Consejos
Cuando Marín de Águila llegó al Santuario, había muy poco en ella que pudiese relacionarla con su nacionalidad japonesa.
Ajeno al hecho de que absolutamente nadie había visto su rostro, tal como dictaba la ley de las máscaras, estaba, por ejemplo, su color de pelo que, por lo que habían podido observar en los últimos días, no era precisamente común de ver en ese país. Tampoco tenía ningún tipo de acento, su griego era correcto y fluido desde que recordaba. De hecho, Marín no era su nombre, nadie sabía con precisión cuál era el real, pero estaban seguros de que había tomado uno que pudiese relacionarse más con occidente.
No hablaba con añoranza de lugares, comida o personas, algo que solía suceder a menudo con aspirantes a caballero e incluso caballeros ya con armadura, que no eran originarios de Grecia y se veían inmersos en una cultura totalmente diferente. De hecho, incluso algunos griegos de las grandes ciudades como Atenas, se sentían abrumados por el cambio de vida entre la ciudad y el Santuario.
Pero no Marín de Águila, ni siquiera hablaba demasiado sobre su hermano. Solo lo dijo alguna vez y el rumor se corrió por Aioria, que esperaba encontrar alguna información que la ayudara.
Reservada, prudente, severa pero justa, se había adaptado fácilmente y ganado el respeto de sus compañeros de armas, con algunas excepciones xenófobas que acentuaron su amargura uniéndose en la cruzada personal de Shaina cuando Seiya se hizo con la armadura de Pegaso.
No dejaba de ser curiosa la actitud que tomaron. Si bien muchos caballeros eran griegos, y se denominaban griegos bajo la concepción antigua del máximo alcance que la cultura tuvo, aunque en la denominación geográfica actual fuesen de otros países, las filas del ejército de Athena se componían de elementos de todo el mundo, más allá de esas antiguas fronteras.
De Argentina a Canadá. De Rusia a India. Japón e incluso la lejana Australia. Aldeas africanas con las que el mundo moderno no había podido establecer un contacto fijo, islas escondidas hasta de la vista de los satélites, todo se unía bajo la misma causa sagrada.
Aun así, pese a esa diversidad, siempre era difícil siquiera imaginar cómo era el mundo más allá del Santuario, o los asuntos del Santuario.
Los caballeros solían ser enviados a atender algunas misiones fuera de sus sitios de entrenamiento, pero rara vez se prolongaban lo suficiente como para conocer el lugar al que eran enviados. Por lo mismo, debido a las circunstancias que llevaron a Athena a Japón siendo tan solo una bebé, era correcto asumir que todos ya habían estado en Japón, pero ninguno de ellos habría podido detenerse un momento a mirar los detalles que hacían único a ese país.
Marín era muy joven cuando llegó a Grecia, así que había posibilidades de que, en esa corta vida, ni siquiera ella misma pudiera definir Japón, o lo típicamente japonés.
Milo, con las piernas cruzadas en un tipo de posición de loto, mantenía la vista en el techo, atento a la forma en que la estructura de madera parecía estar tejida, y que no había visto en ningún otro lado.
—No tiene clavos —susurró.
Su comentario hizo que sus compañeros pusieran atención a lo mismo.
—Los mejores carpinteros, en nuestro país —dijo Gaku Takeda —, buscan dar una segunda vida al árbol que ya han tomado, parte de ello, implica no utilizar clavos o tornillos, solo métodos de ensamble que han pasado de artesano en artesano por siglos.
—Ya veo —respondió el caballero.
Shaka aguzó la vista sin comprender cómo Milo se había dado cuenta de la ausencia de clavos, y le dio la impresión de que quizás ya había deducido parte de ese método del que hablaba el hombre.
—¿Cuántos años tienes, hijo? —preguntó de pronto.
—¿Yo? —preguntó Milo —. Veintitrés.
