ATENCIÓN! EL CAPÍTULO ANTERIOR FUE RE EDITADO! le agregué más cosas que sin duda debes de leer.
Nanatsu no Taizai no me pertenece, solo escribo esto por diversión y sin fines de lucro.
Disfruta de la lectura!
ZETTIE
.
.
.
.
.
.
( XIII )
.
.
.
Gelda, "La de las mil tentaciones" era una mujer paciente, silenciosa y misteriosa. Su figura irreal rozaba la perfección, piel pálida y cabello rubio, agregando dos flamas rojas a sus ojos. También era una mujer peligrosa, desalmada y brutal cuando se lo proponía, arrancaba corazones, dejaba cuerpos sin una gota de liquido en un instante, incinerada a los que le estorban, ya fuesen amigos o enemigo.
Era letal
Era hermosa
Y ahora mismo, era aquella mano calida que cuidaba de Zettie.
Recostada sobre sábanas de seda negra y en almohadones de plumas se encontraba la princesa del inframundo. Había estado durmiendo por más de un año, tiempo patéticamente corto para la vida que no fuera humana en un mundo lleno de magia, pero para Zeldris y las hermanas de la jovencita había sido toda una eternidad.
Había pasado semanas enteras cuidando su sueño después de que la encontraron sin conciencia a algunos kilómetros del cuartel, herida y sin poder mágico.
Había pasó por las manos de todo tipo de sanadores y del mismísimo Chandler, pero aún así la princesa más poderosa de las hijas del Rey Demonio no despertaba.
Y nadie podía dar una explicación.
.
Cuando la noche llego a su apogeo, Gelda abrió las ventanas de la habitación y dejó circular el aire, velas de cera de abeja gigante iluminaron la habitación y el cabello de Zettie reflejo la luz de manera hermosa. Su piel lechosa y sus largas pestañas, era una bella durmiente.
La vampiresa observó la luz de la luna creciente en el firmamento y bajo su balcón, la ciudad caída de Edinbrgh estaba despierta.
Ahora era la nueva capital de los vampiros y el refugio temporal del cuerpo de la princesa. Toda la raza de Vampiros había trasladado a sus ejércitos y a algunas familias a lo que quedaba de la cuidad.
En las calles invadidas por la noche, los guerreros chupa sangre entrenaban y sus niños obedientes aprendían de cada acción, en poco tiempo ellos también irían al campo de batalla.
Gelda suspiró aburrida, se la pasaba día y noche velando a la princesa desde que Zeldris y el escuadrón de Princesas regresaron al campo de batalla.
Resguardadas en el enorme castillo de Edinbrgh, por ordenes del Rey Vampiro Izraf muy pocos sirvientes tenían acceso a su lado del palacio, incluso los miembros demos familia real solo podían llegar hasta la puerta de la habitación para hablar con Gelda.
Molestos insectos a sus ojos, llegaban prepotentes o suplicantes a ella, pidiéndole que les dejara ver a la belleza dormida por un momento, o les regalará un mechón de sus cabellos, incluso se habían atrevido a ordenarle que se quedará fuera de la habitación hasta que se sasiarán de la sangre de la Demonio.
Insignificantes mosquitos que atraídos a la dulzura y poder de la sangre se la joven durmiente se habían terminado encontrando con su guardia, sus puños y con la muerte.
Había jurado protegerla a toda costa, ante todos.
No porque sintiera algo como cariño o apreció por la pelinegra, nunca habían cruzado palabras antes a decir verdad.
Tenía otra razón, una más fuerte e importante que solo seguir órdenes de su Rey para preservar la alianza con el Rey Demonio.
.
.
.
( XIV )
.
.
.
Se acercó al lecho y miro el rostro de la joven, en ese año siendo su guardiana se había preguntado qué tipo de enemigo la había dejado postrada en una cama como una doncella humana cualquiera.
Recordó el día en qué las otras princesas la encontraron, lejos de cualquier base del ejército, la tomaron en brazos y corrieron a pedir asilo a Edinbrgh, todo un ejercito venía con ellas, por lo que su Rey no pudo (ni es como si pudiera) negarse a dar protección a la hija más joven del Inframundo.
Por meses habían tratado de despertarla, pero nada funcióno, solo lograron curar la herida que dejaría una marca en su garganta eternamente.
Sus finos y largos dedos bajaron el cuello de tortuga que cubría su cuello, que podría ser niveo y perfecto como el suyo si no fuera por aquella quemadura que lo rodeaba por completo en color negro intenso.
Era obvio que la había provocado el poder mágico de algún demonio de alto nivel, la cuestión era: "quien se atrevería a herirla?
