La intención

—¿Ciel?

El Conde levantó la vista, pero no dijo nada. Soma entró con paso dubitativo, las manos en puño, aunque sin apretarlos, solo para controlar el cosquilleo que le causaba saber que estaba por darle una charla que Agni le había dado a él hacía varios años. Sin embargo, su determinación se esfumó por completo al notar algo que debía de haber supuesto desde el principio, pero, por algún motivo, no se le ocurrió: ahí estaba Sebastian.

Sintió un ligero rubor, no había manera de que en frente de aquel mayordomo le preguntara abiertamente a Ciel el motivo por el que no había consumado su matrimonio. Suspiró pensando que, de cualquier modo, era una mala idea desde el primer momento, invariablemente tendría que explicar que Lizzy se lo había confesado y eso sería una indiscreción imperdonable.

—¿Qué necesitas? —preguntó el Conde.

—Saber si irás a la fiesta de compromiso de Edgar Redmond —dijo, sonando convincente.

—No —respondió volviendo la atención a los documentos que estaba revisando—. Elizabeth presentará mis disculpas —agregó, poco después al darse cuenta de que el príncipe seguía en el mismo sitio.

—Está bien, disculpa, yo… debo irme.

Soma giró sobre sus talones y salió cerrando la puerta por fuera, aunque permaneció ahí un momento más. Dejó escapar otro suspiro y entrecerró los ojos.

—¿Soma?

La voz de Lizzy lo sobresaltó, la miró sin poder evitar arquear una ceja. Llevaba puesta una falda rosa con una blusa de seda bastante sencilla en comparación a lo que podría esperarse de un vestido para fiesta.

—¿Aún no estás lista? —preguntó, señalando lo obvio.

Ella negó con la cabeza.

—No iré. Discúlpanos con lord Redmond, por favor.

No pudo evitar su desconcierto, caminó hacia ella alejándose de la puerta.

—¿Pasa algo?

Ella desvió la mirada intentando controlar las lágrimas que empezaban a formarse en sus ojos. Con el ceño fruncido la tomó del brazo y llevándola a una estancia contigua le hizo sentarse en una silla de madera tapizada, arrodillándose a su lado.

—¿Qué pasa? —volvió a preguntar—¿Es por Ciel?

Lizzy se mordió los labios, sus ojos acuosos causaron una angustia terrible en el Príncipe que no podía sino sentir en su pecho la urgente necesidad de arreglar eso que estaba mal y la hacía sufrir.

—Esta es la primera invitación que se envía a los condes Phantomhive —dijo con un tono de voz bajo.

—No sería la primera vez que una esposa ofrece disculpas a nombre de su esposo — respondió Soma con media sonrisa.

Ella arqueó las cejas en un gesto aún más doloroso, y él comprendió entonces que lo que quería evitar, eran las preguntas sobre su vida marital, un tema que, sin duda, sería la curiosidad de todas las damas, incluso las más discretas. Pues habiendo sido su boda uno de los eventos más importantes de la vida social londinense, lo más natural era desear conocer los detalles posteriores.

¿Cuándo habrá un heredero?, sería la pregunta obligada.

Soma acarició su mejilla.

—Todo saldrá bien, lo prometo.

Lizzy correspondió el gesto y se inclinó para besar su frente, pero no dijo nada más.

.

—En realidad ya esperaba algo así —dijo Edgar cuando Soma se hubo acercado para felicitarle y presentar las disculpas de Ciel —. Phantomhive nunca fue afecto a este tipo de eventos, además, trabaja demasiado.

Soma asintió sin poder evitar el sentirse incómodo, pero no hubo necesidad de prolongar más esa charla, casi de inmediato Edgar se excusó y le dejó para atender a otros invitados.

Aún abochornado se giró para ocupar cualquier otro lugar, quedarse parado en donde Edgar le había dejado era vergonzoso para cualquiera, así que se decidió a buscar alguien con quien mitigar la sensación de que estaba fuera de lugar en aquella fiesta.

—¿Kadar?

Una sensación de alivio lo embargó al escuchar a Lawrence Bluer y empezó a saludar a todas sus hermanas que corrieron hacia él. El joven caballero no comprendía aún la emoción que le causaba a las chicas el verlo, sobraba mencionar lo inapropiado de su comportamiento por no ser miembro de la familia y las únicas que se controlaron fueron las mayores, posiblemente porque iban con sus esposos, pero eso no impidió sus comentarios sobre lo agradable que era verle.

