.

Sentimientos–

.*.


El de ojos chocolate estaba más desnudo que vestido, en una cama, Yuuri y Otabek, de nuevo.

Lo inevitable pasaría entre ellos.

–Voy a limpiar lo que él ensucio– con voz ronca declaro Otabek mientras se quitaba su camisa.

Yuuri lo miro expectante, semisentado, con las manos arrugando las sabanas y con los ojos cargados de deseo.

Luego fueron los pantalones del kazajo que salieron disparados, puso ambas manos sobre el torso desnudo de Yuuri

– No me gustan los preámbulos.

Otabek era de pocas palabras.

Despojo a Yuuri de su última prenda, dejándolo expuesto a lo que quisiera hacerle, y abrió las piernas como invitándolo a continuar con lo que era claro que tenía pensado al ver esa mirada negra y penetrante, y así fue, metió en su boca la erección naciente de Yuuri, gimió de placer ante semejante acto, ambos lo hicieron, como si hubieran esperado una eternidad por ello, Yuuri acaricio con sus manos la cabeza de Otabek, y lo incito a hacer movimientos más acelerados sobre su miembro.

¿Cómo fue que el héroe kazajo cayó ante la mirada de ojos chocolates?

Mientras le hacia un oral con suma delicadeza, Otabek lo recordó:

Yuuri tenía dos semanas de estar entrenando en la misma pista que él, no eran muchas palabras las que intercambiaban, uno tímido, el otro demasiado callado.

Cierto día, Yuuri se quejó de una leve lesión en la práctica, así que Serik lo mando a descansar para evitar un problema mayor, pero a las pocas horas una gran tormenta se desato, para Otabek no hubo ningún problema, incluso fue mejor, así que pudo quedarse más tiempo mientras la tormenta disminuía, pero una vez acabo, se subió en su moto y se dirigió a su casa, la tormenta ahora era una lluvia ligera, cuando entro su madre lo recibió preocupada.

–Ah, hijo, creí que era Yuuri, ya se tardó, yo debí ir, seguro se perdió, no tiene mucho por aquí, y bueno, no es que la medicina fuera tan necesaria…pero el...

–¿De qué hablas mamá?

–Bueno, es que tu hermano comenzó con un dolor de estómago y no tenía lo que siempre le doy, Yuuri en plena tormenta se ofreció a ir por el medicamento, pero lleva más de dos horas fuera.

–Iré a buscarl…

Yuuri entro con la medicina en la mano, todo empapado.

Titiriteando le dio la medicina a la señora.

–Perdón, creo que di muchas vueltas.

–¡Que tonto eres! – reclamo Otabek– ¡Te hubieras llevado un paraguas!

–Cierto…

Yuuri se desplomo en los brazos de Otabek, tenía fiebre.

–Tonto y delicado– murmuro Otabek.

Pero ese gesto, ese gesto hizo que el kazajo mirara de otra manera a Yuuri, como veía las cosas que le gustaban, cuido de él toda la noche hasta que la fiebre bajo, se sorprendió de lo tersa que era la piel de Yuuri cuando toco su rostro sonrojado.

Otabek delineo las lindas facciones del japonés, mientras pensaba en su amabilidad, correr el riesgo de enfermarse por un niño que ni de su familia era, eso seguro lo retrasaría en sus prácticas, pero a Yuuri ciertamente no le importo eso.

"Eres un lindo idiota"

Y el lindo idiota sorprendió a más de uno, cuando regreso a las practicas, pues parecía que su cuerpo no conocía la palabra cansancio.

"Es un guerrero…"

Ahora sus manos acariciaban nuevamente esa piel, pero ahora tan caliente.

–Tan deliciosa– murmuro Otabek mientras besaba y chupaba una de las tetillas de Yuuri.

–Mmmm.

Los dedos habilidosos del kazajo se abrieron paso en la estrecha entrada.

"Esto no es un sueño", pensó Yuuri.

Otabek y el estaban desnudos en una cama, acariciándose, besándose, deseándose.

Entonces Yuuri comenzó a tomar conciencia de sus actos, llegando a la resaca más rápida de su vida, él no era así de fácil, entonces ¿Por qué se había dejado tocar por Chris? ¿Estaba tan vacío y necesitado? Bueno, también era verdad que el suizo estaba muy bueno, todos los patinadores tenían un cuerpo de ensueño, pero el japonés nunca se dejó llevar por eso, tenía muchos años en el medio, y nunca de los nunca había caído de esa manera, vaya, ni siquiera cuando Viktor lo abandono actuó con tan pocos sesos, entonces, ¿de dónde provenía toda esa locura? Estaba claro ahora que no era solo el vino.

Justamente la causa estaba encima de él.

–Yuuri, dime que me necesitas dentro– suplico Otabek con voz ronca– dime que sabes lo que estoy a punto de hacerte, que no lo olvidaras esta vez, dime que estas consciente de esto…

–Altin, mmmm.

–Di mi nombre.

