Comienzos
Shaka abrió los ojos con dificultad.
Extrañamente no era una sensación del todo desconocida, pues a medida que conseguía mantenerlos cerrados por largos periodos, la apertura se volvía complicada, entre el párpado que recobraba su movilidad y la luz que le lastimaba la pupila, acostumbrándose al nuevo panorama, le tomaba varios segundos ajustar todo lo necesario para poder fijar la vista en algo.
Sin embargo, en ese momento, el proceso llegó acompañado de la más absoluta de las confusiones.
Su mente le recordó que había subido al tren, incluso creía recordar un timbre en la estación.
Una vez que estableció que no estaba en el tren, sino en su habitación en la casa de Athena, se preguntó cómo había llegado.
Se incorporó con dificultad, le dolía la cabeza, el estómago, y tenía mucho frío.
Permaneció sentado a la orilla de la cama. El malestar general de su cuerpo le hacía querer volver a acostarse. No podía recordar una sola vez que se hubiera sentido tan enfermo…
Salvo quizás; cuando la epidemia de tifo asoló los poblados a la orilla del río, llegando paulatinamente al templo.
Varios monjes y aprendices cayeron enfermos también, aun así, uno de ellos se entregó por completo a la tarea de cuidarle, desatendiendo su deber para con los demás.
Se llevó la mano a la frente, no creía tener fiebre, y cuando pudo fijar correctamente la mirada, no notó temblor alguno en sus dedos, aunque sintió que se tambaleaba apenas se puso de pie.
Cerró los ojos con fuerza luego de encender la luz del cuarto de baño, pues la habitación tenía las cortinas corridas, lo que había aminorado el efecto de la luz, en cambio, las baldosas blancas e impolutas, no habían tenido misericordia alguna con él.
Abrió ambas canillas del agua para lavarse el rostro, aunque acabó bebiendo de ellas, ya que de pronto tenía demasiada sed.
Al poco decidió que lo mejor sería darse un baño, porque el olor extraño que percibía no aminoraba en absoluto, y sentía algo raro en el pelo.
Casi se quedó dormido en la bañera, sintiéndose cada vez más lúcido. Poco a poco, empezó a tener más recuerdos, si bien la confusión respecto a la línea de tiempo no se disipaba, de hecho, todo lo ocurrido la noche anterior carecía de cualquier lógica, al menos después de la cena, que era una necesidad, quizás algo irrelevante dado que no habían hecho demasiado en el día como para justificar tener hambre, pero incluso eso fue agradable, y la charla con las chicas, bastante amena.
¿Cuál había sido el propósito de todo eso?
Perder la cartera, en su caso, y la dignidad, en el de Camus.
¿Cómo fue que empezó una pelea sin más?
Eso había sido tan poco propio de un hombre que siempre había considerado centrado y en control de sus emociones, aunque no descartaba que la in fluencia del alcohol tuviera que ver con su comportamiento, igualmente volvía al punto de origen de tener límites propios para mantener la compostura.
Ya vestido, salió de la habitación para incorporarse a cualesquiera que fueran las actividades del día, si bien Athena no había anunciado la agenda del domingo, pero antes de poder dirigirse al comedor, como de costumbre, un cosmos conocido, que no debería estar ahí, llamó su atención y le hizo cambiar de dirección hasta el despacho.
Llamó un par de veces y la misma Athena fue quien le permitió pasar.
Intrigado, vio a los gemelos de la tercera casa, vestidos con un traje formal, aunque no de rigurosa etiqueta, idéntico uno del otro.
—Sigues vivo —dijo Milo, sentado en un sofá, al costado.
Shaka lo miró sin comprender, deberían ser por mucho medio día, lo que no era excesivamente escandaloso considerando la hora en la que llegaron a la casa.
—Justo a tiempo, estábamos por dejarte —agregó Camus.
—¿Dejarme?
—Lo pondré al corriente mientras ultiman detalles.
El santo de acuario lo tomó por el hombro para conducirlo afuera.
—El Patriarca envió a un hombre de su entera confianza para cubrir a Athena —le dijo, mientras iba a su lado por el pasillo —. El administrador de recursos del Santuario, es una persona acostumbrada a este tipo de trabajos y asegura que hay anomalías en procedimientos de la compañía.
