Inicios

—Hay mucho movimiento —señaló Milo, que volvía de su primera sesión de entrenamiento, pasándose la toalla por el pelo.

—Pegaso, Andrómeda y Unicornio rinden su examen para ingresar al colegio con Athena. Están todos los tutores y el señor Takeda trajo a la señorita Haruka, la persona que arreglará su ingreso. El resto solo está curioseando —respondió Camus, que originalmente iba de salida.

—Pensé que Seiya se negaba a hacerlo.

—De alguna manera lo convencieron.

Milo miró al otro lado del pasillo. Los caballeros de bronce se aglomeraban junto a la puerta doble de la biblioteca, que se había convertido en salón de clases desde que Tatsumi organizara las sesiones de estudio.

El movimiento abrupto de los chicos apartándose del paso, captó su atención. Enseguida, cuatro hombres bien vestidos salieron escoltando a Gaku Takeda con su invitada, y detrás de todos, el anciano mayordomo.

—Se lo dije —comentó uno —. La señorita Kido es excepcionalmente brillante.

—Lo es —afirmó la mujer, mirando unos documentos que llevaba —. Claramente no ha descuidado sus estudios, y los muchachos no están mal, su desempeño es bastante promedio, pero creo que el sistema escolarizado les sentará bien.

Los santos dorados inclinaron levemente la cabeza al paso de la comitiva, que solo correspondió el gesto distraídamente. Lo siguiente, según escucharon, era solo un poco de papeleo y los cuatro estarían en clases para inicios de semana.

—No te parece... ¿extraño? —preguntó Milo una vez que les perdieron de vista —. Como si fuera otra vida, como si Athena no fuera... ella.

Camus cruzó los brazos, recargándose en el ventanal, mirando hacia abajo, donde un par de jardineros rastrillaban el pasto recién cortado.

Aparte del personal fijo, conformado por las doncellas y un par de ayudantes, habían descubierto que había al menos cincuenta empleados eventuales, que iban solo una o dos veces a la semana para tareas que no eran de rutina.

En el Santuario, había incluso más sirvientes haciendo cualquier cosa, pero la sensación era distinta, casi caótica, como si, sin importar sus esfuerzos, realmente no lograran nada; el Santuario siempre parecía estar a punto de colapsar, solo que como siempre lo habían visto de esa manera, se había vuelto normal.

Athena tenía la visión de reconstruirlo, volverlo a su antigua gloria y quería apoyarla para lograrlo.

—¿Quién puede decir lo que Athena puede o no hacer? —preguntó Camus, aunque no como si esperara que Milo le respondiera —. Lo que debemos agradecer, es que no hay una guerra.

Milo se recargó junto a él, también mirando a los jardineros, aunque ninguno de los dos realmente estaba interesado en ellos.

—¿Y alguna vez lo imaginaste? — preguntó el santo de Escorpio — ¿Tener una vida ordinaria? ¿Pensar en cómo ocupar tu tiempo?

Camus entreabrió los labios, y su compañero vio en el brillo de sus ojos fríos, cómo un recuerdo se asomaba fugazmente, pero se apagaba por la misma fuerza de su voluntad para controlar sus emociones.

—Milo —le dijo en voz baja —. Sin importar nada, no podemos tener una vida ordinaria. No olvides eso.

Camus se alejó, dejándolo con la sensación de que, aunque se conocían de toda la vida, nunca llegaría a saber todos sus secretos, como el resentimiento que aún le provocaba recordar su infancia en el orfanato.

Sacudió la cabeza para sacarse las dudas, odiaba tener que darle vueltas a un mismo asunto, y fue a su habitación para darse un baño.

.

Shaka no había estado antes en un museo como el de Historia y Arte Occidental. En general, solo había curioseado en el Museo de Ciencias Kido y ese.

Sabía perfectamente que había más de una docena en Atenas, muchos más en toda Grecia, algunos en India cerca del templo, pero jamás había entrado a ninguno, y una vez que llegó, se le ocurrió que había dos maneras de hacer la visita; la primera era intuitiva, entrando por su cuenta y a su ritmo, y la segunda sería con una visita guiada, y según anunciaban, empezaba en quince minutos.

Luego de valorarlo un poco, decidió que se uniría al grupo, así que pagó su entrada y pasó a la sala de espera donde ya se había completado el grupo, conformado en buena parte por japoneses y según escuchó, aunque no entendió, una pareja de franceses, no muy interesada en nada más que sus cámaras.

—No, por favor, sabes que no se me da bien esto...

Shaka levantó la mirada al reconocer la voz de Lianne.

—No digas tonterías, además, le debes un favor a Kotori, anda, ya es hora.

Lianne entró dando un traspiés, paralizándose cuando las doce personas giraron para verla. Tragó saliva y se paró derecha, mirándolos a todos y cerrando los ojos un instante al percatarse de la presencia del santo de Virgo.

