Nanatsu no Taizai no me pertenece, es propiedad de su respectivo autor y estudio de animación.

Yo solo lo tomo prestado un ratito.


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-*Zettie*-

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"El mentiroso siempre es el prodigio en el juramento"


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(I)

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Si le preguntan sobre su primer recuerdo, ella siempre responderá con una mentira, incluso ante el propio Galán: El mandamiento de la verdad, esta mentira no es cuestionada o revelada.

Pues una mentira bien contada puede ser la verdad.

A veces responde que es su primer recuerdo fue cuando abrió los por primera vez y vio la luz del fuego fatuo flotando sobre su cuna.

Otras veces con una sonrisa en la cara contará con voz arrogante cómo su padre, El Rey Demonio la tomó en sus brazos por primera vez, aquella dolorosa calidez de su abrazo sobre su cuerpo pequeño rodeado de sabanas finas, detalla la sensación de aquel dedo tan duro como las montañas recorriendo su cabello hasta las mejillas y la imagen de las llamas de la perdición en sus ojos tan profundos como pozos de olvido.

Y solo a su hermano mayor con el que comparte la misma madre llegó a consolar diciendo que él fue el primero en su memoria desde el día de su nacimiento.

La tímida sonrisa de su hermano mayor al asomarse en su cuna.

Ese último recuerdo es verdadero hasta cierto punto. Ya que Zeldris no le dedicó una primera mirada con timidez o ternura, fue más bien un vistazo lleno de desprecio por la sola existencia de su nueva hermana, cuando vio como a la culpable de la muerte de su madre lloraba al sentirse sola en medio de la noche.

Siempre cambiaba las versiones cuando le preguntaban, a ninguna de sus otras hermanas parecía importarle en realidad si la respuesta era verdadera o no y a ella no le importaba las de ellas.

Pues su recuerdo era el más importante y el más privado en su corazón.

Uno que no saldría de sus labios. Uno que revive cada vez que se va a dormir o cuando se pierde mirando la ventana hacia el miasma que cubre su reino.

Su primer recuerdo, es la mirada del mayor de todos sus hermanos sobre ella.

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Aquellos ojos negros y cabello dorado envuelto en la oscura materia tan gelida y maligna como solo la de el podía ser, con la marca del clan asomada por encima de la cuna de piedra en donde dormía poco después de llegar al inframundo.

Cuando su cuerpo aún olía a la sangre de su madre y aún no habían entrado las nodrizas a su recamara para servirla y alimentarla como la princesa recién nacida que era.

Recordaba claramente como su hermano mayor, con total firmeza la tomo con una sola mano por el cuello, acercandola a su rostro para verla con detenimiento, aun sin creer que su instinto se sintió amenazado por una simple bebé de horas de nacida.

No le cabía aún en la cabeza que a pesar de ser de distintas madres esa nueva hermana suya había nacido con un nivel muy similar al que él tuvo cuando nació siglos atrás.

Ella compartía madre con el menor de los hijos varones del Rey Demonio: Zeldris era por mucho, más débil que ella en ese momento, teniendo en cuenta el hecho de su diferencia de edad y que apenas era una recién nacida era algo casi irreal.

Quizá para algunos era una solo suerte, otros ya decían que en algunos años ella rebajaría su poder como el resto de las hijas del Rey de los demonios. (Aunque no se descarta la posibilidad de que la pequeña princesa llegase a ser más fuerte que el desdichado segundo hijo Estarossa).

Pero para su Padre y para su hermano mayor esto era algo totalmente diferente.

Para el Rey Demonio esa era una oportunidad de tener diversión a futuro. Incluso se rumoreaba que el Rey planeaba hacer acto de presencia en el palacio para conocer al segundo prodigio entre sus hijos.

Unos cuchicheos que se esparcen como flamas en ramas secas.

Para Meliodas, el Mandamiento de la Piedad y líder de los Diez Mandamientos era un reto y a la vez un mal chiste.

Acaso tendría que competir por el trono del Inframundo contra una niñita?

Ni siquiera se esperaba encontrarse con una niña, desde que sintió su poder en el ambiente concluyó que se trataba de un varón.

No quería creerlo, pero su instinto se lo indicaba como una punzada constante en la sien, el riesgo que esa bebé de grandes ojos representaba para él y que no era capaz de entender del todo.

Eso lo irritaba en verdad.

