerse los anillos, procedieron a plasmar sus firmas en los documentos, seguidos por sus testigos. En cuanto terminaron con el papeleo, el juez los pronunció marido y mujer y Roy no perdió el tiempo para tomar tiernamente la mejilla izquierda de Riza antes de inclinarse para besar sus labios. Riza colocó sus brazos alrededor del cuello del pelinegro y respondió el gesto con la misma ternura bajo los aplausos de sus familiares y amigos.
Cuando se separaron del beso, ambos sonrieron de oreja a oreja y Roy atrajo a Riza a su pecho abrazándola fuertemente. Estuvieron de esa forma durante unos segundos antes de separarse para recibir los abrazos de sus familiares y amigos, siendo el primero en hacerlo Ed seguido de cerca por Al.
"Ya te habías tardado, viejo." Dijo Ed.
Todos los presentes rieron ante el comentario del rubio.
"Sí, definitivamente ya era hora." Respondió Roy antes de inclinarse para besar la frente de Riza.
Una vez que terminaron con los abrazos, el banquete comenzó. Dado que habían decidido que solamente la gente más cercana compartiera este momento con ellos, optaron porque todos se sentaran en una gran mesa para que pudieran disfrutar de la charla de todos los reunidos en ese día especial.
Cuando Roy estaba terminando con su platillo, pudo ver a la distancia, justo en la entrada del jardín a una persona que se le hacía conocida.
Dispuesto a confirmar su sospecha, el pelinegro se inclinó hacia Riza. "Enseguida, vuelvo." Le murmuró.
Ella asintió sonriendo, regresando a la conversación que tenía con sus invitados.
Roy se dirigió hacia la persona que había visto y cuando dicha persona se percató que tenía la atención del pelinegro le hizo una seña para que lo siguiera a la recepción. Cuando se acercó, Roy no podía creer lo que estaba viendo frente a él. Internamente no pudo evitar reír de ver nuevamente ese atuendo del ahora Führer Grumman.
"No pensé que vendría, señora." Comentó Roy para evitar que el disfraz de Grumman fuera descubierto por las personas de servicio que se encontraban en la recepción.
Grumman rió "femeninamente" siguiendo con su papel. "¿Y perderme el presenciar cómo amarraban al soltero más codiciado de Central? No, gracias. Tenía que verlo con mis propios ojos para creerlo."
Roy rió ante el comentario. "Pues ya ve, mi estimada señora, todo tiene un fin y mi soltería la ha tenido hace mucho, solamente que es hasta el día de hoy que es oficial y que puedo gritarlo a los cuatro vientos." Hizo una pausa antes de hablar con un tono serio y bajo, mientras seguía a Grumman a un lugar un poco más privado. "¿Dónde están sus guardaespaldas, Señor?"
"No sabes lo difícil que ha sido deshacerme de ellos. Pude tomar ventaja de que estoy en medio de una inspección al cuartel del Este para quedarme en mi casa y de ahí escaparme. Fue complicado pero de verdad quería asegurarme que por fin ataras el nudo antes de que te metieras en más problemas, muchacho."
El pelinegro negó con la cabeza. "Ya no habrá problemas."
"Eso espero, porque de haberse dado las cosas de manera diferente, me hubieras ahorrado bastantes problemas. Qué tragedia que mi insistencia en cada una de nuestras reuniones de ajedrez no rindiera frutos porque ahora me doy cuenta de que al final de cuentas hiciste lo que quisiste."
"Usted no cambia, creí que una vez casado dejaría en paz el tema de su nieta."
Grumman sonrió traviesamente. "Sabes que siempre quise que tú la desposaras porque pensaba que la podrías amar y proteger, sin olvidar que me podrían dar bisnietos." Su sonrisa se ensanchó. "Lo que no esperaba era que te me hubieras adelantado y bastante, debo decir."
Roy lo vio totalmente confundido. "Creo que no lo sigo, Señor."
