Disclaimer:

Los personajes, trama y detalles originales de BNA: Brand New Animal son propiedad de Yoh Yoshinari, Kazuki Nakashima y Trigger (anime).

Advertencias:

No he leído la novela/precuela, y solo un capítulo del manga que encontré en facebook, por lo que esto se basa exclusivamente en los hechos del anime.

La clasificación indica temas que no son propiamente para menores o personas sensibles a asuntos relacionados con la violencia física o psicológica, además de uso de lenguaje vulgar. Queda a discreción del lector el contenido.

Notas introductorias:

La verdad es que no me quería embarcar en otra historia larga, pero es que es inevitable, sobre todo por lo mucho que me ha gustado este fandom.

Y, por cierto, debemos el título a la canción homónima de ABBA.

Dedicatorias:

Para HIGURASHI WORKSHOP STUDIOS, la antítesis de su OTP finalmente llega.

Y por supuesto, para todos los que gustan de la variedad respecto a parejitas.


El ganador lo toma todo

Estaba entre tus brazos, pensando que pertenecía ahí…


El límite del deber

Michiru nunca había usado el pelo largo.

Su sentido de lo práctico se había desarrollado desde muy temprana edad, casi a la par de sus preferencias deportivas, sin importarle si con ello debía sacrificar ciertos usos y costumbres considerados como femeninos, ella simplemente hacía lo que mejor le parecía.

Sin embargo, y aunque Nazuna no tenía que preocuparse de recogerle el pelo mientras vomitaba, sentía la imperiosa necesidad de reconfortarla, hacerla pensar en centros comerciales, tutoriales de maquillaje e incluso esa bonita falda de vuelos rosados que le regaló en su cumpleaños y que nunca se puso.

Cualquier cosa que no fuera eso.

—Toma —le dijo, tendiéndole una botella de agua.

Michiru negó con la cabeza, no se sentía capaz de llevarse nada a la boca, pero el sabor de sus ácidos estomacales atormentaba sus sensibles sentidos, dificultándole el recuperarse.

Nazuna pasó los dedos por entre el pelo de su amiga, sintiéndo una costra reseca marrón oscuro, ligeramente rehumedecida por la lluvia que la atrapó en el camino, y entonces se dio cuenta de que tenía que meterla a bañar a cualquier costo.

Se puso de pie para abrir las llaves del agua, girándose hacia la estantería donde guardaba las sales de baño. Quería que Michiru se sintiera de nuevo limpia, aunque dudaba que la imagen de una cabeza reventando frente a ella fuese a desaparecer entre olor a lirios.

Se estremeció solo de imaginarlo. No lo soportaba siquiera en las películas, le parecía de mal gusto, y pese a eso, estaba segura de que en la vida real no debía de verse exactamente como una sandía estallando, sin embargo, el que Michiru tuviera sangre y algo más viscoso que podía asegurar que se trataba de algún pedazo de cerebro o algo así, no hacía más alentadora la imagen.

Preparó el baño tan rápido como podía correr la presión del agua en el edificio, y para no intimidarla, la metió con todo y ropa a la bañera.

—¿Qué haces? —le preguntó.

—Pues lavándote —respondió con simpleza —. No te vas a meter a mi cama como cachorro mojado, tú ya casi no usas tu forma humana, ¿se te olvida que el pelaje huele raro cuando se moja?

Michiru profirió algo como una risa nerviosa, carente de toda alegría, y más parecido al preludio de un llanto que se iba a prolongar un buen rato.

—Puedo hacerlo sola —le dijo.

Nazuna no pretendía realmente bañarla, así que la dejó estar para que pudiese sacarse la ropa con tranquilidad, así que se dio a la tarea de sacar un pijama del armario que cumpliera con sus pudorosas expectativas sobre la ropa de dormir, y por suerte encontró uno de franela que le había enviado su madre por su cumpleaños, aun deseosa de que mantuviera cierto conservadurismo, lejos del satén, el encaje y la seda.

Buscó su teléfono, pensando en pedir algo para cenar. Michiru acababa de vaciar el estómago, y aunque no tuviera ánimos, tampoco se iba a quedar así, y ella no estaba demasiado dispuesta a mantener el ayuno por solidaridad.

Sin embargo, mientras revisaba las opciones, un olor inconfundible a perro mojado alcanzó su nariz. Con el ceño fruncido corrió a la puerta antes de que tocara el timbre, y sin importarle la diferencia de tamaños o de poder neto, tomó por las solapas de la gabardina a Shirō Ōgami y lo mantuvo fuera del departamento, cerrando la puerta a su espalda.

