Presentaciones

—Yousuke, ¿tú conoces a Kaito Takaki? —preguntó Saori a medida que se adentraban en las calles del distrito financiero.

A diferencia de los lugares en los que habían estado antes, la cantidad de personas se había multiplicado exponencialmente y el ruido también, incluso iban cada vez más lento.

—Personalmente, no señorita —respondió el mayordomo —. Solo conozco la información oficial de los directores nuevos, pero en el caso del señor Takaki es fácil seguirle la pista.

Luego se giró para sacar de un compartimento unas revistas.

—Compré esto para usted.

Saori las tomó con un poco de escepticismo. Todas eran revistas de moda, en las portadas había chicas de grandes sonrisas y vestidos abullonados muy cortos. El mayordomo le indicó una página en concreto de una de ellas, dirigiéndose ahí sin cambiar la expresión de su rostro, se trataba de una nota sobre el hombre del que hablaban: Kaito Takaki, el fabricante de estrellas, arquitecto de constelaciones, así lo llamaban.

—¿Ninguna constelación estaría completa si Kaito Takaki no coloca su firma en ella? —leyó con una ceja arqueada, y llamando la atención de sus caballeros.

—El señor Takaki es un promotor de talentos —respondió el mayordomo —, parece que le sobra el tiempo como director de Kido Networks y se dedica a promocionar jovencitas, actrices y cantantes principalmente, aunque si pueden hacer las dos cosas, es mejor para él. Se les llama idols, aunque no son tema nuevo, el señor Takaki las ha hecho resurgir con tanta fuerza que algunas han escuchado su nombre en el extranjero. Hay publicaciones que lo consideran a él mismo como un idol, pues a diferencia de otros promotores, a él le encanta aparecer en público, en revistas y hasta en programas de televisión. Mire, es él.

Señaló una fotografía que ocupaba un octavo de la página.

Milo se inclinó al frente para ver.

—Se parece a Afrodita —dijo.

Camus no quería mostrarse especialmente interesado así que se quedó en su lugar al igual que Shaka, aunque era muy probable que a él de verdad no le importara.

Saori miró la fotografía, no había muchos puntos de comparación reales, pero comprendía la idea general: era un hombre de facciones delicadas, pelo largo y alborotado, brillante, sedoso a simple vista. Claramente no tenía el tono muscular de Afrodita, la ropa que usaba acentuaba más su figura delgada y estilizada. Solo había algo en la manera en la que había posado que, si se le ponía una rosa en la boca, no pocos podrían decir que cuando menos sí era un santo de Piscis.

No lo resistió, apretó los labios, pero no pudo quedarse callada por completo, una risita se le escapó, y eso sí llamó la atención de los otros caballeros.

Jamás la habían escuchado reír.

—Tendré que disculparme con Afrodita —dijo cerrando la revista, aún con la sonrisa en los labios.

Camus sabía que dadas las circunstancias en las que normalmente se encontraban desde que regresó al Santuario, reírse era una irreverencia. Pero había pasado casi un año desde la última guerra y, aun así, jamás lo había hecho, al menos no en su presencia. Tuvo una sensación extraña por haber presenciado algo tan fútil, y no estaba seguro de cómo interpretarla.

—Hemos llegado —anunció el chofer. Pero no se detuvo, por la ventana miraron que entraban en un edificio sumamente luminoso y colorido, un hombre se acercó a la ventanilla del conductor, este le indicó que se trataba de la señorita Kido y que el señor Takaki la esperaba. El hombre uniformado regresó a su caseta y abrió la reja permitiéndole el acceso.

El viejo mayordomo abrió la puerta en cuanto se detuvo el auto, pero Milo se escabulló para salir primero, no quería una sorpresa como en la visita anterior y mantendría a raya a cualquiera que intentara algo medianamente similar a lo que hizo Jirō Fujita, con la aguja escarlata de ser necesario.