La voz cargada de deseo del kazajo inundo por completo los sentidos de Yuuri, quien lo apretó fuertemente con sus brazos, no podía negárselo: quería a Otabek, pero, pero era novio de Yurio, y si algo tenía muy claro Yuuri, era que: "No hagas lo que no te gustaría que te hicieran a ti".

Aunque bien podría servirse de la venganza…pero el japonés de ojos chocolate, por desgracia, era demasiado noble.

Y cuando el cerebro de Yuuri comenzó a trabajar de nuevo, mando una orden de supervivencia.

–¡Agh, Carajo!

Otabek rodo de la cama hasta caer al suelo, el golpe en la entrepierna propinado por Yuuri lo dejo fuera de combate.

–¡Lo siento, perdón, yo, lo siento!

–¡Eres idiota! Si no querías me hubieras, dicho y ya– replico Otabek hecho un ovillo en la alfombra– no tenías que llegar…tan, tan lejos.

–¡Perdón, perdón, perdón!– exclamo Yuuri haciendo el clásico dogeza japonés al lado de Otabek.

–¡Si ya sabes cómo duele, carajo!

–¿Te puedo ayudar en algo?

–Dame unos minutos.

–Está bien.

Yuuri admiro la espalda del kazajo, tan firme y varonil, ambos se encontraban aun desnudos.

–Yo, no, sé que está pasando, creí que, que estabas en Canadá.

El japonés desvió la mirada hacia la ventana.

–Y yo creí que eras un chico más maduro.

–Antes de seguir hablando, deberíamos vestirnos– contesto Yuuri.

–No le veo problema, ambos somos hombres, no hay nada que ocultar.

–Pero si es un problema, hace nada tú estabas… tocándome.

–Y tu correspondiéndome.

Los ojos de ambos por fin se conectaron, el japonés se puso rojo de vergüenza.

–Fue un error– mintió Yuuri cerrando los ojos.

–No lo creo, yo, ¿te gusto, verdad?

–¿Te interesa saberlo?

–Solo contesta.

–Bueno yo…

–¡Cerdo abre la puerta!

–Es Yurio…

–¡Beka sé que estás ahí!

–…tu novio– concluyo Yuuri mirando a Otabek intensamente –Olvidemos lo que paso aquí– murmuro levantándose y comenzando a vestirse– fue lindo ser tu compañero, y que me abrieras las puertas de tu casa y tu familia, pero yo, seguiré entrenando en Rusia, ya hablé con Serik, estuvo de acuerdo, gracias darme una mano cuando lo necesitaba, gracias por todo.

–¡Hey!– quiso detenerlo, pero sus partes bajas aun necesitaban recuperarse.

:.

.:

–¡Te tardaste mucho en abrir!– grito Yurio– ¡Quien te crees, eh! ¡Eres un sucio cerdo roba novios! ¡No solo te acuestas con Viktor, Chris, ah no, querías agregar a mi novio a tu lista de cama! ¡Te crees mucho, verdad! ¡Dime algo cerdo! ¡quita esa cara de idiota! ¿o quieres llorar?

¿Porque Yurio le gritaba a Yuuri?

¿No hace unos días Otabek lo había hecho suyo?

¿No?

No, ¿o acaso sabía que algo había pasado dentro de esa habitación?

Se lo temía, porque sintió la falsa entrega de Otabek, sus falsas caricias, y gracias a la naturaleza del hombre diseñado para responder al estímulo, pudieron tener sexo, porque de lo contrario en esa cama no hubiera habido nada de nada.

Por eso le gritaba a Yuuri, porque estaba rabioso de ver que esos tenían un algo, un algo sin nombre, cierto que Otabek fue a buscarle primero, no fue casualidad que lo salvara de sus fans, alguien lo había buscado, a él, un chico, si exitoso, pero en demasía poco tratable y con cero amigos, por eso había quedado encantado, que alguien lo buscara con la mano extendida pidiendo su amistad, por eso se encapricho con Otabek, porque él no tenía lo que Yuuri si, amor, amor de Viktor, amor de unos padres cálidos, de una hermana, de incluso algunos patinadores, como ese tal Minami que lo veía como un kamisama, ¿Qué, que mierda seria eso?

No menospreciaba a su abuelo, pero él tenía muchas carencias, y Yuuri tenía mucho y lo odio porque vio que no lo valoraba, y encima se puso a llorar en un retrete hacia un tiempo, pero al final le quería, porque Yuuri le demostró que podían ser amigos, le mostro su sonrisa, le tomo de la mano para salir de la cascada, nunca le recrimino nada, y claro, él había fallado, Yuri Plisetsky fallo como amigo, como hombre.

El rubio se tomó unos segundos más para seguir lanzando insultos, porque a pesar de todo no quería aceptar sus carencias. Yuuri dejo que le gritara todo cuanto quería, porque tenía un poco de culpa por lo que se dejó hacer por Otabek, pero cuando vio que ya era suficiente, el mismo intercambio papeles y estampo contra la pared al rubio.

