Soluciones

—Estás de broma —dijo Hyōga, mientras salía de la ducha, empezándose a secar el pelo.

La habitación de baño del ala privada que tenían en la casa era compartida, había diez cabinas de ducha, un largo lavamanos y un vestidor anexo.

Luego del incendio, Tatsumi había sugerido eso para optimizar el espacio, y en realidad no se quejaban, pero no dejaba de ser extraño ver los rituales que habían desarrollado con el tiempo, además que les daba la perfecta oportunidad de reírse de Shun que se pasaba la navaja de afeitar para quitarse la minúscula pelusa que le crecía en el labio superior.

—No —dijo Ichi con su risita de ratón escandaloso —. Es verdad.

El santo del Cisne se quedó sin palabras, la simple idea de imaginar a su maestro sin camisa, tirado en el descanso de las escaleras, completamente borracho, era la cosa más absurda del mundo. Ni siquiera podía imaginar a los otros dos, con todo y que realmente no los conocía. Era como si Ichi lo hubiera soñado, pero el silencio incómodo de Shun lo respaldaba de alguna manera.

—Te lo digo por si lo notas raro —siguió diciendo, palmeándose las mejillas con la loción de afeitar —. Apenas y nos mira, quiere parecer el mismo tipo frío de siempre, pero se le nota de lejos la vergüenza.

—El tipo que mandó el Patriarca ya llegó —dijo Nachi desde el vestidor contiguo, repitiendo lo que le había dicho uno de los chambelanes.

Todos se quedaron quietos.

Ichi respiró exageradamente.

—¿Considerarían traición si yo quisiera tomar el dinero? —preguntó.

—¿Traición? —preguntó Shun.

—Saben a lo que me refiero, ese viejo desgraciado nos trató como una escoria desechable. Pero, a decir verdad, lo veo más como algo que nos quiere dar Saori, de la misma manera en que se encarga de todas las cuentas sobre la ropa, la comida y las cosas del gimnasio.

—Si es algo que quieres hacer —respondió Shiryū —, nosotros no tenemos ningún derecho a reprochártelo. Y si te soy sincero, yo también pensaba aceptarlo.

Seiya, que terminaba de anudar los cordones de sus zapatillas lo miró con escepticismo, algo de lo que el caballero de dragón se percató.

—Hablé con Shunrei hace un par de días. Hubo un incendio en la aldea, y la clínica recibió grandes daños, así que pensé que quizás podría ayudarles de algo.

Ichi arrojó una toalla al lavamanos.

—Ahora me siento más mezquino —exclamó —. ¡Yo solo quiero un auto!

—Pero no sabes conducir —dijo Jabu con sorna.

Ichi refunfuñó para enseguida salir.

—Deberías dejárselo a Seika —agregó Shiryū, terminando de abotonarse la camisa —. Mitsumasa está muerto, así que no lo ofende nada tu indiferencia. Por el contrario, seguro que tu hermana encuentra la manera de hacer algo de provecho.

—Voy a ver a mi maestro —dijo Hyōga con desgano. No se le ocurrían muchas formas de hacer algo con algo no pidió y no estaba seguro de querer, porque ni siquiera lo necesitaba realmente.

—Nosotros nos adelantamos al gimnasio, a ver al equipo de no sé qué que contrató Saori en lo que nos da turno el administrador.

—Los veo allá.

Hyōga sacudió la cabeza. Nada de lo que le habían contado tenía absolutamente ningún sentido.

¿Su maestro borracho?

¿Mitsumasa les dejó dinero?

¿Tatsumi había sido relevado de su cargo?

No había visto a Saori, pero, así como estaban las cosas, seguro se había cortado el pelo.

Se dirigió a un salón que les habían asignado específicamente a los santos dorados para que tuvieran un sitio privado fuera de sus habitaciones. Según recordaba, Mitsumasa lo llamaba "salón de los gobelinos", y como muchas de las instancias, cuando eran niños, no tenían permitido entrar. Y si bien dudaba mucho que fuese el original debido al incendio, la obsesión de Tatsumi seguramente había obligado al arquitecto y decorador, a hacer lo más parecido.

Se quedó de pie en la entrada apenas vio a Saori, si saber definitivamente qué más podía esperar e incluso preguntarse si no había caído en algún tipo de dimensión divergente: Saori se había cortado el pelo.

No de manera excesiva, pero sí se había quitado un buen tramo.

— ¡Hyōga! ¿Qué tal tu viaje? —lo saludó con una sonrisa.

—Ah… bien.

—Tardaste demasiado —dijo Camus.

—Lo siento, el vicario me recomendó solicitar una copia certificada porque los originales estaban ilegibles, y el trámite demoró un par de días.

