Los personajes de Robotech no me pertecen, son propiedad de Harmony Gold y sus empresas asociadas.


La misión de reconocimiento salió mal desde el principio. Apenas se alejaron del SDF-1, la nave de Lisa fue golpeada por un fragmento planetario y ella fue tomada prisionera, y luego Rick, Max y Ben, corrieron la misma suerte cuando trataron de rescatarla. Más tarde los cuatro fueron llevados, mediante una transposición, a la lejana galaxia del enemigo para ser presentados ante Dolza, su líder supremo.

Tras destruir a un planeta vecino para demostrarles el poder de sus armas, repetir la palabra "protocultura" y asombrarse sobre la interacción de hombres y mujeres en la civilización humana, los soldados zentraedi comenzaron a hacer absurdas preguntas sobre el amor y la reproducción. Lisa, que cargaba sobre sus hombros con la responsabilidad de registrar en su memoria y en su cámara toda la información que pudiera acerca de sus enemigos, proteger a sus soldados y regresar al SDF-1, decidió entonces que para sobrevivir era necesario seguirles la corriente y mostrarles cómo era ese "beso" que los gigantes ignoraban pero deseaban conocer.

Con Max desaparecido, sus opciones se reducían a Ben y a Rick, con quien tenía una pésima relación pero, aunque quisiera negarlo, encontraba muy atractivo.

-Es una orden ¿quieres obedecer?

-Lo que diga, comandante- respondió Rick con voz de desgano, aunque la tarea le resultó bastante sencilla. Casi sin darse cuenta tomó a Lisa por los hombros y la atrajo a su cuerpo para rozar con sus labios los que ella le ofrecía.

"Qué agradable sensación" pensó Lisa durante el breve instante que duró ese beso que, por algún motivo que desconocían, perturbó sobremanera a los zentraedis, pero también a ella. El contacto con el piloto le dejó una sensación de electricidad corriendo por sus venas que sólo había sentido con Karl la primera vez que lo besó, cuando ambos eran jóvenes y todo era nuevo y emocionante, seguramente quizás porque lo hacían a escondidas. No pudo evitar sentirse culpable pero ¿por qué, si había sido un acto para preservar su vida ante el enemigo, totalmente desprovisto de afecto o de la más remota intención de engañar a Karl? Pero lo había disfrutado, y eso alcanzaba para llenarla de remordimientos.

-¡Llévense a estos micronianos de mi vista en seguida!- gritó Dolza, todavía impresionado por lo que acababa de ver.

Y así fue como Lisa, Rick y Ben fueron encerrados en una celda oscura y húmeda, donde analizaron todo lo que habían visto hasta el momento. No lograban comprender cómo aquellos gigantes, que tenían el poder de aniquilar planetas enteros, podían aterrorizarse con un simple beso. Era una reacción de lo más extraña, pero que sin embargo, podían utilizar a su favor.

-Tengo un plan- dijo Rick -Cuando los guardias vengan, Lisa yo nos volveremos a besar, y aprovecharemos su conmoción para salir de aquí. Ben estará junto a la puerta para ser el primero en correr.

Al principio Lisa se opuso, alegando que era un plan sin sentido, porque lo último que necesitaba era agregar más confusión a su cabeza besando de nuevo al joven teniente, pero pronto recordó que su deber estaba primero y la idea de Rick realmente podría ayudarlos a escapar.

En seguida escucharon unos pasos cerca de la puerta y ejecutaron su plan pero, para su sorpresa, quien llegó fue Max, disfrazada su nave bajo un uniforme zentraedi. Los tomó con sus manos y depositó a Rick y a Lisa en un bolsillo de su chaqueta y a Ben en otro.

-Para que no interrumpas a la pareja- le dijo, y luego dirigiéndose a Lisa -Quédese tranquila comandante, soy una persona muy discreta. Lo que sucede en la nave zentraedi, se queda en la nave zentraedi- y le guiñó un ojo.

-¡¿Cómo dices Max?! La razón del beso era para escapar- le respondió ella con indignación.

-No tienen que inventar excusas conmigo. Pero reconozco que estoy sorprendido, creí que a Rick le gustaban las chicas más jóvenes.

-¡Ya basta Max!- intervino su líder de grupo -Perdónelo comandante, creo que malinterpretó todo. Luego hablaré con él.

-Claro Rick ¡tienes mucho que contarme! Y no temas que no diré una palabra a nadie cuando regresemos.