Shaka aguzó la mirada.
—Pero, ya esperábamos algo así, ¿no?
—Si te soy honesto, no entiendo del todo la dinámica de una empresa de este tamaño, es más complicado que los ingresos y egresos en un libro de cuentas. Pasaron la noche revisando documentos, algo encontraron que se va a necesitar de varias sesiones, para eso vino Saga.
—¿Y Saga entiende de estas cosas?
—El administrador lo va a guiar, será un rostro al que ellos puedan dirigirse mientras que él se encarga de los asuntos importantes de la reconstrucción del Santuario.
—Igual, parece importante si esos hombres van a acceder a una reunión en domingo, Athena había dicho que estaría libre los domingos porque no los consideran horario para oficina.
Camus arqueó una ceja, mirándolo de soslayo.
—¿Domingo? Shaka, hoy es lunes.
Shaka contuvo el aliento, había perdido un día de su vida sin ser consciente de ello, a diferencia de cuando hacía periodos de meditación, y una sensación extraña de vergüenza se apoderó de él.
Entonces, Camus le puso la mano en un hombro.
—Athena nos pidió que fuésemos discretos respecto a Saga. El Patriarca nos había dicho que su ausencia en el Santuario se debía a motivos de salud, y eso no ha cambiado, la presencia de Kanon es para poder cambiar de lugar con él en caso de ser necesario.
—¿Eso significa que nos referiremos a ellos como una misma persona?
Camus asintió.
—Con el nombre de Alexandros Dimitrakos.
Shaka dejó escapar un suspiro. Todo se le antojaba tan innecesariamente complicado.
.
Con el auto anormalmente lleno debido a la presencia del administrador y los gemelos, el camino fue realmente incómodo. Saga, en especial, se notaba tenso, y escuchaba con atención el rápido parloteo del hombre a su derecha mientras que el anciano mayordomo, Yousuke, le acomodaba algo en la solapa.
Para cuando llegaron, ya era obvio que Kanon se iba a quedar, también Alexandros Dimitrakos, y Yousuke, dejando que Tatsumi, como mayordomo principal, acompañara a Athena.
—Quédate —le dijo Milo a Shaka, que, aunque mantenía la compostura, podía imaginarse la lenta agonía por la que pasaba —. Por cierto, tómate esto —agregó, dándole una botella naranja intenso, bastante fría, que estaba en uno de los compartimentos entre los asientos.
Milo cerró la puerta, así que Shaka puso su atención en lo que estaba haciendo el anciano mayordomo: ajustando una radio.
—¿Estás bien? —preguntó Kanon de improvisto.
Shaka asintió mientras destapaba la bebida que le había dado Milo, dándole un trago y encontrando un espantoso gusto que mezclaba dulce con salado con algún cítrico en el fondo. Lo tragó porque escupirlo no era una opción, pero la suave risa de Kanon lo obligó a mirarlo.
El parecido con Saga era ridículo. Entendía la lógica detrás del concepto "gemelos", pero incluso en esas maneras resultaban idénticos. Sin importar cuánto tiempo pasara, no se acostumbraba a eso.
—Será mejor que te lo tomes —agregó —. Te sentará bien.
Súbitamente cohibido por la idea de que supiera qué habían hecho cuando se supone que estaban en Japón por otros motivos, solo atinó a darle otro sorbo a la bebida, como si acabándose tan horrible cosa, pagara la penitencia correspondiente.
No hubo tiempo para ningún tipo de conversación, tras un poco de ruido de interferencia, la radio que tenía Yousuke, pronto dejó escuchar con toda claridad la voz de Saga.
—Esto le podrá ayudar —le explicó a Kanon —. Podrán escuchar y grabar las reuniones que tengan, para que puedan compartirlas entre ustedes.
Kanon asintió, prestando atención al modo de operar la máquina.
Las presentaciones habían pasado, y Saga empezaba a explicar el reporte que habían preparado.
Alexandros aguzó la mirada al escuchar al hombre que se presentaba como director contable, se llevó un dedo a los labios en un gesto pensativo.
