Preguntas

—Hyōga.

La voz de Camus detuvo al joven que iba junto con los otros de vuelta al ala que ocupaban en la última planta. Por la ropa que llevaba puesta y el pelo húmedo, era seguro que había estado entrenando. Sabía que debería hacer lo mismo, solo que tendría que coordinar los horarios con Shaka y Milo, además de la agenda general de Athena.

—Acompáñanos un momento.

—Sí, maestro.

Se separó del resto haciéndoles una seña y caminó junto al caballero dorado hasta un saloncito. Milo y Shaka ya estaban ahí, sentados en los sillones individuales cerca de un ventanal.

La presencia de los tres inquietó a Hyōga, más aún cuando su maestro ocupó el lugar al lado del santo de Escorpio dejándole solo frente a ellos. Sabía que le gustaban las formalidades, y todo parecía indicar que estaban por pedirle cuentas de algo, solo que no estaba seguro de qué.

—Necesitamos que nos informes sobre el modo en que se organiza la casa, y la servidumbre de la familia Kido.

Hyōga inclinó la cabeza levemente para dar a entender que necesitaba que fuera un poco más explícito, lo que su maestro comprendió enseguida.

—Especialmente, saber qué es lo que conocen respecto al Santuario, Athena y nosotros.

Asintió de nuevo, esta vez para confirmar.

—Yousuke Hanamori era el mayordomo de Mitsumasa Kido, creo que, desde el principio de los tiempos, no lo sé, los dos son igual de viejos, o al menos Mitsumasa lo sería de estar vivo. Supongo que se puede decir que es el maestro de Tatsumi, y mientras que él esta pegado a Saori, Yousuke se queda aquí a atender lo que surja respecto a la casa y la compañía.

—Eso explica la forma en la que se refiere a él —dijo Shaka—. Es formal en lo público debido a su cargo, pero en lo privado incluso lo reprende.

—Respecto a lo que sabe —continuó Hyōga—, en realidad él coordinó toda la investigación que hizo la fundación Graad para ubicar las armaduras, los sitios de entrenamiento, todo.

—Pues si consideró buena idea enviarle un chico a Guilty, en la isla de la Reina Muerte, no hizo bien su trabajo —dijo Milo.

El caballero de Cisne hizo un gesto de incomprensión, pero no fue el santo de Escorpio quien le respondió sino su propio maestro.

—Guilty fue exiliado a esa isla por cometer un crimen del que nadie habla, perdió la razón por completo. Por eso el Patriarca nunca le envió un aprendiz, ni siquiera Saga se atrevió.

Hyōga frunció el ceño.

—¿Qué fue lo que hizo? —preguntó.

Camus cerró los ojos.

—Lo desconozco. Solo el Patriarca lo sabe.

El joven rubio profirió un suspiro, realmente nunca había envidiado la suerte de Ikki. Aunque no tardó en retomar el tema por el que estaba ahí.

—La mujer mayor es la señora Emma Hart, es el ama de llaves, y junto con la señora Tsukada Okiayu, que es la cocinera violenta, son las únicas personas que conocen la mayor parte de los detalles, principalmente porque han estado desde tiempos de Mitsumasa.

—No me da la impresión —interrumpió Shaka—, de que comprendan la divinidad de Athena.

Hyōga torció la boca. También había pensado eso, de hecho, no estaba seguro de que alguien más que Tatsumi y Yousuke tuvieran en conocimiento que no había relación sanguínea entre Saori y Mitsumasa, pues le constaba que, en sus documentos oficiales, había sido registrada como hija de su único hijo legítimo con una mujer no identificada y siempre que se referían al viejo frente a ella, lo hacían como "su abuelo", no como "señor Mitsumasa", y normalmente hacían alguna comparación sobre lo que "se parecía a él" y a la difunta Helena Kido.