Grumman rió. "Por ser tu boda, muchacho, te confesaré algo como regalo." Roy enarcó una ceja. "Por fin desposaste a mi querida nieta, Mustang, y por si fuera poco me han dado un bisnieto, aunque realmente me hubiera gustado conocerlo de bebé, ¡qué desilusión!" Dijo con un suspiro exageradamente marcado. "Bueno mi nieta y tú son jóvenes, así que tal vez puedan darme un par de bisnietos más."
Roy se congeló. "¿Su nieta? ¿Riza es su nieta?"
Grumman asintió. "Es una larga historia. La versión corta es que no sabía de ella hasta que comenzó a trabajar bajo tu unidad cuando eras Teniente Coronel y, si no mal recuerdas, fue desde ese entonces que comencé a decirte que te casaras con ella."
"¿Ella lo sabe?" Preguntó todavía confundido el pelinegro.
Grumman negó con la cabeza. "No, ella no está al tanto y lo he mantenido de esta forma para no intervenir en su ascenso en la milicia y ahora debo seguir así más que nunca para protegerla a ella, a Edward y a ti. Después de todo el embrollo en el que se vieron envueltos no quiero atraer nuevamente atención a ustedes. Tal vez cuando pase un tiempo y todo este embrollo quede completamente olvidado me atreva a acercarme a ella."
"Realmente no me esperaba esto. Si todavía desea mantenerlo bajo secreto, ¿por qué me lo está diciendo?"
"Fácil, muchacho, porque quería asegurarme que mi nieta sea feliz y para decirte que por mucho afecto que te tenga no me voy a tocar el corazón si te atreves a hacerla sufrir."
Roy esbozó una sonrisa. "Descuide, eso no pasará."
"Más te vale, muchacho."
"Sabe que tendré que compartirle esta información a Riza, ¿cierto? Nunca le he ocultado nada y ahora mucho menos que es mi esposa."
"Lo sé, dile que lamento no haberla encontrado antes y el no poder ser el abuelo que me hubiera gustado ser, pero que si algún día me necesita estaré para ella." Dijo el hombre mayor esbozando una sonrisa al final.
Roy asintió. "Lo haré y descuide, yo me esforzaré para que de ahora en adelante solamente haya felicidad para ella… ¿No gusta acompañarnos en el banquete?"
Grumman negó con la cabeza. "Me encantaría, pero es mejor que me vaya. Ya pude ver con mis propios ojos que mi nieta y tú están casados y que su relación con mi bisnieto está bien. Sé que no la necesitan, pero les doy mi bendición, muchacho."
"Gracias, Señor." Contestó Roy haciendo una ligera reverencia.
"Nos estaremos viendo, muchacho." Grumman dijo mientras se despedía.
"Así será."
Roy se quedó mirando cómo se alejaba Grumman con su disfraz mientras seguía procesando la información que acababa de recibir hasta que su tren de pensamientos se vio interrumpido por su hijo.
"Papá, ¿qué estás haciendo aquí? Te necesitan para que comience el baile."
"Oh, lo siento. Estaba atendiendo a una señora que conocí hace tiempo."
"¿Todo bien?"
"Todo está estupendo." Roy se acercó para colocar su brazo sobre los hombros de su hijo. "Será mejor que regresemos."
En cuanto ingresaron al jardín, Havoc se acercó a Roy.
"Vamos, jefe. Ya quiero tener el pretexto para sacar a bailar a todas las hermosas damas del lugar."
Roy y Ed rieron.
"Pues ya no te haré esperar más." Dijo Roy con una sonrisa.
El pelinegro soltó a Ed para acercarse a Riza ofreciéndole su mano. "Mi hermosa esposa, ¿me concederías este baile?"
Riza sonrió mientras tomaba la mano del pelinegro. "Por supuesto."
