Los personajes de Robotech no me pertecen, son propiedad de Harmony Gold y sus empresas asociadas.

El período de evaluación había terminado y hoy se sabría con certeza el futuro de los nuevos tripulantes del SDF-1.

Lisa terminó su turno y se dirigió a la cafetería para esperar a Karl. Hacía tiempo que no se sentía tan feliz y nada, ni siquiera que hubieran ascendido a ese incompetente de Rick Hunter, iba a nublar su estado de ánimo. Se sentó junto a la ventana con una taza de café doble, mientras pensaba en lo maravillosos que habían sido estos últimos días. El equipo de investigación de la Base Sara tuvo algunos días libres para adaptarse a la vida en la nave y a su gravedad simulada que se parecía más a la de la Tierra que a la de Marte, y Karl y Lisa aprovecharon esos días para largos paseos, interminables charlas, caricias tanto tiempo añoradas e, incluso, planes de boda. Pero aquella tarde, la sonrisa de Lisa contrastaba con el semblante serio de su prometido, que acababa de entrar a la cafetería.

-Hola cielo- dijo secamente tras besarla en los labios y acomodarse en la silla frente a ella.

-Hola Karl ¿pasa algo malo?

-Denegaron mi petición para formar parte del equipo de investigación del SDF-1

-Lo lamento mucho, cariño- dijo Lisa tomándole la mano -ya lo suponía, porque hace unos días escuché decir al capitán que no hay puestos de observación para todos ustedes, y que lo más lógico sería incorporarlos a las fuerzas de defensa.

-Exacto. Sólo dos técnicos irán a reparaciones y el doctor Jenkins al hospital militar. Al resto nos asignaron veritechs.

-¿En qué escuadrón estás?

-En el Indigo. Me asignaron el Indigo 26 ¿sabes? ¡Soy el vigésimo sexto piloto de un escuadrón de veintiocho veritechs! No es que pretendiera ser líder de grupo, pero tampoco terminar como basura detrás de un puñado de pilotos que sólo salieron al espacio exterior hace unos pocos meses, y encima por error.

-No seas tan duro Karl, las tareas que realizaste los últimos años no tuvieron nada que ver con el combate,- trató Lisa de hacerle entrar en razón -aunque sepas volar naves, es lógico que los pilotos del SDF-1 te lleven ventaja porque se han especializado sobre los últimos modelos de veritechs y no en simuladores, sino en batallas reales.

Karl sonrió de lado y meneó la cabeza -Así que tú también estás de acuerdo con ellos.

-Nadie está en tu contra Karl, somos militares y debemos obedecer órdenes. En este momento la prioridad es mantener con vida a los civiles y regresarlos a la tierra. Sé que no te gusta el combate pero ahora mismo no tenemos alternativa.

-¿Y crees que luchando tenemos alguna oportunidad? El enemigo es más grande y peligroso de lo que imaginamos- dijo Karl con tal seriedad que su prometida sintió un escalofrío.

-¿Qué sabes de ellos?

-En más de una ocasión, desde la Base Sara hemos detectado extrañas vibraciones que podrían haberse debido a actividades de naves extraterrestres, pero nunca pudimos confirmarlo. Sin embargo la última vez, poco antes del despegue del SDF-1, conseguimos avistar una gigantesca nave muy cerca de Marte yendo en dirección a la Tierra. No sabemos por qué no nos atacaron; si es que no detectaron la base o si sólo se trataba de una misión de reconocimiento. Todos los informes fueron elevados al Gobierno de la Tierra Unida pero nunca supimos cuáles fueron sus conclusiones. En el único comunicado oficial al respecto se nos informó que la nave también fue avistada desde la Tierra pero cambió de curso y se alejó antes de poder intentar establecer una comunicación.

-¿Era una nave zentraedi?- quiso saber Lisa.

-Por las características que presentaba, ahora que he visto cientos de ellas puedo decirte que sí. Es probable que estuviera buscando al SDF-1 o evaluando la capacidad de defensa de la Tierra.

-¿Y dices que fue poco antes de que nos atacaran?

-Así es. Si el GTU la hubiera destruido o hubiera negociado a tiempo con ellos, quizás se habría evitado la guerra...

-O postergado…

-Tienes razón. Pero sea como sea, el GTU sabía más de lo que nos decía. Luego del avistamiento de la nave, pedimos refuerzos militares que nunca llegaron. Quizás estábamos expuestos a un grave peligro y decidieron abandonarnos a nuestra suerte, o usarnos como conejillo indias. Los últimos meses en la base fueron de pánico y angustia, esperando de un momento a otro la muerte a manos del enemigo.

-¡Dios mío, Karl! ¡No tenía idea de todo eso!

-Claro que no cariño, salvo su existencia, todo acerca de la Base Sara se mantuvo en el mayor de los secretos. Si ustedes no hubieran pasado cerca de la órbita de Marte seguiríamos ahí, olvidados, esperando no sé qué… A nadie en el GTU les importamos- Lisa tragó saliva. Sabía que ese "nadie" pronunciado con resentimiento lo incluía Donald Hayes, su padre.