Recordó una conversación que tuvo con su madre cuando le dijo que lo llevaría a Japón para conocer a su padre. Le había explicado que antes de él, Mitsumasa había tenido un hijo que murió joven, y que este se había casado con una mujer que nunca nombraba, naciendo de esa unión una niña llamada Saori, se lo decía porque crecerían como hermanos.

El joven caballero sintió la amargura del recuerdo en su boca.

—Creo que tienen más la idea de que su madre pudo ser un tipo de princesa caída en desgracia.

Camus asintió.

—¿Qué hay de los otros?

—Ya conocen a Bel, el chofer. Aoyama es el rubio de bigote, es sobrino de la señora Emma, y es algo así como el jardinero y guardabosques. Yoshio es el sujeto de las patillas largas, es un ayudante en general, igual que Hiroki, el más joven de todos. Ellos entraron a trabajar después de que fuimos enviados a entrenar, así que desconozco por completo si saben algo o no al respecto.

—¿Y las doncellas? —preguntó Camus—. La mayoría son demasiado jóvenes como para tener un conocimiento preciso sobre lo que sucede.

Hyōga respiró profundamente.

—Sobre eso —dijo metiendo las manos en las bolsas del pantalón y caminando hacia la ventana—, es un tema algo incómodo.

—¿Incómodo? —preguntó Shaka siguiéndolo con la mirada.

—Maestro —repuso Hyōga sin mirarlo —¿Recuerdas lo que te dije sobre los chicos? Que todos somos hermanos.

Camus asintió, pero Milo y Shaka no pudieron evitar la expresión contrariada, por lo que el santo de Acuario se vio en la necesidad de aclarar que los diez caballeros de bronce tenían el mismo padre, lo que resultó en una noticia inquietante, aunque no tanto como la parte en la que especificó que ese padre era Mitsumasa Kido.

Milo carraspeó, pero no dijo nada.

—Yumi y Hiroki son también nuestros hermanos, solo que Mitsumasa decidió no enviar a las chicas a conseguir una armadura, y a Hiroki lo sacaron del sorteo porque tiene asma. Annie es hija de la señora Emma, y todos creemos que de Mitsumasa también, pero no es algo que la señora diga en voz alta, ni tampoco lo preguntamos. Ryoko no es hija de Mitsumasa, pero tenía un hermano que sí lo era, ella decidió quedarse en la casa para esperarlo.

Hubo un momento de silencio, lo que agradeció Hyōga porque no sabría qué responder cuando preguntaran porqué seguía ahí si era claro que su hermano no había conseguido su objetivo.

—La señora Tsukada —continuó esperando que no ahondaran en el asunto —tiene una hija, Kaede, ella casi no sale de la cocina, pero también ha vivido en la casa desde siempre. Posiblemente solo entiendan algo de las armaduras, pero tampoco creo que comprendan la idea de Athena. Por lo demás, Edith, Meiko y Sasami fueron contratadas por agencia, así que no saben nada de nada.

—Hay una doncella que habla francés ¿alguien más lo hace?

Hyōga asintió.

—Yousuke y Tatsumi. La señora Emma es inglesa, le enseñó inglés a Annie y a las otras. Bel es ruso, así que habla ese idioma también.

—¿Además de Tatsumi, alguien entiende el griego?

Hyōga volvió a asentir.

—Yousuke.

—Si solo son dos las personas que, además, realmente comprenden el asunto, no veo problema en que los temas del Santuario sean tratados en griego —concluyó Milo, los otros dos asintieron quedamente.

De pronto, escucharon un grito femenino procedente del recibidor y Hyōga salió corriendo para enseguida volverse sobre sus pasos.

—No puede ser, ¿qué hace aquí? —murmuró el caballero de Cisne yendo hacia una de las ventanas, claramente buscando escapar.

—¡Saori! —volvió a gritar la chica de afuera —¡Querida amiga! ¡Tanto tiempo sin verte!

Hyōga se giró hacia su maestro mientras abría la ventana.

—Ustedes no saben en dónde están los huérfanos de la fundación —les dijo antes de saltar.