Jamás olvidaría la profunda mirada de su hermano sobre ella cuando noto un poco tarde (por estar metido en sus pensamientos) que, a pesar de ser una bebé la que sostenía en su mano, no la escucho llorar por el brusco trato con el que la sujetaba o por el terrible deseo asesino que tenia hacia ella.

Ni siquiera percibía miedo o desesperación por vivir.

Más bien parecía curiosa por su presencia.

Se percató incluso de la inusual apariencia que poseia, empezando por esos grandes ojos color sangre que le regresaban la mirada fija y el largo cabello color azabache que rebasaba su propia (y pequeña) estatura. Su piel pálida como la de un vampiro y sus uñas que a pesar de ser pequeñas de notaban afiliadas como navajas.

Si su precencia y poder como Mandamiento no intimidaban a esta pequeña era un auténtico milagro.

Meliodas chasqueo los dientes al comprender lo atrevida que era la esa mocosa al no tenerle el respeto que el se merecia y se sintió tentado a bañar su blanco ropaje nuevo con aquella inocente y fresca sangre, su mano izquierda se acerco lentamente a su hermana y una peligrosa mirada hizo helar el aire de la habitación.

Parecía que el fuego de de las linternas se extinguirá mientras la sonrisa del príncipe de los demonios se asomaba cada vez más en su rostro de niño.

No era realmente nuevo que matara a un miembro de su familia, algunos de sus primos fueron de las primeras vidas que llegó a tomar al emocionarse de más en los entrenamientos.

Y esta seria la primera vez que tomaria la vida de un ser tan joven y que podía llamar "hermana".

La sola crueldad de estas ideas lo hizo emocionarse.

Él podía hacer cualquier cosa que le viniera en gana. Al fin de cuentas, su padre ya tenía muchas hijas con las concubinas del palacio, una menos no le importaría tanto, aun si poseía ese nivel de poder.

Seria un buen comienzo antes de partir hacia la conquista de Brittania.

O eso pensaba...

Lo último que recordaba era el aura de total obscuridad rodeándolos mientras las manos de su hermano aflojaban su mortal agarre.

La primera vez que escucho la voz de su padre reprendiendo a uno de sus hermanos parecía un murmullo largo, ronco que apenas y podía entenderse, en un idioma antíguo.

Una voz que se oía llena de furia.

La última imagen de que recordaba de ese día de es la sonrisa burlona que su hermano mayor Meliodas le dedico cuando las sombras de su padre la regresaron a la seguridad de sus sabanas y el sonido de su propio llanto al observar como la primera persona que la habia tomado en brazos se alejaba ardiendo en ira de la habitación.

En ese entonces no sabia que pasaba realmente, ni comprendía porque su hermano Zeldris habia cambiado su forma de tratarla cuando se enteró de estos hechos una semana después y se comenzó a quedar a su lado durante las siestas, montando una especie de guardia, por mucho que lo negara años despues.


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(II)

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Algunas lunas llenas más tarde, los Diez Mandamientos se prepararían para comandar el ejercito del Rey Demonio hacia la superficie llamada "Brittania", hogar de gigantes, hadas y humanos.

Un campo de batalla en el cual combatir a la raza de las Diosas.

Y ella los vio partir desde una de las ventanas del palacio, en brazos de su hermano mayor Zeldris, que veía frustrado como Estarossa marchaba junto al resto del ejército.

Por la impotencia que sentía sus brazos ejercían más fuerza sobre el cuerpo de su hermana menor, que había alcanzado una estatura promedio de un niño de 3 años. Aunque la pequeña no parecía notarlo, ella se sentía orgullosa porque Zeldris ya había sido nombrado por su padre como "El Verdugo" y próximamente también él partiría cómo su representante.

La pequeña Zettie había nacido algunos años antes de que la Guerra Santa diera inicio por el desequilibrio entre las fuerzas aliadas.

Antes de que su pueblo sufriera una derrota aplastante y terminará sellado por el Clan de las Diosa y sus aliados.

Había nacido en el tiempo en el que Meliodas aun no era llamado "traidor" y no era odiado por casi todos los demonios, fue el tiempo en el que incluso el mismo Zeldris sentía una gran admiración por su hermano y era su ejemplo a seguir.

Antes de que el corazón de Meliodas fuera robado y profanado por la hija favorita del Clan de las Diosas

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Continuará