Notas del Autor: 12/02/2021
¡Alom los saluda!
Lamentablemente el retraso surgió de la cantidad excesiva de trabajo combinado con las reparaciones en mi casa causadas por la época de huracanes… se hizo un merequetengue mi vida
No estén preocupados por el abandono del proyecto, aunque mi ausencia sea prolongada les aseguro que no descansaré hasta verlo finalizado… literalmente, ¡vivo noches de tormento al pensar en dejarlos plantados!
Les agradezco su paciencia a la espera de cada capítulo, desde el principio fueron avisados que las actualizaciones serán tardadas, sin embargo, me aseguro que sean recompensados con los eventos de cada entrega.
En este capítulo asistiremos a una coronación
Gracias por sus comentarios y seguir conmigo esta historia
Los veo en las notas finales las cuales serán extensas al igual que este capítulo, han sido advertidos mis queridos náufragos.
Descargo de responsabilidad: No soy dueño de "My little pony"
Los demás personajes mencionados en este fanfic me pertenecen
¡ADVERTENCIA! ESTE CAPÍTULO CONTIENE VIOLENCIA IMPLÍCITA/REFERENCIADO ¡SE RECOMIENDA LA DISCRECIÓN DEL LECTOR!
Capítulo 5. En las cavernas retumban los ecos del pasado
Despertó sin sobresaltos, permaneció inmóvil para evitar el dolor de cabeza y del brazo, aprendió muy bien del pasado. Seguía en el mismo sillón, en la misma biblioteca, en el mismo inframundo con una sola frase retumbando en su mente:
"mi nombre es Klastos"
Después de aquella afirmación, Spike sintió un frío repentino y nauseas, pero esto no era obra del rey del inframundo, solo una advertencia de su cuerpo previa al desmayo, aunque este hecho no calmó sus nervios.
Se debatía entre perderse en las interrogantes sobre Klastos y la preocupación por su propia seguridad. Para su tranquilidad prefirió ignorar lo anterior para escudriñar a detalle la biblioteca. Centró un momento de su atención a los magníficos cristales amarillos del techo y sus ojos se abrieron camino a través de los reflejos de luz que apuntaban a las estanterías o terminaban en algunos muebles de la planta inferior donde Spike descansaba.
Aparte de la mesa central y el sofá a juego donde reposaba, varios escritorios de madera se distribuían en el estudio del rey, comprendió que cada uno correspondían a sus mesas de trabajo, pues en uno se encontraban diferentes gemas, rocas y pequeñas herramientas de minería, en otro se ordenaban probetas, vasos de precipitados y cilindros de vidrio etiquetados con una pulcra letra, algunos contenían líquidos u otro sólido pero no deparó tiempo para determinar el material, supuso que igual realizaba pócimas como su vieja amiga Zecora, pero con métodos más sofisticados, pensó al ver los mecheros y lo que parecía un microscopio.
En el último escritorio se cernían pequeñas torres de libros y pergaminos, con un restirador a un lado con bosquejos a medio terminar. A pesar de la limpieza y orden se escapaban pequeñas manchas de tinta y un contenedor al tope de papeles arrugados, pruebas incriminatorias de arduas horas de trabajo, Spike se consideraba un experto en identificar a los esclavos de las letras, incluso los reyes al igual que las princesas se quebraban a ellas, tal pensamiento le dibujó una irónica sonrisa.
En el centro de los escritorios se alojaba un impecable piano y una mesa cuadrada que sostenía una maqueta de una montaña que le recordaba a…
Sus orejas se crisparon ante el sonido de la chimenea, giró levemente su cuerpo para observar las rocas obsidianas que alimentaban el fogón, estas crujían y fulguraban cual lava, tiñendo levemente de carmesí alrededor, el marco de piedra negra de la chimenea era embellecido por bordes de oro, bastante detallados con un gran escudo en el centro exponiendo dragones que sostenían una gema, encima de este pudo observar una pintura enmarcada.
En el recuadro se plasmaba a un pequeño dragón de brillantes escamas negras, sostenido en brazos por una dama dragón de tersas escamas grises, la belleza junto a los ojos purpura de esta lo cautivaron, había cierta benevolencia en ellos que acogían su corazón.
"Bienvenido nuevamente" un amable saludo interrumpió su contemplación, sin pensarlo Spike, hundió sus garras en el sofá y apretó los colmillos
"Perdiste la conciencia ¿Sentiste algún tipo de malestar previamente?"
Cualquiera hallaría serenidad en sus palabras, sin exigir su voz infundía respeto y confianza, su elocuente lengua bífida emponzoñaba un dulce sosiego en cada sincera preocupación hablada, pero no para Spike, para él, la cordialidad de Klastos solo implantó la confusión la cual tendía a distorsionar los matices amigables de su anfitrión.
"Estas sudando, ¿Serán indicios de fiebre?, me asegure de limpiar tus heridas"
Spike sentía como caían las gotas de sudor en su frente y los latidos salvajes de su corazón, apretó la mandíbula paralizado, aunque los corteses ademanes de Klastos eran apacibles, el solo consideraba las temibles garras que se exponían en sus manos diestras, cada uno de sus movimientos era una alerta para un súbito asalto, incluso detrás de aquella franca sonrisa solo avisaba los peligrosos incisivos.
Se hundió más en el sofá intentando alejarse del acercamiento del dragón desescamado, avisó como las garras se aproximaban careciendo de buenas intenciones.
"¡Aaahh!" gritó Spike cerrando los ojos con fuerza a la espera del dolor, pero solo sintió su rostro frío y mojado
"¿Ah?" dijo Spike sin exaltarse, pero ahora confundido, llevó su mano a su cabeza para descubrir una toalla húmeda
"¿Sientes alguna dolencia? Estoy seguro que administré lo necesario, pero es posible elevar la dosis si no encuentras alivio ¿Eres alérgico a alguna sustancia?" preguntó curioso por el comportamiento de su paciente, para consuelo de Spike, Klastos relacionaba su conducta con su estado físico sin tomar algún prejuicio en contra su persona.
"Todo en orden… por un momento yo vi…me pareció" intento explicar avergonzado
"¿Delirios? Oh…no creí que fuera tan grave, pero no desesperes igual puedo tratarlo" dijo volteándose, buscando entre sus escritorios para descubrir una sierra
"¡NO!" gritó apresuradamente, Klastos abrió sus ojos sorprendido por el arrebato "estoy perfectamente bien, no tengo delirios o alucinaciones … tuve un mal sueño y no recordaba donde me encontraba" explicó tratando de sonar convincente y tranquilo.
Klastos observó la sierra y se encogió de hombros, guardó la herramienta ignorando el suspiro aliviado del dragón morado.
"Por cierto, encontré tus pertenencias" comentó acercándose con una mochila azul para asentarla en el regazo de Spike.
Spike no identificó la mochila, esta no le pertenecía e iba a externar aquel detalle, pero un brillo de la bolsa lo interrumpió, al intentar inspeccionarlo, del interior cayó la buscadora parpadeando, Spike tuvo intención de atraparla, pero la rebelde se escapó saltando por el suelo hasta llegar a los pies de Klastos.
Sin dudar se hincó para obtenerla, se enderezó y levanto la garra para observar el objeto, este pareció reaccionar a él, pues las enredaderas que alguna vez persiguió Spike envolvieron momentáneamente el brazo del sin escamas.
"Curioso" dijo absortó Klastos
Spike tragó nerviosamente ante el interés de este, tal vez las historias se equivocaban en describirlo, sin embargo, la avaricia sería siempre la perdición del dragón.
Las pupilas se dilataban escaneando la buscadora, Spike indudablemente pensó que pronto la codicia prevalecería en aquellas cuencas rojas desenmascarando cualquier amabilidad anteriormente ofrecida, pero al igual que todos sus anteriores estigmas, este erró.
El supuesto Rey del inframundo terminó de revisarla para entregársela en sus garras sin ceremonias
"Es una magia peculiar debo decir, tuviste suerte de no extraviarla o quebrarla en tu caída" dijo con un tono que carecía maldad alguna
Spike observaba boquiabierto entre la piedra y Klastos, definitivamente la armonía tenía algún tipo de humor macabro.
Klastos giró la cabeza de lado frunciendo el ceño ahora confundido, preocupado vio la mochila entregada a Spike mientras se explicaba
"Tu anterior mochila no sobrevivió a la caída, ¿Tiene algún valor sentimental? Podría esforzarme en recuperarla, aunque dudo que haya mucho que rescatar, lo lamento" dijo entendiendo que la perdida material turbaba a Spike
"Umm… gracias, no tiene importancia, no debiste molestarte en darme una, la mía ya estaba vieja de todos modos"
"Tonterías, te hacía falta y no es que salga mucho de mi hogar" agitó una garra despreocupadamente
"Gracias… eres…. eres muy generoso… disculpa ¿tu nombre si es Klastos?"
"Pérdida de memoria… presentas síntomas extraños debo decir" dijo mirándolo de reojo
"¡Te repito que estoy en perfecto estado, solo era para confirmar!" respondió a prisa Spike, se tranquilizó al escuchar la baja risa de Klastos, definitivamente le estaba tomando de las escamas.
"Si, ese es mi nombre ¿Difiere a como nombran en la tierra de Dragones, Spike?"
"Si, bueno no, quiero decir no hay una regla para elegir nombres, pero el tuyo suena igual de tosco, es un buen nombre" no quería ofenderlo después de todas aquellas suspicacias se sentía culpable
"Mmmh" simplemente respondió aceptando el esclarecimiento
"Klastos tu… ¿tú eres el Rey de Irkalias?" la incredulidad ante lo que conllevaba aquel nombre impulsó a Spike a preguntar sin delimitarse por cortesías o temores
Klastos parpadeo hacia Spike, llevando su garra a su barbilla pensativamente
"No lo había pensado, nuestro antiguo régimen autoritario era dirigido por dos soberanos, rey y reina, con su respectivo consejo. Pero ahora soy el único, solo yo mantengo las cosas en orden y mi palabra es absoluta… creo que si podría considerarme rey de Irkalias… o su cuidador, no veo la diferencia" concluyó al final.
Spike le desconcertó aquella información, la buscadora la había guiado hasta su portador, no creía que está se equivocara, Klastos era el elemento de la generosidad. Lo observó mientras se servía una taza de té, la imagen contrastada con el Rey del inframundo cometiendo genocidio no cuadraba.
"Klastos" inició Spike
"Umm" tarareo en respuesta mientras bebía de su taza
"¿Cómo fue la caída de Irkalias?" Lanzó Spike antes de tener cualquier arrepentimiento
La pregunta congeló a su anfitrión, escuchó como se atoraba su bebida en la garganta para ser tragada audiblemente
"¿En verdad mataste a todos?" preguntó nuevamente, sin darle tiempo de responder a su anterior interrogante
Klastos parpadeo hacía Spike asimilando su cuestionamiento, pero nunca mostró enojo alguno
"No" dijo finalmente, y él le creyó "nunca tomaría la vida de otro y era muy pequeño cuando ocurrió" agregó
Spike se relajó visiblemente, con la declaración de Klastos desapareció todo temor infundado
"¿A qué has venido Spike? Eres el primero en encontrar la entrada a mi hogar, no te perdiste ante mis ilusiones o desvíos, y no soy un creyente de las coincidencias" levantó una ceja hacia el inquiriendo respuestas
Ya no significaba una amenaza, pero Spike sabía que no debía darle razones para considerarlo un enemigo, era un ser razonable y empático. Ahora sin el miedo presente, la curiosidad se hizo cargo ¿Qué había pasado con Irkalias? Miro directamente a los ojos de Klastos en busca de respuestas
"Vine… vine por qué quiero saber tu versión de la historia" dijo finalmente Spike
Los ojos rojos de Klastos se curvaron mientras se carcajeaba, Spike se pasmó ante su ataque de risa, se cohibió apenado, el no consideraba su pregunta algún tipo de chiste, que alguien como Klastos se burlara por sus cuestionamientos lo incomodaba.