Los tres caballeros intercambiaron miradas y se animaron a salir al recibidor para saber de qué se trataba.

Había, en efecto, una joven que sostenía las manos de Athena entre las suyas.

—¡Estoy tan feliz de verte!

—Yukie —susurró Saori con cierto desconcierto en la expresión de su rostro —¿Qué haces aquí?

—Visitas tan poco Japón, que cuando mi padre me dijo que estarías un tiempo aquí, no me quise perder la oportunidad de verte. ¡¿Cómo has estado?!

Saori se quedó quieta cuando la chica le echó los brazos al cuello, y solo algunos segundos después se decidió a levantar las manos y devolverle el abrazo.

—A mi también me alegra verte, aunque a decir verdad no esperaba un recibimiento así.

—¿Hum? ¿Por qué? —preguntó tomando cierta distancia, pero sin soltarla de las manos. Saori sintió que se ruborizaba por completo.

—Pues… hace tanto tiempo que perdimos contacto…

—¡Lo sé! No recuerdo si fue en tu fiesta de cumpleaños o la cena de Navidad de la compañía.

La joven alcanzó a ver a los tres caballeros detrás de ellas, y ese gesto bastó para que Saori se girara también.

—Buenos días —saludó, siendo respondida con solemnidad. Aún era temprano y recién se preparaban para el desayuno—. Ellos son Camus, Milo y Shaka —presentó Saori. La invitada la soltó para inclinarse levemente según la etiqueta japonesa.

—Muy buenos días, mi nombre es Amamoto Yukie, encantada de conocerlos.

—Yukie es la hija de Eisuke Amamoto, el director de Kido Chemical, a quien conocieron recientemente —aclaró Saori.

Los tres caballeros inclinaron la cabeza, no menos consternados de lo que estaban cuando Hyōga literalmente escapó por la ventana. En parte porque no concebían a esa chica alegre y expresiva como alguien relacionada con ese hombre tan distante, y en parte porque no dejaba de parecerles incómoda la forma en la que tomaba las manos de Athena entre las suyas.

Pronto, ambas se encaminaron al comedor con un monólogo efusivo por parte de la joven invitada.

Camus extendió su cosmos sutilmente buscando a Hyōga.

"¿Quién es ella?" le preguntó.

El caballero de Cisne respondió rápidamente, se trataba de una amiga de la infancia, pero el problema no era ella en sí, que solo resultaba desesperante tras varios minutos en que era imposible hacerla callar, el problema recaía en que normalmente era la abanderada de un grupo mayor completamente insufrible.

"¿Algo de qué preocuparse?" insistió el santo dorado.

La respuesta fue confusa, había dicho que no, pero que tampoco era algo agradable, para luego calificarlas como locas.

Los tres permanecieron en silencio, decidiendo si debían darle privacidad a Athena con su visita o era más prudente entrar y mantenerse a su lado. Optaron por lo primero, no tenían inconveniente en quedarse en el salón contiguo, pero antes de que pudieran marcharse, el anciano mayordomo los interceptó.

—El desayuno está listo, la señorita los espera.

Milo dejó escapar un suspiro quedo y fue el primero en entrar al comedor.

La chica estaba sentada a la derecha de Saori, sosteniendo su mano todavía, y no dejaba de hablar sobre una serie de cosas que no entendían de nada. Athena permaneció serena, respondiendo cortésmente alguna pregunta en frases cortas y esquivas si se trataba de su tiempo en Europa.

Notando que ninguno de los caballeros de bronce estaba presente, sospecharon que Hyōga los había puesto sobre aviso y ninguno iba a bajar, así que se sentaron los tres juntos al lado opuesto de donde estaba la invitada.

—… Y después del Torneo Galáctico todo se volvió un caos —dijo haciendo una pausa para tomar la taza de té que le ofrecieron y darle un sorbo.

—¿En qué sentido? —preguntó Saori trozando un cubo de fruta demasiado grande a su criterio.

