Honor
Milo se vistió a toda prisa apenas escuchó los golpes de Tatsumi en la puerta de Athena, lo que fuera que había sucedido, era lo suficientemente grave como para que trasgrediera las normas de la decencia, sobre todo, después de haber sido degradado de su cargo. Para cuando, muy a su modo, dio sus razones entre gritos, tanto Camus como Shaka se habían levantado también.
Athena demoró un poco, pero salió con el mismo vestido que llevaba durante la tarde y poniéndose un abrigo apenas por los hombros. Aparentemente todos los altos mandos de la compañía habían llamado a una reunión de emergencia, y ya que estaba en Japón, no podían ignorarla.
—No me han dicho nada más que eso —insistió Tatsumi —. Su esposa le ha encontrado en su despacho.
—¿Por qué?
—No lo sé, solo han pedido a todos que se reúnan.
Tatsumi solo la acompañó hasta la entrada, donde ya esperaba el auto y el anciano mayordomo, que parecía recordarle su nueva posición dentro de la casa con tan solo una mirada.
"Vaya viejo aterrador", pensó Milo, pasando a su lado. Ya lo había notado antes, pero parecía que solo presionaba a Tatsumi para controlar su carácter histriónico.
El chofer iba más rápido de lo habitual, y la hora ayudaba a que hubiese pocos autos en las calles, de modo que llegaron en menos tiempo al edificio principal de la compañía, aparcando justo en la entrada, al mismo tiempo que otro auto quedaba detrás de ellos, y de donde bajó Tsubame Shishio, que era el quien conducía.
Pese a la premura, estaba bien arreglado, y pronto se acercó.
—Señorita Kido —le dijo en un susurro, tomándola por el hombro para detener su avance, conduciéndola al costado de la recepción—, me temo que tengo que decirle primero.
—¿Qué sucede?
—Ya sabe usted que mi división también está a cargo de la seguridad privada de cada director de la compañía.
Saori asintió.
—Por tanto, el jefe de seguridad del señor Watanabe responde a mí. De acuerdo con el protocolo, primero me llamó, y después llamaría a la policía, pero por ahora tenemos eso detenido por un incidente de esta misma tarde que, esperábamos, resolver antes de que escalara a mayores.
—¿De qué está hablando?
—Una mujer fue a la casa del señor Watanabe, hizo un escándalo, lo acusó de aprovecharse de su hija.
Saori frunció el ceño.
—¿Cómo?
—El jefe de seguridad le pidió que se calmara, le aseguró que se haría una investigación formal, pero ella estaba fuera de sí, e hizo toda clase de juramentos. Ya he enviado a alguien para buscarla, y otra persona hará el enlace con la policía, para mantener la información correcta y evitar el sensacionalismo.
—Pero... entonces...
Saori estaba claramente confundida, de modo que fue el mismo Shishio quien la condujo al ascensor, con los tres santos dorados y su mayordomo detrás de ellos.
—Yo... no entiendo... seguramente hubo una confusión.
Shishio suspiró.
—Lo mismo quisiera creer, pero como le dije, llevo toda la tarde trabajando en eso. La joven estuvo en el Fondo para la educación de la Fundación Graad, tenía una beca por rendimiento académico en la Universidad Médica de Fukushima, y había aplicado para un intercambio académico a Francia. Hace un mes se dio de baja por maternidad, no hay registros oficiales del padre, pero sí de cobro de cheques regulares expedidos desde una cuenta de un banco suizo a nombre del señor Watanabe.
Saori sintió que iba a desfallecer, no podía contraponer esa imagen a la del hombre que ella conocía.
—Le había estado pagando desde hacía un año, por lo menos, y con lo que acaba de hacer, no hay duda de que prefirió enfrentarse a la muerte que a la verdad.
—¿Y qué va a pasar ahora? —preguntó, levantando la vista para compensar la diferencia de alturas.
—La prioridad es evitar a la prensa. Un escándalo como este destruiría a la compañía. Hay que negociar con la chica y su familia, aunque hay cosas que no es que se puedan precisamente corregir, en términos legales se puede llegar a un acuerdo. Y también hay que pensar en la elección del nuevo presidente.
—¿Nuevo presidente?
—No se puede quedar vacío el puesto. Oficialmente, el señor Sugoroku Miura, vicepresidente, entrará en funciones desde esta reunión, hasta el nuevo nombramiento.
