Lady Lizzy

—Lawrence y Clayton ya llegaron —anunció Sebastian en cuanto entró al despacho.

Ciel apenas lo miró, aunque no pudo evitar el levantar una ceja por la informalidad con la que se había referido a ellos. Pensó que sería un remanente de cuando hizo el papel de profesor.

—¿Entonces ya vamos a cenar?

—El príncipe Soma insiste en baje a su despacho, que quiere mostrarles a todos el proyecto.

El joven Conde gruñó, pero convencido de que era inevitable, y bajar por su voluntad evitaría que Soma lo bajara a rastras, dejó la pluma en su descansillo y se puso de pie, ordenándose la ropa. Sin decir palabra salió de la habitación y bajó las escaleras apresuradamente.

La puerta del despacho de Soma estaba abierta, y debido a que estaba en su propia casa, no sintió la necesidad de anunciarse. Sin embargo, entrar para decir que todo estaba bien sin apenas mirar lo que tenía que mostrar, fue prácticamente imposible.

Todo el piso se encontraba ocupado por pliegos de papel con los esquemas, anotaciones de alguna fórmula, matemática o química, no supo diferenciar, dibujos de interiores, perspectivas y más diagramas.

Levantó la vista, encontrando a Clayton y Lawrence sosteniendo sus portafolios muy cerca de sus cuerpos para poder mirar con cuidado los sitios que pisaban, pues, aunque Sulli les había dicho que podían pasar por encima, ellos simplemente se veían incapaces de pisotear el trabajo de alguien más.

—¡Ciel, mira! —exclamó Lizzy agitando unas hojas por sobre su cabeza.

Por un momento, Ciel no supo exactamente qué era lo que le había causado una opresión en el pecho, era casi doloroso, y le cortó el aire por unos instantes.

Dando saltos por donde se podía ver un poco de la alfombra, y recogiéndose el vestido con la mano que tenía libre, por un momento le pareció verla de nuevo de doce años, con los ojos brillantes y las mejillas encendidas, olvidándose del decoro por atender su emoción desbocada.

Lawrence desvió la mirada al darse cuenta de que, al hacer eso, la condesa había dejado entrever sus medias, apenas por sobre el tobillo, pero considerando que se trataba de una dama adulta y no una niña, la visión resultaba por demás escandalosa.

Dándose cuenta de eso, apenas estuvo a su lado, Ciel se apresuró a hacerle soltar el vestido. Ella no se dio cuenta de sus intenciones, y se limitó a enseñarle los dibujos de lo que supuso, serían los camarotes.

—Sulli dice que, aunque la función primordial del barco es mercantil, en realidad funciona perfectamente para pasajeros también.

—Solo son bocetos —dijo la joven, interrumpiendo momentáneamente su charla con la invitada de Soma —, la verdad es que no se me da nada bien la decoración, pero pensé que ahorraríamos algo si no contratamos a un decorador, y lo hacemos nosotros.

—Sí, eso tiene sentido, ese tipo de profesionales cobran más de lo que podemos disponer —repuso Clayton.

—Yo no creo ser muy útil en ese sentido —dijo Alice Kingsleigh entre risas —. No tengo talento para esas cosas.

—¡Pero tenemos a Lizzy! —exclamó Soma.

—¿Yo?

—¡Si! —secundó Sulli —¡Lizzy tiene el buen gusto de una dama!

Clayton consiguió encontrar un sitio en el que nada del trabajo que estaban exponiendo corría peligro, de modo que pudo tomar algunos de los planos y empezó a revisarlos. Ciel arqueó una ceja preguntándose si realmente entendía todo lo que Sulli había estado garabateando.

—Son tan escandalosos —se quejó Lawrence acercándose a él —. Todos.

—Resígnate, es tu equipo de trabajo.

El joven rio quedamente.

—No me malentiendas, Phantomhive. Es de hecho, muy agradable. Es como si… iluminaran todo con su luz.

El Conde lo miró con cierto interés, sin embargo, el aire ausente que había adoptado su semblante, le dejó en claro que estaba pensando en Derrick Arden y los otros.

—Sí —respondió, volviendo la mirada hacia su esposa, de vuelta con el grupo de Soma y las otras damas. Se la veía tan feliz, que resultaba difícil no darle la razón a Sebastian, de que necesitaba un nuevo propósito en su vida, algo que la hiciera sentir valiosa de nuevo.