Klastos percibió esto y recuperó la compostura tosiendo detrás de su puño.
"Perdóname, no quise ofenderte, ciertamente me sorprendes, no eres como tus parientes de la tierra de los dragones, han pasado siglos que no atravieso más allá de las cavernas… O eres diferente o el mundo ha cambiado, tal vez ambos" una sonrisa estuvo presente mientras tomaba asiento enfrente, apoyó su cabeza en su palma mientras sus pupilas se enfocaban en Spike.
Aunque hasta el día de hoy Klastos no se consideraba algún miembro de la realeza, definitivamente daba presencia, su postura siempre segura y elegante. ¿Así eran todos los dragones de Irkalias? Probablemente esta era una de las mayores razones que, aunque ser de la misma especie los habitantes del inframundo y la tierra de los dragones no congeniaban.
"Tú tampoco eres como otros dragones que conozco o como las historias te relatan…"
Las pupilas de Klastos se afinaron sin perder su sonrisa
"¿Has venido a enfrentarme Spike?" mostró una sonrisa colmilluda
Spike tragó audiblemente y se encogió ante su cambio de actitud, se relajó al escuchar la risa juguetona de Klastos, "Por Celestia este tipo va a matarme de un susto"
"Perdóname nuevamente, no puedo evitarlo, tiene tiempo que no entablo conversación alguna y tiendo a olvidar mis modales. Disculpa a este egoísta que busca su propio entretenimiento, creo que la soledad me ha afectado… hay ocasiones que digo en voz alta mis pensamientos" gorgojeo al final
No vio daño alguno, sus ojos brillaban jovialmente cual niño, era una grata sorpresa ver como alguien tan formal tenía una faceta divertida a su modo, podría acostumbrarse a este tipo de humor distintivo.
"Parece que estuve nervioso a tu presencia injustificadamente" comentó Klastos
"¿Nervioso?" preguntó Spike incrédulo
"Mmmh, en el pasado nunca he compartido agradables experiencias con los ocupantes de la tierra de dragones… me avergüenza aceptar que me adelante a los hechos sin ni siquiera conocerte, confiaba que serías un paciente difícil y algo grosero…" un ligero rubor tiño sus mejillas blancas "mi madre me hubiera reprendido por tales inquisiciones…" miró su taza sonriendo tristemente "Estaba mortificado, al final no fueron necesarios los tranquilizantes o ataduras para tratarte" dijo sonriéndole
Ambos rieron ante el comentario
"Es broma ¿verdad?" preguntó Spike
Klastos en respuesta solo levantó sus hombros y bebió de su taza mientras lo miraba de reojo con una sagaz sonrisa
Spike negó con la cabeza sonriendo, era gracioso el pensar que ambos se sentían abrumados ante la presencia del otro por sus prejuicios.
Un gruñido sobresaltó a ambos, giraron sus cabezas en todas direcciones en busca del tercer invitado, resultó ser el estómago de Spike, intentó detenerlo abrazando su estómago, sonrió a Klastos avergonzado por sus modales
"Creo que es hora de la comida" dijo Klastos
Después traerle una bandeja con las mismas piedras que había comido antes de desmayarse, Klastos se había retirado a atender sus deberes. Spike masticó las piedras en calma e incluso probó un poco del té que bebía Klastos, era un tipo de infusión espesa hecha con polvo de piedras, era delicioso, pero le encanto más la sensación que dejaba al filtrarse por su lengua y garganta.
Al estar satisfecho se acomodó en el sillón, el desgasto emocional estaba cobrándole factura a su cuerpo, se sentía agotado. Se dejó llevar por el cansancio, saber sobre Irkalias y el elemento de la generosidad podría esperar, pensó al cerrar los ojos, feliz al saber que ya no habría pesadillas.
"¿En verdad no quieres que nos teletransporte? Estaríamos ahí en un santiamén"
Harebell había perdido la cuenta de las veces que Discord había sugerido teletransportarlos a la aldea de lo Unin, o las veces que había insistido en invocarle un abrigo robusto, o las veces que se ofreció para cargarla o usar una excesiva carrosa guiada por cerdos alados alegando la importancia del reposo de su ala herida, aunque sus respuestas fueran firmes el siempre volvería a preguntar, pero no le importaba cuanto el insistiera, ella siempre le respondería con una sonrisa sin detener su paso y suplicaría en silencio que no la delatarán el calor de sus mejillas ante la atención del draconequus.
"¿Segura que puedes caminar?"
Ahí estaba nuevamente, ofreciendo por enésima vez su ayuda, sin embargo, podría haber preguntado tal la cantidad de estrellas en el firmamento y siempre que preguntará ella se sonrojaría, le faltarían las palabras, negaría con su cabeza avergonzada no queriendo causarle molestias, pero tampoco ser malinterpretada y herir sus sentimientos al rechazo
"No es necesario, gracias por preocuparte, ya has hecho demasiado por mi" dijo sin atreverse a mirarle a los ojos "Es mejor galopar a la aldea, ¡El pobre de Lukka se espantaría si desapareciera de la nada!" exclamó afligida, agachando sus peludas orejas mirando encima de su hombro
La bestia los acechaba manteniendo su distancia, viendo con recelo a Discord, en ocasiones se perdía entre los árboles o se volvía uno con la nieve, vigilándolos en silencio. Solo contadas veces Discord fue capaz de vislumbrar sus cuencas naranjas en las sombras del bosque, o le inundaba la sensación de ser observado sin avistar al felino.
"Dudo que le espante que auxilie en tu caminar" señaló sonriendo
Lukka gruñó ante el comentario, Discord solo le dio una sonrisa con los dientes apretados, en el poco tiempo de conocerse lo único en que concordaban era en el desagrado mutuo y que ambos calmarían sus humores ante la tierna risa de Harebell
"Solo me herí el ala, puedo caminar por mi cuenta" dijo sonrojándose "En verdad eres muy amable, ya has hecho demasiado por mi…" repitió Harebell sin encontrar irritante la insistencia de Discord
"No es nada, no hice la gran cosa" dijo nervioso
Lukka rodó los ojos en fastidio y resopló ante la condescendencia de ambos, la vampira y el draconequus giraron parar enfrentar a la mal humorada bestia y sonrieron incómodamente el uno al otro a sabiendas que sería un cuento sin fin al menos que uno desistiera.
"¿Por qué no llegamos a un acuerdo? No me agradeces nuevamente y yo no insisto en cargarte y/o teletransportarnos?" le extendió su pata de león sonriendo para cerrar su trato
Harebell asintió con su suave sonrisa y le tendió su casco, se dieron un amistoso apretón y continuaron a su destino.
Mientras caminaban, la cola de Discord empezó a agarrar bolas de nieve, al lanzarlas al suelo se formaban pequeñas figuras muy detalladas de algún mueble, animal, fruta, pony o combinación de alguno, algo o todo.
Lukka juzgó con desprecio a cada una de los muñecos de nieve antes de pisarlas reiteradamente, reduciendo en una triste pila de escarcha sin forma, el felino sonrió triunfante en la destrucción de cada escultura hecha inconscientemente por el señor del Caos, este ni cayó en cuenta de la perdida, se encontraba inmerso en la charla con Harebell.
"No muchos muestran amabilidad a alguien que pueda clavarte los colmillos" habló con una sonrisa triste Harebell
"Igual puedes morderme" orgullosamente señaló su ser para enfatizar, sonriendo arrogantemente
Lukka abrió las mandíbulas encima de la cabeza de Discord ante la invitación ajena, Discord levantó la mirada enfadado y agitó los brazos para ahuyentar al felino
"¡Era solo para ella!" le aclaró
Harebell rio suavemente, colocando su casco enfrente de su hocico. Discord se derritió ante el gesto, literalmente, era todo un charco sobresaliente en la blanca nieve.
Fueron aquellas comunes expresiones que solo eran propias de su querida Fluttershy, el las conocía de memoria, pues siempre recurriría a los fotogramas de su mente preservando su recuerdo, nunca imaginó que en su porvenir volvería a ser testigo de ellas, y que los más triviales gestos fueran los causantes de entrañables conmociones.
Al ver que ella lo miraba con curiosidad, se coaguló en su forma original
"Je je je no puedo quedarme en un solo estado… entonces ¿Después de la visita a los hospitalarios Unin, viajaremos a tu hogar?" preguntó Discord
"Umm si… desde que llegué a Gorias no he vuelto a visitar a mi familia…" poco a poco bajó su tono de voz
"¿Te incomoda ir a verlos?" preguntó receloso ante el reacio de Harebell a convivir con sus parientes, el personalmente recompensaría o atormentaría a sus allegados, acorde al trato dado a su querida esposa en los años pasados
"¡Oh para nada!, son muy amables y cariñosos conmigo, me envían muchas cartas y vienen a verme algunas veces al año, comprenden mi deseo de no abandonar Gorias… es sólo que me sentí un poco culpable, mis padres respetan y apoyan mis decisiones… tiene tiempo que no me he dado una vuelta para acompañarlos, aun así tampoco me han reclamado … creo que debería visitarlos más seguido o aunque sea una vez al año…" alegó sin saber el por qué le explicaba estas cosas a Discord, se consideraba un ser de pocas palabras, pero se sentía tan a gusto el hablar con él, a pesar de no tener mucho tiempo de conocerlo.
Discord por su parte escuchó con mucha atención todo aquello que deseará decir, siempre le fue difícil el permanecer callado y atento, pero con ella no era el caso… nunca lo fue.
"Se alegrarán con tu decisión y puedo ser un suplente en tu puesto si lo necesitas" agregó sin querer presionar el tema de sus padres, para ella, él era un desconocido ¿Qué clase de impresión daría un nuevo conocido que atribuye de posible secuestro y lavado de cerebro a sus padres sin prueba alguna?
Discord ansiaba respuestas, sabía que debía ser cauteloso en su búsqueda, no sólo había la posibilidad de que quedarán impunes los culpables, igual estaba en juego Fluttershy-Harebell, un error y ella podría rechazar su compañía o atemorizarla.
Su mente maquinaba posibles hipótesis con la información obtenida de Harebell, literalmente en una parte de su cabeza creó una oficina de investigación con varios Discords anotando con crayolas de colores, guardando papeles en las gavetas del techo, sirviendo café o quemando la basura del portapapeles… ¡FUEGO!
"Discord… esta saliendo humo de tu oreja" la voz preocupada de Harebell lo devolvió a la realidad
En la oficina de investigación, un Discord apaciguó el incendió con un extintor, pero no midió la cantidad correcta, ahora el departamento se encontraba suspendida en labores debido a la nieve artificial que cubría el área de trabajo
"No te sorprendas si un día me vez en llamas querida, ¡Soy ardiente!" dijo con un traje de bombero mientras se tiraba una cubeta de agua, se formó una nube de vapor al entrar en contacto con su piel el líquido
Harebell solo se reía ante sus extravagancias, nunca le dirigió alguna mirada juzgadora a diferencia de Lukka
"Lo tendré en cuenta" dijo Harebell
"Aunque igual el que te preocupes por mi-"
"¡Finias!" lo interrumpió Harebell antes de galopar a toda prisa hacia un viejo poni gris
Discord lentamente se acercó, con cierta suspicacia vio como Harebell saludaba alegremente al líder de los Unin, este le correspondía el saludo con una reverencia con la cabeza y una sincera sonrisa.
"Oh Finias, Me da gusto el encontrarte, me estoy dirigiendo a la aldea pa-"
"Harebell ¿Qué le ocurrió a tu ala?" preguntó con una preocupación visible, sus pupilas se rasgaron al ver las vendas
"Oh esto... un descuido de mi parte…" explicó agachando la cabeza, tratando de ocultar su vergüenza y semblante triste atrás de su melena
"Descuido, Interesante apodo para los cazadores" comentó Discord flotando por encima
"Ahh pequeño, veo que hallaste lo que buscabas" dijo Finias notando finalmente la presencia del señor del caos
"Finias" saludó Discord mordazmente, se cernía sobre el viejo con la intención de intimidarlo, pero Finias no se inmutó ante su tono o postura, solo le dio una sonrisa mostrando ligeramente sus incisivos. Discord admitió para sí mismo que le sorprendía que Finias no fuera perturbado por su apariencia y el hecho de saber quién era, a pesar de haberse presentado ante el en una forma poni.