-Tal vez para ellos habría sido más sencillo que la base fuera destruida con nosotros dentro,-prosiguió Karl -así tendrian algo menos de qué preocuparse. No les hubiera importado sacrificarnos y no les importaría tampoco sacrificar al SDF-1 si llega el momento de hacerlo.

-Entiendo lo que has padecido, Karl, pero creo que exageras- dijo Lisa mirando a su prometido con preocupación. Ya no había mucho en él de aquel jovencito entusiasta que había visto por última vez hacía cinco años. Su mirada ahora era oscura, profunda, con un dejo de tristeza, y su tono de voz reflejaba una profunda desilusión, mezclada con un poco de enojo.

-Anímate un poco, estamos juntos ahora- dijo mientras le acariciaba la mejilla.

-Es que todo debía haber sido diferente, Lisa. Cuando partí a Marte pensaba trabajar duro, obtener un pronto reconocimiento y volver a la Tierra ascendido a un cargo que te enorgulleciera, para que pudieras casarte con alguien digno de la familia Hayes. Pero ahora me encuentro aprendiendo a manejar naves que me son desconocidas para luchar en una guerra sin posibilidades, y muy por debajo de ti.

Lisa rió, un poco sorprendida por sus palabras -¿De qué hablas?

-Eres la persona más importante de esta nave después del capitán Global. Todo el mundo conoce tu nombre y te respeta ¿no te avergüenzas de salir con un simple piloto?

-No seas tonto, yo me enamoré de Karl Riber, no de su rango- le dijo clavándole sus intensos y brillantes ojos en los suyos. Él también la miró, y así permanecieron en silencio hasta que fueron interrumpidos por los tenientes James Kendrick y Steve Moll, dos de los antiguos compañeros de Karl, que les hacían el saludo militar.

-¡Miren nada más, si son la destacada Primer Oficial del SDF-1 y... el señor Hayes!- dijo burlonamente uno de ellos.

-Karl, te has convertido en una suerte de Primera Dama de la nave!- agregó el otro y ambos se echaron a reir fuertemente.

-Aunque no estemos en servicio, les ruego cuiden sus modales, soldados- los reprendió Lisa recuperando su seriedad habitual, mientras un molesto Karl se levantaba de su silla para abandonar la cafetería, trantando de ignorar las sonrisas y miradas compasivas a su alrededor.

Al día siguiente

La integración del equipo de la base marciana no era lo único que conmocionaba a los habitantes del SDF-1: el sistema de comunicación de Macross se había puesto en marcha y su primera transmisión sería un concurso de belleza. Minmay era una de las 28 participantes y aunque esto no agradó del todo a Rick, decidió ir a apoyarla.

El anfiteatro estaba colmado, y la ausencia de ataques enemigos hizo que el público se llenara de soldados.

-¡Qué sorpresa verte aquí, Karl!- dijo el teniente Moll.

-¿Por qué la sorpresa, Steve? Estoy fuera de servicio, al igual que ustedes

-¡Porque estás prometido con una de las mujeres más bellas del ejército!

-Mira, ahí hay otro- dijo Kendrick mientras señalaba a Roy Fokker, que se encontraba varias filas delante de ellos -teniendo a esa morenaza por novia ¿qué piensa encontrar aquí?

-Qué par de suertudos ustedes dos- intervino un tercero

-¿Lo crees así?- preguntó otro piloto que no pudo evitar oír la conversación -Hayes y Grant son realmente preciosas pero… ¡me aterran!

-Tienes razón- dijo Kendrick -menudo carácter tienen esas dos

-¿Cómo será tener a una oficial superior por novia?

-Deben darte órdenes todo el tiempo

-¡Y no las puedes desobedecer o te mandan al calabozo!

-Debe ser como estar de servicio constantemente- dijo Moll entre risas.

Karl no decía nada, miraba al escenario con sus puños apretados, tratando de hacer oídos sordos a la absurda conversación de los pilotos, que afortunadamente acabó cuando aparecieron las hermosas concursantes ante sus ojos. Una a una deslumbraron al público, al jurado y a los mismísimos zentraedis, que al percibir la transmisión de los micronianos decidieron enviar una pequeña nave de reconocimiento para interceptarla.

Las oficiales del puente, que también seguían el concurso desde sus monitores, detectaron la nave enemiga y llamaron al líder del grupo Bermellón, que estaba de guardia esa noche, para que se hiciera cargo de la situación.

"¿Si es tan importante por qué no reunieron a todo el escuadrón?¿Por qué sólo a mi?" se lamentaba de su suerte Rick Hunter, que tendría que abandonar el concurso y lo peor de todo, soportar el pésimo humor de Lisa una vez más. Destruir la nave enemiga no fue muy difícil; la peor parte fue descubrir, terminada su misión, que la Señorita Macross era nada menos que Mimay. De inmediato comprendió que su triunfo acabaría por alejarlos irremediablemente.