Influencia

—Saori —llamó Seiya inclinándose levemente hacia el frente en cuanto se percató de que no le estaba escuchando. Tenía la mirada perdida, con un aire ausente difícil de ignorar y el plato del desayuno intacto.

—Saori —repitió agitando la mano frente a ella.

Eso sí captó su atención, parpadeó, como liberándose de sus pensamientos, dándose cuenta de que estaba en el comedor con todos.

—Perdón, yo… me distraje.

—Se notó —repuso el caballero —. Te pregunté si ya tenemos los planos.

—¿Planos?

—¿Del Santuario?

Saori lo miró, pero Seiya estaba seguro de que en realidad veía a través de él.

—¿Te sientes bien?

—Sí.

Seiya, contrariado, se hizo para atrás, codeando a Jabu.

—¿Me perdí de algo? —le preguntó en voz baja mientras Saori miraba su reflejo en la taza de té.

—No sé. Está así desde anoche. Quizás tuvo una conversación incómoda con el director con el que se vio.

En ese momento, Tatsumi entró al comedor.

—Señorita —llamó —. Ya han confirmado todos los arquitectos, organizaré el montaje en el salón de recepciones, si le parece bien.

—A Saori se le olvidó que el Santuario está en remodelaciones —dijo Seiya metiéndose a la boca uno de los bísquets que tenía al frente.

—No seas tonto, Seiya, ¿cómo va a olvidar algo tan importante?

El chico se encogió de hombros.

—Pregúntale.

Tatsumi resopló, intentando ignorarlo.

—Si no desea recibirlos en la casa, puedo buscar algún salón de conferencias, quizás algún hotel en el centro.

—¿Salón de conferencias? ¿Para qué?

—… Para el montaje de proyectos, señorita.

Saori no respondió, pero la expresión de su rostro era elocuente, dándole completamente la razón al caballero de Pegaso.

—Hace dos meses envió solicitudes a varios arquitectos y despachos de diseño para el proyecto de reconstrucción del Santuario —explicó, no menos confundido de lo que seguramente estaba ella misma —. Iba a recibirlos en un hotel de Atenas, pero tras la carta del señor Watanabe, se cambió la presentación a Japón. Usted me ordenó hacer los arreglos para este miércoles.

—Está bien —le respondió.

Tatsumi hizo una mueca extraña.

—¿Está bien el salón de recepciones? ¿O una sala de conferencias en el centro de la ciudad?

—El salón.

El mayordomo suspiró, se disculpó y salió de la estancia.

—¿Qué te dijo el tipo de anoche? —se animó a preguntar Seiya.

—¿Quién?

—El tipo con el que fuiste al teatro. Saliste con él, ¿no?

—Ah… nada en particular, me habló sobre sus proyectos, me preguntó si no quería que revisara los sistemas de vigilancia de la casa. Naturalmente, evadí el tema, hace años que no los ocupamos, pero no le iba a decir eso.

Saori dejó la servilleta junto a su plato, le dedicó una sonrisa a Seiya y se disculpó, levantándose de la mesa.

—Yousuke —dijo —, debo hablar con Shion, ¿me puedes recordar hacia el medio día? Creo que estoy un poco dispersa. Y si ya tienes los contratos que te pedí, me gustaría que los llevaras al despacho.

El anciano se inclinó.

—Los tendré listos en una hora.

Ella asintió.

—Shaka, Camus, Milo. En una hora, me gustaría verlos en el despacho.

Los tres asintieron, y volviendo a disculparse, Saori salió del comedor.

Casi enseguida, sin ser realmente consientes de la unanimidad con la que lo hicieron, todos los caballeros de bronce presentes, miraron a los santos dorados.

—No pasó nada anómalo —dijo Milo, poniéndose a la defensiva al darse cuenta del tono acusador—, de hecho, estaba de excelente humor.

—Solo se pone así cuando algo la preocupa —dijo Shiryū.

—Y después —continuó Shun, aunque el distante sonido de un piano le detuvo un momento—. Después, hace precisamente eso.

