Anhelos
Milo sostuvo la mirada de Shaka por unos instantes antes de hacer la pregunta.
—Entonces, ¿sí has bebido?
Shaka pareció ofenderse, la ceja levemente arqueada y la tensión en los labios le daban a entender eso, aunque todo en Shaka le era sumamente difícil de interpretar, incluso cuando hablaba, porque tendía a hacer parábolas y analogías que no siempre eran tan obvias.
—Sí —respondió con gravedad —. He cenado con el Patriarca, y él suele servir las cenas con vino.
—¿Vino? —preguntó Milo.
—Sí.
El santo de Escorpio se giró hacia el camarero y pidió tres cervezas oscuras. Camus arqueó una ceja, empezaba a intuir las intenciones de su compañero, y que se hubiera tomado la molestia de preguntar antes de cualquier cosa, no era realmente alguna consideración, estaba seguro de que todo era un experimento.
El joven volvió con las tres botellas pequeñas, tres vasos y dejó servilletas también.
—¿No es lo que pediste? —preguntó Shaka, mirando la expresión decepcionada que había puesto.
—Esperaba una pinta —repuso Camus descruzando los brazos y acercándose a la mesa para servirse él mismo.
Milo hizo lo propio, y Shaka, para no quedarse detrás, también, solo que no inclinó el vaso y la espuma de la cerveza se levantó con prontitud, temiendo que se desbordara, devolvió la botella a su lugar, impactándola con cierta fuerza sobre la mesa, lo que provocó que la espuma subiera por el cuello.
—¿Qué hice? —preguntó.
—No le pegues —explicó Camus.
Ni bien Shaka trataba de limpiar su desastre, cuando el mismo muchacho que les había tomado el pedido, apareció de nuevo con un paño, tomándolo desprevenido al pasar por el frente.
—En seguida le traigo otra —dijo.
Para cuando la espuma hubo bajado, Shaka se animó a sorber un trago de lo que había quedado en su vaso. El olor penetrante golpeó su nariz con violencia, y el sabor amargo no fue más amable con su boca, dejando una sensación de escozor a medida que bajaba por su garganta.
—Creo que no me gusta la cerveza japonesa —se quejó Milo.
Camus le dio la razón moviendo lentamente la cabeza de un lado a otro. Shaka no dijo nada, al menos no era el único al que no le había gustado. Sin embargo, tanto Milo como Camus siguieron bebiendo, así que se sintió con el deber de continuar también, al menos porque ya las habían pedido.
Prestó atención a su alrededor, luchando por encontrarle un poco el gusto que todos los demás parecían tener.
El lugar lucía más como un restaurante, con las mesas ordenadas en filas, casi lleno, los grupos de clientes bebían como si fuese agua, charlando animosamente sobre alguna cosa. Luego miró a sus compañeros, y se preguntó si habría algo de lo que pudieran hablar de manera casual.
Pensó meticulosamente sobre algún tema que tuvieran en común, pero solo se le ocurría el Santuario, y no creía que fuese honroso hablar de eso mientras bebían, con todo y que no se trataba de un sitio de dudosa reputación.
—Tenemos que hacer algo al respecto de las nuevas políticas de reclutamiento de aprendices de Athena —dijo de pronto Milo.
Shaka suspiró con alivio. Realmente no se le ocurría absolutamente ningún tema de conversación.
—Bueno, tenemos a uno verdaderamente competente —repuso Camus —. Athena le encomendó a Hyōga su entrenamiento propedéutico. Dependiendo de su progreso, en un par de semanas se le enviará a Francia.
—Uno, para las cincuenta y nueve armaduras vacantes —insistió Milo.
—Cuarenta y uno —intervino Shaka —. Hay siete armaduras muertas y once perdidas, aunque podríamos contar las de los Sonota, pero el Patriarca ordenó que se diera prioridad a los santos protegidos por una constelación.
—Y estrictamente hablando, estamos exentos de esa tarea. Fuimos específicamente asignados a la estancia de Athena en Japón.
