Poliandría II El rapto de la reina.

Juu Kyu

Ken, el auto nombrado camaleón; que era capaz de imitar cualquier técnica a la perfección en cuestión de segundos, era la única persona a la que podía encargarle esta tarea. Aunque antes tuvo que cerciorarse de que no fuera un infiltrado.

Llegando al ocaso, Akane solicitó un entrenamiento con el muchacho. Encerrados en uno de los dojos laterales, se preparó para una contienda amistosa, había pasado un tiempo desde que entrenaba con alguien que no fuera Sasuke. Quizá incluso emocionada por el combate se ajustó el traje de entrenamiento a la cintura, sosteniendo un bokken, luego sonrió de manera amistosa al muchacho.

El joven estaba nervioso, más allá de toda palabra. No sabía por qué de pronto lo llamaban para un entrenamientos, pero con todos los chismes circulando aquí y allá le ers imposible concentrarse, aunque no había ganado el torneo del trono todavía permaneció en el Palacio fungiendo como un soldado de las puertas. Claro que había oído sobre el posible embarazo de la emperatriz, lo que le complicaba las cosas con este combate.

Entre tanto se perdía en sus cavilaciones una ráfaga de aire rozó el lado derecho de su cara. Ni siquiera notó cuando la emperatriz ya lo estaba atacando. Sin otra opción, se preparó para agacharse evitando el arma entrante contra su sien. Apenas perdiéndose del golpe por un pelo. Retrocedió con una voltereta hasta quedar a una distancia prudente, poniendo atención a todos sus movimientos.

El intercambio de golpes con la espada de madera resonó en toda la estancia, los pies de ambos se deslizaba por la duela suave como una danza de repiqueteos. El tempo de sus ataques se elevó cada vez más, a esas alturas, Ken ya se sabía los movimiento de ella. No le costó nada evadirlos.

Sin atreverse a atacarla.

A propósito Akane dejó un hueco libre en su defensa, quería ver hasta donde podía ignorar esos intervalos débiles. Quería ver cómo reaccionaba ante la vulnerabilidad. Sin despegar los ojos de todos sus movimientos, continuó atacando aunque sin recibir un solo golpe de vuelta, al menos continuaron de esa manera casi una hora. Hasta que Akane se detuvo. —¿Por qué no me atacas?— preguntó.

Ken bajó el bokken haciendo una pequeña reverencia. —Disculpe su Majestad, solo estoy siendo cuidadoso— habló él con tono cortés.

—No te apures por eso, se supone que es un entrenamiento. No sirve si no me esfuerzo contra el otro peleador. Vamos, sigamos otra ronda, pero esta vez atácame con todas tus fuerzas.

Él se mordió un poco los labios, murmurando —Con todo respeto su Majestad, aunque sólo he oído de esto como un rumor, todavía me atrevo a darle un recordatorio. Usted, no debería esforzarse mucho, de hecho parece ser que su técnica es un poco inestable— tras sus dichos, se inclinó a modo de disculpa.

Akane lo observó largamente. El aplomo de estos tres hombres acerca de su salud, demostró no solo que eran leales, también se preocupaban genuinamente por ella. Con delicadeza posó una de sus manos en el hombro de Ken indicándole que se levantara. Para su fortuna, tres importantes elementos estaban de su lado. —Ken. Realmente agradezco que te hallas tomado la molestia de no utilizar mis bajas defensas para atacarme. Siendo sincera, esto fue una prueba— El chico abrió los ojos, no esperó esta revelación. Ni mucho menos entendía las intenciones de la emperatriz. Sin mucho que opinar, solo pudo asentir minimizando el asunto. En su lugar fue ella quien continuó hablando. —Hace poco, descubrí que alguien me está envenenando.

La información fue como un rayo cayendo a la tierra en seco. Por supuesto, cualquiera habria actuado con tal sorpresa. Porque se suponía que la emperatriz era la persona mejor resguardada en todo el país. Cientos de soldados, odaliscas, guardias y sirvientes estaban ahí para protegerla. —¿Cómo es posible?— se escandalizó. Luego ella procedió a explicarle lo que encontró hasta ahora. —Y usted me está diciendo esto porque…

—Quiero que seas mis ojos. Entre las opciones que delimité para mi envenenamiento fueron la comida, el agua, mis atuendos, el agua del baño.

—Disculpe mi lentitud Majestad. Pero no comprendo.

—De todo el Palacio, tú eres el que tiene una memoria casi perfecta, en cuanto ves algo aprendes a copiarlo sin mucho esfuerzo. Lo que me gustaría de ti es que vigiles algunos lugares. Con lo detallada que es tu capacidad de retención estoy segura de que no perderías un solo movimiento en caso de que algo resulte extraño— mientras explicaba su plan el tiempo se escurrió entre los granos de arena bajando por el reloj. Después de detallar cada paso de su incipiente estrategia llegó la hora de cenar.