—Shaka —llamó sin mirarlo, como si pudiese ver al hombre a través de la radio —¿Te dieron la impresión de estar genuinamente al servicio de Athena? Bueno, de la señorita Kido.
Shaka respiró profundamente, creía que ya lo habían puesto al tanto de las reuniones que habían tenido, sin embargo, el hombre pareció entender sus pensamientos así que siguió hablando.
—Desde la primera vez que me entrevisté con Athena, supe que tiene la completa seguridad de que las personas tienen la mejor disposición para una negociación justa. Realmente no se ha familiarizado con la hostilidad real del ambiente empresarial.
El santo de Virgo pensó en cómo responder la pregunta. No era como si él tuviese más experiencia que Athena en el mismo tema, y seguramente las impresiones que podía darle, eran las mismas que las que seguramente Milo o Camus podrían ya haberle comentado; como la frialdad de Eisuke Amamoto, director de Kido Chemical, o la crueldad de Hideo Fujita, director de la Tokyo Oil Co.
—Uno de esos hombres, dijo que los más viejos siempre supieron que su trabajo era cuidar de la compañía para que Athena no se ocupara de nada, pero que, aquellos que no fueron elegidos por Mitsumasa Kido, no estaban realmente comprometidos con esa tarea.
—Entiendo. Aunque no es tan irracional que prefieran desaparecer a una persona que solo obtiene beneficios sin trabajar por ellos, aún si se habían comprometido a cuidar de sus intereses.
Se quedaron en silencio un rato más, la reunión se estaba llevando con toda tranquilidad. Entonces, Saga dio el siguiente paso, seguramente al haber valorado la actitud tranquila de los hombres; y con las palabras adecuadas, dejó caer la bomba: quería, en nombre de la señorita Kido, una auditoria del área contable y de finanzas de la compañía.
El silencio fue absoluto.
—¿Siguen vivos? —preguntó Kanon con media sonrisa.
—Yo creo que no —secundó Alexandros con el mismo humor.
—Ha sido una declaratoria de no confianza —dijo con toda tranquilidad Yousuke —. Les ha insultado en lo más profundo. Aunque es un mal necesario.
Los caballeros le dieron la razón, mientras que, al otro lado de la radio, empezaban a afinar los detalles de agenda. Algo sin mayor importancia pues, Saga había desconectado el micrófono.
Era difícil calcular el tiempo que había pasado, aunque lo cierto era que aun estando en el auto, con el aire acondicionado y los asientos cómodos, la espera no fue tan agónica. Habían permanecido de pie, en peores condiciones, por más tiempo.
Sin embargo, Shaka, a diferencia de los demás en el auto, no le interesaba demasiado el tema de las conversaciones que estaban llevando, ni de un lado ni del otro. Recordó lo que le había dicho Camus al respecto de que la empresa de Athena no funcionaba exactamente con la simpleza de un libro de cuentas. Él nunca había llevado uno, así que solo conocía la teoría elemental al respecto, y para ser honesto, únicamente comprendió el valor y la necesidad de las transacciones económicas, hasta que empezaron los trabajos de remodelación en Rodorio, y la limpieza del Santuario.
Tan solo en esos comienzos, quedó perplejo del gasto tan impresionante que se había hecho. Según lo que se decía en las reuniones, el costo de una única vivienda superaba por mucho los ingresos de un hogar promedio, y eso era por lo que Athena había tomado responsabilidad sobre las reconstrucciones de Rodorio.
Más de una vez pensó en la situación de la mayoría de la gente en India, en por qué eran tan pobres si llegaban a trabajar desde antes de la salida del sol hasta pasado el ocaso, por qué no podían permitirse tantas cosas, incluso las más elementales como los servicios de un médico, y eso solo hacía más confusa la relación entre el trabajo y la riqueza.
Cerró los ojos.
A la sombra del estacionamiento subterráneo, imaginó el exterior, la ciudad convulsa que en esos días se había mostrado ante él y que parecía que se trataba de un mundo totalmente distinto a todo lo que había conocido antes.
—Ya es hora —anunció el anciano mayordomo.
El auto se puso en marcha y recogieron a los demás justo enfrente del edificio.
—Yousuke —llamó Saori tras unos momentos en que nadie dijo nada. El hombre asintió a modo de respuesta—. Llama a la casa, y pide a todos que se reúnan en el gran salón. Quiero a todos los empleados, y también a los caballeros de bronce.