La voz de Camus fue inflexible al respecto, y su comentario se acompañó del último trago en su vaso. Milo comprendió que era tema zanjado, porque el silencio de Shaka, parecía ponerlo de su lado.
—Hay que ir a otro lado, esto es muy aburrido.
Pagaron el consumo y salieron de nuevo a la calle. Los últimos rayos del sol se ocultaban entre los edificios, y aunque aún se sentía el calor de la tarde, prometía ser una noche fresca.
Milo enlazó las manos en su nuca luego de estirarse para deshacerse del tedio que le había dejado el sitio en el que entraron. No tenía idea de a donde ir, los anuncios no siempre eran ilustrativos con respecto a los servicios del interior y así como tampoco tenía ánimos de acabar de nuevo en un lugar de ocio para empleados de oficina, tampoco se sentía demasiado atraído por sitios bulliciosos que frecuentaran muchachos de escuela con identificación válida para beber de dudosa autenticidad.
Entonces, un grito le hizo detener su paso, y aunque lo intuyó antes de siquiera verla, no hizo demasiado esfuerzo por esquivar a la muchacha que se había lanzado sobre de él; se trataba de la dueña del diminuto perro que había atrapado en el centro comercial el otro día.
—¡Eres tú! —exclamó besándole escandalosamente en la mejilla para luego tomarlo por un brazo, debiendo ceder él para que no se quedara colgada, avanzando mansamente un par de pasos.
—¡Izumi! ¡Lianne! —chilló ella agitando la mano que tenía libre —¡Este es mi caballero de brillante armadura!
Milo contuvo el aliento, no por el comentario, era por demás obvio que ella solo estaba usando una expresión sin importancia, sino porque una de las personas con las que le quería presentar, era la desertora del Santuario, la mujer a la que había obligado a llevarle con los sujetos que profanaban la honra de Athena.
—Oye, lo siento —se disculpó entre risas —, pero no pregunté tu nombre.
—Milo Aetós —respondió, recordando el nombre que Tatsumi le había escogido para el pasaporte.
—Yo soy Heather Matthews —dijo sin soltarlo del brazo —. Ellas son mis amigas, Lianne Deschamps e Izumi Akimitsu.
Izumi se inclinó con cierta reverencia que los tres ya habían notado, era habitual en los japoneses. Sin embargo, Lianne permaneció completamente petrificada, ligeramente pálida.
Milo aguzó la mirada, aparentemente ella no había compartido información respecto a su identidad con sus amigas, ni tampoco lo ocurrido en el departamento de sus empleados, aun así, valoró la necesidad de decir, o no, si la conocía.
Pero Shaka se adelantó.
—A la señorita Deschamps la conocemos del museo de Historia y Arte Occidental.
Incluso Camus lo miró con reproche, acababa de estropear cualquier oportunidad de cortar ese encuentro e irse a otro lado.
—¡El mundo es un pañuelo! —exclamó Heather, extendiendo la otra mano para atrapar a Shaka.
Se tensó, muy pocas personas tenían contacto físico con él, así que era extraña la familiaridad con la que le trataba. Sin embargo, pensando que sería conflictivo resistirse, al igual que Milo, solo se dejó hacer.
—¿Y tu nombre cuál es?
—Shaka Bridges —respondió con cierta incomodidad, pues desde que le habían investido como santo de Athena, había sido siempre, Shaka de Virgo.
Heather no se dio por enterada de la reacción del caballero, o no le dio importancia, y con el mismo desenfado, miró a Camus, repitiendo la pregunta.
Camus permaneció impávido cuando ella insistió. Solo cuando se percató de que no lo iba a dejar así, se dirigió a Milo.
—Dile que no hablo japonés —dijo en francés.
Contrariado, Milo pasó el mensaje, presentándolo solamente como Camus, si bien ganas no le faltaban de decir su nombre completo, pero como se ponía de mal humor con eso, y las cosas ya iban mal gracias a Shaka, optó por no ahondar en detalles. Aunque tampoco era como si la chica hubiese insistido en ello.