—Al señor Watanabe lo eligió mi abuelo, personalmente, ¿cómo debería elegirse uno nuevo?
—Pues... dado que usted es la accionista mayor, también podría elegirlo... las empresas en Japón son diferentes a lo que se acostumbra en occidente, donde incluso se puede contratar a un CEO como cualquier otro empleado conforme su currículum, aquí lo normal es que se trate de alguien sumamente familiarizado con los procesos, o quizás, alguien en la línea principal de herencia. De tener usted veinte años, sería inmediatamente la indicada para el cargo.
El ascensor timbró y las puertas se abrieron, aún con la mano de Tsubame Shishio en su hombro, Saori sujetó el abrigo sobrepuesto, tenía muchas preguntas, empezando por una docena de formas para aclarar el asunto del señor Watanabe con esa jovencita. Y cuando las puertas del salón de juntas se abrieron, y todas las caras de los presentes se dirigieron a ella, se sintió inexplicablemente cohibida.
—¿Se puede saber qué clase de urgencia requiere que un hombre salga de su cama a estas horas de la noche? —preguntó Hideo Fujita, golpeando su cigarrera con una mano, quizás valorando si por ese mismo argumento podía encender uno.
Tsubame Shishio levantó la mano opuesta a la que sostenía a Saori, tratando de apaciguar al hombre. Por su pregunta, y la incertidumbre de los demás, se volvió notorio, al menos para ella, que era la única que sabía que el señor Watanabe estaba muerto.
—Le aseguro que no haría esto si no fuera crucial, pero tenemos poco tiempo para prepararnos.
—¿Prepararnos para qué? —preguntó Maria Kefalidou.
El joven director escoltó a Saori a su sitio en la mesa, abriendo la silla para que se sentara, y se quedó a su lado, aclarándose un poco la garganta, y pidiendo que esperaran a las cuatro personas que faltaban.
Hideo Fujita se rindió, dejándose caer en su silla, abrió la cigarrera y encendió uno mientras farfullaba algo sobre la decencia.
Las personas que faltaban no tardaron en aparecer, y solo hasta que todos estuvieron en su sitio, fue que Tsubame Shishio repitió la información que ya le había dado a Saori.
De manera inmediata, Hideo Fujita, cuya piel empezaba a tornarse roja por la furia contenida, miró al hombre que fungía como el director del Fondo para la educación, tecnología y ciencia.
—¡¿Sabías de esto?! —preguntó, casi berreando.
—¡No! —exclamó el otro, pálido por la impresión —. Reconozco que la señorita Yamaguchi forma parte de nuestro programa, desde la preparatoria, de hecho, y que ha tomado una baja por maternidad, pero ni siquiera sabía que conocía personalmente al señor Watanabe, no hay absolutamente ningún trámite que requiera una entrevista privada con él.
Maria Kefalidou también estaba completamente roja, con una mano en la boca y la mirada en el suelo, y alguno de los hombres más ancianos se limpió el sudor de la frente con un pañuelo.
Gaku Takeda carraspeó.
—Ahora mismo —dijo con dificultad —. No hay manera de preguntarle a Osamu, y solo tenemos a la familia Yamaguchi como portadora de la verdad. Lo importante, es cómo esto va a trascender, y cómo quedamos los vivos.
Kaito Takaki, que llevaba el pelo recogido en una coleta baja, seguramente porque no le dio tiempo de peinarse, dio un trago al vaso de agua que le había servido Karen Inokuma, la única asistente que se había presentado a la reunión, seguramente a petición personal de Tsubame Shishio.
—Yo —titubeó al momento de hablar, como si temiera que no le dieran la palabra —. A primera hora me comunicaré con algunos de los directores de cadenas televisivas, para negociar un anuncio sin especulaciones.
—Necesitamos un obituario —agregó Tsubame Shishio —, y coordinar un funeral privado, por la viuda, principalmente.
Todos asintieron ante la sensatez de sus sugerencias.
—Sugiero también contratar a un especialista en crisis, y preparar una declaración oficial. El detective a cargo de la investigación debe de estar en camino, ¿quién será el enlace con él?
Todos intercambiaron miradas.
—Pues tú, por supuesto —dijo Gaku Takeda.
Shishio sonrió de medio lado.
