Impresión
—¿Solo Keiko? —preguntó Saori cuando uno de los mozos le informó que el vigilante del acceso principal anunció a la señorita Keiko Sakamura. Sin embargo, no tuvo demasiado tiempo para pensar en lo extraño que era, en ese momento, esa chica de abultada cabellera pelirroja y excesivamente delgada, se abría paso por el recibidor.
—Vengo por ti, querida —le dijo acercándose a ella para engancharse a su brazo —. Megumi me ha encomendado una tarea importantísima.
—¿Una tarea?
Saori trató de resistirse a que la arrastrara, aunque no con mucho éxito, por lo que pronto ya estaba en el pórtico.
—Es una sorpresa. Vamos, guapo —continuó extendiendo la mano para atrapar por la manga de la ropa a Shaka, que subía los escalones, llevándose a ambos hasta su auto, aparcado en la entrada de la casa, incitando a Saori a ir en el asiento del copiloto, dejándolo a él detrás. Se trataba de un auto compacto color blanco, tanto por dentro como por fuera, pero con los cristales polarizados.
—¿A dónde vamos? Realmente no puedo ahora, es que tengo clases —replicó Saori.
Keiko la miró con media sonrisa, arqueando una ceja.
—Yo debería estar en la escuela, pero le robé una carta firmada a mi padre, excusándome con una fiebre. Esto es más importante, iremos al centro comercial.
Enseguida subió el volumen de la radio a todo lo que daba, poniéndose a cantar y dejando en claro que no iba a discutir.
"And I am a material girl
You know that we are living in a material wolrd
And I am a material girl"
Saori miró por el retrovisor a Shaka y un absurdo pensamiento cruzó por su mente: ¿Siempre era tan fácil secuestrarla?
Quizás él pensaba lo mismo, porque, aunque en silencio, su mirada era elocuente en el grado de confusión que sentía al respecto de lo que acababa de suceder y lo que debería de hacer.
Ajena a eso, Keiko Sakamura simplemente aparcó. Antes de bajarse del auto, se acomodó el pelo usando el espejo y se repasó los labios con un lápiz labial rosa pálido que luego ofreció a Saori.
—Deberías usarlo —le dijo —. Estás muy pálida.
Realmente no era una sugerencia, sin más aviso, la tomó por el mentón pintándola a la fuerza.
—Creo que este tono no es el tuyo. Buscaremos algo, tenemos toda la mañana. Vamos.
—¿Exactamente cuál es la tarea que te encomendó Megumi?
Keiko insistió en no responder, estaba tan determinada a hacer lo que fuera que le habían pedido, que por la forma en la que le había empujado al interior de una tienda, le quedó claro que iba con respecto a su guardarropa. Sin embargo, Saori no comprendía la urgencia en ello.
—Vamos a necesitar tu ayuda, guapo —le dijo a Shaka —, mientras, siéntate por allá.
—¿Mi ayuda? —preguntó en voz baja, sentándose en donde se le había indicado, un pequeño taburete color naranja neón al frente de una serie de puertas, cada una de un color igualmente intenso.
Trató de seguirlas con la mirada, estaban dando vueltas de un aparador a otro, tomando diferentes prendas, hasta que, con un montón en brazos, fueron hacia las puertas, tras las que desaparecieron. Inclinó levemente el rostro, dilucidando lo que sucedía, aunque nada lo hubiera podido preparar para lo que ocurrió a continuación.
—No por favor —gimió Saori mientras Keiko trataba de sacarla.
—Por todos los cielos, ¡es fabuloso!
—Es que es tan inapropiado.
—No seas absurda.
Con un último tirón del brazo, la pelirroja consiguió sacarla de los vestidores, y el santo de Virgo quedó pasmado: Athena estaba frente a él con un vestido amarillo intenso, ajustado en la parte baja, pero que se extendía hacia unas levemente pronunciadas hombreras. Era bastante corto, muy por encima de las rodillas. Sin proponérselo, hizo un recorrido desde el borde de esa falda hasta que llegó a su rostro, completamente ruborizado, y solo hasta ese momento, fue que pudo darse cuenta de lo impertinente de su reacción.