—Buenos días —consiguió decir en japonés sin tartamudear.

Los japoneses prácticamente respondieron a coro, y notando que la habían dejado sola, comprendió que no había vuelta atrás, al menos si quería conservar el empleo.

Su respiración exagerada pasó desapercibida por la mayoría, y prosiguió a dar las indicaciones generales del recorrido, indicándoles enseguida, que empezarían por la sala de exposiciones temporales, con el montaje denominado barroco.

La pareja francesa se adelantó para fotografiar los cuadros de Rembrandt. Tímidamente, Lianne les repitió las indicaciones tanto para no usar flash como mantenerse a la distancia marcada en el piso. El hombre la miró con desdén y le dijo en francés que no le entendía, que no hablaban japonés.

Lianne frunció el ceño, la señalización del ícono de una cámara con flash atravesada por una franja roja era universal, y con la voz ligeramente endurecida, le repitió todo en francés, sorprendiendo al hombre que, aunque le pareció obvio que no era japonesa, no se imaginó que le pudiera responder en su idioma, en lugar del inglés, que era lo que esperaba. Ya sin la excusa de no entender, que era extraña considerando que se anotaron a un recorrido en japonés, no les quedó más remedio que acatar las indicaciones. Al menos por un rato más, porque en el salón del oro, insistían en pasar los perímetros, poner los dedos en las vitrinas y aunque lo negaron, incluso tres de los visitantes japoneses, estaban seguros de que la mujer trató de levantar una de las vitrinas, como si fuera una tapa, probablemente queriendo sacar el collar en exhibición, sin contar que habían toqueteado uno de los modelos de la torre se astronomía como si fuera un juguete.

Shaka estaba igual de incómodo que el resto de visitantes, la compañía de esa pareja se estaba volviendo completamente intolerable, y ellos parecían no ser conscientes de que su actitud se encontraba lejos de lo cordial. Sin embargo, nadie se animaba a decir nada, solo desviaban la mirada y cambiaban de sitio, aliviados de que mostraran interés en muy pocas cosas.

Lianne suspiró al anunciar la última sala del recorrido: Grecia clásica.

Era la sala más más grande, aunque le faltaba bastante para replicar con precisión el Partenón, era una idea bastante aproximada.

Y para felicidad del grupo entero, la pareja francesa simplemente se marchó.*

Lianne profirió una risa nerviosa, mirando a todos, que mostraban exactamente el mismo alivio. Aunque ella no estaba más relajada, por el contrario, sin los franceses en los que centrar su atención, no le quedaba más remedio que dejar de fingir que Shaka de Virgo no estaba ahí, porque el resto de los visitantes tenían una presencia tan modesta, que salvo por uno que claramente estaba haciendo un trabajo de investigación, ni siquiera hacían preguntas, solo asentían con la cabeza y se dejaban conducir.

Se aclaró la garganta y se colocó frente a un cartel casi de su tamaño que tenía un texto en griego.

—Esta tablilla en realidad es muy pequeña, y a las de este tipo se les conoce como "tablillas de maldición", básicamente el suplicante escribe a los dioses se le conceda algo en especial, aunque por la frecuencia de los contenidos, venganza y daño a otros, es que recibieron su nombre.

—¿Qué es lo que pide esta? —pregunto el muchacho que tomaba notas.

Lianne torció la boca, no estaba la traducción y eso era culpa de Shiozawa, estaba segura de haber visto eso en una nota desde la semana pasada. Tenía la traducción en la punta de la lengua, aunque la forma escrita del griego no era su especialidad, por mucho que tanto su tía durante su entrenamiento en el Santuario, y la misma María Kefalidou, se empeñaran en que estudiara más.

—Suplico a los dioses —leyó —, que aquél que ha atado mi corazón, no pueda liberar más que en mí su amor… Y como ven, es un ejemplo de que también se usaban para hechizos de amor…

Sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

Shaka había hecho un ruido muy similar a un carraspeo, pero más suave, claramente solo queriendo llamar su atención.

—Disculpa —le dijo —, eso es algo impreciso.

Lianne no respondió, y quizás su silencio fue lo que le invitó a continuar.

—Está pidiendo impotencia para esa persona cuando esté con alguien que no es ella.

Los japoneses se ruborizaron, pero no tanto como Lianne.

—Aunque, desde cierta perspectiva, sería en efecto, un hechizo de amor. La exclusividad ha sido un aspecto deseable en las relaciones desde la antigüedad, y algunas personas harían cualquier clase de cosa para lograrlo —explicó con simpleza.

La chica tartamudeó un poco.

—Bueno, es un modo de verlo…

Luego de algunos detalles adicionales sobre el material expuesto, Lianne dio por terminada el recorrido, y tras despedir a todos, recordándoles que la exposición temporal cambiaba cada ocho meses, estaba totalmente dispuesta a correr para encerrarse en su oficina.

