Las gafas malditas

Por Katou Yuu

Disclaimer: D. Gray –man pertenece a Katsura Hoshino, este fic ha sido escrito sin fines de lucro.


Llego a casa, se encerró en su habitación, sentía que con todo lo del día se le avecinaba un dolor de cabeza.

No podía detenerse por algo como eso, tomo su cuaderno para hacer sus deberes, de inmediato vino a su cabeza la voz de Kanda llamándolo 'idiota', cerro de golpe el cuaderno.

No tenía por qué adelantar deberes, tampoco era necesario ayudar a los profesores con si fuera secretario, mucho menos tenía que ser tutor de Kanda o estudiar horas extra con Link.

De todas esas cosas la única que no sentía forzada era Kanda. Pero había dicho que "sí" a las demás tanto y por mucho tiempo que no sabía si podría decir que "no" sin causar un desastre nacional.

Redactó formalmente una carta de renuncia del Consejo Estudiantil. La imprimió y firmó, se detuvo a mirarla y se repitió que no importaba si se arrepentía, sólo no la entregaría y todo seguiría igual. Le daba miedo que su vida se alteraba, que cuando se decidiera a hacer lo que le viniera en gana ya no supiera qué hacer.

Su padre seguramente lo desaprobaría, pero ya era momento de intentar ser sólo un alumno regular.

Metió la carta entre las hojas de su cuaderno, esa noche no lo volvió a abrir, simplemente quería descansar.

A la mañana siguiente sintió que había escuchado el despertador, pero inconscientemente lo había ignorado ya a la tercera llamada se despertó viendo la hora sin mucho ánimo, iba tarde según parecía, ese día Allen Walker llego tarde por primera vez, el profesor algo sorprendido le dio tomar asiento pues solo había sido esta vez.

Allen simplemente le dejo el cuaderno con algunos ejercicios, hoy no habría lecciones extra, Kanda se preguntaba que ocurría con el Moyashi pues estaba demasiado raro.

Así estuvo hasta que los exámenes llegaron, todos los estudiantes estaban un tanto nerviosos y ansiosos por los exámenes.

Fue un maratón de evaluaciones que los dejó sin energías, los profesores los masacraron.

Allen comió poco, incluso rechazó uno de los postres que Link le ofrecía. Al finalizar el día, tomó sus cosas y atravesó los pasillos llenos. Hacía años que no se iba temprano a casa. Un profesor le pidió ayuda para ordenar los exámenes del día, pero él se negó. El profesor no pudo replicar, Allen se veía muy cansado.

Regresó a casa y se lanzó a dormir, su padre aún estaba trabajando.

Tenía que admitir que se sentía bien. Estaba solo y tranquilo, le gustaba. Se quedó dormido.

Los resultados no tardaron en llegar, los profesores comenzaban a entregar las notas, todos de cierta manera sabían que cierta persona resultaría salir sobresaliente o eso esperaban.

- Walker esto no es lo que esperaba de ti - dijo el profesor con cierta preocupación en su rostro, Allen solo pidió su examen pues estaba haciendo mucho espectáculo, había sacado una nota regular.

Pensaba que se sentiría mal de sacar una nota como esa, pero más bien le resulto agradable.

Los comentarios no se hicieron esperar entre los alumnos algo sorprendidos, pues nunca creerían que verían a Walker fallar. Kanda miro al Moyashi como si viera a un unicornio, tampoco era lo que esperaba.

Kanda había aprobado. Se dio por satisfecho, pero le inquietaba lo que estaba ocurriendo con Allen.

Lo vio irse a casa de nuevo, Link había tratado de alcanzarlo, pero el Moyashi lo había esquivado.

Kanda volvió a casa decepcionado. Se suponía que si pasaba el examen por fin sabría lo que pensaba de él, pero se había ido casi corriendo.

Llegó a la pastelería y tomó una charola entera de dangos y le pidió al abuelo que le diera la tarde libre. No sé pudo negar después de ver el resultado de su examen.

- ¿Alma, sabes donde vive el Moyashi? - había llamado a su amigo.

- ¿no has ido a su casa? - dijo sorprendido.

- ¿me vas a decir donde está o no?

- es la casa enorme y lujosa de la calle 4.

Kanda por alguna razón supuso que el Moyashi debía vivir como todo un niño mimado pues sus modales no eran para menos.

Alma se había ofrecido de acompañarle pues su sentido de orientación no era el mejor pero aun así se negó. Alma no tuvo más remedio que hacerle un croquis esperando que no se perdiera en el camino.

Siguió las instrucciones al pie de la letra, no solía estar por esa zona, cuando vio la casa se quedó un rato contemplándola preguntándose cual sería la ventana del Moyashi, no era fácil de adivinar, vio el timbre y se preguntó si debía tocar.

En estos momentos se maldecía por .no haberle quitado el número de celular al Moyashi, no tuvo más remedio que hacerlo, pensó que el timbre resonaría por toda la casa y seguro algún mayordomo estirado bajaría a abrirle la puerta, pero nada ocurrió, volvió a tocar pues no iba a volver, así como así.

La puerta se abrió, vio al Moyashi asomarse viéndolo entrar en pánico. al correr hasta la entrada.

- Pero que haces aquí? - Allen miraba a los lados.

- vine a verte - dijo levantando la caja de dangos como emblema.

- de acuerdo, más tarde iré a la pastelería.

- no, quiero tu respuesta ahora.

Allen se puso de mil colores. Su padre estaba por llegar.

- en serio iré más tarde - empujó un poco a Kanda.

- o puedes decírmelo ahora y me iré, pero no tendrás dango.

Allen suspiró y lo jaló de la camisa hace dentro.