—¿Consideras necesaria una revisión del cuerpo colegiado de la universidad? —preguntó Lawrence a Clayton, avergonzado por haber traído la melancolía de su pasado a tan alegre reunión.

—No —respondió Clayton sin levantar la mirada —. Es poco ortodoxo, pero definitivamente es perfecto en cada uno de los cálculos. Con el capataz adecuado, no debería existir ni un solo error.

Le tendió las hojas a quien en otros tiempos fuera su superior, pero este rechazó el ofrecimiento. Confiaba plenamente en su capacidad analítica.

—Charlemos durante la cena, chicos, señoritas, que muero de hambre —dijo Soma, volviendo a enganchar con sus brazos a Elizabeth y Alice, mientras que Sulli, con sus piernas metálicas iba detrás de ellos, aun canturreando detalles técnicos que posiblemente solo ella encontraba apasionantes.

Clayton y Lawrence se tomaron su tiempo.

—¿Crees que haya problemas con lord Ascot?

La mención de una posible nube gris surcando el cielo del próximo proyecto, puso en alerta a Ciel, que volvió toda su atención a Clayton, que había hecho el comentario.

—¿Qué hay con lord Ascot? —preguntó.

—Nos ofreció un trato por demás excelente. Y como nota al margen, la señorita Kingsleigh estuvo comprometida con él. Sus padres fundaron la compañía naviera Ascot & Kingsleigh. Cuando Charles Kingsleigh murió, se suponía que unificarían las acciones de la compañía casándose, pero ella rompió el compromiso.

—¿Crees que lo vuelva personal? —preguntó con hastío solo de imaginar semejante drama sentimental en sus negocios.

—¿Volverlo personal? —preguntó Clayton con horror —¡El hombre enloqueció! La presionó por todos los flancos para quitarle las acciones de la compañía.

—También le quitó la casa, la dejó en la calle.

—La viuda Kingsleigh murió de pena, supongo. Y Alice se quedó sola, sin nada más que una vieja fragata mixta, ¡de vapor y vela! ¡Esa no es forma de tratar a una dama!

La indignación de Clayton era palpable. Aunque no resultaba extraño, su sentido de la justicia y el decoro se había apoderado de él.

—Te imaginarás que le costó trabajo levantarse, sobre todo siendo una mujer, pero consiguió cambiar su fragata y en tres años se hizo de un segundo buque.

Ciel frunció el ceño. Era difícil que sintiera empatía por alguien, pero imaginar a una mujer levantando sola su compañía, cuando tenía todo en contra, era algo que podía respetar. Ladeó levemente la cabeza.

—Si lord Ascot se convierte en una molestia, yo me haré cargo de él.

Lawrence rio un poco.

—Creo que esa es la parte que verdaderamente disfrutas.

Ciel hizo un mohín.

—Vamos a cenar —dijo.

Aun antes de llegar al comedor, el escándalo era plausible.

—¡Chicos! ¡Chicos! —exclamó Soma desde su lugar, con una absurda exageración que hacía parecer que estaba al fondo de un concurrido salón de fiestas —¡Ya sé cómo se va a llamar el nuevo barco!

—¡Lady Lizzy! —exclamó Sulli chocando las palmas con animosidad.

Por su parte, Elizabeth se cubría la cara con las manos, tratando de ocultar su vergüenza.

—No por favor, el nombre de Sulli es más apropiado, es su diseño, después de todo, ¡o el de Alice!

—Por favor, Lizzy, no conozco a ningún inglés que lo pueda pronunciar bien —repuso Sulli —. Ni siquiera Ciel.

—Y yo ya tengo un buque con mi nombre, y otro con el nombre de mi madre —secundó Alice.

—Por mi está bien —repuso Lawrence, acercándose para tomar su lugar en el comedor —, es la esposa de Ciel, el socio capitalista.

Clayton apoyó la sugerencia, aunque a él, ese asunto le resultaba irrelevante,

—Lady Lizzy —repitió Ciel, algo que pareció incentivar un brindis en la escandalosa comitiva.

"Lizzy", pensó, mientras miraba la copa de vino que Agni se había apresurado a servir.


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