El hombre volvió a asentir, tomó el teléfono del compartimento a su derecha y comunicó lo que le acababan de pedir.
Shaka tuvo una sensación extraña, como si el cosmos de Athena estuviera presionando de alguna manera, pero de forma tan sutil que seguramente solo lo podía sentir por su sensibilidad.
Nadie dijo una sola palabra, aunque tenía la certeza de que todo había salido bien, era claro que no.
Para cuando llegaron a la casa, tal como ella lo había pedido, todos estaban reunidos en un amplio salón de la planta baja que alineaba tres conjuntos de salas de estar, algunas mesas con grandes jarrones, y un bar en el fondo.
Con los puños apretados y el ceño fruncido, Saori se abrió paso hasta el medio de la habitación.
—A partir de este momento, y en lo sucesivo, el señor Yousuke Hanamori retomará sus funciones como mayordomo principal de la familia Kido.
Las expresiones de asombro no se hicieron esperar, incluso el anciano parecía, genuinamente, no esperar aquello.
—¿Señorita? —preguntó con cierta confusión.
Saori lo miró, tratando de controlar su expresión molesta.
—Lamento pedirle esto, pero realmente necesito que pueda asesorarme en todos los asuntos relacionados con la herencia de mi abuelo, y no me refiero exclusivamente a la compañía, sino a su voluntad, y ya que le sirvió toda la vida, considero más que apropiado que sea usted quien me oriente al respecto.
Luego le dirigió una mirada severa a Tatsumi, que solamente se encogió en su sitio, notablemente avergonzado, con los ojos cerrados y los brazos cayendo lánguidamente a los costados.
—El señor Tatsumi Tokumaru, únicamente se encargará de los asuntos domésticos y económicos de la casa, bajo la supervisión de la señora Emma Hart.
Todos estaban impresionados, estaba oficialmente degradando a Tatsumi de su cargo, y este no hacía siquiera el intento insolente de contrariarla.
—Referente al entrenamiento de los chicos, Tatsumi tampoco tendrá más responsabilidad que las sociales por ser el tutor legal, pero habrá unos cambios y responderán directamente a mí.
Antes de alguien preguntara nada, despachó a los sirvientes, y mientras salían, los caballeros de bronce se acercaron más.
—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó Shun tímidamente. Saori estaba verdaderamente molesta, y era bastante raro lograr eso, al menos en los últimos años en que todo su temperamento se había equilibrado a lo que parecía ser deseable en una encarnación de Athena.
Saori levantó el rostro con cierta altives, mientras miraba aún con reproche a Tatsumi.
La situación ya era de por sí extraña, pero el santo de Andrómeda no tardó en percatarse que uno de los gemelos, Milo y Camus, estaban completamente solidarizados con los sentimientos de ella, mientras que el otro gemelo, Shaka, el sujeto que había llegado el fin de semana y el anciano mayordomo, estaban tan confundidos como ellos.
—Todos los asuntos del Santuario —continuó diciendo en griego, por si quedaba alguno de los sirvientes rezagado y pudiera escuchar —. Los tratarán directamente conmigo, o en su defecto con Shion. Así que, debido a eso, te pido Tatsumi, que nos dejes. Tenemos que hablar de algunas cosas.
Tatsumi lo dudó, como si hasta ese momento, mantuviera la esperanza de que todo fuese una amenaza vana. Sin embargo, ante el silencio de Saori, no le quedó más remedio que dejar la estancia.
Solo cuando la puerta se cerró, Saori relajó los hombros.
—¿Qué fue lo que hizo Tatsumi? —insistió Nachi.
—Le ocultó información importante a Athena —dijo Saga —. Tanto financiera como legal.
—¿Cómo así? —preguntó Kanon.
Saga dejó escapar un suspiro mientras se movía hacia el ventanal. Aún estaba bastante impresionado por lo que había sucedido en el edificio corporativo.
Jamás había visto a Athena reaccionar de esa manera, aunque claramente ella era mucho muy piadosa. De haber sido un sirviente el que traicionara su confianza cuando ostentaba el cargo de Patriarca, de ninguna manera la degradación sería un castigo aceptable.