El estacionamiento subterráneo era frío, la iluminación blanca no aminoraba la impresión de oscuridad y la cantidad de autos aparcados daban un montón de sitios para ocultarse y preparar una emboscada. Una campanilla le hizo girar el rostro, era el ascensor.

—¿Señorita Kido? —preguntó ese hombre de la fotografía, vestido con pantalones blancos ajustados en la cadera y holgados hacia las piernas, camisa azul y un corbatín púrpura.

Milo estaba muy dispuesto a jurar que, si no era Afrodita, era su hermano y al girarse hacia Camus, supo que estaba pensando lo mismo.

—Así es —respondió Saori, que ya estaba afuera, adelantándose a sus acompañantes para quedar frente a él.

—Takaki Kaito, a su servicio —dijo inclinándose y tomándole la mano para besarla brevemente. Ella se lo permitió.

—Saori Kido —respondió, olvidándose momentáneamente de la etiqueta japonesa que indicaba dar primero el apellido como había hecho él.

—Vamos arriba, por favor, no esperaba recibirla en el estacionamiento con tan poca dignidad.

Saori accedió a ir a su lado, aunque evitó que le tomase de nuevo de la mano sujetando la cartera. No le molestaban los modales de ese hombre, pero seguía siendo un desconocido, y una señorita respetable no le permitiría tanta confianza apenas pasada la presentación.

Milo suspiró, le empezaba a tener manía a los ascensores y el tedioso movimiento de subida o bajada. Sin embargo, sintió que el hombre los miraba de soslayo desde que habían entrado y eso le inquietaba más que el aparato.

Cuando llegaron a donde debían, dejó salir a Saori, pero se detuvo dejando atravesado el brazo para impedirles el paso, sonriéndoles con picardía.

—Bien, ¿quién de ustedes es su novio? —preguntó.

Aquello los tomó desprevenidos.

—Ninguno —respondió Shaka tan pronto como pudo —. Somos su escolta.

Kaito Takaki volvió a sonreír.

—Excelente.

Y salió para alcanzar a Saori.

—¡Bienvenida a Kido Networks! —exclamó levantando los brazos—. El edificio es una antigüedad, lo adquirimos de una cadena televisiva venida a menos, pero con las remodelaciones ha quedado perfecto para lo que necesitamos. Este lugar, señorita, es el alma de Kido Inc., aquí desarrollamos la tecnología para coordinar desde las plataformas petroleras hasta los sistemas operativos que se emplean en el desarrollo de químicos. Pero, principalmente, mantenemos el control de las transmisiones de los satélites.

Habían llegado un amplio salón lleno de gabinetes con computadoras frente a las cuales había varias personas con diademas hablando al mismo tiempo.

—Por supuesto que esto es solo una parte, hay otros edificios que complementan la infraestructura, si le interesan los cables, pantallas y más operadores con diadema, la puedo llevar. Fuera de esto, no hay mucho que ver, nosotros no producimos el contenido, solo lo distribuimos.

—¿También se distribuye su contenido? —preguntó Saori dando un par de pasos lentos —. El de las chicas que patrocina.

El hombre rio, su risa era grave como su voz y le causó un escalofrío a Saori, pero no sintió miedo, era otra cosa que no supo distinguir.

—Tal como lo dijeron —dijo pasándose una mano por el pelo.

—¿Disculpe?

—El señor Fujita me dijo que usted suele ser bastante directa.

—Lo puso sobre aviso entonces.

—Esa es una manera fea de decirlo, pero respondiendo la pregunta, sí. Distribuyo el contenido que se genera con mis chicas. ¡Es un doble beneficio! Dejo material como exclusivo para los suscriptores de los canales de televisión por cable de Kido Networks y así crecemos todos. Es lo justo ¿no?

Saori le sostuvo la mirada. Definitivamente era tal cual lo había descrito Hideo Fujita.

—¿Quiere ver el corazón, señorita?

—¿El corazón?

Le hizo una señal con la cabeza y la mano para señalar el camino, por su puesto, de vuelta al ascensor, aunque esta vez lo hizo funcionar introduciendo una llave en el tablero de números.

