Las gafas malditas

Por Katou Yuu

Disclaimer: D. Gray –man pertenece a Katsura Hoshino, este fic ha sido escrito sin fines de lucro.


Al día siguiente se hizo una conmoción en clase. Cuando Kanda llegó, todos rodeaban al Moyashi, traía gafas de nuevo, menos feas que las anteriores, pero igual de gruesas.

Allen simplemente dijo que el motivo era porque las gafas le resultaban más cómodas, pues no se acostumbraba a las lentillas.

Kanda pensaba que las gafas del Moyashi -motivo de pesadillas en algunos momentos - serian terribles a su regreso, pero estas gafas nuevas no le quedaban tan mal al Moyashi.

No se acercó mucho a él, pues estaba rodeado de gente que le pareció inapropiado hasta que Howard Link apareció alabando las gafas con la estúpida excusa de que lo hacía ver intelectual.

Mantuvo su distancia, Lenalee decía que debía acercarse bajo la excusa de tener el cuaderno donde hacia los ejercicios propuestos por el Moyashi para mejorar sus calificaciones, tan solo la ignoro.

El resto del día Allen pareció el mismo de siempre, como si sus gafas hubiesen restaurado su ñoñez por completo a pesar de que un día antes se había saltado una clase. Kanda lo observó desde lejos. Link lo acompañaba y él parecía contento e imperturbable.

Kanda se quería ir a casa. Quería que el fin de semana comenzara ya.

En el almuerzo subió a la azotea, no quería ver como Link le daba pastel casero en la boca al Moyashi. Lo hacía sentir que con cada bocado tenía menos oportunidades.

- te cambio mi ramen por un bollo de crema - dijo Allen cargando un montón de cosas y sentándose a su lado.

- no tengo hambre - dijo aclarando su garganta.

Sin esperarlo, las gafas de Allen le habían dado una palpitación. En verdad no se veía mal con ellas. Casi no lamentó que los llevara puestos.

- Sigo esperando los ejercicios.

- No tengo ganas de hacerlos - dijo Kanda con el corazón subiéndosele por las paredes.

Allen comenzó a comer a su lado. Esa mañana había dudado en ponerse las gafas. En su mente aun retumbaban las palabras de Kanda sobre lo bien que se veía sin ellas, pero también le avergonzaba pensar que era tan vanidoso como para no usarlas. Y las lentillas le molestaban.

- El dos puntos debe estar volteando la escuela para encontrarte.

- ¿Por qué todos creen que vivimos pegados? - dijo ofendido con la boca llena - Allá todos me preguntan por las lentillas, sólo quiero paz.

- Entonces solo diles que te dejen en paz.

- No podría hacer eso...

- ¿Qué ganas entonces con esa sonrisa estúpida? ¿Te das cuenta de que no puedes complacerlos, más bien, ¿no quieres hacerlo y solo huyes en lugar de enfrentarlos?

- Lamentablemente no soy como tu - dijo Allen comenzando sentirse incómodo.

Kanda se encogió de hombros, solo veía al Moyashi ahogarse en un vaso de agua, todo se solucionaría si fuera capaz de ser sincero consigo mismo y con los demás.

Tomo el ramen y lo miro por un momento - Si no está bueno no sueñes con ese bollo de crema.

Allen se quedó a medio camino de darle un mordisco a un gran sándwich.

- ¿Ahora te pones exigente?

- Solo te estoy avisando Moyashi.

- Nunca te dignaras a llamarme por mi nombre, ¿no? - dijo Allen con un aire de derrota.

- Tendrás que obligarme para que eso pase Moyashi, es decir, que eso nunca pasara - Allen lo miro entrecerrando sus ojos, Kanda siempre parecía estar buscando una manera de provocarlo.

- Mejor come, el ramen se va a enfriar Bakanda.

Kanda entrecerró los ojos, el Moyashi era el primero que le ponía un apodo.

Ambos comieron en silencio hasta que el celular de Allen sonó, lo sacó de su bolsillo y vio con pesar que era Link. Se puso nervioso, no sabía si contestar pues en verdad no quería hacerlo. Embarró de kétchup la pantalla y la trató de limpiar contestando sin querer, con la servilleta volvió a colgar mientras hacía un ruido terrible en el micrófono. Unos segundos después volvió a sonar y el pánico comenzó de nuevo. Kanda tomó el celular, bufó al ver quién llamaba y puso en silencio el aparato. Lo dejó en el piso vibrando mientras Allen lo miraba con terror.

- ¿Por qué no le quieres contestar a tu novio? - dijo Kanda con ganas de tirar el celular hacia abajo.

- No es mi novio - Allen lo empujó - Lleva días vigilándome, no me deja respirar, creo que es culpa de mi padre, cada vez que me tardo un poco en llegar a casa lo llama a él.

- Porque son novios, obviamente - dijo Kanda tratando de presionar.

- ¡No somos novios! Es mi amigo, ¿qué te hace pensar que salimos juntos? - Allen se puso rojo y empujó a Kanda haciendo que el caldo del ramen se le regara en el pantalón y la camiseta.

