Las gafas malditas
Por Katou Yuu
Disclaimer: D. Gray –man pertenece a Katsura Hoshino, este fic ha sido escrito sin fines de lucro.
Cada vez llovía más fuerte, pensó que el Moyashi no lo lograría, se detuvo bajo una parada de bus que apenas lo protegía de la lluvia.
- Pensé que tenías prisa - dijo Allen algo confundido. Cuando sintió algo su cabeza, Kanda se había quitado la chaqueta del uniforme y la había colocado sobre él, estaba algo húmeda pero la tela gruesa aún no estaba empapada del todo.
- Seria una desgracia que el delegado mojara sus libros - dijo Kanda sin darle tiempo de responder cuando le tomo del brazo obligándolo a avanzar. Allen se quería quejar, pero simplemente se dejó llevar y se aferró a la prenda que Kanda le había dado.
Caminaron por la orilla de la acera y se volvió más fácil cuando llegaron al distrito comercial pues los toldos de los negocios ayudaban a cubrirlos.
Allen vio la pastelería con alivio y avanzó hacia ella, pero Kanda lo jaló hacia una puerta contigua. Supuso que no quería mojar la entrada para clientes, así que esperó sin protestar mientras Kanda abría.
-¡Moyashi! - dijo Kanda invitando mientras comenzaban a sentir como sus sentidos se perdían debido a la lluvia y su fuerza. Habían llegado justo a tiempo.
En el umbral, Kanda se quitó la camisa y los zapatos, tomó el saco que le había prestado a Allen y le ofreció unas pantuflas.
- No es necesario, gracias - dijo Allen algo apenado por descubrir que estaba en casa de Kanda.
- Lo es, si entras con zapatos y arruinas el tatami, ya no serás el cliente favorito del viejo.
La casa era de estilo occidental y sólo la sala tenía tatami, pero igual todos andaban con pantuflas adentro.
- Pondré la secadora, dame tu ropa - dijo Kanda apresurándolo.
Allen insistió en quedarse así, Kanda lo fastidio con los muebles y terminó dándole el saco, que era lo más afectado. También recibió una toalla para el cabello.
- Espera, pondré esto e iremos a la tienda.
Allen espero, no sabía que lo había motivado a irse con Kanda bajo la lluvia, aun recordaba la calidez y el olor de la chaqueta de Kanda, sintió su rostro arder y de paso la toalla con fuerza en la cara cuando escucho los pasos de Kanda muy cerca.
Lo acompaño a la tienda como había prometido, el abuelo de Kanda los miro preocupado cuando supo que llegaron bajo la lluvia y reprendió a su pequeño Yuu por no haberse llevado un paraguas.
El abuelo de Kanda les dio unos dulces de té verde, Kanda lo acepto, le parecía curioso pues Kanda parecía rechazar cualquier cosa dulce, lo probo y no era tan dulce como esperaba, pero estaba en un buen equilibrio de sabores.
De pronto escucho un estornudo
- Estas bien- pregunto Allen algo preocupado.
Kanda lo miró asintiendo como si fuese obvio que estaba bien. El silencio era raro entre ellos, nunca habían convivido de otra manera que no fuese en peleas o estudiando.
- Sería feliz viviendo con una pastelería al lado - dijo arrepintiéndose por lo tonto que había sonado.
- Seguro que sí, Moyashi tragón - dijo Kanda tomando un sorbo de su té.
- Gracias por los postres - dijo Allen mirando la hora - debo irme.
- La secadora debe estar por terminar, espera un poco. - dijo Kanda sin saber qué hacer para retenerlo, por alguna razón no quería que se fuera, pero tampoco sabía de qué hablar con él.
Allen se frotó los ojos, quería llegar a casa y quitarse las lentillas.
- ¿Te molestan?
- Sí...
- Es mi culpa, pero... Creo que te ves mejor sin esas gafas.
Allen se sorprendió de aquel cumplido - Gracias- la verdad no sabía que responderle pues no esperaba que Kanda hiciera un comentario tan inusual para como lo conocía.
Kanda termino su té y decidió ir a ver la secadora que ya se había detenido, el saco de Moyashi se había secado bien, se lo entrego, este volvió a agradecer.
- ¿No te sabes otra palabra? - dijo sintiendo que ya la había escuchado muchas veces.
- Solo era agradecido - tomo el saco - Debo irme, ya es tarde - termino de recoger sus cosas - Despídeme de tu abuelo y gracias por el dulce.
Allen se apresuró a marcharse sin mirar atrás, pues aparte de la hora sentía que por alguna razón debía irse, estar tanto tiempo junto a Kanda no le había resultado tan desagradable como había sido en la escuela, es más comenzaba a pensar que no era tan malo como creía, ¿debía tomar esa invitación a su casa como una disculpa por todas las situaciones engorrosas que le había hecho pasar?
Al día siguiente llegó a clase asegurándose de llevar sombrilla. No la había pasado mal con Kanda, pero su padre se había vuelto loco al saber que se había mojado. Por si fuera poco, secretamente esperaba devolverle el favor a Kanda prestándole su paraguas para dejar de pensar en que le había cedido su saco.