Lo hizo entrar, pidió que no hiciera ruido. Kanda lo siguió subiendo las escaleras algo sorprendido por la decoración de la casa, pues le daba una atmosfera inquietante, Allen le indico una puerta, la de su habitación.

- Mi padre no tarda en llegar - dijo como si estuviera contando el tiempo.

- Ya te lo dije Moyashi, quiero saber tu respuesta, aprobé, eso era parte del trato.

Allen suspiro cansado echándose en su cama y abrazando una almohada.

- Antes de responderte...dime algo... ¿Por qué te gusto?

Kanda se sentó en la cama, cerca de Allen.

- No sé, sólo me gustas.

Allen arrugó la cara, esa no era la respuesta que esperaba.

- cuando me perseguías como delegado te odiaba. Las gafas se rompieron y dejaste de ser es estúpido delegado un rato, comenzaste a insultar y ser tú mismo.

Kanda jamás hablaba tanto.

- alguna otra pregunta? Me siento en Miss Universo.

Allen contuvo una risita - Me gusta el verdadero Moyashi.

- Tonto - dijo escondiendo su rostro entre la almohada.

Kanda le hizo sacar el rostro y mirarlo fijamente.

- Ya he respondido a tu pregunta Moyashi.

- Yo lo he estado pensando ... - Allen sentía que las palabras salían con dificultad de su boca, sus orejas se pusieron rojas delatando lo nervioso que estaba.

Kanda se temía que su respuesta fuera tan vaga y tonta que no hubiera convencido al Moyashi. SU comportamiento había sido extraño y una de las opciones que más le atormentaban era que al final mandara a volar tanto a los dos puntos como a él. Si así era, lo aceptaría, pero no se alejaría, y apostaba que Link tampoco lo haría. Sería una batalla interminable hasta que Allen se fastidiara y les dijera que jamás escogería a uno de los dos.

Suspiró, desde el día en el lago pasaba los días pensando lo peor. Se sentía tonto, hace unos meses habría golpeado a Allen.

- Recuerda que tengo una pastelería. - dijo sintiéndose el más tonto del mundo.

Allen se quedó con la boca abierta - No estuve pensando en eso! - dijo completamente rojo - Lo que quería decir es que... tu también me gustas Kanda idiota!

Kanda se quedó de piedra escuchando al Moyashi, este de pronto reacciono cuando oyó un leve ruido que parecía provenir de la planta baja.

- ¡Mi padre esta aquí! - dijo mirando a los lados con cierta desesperación.

Empujó a Kanda hasta hacerlo retroceder dentro de su closet.

- ¿No te deja tener novio? - dijo Kanda metiéndose sin oponer resistencia.

- ¿Novio? somos novios? - dijo desorientado - que yo sepa no hemos acordado nada - dijo arrugando la frente.

- ¡Allen! ¡¿estás en casa?! - la voz de su padre subía por las escaleras.

- ¡Sí! - Allen torció la boca y cerró dejando a Kanda en la oscuridad.

Tenía el corazón a mil.

Trato de calmarse pues su padre lo descubriría, actuó con normalidad y lo recibió, su padre simplemente le sonrió y pregunto sobre su rendimiento en esta temporada de exámenes, tuvo que forzar una sonrisa diciendo que todo estaba bien.

Mientras tanto Kanda en el closet del Moyashi había tocado el interrupto que encendía la luz, de inmediato sintió que ese closet podría ser del tamaño de su habitación, cosa que no debería sorprenderle después de todo al ver la casa desde afuera. Realmente el Moyashi era un niño mimado, había mirado uno de los cajones por curiosidad encontrando la ropa interior del Moyashi doblada y planchada.

Casi se Moria de un infarto cuando el Moyashi le había dicho que también le gustaba, eso significaba que tenía muchas esperanzas. Escucho la puerta de la habitación abrirse, de inmediato cerro el cajón, la puerta del closet fue abierta, ahí estaba el Moyashi mirándolo algo preocupado.

- Creo que deberías marcharte.

- por qué? - Kanda no entendía por qué era tan grave.

- mi padre es... difícil - dijo Allen - por favor, mañana iré a la pastelería.

Kanda sentía que el Moyashi se avergonzaba de él, tal vez su padre sabía de su larga carrera de vago profesional.

- ¿Por donde salgo? - dijo Kanda derrotado.

La declaración había sido lo que esperaba, no lo que sucedió después.

Esperaremos a que entre a su oficina, se queda ahí hasta que sea llamado a cenar.

- ¿algún día me enseñarás a tu mayordomo?

Allen rodó los ojos, pero detuvo el gesto cuando Kanda lo besó sin intención de apartarse.

Allen quiso apartarlo, pero se permitió disfrutar del contacto, realmente le hacía sentir extrañamente bien.

- De seguro tu padre estaría más complacido si salieras con el dos puntos - dijo pensando en lo difícil que sería el padre del Moyashi.

- No me hagas arrepentirme de lo que dije - dijo Allen tirando de un mechón de su cabellera.

Allen se separó, pudo escuchar una puerta cerrarse, su padre de seguro ya estaba en su oficina. Le indico a Kanda que saliera calladamente, bajaron las escaleras, no vio a nadie en el camino pues el personal estaría haciendo los preparativos de la cena.

- ¿mañana? - dijo Kanda antes de pasar por la reja.

- ¡sí, mañana! - dijo Allen apresurándose y besando a Kanda como despedida.

Kanda vio la puerta cerrarse. No le quedó más remedio que seguir a su casa. A pesar de la situación, estaba feliz, el Moyashi también sentía algo por él y ahora debía ganarse su corazón.

Tuvo respirar con calma, pues estaba seguro de tendría una sonrisa bobalicona en el rostro.