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La recepción de invitados

Woody se despidió de Minnie en las escaleras de la entrada. Ya se había arriesgado mucho por un pedazo de pizza pasada. Ella solo acercó su nariz, el olor a basura que emanaba de su hocico era más espantoso que el de su cuerpo en general, pero no quiso ser grosero, así que solo contuvo la respiración hasta que se dio la vuelta y se alejó corriendo a toda velocidad.

Con el sombrero trató de dispersar la peste, si bien no era más que una excusa para armarse de valor antes de entrar.

El edificio resultaba más atemorizante de cerca, incluso con el sol empezando a salir, o quizás debido a eso. Las sombras se alargaban en ciertas zonas, acentuando la idea de que estaba abandonado desde hacía tiempo.

Respiró profundo y empezó a caminar, buscando un hueco por el que colarse, encontrando un vidrio roto del tamaño adecuado para él.

Por dentro, el sitio no era mejor. El polvo y las telarañas se habían acumulado, e incluso siendo tan ligero como era, la madera del recibidor crujió ante sus pasos.

Andy había dicho que la clave de todo estaba en el hotel, por lo que tendría que buscar alguna información. El problema recaía en que el lugar era inmenso, no solo en relación a su propio tamaño, sino que bien podrían caber cuatro o cinco casas ahí dentro.

Lo más lógico sería quizás una biblioteca, pero quería revisar todo.

En el salón comedor vio unas figuras de porcelana, era una mujer con vestido largo siendo cortejada por un tipo con mallas. No parecían peligrosos, de cualquier modo, bastaba con un empujón para resolver cualquier inconveniente si resultaban hostiles.

—Disculpe —llamó desde abajo —. Buen día, madame. Mi nombre es Woody, soy... comisario. ¿Usted conoce al señor André Toulon?

Hubo un momento de silencio. Creyó que no le iba a responder, así que se iba a marchar, sin embargo, el sonido de la porcelana moviéndose lo detuvo.

—¿Tú aún puedes hablar? —preguntó ella, sujetándose del brazo de su compañero.

—Oh, si claro, tengo una caja de voz funcional.

—No me refiero a eso —insistió —, tu voz real, aún hablas.

Woody no entendía lo que le quería decir, pero parecía asustada, así que pensó en subir para mirarla a los ojos y calmara, sin embargo, el compañero de la dama le ordenó que no se acerara.

—Cuando el marionetista profana un muñeco, pierde su voz. Hace cosas horribles con los juguetes, hace que los muertos habiten sus cuerpos.

Eso era exactamente lo que había pasado con Good Guy, Charles Lee Ray era quien estaba dentro. Si ese era el gran secreto, significaba que todos los muñecos de los que hablaban los cabezones del hotel, debieron de ser personas.

Eso era perverso.

—¿Para qué quieres saber sobre André Toulon? —preguntó el varón con cierta hostilidad.

—Hay un hombre, Charles Lee Ray, parece que aprendió algo peculiar sobre él, y necesito detenerlo. Ni siquiera puedo explicar lo que sucedió, solo sé que mi niño está en peligro mientras exista la posibilidad de que Charles Lee Ray regrese de donde sea que fue.

Las figuras intercambiaron miradas.

—La habitación del fondo del pasillo, en el último piso —dijo la mujer —. Ahí murió, ahí siguen sus secretos.

—Gracias.

Estaba por marcharse cuando ella lo detuvo.

—Pero ir ahí pondrá en peligro tu alma, olvidarás quién eres, perderás tu voz.

—Gracias —repitió —. Tendré cuidado.

El vaquero volvió a respirar profundamente y corrió al ascensor, aunque antes de siquiera buscar la manera de usarlo, cayó en cuenta de que no había electricidad, lo que dejaba solo las escaleras. Eso complicaría un poco las cosas. Era apenas más alto que cada peldaño, así que necesitaría las manos también para poder subir, dejándolo en desventaja.

Analizó el sitio, realmente parecía estar solo, y no tenía todo el tiempo del mundo, por lo que dejó de posponer lo inevitable y empezó a trepar tan rápido como podía.


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