—¿Ves? Es fabuloso. Se quedó sin palabras. Bueno… si no te gusta el amarillo, aunque me encanta el contraste con tu pelo, ¿prefieres algo más armónico? Tomamos un conjunto magenta, intentemos con eso.
Y simplemente, la devolvió detrás de la puerta.
En magenta, violeta, verde lima y un azul intenso, desfilaron una a una las prendas que pretendían ser vestidos, pero resultaban tan ajenos a Athena que Shaka no podía siquiera concebir una palabra que pudiese resumir lo que estaba sintiendo.
Visitaron en total cuatro tiendas. Ya estaban en lo más alto del edificio, y justo cuando ambos se habían resignado a otra pasarela, Keiko se giró abruptamente, poniendo las manos en los hombros de Saori.
—Voy a cortarte el pelo.
Aquella declaración, más determinada que cualquiera de las amenazas de sus enemigos, hizo que Saori se hiciera para atrás, soltándose y llevándose las manos instintivamente a su pelo.
—No —respondió inmediatamente.
—Oh, sí — insistió ella volviendo a sujetarla, como si realmente considerara que podría salir corriendo —. No puedes seguir trayendo el pelo así ¡Es una tristeza! ¿Es que acaso no sabías que el clima de la costa es pésimo para el pelo? El sol, la sal, el ciento… Sobre todo, cuando es tan fino como el tuyo, es una suerte que no esté completamente arruinado.
Saori tomó todo su cabello en una coleta sobre su hombro que recorrió entrelazando los dedos. Hacia las puntas era evidente que se volvía reseco. Keiko expuso frente a ella tan solo un mechón.
—Mira —le dijo —, tienes hasta tres puntas por cabello. Querida, no es como un raspón en la rodilla, no se va a curar por sí solo, las quebraduras se harán más extensas. Hagamos algo, cortaremos solo lo maltratado, ¿sí? Tampoco te lo voy a dejar al hombro como a Yukie.
La chica revisó la larga coleta, palpando con cuidado hasta que limitó poco más de unos veinte centímetros desde la punta.
—Esto —dijo —. Solo esto, aun así, te llegará a la cintura y podemos comprar tratamientos para hacerlo crecer y cuidarlo adecuadamente.
Saori, con el ceño fruncido, meditó sus palabras un instante. Shion le había pedido que no se lo cortara, pero si era cierto lo que Keiko decía sobre que el daño sería mayor, y debía serlo ya que siempre se había preocupado por los cuidados cosméticos, lo que la convertía en la experta, cortar solo ese tramo para permitirle recuperarse y crecer mejor, era una atención a esa petición. Levantó la mirada con cierta resignación y dejó que la condujera al salón que orgullosamente se anunciaba como especialista en "cabello de ángel".
—¡Satoshi-kun, llegamos!
Keiko se soltó de Saori para correr al encuentro de un hombre bastante extravagante, con el pelo a dos tonos, entre azul y púrpura peinado en mechones rebeldes, una camiseta roja bastante ajustada con una leyenda dorada en inglés: "born to be a bitch", cruzando su pecho, y unos pantalones negros igualmente ceñidos, de un tipo de tela brillante que no se notaba como cuero realmente, aunque a primera vista lo parecía.
—¡Keiko-chan! ¡Déjame ver lo que trajiste!
Keiko se volvió hacia Saori, tomándola de la mano y acercándola como si fuese un paso de baile para darle una vuelta.
—¡Oh por todos los cielos! ¡Es la señorita Saori Kido!
—Mucho gusto —dijo tímidamente ella por la forma en la que había gritado, aunque más por el modo en que la tomó de las manos acercándose excesivamente a ella.
—No me lo va a creer, señorita, pero he deseado ponerle las manos encima desde que la vi aparecer en el domo del Coliseo, con todas esas estrellas rodeándola.
Shaka frunció el ceño.