—Bueno, si mal no entiendo, conforme los lineamientos internos, a partir de esta sesión, el señor Sugoroku Miura, fungirá como presidente.
Como si cayeran en cuenta de eso, las miradas se dirigieron hacia el pequeño hombre rollizo de ridículo peinado de gomina. Este, parecía aterrado ante la idea de volverse responsable de todo, sobre todo en esas circunstancias.
—Se-señor Shishio —tartamudeó —. Considero que-que es el más adecuado para llevar la investigación y-y, si el señor Takaki pudiera poyarlo, yo-nosotros, nosotros lo agradeceríamos mucho.
Gaku Takeda rodó los ojos mientras resoplaba.
—Eso con la policía y la prensa —dijo de pronto Eisuke Amamoto —. ¿Qué hay de la mujer y su familia? ¿No irá a la televisión? ¿De cuánto dinero podemos disponer para que se quede callada?
—¿Y si lo que quería era legitimar a su hijo? —preguntó María.
—Pues ya nadie puede hacer eso. De cualquier forma, todos tienen un precio.
Nadie se animó a responder al momento.
—Ya envié a una persona de confianza a su casa —intervino nuevamente Shishio —. Es un abogado, empezará a la negociación de un acuerdo de confidencialidad. La señorita deseaba ir Francia, sugerirá un traslado para toda su familia, al menos mientras concluye sus estudios de especialidad, con una vivienda adecuada y servicios de cuidado para su hijo debería calmar las aguas. ¿Qué más se podría hacer?
Eisuke Amamoto asintió en silencio, le parecía una buena solución.
—¿Y si no acepta? —preguntó alguien más.
—Estará culpando a un muerto —dijo Hideo Fujita sin sacarse el cigarro de la boca —. Aunque haya gente que le crea, ¿a quién va a culpar? ¿A la niña?
Sabían que con "la niña" se refería a Saori, aunque ella apenas se enteró de lo que pasaba, luchaba por entender la primera parte, y la forma en la que todos en esa mesa trataban de resolver algo que claramente no tenía solución.
—De cualquier forma, no es ninguna chiquilla, es una mujer que tomó la decisión de meterse con un hombre casado, y no hay manera de que no supiera que lo era.
—Pero, no podemos saber si empezaron a verse desde que estaba en la reparatoria —sugirió tímidamente el director jurídico.
—Tampoco tenemos pruebas de que sí —repuso Hideo Fujita, considerablemente más calmado a como estaba cuando recién se expuso la situación, de modo que incluso la presión sobre el cigarro en su boca se había relajado —. De todos los males, el menos peor. Los estados de cuenta, ¿desde cuándo le pasaba dinero?
Shishio miró una de las carpetas que le pasó Karen.
—Catorce meses.
—Bueno, un bebé tarda 9 en cocinarse, más uno que nació, entonces solo hay cuatro que pueden contarse como parte de un acuerdo entre ambos, son los únicos catorce meses que vamos a reconocer que sostuvieron una relación, cualesquiera que fuera. Si hay cartas de algún tipo, que la mujer te las entregue como parte del acuerdo. Y no depende de nosotros legitimar al niño... oye ¿siquiera lo quiere?
Shishio se sintió contrariado por la pregunta.
—Pues... No lo sé, no se me ocurrió preguntar.
—Averigua eso, si no lo quiere, le diré a Erina que se lo quede y le ponga el nombre. Nunca tuvieron hijos, después de todo. Si se lo quiere quedar, no podrá poner el nombre del padre, aunque quiera, pero igual arreglaremos el fideicomiso para su educación, como gesto de buena voluntad.
Saori suspiró, algo que llamó la atención de todos, ya que no había dicho una sola palabra en toda la reunión.
—Tranquila —repuso Gaku Takeda —. Todo saldrá bien.
No le respondió, no veía cómo eso era posible, más allá de los intereses de la compañía que era lo único que podría salir triunfante.
—El detective Kawashita está aquí —anunció Karen Inokuma, haciendo que todos parecieran salir de sus pensamientos.
—Hágalo pasar, señorita —dijo el ahora presidente Miura, recobrando un poco la compostura ya que se habían dado las posibles soluciones.
La joven asintió y salió de la oficina para recibir en la recepción al detective.
—Shishio —llamó Hideo Fujita, con los dedos entrelazados sobre su prominente vientre.