—Solo los ingenieros de alto nivel pueden ir ahí —explicó.

La planta que apareció frente a ellos al abrirse las puertas no era otra cosa que una cantidad impresionante de gabinetes de metal con luces parpadeantes entre verdes, azules y amarillas.

—¿Qué es la Internet? —preguntó de pronto Saori sin poder dejar de mirar esas cajas a su alrededor.

Resultaba intrigante. No era la primera vez que estaba en una habitación rodeada de aparatos, su abuelo había construido un tipo de cuartel desde donde podía acceder a los satélites en su afán de facilitar su regreso al Santuario, y si bien resultaron útiles para algunas cosas, pronto dejó de usarlos. Básicamente así se había dado cuenta de que no era posible encontrar el Santuario ni siquiera con esa tecnología, algo de lo que el Patriarca debía de estar orgulloso porque era con su cosmos que lograba distorsionar la realidad para crear las barreras. Pero esa habitación era completamente diferente, había algo extraño. Por ser objetos inanimados no deberían poseer energía, aun así, ella la sentía vibrando en su piel, como el cosmos titilante de un aspirante a caballero.

"Debe ser la electricidad", pensó.

Kaito Tataki se extrañó por la pregunta, aunque era normal porque se trataba de un término nuevo fuera de los ingenieros, no se esperaba que Saori Kido se interesara en esos detalles técnicos, le habían dicho que en general no le interesaba nada de la empresa. Se llevó el dedo índice a los labios. Él normalmente no tenía que explicarlo porque las personas bajo sus órdenes ya sabían lo que era, pero se las ingenió para responder de la mejor manera.

El problema fue que no se detuvo ahí, y mientras más respondía, más preguntas tenía, y eso empezaba a agotarlo.

Paquetes de datos, puertos, enrutadores, sistemas de memoria.

Estaba seguro de que había recitado de memoria sus años de universidad más el año de desarrollo de productos que había hecho para la compañía en tan solo tres horas.

—Ya entiendo —dijo Saori cuando acabó la explicación sobre el programa que tenían para la implementación de redes domésticas, que estimaban, tuviera el mayor crecimiento durante la siguiente década —. La verdad es que me gustaría seguir hablando, pero tengo que ver al señor Tsubame Shishio para cenar.

Suspiró de felicidad al escucharla decir eso, le dolía la garganta y le empezaba a punzar la cabeza también, por eso no se había interesado en dar clases, aunque varias universidades le ofrecieron plaza. No obstante, consiguió sonreír y despedir a Saori con la misma delicadeza con la que le había recibido acompañándola de vuelta al auto.

El sol empezaba a ocultarse, pero lejos de oscurecerse, una nueva luz empezó a apoderarse de la ciudad.

Era irreal asumir que los caballeros no conocían la electricidad. Incluso Rodorio, que conservaba bastante de su esencia de pueblo del siglo V, ya tenía instaladas las luminarias en la calle. Hacia el corredor turístico de Atenas era más intenso el dominio de la electricidad y su luz nocturna se distinguía incluso desde que se bajaba del Santuario, pero ahí, en Tokio, el efecto neón de los anuncios animados, letreros, luminarias y los mismos semáforos, era algo novedoso, así que pronto los tres se encontraban atentos a lo que se podía ver desde la ventana.

—Yousuke, nunca he estado en el restaurante en el que tenemos la próxima cita ¿este vestido es adecuado? —preguntó Saori.

—Sí señorita, no se preocupe por eso.

—Kido Systems se quedó con los proyectos de desarrollo tecnológico en transportes ¿verdad?

—Sistemas de transporte blindado, seguridad y armamento ligero —respondió —. El señor Shishio es demasiado reservado, no puedo darle más información que la que ya le ha dado el señor Fujita: en el mismo año en que el señor Takaki se ha puesto a la cabeza de la industria en el país, el señor Shishio apenas puede mantener los números en las expectativas mínimas. Las políticas nacionales sobre la tenencia de armas no ayudan, pero ha encontrado contactos en el extranjero, el problema es, la competencia que enfrenta con las industrias estadounidenses y rusas.