—Parece que Mitsumasa Kido dejó indicaciones precisas en su testamento y última voluntad al respecto de los caballeros de bronce.
—¿Sobre nosotros? —preguntó Jabu.
Saga asintió, girando levemente con una ceja arqueada.
—Mitsumasa Kido les dejó un fideicomiso a cada uno.
Los chicos, siete en ese momento, intercambiaron miradas entre ellos con total extrañeza.
—¿Qué es un fideicomiso? —preguntó Ichi.
—Mistumasa Kido indicó que cada uno de los muchachos que completaran su entrenamiento, y volvieran a Japón con una armadura, tenían derecho a una suma de dinero nada despreciable que Tatsumi debería de invertir y administrar para todos sus gastos personales, y sobre la que tendrían derecho al cumplir la mayoría de edad.
—¿Qué Mitsumasa hizo qué? —preguntó Seiya sin creerlo.
—Pero por la cara de Saori, sospecho que Tstsumi no hizo nada —repuso Shiryū.
—No solo no hizo nada —dijo Milo con molestia —. Lo niega, pero, aparentemente introdujo unos documentos falsificados que contrariaban esa indicación.
El anciano Yousuke era el más sorprendido para ese momento.
—Pero señorita, yo mismo vi el testamento del señor Mitsumasa… —no terminó la idea, como si otra se hubiera sobrepuesto enseguida. Dejó escapar un suspiro y se llevó una mano al rostro con ademán preocupado.
—Señorita —insistió—, permítame corroborar esa información. Haré las averiguaciones pertinentes, y respecto a las consecuencias legales...
—Descuida —dijo Saori, considerablemente más tranquila —. No tomaré acciones legales al respecto, siempre que no haya consecuencias graves.
—Yo… no estoy entendiendo —confesó Ichi.
—El viejo nos dejó dinero —le espetó Nachi.
—Ya entiendo —dijo Alexandros —, pero debido a que Tatsumi no acató la orden de inversión, y han pasado como diecisiete años, considerando los cambios en los valores…
—A mí no me interesa en absoluto —interrumpió Seiya enlazando las manos en su nuca —, y si es todo lo que había que hablar, entonces me voy.
—¡Seiya, espera!
—Yo no quiero nada que tenga que ver con ese hombre, lo dejé claro desde el principio.
—Imaginé que dirías eso, pero por favor, piensa que a Seika le sería de mucha utilidad.
El joven no dijo nada, lo que dio paso a que resto se mostrara tanto o más escépticos.
—Alexandros —llamó Saori —¿Podrías, antes de marcharte a Grecia, asesorar a los chicos al respecto?
El hombre se inclinó con reverencia.
—Se hará como usted le desee.
—Chicos, por favor, les suplico que se entrevisten con él, que escuchen las opciones y decidan después.
La mayoría no parecía demasiado convencido al respecto, pero tampoco le llevaron la contraria.
—Hay otro asunto —dijo ella antes de que se marcharan —. Respecto al entrenamiento, es verdad que quisiera hacer unas adecuaciones. Conseguí los datos de un especialista en alto rendimiento.
—¿Un especialista?
—Sí. Es una propuesta bastante interesante y realmente quisiera probarlo.
—Estás inspirada, ¿eh? —dijo Seiya con una sonrisa.
—¿Incluiremos a Ryuto? —preguntó Shiryū —. En la visita del especialista, me refiero.
Saori suspiró.
—No lo sé —respondió con franqueza —. Pienso que ustedes están demasiado aventajados en comparación a él, pero siendo que es joven, podría ser de mucha ayuda que recibiera atención especializada desde el principio. Quizás deba decidir eso el especialista también… Y arreglar los conflictos de horario por las clases…
—Tranquila —interrumpió Seiya —. Hagamos una cosa a la vez. Y lo primero, sería la cena.
Aquellas palabras, hicieron que Saori sonriera. Si lo decía así, todo parecía menos complicado.
Comentarios y aclaraciones:
Quiero que me digan con toda honestidad, ¿a alguien le cae bien Tatsumi? ¿O siquiera consideran que hace un buen trabajo?
¡Gracias por leer!