Con su risa contagiosa, su parloteo sobre las casualidades de la vida, y la unión animosa de Izumi al barullo, llegaron a un punto en que, sin consenso o previa invitación, simplemente decidió que se los iban a llevar con ellas.
Aquella aseveración hizo reaccionar a Lianne.
—¡No puedes cambiar sus planes así como así! —exclamó.
Shaka se encaminó hacia Lianne, soltándose de Heather, y le puso la mano en el hombro. De haber puesto un poco de atención en ella, en lugar de mirar a sus compañeros, habría notado que las piernas le temblaron.
—Está bien. En realidad, no teníamos nada planeado —dijo. Luego se giró hacia Lianne —. Milo quiere una pinta de cerveza, ¿sabes de casualidad en dónde podría conseguirla?
Lianne se quedó en blanco, no estaba segura ni qué era una pinta, dónde conseguirla, o cómo se llamaba: Shaka había curvado los labios en una tenue sonrisa mientras la miraba con sus ojos azules como el cielo despejado de medio día.
Quizás lo estaba imaginando, porque no había manera de que un simple mortal pudiese provocar semejante efecto solo por hacer eso.
Luego de un rato que le pareció eterno, concluyó que él si podía hacerlo, porque él no era un simple mortal.
—¡Tengo un lugar perfecto en mente! —exclamó Izumi, y eso fue más que suficiente para que empezaran a caminar.
Camus los miró con recelo por unos momentos, pero decidió ir antes de que empezaran a llamarlo como si fuese un cachorro testarudo. Reprimió un suspiro cuando Izumi se puso a su lado, de modo que fueran por parejas, y por los largos minutos que fueron por la calle, el temor de que se enganchara de su brazo no se desvaneció. Por mucho que se molestara Milo, estaba más que dispuesto a apartar a la mujer, y tenía menos ganas de ser él quien la llevara como hacía Shaka, de hecho, no estaba seguro de porqué había hecho eso con la desertora, no entendía cuál era su propósito al voluntariamente hacerse de su compañía, obviando lo incómodo que era para ellos, era claro que la muchacha estaba por desmayarse y solo la fuerza de su voluntad le hacía caminar.
—¡Es aquí!
Izumi se adelantó a todos, intercambió palabras con el joven de la entrada y luego se giró hacia el grupo, haciéndoles una seña.
El interior del lugar era completamente diferente al sitio anterior, incluso el ambiente se sentía diferente, con más vibra, había incluso más gente en un plan casual, con la música en alto, pero no lo suficiente como para sofocar las charlas.
Pasaron a la barra e Izumi levantó la mano pidiendo seis pintas de cerveza con singular alegría, mismas que la encargada detrás de la barra, con apariencia ruda pese a tener la misma complexión delgada del promedio japonés, despachó rápidamente.
El tamaño de aquel tarro espantó a Shaka. Un vaso había sido una tarea complicada, no veía manera de que pudiese terminar eso que le acababan de servir.
Por su parte, Milo y Camus parecieron más entusiasmados, y si en Camus se podía notar eso, era ya demasiado decir.
Milo instó al grupo a chocar los tarros en un brindis. Shaka imitó al resto, procurando no golpear con fuerza para evitar un derramamiento como la vez anterior, aun así, el simple tambaleo le derramó algo sobre la mano, por lo que, luego de un sorbo de cortesía, por lo del brindis, buscó algo con qué limpiarse.
Se dio tiempo de paladear la nueva bebida, encontrándola diferente pese a ser lo mismo. La espuma era incómoda, pero tenía una textura interesante, más suave, por lo que pensó que quizás si podría acabársela.
Con tarro en mano, fueron a una mesa disponible y Heather e Izumi se las arreglaron para que todos quedaran intercalados. Se repitió la anécdota del rescate del perro, aunque a Shaka le pareció que había un par de exageraciones, por ejemplo, Milo no había saltado, ni tampoco le había dicho que era un honor y un deber. Lo que la muchacha estaba contando incluso hacía parecer que había visto un halo dorado a su alrededor, lo que era imposible ya que no poseía la habilidad para percibir el cosmos y, de cualquier forma, Milo no lo había encendido.