—Ya veo… armamento ligero dices, quizás lo mejor sea disolverla. Este mundo no necesita más armas.

—Supongo que puede tocar el tema con él, seguro que es consciente de qué disolverse es lo que sucederá a largo plazo. Si es lo que usted desea, los demás la apoyarán, aunque no por la paz, sino por una pragmática decisión empresarial.

—Quisiera hablarlo con él, quizás baste con una ¿cómo lo llaman? ¿reingeniería?

—Sí señorita, esa es la palabra. Personalmente le aconsejaría que no lo hiciera esta noche, lo podría considerar como un ataque personal siendo su primer encuentro. Sé que no es su intención quedarse a largo plazo, pero tiene tiempo suficiente.

—Además, primero debo de enterarme de los detalles legales. Mañana quisiera visitar los museos de la fundación, seguro que los han castigado por mí. El orfanato también, tengo asuntos pendientes ahí, y dependiendo de lo que me diga el doctor Takiguchi en su reporte, el hospital.

—Haré los arreglos entonces.

—Por favor. Realmente quiero asegurarme de que todo está bien.

De pronto, una sensación de ansiedad se apoderó de ella. No se había presentado en años a atender los asuntos de la compañía y, cuando lo hacía, era para disolver una de las empresas, y tratar de salvar de la ruina a la fundación, que se encontraba en una situación precaria por su culpa, en primer lugar.

Las reuniones con los directivos mayores habían sido incómodas, por decir lo menos, pero con Kaito Takaki había ido bastante bien, quizás él se había esforzado mucho en resultar agradable, pero si quería que las cosas funcionaran, ese esfuerzo debía ser recíproco.

Respiró profundamente. Tenía que hacer todo lo posible para que Tsubame Shishio no se convirtiera en su enemigo. Tenía que atender los consejos de su abuelo, debía ser amable y dócil, debía hacer aliados y no causar antipatía.

—¿De verdad el vestido está bien? —preguntó Saori de nuevo al darse cuenta de que iban al distrito de Ginza.

—Le aseguro que sí, pero si le hace sentir más cómoda, podemos hacer una escala en la boutique Cherry blossom, tiene excelentes referencias en la moda para señoritas.

—¿Podemos?

—Podemos hacer cualquier cosa que usted quiera.

Yousuke llamó por el intercomunicador al chofer indicándole el cambio de planes, este solo asintió y viró en la esquina siguiente.

—Será una escala breve —dijo el mayordomo.

Claramente, los caballeros comprendieron que se refería a que no necesitaba que bajaran, aunque tampoco estaban especialmente entusiasmados por la idea de entrar en una tienda de ropa.

—¿Qué tiene de malo el vestido que trae? —preguntó Milo cuando se quedaron solos.

Camus se encogió de hombros, Shaka ni siquiera se molestó en eso. Permanecieron en silencio por cerca de veinte minutos hasta que la puerta volvió a abrirse.

Athena había regresado con un vaporoso vestido azul celeste largo hasta los tobillos que apenas se ajustaba por debajo de su busto, y mangas abombadas cortas.

Yousuke debió a ayudarla para que el vestido no se enredara al subir al auto.

—Lo siento —dijo acomodándose en su lugar —, ya podemos irnos.

—Andando, Bel —ordenó el mayordomo —. Estamos justos de tiempo.

El restaurante en el que había sido citada se encontraba en el mirador de un alto edificio, para lo que debían, necesariamente, usar el ascensor, y Milo de verdad empezaba sentirse molesto con eso. A él no le hubiera importado usar las escaleras.