Lukka se sentó a lado de Harebell y respetuosamente asintió hacia Finias, el igualó el saludó a la gran bestia.
"Entonces el minino si conoce de modales" pensó Discord
"¿Conocías a Discord?" preguntó Harebell a Finias
"Vino a mi para hallarte, aunque mi abuela y madre me han contado un par de historias sobre cierto señor del caos" le respondió mirando a Discord
"¿Sí? Nunca me has contado sobre ellas ¿Podemos escucharlas?" sus ojos brillaban en ruego
Discord se congeló ante su pregunta, las anécdotas de los Unin deberían ser sobre su antiguo yo, era algo que quería omitir por ahora, todo lo que le había contado a Harebell sobre su reformación y del anterior elemento de la amabilidad era superficial.
No quería que hurgara en su pasado y entrar en detalles que arruinarán sus posibilidades de recuperarla. Apretó su collar aprensivamente, prensó nervioso su mandíbula mientras pensaba en algún tipo de salida.
"Preferiría escuchar cómo la hija de Gorias tuvo un descuido con su ala" dijo Finias
Discord soltó aire aliviado, alcanzó a ver como Harebell se sonrojaba antes de ocultarse nuevamente detrás de su melena, para su descontento decidió por esta vez estar del lado del viejo poni
"En verdad es una historia interesante, Querida ¿Por qué no la cuentas mientras caminamos a la aldea?" dijo sonriéndole con complicidad
Harebell, no encontró el valor o excusa para negarse así que solo asintió mientras sonreía tortuosamente.
El grupo caminó mientras Harebell contaba el incidente, recalcando lo preciado que fue la ayuda de cierto draconequus. Finias escuchó en silencio limitándose a asentir o hacer alguna breve pregunta, pareció intrigado por el veneno obtenido por los cazadores, comentó que enviaría a un grupo de vigilancia al bosque de ceniza cerca de los límites del pantano, siendo cautelosos de encontrarse con Nextha.
Harebell se sintió aliviada por el apoyo de los Unin, al igual que ella, amaban Gorias, por lo que cuando llegó al punto de explicarle a Finias de su partida, una parte de ella sintió que le estaba traicionando a su hogar.
"Debe venir a más tardar una semana uno de los míos, los cazadores últimamente han estado más activos…" expresó con gran pesar recordando a la pobre Artemisa
"No está mal tener un casco de más, pero dudo que pueda reemplazarte o ame como tú a estas tierras y sus bestias" dijo Finias
"O a sus habitantes" murmuró sarcásticamente Discord
"Toci insistirá que viajes al anochecer, aquí el fogaje y la época son tus aliados, dudo que el clima sea similar en otros reinos" continúo Finias ignorando el comentario de Discord "Aunque es temporal tu ausencia permítenos compartir una comida antes de tu partida"
"Me encantaría, igual necesito dejar algunas cartas para que entregue a Dagda y al gremio de cazadores" Harebell señaló sus alforjas
"Pensé que la ciudad era su enemigo" opinó Discord con sorpresa, sus orejas se movieron ante la risa de Finias
"Algunos cazadores son problemáticos, pero no permitiremos que una minoría arruine nuestras relaciones con los extranjeros o el tratado, hemos avanzado mucho para volver sobre nuestros trotes" sostuvo Finias con orgullo
Habían llegado a la aldea, fueron recibidos por los potros y potras, abrazaron con cariño a Harebell y le suplicaron que la acompañara en sus juegos, pero tuvo que negarse mirando como excusa a Discord.
Curiosos ante el nuevo invitado, rodearon a Discord y lo abordaron para examinarlo sin cuidado alguno, jalando de sus alas o colgando de su oreja y cuerno, uno incluso tuvo la osadía de morderle la cola.
Lukka se río al ver como perdía la dignidad el draconequus en los cascos de los infantes, los pequeños advirtieron su presencia y con sonrisas traviesas cambiaron de objetivo.
Abrió los ojos en asombro fijándose en cómo se acercaban ahora los pequeños a él, maulló despavorido y salió huyendo de sus diminutos pero peligrosos perseguidores.
"Ten cuidado con los pequeños" aconsejó Harebell a Lukka mientras este huía
"¡¿Cuidado de los Pequeños?! Engendros diría yo, perdí escamas de mi preciada cola" se quejó Discord abrazando su cola
"¿No mencionaste antes que no te importaba ser mordido?" preguntó Harebell riendo
Discord abandonó su cola para darle una mirada traviesa antes de reír pícaramente, se enroscó alrededor de Harebell sin acercarse demasiado a su espacio personal, debía ser cuidadoso con una criatura tan delicada como ella después de todo.
"Querida ¿Cuántas veces debo repetirte que la propuesta era solo para ti? ¿En verdad lo olvidas o es que te fascina que lo admita?"
Harebell se sonrojó furiosamente, sabía que sus intenciones eran simplemente juguetonas, era evidente con solo ver como se ensanchaba su sonrisa ante su reacción, sin embargo, eso no ayudó a su situación. Su mente era todo un embrollo que no se decidía entre chillar, ocultarse, balbucear, reírse o tener un poco de valentía y confianza para responderle con el mismo descaro.
Discord se percató de su conflicto interno, para mala suerte de Harebell, el lo estaba disfrutando y quería más.
"¿Qué pasa? ¿El minino te comió la lengua?" ronroneo mirándola de reojo
"Yo…Tu..tt…¡TOCI!" salió corriendo Harebell lejos de Discord para abrazar a su distraída amiga, aunque la tomó con la guardia baja, Toci solo se encogió de hombros y correspondió el abrazo
El Señor del Caos solo vio de lejos como su poni favorito en el universo se iba a los cascos de otra. ¿Había presionado demasiado? Una parte de él añoraba ver sus reacciones, pero tampoco quería incomodarla ¿Qué tan rápido o lento debería ir él?
Volteó su cabeza al escuchar la baja risa burlona de Finias
"He visto adolescentes cortejando con mayor éxito" dijo caminando a lado de él
Discord dio a oídos sordos el comentario, aunque ella no lo recordará, él ya la había cautivado y llevado al altar una vez, no sería difícil enamorarla nuevamente ¿Ciertamente no lo sería?
"¿Por cuánto tiempo?" escuchó Discord mientras se aproximaba, como Toci preguntaba con cierta angustia a su querida amiga
"No… no lo sé" respondió Harebell cabizbaja
Toci arrugó la frente ante su gesto, soltó un suspiro y le dirigió una mirada alentadora a Harebell
"Antes de irte, podríamos compartir una comida, aún falta para que el sol empiece a ocultarse" la comprensión en su voz reprimieron los ojos llorosos de Harebell, asintió felizmente ante la sugerencia de Toci.
"¿Un banquete? Damas, he aquí el Señor del Caos puede ayudarlas con las preparaciones" interrumpió emocionado Discord
Toci miró escéptica al draconequus antes confabular con una sonrisa que causó cierto arrepentimiento en Discord
"Nos beneficiaría tu asistencia" aceptó la oferta de Discord y juntó sus cascos para chiflar
Con el silbido vino la avalancha de potros y potras, no se retrasaron en derrumbar a Discord en el suelo
"Vigila a los niños, que no causen estragos hasta la hora de comer" ordenó y se alejó galopando con la cabeza en alto sin perder su sonrisa cínica
"¿Um, Toci….crees que estará bien?" preguntó Harebell siguiéndola
"See, el señor de caos puede doblegar a su voluntad lo que desee, unas crías no serán inconveniente" respondió con sátira, despreocupada por el bienestar del niñero
Se alejaron mientras los niños se columpiaban en Discord ignorando sus reproches, se teletransportó a un lado para quitárselos de encima, antes de que nuevamente lo derrumbaran los detuvo con un ademán negativo de su dedo índice y aprovechó el momento para hablar
"Muy bien pequeños ponis por que no…" Se detuvo al sentir su cola contraerse, sus pupilas se toparon con un potranco que había hundido sus dientes en la extremidad.
El poderoso Señor del Caos aulló de dolor
Salió suavemente del ensueño, su borrosa vista se fue atenuando para enfocarse en el sonido de pequeñas pinzas, se topó con Klastos inclinado en la maqueta de montaña, usaba una lupa monocular en su ojo derecho y sostenía los instrumentos.
Spike observó en silencio no queriendo entorpecer su actividad, incluso sofocó un bostezo.
"Disculpa si es molesto" dijo Klastos sin levantar la vista de su trabajo "No fue mi intención perturbar tu sueño, creí ser silencioso" sostuvo en lo alto la pinza escudriñándola con su lente de aumento. Spike no visualizó que aprensaban las pinzas, debió ser algo diminuto pues Klastos movía sus pupilas para inspeccionar la pieza.
Tarareo en aprobación e incrustó la miniatura en la maqueta. Se retiró el monóculo y guardó sus utensilios
"Entonces Spike, ¿Con que síntoma me sorprenderás hoy?" dijo mirándolo a distancia
"Ja" río secamente Spike "Me siento de maravilla" afirmó
"Tu recuperación será rápida gracias a la medicina, pero aún debes guardar reposo ¿Es cómodo el sofá?" preguntó en lo que revisaba pergaminos de su escritorio
"Si lo es"
"¿Tienes hambre?"
"No…" dijo con cierto malestar
Klastos notó el tono y giró la cabeza confundido, era un ermitaño, le mortificaba el hecho de que su estilo de vida haya afectado su trato a otras criaturas ¿Sería incapaz de socializar con otro? Ciertamente no le preocupaba la soledad o lo que pensarán de él, en realidad le pesaba el ofender los sentimientos con sus acciones o palabras debido a su ignorancia.
"No eres lo que esperaba" rompió el silencio Spike
Klastos detuvo su razonamiento, había pensado de más el asunto, no deseaba caer en los prejuicios nuevamente.
"Creo que ya hemos dejado en claro ese punto" aseguró
Spike volteo sin atreverse a mirarle y cansadamente recitó
"Con sus ojos carmesí y sus escamas negras como la noche, arrasó con toda la ciudad que lo vio nacer…"
Klastos abrió los ojos ante las palabras de Spike
"¿No te molesta lo que cuentan las historias de ti e Irkalias?" inquirió triste Spike
"Lo uso a mi conveniencia" dijo en respuesta
"¿A quién le convendría? ¿Hay verdad en lo que narran? ¿Así fue como cayó Irkalias?"
"Ciertamente no" solo respondió a su última pregunta
"¿Y cómo fue?" interrogó el dragón purpura al blanco
Klastos suspiró resignado, tomó lugar apaciblemente en el sillón enfrente a Spike
"Es una historia larga" dijo a modo disculpa
"No es que vaya a algún otro lugar por el momento" se señaló así mismo
Klastos se rio sórdidamente, apoyando una garra en su sien y divagó en un apropiado inicio. Vio adecuado en partir en la culpable del porque era el único sobreviviente de Irkalias y tener el goce de estar sentado justamente en su sillón para ser capaz de contar su historia.
"Tefra…" susurró
"¿Uh?" articuló confundido Spike
"Se llamaba Tefra y tenía un único hijo…" Klastos inició
Observó nuevamente la gema en sus garras, trazó con delicadeza y tarareo en aprobación, sería perfecta para la lección de hoy. Para su suerte era carmesí al igual que sus pupilas, era su color predilecto seguido del purpura y el negro.