Roy la ayudó a ponerse de pie y se dirigieron al centro del jardín donde se había colocado una pista de baile. Una vez que estuvieron en ella, el pelinegro colocó una de sus manos sobre su cintura mientras que con la otra tomaba una de las manos de la rubia. Riza tomó la mano de Roy y colocó su otra mano sobre el hombro de él. Comenzaron a bailar una canción lenta bajo la atenta mirada de todos los presentes.
"¿Todo bien? Te demoraste en regresar." Murmuró Riza.
Roy acercó a Riza hacia él y se inclinó ligeramente para susurrarle a su oído. "Todo está excelente. Solo fue un viejo conocido del cual te hablaré más adelante, porque ahora solamente quiero disfrutar de este momento con mi amada esposa." Movió su cabeza y capturó los labios de la rubia en un tierno beso.
Riza sonrió cuando se separaron, soltó su mano de la de Roy y colocó ambos brazos alrededor del cuello del pelinegro. Él sonrió ante el gesto y aprovechó para colocar sus manos en la espalda baja de la rubia. Al estar bailando tan cerca el uno del otro, Riza recargó su cabeza sobre uno de los hombros de Roy.
"Yo también quiero disfrutar este momento con mi amado esposo." Replicó Riza antes de besar la mejilla de Roy. "Hace demasiado tiempo que no bailábamos de esta forma."
Él asintió. "La última vez fue poco antes de que me fuera a la academia."
"No pensé que alguna vez pudiéramos hacerlo de nuevo y mucho menos en público. Creo que ahora puedo agradecer que me hayas enseñado a bailar en ese entonces, porque de otra forma hoy estaría haciendo el ridículo pisándote."
Roy rió, antes de besar la cabeza de Riza. "Tú jamás harías el ridículo, amor. Aunque debo admitir que pasamos un buen momento cada vez que me pisabas."
Riza despegó su cabeza del hombro de Roy y lo golpeó ligeramente aunque sin poder borrar la sonrisa de su rostro.
Cuando la música de la primera canción finalizó, las demás parejas se unieron a la pista para acompañar a la pareja de recién casados. Entre esas parejas, destacó la de Winry y Ed, quien a pesar de portar un notable sonrojo, se dejó arrastrar por su novia. Roy y Riza se dieron cuenta de ello y no pudieron evitar sonreír al ver a su hijo complaciendo a su novia a pesar de lo inseguros que se veían sus pasos por momentos.
"Realmente hacen una linda pareja, ¿no lo crees?" Preguntó Riza haciendo una seña con la cabeza hacia su hijo y Winry.
Roy asintió con una sonrisa orgullosa en su rostro.
Los recién casados siguieron disfrutando de un par de piezas y de vez en cuando sus miradas se desviaban hacia donde estaba la joven pareja.
Por su parte, Winry bailaba tranquilamente con Ed sin dejar de sonreír.
"Tus padres se ven muy felices." Comentó Winry.
Ed desvió su mirada de Winry para mirar en dirección a donde se encontraban sus padres. "Definitivamente. Estoy muy feliz por ellos." Replicó con una gran sonrisa.
"Creo que su historia es una de amor verdadero. Se han amado desde hace tanto tiempo y ahora, contra todo pronóstico, han logrado poder expresarlo al mundo. Es muy romántico."
"Más bien creo que mi madre le ha tenido bastante paciencia a mi padre." Dijo bromeando el rubio.
Winry lo golpeó ligeramente. "Qué malo eres." Dijo fingiendo molestia. "Ha sido paciencia de ambos lados y de mucho trabajo y devoción del uno por el otro."
"Tienes razón." Ed sonrió antes de inclinarse para besar la frente de Winry. "Me voy a esforzar para que nuestra relación se nutra y sea igual de fuerte que la de mis padres. Aunque ahora que lo pienso nosotros tenemos más ventaja que ellos."
Winry enarcó una ceja. "¿Por qué?"