A las siete de la noche con dos minutos, Saori Kido entraba en la lujosa recepción del exclusivo restaurante Aragawa, siendo interceptada por una joven de pulcro aspecto y una expresión facial tan inmutable, que podría pasar por muñeca. Al ser anunciada por Yousuke, ella se inclinó respetuosamente e indicó que la siguiera hasta la mesa en la que ya se encontraba Tsubame Shishio.

Sintió una ligera opresión en el vientre y su corazón dio un salto.

Hasta ese momento había cuidado de cerrar su sentido de la percepción porque la cantidad de gente que vivía en Tokio era tal, que resultaba agobiante y cansado ser consiente de cada una de ellas, sin embargo, había decidido abrirse un poco para percibir la naturaleza del corazón de las personas que trabajaban en la compañía. Y ese solo instante había bastado para darse cuenta de la energía concentrada en un solo sitio, pero no se trataba de la energía de la vida, sino de la sensación agobiante de las almas manchadas por el egoísmo y la avaricia.

Estaba tan acostumbrada a estar rodeada del cosmos puro de sus caballeros que se había olvidado de que los humanos vivían constantemente en la búsqueda de un equilibrio del bien y el mal.

Se detuvo, sentía que iba a desvanecerse. Shaka se inclinó al frente al darse cuenta de lo que pasaba.

—No lo rechace, déjelo fluir— susurró —, como el río que rodea una roca.

Saori cerró los ojos, respiró profundamente y, de alguna manera, entendió lo que el santo de Virgo le había dicho, serenándose enseguida.

—¿Señorita? —preguntó Yousuke. Ella respondió que estaba bien, que debían darse prisa por la hora, era terrible llegar tarde.

El mayordomo la dejó pasar y quedó al lado de los caballeros, con las manos a la espalda.

—El señor Tsubame Shishio es el hombre del traje negro que está en la mesa del fondo, junto al mirador— dijo casi en un susurro —. Hay una columna al lado, y detrás, si miran el reflejo en la ventana, verán a otro hombre. Si no me equivoco, ese debe ser Toguro Ani, es el jefe de seguridad del señor Shishio y, extraoficialmente, uno de los asesinos a sueldo más importantes del país.

Los tres, inmediatamente cambiaron la expresión de su rostro, justamente esa tarde habían discutido la posibilidad de un asesinato.

—No lo sé con certeza, pero he investigado, y Toguro jamás se mueve solo, así que debe de haber más elementos cerca, incluso si se trata de una auténtica reunión pacífica.

—Ya veo —dijo Camus —. Shaka, ve con Athena, Milo y yo aseguraremos la zona.

El santo de Virgo asintió y fue con el mayordomo.

A su paso, se percató que las miradas de los comensales se dirigían brevemente a ellos. Él podía sentir lo mismo que Athena, solo que tenía más experiencia para resistirlo, además de que no poseía el mismo nivel de poder que la diosa.

Recordó brevemente cuando aún era un aprendiz y esa sensación de ahogarse en el sufrimiento de las personas a su alrededor lo asfixiaba dolorosamente. Pero el sufrimiento era una cosa, y lo que había en ese restaurante, otra completamente diferente.

Dirigió la mirada a una mesa contigua en la que se hallaba una pareja. La mujer, con el semblante relajado, miraba fijamente al hombre mientras pasaba distraídamente el dedo por el borde de una copa de cristal. Tuvo una poderosa impresión de que estaba deseando matarlo.

—Es todo un honor, y un placer, conocerla al fin.

La voz de Tsubame Shishio le hizo girar la vista, las presentaciones pertinentes fueron breves, y seguido a eso, Shaka supo que había pasado a un segundo plano en la atención del hombre, no así en la del sujeto en la columna, cuya mirada oculta tras unas gafas oscuras, sentía con intensidad.

Seguramente estaba decidiendo si se trataba de una amenaza o no. Cerró los ojos. No era la primera vez que le sucedía, cuando estaba sin la armadura y con su cosmos sosegado, nadie le prestaba mayor atención, y era perfectamente consciente de que el motivo se debía a su apariencia, completamente opuesta a Aldebarán, quien indistintamente del orden de las casas, solía ser el primero al que los enemigos del Santuario buscaban derribar.