"Miren que tenemos aquí" escuchó a sus espaldas
Al incorporarse notó a un grupo de cuatro dragones de su edad, estos eran más corpulentos a comparación pues provenían de la tierra de dragones. Muy contadas veces, los primos de su raza visitarían su hogar en las cavernas, la intención de los reyes era formar lazos amistosos con los dragones del exterior.
A veces pensaba que los intentos eran inútiles, pero como su madre le había enseñado, la persuasión daría sus frutos con el tiempo, solo esperaba que lo cosechado de este árbol no fuera venenoso
"Un enclenque cerebrito perdido" dijo bajándose a su altura con una sonrisa depredadora
No comprendía por qué hacía esa observación como si fuera un inconveniente, los dragones de Irkalias crecían más lento que los de la tierra de dragones, eran igual de longevos, pero no alcanzaban tamaños descomunales. Para él era lo ideal, un tamaño que no limitaba sus movimientos o el habitar en las cavernas, ni diminuto como los breezies o exagerado como una osa mayor, la altura promedio de su raza era por arriba de un alicornio, una talla notable entre las especies.
"…Creo que se mordió la lengua en que le hablaste fuerte" riendo lo señaló otro dragón
Había ignorado la palabrería de los invitados perdiéndose en su razonamiento, se mordió el labio culpable y se encogió ante su propia grosería.
El brabucón se río ante el gesto pensando que lo había intimidado
"¿Qué tienes ahí?" señaló la roja gema de sus garras
El pequeño vio entre la gema y el dragón forastero, tal vez no encontraban alimento y fueron en busca de indicaciones.
"Es una gema, con un grado de dureza de 6… ¿quieres?" la ofreció sin pesar
"Por supuesto que la quiero" se la arrebató bruscamente para engullirla
"Deben estar hambrientos, si yo tuviera hambre igual estaría huraño" pensó inocentemente
Después de tragar audiblemente, el más grande del grupo lo acechó
"Pero mira estas gemas" dijo picando con su garra su frente
Supuso que se refería a sus escamas, otra disimilitud, sus oscuras escamas férreas brillaban y lo cubrían del peligro, ¿Sería aquello culpable de su rudeza? No era excusa para no medir su fuerza, pero no sufrió daño alguno, no vio necesario el reprender sus conductas.
"En verdad tienen un lindo color" el dragón fortachón dio al fin un comentario considerado
Sonrió ante el cumplido, a él igual le gustaban, no eran de un vívido color pero las encontraba encantadoras, su madre se lo recordaba cada vez que le ayudaba a acicalarlas.
"Oh gracias, igual tus escamas son hermosas" lo decía en verdad, le agradaba la combinación del color agua marina y naranja
Una mueca incomprensible pasó por un momento por el gruñón dragón, no identificó que sentimiento causaba aquel gesto
"Igual se ven deliciosas" agregó con malicia, abriendo las fauces al hablar para hacer lucir sus filosos dientes
Inconscientemente se abrazó a si mismo con aprensión, si, sus escamas eran como gemas, pero no por ello servirían de alimento, y no había desabasto de comida, tal vez mal interpretó su oración.
"Te quitaré algunas para mi desayuno" afirmó riéndose
Definitivamente no mal interpretó sus palabras, retrocedió hasta quedar acorralado contra la pared, sus alas abrazaron su cuerpo y su boca sofocó un chillido al igual que su fuego, el miedo lo paralizó mientras observaba como se acercaban las garras a hurtar sus escamas, abrió los ojos espantado sus cuentas rojizas al igual que su iris carmesí temblaban.
Antes de que alguien le arrebatará alguna de sus escamas, una barrera de fuego impidió el avance del usurpador, las llamas purpuras bailaban perturbadoramente
"Pfff que tonto, lo dragones nadamos en lava, el fuego no nos dañiaa¡AAAAHHHH!" gritó al momento de que su garra tocaran las brasas, su mano se encontraba rojiza por el daño tomado
Atemorizados, el grupo de brabucones se replegó
"Uno no debería dar por hecho lo conocido en tierras ajenas" una voz profunda habló
De las sombras una dragona emergió, las gemas color ceniza como escamas mostraban que pertenecía a Irkalias al igual que el pequeño, caminó erguida hacia la pandilla problemática, estos no se acobardaron por su desafiante altura, más bien fue el violento brillo purpura de sus ojos al igual que sus cuernos y contadas escamas.
"Vayan a reunirse con su grupo, sería una desdicha que tenga que llevarlos yo misma y les falte alguna extremidad…" advirtió entre dientes mientras se inclinaba
Tardaron un momento en digerir sus palabras para correr despavoridos a la única salida posible, la dama detuvo al adolescente más grande de su antebrazo cuando se coló a su lado
"No hablen de más, podrían morderse a si mismos la lengua y perderla" aconsejó antes de soltarlo, lo siguió con la mirada hasta que se perdiera en lo profundo de la cueva.
Las llamas purpuras cesaron y descubrieron al pequeño dragón inmovilizado, al verlo el fuego de sus ojos y cuernos cesaron, se acercó con una suave mirada
"Se llamaba Tefra y tenía un único hijo… para ella, él era lo más valioso en su mundo"
"Mami" dijo con pequeñas lágrimas en los ojos y extendiendo a ella los brazos
"Oh mi amor, todo está bien mi pequeño" lo recibió con los brazos abiertos en el hueco de su cuello, con facilidad lo cargó, el característico aroma a azufre y humo de su madre lo consolaron.
"Querían comerse mis escamas" dijo asustado mirándola
"Mi pequeño Klastos, solo querían asustarte y al final ellos salieron aterrorizados, no volverán a atormentarte, huyeron tambaleándose" una sonrisa que desfilaba sus puntiagudos dientes brotó ante el recuerdo
"Hasta yo creí que los desmembrarías… no hablabas en serio ¿o sí?" vaciló boquiabierto
Tefra solo sonrío y alzó los hombros, Klastos parpadeo ante su respuesta antes de unirse a la risa de su madre
"Vamos a casa" caminó con su hijo en brazos
"Creo que daremos por finalizada la clase de hoy" dijo su madre acomodando los pergaminos en su estudio "lamento que no hayas aprendido la lección programada" se disculpó
Klastos no vio una pérdida la lección, hoy tuvo la oportunidad de ver el fuego e ira de su madre, Tefra era conocida por su serenidad, muy contadas ocasiones dejaba relucir enojo o tristeza, incluso su voz nunca mostró severidad cuando le llamaba la atención.
Hoy en secreto, el aprendió dos lecciones: que realmente enfadada, su madre era aterradora y la segunda que por nada debería hacerla enojar a tal nivel que lo hicieron sus brabucones.
"… ¿podrás manejarte"
La voz de su madre lo volvieron a la realidad, abrió los ojos sorprendido, se había perdido nuevamente, pero ella solo suspiró y sonrió
"¿Qué pensabas mi pequeño?"
Klastos siempre se perdía en sus divagaciones, era curioso y analizaba de más lo que le rodeaba, muchos no tendrían la paciencia para tratarlo tomándolo por perezoso o tonto, pero no su madre, ella siempre le preguntaría sobre sus pensamientos y le daría su opinión al respecto sin juzgarlo.
Había veces que no creía ser el hijo de Tefra, era la más sabia entre los suyos, por algo tenía un lugar en el consejo, siendo la predilecta entre los reyes. Incluso tenía título de alquimista, se dedicaba a la investigación y experimentación de los peculiares cristales de Irkalias.
"Que no fue un día desperdiciado, pude aprender algo al menos de los habitantes de la tierra de dragones"
Confesó Klastos una verdad a medias, sabiendo que sería corregido por sus opiniones, su madre lo abrazaría asegurando que era tan suyo como sus escamas de ceniza o sus cuernos mientras lo mimaba y le contaba por milésima como aovó y cuidó de su huevo, mostrándole las cáscaras de piedra de este, las conservó para su vergüenza como un preciado recuerdo al igual que algunas mudas de escamas e incisivos. Las madres en verdad eran criaturas extrañas.
"Tienes un buen punto" concordó Tefra "pero que esta experiencia no quede marcada en ti Klastos, asegurar que todo Dragón es brutal es como afirmar que todos los Ponis son benignos" le aseguró
"be…benigno ¿benigno?" repitió la nueva palabra aprendida
"Alguien que muestra buena voluntad" le explicó Tefra
Klastos parpadeó y asintió asimilando el nuevo adjetivo, le gustaba aprender, el estudio de su madre era un paraíso para él con libros y pergaminos por doquier, era un verdadero dragón de biblioteca, no un ratón.
"Como te comentaba antes, tengo una reunión del consejo, debo volver en un par de horas ¿Estarás bien durante ese tiempo? Estabas muy asustado…" la preocupación era notable en su madre "¿Quieres que te llevé a casa de Marga? Así no estarás solo" de último sugirió
Marga era su mejor amiga, aunque disfrutaba su compañía, no quería que su madre pensará que no podría manejarse solo. No había nada que temer, Irkalias era un lugar seguro y se encontraba en su hogar.
"Estoy bien, quiero leer el libro que comencé ayer" aseguró
Tefra se rio ante su respuesta
"Klastos, ¿No crees que ya has leído demasiado?"
"No" respondió secamente mientras buscaba en el escritorio el libro inconcluso
Tefra negó con la cabeza sonriendo, observó como Klastos tomaba asiento en su sillón, se acercó para moldear los cojines a su alrededor
"¿Cómodo?" preguntó mientras lo envolvía en una manta ligera
"Si" dijo sonriendo hundiéndose en el cómodo sofá
"Está bien, prepárate cuando este cerca a volver, saldremos a mi regreso para tus lecciones de vuelo" ordenó dulcemente su madre
"Si…" susurró desganadamente
Aunque tomaba clases de vuelo en la escuela, su madre siempre organizó tiempo para practicar con él, al igual que para enseñarle la ciencia de las gemas o alguna lección que ella considerará importante, cómo preparar té, historia, literatura o las costumbres de criaturas fuera de Irkalias entre otras.
Apreciaba mucho sus lecciones… pero la practica de vuelo era algo que preferiría evitar. Hasta en ello su madre era buena, Klastos se consideraba torpe en su caminar y el aleteo de sus alas era desigual, sin clase ¿Cómo podría considerarse el hijo de Tefra? Con su elegante porte o su elocuencia al hablar en comparación con… él.
No sobresalía en la clase por "no prestar atención", y sus avances en el vuelo eran patéticos. Era obvio para él, que las clases privadas con su madre era porque veía su atraso en las actividades cotidianas.
Cuando salían al exterior era casi al anochecer, así el sol no lastimaría la vista de Klastos, sus ojos eran sensibles a la luz solar. En el firmamento ya se observaban las estrellas y Klastos no había conseguido elevarse más de dos metros.
Aterrizó de bruces jadeando, su madre se acercó para ayudarlo a incorporarse
"Terminemos por hoy, te elevaste por encima del metro, es un buen avance por-" se detuvo al escuchar lo que parecían sollozos
"¿Klastos?" preguntó en busca de la mirada de su hijo
Se disgustó consigo mismo por causar preocupación en ella, evitaba llorar, lo despreciaba, contadas veces lloró para no mostrar aquella debilidad que era consiente que poseía, para colmo de males era la segunda vez del día que su madre los presenciaba, cerró los ojos con fuerza en un intento de sofocar las lágrimas.
"¿Estás herido?"
"¿Por qué seguimos intentando?" soltó Klastos viéndola directamente, sus ojos picaban con pequeñas lágrimas
"Klastos, ya hemos platicado del tema, no todos aprenden con la misma rapi-"
"¿Mamá soy adoptado?" chilló desesperado
La pregunta la desconcertó, pero nuevamente no le permitió hablar
"No me parezco en nada a ti, soy torpe y distraído, soy el más lento en todo, complico lo sencillo, incluso con nuestras clases privadas continúo siendo el último lugar de mi clase ¿Quién creería que soy hijo de Tefra la más sabia?" se señaló a si mismo para resaltar sus conjeturas
Solo obtuvo como respuesta la risa de su madre, consideró sarcásticamente la carrera de comediante
"Oh mi Klastos" lo abrazó "¿Por qué dices que no eres mi hijo? Eres idéntico a mi como cuando tenía tu edad" suspiró ante sus propios recuerdos de la niñez "Que mal te he hecho al heredarte mi carácter" reafirmó con un ligero remordimiento
"Tú… ¿igual que yo?" preguntó incrédulo
"Era la peor de mi clase" contó con una mueca de vergüenza "pero mi padre fue muy paciente conmigo, incluso llegué a estrellarme en la biblioteca de la reina, la vidriera más nueva fue obra mía" confesó.