*—Señorita Deschamps —la detuvo Shaka—. Necesito un momento, a menos que esté muy ocupada.

—¡No! Bueno, sí, aún no termino mi horario, pero no importa —respondió tratando de que su lengua no se atorara sola.

—Sabes francés —dijo él.

—Sí… es mi lengua materna.

Había pensado que le pediría ver alguna pieza del museo, no que indagaría sobre sus habilidades lingüísticas, así que estaba confundida respecto a su propósito, considerando además que resultaba bastante quisquilloso en el tema de las traducciones.

—Camus y Milo lo usan para poder tener conversaciones con relativa privacidad —explicó —. No comprendo por completo por qué no optan por el griego, así que necesito aprender.

—¿Quieres que te enseñe francés? —preguntó desconcertada—. No sé si pueda, no soy profesora de idiomas.

—En el Santuario los aspirantes a caballero reciben la instrucción del griego de sus maestros —recalcó Shaka, en su mente aprender un idioma no debía de volverse más difícil sólo por el cambio de locación.

—Puedo tratar —ofreció ella tras meditarlo unos momentos. Podía enseñarle lo básico al menos y si tenía otras personas con quienes practicar quizás llegaría a manejar medianamente bien el idioma —. Mañana tengo que ir a la biblioteca, puedo ver si tienen algún libro sobre cómo aprender francés.

—¿Cuándo podríamos empezar? —preguntó él.

—El lunes tengo algunas horas libres, podemos vernos aquí a eso de las cinco y discutir un plan de estudios con un café —respondió y casi de inmediato quiso tragarse sus palabras, no estaba quedando con alguien para hacer un trabajo de la universidad, le estaba diciendo a Shaka de Virgo que tomara un café con ella.

—Prefiero el té.

—¡Puede ser té! —asintió con más energía de lo debido, sintiendo como sus mejillas comenzaban a arder—. Yo tengo que irme —se excusó, alejándose a gran velocidad.*

Shaka se quedó en su sitio, al menos había conseguido su propósito que era conseguir una instructora adecuada, aunque no fue muy específica al respecto del horario, y ya que estaba claramente ocupada, no le quedó más remedio que dejarle a la mujer de la entrada el número de teléfono de la casa, para que cuando se desocupara, pudieran ultimar detalles.

Dirigió una última mirada al museo, complacido con el trabajo que había hecho Mitsumasa Kido para salvaguardar algunos aspectos de la historia de la humanidad.

Recordó la forma en la que la doctora Kefalidou lo había descrito, recién la conocieron: un saqueador con la consideración de compartir.

Si no fuera por ese tipo de personas, seguramente poco o nada se sabría de la vida antes de la conciencia propia y, sin embargo, se trataba de objetos nada más.

Decidió que era tiempo de irse, seguramente ya habrían acabado los asuntos de Athena y tendría una reunión para reorganizar sus horarios.

.

—Bienvenido, señor —saludó una de las doncellas de Athena, inclinándose levemente.

Meiko, creía recordar que era su nombre. De todas, era la única que le daba enteramente la impresión de ser japonesa, tanto por el color de su pelo como de sus ojos, contraponiéndose bastante al resto que parecían, en cierta medida, más occidentales pese a sus nombres. Por lo que supuso que debían de tener alguna ascendencia.

—Gracias. ¿La señorita ha terminado sus asuntos?

Por alguna razón, Shaka no se sentía cómodo usando el nombre que le habían dado a Athena, además, el resto de sus asociados y empleados de la compañía se referían a ella de esa forma que, asumió, el tratamiento más correcto que podía emplear para referirse a ella.

—El examen sí, aunque ahora mismo están haciéndole las pruebas del uniforme.

—Ya veo —respondió —. ¿El señor Yousuke Hanamori se encontrará disponible? Hay un asunto que me gustaría tratar con él.

—Se lo haré saber. Si gusta, puede esperarlo en su oficina. ¿Necesita algo más?

Negó con la cabeza, y fue detrás de ella que le condujo escaleras arriba. Sin embargo, en el pasillo se encontraron con él que escoltaba a Athena y los caballeros que la acompañarían.

Todos llevaban ropas combinadas, de hecho, solo había dos diferencias entre los tres muchachos vestidos igual y Athena. La primera, era que ellos llevaban una corbata, y ella un lazo que hacía un tipo de moño abombado, y la segunda; ella llevaba una falda corta, casi como la que se había puesto para el recital.

Se sintió contrariado.

¿Era eso lo que tendría que llevar al colegio?

Le dedicó una sonrisa a modo de saludos mientras seguía su camino, separándose de los muchachos, que recibieron del viejo mayordomo una amenaza para que guardaran debidamente la ropa.