Nunca había entendido esa necesidad de juzgar con base en las apariencias, quizás se debía al tiempo que pasó con los ojos cerrados que no sabía cómo hacerlo, no comprendía del todo la idea de "se ve fuerte" o "se ve una buena persona", si él realmente quería obtener una impresión confiable, usaba su cosmos. Por eso estaba seguro que el hombre de la columna era un ser malvado, no solo porque el mayordomo lo hubiera dicho, al mismo tiempo en que estaba seguro de que no planeaba nada para ese momento, solo estaba ahí como él, cuidando de alguien.

—… Sí, es una situación bastante vergonzosa —dijo Tsubame Shishio entre risas, lo que hizo que Athena se cubriera la boca con una servilleta para no reírse también —. Pero es lo que hay.

—Creo que hay otras oportunidades de crecimiento más lucrativas —dijo tímidamente Saori, no estaba segura de cuáles, pero siempre había opciones. Shishio sonrió, algo que le iba bien.

Hideo Fujita había dicho que Tsubame Shishio era joven. Lo era, mucho más que él, pero seguía siendo mayor que sus caballeros. Lo podía apuntar sin problemas en el rango de Saga y Kanon, entrando en los treinta, así que no podía evitar sentirse la niña inexperta que con toda seguridad era.

—¿Me aceptaría una copa, señorita Kido?

Shaka escuchó la respiración profunda del mayordomo cuando ella asintió, pero ninguno de los dos dijo nada.

A una señal, uno de los elegantes camareros se había puesto a su lado con una botella en la mano que mostró al hombre. Era evidente que la había pedido con anticipación, y eso más que una cortesía, parecía un mensaje pasivo sobre quién tenía el control de la reunión, algo que Shaka ya había pensado cuando en lugar de recibirla en sus oficinas, había insistido en una cena en territorio aparentemente neutral.

—¿Cree que pueda visitar las instalaciones? —preguntó Saori casualmente mientras el camarero realizaba el ritual de apertura de la botella —. La última vez que estuve aquí, aún era el Centro de investigaciones de la fundación Graad.

El hombre le dirigió una mirada que no supo interpretar.

—No tiene porqué preguntar eso. Yo no soy un accionista, solo dirijo una empresa que forma parte de un corporativo del que usted tiene la mayor parte, si lo desea, mañana mismo puedo acompañarla.

Ella dudó. Aún le faltaba ver los museos, quería intentar de nuevo en el hospital y quizás arreglar detalles en el orfanato.

—¿Puede ser el miércoles? —preguntó. Si la reunión general sería el jueves, le daba perfectamente tiempo.

—El miércoles será entonces —respondió inclinando su copa levemente hacia ella, a lo que correspondió.

Saori se acercó la copa a los labios recibiendo el olor cosquilleante previo al primer sorbo, algo que había aprendido a apreciar con el tiempo.

Se sentía extraña, aquél encuentro no había resultado en desastre, incluso se atrevía a decir que las últimas reuniones con los desconocidos, habían resultado mucho mejor que las primeras con los supuestos hombres de confianza de su abuelo. No obstante, tenía que ir con cuidado por las palabras del señor Watanabe, él había metido a todos en la misma bolsa, incluso Shūzō Tokumaru no había hecho distinción entre ellos.

¿Qué pensaban hacer con ella? ¿Cómo la obligarían a vender sus acciones? ¿A quién?

Tenía entendido que solo podía venderlas a otros accionistas, que serían Hideo Fujita, Gaku Takeda, Eisuke Amamoto y Maria Kefalidou.

La importancia de estudiar las actas constitutivas se reafirmó en su mente.


Comentarios y aclaraciones:

Siento que ya hay una horda de personajes nuevos, pero no lo puedo evitar para que la historia tenga sentido.

Cualquier duda, no teman en preguntar.

¡Gracias por leer!