Sin darle tiempo a responder la llevó de la mano hasta una silla frente a un gran espejo, pasándole el pelo por detrás del respaldo.
—Keiko-chan, esto es bastante grave, solo queda cortarlo, ¿sabes?
La chica caminó hacia él con los brazos cruzados, dejando escapar un suspiro.
—Lo sé, hablamos de eso, y hemos concluido que únicamente puedes cortar lo dañado, nada de darle un estilo diferente. Saori es… conservadora. Bueno, la dejo a tu cuidado, voy a la tienda de cosméticos.
—Por supuesto, princesa, yo me haré cargo de todo.
Keiko salió del local y el hombre se contoneó de una manera peculiar mientras alineaba sus instrumentos, dispuestos sobre una meza auxiliar, tal como los médicos al tratar una herida. Empezó a charlar con Saori, acariciando su pelo, primero con los dedos para después pasar un peine, alineándolo con suavidad, para finalmente, hacer una trenza holgada.
Satoshi tomó las tijeras, pero la mano del joven rubio que acompañaba a las dos jovencitas sujetaba la suya, colocando los dedos anular y medio entre los anillos, de modo que no pudiera cerrar las cuchillas. Había sido un movimiento muy suave, ni siquiera se había dado cuenta de que estaba tan cerca, pero era más firme de lo que aparentaba pues, aunque usó toda su fuerza, simplemente no pudo ni asestar el corte, ni soltarse.
—La señorita dijo, que solo la parte final.
En ese momento Saori se dio cuenta de que las tijeras estaban posicionadas a la altura de sus hombros, y sin ser consciente de ello, se llevó la mano a la trenza para palparla, encontrándola intacta.
—Por favor —dijo —. De verdad no puede cortarlo a esa altura.
—Quizás sea mejor que lo haga otra persona —repuso Shaka —. Alguien que acate la indicación como es debido.
El hombre sonrió con nerviosismo, intentando soltarse del agarre, era como si hubiera quedado atrapado en una trampa de hierro.
—Solo estaba valorando —consiguió decir sin que nadie le creyera realmente.
—Déjalo, por favor —continuó Saori mirando al santo de Virgo —. Solo esto y nos vamos. Está bien.
Shaka cedió entrecerrando los ojos, y tomando asiento en una silla disponible detrás del hombre.
Este, sabiéndose observado, tensó la larga trenza que había formado y cortó el tramo que Keiko ya había calculado mientras estaban afuera, dejándolo sobre la mesa auxiliar y liberando el resto del cabello, concentrándose tanto como podía, incapaz de creer que alguien con una apariencia tan tranquila, pudiese ejercer esa presión tan sofocante.
Pese a todo, su habilidad con las manos no se vio afectada y al cabo de un rato anunció que había terminado, sacudiendo con aire de triunfo la cabellera de Saori.
—Definitivamente te hacía falta algo de volumen —dijo Keiko regresando a tiempo, llevando consigo una caja blanca —. Tienes el pelo tan fino, y tan largo, que caía sin gracia. Así que, resuelto eso. Toca el maquillaje.
—¿Maquillaje?
No hubo la clemencia de una intervención rápida, la agonía se prolongó más de lo que cualquier ser podría soportar. Pero no terminó ahí, apenas Tatsumi los vio aparecer, Shaka creyó que se lanzaría sobre el auto en movimiento, gimiendo y llorando como si viese a Athena regresar de la más sangrienta de las guerras santas. Y como cada vez que eso pasaba, ella le pedía que guardara la compostura, aunque enseguida se disculpó por ausentarse de sus clases, momento en que el mayordomo cambió el objetivo de sus amarguras hacia el caballero, acusándolo de no poder mantenerla en la casa.
—¡Basta! —exclamó Keiko, considerablemente irritada, dándole un golpe en el pecho para poder empujarlo, algo que realmente no logró, pero había calmado el impulso del hombre para moverse y agitar los brazos —¡¿Acaso crees que un sirviente puede decidir qué es lo que la señora de la casa puede o no hacer?!
—¡Pero señorita!