Milo miró a Camus, quizás él se había dado cuenta de algo, pero este solo negó con la cabeza.

—Puede que se deba a lo que dijo Tatsumi Tokumaru —dijo Shaka —, sobre lo inapropiado que era ver a Tsubame Shishio en una audiencia privada.

—¿Por qué no lo podría ver? —preguntó Jabu con una ceja arqueada.

—Favoritismo —continuó diciendo el caballero de Virgo —. Le dijo que no podía inclinarse personalmente hacia ningún miembro de la compañía. Aunque supongo que, por familiaridad, el señor Gaku Takeda está eximido, porque no se opuso a que pasara la mayor parte del día con él.

—¿Cómo es que Tatsumi le viene a decir a quién ver y a quién no? —preguntó Seiya.

—Tatsumi es un tipo fastidioso —intervino Hyōga —, seguramente no le agrada el otro sujeto, por eso le dijo que no lo viera.

—¿Tú crees? —preguntó Camus.

Lo que en realidad quería preguntar el caballero de Acuario era si realmente eran conscientes de las responsabilidades de Athena, como cabeza de una empresa, que funcionaba totalmente diferente al Santuario, a la vez que compartía ciertas características. Si comprendían que, tal como el mayordomo lo había señalado, no se podía permitir el inclinarse hacia una sola persona, en ninguno de los dos casos.

Hyōga lo miró después de darle un sorbo al café.

—Tatsumi es una persona terriblemente celosa —continuó —. Si de él dependiera, escondería a Saori de la vista del mundo, la pondría en una caja de cristal para que nadie la toque, y sería de cristal solo para que no estuviera en la oscuridad, porque también sería capaz de evitar que alguien la mirara.

—¡Oh, sí! —exclamó Geki, una vez que se acabó la docena de huevos cocidos que dejaban solo para él —¿Se acuerdan cuando nos sacaba de la casa porque se iba a bañar o cambiarse de ropa?

Ichi se rio, con esa risa suya que le hacía parecer más como un ratón escandaloso.

—Eso era raro.

—¿Por qué? —preguntó Shaka.

—Porque ninguno de nosotros es un mirón fastidioso —respondió Ichi señalándolo con una salchicha ensartada en un tenedor, a la que luego le dio una mordida.

Camus suspiró. Era demasiado extraña la convivencia que se establecía en esa casa. Debió de sospecharlo desde el momento en que les asignaron los dormitorios, dejándolos a un par de pasos de la habitación privada de Athena, el equivalente a la villa detrás de la cámara del Patriarca, a la que ni siquiera el Patriarca mismo tenía acceso.

—Entonces, el miércoles sabremos cómo podría verse el Santuario —dijo Milo, para romper el incómodo silencio en el que se habían sumido, con solo el piano de fondo.

—¿Alguna vez se había hecho algo así? ¿Remodelar? —preguntó Nachi.

Camus lo pensó un momento.

—Creo que solo se hacen reparaciones, pero no de manera equitativa. De cualquier forma, tampoco se había hecho un daño de esta magnitud. De los doce templos, apenas quedan cuatro en pie.

—Lo gracioso del asunto —agregó Milo—, es que nosotros fuimos los responsables. Siglos de guerras santas y son los propios caballeros dorados quienes destruyeron el Santuario.

Camus giró para verlo. En realidad, Milo era de los que menos daño había causado, incluso Mū había dejado en ruinas su templo al enfrentarse a su maestro, mientras que la casa de Escorpio estaba tan bien como el día en que el Patriarca se la entregó junto con la caja de Pandora. Se atrevería a decir que incluso mejor. Milo tenía cierta tendencia al trabajo de reparación, hasta se había ofrecido para ayudarlo a darle mantenimiento a su estancia privada en el templo de Acuario.

Tomó su taza de té, era extraño pensar en los acontecimientos de la Guerra Santa, había momentos en los que le daba la impresión de que era algo que había visto, pero sin ser partícipe. Más parecido a un sueño, lo que le daba un sentido completamente diferente a la expresión del "sueño eterno", que era la muerte.

—Los sales —dijo de pronto Shaka —, espero que no los quiten.