Klastos incrédulo, tuvo la boca abierta todo el tiempo
Tefra río nuevamente ante los gestos de su hijo
"No eres lento, eres curioso, divagas mucho en tu búsqueda de respuestas, compartes lo aprendido con los demás, no eres receloso con tu conocimiento, tal vez te haga falta enfoque, pero al igual que yo, con el tiempo aprenderás" acarició con cariño las mejillas de su hijo "Nadie nace conociendo los misterios del universo, ni siquiera Tefra la más sabia" ambos rieron ante su tono
"Las clases no son porque seas torpe mi Klastos, es porque veo potencial en ti, el mismo que tu abuelo vio en mi" dijo señalando su nariz "Solo es cuestión de esforzarse, perseverar, ser paciente y disfrutar el viaje" comentó
Klastos no comprendió el hecho de que tenía que disfrutar, ya quería volar y ser el mejor de su clase. Tefra notó su ceño fruncido y descubrió fácilmente lo que cruzaba por su mente
"Definitivamente es igual a mi" pensó Tefra
"Ven, vamos a ver un rato las estrellas" Tefra cargó a su hijo
Siempre al terminar sus lecciones de vuelo, apreciarían las estrellas, su madre le nombraría las constelaciones, le contaría historias o leyendas sobre ellas. Tefra amaba las estrellas, para ella eran las gemas en el infinito, un pequeño espacio de su estudio contaba con un telescopio y pergaminos de astronomía.
"Sabes, algunas en realidad ya no existen" dijo Tefra sin bajar la vista del cielo
"¿Qué?" preguntó con curiosidad Klastos
"Una curiosa circunstancia, la luz que radian viaja a nosotros, recorre miles de kilómetros, la luz que apreciamos en este momento la emitieron hace siglos tal vez, y cuando llega a nosotros es posible que la estrella haya muerto si se encontraba en la última etapa de su vida claro está" explicó con un brillo en sus ojos
Sintió como Klastos apretaba su mano y bajo la mirada para encontrase con la de su pequeño
"Incluso en su ausencia, en medio de la infinita oscuridad siguen brillando" aseguró te envolviendo con un ala a su hijo
A partir de ese día Klastos tuvo un poco más confianza en sí mismo, el día de hoy había sido capaz de ser el primero en resolver un problema en clase y ayudó a algunos de sus compañeros que se les dificultaba el ejercicio.
De la emoción no quiso esperar a contarle a su madre por lo que se dirigía al castillo para encontrarla afuera de la sala del consejo. En su camino se topó con una multitud que observaban la entrada a Irkalias, no tuvo curiosidad sobre el porqué se encontraban reunidos, solo le interesaba ir al encuentro de su madre.
Se detuvo al vislumbrar unas escamas salmón, era su amiga Marga que trataba de pasar entre la muchedumbre. Se acercó pasa saludarla y convencerla de que lo acompañara.
"¡Marga! ¿Quieres ir conmigo al castillo?" dijo dando saltos
"Klastos…" Marga miró entre la muchedumbre y él, sonrío a Klastos "¿podemos ir después de ver?" preguntó sosteniendo su mano y sonriendo
El solo asintió y se dejó llevar mientras lo jalaban entre la multitud
Marga asistía su misma clase, él era mayor por solo unas semanas, pero aún con esa ventaja, ella era más alta a comparación. Su madre le había dicho que era porque las hembras crecían primero que los machos, por lo que no tendría que inquietarle ser pequeño a esta edad.
Recordó una vez que escuchó por accidente en los pasillos del castillo a unas adolescentes, en medio de su plática de chicas, aseguraban que encontraban atractivo que sus parejas fueran altas. Pensó en esto mientras miraba la mano salmón que le sostenía.
Cuando Marga se detuvo, Klastos no puedo evitar preguntarle
"Marga, tu prefieres… ¿a los chicos altos?" solo preguntó para confirmar lo que dijeron aquellas chicas, pero seguía sin comprender el por qué quería saber la respuesta de Marga o por qué sentía un revoltijo en la boca de su estómago ¿Había comido algo que le provocará algún malestar?
Marga miró confundida a su amigo, antes de sonrojarse y mirar a otro lado
"No lo sé, no creo que me guste algún chico, aún…" respondió Marga sin mirarlo
Asintió a su respuesta, sintió una mezcla de alivio y malestar, definitivamente algo tenía su desayuno de hoy.
Cuando llegaron al frente, pudo observar un gran unicornio entrando con una carosa negra como el ónix, impulsada por la magia su cuerno.
"Dicen que posee una rara magia de cristales" dijo emocionada Marga
Klastos no tenía nada en contra de los extranjeros, su madre siempre fue generosa con el conocimiento hacia los demás, pero este unicornio… no le agradaba, ni la forma peculiar de su cuerno.
No tuvo la oportunidad de ver su madre hasta el anochecer, los reyes y el consejo había recibido al unicornio. Quería aprender con el mejor mago entre los dragones de Irkalias, por lo que, a partir de ese momento, Tefra pasaría un tiempo de su día con el extranjero.
Cuando se lo comentó en la cena una parte de Klastos se desinfló, no solo vería menos a su madre, seguramente igual se aplazarían sus lecciones.
"Le comenté que empezaríamos la próxima semana en lo que se acomoda, tengo que reorganizar nuestro itinerario para no perder de vista tus enseñanzas" comentó mientras se llevaba una cucharada de su sopa de rocas
Klastos dejó caer una roca en su cuenco ante las palabras de su madre
"¿Aún tendré mis lecciones?" sus ojos brillaron en esperanza
"Klastos, eres mi hijo ¿En verdad creíste que un nuevo invitado usurparía tu lugar?"
"No" dijo volteando y llevándose una cucharada a la boca
Tefra se rio ante la actitud de su hijo, este se sonrojó sabiendo que la pregunta hecha era para causar tal reacción en él, pero no pudo evitar al final sonreír.
Acorde a su palabra, Tefra no lo abandonó en sus lecciones, pero conforme pasaban las semanas, Klastos notó cambios en ella. Se veía un poco cansada, invirtió tiempo en el invitado, pero sin reducir las horas que convivía con él, lo otro que le preocupaba es cuando volvía de su tiempo con el unicornio, se veía un poco irritada y de mal humor, pero siempre cambiaría su semblante cuando corriera hacia ella con los brazos abiertos.
Klastos no se molestó en aprenderse el nombre de aquel equino, no le causaba confianza y no deseaba tener algún tipo de relación con él. Su madre incluso omitía mencionarlo cuando platicaba sobre su día.
Pasado algunos meses su madre volvió con una buena noticia para él, el extranjero dejaría al amanecer sus tierras por lo que retomarían su antiguo horario.
Fue reconfortante para Klastos el saber que todo volvería a la normalidad, pero solo era el inicio de sus problemas
A la mañana siguiente, Klastos se había colado al castillo, quería ver a su madre, pero los guardias le indicaron que se encontraba en una reunión de emergencia. No le permitieron pasar a la sala del consejo, sintió en el aire el aroma peculiar del unicornio
"¿No se suponía que había abandonado Irkalias esta mañana?"
Resopló irritado y caminó por los pasillos pensando en otra manera de irrumpir la habitación sin ser visto. Se sobresaltó al sentir como alguien le agarraba por los hombros, al girarse se encontró cara a cara con Marga
"¿Qué haces aquí?" susurró
"Te seguí para ver invitarte a buscar gemas cerca del río de hierro… ¿Qué estás haciendo?" preguntó con voz cantarina
"No tengo tiempo, estoy buscando como entrar sin que me noten en la sala del consejo" confesó
Marga tarareó en respuesta y le sonrió
"Y si te ayudo a entrar ¿me acompañarás?"
"Si Marga, pero no creo qu-"
Marga sin dudar lo agarró del brazo y lo jaló por los pasillos, llegaron a una esquina de la sala, volteó en ambos lados para asegurarse de ser los únicos presentes. Junto al cuadro del tercer Rey, Marga golpeó cuatro veces la pared y siete veces el suelo con su puño. Se incorporó para esperar
Klastos se impacientó ante sus juegos, iba a dar a conocer sus quejas, cuando una pequeña pared se hundió para revelar una entrada secreta
"Taaaa daaa" cantó Marga y le guiño un ojo
"¿Cómo es que..." nuevamente lo interrumpió, jalándole del brazo y guiándolo en la oscuridad
Aparecieron encima de la sala del consejo, estaban muy por lo alto pues el candelabro quedaba enfrente de ellos.
"Nadie nos ve, solo ten cuidado de no hacer mucho ruido o caerte" le susurró
"¿Cómo sabes de este lugar?"
"Una chica nunca cuenta sus secretos" afirmó altivamente
Klastos rodó los ojos sonriendo, y miró hacia abajo.
Todo el consejo, incluyendo los reyes se encontraban en la sala, y en medio de la audiencia se encontraba el unicornio
"¡¿Te atreves a expulsarme?!" alzó la voz el unicornio
"Te hemos recibido y compartido toda nuestra ciencia sin recelo alguno, pero el conocimiento que buscas no poseemos y no lo deseamos… no hay razón alguna para prolongar tu estancia" habló el Rey solemnemente
"¡MIENTES! ¡SE GUARDAN SOLO PARA SI MISMOS EL VERDADERO PODER, TODOS LOS DRAGONES SON TAL PARA CUAL!" señaló a los reyes y a los ancianos del consejo
"¡SUFICIENTE!" se levantó de su trono la Reina, sus cuernos con llamas verdes al igual que sus escamas "No permitiré que insultes a los nuestros" gruño con el brillo de sus ojos dorados
"El conocimiento que buscas está prohibido, la magia de los cristales es para el bien propio y los demás, jamás para dañar o someter alguna criatura o ser" lo desafió Tefra "Es uno de los principios de cualquiera de nuestros alquimistas, no tenemos nada más que ofrecerte o tu a nosotros" aseguró mordazmente, sus ojos púrpuras brillando amenazadoramente
"¡Tefra! ¡¿En todo este tiempo no asimilaste de lo que serías capaz?! ¡Solo imagina las posibilidades!" la juzgó pisando el suelo con sus cascos
"Al contrario, tú eres el que no ha aprendido nada, durante meses te he enseñado todo lo que sé, pero has tirado a saco roto todos mis saberes, ni mi pequeño hijo malgasta sus horas de enseñanza. El corromper no es parte de mis métodos" respondió mordazmente
Su pecho se infló de orgullo ante la mención de su madre, pero el temor lo inundó al ver la mirada asesina que le dirigía el unicornio
"Nuestra paciencia al igual que hospitalidad han llegado a su límite, vete o yo mismo me encargaré que abandones mi reino y no seré indulgente" declaró con calma el rey
Por un momento se sintió un momento de tensión en toda la sala, todos mantuvieron silencio, algunos del consejo y la misma reina amortiguaron un gruñido
"Como desee, mi rey" dijo finalmente, inclinándose con una asquerosa sonrisa
Al incorporarse en un rápido movimiento disparó un rayo azul de su cuerno directo al rey. Este nunca golpeó al rey, pues llamas verdes se interpusieron para protegerlo y entre las brasas la reina surgió recibiendo el ataque, parecía sorprendida cuando el rayo penetró su muro de llamas.