—Señor Hanamori —dijo la doncella cuando el hombre se hubo quedado solo —. El señor Shaka desea atender un asunto con usted.

El mayordomo giró para verlo y le hizo un gesto para que lo acompañara, aunque no fueron a ninguna oficina, simplemente le hizo pasar a uno de los varios salones de la casa.

—¿En qué puedo servirle? —preguntó.

—Necesito de una persona que pueda ayudarme con mis habilidades de lectura y escritura del japonés.

Yousuke asintió.

—Algo me comentó la señorita sobre su interés, precisamente había considerado a alguien adecuado.

—¿Y hay alguna formalidad que requiera de mi parte?

—No. Es solo que como aún no teníamos definidos los horarios…

—A propósito de eso, también tomaré clases de francés, así que tendría que coordinarse. Si me presenta al instructor, yo mismo puedo llegar a un acuerdo.

El hombre volvió a asentir.

—Permítame establecer el primer contacto, su agenda es un poco complicada, pero le aseguro que es la persona más adecuada para atender sus inquietudes.

—Está bien —respondió —. Eso era todo.

Shaka salió del salón, aún tenía que arreglar algunas cosas antes del almuerzo y pasar a lo que sería su sesión de entrenamiento. Llevaba varios días sin hacer nada, así que tendría que retomar el ritmo. De cualquier forma, ya era tiempo de aceptar, con toda honestidad, que no volverían a Grecia en una larga temporada y ordenar una rutina adecuada evitaría que cualquier eventualidad les tomara por sorpresa.

Además, el Patriarca había sido claro en su encomienda, y su presencia no atendía cuestiones sociales. No entendía demasiado los asuntos que Athena como Saori Kido, pero no se sentía del todo mal al respecto, en general solo Saga y el retirado caballero de Copa parecían comprenderlo y lo hacían parecer tan grave que no podía más que aceptar las condiciones que se pactaban.

Iba por el pasillo cuando Milo lo interceptó, notoriamente molesto, pese a que su cosmos estaba sosegado, la expresión de su rostro era elocuente.

—¿Sucede algo? —se animó a preguntar cuando le escuchó maldecir.

Milo se giró hacia él, resoplando.

—No —respondió.

Shaka no le creyó, pero no iba a presionarlo si no le quería decir, así que pensaba pasar de largo cuando Milo explotó.

—¡¿Qué diablos les pasa?! —exclamó en griego —¡Lo que pretenden hacer que use todos los días es tan indignante!

—¿Hablas del uniforme escolar de Athena?

—¡¿Ya lo viste?!

—Me encontré con ella hace un momento, pero Camus dijo que era normal que las mujeres de Japón tuviesen costumbres diferentes a las de Grecia.

—¡Es el mismo uniforme que usan las chicas de compañía de ese lugar!

—¿Chicas de compañía?

La pregunta de Shaka resultó tan honesta que Milo no pudo evitar el ponerse completamente rojo.

Cuando había hecho que Lianne le llevara a la casa de los sujetos que habían profanado la imagen de Athena, habían pasado por un hotel bastante peculiar que se alquilaba por hora.

La vergüenza monumental que sintió ya en su cama, más tarde, cuando cayó en cuenta de lo que era y no había entendido al momento, solo era sobrepasada por sus sentimientos al recordar que las chicas que lo habían interceptado, llevaban puesto precisamente ese uniforme.

Sin darse cuenta, su respiración se había vuelto bastante pesada.

—¿Milo? ¿Cuál lugar?

La imposibilidad para responderle sin tener que comprometer el resto, hizo que su furia se aplacara, haciéndole simplemente suspirar.

—No importa.

Shaka no estaba entendiendo sus cambios de humor, así que lo mejor que podía hacer era simplemente dejarlo estar.


Comentarios y aclaraciones:

*Y eso que es 1990, aún no se inventaban los influencers rompe exhibiciones.

¡Otro fragmento de Ellistriel!

¿No adoran a Lianne? Yo sí.

¿Qué uniforme estaba usando Saori?

No me gusta el de Saintia Sho, así que tendremos en escena algo tipo Legend of Sanctuary (sí, esa película rara de 2014) con el toque raro clásicos de los animes que es el ridículo largo que manejan.

¿Por qué las chicas del hotel lo usaban?

Creo que es bastante sabido el fetiche que existe en torno a los uniformes escolares en Japón (y fuera de él), por lo que no es para nada extraño que sea usado para ejercer la prostitución.

De hecho, hay una práctica denominada "Joshi kosei osampo" (paseos honorables con chicas de secundaria), que es un servicio relativamente legal de acompañamiento que realmente la divide un hilo de la prostitución. Y aunque en algunos casos son de "conseguir" el uniforme, la realidad es que muchas de las que lo hacen, son realmente colegialas.

¡Gracias por leer!