- ¡Lo siento! - dijo y tomó las servilletas tratando de limpiarlo.

- Yo lo hago - dijo Kanda tensándose al sentir que los roces alcanzaban ligeramente su miembro.

- No, esto ha sido mi culpa - dijo concentrado en la tarea que no se había fijado que comenzaba a limpiar cerca de la entrepierna del otro.

No oía sus quejas hasta que la mano de Kanda tomo su muñeca.

- Que pretendes Moyashi- dijo ligeramente sonrojado. Allen entonces entendió que había tocado cierta parte sensible.

- L-lo siento.

- Eres realmente torpe - lo soltó - deberías ir con el dos puntos - el celular del Moyashi no dejaba de vibrar en el suelo, pero Allen solo miro el celular como si fuera un objeto ajeno a él.

Se sentó a su lado recogiendo sus rodillas contra su pecho.

- ¿Te molesta si me quedo un poco más?

Kanda trataba de respirar tranquilamente. Siguió a Allen y también se encogió antes de que notara que le había provocado una erección. No quería que se fuera, pero tampoco lograba tranquilizarse.

- ¿cómo se hizo blanco tu cabello? - preguntó para concentrarse en otra cosa.

- Pues... Mi papá cree que es una maldición. Cuando era bebé... Se supone que era muy... "Lindo" - paró sintiéndose ridículo, pero Kanda parecía interesado por tan extraña historia - mis primos Road y Neah me trataban como muñeco y jugaban conmigo. Un día trataron de recrear un ritual que vieron en una película de terror. Me ofrecieron como ofrenda y mi padre dice que desde ese día el cabello me creció blanco.

- ¿Qué le sucede a tus primos? - dijo Kanda después de esa loca historia

- Eran niños, les gustaban las películas de terror y ahora Road es gothic lolita... Neah es músico. Alguna vez trataron de intercambiar cuerpos conmigo - rio un poco - están un poco tocados.

- ¿Y tu dejas que hagan eso?

- Me parece gracioso.

-¿Alguien en tu familia es normal?

Allen rio diciendo que Mana, su padre era lo más cercano a la normalidad.

- ¿Qué hay de ti?

- Solo tengo al viejo.

- ¿Y tus padres? - se aventuró a preguntar, aunque sabía que por alguna razón debió detenerse.

- Murieron, no recuerdo nada de ellos, así que tampoco me afecta mucho - dijo al ver la cara de preocupación del Moyashi.

- Lo siento, no debí.

- No importa.

El timbre del receso sonó ninguno de los dos se movió.

- ¿No deberías ir? - pregunto Kanda.

- Tú también deberías ir - dijo Allen sonriendo discretamente.

- Sí, debería - Kanda se acostó, se sentía mucho más relajado ahora.

Allen dudó un momento y se mantuvo nervioso hasta que pasaron cinco minutos desde el toque. Se acostó al lado de Kanda y miró al cielo.

- Creí que saldrías corriendo.

- Nunca había faltado dos veces.

- Nadie te creería rebelde con esas gafas.

- Ya sé que son horribles, pero son más cómodas que mis lentillas.

- Te equivocas, se te ven bien, incluso mejor ue sin ellas.

Allen se sonrojo, era la segunda vez que Kanda le decía algo como eso.

- ¿Siempre te gusta venir aquí? - pregunto ante el extraño silencio que se había hecho entre ambos.

- Es el único lugar donde puedo estar solo, más bien 'podía' - hizo énfasis en esa palabra.

- ¿Te molesta entonces que este aquí?

- No tanto. No si no haces la rutina de mocoso amable.

Allen le dio un codazo.

- Los profesores llorarían si te vieran aquí perdiendo el tiempo conmigo.

- Entonces les regalare un pañuelo - dijo con una suave sonrisa.

¿Qué había pasado con el Moyashi? Kanda rio, realmente se preguntaba si podría ver realmente al verdadero Moyashi pronto.

El celular comenzó a vibrar de nuevo.

- Tu novio es persistente - Allen suspiro cansado tomando el teléfono.

Lo apagó y volvió a recostarse. Nunca se había sentido tan rebelde como en ese momento.

- No es mi novio, es mi amigo, no es el tipo de chicos que me gustan - dijo cerrando los ojos.

- Entonces te gustan los hombres - Kanda casi se caía al piso, afortunadamente ya estaba en él.

- Eso creo, pero a ningún chico le gustan los nerds - se encogió de hombros - ¿Dejarás de hablarme?

Nunca le había dicho eso a nadie, ni siquiera Link lo sabía con exactitud. No sabía cómo reaccionarían las personas.

- No, menos ahora que te saltas las clases, creo que ya no me caes tan mal.

Allen sonrió y cerro sus ojos.

Kanda en cambio sintió que había un extraño rayo de esperanza, pero también cabía la posibilidad en todo lo que había visto que no fuera si tipo, al menos ya se lo había hecho saber, entonces no debía emocionarse mucho al respecto.