"Porque nosotros nos conocemos desde que éramos unos bebés y por suerte no tenemos ningún obstáculo que nos impida estar juntos."
La rubia sonrió y se acercó para besar la mejilla de su novio. "Tienes toda la razón, pero eso no nos exime de tener que trabajar todos los días para seguir cultivando nuestra relación."
"Estoy totalmente de acuerdo."
Winry se quedó pensativa unos segundos antes de volver a hablar. "Una parte de mí desearía que tus padres no hubieran tenido que pasar por tantas cosas para poder estar juntos, pero si hubiera sido de esa forma, probablemente no te hubiera conocido. Soy muy egoísta ¿no?" Dijo la rubia mientras agachaba ligeramente la mirada.
Ed llevó su mano derecha al rostro de Winry para levantarlo y hacerla verlo a los ojos. "Tú jamás podrías ser una egoísta, Win. Si no todo lo contrario. Eres una de las personas más bondadosas y desinteresadas que conozco." Volvió a besar su frente antes de continuar. "También me hubiera gustado que mis padres no tuvieran que sufrir tanto, pero al igual que tú no puedo evitar pensar que de haber sido así no te hubiera conocido a ti, a Al y a muchas de las personas que aprecio. Por eso, prefiero no pensar en el pasado y disfrutar el presente."
Winry sonrió de oreja a oreja antes de acercarse más para darle un beso rápido en los labios. "¿Sabes cuáles son sus planes ahora que ya están casados?"
"Mmm… lo que me han dicho es que se quedarán a vivir en Forêtplatz para que puedan seguir ayudando en Ishval. Como mi padre no es miembro de la milicia por el momento, no pueden quedarse en las instalaciones que han montado ahí así que la opción más cercana sigue siendo ese lugar."
Winry asintió y no pudo evitar preguntar algo que desde el anuncio de la boda le estaba preocupando. "Ed… ahora que la milicia no los persigue, ¿te irás a vivir con ellos? ¿Tú y Al?" Preguntó tratando de ocultar el tono de tristeza que no pasó desapercibido por Ed.
Ed negó con la cabeza. "Ellos nos invitaron a mí y a Al a vivir con ellos. Me dijeron que siempre tendrían las puertas abiertas para nosotros y estoy consciente que a ellos les encantaría tenerme a su lado para recuperar el tiempo perdido. Pero… también saben que ya tenemos nuestras propias vidas hechas y lo respetan." Tomó gentilmente la barbilla de la rubia para que sus ojos azules se encontraran con los dorados de él. "Definitivamente quiero pasar tiempo con ellos. Incluso Al y yo hemos estado pensando en pasar una temporada con ellos y ayudar en Ishval pero mi intención es seguir viviendo en Resembool contigo y la abuela Pinako."
"¿En serio?"
El rubio asintió sonriendo. "En serio. Pienso pasar un mes con ellos pero creo que esperaré a que ellos se acomoden y que pase toda la emoción de la boda. No me gustaría estar presenciando que estén muy cariñositos y mucho menos quiero estar escuchando cosas raras en las noches." Dijo estremeciéndose ligeramente al final.
Winry rodó los ojos.
"¿Qué?" Preguntó el rubio.
"A veces me pregunto si se te ha olvidado cómo es que llegaste a este mundo." Winry dijo sin poder ocultar la sonrisa que había mantenido todo el tiempo.
Ed se sonrojó ligeramente. "Pues no estoy acostumbrado a ver muestras de afecto y mucho menos de mis padres. Además no estoy interesado en saber los detalles de cómo fui concebido…"
Winry suspiró. "Claro que no, Ed. Obviamente tus padres no te van a hablar de eso ni mucho menos mostrártelo.
"Lo sé, el punto es que prefiero darles tiempo a solas para que se les baje toda la fiebre de recién casados." Refunfuñó el chico antes de bajar su mirada y sonrojarse nuevamente. "Además, quiero pasar tiempo contigo." Murmuró.