–En primera, deja de decirme cerdo, es la última vez que lo haces, mi nombre es Yuuri Katsuki, ¿te quedo claro?– la cara del rubio era todo un poema– en segunda, te importa una mierda con quien me acuesto, y no, no soy como tú, no me acuesto con los novios de los que considero mis amigos, pero claro, ya no estás en mi lista, digamos que estamos a mano, ¿sí?, en tercera, todos somos hombres hechos y derechos, aquí nadie obliga a nadie, si Otabek se quiso acostar conmigo, no fue cosa mía, sabes, a lo mejor no está del todo satisfecho contigo, y créeme ese es tu estúpido problema, yo no me voy a meter en un ridículo triángulo amoroso, tengo cosas más importantes que hacer, ¿te quedo claro?

Otabek por fin salió, viendo como ambos Yuuris se enfrentaban.

–Con permiso, tengo que descansar, el viaje a Rusia será agotador, que les vaya bien.

Apenas Yuuri cerró la puerta de la habitación se dejó caer en la alfombra.

–Siento que estoy muriendo, me he enamorado de Otabek, y para él, para el solo fui un juego, así igual con Viktor– comenzó a llorar–, y nunca, nunca nadie volverá a jugar conmigo, el hielo será mi único amante a partir de ahora.

Fue así como el corazón de Yuuri Katsuki se congelo.

.:

:.

Otabek ahora se encontraba en la habitación de su "novio", ambos de brazos cruzados y sin muchas ganas de hablar. Pero si mucho que pensar, sobre todo Otabek.

¿Porque se acostó con Yurio?

Si al sentir la piel de Katsuki con sus manos, sentir su aliento, mirar sus ojos, probo el amor que hace tiempo se había negado a ver, ¿por qué entonces dejo que pasara ese acoston?

Culpa.

Era la culpa que lo llevo a hacer eso.

Culpa de tenerle como novio y no quererle.

De haberlo buscando en primer lugar.

De haberlo ilusionado.

De haberlo hecho su novio.

La culpa de no tenerle amor.

Y trato de llenar esa negrura con su cuerpo, con sexo y nada más que sexo porque eso que tuvo con el ruso no fue hacer el amor, fue solo cumplir, cumplir como el novio que se suponía que era, y que ahora sabia, realmente no era.

Y por todo eso, la fácil palabra "terminemos", no salía de su boca.

–Le diré a Yakov que te entrene, ven conmigo a Rusia– propuso Yurio.

–Está bien– respondió escuetamente Otabek.

Pero eso no funciono pues Yakov ya estaba saturado de patinadores, y le resulto en verdad una pena rechazarlo, pero en recompensa le propuso otros entrenadores.

:.

.:

Mientras tanto un nuevo escándalo se daba en Rusia, Viktor, la leyenda, se había quedado sin pupilos, el rumor de que se acostaba con los chicos que entrenaba se expandió como la pólvora, Yuuri no toco el tema, Yurio menos, y así a unas escasas semanas de retirarse e intentar ser entrenador estaba sin nada, o eso creyó.

Unos golpes firmes tocaron a su departamento, Makkachin ladro en respuesta.

–¿Sera Yuuri?– se preguntó esperanzado.

Porque Plushenko tenía a Yuuri entrenando aparte, Viktor creyó que estarían juntos compartiendo pista, una gran desilusión, aunque en cierta forma se lo imagino, con más experiencia, Plushenko estaba siempre a un paso de él, y por eso envió a Yuuri secretamente a otro lado a entrenar, para evitar precisamente que Viktor revoloteara alrededor del japonés.

Pero cuando abrió la puerta Viktor encontró la agria cara de Yurio, y a su lado Otabek.

–¿Podemos pasar?

Aun extrañado, Viktor los invito a entrar con un movimiento de cabeza, los tres se sentaron en la sala.

–¿Qué les trae por acá?

–Otabek es un poco loco, pero también cree que solo tiene esta oportunidad– dijo Yurio– el Grand Prix Final está a menos de dos meses, y bueno suponemos que solo tú puedes hacerlo.

–Creo que no estoy entendiendo– dijo Viktor cruzando los brazos.

–Quiero que seas mi entrenador– respondió Otabek.

–¿Enserio?

–Yo siempre soy serio, ¿qué dices Nikiforov?

Ahí estaba, un patinador con alto potencial, que le había parecido exótico y novedoso en el último Grand Prix, que incluso había compartido el podio con él, pero también, alguien no muy deseable, su Yuuri y ese kazajo tenían un algo, eso le quitaba todos los puntos, pero Viktor era un poco terco, y quería ser entrenador una vez retirándose, si lograba pulir aún más a Otabek sentía que la suerte le cambiaria.

Lo bueno es que lo que paso en Europa se lo callaron, porque la respuesta seguro sería una negativa.

–Está bien, seré tu entrenador.

Nadie sonrió.

Pero la rueda de la fortuna siguió girando, burlándose de los cambios en el destino de todos.


Volví, que puedo decir, me paso un susto de muerte, vivo en México como algunos sabrán, pero gracias que solo fue el susto, desafortunadamente no todos pueden decir los mismo, he dado mi granito de ayuda, y creo que el resto del año tendrá que ser así, esto aún no termina.

Agradezco sus comentarios muchísimo, gracias, gracias porque sigo aquí.

¡Hasta el próximo!