Le pasó una carpeta de cuero que Camus sin siquiera mirar, entregó a Athena, quien no se resistió a mirar.

—Hay una carta para ti —dijo tomándola con cuidado —. Una nota en realidad, del vicario Honoré de Balzac. ¿Honoré de Balzac? ¿Cómo el novelista?

Camus suspiró.

—Normalmente, los orfelinatos católicos eligen el nombre de los niños que acogen, si es que no los tienen, conforme el santoral, pero por alguna razón el Vicario que dirigía el lugar en ese entonces, pensó que sería buena idea darnos nombres de escritores, artistas y poetas. Este hombre, era compañero mío.

Saori se la entregó, aunque no decía la gran cosa, solo mandaba saludos a nombre algunas personas. Sin embargo, Camus la miró por un momento más largo de lo que sería normal tan solo para leer.

—Tengo que irme, mis clases van a empezar, pero tengo un descanso en una hora, por si necesitan algo. Que tengan un buen día.

Los tres santos dorados inclinaron la cabeza con reverencia.

—¿Viste a estas personas? —preguntó a Hyōga cuando quedaron a solas.

—Sí. Fueron de visita al día siguiente a mi llegada, la mayoría trabajan en Maulévrier, pero llegaron dos hombres desde Nantes.

—¿Te hicieron preguntas sobre mí? —preguntó con el ceño fruncido.

—Sí. Parece que no habían tenido noticias tuyas en mucho tiempo. No les di detalles, parece que solo el Vicario sabe quién eres realmente, así que a los demás les dije que trabajabas para Saori.

Hyōga ya esperaba que su maestro no estuviera particularmente emocionado, pero la expresión de su rostro no era lo que estaría acorde a eso, parecía más bien que le repelía cualquiera que fuera el pensamiento que le cruzaba por la cabeza desde que Saori le dijo de la nota.

—Ah… y quieren saber si no te gustaría formar parte del Patronato del colegio, no tienes que ir a reuniones, puedes participar por correo.

—Qué asco —dijo finalmente Camus—. Siguen vivos. *

El joven caballero se quedó quieto, tampoco esperaba esa respuesta, y solo pudo desviar la vista mientras Milo de Escorpio se reía. También quería hacerlo, no podía negar que ese fue también su primer pensamiento cuando lo enviaron al Torneo Galáctico, reencontrándose con los demás.

—Y esas personas que te envían sus mejores deseos —le dijo Milo, quitándole la nota.

—Perdona si me cuesta trabajo creer en los mejores deseos de alguien que me arrojó a un pozo y lo cerró con todos los sacos de harina que encontró.

Hyōga abrió los ojos exageradamente y miró a Milo, aunque por su expresión, se dio cuenta de que tampoco sabía eso.

—En todo caso, les puedo agradecer que pude encender mi cosmos y mi maestro me encontró por eso. Seguro lo que les causa felicidad, es el hecho de que no cometieron un asesinato y no tuvieron que ir a la correccional.

Milo volvió a reírse, dejándose caer en un sillón junto a Shaka, que solo los miraba en silencio.

—¿Geki de Osa mayor no ha vuelto? —preguntó, para cambiar de tema.

—No —respondió Hyōga —. Lo mismo pregunté apenas llegué, creí que llegaría antes ya que es un viaje más corto. Como sea, tengo que ir al gimnasio. Parece que Saori nos puso una agenda ajustada.

Camus asintió.

—A propósito de la agenda que Athena tiene para los caballeros de bronce —dijo, cuando se quedaron a solas —. Hay algo que quería hablar con ustedes.

—¿Sobre qué?

—Nuestros propios horarios —repuso con seriedad —. Por sentido común, es claro que no nos vamos a quedar en el muro perimetral esperando a que salga de clases. Si lo que dijo el señor Gaku Takeda es verdad, esto se extenderá por meses, y definitivamente no vamos a descuidar nuestro entrenamiento. Y hay otro detalle. Anoche hablé de esto con Athena y fue muy… insistente, en un detalle.

Sus compañeros lo miraron para que continuara, Camus solo se aclaró la garganta.

—Quiere que tengamos una actividad de esparcimiento.

—¿Esparcimiento? —preguntó Shaka.

—Insistió en que le gustaría que tuviéramos una actividad de algún tipo fuera de la casa, algo como lo que normalmente haríamos, para no acaparar el total de nuestro tiempo. Y no es negociable, según sus palabras.

—Bueno —dijo Milo —, quizás pueda…

—No —interrumpió Camus tajantemente —. No vas a convertirte en una molestia para la mafia local. Pondrías poner a Athena en una situación inconveniente. *

—¿Pues qué es lo que haces? —preguntó Shaka.

Milo negó con la cabeza y se cruzó de brazos.

—Solo está exagerando.