Ya mayor, Klastos se enteró que la reina no se especializaba en fuego defensivo, tal vez había subestimado al enemigo o en su desesperación por proteger a su amado actúo sin analizar la situación, no la culpaba, el hubiera hecho lo mismo por su madre o Marga, pero no evitó el que se preguntará ¿Habría sido el mismo destino de Irkalias si el Rey perecía primero?
"¡SIENA!" gritó el rey, sostuvo en brazos a su reina mirándola con una gran preocupación, la envolvió con sus enormes alas
"Ignel…" lo llamó en sus brazos
"¡PAGARÁS CON TU PROPIA SANGRE TU INSOLENCIA!" amenazó mientras llamas rojas ardían a su alrededor, de su boca emanaba humo rojo y sus ojos celestes centelleaban
Los dragones del consejo y su rey lanzaron sin piedad sus llamas al sinvergüenza
El unicornio se materializó en sombra, los ataques lo atravesaron y disiparon en masas de humo alrededor de sala.
Cuando cesaron las llamaradas, la niebla se agrupó para elevarse, una tormenta con truenos y relámpagos se formó en el techo, una carcajada se escuchó en la habitación, en la masa de nubes oscuras por momentos se formaba la maniaca cara del unicornio.
"Alegas que no existe la codicia en los tuyos, pero yo haré surgir su verdadera naturaleza" habló como estruendo haciendo eco por todas direcciones
"Sientes orgullo por tu reino y gemas pues aquello que tanto presumes será su propia ruina" declamó y una carcajada siniestra vibró
"¡BASTA!" gritó Tefra, llamas purpuras envolvieron la nube, pero esta se desvaneció mientras los ecos de la alegría desquiciada se alejaban
Marga y Klastos se encontraban petrificados observando, ni uno se atrevió a moverse durante los eventos. Marga se hundió en el hombro de Klastos sollozando, Klastos en cambio observó a la reina en brazos de su querido esposo.
Seguía viva, lo sabía por su respiración entrecortada, pero también sabía que no se encontraba saludable, pues sus hermosas escamas verdes se habían opacado y no tenían el brillo distintivo de los suyos. Si el rayo hubiera golpeado a su madre…
"¡Que los guardias lo busquen en todo Irkalias, y lo traigan ante mí!, ¡Tefra, encuentra al doctor y vengan a mis aposentos, rápido!" ordenó el Rey cargando a su esposa con cuidado
"Klastos, vámonos por favor" suplicó llorando Marga en su hombro
Klastos asintió, antes de irse, por última vez miró por debajo, cerciorándose de que su madre estuviera ilesa, cuando sus ojos se encontraron con sus relucientes escamas grises, suspiró aliviado.
Y por esta vez Klastos agarró la mano de Marga y él guío el camino.
Cuando salieron al pasillo, Klastos caminó sin rumbo caris bajo sin soltar la mano de Marga, su mente turbada anhelaba calma así que permaneció en silencio por primera vez en su vida, ignoró los pasos que se acercaban, se detuvo cuando su hocico chocó contra una pared, había creído que era una pared hasta que el muro habló
"¿Klastos? ¿Marga? ¿Por qué están aquí?" Tefra se elevaba sobre ellos agitada
"Mami…"
Con ojos llorosos la llamó, la abordó con un abrazo y lloró. Tefra miró entre Klastos y Marga desconcertada, brotaron más lágrimas de los ojos grises de Marga y se unió con su amigo en el abrazo.
Tefra tardó unos segundos en entender que estaban heridos, pero no físicamente, acarició sus pequeñas cabezas en consuelo mientras se arrodillaba
"Tranquilos, todo estará bien…" envolvió sus brazos y alas a su alrededor
"Las palabras de mi madre trataban de ser reconfortantes y lo fueron al menos durante un tiempo…"
La reina enfermó, ahora su madre pasaba más tiempo en el castillo junto a los doctores buscando alguna cura o hechizo que mejorara su estado.
El en cambio pasaba su tiempo en la biblioteca del castillo o en casa de Marga, después del incidente, su madre sería reacia a dejarlo solo en su hogar. Fueron días estresantes en especial para ella, no dormía y los pequeños intervalos que se permitía eran para acompañarlo en algunas comidas, pero su madre casi no probaba ni un bocado de lo servido.
Debajo de sus ojos se formaron bultos indicios del cansancio, sus vestiduras se encontrarían algo desacomodadas a falta de su cuidado personal.
Una densa capa de pena cubrió a Irkalias y sus habitantes, se hizo más pesada al décimo día con la muerte de la reina, con ella parte o su total sanidad mental del rey.
El Rey se negó a entregar sus escamas. Cuando un dragón de Irkalias expiraba, solo dejaban sus escamas en el mundo que lo vio nacer, con ellas velaban y recordaban a aquellos que se habían marchado.
El luto se instauró más allá del velorio, algo se rompió en los corazones de los moradores de las cavernas, Klastos lo aludía a la aflicción, pero su madre sabía que había algo más que la perdida de uno de sus soberanos y tomó cartas en el asunto.
Mientras los guardias se dedicaron en la búsqueda del unicornio por órdenes estrictas del rey, Tefra invirtió horas en su estudio, hurgaba en libros y transcribía pergaminos sin explicar el objeto de su investigación. Aunque Klastos preguntará, ella eludiría sus cuestionamientos ocultando sus intenciones.
Unas semanas después Tefra llevó al estudio una sublima gema blanca con forma de capullo, la colocó en medio sus escritorios protegiéndola con una caja de cristal, supuso que haría algún estudio a la piedra preciosa. Sus ánimos se levantaron al pensar que tendría la oportunidad de acompañarla o incluso ayudarla en su trabajo.
La desilusión fue grande cuando no solo rechazó su ayuda, por primera vez le prohibió entrar al estudio
"Pero tú me has enseñado que nunca hay que ser avaricioso con el conocimiento" reclamó con los brazos plegados a los lados, sus ojos tentados a llorar de impotencia
"Klastos, no te estoy negando nada, pero hay… cuestiones para lo que no estas preparado" explicó mientras se inclinaba para agarrarlo con cariño de los hombros
"¿Cómo lo sabes? Tal vez si te ayudo, veas lo bueno que soy y cambies de parecer" instó para convencerla
"No, es mi última palabra" dijo firmemente de pie, entró a su estudio y cerró la puerta, dejando a Klastos fuera de la habitación
Los meses pasaron monótonamente para él, no veía casi a su madre. Pasaba días y noches en su estudio sin tener tiempo de sus lecciones privadas o solo disfrutar de su compañía, el poco tiempo que pasaban juntos la veía algo malhumorada, la frustración era evidente al igual que sus desveladas. Ya no se molestaba en prestar atención a sus clases, sumergido en su melancolía no reparó en los cambios a su alrededor, el cómo poco a poco la actitud respetuosa de los dragones fue inadvertida, pasando a ser agrios en sus humores.
Un día saliendo de la escuela, sintió como lo retenían suavemente del brazo, al enfrentarse al culpable se encontró con la mirada triste de Marga, sintió su estómago hundirse al ver su semblante
"Podemos pasar un rato juntos…no quiero llegar aún a mi casa" dócilmente pidió
Klastos quería preguntarle en ese momento que le acongojaba, pero solo asintió al ver sus brillosos ojos grandes, ante la respuesta positiva la expresión de Marga se iluminó, lo abrazó riendo antes de echar a correr, tirándolo del brazo, Klastos sin percatarse se encontró riendo junto a ella.
Jugaron un rato y buscaron gemas, la más grande que encontró Klastos se la cedió sin que ella se lo demandara. Aunque Marga no detenía su plática, había momentos en que se percató de como aparecía una sonrisa triste o nuevamente sus ojos perdían aquel brillo alegre característico de ella.
"¿Pasa algo?" preguntó, ansiando ayudarla
"Mi padre ha estado actuando diferente…" apartó la mirada "Primero empezó a acumular gemas… pensamos que iba a hacer algún tipo de trueque… y esta semana empezó a negarse a comer las gemas que se sirven en la mesa… incluso le arrebató una a mi madre… el ya no es… como antes…"
Vio el brilló de una lágrima rodar por su mejilla, se sintió culpable, se había centrado tanto en sí mismo que ignoró las emociones de su querida amiga ¿Cómo no pudo notarlo antes? Los indicios siempre estuvieron presentes si lo recordaba más detenidamente. Si, él se sentía solo sin la compañía de su madre, pero no era excusa para abandonar a Marga o al mundo.
Abrazó sin avisar a Marga, aunque sorprendida al principió por el arrebato no tardó en corresponderle envolviendo sus brazos
"Lo siento mucho" dijo Klastos
"No entiendo, nada de esto es tu culpa" respondió algo confundida, pero sin apartarse del abrazo
"¿Y si mañana vamos de picnic?" sugirió sin dar explicaciones de su disculpa
"¿Aun estando el sol? Eres sensible a la luz ¿no?"
"Me mantendré en la sombra o llevaré una sombrilla, y podemos invitar a algunos de los compañeros de clase, puedo llevar algunos libros con dibujos igual" dijo emocionado mientras la miraba cara a cara
"Si, me encantaría eso" Marga le sonrió dulcemente
La acompañó cerca de su casa, al despedirse Marga le besó la mejilla y se alejó agitando la garra despreocupadamente. Klastos aturdido correspondió la despedida alzando su garra, se tocó la mejilla y sonrió, caminó a su casa con una tonta sonrisa y sin apartar la mano de su cachete.
Ingresó a su casa emocionado buscando a su madre, quería pedirle permiso para el picnic de mañana y si tuviera tiempo en ayudarlo a elegir algunos libros entretenidos, tal vez incluso podrían leer una página de uno juntos.
"Mamá" llamó buscándola, se dirigió al estudio para encontrar la puerta entreabierta, se asomó por el espacio y voceó de nuevo, al no obtener respuesta se arriesgó a entrar completamente a la habitación.
Su madre no se encontraba ahí, tenía la intención de retirarse, pero de reojo vislumbro el reflejo de la gema blanca, se encontraba en el escritorio y sin la caja de cristal, motivado por su curiosidad se acercó.
La mayoría de las gemas de Irkalias contenían magia, los amuletos o talismanes más poderosos se forjaron aquí en lo profundo de sus cavernas, supuso que debió ser el caso con este, por algo lo examinaba día y noche su madre. Sostuvo la gema con sus garras
Era algo pesada, la examinó un momento antes de lamerla. Su lengua se apretó ante el sabor amargo, escupió para quitar aquel gusto de su boca, era raro que una gema supiera tan mal, la miró con el ceño fruncido y la agitó
"¡KLASTOS!"
El gritó de su madre lo hizo saltar, soltó la gema pero alcanzó a tomarla cerca del suelo, suspiró aliviado, fue arrebatado lejos de la gemas por los brazos de su madre, corriendo lo sacó del estudio para enfrentarlo
"¡TE DIJE QUE NO DEBÍAS ENTRAR!" alzó la voz mientras lo tomaba de los hombros, sus ojos eran llamaradas
Klastos se encogió ante su tono, ella nunca lo había reprendido de aquella manera
"Pe..perdón … te estaba buscando y"
"¡¿Cuánto tiempo la estuviste sosteniendo?!" interrumpió su disculpa
"Cómo unos minutos… mamá yo…"
"Klastos, mírame y dime que quieres en este momento" aunque había bajado el volumen de su voz, aún era estricta en su ceño y oraciones
Se sentía asustado, una parte de él quería romper en llanto, pero su madre aún esperaba su respuesta sosteniéndolo de los hombros
"Klastos, por favor dime" repitió, pero ahora su mirada era desesperada y triste, no entendía el porqué, ¿había algo malo en el cristal que sostuvo?