Lisa se sentía furiosa, pero la accidentada operación de escape no le dio tiempo a responderle a ese soldado impertinente como hubiera deseado: los guerreros enemigos pronto descubrieron que se trataba de un engaño y comenzaron a atacarlos, haciendo estallar la nave de Max y obligándolos a correr en direcciones opuestas para salvar sus vidas; Ben y Max por un lado y, como si fuera un capricho del destino, ella junto a Rick por el otro.

Huyeron a toda velocidad hasta que los disparos cesaron y pudieron recargarse contra una pared, tomando fuertes bocanadas de aire.

-Espero que Max y Ben estén bien- dijo Lisa todavía agitada.

-Seguramente- respondió Rick, y ella no supo si fue porque de verdad lo creía o porque quería tranquilizarla.

"Tal vez no sea tan mal acompañante en esta misión" pensó Lisa, y en efecto no se equivocaba. En las horas que siguieron, mientras buscaban una posible salida, descubrieron las cámaras de clonación que usaban los zentraedis para cambiar su tamaño y conversaron acerca de lo que podría significar aquello. No sólo habían dejado de reñir, sino que habían empezado a llevarse bien.

"¿Será porque yo también estoy siendo amable con él, o es que por fin me respeta como superior?" se preguntó Lisa antes de ser sujetada por una gigantesca mano.

-¡Rick, ayúdame!- se encontró gritando, presa de un terror que no había sentido hasta el momento.

Antes de poder siquiera reaccionar, el gigante arrojó lejos a Rick con una patada y la cámara de video resbaló de las manos de Lisa, quedando destruida en el acto. Aquello parecía el final.

Pero el valiente piloto no iba a darse por vencido, y disparó como pudo una enorme arma zentraedi hasta que abatió al captor de Lisa. Ella no hacía otra cosa que llorar y repetir que no merecía salvarse, puesto que su misión había fracasado. Pero Rick le tendió la mano, la miró dulcemente y con un reproche le hizo que ver se que se equivocaba.

"Me ha salvado...otra vez. Y yo haciendo berrinches de niña. Qué valiente es. Y qué gran corazón tiene. Ahora entiendo por qué Roy lo quiere tanto" pensaba Lisa mientras escapaban una vez más.

Estuvo a punto de darle las gracias pero el enemigo comenzó una nueva balacera y el suelo cedió debajo de ellos, haciéndolos caer en una especie de cañería. El agua los arrastró varios metros hasta lo que parecía ser una cisterna, y en la violenta sacudida, Rick se golpeó la cabeza y quedó inconsciente. Lisa lo subió como pudo a la parte más elevada donde no había agua, lo tumbó en el suelo, le tomó el pulso y presionó su estómago para hacerlo escupir algún posible exceso de agua que hubiera tragado. Él tosió ligeramente.

-¡Rick! Rick ¿Estás bien?- le preguntó, pero él seguía inconsciente. Lo importante, según pensaba Lisa, era que seguía con vida. Se arrodilló junto a él, le apartó unos mechones mojados del rostro y se quedó contemplándolo. Ese joven era todo un enigma para ella.

-No… no te vayas- murmuró Rick de pronto, todavía inconsciente, mientras se sacudía ligeramente.

"¿Qué estará soñando?" se preguntaba ella, mientras él se movía más enérgicamente, como si quisiera levantarse.

"-Minmay… Minmay…- empezó a decir con los ojos aún cerrados. A Lisa le llamó la atención, y es que ése no era un nombre muy común. La única vez que lo había escuchado había sido en el concurso de belleza Señorita Macross.

"Así que sales con la chica más bonita y famosa de la nave" pensó "Teniente Hunter, eres una caja de sorpresas"

-¡Minmay, no te vayas!- dijo Rick por último y abrió los ojos, para encontrarse con los de su oficial superior -¿Dónde estoy? ¿Qué pasó?- le preguntó, aturdido.

Lisa le explicó que, mientras huían, habían ido a parar a esa especie de reserva de líquido que atenuó su caída. Él le dio las gracias y tuvo en extraño sentimiento, parecido al que ella había tenido antes: el de sentirse a gusto con la persona menos pensada. Con Lisa "reina del hielo" Hayes.

Hacía apenas unas horas habían estado discutiendo como perro y gato y ahora ella no sólo le había salvado la vida, sino que minimizaba el hecho y le hablaba en un nuevo tono de voz. Un tono de voz suave y dulce, como suave y dulce era también la nueva mirada que le ofrecía, y que le hizo olvidar por un momento a la joven cuyo nombre acababa de susurrar en sueños.