—De cualquier forma —continuó Camus —, quería acordar un horario que nos permita estar con Athena, entrenar y cumplir con lo que desea que hagamos.

—¿Te dijo si nos iba a incluir en la dinámica de entrenamiento que pidió para los santos de bronce? —preguntó Milo.

—Dijo que lo dejaba a nuestra consideración. Es meramente para rendimiento físico.

—Pues hay que ver.

El gimnasio estaba en la parte posterior de la casa, pasando un jardín de altos árboles que ocultaban una buena parte de la fachada. Aunque llamarlo gimnasio era algo bastante impreciso. Era mucho más grande, en todas las dimensiones posibles. Además, estaba equipado con diferentes aparatos, una piscina que se extendía a todo lo largo, y un cuadrilátero para enfrentamientos mano a mano.

Incluso había un tipo de salón en el que estaban todos reunidos, mirando una presentación en el enorme televisor.

Lo más impresionante, sin embargo, era que Ikki de Fénix estaba ahí; con los brazos cruzados, su expresión molesta, y la determinación para irse apenas le dejara de interesar el tema,

Camus se mantuvo firme, negándose a entregarse al sentimiento de humillación que en el fondo albergaba.

Al frente, un grupo de seis personas, aparentemente encabezados con un hombre joven de apariencia desgarbada, aunque con una impecable bata blanca, explicaba los tres pilares de su propuesta de optimización de rendimiento: la alimentación, el entrenamiento y el descanso.

La explicación se prolongó bastante, tanto que, dejando el salón conforme eran requeridos por Alexandros Dimitrakos, todos arreglaron el asunto de su fideicomiso.

Por su parte, los santos dorados, convinieron que, a lo largo de la semana, el grupo de especialistas le dedicarían un día exclusivamente a cada uno para valorar y medir su rendimiento actual y planificar el plan más conveniente.

Todos los caballeros de bronce lo aceptaron, incluso Ikki, si bien no se reservó sus comentarios al respecto de que quizás sería una pérdida de tiempo tratar de hacer más fuerte a esos idiotas mediocres, refiriéndose al resto.

—¿Van a tomarlo? —preguntó Camus.

Milo asintió, pero Shaka no parecía del todo convencido.

—Si quieren —dijo Milo —, puedo seguir el plan por unas semanas, si vale la pena, seguro que Athena querrá también compartirlo con el resto de la orden, pero si no da un resultado diferente al sistema de entrenamiento tradicional, al menos no van a perder el tiempo.

Camus enarcó una ceja.

—Me parece bien, tenerte ocupado evitará que te metas en líos. Solo te queda buscar una actividad de esparcimiento no conflictiva.

—¿Y tú que piensas hacer?

—Voy a tomar la certificación en seguridad de Kido Systems.

—¿Qué? ¿Para qué?

—Quiero familiarizarme con los protocolos japoneses —respondió con simpleza.

—¿Cómo es que inscribirte en una escuela cuenta como esparcimiento? —preguntó Milo, aunque no esperó respuesta, solo se giró hacia Shaka —¿Tú tienes algo en mente?

Shaka asintió.

—Quiero perfeccionar mis habilidades de lectura y escritura.

Ya lo había pensado, pero no se había dado la oportunidad de encontrar el tiempo adecuado, y con las disposiciones de Athena, resultaba perfecto.

Aquella respuesta dejó sin palabras a Milo, que solo los dejó para ir a anotarse en la agenda del grupo de especialistas.

Mantenía la esperanza de que al menos eso les ayudara a interactuar con otras personas a parte de él. Y por alguna razón, estaba convencido de que ese era el propósito de Athena, que ya había notado, realmente deseaba sacarlos de su limitada perspectiva de lo que era el mundo.

Comentarios y aclaraciones:

*Siempre quise usar una de las frases infames del pobre Camus, no me resistí.

Se abren las apuestas, ¿cuál creen que es el nombre completo de Camus?

Es fácil, siempre lo ponen el algún top de curiosidades del personaje, junto con la pronunciación correcta.

*¿No saben de qué habla Camus respecto a lo que Milo hace en sut tiempo libre?

Eso es porque no han leído Vanity Fair.

Abrí una fanpage de Facebook: El moleskine de Kusubana.

¡Síganla! Tendré material adicional y algunas noticias sobre el provenir de esta y otras historias.

Y más que nada, quiero desearles ¡Felices fiestas!

Este año logré alcanzar el centenar de historias publicadas y nada de esto tendría sentido sin ustedes los lectores.

¡Mis mejores deseos para todos! Especialmente en estos tiempos tan difíciles, espero poder cooperar en algo, aunque sea un minúsculo aporte para hacer más llevadero el asunto

¡Gracias por leer!