—Eres bastante joven. ¿Cómo es que acabaste de escolta?
—Pues… yo… es algo que siempre me llamó la atención.
El hombre profirió una carcajada.
—¿Y no esperabas algo más emocionante que correr detrás de Saori todo el día? Saori es una niña muy tranquila, Mitsumasa no la dejaba salir de la casa, así que creo que nunca desarrolló un sentido de la aventura con toda propiedad. ¿A qué se dedica en Grecia?
—Ella se dedica a… —Milo no tenía idea de qué debería responder, ¿meditar sobre las guerras santas? Athena se horrorizaría si le dijera eso.
—Es estudiante —intervino Camus.
—Ya veo, me preocupaba que descuidara ese aspecto. Siempre fue disciplinada, pero luego de la muerte de Mitsumasa… se recluyó, incluso alejó a sus amigas. Fue muy doloroso imaginarla sola en esa gran casa, pensando en quién sabe qué. Quería llevarla conmigo, era solo una niña, pero se negó vehementemente. Luego, solo desapareció.
Los tres caballeros guardaron silencio.
—Disculpen —dijo Saori entrando en la habitación. Se la notaba aún acalorada, con todo y que había ido a refrescarse. Con el vestido que llevaba, tela sobre tela y el voluminoso cinto que la envolvía, debía estarse sofocando.
—Por eso te mandé también una yukata —le dijo Gaku Takeda haciéndole un ademán para que se sentara a su lado —. Son más ligeras, igual de bonitas, y más acorde a tu edad.
Saori suspiró, sacando su abanico y moviéndolo con insistencia.
—Honestamente, necesito clases de códigos de vestimenta, Megumi y las chicas se metieron mi armario y me sacaron la mitad de la ropa, insistiendo que carezco totalmente del sentido de la moda.
Lo último lo había dicho emulando levemente la forma de hablar de Megumi Dai, haciendo que el hombre se riera.
—Te vistes como adulta —le dijo.
—Como mi abuela, según ella.
—Elena siempre fue considerada una mujer muy elegante.
—Hace cincuenta años —insistió Saori.
Un joven se anunció en la entrada del salón, y puso sobre la mesa algo como una bandeja alta, cuadrada que, si no fuera porque el camarero les dijo que esperaba que fuera de su agrado, Milo habría creído que se trataba de un exótico centro de mesa hecho de moluscos, porque incluso tenía flores.
—Sabes que tu situación con la compañía podría tardar varios meses en aclararse por completo ¿verdad? —preguntó el hombre —. Lo que hiciste en la junta pudo acallar ciertas dudas, pero tu deseo de continuar corriendo con los gastos de la desgracia en Rodorio, ha desatado un serio debate.
Saori bajó la mirada.
—Sí. Me imagino que sí.
—Y respecto a la villa de tu abuelo, el señor Tanaka ha expresado su preocupación por el hecho de que no tiene conocimiento de ninguna propiedad en la zona que mencionas. De acuerdo con él, Mitsumasa sí compró una casa en Grecia, pero la vendió durante las tensiones por el golpe de estado que llevó a la dictadura de los coroneles. No tiene documentación de que la haya recuperado, o comprado otra.
Saori no sabía qué responder, pero le dio más importancia al pensamiento que había cruzado por su mente.
—Te mandaron para convencerme de desistir, ¿verdad?
Gaku Takeda tomó uno de los abulones que acababa de traer el camarero, siendo el primero en animarse a tocar algo del elaborado plato que servía como entrada.
—En cierta manera, sí, ellos me enviaron. Pero no es mi intención hacerte desistir. Si tu corazón te dice que es lo correcto, entonces lo es. Solo tienes que tener en consideración que, tus buenas intenciones no van a evitar que un agente del fisco meta la nariz. Necesitamos el nombre y datos de contacto de la persona que se ha hecho cargo de tu situación fiscal en Grecia, porque no creo que Tatsumi tenga competencia para eso. Nunca he creído que tenga competencia para nada, en realidad.