Aunque eran conscientes de lo grave de su situación como prisioneros, era agradable tener por fin un rato de paz, sentados junto al agua que seguía su curso como si fuera un arrollo. Sin embargo, su conversación seguía girando en torno al enemigo, sobre lo que podría significar ese lugar y sus pésimas condiciones, y así llegaron a la conclusión de que los zentraedis no sabían reparar sus naves. Sólo parecía haber guerreros entre ellos, no población civil.

-Eso me resulta muy triste,- reflexionó Rick -toda una población que no conoce más que la guerra…

-¿Sabes? En ese sentido, no son muy diferentes a mí.- lo interrumpió Lisa -Mi familia ha luchado en guerras desde hace cien años. La única vida que he conocido es la de las fuerzas de defensa.

-Eso puede haberte ayudado a ser la mejor en la Academia- le dijo el piloto -pero no te hace igual a los zentraedi. Ellos no saben amar, y tú lo tienes a Karl.

Lisa sonrió.

-Es cierto, pero Karl es un soldado también. Nuestras vidas giran en torno al ejército, y las de nuestros hijos muy posiblemente también lo harán.- Lisa guardó silencio, con la vista fija hacia adelante, como si fuera la primera vez que diera cuenta de lo que acababa de decir.

Cuando el silencio se hizo muy largo y ambos empezaron a sentirse incómodos, pensó que era el momento de cambiar el tema:

-¿Cómo sabes que fui la mejor en la Academia?

-Todos a bordo de la nave lo saben- le respondió Rick, ligeramente sonrojado por su indiscreción -eres una especie de leyenda o de… "superchica"- dijo, dibujando las comillas con sus dedos.

-Sí, tal vez sea como dices. Claudia siempre está bromeando sobre lo autoritaria que soy con los hombres a mi cargo, dice que ellos me temen porque me gradué con honores… pero no creo que sea sólo por eso- suspiró ligeramente y, todavía mirando hacia adelante, continuó:

-Cuando Karl se trasladó a Marte me enfoqué exclusivamente en mis estudios, porque lo único que me interesaba era volver a verlo, y en el camino fui olvidando cómo relacionarme con otras personas.

-Pero ahora tienes varias amigas en el puente, ¿no es así?

-No sé si llamarlas "amigas", les tengo afecto pero la única que siento verdaderamente cercana es Claudia… pero basta de hablar de mí. Debo estar aburriéndote. Cuéntame sobre ti y Minmay.

-¿Qué?- Rick palideció y abrió mucho sus ojos -¿Por qué me dices eso?

-Vamos, no seas tímido. Hace un momento la llamabas en sueños. ¿Es tu novia?

-No exactamente. Bueno, no lo sé en realidad. Ella me gusta y antes solíamos pasar tiempo juntos, pero desde que ganó el concurso de belleza decidieron hacerla una celebridad y empezamos a vernos cada vez menos.

-Es una chica muy talentosa- dijo Lisa recordando su actuación en el concurso.

-Si- dijo Rick con un dejo de tristeza en su voz -Ya debe haber tenido su debut y probablemente sea la chica más popular de la nave.

-Eso es algo bueno, Rick. Ella nació para eso, es lógico que le ocupe tiempo, como a ti te ocupa tiempo el ejército, pero si se quieren encontrarán el momento para verse.

-Ojalá sea como dices- deseó el joven.

-Claro que sí- dijo Lisa, más entusiasmada que él -Tienes que disfrutar este momento porque es único, quiero decir el comienzo de una relación, cuando todo es nuevo y emocionante, cuando cuentas las horas que faltan para ver a esa persona… y cuando por fin la ves, esas cosquillas que sientes adentro, esa sensación de que el mundo se detiene, que la noche se ilumina, que todo lo demás que te rodea no importa…

-¿Así te sientes con Karl?- preguntó Rick, un poco asombrado al descubrir esa faceta enamoradiza de su oficial superior.

-Ya no- respondió ella con nostalgia -sentía eso al poco tiempo de conocerlo, en la Tierra… ahora ha sido maravilloso reencontrarnos, pero no pude sentir la misma magia. Somos adultos ahora, hemos vivido muy lejos uno del otro y aprendimos a ver la vida de diferente manera.

-No puedo imaginar lo duro que habrá sido pasar tantos años en esa base de Marte.

-Sí que lo fue, Rick. Él me ha contado algunas cosas, pero la mayoría aún se las guarda para sí. Está haciendo terapia con el equipo de psicólogos de la nave, pero sé que le tomará mucho tiempo sanar algunas heridas.

-Estoy seguro de que tu compañía se lo hace todo más fácil- le dijo Rick mirándola a los ojos y haciéndola sonreír.

