Disclaimer: HP le pertenece a J.K. Rowling


Si los retratos hablaran

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Capítulo 12

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-¿Luna?-exclamó Ginny mirándola con sorpresa-¿por qué nos seguiste? ¿espera, cómo pudiste seguirnos sin que te notemos?

Luna sonrió con emoción al escuchar a la pelirroja.

-Tenía mucha curiosidad cuando los vi pasar cerca de mí, y Harry me había prestado su capa recientemente para escapar a ver a los thestrals-respondió acercándose a los instrumentos de pintura y examinándolos. -Oh, esto es bonito, son colores preciosos-Se tomó su tiempo para mirar los materiales, sin mirar directamente a sus compañeros, pero cuando lo hizo, encontró la cara confundida de Ginny, y un inquieto Draco.- No quería asustarlos, solo hablar con ustedes, estas semanas parecen estarse divirtiendo mucho. Ron dice que no puede creer que estén saliendo, Hermione dice que no cree que lo hagan, Harry parece confundido de lo bien que se llevan. No me parece que estén saliendo, ¿están saliendo? ¿Interrumpo su cita?-preguntó dulcemente y Ginny se sonrojó, y negó repetidamente.

-No, para nada. Draco, dile que no estamos...-empezó pero al observar el rostro del rubio se interrumpió y lo miró bien-Hey, Draco ¿estás bien? Es solo Luna-exclamó Ginny; pero Draco solo tomó su mano sin poder controlar sus temblores y siguió mirándola en silencio. Para ella era solo Luna, una amiga, una conocida, habían pasado tiempo juntas en ese grupito de defensa que crearon, tenían amigos en común; pero, para Draco, la rubia era la amiga de Potter a la que esos hombres habían sacado de la comodidad de su hogar y habían encerrado en Malfoy Manor. Era la chica a la que había interrogado cruelmente y Draco había escuchado gritar desde su habitación, diciéndose a sí mismo que lo único que ella hacía era apoyar lo que creía correcto, que probablemente no sabía nada importante. Era Lovegood; era incluso más pequeña que él y su poca estatura, su comportamiento y grandes ojos azules hacían ver incluso menor. Y aún así parte de esa bola de desagradables hombres habían incluso fantaseado con forzarla y Draco había oído susurrar cómo querían hacerlo, o cómo Fenrir la destrozaría antes de devorarla. Tía Bella incluso había dicho unos días antes de su liberación que ansiaba verla siendo el alimento de Nagini frente a la mirada de Potter. Luna Lovegood era la chica en los sótanos a la que dejaban morir de hambre, y Draco no pudo liberar. Ni siquiera lo intentó porque los elfos ya no le obedecían sin consultarle a su padre e informarle a ese hombre y estaba realmente asustado, aterrado, de moverse en su propia casa. Era alguien a quien había lastimado y ni siquiera podía mirar de lo avergonzado que estaba. Potter se hubiera arriesgado, se decía en ocasiones e intentaba caminar a las mazmorras para sacarla de ahí, pero siempre había alguien, y si la sacaba a ella no podría evitar sacar al resto... y si descubrían lo que quería hacer sus padres no se librarían del castigo que Draco traería. Así que Draco la sacrificó, sacrificó a toda esa gente en sus sótanos, a cambio de la poca comodidad que le quedaba a sus padres.

Y eso era lo peor.

Que Draco la sacrificó, sabiendo lo que podían hacerle. Lo que le habían hecho a la maestra de Estudios Muggles. Fue una elección y Draco terminó tomándola. Y ahora la veía de nuevo, pero ella no era como Fred y Colin, estaba viva, respiraba. Su vida continuaba con las secuelas de todo lo que sufrió y tendría que recordarlo cada día de su vida. Draco ni siquiera había intentado disculparse, él solo se limitó a alejarse de ella para que no le estorbara nuevamente. Tenerla cerca era recordar lo muy cobarde que fue. Que aún era. Si fuera ella, Draco no querría verse a sí mismo, se odiaría, se odiaba tanto...