—Esos árboles sobrevivieron a una exclamación de Athena, ¿cómo es que cualquiera podría quitarlos? —preguntó Milo.

Shaka curvó los labios en una media sonrisa.

Terminaron el desayuno casi en silencio, y para cuando estaba por cumplirse la hora en la que les había citado Athena, los mayores se pusieron de pie.

El despacho estaba en la planta baja, al costado de la biblioteca. Aunque no llegaron directamente, sino que esperaron en una antesala.

Los acompañó una de las doncellas. Una chica japonesa de nombre Meiko, de cabello y ojos oscuros, que hablaba poco, y pese a su expresión severa, en realidad era bastante cordial.

—La señorita Kido vendrá en un momento —dijo, para después salir.

—¿Creen que nos diga lo que pasó anoche? —preguntó Milo una vez que estuvieron solos, mirando por la ventana hacia el jardín.

—Si hay algo que la preocupa, sería necesario que lo comentara con nosotros, que para eso estamos aquí —respondió Camus.

—¿Crees que se trate de un nuevo enemigo?

Ni Shaka ni Camus se animaron a responder. Pensar en eso era inquietante, pues, si bien el rango dorado estaba completo, el resto no tenía suficientes elementos. Ni siquiera los soldados rasos.

La puerta se abrió y el anciano mayordomo Yousuke entró, llevando consigo una carpeta negra y una bolsa de piel. Apenas unos minutos después, también llegó Athena.

—Pasen —les dijo encaminándose al despacho.

—Como ya habrán notado —empezó a explicar mientras tomaba su lugar en el amplio escritorio de madera oscura, quedando ellos al frente y el mayordomo a su derecha —, estamos tomando medidas poco comunes para la situación que nos ocupa. Respecto a varios puntos que se tocaron en las reuniones de ayer, he decidido que, debido a que los señores Nagai, Tanaka y Kamekura, van a revisar minuciosamente mis finanzas, es imperativo tener toda la documentación en regla. Así que debo pedirles algo.

Milo arqueó una ceja. En ese rubro, no había absolutamente nada que pudiesen hacer por ella.

—Necesito cualquier documento de identidad que posean para poder formalizar sus contratos como escolta.

Camus y Shaka asintieron, pero el caballero de Escorpio tuvo una sensación de nerviosismo que se manifestó en un tono de voz bajo, aunque sin titubeos.

—A mí me llevaron con mi maestro desde que tenía poco menos de dos años —dijo, haciendo que los otros le miraran —, y no fue precisamente un proceso de adopción. Respecto a un carné de identidad o para conducir, nunca lo he necesitado.

—¿Qué hay de la partida de nacimiento? —preguntó Shaka.

—Mi maestro murió hace tiempo, y si cuando me llevaron le dejaron algo así, no lo sé. No estaba entre sus cosas.

—Entiendo —dijo Athena—, si está bien para ti, Yousuke puede arreglarlo. No puedo decir que son escoltas sin goce de sueldo. Sería extraño.

Hizo un ademán al hombre y este le entregó tanto el portafolio como la bolsa, de la que sacó tres sobres, entregándoles uno a cada uno.

—No lo pueden rechazar. Es una orden.

Milo abrió el sobre y levantó una ceja al ver que se trataba de dinero. No tuvo tiempo de decir nada, Tatsumi se anunciaba al otro lado de la puerta, pero ni bien terminaba de hablar cuando ya estaba dentro, diciendo que el señor Gaku Takeda había amenazado con ir a la casa si Saori no le tomaba la videollamada.

Saori —dijo el hombre con seriedad una vez que su rostro fue visible en la enorme pantalla frente al escritorio—, te presento a la señorita Yana Haruka, rectora de la Gakushūin School Corporation, le hablé de tu caso y no tiene inconveniente en matricularte.

Una mujer de edad avanzada, pero porte impecable y expresión amable, se presentó nuevamente, inclinándose respetuosamente.

—¿En el Gakushūin Girls' High School? —preguntó Tatsumi.

¿Dónde más? Es el mejor colegio.