—¿Pido otra ronda? —preguntó Izumi.
Camus asintió, pero Milo pidió whiskey, uno para él, y otro para Shaka.
Hasta ese momento, Shaka se dio cuenta, no sin algo de asombro, de que sí se había terminado aquél inmenso tarro.
Les llevaron lo pedido y el mesero les preguntó si querían algo para comer, y luego de una breve discusión, todos acabaron pidiendo hamburguesas.
—Las hamburguesas son de carne de res.
Todos miraron a Lianne, pues era lo primero que había dicho en todo el rato que llevaban juntos. Estaba claramente mirando a Shaka, pero este no se daba por aludido, y el resto no parecía entender a qué iba el comentario, así que Camus codeo a Milo para llamar su atención.
—Dile a la chica que Shaka es budista, no hindú.
—Entonces, ¿no es vegetariano? —preguntó ella en francés, provocando cierta incomodidad en Camus. Milo respiró profundamente. Se le había olvidado comentarle que Lianne hablaba perfectamente el francés, por lo que su técnica de barrera del idioma no funcionaba con ella.
—El motivo por el que los hindúes no consumen carne vacuna es meramente religioso, lo que carece de sentido si lo pones en perspectiva sobre quién es él y a quién sirve.
Lianne se sintió avergonzada por la observación que parecía obvia por donde se le viese.
—De cualquier forma, sería difícil seguir una dieta tan limitada considerando el nivel de energía que debe mantener como santo de Athena —respondió Camus.
Milo levantó una ceja. Esa había sido una respuesta excesivamente larga para tratarse de Camus frente a una desconocida, supiera del Santuario o no. Por su parte Shaka, tenía la certeza de que estaban hablando de él, pero no entendía nada.
La nueva ronda de bebidas llegó y Milo acercó un vaso grueso pero corto, con hielos y una bebida marrón.
En un principio, Shaka se sintió decepcionado de la medida, sobre todo comparándolo con el tarro anterior, pero luego hiló un pensamiento sobre la relación entre tamaño y poder, así que ese pequeño trago podría tener algún nivel superior.
Milo chocó el vaso con él, y asumió que esos toques eran el código social de la bebida amistosa.
Era extraño. Nunca había compartido momentos personales con ninguno de sus compañeros de armas, y con nadie en particular. Normalmente, cuando no se encontraba en una misión, dedicaba su tiempo libre a meditar, o en su defecto, perfeccionar sus habilidades lectoras revisando los libros y documentos que se guardaban en el templo de Bihar. Siempre a solas.
Enseguida, Milo se giró a Camus, haciendo lo mismo con él, pero algo de la expresión de su rostro y la apenas perceptible sonrisa del santo de Acuario, le dejó más clara aún la relación que ya sabía que tenían.
Sabía cómo se habían conocido. Básicamente todos fueron presentados al mismo tiempo, excepto por Saga y Aioros, los mayores, fueron llamados a la cámara del Patriarca, luego de haber sido recomendados y reconocidos por sus maestros, para recibir sus armaduras. Fueron investidos, presentados ante la infanta Athena y enviados de regreso a completar su entrenamiento. Pero no sabía cómo era que habían formado ese vínculo, sobre todo porque Milo había entrenado en Grecia y Camus en Siberia.
Ya había notado una relación similar entre Afrodita y Deathmask, aunque eso simplemente le pareció un hecho lógico devenido de su complicidad con Saga, quizás podría llamarlo así simplemente: complicidad. En cambio, Milo y Camus parecían más inclinados a la amistad, la fraternidad, ese sentimiento que él recién había descubierto cuando se enfrentaron a los caballeros de bronce.
Agitó el vaso como lo había hecho Milo. Los hielos hicieron ruido y miró de nuevo a sus compañeros antes de animarse a darle un trago. La bebida, como era de esperar, tenía un sabor más fuerte, pero la presencia del hielo provocaba un efecto refrescante, sobre todo en un ambiente tan bullicioso.
Habiendo quedado fuera de la conversación en francés, Heather volvió su atención a Shaka.