El reproche era claro en cada una de sus facciones, e incluso en detalles de los que seguramente la chica no era consiente como el haber cambiado de forma súbitamente, y la postura de sus orejas, así como la tensión de su mandíbula.

Shirō lo dejó pasar, aunque le diría a Michiru que hablara con ella al respecto, ese cambio de forma tan abrupto se consideraba una incitación grosera a una pelea, aunque todo en ella era rosado.

—¿Cómo está? —preguntó escuetamente.

—¿Cómo quieres que esté?

—Me refiero a si no está herida.

—No, no lo está. La habría llevado al hospital de lo contrario.

Shirō pareció aceptar esa lógica y lo hizo saber con un asentimiento. Sin embargo, esa exasperante calma crispó aún más los nervios de Nazuna, manifestándose en forma de pelaje erizado.

El lobo no esperaba que lo atacara, era ridículo, pero no comprendía el motivo de esas reacciones.

—Tienes que dejar de llevarla a todos lados —dijo finalmente.

—Es nuestro trabajo auxiliar a la policía en situaciones críticas. Michiru lo sabe desde el primer día.

—Hace lo que le dicen a modo de retribución, no tiene otra fuente de ingresos.

Aquel comentario no sentó del todo bien a Shirō, y la expresión fría de su mirada se lo dejó en claro

—Michiru tiene la edad suficiente como para decidir lo que quiere hacer o no. Solo quería saber cómo estaba.

No esperó réplica de una conversación que no iba a llegar a ningún lado, dio vuelta sobre sus talones y se marchó de ahí, dejando a la chica de pie, completamente frustrada en la puerta del departamento.

Nazuna volvió al interior con la sensación de haber querido gritar y montar tal escándalo que el resto de los inquilinos salieran a callarla, para entonces acusar al taciturno trabajador social de la cooperativa de ser un idiota.

Michiru aun no salía del baño, así que luego de dejarle el pijama y decirle que no se diera prisa si no quería, se dejó caer en el mullido sofá blanco frente al televisor.

Al encenderlo, chilló por el volumen alto del canal de noticias que justamente transmitía imágenes de más temprano en el puerto, donde un altercado con una embarcación de cazadores humanos, se convirtió en una toma de rehenes que acabó con un agente portuario muerto, justamente el que Michiru tenía a pedazos en el cabello y la ropa.

Rápidamente cambió el canal antes de que ella escuchara algo, lo que menos necesitaba era eso.

Respiró profundamente, la novela del horario estelar, con su baja producción que se limitaba a locaciones de Animacity, con elemental edición y esa estúpida flamingo larguirucha que le había robado el papel, parecía incluso mejor opción.

—Sobrecalificada —farfullo al recordar las palabras del productor que no había querido siquiera hacerle una audición.

Dejó que la novela hiciera ruido de fondo mientras revisaba sus redes sociales, que estaban todo lo bien que podría esperarse, considerando que la cobertura era limitada a la ciudad y alguna que otra prefectura de Japón con regulaciones laxas respecto al tema beastman.

Aun así, se podría decir que vivía su sueño, que tenía conciertos, un single y su respectivo álbum, un armario impresionante, podía pagar sus cuentas con un tren de vida más que decente.

No era lo que tenía en mente, pero tampoco se quejaba.

Desvió la vista hacia el cuarto de baño.

¿Y Michiru?

Se conformaba con unas horas a la semana castigando el tablero acondicionado en la terraza de la cooperativa, y eso si su trabajo como asistente social le dejaba tiempo.

Incluso había dejado el equipo de los osos a falta de tiempo para coordinar con los entrenamientos. Jackie había hecho una campaña de acoso para convencerla de volver, pero la decisión estaba tomada, Michiru sería asistente de Shirō, con el cargo simbólico de trabajadora social, pero las extrañas atribuciones del lobo respecto al resto.

Quizás por las peculiares habilidades, que, si bien no rivalizaban con la inmortalidad y casi invulnerabilidad del legendario Ginrō, estaban sobre la media de los beastman, sobre todo por la adaptabilidad a las circunstancias.