Los caballeros vieron a Athena suspirar.
—Sí. Entiendo.
—El otro asunto que debo tratar contigo, es sobre tu educación formal.
—¿Mi qué?
—Ya que estarás aquí un largo rato, pero no haciendo precisamente trabajo de oficina, considero de vital importancia que acudas al colegio. Como cabeza de la familia Kido y accionista mayor de la compañía, debes prepararte adecuadamente. Con el tiempo, inevitablemente tomarás el lugar del señor Watanabe. ¿Cómo se llama el colegio en el que estás? Alguna vez Mitsumasa habló de matricularte en el Anavryta Classical Lyceum, pero no recuerdo hasta qué grado ofrecen.
Saori entreabrió los labios.
—Yo... bueno... Tatsumi consideró más oportuno que tuviera los estudios en casa —dijo.
Sabía que Tatsumi recibiría más que un sermón por eso, recriminándole que debió considerar la educación formal, pues ya no se trataban de clases de piano o francés, y el resoplido del hombre confirmó sus sospechas. Era una pena usarlo de chivo expiatorio, pero seguro la perdonaría.
—El Gakushuin Girls' High School es un colegio adecuado. Casi todas las princesas han pasado por ahí. Hablaré con la rectora, es una vieja amiga. Veré que puedan matricularte mientras regularizamos tus documentos.
Saori sonrió y alcanzó su vaso de agua dándole un sorbo para no responder.
Necesitaba hablar con Shion, saber qué pensaba al respecto, y buscar a un contable griego que la ayudara con el lío de la inexistente casa.
De momento, vender sus acciones parecía una buena idea, pero eso no cambiaría el hecho de que, si se volvía a desaparecer, Gaku Takeda y quizás María Kefalidou, esta vez sí llamarían a la policía, como lo sugirió Eisuke Amamoto.
Para cuando llegaron los platillos principales, el director del museo de ciencias ya había dado una cátedra a los caballeros sobre el uso de los palillos, quedando maravillado por su competencia y habilidad, pues estaba seguro de que no lo lograrían y acabarían por pedir cubiertos.
—Realmente es una pena que tengas otro compromiso —dijo el hombre cuando Saori le preguntó si la podía llevar al teatro en donde la había citado Tsubame Shishio, pues ya no le daba tiempo volver a la casa, cambiarse, e ir a la cita.
—Tío —susurró Saori mientras el chofer trataba de buscar la mejor ruta posible, evitando el tráfico —¿Qué es lo que piensas de Tsubame Shishio?
—¿Lo que pienso? —preguntó él arqueando levemente una ceja —¿Quieres saber si puedes confiar en él?
Ella asintió.
—El señor Fujita dice que… tiene ideas peculiares.
—Pero mira nada más en la opinión de quién te fuiste a fijar. ¿Te contó lo de la auditoría externa?
—Sí, mencionó algo, y lo dijo como si fuera un crimen. No es solo él, el señor Tokumaru lo llamó conspirador, al igual que a Kaito Takaki, Eisuke Amamoto y al propio Hideo Fujita.
Gaku Takeda se rio escandalosamente.
—¡Ese Tokumaru es un miedica! —exclamó —¡Y su hermano un tonto arrogante! ¡¿Cómo es que Mitsumasa te fue a dejar al cuidado de ese par?!
Pese a que la expresión seria de su rostro, acentuada por las marcas en la comisura de los labios y las pobladas cejas levemente fruncidas, que le daba una apariencia severa de anciano malhumorado, en realidad se trataba de un hombre con inclinación a las bromas, y a meterse con las personas que no le agradaban, de forma irrespetuosa, no solo bajo los parámetros japoneses, sino en estándar mundial. Saori agradecía mucho que todavía no se sintiera con la confianza de darle fuertes palmadas en la espalda a los caballeros. Aunque estaba agradecida de que ninguno le hubiese causado mala impresión, hasta parecía que le gustaban.