El hombre giró la vista hacia él.
—Hiciste lo más conveniente al tomar acción con tu personal, buscar a la mujer y empezar la negociación, pero te recuerdo que solo eres un miembro del comité de dirección, y antes de decidir nada, debes consultarlo con nosotros. Desde el momento en que sucedió el incidente de la tarde debiste hacérnoslo saber a los accionistas. Sabes de sobra que, al menos Gaku y yo, teníamos una relación personal con Osamu, pero, principalmente debiste informar al director jurídico. El señor Kamekura debe atender personalmente cualquier evento que, por indiscreción personal o torpeza profesional, ponga en peligro el buen nombre de esta compañía.
Saori miró la forma en la que Shishio bajaba los hombros, para luego inclinarse mansamente, y solo pudo extender la mano hacia él, apenas tocándolo en el antebrazo. Había actuado con la mejor de las voluntades.
—Me disculpo —dijo quedamente —. No volverá a ocurrir.
—La persona a la que enviaste a negociar, responderá, a partir de este momento, exclusivamente al señor Kamekura.
—Sí, señor.
—Bueno, señor presidente interino —agregó Hideo, girándose para mirar al hombre ascendido en contra de su voluntad —¿Algo que agregar?
—No, señor Fujita. Todo lo ha dicho.
Para cuando el detective entró, el ambiente estaba considerablemente más tranquilo, y pudo llevar a cabo su interrogatorio sin percances. Solo se trataba de algunas preguntas de rigor debido a la muerte anti natural, como la llamó. Reconocieron no saber de la relación extra matrimonial hasta ese momento, pero considerando que la joven, aunque pertenecía a uno de los programas de Fundación, era mayor de edad y no existía línea directa en su proceso de selección, no consistía en un delito, solo los inconvenientes morales por el matrimonio del señor Watanabe.
Al cabo de un rato, con todas las declaraciones tomadas y firmadas, el hombre se fue por donde vino y los demás convinieron que también era hora de retirarse.
—Saori, espera un momento por favor —llamó Gaku Takeda, de modo que los dejaron solos, salvo por sus tres acompañantes, a quienes el hombre no mostraba recelo.
—¿Entiendes por qué Osamu acabó con su propia vida?
Saori levantó la mirada. Lo hacía sonar como si fuese lo más lógico del mundo, pero, aunque Shishio había dicho que lo hizo para no enfrentar responsabilidad alguna, lo cierto era que ella no acababa de entenderlo, y Gaku vio esa incertidumbre en su expresión.
—Lo hizo por nosotros —respondió con solemnidad.
Sus posiciones en la mesa no se encontraban especialmente distanciadas, sin embargo, el hombre no intentó acercarse para reconfortarla. Permaneció en su sitio, con la espalda recta y el semblante serio.
—De estar vivo, tendría un proceso en tribunales, por su hijo, si su esposa solicitaba el divorcio, si se exigía una revisión a los procesos de selección de beneficiarios de la Fundación Graad. Nos expondría a todos, incluso si no tuvimos nada que ver, al escrutinio público.
—Pero... ¿qué hay de la chica? ¿Cómo puede simplemente dejarse el asunto así?
—¿Cuál sería la diferencia entre que, si viviera y pasara por eso, a ahora que está muerto y nosotros conciliaremos? ¿Acaso de mantenerse vivo ese hijo se evitaría? ¿Esa muchacha podría tener su vida como antes, en cualquiera de los casos? No se pueden cambiar las acciones pasadas, y no siempre es posible enmendar los errores, por mucho que uno quisiera. La decisión que Osamu tomó, la hizo desde la comprensión de esa idea.
Saori no respondió, solo se puso de pie para también marcharse. Sin embargo, cuando estaba en la puerta, se giró levemente.
—La muerte —susurró —, por inevitable que sea, no es una solución. Solo los vivos pueden enmendar sus errores.
Los tres santos inclinaron la cabeza. Incluso en esas circunstancias, la voluntad de Athena permeaba.
Comentarios y aclaraciones:
*Les recuerdo que este fic se ambienta en 1990, en ese entonces la mayoría de edad en Japón se daba a los 20 años, no fue sino hasta 2015 que se redujo a 18 para el voto y algunas cosas... creo que en estos meses recién sería legal el matrimonio sin permiso de sus padres.
¡Gracias por leer!