No imaginaba que simplemente ya no le interesara, el que no hubiese liga en Animacity no parecía una excusa razonable, así como era Michiru, lo sorprendente era que no hubiese ya reclutado a un montón de aspirantes para enseñarles a jugar y hacer su propia liga. Y tampoco creía que fuese alguna consecuencia de la madurez, la edad, o las circunstancias, que de pronto descubriera que su verdadera pasión era perseguir escoria criminal.

¿O era ella la infantil al aferrarse al sueño de una estudiante?

El sonido de llamada entrante en su teléfono la sacó de sus pensamientos y aunque no quería responder, lo hizo.

—Hola, papi —dijo, con su mejor voz de niña buena.

—¡¿Nazuna-chan?! —exclamó el hombre al otro lado de la línea con notoria exaltación.

—¿Qué sucede? —preguntó, incorporándose.

—¡Por todos los cielos! ¡Estás bien!

Nazuna sintió que el corazón se le estrujaba, el hombre había sollozado.

—Sí, estoy bien, ¿qué sucede? ¿mamá está contigo?

Ni bien terminaba la pregunta cuando su madre tomó el teléfono.

—Nazuna-chan, realmente estamos felices, es que alguien llamó de la oficina de tu padre sobre un problema, de un grupo extremista que había matado a una chica en el puerto.

Nazuna se apresuró a decirles que no había tenido absolutamente ninguna relación con ella.

—¿Y Michiru-chan?

—Ella… estaba en una práctica al otro lado de la ciudad.

—¡Gracias al cielo!

La llamada no duró demasiado, a Nazuna no le gustaba la idea de que alguien pudiera interceptar su línea, pondría en riesgo el trabajo de su padre, y habían acordado aguantar al menos otros tres años para que se pudiese jubilar antes de animarse a visitarla durante alguno de los festivales de integración.

Su padre era fiscal, uno muy apreciado en la comunidad y que siempre se había preocupado mucho por su familia, lo que desafortunadamente había conducido a su separación forzosa una vez revelada su forma beastman, pues la habían encontrado no solo por el rastreo del contrabando de plasma, sino porqué él había empezado a buscar ayuda para tratar su condición.

En los últimos años, se había posicionado como un activista político que mediaba en los conflictos violentos entre humanos y beastman, lo que de por sí ya era malo en una sociedad con un porcentaje significativo de ciudadanos recelosos de las convivencias con "seres antinaturales", no quería ni imaginar qué sería de su carrera si se hiciera público el hecho de que su hija, nacida como humana, había conseguido una forma de zorro.

Seguro que se formaba la teoría conspirativa de que el amor por los beastman haría que la descendencia fuera uno de ellos.

Entonces, la puerta del baño se abrió, dejando escapar el vaho aromático.

Vio su silueta desdibujándose, y entonces notó que estaba mucho más delgada de lo que era en la escuela. En ese entonces, pese a ser pequeña en relación a la media de las jugadoras de básquetbol, tenía una figura tonificada, algo que conservó al convertirse en tanuki, al menos hasta hacía un tiempo.

—Mamá te manda saludos —dijo, ya que no se le ocurría otra cosa.

Michiru sonrió de medio lado antes de estirar los brazos, cambiando drásticamente su semblante, como si nada malo hubiera sucedido.

Olisqueó el aire y con el ceño fruncido, preguntó si Shirō había estado ahí.

—Pues sí —respondió, consciente de que, si trataba de mentirle, la iba a pillar —. Quería saber cómo estabas, y como no podía pasarlo al baño, y no quería esperar, se fue.

Michiru pareció convencida y se dejó caer a su lado en el sillón, haciendo una broma respecto a que, si Nazuna no hacía algo de ejercicio, sus piernas se parecerían a las de esa flamingo de la novela.

—¿Qué quieres cenar? —preguntó Nazuna.

Si Michiru quería jugar a que nada había pasado, le daría el gusto.

Al menos por esa noche.


Comentarios y aclaraciones:

Por si no ha quedado claro en las etiquetas, y para evitarnos los malos entendidos, esto será un ShirōxNazuna.

Abrí una fanpage de Facebook: El moleskine de Kusubana.

¡Síganla! Tendré material adicional y algunas noticias sobre el provenir de esta y otras historias.

Y más que nada, quiero desearles ¡Felices fiestas!

Este año logré alcanzar el centenar de historias publicadas y nada de esto tendría sentido sin ustedes los lectores.

¡Mis mejores deseos para todos! Especialmente en estos tiempos tan difíciles, espero poder cooperar en algo, aunque sea un minúsculo aporte para hacer más llevadero el asunto

¡Gracias por leer!