"Picnic" alcanzó a decir, al ver el desconcierto en su madre el continúo
"Mañana quedé con Marga en ir de picnic… me gustaría ir, por eso te estaba buscando ¿puedo ir? Por favor" suplicó, pequeñas lágrimas picaban la orilla de sus parpados
"¿Solo eso? ¿Hay algo más?" lo miró directo a los ojos como si pudiera ver a través de ellos
"Yo… yo quiero que elijamos libros con dibujos para que comparta, y que leamos un libro juntos, en verdad me gustaría que leas conmigo, sé que ya no soy un bebé, pero… pero…" no sabía en que momento de su explicación había comenzado a llorar
El corazón de Tefra dio un vuelco y suspiró aliviada, abrazó a su hijo
"Si, mi pequeño, hoy leeremos juntos" prometió con cariño
Su madre le preparó una merienda que compartieron juntos, aunque las ojeras no habían desaparecido, se veía más relajada mientras comía, ese día no volvió a entrar a su estudio, pasó la tarde con él y fiel a su palabra leyeron juntos en su habitación.
"Lamento si te asuste en la tarde, estaba preocupaba…" suspendió la lectura su madre
"Igual perdona que te desobedeciera … ¿pronto finalizarás tu investigación? Ya quiero que la cosas sean como antes"
Le entristeció en verdad lo dicho por su hijo, sin darse cuenta ella lo había apartado en su instinto de protegerlo
"Por qué no me ayudas mañana después de tu picnic"
Sus ojos se agrandaron de emoción, su boca humeo en euforia
"Si, si, si" saltó en su cama y cayó en sus brazos
"Tranquilo flamas" no sonaba molesta, reía mientras lo acomodaba para descansar
"Marga igual se pondrá feliz con los libros que elegimos" observó la pequeña pila de libros separada
"Veo que te preocupas mucho por ella" tarareó Tefra
"Por supuesto, es mi amiga" confirmó por lógica natural, se sorprendió al escucharla riendo ante su razonamiento
"Eso igual yo decía al principio" dijo sonriéndole de lado
Klastos quiso preguntar a que se refería, pero la sonrisa juguetona de su madre le indicaba que sería respondido con otro acertijo o pregunta retórica. Así que solo inclinó su cabeza confundido tratando de entender sus palabras.
"Creo que hasta hace poco entendí lo que insinuaba mi madre, pero sigo sin comprender del todo aquel sentimiento… dudo que algún día lo haga, es en verdad extraño"
Fue un gran día en verdad. Cumpliendo con lo prometido fue con Marga y algunos compañeros de su clase al picnic, un par de dragones se habían negado a ir, siendo algo ásperos en sus humores. No le tomó mucha importancia, se había comprometido que hoy nada afectaría negativamente su día.
Cuando se despidió de Marga, él tuvo la iniciativa de besar su mejilla, huyó corriendo a su hogar con la promesa de ayudar a su madre sin ver como Marga se sonrojaba y echaba humo de sus orejas.
"Por lo que veo al igual que yo, no tiene efecto sobre ti la gema" le explicó su madre mientras lo sentaba a una considerable distancia "pero no hay que arriesgarnos"
"Tiene un sabor amargo" dijo sacando su bífida lengua
"¡¿La lamiste?!" alarmada preguntó
"Tal vez…" respondió avergonzado, se sonrojó y envolvió su cola en la silla
Su madre cerró los ojos mientras se tocaba el puente de nariz, suspiró y junto sus manos
"Por esa misma razón te dije que..." Suspiró nuevamente "Esta bien, lo importante es que te encuentras bien, fue sumamente riesgoso, pero una comprobación cien por ciento certera, arriesgada pero efectiva" su madre sonrió forzadamente
Klastos tragó audiblemente cuando vio como le brincaba un parpado a su madre, ella suspiró nuevamente
"Quiero que me escuches atentamente, esta piedra está bajo una maldición que corrompe a aquellos que tienen contacto con ella, entre más tiempo la posean el usuario empeora, la he estado estudiando desde que descubrí el hechizo" recitó mientras se acercaba a su hijo.
"¿Se enferman?" preguntó con los ojos asustados
"No físicamente, infectan sus mentes y corazones, los vuelve… codiciosos" escupió la palabra con desagrado
Klastos no tardó en relacionar aquella palabra con la amenaza hecha por aquel unicornio de sombra, como los acusaba de tal pecado y aseguraba la liquidación de su reino a causa de ella.
"Él… el que maldijo los cristales fue muy inteligente, me temo decir, no he tenido éxito de purificarlo, igual encontrarlos es algo difícil, su magia es escurridiza, más no imposible" explicó mientras juntaba sus pergaminos
"Mañana debo reunirme con el rey y el consejo para presentarle la problemática, necesito que estés atento a los demás, aún no sabemos cómo afecta a cada dragón o criatura… es posible que en algunos sea peor en comparación, prométeme Klastos que a partir de ahora estarás más atento de lo que te rodea" dijo mientras lo abrazaba
"Mi madre siempre tuvo la razón, no todos tuvieron el mismo efecto ante la corrupción, muy contados se volvieron agresivos… el problema fue que aquella minoría era muy inestable y peligrosa…"
Leía un nuevo libro mientras esperaba a su madre en la sala, había tardado más de lo normal en su junta con el consejo, cuando escuchó los pasos apresurados sus orejas se alzaron, se levantó para recibirla con un abrazo, pero quedó aterrorizado.
Tefra sangraba
Le faltaba un cuerno, y tenía pequeños rasguños, sudando jadeaba y sus ojos púrpuras brillaban en ira.
"¡Mamá!" corrió a su lado
"No es nada grave, tranquilo" trató de calmar a ambos con sus palabras
Nada estaba bien, la reunión había sido un desastre. Al principio el rey había sido reacio en participar en la junta, se negaba dejar su alcoba incluso absteniéndose a comer, los residentes del castillo estaban preocupados de su salud física, a eso aludían a sus ataques coléricos que empezaron a ser frecuentes en las últimas semanas.
Cuando al fin lo convencieron de asistir a la reunión, el caos se hizo presente, más de la mitad de los ancianos del consejo tenían una actitud hostil y desconfiada ante los presentes, esto le preocupó enormemente a Tefra.
Al momento de exponer la problemática de la maldición, algunos del consejo la acusaron de desear el acapararse las gemas para ella misma, una idea trastornada a su parecer, los gritos y reclamos se apoderaron de la sala. El Rey hastiado del revuelo de su sequito, rescindió de sus puestos a todos los ancianos del consejo.
Los ancianos reprocharon, pero al final se cumplía la voluntad del rey, sin importarle sus quejas abandonó la sala para aislarse nuevamente en sus aposentos. Uno de los ancianos del consejo culpó descaradamente a Tefra, sin avisar se lanzó a atacarla, nadie se esperaba tal reacción, salió herida por la ventaja del atacante, al enfrentarlo ella lo sometió con su fuego sin enfuerzo.
Salió de la sala victoriosa pero internamente alterada, el rey de Irkalias carecía de cordura y de un consejo que esclareciera su juicio. Ella se encontraba sola contra la maldición… al igual que su hijo
"Me limpiaré las heridas, si gustas ayúdame, todo saldrá bien" trató de calmar a su hijo "Klastos… retomaremos tus lecciones" garantizó mientras se limpiaba una gota de sangre
Las clases con su madre fueron retomadas ese mismo día, pero eran diferentes a sus anteriores lecciones. Ahora se enfocaban en leer mapas, dibujarlos, algunas lecciones con cristales curativos, o como manejar heridas. Klastos no comprendía el por qué le enseñaban esto, algunos temas eran un poco avanzadas para él, aunque útiles a su parecer
Su madre continúo horas en su estudio investigando o recitando hechizos con sus gemas. Klastos se mantenía ocupado con sus tareas, con el paso del tiempo dejaron de abandonar la seguridad de su hogar al igual que Marga y otros habitantes, se habían reportado desapariciones de dragones, aunque los guardias patrullaban día y noche, Irkalias ya no era un lugar seguro.
Incluso con la distancia, Klastos y Marga intercambiaban cartas durante la noche, en ellas se contaban cosas cotidianas de su día a día, eludiendo lo acontecimientos negativos, ambos no deseaban extender aquel ambiente depresivo que estaba anidándose en su ciudad
En medio de una noche, Klastos fue despertado por un grito, bajo desesperado de su cama en busca de su madre, la encontró en el estudio, rodeada de humo verde observando con alivio su escritorio
"¿Mamá?"
La preocupación en la voz de su hijo irrumpió su concentración
"Oh disculpa, no quise despertarte, ven acercarte te revelo en lo que he trabajado" dijo mientras le tendía la mano
Klastos se unió a ella, acomodándose en su regazo, en la mesa se extendía un mapa preciso que mostraba varios reinos lejanos a Irkalias, su madre lo había dibujado con una extraña tinta, en un parpadeo empezaron a emerger manchas de tinta roja como si el pergamino hubiera contraído salpullido.
"Este mapa muestra la ubicación de las gemas corrompidas" indicó con orgullo "Como me temía no todas residen en Irkalias… si mi hipótesis es acertada es por ello que no he tenido éxito en purificar la gema, para que el hechizo tenga efecto se deben juntar todas" dijo algo cansada
Klastos miró a su madre, en verdad tenía un mal aspecto, las ojeras y su pérdida de peso transmitían un aura de enfermedad. Ella siempre vigilaba que él se alimentará correctamente, pero últimamente no la había visto comer, sus ojos se cruzaron.
"Esto será complicado" susurró Tefra mirando a su hijo
"Esto es complicado" pensó Klastos, mientras caí nuevamente de rodillas jadeando
"Levántate e inténtalo nuevamente" exigió su madre
Ahora practicaban su vuelo, el ya volaba decentemente gracias a las noches de esfuerzo tiempo atrás, pero ahora tenía que elevarse cargando sacos de piedras. Salían en la madrugada, casi al amanecer para evitar las miradas maliciosas. Las practicas eran más difíciles para él
"Klastos levántate, calculé un peso que te fuera posible cargar en vuelo" la irritación era evidente en su voz
Se sentía cansado, le dolían las alas, sentía una presión en el pecho y al respirar le ardía el aire. Sintió como las gotas frías de sudor recorrían su espalda
"¡Klastos!" gritó su madre
Cerró dolorosamente sus ojos y agitó nuevamente sus alas, no le fue posible despegarse del suelo, sus alas se plegaron cuando un calambre las recorrió. Cayó nuevamente sofocando un sollozo
"No te atrevas a llorar" amenazó fríamente
Apretó la mandíbula y se mordió la lengua, no se atrevió a despegar su mirada del suelo para enfrentar a Tefra, en los últimos días no le guardaba paciencia y era estricta en sus instrucciones.
"¡De nuevo!" ordenó
"No…No puedo" dijo entre jadeos
"¡Si puedes! ¡Tienes que poder!" habló Tefra haciendo eco mientras sus ojos púrpuras brillaban
"¡¿Por qué?!" gritó Klastos enfrentándola, por primera vez sus cuencas rojas fulguraban en enojo
"¡Por qué tengo miedo!" respondió Tefra
Se miraron un momento mientras ambos respiraban humos, los ojos de Tefra empezaron a iluminarse dando paso a sus lágrimas, Klastos se sorprendió ante el llanto de su madre, la ira se esfumó tal y como vino.
"Tengo miedo" susurró entre lágrimas y abrazo a Klastos mientras lloraba
A Tefra nunca le asustó la maldición o el enfrentarse a algún desquiciado, su mayor temor era aquel que lo atormentaba por las noches, el perder a su hijo.
"Ella me ocultó la situación detrás de la puerta de nuestro hogar, había poco alimento y riñas por las gemas, dragones que morían de inanición prefiriendo conservarlas a devorarlas, el rey se mantuvo confinado sin importarle la problemática de su ciudad y estaban las misteriosas desapariciones…"
"Viajaremos en unas semanas Klastos" dijo mientras le deseaba las buenas noches
"¿Cuánto tiempo?" inquirió intranquilo
"No lo sé, pero tenemos que volver para purificar los cristales" le acomodó algunas almohadas
"¿Puede ir Marga con nosotros?"