La clase comenzó y no vio a Kanda por ningún lado. Creyendo lo peor, buscó a sus amigos para que aclararan por qué se había saltado las clases de nuevo.
- Está en casa, se resfrió - explicó Lenalee mientras Alma y Lavi aportaban teorías locas para confundir a Allen.
- Si quieres mandarle algún trabajo puedes dármelo, pasaré por su casa al terminar las clases
Allen no esperaba que faltara por una razón válida. Se sintió un poco culpable porque tal vez se había resfriado por prestarle el saco. Le explicó a Lenalee que no había nada y que por el momento lo dejaría descansar.
Allen se la paso el resto de la clase en las nubes, Link le miraba algo preocupado, incluso trato de ofrecerle de su almuerzo. Allen realmente no creía que se le notara tanto, pues sentía algo de culpa y Link insistía en saber que pasaba con él, ¿quizás alguna situación familiar? ¿o era a causa de Kanda Yuu?
- ¡No! Kanda no ha hecho nada - en parte sí, porque era la causa de su preocupación. Admitirlo sería un poco extraño por no decir que Link no creería que Kanda había sido bueno con él.
Al terminar las clases Link había insistido en volver juntos como hacían ocasionalmente.
- L-lo siento Link, llevare unos papeles a la sala de profesores y saldré algo tarde - había mentido.
Nunca mentía, sólo en aquellas ocasiones en que debía mantener la compostura. Pero en realidad nunca le había mentido a un amigo.
Se entretuvo en el salón tanto como pudo, incluso Lenalee y los otros se acercaron a preguntar si tenía algo para Kanda, pero insistió en que no había nada.
Pasó por la biblioteca y se escondió ahí tratando se hacer tiempo hasta que la bibliotecaria lo sacó.
Sin esperarlo, tomó un enorme desvío a casa de Kanda. Cuando estuvo frente a la pastelería entró con el pretexto de comprar algo.
El abuelo de Kanda lo saludó alegremente y lo hizo pasar a la tras tienda.
- Me alegra ver que Yuu tiene tantos amigos que lo visitan - dijo el viejo mientras lo acompañaba arriba, a la habitación de Kanda
- En realidad sólo vine a.… entregarle un libro que me prestó! Lo puedo dejar con usted
- Dáselo tú mismo, ya estás aquí - le palmeó la espalda y lo vio subir - debo volver a la tienda, la habitación de mi Yuu es la puerta del fondo, la que está rota.
Allen avanzó y vio desaparecer al anciano. Suspiró, ver a Kanda no era su intención, sólo esperaba comprar pastel y husmear en la tienda por si acaso él estaba atendiendo.
Sin más remedio llegó a la puerta y la miró dudando si tocar, en parte porque no sabía cómo explicaría su presencia y también porque la puerta tenía algunas partes pegadas con cinta gris y parecía que se rompería si la empujabas.
Tragó algo de saliva armándose de valor para tocar suavemente la puerta, esta se abrió ligeramente rechinando de una manera que le causo escalofríos, no podía ver nada hacia el interior de la habitación asumiendo que las luces debían estar apagadas y Kanda descansando, quizás no había sido buena idea venir.
- ¿Qué quieres? ¿ya te dije que... - escucho una voz ronca mientras la puerta se terminaba de abrir, Allen tembló - Moyashi?
- ¡Es Allen!- respondió por inercia.
- ¿Qué haces aquí? -Kanda lo miro de pies a cabeza como si creyera que era una alucinación.
- Y-yo...- no sabía que decir, tenía a Kanda frente a él, parecía cansado por el resfriado, ¡debía ser sincero pues de nada le servía inventarse una historia - Vine a ver como estabas... y te traje un nuevo cuestionario! - saco rápidamente un par de hojas de su mochila.
- ¿Ah? lo hubieras enviado con Alma - dijo mirando sin mucho interés las hojas.
- Aún no estaba terminado - dijo felicitándose interiormente por la sagacidad de su respuesta
Kanda los dejó a un lado y se volvió a quedar quieto. Su cabello estaba revuelto, tenía ojeras, la nariz roja y permanecía bajo pesadas cobijas que lo hacían tener la frente cubierta de sudor. Era extraño saber que Kanda Yuu se enfermaba a pesar de su apariencia demoniaca.
- No los voy a responder- dijo a penas y entendiendo la crueldad de darle trabajo extra si estaba enfermo.
- Sí, está bien - dijo apenado.
Guardaron silencio, Kanda estornudó muchas veces, se sostuvo la cabeza maldiciendo.
- ¿Contestaste algo del cuaderno?
Kanda le hizo un gesto horrible y se enterró en las cobijas.
- Lo siento, contesta cuando te sientas mejor, debo irme - dijo acercándose con miedo y palmeando torpemente donde creía que estaba su hombro.
Allen salió corriendo de ahí, no entendía por qué había terminado en esa casa. Peor aún había quedado como un idiota insensible.