—¿De dónde eres? Yo soy de Estados Unidos, aunque ya tengo un tiempo aquí en Japón.
—De India —respondió, sintiendo en su garganta una sensación extraña, como si se le estuviera cerrando.
—¿India? —replicó Heather mirándolo de arriba a abajo—. No lo pareces.
Shaka asintió levemente. No era la primera vez que tenía que responder a esa pregunta sobre la obviedad en el color de sus ojos y pelo, sobre todo cuando llegaban peregrinos al templo en busca de algún refugio para descansar antes de continuar con su camino, y por casualidad le veían.
—La larga historia de India ha hecho que reciba influencias de muchas culturas, incluso de Grecia Helénica, en tiempos modernos por efecto de la colonización, Inglaterra y Francia principalmente.
—Bueno, eso es verdad —repuso tímidamente Izumi con su voz baja, todo lo opuesto a los casi gritos de Heather —. Pero la historia de India también tiene una fuerte presencia de racismo y clasismo que han limitado el mestizaje considerablemente, por lo que no es extraño que se hayan formado claramente los estereotipos respecto a las características de la población nativa. Aunque haya segundas y terceras generaciones nacidas en India, y constitucionalmente serán reconocidos como ciudadanos, para el colectivo popular seguirán siendo marcados como extranjeros.
Shaka asintió, aunque en honor a la verdad, el asunto de su nacionalidad no le importaba demasiado, en el propio templo de Bihar, los aspirantes a monjes se solían referir a él y a los demás aprendices de caballero, como los griegos, independientemente de dónde fueran en realidad.
—La doctora Kefalidou dijo que asistías a la señorita Kido con sus colecciones personales —continuó Izumi, cambiando el tema.
Aquello pareció llamar la atención de Lianne que giró la vista hacia ellos.
—No con todas —repuso —. Estoy a cargo específicamente de las armaduras del Zodiaco.
Y con esa declaración, aunada al nombre que le había adaptado, también Milo y Camus prestaron atención.
—¿Desde cuándo? —preguntó Camus a Milo, quién solo se encogió de hombros, aunque tenía la vaga idea de que, de alguna manera, se relacionaba con su encomienda del miércoles.
—¡Que emoción! —chilló Izumi, algo que los tomó desprevenidos debido al carácter moderado que había demostrado hasta ese momento —¡Entonces tienes que conocer a los caballeros!
Shaka asintió, horrorizando a sus compañeros.
—¿Caballeros? —preguntó Heather.
—¡Ah, es verdad, aún no estabas aquí! Pero seguro escuchaste algo ¡fue todo un evento mundial!
Heather negó con la cabeza mientras que Izumi empezaba a contarle sobre el Torneo Galáctico inconcluso.
Lianne también pareció contener el aliento a cada palabra, y se puso de pie bruscamente anunciando que ya había llegado la comida. Con exagerados ademanes, atravesándose entre todos, interrumpió la anécdota, poniendo los platos, bebidas y aderezos.
Shaka se giró hacia el camarero pidiéndole otro trago como el que le había pedido Milo antes, y mientras llegaba, hizo lo que el resto, empezando a comer con la cerveza que le habían servido antes.
Las papas, cortadas en bastones largos, estaban saladas, pero el gusto no era del todo desagradable, y resultó más peculiar cuando las mojó en una salsa roja como hacían todos, y que era dulce.
No obstante, ya disipada la confusión que había provocado Lianne, él mismo trajo de vuelta el tema.
—Las armaduras son objetos peculiares —dijo —. Combinan la estética del trabajo orfebre, con la funcionalidad, además de cierta filosofía en el fondo, sin mencionar su valor histórico, la simbología que han adoptado en eventos de gran trascendencia. ¿Habían escuchado de eso?
Heather e Izumi negaron con vehemente interés en que continuara.
Milo y Camus se quedaron en blanco, tan solo escuchando cómo deliberadamente Shaka se entregaba hasta el fondo con aquellas mujeres.
Comentarios y aclaraciones:
Y Shaka es… pues Shaka.
¡Gracias por leer!