Era una princesa, última en el la línea de sucesión a la corona por ser la última en nacer, pero bien era sabido que su poder mágico tenía mucho más potencial que el de sus familiares.
Incluso el Rey Demonio había mandado a protegerla a toda costa, guardias demonios rodeaban el castillo y le había ordenado a Gelda, una de los soldados más fuertes de los Vampiros que se mantuviera al lado de la joven en todo momento.
Ponerle una mano encima a la niña prodigio del Clan Demonio traería sus consecuencias, pero además del Rey, quien podría impartir el castigó al criminal.
Gelda levantó la mano cicatrizada de la chica, otra marca exactamente igual a la de su cuello le rodeaba la muñeca, acerco su nariz a su piel y disfruto el aroma de la sangre oculta bajo su piel recorriendo su cuerpo mezclado con el aroma de la magia, esas marcas no solo eran heridas, eran ataduras, una magia que solo había visto en el Rey Vampiro cuando fue sometido y obligado a jurar fidelidad al Rey Demonio.
La vampiresa paso el resto de la noche imaginando el tipo de secretos que la princesa conocía como para que fuera encadenada al silencio de un sueño eterno por su propia sangre.
Zeldris sería capaz de hacerle eso a su hermanita menor? No, el estuvo con ella la semana en la que Zettie desapareció, y, más que nadie, ella sabía el profundo amor fraternal que existía entre ambos.
Estarossa? Ja, si cómo no.
El propio Rey Demonio? Quizá sí y no a la vez, si el deseara mantener la boca de la niña cerrada la hubiera matado.
Entonces solo le dejaba una última opción, una que claramente era la correcta.
Pero aún seguía sin responder: Porque?
.
.
.
.
.
( XV )
.
.
.
.
.
Zeldris sobrevoló Edinbrgh cuando el sol ya se había puesto en el horizonte. El frío del invierno se desvanecía ante la promesa de una próxima primavera que traería vida nueva a Britania.
Sus alas le llevaron hasta la torre más alta del castillo del Rey Vampiro, donde Zettie le esperaba como siempre, sin conciencia y silenciosa.
Hacia casi medio año que no visitaba a su hermana por estar en el campo de batalla, supliendo constantemente a Meliodas.
Meliodas.
Apretó los puños con impotencia al recordar a su hermano mayor. Los últimos meses solo hubo conflictos entre ambos, Zeldris no era idiota, sabía perfectamente que Meliodas era el culpable de que su hermana estuviera así, pero por más que pidió respuestas nada se resolvió, Meliodas solo le decir que Zettie no era su asunto y si quería seguir jodiendo con el asunto los mataría a ambos.
Era un bastardo.
Por lo cual, si no obtenía respuestas de Meliodas, las sacaría de Zettie.
.
Entró con un aterrizaje casi silencioso, miro la habitación y tal como siempre ocurría, Gelda lo recibió con una leve inclinación, para después estirar sus brazos, invitándolo a sentirla.
Pero está vez solo beso su mano y regreso su mirada al balcón, no llegó solo en esta ocasión.
La luz de la luna fue eclipsada por la delicada figura de uno de los Diez mandamientos.
Su delicado cuerpo cayó con gracia sobre el piso de madera, sus gafas reflejaron la luz de las velas y con una formal inclinación, saludo a su anfitrióna.
-Gowther Del Desinterés le saluda, vampiresa.
Gelda inclinó su cabeza ante la sorpresa de no poder escuchar u oler un poco de sangre dentro del delgado cuerpo que la saludaba, los ojos del joven hombre que Zeldris había llevado no tenían vida alguna y no tenía un corazón que palpita en su pecho.
Miro a Zeldris buscando alguna explicación, pero el solo le asintió con la cabeza y le indico a la marioneta que empezara su trabajo.
Gowther asintió y se acercó a la cama de la habitación.
Las sábanas fueron apartadas dejando al descubierto el cuerpo de la princesa, envuelto en un camisón negro.
Gelda miro aún más extrañada a Zeldris cuando el Mandamiento del Desinterés se subió al cuerpo de la chica, quedando sentado sobre su vientre, con una de sus manos sobre su pecho inmaduro y la otra sobre su frente.
Zeldris le tomo la mano, mirando como el brillo de la magia cubría a su hermanita.
Chandler le había dicho que la mente de su hermana estaba hundida en un mar de magia oscura, entonces solo necesitaba traer un experto en la mente para buscar a su hermana y traerla de regreso.
Muy simple...no?
.
.
.
.
.
.
Continuará