La rubia sonrió y sin dejar de bailar lo abrazó colocando su frente sobre uno de los hombros del muchacho. "Yo también quiero pasar tiempo contigo." Murmuró ella.
Ed sonrió y retornó el gesto, sin dejar de bailar. Cerró sus ojos e inhaló profundamente llenándose de la esencia de la rubia disfrutando enormemente de ese momento a pesar de lo poco desarrolladas que estaban sus habilidades de baile.
La fiesta continuó siendo disfrutada por todos los presentes. Durante el baile, todos fueron intercambiando de parejas. Roy bailó con su madre, con Rebeca e incluso con Winry. Riza bailó con todos sus compañeros de la unidad, con Al, y con el Teniente Coronel Armstrong, a quien Roy no le quitaba la mirada de encima para asegurarse de que no abrazara a Riza con demasiada fuerza o que en alguna de las vueltas que la hacía dar durante el baile la hiciera salir volando.
Cuando Riza finalmente tuvo la oportunidad de bailar con su hijo, no pudo evitar sentirse todavía más feliz de lo que ya estaba.
"Sabes bailar muy bien, Edward." Dijo Riza mientras bailaba con el rubio.
Ed se sonrojó. "Eh… bueno papá nos enseñó un par de pasos a Al y a mí." Tartamudeó el muchacho. "Aunque no tienes que mentirme, mamá. Es puro milagro que aún no te haya pisado." Confesó avergonzado.
"Nada de eso. Aprendiste muy bien." Dijo orgullosa Riza.
"Gracias." Dijo tímidamente el chico.
"Gracias a ti y a Al por estar aquí. Este momento no sería igual sin ustedes, hijo. Por primera vez en mucho tiempo me siento plena. Sé que no lo merezco, pero te tengo a ti, a Al, a tu padre, a toda nuestra familia y amigos." Dijo Riza mientras acariciaba la mejilla de su muchacho.
Ed le devolvió una cálida sonrisa. "Claro que te mereces todo esto, mamá. Tú y mi padre. Han pasado por mucho y a pesar de todo han seguido adelante y no se han rendido en mejorar el país. Estoy muy orgulloso de ser su hijo." Dijo el muchacho con convicción.
Los ojos castaños comenzaron a brillar por las lágrimas que querían desbordarse. Por fin había podido casarse con el hombre de su vida, el padre de su hijo, y por si eso no fuera suficiente, había recuperado a su único hijo el cual le había abierto la puerta de su corazón y de su vida.
"Realmente no te merezco, hijo mío." Susurró Riza mientras abrazaba a su hijo.
Sin dudarlo Ed abrazó fuertemente a su madre, regocijándose por la sensación que le transmitía ese gesto. Antes de que se enterara de que Riza era su madre la había sentido y ahora ya no tenía dudas de que siempre había sido el famoso 'llamado de la sangre'.
"Yo soy el que no merece tener una madre tan guapa, inteligente y de buen corazón. Te amo, mamá."
Riza apretó el abrazo. "Te amo, Edward."
-1 Semana después-
Roy y Riza se habían mudado a Forêtplatz el cual era el pueblo más cercano a Ishval. Debido a la falta de caminos entre Ishval y los pueblos del Este, se necesitaba de al menos una hora de camino en auto para llegar, pero eso no los desmotivó para ir a Ishval y buscar formas de apoyar en la reconstrucción. Debido a que todavía tenían muchas cosas que hacer para redimirse por sus actos, ambos acordaron que no tendrían una luna de miel como Rebeca y los demás esperaban. Solamente se tomaron un par de días en el antiguo departamento de Roy para disfrutar la compañía del otro antes de iniciar su mudanza a la casa que habían rentado.