"Klastos ella no ha entrenado, y sus padres no permitirían qu-"
"Ella no ha estado bien, yo lo sé… y si ¿le ocurre algo mientras no estoy?" interrumpió sus excusas mientras suplicaba con su mirada.
Su madre suspiró y cedió
"Iremos a ver a sus padres mañana para confirmar de su bienestar… No puedo prometerte más"
"Ok" respondió apáticamente
"Descansa" se despidió con el corazón roto al ver la tristeza en su hijo
"¡KLASTOS DESPIERTA!"
Un gritó lo arrebató del ensueño, su madre agitaba se encontraba con una mochila y vestida con una capa
"¡TENEMOS QUE IRNOS AHORA!"
No le permitió el preguntar, fue sacado de su cama para ser cubierto con su gabardina y una pequeña mochila, su madre lo cargó hasta la puerta de su hogar.
Tefra se detuvo al escuchar bullicio al otro lado, y se alejó de la entrada
"Rayos" susurró mientras apretaba el agarre en su hijo
"¿Mamá?"
Tefra le hizo una señal para que guardará silencio mientras caminaba, alcanzó a sentir el retumbo de la puerta derribada cuando salieron por una ventana trasera.
En el exterior sus fosas nasales fueron inundadas por el aroma del azufre y fuego, escuchaba a la lejanía gritos y gruñidos mezclados con el silbido de la magia
"¿Mamá que pasa?" cuestionó Klastos desesperado por respuestas
"El Rey ha muerto" le contestó
El Rey había muerto, se había negado a comer desde hace semanas, era difícil identificar si fue corrompido por la maldición o su misma miseria, expiró aferrado a las escamas de su difunta esposa. Tras su deceso el puesto del monarca se encontraba vacante, y la avaricia de los corrompidos se esparció cual incendio.
"No tengo mucha fuerza para usar magia, mi descuido me está cobrando la factura" una sonrisa irónica apareció pesé a la situación
Entraron en una caverna evitando la ciudad y la compañía no deseada
"Mamá espera por favor, tenemos que volver por Marga" suplicó mirando como ardía la ciudad
"Klastos es peligroso"
"¡MAMÁ POR FAVOR!" lloriqueó batiendo sus alas
Tefra se detuvo y bajó a su hijo, iba a reprenderlo, pero la determinación en sus ojos rojos la congelaron
"Correcto, pero no desobedezcas si te doy una indicación"
Klastos asintió ante su condición, Tefra puso en su espalda a Klastos indicándole que se sujetará, desplegó sus alas usándolas como impulso para correr
Llegaron a casa de Marga eludiendo las riñas, Tefra cayó de rodillas al tumbar la puerta, cansada por la actividad de alta intensidad en tan poco tiempo. Klastos llamó a Marga buscándola en cada habitación. Se detuvo cuando captó el reflejo de las escamas salmón en la abertura de una puerta
"¿Marga?" llamó mientras desplegaba la puerta, era el cuarto de su amiga
"Soy yo Klastos, vine a…" se detuvo cuando chocó con un cristal, al inclinarse distinguió que no era cualquier cristal, era una escama de color salmón, siguió el rastro de escamas para encontrarse un montículo de ellas
"Marga, no…" dijo abrazando sus escamas mientras lloraba
En medio de su aflicción no vislumbró al dragón que se escondía en la esquina oscura de la habitación, ni como se acercaba con una enferma sonrisa desplegando sus garras.
Alzó la zarpa listó para atacar al indefenso niño, en un segundo fue detenido por otra garra ceniza
"Tefra" dijo sorprendido
"Sílex, bueno verte" sonrió y con un pulso de su llamarada purpura lo empujo atravesando una pared
Tefra sostuvo a su hijo, desplegó sus alas para salir disparada por la ventana, corrió como alma llevada por el mismo tartarus, en una cueva cerna acorraló a Klastos
"Mamá" dijo temblando
"Klastos escúchame" agarró entre sus dos manos la cabeza de su hijo "Tranquilo, necesito que hagas algo por mi"
Klastos quiso voltear hacia el sonido de pasos, pero el agarre de su madre se lo impidieron
"No, no, ignóralo, yo me encargaré, necesito que vayas a las entradas y dibujes con tu fuego este símbolo, entiendes mi amor" cuando su hijo asintió ella continúo "cuando termines te veré en la puerta norte, todo estará bien mi amor" dijo mientras lo besaba en la cara "¿Cuento contigo?"
Klastos asintió frenéticamente sin detener las lágrimas
"Ahora ve, yo lo distraeré, avanza sin ser visto, confío en ti" lo empujó para impulsarlo, le sonrió hasta que se perdió de su vista.
Escuchó como las pisadas se acercaban, gruñendo se enfrentó a su cazador
"Ah Tefra, al fin te apareces" dijo el dragón con escamas azules, sus llamas adornaban sus cuernos
"No te ha caído bien la jubilación, Sílex" saludó sarcásticamente
"Lamento decirte que tampoco te vez en el mejor de los estados" alzó la cabeza altivamente señalando su persona
"Te arrastraré por el piso al igual que el último día en la sala del consejo"
"Ya obtuve uno tus cuernos, hoy tendré tus escamas y las de tu hijo" amenazó con ira
Tefra gruño ante su descarada declaración, invocando sus llamas purpuras se embistió contra Sílex
Klastos agitaba sus alas ignorando los gritos, miró de reojo como antiguos amigos o conocidos luchaban entre sí, aprovechó su estatura para pasar desapercibido. Con sus llamas dibujó la insignia otorgada por su madre. Le pareció una eternidad el llegar a la última entrada. Al finalizar, voló desesperado a la entrada norte y esperó.
Los minutos pasaron, de ahí las horas, poco a poco los rugidos se fueron apaciguando al igual que las llamas, pero el continúo esperando.
Se paralizó al escuchar pasos, alguien se acercaba, rogó internamente que la identidad fuera su madre, se levantó a la espera del invitado
"¿Klastos?" su madre lo llamó al aparecerse en la esquina
Con lágrimas de felicidad corrió hacia ella para rodearla con sus brazos, ella le correspondió antes de derrumbarse a espaldas de la pared
"¡¿Mamá?!" chilló angustiado
Cuando se acomodó para sentarse con esfuerzo, pudo ver una gran herida en su cintura
"Iré por mi mochila, te curaré yo…"
El brazo de su madre lo detuvo, le negó con la cabeza mientras le sonreía
"Klastos ven aquí" lo acercó sin que tocará su lesión
"Yo… yo … prometiste que las todo estaría bien, quiero que vuelvan a ser como antes" dijo mientras miraba su herida
"Mi pequeño, que algo no sea como antes no significa que no vayan a estar bien" agarró su barbilla para mirarlo a los ojos
"Toma el mapa, sal de aquí y recita estas palabras, se sellarán todas las entradas, ya no queda nada aquí… una parte de mi desearía no pedirte que elimines la maldición… quiero dejártelo a tu decisión"
"No podré sin ti" apretó su mano
"Estarás bien, no cometas mis mismos errores y aprende de los tuyos, te amo Klastos"
"Yo igual te amo" respondió anhelando que estas palabras no fueran de despedida
"Tienes que irte" indicó la salida
"Puedo quedarme contigo un momento más…" apretó sus manos con fuerzo
Tefra derramó lagrimas ante la solicitud de su hijo y asintió, Klastos se sentó a lado de su madre, ella pasó encima de sus hombros su brazo acercándolo lo más posible mientras le tarareaba.
Así permanecieron un tiempo, aun cuando solo quedaban las gemas cenizas de Tefra, Klastos se aferró a ellas sin desear soltarlas nunca
"Era el único y el último… Me preguntaste si yo era el Rey de Irkalias ¿no es así?, fui coronado sin saberlo desde ese día, en medio de la desolación y lágrimas, yo recibí mi corona"
Notas del Autor:
Aunque amo a todos los portadores engendrados para este fanfic, admito que tengo un amor especial a Klastos ( y al elemento de la risa, ella los dejará sin habla c; ). Tengo un borrador del llamado de la Armonía, pero antes de empezar a publicar trabajé en cada portador y su trasfondo, no quería algo para hacer con la marcha.
Cuando cree la historia de Klastos y Tefra quería una segunda opinión respecto a su trasfondo así que me hice a la búsqueda de un lector que no fuera seguidor de My Little Pony, presentándole solo la historia de "Las cavernas de Irkalias y el cementerio de las estrellas" un one shot concebido para solo una persona. El manuscrito nunca fue devuelto y tampoco presentaré cargos en contra pues en su lugar, recibí un par de lágrimas empáticas por Klastos, un chocolate caliente y una bofetada injustificada.
Espero que al igual que ese lector y yo, les agrade el personaje de Klastos, Tefra y Marga. No le guarden rencor a Sílex, fue uno de los más afectados por la maldición, era un buen amigo de Tefra.
Soy consciente que algunos seguirán la temporada 10 de los cómics, recuerden que esto es un AU por lo que algunas especies no existirán en este Fanfic aunque aparezcan en las nuevas entregas.
Como siempre iré actualizando dibujos y escenarios en mi Tumblr , deviantart y ¡un amigo mío me arrastró al Twitter! Pueden encontrarme como AlomBehar .
El siguiente capítulo estará listo para la próxima semana, está en revisión por mi lector beta, espero no recibir otra bofetada… Habrá más momentos fluttercod, al fin un poco de recuerdos angustiosos sunlight, díganme cuáles son sus shipeos favoritos en los comentarios, recuerden que no importa cuáles son sus OTP, el punto es disfrutar del universo que nos ofrece MLP 3
Me despido de todos ustedes náufragos, sigan a la deriva hasta la siguiente entrega
Glosario:
Dragones de Irkalias: habitantes de las cavernas, sus escamas a diferencia de otros dragones se asemejan a gemas, férreas y brillantes, al perecer solo permanecen sus escamas. Son criaturas respetuosas y sabias, su reino se dedica a la extracción y estudio de piedras preciosas, perfectas para talismanes o amuletos, de aquí proviene la gema roja utilizada en el Amuleto del Alicornio
Alquimista: título concedido al alcanzar el último grado académico en magia de las gemas, muy contados dragones alcanzaban tal nivel, el último en los registros fue un miembro de consejo, conocida como Tefra.
Unin: Ponis originarios de Gorias, viven en equilibrio con la naturaleza y sus criaturas. Se rumorea que poseen algún tipo de magia de ponis de tierra, reservados y con costumbres milenarias muchos misterios y leyendas surgen entorno a ellos.
Guardianes: Behemoths únicos en su especie, se desconoce si nacieron a partir de Gorias o Gorias de ellos, cada uno gobierna su propio territorio manteniendo el equilibrio de este. *Los guardianes se irán mencionando o describiendo conforme avance la historia*
Balor el eterno, guardián de los ríos y bosques:
Primera aparición capítulo 3
Un gigante entre los cinco, es considerado el más benévolo, da la bienvenida a la primavera, su territorio colinda con el de Nextha y el guardián de las montañas.
-Características físicas: Criatura colosal asemejándose a un rinoceronte con enormes astas de madera. Musgo, flores y hongos cubren su espalda y cornamentas, algunas aves y pequeños roedores lo habitan. Avanza lento, en sus huellas la fauna florece frenéticamente hasta marchitarse.
Nextha la impía, guardián del pantano y bosque de ceniza:
Hasta ahora solo ha sido mencionada a partir del capítulo 3
Reina de los pantanos y bosque de ceniza, su territorio colinda con el de Balor, el guardián del desierto y el guardián del mar. Considerada la más terrorífica y peligrosa de los cinco guardianes, Harebell considera que tiene un buen sentido del humor.
-Características físicas: aún no se ha tenido un encuentro cercano con el guardián para tener una descripción de ella, pero entre los recuerdos de Harebell-Fluttershy (capítulo 4) se conoce que posee ojos con el velo de la noche y un desfiladero de terroríficos dientes