—¡Tienes que aprender cuál es tu lugar!
—Keiko, tranquila, Tatsumi solo se preocupa por mi —intervino Saori tomando del brazo a la muchacha para que dejara de pegarle a su mayordomo, con todo y que realmente no le hacía ningún daño.
—No —insistió Keiko con el ceño muy fruncido —, esto no es preocupación por tu bienestar. ¡Es un controlador! ¡No muy diferente a los viejos buitres que quieren tu compañía!
—¡Eso jamás! —exclamó Tatsumi.
—¿Entonces por qué es necesario tenerla encerrada todo el tiempo? ¡No es un pájaro! ¡Es una chica! ¡Tiene que vivir! ¡Es el colmo! ¡Estoy discutiendo con un sirviente!
Keiko tomó por el brazo a Saori y subió las escaleras para ir a su habitación, mientras Tatsumi seguía quejándose por la falta de consideración a su preocupación.
—Shaka, ¿cómo fue que pasó esto?
Milo apretó los dientes para no levantar la voz mientras que Camus había permanecido en silencio.
—Athena lo aceptó —se defendió el caballero de Virgo.
—¿Y qué diablos le hicieron en el cabello?
—También estuvo de acuerdo en eso.
—¿Y luego solo dejaste que lo echaran a la basura?
Shaka introdujo la mano en el bolsillo de la chaqueta, sacando el tramo de la trenza que había tomado de la mesa auxiliar del hombre en el salón de belleza, mientras los demás atendían las pruebas de maquillaje, Milo la tomó con sumo cuidado, sintiendo que se trataba de una pérdida inconmensurable por su extensión.
—Cálmate, Milo —dijo Camus —. Suficiente ha sido soportar a Tatsumi. ¿Qué es lo que planea Athena, Shaka?
—Sobre eso. Van a llevarla a un recital, según entendí. El resto de las chicas deberían estar llegando. Es a las siete de la noche, y Athena convino que tres de los caballeros de bronce también deben ir. Deseaba que fueran solo ellos, pero me negué a ese acuerdo. Me pareció entender que sería un evento con demasiados asistentes, podría volverse un problema si Athena se empeña en proteger a todos a la vez.
Camus asintió y se dirigió al ala de los caballeros, entrando sin anunciarse.
—Athena desea que tres de ustedes nos acompañen —anunció tranquilamente —. Sus amigas desean asistir a un recital.
—No hay manera —repuso inmediatamente Seiya—, no me van a obligar.
El santo de Acuario frunció el ceño ante esa respuesta inmediata, sin duda alguna. Incluso Shaka pareció reaccionar, solo por un instante la tranquilidad de su rostro se convirtió en un gesto de sorpresa.
—Pero, ¡qué pasa con ustedes! ¡Es una petición de Athena! —exclamó Milo.
—Caballeros —llamó Shun antes de que empezara una discusión—. Resolveremos esto de la manera en la que lo hemos hecho desde el principio de los tiempos —agregó saltando desde el sillón donde estaba sentado.
Aquello pareció complacer a los mayores, pues Camus asintió, dando su aprobación para que hicieran lo que tenían que hacer.
Shun caminó hasta el librero en donde estaba empotrado el televisor, apagándolo, y abriendo una de las puertas laterales para sacar un cilindro de bambú. Sin tener que decir nada, los demás se reunieron alrededor de la mesa de centro. Seiya abrió el bote y sacó un puñado de finas varas.
—Yo puedo ir voluntario —dijo Jabu saliendo del círculo.
—Sí, eso ya lo sabía —respondió el caballero de Pegaso, separando las varas, dejando un puño sobre la mesa y devolviendo el resto al interior—, así que dejaré los tres mandarines y dos kuli. ¿Listos?
Seiya sacudió las varas en su recipiente, luego puso la mano para que solo se vieran las puntas de bambú.
Shiryū fue el primero, su vara tenía tres franjas: azul, rojo y azul.
—Mandarín —dijo, y se levantó.
Ichi fue el siguiente, y obtuvo la misma.