En cuanto ambos pusieron un pie en Ishval, fueron recibidos con varias miradas de recelo, temor e incluso de odio, pero también se toparon con unas cuantas neutrales y de paz, sobre todo de parte del maestro de Scar, quien con ayuda del susodicho había logrado que su gente más recelosa aceptara trabajar codo a codo con la milicia por el bien mayor.
A pesar de la hostilidad que no pudo ser evitada completamente cuando recién llegaron, Roy y Riza se pusieron a las órdenes del Mayor Miles, quien con una sonrisa y una previa felicitación por su reciente matrimonio, les asignó una área donde se estaban reconstruyendo viviendas.
Los días eran largos y extenuantes por la cantidad de trabajo y las altas temperaturas de la región. Además debido a las creencias ishvalanas, se respetó el no hacer uso de la alquimia, por lo que el trabajo tomaba más tiempo en realizarse.
La pareja siempre llevaba comida para compartir con la población y militares que se encontraban trabajando a su lado y a pesar de que les tomaba prácticamente 2 horas o incluso más el estar yendo y viniendo desde su casa hasta Ishval, eso no los detenía de hacerlo de lunes a sábado, ya que los domingos, por insistencia de Miles, decidieron tomarlos libres para descansar y comprar la despensa para la siguiente semana.
En compañía de Al y Winry, Ed se unió a los esfuerzos de restauración un par de meses después de la boda. Con el apoyo incondicional de su abuela y del Señor Garfield, Winry también participó llevando a Ishval sus conocimientos de automail. Los tres mecánicos, junto con el apoyo de algunos mecánicos extra de Rush Valley (gracias a las llamadas y visitas de Garfiel, Paninya y Winry) decidieron donar automails para las personas que más lo necesitaban, ya que desde la guerra y por las condiciones en las que Bradley los había obligado a vivir, no habían tenido la oportunidad ni mucho menos el acceso para restaurar la movilidad que varios sobrevivientes habían perdido.
A pesar de que aún requería de ocasionales momentos para descansar, Al no se quedó atrás y ayudó en todo tipo de actividades, que incluso le servían como parte de su terapia para seguir ejercitando sus músculos. Todo ello bajo la atenta mirada de Ed, Roy y Riza para que no se sobreesforzara.
Al finalizar cada día, los muchachos se retiraban con Roy y Riza para descansar. Fiel a su palabra, el matrimonio había rentado una casa con 3 habitaciones para que los hermanos y Winry siempre tuvieran una a la cual llegar. Las noches después del duro trabajo, las pasaban conversando y disfrutando como una familia.
Dado que todos habían trabajado muy duro, Roy y Riza decidieron descansar un fin de semana completo para disfrutar la compañía de los jóvenes. Como había una feria en el pueblo donde estaban viviendo, decidieron pasar un rato familiar ahí por la tarde. Al ver lo bien que los chicos lo estaban pasando y debido al duro trabajo que habían realizado las últimas semanas, Roy y Riza decidieron retirarse a su casa antes que los chicos, pidiéndoles que ellos siguieran divirtiéndose y que tuvieran cuidado.
Una vez en su casa, ambos decidieron tomar un baño y recostarse en su cama para disfrutar la compañía del otro. Roy abrazando protectivamente a Riza y ella retornando el abrazo con una sonrisa mientras acariciaba el rostro de su esposo.
"Ya no estoy para esos trotes, creo que ahora sí me estoy sintiendo viejo." Dijo el pelinegro haciendo reír a Riza.
"Vamos, Roy. Has trabajado muy duro desde que nos mudamos, es normal que te sientas cansado." Replicó la rubia antes de depositar un beso en los labios de Roy.
"Los chicos han trabajado muy duro y todavía tienen energía para estar disfrutando de la feria mientras que yo lo único que quiero es descansar."
"No eres viejo, amor. Es lógico que los chicos tengan mucha más energía que nosotros. Eso sin mencionar que han pasado por tanto que me alegra que por fin puedan comportarse conforme a su edad."