Safron estaba en camino de vuelta, sintiendo el traqueteo del carruaje leyó una de las misivas secretas que su guardia personal entregó momentos antes. Desde que su gente se infiltró en Nerima, las raíces finalmente estaban dando sus frutos.

—Daitokuji— llamó al hombre cabalgando a lado del vehículo. Con elegancia extendió una de sus manos asomándola por la cortina, entre sus dedos se hallaba la misma carta. Igual que siempre, el hombre se encargó de destruirla. —Dile a la escolta de Shampoo que empiece la incitación. La visita del emperador viudo debió haberse referido a ese problema. Asegúrate de que la amazona— indicó. —También dile a Kiema que se prepare, pronto deberá moverse también.

El problema del que hablaba, fue el nombramiento de un emisario imperial. Con las sospechas puestas en su futura descendencia, el emperador viudo no arriesgaría a su hija para partir al campo de batalla. En su lugar preferiría declarar un emisario.

Debido a que solo una emperatriz utilizó este título desde la fundación del Imperio Poliandría, la gente desconocía el hecho de que en caso de perder a la figura mayor, el emisario se encargaba de la administración durante el período para selección de nuevas doncellas. Cuando se estableció la dinastía de Akane, su abuelo y su padre tuvieron que asumir el rol de plenipotenciario cuando sus esposas murieron porque no existía otra figura. Si Shampoo oía sobre tales registros de alguien que no fuera él, sería mucho más fácil hacerla saltar al frente por esa posición.

En cuanto su sierva de compañía quien era uno de los agentes plantados por Safron desde hacía años escuchó las órdenes, no demoró en pintar paisajes para la joven de ojos felinos. —Señora. Parece que está muy pensativa— intervino colocando los libros en el estante de su estudio. Luego de despedir formalmente al soberano, continuó haciendo trabajo de escritorio durante el resto del día, sin embargo las palabras del hombre fueron como darle azúcar a una abeja, su concentración zumbando en la misma duda.

—Hubo algo que el emperador dijo— fue honesta, la escolta a su lado llevaba sirviéndole a su familia desde su abuela, jamás sospechó de ella. —Algo sobre ser la emisaria imperial.

—¿Emisario imperial?

—No entiendo qué es lo que pretende. Sabe que jamás le entregaría mi vida a esa buena para nada.

—¡Señorita!

—No importa como la llame, estamos solas. Sabes que no la tolero— se quejó abandonando el pincel sobre el reposador de jade. —Pero no lo entiendo, de alguna manera parecía querer ponerme en esa posición, pero no lo mencionó más cuando lo rechacé.

Entonces, una luz astuta atravesó los ojos de la mujer mayor —Señorita, tal vez no deba decirle esto. Pero, probablemente el emperador se está previniendo para un escenario catastrófico.

—¿Escenario catastrófico?

—Usted sabe, circula el rumor sobre su Majestad embarazada. Pero es a lo sumo una especulación. Antes de que se esparciera esa teoría, los cortesanos creían algo distinto.

—¿A qué te refieres?

La mujer bajó la voz entonces. —También se especuló que su Majestad está enferma. Es algo no confirmado pero desde hace tiempo se pensaba que su dinastía está maldita, encima las dos emperatrices anteriores también han muerto a temprana edad.

Shampoo proceso despacio lo recién dicho. Desmenuzando a conciencia la historia familiar de Akane. La salud de la emperatriz era un secreto de estado, claro que intentarían cubrir cualquier deficiencia si algo resultara amenazante. Si el desmayo en el banquete no se debió al embarazo sino a una enfermedad las palabras del emperador cobraban una especie de sentido. Sin embargo todavía no se sentía segura incluso para especular. —De cualquier modo, si realmente resulta embarazada eso garantiza que su familia seguirá contendiendo por el trono. Una vez que nazca su hijo yo seré esclava para toda nuestra vida. Si ella llega a morir joven es probable que me entierren viva para acompañarle al más allá.

La escolta esperaba justamente estas palabras. —Señorita, no debería preocuparse por eso. Los emisarios imperiales no son parte de la vivisepultura. En realidad, se convierten en regentes temporales durante el período de combates por el trono si la emperatriz a la que sirven muere.

Ese dato hizo que los ojos morados se abrieran hasta su límite. —¿Cómo sabes eso?

—Cuando su abuela fue emperatriz, este sirviente también revisó muchos registros del Palacio. No me atrevería a mentirle. La primera emperatriz de Poliandría fue la única que lo hizo, nombró a un emisario para controlar las zonas en caos que ella misma no tenía forma de manejar y cuando esta murió, su emisario se convirtió en el líder temporal del pueblo. Desde entonces los emisarios no se han usado, pero ciertamente son importantes.

La joven adoptó una postura meditabunda, perdiéndose entre sus pensamientos. Las posibilidades.

Satisfecha por incrustar la duda en su mente, la guardaespaldas sonrió avariciosa. Deseando las recompensas prometidas por el emperador.

Continuará…