-Qué linda sonrisa tiene, comandante. Es la sonrisa de quien sabe que tiene a alguien aguardando su regreso.

-Entonces sonríe tú también, ya que tienes a Minmay esperándote en la nave.

-No estoy tan seguro.

-Pues yo sí- dijo ella poniéndose de pie, decidida -¿Qué quieres apostar?

-Creí que las damas no apostaban- dijo el joven entre risas.

-Bueno, no apostemos entonces, pero recuerda cuando la veas que yo tenía razón- y diciendo esto, le tendió una mano -y ahora vamos a buscar una salida.

De inmediato se pusieron en marcha y pronto llegaron a una de las compuertas de la nave, en la que también aparecieron Max y Ben, como si los pilotos humanos tuvieran siempre las mismas ideas. Desde allí alcanzaron a ver una nave más pequeña que, según parecía, estaba pronta a despegar, así que se ocultaron entre el cargamento que trasladaban los zentraedi para llegar a ella.

Esta vez el plan sí funcionó como estaba previsto, ya que la nave se transposicionó de nuevo al Sistema Solar, acercándolos cada vez más a su destino.

-A partir de aquí depende de nosotros- dijo Lisa -Busquemos una de sus naves de asalto, la más pequeña que encontremos, y abordémosla.

Los tres hombres la miraron asombrados, pero ella les infundió confianza -Sé que ustedes lograrán manejarla. Me los han asignado en esta misión porque son tres de los mejores elementos del SDF-1.

Y en efecto, la oficial Hayes no se equivocaba. Al final de un corredor dieron con un battlepod vacío, se subieron y rápidamente lograron descifrar los controles. Max se encargó del armamento para abrir el agujero que les permitiría escapar, Rick y Ben de los sistemas de vuelo y Lisa de la radio, esperando establecer comunicación con el SDF-1 a tiempo para informarles que viajaban en una nave enemiga.

-¿Le doy una mano, comandante?- intentó ayudarla Max. Comenzó a girar las perillas hasta que de pronto, entre el ruido y las interferencias, donde no podía haber otra cosa más que transmisiones militares, sonó una canción alegre. Lisa y Ben se miraron confundidos hasta que Rick exclamó:

-¡Esa voz...! ¡Es Minmay!

Sus compañeros de tripulación empezaron a reír y gritar de júbilo; el regreso a casa ya no era un sueño lejano, por fin era una realidad palpable.

Max le alcanzó la radio a Lisa, y ella la usó para pedir ayuda al Puente del SDF-1. Al principio parecían no tener respuesta, pero al poco tiempo vieron que tres veritechs se acercaban a ellos.

-¿Comandante Hayes, me escucha?- oyó al piloto de uno de los veritechs que le hablaba a través de la radio -Aquí el teniente Rogers, líder del grupo Índigo. Vamos a escoltarlos de regreso.

-Aquí la Comandante Lisa Hayes. Lo escucho y le agradezco mucho, Teniente.

-Será un placer, Comandante. Y por último, tengo una sorpresa para usted. Abriendo comunicación con el Índigo 26. Cambio.

Los ojos de Lisa ya estaban llenos de lágrimas cuando comenzó la siguiente transmisión:

-Les habla el Teniente Riber del índigo 26. Vamos a acompañarlos de regreso a la nave. Lisa, cariño, no puedo creer que estés con vida. ¡Te amo tanto!

-Y yo a ti Karl. Cambio y fuera- dijo, cerrando la comunicación antes de que sus sollozos le impidieran continuar.

El resto del viaje lo hicieron en silencio, intentando contener la ansiedad que los embargaba. Al llegar, algunos pilotos que se habían enterado de la noticia estaban esperándolos, entre ellos Roy. Rick corrió a abrazarlo fuertemente como cuando eran niños, hasta que una voz detrás suyo lo interrumpió.

-Gracias por traerla de vuelta, muchacho- le dijo Karl, visiblemente emocionado.

-No hay nada que agradecer Teniente, sólo cumplí con mi deber. Además fue un trabajo en equipo- respondió formalmente Rick.

-Pero no es la primera vez que lo haces; si no fuera por ti, la habría perdido en Marte. Te lo agradezco de verdad.- y diciendo esto, le tendió su mano. Rick se la estrechó y comprendió que Karl por fin estaba tragándose su orgullo. Seguía pareciéndole un idiota, pero al menos parecía querer de verdad a Lisa.

"Sólo espero que no lea el informe de la misión" pensó "si se entera de que besé a Lisa no creo que venga a saludarme tan amistosamente la próxima vez".