-Draco, Draco respira-exclamó Ginny, con las manos en sus hombros al ver como su rostro se contraía.

-Oh, lamento haberte asustado-exclamó la rubia y se acercó a él, haciendo que el slytherin retrocediera.-¿Puedo...?

-¿Draco?

-Tengo, tengo que irme. Lo siento, lo siento mucho-exclamó él, intentando respirar. Ninguna de ellas lo detuvo, y eso fue lo mejor porque Draco no podría hacer nada más que intentar respirar. De pronto se sentía como aquellas noches en su habitación, intentando taparse los oídos, pensando en lo mucho que deseaba no estar ahí. Apretó su camisa en un intento de obligarse a pasar el aire, pero su garganta dolía, sus pulmones dolían, y sus ojos ardían tanto...No supo cuánto paso pero sus pasos lo guiaron al lago Negro y se tiró de rodillas, intentando que el aire dejara de quemarle. Estaba respirando con más tranquilidad cuando ambas chicas se acercaron pero él no lo notó porque solo podía mirar hacia las profundas aguas.

-¿Draco estás bien?-exclamó una preocupada pelirroja y sin esperar su respuesta lo abrazó. Draco respiró aliviado de que fuera Ginny, porque ella era real, cálida y comprensiva se recordó, y Draco no la había dañado de ninguna manera seria. Se hundió en su cuello, respirando su aroma floral, intentando controlarse, pero en cambio se quebró y empezó a llorar.

Ginny, afortunadamente para él, no dijo nada.

No supo cuánto pasó cuando Draco logró calmarse y entonces pudo sentir como alguien se acercaba a él y acariciaba sus cabellos.

Extrañado, miró a un lado y para su terror se trataba de Lovegood. Quiso moverse pero ya no tenía energía, así que cerró los ojos y esperó a lo que ella quisiera hacer. Lovegood miró a Ginny y le pidió que le diera espacio, y para sorpresa de Draco se agachó y tomó sus manos.

-¿Qué estás haciendo?-alcanzó a preguntar, pero Luna solo sonrió.

-Se acabó, Draco. Somos libres, todos. No solo nosotros, tú también. Los monstruos solo están en tu cabeza ahora, debes dejarlos descansar para ser feliz otra vez.

Los ojos grises se humedecieron y los labios de Draco formaron una línea llorosa.

-Lo siento, lo siento mucho, Lovegood-exclamó.

-Lo sé. Está bien.

-No, no lo está. Yo no te liberé, no pude liberarte-lloriqueó.- No ayude a ninguno de ustedes, sabía que estaban ahí y aún así yo...-hipó, incapaz de dejar de llorar.

-No podías hacerlo, Draco, no era tu lugar. Todo estaba destinado a ser como fue. Estabas solo, estabas por tu cuenta, está bien-susurró abrazándolo y Draco se estremeció por lo muy extraño que era que alguien aparte de Ginny lo abrazara. Aún así suspiró aliviado y se recostó contra ella.-Estás perdiendo tu mente al no soltar esos sonidos, esas memorias. Tienes que dejarlo ir, Draco. Puedes hacerlo. Poco a poco volverás a ser quien eras. Más sabio. Menos indeciso. Más feliz.

Draco no creía que pudiera, pero no la desmintió. En cambio, se permitió disfrutar del pequeño alivio que recorría a uno cuando su corazón se liberaba de una pesada carga que lo atormentaba a diario.

Y entonces, Ginny, quien no podía aguantar el silencio exclamó.

-Todos estamos un poco locos hoy, ¿no? Luna siempre lo está, pero nosotros necesitamos un descanso-exclamó ella- ¿por qué no un poco de chocolate caliente en nuestro nuevo club? Entonces, ambos pueden explicarme de lo que hablan.

Draco, contra su voluntad, rio y asintió.