—¿Entonces?
El hombre se llevó la mano al mentón en gesto pensativo.
—Mitsumasa y yo, conocimos a los padres de Tsubame Shishio en el 72, en los juegos olímpicos de Sapporo. Nos hospedamos en el mismo hotel. Tsubame estaría en la secundaria, quizás. El orgullo de sus padres: buen estudiante, presidente de la clase, deportista destacado, muy educado. No fue seleccionado para los juegos, pero un amigo suyo si, e iba a apoyarlo. La verdad es que no me hubiera acordado de que lo conocí, si él mismo no me lo hubiera mencionado cuando lo nombraron director de la recién formada Kido Systems. Supe que sus padres lo enviaron a Estados Unidos a estudiar la Universidad, para que "viera más mundo", pero murieron antes de que se graduara. Su padre era abogado, uno verdaderamente bueno, así que heredó dinero y algunas propiedades. Me intrigó que buscara trabajo cuando tenía lo necesario para empezar su propia empresa, pero me respondió que le gustaría ganar experiencia.
El hombre se encogió de hombros.
—Es claro que no se quedará toda la vida, pero a mi modo de ver, hace las cosas como se deben de hacer, mejor que otros miembros del comité o la junta. Pero a ese cabeza hueca de Hideo no le gusta que quiera meterse en los asuntos de las compañías, ¡¿pero qué culpa va a tener el muchacho si se votó a favor de que se encargara de forma exclusiva de la seguridad de todos?! Claramente tiene que saberlo, sobre todo con lo que se está empeñando últimamente, la seguridad informática, creo que Hideo tiene miedo a que lo espíe. Con Tokumaru creo que el problema se resume a que es un extraño. Esta compañía se ha dirigido por tres generaciones Kido, con directores seleccionados personalmente por el cabeza de familia, Kaito y Tsubame fueron elegidos por consenso, luego de una convocatoria y una serie de entrevistas.
Llegaron al teatro cuando faltaban aún cinco minutos para la hora de la cita. Saori miró por la ventana, no pudiendo evitar el sentirse nerviosa.
—Si sospechas que trata de conquistarte —agregó el hombre con una sonrisa —, estás en lo correcto. Te quiere de aliada, para no desaparecer.
Ella asintió de manera distraída.
Vio a Tsubame Shishio llegando a la entrada mientras se ajustaba, quizás, las mancuernillas. No se trataba de una presentación de excesiva formalidad, por lo que no llevaba un atuendo como para la ópera, pero ciertamente destacaba por entre los demás asistentes. Debía reconocer que también le ayudaba la altura, era tan alto como Saga y Kanon, y ellos eran las personas más altas que había conocido, sin llegar a los excesos de Aldebarán y Dócrates.
El chofer abrió la puerta, por lo que Saori se giró hacia Gaku Takeda dándole un abrazo, mientras él la besaba en la frente.
—Ve con cuidado.
Saori se acercó con cierta timidez. A medida que se cumplía la hora de la cita, le era más claro que no se trataba de la mejor de las ideas. Por suerte, él había considerado la presencia de los caballeros, de lo contrario, ese encuentro sería malinterpretado de todas las formas posibles.
Tsubame Shishio se inclinó levemente.
—Luce maravillosa, señorita Kido, si me es permitido decirlo.
Saori imitó la reverencia.
—Le agradezco.
Seguido a eso, le dedicó el mismo saludo formal a los hombres que la acompañaban, aunque naturalmente, ningún cumplido, luego a eso, entraron al teatro.
Comentarios y aclaraciones:
Realmente lamento mucho la demora, pero me quedé sin Internet en casa.
Al principio era productivo, luego fue una verdadera agonía, pero el problema ha quedado resuelto y estamos de vuelta.
¡Gracias por leer!