Riza comenzó a masajear el cuero cabelludo de Roy, mientras que él masajeaba la espalda de ella.
"Tienes razón, pero ¿crees que esté bien que los dejemos solos?" Preguntó ligeramente preocupado el pelinegro.
La rubia enarcó una ceja. "¿Por qué lo dices? El pueblo es muy tranquilo y además ellos saben defenderse muy bien."
"No me refiero a eso… me refiero a Ed y Winry. Sé que Al está con ellos y hasta cierto punto la está haciendo de chaperón, pero tú sabes que a esa edad los besos pueden llevar a otras cosas."
Riza rió ligeramente. "Realmente te preocupa convertirte en abuelo, ¿no es así?"
"Claro que no." Refunfuñó el pelinegro. "Pero sí me gustaría que se tomaran su tiempo. No hay prisa por comenzar una familia. Sé que Winry está ocupada en su carrera como mecánica de automail y que Ed se está manteniendo ocupado con algunas labores en Resembool, su investigación de alquimia y otras cosas, pero…" Suspiró. "Espero que esas 'otras cosas' no involucren tener hijos ahora. Todavía son muy jóvenes, prácticamente unos niños."
La rubia no pudo aguantar la risa ante las palabras de su esposo. "Roy, ¿te recuerdo lo que hacíamos a su edad?"
El pelinegro se sonrojó ligeramente al recordar y decidió aclararse la garganta antes de responder. "Debo recordarte, cariño, que todo lo que hicimos antes de concebir a Ed fue inocente a comparación de esa vez."
Riza besó suavemente la mandíbula de Roy haciendo que él temblara ligeramente ante la sensación. "Mhm aunque tampoco somos tan inocentes como dices."
Roy terminó asintiendo al recordar las sesiones de besos apasionados y caricias que habían compartido antes de que se decidieran a dar el paso que terminó llevándolos a la concepción de su hijo.
"Además, confío en nuestro hijo. Sé que realmente ama y respeta a Winry."
"Tienes razón." El pelinegro sonrió de lado mientras acomodaba un mechón de cabello rubio detrás de su oreja. "Ahora que lo pienso, dudo que los chicos regresen pronto ya que se veían muy divertidos en la feria, eso significa que tenemos la casa para nosotros por al menos un par de horas más. Tal vez también podríamos divertirnos un poco." Comentó Roy moviendo sus cejas de forma sugestiva.
Riza rió y lo golpeó juguetonamente en el pecho. "¿No hace un par de minutos decías que te sentías viejo y cansado?"
"¿Viejo yo? Estoy en la plenitud de mi vida y sobre todo ahora que estoy con la mujer que amo." Dijo antes de comenzar a besar a su esposa quien respondió con la misma intensidad que él.
"Bueno tal vez podamos divertirnos un poco antes de que regresen los chicos." Replicó Riza haciendo que la sonrisa de Roy se ensanchara.
Los adultos pasaron un buen momento mientras que los chicos estaban ajenos de esa diversión ya que ellos se encontraban disfrutando de las atracciones de la feria y de la comida, sobre todo Al que seguía probando cada platillo nuevo que se topaba. Cuando los chicos regresaron, eran cerca de las 11 de la noche pero al ver que la luz de la habitación de Roy y Riza se encontraba apagada, decidieron retirarse a sus habitaciones a descansar.
El resto de la estancia de los chicos con Roy y Riza fue agradable y llena de mucho trabajo en Ishval. Dado que Roy todavía tenía que cumplir casi un año más de suspensión, se dedicó junto con Riza en la restauración de Ishval. Los chicos pasaban temporadas con ellos, disfrutando pasar el tiempo con ellos y siempre que iban brindaban una mano en las labores de restauración.
En este punto, Roy, Riza y Ed estaban más que agradecidos por la nueva oportunidad que se les había presentado para ser una familia y esperaban ansiosos lo que el futuro les pudiera deparar.