—Pues, pese a que no hubo conclusión, y hubo bastantes problemas con el reembolso de los pases VIP que incluían los combates de semifinales y finales, todos seguían hablando de eso, entonces la compañía Bandai lanzó una serie de figuras coleccionables, mi padre dijo que el señor Watanabe emprendió acciones legales para detener la producción, fue un proceso relativamente corto, ¿sabes? Hay compañías que litigan por años, pero el señor Watanabe consiguió ganar el caso en once meses. Si bien detener la producción abruptamente solo hizo que se elevara el valor de cada pieza, fui a una subasta la semana pasada, quería comprar una bailarina de Degas que vi anunciada, y no vas a creer cuánto pagaron por una figura aún empacada de Shun de Andrómeda.

Saori entreabrió los labios, no tenía idea de ese litigio, mucho menos de la comercialización de mercancía del Torneo Galáctico.

Anotó mentalmente concertar una cita con el señor Watanabe para que explicara cómo fue que resolvió los pormenores derivados del torneo galáctico.

Luego miró de soslayo a los caballeros dorados, no pudiendo evitar el ruborizarse.

Una de las leyes más importantes del Santuario, era la de no usar las armaduras para conseguir gloria propia, y dados esos imprevistos resultados, eso era precisamente lo que parecía que habían hecho los caballeros de bronce.

—No puedo creerlo —se animó a decir regresando la atención a Yukie cuando esta le dio sin que preguntara, el precio de la figura.

—No debería sorprenderte, querida amiga, aun después de tanto tiempo los caballeros son muy populares, especialmente Shun. En el colegio hay un grupo de chicas que siguen hablando de él, por cierto, ¿en dónde está? ¿regresó de Grecia contigo?

—Salió temprano, tenía unos asuntos que atender.

Milo agachó la cabeza, recordando una imagen fugaz de lo que había sucedido la noche anterior a propósito de Shun de Andrómeda. Sintió la boca seca, así que se apresuró a tomar un trago de jugo que era lo que tenía a la mano. Luego sacudió la cabeza, concentrándose en alejar esos pensamientos.

—¿Todo bien? —preguntó Camus.

El caballero de Escorpio asintió en silencio. Shaka apenas lo miró de soslayo, él no tuvo conocimiento del Torneo Galáctico sino hasta mucho tiempo después, cuando ya se estaba fraguando la batalla de las doce casas.

Una vez que Athena recuperó el control del Santuario, para él había quedado claro que el propósito de dicho torneo no era otro sino llamar la atención de Saga, pues no había otra manera de acercarse a él. Una vez diezmado el número de santos de plata, solo restaban los dorados, pero para ese momento algunos ya habían tomado su decisión de apoyarla.

No entendía de qué iba la reacción exagerada de Milo, si los caballeros de bronce habían participado en un torneo público, era un hecho natural que llamaran la atención, y eso no violentaba las leyes del Santuario.

—Bueno —continuó Yukie, ajena a lo que había pasado al otro lado de la mesa—, el furor ya pasó, aunque eso no quita que la gente se siga preguntando si habrá una conclusión, todos querían saber quién sería el ganador, ¿lo has considerado?

—Ni por un momento —respondió Saori a toda prisa—. El Torneo Galáctico tenía un propósito específico y lo cumplió, no lo necesito más —explicó.

—No entiendo, tenías ya los ojos del mundo sobre de ti y de pronto desapareciste.

—No necesitaba a todo el mundo, solo a alguien en concreto, por eso ya no lo necesito.

Yukie sonrió con picardía.

—¿Quién sería tan especial como para hacer un evento de escala mundial?

Saori sintió que iba a escupir el té, pero se controló lo suficiente como para que ni siquiera diera la impresión de que pudo haberlo hecho.

—No es nada de lo que estás pensando.

—¿Y qué estoy pensando? —preguntó la chica con esa misma sonrisa.

Saori no tuvo valor para decirlo en voz alta porque resultaba vergonzoso ya que sin ahondar detalles se resumía a que quería la atención de un hombre.


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