Seiya y Shun, los que quedaban, se miraron fijamente antes de decidirse, aunque tocaron la misma al mismo tiempo.
—Es mía —dijo Seiya haciendo un tipo de mohín porque se sentía ridículo diciéndolo, pero de verdad tenía la corazonada de que esa era la ganadora.
—Yo la tomé primero —se quejó Shun.
—¡No es cierto!
—Bueno, quédatela.
Seiya sacó y empezó a reírse.
—¡Te debo una Shun! —exclamó.
Shun y Nachi miraron con sus varas que solo tenían una combinación rojo-azul con una expresión desolada que no pudo evitar preocupar a Milo.
¿Por qué era tan terrible acompañar a Athena y a las jóvenes que le hacían compañía?
—Voy a bañarme —dijo por fin Nachi con un suspiro, seguido de los otros dos, aunque Jabu de Unicornio era el único con un evidente buen humor.
—Supongo que nosotros también deberíamos alistarnos —repuso Camus, saliendo del ala.
Para las cinco y cuarenta de la tarde, luego de unas estridentes quejas por parte de Keiko Sakamura de que se hacía tarde, los seis caballeros coincidieron en las escaleras, intercambiando miradas a la vez que no podían evitar el sentirse entre incómodos y extraños al verse con ropa formal.
Nachi de Lobo incluso había peinado su cabello hacia atrás, resaltando su amplia frente y el hecho de que sus cejas era tan finas que parecían no estar. Shun se habían dejado el pelo de la forma usual, pero a diferencia de sus compañeros que llevaban una pajarita, él había optado solo por un lazo del mismo color del pañuelo de su solapa, y Jabu era el único con guantes.
Por su parte, Camus llevaba la corbata recta tradicional, Milo se había recogido el pelo en una coleta baja y Shaka se puso sobre los hombros una fina bufanda de seda.
Superado el instante de incomodidad, y para no causar más desesperación en la joven pelirroja, finalmente bajaron.
—Te ves hermosa. Ambas —dijo Shun con una sonrisa al darse cuenta de que ninguno de sus compañeros había sido capaz de conectar un pensamiento coherente al ver a Saori en el vestíbulo con un vestido rosa pálido ceñido a su cuerpo, corto por encima de las rodillas y sin mangas, aunque el corte apenas dejaba entrever las clavículas. Había cierto brillo en la tela, una cadena dorada en la cintura que hacía juego con los brazaletes y unos zapatos blancos de apenas unos centímetros de alto.
Saori bajó la mirada, completamente cohibida, sujetando su cartera de mano con todas sus fuerzas.
—Gracias —consiguió susurrar.
Por su parte, Keiko Sakamura, vestida de púrpura, se limitó a verlos de arriba a abajo, con una ceja arqueada y un mohín en los labios.
—No hay tiempo para que se cambien, hay que irnos ya.
Nachi bajó la mirada, extendiendo su cosmos sutilmente.
"No vamos a un recital ¿verdad?", preguntó.
"Sí", repuso Shaka, "la señorita le dijo que irían a ver a una madona, y que conseguir la entrada de Athena fue complicado porque estaban completamente agotadas desde hace meses, pero la señorita Megumi lo logró"
"¿Madonna?", preguntó Jabu apretando los labios para no reírse.
"¿Estás de broma, Shaka?" preguntó Milo, deslizando lentamente la mano hacia su cuello para aflojar el corbatín que definitivamente se iba a quitar, "No es una madona, ¡es Madonna!"
Comentarios y aclaraciones:
La confusión de Shaka surge a partir de Madona, una palabra que, en términos de arte, trata de la representación de damas nobles, y principalmente la Virgen María. Él entendió que hablaban de música y lo primero en que pensó fue un "recital", que a su vez confundió a los demás que pensaron (y en relación al gusto de Saori por la música clásica) en algo más formal.
¿Pueden culparlo? Madonna será su real majestad del pop, pero dudo que sus discos lleguen al Santuario, o al templo de Shaka en India.
¡Gracias por leer!