Entonces, Lawrence intentó apartarlo, llevárselo de ahí y tener una charla de caballeros, con algo de suerte encontrando a cualquiera de los otros chicos, pero antes de que pudiera hacerlo, Georgia se adelantó y apartando al resto de sus hermanas, tomó a Soma por el brazo, conduciéndolo al centro del salón mientras la orquesta inauguraba el baile.

Soma trago saliva, nunca había bailado con otra chica que no fuera Lizzy, y en algún momento Paula y Mey-Rin, aunque con ellas dos nunca había sido un baile formal. Ella le condujo por la pista como debiera de hacer un caballero, aunque eso a Soma le resultaba conveniente y cómodo porque, aunque conocía los movimientos, nunca estaba seguro de qué hacer para pasearse por toda la pista sin chocar con otra pareja, y tampoco quería quedarse girando en el mismo espacio como las manecillas del reloj.

—Realmente no creí que existiera una mujer capaz de convencer a Edgar de casarse —le dijo la dama.

—Me imagino que si es la correcta…— no pudo terminar, ella parecía no haberle escuchado o al menos no estaba interesada en que fuese una conversación de dos.

—De haber sabido que eran de su agrado las chicas jóvenes —continuó diciendo —, me habría empecinado en que una de mis hermanas lograra tal hazaña, con mi debida guía lo habría logrado.

Soma se encogió un poco.

Georgia era la segunda hermana mayor de Lawrence y seguía soltera para disgusto de sus padres, sabía eso no por una indiscreción mal intencionada, sino porque en una carta, Lawrence le había preguntado si querría casarse con ella.

"Es una dama especial" decía, "seguramente te recordará a la Catalina Minola de Shakespeare, aunque te aseguro, querido amigo, que su corazón es noble y puro como el de ninguna".

Tuvo que leer entonces la obra a la que hacía alusión* para comprender a lo que se refería, y teniéndola frente a él, con esa mirada astuta y sus labios carmesí curvados en una sonrisa que no era ni gentil ni dulce, no pudo evitar sentirse un poco acobardado ante la idea de que fuera su esposa.

—Yo…

De nuevo ella no le permitió hablar, le dio indicación para hacer una serie de giros y cambio de manos que habría creído imposibles de lograr por su cuenta, pero que estaba ejecutando con gran habilidad.

—Siempre creí que eran los caballeros quienes decidían a quién cortejar —comentó mirando las parejas que se habían formado para el baile.

Georgia rio.

—Qué dulce eres —le dijo, pero al príncipe el "dulce" le sonó a "ingenuo".

La dama se pegó más contra él.

La mujer cree ser la conquistada; el hombre, el vencedor. Y con todo, el vencedor se inclina delante de la vencida. *

Soma frunció el ceño, no por molestia, sino por incomprensión y ella lo supo enseguida.

—¡Oh, querido! —exclamó una vez terminada la pieza —Una mujer puede tener al hombre que quiera, y convencerlo de que es él quien la ha elegido, hacer que entregue todo su amor.

Soma ofreció su brazo para llevarla de regreso con sus hermanas una vez que la música terminó y todos aplaudían.

—¿Eso es verdad? —preguntó antes de despedirse, ante la insistencia de Lawrence para alejarse de ahí.

Ella le dedicó un guiño que escandalizó a su hermano.

—Parte por parte.

Soma se dejó llevar por su compañero, pero guardando las palabras de la dama. Si no podía tratar por medio de Ciel el resolver el problema, tendría que ayudar a Lizzy con eso de la conquista.


Comentarios y aclaraciones:

*La fierecilla domada/ La doma de la bravía / La doma de la furia (en inglés, The Taming of the Shrew), obra de Shakespeare.

*Frase de Søren Kierkegaard

Yo sé que esta historia tiene en hiatus más tiempo que el capítulo del maga que destrozó mi corazón y hace que me duela siquiera imaginar esta trama ajustándose a los acontecimientos del manga… sí, me refiero a lo de Agni.

Solo quería expresarlo.

¿Qué haré?

Sufrir mientras escribo, supongo, no pienso incluirlo aquí, sería extraño y fuera de lugar, sobre todo porque ya tengo el AU de Ciel y Elizabeth casados… el Ciel que es el Ciel que conocemos y el Ciel que he trabajado… que complicado está todo.

¡Gracias por leer!