—Es un colegio de chicas —insistió el mayordomo.

¿Y qué es Saori?

—Lo siento mucho, señor, pero eso no lo voy a permitir.

¡¿De qué estás hablando, necio?!

Tatsumi se mantuvo firme, sacando el pecho con orgullo y determinación.

—No le van a permitir el acceso a su escolta en un colegio de chicas —dijo.

Gaku Takeda miró a un costado, distinguiendo a los tres muchachos al borde de lo que la cámara le permitía ver.

Hijo, en ningún lado los van a dejar entrar.

—Tatsumi —susurró Saori para calmarlo.

—Me refiero a Seiya —respondió entre dientes.

El anciano mayordomo se llevó la mano al mentón.

—Ya entiendo —dijo —. Takeda-sama, le suplico que entienda nuestra postura —agregó en voz alta —. Realmente no podemos permitirnos prescindir de la escolta, y hay un joven de la edad de la señorita que pueden matricularse como alumno para no causar inconvenientes con su presencia.

Nuestro colegio es muy seguro —intervino la mujer —. Las princesas de la familia real han sido estudiantes nuestras, y nunca hemos tenido percance alguno.

—Me apena muchísimo —continuó Yousuke—, no dudo que su colegio sea el mejor, y que su sistema de seguridad sea el adecuado bajo circunstancias normales, pero es una decisión inamovible, si la señorita debe ir a un colegio, será uno mixto. Somos sus tutores legales, tenemos autoridad para decidir eso.

¿Circunstancias normales? —preguntó Gaku Takeda mirando a Saori —¿De qué circunstancias se trata? ¿Qué es lo que no me has dicho? ¡¿Alguno de esos vejetes canallas te ha amenazado?!

Saori, con cierto espanto, se inclinó levemente hacia el frente.

—No... no se trata de eso.

El hombre frunció el ceño, haciendo que sus pobladas cejas grises se juntaran, ocultando sus ojos.

—Te agradezco mucho, tío —dijo ella —, y realmente siento mucho esto, señorita Yana, pero creo que lo mejor será hacer lo que dice Yousuke.

El hombre resopló.

Si estás en algún problema, lo mejor será que nos lo digas cuanto antes, no podemos permitirnos sorpresas desagradables.

Saori, con el rostro levemente inclinado y ruborizado, no podía evitar el pensar cómo todo se salía de control.

—Es personal —dijo tras pensarlo un momento —, prometo que no les causará problemas en la compañía.

No se trata de que nos causes problemas, sino de que tengas la certeza de que puedes confiar en nosotros... al menos en mí, en Watanabe y aunque no lo creas, en Hideo también. Nosotros conocimos a tu abuelo, y nos encomendó cuidar de ti antes que de la compañía.

—Realmente quisiera decirte, pero no es posible.

Derrotado, Gaku Takeda solo dejó salir un suspiro.

Igual vamos a necesitar su ayuda para la regularización de los papeles —dijo mirando a la mujer que le acompañaba, ella solo sonrió amablemente.

Descuida, solo bastará un examen, lo puedo programar para cuando desee, aunque debido a que el curso ya comenzó, mientras más pronto sea, mejor.

—Deme solo una semana y lo tendré todo preparado —dijo Tatsumi.

Volviendo a suspirar, Gaku Takeda se despidió y terminó la llamada.

Saori miró a Tatsumi.

—¿Seiya? No creo que esté muy dispuesto a hacer algo como eso.

—¡Pues no va a tener de otra! ¡Es su responsabilidad! —exclamó Tatsumi.

—Y si no —intervino Yousuke —, aún están Jabu y Shun, ellos son más accesibles y tienen la misma edad.

—Señorita Saori —continuó Tatsumi —, su tío no va a mover el dedo del renglón respecto a la escuela, y es un hecho que los demás estarán de acuerdo, como cabeza de la familia, no tendrá su respeto si se presenta como una joven irresponsable.

—Athena —dijo Shaka —, quizás esta sea la manera más adecuada de ganar esta batalla.

Ella lo miró por un instante, entonces asintió.


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